Álbum de libélulas (178)

1458. JUEGO DE IDENTIDADES

Tenía toda la pinta de ser uno de esos varones dominantes que no admiten opinión alternativa de ninguna índole. Los gruñidos eran su signo de presentación, y desde el colegio le pusieron un mote característico: lobo feroz. Y para más coincidencia su apellido era Lobo. En la adolescencia, la gesticulación arrogante se acentuó aún más por obra y gracia del urgente brote hormonal. Los compañeros lo observaban con cautela y las compañeras lo veían de reojo. Y eso fue así hasta que llegó al primer curso universitario. Ahí estaba aquella nueva alumna llamada Cristal, que desde que lo vio le echó el ojo sin disimulo. Él se sorprendió, y ella tomó al lobo por las orejas: “Lobito, yo soy Cristal, pero de roca. Y te informo que en el kindergarten me llamaban Caperucita Roja. ¿Qué te parece, camarada? ¿Te animás al juego?”

1459. TÁCTICA DE CONTROL

El presidente de la empresa reunió aquella mañana a su consejo directivo, aunque la reunión no estaba programada de antemano. Ni siquiera había agenda disponible. Cuando todos estuvieron instalados en el salón cuyos ventanales daban hacia una lejanía boscosa, el conductor hizo gesto de bienvenida que tenía un inesperado toque de emoción. “Los he convocado para darles a conocer una decisión irreversible, que no puede esperar más”. Se quedó unos segundos en silencio, como si buscara encender la expectativa. Las expresiones de los asistentes parecieron hacerle gracia al que hablaba. “A ver: ¿quisieran adivinar de qué se trata?” Todos se miraron con desconcierto. El silencio hizo que él tomara impulso. “Si no se atreven, tampoco yo me atreveré a expresar mi decisión. Se irá conociendo en el día a día”. Entonces se levantaron todas las manos.

1460. EL PETATE DEL MUERTO

A raíz de que ella escogió como compañero a aquel músico que andaba por las calles recogiendo monedas de los transeúntes a cambio de unos rasgueos de guitarra realmente hábiles y de una voz encariñada con el falsete, la familia la puso entre la espada y la pared: “O ese bueno para nada o nosotros, tu familia segura”. Y el más belicoso era el hermano mayor, que trabajaba como contador en una empresa y siempre había sido la voz cantante en el ámbito familiar, del cual no se había desprendido para hacer vida propia. Él la amenazaba ya con visos de violencia si seguía con el “musicucho”. Ella estaba cada vez más temerosa y angustiada, y su marinovio trataba de convencerla de que se fuera de una vez con él. Esa tarde, entre abrazos húmedos, le dijo: “Mi amor, no te dejés vencer por el petate del muerto, cuando tenés el colchón del vivo a tu disposición”.

1461. ENTRE MENSAJES

Llegó de hacer su entrenamiento diario como todos los días: con la ropa empapada en sudor y con ganas de recostarse a ver sus programas favoritos en la tele, de esos románticos al tope. Esta vez, sin embargo, le esperaba una sorpresa desconcertante: ahí estaba Felicia, a quien no veía desde hacía años. Ella lo abrazó, sin importarle la humedad que él transmitía. “¿Cómo es que estás aquí? Yo te hacía en New Jersey, trabajando en lo tuyo”. Ella hizo un gesto casi lloroso: “Me deportaron. Con ese señor que ha llegado nadie está a salvo. Y lo primero que he hecho es venir a verte”. Él pensó: “¿A mí por qué?” Habían sido amigos de colegio, nada más. Ella entonces le tomó la mano y lo llevó a un aparte. “Unos días antes de que me agarraran soñé contigo. ¿Y sabés qué me decías?: Nos vamos a ver pronto, aunque tengás que sufrir un poquito”. Y aquí estoy, haciéndote caso”. Ni en la Tele pasan esas cosas.

