Robert Bowers abrió fuego contra los asistentes al servicio religioso en una sinagoga hace ocho días. Usó un fusil para matar a 11 personas. La semana pasada, se declaró no culpable de los 44 cargos por crímenes de odio que se le imputan en una corte federal. En sus redes sociales, las autoridades han encontrado mensajes antisemitas.

Sobreviviente de masacre en sinagoga recuerda el terror

Un reportaje de Séptimo Sentido

Fotografías de AP

Sin precedente contemporáneo. Las autoridades parten de que Bowers cometió el peor crimen violento contra judíos en la historia de Estados Unidos.

Un sobreviviente de la masacre en una sinagoga de Pittsburgh describió el domingo cómo él y otros feligreses aterrorizados se ocultaron en un armario mientras el agresor pisaba el cadáver de un hombre al que acababa de matar, ingresaba allí donde estaban escondidos y echaba un vistazo.

“No puedo decir nada y apenas respiro”, recordó Barry Werber, de 76 años, en una entrevista. “No nos vio, gracias a Dios”.

El hombre armado, Robert Gregory Bowers, se puso a disparar con un fusil AR-15 y otras armas durante ceremonias religiosas dentro de la sinagoga Árbol de la Vida, mató a ocho hombres y tres mujeres antes de que un equipo especial de la policía lo rastreara y baleara, según declaraciones juradas estatales y federales dadas a conocer el domingo. Expresó su odio a los judíos durante la masacre, y posteriormente le dijo a la policía que “todos estos judíos necesitan morir”, señalaron las autoridades.

Seis personas resultaron heridas en el ataque, entre ellas cuatro agentes.

Bowers ingresó a un edificio que alberga a tres congregaciones distintas, las cuales llevaban a cabo ceremonias religiosas por el Sabbath cuando el ataque comenzó justo antes de las 10 de la mañana en el arbolado vecindario de Squirrell Hill, a unos 10 minutos del centro de Pittsburgh.

A medida que las autoridades trabajaban para recabar los antecedentes de Bowers y sus movimientos, comenzaron a surgir versiones espantosas de los sobrevivientes.

Durante una vigilia en Pittsburgh el pasado domingo por la noche, el rabino Jeffrey Myers dijo que aproximadamente una docena de personas estaba reunidas en el santuario principal de la sinagoga cuando Bowers ingresó y comenzó a disparar. Dijo que varios de los feligreses murieron.

“Mi lugar sagrado ha sido ultrajado”, afirmó.

Las autoridades dieron a conocer los nombres de los 11 fallecidos, todos ellos de edad mediana o adultos mayores. Entre las víctimas están dos hermanos con discapacidad intelectual y una pareja de esposos. La más joven tenía 54 años y la mayor 97.

“La pérdida es incalculable”, dijo Stephen Cohen, copresidente de la congregación Luz Nueva, que renta espacio en la del Árbol de la Vida.

El alcalde Bill Peduto consideró que fue “el día más negro en la historia de Pittsburgh”.

“La risa de Cecil era contagiosa. David era tan amable y tenía un espíritu tan bondadoso. Juntos veían el uno por el otro. Eran inseparables”, dijo Chris Schopf, vicepresidente de apoyos residenciales para ACHIEVA, una agencia que proporciona servicios a personas con discapacidades. “Y, principalmente, eran personas buenas y amables con una fe firme y respeto para todos”.

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ARMADO

Bowers les disparó a sus víctimas con un fusil AR-15 –el arma utilizada en muchos de los tiroteos masivos en Estados Unidos– y tres pistolas, las cuales poseía legalmente y contaba con una licencia para portarlas, según un funcionario policial que habló a condición de guardar el anonimato porque carece de autorización para declarar sobre una investigación en curso.

El fiscal federal Scott Brady en Pittsburgh dijo el domingo por la noche que sus colegas pretenden pedir la pena de muerte para Bowers, que se desempeñaba como camionero independiente.

Se sabe poco más sobre el sospechoso, que aparentemente no tenía antecedentes delictivos, pero se cree que expresó duros puntos de vista antisemitas en las redes sociales. Aparentemente actuó solo, dijeron las autoridades.

