“Nos sobra clasismo”

¿Quiénes son sus maestros?

Mis grandes maestras son mi mamá y mi abuela. Ambas en diferentes contextos históricos y geográficos han sobrevivido a los estereotipos, presiones y dolores de ser mujer. Y mi papá, él me ha enseñado el arte de desafiarse a sí mismo y de superar a tus propios demonios.

¿Cómo describiría la vida de una comunicadora en San Salvador?

¡Calurosa, existencial y atareada! A veces estoy trabajando con estudiantes, otras estoy estudiando y tratando de comprender temas para explicarlos a la audiencia y luego hacer entrevistas, explicar fenómenos, reflexionar, indignarme, discutir, correr entre un lugar y otro y así el ciclo no termina.

¿Cuáles son las palabras que más usa?

Poder, estructura, nuestro, nosotros, indignante.

¿Qué aprendió de su peor fracaso?

En mis años de vida con una experiencia muy destructiva aprendí que no podía controlar o intentar cambiar a nadie más que a mí. Aprendí que el dolor se va sanando cuando le reconocés y aceptás, aprendí que un buen remedio para el dolor es servir a los demás.

¿Qué le hace falta a El Salvador?

Mejor te digo que nos sobra: nos sobra clasismo y cultura de caporales, nos sobra machismo y nos sobra mediocridad.

Si tuviera que empezar de nuevo, ¿qué carrera reconsideraría?

Pedagogía. Estudiaría para ser maestra a tiempo completo. Cada vez me he ido convenciendo más de que los cambios no son verticales, sino horizontales y en la convivencia.

¿Cuál es el rol de los periodistas en la sociedad salvadoreña?

Admiro el periodismo que profundiza y pregunta por las causas de los problemas. Solo el periodismo que cuestiona puede hacer denuncias y en El Salvador la función de denuncia es una de las más importantes que el periodismo debe asumir.