Para crear futuros lectores

Hace unos días, el poeta guatemalteco Julio Serrano compartió en Twitter sus impresiones sobre un encuentro que sostuvo con estudiantes de entre 14 y 17 años, con quienes habló sobre libros y lectura. Los estudiantes pertenecen a un colegio de buena reputación académica, bien calificado en Lenguaje.
De los tres grupos con los que Serrano tuvo oportunidad de discutir, a ninguno le interesaba leer literatura, aunque había conciencia plena sobre “la lectura permanente de contenidos en línea” (según los tuits de Serrano).

Casi ninguno de los estudiantes usaba Twitter, muchos ya no tenían Facebook y todos tenían Instagram. Un dato que Serrano destacó como interesante era el hecho de que en los tres grupos, casi la mitad de los estudiantes provienen de una familia lectora. Pese a ello, casi ninguno se consideraba a sí mismo lector.
Según Serrano, los motivos de los estudiantes para no leer es porque les parece aburrido; que si te imponen la lectura (como suele ocurrir en los centros de estudios) se termina por no leer; que es demasiado tiempo para ser dedicado a una sola tarea, cuando se pueden hacer muchas cosas al mismo tiempo; y que los libros no les hablan de su realidad ni de sus intereses.
Al ser preguntados sobre qué les gustaría leer, los estudiantes respondieron que tendría que ser algo cercano a su realidad, a su día a día; que el texto tendría que ser algo breve, que los capture y que tenga formatos interesantes para ellos, “formatos mixtos, como leer en WhatsApp y luego en Instagram”, según dijeron.
Para Serrano, la experiencia fue reveladora. Los padres lectores no necesariamente se convierten en una influencia para sus hijos en cuanto a contagiarles la pasión por la lectura. La gran pregunta que se hacía Serrano al final de su hilo era si los escritores estamos generando literatura para este grupo etario.
Aunque ocurrió en Guatemala, tengo el presentimiento de que los comentarios de Serrano reflejan también la realidad de nuestro estudiantado. Cuando converso con los miembros más jóvenes de mis talleres literarios, escucho afirmaciones similares. Cuando hablamos de lecturas, por ejemplo, es común escuchar que odiaron todo lo que les fue asignado como lectura colegial, porque los contenidos no tienen nada que ver con la realidad del adolescente salvadoreño actual.
El hecho de obligar a la lectura a los jóvenes y hacerlo con libros que no despiertan su curiosidad ni su identificación con la historia, los hace rechazar el acto de la lectura en general. Un lector se engancha en el acto de leer porque descubre que un libro le habla de múltiples maneras. Si las lecturas que ofrecemos a nuestros jóvenes no logran activar esa identificación, la actividad de leer se torna en algo incomprensible y por ende, aburrida. Son pocos los que optan por buscar y descubrir lecturas por iniciativa y curiosidad propia, más allá del canon establecido. Por lo general quienes lo hicieron, sí lograron encontrar lecturas que los convirtieron en lectores de por vida.
La tecnología y el hincapié visual de los contenidos ejercen también influencia en la manera cómo los menores construyen lenguaje y pensamiento. Esto es más visible con los niños y adolescentes que están creciendo y formándose con internet y los contenidos en línea.
Esta relación ambigua con la lectura, leer en pantallas y considerar aburridos los libros, es una realidad que trasciende fronteras. Esto lo demuestra la incuestionable popularidad de algunas aplicaciones como Hooked, que cuenta con 10 millones de usuarios (y contando). Hooked es una plataforma para leer historias escritas en formato de chat, por lo general del género de suspenso y que dan la impresión de estar leyendo una conversación de chat ajena. Según la información descriptiva de la app, “nos gusta leer pero sabemos que puede ser ABURRIDO cuando las historias son muy largas” (sic). La app hace entregas diarias de nuevas historias y también permite que los usuarios compartan las propias.
Otra app de lectura extremadamente popular es Wattpad. Con 100 millones de usuarios, la mayoría de ellos adolescentes, la plataforma combina la lectura con la posibilidad de colgar sus propios libros. La mayor parte de lo que se lee en dicha plataforma es la llamada fan fic (ficción de fans), donde alguien que siente particular entusiasmo por un “best seller”, escribe una variante o un “spin off” de la historia original.
El impacto de lectura que tiene esta plataforma es tan grande, que las editoriales están siempre a la búsqueda de los libros más populares. Así fue como descubrieron a Anna Todd, quien escribió la serie de novelas “After”, usando elementos de varios libros conocidos que a ella le gustaron. Las novelas de Todd se publicaron por entregas en Wattpad y sobrepasaron los 450 millones de lectores. Cuando sus libros fueron impresos en papel, se convirtieron en “best sellers” instantáneos.
Los libros que se publican en Wattpad podrán estar mal escritos (porque cada quien es su propio editor y algunos se publican por entregas, a medida que el autor las redacta), pero un elemento de su popularidad radica en los temas y el tratamiento que tienen las historias, que tocan temas como el “bullying”, el acoso sexual, la violación, las drogas, las primeras experiencias sexuales, etc.
El contenido que se lee en ambas aplicaciones está lejos de ser llamado literatura. Pero quizás logre que sus lectores terminen interesándose por leer libros con contenido de mejor calidad e historias más complejas.
Si aprendemos a dialogar y escuchar a nuestros jóvenes, comprenderemos que las búsquedas literarias varían de generación en generación. Este tipo de diálogo permitiría que maestros, editoriales y escritores tengamos insumos para no descuidar a este grupo, cuyo entorno natural para la lectura es la pantalla y no el libro impreso.
De lo que se trata, a fin de cuentas, es de lograr promover la creación de nuevos lectores, enamorándolos de la literatura y despertando en ellos el instinto natural del ser humano por escuchar y contar historias.

