Misterios de colmena

MISTERIOS DE COLMENA

El abuelo había sido un lector persistente y disciplinado, y su colección de libros abarcaba múltiples disciplinas, desde el Derecho, que era su especialidad, hasta las novelas costumbristas. Fue un apasionado de Hugo Wast, el novelista argentino tan popular en su época, allá en la primera mitad del siglo XX. El padre conservó la práctica, pero con menos pasión, reduciéndola a los textos de ciencia pura; y él apenas leía algún libro de vez en cuando, y siempre que fuera de temas esotéricos.

Cuando él se quedó en posesión de los bienes familiares, aquel enjambre de textos –porque en verdad eso le parecía– se le reveló como un universo gráfico que hubiera estado aguardándole desde mucho antes de nacer.

Todos aquellos libros no cabrían en ningún espacio de su vivienda y por eso dispuso heroicamente acudir a una biblioteca pública para proponer su donación. El encargado le agradeció el ofrecimiento pero se excusó de inmediato:

— Lo lamento: no nos queda ningún lugar disponible, porque además los libros físicos están cayendo rápidamente en desuso. Los textos electrónicos son una marea en ascenso…
Volvió a la casa y tuvo un impulso insospechado: irse a acompañar a los libros amontonados como si fueran indigentes que hubieran ido a buscar refugio.

Aquella noche fue él quien se refugió entre los montones de volúmenes hasta que el cansancio le cerró todas las persianas de la conciencia, salvo una, esa que estaba escondida detrás de una telaraña.

La apartó con suavidad casi religiosa, y así pudo pasar al interior de otra habitación, que parecía no tener paredes. ¿Qué era aquello: una ensoñación o un augurio?
De pronto, los volúmenes comenzaron a moverse detrás de él, acaso siguiéndole la pista. No volvió la mirada, pero sintió el avance, como si se tratara de una peregrinación de insectos.

Aquella sensación a la vez tan ambigua y tan tranquilizante no le produjo ninguna inquietud; por el contrario, le hacía estar anímicamente en equilibrio pleno, como nunca antes.
Entonces era cierto lo que presintió siempre: los libros, y sobre todo los libros heredados, tienen vida, y esa vida puede asumir las más variadas identidades.
Estaba en campo abierto; y cuando se vio ahí tuvo el impulso de girar la vista, para identificar a quienes le seguían.

Las carátulas de los libros parecían balsas voladoras que iban a integrarse en una estructura acogedora en algún ramaje de los entornos, y las páginas se habían vuelto minúsculas alas de abejas en tránsito hacia su destino…

Se arrodilló, en actitud de veneración extrema. A su alrededor, las abejas volaban como si él fuera el centro de una colmena misteriosa.

MISTERIOS DE VITRAL

Por efecto de la migración incontenible, que se había ido volviendo caudalosa en aquella parte periférica de la ciudad por efecto de los acosos delincuenciales crecientes, la capilla tradicional del lugar estaba casi siempre vacía, aun en los días de más actividad ritual. Como siempre, quedaban asiduos que eran fieles por encima de todas las adversidades, y curiosamente algunos eran muy mayores y otros eran muy jóvenes, como si las puntas del tiempo tendieran a encontrarse por efecto natural.

Pero llegó un día en que el oficiante del lugar fue destinado a otra parroquia en la que había una vacante y mucha feligresía.

Los fieles se sintieron abandonados, y aunque hubo algunas gestiones reparadoras ante las autoridades eclesiásticas, lo único que surgía de ellas era el ofrecimiento de una pronta restitución del servicio. Dichos fieles seguían reuniéndose en el lugar, porque alguien tenía las llaves en su poder.

Por impulso espontáneo, ahora ya no se reunían ante el altarcito mayor, donde la ausencia era lastimosa, sino alrededor del pequeño vitral que quién sabe cuándo había sido ubicado en una de las alas laterales. Era un vitral sencillo, casi rústico, en el que se mostraba una multitud alrededor de alguien que tenía notoria apariencia de personaje sagrado, quizás anónimo. Era obra de algún artesano de los entornos, que, sin embargo, tuvo siempre una luminosidad que parecía superior a cualquier adversidad. Un día, sin embargo, el vitral se mostraba apagado, como si se le hubieran acabado las fuentes de luz.

Uno de los asistentes reaccionó con premura automática, y en aquella penumbra era difícil saber si era uno de los mayores o uno de los jóvenes:

— ¡El vitral se ha ido de aquí, vamos a buscarlo!
Todos se miraron, tocados por la orden invitadora. Salieron con rapidez, y se detuvieron ante el reducido atrio. Alguien preguntó:
— ¿Para dónde vamos?

En un movimiento que tenía todos los visos de ser una orden interior, los asistentes se dirigieron a toda prisa hacia aquel bosquecillo que nadie había plantado y que se hallaba ahí, con todas sus malezas y bejucos desde que había memoria. Avanzaron hacia adentro, hasta llegar a aquel punto desconocido: un lugar limpio, pero oscuro como una catacumba. ¡Ahí estaba el vitral, resplandeciente a su estilo!

Todos cantaron llorando la alabanza a la sorprendente voluntad suprema. Ahora esa era la nueva iglesia, y alguno de los árboles del entorno sería cada vez el oficiante.

MISTERIOS DE CANTINA

Desde los inicios de la adolescencia su principal destino eran las cantinas de la ciudad, independientemente de la ubicación de las mismas. Él había nacido y se había criado en un barrio periférico, que fue yendo a menos por las nuevas tendencias urbanísticas que se imponían sin decir agua va; pero aun en los tiempos en que era un muchacho sencillo y sin recursos se las ingeniaba para acercarse de vez en cuando a los bares de más relieve, incluyendo a veces sitios verdaderamente exclusivos. ¿Cómo hacía para agenciarse fondos disponibles? Siempre fue un enigma, porque además no era alguien cuyas excentricidades pudieran hacer sospechar actividades opacas.

Cuando inició sus estudios universitarios pareció entrar en fase de anímico repliegue, como si las tareas en ese plano le fueran ganando la moral. El trayecto entre su casa y la universidad y viceversa era su nuevo y único destino, haciendo sentir que las cantinas habían desaparecido del mapa. Pero aquel día alternativamente lluvioso y soleado hubo un giro en el aire que le hizo quedarse a la expectativa mientras el bus casi vacío en el que viajaba se detenía de pronto en una de sus “paradas continuas”.