1462. ESCAPAR DEL POZO

La mara tenía desde hacía tiempos el control de la colonia, y para todo había que contar con su permiso. Aunque los pobladores se habían ido acomodando a aquella sumisión pesarosa, por momentos los impulsos de rebelión eran inevitables, aunque nunca pasaban a los hechos, porque lo que estaba en juego era la vida misma. Para aquel muchacho dispuesto a ser alguien en el futuro, tal situación era un lazo al cuello. Estudiaba en un instituto público, y estaba a punto de bachillerarse. Una noche, sentó a sus padres –jornaleros disciplinados– y les dijo: “Vámonos de aquí, porque esto ya no se aguanta”. “¿Y a dónde nos vamos a ir, hijito?”, casi gimió la madre que lavaba ajeno. “A cualquier parte que no sea un pozo sin fondo como éste. ¿Qué les parece alguna playa donde lleguen los surfistas? Después de esta cárcel de la mara, la libertad del mar, ¡ajúa!”

1463. HASTA PRONTO, ESPESURA

Dicen que todos los caminos llevan a Roma; y el soñador nostálgico había hecho suya tal expresión con un pequeño cambio: todos los caminos llevan a la espesura del bosque. Atado visceralmente a aquel sentimiento, nunca había podido alejarse de su lugar de origen, que era una aldea entre montañas de antigua vegetación tupida. Aunque en ese lugar sólo había tenido acceso a la educación más elemental, las fuerzas interiores le hacían anhelar conocimientos desconocidos. Se dedicaba a la agricultura de siempre, pero algo le decía que había otros cultivos posibles. Y ese impulso, cada vez más intenso, lo movió hacia otras lejanías. Aquella mañana, al partir, se detuvo ante la boscosidad del entorno y le hizo saber: “Me alejo de ti, pero sé que nos vamos a encontrar donde voy a estar, de cualquier manera. Por eso sólo te digo: hasta pronto, hasta muy pronto”.

1464. PROPOSICIÓN IRRESISTIBLE

Mariluz tiene los días contados, pero no contados para morirse, sino contados para pasar aquí mismo a una vida de verdadera plenitud. Ha sido siempre una mujer encargada de su propia suerte, y por eso viene sintiendo que la suerte nunca le ha respondido como corresponde. En su vida personal y en su trabajo las cosas han ido saliendo simplemente okey, y por eso le pide constantemente a la Providencia que le permita un giro de calidad que aunque no sea de 180 grados al menos se acerque a eso. Entonces Alex, un amigo recién llegado casi de la nada, le hace una propuesta no prevista: “¿Qué te parece si nos vamos a vivir juntos en un valle sin límites? No te estoy haciendo una proposición sexual, aunque al final nunca se sabe. Allí podríamos dedicarnos a las artesanías espirituales… ¡María, dame tu luz!” La suerte ha hablado por fin.

1465. ESA PLAYA ESCONDIDA

Londonderry, en el norte de Irlanda, es un muestrario de serenidad. Por eso ha sido una especie de trampa virtuosa para el trotamundos acostumbrado a cambiar de climas. Llegó ahí en un pequeño barco turístico y no embarcó de nuevo, con el aviso correspondiente. Como estaba solo en el mundo, no había a quién darle parte de su decisión. Ahora sería un fantasma migratorio que se instalaría donde le viniera en gana. Se fue a un prado junto a la playa del río Foyle, rodeado de árboles frondosos, en el que ambulaban vacas lecheras. Sitio perfecto para pernoctar en paz.

Álbum de libélulas (175)

1426. PARÁBOLA DEL ECO

Vadim Azarkh, el animoso pianista y cantante ruso, ponía la música de fondo en el ambiente de La Promenade, al centro del Hotel Dorchester, ese clásico de la zona de Mayfair en Londres. Alrededor, los visitantes, distribuidos en mesas entre grandes ramos de flores ubicados en pedestales departían en sus pequeños núcleos. Todos comían “tea sandwiches”, y nadie le ponía atención a las melodías del ejecutante cantor, hasta que comenzó aquella canción de siempre: “What a Wonderful World”. Los presentes suspendieron sus respectivos coloquios, y poco a poco, movidos por un imán insospechado, fueron volviendo los rostros hacia aquel rincón en el que una figura corpulenta era dueña de la voz. Hasta que una bien arreglada dama, fresca y antigua al mismo tiempo, dijo en voz alta: “Es él Louis Armstrong lo conozco de toda la vida… soy su memoria cantante…”