No, tu pleito no es conmigo

Nunca he pensado que sos el enemigo. Mi pleito, ese que te causa risa o molestia, es que dejemos atrás los esquemas sociales y económicos que me han puesto a mí en segundo plano. Mi lucha es por ganar lo mismo que vos si hacemos trabajos iguales y tenemos la misma preparación para hacerlo. Mi bandera es que no haya más casos de mujeres golpeadas o asesinadas por sus maridos, ni niñas que deban quedarse en casa a hacer los oficios domésticos mientras sus hermanos van a la escuela, porque a ellas, por su género, se les considera un gasto.
Ya sé que no todos ustedes son acosadores. Entiendo que no todos han pensado siquiera en violar a una mujer. Estoy clara en que vos jamás me levantarías la mano. Lo que quiero que entendás es que nosotras, las mujeres, las jóvenes, las niñas, sí tenemos todas una mala historia que contar, desde algún momento incómodo de acoso hasta golpes. Y por supuesto, están todas las que nunca podrán contar lo que les pasó porque no salieron vivas de sus malas experiencias.
Sí, ustedes también sufren violencia, pero es de otros tipos. Es más común que una mujer muera a manos de su marido a que sea el hombre el asesinado por su pareja. Es más cotidiano saber de mujeres maltratadas, y te aseguro que vos mismo conocés más historias de mujeres que lo sufren, que de hombres en la misma situación. La mayor parte de las víctimas de abuso sexual son mujeres. Muchísimas son niñas. Casi en su totalidad lo han sufrido a manos de parientes o personas muy cercanas.
Es cierto también que la pobreza nos vuelve más vulnerables. Que los esquemas tradicionales de que soy la mujer y debo quedarme en casa me ponen en más riesgo de que mi pareja piense que puede decidir por mí en todo porque me mantiene, y hace más probable que yo tenga miedo de dejarlo, porque no tengo manera de mantener a mis hijos. Es verdad que la falta de educación de las niñas es un círculo vicioso de pobreza y marginación, que madres poco educadas estarán criando niños que tendrán menos oportunidades.
Y es cierto que nuestro sistema de justicia deja mucho que desear. Que existe impunidad. Que hay casos en los que la mujer acusa injustamente al hombre, pero te recuerdo, porque lo sabes, que estos casos no superan ni por cerca a todos aquellos en los que las mujeres no denuncian por miedo, o a los que se quedan a medias porque la víctima no logra continuar, porque se le expone, se le revictimiza o se le obliga a encarar a su victimario.
No, tu pleito no es conmigo. Sé que te parece inocente bromear sobre nuestros reclamos y nuestras luchas. Es un chiste nomás, pensás, no daño a nadie. Yo te escucho con tristeza, porque siempre habrá más gente que se ría de tu “ocurrencia” que personas que se pongan a pensar que a la mejor es cierto, que las mujeres pedimos igualdad porque no la tenemos. Y también admiro la inteligencia con la que armas argumentos para tratar de botar los míos. Y deseo con todo mi corazón que usés esa inteligencia para apoyar mis luchas, que si te dieras el tiempo de conocerlas, podrían identificar como tuyas.
Porque para erradicar la violencia de género, el abuso de poder, los feminicidios, no basta con que yo grite, patalee y escriba sábanas y sábanas de textos. No basta con mis marchas y mis consignas. Porque la raíz de todo esto está en la pobreza, en la injusticia, en la inequidad, en la ignorancia, y esas son cosas, querido, contra las que vos también deberías estar peleando. Si pusieras en ello todo el esfuerzo que le dedicas a criticar mis batallas, te aseguro que estaríamos más cerca de lograr un verdadero cambio para bien de todos.