Solo subió un nuevo pasajero: aquella muchacha que tenía toda la pinta de pertenecer a uno de esos grupos de jóvenes que se dedican a las tropelías urbanas. Él se corrió en el asiento hacia la ventana, queriendo pasar inadvertido. Ella recorrió el entorno con la mirada y fue a sentarse precisamente junto a él. Le habló de inmediato en un susurro:

— Hola, al fin te encontré.
Él tiritó sin poder contenerse:
— ¿A mí? Yo no la conozco.
— Ah, pero yo sí. Te he visto muchas veces en las cantinas donde yo merodeo buscando víctimas…
— ¿Víctimas? –gimió él asustado.
— Sí, víctimas que quieran sufrir y gozar al mismo tiempo. En las cantinas siempre hay desconsolados que quisieran unos minutos de placer. Yo soy un hada compasiva y de eso vivo. La tarifa es módica y si me entusiasmo hasta puede ser un cariñoso encuentro de amigos. ¿Te animás?
Él entonces pareció haber sido tocado por una corriente irresistible. En la boca el sabor de un líquido fragante; en los músculos la caricia de un ensueño vivo…
— ¿Y solo en una cantina se puede? Es que últimamente ya no voy por ahí…
— En la cantina se empieza… ¿Estás cambiando de vida, verdad? Pues yo te voy a enseñar cómo ganar lo nuevo sin perder lo viejo… ¡Mirá, ahí nomás está una de tus cantinas favoritas! ¿Nos bajamos?
Él se incorporó de súbito, como si lo moviera un resorte irresistible. Se bajaron. Era en verdad una de sus favoritas: “Tiempos mejores”.

Una presa inacabada en México que todos pagan

Decreto. En 2013 la Suprema Corte de Justicia decretó que la represa debía apegarse a la altura y capacidad que planteó la declaración de impacto ambiental, y no la que se licitó.

Un cerro destazado ladera abajo y un muro de 80 metros de concreto irrumpen en el curso natural del río Verde en Los Altos de Jalisco, creando una imagen absurda de lo que se ha convertido en uno de los proyecto transexenales más invalidados en términos jurídicos, técnicos y políticos: una represa que nunca ha tenido agua.

La cuenca del río Verde nace en el estado vecino de Aguascalientes y riega la región de Los Altos, el granero de Jalisco, que genera el 22 % del PIB del estado. En 1997, el expresidente Ernesto Zedillo decretó la exportación de casi 120 millones de metros cúbicos de su cuenca a la del río Turbio, al corredor industrial de León, Guanajuato, a unos 140 kilómetros de aquí. Este decreto se materializó 15 años después en esta mole de cemento seca que ha desencadenado una de las luchas más histriónicas de las últimas décadas en México: la Revolución del Agua de Temacapulín, una movilización de un millar de habitantes –con hijos ausentes– de tres poblados milenarios, que durante 12 años se han opuesto a la represa que los expulsaría de sus casas e inundaría 4,500 hectáreas de tierras fértiles y sus sitios de ceremonias, iglesia y panteón.

Como docenas de familias, María Félix siembra en estas tierras chile de árbol, maíz, frijol, calabaza, cebolla, jitomate y cacahuate. Es aquí donde están enterrados sus bisabuelos y crecieron sus cuatro hijos, donde florece su patio en una casa amplia de adobe y donde forjó ese carácter que la lleva a enfrentarse a cualquier funcionario que se le ponga enfrente, sin importar el rango. “A mí me mataría que me mandaran aquí”, reclamó la mujer a las autoridades de la Comisión Estatal del Agua (CEA) cuando le mostraron el poblado prefabricado donde los pobladores serían reubicados si la presa empieza a funcionar.
María Félix y el resto de integrantes del Comité Salvemos Temaca –que agrupa a los pobladores afectados– tienen el respaldo de una parte importante de la sociedad jalisciense, que rechaza el trasvase por la afectación ambiental que implica, las violaciones a los derechos humanos y el déficit hídrico.

En medio de una disputa legal que llegó hasta la Suprema Corte de Justicia de la Nación, la represa seca sigue impactando las finanzas públicas de los mexicanos en beneficio de un consorcio empresarial méxico-español. Además, tiene paralizada la construcción del acueducto –cedida a otra empresa española– que llevaría el agua de esta región agrícola para el desarrollo industrial de la ciudad de León.

La historia de esta batalla comenzó en 2006, cuando la Secretaría de Medio Ambiente (SEMARNAT) autorizó a la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA) la construcción de un embalse con una cortina de 80 metros de altura, una superficie de 2,000 hectáreas y un almacenamiento de 411.6 metros cúbicos.

Temacapulín, Acasijo y Parmalejo, tres poblados del municipio de Cañadas de Obregón que quedaban en el camino de la obra, serían inundados. Ninguno de los pueblos fue consultado, pese a que así se estipula en los tratados internacionales ratificados por México.

Los pobladores enviaron cartas a los ayuntamientos, organizaron marchas y plantones e impulsaron una batalla judicial para evitar ser desplazados. Su lucha se acentuó cuando CONAGUA licitó la construcción de una presa del doble de capacidad e impacto autorizado: 105 metros de altura, un área de embalse de 3,800 hectáreas y un almacenamiento de 911 metros cúbicos. Estos cambios, que suponían la inundación y afectación de manera definitiva de las comunidades y tierras de cultivo, se presentaron sin una nueva manifestación de impacto ambiental, incumpliendo la normativa.

Las obras se adjudican a un consorcio donde la mitad del capital lo ponen las mexicanas La Peninsular y Grupo Hermes –del controvertido Carlos Hank Rhon– y la otra mitad, una constructora voraz: la española FCC.

FCC es una de las 50 constructoras más grandes del mundo y la empresa que más contratos públicos recibe del Gobierno español. Forma parte de las 35 empresas que integran el IBEX, el índice bursátil de su país. Como tal ha ratificado compromisos internacionales de respeto a los derechos humanos, como el Pacto Mundial de la ONU sobre Responsabilidad Empresarial, y en su código de ética, que es público, se compromete con los más altos estándares en la materia. Sin embargo, en El Zapotillo concursó para una obra que antes de ser adjudicada ya reportaba la vulneración de varios derechos. Y durante la construcción fue acusada de vulnerar otros.

Indemnización. El Gobierno mexicano seguiría indemnizando mensualmente a FCC y Grupo Hermes por un monto de 19 millones de pesos mensuales, según cláusulas del contrato.

Sostenibilidad versus colonialismo económico

Temacapulín es un pueblo enclavado entre cuatro cerros, conocido por sus aguas termales. En el centro del asentamiento urbano está la iglesia lateranense de 257 años de existencia y tiene vestigios prehispánicos que se remontan al siglo VI. El Instituto Nacional de Arqueología e Historia (INAH) certificó que al menos el 70 % del pueblo es monumento histórico de interés nacional, que se perdería al ser inundado.

