“Como cualquier ser humano, llegué a llorar”

Radamel Falcao García
Radamel Falcao García

“¿Quién es mejor? Retuit si votas por la vaca. Favorito si votas por Falcao”. El tuit apareció en una cuenta británica de chistes en octubre de 2015, justo cuando Radamel Falcao García, el máximo goleador de la selección de Colombia, el artillero que a punta de desmarques y golazos había clasificado a su país a un mundial de fútbol después de 16 años de ausencia, pasaba por uno de los momentos más oscuros de su carrera: su paso por el fútbol inglés.

Los cinco goles que marcó durante los dos años que jugó en el Manchester United y en el Chelsea lo convirtieron en el principal objetivo de listas, artículos y noticias que se regodeaban en su fracaso para convertirlo en una avalancha de retuits y de páginas vistas. El resultado del tuit registró 1,063 retuits y poco más de 200 favoritos. En más de un blog se referían a él como “Failcow” –una palabra inventada en inglés que junta el término fail, fracaso, con cow, vaca– y en las entrevistas, los hinchas más condescendientes eran francamente crueles: “¿Falcao? ¡Me había olvidado de él! Dios mío, qué malo era. No vale absolutamente para nada, parece que solo tiene una pierna y que no puede ni andar. Me da hasta un poco de pena”, dijo el escritor inglés Hanif Kureishi, fanático del Manchester United.

La rabia visceral da resultados extraordinarios. Mientras sus equipos se lavaban las manos con declaraciones tibias, o simplemente con el silencio, los medios se apresuraron a crucificar al delantero y los hinchas, como si fueran ovejas guiadas por falsos pastores, le hicieron eco al vía crucis del “Tigre”. Cuando se acabó la temporada 2015, el Mirror, por ejemplo, señaló que Falcao, para el Manchester United, había sido “un error sumamente costoso”, The Telegraph lo incluyó dentro de las cinco peores contrataciones de la temporada. Lo peor es que la avalancha de odio no paraba en el Viejo Continente: en Colombia, su propia tierra, alguien dijo que Falcao era un “exfutbolista”.
Cuando le preguntan sobre esa época de su vida, Falcao desvía la mirada y hace un chasquido con la lengua. Cualquiera diría que él no quiere hablar de eso, pero después mira al periodista a los ojos y dice con firmeza. “Hay momentos en que uno se quebranta. Hay situaciones difíciles que uno no puede contener y como cualquier ser humano, lloré”.

El drama de Falcao comenzó el 22 de enero de 2014, en un partido del Mónaco contra el Chasselay, un equipo de la Cuarta División francesa: “el Tigre” recibió el balón en el borde del área, lo pisó, se dio media vuelta y picó hacia el arco, pero desde el centro Soner Ertek, un defensa del rival, se barrió para derribarlo justo en el instante en que apoyaba la pierna izquierda para definir. Desde el piso, Falcao pidió penalti, pero de repente sus gestos cambiaron y ya no le interesaba tanto el penalti, sino su rodilla. Cuando entraron los médicos, Falcao se llevó las manos a la cara y empezó a negar con la cabeza. No lo podía creer.

La rotura del ligamento cruzado de la rodilla izquierda lo sacó casi seis meses de los estadios. Después de una operación de rodilla, empezó un largo proceso de fisioterapia que llevó a cabo en Madrid y justo cuando sus compañeros de la selección de Colombia viajaban a Brasil para disputar el mundial de fútbol, él se refugió en Miami con su familia y apenas vio los partidos por televisión. Otros los vio solo, ya en su apartamento en Mónaco. “Era muy duro”, dice Falcao con desgano. “Después de todo lo que había vivido, no poder estar ahí era complicado, pero creo que lo viví como un hincha más”.
Pero “el Tigre” volvió. Para olvidar su mal paso por Inglaterra, volvió a jugar con el Mónaco. Marcó 30 goles en la última temporada, incluyendo dos de antología, un tiro libre letal contra el París Saint-Germain en el que confirmó el liderazgo de su equipo en la liga francesa y un inolvidable “globito” contra el Manchester City en la Champions League. Además, se convirtió en un grave problema para los técnicos rivales: “Era uno de los mejores delanteros del mundo y ahora está volviendo. Es extraordinario y peligroso, es un zorro en el área”, dijo Massimiliano Allegri, el técnico de Juventus, cuando le preguntaron. Diego Simeone, técnico del Atlético Madrid, también testificó sobre su resurrección: “Tiene una rebeldía y una fuerza interior enorme. Su presente es extraordinario”.