La Corte Suprema y la Fiscalía están en peligro

Estamos claros ya de que el nuevo ascenso de la derecha política a la cumbre del poder Legislativo no implicará cambio alguno en la forma en que se hacen las cosas en la Asamblea. Los chanchullos, los pactos espurios, el control desbocado por el poder y las prebendas continuarán igual que en gestiones anteriores de areneros, efemelenistas, pecenistas, ganeros o pedecistas.
El primer acto de la nueva Legislatura habla muy bien de lo anterior: al menos cuatro de los miembros de la recién estrenada junta directiva, de los más poderosos, han sido señalados o investigados por faltas y delitos que van del acoso sexual al intento de homicidio, pasando por el encubrimiento. ¿Qué se puede esperar en un escenario así? Nada bueno.
Más grave que la conformación de la junta directiva es el mensaje que el partido ARENA envía a los votantes con claridad suficiente: lo más importante es el poder, afianzarlo, detentarlo y administrarlo, a cualquier costo. Lo demás son migajas en el concepto que de la política han tenido en El Salvador la mayoría de sus élites, ese según el cual la función pública no implica servicio al soberano, sino solo un botín al que es de idiotas no echar mano.
Y es grave entender que esa concepción de la política, que implica reparto de cuotas y empoderamiento de amigos afines sin importar sus credenciales, es la que privará cuando la legislatura 2018-2021 escoja, este año, magistrados de la Corte Suprema de Justicia y el fiscal general de la república. Como siempre, el requisito más importante que los candidatos deberán cumplir será su capacidad de genuflexión, nunca el de hacer bien las cosas o el de hacer cumplir la ley sin importar las consecuencias políticas.
En El Salvador, a pesar de todo, hay ya herramientas legales que han permitido la creación de algunos filtros para estas elecciones de segundo grado. No es que estos filtros, como la elección del gremio de abogados de candidatos a la CSJ, sean una garantía real, pero deberían de ser al menos un comienzo. De esas listas podrían ya identificarse relaciones políticas, nexos con grupos de poder, actuación profesional y pensamiento jurídico sobre temas de interés general, por ejemplo. Se puede, al menos, mapear candidatos.
Al final, sin embargo, todo termina en manos de los políticos, y lo único que nos queda a los ciudadanos es seguirles reclamando sus movidas. Eso, reclamarles en voz alta, muy alta, porque no es poco lo que se juega en este país: de una Corte que, con todos sus bemoles, fue bastante independiente, podemos pasar a una que sea cómplice abierta de la corrupción, como la que presidió Agustín García Calderón bajo el amparo de la dupla ARENA-PCN, que hoy regresa al Legislativo.
Está también el tema del fiscal. He escuchado sobre la posible reelección de Douglas Meléndez, y he escrito ya bastante al respecto; pero también he escuchado que un grupo de exfiscales cercanos a los poderes más oscuros de ARENA maniobra para empoderarse en el principal despacho del ministerio público.
Hay poderes nuevos –que son los mismos rostros con máscaras medio acicaladas para la ocasión– en la Asamblea. Dice ARENA, el mayor de esos poderes, que su lema es primero El Salvador. El país, no la fracción, no el candidato presidencial. El país que requiere una Corte Suprema y un fiscal general decentes.

