Libros por tierra y aguas espaciales

El título del presente trabajo lo he tomado de mi última novela histórica publicada por la EUNED (Costa Rica). Pero aún no quiero hablar de esta recién nacida, lanzada hace dos semanas. Dejo los temas históricos centroamericanos para otra ocasión. Ahora me refiero a libros y lectura que la Biblioteca Nacional de El Salvador está echando a volar y navegar por tierra, aguas y espacio.

Vuelvo a usar el concepto de “la biblioteca en la calle”. Quiero decir llegar hasta las poblaciones, llegar a tierra y atravesar ríos y quebradas hasta encontrar comunidades; también traspasar océanos con el clic informático. Los que más se emocionan son los niños. Así nos hemos sumado a otras iniciativas institucionales con visión del cambio estratégico por una nación digna.

Sí, con dificultades y limitaciones las iniciativas siguen adelante, no se detienen para hacer un justo equilibrio con lo que el novelista, Premio Nobel, Mario Vargas Llosa llamó sociedad del espectáculo. Además, para todos da Dios. Y da para los niños. Ahora y siempre habrá que hablar de la necesidad de llevar lectura y libros a los rincones del país, a los centros educativos, que también lo están haciendo a pautas, incluso por medio de plataformas informáticas. Ya pocos pueden oponerse a que el libro es educación, conocimiento cultural, mensaje educativo y medio para conocimiento de valores hacia un desarrollo sostenible.

Pienso en los niños y niñas cuando un analista ha dicho muy bien: la sociedad necesita comida, escuelas dignas, pero también necesita del arte. Cada uno de estos elementos produce resultados que producen riqueza nacional; incluyendo sobrevivencia. Algunos resultados son inmediatos, por ejemplo, satisfacer el hambre o cumplir con la responsabilidad de la formación escolar. Pero los resultados del arte son más a largo plazo, indetectables por los sentidos. Lo vemos en otros países de sociedad culta, plenas, para satisfacer necesidades ciudadanas y de convivencia. En pocas palabras, sociedades felices que sí tienen oportunidades.

En orden a contribuir con las iniciativas en lo que nos corresponde, la Biblioteca Nacional cuenta con plataformas informáticas que nos permiten llegar más allá de los océanos. Con más razón si casi un cuarto de salvadoreños se encuentra viviendo fuera de su territorio, alejados de una realidad cultural solo sostenida por la nostalgia de los adultos, pero que no podemos decir lo mismo de las nuevas generaciones nacidas en el exterior.

Nuestros libros históricos, gracias a apoyos institucionales educativos, los hemos podido alojar en la Biblioteca Digital del Patrimonio Iberoamericano (en España) y de REDICCES, en El Salvador, a ambas he citado antes. Como vemos, el concepto de “biblioteca en la calle” es mucho más amplio de lo que hubiera podido concebirse hace 20 años. Ahora navegamos por las calles del mundo, transportados por los libros y sus valores. Con limitaciones pero viajamos.

Sí, nada de desesperarse, las amenazas de naufragios no siempre terminan en naufragio. Y por si acaso, debemos creer en los equipos de salvación formados por quienes piensan que evitar el naufragio del barco es salvarnos todos.

Ahora más que nunca, y siempre, nuestra función bibliotecaria debe extenderse a la creación de sensibilidad y conocimiento sin limitaciones espaciales, rompiendo muros con la oportunidad que nos permite la tecnología, la voluntad y la conciencia de saber el papel formativo que juega la lectura en todas las personas, no solo las que van a universidades o centros educativos, o los que no han tenido posibilidad de traspasar un centro educativo. Así en la tierra como en las aguas. Ese es el concepto amplio de “la biblioteca en la calle”, que poco a poco nos hemos ido apropiando de sus contenidos y resultados para hacer de los rincones oscuros espacios iluminados. Romper los síndromes que nos acongojan, combatir el “burnout” laboral que incinera y repercute en relaciones destructivas; la visión que produce el arte literario de neutralizar la desesperación. Nunca es tarde para que llegue la mañana por oscura que parezca la noche.

El futuro está en los jóvenes, porque pertenecen a la etapa en que son aptos para participar en la vida pública y debatir. Pero la filosofía de una biblioteca de quinto mundo, como la nuestra, es ofrecer espacio prioritario al niño y la niña. Ellos significan y aseguran ciento por ciento el cambio social. Para lograrlo, tenemos que poner dinamismo creativo en las iniciativas culturales. Si los atendemos esta noche, tendremos el día de mañana una sociedad mejor.

Parto desde el punto de vista de que el adulto, para bien o para mal, ya está formado en sus comportamientos positivos o negativos. Cada quien tiene el lugar o la oportunidad de ser constructivo frente a los demás; y si el adulto se retrasó o se desvió no será fácil encausarlo hacia el bienestar de la nación. Inclusive, ni siquiera basta un título, si no tiene un respaldo en humanismo y equidad integral. De modo que el cambio está en la niñez, ahí debemos buscarlo por todos los medios que permite la educación, formal e informal. Cuando hablamos de cambio pensemos niños y niñas, porque son el seguro de vida de nuestro país. No los dejemos morir.

Termino este trabajo citando a los que posibilitan que podamos celebrar este noviembre el Noveno Festival de Literatura Infantil dedicado a los niños emigrantes del mundo. Menciono a quienes se hacen suyo este pequeño universo infantil que nos permite atender con lectura y libros, útiles escolares y atenciones (en cuanto nos visitan de comunidades distantes del país). Gracias ONG, empresa privada, centros escolares e instituciones educativas superiores.

También agradecemos las palabras de la embajadora de Estados Unidos, Jean Elizabeth Manes, por reconocer los esfuerzos del Bibliobús y Extensión Cultural: “El impacto que ya se está logrando a través de la sede central de la Biblioteca Nacional de El Salvador… Y por continuar realizando esta valiosa labor de llevar educación y desarrollo a la sociedad salvadoreña”. Palabras encomiables que merecen reconocimiento.

Reyes de la miseria

El caso Saca ha ilustrado que el Gobierno salvadoreño parece un reino medieval. Uno donde el que está a la cabeza acumula un exceso de poder, que lo convierte en un tirano que dispone a sus anchas del tesoro que tanto le cuesta a su pueblo. Con un grupillo de iluminados que lo acompañan y lo aconsejan en cómo sacar provecho de su mandato.

En su mente solo hay espacio para una persona: él. No importa que el país se esté cayendo a pedazos ni que la gente huya despavorida y sin esperanzas de nada. Ser presidente es ser el señor feudal que viste de seda mientras los demás no tienen ropa y que está por encima de cualquier ley.

Parece un chiste de mal gusto. Saca se sentía tan rey que mandó a construir su palacete en la falda del volcán que custodia la ciudad. Encima de todos. El presidente de la república y su círculo más cercano siempre se manejan con un aura de intocables. El sistema opera a su beneficio y el de sus familiares. La partida secreta es un arca abierta. Incluso ahora –procesado, encarcelado y habiendo aceptado su culpabilidad por el desvío de millones de dólares– tiene prerrogativas que ningún otro ciudadano podría tener.

La gente tiene toda la razón de estar molesta. La Fiscalía, al ver el aluvión de críticas, ha dicho, en su defensa, que lograr una condena para un expresidente ya es algo bastante complejo. Y citó el caso del exmandatario Otto Pérez en la vecina Guatemala, que después de tantas marchas e indignación aún no ha sido condenado. En una entrevista televisiva, el fiscal general de la república, Douglas Meléndez, aseguró que la población debía entender, entre otros motivos, que procesar a un ciudadano común no es lo mismo que a un expresidente.

Que Antonio Saca tenía aún un círculo de influencia en las esferas del poder del país –incluido el sistema de justicia– con el que el resultado de todo el proceso podía ser incluso más adverso a la pena alcanzada. Es decir, el expresidente aún guarda algunos de los aliados que pudo comprar cuando estuvo en el despacho del Ejecutivo. No en balde muchas de las veces en las que hablaba con la prensa, Saca nunca dejó de referirse a sí mismo, y en tercera persona, como “presidente Saca”, aunque hacía años que había terminado su mandato.

El caso Saca ha ilustrado los excesos de cinco años de licencia para abusar del poder que representa la envestidura presidencial. Calcado a lo que se ha hecho público del proceso que se le sigue a Funes. Pero la historia no comienza ni termina con ellos. Los inquilinos de la Casa Presidencial nunca han rendido cuentas como se debe. La historia nos condena. En mayor o menor medida, pero siempre ha sido igual. Desde que El Salvador es El Salvador, el poder ha estado hermanado con los abusos.

La corrupción –tráfico de influencia cuanto menos– encarnada en la figura del presidente no ha discriminado origen, clase social, nivel educativo y mucho menos ideología. La estafeta ha ido pasando de administración en administración, desde la repartición de tierras a los aliados políticos en los años posteriores a la independencia, pasando por la república cafetalera, las décadas más oscuras de la dictadura militar, hasta llegar a los gobiernos de la posguerra.

Duele pensar en todos los casos que nunca salieron ni saldrán a la luz pública solo en el siglo XX. Duele pensar en toda la gente humilde que ha vivido las peores penurias en el silencio que arropa a la pobreza más extrema. A tanta gente que se le negó un servicio con la excusa de que no había recursos. Bien dicen los economistas del Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales (ICEFI) y de otros tanques de pensamiento que los países de la región no son pobres, sino que han sido mal administrados y son sumamente desiguales.