1427. TESTIMONIO FAMILIAR

Los paisajes tienen alma. Lo supe desde siempre, sin tener conciencia de ello. Luego esa naciente conciencia comenzó a dibujarme líneas y manchas de colores en su pizarra de papel de China. Pero el alma de los paisajes parece enamorada de las distancias, porque cuando uno los encuentra en el camino salen a recibirlo con efusión variable pero evidente, y a veces hasta con los ojos húmedos. Pero nunca como aquella vez en mi ruta hacia la cumbre de la colina donde había un castillo abandonado, que me ganó la voluntad desde que lo vi en el mapa de los lugares turísticos de la zona. En ese mismo instante sentí que aquel castillo era el lugar ideal para alojarme, y al solo pensarlo todas las formas naturales del entorno extendieron sus alas y sus manos hacia mí. El alma del paisaje se me abrazaba temblando de emoción.

1428. ADIÓS, MISTERIO

En aquella cuadra los vecinos parecían un muestrario de la diversidad humana, y eso que no era un vecindario que se caracterizara por ningún tipo de sofisticación. Por el contrario, todas las vidas presentes transcurrían en el anonimato perfecto. ¿Dónde estaba entonces el muestrario? Él, un soñador retirado luego de sufrir muchos deslaves económicos, era de seguro el más indicado para tratar de descifrar el enigma. Fue donde su amiga Florence, tiradora de cartas profesional. Él la llamaba Flor. “Flor, este día vengo a descubrir en qué mundo vivo”. Flor aspiró a fondo para que palpitaran todos sus pétalos. Luego de un largo silencio, las palabras fluyeron: “Vives en el mundo real, que siempre es una dualidad que abarca lo externo y lo interno. Externamente eres una especie de extraterrestre; internamente eres un vecino cualquiera…”

1429. DESVELO CON GAVIOTAS

El mar estaba ahí a disposición de todos los sentidos. Aparte de palparlo con solo acercar las manos a su liquidez espumosa se le podía oler como si fuera un infinito frasco de sustancias inmemoriales, observar en la intimidad de los espacios sin fin, degustar en la interminable variedad de sus ofertas comestibles y oír mientras ensaya mañana, tarde y noche sus ejercicios de inspiración musical. Y fue aquella plenitud de acercamientos vivos lo que hizo que el monje autoexiliado de su monasterio se sintiera en perfecta comunión vital y espiritual con el océano a cuya orilla había llegado a refugiarse para siempre. Ahora, ya con la vida corporal a punto de quedar en el camino como un equipaje olvidado, se dijo a sí mismo: “Después de tanto querer dormir en sitio protegido, me dispongo a iniciar mi desvelo con gaviotas a cielo abierto”.

1430. RITUAL DE EXPERTO

Masticaba constantemente un chicle como si con aquel gesto mecánico quisiera significar que todo lo que estaba a su disposición era triturable a voluntad. Así se había comportado siempre, desde niño, porque sus padres no tuvieron el cuidado básico de enseñarle que hay límites y reglas que respetar para que la vida no se exponga al caos. Él, sin dejar su juego de mandíbulas, estaba aquella mañana oyendo la conferencia del experto en salud emocional, a la que había acudido sin ningún propósito. En algún instante, el expositor lanzó una de sus frases incisivas: “Y ahí tenemos a alguien que sufre del síndrome del tiburón: morder, hasta deshacerlo, todo lo que halla a su alcance…” Él se sintió aludido, y se levantó. El conferenciante, sonriente, le hizo un gesto de saludo: “Amigo, vuelva por favor a su sitio, que los tiburones también pueden ser sociables…”.