En la Basílica de la Virgen de los Remedios oficiaba ocasionalmente o en fechas importantes el exsacerdote Gabriel Espinoza, quien con el conflicto pasó de guía espiritual a ser el vocero del Comité Salvemos Temaca. Espinoza renunció al sacerdocio en 2015, orillado por las presiones políticas dentro del Arzobispado. De él es la frase: “Agua para todos y agua para siempre”, que no es un lema nacido de una simple ocurrencia. Surgió en 2010 en medio de las mesas de diálogo que sostuvo la comunidad con la Secretaría de Gobernación a cambio de liberar el bloqueo que mantuvo la construcción detenida en la presa sobre el río Verde, tras el primer fallo judicial que ordenó su suspensión.

Los fallos judiciales se sucedieron hasta llegar a la Suprema Corte de Justicia, que en 2013 decretó que la represa debía apegarse a la altura y capacidad que planteó la declaración de impacto ambiental, y no la que se licitó. La sentencia del máximo tribunal detuvo la construcción de la presa, y el Gobierno tuvo que indemnizar con 220 millones de pesos a la empresa española por suspensión de obra durante 2014. Pero ahí no acabó el problema.
Desde hace tres años la represa está detenida y “pendiente de adaptaciones”, según la CONAGUA, pero no hay avances ni retrocesos en la construcción. Según las cláusulas del contrato de construcción, el Gobierno mexicano seguiría indemnizando mensualmente a FCC y Grupo Hermes por un monto de 19 millones de pesos mensuales. Según las cuentas públicas de FCC, la obra de El Zapotillo sigue activa y supone para la empresa 164 millones de euros, un 28 % más de lo que se le adjudicó en su momento.

Se solicitó la versión de CONAGUA para este reportaje, pero hasta el cierre de esta edición no tuvimos ninguna respuesta.

Así, mientras una represa detenida sigue impactando las finanzas públicas, el gobierno de Guanajuato y CONAGUA siguen peleando una cortina de 105 metros, lo que significa la inminente inundación de tierras agrícolas, comunidades y vestigios arqueológicos. CONAGUA, por su parte, ha insistido en que la presa es necesaria para preservar los acuíferos subterráneos de la región y que la obra beneficiará a 1.5 millones de habitantes de los dos estados.

En entrevista, la ingeniera ambiental Alessia Kachadourian asegura que las mediciones para determinar la viabilidad de la obra, la inundación de pueblos y el trasvase a León se desprenden de la NOM 011, una métrica obsoleta que “usan para contabilizar metros cúbicos de cuerpos fluviales superficiales, no subterráneos”. En este sentido, dice, la presa no asegura los 119,837,000 metros cúbicos que exige Guanajuato y que le prometió el decreto presidencial de Zedillo.

José Gómez Reyna, ingeniero y rector del Centro Universitario de Tonalá de la Universidad de Guadalajara, en Jalisco, enfatiza: “El modelo de embalses sobre ríos y trasvases de una cuenca a otra está caduco. No es el mejor modelo de abastecimiento de agua (…) Es una aberración enviar caudales de una cuenca a otra, es decir, de la Lerma-Santiago a la de Guanajuato, y antes de proceder con tales cambios, como indica la UNESCO, aun si fuera técnica e hidráulicamente viable, se tienen que tomar en cuenta consideraciones sociales y ambientales”.

Arturo Gleason, asesor en captación de agua y saneamiento, va más lejos: “No estamos haciendo gran cosa más que la proposición del Gobierno de lograr obras megafaraónicas, costosas, con una vida útil corta, y no estamos apostando a cambiar a la gente, la cultura, a fomentar en los niños y los jóvenes cuidar la poca agua que nos queda. El mismo río Santiago –que nutre a Guadalajara y es uno de los más contaminados del país– está casi muerto. Ese es otro desafío: cómo limpiar el agua”.
Para Gabriel Espinoza, el religioso-activista, la cuestión se reduce a los beneficios económicos que dejan estas obras: “Solo les interesa el agua siempre y cuando ellos vayan a adquirir grandes ganancias, pero Temacapulín ha demostrado que podemos ser autogestivos y defendernos de empresas extranjeras, mexicanas y gobiernos corruptos”, dice sin titubear.

Insuficiente. La presa, en términos prácticos, no asegura los 119,837,000 metros cúbicos que exige Guanajuato y que le prometió el decreto presidencial de Zedillo.

Lobby empresarial

FCC fue fundada por la aristocracia española hace un siglo y cuando ganó el proyecto de El Zapotillo y hasta 2016, la accionista mayoritaria era todavía Esther Koplowitz y Romero de Juseu, marquesa de Casa Peñalber, quien ocupa la fortuna 488 del mundo según la revista Forbes. Pero en 2014, el magnate mexicano Carlos Slim entró en FCC y desde julio de 2016 es el máximo accionista, con 61 % de acciones de la empresa.

Ese mismo año, FCC y Grupo Carso (otra empresa de Slim) consiguieron su primer proyecto juntos. Y este febrero pasado, el consorcio liderado por las mexicanas ICA y Carso, junto a las españolas FCC y Acciona firmaron el contrato para construir el edificio terminal del nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México por 3,900 millones de euros, el proyecto más grande de la administración Peña Nieto.

En España, FCC ya se ha visto envuelta en escándalos por corrupción, tráfico de influencias, fraude y malas prácticas laborales; sin embargo, sigue siendo la empresa que más contratos públicos recibe por parte de las diferentes administraciones españolas. De hecho, los dos directores de la filial de Construcción de FCC que participaron en El Zapotillo han sido imputados en España por fraude en contratos públicos. El último, Miguel Jurado, fue detenido en enero de 2016 por haber malversado fondos de la empresa pública española de gestión de agua en el Mediterráneo ACUAMED, cuando esta estaba bajo la gestión de Miguel Arias Cañete como ministro de Agricultura y Medio Ambiente. Arias Cañete es ahora el comisario europeo de Acción por el Clima y Energía y junto a y su colega Maros Sefcovic, vicepresidente de la Unión Europea de la Energía, han sido acusados de privilegiar a las empresas privadas antes del interés público también en la máxima institución continental.

En Temacapulín, María Félix no sabe de las redes de amiguismo que el nobel de Economía Joseph Stiglitz resume como “capitalismo de cuates”, pero sí tiene claro que para ella no es una cuestión de dinero, sino de identidad y dignidad. “Siempre nos hablan de una mejora, pero la verdad yo no le veo ninguna mejora, nos dicen de la reubicación ‘ahí va a estar la casa’, ¿pero a la casa qué? ¿Le vamos a morder o qué la vamos a hacer ahí? En cambio, donde nosotros vivimos estamos luchando por nuestra tradición, por nuestra vida, por lo que tenemos ahí. Nos enseñan el cielo y las estrellas, pero nosotros las tenemos en Temacapulín”, dice frente a las casas de concreto construidas también ilegalmente por la Comisión Estatal del Agua, en el predio Talicoyunque, donde los pretenden desplazar.