Carta Editorial

Hace más de 25 años, el final de la guerra nos agarró sin la capacidad para formar parte de un sistema ordenado. Se crearon leyes, se crearon instituciones, pero no fue posible cambiar el caos por la estructura. Hemos pasado décadas intentado encajar lo viejo con lo nuevo y solo hemos conseguido funcionar con base en parches. Así, la Policía Nacional Civil es una de las instituciones más señaladas por violaciones a los derechos humanos. Y, por otro lado, el Instituto de Medicina Legal ha estado funcionando por décadas sin que exista un sistema que lo dote de forenses con especialización académica.
La lucha contra la impunidad es un punto de honor cuando se trata de reducir las violencias y de persuadir la comisión de más delitos. Y esta lucha no se libra de manera efectiva sin la prueba científica, la misma que ha quedado varada, porque ponerla en marcha implica organización, capacitación y recursos.
Las leyes estipulan que el Instituto de Medicina Legal debería contar con forenses con una especialidad académica terminada. Pero cuando el instituto se formó, El Salvador no estaba preparado para asumir las responsabilidad de fortalecer estas nuevas instancias con todos los recursos necesarios para su funcionamiento idóneo. No había dónde formar forenses. Los que hay y han estado realizando esta tarea han tenido que estudiar en otros países o han realizado diplomados y cursos, educación complementaria, algo que ayuda pero no sustituye un proceso de especialización completo. El trabajo que estos profesionales han realizado ha servido para sentar bases y no se desprecia ni se le quita mérito, pero no es lo que desde el inicio se pensó para este instituto.
La formación de los forenses en El Salvador ya inició, pero es algo todavía tan reciente que ni siquiera se ha graduado la primera promoción. Abrir el espacio adecuado para esto ha requerido de la insistencia de instituciones y particulares en hacer notar el vacío en la forma en la que ha venido trabajando el IML y que pone en tela de juicio procesos de investigación y el fortalecimiento mismo de la prueba científica.

Para acercarnos al desarrollo, bastaría con cumplir las que ya existen. Esto significa no solo crear las instituciones, sino que estas estén formadas por gente que cumpla los requisitos establecidos. Es necesario dejar de funcionar con base en parches.

“Cambiaría cómo están distribuidos los recursos económicos y naturales”

¿Qué te emociona más de tu profesión?

De ser abogado, nada. De hacer teatro, poder hablar de temas relevantes e intentar llegarle a gente que normalmente no tiene nada que ver con el arte.

Si pudieras cambiar un problema en el mundo, ¿cuál sería?

Cómo están distribuidos los recursos económicos y naturales.

¿Qué es lo más ilícito que has hecho?

Entrar a una iglesia sin persignarme al pasar frente al altar.

¿Qué le hace falta a El Salvador?

Que la gente que hace las leyes haya estudiado leyes y mejorar la rendición de cuentas.

¿Cuáles son las palabras que más usas?

“Yo tenía razón”.

¿Qué persona viva te inspira más desprecio?

Guillermo Gallegos, con su discurso hipócrita pro nacimiento y pro pena de muerte, además de su rol al darle fondos a la ONG de su esposa. También hay otros políticos y directores editoriales.

¿Cuál es tu posesión más preciada?

Mi muñeca de porcelana que asusta a las visitas… o mi copia de “Al filo de mi pluma”.

¿Qué es lo que más valoras actualmente de tu vida?

A mi padre, mi madre y que ya no tengo la bacteria pylori en el estómago.

Buzón

Buzón

Círculo vicioso

Moisés Alvarado, en sus acostumbrados reportajes, esta vez nos trae “Santiago de María y el casi adiós a sus albergues”, donde aparecen damnificados de los terremotos de 2001 que han estado recluidos en albergues y que a largo plazo han dotado de viviendas a algunos albergados, pero queda en tela de juicio si son o no viviendas dignas, pues algunos han optado por quedarse indefinidamente en esos hospedajes que un día se dijo eran temporales, lo que significaba que solo eran para mientras duraba la emergencia.
La población sin vivienda con las condiciones mínimas para habitarla son cada día en mayor cantidad, situación que aumenta la desigualdad social y la inseguridad; los países más afectados por esa espiral son los que tienen gobiernos mediocres, mayor corrupción y menos democracia, el nuestro es uno de ellos.

