La herencia de Romero en el primer cardenal salvadoreño

Jerarquía. Rosa Chávez pasará a integrar el colegio cardenalicio, definido como una especie de senado dentro de la Santa Sede. Eso no lo coloca sobre la figura de José Luis Escobar, quien continuará siendo el arzobispo titular de San Salvador.
Agradecimiento. El día en que el Papa Francisco anunció su nombramiento como cardenal,
se realizó una misa en la cripta de la Catedral Metropolitana de San Salvador,
donde está enterrado el beato Óscar Romero.

Desde fuera, desde lejos, la de este sacerdote es una imagen de fría intelectualidad, dice el pastor Mario Vega, de la iglesia evangélica Elim. En efecto, en entrevistas y comparecencias públicas, parece calcular hasta el extremo el peso de sus palabras, la intensidad de sus gestos, la frecuencia de sus sonrisas. Es la seriedad hecha persona.

Ahora, un día después de que el papa Francisco sorprendió a toda la comunidad católica en El Salvador (él incluido) anunciando su futuro nombramiento como cardenal de la Iglesia, monseñor Gregorio Rosa Chávez luce emocionado por un reconocimiento que, quizá, tampoco se esperaba: un enorme sobre con las cartas escritas para él por alumnos del Complejo Educativo San Francisco.

Una joven, de voz entrecortada y nerviosa, ha sido la elegida para su entrega. Monseñor espera en actitud solemne, el cuerpo estricto, tomándose de las manos.

—Estamos emocionados por este nuevo nombramiento que le da la Iglesia y le ofrecemos nuestro más sentido… eh –dice la muchacha, quien parece no encontrar el siguiente eslabón de la cadena.

—Pésame –complementa Rosa Chávez, mientras explota, en este patio de limpieza monasterial, un petardo de risas adolescentes.

En el sobre pueden leerse algunas frases, puestas ahí a través de letras recortadas en papel multicolor: “Siempre hay tiempo para lo que se ama”, “Se vale soñar”. Son las mismas que repite ocasionalmente a los alumnos y docentes de este centro educativo, el mismo del que se convirtió en director el 20 de julio de 1996, cuando fue nombrado párroco de la iglesia San Francisco, un templo que se erige, con su esqueleto de maciza madera, en pleno centro de San Salvador.

Desde una voz, que puede ser la de todos, se escucha una consigna en altas voces.

—¡Qué viva nuestro primer cardenal!

—¡Qué viva! –secundan otras gargantas igualmente emocionadas.

—Habrá un segundo, habrá un segundo –responde Rosa Chávez, restándole importancia al hito, para después evocar a las figuras del beato Óscar Romero y Rutilio Grande, a quienes pertenece, aclara, realmente este reconocimiento. Luego, sacerdote y alumnos se funden en un abrazo. Al futuro cardenal, que en septiembre cumplirá 75 años, una sonrisa amplia le llena la cara.

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Las ideas. “Esa imagen de que uno camina con la gente dice mucho. Para mí, es ya una cosa natural, pues lo vi en mis maestros”, dice el sacerdote.

La primera misa de la iglesia San Francisco, como todos los días, ha terminado un poco después de las 7 de la mañana. Y, como todos aquellos días en los que no tiene un compromiso inmediato en el Arzobispado de San Salvador, Gregorio Rosa Chávez atiende a aquel que llega a buscarlo, aunque sea sin previo aviso.

Las personas que lo requieren son de varios tipos: ancianas, algunas más jóvenes que él, quienes lo inquieren para ser parte de un sistema de asistencias, en el que cada semana reciben $6 en víveres, entregados discreta y directamente por el clérigo; periodistas que buscan su postura para un tema cualquiera; o personas que lo solicitan para contar con su intercesión, como una madre hace unos meses que, afirmó, perdió a su hijo, un estudiante de la Universidad de El Salvador, durante la guerra civil, cuando un retén del Ejército lo sorprendió llevando mensajes para la guerrilla. Dijo que quienes gobiernan ahora el país no han sido capaces de darle referencias de dónde quedó su cadáver, a pesar de que era un colaborador de su organización. Rosa Chávez era su última esperanza. Una que fue respondida.