1431. CRISTALES PRÓFUGOS

Se habían conocido en un café de la calle Grove, en Falmouth, serenísima ciudad en el extremo sur de Inglaterra, junto al mar. Tiempo nuboso, como era lo más normal. Habían llegado a aquel lugar casi sin proponérselo: él en una excursión de turistas mochileros; ella en un crucero masivo. Era la calle principal, poblada de comercios, pero con la tranquilidad propia del ambiente. Ellos, por contraste, provenían de aquel espacio convulso en el que aun salir a la calle era exponer la vida. Se vieron, y la conexión fue instantánea. Misterios de la suerte: venían de la misma ciudad en ultramar, y casi de la misma calle. Él dijo, sacudiendo la larga cabellera: “El destino manda”. Ella respondió, con el brillo del trópico en los ojos: “Y sus palabras hacen nudos”. ¿Entonces era una invitación del destino a quedarse ahí? ¡Sí, aquí, en el centro de las respiraciones confundidas!

1432. FELICIDAD A LA MANO

Se llevó a los labios la copa de Dom Pérignon, y fue saboreando su contenido como si fuera lo que es: un fluido incomparable. Afuera, el viento cálido hacía de las suyas entre el ramaje que rodeaba las construcciones del lugar. Se hallaba, a todas luces, en un resort de lujo, pero para él el lujo era una sensación de plenitud que podía producirse en cualquier parte. Sorbió otro trago de champán y salió a caminar por el entorno. Afuera, el aire lo recibió como a un amigo de siempre, dándole tenues palmadas en los hombros. Él correspondió con una aspiración profunda, que le llenó los pulmones de energía cósmica. Se sentó en una banca del parque inmediato y se puso a pensar. Estaba solo en el mundo, pero acompañado en el pequeño espacio cotidiano. Y entonces dio otro sorbo, pero del Dom Pérignon de la luz.

1433. PRIMER AMOR

Caminaba a pie desnudo por la veredita de polvo que iba circulando entre el cerro más cercano, y como era la primera vez que lo hacía ya en su condición de adulto sentía que aquel contacto era un reencuentro que podía llevarlo hacia lo desconocido secretamente conocido. Así llegó al mirador natural que daba hacia el valle inmediato. Sí, aquella era la casita que fue su santuario inicial, porque allí vivía ella, la niña de largas trenzas que le encendió por primera vez la llamita del anhelo. No volvió a verla, pero jamás dejó de soñarla. Se llamaba Ilusión.

Álbum de libélulas (174)

1418. ILUSIÓN CUMPLIDA

Los compañeros de siempre hacían todos los sábados tertulia vespertina, que se extendía casi siempre hasta altas horas de la noche, ya con los primeros anuncios de la aurora. Y las casas del encuentro se iban turnando religiosamente. Aquel sábado le tocaba al más taciturno del grupo, ese que en los pasillos del colegio se movía como un duende y que en las calles interiores de la universidad pareció andar con un libro abierto entre las manos, como si circulara por una biblioteca infinita. Fueron llegando todos al ático donde vivía el aludido. Muchas veces habían estado ahí, pero aquel sábado se toparon al llegar al final de la larga escalera empinada con un lugar desconocido: del abandono polvoriento al orden exquisito. El taciturno, ahora sonriente, les hizo saber de inmediato: “Encontré a la mujer de mis sueños. El único problema es que sigue siendo invisible…”

1419. SIN TEMOR AL MISTERIO

Ahora hay en los diversos espacios de la internet infinidad de ofertas de servicios psíquicos. Ella escogió uno al azar. Cuando se puso en contacto, lo que le salió fue una voz masculina grabada. “Hábleme por la noche, porque durante el día me dedico a labores de servicio público”. Aunque la explicación no le daba buena espina, la curiosidad pudo más, y entrado el horario nocturno hizo la llamada correspondiente. Ya en directo, la voz era mucho más comunicante, aunque sonaba como la de una persona muy mayor. Concertaron la cita para iniciar el trabajo. Llegó ella a la dirección indicada. Sorprendentemente era un pequeño parque, de los de antaño. El psíquico estaba sentado en una banca, debajo de un heliotropo en flor, y parecía un adolescente. “Te esperaba —le dijo, incorporándose—: eres la reencarnación de mi primera pareja. ¡Bienvenida a tu mundo de siempre!”

