Carta Editorial

Al margen de las historias y los argumentos que haya detrás, en este país hay niños que reciben de los progenitores que no están con ellos una cuota de $0.22 por tiempo de comida. Y esto dice mucho de cómo se concibe la red de responsabilidades que giran en torno de la manutención de los hijos.

Cuando una de las partes involucradas en otorgar lo necesario a una persona aporta tan poco con respecto a lo que se necesita, ¿quién debe complementar? ¿Quién debe rebuscarse para que el hambre no gane? ¿Quién tiene que esforzarse más que el otro y por qué esta persona no puede, como la otra, declararse incapaz de hacerlo?

Las cifras de la Procuraduría General de la República son contundentes en cuando a la participación de las mujeres como demandantes. Quiere decir que si lo máximo que el progenitor puede aportar siempre resulta insuficiente para cubrir los gastos indispensables, ellas tienen que resolver la situación, como sea.

Esta urgencia por satisfacer las necesidades básicas deriva un menor acceso a actividades de formación, porque el tiempo se ocupa en hacer dinero suficiente para comer, curar, tener un techo y vestir.

El sistema fomenta desigualdad. Mantiene la idea de que quien se queda con los hijos es quien tiene que ver cómo hace. Permite que haya personas que pueden reducir su participación en la crianza a una suma de dinero que, además, no siempre llega puntual porque, como apunta el reportaje de la periodista Valeria Guzmán, la mora de las cuotas alimenticias alcanza una cifra millonaria.

Los grandes temas a discutir siguen siendo la educación y la responsabilidad. Hacer frente a la crianza tiene que implicar la repartición equitativa de sacrificios para poder encaminar esta sociedad hacia algo que sea más justo.

Carta Editorial

La situación en la que se encuentra el Zoológico Nacional es una expresión más de la falta de atención a la cultura y a la educación. El estado en el que funciona la institución no es producto de una sola administración, es el resultado de algo más grave que va a seguir coartando las oportunidades de la población.

Sin un plan de acción a largo plazo que vaya por encima de caprichos políticos, las misiones con las que nace un zoológico aquí y en cualquier parte del mundo van a seguir siendo inalcanzables para este país. No se trata solo de la exhibición con fines educativos, implica también la conservación de especies y la participación en la recuperación de animales que han sido rescatados de ambientes inapropiados.

El texto con el que se abre esta edición es un recorrido por esos rincones difíciles de creer, ahí en donde el remiendo temporal en uno de los recintos del aviario acaba por durar más de un lustro, y sigue. Este país es mucho de darle valor a todo eso que se hace a la brava, en medio de miserias. Es aficionado a los golpes de suerte, a las misiones imposibles que llegan a cumplirse de puro rebote. Y este es un anhelo que hace daño, hace creer que todos tienen que resolver sin haberles dotado de lo mínimo necesario, solo porque si lo logran, habrán demostrado valor, o algo parecido.

Por tradición se le resta mérito a la planificación. Cuando algo falla, no se busca en el pasado para ubicar el momento en que se tomó una mala decisión y así evitar que se repita. Lo que se hace es crucificar al de turno, a ese al que le reventó la papa caliente. Con un ejercicio que solo aporta resultados inmediatos se cortan cabezas y se exigen cierres, pero no se llega a soluciones integrales. Se avanza sin un mapa, sin el amparo y el conocimiento que otorga la experiencia bien asimilada y, un par de giros más tarde, la historia se repite.
El zoológico es un órgano más que expone los síntomas de una enfermedad a la que todavía no se ataca de manera inteligente. El costo de no cambiar el curso se va a seguir pagando en vidas.

Carta Editorial

La forma en la que quedó registrada la masacre cometida en enero de 1932 en varios municipios de la zona occidental del país no solo retrata los múltiples intentos de censura. También saca a la luz a quienes con acciones individuales, pero decididas y llenas de valentía, hicieron lo que pudieron por sacar a las víctimas de la ingratitud de anonimato y, así, dejar constancia de la brutalidad y de la sangre derramada.

Con la anécdota de una de estas personas –una mujer que perdió a tres familiares en la jornada de violencia– arranca el reportaje con que abrimos esta edición. El texto de la periodista Valeria Guzmán es un hilo que une pasado y presente desde la historia escrita en libros de actas y revela la ingratitud de un país hacia los archivos.