Julio Roberto Magaña
[email protected]


La generación actual

Una gran oportunidad es poder leer al maestro Manlio Argueta, es un privilegio que la revista Séptimo Sentido le tenga como una de sus plumas. El domingo pasado el maestro Manlio hizo referencia a la innovación y la creatividad, así es como nos regaló un par de vivencias junto a sus nietos, de todo ello quiero retomar: los niños de hoy en día tienen un mundo de oportunidades respecto de lo que generaciones anteriores fueron. Los niños aprenden con gran facilidad aquello que les parece interesante o que logran asociar con sus fantasías; los docentes, por el contrario, seguimos creyendo en una educación que nada tiene que ver con la dinámica de las nuevas generaciones. Los jóvenes no están leyendo, los profesores menos, entonces, maestro Argueta, leer sus experiencias y saber de sus esfuerzos dentro de este momento histórico que vive el país sin duda alguna me refresca y llena de nuevas ilusiones para seguir luchando para que cada niño y joven que se me confía llegue a cambiar su momento y su historia.

David Tovar
[email protected]

Anatomía del monstruo

Laura Restrepo, escritora colombiana

Es decir, uno en su cotidianidad vive con altos niveles de comodidad, sin necesidad de ser una persona muy rica. Y por debajo está ese río oscuro, ese miasma. Entonces, ¿cómo no preguntarse por el mal?

La historia de horror que motivó esta novela es conocida por todos. Sucedió el 4 de diciembre de 2016. Yuliana Samboní caminaba cerca de su casa, por las calles del barrio Bosque Calderón –un sector que ha recibido a cientos de familias de desplazadas del país y es vecino de Chapinero Alto y Rosales, en Bogotá– cuando fue secuestrada y después violada, torturada y asesinada. Tenía siete años. El culpable: Rafael Uribe Noguera, un arquitecto de 38 años, graduado del Gimnasio Moderno y la Universidad Javeriana, que hoy paga una condena de 58 años de cárcel.

El repudio que provocó este caso ha tenido muy pocos precedentes. Las calles se llenaron de manifestantes que pedían el castigo más fuerte para el responsable. Al mismo tiempo despertó muchas preguntas. ¿Cómo había podido pasar algo así?, ¿qué límites se habían roto para alcanzar ese grado de crueldad? A la escritora Laura Restrepo –que supo a larga distancia de la tragedia vivida por Yuliana, por las noticias que leía y los mensajes de dolor y de asombro que le enviaban sus amigos– el tema no se le iba de su cabeza. No la dejaba dormir. Decidió, entonces, hacer lo que ella sabe: escribir. No pensó en una reconstrucción periodística de los hechos, sino en crear un relato de ficción. Una novela que tuviera como único elemento verídico el crimen de la niña. Así nació “Los divinos”, que retrata a un grupo de cinco amigos de clase alta bogotana que lo tienen todo; sobradores, matoncitos, frívolos, consentidos de mamá. Convencidos de estar formándose para pertenecer al pequeño club de los que mandan. Y entre ellos, uno: “el Muñeco”, que “por un lado es Kent con todos sus encantos, y por el otro, Chucky el tenebroso”. El dueño de la atención, el rey del carisma en sus tiempos de colegio que, poco a poco, con el paso de los años, empieza a caminar más allá que el resto entre el alcohol y las rumbas fuertes. A dar muestras de llevar el demonio adentro. “¿Hacia dónde querrá ir, o a dónde querrá llegar, cuando reta así los límites?”, se pregunta uno de los miembros del grupo. Porque “el Muñeco” se aleja, se vuelve otro, o tal vez termina por mostrar un rostro que mantenía escondido. Y un día se convierte en el depredador que va en busca de su víctima.

¿Por qué decidió escribir sobre este tema?

Era imposible no hacerlo. Ya iba bastante adelantada en otro libro, que no tenía nada que ver con esto, y de pronto sucedió el crimen de la niña. No podía pensar en otra cosa. Qué fue lo que pasó. En un país como el nuestro, donde hemos crecido con la muerte, con la criminalidad, donde conocemos todo eso tan bien, se habían transgredido nuestros propios límites. Había algo que no podía asimilarse, que no te dejaba dormir. Un trasfondo que era imposible de saber. No eran las leyes de la guerra, no eran las leyes del hampa, no eran las leyes de la mafia. Era una criminalidad que tenía un componente hedonista, de placer, que quizá no conocíamos todavía. Y también estaba la diferencia brutal entre los poderes del asesino y la absoluta indefensión de la víctima. Era la víctima por excelencia. La víctima en estado puro. De tanto pensar llegó un momento en que me costó trabajo retomar el hilo del libro que tenía en camino, y entonces dije: tiene que ser que hay una urgencia de escribir sobre esto.
En un país como el nuestro, donde hemos crecido con la muerte, con la criminalidad, donde conocemos todo eso tan bien, se habían transgredido nuestros propios límites.