1420. COMPORTAMIENTO TÍPICO

Se resistió al despojo al que un joven de aspecto normal lo conminaba en una de las esquinas del complejo habitacional, y entonces el asaltante le apuntó a la cabeza y disparó. Pero la bala no salió de la recámara, y lo que la víctima frustrada pareció recibir fue una vibrante descarga de energía. Se abalanzó sobre el asaltante, lo redujo contra el suelo encementado y le golpeó varias veces la cabeza hasta dejarlo exánime. Cuando lo vio convertido en un cuerpo sin vida le entró la sensación aterradora de lo inhumano, y de inmediato llamó al 911 para que acudieran en auxilio. Una patrulla se hizo presente, con sus aullidos convencionales. Al asaltado se lo llevaron al interrogatorio policial y al asaltante lo condujeron hacia la unidad de salud más cercana. ¿Qué resultó de todo aquello? La moraleja de siempre: el bien se pone a prueba y el mal recibe cuidados…

1421. COMPARTIR HABITACIÓN

Cuando cruzó la puerta de la habitación que estaba frente al jardín tropical cundido de verdes, tuvo un golpe emocional que estaba por encima de sus propios recuerdos. Era la suite designada, que él no había escogido porque no sabía que existiera, pero que estaba ahí, invitándolo a pasar, con una sonrisa que de seguro era la de ella. ¡Dios mío, un milagro insospechado! El ambiente clásico tenía aureola intemporal. Colgó sus trajes y ubicó sus otras prendas en el ropero de tres cuerpos que estaba en la pared central del dormitorio. Y entonces se dio cuenta de que un trío de retratos colgados daban fe de que aquella presencia había ocupado ese mismo lugar. Se le planteó de inmediato un dilema: ¿“Mogambo” o “La condesa descalza”? No tuvo que pensarlo mucho: “La condesa descalza”. Sí, porque aquella era la suite Ava Gardner, y el sitio era el Hotel Raffles, de Singapur…

1422. CUALQUIER PARECIDO…

Toda la parentela estaba reunida en uno de los salones de espera de la clínica de maternidad donde el acontecimiento se anunciaba inminente. Un nacimiento, desde luego, y del primogénito de la pareja de jovencitos anhelantes que se habían conocido en el salón de prácticas supraconscientes de la universidad en la que estudiaban. Llegó la hora. Por decisión de los futuros padres, nadie que no fuera el personal médico estaría presente en el momento del parto. Era pasada la medianoche, y un silencio profundo imperaba en el lugar. Pero se oían ruidos que daban la impresión de que una campiña remota se hallaba alrededor. De repente, un llanto de recién nacido. Un llanto que parecía cántico. Todos corrieron a la sala de partos. Y uno de los guardianes se acercó al agente de seguridad de turno: “Señor, ¿qué hacemos con una mula y un buey que están a la puerta queriendo entrar?”

1423. PARÁBOLA DEL REENCUENTRO

Dicen que las ciudades tienen alma, y es que en verdad todo lo existente la tiene. Escribo entonces en mi cuaderno, el cuaderno íntimo, donde se pone lo que tiene que nacer de la punta del lápiz y no del toque de la tecla: “¿Qué alma me espera en el curso de los próximos minutos”? Y no he acabado de escribirlo cuando el toque de unos nudillos muy finos se me hace sensible desde la puertecita de mi habitación de ermitaño que, sin embargo, nunca deja de pensar en horizontes. Me quedo expectante. La variedad de presencias posibles está abierta. Desde un merodeador asaltante hasta un hada desvelada. Los nudillos vuelven a desafiar mi voluntad. ¿Y si fuera un alma en persona? La pregunta me mueve hacia la puerta. Retiro sigilosamente el pasador oxidado. La puerta se abre. Nadie. Solo una sospecha: es mi propia alma regresando al nido original.