Estas reporteras buscaron entrevistar a FCC en México y en España desde 2010. Aquel año la negativa se extendió hasta las oficinas en Madrid, bajo el argumento de “absoluta falsedad” que FCC violara derechos. “El Gobierno mexicano los viola, no nosotros”, arguyeron los voceros. Y una y otra vez, su respuesta reiterada fue que “el código ético de FCC obliga a la compañía a tener en cuenta aspectos no financieros (sociales, medioambientales, etcétera) en los proyectos de inversión o actuación por los que se decide”.

Pero el consorcio empresarial que conforma junto a Grupo Hermes para construir el embalse ha promovido decenas de recursos de revisión y quejas ante el juez contra los amparos promovidos por la asociación de afectados Salvemos Temaca.

En las últimas semanas, FCC rechazó una última solicitud de entrevista para la publicación de este reportaje y alegó que “la obra de El Zapotillo la lleva ya el Grupo Hermes Infraestructura”. “Ya estamos desvinculados de este proyecto”, agregó. Sin embargo, en las cuentas anuales del corporativo español se confirma que FCC mantiene el 50 % de dos empresas ad hoc: Administración y Servicios Grupo Zapotillo, S. A. de C. V. y Constructores de El Zapotillo, S. A. de C. V., cuyo valor neto de libros de cartera crece en 2014 y 2015 aún y con la obra detenida. Durante 2016 se reduce escasamente este valor, computado en euros, coincidiendo con la depreciación del peso mexicano.

Érika González, de Ecologistas en Acción de España y también investigadora del Observatorio de Multinacionales en América Latina, asevera que el comportamiento de FCC y otras empresas españolas que tiene concesiones en México no es aislado. “No respetan la legalidad del país a donde van, ni el derecho internacional, ni hay extraterritorialidad en la legislación española. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) sí tiene estructura en el Banco Mundial para demandar a las multinacionales en el país de origen, pero tampoco está a la altura de las denuncias y, en caso de resolver una sanción, no pasa de una reprimenda moral”, asegura.

Esto se agrava porque España está llevando el liderazgo en la UE con México para garantizar el respeto a los derechos humanos de las empresas. Karen Hudlet, investigadora y representante para México del Centro Internacional de Información sobre Empresas y Derechos Humanos, explica que se reunieron con representantes españoles del Pacto Mundial de la ONU para empresas y derechos humanos para presentarles la situación crítica de empresas como FCC que están cumpliendo los principios rectores del pacto, pero la incidencia “no va más allá de la buena voluntad”.

Detenido. Una sentencia del máximo tribunal detuvo la construcción de la presa, y el Gobierno tuvo que indemnizar con 220 millones de pesos a la empresa española por suspensión de obra durante 2014.

Un conflicto que escaló internacionalmente

La ONU ha intercedido en el conflicto desde 2012 a través del relator del derecho a la Alimentación, Olivier De Schubert, quien visitó la comunidad y probó la variedad de cosechas de temporada de las que se nutre y sostiene Temacapulín. En el informe de su visita, evidenció que no se cumplió el derecho a la información y la consulta de la población afectada, alertó de las denuncias de amenazas y señaló que faltaban garantías de una reubicación digna y el acceso a medios de subsistencia. Además, en junio pasado, el grupo de trabajo de la ONU sobre empresas y derechos humanos presentó su informe sobre la visita que hizo a México en 2016 y mostró su preocupación por “la falta de consulta con personas y comunidades afectadas por los grandes proyectos de desarrollo de todo el país, y que en este caso tiene que ver con la presa detenida.

Ante la inoperatividad de las obras, el gobierno de Jalisco contrató al Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente y la Oficina de Naciones Unidas de Servicios para Proyectos (UNOPS) una evaluación de la producción de la cuenca del río Verde y las demandas de trasvase, con el fin de desbloquear el conflicto. La UNOPS cobró $4.6 millones (90 millones de pesos) al erario jalisciense y abrió la veda a recuperar la idea de una cortina de 105 metros aun cuando eso sea la sentencia de muerte para tres pueblos originarios. Apenas el 29 de junio pasado presentó su informe final y entre sus cinco opciones de viabilidad solo una respetaba la sentencia de la Suprema Corte de Justicia de una cortina a 80 metros de altura. El gobernador Aristóteles Sandoval se apresuró a tomar partido y eligió la opción cinco de una cortina a 105 metros. “Salvar Temacapulín ya no es asequible, no podemos cumplirles, no hay otra solución posible”, dijo en el evento, mientras Gabriel Espinoza le gritaba a pulmón vivo: “Mentira”.

Sin embargo, no se trata de un estudio vinculante y abrirá otra batalla legal y política si se quiere hacer efectivo. Mientras tanto, las empresas siguen ingresando su cuota mensual por detención de obras al erario público y esos gastos extras, como los 90 millones de pesos, podrían haber asegurado la canasta básica de todos los afectados por la presa durante nueve años.

Este reportaje fue realizado en el marco de la Iniciativa para el Periodismo de Investigación en las Américas, del International Center For Journalists (ICFJ) en alianza con CONNECTAS. El equipo de investigación fue conformado por una alianza entre Pie de Página y la Unidad de Investigación de El Universal.

Sin cambios. Desde hace tres años la represa está detenida y “pendiente de adaptaciones”, según la CONAGUA, pero no hay avances ni retrocesos en la construcción.

Empresarios latinos sin papeles preparan plan B bajo Trump

No son criminales. Durante los primeros seis meses de este año, las detenciones de inmigrantes sin estatus legal que no cuentan con un historial criminal se duplicaron con respecto al año pasado.

Era la cara de su negocio, pero ya casi no aparece en el mostrador. Ahora Maribel Reséndiz corta piñas, papayas y naranjas en el fondo del local, como si quisiera que nadie la viera. Varios clientes entran a comprar jugos exprimidos y es su hija la que se apresura a atenderlos.

Maribel y su esposo, Alberto Reséndiz, la han incluido como socia de la frutería que tienen desde hace cinco años y por si son deportados a México, le han transferido también todos los bienes de la familia.

“El temor es que me pare la policía, llame a Inmigración y me lleven a México”, asegura Maribel, quien vive ilegalmente en el país desde 1992. “Cualquier emergencia ella es la que responde… cualquier cosa que me pase ella es socia y puede disponer”.

Atemorizados por la política migratoria de Trump, los Reséndiz son parte de un creciente número de inmigrantes sin autorización legal que son dueños de negocios y han optado por transferir sus empresas o propiedades a familiares nacidos en Estados Unidos, frenar sus inversiones o vender sus tiendas.

Se estima que 10 % de los 11 millones de extranjeros que viven ilegalmente en el país tienen negocios. Con sus planes de contingencia buscan volver a las sombras, proteger sus bienes y garantizarles a sus hijos un ingreso en caso de que ellos sean detenidos y repatriados.