El presidente de la república –independientemente quién sea– es el que más debe rendir cuentas y nunca lo ha hecho como se debe. No solo se trata de dar las cifras alegres del trabajo en un acto de rendición de cuentas a la medida, sino de aclarar las deudas que se arrastran. Hay que bajarlo del feudo que se ha creado en Casa Presidencial y los negocios turbios que se maquilan en esta instancia. ¿Por qué seguir tolerando que una persona y su séquito acumulen tanto poder? El caso de Elías Antonio Saca es solo un agrio comienzo.

Cómo recuperar un archivo eliminado

“Este es el hombre que te va a romper el corazón en pedacitos”. Esto me lo dejó escrito una amiga del trabajo en una notita en la que, por otra parte, me felicitaba por la noticia de que mi hijo sería un varón. Ese papelito lo tuve doblado y guardado en la cartera por años y, a cada rato, lo volvía a encontrar, a abrir y a leer sin señas de que se cumpliera la profecía.

Fue un augurio que esta semana por poco se cumple, cuando mi hijo, ya un hombrecito de 14 años, me extravió un cuaderno de la tesis de doctorado. Ese cuaderno contenía el trabajo de los últimos meses de investigación ya pulido y listo solo para pasarlo a la computadora y enviarlo a la asesora de tesis. Fiel a la estructura y al desarrollo fundamental de una buena pesadilla, no había hecho copia de esos escritos.

Los detalles de cómo se perdió no son tan importantes. De todas formas, nunca pude sacarle una confesión completa a mi hijo sobre el destino final del cuaderno. A lo que quiero llegar es al momento en que por fin acepté que ya no estaba la libreta en el plano terrenal y que podía rezar, rebuscar 1,000 veces en el baúl del carro y el vacuo agujero negro del bolsón, pero no iba a aparecer nunca más.

Entonces vino el lunes por la mañana en que me senté a la mesa del comedor, con la sombra del fracaso y las dudas, frente a la pantalla en blanco de la computadora y escribí una primera palabra seguida por otra y otra, e insistiendo párrafo tras párrafo.

Luego, el martes, cuando hasta se me cayó la tecla “i” de la laptop, como si el universo fuera un Ramsay Bolton de “Juego de tronos” que me quisiera clavar una última flecha en el ojo. Al final de cuatro días, más o menos, pude recuperar una versión de 20 páginas que, irónicamente, creo que salió mejor que la versión original: nació de otra energía, no pensativa, sino que tenaz.

La verdad es que un cuaderno o archivo borrado es casi un elemento ubicuo en la historia de cualquier estudiante de maestría o doctorado y, ahora que lo pienso, creo que quizás es una señal de que estoy llegando al final del proceso, como un último reto que tenía que superar.

Recuerdo el instante en que evalué mis opciones, que no eran muchas y nada buenas. Una: dejar la tesis ahí y tirar la toalla; finalmente, somos humanos. Dos: empezar de cero con una actitud desafiante y rechazando del todo la realidad, dándoles ese ejemplo a mis hijos.

Es lo que practicamos cada semana en las clases de jiu-jitsu brasileño. Cuando te están ahorcando en el patíbulo, uno o se rinde palmeando el tapete o se calma y se pone a trabajar. Me decidí por la opción número dos: escribir.

Carta Editorial

El silencio no es una respuesta válida cuando se trata de educación. En un país que reporta más de 20 mil embarazos en adolescentes al año es indispensable preguntar en dónde y qué es lo que están aprendiendo sobre el cuerpo y las relaciones la niñez y la juventud. Y más importante es quién les está enseñando.

Solo un 7 % del cuerpo docente de los centros escolares públicos ha recibido capacitación para impartir educación sexual. El precio de esta deuda es demasiado alto.

Basta con mencionar palabras como vulva, pene, genitales o sexo en una aula de educación básica para que broten risitas de vergüenza y morbo. Ahí, en esos lugares que deberían ser fuentes de conocimiento, en donde deberían encontrarse las respuestas más amplias y diversas, justo ahí, este tema produce pena.

El reportaje de la periodista Valeria Guzmán revela esa contradicción del sistema. Por un lado, reconoce la fuerte carga negativa que representan los embarazos en adolescentes, pero, por otro, no entrega a los estudiantes suficientes herramientas para fortalecer el criterio y tomar las decisiones adecuadas y oportunas. En esta condición lleva décadas sin que hasta el momento se haya hecho ningún cambio significativo. Quienes más pierden son las niñas que, tras un parto, encuentran minado el camino de regreso a las instituciones educativas.

Uno de los aspectos en los que más se hace énfasis en los países que no han alcanzado el desarrollo es la permanencia de las niñas en los centros educativos. Este ha demostrado ser un indicador que revoluciona comunidades. En El Salvador es necesario abrir más las puertas hacia el conocimiento. Educación sexual no es, como dice el reportaje, enseñar erotismo. Es enseñar cómo funciona el cuerpo para fortalecer al alumnado y evitar que estos estudiantes se conviertan en víctimas sin voz de abusos y engaños. Esta es una tarea que, lamentablemente, en el país no todas las familias pueden cumplir.

“La música es pasión, es mi vida, es todo”

¿Cuál es su miedo más grande?

Son tantos miedos, pero el principal es perder a mi familia.

¿Qué le cuesta más trabajo?

Dedicarle el mejor tiempo a mi familia sin descuidarme de Dios y de todos mis quehaceres.

¿Es más fácil tener trabajo para un músico de música religiosa o para uno de música secular?

Es más difícil para un músico secular porque hay que gastar mucho en marketing, invertir demasiado para que a uno lo conozcan y lo puedan contratar. En la iglesia no se maneja tanto el contrato, sino que es como una red social.

¿Qué aprendió de su peor fracaso?

A valorar la vida, a las personas, mi tiempo.

¿Cuándo miente?

Cuando no quiero hacerle daño a alguien y la verdad es un arma.

¿Se considera una persona inteligente?

Por supuesto que sí.

¿Qué es para usted la música?

Pasión, es mi vida, es todo.

Buzón

Rubén Martínez, escultor y arquitecto salvadoreño

Escultores salvadoreños

El último ejemplar del mes de julio nos regaló la biografía de Rubén Martínez, escultor y arquitecto de inmensa genialidad. Nos ha asombrado con las maravillas de su creatividad artística y cultural.

Sus monumentales obras: La aguadora, “Othar” la Cabalgadura de Atila, la famosa Chulona de la Constitución, El Cristo de la paz, La iglesia del Rosario, y la capilla de la Virgen de Fátima, en Costa Rica, y muchas obras más. A sus 89 años, nos ilustra la vitalidad artística; no obstante sus problemas de salud, nos explica que el arte no conoce de política, ahí están los bustos del Mayor Roberto d’Abuisson y del expresidente Mauricio Funes como ejemplo.

En este agosto, el autor de Escribiviendo, Manlio Argueta, nos regala un texto sobre que el ilustre Valentín Estrada quien, para crear la estatua mítico Atlacatl, posó con su figura imponente ante un espejo que permitiera la ejecución de su imperecedera obra. Esta que contemplamos hoy en Antiguo Cuscatlán.

José Carlos Vásquez
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CIUDADANÍA FANTASMAL (17)

CEMENTERIO FUGAZ

Aquella aldea de retirados había ido creciendo en forma acelerada en los tiempos más recientes, de seguro por efecto de la búsqueda de rincones naturales idóneos para una experiencia crepuscular que compensara de las turbulencias crecientes de la vida de trabajo. Y en el lugar había, desde luego, distintas opciones de ubicación.
Cuando aquel gerente de toda la vida estaba llegando al fin de su trayectoria profesional, se propuso buscar un acomodo que propiciara las realizaciones más personales. Su esposa había hecho siempre lo que él disponía, y esta vez no tenía por qué ser la excepción. El escogió un bungaló que estaba en el nivel superior, y no era de los más costosos.
Se trasladaron de inmediato, sin mucho equipaje, porque la idea era emprender una vida lo más sencilla posible. Y lo primero fue, luego de la fácil instalación, mordisquear un par de sándwiches que llevaban preparados, y luego irse a reposar en la habitación que sería dormitorio, con esa gran ventana abierta hacia el entorno vegetal.
Se durmieron de inmediato, como dos peregrinos fatigados. Y cuando despertaron ya toda la luz del día se hallaba ahí, haciéndoles guardia.
—¿Dónde estamos?– se preguntaron al unísono.
Y en ese preciso instante empezó a sonar una marcha fúnebre que se fue convirtiendo en alborada emocionante.
Ellos se abrazaron, como si quisieran aferrarse juntos a la sensación que los envolvía. Y de nuevo dijeron al unísono:
—¡Feliz resurrección!