1424. MITOLOGÍA DE PUNTA

El jardín se ha ido volviendo cada vez más silvestre, a pesar de que los cuidados jardineriles son de última generación. Y lo que ocurre por las noches es un acontecimiento completamente original, aunque haya imágenes históricas en el trasfondo. Cuando todos los visitantes, cuidadores y guardianes se retiran al descanso natural, el jardín asume su condición también natural de domicilio de ese personaje que se desplaza por las acequias como Pedro por su casa. Es un paseo que, de haber sido accesible a un fotógrafo de lo extravagante, se habría convertido de inmediato en material viral en las redes sociales. Sí, el personaje aludido es un león mitad pez, que recorre las acequias del jardín con voluntad imperial. Si no estuviéramos en Singapur, la imagen sería inverosímil. Pero estamos en Singapur, y el personaje es el emblema del destino.

1425. EL HOGAR IDEAL

Lo primero que hicieron luego de contraer matrimonio fue prepararse para la llegada del primogénito. Cuando el ginecólogo les anunció la buena nueva, lo tenían todo listo para la ocasión anhelada, fuera niño o niña. Se cumplió la fecha señalada por el proceso natural, sin ningún signo de alumbramiento inminente. El médico hizo los exámenes y tomó las radiografías del caso. Su gesto era incredulidad anhelante. “¿Pero la criatura está viva, doctor?” “Tan viva que tiene los ojos abiertos y sonríe… Sospecho que está feliz donde está y no quiere aventurarse a nada diferente…”

Álbum de Libélulas (173)

1410. ENCUENTRO MATINAL

La ixora roja tenía prestancia catedralicia, y al estar ubicada en el centro del jardín bordeado de tupidos arbustos de variado verdor los manojos de flores parecían a punto de flotar por su propio impulso. Ellos habían llegado de ultramar aquella madrugada y su horario interior se hallaba a la deriva; pero eso no impedía que estuvieran reconectando de inmediato con los seres que les eran tan familiares en aquel ambiente a la vez urbano y montañoso. Eran ya las 6 de la mañana, y la luz iba haciéndose sentir en el aire quieto. Ellos, que venían viviendo aquel espacio ultramarino como una especie de reiterada luna de miel espiritual, lo primero que hicieron fue salir descalzos al jardín. Aspiraron animosamente el aire de Bengaluru desde el bosque habitable del Taj West End, y se sintieron en perfecta compañía. Los cuervos, las ardillas, los cardenales y las palomas les hacían coro.

1411. OFICIOS DE FAMILIA

Sus tías abuelas sobrevivientes habitaban en una casa céntrica de la colonia Minerva, a la vera del cuartel El Zapote, donde se gestaban los golpes de Estado de la época. Meches, la mayor, trabajaba en la alcaldía municipal y Lydia, la menor, lo hacía en el Ministerio de Trabajo. Él, que era un adolescente con ganas insaciables de conocer detalles de familia, iba a verlas los sábados por la mañana, y ellas lo recibían siempre como al visitante esperado. Meches era la experta en el árbol genealógico familiar, y aquel sábado parecía más inspirada que nunca. Él llevaba un cuaderno de manuscritos, que eran primicias de poemas propios. “Tía Meches, se lo voy a dejar para que los lea cuando tenga tiempo”. A ella le brillaron los ojos: “Entonces voy a llamar a mi padre, tu bisabuelo, que como sabes también era poeta, para que los comparta conmigo… Ahí te cuento…”

1412. SÁBADO DE GLORIA

Por aquellos senderos entre los árboles gigantescos prefería caminar descalzo, y de seguro lo que estaba detrás de tal preferencia era la sensación de que todo aquel espacio arbolado era un templo. Un templo donde el Sol llegaba también en condición de penitente puntual. Él se desplazaba con los pies desnudos haciendo su caminata vespertina, que lo llevaba a distintos puntos de aquella arboleda que aunque permitía labores de albergue hotelero su máxima expresión era ser bosque con todos los atributos de tal. Y el principal de tales atributos consistía en inspirar devoción a cada paso. Por ejemplo ahí, a la sombra del gigantesco gulmohar florido, al que nosotros llamamos flor de fuego. Se arrodilló sobre la tierra, cerró los ojos y se quedó en silencio. Una flor del gulmohar cayó sobre su hombro en señal de bendición.