Uno de ellos es Mauro Hernández, un mexicano de 44 años, que puso a la venta el negocio de pollos asados que abrió hace seis años en Queens, Nueva York. El local está a nombre de un amigo que vive legalmente en Estados Unidos. Hernández dice que él dirige el negocio, paga los impuestos y a sus 10 empleados. Si es deportado, nadie llevará las cuentas y eso perjudicará el historial financiero de su colega.

“Lo que no quiero es que afecte a mi amigo”, asegura Hernández, quien ya fue deportado y regresó hace más de una década. “Desde que ganó Trump he estado muy preocupado”.

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Negocios familiares.

Algunos de los empresarios que están tomando estas medidas aseguran que no tienen otra opción.

Bajo Trump, los arrestos de inmigrantes sin autorización ascendieron a 75,000 entre enero y junio, un incremento de 37 % con respecto del mismo periodo de 2016. Además, durante los primeros seis meses de este año, las detenciones de inmigrantes sin estatus legal que no cuentan con un historial criminal llegaron a casi 20,000, más del doble que el mismo periodo el año pasado.

“Todo el mundo está tomando precauciones”, expresó el abogado Jorge Rivera. “No quieren que el negocio desaparezca de la noche a la mañana. Quieren mantener sus ingresos” aun estando lejos.

Varios de los empresarios entrevistados por The Associated Press hablaron a condición de no ser identificados, por temor a las autoridades.

Entre ellos está un mexicano de Los Ángeles que llegó en 1995 sin papeles y desde 2001 tiene dos empresas de publicidad y mercadeo con 50 empleados.

A pesar de facturar unos cinco millones de dólares al año en contratos con hospitales privados y médicos particulares, el hombre de 40 años piensa mudarse a España con sus cuatro hijos estadounidenses y su esposa, que también está ilegalmente en el país. El plan contempla pasar a nombre de su hermana y sobrina estadounidenses las empresas y vender sus cinco automóviles y sus dos casas, en Las Vegas y en Los Ángeles.

Dice que este año ha rechazado renovaciones de contratos equivalentes a $1.5 millones, porque no quiere quedarse con negocios pendientes si lo deportan o se va a España y que adquirió dos casas en México porque ya no quiere invertir aquí.

“Nos tratan igual que a un criminal, a todos de la misma manera”, asegura el hombre. Los Reséndiz fueron afortunados de tener a una hija estadounidense que se hiciera cargo de la frutería en Florida City, una pequeña localidad al sur de Miami donde vive una numerosa comunidad de trabajadores agrícolas.

Apenas Trump fue elegido presidente, le pidieron a un contador que incluyera como socia a Diana, la mayor de sus cinco hijos estadounidenses y le transfiriera tres cuentas bancarias, cuatro automóviles y el camión de compras del negocio que tienen hace cinco años.

Diana, de 24 años, se levanta ahora a las 3 de la madrugada para manejar unos 60 kilómetros hasta el mercado mayorista, una tarea que sus padres ya no quieren hacer por temor a que los detengan.

 

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Inmigrante trabajando.

Los negocios de inmigrantes sin autorización legal van desde servicios de limpieza ofrecidos por personas individuales hasta restaurantes y agencias publicitarias que emplean a decenas de personas, aunque no existen estadísticas oficiales sobre esta parte de la economía. Según el Institute on Taxation and Economic Policy, los inmigrantes sin estatus legal contribuyen con más de $11,700 millones en impuestos estatales y locales al año.

Ese razonamiento, sin embargo, no convence a activistas que están a favor de un mayor control de la inmigración.

“Están tratando de mantener sus ganancias ilícitas y el Gobierno estadounidense no debería permitir que inmigrantes ilegales tengan propiedades o empresas ni que las transfieran”, dice William Ghenn, presidente de Americans for Legal Immigration, un grupo cuya sede está en Carolina del Norte. “Bajo las leyes estadounidenses, justicia significa deportación de los inmigrantes ilegales”.

Pero otros, como Daniel Costa, del Economic Policy Institute, piensan que no es justo que regresen a las sombras.

“Es algo terrible para la economía”, considera, destacando que un 5 % de la fuerza laboral estadounidense corresponde a inmigrantes no autorizados. “Si quieren que su negocio sobreviva van a tener que hacer un plan”, dijo.

Portavoces del Departamento de Seguridad Interna dijeron a la AP que su objetivo es deportar a delincuentes, pero aclararon que no harán excepciones con ciertas “clases o categorías” de extranjeros que viven en el país ilegalmente. No indicaron cuáles eran esas categorías.

La deportación también desvela a los peruanos Carmen y Jorge Tume, que tienen un lavadero móvil de carros desde 2004. Por años recorrieron el sur de la Florida con su camioneta cargada con una máquina de presión de agua, un generador y varios tanques de agua y productos de limpieza.

Atendían a más de 200 clientes semanales que representaban unos 1,600 de ingresos, y contrataban a dos empleados, pero con Trump se sienten inseguros de manejar sin licencia y rechazan clientes que están a más de 30 kilómetros de su casa. Ahora solo tienen 60 clientes a la semana y sus ingresos bajaron a $600.

“Ya no nos queda ninguna esperanza”, dice Carmen, de 50 años. “Todo lo que habíamos construido se está desmoronando”.

Para Maribel Reséndiz, la mexicana de 42 años que tras cruzar la frontera trabajó recogiendo tomates, los cambios representan la pérdida de su identidad como propietaria de un negocio que le permite vivir sin pedir asistencia pública.

“Yo no dependo del Gobierno. Tengo seguro médico para mis hijos, para mí, para mi esposo. Yo pago todo, mis taxes (impuestos), del negocio y personales”, expresa. “No vivo del Gobierno ni le pido nada”.

Maribel asegura que nunca antes sintió la necesidad de convertirse en residente legal, hasta la llegada de Trump. En noviembre, amparada por su hija estadounidense, Diana, solicitó la residencia legal. Ahora espera nerviosa una respuesta que aún no ha llegado. Recuerda que hace más de dos décadas dejaron su país y desde entonces forjó toda su vida aquí.

“Tengo mi sueño hecho realidad porque tengo mi propio negocio”, asegura. “Ahora ya no tengo nada a nombre mío”.

En números. Los inmigrantes sin estatus legal contribuyen con más de $11,700 millones en impuestos estatales y locales al año.

Un mercado con mil puestos de flores

Los millones de flores que se comercializan en el Jamaica se cultivan en lugares como Villa Guerrero, San Pedro Cholula o en Puebla, Tlaxcala.

