He aprendido a resolver situaciones inesperadas, poco amables e incomprendidas”

¿Qué tiene que dejar de hacer?

Desvelarme trabajando.

¿Qué es lo más difícil que le ha tocado hacer?

Enfrentar la resistencia al cambio del sistema y el abuso, tolerar la ignorancia.

¿Cuál es su meta inmediata?

Procurar la aprobación de la Ley de protección para personas con Trastorno del Espectro Autista en El Salvador.

¿Cuál es la mejor manera de celebrar la diferencia?

Con una amistad sincera, libre de prejuicios y llena de respeto a los derechos.

¿Qué debería cambiar en las instituciones para dar a las personas con trastorno del espectro autista lo justo?

La mentalidad de los líderes. Tiene que haber más personas comprometidas con el reconocimiento y la aceptación en igualdad de derechos.

¿Qué destrezas le han generado las dificultades?

He aprendido a resolver situaciones inesperadas, poco amables e incomprendidas por la mayoría de personas.

En este país, ¿cuál es la manifestación más clara de la miseria?

Es nuestra falta de conocimiento y educación. Nos hace falta madurez.

“Soy el amor de mi vida”

¿Qué espera lograr con lo que está haciendo?

Queremos llevar la segunda obra a comunidades donde no llega el teatro, iniciar el proceso de nuestra tercera obra y empezar talleres con vendedoras de mercados como nosotras.

¿Cuál es su principal motivación para alcanzar metas?

La confianza que tengo en lo que soy ahora. Vengo de una situación donde nadie daba nada por mí y yo daba nada por nadie. La confianza que tengo ahora en mi persona es la confianza que he logrado tener en los demás.

¿Cuál es su palabra favorita?

Libertad. Cuando intento recordar mi niñez esa es la única sensación que conocí. Correr bajo la lluvia y que el viento me golpeara. Hoy mi libertad ha sido el teatro porque es el que ha logrado quitarme miedos. A mis 38 años es cuando más libre y contenta estoy.

¿Cree en la mortalidad del alma?

¡A estas alturas creo hasta en la inmortalidad del cangrejo!

¿Cuál superpoder quisiera tener?

Cambiar cosas. Lo que fuera, pero cambiar.

¿Qué cambiaría de su familia?

Lo que nos han enseñado de generación en generación a las mujeres, como creer que una vale más si tiene un hombre a su lado.

¿Qué o quién es el amor de su vida?

Yo misma. Para querer a los demás primero me tengo que querer yo, así que yo soy el amor de mi vida.

“El cine es una herramienta de denuncia”

¿Qué le ha permitido hacer el cine que el periodismo le vedaba?

Creo que nada, excepto que yo puedo hacer activismo. Como la mayoría de mis documentales son de género, memoria histórica y derechos humanos; yo puedo pasar, ahora que ya no estoy trabajando en un periódico, de la realización de un documental al activismo. Eso es algo que dentro del periodismo no podía hacer y que tenía ganas de hacer.

¿Se considera una persona inteligente?

Creo que la inteligencia es la capacidad de resolver los problemas; que cuando uno esté en una encrucijada, pueda tomar una decisión. Creo que tengo esa capacidad.

¿Quiénes son sus cineastas favoritos?

Chantal Akerman, Agnès Varda, Emir Kusturica, Jean-Luc Godard, Frederick Wiseman, Nicolas Philibert, Jim Jarmusch, Patricio Guzmán, Pino Solanas y, mi favorito por sobre todos, Eduardo Coutinho. Mi otro favorito, aunque en ficción, es Guy Maddin.

¿Cuáles temas tocaría en su cine si no viviera en El Salvador?

Ninguno, porque desde que me gradué de San Antonio de los Baños, decidí que quería contar las historias de la región centroamericana, de Latinoamérica, de México. A eso me quiero dedicar. Son las historias que necesito contar. He tenido oportunidades de poder contar en otros lados, pero he decidido quedarme aquí.

Para usted, ¿qué es el cine?

Es una herramienta de denuncia. Es lo que más me gusta hacer en la vida junto a ser madre.

¿Cuál es la tarea más aburrida que ha tenido que hacer?

Ir al colegio. Era, para mí, una tarea muy aburrida.

¿Qué le gustaría que dijera su epitafio?

No me gustaría tener un epitafio, no creo que pueda resumir mi vida en una frase.