Falcao se consolidó como el capitán indiscutible de los rojiblancos. Con su experiencia fue capaz de organizar a Mbappe y Mendy –dos figuras en ascenso del fútbol europeo– en un ataque demoledor que consiguió el título de la liga francesa y que llegó hasta las semifinales de la Champions League. El único problema que ha tenido que enfrentar este año es una investigación tributaria que adelantan las autoridades españolas.

Finalmente, el 7 de junio de 2017, en un partido amistoso de la selección de Colombia contra España, “el Tigre” picó hacia el área pequeña, cazó con un salto un tiro de esquina que cobró James Rodríguez y mandó el balón al pie del poste. Fue su gol número 26 con la camiseta amarilla, el gol que lo puso a encabezar en solitario la lista de goleadores históricos de la selección de Colombia, que compartía desde 2015 con Arnoldo Iguarán. Después de celebrar, Falcao, como siempre, señaló hacia el cielo, pero luego se tapó la cara y la sonrisa con las manos, como si no pudiera creer lo que ya sabía: que ese gol era la confirmación absoluta de su resurrección.

Le dicen “Tigre” porque un día, cuando jugaba en las dimensiones menores del River Plate –a donde llegó cuando tenía 15 años–, jugó tan bien que un compañero colombiano le dijo en broma que iba a salir en la sección “El tigre de la jornada”, un espacio de un programa de televisión en el que se perfilaba al mejor jugador de la fecha profesional del fútbol argentino. Lo que empezó como un chiste se quedó para siempre, porque ver jugar al “Tigre” es entender que para meter gol se necesita la habilidad de un depredador capaz de cazar una pequeña presa –el balón– dentro del área rival.

Su primer gol con la selección de Colombia, casualmente, lo marcó casi 10 años antes de consagrarse como el máximo goleador del equipo: sucedió el 3 de junio de 2007 en el estadio de Matsumoto, una ciudad de Japón donde Colombia jugaba un campeonato amistoso. En el partido contra Montenegro, un joven Falcao de 21 años corre por el centro de la cancha mientras Colombia arma una jugada por la derecha; frena en seco para desmarcarse de un defensa rival, caza en el área un pase de David Ferreira y, como si fuera la cosa más fácil del mundo, manda el balón con fuerza al pie del poste izquierdo para marcar un gol. “La tenía clara”, dice Falcao. Mientras recuerda, se le iluminan los ojos y como un niño narra cada uno de los pases de ese gol con el que empezó a convertirse en uno de los ídolos deportivos de Colombia.

Hasta su lesión, en 2014, tuvo varios años de gloria: fue campeón de Argentina con el River Plate; campeón de la liga, la copa y la supercopa de Portugal con el F. C. Porto; campeón de la Copa del Rey española con el Atlético Madrid; y dos veces campeón de la Europa League con el F. C. Porto y con el Atlético Madrid. Marcaba más de 30 goles en cada temporada y el precio de su pase aumentaba exponencialmente. En 2012 Pep Guardiola, que entonces era el técnico del Barcelona, dijo que Falcao era el mejor delantero de área que había en el mundo. No habló de Higuaín, ni de Suárez, ni de Diego Costa: habló del “Tigre”, de Radamel Falcao García.

Conoció a su esposa, Lorelei Tarón, en una iglesia cristiana de Buenos Aires cuando jugaba en las inferiores del River Plate, y en 2007 se casó con ella. Hoy viven en Mónaco y tienen dos hijas, Dominique, de cuatro años, y Desiree, de dos. A principios de este año, Falcao anunció que tendría un tercer bebé que va a nacer en agosto, justo antes de que comience la etapa final de las eliminatorias suramericanas que definirán los clasificados al mundial Rusia 2018.

Ahora, Colombia está en busca de un redentor: “Contra Venezuela y Brasil tenemos que ganar”, dice Falcao sin titubeos, y luego sonríe. En las canchas de todos los barrios del país hay niños que juegan fútbol con el número nueve de su camiseta en la espalda, que imitan sus enganches y jugadas en los partidos de los recreos. “¿A quién le gustaría meterle goles? ¿A Brasil en Barranquilla?”, le preguntan. Falcao se ríe y desvía la mirada: no quiere comprometerse: ¿Para qué echarse encima esa presión innecesaria? Sin embargo, es imposible olvidar que él y sus nueve goles fueron una de las claves para esa mágica selección de 2014 que clasificó a Brasil.