En el propio terreno de lo que se ha escrito, estudiado y denunciado sobre el feminicidio hay una gran cantidad de eufemismos. Lo que hay detrás de la violencia contra las mujeres es tan feroz, que no se quiere mirar.

Y decidió que sería una exploración literaria, no un relato periodístico, de no ficción…

No se trataba de hacer una investigación sobre los hechos, no. Inclusive no busqué expedientes ni documentos al respecto. En el país hay periodistas maravillosos que han realizado ese trabajo. Ese no podía ser mi terreno. Tampoco quise meterme en quién tiene culpa o quién no. Lo que quise hacer fue un universo de ficción, absolutamente de ficción, donde lo único real es el crimen de la niña. Pensando que quizá la literatura puede ser una herramienta para entender qué nos pasó, cuál fue la línea que se cruzó y por qué. Le puse a la novela un epígrafe de Michel Tournier que plantea la idea de que el monstruo es lo que se ve. Según eso, el asesino –en la novela, el asesino ficticio, “el Muñeco”– sería el monstruo, porque es lo visible. Pero lo que quise mostrar es precisamente lo no visible, eso que está demasiado cerquita. Ninguno de los otros muchachos, del grupo de amigos del “Muñeco”, va, viola y asesina a la niña. Ninguno lo hace. Pero llevan unas vidas que se acercan mucho a ese punto de no retorno. El asesino es el monstruo, es lo que vemos. Pero ¿cuál es todo el tinglado que hay detrás de lo visible?

Y también qué dice un caso como este de todos nosotros, como sociedad…

Exacto. La idea era auscultar el alma a ver qué es lo que pasa. Volviendo al terreno de la realidad, este es un crimen que sucede con un proceso de paz en marcha y te lleva a pensar que, si bien fue posible un acuerdo con la insurgencia armada, en el país hay un abismo entre ricos y pobres que es una cosa insondable. En eso no hay proceso de paz ni acuerdo posible porque la diferencia es del cielo a la tierra. Cuando “el Muñeco” mata a la niña –hablando otra vez de la ficción– no se cuida de ocultar, no tiene problema en actuar con absoluta impunidad. ¿Por qué? Porque finalmente la niña no existe. La niña no es nadie. Esto me recordaba el crimen de La Rubiera, en los Llanos, donde unos campesinos blancos masacraron a un grupo enorme de indígenas. Los invitaron a una fiesta, o algo así, los hicieron ir a una finca y ahí los mataron. Les siguieron un juicio y ellos dijeron: “Es que no los matamos, los cazamos”. Ni siquiera había una comprensión de lo hecho. Como si dijeran: “Eran animales, no tenían que ver con nosotros”. En la novela, “el Muñeco” sube a ese barrio a cazar. Para estos muchachitos, de clase alta bogotana, para sus amigos, la niña es un no ser. Lo que la hace visible es que el asesino tiene visibilidad en nuestra sociedad. Porque crímenes y violaciones de niñas hay todos los días.

Este crimen, en el que se basa la novela, despertó además un rechazo que no se había visto antes, quizá también por la visibilidad del culpable.

Por la visibilidad de ciertos protagonistas. Yo tuve cuidado de que se explicitara cómo se relaciona con las mujeres cada uno de los integrantes del grupo de amigos del “Muñeco”. Todos, de una forma u otra, tienen unas relaciones de mierda con las mujeres. Uno por idealización, otro por desprecio, otro porque las engaña… Todos se acercan de alguna forma a la situación del asesino. Él pasa la línea, pero todos vienen de algo, como de un mal aceptado, como si la sociedad admitiera unas dosis de perversidad muy altas. Y de pronto viene este crimen que transgrede eso. Va más allá. Pero eso no quiere decir que la cadena vaya muy atrás. El desprecio por las mujeres se ancla. Entiendo que en el escenario real el odio se centra en esa figura, pero eso no significa que atrás no haya nada.

El narrador en la novela es uno de esos cinco amigos, pero al mismo tiempo está un poco alejado de ese mundo. ¿Cómo llegó a ese personaje?