Así como es significativa la valentía de una mujer que se acercó a la alcaldía a realizar un trámite en plena persecución de cualquier persona que se identificara como indígena; también lo es la insistencia de un hombre que, en la actualidad, lucha por conservar en las mejores condiciones posibles esos documentos que han sido tan poco apreciados. Desde sus trincheras, ambos van en contra de una sociedad que desde siempre ha preferido pasar la página.

En el estado en el que se encuentran los papeles que retratan lo que sucedió en la zona hace 85 años lo que hay es un enorme desprecio por la historia y por la vida. La historia que no solo pertenece a un sector de la población, sino que a todos. Y las vidas de una cantidad todavía no determinada de personas a quienes se les negó el derecho a transcender.

Los esfuerzos de aquella mujer en 1932 y de un hombre que en estos tiempos trabaja para que el libro de actas de defunción no ceda ante el deterioro nos permiten saber el nombre y el apellido de tres de las víctimas de esa represión. El país necesita hacer un ejercicio de empatía y de reconocimiento de sus heridas. Necesita confrontar y ponerle nombre y apellido a los recovecos más dolorosos de su historia.

Carta Editorial

Gregorio Rosa Chávez es un hombre que desde la Iglesia a la que representa ha visto en la labor educativa una manera de edificar comunidades. Así se refleja en el perfil que forma parte de esta edición.

El periodista Moisés Alvarado reúne una serie de escenas que se escapan del protocolo con el que por lo general se maneja una persona en su cargo. En estos retazos de la vida de Rosa Chávez hay risas, preocupaciones, alegrías, nerviosismo; en fin, espontaneidad.

Uno de sus legados más valiosos es el que ha dejado en el Complejo Educativo San Francisco. Y es de este lugar de donde se arranca la parte más sensible de su influencia. Los alumnos ven en él a alguien que ha ayudado a hacer de su proceso educativo algo más integral.

Bajo su cargo, como reseña el personal de la institución, el complejo ha crecido en infraestructura y también en la calidad de la enseñanza que se imparte. Una muestra más de que el camino más efectivo para la transformación de un país es este en el que se enseña a las nuevas generaciones a elevar cada vez más lejos sus ambiciones.

Monseñor Rosa Chávez, obispo auxiliar de San Salvador, viajará a Roma el 28 de junio para ser nombrado cardenal, el primer cardenal del país.

En sus primeras reacciones no ha dejado de nombrar a Monseñor Óscar Arnulfo Romero y al sacerdote Rutilio Grande, ambos asesinados en un intento por callar las injusticias de las que ellos hablaban y que siguen vigentes en muchos sentidos. Rosa Chávez evoca sus figuras y sus palabras, una semilla con un efecto transformador en esta sociedad tan sedienta de modelos.

Carta Editorial

El reportaje que abre esta edición describe la manera en la que un grupo de personas se apoya para ejecutar un cambio en su vida: buscan dejar de fumar.

El texto de la periodista Valeria Guzmán es una mirada a ese mundo de luchas diarias por dar una respuesta consciente a una necesidad creada. Esa respuesta es “no”: “No fume”,”no compre cigarros”, “no recaiga”, “no se aísle”, “no desista”, “no está solo”.

Salvar la distancia entre el querer dejar el cigarro y hacerlo está llena de obstáculos. Muchos pasan por resolver en el camino problemas emocionales. En este país en donde se hace muy poco por ver hacia adentro y por reparar las heridas que están ahí, que haya una clínica en donde las personas hablan de las dificultades y celebran sus triunfos en conjunto es tan inusual como esperanzador. Es un acierto que va más allá del cigarro.

Algunos de los usuarios de esta clínica empezaron a fumar cuando eran niños o adolescentes. Después de encender cigarros durante la mayor parte de su vida, llegan a la clínica a empezar a entender cómo y por qué este vicio acabó siendo algo de lo que les cuesta tanto desprenderse. Este ejercicio es clave para hallar las vulnerabilidades; unas que se repiten generación tras generación.