Falcao llega con afán a una suite del hotel Four Seasons Casa Medina, en Bogotá. Lo acompañan cuatro guardaespaldas y algunos ejecutivos de Hublot: está de paso rápido por Bogotá para presentar su edición especial del Hublot Classic Fusion, un reloj de cerámica negra con manecillas de oro rosa que él ayudó a diseñar y del que solo se elaboraron 25 unidades numeradas que llevan, en su honor, la imagen de un tigre en la tapa trasera.

Hay más de 15 personas en el lugar y la presencia de tanta gente resulta agobiante, pero él sortea la situación con profesionalismo: se toma un par de selfis, firma camisetas y posa con seguridad para el fotógrafo. Unos minutos después se prende la grabadora: Falcao habla despacio y reflexiona antes de cada respuesta. Habla Falcao: el máximo goleador de la selección de Colombia, “el Tigre” que, a sus 31 años, quiere cumplir el mismo sueño de cuando era niño: jugar un mundial.

“Yo te libraré de las tristezas que son para ti una carga deshonrosa. En aquel tiempo yo mismo me ocuparé de todos los que te oprimen; salvaré a la oveja que cojea y juntaré a la descarriada. Les daré a ustedes fama y renombre en los países donde fueron avergonzados. En aquel tiempo yo les traeré, en aquel tiempo los reuniré. Daré a ustedes fama y renombre entre todos los pueblos de la tierra cuando yo los restaure ante sus mismos ojos. Así lo ha dicho el Señor”.

Sofonías 3:18.

¿Y el que marcó contra el Manchester City en la Champions?
Claro. Sí, ese también significó mucho.

¿Talvez una revancha con Inglaterra?
Sí, de alguna manera (sonríe).

Del Mónaco se dice que es un equipo sin hinchas, pero evidentemente los tiene que haber. ¿Usted ya tiene ubicados a los hinchas del Mónaco? ¿Lo saludan en la calle?
No… Es que en Mónaco, dentro de la ciudad, vive otro tipo de personas, otra clase. Los verdaderos hinchas están en las afueras de Mónaco. Además, el equipo tiene muchos hinchas por toda Francia; entonces, cuando jugamos de visitantes, siempre se ven muchos hinchas.

¿Cómo se vive un clásico contra el Saint-Germain?
Se sienten mucho en el estadio, pero también son especiales los juegos contra el Marsella y contra el Niza, que es el derbi.

Hablemos de ese paso difícil por Inglaterra. Apenas cuatro goles con el Manchester United y uno con el Chelsea entre 2014 y 2016. Pero no hablemos del fútbol, sino de su vida cotidiana en Manchester y en Londres.
Manchester es una ciudad sin muchas oportunidades de vida social o para distraerse. Ahí era más la vida en familia, en la casa, algo más reservado. Además, el tiempo no ayudaba mucho, era bastante difícil por la lluvia y el frío. Y la experiencia de vivir en inglés y en un inglés diferente… porque el de Manchester no es ese inglés que hablan en Londres, sino que es más local, más cerrado, el acento es complicado. En cambio, Londres sí es una ciudad maravillosa, quizá una de las mejores del mundo. Uno se encuentra con culturas de todas partes y para mí fue una experiencia de vida muy buena.

¿Le dejó amigos?
Tengo conocidos, sí. Gente muy cercana. Pocas personas, pero Inglaterra sí me dejó amigos.

¿Jugadores?
Sí. Tanto en los clubes como afuera.

¿Qué tal fue para usted haber jugado con Wayne Rooney?
Un jugador superespecial, un ícono del fútbol inglés y del Manchester United. Un capitán. Conmigo fue muy cercano: me ayudó mucho, me invitaba a interaccionar con él, aun con la barrera del idioma y de las costumbres.

¡Pero su inglés debe ser bueno, Falcao!
Pero en ese momento no tenía la fluidez que tengo hoy. Eso no quiere decir que no hable bien el idioma, sino que si el acento de Manchester es complicado, el de él, que es de Liverpool, es muchísimo más difícil.