 

Los pasillos están segregados, en uno están los puestos que ofrecen los arreglos más inusuales y caros, mientras que hay otro en donde se encuentran los tradicionales y más baratos. En este lugar se pueden hallar también comestibles. Hay puestos de hongos y verduras silvestres, frutos secos, quesos y otros elementos difíciles de conseguir.

La actividad en este lugar comienza antes del amanecer, cuando se ven los camiones repletos de rosas, orquídeas, girasoles, claveles, galanes mexicanos, entre otros. Se puede comprar desde una gerbera suelta, hasta flores por kilo. Las que se comercializan en el Jamaica se cultivan en lugares como Villa Guerrero, San Pedro Cholula o en Puebla, Tlaxcala.

No se vive de aplausos

El bien más importante para un artista o escritor es el tiempo. Tiempo para poder dedicarse a trabajar en su obra. Pero las reglas de la sociedad obligan a todo ser humano a buscar formas de sustento económico. Alimentación, vivienda, vestido, medicamentos, pensión de retiro laboral, acceso a la electricidad y al agua potable son necesidades básicas comunes a todos, artistas y escritores incluidos.

Se dice que “trabajar dignifica al ser humano”. No trabajar, no realizar una tarea considerada como útil o productiva en términos estrictamente económicos es visto como algo negativo. Dentro de esa distorsión, se cree que los oficios artísticos o creativos son inútiles, porque su labor no pasa por los parámetros convencionales de medición económica, como sí lo hacen otros oficios y profesiones.

Usted ve una película, mira un cuadro en un museo o galería, lee un libro y pocas, muy pocas personas, logran tener conciencia de la dificultad y el trabajo que implica la producción de una obra artística. Escribir una novela, por ejemplo, requiere por lo menos de un par de años de escritura cotidiana, aunque existen excepciones como El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde de Robert Louis Stevenson, que fue escrita en apenas seis días. Obras monumentales de la literatura han tardado mucho tiempo más en ser escritas, como El guardián en el centeno de J. D. Salinger, que tardó diez años en escribirse, y El señor de los anillos de J. R. R. Tolkien, que tardó 16.

Hay auténtico desconocimiento sobre lo que implica el trabajo creativo. Muy pocos lo consideran un trabajo en sí porque el arte y la literatura son vistos, consumidos y considerados como una actividad de ocio y entretenimiento. Pero para quienes realizamos este tipo de actividades se trata de nuestra habilidad o talento, de nuestro llamado vocacional, de un tipo específico de estructura mental que permea nuestra acción y pensamiento. Una cosa es un hobby de fin de semana u horas libres pero otra muy diferente es la vocación de vida. Para artistas y escritores, esto es nuestro trabajo, la dotación intelectual desde el cual construimos nuestra relación con la realidad. Contradecir ese llamado es mutilarnos, negar nuestra naturaleza, anularnos a nosotros mismos.

Parte del prejuicio hacia las disciplinas creativas es no reconocerlo como un trabajo que involucra una inversión de tiempo, estudio, experiencia y habilidades múltiples. El registro subjetivo del ser humano y la sociedad (que se encuentra en el arte, la literatura y la cultura en general), corre paralelo al llamado mundo profesional, donde el valor económico es considerado como prioritario y donde se nos fuerza a reprimir y subestimar nuestra esencia subjetiva y humana, esa esencia que constituye la materia prima del arte.

Conozco a varias personas talentosas, que empezaron con ímpetu una carrera artística promisoria pero que se quedaron en el camino, abrumados en parte por el conflicto entre lo económico y lo creativo. Por lo general un artista, para sobrevivir, debe dedicarse a trabajos que muchas veces están alejados de su talento creativo. Cuando además se tienen responsabilidades familiares, aportar ingresos se convierte en algo imprescindible. El tiempo para invertir en la obra propia se mira disminuido, tanto en cantidad como calidad. Si de remate se vive en un país cuyas instituciones públicas y privadas no ofrecen ningún tipo de estipendios, becas, premios o recursos para la creación artística, el panorama resulta desalentador.

“El artista vive del aplauso”, suele decirse, pero no es cierto. Quizás lo es para algunos oportunistas y bufones mediáticos que se auto denominan artistas y que se sienten satisfechos y halagados en su vanidad con solo lograr exposición y aplauso. Viven justamente para el ruido público. Al examinar su obra, nos damos cuenta que está lejos de tener mérito artístico. La verdad es que con aplausos no se paga el alquiler ni se compra comida.

Otro prejuicio absurdo sobre los artistas es que no deben cobrar o ser remunerados por su trabajo y que cuando lo hacen cometen una osadía repudiable que traiciona al arte mismo. Se cree que el artista debe regalar su obra o cobrar únicamente cifras simbólicas pero esto no compensa de manera realista el tiempo y los materiales invertidos en la creación, además que devalúa su oficio, su experiencia y su talento.

Hay un romanticismo distorsionado que exalta lo consecuente del artista sufrido, muerto de hambre y en permanente penuria, que no acepta un centavo por su obra porque eso significaría “venderse”. Se cree que eso le otorga dignidad a su arte. No sé qué tiene de digno que un artista viva con sobresaltos económicos y que muera en la pobreza, para que después de muerto, su trabajo sea vendido en millonadas por mercaderes oportunistas. O peor aún, que su obra sea olvidada por completo porque nunca fue reconocida durante la vida de su autor.

La revolución tecnológica está planteando espacios y opciones que apuntan no sólo hacia una discusión más objetiva sobre el reconocimiento del trabajo creativo y su apropiada remuneración, sino que también acentúa la necesidad de un cambio en el modelo de pago para los creadores. El crowdfunding, los micromecenazgos y la suscripción a contenidos web son parte de las nuevas alternativas que pueden permitir a los creadores invertir el tiempo necesario al desarrollo de un proyecto. Con ello también se puede reducir e incluso eliminar la engorrosa cadena de intermediarios que hay entre usted y una obra artística, intermediarios que van sacando su propia tajada económica y que reducen hasta el absurdo los honorarios que el creador termina recibiendo. Eso cuando los recibe.

Es hora de superar los prejuicios mencionados y de repensar el modelo de negocios de las diferentes disciplinas creativas. Porque ser artista no significa asumir un apostolado con votos de pobreza, donde hablar de arte y dinero en la misma oración es considerado pecaminoso o insultante. Es cuestión de valorar la obra y de ser justos con el artista, para alcanzar la dignidad y el respeto que su oficio bien merece.

De niñas y mujeres

Existen ideas y conceptos alrededor de lo que significa ser niña y mujer en este país que afectan negativamente nuestro desarrollo como sociedad. En pleno siglo XXI, tenemos demasiadas víctimas que padecen a causa de estas suposiciones, las cuales pocas veces son puestas bajo la luz para verificar su validez.

El machismo y la violencia de género, que aceptamos y alimentamos, y que son parte de la cultura salvadoreña, bloquean un desarrollo saludable y equilibrado en el que las niñas y mujeres puedan realizar sus sueños.

