Una herramienta hacia el desarrollo sostenible

Las empresas y organizaciones son actores clave en nuestro entorno. De ellas dependen muchos factores de crecimiento económico, desarrollo social y situación ambiental de los países. Por tanto, son entidades sumamente relevantes que pueden contribuir o afectar el desarrollo sostenible.

Por tanto, se han creado diversas iniciativas para incentivar internacionalmente el monitoreo de la gestión integral de las empresas y su aporte al desarrollo sostenible. Los reportes de sostenibilidad y memorias integradas son instancias que las empresas modernas y conscientes de su rol en la sociedad pueden utilizar para hacer un ejercicio de análisis y evaluación interna de gestión a escalas social, económica y ambiental de su quehacer.

Usualmente, a partir de marzo, las empresas u organizaciones empiezan a publicar sus memorias anuales, documentos donde dan cuenta de su gestión financiera. Algunas entidades también publican reportes de sostenibilidad, informes adicionales donde relatan cómo abordan los temas sociales y medioambientales que se convierten en poderosas herramientas de comunicación.

Esta práctica de reportabilidad ha ido evolucionando y, actualmente, la tendencia es publicar un único documento llamado “memoria integrada” en el que se entrelazan los ámbitos de gestión económica, social y ambiental de la organización.

Estos informes son herramientas que, más allá de lo que exigen las leyes de cada país, tienen como objetivo generar una cultura de transparencia y diálogo de las empresas, instituciones u organizaciones con sus respectivos grupos de interés: inversionistas, accionistas, autoridades, trabajadores, proveedores, sociedad en general, entre otros.

La idea es contar con un documento de acceso público, muchas veces auditado por un tercero independiente, que entregue información relevante y verificada sobre la administración de las organizaciones. Estos documentos incluyen los focos estratégicos de la organización, sus resultados, compromisos y metas como un ejercicio de autoevaluación anual con una mirada transversal, es decir, que no se enfoca únicamente en el desempeño económico y los resultados financieros, sino que reúne la información de cómo se administran los recursos sociales y ambientales para llegar a dichos resultados.

Adicionalmente, organizaciones como Pacto Global de las Naciones Unidas apoyan este tipo de prácticas porque es una forma de generar trazabilidad sobre cómo las empresas aportan al desarrollo sostenible. Estos documentos se construyen según diversas metodologías. Una de las más conocidas es el GRI o Global Reporting Initiative (por sus siglas en inglés), que ofrece una serie de indicadores en aspectos relevantes de gestión como gobierno corporativo, personas, proveedores, comunidades, medio ambiente, etc. De esta manera, las organizaciones y sus grupos de interés, pueden monitorear anualmente los resultados de su accionar en estos ámbitos. Esta metodología tiene la virtud de incorporar a estos últimos como parte del proceso.

Las memorias integradas también cuentan con lineamientos internacionales, como los que brinda el International Integrated Reporting Council (IIRC), que ofrecen definiciones universales sobre cómo elaborar una memoria integrada. El IIRC exige un énfasis especial en la gestión de riesgos, con una mirada a largo plazo.

Los ejercicios de reportabilidad son también una herramienta interna de las organizaciones para monitorear sus riesgos, para escuchar a sus grupos de interés y para contribuir con el desarrollo sostenible.

En Latinoamérica, esta práctica es aún incipiente, pero ha ido ganando terreno en los últimos años. La invitación es a que cada vez más empresas salvadoreñas se sumen a esta buena práctica, y reporten con estándares internacionales con el objetivo de sumarse al desarrollo sostenible.

Acceso, inclusión y alfabetización digital

Recientemente, y por temas laborales, me he encontrado navegando entre artículos, estudios e información relevante sobre brecha, inclusión y alfabetización digital. Temas muy vinculados al acceso a internet y tecnologías de información en el mundo digital.

Chile es uno de los países con mayor penetración de internet en América Latina, supera el 90 %. En el caso de Centroamérica, El Salvador cuenta con un 55 % de penetración, según información de un estudio presentado hace un año atrás. Claramente, la masificación de los teléfonos inteligentes y las tecnologías 3G y 4G han contribuido enormemente a democratizar el acceso a internet, aunque aún queda mucho camino por recorrer para alcanzar tasas más cercanas al 100 %.

Anteriormente, las barreras de acceso no eran únicamente de precio, sino también de infraestructura tecnológica. Sin embargo, El Salvador ha logrado ir avanzando hacia una suerte de transformación digital en una etapa incipiente.