2017 es un año importante: en febrero se cumplieron 10 años del debut con la selección y en junio también se cumplieron 10 años de su primer gol, frente a Montenegro…
Sí, 10 años. Pasaron muy rápido, realmente. En ese entonces Jorge Luis Pinto era el entrenador. Él me llamó por primera vez a un amistoso que jugamos en la ciudad de Cúcuta contra Uruguay. Casualmente, ese mismo día debutaron Luis Suárez y David Ospina.

¿Ah, sí?
Sí. Tuve la oportunidad de entrar en la segunda parte y aunque perdimos, fue superespecial.

¿Se acuerda en dónde estaba cuando lo llamó Pinto?
Me acuerdo de que estaba de pretemporada con el River Plate. Eso fue en enero y me llegó el fax de la federación donde me convocaban para ese partido. Fue para mí algo muy especial, es algo que nunca voy a olvidar.

¿A quién le contó de primero que iba a jugar con la selección?
A mi familia. Estaban mis padres, mis hermanas, y en ese entonces ya estaba con Lorelei, mi esposa, pero de novios. Entonces le conté a ella también.

¿Lo acompañaron a Cúcuta?
No, no fueron, estaban en Argentina. Yo viajé un lunes, llegué muy tarde en la noche, entrené el martes y el miércoles fue el partido. No hubo tiempo para planear.

Y el gol frente a Montenegro ¿cómo lo recuerda?
Fue en Japón, en una gira que hicimos justo antes de la Copa América 2007. Fue el primer partido: una jugada que hizo Colombia, empezó por la izquierda, cambiaron a la derecha, Sergio Herrera se la pone a David Ferreira, él me da la pelota y yo solamente tengo que definir. La tenía clara.

¿Cuál fue la diferencia entre ese primer gol y el número 26, que le hizo a España hace poco?
No, es que el primero es muy emocionante. El primer gol con tu selección tiene mucho significado: por ser el primero, porque llevaba poco tiempo en la selección… Es especial el primer gol.

¡Pero este contra España fue un récord!
Claro, y tiene eso de especial, que rompe un récord.

A finales de este año, además, cumple 10 años de casado con Lorelei Tarón. ¿Cómo celebran los aniversarios?
Para mí es difícil porque ella tiene tanta imaginación. Hace cosas diferentes que me humillan, prácticamente, me pone en una situación complicada en cada aniversario.

“Nos devolvíamos echando dedo. Claro, porque como uno quería ahorrar dinero o gastarse la plata comprando cualquier cosa, no teníamos para el bus. Tocaba buscar cualquier manera de viajar, ya fuera proponiéndole al conductor del bus un ‘pague dos, viajan tres’ o echar dedo…”.

Falcao en Inglaterra
Falcao en Inglaterra

¿Se acuerda de algún regalo en especial?
Es que siempre hace cosas especiales que yo nunca me imaginaría. Celebraciones únicas, diferentes, llenas de detalles… Y en cuanto a regalos… ¡No! Muchos, ella es muy de darme regalos, pero tanto cosas materiales como sentimentales.

Hablemos de su infancia. Su mamá se llama Carmenza Zárate, pero usted a ella le dice Juana. ¿Por qué?
(Risas) no, es que es de familia, todos le dicen así.

¿Y desde cuándo?
No, siempre. Todos la llaman Juana.

Hay un cuento que dice que cuando usted tenía 12 años y entrenaba en la Liga de Bogotá, se devolvía en una volqueta desde una cancha en el barrio Venecia con Abel Aguilar y Rafael Robayo…
Nos devolvíamos echando dedo. Claro, porque como uno quería ahorrar dinero o gastarse la plata comprando cualquier cosa, no teníamos para el bus. Tocaba buscar cualquier manera de viajar, ya fuera proponiéndole al conductor del bus un “pague dos, viajan tres” o echar dedo…

Ahora volvamos a tiempos más recientes. En las eliminatorias para Brasil 2014, usted y Yepes se convirtieron en unos líderes para la selección. ¿Qué le aportaba cada uno a ese equipo?
Mario era el capitán. ¿Sabe? A veces uno tiene un capitán que no transmite, pero Mario es un capitán que cumple con cada una de las letras de esa palabra. No solo nos representaba como capitán, también nos hacía sentir siempre bien, era el líder. Yo, gracias a la experiencia y a los goles, por lo que estaba haciendo en Europa, pude hacer un aporte que sirvió en algunos momentos para empujar al equipo.