“Mi problema son las emociones”, confiesa un usuario de esta clínica. Lo confiesa ante un grupo que lo apoya y que se identifica con lo que dice ¿Cuánto dolor se podría acortar si el sistema enfocara más recursos en prevenir, en atacar no solo el consumo, sino que las razones que llevan a una persona a consumir sin control? Esta clínica no solo ayuda a quienes sesión tras sesión cuentan días sin fumar. También hace aportes en esa investigación acerca de cuáles son las rendijas a través de las cuáles los vicios se instalan.

Carta Editorial

Tenemos un país que no está escrito. Es difícil que se construya una identidad fuerte y una memoria histórica sana si no se promueve que a este país, a este todavía intento que siempre insistimos en llamar país, se le retrate más desde las letras. Todo punto de vista es válido porque de lo que se trata es de plasmar la diversidad sin contaminarla con la polarización que está presente en casi todos los sentidos. Las letras dan a los pueblos la capacidad de acercarse a posturas distintas a la propia sin calores, pero con intensidad y emotividad. La edición de hoy abre con una entrevista de la periodista Valeria Guzmán al escritor Miguel Huezo Mixco en el marco del lanzamiento de su segunda novela, “La casa de Moravia”.

Además de una motivación literaria, el texto explora el proceso tan natural y muy humano de cambiar. Se cambia con las circunstancias, con el entorno, con las personas que nos rodean, con el paisaje que vemos desde la ventana (cuando tenemos una ventana). Se cambia con la luz y los sonidos. Es imposible que una persona se mantenga siendo la misma siempre. Nadie puede sostener posturas rígidas porque eso no da lugar a la posibilidad de ser mejor persona. Y esto es lo que nos ha venido haciendo tanta falta como sociedad. No hemos naturalizado el cambio constante. Solo nos definimos en función de ese a quien creemos opuesto, pero no lo consideramos igual, sino que inferior.

Esta entrevista dirige la atención a las distintas versiones de una persona. Miguel Huezo Mixco hace un recorrido no solo temporal, también lo hace en lo personal. El resultado es sensible, emotivo y en muchos puntos, académico. Un ejercicio indispensable en lo individual y en lo colectivo. A El Salvador falta escribirlo más.

Carta Editorial

Esta edición cierra el especial sobre mujeres que hemos mantenido a lo largo de los cuatro domingos de marzo. Este ha sido un repaso por situaciones complejas que tienen que ver, sobre todo, con acceso a la salud, a la educación y a la justicia.

Ser mujer implica riesgos en un Estado que no termina de definir medidas que abonen a la equidad de género. Así, El Salvador es uno de los países en donde es posible que una niña menor de 15 años formalice una unión con el adulto que, en términos definidos en el Código Penal, ha abusado de ella. Son niñas que se enamoran y llegan a acompañarse o a casarse con sus violadores en un entorno que, la mayoría de veces, está marcado por carencias de todo tipo.

Si aquí la institucionalidad funcionara, si se respetaran los derechos de las niñas y si se les dieran suficientes oportunidades de desarrollo, entonces sería mucho más sencillo entrar a analizar la situación. Pero las relaciones de las menores de edad con adultos esconden una gran cantidad de fracasos, en esto de garantizar que las necesidades básicas de los ciudadanos estén satisfechas.

La primera que sale mal parada es la educación. Cuando una niña no conoce sus derechos y tampoco sabe cómo funciona su cuerpo se convierte en una fácil presa de depredadores que han sido criados en un sistema que, además, les hace creer que tienen ventaja sobre los cuerpos femeninos, que les hace sentir que pueden tomarlos a como dé lugar y en el momento en el que se les antoje. Cuando las familias no tienen acceso a servicios de salud, a vivienda digna, a oportunidades de obtener ingresos tampoco pueden cumplir sus papel como protectoras. Las niñas a las que las circunstancias llevan a la unión o a la maternidad temprana son víctimas en muchas escalas y se convierten, dadas todas las dificultades que enfrentan, en parte de un círculo de pobreza y subdesarrollo. Parar las acciones que perpetúan esto es urgente.

Carta Editorial

La tercera entrega del especial sobre el mes de la mujer está dedicada a ver hacia adentro. Los trastornos de salud mental que afectan más a la población femenina son la base sobre la cual se crecen otros problemas sociales. Una atención adecuada puede marcar una diferencia trascendental en la vida no solo de la mujer enferma, sino de todos los que la rodean.