Entre las víctimas estaba Melvin Wax, un contador retirado cercano a cumplir los 90 años que siempre era uno de los primeros en llegar a la sinagoga y uno de los últimos en irse.

“Él y yo solíamos, al concluir las ceremonias, intentar intercambiar un chiste o dos”, dijo Myron Snider, miembro de la congregación Nueva Luz, que rentaba un espacio en el sótano de la del Árbol de la Vida.

Entre los muertos también había profesores, dentistas y médicos.

Cecil Rosenthal, de 59 años, y su hermano menor David Rosenthal, de 54, padecían discapacidad intelectual y vivían juntos en Squirrel Hill, cerca de la sinagoga.

“La risa de Cecil era contagiosa. David era tan amable y tenía un espíritu tan bondadoso. Juntos veían el uno por el otro. Eran inseparables”, dijo Chris Schopf, vicepresidente de apoyos residenciales para ACHIEVA, una agencia que proporciona servicios a personas con discapacidades. “Y, principalmente, eran personas buenas y amables con una fe firme y respeto para todos”.

El Centro Médico de la Universidad de Pittsburgh tuiteó su luto por la pérdida del doctor Jerry Rabinowitz, de 66 años, “uno de los médicos y seres humanos más bondadosos en nuestra comunidad”.

Bowers aparentemente publicó un mensaje antisemita en una cuenta de una red social que fue vinculada con él apenas unos minutos antes de que se pusiera a disparar el sábado en la mañana. Después del ataque le dijo a un agente: “Solo quiero matar a judíos”, según una declaración jurada federal.

En el sótano, cuatro miembros de la congregación Luz Nueva estaban empezando a orar –con otros dos que estaban en la cocina– cuando escucharon ruidos estrepitosos que venían del piso de arriba. Se asomaron por la puerta y vieron un cadáver en la escalera, recordó Werber, el sobreviviente, en una entrevista en su casa.

Entonces el rabino Jonathan Perlman cerró la puerta y los condujo a un amplio armario de provisiones. Mientras se escuchaban balazos arriba, Werber llamó al teléfono de emergencias 911, pero tenía miedo de decir nada, por temor a hacer ruido.

Cuando dejaron de escucharse los disparos, Melvin Max abrió la puerta, solo para ser baleado y caer al interior.

“Hubo tres disparos, y él cae de vuelta a la habitación en la que estábamos”, afirmó Werber. “El hombre armado entra”.

Aparentemente incapaz de ver a Werber y a los otros feligreses en la oscuridad, Bowers se fue.

El sospechoso, que fue operado y sigue hospitalizado, enfrenta 11 cargos estatales de homicidio agravado, seis cargos de ataque agravado y 13 cargos de intimidación étnica en lo que el líder de la Liga Anti Difamación calificó del ataque más mortal contra los judíos en la historia de Estados Unidos.

Aparte, a Bowers también le presentaron 29 cargos federales que incluyen obstrucción a la libertad del ejercicio de creencias religiosas resultante en la muerte –un crimen federal de odio racial– y usar un arma de fuego para cometer asesinatos.

Tiene una audiencia en la corte el lunes. No estaba claro si cuenta con un abogado que lo represente. Se dejó un mensaje en la oficina federal de abogados de oficio en Pittsburgh pero nadie contestó de inmediato.

De los seis sobrevivientes, cuatro seguían hospitalizados el domingo, y dos –incluido un agente de 40 años– estaban en estado crítico.

Werber considera que el atacante es un “loco” y una “persona sin control de sus instintos más bajos”.

“No sé por qué piensa que los judíos son los responsables de todos los males del mundo, pero no es el primero y no será el último. Desafortunadamente tenemos que llevar esa carga”, afirmó. “Me parte el corazón”.

Pena. La fiscalía acusó a Bowers de 44 cargos, entre ellos crímenes de odio antisemitas. Evalúa pedir la pena de muerte para él. En caso de ser hallado culpable, se cree que como mínimo será condenado a prisión perpetua.

 


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