¿Cuál fue el momento en que esa selección hizo el clic y se convirtió en ese gran equipo que todos recordamos?
Yo creo que fue en el partido contra Chile, en Chile. Ese partido fue clave, importantísimo. Habíamos ganado contra Uruguay, pero en casa; luego íbamos a Chile a enfrentarnos con una selección muy fuerte. Cuando ganamos ese partido, nos afirmamos y tomamos confianza para el resto de la eliminatoria.

¿Cuándo se volvieron amigos todos los de ese equipo?
Con muchos veníamos conociéndonos desde procesos de juveniles, entonces teníamos una relación más cercana. Eso fue con la gran mayoría. Otros se fueron agregando en el proceso y se acoplaron rápidamente al grupo: había una buena relación.

¿Tienen un chat de WhatsApp de la selección?
Por momentos, en las concentraciones… A veces tenemos chat.

¿Y quiénes son los más amigos?
Como en todas partes, hay más afinidad con unos que con otros.

Hablemos de técnicos. Cuéntenos qué recuerdo tiene del “Mostaza” Merlo, con quien quedó campeón de Argentina en el River Plate.
Un tipo particular, mítico del fútbol. De esos ya no quedan. Es un técnico de la vieja escuela, lo viví empezando mi carrera y fue una gran experiencia trabajar con “el Mostaza”.

El Simeone del River y el del Atleti.
El del River era muy ofensivo, buscaba los partidos. Realmente era de un fútbol bastante ofensivo. El del Atleti fue otro: hoy quizá lo critican por defender, pero hubo un cambio, sin duda.

Leonardo Jardim, con quien trabaja hoy en el Mónaco.
Leonardo es un tipo muy sagaz, sabe manejar bien los grupos. A mí me dio una confianza y un respaldo importantísimos, así que estoy muy agradecido con él.

Luis van Gaal, en el Manchester.
Un tipo muy estructurado, cuadriculado. Creo que en el fondo era un tipo sensible y que talvez ponía una coraza para que no se viera ese lado cercano al jugador. Pero creo que en el fondo lo era porque mostraba actitudes más humanas que las que vemos por televisión.

Ranieri, en su primer paso por el Mónaco.
Un tipo que sabe vivir bien. Un señor en todo el sentido de la palabra: educado, respetuoso… En el fútbol él sabe manejar códigos, es un tipo muy transparente.

Mourinho, en el Chelsea.
¿Mourinho? Bueno, yo tuve una etapa difícil con Mourinho. Lo tuve seis meses solamente y fue su peor temporada, entonces tuve que ver una cara que quizá no es la de él. Quiero creer que no es la de él.

¿Y Pékerman?
Le gusta el buen fútbol. Tiene ese ojo clínico que ve más allá de lo que otros ven. Además, vio un momento especial en mi carrera y me respaldó. Para mí es muy especial.

“Tigre”, toquemos un tema difícil. En el mejor momento de la selección, a usted le lesionaron el ligamento cruzado de la rodilla izquierda y por cuenta de eso no pudo jugar en Brasil. ¿Dónde se vio el mundial? ¿Dónde estaba en ese momento?
Ufff… Durante el mundial yo estaba en etapa de recuperación. Yo continué la recuperación de mi cirugía durante varios meses. Primero estuve en Estados Unidos y luego me devolví a Mónaco para comenzar los entrenamientos con el equipo. Al principio veía los partidos con mi familia, luego en Mónaco estuve más solo porque tenía que entrenar, entonces por ahí me perdí un poco de todo el ambiente que se vivió en el país.

¿Pero trató de desconectarse o veía los partidos?
¡No! Los vi, los vi. Era muy duro porque después de todo lo que había vivido no poder estar ahí era complicado, pero creo que lo viví como un hincha más.

¿Llamaba a sus compañeros?
Pues tenía relación… Me escribía con algunos, intentaba estar cerca del equipo.

¿A quién le escribía?
Es que no pude compartir ese día a día. Yo estaba lejos. Era más que todo para felicitarlos por las victorias y demás, pero no tenía conocimiento del día a día del equipo.