Dicha transformación digital es una urgencia para las empresas, que reconocen que al no incorporarse rápidamente a esta ola quedarán obsoletas o perderán clientes y negocios. Sin embargo, esta urgencia digital es también un requisito para las personas: la tecnología y la digitalización se hacen indispensables para vivir en el mundo de hoy, no solo a nivel de comunicación y socialización –con las redes sociales y el WhatsApp– sino también para fines educativos, laborales, pero también cotidianos.

La inclusión digital es relevante porque establece una línea base que busca garantizar que no haya una brecha por acceso a las posibilidades del mundo digital. Por ejemplo, evitar que un niño de una zona rural no pueda postular a una beca en el extranjero porque su acceso a internet es muy precario.

Sin embargo, la accesibilidad y la inclusión no son los únicos elementos necesarios. Es aquí donde se suma un tercer proceso: la alfabetización digital, que consiste –muy resumidamente– en saber usar los medios digitales, no solo a nivel de funcionamiento, sino también de contenido.

No solo se trata de saber utilizar un aparato digital, sino de comprender y aplicar cómo ese uso puede hacer que nuestra vida mejore o que seamos más productivos y eficientes gracias a esto. Siguiendo con el ejemplo del niño: no basta con que tenga acceso a internet, sino que, además, debe saber cómo encender la computadora, navegar en la web y, luego, comprender cómo hacer su aplicación a la beca.

Es decir, hay muchos procesos que rodean la transformación digital en términos de infraestructura, pero también de usabilidad. Por tanto, tenemos ante nosotros un importante desafío que involucra diversidad de actores públicos y privados que, al unir esfuerzos y alinear objetivos, seguramente terminarán por beneficiar al país.

La transformación digital es un fenómeno mundial. En Latinoamérica, nos encontramos en pleno proceso de implementación de tecnologías e infraestructuras digitales. Por otra parte, las empresas están iniciando o viendo los frutos de sus primeros esfuerzos de transformación.

Por otra parte, no debemos perder de vista que es un proceso transversal: impacta a las empresas, a las instituciones y también a las personas. Y es a estas últimas –sobre todo a aquellas en situaciones de mayor vulnerabilidad social y económica– a quienes mayor apoyo hay que brindar, sin perder de vista que la inclusión y alfabetización digital se pueden convertir en aliados para generar oportunidades y mejoras en su calidad de vida.

Dime qué planeas y te diré si tienes mi voto

Latinoamérica está experimentando un cambio político. Estos cambios a escala de jefes de Estado han sido impulsados por una suerte de cansancio generalizado de los gobiernos que los han antecedido. Los cuales no han llenado las expectativas de los ciudadanos.

Podríamos decir que en 2015 Argentina inició con este cambio político con el derechista Mauricio Macri, quien vino a sentarse en el sillón presidencial luego de años de gobierno de una debilitada dinastía kirchnerista, liderada, en su última fase, por Cristina Fernández, con una tendencia, más bien, de izquierda.

En Chile, un caso menos radical, Sebastián Piñera asumió su segundo mandato después de una sana alternancia con Michelle Bachelet, una gobernante más asociada a las políticas sociales. Piñera, un empresario con una amplia carrera política, se ubica en el espectro de las derechas.

Brasil, por otra parte, un país que por años se distinguió por su orientación a las izquierdas y una fuerte vocación social, pasó de estar gobernado por una Vilma Rousseff –que a pesar de los escándalos se mantenía en el liderazgo político–, a un Jair Bolsonaro, un exmilitar sin rasgo alguno de izquierdista. Ahora, la máxima autoridad del gigante suramericano es un personaje de ultraderecha que pasa de polémica en polémica por sus pronunciamientos sobre el matrimonio gay, los indígenas, la inmigración y otros.

En México, Andrés Manuel López Obrador, AMLO, finalmente llegó al Ejecutivo. Esto en medio de una masiva celebración entre sus adeptos, quienes ven en este recién electo gobernante un nuevo aire que, luego de años de liderazgos de derecha en un país lleno de desigualdades, pueda resolver las complejas dinámicas sociales, económicas y de seguridad que aquejan a los mexicanos.

En unas semanas, El Salvador también decidirá quién será su nuevo gobernante. Y es importante recordar que nosotros también hemos estado bajo un gobierno de izquierda durante varios períodos. ¿Seguiremos la tendencia latinoamericana de cambio?

Además de la evidente necesidad de alternancia y más allá de la tendencia de los políticos en contienda es importante reflexionar sobre sus propuestas. ¿Por qué entregar su voto a uno o a otro? Para resolver esa pregunta los planes de gobierno son clave.

