Ideas interminables de Masferrer

Continúo en mi esfuerzo por no olvidar las ideas subsistentes de Alberto Masferrer. Pese a los años que han pasado, continúa vivo en los intentos de llevar adelante el sueño que se manifiesta en hacer real un país justo, más humano, menos desigual. Quizá sin darnos cuenta esas manifestaciones parecieran cobijarse en una sola bandera que representa a El Salvador. Antes los intelectuales lo quisieron resucitar recordando su nombre y sus ideas, ahora se vitaliza en el discurso político, quizá con ánimo de cumplir lo mínimo de su planteamiento que precisamente Masferrer anhelaba como logro mínimo de redención social.

Veamos esas fuerzas por validarlo hechas por escritores y periodistas. Uno de ellos fue Ítalo López Vallecillos, quien dice del maestro: “Es el único salvadoreño de este siglo (siglo XX) que trató de desbarbarizarnos; hombre humilde, generoso, hizo su vida un apostolado de lucha diaria contra el mal poder; combatió contra todo y contra todos, seguramente porque en estos medios inhóspitos a la inteligencia, solo la voluntad al servicio de la acción y al servicio de la verdad puede crear conciencia”.

Matilde Elena López dice: “Erróneo es suponer una validez permanente del pensamiento masferreriano y otorgar categoría de verdad eterna a su criterio político porque ya es sabido que las circunstancias históricas cambian. Hay que entender a Masferrer dentro del juego de las fuerzas históricas”. Aquí la historia, como lo platea Matilde Elena, la entiendo como un presente continuo.

El periodista Rafael Antonio Tercero afirma: “Su obra más discutida no la escribió en forma de libro, la fue redactando desde el escritorio de director de un diario, entre el círculo polémico o doctrinario, entre en el ajetreo de la noticia corriente y lo sensacional del momento”. Se refiere a la labor de Masferrer en el Diario Patria.

El educador Francisco Morán dice: “Desde muy temprano Masferrer provoca discusiones, suscita odios y motiva medidas contra la propagación de sus ideas. Desde muy temprano despertó conciencia, polarizó voluntades e inspiró palabras y actos de liberación”.

Pedro Geffroy Rivas, escritor y periodista, afirma: “Masferrer fue necesariamente un hombre contradictorio, de internas pugnas agotadoras, enemigo de sí mismo, dulce y terrible, áspero y acariciador, y conmovido hasta las lágrimas por los dolores humanos, odiando a los que no sabían librarse del verdugo que cada quien lleva en su alma”.

Su secretaria privada, escritora y empresaria de libros, Ana Rosa Ocho, quien estuvo con él hasta el día de su muerte, dejó un testimonio inobjetable: “Quiso hacerlo todo desde arriba… Predicó el amor donde existía una batalla de siglos, abogó por la comprensión donde solo había obcecación y ceguera, luchó por la fraternidad entre las ovejas y los lobos”.

En su libro “La cultura por medio del libro”, Masferrer habla de hacer pequeñas bibliotecas en cada comunidad. “Esta debe ser una empresa nacional organizada por municipalidades, Gobierno, empresarios, prensa, maestros y organizaciones, y basta con 300 a 1,000 volúmenes”.

Y luego, Masferrer se pregunta qué fines tienen estas bibliotecas. Crean diversión agradable y honesta, accesible a toda la población, y contribuyen a extirpar el analfabetismo, porque si los padres leen, sus hijos leerán y escribirán, además de “crear un nivel de cultura general sin la cual las aspiraciones de libertad, democracia, orden, salud y bienestar son irrealizables”. Y evitar así “la anarquía de las ideas, tirando cada uno la sábana por su lado”. Sin esa sinergia con pacto social, “no hay nación, solamente un territorio poblado. Para Masferrer no existe nación si no hay lazos comunes y espirituales que unan para el bien común.

Los anteriores conceptos, sacados del ideario masferreriano, nos muestran su gran visión, porque lo planteó hace 101 años, como si estuviera viviendo en esta época. Ve en el libro y la lectura una solución educativa, un medio para la convivencia social porque crea una comunión mental que nos vincula y orienta. A veces es poeta cuando elogia el libro: “Qué compañía en el destierro y la prisión; qué comunión con aquellos que fueron mártires de una noble causa y que sus sacrificios repercuten en nuestro propio corazón”.

Y continúa: “Toda ciencia esta en los libros y en la vida, el que sabe leer posee el secreto de la sabiduría; los libros van de mano en mano enseñando… como la luz del sol que nos vivifica y nos llena de hermosura”. Es el motivo por el que se le llamó “romántico”, porque soñó que las personas debemos aprender de la convivencia para ser felices.

También afirma que el verdadero mal ocurre cuando nuestra fe se desvía, y “en vez de existir 10 escuelas solo existe una, donde hacen falta tres hospitales contamos solo con uno”. Y agrega: “Con esto no se ataca al Gobierno ni se pretende rechazar su colaboración, sino hacerse cargo cada uno de su deber y de sus responsabilidades”.

Y luego insiste en las bibliotecas públicas: “Si hubiera una en cada población de la república, habría derecho para grabar en la memoria de nuestro país la palabra cultura”. Y en otra ocasión se extiende en estas ideas: la tarea no debe dejarse solo al decreto de “la Asamblea Legislativa, sino que debe ser una empresa colectiva”. Responsabilidad de toda la sociedad, una empresa nacional donde participe la ciudadanía entera, todos los sectores, porque esa empresa cultural significa beneficio de la nación.

Masferrer pelea, discute, escribe sin temor sus ideas, se enferma de tristeza ante la indiferencia del poder, odia a quien no tiene conciencia y por eso cae mal. “Tuvo que huir de la jauría a finales de 1931” y murió nueve meses después de la masacre indígena de 1932.

Aprovecho para reconocer a dignos masferrerianos: Marta Elena Casaús Arzú, investigadora guatemalteca, con un libro extraordinario sobre el maestro; otra es la universidad que lleva su nombre, donde cada seis meses sus facultades dedican tres días de expresiones creativas basadas en la literatura de Alberto Masferrer. Todo nos hace pensar que sus ideas son interminables en búsqueda del bienestar nacional.