¿Quiénes son sus grandes amigos, Falcao?
Los del colegio, los de mi iglesia. Ellos son mis grandes amigos.

Cuéntenos cómo fue su relación con los fisioterapeutas y qué fue lo más difícil del proceso de recuperación.
Mi recuperación fue con Joaquín Juan, mi fisioterapeuta personal, en España. Fue una relación que iba mucho más allá del trabajo porque por esos días compartía más tiempo con él que con mi familia.

¿Cómo pasaba el día?
Pasaba el día en la sala de terapias, en la piscina, en el gimnasio… Creamos una relación muy cercana.

¿Todavía se hablan?
Sí, seguimos trabajando juntos.

Esos son tiempos que Dios utiliza para trabajar en el ser humano. Son tiempos en que quizá uno ve desde otra perspectiva lo físico, lo material, lo deportivo. Yo creo que Él vio a un Falcao humano, yo lo sentía trabajando conmigo.

Radamel Falcao
Radamel Falcao

Hace poco su esposa, Lorelei Tarón, lanzó una canción que se llama “No me rendiré”. La canción está dedicada a usted y a esos días duros que tuvo que vivir después de la lesión. Pero frente a eso lo que quiere saber la gente es usted cómo vivió la lesión. ¿Qué sentía en esos días?
Fue duro, fue difícil. Era como un túnel oscuro en el que no se veía la luz, pero había que persistir. Yo creo que todos en la vida tenemos etapas así.

¿Pero qué pasaba cuando volvía a la casa? ¿Llegó a llorar?
Sí, claro. Hay momentos en que uno se quebranta. Hay situaciones difíciles que uno no puede contener y como cualquier ser humano, llegué a llorar.

¿Sintió rabia?
Sí. Yo creo que esas son épocas en que uno siente todos los sentimientos que pueden haber.

Y usted que es tan creyente en Dios, ¿qué le decía a Dios?
Esos son tiempos que Dios utiliza para trabajar en el ser humano. Son tiempos en que quizá uno ve desde otra perspectiva lo físico, lo material, lo deportivo. Yo creo que Él vio a un Falcao humano, yo lo sentía trabajando conmigo.

A Colombia solo le quedan cuatro partidos de eliminatoria de aquí hasta octubre. ¿Vamos a clasificar?
Bueno, dependemos de nosotros, tenemos que ganar. Contra Venezuela y Brasil tenemos que ganar.

¿A quién se ve haciéndole goles?
No sé, no sé…

A Brasil en Barranquilla.
Ojalá.

Ya para terminar le queremos proponer una serie de listas. ¿Cuáles son los cinco mejores partidos que ha jugado?
La final de la Europa League con el Atlético Madrid contra el Athletic de Bilbao, la final de la Supercopa contra el Chelsea, un partido de Colombia contra Paraguay en el que hice los dos goles, un partido del Atlético Madrid contra La Coruña en el que hice cinco y un triplete que hice con River contra el Botafogo.

Cinco grandes equipos que usted haya visto en la historia.
Yo no alcancé a ver mucho del A. C. Milán de Van Basten y Gullit, pero mi papá me hablaba mucho de ese equipo. Ya después seguí mucho al Brasil del mundial de 1994 y al del mundial de 1998, la Francia de 2000 que se ganó la Eurocopa… Y el Barcelona de Guardiola.

Ahora que habla del Brasil de 1998, usted ha dicho que uno de sus ídolos de infancia era Ronaldo, el gordo. ¿Ya lo conoció?
Sí, lo vi. Lo conocí en la gala del Balón de Oro, pero no pude conversar mucho. Pero para mí siempre fue un referente.

“Fue duro, fue difícil. Era como un túnel oscuro en el que no se veía la luz, pero había que persistir. Yo creo que todos en la vida tenemos etapas así”.

Falcao
Falcao

Y otro punto de la lista: tres nueves que admire.
Ronaldo, Van Basten y… no sé. ¿El tercero quién puede ser? En su momento admiré a Batistuta, a Crespo y a Van Niestelroy.

Y la última pregunta: ¿cuál es su cita favorita de la Biblia?
Uy, no sé, tengo varias.

Pero una que sienta cercana últimamente.
A ver… Sofonías 3, creo que es del 18 o del 19 para adelante.

¿Y de qué se trata?
Búsquela. Habla de la restauración de Dios.