DE ORDEN SUPERIOR

Eran una familia común y corriente, en el más espontáneo sentido de la expresión. Gente tranquila y respetuosa, que convivía en su ambiente de lo que antes se llamaba clase media baja, sin problemas con nadie. Pero cuando nació la segunda hija, después de un varón y una hembra, algo parpadeó en el ambiente hogareño. El padre, que era un tímido empleado municipal, tomó una decisión insospechada: le puso de nombre a su hija Luz Astral.
Los familiares y los vecinos se sorprendieron, pero nadie dijo nada. Parecía un capricho inocente. La niña, sin embargo, en cuanto abrió los ojos pareció ponerle atención a todo lo que la rodeaba. Y así siguió con el paso del tiempo. En el ambiente la consideraban un ser muy especial, y eso era corroborado a cada paso por su forma de ser y de comportarse.
Como parecía tener una inteligencia fuera de lo común, los padres le buscaron un colegio de alto rango. Logró una beca y pudo ingresar. Su despliegue académico fue sorprendente, y muy pronto estaba graduada. Entonces vino la decisión sobre sus estudios superiores. “Quiero ser astróloga futurista”, anunció sin alternativas.
—Para eso, hija, tendrás que estudiar fuera.
—Claro, tú me señalaste el camino, papá.
—¿Yo? Pero si nunca habíamos hablado de esto.
—¿Ah no? ¿Y entonces qué significa mi nombre?
El padre se quedó pensativo. No tenía qué responder. Ella, sonriente, le dijo como una advertencia:
—Y si quieres traicionar tu propio designio, las fuerzas astrales te van a poner en orden.

PIEDRAS DESCALZAS

Cuando la familia entró en crisis financiera con indicios de fenómeno terminal, la decisión de los mayores tuvo que ser inapelable: “Nos vamos de aquí sin ninguna opción de retorno”.
Cuando todos los preparativos para la partida hacia cualquier rumbo de afuera estaban completos, ella, la quinceañera hija menor se perdió de vista. La sorpresa le dio pie a la ansiedad.
—¿Dónde está Pedrina?… ¿Dónde está Pedrina?… ¿Dónde está Pedrina?…
Por ninguna parte. Ni siquiera las autoridades pudieron rastrearla; y en estos tiempos en que hay tanta violencia circulante, eso abría perspectivas angustiosas. Ya tenían listo el proyecto de emigración, y solo se podía retrasar por muy poco tiempo. Así fue como al fin se fueron sin Pedrina, entre dudas y quebrantos.
El tiempo pasaba, y la sombra de Pedrina se hacía cada vez menos visible. Hasta que llegó un tuit sin previo aviso: “Hola, aquí estoy”. Y el hermano mayor respondió de inmediato: “¿Sos Pedrina?” “Pues sí”. ¿Y dónde estás?” “Aquí nomás, junto al arroyo”. “¿Cuál arroyo?” “El que estás viendo ahorita”…
Corrió él hacia el arroyo. Había muchas piedras junto a la corriente. Él se detuvo. Y entonces oyó una voz: “Soy yo, la piedra que está a tu lado”. El se inclinó hasta tocar la piedra. “¡Pedrina, nos encontramos, gracias por aparecer! ¿No sufres de frío por estar aquí todo el tiempo?…” “No, porque eso es parte de mi naturaleza, aquí y en todas partes… Todas las piedras vivimos descalzas”.

EN EL OTRO RINCÓN

El aire entró por la ventana entreabierta y fue a recorrer todos los espacios interiores, hasta que se detuvo en el rincón donde estaban los archivos. En aquel momento no había nadie en el lugar, y por eso el aire quedaba libre para hacer lo suyo. Sin que hubiera mano visible, una de las gavetas del archivo mayor se fue abriendo casi de manera sigilosa.
En ese instante, el aire hizo un evidente gesto de retirada, como si se estuviera exponiendo a un peligro real. Por la gaveta abierta emergió entonces un soplo que no solo tenía calor sino también color, aunque ninguno de los dos se mantenía firme más allá de unos cuantos segundos.
El soplo fue tomando entonces forma de página en vuelo, que iba de un lado a otro quizás en busca de una superficie donde posarse. Por fin lo hizo sobre aquello que parecía un pupitre de los clásicos. Cuando la página estuvo quieta en su lugar, el soplo dejó de sentirse. Se había despedido con un suspiro.
Así quedaron las cosas. Si alguien se hubiera acercado a echarle una mirada a aquella página habría descubierto unas cuantas líneas escritas. Sí, era un poema, mi primer poema.
“Aire, déjame estar contigo cada día,
aunque no me recuerdes.
Soy tu más fiel discípulo”.

EN “EL BUEN GUSTO”

Era la cafetería, sorbetería, vinatería, refresquería de sus espumosos favoritos. Cuando le preguntaban: “¿Dónde querés ir hoy?”, siempre contestaba “¡Al Buen Gusto!”, así entre admiraciones entusiastas. Y su abuela materna, que era disciplinaria y condescendiente al mismo tiempo, casi siempre que iban al centro de la ciudad, le cumplía el deseo. Esquina opuesta se hallaba el Teatro Nacional, que entonces funcionaba como cine, y él, cinéfilo de vocación tempranísima, iba solo a ver películas desde la más remota infancia, pero no se atrevía a entrar solo en “El Buen Gusto”…
Aquel domingo, sin embargo, cuando venía saliendo de la función matutina en la que acababan de pasar una película del Lejano Oeste, alguien le hizo un gesto de invitación desde una de las mesas del interior. Él se detuvo, porque el gesto exudaba confianza. Y luego acudió al llamado.
—¿No me reconoces?– le preguntó, levantándose de su asiento, el señor de apariencia extranjera que estaba ahí acomodado.
Él hizo un gesto de negación sin decir palabra.
—Soy tu tío Richard, y acabo de llegar del Norte.
¿El Norte? ¿Qué significaba el Norte?
—Nuestro lugar de origen. También el tuyo. Soy hermano menor de tu abuela Lilliam. ¿Nunca te ha hablado de mí?
Él volvió a hacer un gesto de negación.
—Siéntate y pide lo que quieras. No tenemos prisa. Yo estoy hospedado ahí a un paso, en el hotel Nuevo mundo. Míralo. Se ve desde aquí.
Él aceptó la invitación.
—Y si quieres algo, pídelo.
—Un espumoso.
Se acercaba en ese instante el mesero y tomó la orden.
Fueron pasando los minutos. Y de pronto llegó el momento de despedirse. Richard lo miró a los ojos, con intensidad familiar. Se fue cada quien por su lado. Él no comentó el encuentro. A su abuela Lilliam solo le preguntó, como quien no quiere la cosa: “Abuelita, ¿y los fantasmas existen?”

Los cuadernos de las coimas: la enigmática caja que escondía una bitácora de la corrupción K

Cristina Kirchner

Hacía calor el 8 de enero pasado en Buenos Aires. A las 13:38, cuando llegó a mis manos una caja con los cuadernos sobre una de las tramas corruptas más detalladas de las que hasta ahora se tiene conocimiento, la temperatura era insoportable.

Un anotador, seis cuadernos espiralados y uno azul de tapa dura, que bien podrían haber sido de cualquier nostálgico que decidió guardar los apuntes de primaria. Facturas de alguna marroquinería de Once en las que probaba la compra de bolsos. Videos y unas pocas fotos no muy nítidas. Poco más que eso sirvió para exhibir el recorrido de las coimas que partían de las instrucciones de Néstor Kirchner, continuaban con los recorridos millonarios de los laderos de Julio De Vido por las empresas contratistas del Estado para recolectar bolsos llenos de millones de dólares sucios y terminaban en la Quinta de Olivos, en la Jefatura de Gabinete o en el departamento de la familia de los expresidentes, en Juncal y Uruguay.

El chofer del auto, silencioso testigo de lo que sucedía en su Toyota Corolla en el que transportó a Roberto Baratta durante al menos 10 años, se encargó, con la precisión de un orfebre, de tomar nota de todo lo que podía escuchar. Intentó con cada detalle barnizar de veracidad su relato, no dejó escapar ni siquiera un número que veía al pasar, tomó las direcciones, los nombres, los montos y las características físicas de quienes no conocía. Y hasta el peso de los bolsos o las valijas.

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LA BITÁCORA DE LA CORRUPCIÓN
Fueron semanas de trabajo silencioso para tratar de entender esa bitácora de la corrupción. Era la solidificación de una estructura mental tallada después de años de escuchar centenares de leyendas urbanas sobre los bolsos del kirchnerismo, que de pronto se unían hasta con el horario en que se habían intercambiado dólares por favores. Venían recuerdos de decenas de empresarios o funcionarios que me negaron en la cara una, 10 y 100 veces que eso sucedía. La parte rancia de la doble moral que se impone en la Argentina contratista del Estado se encontraba detallada en aquellos apuntes de guantera.

La magnitud de los registros determinó una decisión. A poco de andar solo, convoqué a dos alumnos de la Maestría en Periodismo de la Universidad Di Tella (UTDT) y La Nación. Candela Ini y Santiago Nasra se sumaron con una sola premisa: estructurar la información para luego sí, empezar a desandar el camino del relato periodístico. Nunca nos pusimos plazos para contar la historia.

Un puñado de personas sabían de la existencia de aquellos cuadernos. Y entre ese selecto grupo, jamás estuvieron los hoy detenidos o investigados que desconocieron siempre la existencia de semejante prueba. Fueron horas de madrugada para ordenar los registros, debates eternos, sorpresas por los nombres que aparecían y, claro está, asombro por la impunidad con la que aquellos funcionarios y empresarios se movían. Casi imposible no quedar preso de la bronca por la doble moral.