1413. COSAS QUE PASAN

El vehículo moderno se detuvo frente a la casa, y de él salieron dos hombres: uno muy mayor, de facciones típicamente europeas y de cabellera rala y platinada; el otro en la primera juventud, de talante mestizo local y de cabellera abundante estilo hippie. Hicieron sonar el aldabón oxidado y de inmediato les dejaron pasar. En cuanto ellos lo hicieron, se fue el vehículo que los había conducido. Dentro de la casa se oyeron saludos en voz alta, como si se tratara de una bienvenida ceremonial. Alrededor de la casa fue apareciendo una aureola de suave resplandor. Pasaron las horas. Ya cuando estaba por caer la noche, reaparecieron los visitantes, pero con identidades cambiadas: el europeo mayor era hoy un juvenil mestizo moreno de cabellera flotante; y el joven, un anciano blanco y de cabeza despoblada. Los aguardaba un carruaje tirado por caballos. ¿Juego del tiempo o juego de la luz?

1414. EJERCICIOS FLORALES

Raju llega todas las mañanas a la habitación a preparar las figuras florales multicolores sobre el piso junto a los ventanales de cristal. Tiene la silenciosa habilidad de los artistas artesanos que se han formado en la academia de la supervivencia cotidiana. Y aunque casi no desata palabra, su recogida actitud invita espontáneamente a entablar algún tipo de diálogo. “Hola, Raju, ¿cómo amanecieron los pétalos de crisantemo, de marigold, de clavel y de rosa esta mañana?” Sonríe, como si se le estuviera preguntando sobre un enigma sagrado. Responde en consecuencia: “Como todos los días, saludando al aire”. Es la respuesta que podría dar un soñador esotérico. Después hace el saludo tradicional: el namasté que junta las manos en señal de saludo a la divinidad del ser humano que está enfrente. Los pétalos desde el suelo hacen lo mismo.

1415. MISIÓN DEL CONACASTE

Los trastornos del clima iban cambiando aceleradamente aquellos entornos que en otras épocas parecían intangibles para siempre. Y eso hizo que en el vecindario, que estaba formado por gentes casi todas de arraigo prolongado, se creara una especie de hermandad protectora de lo que caracterizaba la naturaleza del lugar. En particular, esa acción casi paternal se personificaba en el conacaste que era como el patriarca de la zona. Se contactaron con especialistas en conservación vegetal, y los expertos les recomendaron muchas acciones preventivas y regenerativas; pero la decadencia del legendario conacaste era cada vez más notoria. Hasta que llegó el día en que la poderosa estructura se convirtió en un esqueleto sin vida. Entonces un vidente dio su veredicto: “Esto no es cosa del clima, sino del destino. Prepárense: reencarnará en alguno de ustedes…”.

1416. CLARIDAD EN EL LÍMITE

Ninguna palabra es más cambiante que la palabra Nada, y ninguna palabra es más inmóvil que la palabra Todo. Esto tendríamos que tenerlo sabido desde siempre, porque la historia, tanto externa como interna, está hecha con las mutaciones que van generando esas dos dimensiones inescapables de la vida. Él era un monje budista que había vuelto a la vida común, y no para desprenderse de su condición creyente, sino para medirla en la vida cotidiana. Aquella tarde estaba en un parque dándoles de comer a las ardillas que ahí moraban. Se detuvo para concentrarse. El Todo y la Nada se le aparecieron de repente, como expresiones existenciales. El Todo: aquella necesidad de ser partícipe de la vida en todas sus formas; la Nada: aquel sentimiento de que toda experiencia se esfuma como las ardillas entre los follajes…

1417. EN EL CAMINO

El avión de paso saldría dentro de un par de horas, y había tiempo para ir a deambular por las tiendas del aeropuerto. Así lo hizo, y durante un rato anduvo entre la multitud caminante de viajeros, sin hallar nada que le captara la atención. Hasta que se topó con aquel lugarcito que en su diminuta vitrina exhibía retratos antiguos. Observó detenidamente. Ahí estaba: aquel retrato era una pose de familia. La suya. ¿Cómo había llegado a semejante lejanía? Interpretó de inmediato el mensaje: tenía que quedarse a descifrarlo. Perdió el avión pero ganó la pertenencia.