Esos aspectos de nuestra cultura comprenden ideas acerca de los roles, posibilidades y opciones que le corresponden a una mujer, y que son aceptados por la mayoría. Estos, con la práctica y el tiempo, se han convertido en marcos de pensamiento, principios y valores que habitan en la mente de los ciudadanos y que son actuados consciente e inconscientemente.

Basta ver algunos indicadores, como las estadísticas de abuso sexual o las de salarios de hombres y mujeres, o echar un vistazo a aspectos legales como el que permite a un hombre que ha abusado sexualmente de una menor evadir la cárcel si decide casarse con ella, para tener una idea del terreno en el que estamos parados.

En una publicación de esta semana, LA PRENSA GRÁFICA señaló que en 2016 “ocurrieron cinco casos diarios de violencia sexual contra niñas o adolescentes, según Medina Legal”. De acuerdo con datos de la Fiscalía General de la República, desde 2003 hasta junio de este año se han registrado “un total de 20,140 delitos de violación en menores de 15 años”. En el 80 % de los casos, los agresores fueron familiares o conocidos.

Por otro lado, en el tema económico, la Dirección General de Estadística y Censos (DIGESTYC) reveló, en un informe de 2010, que los hombres ganaban un promedio de $45.36 más que las mujeres, y que el salario promedio de estas últimas, en ese año, había sido un 15.5 % inferior al de un hombre.

Estos datos reflejan una parte de la realidad, pero difícilmente muestran los verdaderos impactos emocionales a los que se enfrentan niñas, adolescentes y mujeres, que crecen en ambientes que aceptan e incluso promueven ese tipo de situaciones, sin que se cuestione casi nunca su validez.

Si no cuidamos y desarrollamos las potencialidades de nuestras niñas, ¿cómo esperamos que desarrollen una adultez sana y equilibrada?  

Es urgente acelerar el cambio cultural acerca de lo femenino, por el bienestar de las niñas y por el desarrollo equilibrado de las mujeres y de la sociedad entera. Sin embargo, no existe una fórmula mágica. La solución es un proceso que ha iniciado y que tomará tiempo.

Esa solución requerirá reflexión y discusión en todos los espacios posibles, así como una educación profunda sobre las formas saludables de entender y vivir los roles de hombres y mujeres.

Tenemos la necesidad impostergable de poner luz sobre esas ideas aberrantes que las estadísticas y las historias de niñas y mujeres abusadas o con muy pocas oportunidades, nos muestran. Solo así comprenderemos cómo esos conceptos que hemos validado por siglos alimentan esta cultura de violencia y abuso que mantenemos.

Solo cuestionando a fondo lo que creemos acerca de las niñas y de las mujeres podremos reducir las historias que tanto duelen, pero sobre todo garantizarles y garantizarnos un futuro mejor como sociedad.

Que soplen nuevos vientos

Constantemente he comentado en este valioso espacio de opinión, que no me siento representada por ninguno de los partidos políticos salvadoreños. ¿Por qué? Pues porque me da la sensación de que las dos principales fuerzas partidarias del país, en lugar de ser serios, se pelean por comprobar cuál es más retrógrado o menos consecuente, y la vida se nos va en leer sobre escándalos ridículos, cadenas nacionales, inasistencias a las plenarias o decisiones cuestionables.

Probablemente llego tarde a esta conversación, pero está bien, porque creo que es un tema que no debe perder vigencia y en torno al cual vale la pena continuar hablando: que las vacaciones no nos aparten de lo importante.

Me refiero al reciente episodio en el que una muy preparada joven precandidata a diputada suplente por el partido tricolor fue excluida del listado. Esta expulsión no se debió a una falta de idoneidad para el cargo –porque Aída Betancourt cuenta con un currículum envidiable–, esta negativa se debió a que Aída, que ha cultivado una opinión crítica, ha manifestado desacuerdos con el partido ARENA.

Es decir, un partido que durante años se ha enfrentado a una dura crisis de liderazgos, que pide a gritos una renovación, o al menos, atisbos de nuevos aires y personajes que resulten esperanzadores, decide descartar a una precandidata que además de encarnar esta posibilidad, cuenta con la preparación, las agallas y la disposición para entrar en el mundo político.

¿Es acaso un autoboicot? ¿Es acaso que ARENA tiene la necesidad de demostrar que no hay ninguna expectativa por renovarse, por cambiar la forma de hacer política, por ser mejores?

Si ARENA no demuestra algún ánimo por la autocrítica, por evaluar cómo están haciendo las cosas y cuáles son sus posibilidades de mejorar, únicamente seguirán construyendo el camino hacia la decadencia.

Y este camino no ha sido construido únicamente por el partido opositor. El FMLN también se esfuerza por demostrar una y otra vez esta suerte de surrealismo mágico, en el que todo está bien y El Salvador es incluso un poco mejor que la isla de la fantasía.

El país se encuentra dividido entre dos fuerzas políticas que no ofrecen ninguna propuesta convincente y, mientras tanto, los ciudadanos parece que nos hemos acomodado a la mediocridad de lo que hay: dos partidos retrógrados y adormecidos por la falta de propuestas convincentes con liderazgos creíbles.

¿O no?

Fue interesante ver, durante ese par de días que duró el escándalo, cómo fueron surgiendo diversidad de opiniones lamentando el incidente. Eso significa que hay una suerte de compromiso, o al menos de preocupación, desde algunos sectores que vieron cómo se excluía sin miramientos un perfil idóneo para incorporarse a la Asamblea Legislativa; y al mismo tiempo, que hay voces dispuestas a cuestionar a las cúpulas de los partidos históricos de nuestro país.

No se trata de causar más divisiones o de continuar polarizando la situación, se trata de tener claro que existe una necesidad evidente de renovación y de propuestas políticas dirigidas a un segmento de la población que no está conforme con los partidos actuales.

Por otra parte, esta columna es una invitación a ARENA para que no vea a la crítica como un enemigo, sino como una oportunidad. Dejen de hacer oídos sordos a la imperante necesidad de renovación en sus filas.

Carta editorial

Las extorsiones son el delito que mejor desnuda la desprotección en el que se siente la población. La amenaza que se hace para obligar el pago funciona porque la gente no cree que los cuerpos de seguridad sean capaces de cumplir con su misión de mantenerle a salvo. Las cifras de denuncias se desploman porque esa gente que es víctima tampoco confía en que los procesos de investigación se realicen con integridad. Y la impunidad gana las batallas porque, en cualquier caso, a quienes menos se persigue es a los autores intelectuales. Todo está dispuesto para facilitar la labor de quienes hacen rentable el miedo.