Establecimos un compromiso. Trabajo silencioso, no contar a nadie y no publicar nada, ni una coma, un reto para todo periodista. Así se pasaron varias madrugadas de tipeo, acopio de información y café, en las que se nos hicieron familiares muchas personas que hoy están detenidas, varias de las cuales eran desconocidas para nosotros.

Listamos nombres, direcciones, cargos, empresas, montos y dominios de autos. Establecimos un chequeo de cada uno de ellos y llegamos a varias conclusiones. Todo en silencio, apenas con un hilo de comunicación con las autoridades de La Nación. Así conformamos una potente base de datos, que alguna vez aspiramos a compartirla en línea, con el detalle de cada movimiento de los que estaban registrados en 10 años de anotaciones.

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EN DETALLE
Pudimos saber qué helado les gusta a los De Vido y dónde lo compraban, el detalle de los traslados médicos de los integrantes de la familia del ministro y la frecuencia deportiva de Baratta. También las salidas a comer de varios integrantes de la cúpula del kirchnerismo, los subsidios de dinero sucio que se repartían a hijos del poder, y hasta los raid de los recolectores de millones para esquivar a las fuerzas de seguridad que custodiaban algunos barrios porteños.

Recorrimos cocheras donde se hacían los intercambios y conocimos cuánto pesan los dólares, el fresco; entramos a habitaciones de hoteles, subimos a lujosas torres de poderosos en Puerto Madero y entramos de la mano de la corrupción a los balcones de esos pisos treinta y pico, desde donde todo se ve pequeño. Encontramos conocidos, paseamos por fachadas sospechosas, fotografiamos domicilios, y finalmente, empezamos a chequear con varios de los personajes mencionados en el relato. Nos indignamos.

Un día, cité a un empresario al mismo café donde arreglaba sus negocios con el poder de entonces, y pude comprobar la transformación de un rostro cuando se lo atosiga de datos, fechas y nombres. La cara de póker, de aplaudidor de actos oficiales, tiene un límite y ese mediodía lo encontró. Otro día vi cómo me enrostraban la impunidad: “No tiene nada, nunca me van a agarrar, le dijo un viejo empresario, hombre avezado en eso de hurgar en latas, a su jefa de prensa cuando le hice saber que teníamos registros de cuándo y dónde había pagado coimas. Hoy tramita la libertad bajo fianza.

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TRES OPCIONES
Pero hubo un día en el que tuvimos que decidir la publicación. Y entonces, llegaron las preguntas. ¿Qué pasaba si aquel chofer escritor no reconocía sus letras? ¿Qué validez tenía una suerte de libro íntimo que el escritor, imaginábamos, nunca iba a asumir como propio?

Lo que vino fue consulta con esos periodistas a los que respeto y admiro, los de cuero curtido y hombros anchos. Y las opciones fueron más o menos así: ir por una nota importante y quedar expuestos ante la posibilidad de que el escritor niegue sus renglones; friccionar la historia de nuestros primitivos, pero eficaces coimeros o intentar desenmarañar la forma de hacer negocios que se impuso por años entre el Estado y muchos contratistas.

Elegimos esta última opción, aunque signifique ceder la primicia periodística y dejar en manos de la Justicia la investigación que habíamos hecho. Eso hicimos: entregamos nuestro trabajo y ofrecí mi testimonio.

El 10 de abril de 2018. Habían pasado 5 horas y el secretario de la fiscalía me miró: “Te hago otro café, para que no te duermas”.
Era el tercero que me tomaba en esa pequeña habitación de no más de 2 metros por 2.50. Tomó una cápsula y la colocó en una máquina que estaba en un costado de su atiborrado escritorio. Igualmente me advirtió: “No te hagas problema, no te va a hacer mal; son descafeinados”.
A la 1 había entrado a ese despacho. Dos escritorios y centenares de expedientes apilados en estanterías, en el piso, en el pasillo, en todos lados. Eso sí, una ventana que daba al puerto porteño y que le entregaba un aire fresco al espacio.

Mientras el secretario tipeaba, algo corto en el trato pero dispuesto, de anteojos y cara de entender rápido el Derecho, imaginé las consecuencias de aquella larga declaración. Fueron varios meses más de silencio sin publicar en los que especulamos con los tiempos judiciales. Pero claro, la Justicia tiene medios mucho más potentes como para verificar la veracidad o no de un documento, o de centenares, como era este caso.

Tras la publicación, el remisero (motorista) quedó preso y días después, empezaron a verse las consecuencias de aquella investigación de verano. Nadie imaginaba que ese testigo cauto construyó una enorme prueba de la trama de la corrupción en Argentina. Lo hizo en la cara de los funcionarios. Pero la impunidad cega, tanto que Baratta nunca imaginó que ese hombre, al que alguna vez le regaló una valija vacía después de sacar los $4 millones que contenía hasta minutos antes, construía la prueba más contundente de su función en el gobierno de los Kirchner.

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UNA NUEVA ESTRATEGIA DEL GOBIERNO DESPUÉS DEL ESCÁNDALO
Primero fue la euforia. Pero duró poco: hasta que se activaron los reflejos y el instinto del sector más político del oficialismo. La sensación mutó en alivio y en algunas horas se tradujo en reuniones en lo más alto del Gobierno, destinadas a diseñar una estrategia política para tratar de aprovechar el nuevo escenario que alumbran los cuadernos de la corrupción .

El propio presidente actual, Mauricio Macri, hizo llamadas celebratorias en las primeras horas, apenas se conocieron las detenciones y los allanamientos pedidos por el fiscal Carlos Stornelli y dispuestos por el juez Claudio Bonadio, gracias al excepcional trabajo periodístico y compromiso cívico de Diego Cabot. Sin embargo, un llamado a la moderación se impuso a las pocas horas en la Casa Rosada.

Había motivos para el alivio: la explosiva noticia ganaba centralidad informativa y cambiaba una agenda adversa de ya más de tres meses, atravesada primero por las derivaciones que provocaron las subidas de tarifas, luego por un terremoto cambiario-financiero-económico y, finalmente, por los aportes irregulares a la campaña oficialista bonaerense de 2017. Una sucesión de desatinos, impericias, infortunios, mala praxis y opacidades que venía golpeando la imagen de Macri, de su gobierno y de varias de las principales figuras del oficialismo.

Nada de eso desapareció. La nueva e impúdica revelación del sistema ilegal de recaudación, financiamiento y enriquecimiento del kirchnerismo lo desplazó, pero no lo anula. Más aún, nadie puede prever ahora las consecuencias de este proto Lava Jato criollo, que, por primera vez, involucra de verdad a buena parte del estáblisment nacional hasta llevar a algunos de sus más conspicuos integrantes a la cárcel o a dejar a muchos más a tiro de orden de detención y que, incluso, ya tiene preso al principal ejecutivo de una empresa que fue de la familia Macri.

Todo eso explica la cautela y la rápida puesta en acción a la que llamaron varios de los más experimentados políticos del macrismo puro, como Horacio Rodríguez Larreta, Rogelio Frigerio y Emilio Monzó (rescatados y recuperados para la mesa de decisiones), y hasta del núcleo duro de consejeros a los que más escucha el presidente, como Marcos Peña o Jaime Durán Barba.

En términos políticos, lo que pasó hace un par de semanas modificó (sustancial, pero solo inicialmente) lo que parecía un tablero consolidado en el que el golpeado oficialismo y el cristinismo resiliente ocupaban la mayoría de los casilleros y así lo seguirían haciendo con pocas variaciones hasta las elecciones del año próximo, salvo nuevos eventos imprevistos, cada vez menos descartables. En el medio parecían quedar para el peronismo no kirchnerista algunas fichas que le permitirían seguir jugando, aunque con chances menguadas.

Por eso, Macri y Peña escucharon y decidieron evaluar seriamente la rápida puesta en práctica de una estrategia tendiente a aprovechar la ventana de oportunidad que ofrece la nueva situación. El objetivo es doble y de difícil concreción. Por un lado, sostener la ventaja que le dio el golpe al kirchnerismo propinado por los cuadernos en momentos en que este empezaba a recuperar fuerzas. Por otro, evitar que una caída en desgracia de Cristina capaz de excluirla de la carrera presidencial construya una oposición panperonista, con chances de convertirse en alternativa de gobierno en 2019, sobre todo teniendo en cuenta los meses difíciles en lo económico que se avecinan y que al Gobierno no le traerán, precisamente, fortaleza política ni adhesión social.

Recorrimos cocheras dónde se hacían los intercambios y conocimos cuánto pesan los dólares, el fresco; entramos a habitaciones de hoteles, subimos a lujosas torres de poderosos en Puerto Madero, y entramos de la mano de la corrupción a los balcones de esos pisos treinta y pico, desde donde todo se ve pequeño. Encontramos conocidos, paseamos por fachadas sospechosas, fotografiamos domicilios, y finalmente, empezamos a chequear con varios de los personajes mencionados en el relato. Nos indignamos.

La idea fuerza de la Casa Rosada es maximizar lo poco que tiene para ofrecer en este momento: ser parte de un proceso de limpieza de la política que dé alguna certeza de que no habrá vuelta atrás en la Argentina, resumido ese “atrás” en la corrupción sistémica y el aislamiento internacional K, causante de una situación que todavía casi el 60 % de los argentinos rechaza, aunque una porción casi similar también cuestione el presente que le ofrece Cambiemos.