Yo necesitaba un personaje así, que perteneciera a ese grupo social, que fuera uno de los amigos, pero que al mismo tiempo tuviera una visión crítica. “El Hobbit” –su apodo– es lector, ‘nerd’, algo marginal. Lo quería vigilante de las relaciones de los otros personajes, que no son hijos de papi, estos muchachos son hijos de mami. Porque también me interesaba trabajar ese concepto nuevo, el hijo de mami, un poco contra una idea generalizada de que los hombres están por la violencia y las mujeres por la paz. Eso puede llegar a ser falso. Muchas veces las mujeres generamos el tipo de esquemas que llevan a la violencia. Eso no quiere decir que en muchos de los casos las mujeres no se hayan opuesto muy valientemente a la guerra, pero en niveles más profundos las mamás de estos muchachos están detrás de ese desprecio, como raizal por la mujer. La humanidad está abriendo los ojos a la violencia contra las mujeres y contra los niños, que es brutal.

Hace poco hubo un asesinato de un niño en España, que también despertó mucha indignación. El niño se llamaba Gabriel y en las redes comenzaron a aparecer mensajes de #TodossomosGabriel. En una columna, el poeta español Luis García Montero planteaba si –teniendo en cuenta cómo están hoy las cosas en el mundo– en lugar de ser todos la víctima no seremos más bien todos el victimario…

Fíjate que en la novela el narrador al final lo dice. Porque la idea era un poco esa. Sí, entiendo, hay este ser monstruoso que hizo esa cosa aterradora. Pero qué hay de nosotros mismos ahí, como sociedad, como personas, inclusive como mujeres. Qué hay en el mundo, con esa tendencia narcisista. Es que este es un crimen que se hace por placer. No hay otra razón. Todo el grupo de amigos anda detrás del placer. O en la cocina, o en los carros, o en las fincas, o en la ropa. Es una cadena que lleva a la satisfacción personal. Y eso no es solo colombiano, es mundial. El individuo y la necesidad de complacerse, de sentirse bien. El profundo malestar ante cualquier cosa que frustre esa ansia de bienestar. Y de una manera atroz el crimen de la niña, si bien es cualitativamente más violento, hace parte de esa cadena de darse gusto que va pervirtiendo el alma.
Sí, entiendo, hay este ser monstruoso que hizo esa cosa aterradora. Pero qué hay de nosotros mismos ahí, como sociedad, como personas, inclusive como mujeres.

Y que no tiene límites. En la novela queda claro cómo al “Muñeco” nada lo saciaba.

Así es. A lo largo del libro intenté mostrar ciertos rasgos en el individualismo o narcisismo del “Muñeco” que lo van apartando del grupo, que lo van llevando más lejos, como para explicar por qué él llega a matar y los otros no, por qué llega a torturar a una niña y los otros no. Pero también trabajé mucho en los enlaces que hay entre él y su grupo, porque finalmente ellos son sus íntimos amigos.

Ceremonia. El funeral de Yuliana Samboní reunió a una gran cantidad de gente que no solo lamentó la muerte de la niña, sino que también exigió justicia. Jubencio Samboní, padre de la víctima, se vio consumido por el dolor.

Charlie

Karla Turcios

Termina abril y tengo que empezar a dejarte descansar, Charlie, a dejar de mencionarte en mis pláticas con desconocidos. Tengo que aprender a no llorar cuando recuerdo que te mataron.

Te conocí en las gradas del periódico. Me habían dado una beca. Nico escribió la nota y la noticia salió en la edición del siguiente día. Era noviembre del 2016, tenía solo unos meses de trabajar en esta redacción. Vos, entonces, me paraste solo para decirme que, aunque no me conocías ni éramos amigas, querías felicitarme. Y empezamos a hablar. Meses más tarde ya estábamos comiendo todos los días juntas; hablando de Julissa Ventura, de tu hermano, de lo que cuesta perder a gente que se quiere, de cómo nunca parece que uno está listo para dar otros pasos, de cómo cuidabas a tu bebé, de cómo querías a tu pareja.

Hace 16 días que te mataron. Y hace 17 días celebramos mi cumpleaños. Vos planificaste la salida. Nos pediste que esperaramos a la Ale, que la pobre seguía trabajando porque habían matado a otros periodistas en Suramérica. La Ale se tardó un montón. Pero, al final, pudimos irnos. Comimos en un lugar vegetariano. Le tomaste fotos a la comida. Probaste las berenjenas por primera vez. Le enviaste la foto a tu pareja porque estabas emocionada por probar ese plato. Después fuimos a tomar licuados. Erick quería enseñarte lo que este lado de la ciudad tiene.