La salud en el país está, sin embargo, enfocada en lo físico, en lo biológico. Y, dentro de esta categoría, solo en lo curativo y no en lo preventivo. La salvadoreña es una sociedad atípica que se mueve por igual como víctima y victimaria de una violencia que no conoce límites. Venir de una guerra para vivir en otra y no tener certeza alguna de que los procesos y las instituciones funcionen como deberían funcionar a causa de una corrupción naturalizada colocan a la población en una situación de vulnerabilidad. Pero hasta el momento, lo que ha mandado ha sido el silencio y la ignorancia en casi todo lo que concierne a salud mental.

Cálculos de instituciones como la Organización Panamericana de la Salud indican que la cantidad de mujeres afectadas por trastornos mentales duplica a la de hombres. Esto sin tomar en cuenta otros factores particulares del país que acaban reduciendo más las oportunidades para la población femenina, como la discriminación, la brecha salarial y la falta de acceso a educación y justicia.

La publicación que abre esta edición es un recorrido desde las primeras señales de alarma hasta las peores consecuencias. Un trastorno mental no se cura de la noche a la mañana. Requiere atención especializada y recursos suficientes para poder restaurar equilibrios neuroquímicos. Para romper el largo silencio que ha sido la norma en estos casos es indispensable la educación tanto para identificar los síntomas como para establecer la tan necesaria, y hasta el momento tan ausente, empatía.

Carta Editorial

Esta es la segunda edición de las cuatro que forman parte del especial sobre el mes de la mujer. Esta vez, apuntamos hacia las violencias; tanto las físicas como las que implican el abandono, la desprotección y el incumplimiento del derecho como el de la salud.

Como una excepción, hemos dividido el tema principal en dos textos. La decisión está basada en la valía de cada uno.

En la primera nota reunimos los datos que, entre otras informaciones, confirman que el 75 % de las agresiones sexuales se han cometido en casa de la víctima, en ese sitio que debería significar resguardo. La periodista Valeria Guzmán ha recopilado un panorama muy completo acerca de cómo un aparato institucional en el que el auxilio a la víctima debería fluir sin obstáculos, en realidad se retuerce y acaba perjudicándo más y de múltiples maneras a quien en principio debía proteger.

La segunda parte es un relato desgarrador de los que, tristemente, hay muchos en el país. Leer la experiencia de Victoria -incluso desde la distancia que dan el tiempo, el medio y las diferencias sociales- es un puñetazo que deja revueltas las rabias y las vunerabilidades. En el país que hemos construido, le puede pasar a cualquiera en cualquier momento.

Desde México, Valeria Durán escribe sobre el deficiente registro y las incompletas investigaciones que giran en torno a los feminicidios. A este delito lo cubre el subregistro y una gruesa capa de impunidad que desalienta y complica cualquier reclamo de justicia.

Pese a los avances, los temas de mujer todavía obligan este tipo de reflexiones de las que es imposible extirpar la violencia, la injusticia, la impunidad.

Carta Editorial

El reportaje con el que se abre esta edición es el primero de una serie de cuatro que se publicarán en marzo, el mes de la mujer.

Este especial busca enfrentar los datos con las situaciones que rodean a las mujeres en el país. Hemos puesto más atención a las vulnerables, a las que representan a esos sectores de la población que, en la mayoría de casos, solo se ve o escucha de manera superficial en la nota roja o en los informes gubernamentales.

Nos hemos ido al inicio. La idea que se desarrolla en el reportaje de la periodista Valeria Guzmán es la de cómo es dar vida en un país que mantiene altas tasas de fecundidad y de muerte violenta. Este es un país hundido en las contradicciones, la desigualdad y el desprecio por las acciones que sí llevan a los cambios sustanciales, pero poco a poco.

Hoy mueren menos mujeres que antes por problemas gestacionales; sin embargo, las que mueren lo hacen por causas que son prevenibles y esto es lo que convierte el fallecimiento de una embarazada en violencia, de acuerdo con instancias internacionales. Hacer que el embarazo deje de ser un riesgo no pasa solo por la apertura de albergues. Que una mujer en gestación fallezca representa el fracaso tanto de políticas sanitarias como educativas. Para que la reducción de la tasa se mantenga, deben presentarse medidas integrales.