Los peronistas racionales saben que es muy probable que buena parte del tercio cristinista del electorado no abandone a su jefa ni aún ante las pruebas más elocuentes de su venalidad. Como dice Emmanuel Carrère en “El reino”: “Los desmentidos de la realidad en lugar de arruinar una creencia tienden, por el contrario, a reforzarla”. Los fanáticos y los creyentes no creen lo que ven, sino que ven lo que creen.

Así hay que entender las interpelaciones que dirigieron el presidente y otros oficialistas a ese peronismo entre jueves y viernes, cuando le pidieron que convirtiera en ley el proyecto de extinción de dominio que permita “recuperar la guita que nos afanaron” (Macri dixit) y lo intimaron a que si no vota el desafuero de Cristina al menos se avenga a permitir que se allanen sus (muchos) domicilios y sus despachos. Operativo despegue o blanqueo, si la palabra no connotara tan mal. Nada despreciable para muchos dirigentes que aspiran a tener un futuro político y que en el pasado formaron parte del poder kirchnerista o del menemismo, administraciones que no quedarán en la memoria colectiva como ejemplo de incorruptibilidad.

Al mismo tiempo, la estrategia busca dificultar los intentos de unidad peronista dándoles cierto reaseguro para su reelección a varios gobernadores justicialistas a los que aspira a destronar el socio con más presencia territorial de la coalición oficialista, la UCR. Los casos de Córdoba y Entre Ríos son un complejo banco de pruebas hacia adentro y hacia afuera de Cambiemos.
Sobre esta última idea no hay consenso por ahora en la coalición, pero la necesidad de apoyos para facilitar la aprobación del presupuesto de 2019 con el correspondiente ajuste que demanda el acuerdo con el FMI y así darles viabilidad a los próximos meses de gobierno puede resultar bastante convincente. Arriesgar el presente por la ilusión del futuro suele ser peligroso. Más para el radicalismo, que tiene necesidad de borrarse el estigma de sus gobiernos inconclusos. Por eso, algunos de sus dirigentes ya dieron señales positivas.

Después de varios meses de conflictos internos, la fragilidad y la incertidumbre sobre la suerte del Gobierno que impuso la crisis cambiaria han restablecido cierta paz en el oficialismo y reacomodado las piezas para volver a incluir en el espacio de toma de decisiones a varios que habían sido incluidos en el bando de los réprobos, cercanos a la vieja política. Es todo un dato. Todavía falta sanar las heridas que dejó el escándalo de los aportes irregulares bonaerenses.

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EL IMPACTO ECONÓMICO
Si el desenlace de los cuadernos es aún impredecible en lo judicial y en lo político, no lo es menos en lo económico. El espejo de Brasil suele entusiasmar tanto como espantar. El impacto que tuvo en la economía de ese país, expresado en una recesión de algo más de dos años, es inquietante si se tiene en cuenta que aquí la recesión ya se descontaba para los próximos dos o tres trimestres (según quién la calcule). Como atenuante aparece la diferencia entre uno y otro caso: el Lava Jato impactó sobre el gobierno en funciones y se llevó puesta a la presidenta en ejercicio. Aquí, al menos por ahora, los cuadernos revelan la corrupción de la administración anterior. Habrá que ver si una ola de arrepentimientos no aporta datos que puedan tocar a funcionarios del actual Gobierno, tanto por obras de su gestión local como por otros aportes irregulares a campañas electorales.

En el mediano plazo, en cambio, podría ser beneficioso para el Gobierno, siempre en el terreno económico, si la perspectiva del regreso en 2019 de un cristinismo recargado y vengativo se diluye. No porque vayan a llover los dólares que nunca fueron más que una leve garúa ocasional, sino porque, al menos, no se descartarían algunas inversiones que siguen en carpeta y no se irían más de los que ya se fueron. Podría ser un antídoto para la amenaza que implica la conformación y consolidación de un peronismo unido sin el dique parteaguas de Cristina.
Todo esto es lo que empezó a evaluarse en la Casa Rosada solo en las últimas 48 horas hábiles de la semana. Hay demasiado por recorrer.

En lo inmediato, Macri se mostró públicamente decidido a apostar fuerte por este aparente Mani Pulite argentino. Para justificar que no se trata solo de apariencias, en el oficialismo cuentan que, aunque ya la noche anterior sabía y les había anticipado a algunos pocos de las detenciones y allanamientos que haría Bonadio el miércoles, su primo Ángelo Calcaterra fue uno de los sorprendidos cuando la policía arrestó a Javier Sánchez Caballero, ex gerente general de la que fue su compañía constructora, luego de que se la cedió la mismísima familia presidencial.

Algo habrá cambiado de verdad si, como nunca antes había ocurrido en episodios de corrupción en la Argentina, el caso de los cuadernos va a fondo y pone al desnudo la trama oscura que ha unido al poder en todas sus expresiones a lo largo de décadas. La construcción de un nuevo orden más transparente es un desafío mayúsculo y casi impensable para un presidente oriundo del estáblisment. Si lo logra, finalmente habrá sido más Mauricio que Macri.

Red de sobornos. Tras la publicación, se realizaron numerosos allanamientos y detenciones. También se ofreció beneficios a quienes cooperaran con las autoridades.

Los Óscar se parecen ahora a un concurso de popularidad

Inusual. La ganadora de 2018, “The Shape of Water”, de Guillermo del Toro, registró una taquilla de $63.9 millones en Estados Unidos y casi $200 millones a escala mundial.

Desde que Faye Dunaway dijo “¡La La Land!”, ningún anuncio de los Óscar ha provocado tanto caos como la decisión de la Academia de las Artes y Ciencias de la Televisión de crear una nueva categoría para “logros destacados en una cinta popular”.

El sorprendente anuncio resultó ser bastante impopular, al menos entre los críticos de cine y algunos miembros de la academia. El actor Rob Lowe, un viejo miembro de la academia, dijo que los Óscar están muertos y “les sobreviven secuelas, grandes estrenos e integración vertical”.

Los otros cambios fueron recibidos con una mezcla de elogios y quejas. Muchos aplaudieron el dramático movimiento en el calendario para la ceremonia que se adelantó al 9 de febrero de 2020, después de que la temporada de premios se hubiese convertido en un período de casi cuatro meses con muchos ganadores repetidos. Y al parecer era inevitable que se acortara la ceremonia a tres horas y se retiraran algunas categorías de la transmisión en directo por televisión.

Pero la nueva categoría de película popular, que comenzará a entregarse en la ceremonia del 24 de febrero de 2019, que será transmitida por ABC, creó muchas dudas, a continuación tratamos de darles algunas respuestas.

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¿POR QUÉ ESTÁ HACIENDO ESTO LA ACADEMIA?
Bajos ratings. Este año la ceremonia de casi 4 horas de los Óscar, presentada por Jimmy Kimmel, fue vista por casi 26.5 millones de personas, casi 20 % menos con respecto del año anterior y bastante por debajo de los más de 40 millones que la llegaron a ver en su momento. Unos 43.7 millones la vieron en 2014, cuando “12 Years a Slave” ganó el Óscar a mejor película, pero desde entonces cada año se ha reducido el número de espectadores. Estas son noticias preocupantes para la academia, que depende de los ingresos por transmisiones de televisión para la mayoría de su presupuesto, y ABC, que es propietaria de los derechos de los Óscar hasta 2028. Pero que la teletransmisión sea motivo de desesperación es algo debatible. Los premios de la academia todavía se mantienen como el evento no relacionado con el fútbol estadounidense del año, y los ratings de todo, incluyendo el Super Bowl, se han reducido cada vez más en el panorama más y más fracturado de los medios. Los Grammy, por ejemplo, tuvieron una reducción de 24 %, con 19.8 millones.

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¿DE QUIÉN FUE ESTA DECISIÓN?
Las medidas fueron aprobadas por los 54 integrantes de la junta de gobernadores de la academia. Los casi 7,000 miembros de la academia no fueron consultados, y muchos de ellos dijeron que consideran la categoría de película popular un movimiento indulgente para una institución de 91 años. Adam McKay, quien ganó el premio al mejor guion por “The Big Short” de 2016 y cuya próxima película sobre Dick Cheney se espera que esté en competencia el próximo año, bromeó en Twitter que los Óscar también tendrán categorías para mejor lanzamiento de cuchillos y el alien femenino más sexy. Pero la decisión de la academia también se vio influida por las demandas de su socia televisiva, ABC, que ha presionado a los productores de los Óscar para hacer que la teletransmisión sea más atractiva para la mayoría. En su caso, Kimmel evitó deliberadamente la política en sus monólogos. Los representantes de la academia y de la cadena rechazaron hacer declaraciones para este artículo.

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¿NO SE HAN NOMINADO PELÍCULAS POPULARES?
Este año los Óscar incluían varios éxitos de taquilla, como las nominadas a mejor película “Get Out” y “Dunkirk”, la ganadora en la categoría de película animada, “Coco”, la ganadora de mejor cinematografía, “Blade Runner 2049”, y otras nominadas, como “La Bella y la Bestia”, “Baby Driver” y “Star Wars: The Last Jedi”.
Ante todo la academia ha mostrado una disposición cada vez mayor para nominar películas de género de terror (“Get Out”) a ciencia ficción (“Arrival”, “Gravity”). Este año, “Logan” se convirtió la primera película de superhéroes nominada a uno de los principales premios: guion adaptado. Algunos esperaban que “Wonder Woman” hubiese recibido algún premio.

