Opinión desde acá

por Sigfredo Ramírez, Árbol de fuego

 

Sigfredo Ramírez
Periodista y comunicador institucional

Una sociedad con sobrepeso

Es una comilona no apta para cardíacos de grasas saturadas y azúcar que esconde tristes realidades, como que en muchas comunidades rurales y semiurbanas del país es más barato y accesible comprar una botella de 2 litros de gaseosa que agua.

Nunca antes en la historia, la sociedad salvadoreña tuvo tantos problemas con la báscula como ahora. A algunos aún les parece inverosímil que un país que históricamente conoce de desnutrición crónica tenga espacio para tanta gente –niños, adolescentes y adultos– con sobrepeso.

El problema es transversal y progresivo. Según datos del Ministerio de Salud, el 6 % de los niños menores de 12 años son obesos; la cifra se eleva al 39 % entre los adolescentes de 11 a 15 años; y es coronada con un 65 % entre las personas mayores de 20. Es decir, seis de cada 10 salvadoreños en edad adulta tiene un índice de masa corporal arriba de lo normal. La actual ministra de Salud lo advertía en un video producido por la Alianza Nutres de El Salvador: hay niños de estas nuevas generaciones que han ingerido una cantidad de azúcar mayor a la que sus abuelos consumieron en toda su vida.

¿Cómo se llega a estas cifras que son motivo de alarma? El menú incluye pollo frito, pizza, pan –mucho pan–, varios sabores de gaseosa, y, de postre, churritos y una pinta de helado. Es una comilona no apta para cardíacos de grasas saturadas y azúcar que esconde tristes realidades, como que en muchas comunidades rurales y semiurbanas del país es más barato y accesible comprar una botella de 2 litros de gaseosa que agua. O que la misma necesidad alimenticia de muchas familias, las hace llenar su dieta de harinas. A esto hay que sumarle el sedentarismo.

Por la inseguridad, en muchas colonias y barrios del país no es seguro que los niños y adolescentes jueguen en la calle o se acerquen a las canchas de básquet o de fútbol más cercanas. A algunos ni siquiera los dejan ir a comprar las tortillas. Lejos del “buen vivir”, en su vida de enclaustro, su principal compañía es la computadora, el chat del celular o una televisión conectada a un DVD.

Un panorama desalentador que no cambia en las escuelas públicas, ya que muchas no cuentan con la infraestructura mínima para poder desarrollar clases de educación física. Y ya en edad laboral, cualquier habitante de San Salvador puede constatar que la mancha urbana ha crecido –y está creciendo– más pensada para carros que para peatones. Para los oficinistas que van del trabajo a la casa, y viceversa, sin dar más que un par de pasos en todo el día. Los carros no solo tapan las calles sino que las aceras cuando están estacionados. En la dictadura del automóvil ni los peatones ni los ciclistas son bienvenidos. Es la fórmula perfecta para sumar libras de más.

El sobrepeso se ha visto con humor o como si fuera un chascarrillo –otro chiste de gordos–, pero a la larga se asocia con enfermedades que están inundado los hospitales como la diabetes, la hipertensión, el hígado graso, entre muchas otras. Las autoridades han anunciado que quieren empezar a atajar el problema.

Comenzando con los niños, el Ministerio de Educación busca regular los productos que se venden en los cafetines de las escuelas. Una disposición positiva pero que no oculta el hecho de que a la gente, al salvadoreño de a pie, le ha faltado información sobre las implicaciones de comer más carbohidratos que proteínas y del sedentarismo. Una responsabilidad informativa del Gobierno. En este país, uno puede llegar a una venta de hamburguesas, comprarse cinco, comérselas ahí mismo y nadie va a decir nada. Si se tiene el dinero hasta se puede pedir más para llevar.

Es una tragedia silenciosa. El cambio de mentalidad no ocurre de la noche a la mañana, pero es fundamental que no se deje pasar más tiempo. Se necesita que entidades como el Instituto Nacional de los Deportes (INDES) salgan del ostracismo y asuma un rol protagónico. Que se realicen campañas masivas para informar sobre dietas sanas y su relación con una buena salud. Cuidarse, al final, depende de cada quien.


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