Pedimos unos jugos dentro de una bolsa y a vos se te ocurrió brindar con ellos. Nos reímos más porque se te olvidó brindar con Moisés. Él, fingiendo estar enojado, te dijo que si querías te regresaras en bus al trabajo mientras te abría la puerta del carro.

Todo el camino fue risotadas. Nos reímos con vos porque no dejabas de tomarle fotos a cada cosa y dijiste que sí, ‘ve chis’, que estabas teniendo nuevas experiencias de vida. Al volver, me regañaste porque no compré galletas para comer durante la tarde.

Hace 17 días nos vimos en la noche. Yo estaba cubriendo un tema de un grupo artístico. Y vos fuiste a ver el espectáculo. No te encontraba entre el público. ‘Charlie, levantá la mano’, te dije. Y ahí estabas, como loca, levantando las manos en el teatro de mil butacas. Llegué adonde estabas, estuve con vos y nos reímos y cantamos todo el espectáculo. No nos despedimos porque tuviste que volver a trabajar y yo quería cenar. La vida termina así, en medio de algo.

Hace 15 días empezó lo que al inicio creímos que era una pesadilla. Son 15 días de no poder leer las noticias. De no poder entrar a redes sociales porque un nuevo detalle aparece. De recordar -una y otra vez- nuestras pláticas, el último viernes, la última comida, la última salida. De tratar de que todo vuelva a tener sentido. Se cumplen 15 días desde que me desperté a las 7 de la mañana porque “te habían secuestrado”. Ahora sabemos que tu compañero está siendo acusado. Y nunca la vida ha sido tan agridulce para mí. Estoy muy feliz y al mismo tiempo soy muy miserable, Charlie. Porque ya estoy cursando otra beca por la que estabas contenta por mí. Porque te extraño.

Tu asesinato nos ha herido a todos. El día que encontraron tu cuerpo Moisés y yo estábamos de turno. Moisés tuvo que ir a Santa Ana a confirmar con fuentes si era tu cadáver. Yo, en la noche, tuve que actualizar la nota de tu homicidio y poner los detalles de tu funeral. Ninguna escuela de periodismo te prepara para escribir el asesinato de tu amiga.

Los días posteriores a tu asesinato no los tengo claros. Sé que estuve en tu funeral. Sé que Erick y yo lloramos. Sé que en tu entierro estuve enojada. Porque se habló mal de vos, porque hubo gente que no pudo tratarte bien durante tu vida, porque hubo periodistas que te culparon a vos misma de tu propio asesinato. Y sé que en la oficina todos nos empezamos a ver más a los ojos y a ser conscientes de la presencia del otro. Porque ahora nos parece, al fin, que la presencia es un privilegio.

Ahora estoy en otra redacción, tratando de aprenderlo todo. Veo lugares hermosos, pero te pienso a cada rato y eso me recuerda que El Salvador es una herida de nacimiento. En D.C, cuando capturaron a tu pareja, busqué desesperada un par de ojos que hubieran visto algo similar a lo que hemos visto nosotros. Y no sabés lo difícil que eso es aquí, donde todo parece sacado de cuento. Pero los países que son heridas están en todas partes y encontré a alguien que me dijo que entendía mi dolor porque también asesinaron a uno de sus amigos. Así, Charlie, hoy ando buscando gente que comprenda lo difícil que es seguir viendo cuando vos viste lo terrible. Quisiera poder seguir mandando bromas al chat de grupo que teníamos, pero ahora solo quedamos Erick y yo.

Termina abril, Charlie, y tengo que empezar a dejarte ir. A sonreír más. A no sentirme culpable cuando me siento feliz. A perdonarme porque todo mi discurso feminista no fue suficiente. A construir. A recordarte como fuerza, como luz, como alegría, como risas al mediodía. A los bichos de la mesa les decía que hay que luchar porque sabemos que vos lo hubieras hecho. Y eso es suficiente.


Valeria Guzmán es periodista de la revista Séptimo Sentido de este medio de comunicación. Este texto fue publicado el 30 de abril. Para el caso, se han respetado los tiempos de la publicación original que se puede encontrar en:http://badbichas.com/2018/04/30/charlie/