Y, sin embargo, el delito de extorsión es con el que más licencias optimistas se han permitido las autoridades al hacer énfasis en una reducción, sin acotar que este es uno de los que más se hunden en el subregistro. El reportaje del periodista Moisés Alvarado con el que se abre esta edición es un despliegue a través de 30 casos que permiten tener una idea más clara de las raíces que ha echado este delito en un suelo tan fértil.

Este acercamiento perfila tanto a las víctimas y sus vulnerabilidades como a los intermediarios y las suyas. Los casos que han llegado hasta una sentencia se quedan, la mayoría, en ubicar a quienes han recogido el fruto de la extorsión, no avanzan hasta los que tuvieron los medios para diseñar la estrategia y elegir el momento, el medio, la cantidad y la forma de presión.

Esto no solo deja a sus anchas a los autores intelectuales para que busquen más brazos ejecutores, sino que también deja a la víctima más debilitada y expuesta. Las extorsiones están muy lejos de ser controladas porque el miedo y la desconfianza de la que se alimentan son todavía grandes.

“Sueño mucho con el mar”

¿Qué le emociona de su profesión?

El contacto con los estudiantes. Leer con ellos y lograr comunicarles que la lectura es mucho más que el solo acto de leer letras impresas en una hoja. Siendo una persona muy curiosa como lo soy, me emociona contagiarlos de curiosidad y que lo cuestionen todo. En otro orden de cosas: la escritura es algo que cada vez me emociona más.

¿Cuáles son los temas recurrentes en su trabajo?

En la docencia trabajo con temas de historia cultural y literaria; con temas relacionados con la memoria y el olvido colectivos en la región centroamericana; con temas de violencia y desigualdad de género en América Latina. Como investigadora trato temas más bien vinculados con la conformación de redes intelectuales transnacionales y las élites letradas. También tengo un pequeño proyecto de investigación sobre el feminicidio en espacios fronterizos.

¿Hay algo que distingue a la literatura centroamericana?

He aprendido que son muchas y diversas las literaturas centroamericanas. Es difícil resumir aspectos que la distingan, pero si tuviese que escoger, diría que la distingue su vitalidad y un ánimo de exploración y búsqueda de nuevos lenguajes.

¿Por qué un país como El Salvador necesita literatura?

Para no olvidar que necesitamos de la imaginación. Porque todo acto de lectura de una obra literaria es un proceso de sensibilización ante una experiencia que podría no sernos del todo ajena. Por la posibilidad que la literatura nos da de saber y vivir lo que es la empatía.

¿Cuáles son los héroes de novela que prefiere?

Los antihéroes…y muy especialmente ¡a las antiheroínas!

¿Qué le hace falta?

Desde hace algún tiempo pienso al revés: ¿qué es lo que no necesito?

¿Qué sueña?

Sueño con el mar. Sueño mucho con el mar. Muchas veces es el mar de mi infancia, el de las playas de El Salvador.

Buzón

Buzón

Innovación

La agricultura debería ser una actividad prioridad desde la óptica de cualquier Gobierno, pues de su impulso depende que todos tengamos la alimentación a tiempo y con precios razonables; importar lo que se puede producir acá resulta inusitado para un país que aunque pequeño en territorio es explosivo en población.

Pero además, los productores agrícolas son cada vez menos. Las nuevas generaciones ya no quieren seguir la tradición familiar. En torno a este fenómeno, Thomas Malthus con su argumento del aumento aritmético de los alimentos y el crecimiento geométrico simultáneo de la población humana sugirió con ahínco, desde el siglo antepasado, políticas de controles del crecimiento demográfico, previendo un futuro incierto para sobrevivir.

“Una canasta contra la desigualdad” es la investigación que nos comparte Valeria Guzmán, donde queda demostrado que una comunidad organizada en equipo puede realizar un proyecto de cultivos agrícolas orgánicos con procedimientos técnicos, y lograr la soberanía alimentaria de las comunidades, que al final también coadyuva en los índices de pobreza. La canasta campesina es un concepto donde tanto productor como consumidor forman una red de producción y comercialización anticipada de productos frescos sin irrespeto al medio ambiente y con espíritu solidario. La estrategia lleva como oferta a un grupo voluntario de consumidores una variedad de productos agropecuarios frescos originados en una agricultura orgánica diferente a la forma de compra-venta tradicional, pretendiendo además que esta innovación en sinergia se convierta en un enlace solidario entre consumidor y pequeño productor en base con las necesidades comunes entre las dos partes. Esto sin duda persigue fomentar la soberanía y seguridad alimentaria para el desarrollo sostenible de las comunidades, con el plus de promoción del turismo rural.

En esa ruta está el proyecto de Comasagua auspiciado por varias ONG, FUNDESYRAM es una de ellas. Esa práctica permite que los consumidores sean socios estratégicos, a quienes no solo se les venden vegetales y hortalizas sanas, sino además el concepto asociado al desarrollo comunitario. Las réplicas de la modalidad no se han hecho esperar, pero al final son las instituciones competentes las que deben fomentar su expansión para incrementar las bondades del proyecto. “Nosotros comenzamos sin saber nada de producción de hortalizas orgánicas, nos dedicábamos más a maíz y frijol, así que uno de los beneficios favorables ha sido el conocimiento”, ha dicho uno de los involucrados. Fuera loable que cada municipio se iniciara al menos con un proyecto.

Julio Roberto Magaña
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Los agricultores merecen buen trato

Me da gusto leer sobre cómo las mujeres en el campo van cambiando sus vidas. A mí me indigna mucho que cuando hay campaña los políticos se den golpes de pecho haciéndose pasar por rancheros o campesinos y nunca han agarrado un machete para limpiar el terreno o no tienen ni la menor idea de la época para sembrar. Solo se ponen a fantasear, porque piensan que el campo es eso que se mira en los comerciales con el amanecer dora do y el café humeante. Trabajar en la tierra es de las cosas más duras que se puede hacer; y eso no sería malo si por lo menos lo pagaran bien.

Pero a los ‘bichos’ de hoy ya no les interesa ir a partirse el lomo para ganar unos cuántos míseros centavitos. Además está que trabajar la tierra es fregarse el cuerpo con pesticidas; o sea, en el campo la gente se muere por trabajar para ganar una miseria. Así que cuando leí sobre el proyecto de mujeres que venden su producto a un precio justo y en condiciones que no las maltratan me animé. Me llené de esperanza porque sí se puede tratar bien a las personas que, como dicen en el editorial, nos proporcionan comida y comida de la que es sana, cultivada con amor, no solo por salir del paso con los proveedores en cantidades masivas. Está bueno por ellas y por las familias.

Ojalá el proyecto se mantenga a lo largo del tiempo y logre tener otras sucursales en otro lados y no solo en Comasagua. Los campesinos de El Salvador lo merecen.

Cristian Salazar
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