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Menos. La cantidad de gente prendida a la pantalla chica para ver la ceremonia de entrega de los Óscar ha ido en franco descenso. Las productoras están preocupadas y desean recuperar público a toda costa.

¿QUÉ TAN POPULARES HAN SIDO LAS GANADORAS DE MEJOR PELÍCULA?
Ninguna ganadora del Óscar a mejor película desde “Argo” de 2012 ha superado la cifra de los $100 millones en la taquilla estadounidense.

Las películas independientes han ganado 10 de los últimos 11 Óscar a mejor película, incluyendo los triunfos de “Moonlight”, “Spotlight”, “Birdman” y “The Artist”. La ganadora de este año, “The Shape of Water”, del mexicano Guillermo del Toro, no estuvo tan mal en taquilla con $63.9 millones en Estados Unidos y casi $200 millones a escala mundial, una recaudación indiscutiblemente buena para una película con escenas de sexo con un ser anfibio.

Ninguna ganadora del Óscar a mejor película desde “Argo” de 2012 ha superado la cifra de los $100 millones en la taquilla estadounidense. Las películas independientes han ganado 10 de los últimos 11 Óscar a mejor película, incluyendo los triunfos de “Moonlight”, “Spotlight”, “Birdman” y “The Artist”.

A pesar de esto, el tema de la taquilla ha sido una preocupación para la academia desde “The Dark Knight” de Christopher Nolan, la cual llevó a que se ampliara la categoría en 2009 de cinco nominadas a 10 (y después esto cambió a hasta 10 nominadas por la boleta de preferencias). La expansión ayudó a crear más espacio en los años siguientes para éxitos de taquilla como “Up”, “Inception” y “The Martian”. Pero hizo poco para reducir el dominio de las cintas más pequeñas en la categoría de mejor película.
Al respecto, Hollywood solo puede culparse a sí mismo. Los grandes estudios se rindieron hace tiempo y solo se dedican a hacer películas de gran presupuesto. Quizá no es coincidencia que la líder de cintas taquilleras, Disney (que ha tenido tres estrenos que han recaudado $1,000 millones, o más, este año) sea propietaria de ABC y pudiera dominar la categoría de película popular.

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DE TODAS FORMAS, ¿QUÉ ES UNA PELÍCULA POPULAR?
Lo más desconcertante de todo es probablemente la definición de la academia de una película popular. La academia dijo que todavía está trabajando en los detalles, pero que “apoya una consideración general de excelencia en todas las películas”. Así que cómo se puede medir la popularidad, ¿por venta de boletos? “Solo: A Star Wars Story” sumó $213 millones en Norteamérica, pero a pocos les importó. ¿Cuentan las ventas en el extranjero? ¿Una nominada tradicional al Óscar, como “La La Land” (con $446 millones a escala mundial), podría haber sido una película popular? ¿Y cómo funcionarían las medidas de taquilla para estrenos de finales de diciembre, que llegan poco tiempo antes de las nominaciones? ¿La ganadora debería ser elegida completamente dependiendo de sus ingresos en taquilla?

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¿LA GENTE QUERRÁ TENER UN ÓSCAR ASÍ?
Nunca hay que subvaluar lo mucho que la gente quiere un Óscar, cualquier Óscar. Pero parece un hecho que un Óscar a una película popular no será respetado como un Óscar “real”, sino como un medio Óscar, más parecido a los Premios MTV. Para muchos esto huele a una actitud condescendiente, y también a segregar lo popular del arte en un arte popular. Incluso en el Hollywood impulsado por las cintas “blockbuster”, muchos creen que ambas formas pueden coexistir, y este año ha sido un buen ejemplo con “Black Panther” de Ryan Coogler. La aclamada película de Disney era considerada una posible contendiente a mejor película, ahora algunos temen que será relegada a la esquina de película popular. La industria cinematográfica ha intentado esto antes. Los primeros premios de la academia dieron un reconocimiento al logro artístico (a “Sunrise” de F. W. Murnau) y para producción destacada (a “Wings” de William Wellman). Ambas siguen siendo obras maestras, pero la dicotomía desapareció al siguiente año.

El obsoleto sistema de ANDA condena a comunidades a vivir sin agua

Antiguo. Las cantareras eran comunes en las décadas pasadas como respuesta del Estado a comunidades pobres. En ANDA tratan de no seguir con la práctica. Pero aún existen algunas, como esta ubicada al pie del tanque de Chanmico.

Una pregunta lo había inquietado desde hacía muchos años: ¿por qué el agua le caía todo el día a los vecinos del otro lado de la calle y a él no? A Marcos Campos, como a todos los habitantes del pasaje Méndez de San Antonio Abad, se le hacía extraño que, viviendo en la misma comunidad, la diferencia en el servicio fuera tan extrema.
A ellos el agua les llegaba a cuentagotas. Y cada jornada era una especie de ruleta rusa, de rezar porque ese día fuera el bueno y que cayera un tímido chorro por dos o tres horas.

Lo suficiente para llenar lo que se tuviera a la mano. Los más afortunados, como Marcos, construyeron amplias pilas o acondicionaron tanques para poder acaparar más líquido; otros, como los vecinos de las casas de arriba, se tuvieron que conformar con depender de un mosaico multicolor de recipientes de plástico: barriles, baldes, cántaros, botellas, guacales. Cuando no caía, estos mismos recipientes servían para traer el agua que se compraba a los habitantes más afortunados del otro lado de la calle.

Para saber a ciencia cierta por qué Marcos y sus vecinos tenían un servicio tan deficiente por parte de la Administración Nacional de Acueductos y Alcantarillados (ANDA), hay que entender la manera en la que llega el agua hasta su casa, el paso previo antes de que arribe a la tubería que se conecta a tu contador. Se trata de un tanque.

Los hay de todos los tamaños, dependiendo de la población a la que abastezcan. En el caso de Marcos y los suyos, la escasa agua recibida provenía de uno ubicado en la calle Mano de León, en San Antonio Abad.

A través de una enorme tubería que trae agua bombeada desde muy lejos, el tanque se llena hasta el 100 % de su capacidad. Aproximadamente a las 4 de la mañana (la hora puede variar) este se abre para comenzar a abastecer al sistema de tuberías, lo que se hace exclusivamente gracias a la gravedad.

El recorrido del agua comienza justo en las instalaciones de SERTRACEN, ubicadas entre la 25.ª avenida norte y la alameda Juan Pablo Segundo. Sigue subiendo hasta la Bernal, muy cerca del Hospital Militar, donde el servicio es constante y de calidad. Luego abastece a todas las comunidades y colonias que nacen del bulevar Constitución. El agua va colmando, poco a poco, todo el sistema, hasta que llega el turno de lo que está en la 75.ª avenida norte y más allá. Es el final de este circuito de cañerías.

En este sector está el pasaje de Marcos. Un hombre que se había acostumbrado a la escasez. Y quien había tenido que recurrir a sistemas alternativos para tener el agua suficiente. Los días de lluvia sacaba sus barriles para llenarlos. Y cuando un miembro de su familia se bañaba, el agua jabonosa no se iba por el drenaje, sino que se acaparaba en un recipiente. Ambas reservas servían luego para regar las plantas del patio o para impulsar los desechos en el inodoro.

Por eso a gente como Marcos solo le cae por tres horas un tímido chorro: es la única hora en que en el nudo de tuberías hay suficiente agua como para generar la presión necesaria para llegar hasta las últimas casas. Cuando la demanda es muy alta en el sistema no hay ni un solo momento en el que se cumpla esta condición. Se podría decir que, si vivo en el final de un sistema como este, este día caerá el agua en mi casa si los demás usuarios no la han gastado toda.

Cuando el tanque se vacía en un 80 %, las válvulas se cierran y ya no se deja correr más líquido. Es entonces cuando se comprueba que el sistema está colapsado, cuando no puede abastecer con eficiencia a todos sus usuarios. Por eso a gente como Marcos solo le cae por tres horas un tímido chorro: es la única hora en que en el nudo de tuberías hay suficiente agua como para generar la presión necesaria para llegar hasta las últimas casas. Cuando la demanda es muy alta, en el sistema no hay ni un solo momento en el que se cumpla esta condición. Se podría decir que, si vivo en el final de un sistema como este, este día caerá el agua en mi casa si los demás usuarios no la han gastado toda.

Cuando esto ocurre es que gente como Marcos ve salir, literalmente, solo aire de sus chorros. Es la certidumbre de que ese día no será posible lavar la ropa que ya lleva días pendiente. Y que si no vuelve a caer y las reservas de la pila se terminan, será necesario recurrir a los familiares o comprarle a los vecinos más afortunados, a los que sí les cae el agua, al otro lado de la calle. Marcos sabía que a sus familiares en la calle Mano de León nunca dejaba de caerles el agua. A ellos recurría para llenar cántaros y recipientes en su pequeño automóvil.