A semanas de las elecciones, en internet, usted puede tener acceso a los planes que los diferentes partidos tienen para su período en el poder, si visita los siguientes links:

Puede que resulte poco atractivo sentarse a leer 4 propuestas supuestamente maravillosas que van a convertir a El Salvador en la panacea, lo sé. Lo entiendo, ¡pero es importante!

Entonces, le pido que reflexione sobre lo siguiente: si usted lee y analiza estas propuestas, va a estar tomando una decisión informada, porque merece saber qué pretenden hacer los candidatos con el país durante cinco años, más allá de lo que dice la agotadora propaganda. Porque su voto es valioso y no hay que tomárselo a la ligera, ni entregarlo porque sí, “porque siempre he votado por los mismos”, ni porque “ni modo”.

Usted es capaz de analizar estos planes de gobierno y tomar sus propias decisiones, ir más allá de lo que dice Facebook, el noticiero de la noche, sus amigos, su familia o la tradición.

Tómese el tiempo para analizar qué dice cada uno y hagamos de estas elecciones un proceso más profundo que un simple cambio de gobierno.

El país que viene: jóvenes en el extranjero

Hace algunas semanas fue el lanzamiento del segundo libro “El País Que Viene: Jóvenes en el extranjero”, editado por Diego Echegoyén y coescrito por 60 jóvenes que ahora residen fuera de El Salvador.

Tuve el honor de engrosar las listas de esta gran iniciativa con un texto en el que plasmo, de la forma más amena que pude, mi experiencia como residente en el extranjero -en Chile, para ser exacta-. Así como yo, otros 59 jóvenes de los más diversos contextos, profesiones, pasiones y países, cuentan sus historias de vida, de cómo llegaron a los lugares donde hoy residen y por qué vale la pena ser de El Salvador, aunque no vivan en sus tierras.

Tengo que admitir que, cuando fui invitada a participar en el proceso, tuve muchas dudas: ¿por qué yo?, ¿mi historia es acaso relevante para alguien?, ¿qué objetivos persigue esta publicación?, ¿quiénes más participan?, ¿para qué?, ¿debería?

Poco a poco me fui enterando de otros jóvenes cercanos a mí que también habían sido invitados a participar, lo que me fue generando confianza en el proyecto; pero, además, me enteré que una persona me había nominado. Fue ahí cuando tomé la determinación de participar. El gesto de confiar en mí, nominándome, me hizo darme cuenta de lo que genera una iniciativa como esta: promover el orgullo de ser salvadoreño.

Las 60 historias que este libro recoge hacen un maravilloso recorrido por las vidas de personas comunes y corrientes, como yo, que por alguna razón u otra, no viven en El Salvador. Las distintas visiones de cada uno enriquecen de manera excepcional lo que significa ser salvadoreño y, lo más importante, nos permiten reunirnos en torno a un tema común, que se construye a partir de la pluralidad.
Eso fue precisamente lo que ocurrió durante la presentación del libro. Fue particularmente gratificante ver a personajes y autoridades de distintos partidos políticos e instituciones coincidir y convivir en torno a un mismo objetivo. Cada uno pasó al podio a contar parte de su historia, relatándola con orgullo y pasión, recordando cómo habían llegado a estar donde ese día se encontraban. El vicepresidente relató sus jornadas en las montañas y cómo sus ideales lo habían llevado, 20 años después, hasta el Ejecutivo; a su vez, y en un contraste que me pareció maravilloso, la exministra de relaciones exteriores, María Eugenia Brizuela de Ávila, contó cómo su viaje a Europa para aprender de historia y artes no logró disuadirla de convertirse en la primer abogado mujer en su familia.

Es tan importante saber apreciar la riqueza de la diversidad y, conociéndola, respetarla. La historia de cada uno nos hace particularmente distintos, y darle la oportunidad al otro de contarnos de dónde viene nos permite ampliar nuestros puntos de vista y encontrar esos puntos de encuentro que nos permiten empujar hacia un mismo objetivo: El Salvador. Les recomiendo que, con estas palabras en mente, busquen un ejemplar de este libro inspirador, lo lean junto a un buen café y, entre esas páginas, reconozcamos la riqueza de la diversidad, representada en las historias de 60 personas que han dispuesto convertirse en pequeños muestrarios de El Salvador en muchos rincones del mundo. Pero, sobre todo, a sentirnos orgullosos de nuestras propias historias y a convertirlas siempre en puntos de encuentro, de coincidencia; porque de divisiones ya fue suficiente.