“A veces íbamos para allá y veíamos a la gente botando el agua, lavando la acera, o los carwash que no escatiman en nada para lavar los carros. Y uno aquí, casi a la par, sin agua. Hay cosas que uno no se puede explicar”, dice Marcos.
ANDA no es una institución capaz de cubrir a toda la población. Por esto en muchas partes del país, sobre todo en el área rural, la misión ha recaído en juntas de agua, pequeñas entidades donde los mismos vecinos de la comunidad se encargan de llevar el líquido desde un nacimiento hasta los hogares, y de darle mantenimiento a la red. Algunas experiencias han durado décadas, como las de las asociaciones de Izalco. Allí saben que se trata de un recurso finito. Por eso han establecido un número limitado de mechas a conectar.

“Esa es la diferencia de nosotros con ANDA. Para ellos, entre más pajas (mechas) de agua ponen es mejor, aunque a la gente no le llegue el agua”, comentó hace unos meses la maestra Laura de Soto, presidenta de ADESCOHUIS, una de las organizaciones comunitarias que abastece a Izalco. Las mismas que están preocupadas por la promulgación de una ley de agua, una que temen porque es posible que le dé a entidades privadas la facultad de administrar, también, su agua.

La mayor parte de tanques de ANDA en el Gran San Salvador están colapsados: la cantidad de unidades habitacionales (o servicios, el sitio donde se ubica un contador individual) supera a aquella a la que, técnicamente, está destinada la capacidad en metros cúbicos de los tanques. Y no ha habido más inversión en nuevos en esta zona, la más poblada del país, al menos desde 2008, según el detalle de licitaciones para la construcción de este tipo de estructuras en la web COMPRASAL, la web en la que el Gobierno salvadoreño publica la mayor parte de sus licitaciones y contratos.

Aunque la insuficiencia tiene sus excepciones. Para darse una idea, solo hay que revisar las cifras: el tanque de San Benito, que abastece a la colonia del mismo nombre y a otras circundantes, cuenta con una capacidad de almacenamiento de 4000 metros cúbicos, pero solo abastece a 1,238 unidades habitacionales. Una relación de 3.23 metros cúbicos por servicio. En cambio, en el tanque del cementerio de San Marcos, en el municipio del mismo nombre, la relación se invierte: una capacidad de almacenamiento de 107 metros cúbicos para 809 mechas conectadas: 0.13.

Saúl Vásquez es el director técnico de ANDA, uno de los puestos más importantes dentro de la entidad. Justifica estas diferencias por la disparidad de las realidades entre ambos sitios: “No es lo mismo una casa en la San Benito que en San Marcos. En San Marcos puede haber varias decenas de casas por manzana. En la San Benito quizá solo habrá dos. Es una diferencia abismal en el consumo, pero ya eso no es un asunto que nos corresponda a nosotros”.

Comunal. El tanque de Chanmico recibe su agua, bombeada, desde el de San Antonio Abad, ubicado unos kilómetros abajo. Abastece a casi todas las comunidades del cantón capitalino.

El servicio de agua, por ello, es un mosaico de realidades. Algo que se puede comprobar en un municipio populoso como Soyapango: en Bosques de Prusia, el agua cae un día sí y uno no; en El Limón, el servicio es exclusivamente matutino. Eso cuando todo marcha según el plan. Es decir, que la demanda no es mayor que la habitual, la producción menor y que no existen fugas importantes.

Ese es otro detalle: hasta 66 millones de metros cúbicos se perdieron en 2016 en la red de ANDA a escala nacional debido a esta razón, el 34 % de todo lo que se produce. Lo suficiente para llenar 26,400 piscinas olímpicas, o para abastecer a una sola con 1,320 kilómetros de largo. Un buen espacio para que Michael Phelps muestre de lo que está hecho. El director técnico de ANDA, Saúl Vásquez, afirma que este cálculo es todavía muy conservador si se toma en cuenta, también, lo que se pierde en servicios no facturados: 47 de cada 100 litros producidos.

Para Vásquez la debilidad de las tuberías es uno de los asuntos torales por los que ANDA no puede dar el servicio que se deseara, pues una gran parte del sistema está hecho con tubería de asbesto cemento, un material quebradizo que no supera altas presiones, colocado hace ya varias décadas. Es necesario, sostiene, una renovación.

Para mostrar su punto, ilustra lo que se ha realizado hasta el momento en un sector cercano al estadio Las Delicias, en Santa Tecla, donde el problema de abastecimiento en una zona se solucionó con la sustitución de cañerías. Dice que, como entidad, han identificado varios puntos en el Área Metropolitana de San Salvador como los más urgentes para atender. Allí pueden realizar un trabajo similar. Pero el dinero, aclara, se los impide. Toda la operación les costaría $58 millones, según las proyecciones técnicas. Hasta el momento han podido realizar labores por una suma cercana a los $10 millones.

No contar con un sistema de tuberías adecuado, explica, también ha sido un lastre a la hora de mejorar el servicio en algunos sectores, pues las tuberías ceden pronto al aumento de presión. El problema se traslada del desabastecimiento a las constantes fugas.

Otro elemento señalado por Vásquez es el del crecimiento poblacional, pues la demanda no para de crecer. Para hacerse una idea, solo en 2016, año para el que está disponible el último boletín estadístico de ANDA, solo en San Salvador y La Libertad se instalaron 1,543 nuevos servicios de acueductos. La mayor parte de estos provienen de solo dos municipios, San Salvador y Santa Tecla, con 1,168.

La tercera razón sostenida por Vásquez es la falta de inversión, una que se cristaliza en el no realizado plan quinquenal presentado por ellos a inicios del periodo de Salvador Sánchez Cerén, en 2014. Un plan que costaría alrededor de $500 millones. De todo ello, confiesa, solo se ha ejecutado una cifra cercana a los $20 millones. Lo demás continúa en el papel.

 

 

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Aunque no supieran las razones por las que el servicio de agua era tan deficiente en sus hogares, Marcos y sus vecinos en el pasaje tenían una certidumbre, que conectándose a la tubería que surte a los habitantes del otro lado de la calle, sus problemas de escasez se solucionarían.

Se organizaron en una improvisada directiva e hicieron el trámite en ANDA, atizados por una persona que había llegado a construir un mesón en el pasaje, a quien le preocupaba que le costara alquilar los cuartos por la falta de agua. Las vueltas duraron dos meses. Contrario a lo que pensaban, su petición sí fue escuchada.

Manuel Galeas es un técnico de la Administración de Acueductos y Alcantarillados (ANDA). A su cargo tiene el mantenimiento de la zona correspondiente a San Antonio Abad. Conoce al dedillo al sistema y todas sus enfermedades. A él llegan todas las quejas cuando el servicio falta. Para alguien como Manuel es el pan de cada día: ANDA es la entidad más denunciada en la Defensoría del Consumidor, esa institución creada desde el Gobierno para que cualquier ciudadano pueda, al menos, dejar una queja. Y ha sido la más señalada por lo menos desde 2016. En el primer semestre de 2018, 1,643 personas se acercaron para dejar una reclamación, el 43.72 % del total a escala nacional.

Manuel Galeas, el técnico encargado de la zona, explica por qué fue tan fácil y sin trabas realizar el cambio: la diferencia de presiones entre un lado de la calle y el otro es un asunto de altimetría, aunque el agua tiene, prácticamente, el mismo origen. Desde inicios de la década pasada existe un tanque, que es abastecido a través de bombeo por el mismo de San Antonio Abad, ubicado en un punto más alto, en el sector conocido como Chanmico.

Fue ideado para darle agua a quienes hasta entonces en ese cantón de San Salvador no la tenían. Y la presión es tan fuerte en la calle El Roble porque las casas que para el otro sistema están en el final, para este se ubican en el inicio.

“La fuente era la misma. El problema era la conducción. El agua que ya no les voy a dar de este tanque, se las voy a dar de este otro, pero con una mejor conducción, mejores presiones, mejores horarios. Pero prácticamente el agua es la misma”, dice Manuel Galeas en medio de su jornada de trabajo.

Marcos y sus vecinos del pasaje Méndez pudieron hacer el cambio a mediados de julio, tras apenas dos días de trabajo. La maniobra era sencilla, pues, como una suerte de gemelos, a menos de 1 metro de distancia ambos tubos cruzan bajo la calle El Roble sin juntarse nunca. Que tu contador esté conectado a uno u otro es la diferencia de una vida de privaciones o una donde abunda el agua. El cielo estaba a menos de 1 metro de distancia.

A partir de entonces las cosas serían distintas. Pero antes había que cruzar un valladar. ¿Qué sucede con un miembro que nunca se usa? Inevitablemente se atrofia, sus funciones ya no son las mismas.

Tras décadas de servicio deficiente, las viejas tuberías domiciliares parecían haberse olvidado de que su misión es trasladar agua de manera constante. El líquido ahora tenía tanta presión que muchas cedieron. El pasaje fue, durante los siguientes días, una sinfonía de fugas, algunas profusas.

A Ana Méndez incluso le nació un manantial en medio de su cocina. Un retumbo se los advirtió. Bajo la tierra una fuerza cristalina peleaba por abrirse camino hacia la superficie. El agua comenzó a salir del punto donde, sabían, estaban las tuberías. Luego, desde la base misma de las paredes. Más tarde bajó por las escaleras hasta llegar a la pequeña tienda al frente de la casa. La única solución fue cortar el flujo del agua. La paradoja: Ana Méndez, a la espera de que se reparara la tubería, no contaba con el servicio.

Tras décadas de servicio deficiente, las viejas tuberías domiciliares parecían haberse olvidado de que su misión es trasladar agua de manera constante. El líquido ahora tenía tanta presión que muchas cedieron. El pasaje fue, durante los siguientes días, una sinfonía de fugas, algunas profusas.

Una nueva inversión nacida de la comunidad le dio solución al problema. Colocaron una válvula para regular la presión. Todo requiere medida, hasta una bendición como el agua.

“Es el cumplimiento de un sueño. Sinceramente yo nunca creí que el agüita completa sería un día una realidad para nosotros. Para qué le voy a decir, ahorita solo palabras buenas tengo para ANDA”, comenta Marcos Campos, satisfecho porque ahora, tanto para él como para decenas de personas, la escasez del agua es una cosa del pasado. No pasa lo mismo con el resto de pasajes en ese lado de la calle, como el Londres y Los Andes, donde deben seguir pagando recibos a pesar de que el agua casi no llega a sus casas.

Tampoco con aquellas personas que viven a la misma altura o incluso más arriba que el tanque de Chanmico. Para ellos, por lo menos ahora, no existe alternativa que valga.

 

 

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El tanque de Chanmico, el que permite que haya un fuerte caudal en la calle El Roble y otras comunidades de San Antonio Abad, es una conquista comunal. Si bien pertenece a ANDA, no podría haber existido sin la organización popular.

El agua empezó a llegar por medio del antiguo sistema a las casas del otro lado de la calle El Roble, las que ahora sufren con el servicio irregular, a mediados de los ochenta, en plena guerra civil. Así lo rememora Miguel Cañénguez, uno de los miembros más antiguos de una de las directivas de San Antonio Abad. Pero el servicio no estaba siquiera conectado para miles de familias, forzadas a surtirse en cantareras colectivas, las únicas formas en las que el Estado había querido apoyarlos.

A mediados de los noventa, las pequeñas organizaciones que pululaban por todo el cantón decidieron colaborar para un mismo fin. Sabían que en soledad nadie los tomaría en serio. Fueron 15 directivas diferentes las que se pusieron a trabajar (y a invertir) para que cada familia disfrutara de su agua en este cantón, ubicado a escasos metros de una de las colonias más exclusivas de la capital del país.

Estrategia. En la casa de Silvia Rodríguez, en la comunidad Chanmico, han ideado una manera para captar agua lluvia desde el techo y que esta caiga directamente en la pila.

La asociación incluso compró el terreno en el que ahora se alza el gigante de cemento, en medio de grafitis y maleza. Casi nueve años duró el proceso, entre laberintos legales y peleas internas. También de duro trabajo, de cuadrillas de hombres introduciendo tubos en la tierra.

Increíblemente, el día prometido llegó. Y todos, o casi todos, pudieron contar con agua en sus hogares. También aquellos que la tenían más complicada. Por todo el cantón existen comunidades que viven en terrenos que no son suyos. En medio de esto hay historias de personas estafadas por alguien que se hizo pasar por el dueño de la tierra. Pero incluso ellos ahora tenían agua.

La misma que, según un temor ampliamente extendido entre las comunidades, ahora podría volver a escasear para todos. Es una creencia común pensar que será este tanque el que surtirá a los altos edificios de apartamentos que se están construyendo a la orilla de la avenida Masferrer norte.

Desde la sede de la Dirección Metropolitana de ANDA, el técnico Manuel Galeas hace un ademán de pausa y tranquiliza a los habitantes ante los rumores: por regla general, las nuevas urbanizaciones y grandes construcciones (como el casino y bar inaugurado hace unos meses) deben buscar su agua en otras zonas. Eso, al menos, es lo que él recomienda.

“Aquí le tenemos bastante respeto a esto, porque es la gente la que trabajó para tenerlo. Si bien es de ANDA, nosotros lo consideramos un proyecto comunal”, comenta Galeas. El agua de estos edificios, más bien, saldrá desde un tanque levantado por los mismos constructores de las residencias privadas. Se espera que parte de lo que recoja este tanque se pueda conectar a aquellas comunidades que aún no cuentan con un servicio de agua regular.
Pero no todo es romanticismo un grupo de personas organizadas. Después de que Marcos Campos y los vecinos del pasaje Méndez se conectaron a la red más eficiente, se levantaron voces de alerta. Les parecía impensable que ahora disfrutaran de su agua aquellos que no habían trabajado por ella.

Sin embargo, nuevas mechas se han estado conectando a la tubería desde siempre y a través un método que, según autoridades de ANDA, está en el limbo de la ilegalidad. Para hacerlo, una de las líderes de la directiva solicita a los aspirantes una suma económica. Quien busca cambiar el servicio debe pagar también por quien haga el trabajo manual, o hacerlo él mismo.

En El Salvador, para el agua todavía no hay una respuesta. En el seno de la Asamblea Legislativa, la discusión para una nueva ley se ha prolongado por 12 años. La última gran polémica es el proyecto que plantea que su administración debe estar en un consejo copado, sobre todo, por representantes de la empresa privada. Ha encontrado la suficiente oposición desde el Gobierno y las organizaciones de la sociedad civil para que, de nuevo, no se camine, para que el proceso haya caído en un punto muerto. Mientras, las comunidades seguirán viéndose obligadas a abastecerse de todas las maneras imaginables.

 

 

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Para ellos, por lo menos ahora, no existe alternativa que valga. En esta casa de la comunidad Chanmico, en San Antonio Abad, ya hace tres meses que no cae el agua. Silvia Rodríguez carga en sus brazos a su pequeña mientras hace gestos de molestia y señala la pila vacía. Y sobre esta, un curioso mecanismo que representa la desesperación: un tubo la conecta con uno de los canales del techo. Así logra captar cuando llueve un poquito de agua. Un colador suspendido asegura que el líquido no lleve hojas ni residuos.

Y alrededor de este casi inútil rectángulo de cemento, varios baldes guardan el agua que ha logrado ir a recoger desde la cantarera ubicada al final del pasaje, una que el año pasado les habilitó el partido GANA, ávido de votos, para que tanto ellos como los habitantes de comunidades circundantes, como Las Granadillas, pudieran abastecerse.
A Silvia se le mira molesta, casi con los ojos desorbitados. No logra entender por qué, estando tan cerca del tanque de Chanmico, el agua no tiene la suficiente fuerza para llegar hasta su hogar. No sabe que todo funciona con base en la gravedad, que la respuesta simple es que el tanque ya superó su capacidad y no logra generar la presión necesaria.

Uno de sus vecinos, Luis Melara, retira la llave puesta en el chorro colocado fuera de su hogar. Este fue, hace unos años, el recurso que encontraron para tener una fuente privada de agua. Aunque en el límite de su terreno, el chorro les pertenecía totalmente. El agua llegaba hasta allí y no hasta dentro de su casa porque la presión no era capaz de vencer un desnivel de metro y medio.

Retira la llave, pero el agua no brota. Desde hace meses tampoco ha sido su alternativa. También ellos deben recurrir a la cantarera, en la que ahora la sexagenaria Claudia Campos llena, con toda la paciencia del mundo, un recipiente. El chorro es tan delgado que debe ingeniárselas para colocarlo de manera que el líquido caiga adentro. En un momento, este se le vuelve tan pesado que no le es posible seguir con la operación. Llama a su nieto para que le acerque una botella más pequeña, con la cual tratará de llenarlo.

Ana del Carmen Mónico es otra vecina preocupada. En sus más de 60 años de vida, el agua nunca ha sido una necesidad totalmente satisfecha. Vive en la comunidad Las Granadillas, una de las últimas en ser conectadas al sistema. Y una de las que, actualmente, no tienen agua. Dice que tiene meses de conversar con el ingeniero encargado de la zona, Manuel Galeas, quien le ha prometido hacer algo por ellos. Manuel es un hombre con muchas preocupaciones. Sabe que no se trata de algo tan simple, que el problema no solo pasa por sus gestiones. Quizá piense que ANDA debería abrir más pozos, explorar otras fuentes de agua. Lo suficiente para que en una de sus respuestas haya, de veras, esperanza.

Ana se sienta en las gradas al pie de la casa de su vecino. Conversa animada, los ojos puestos en un aire finísimo, casi transparente, donde la vista alcanza a ver más lejos. Allá, reducidos por la distancia, los esqueletos de los nuevos edificios de apartamentos se alzan contra el cielo, que ya ha comenzado a parecerse a la miel. Y los trabajadores son nítidos muñequitos en medio de la labor.

“Esos apartamentos, de seguro, se venderán carísimo. Y yo me preguntó cómo será de tremenda la presión para llegue hasta el último piso, para que el inquilino que vive hasta allá abra su chorro y el agua le caiga. Yo digo que tener esa seguridad de que cuando usted abra su chorro le caiga el agua ha de ser bien bonito”, comenta Ana con la mirada, ahora, apuntando a sus pies.

Altura. Las comunidades que más sufren con la escasez de agua son las ubicadas a más altura. Como la Chanmico, a la que conduce una empinada calle todavía sin asfaltar.