“Aquí la gente entra como por su casa, porque es una iglesia para gente que no es adinerada. Eso no se podría hacer en un templo de otra naturaleza o en un espacio de oficinas, con muchas murallas que franquear, donde hay mucho protocolo”, dirá el sacerdote más tarde.
Este día de junio también se ha acercado al templo un joven alumno de la Universidad Don Bosco. Ha tenido que esperar un rato mientras Rosa Chávez atiende a una feligrés que llegó para pedirle consejo espiritual. Con lágrimas en los ojos, como quien ha encontrado lo que buscaba, la señora se despide y es el turno del estudiante.

—Entonces, ¿cómo está la cosa? –pregunta el sacerdote, y el joven le explica que está realizando un material audiovisual centrado en la figura del beato Óscar Romero y que, por ello, quiere hacerle una entrevista.

—La hacemos, entonces. ¿Vas a grabar? –dice, y el muchacho lo encuadra en su cámara mientras con la otra mano sostiene un celular y lo coloca lo más cerca posible de su rostro, para obtener un audio más fiel.

Rosa Chávez se explaya diciendo cosas que ha dicho en muchas ocasiones: que a pesar de que les dolió la muerte del beato, sabían que era una cosa que iba a pasar, como cuando se divisan nubes de tormenta en el mar, o que su rostro, cuando vieron el cuerpo con el pecho destrozado, tenía una serenidad de santo. Lo dice, sin embargo, con el tono de quien lo comparte por primera vez, de quien lo revela.

En un punto cita, al pie de la letra, el diario de Monseñor Romero, justamente el pasaje donde se refiere a él como un “amigo que lo ha sido desde tanto tiempo y muy de fondo”. Al hacerlo, hace un gesto de timidez, como el de un sonrojo ante un halago.

Pocas cosas hay de las que monseñor Rosa Chávez se jacte en público. Una de ellas es la de ser la única persona que estuvo en todos los diálogos del proceso de paz de 1984 a 1989, antes de que la Iglesia católica fuera reemplazada por la ONU como mediadora entre la guerrilla y el Gobierno. A lo largo de muchas entrevistas, ha dicho que a él le corresponde “ese récord”. La otra es su amistad con Monseñor Romero y el hecho de que sea el suyo uno de los nombres que más aparecen en sus diarios, los mismos que recogen sus tres intensos años como arzobispo de San Salvador. Según un conteo hecho al material, Gregorio Rosa o el padre Goyito, como lo llamó el beato, está plasmado en el texto en 16 ocasiones.

Las primeras entradas donde aparece, referentes al 24 de abril y al 3 de junio de 1978, tienen un tema en común. Un angustiado y solitario Romero pensaba en una carta enviada por el entonces obispo de San Vicente, Pedro Aparicio, a la Nunciatura y a la Sagrada Congregación para la Educación Católica. Su colega lo acusaba de fomentar “una falta de disciplina en el seminario, incluso de sembrar ideas izquierdistas entre los alumnos”. Y con quienes primero compartió sus penurias fue con Rosa Chávez, entonces rector del seminario San José de la Montaña, y con Abel Morán, prefecto de estudios, ahora parte de la iglesia El Calvario de Santa Ana. Los dos jóvenes sacerdotes le compartían su frustración porque ni siquiera les habían dado la oportunidad de defenderse.

En la segunda entrada, la del 3 de junio, Romero alababa los aportes de Rosa Chávez para redactar su respuesta, la que sería enviada al Vaticano como prueba de descargo. El futuro cardenal le aconsejó atenerse a los datos científicos, comprobables, medibles, algo que el beato no había tenido en cuenta.

“Vi el primer borrador de lo que había escrito y era un texto muy pasional, en el que se había dejado llevar por las emociones… Monseñor era así, un hombre primario, que tenía que hacerlo todo ya… Yo, en cambio, no soy una persona apasionada, siempre he tratado de ser más cerebral, es mi naturaleza. Además, como director del seminario, tenía muchos datos a la mano”, apuntará más tarde Rosa Chávez. La respuesta final, la que permitió que Romero continuara siendo él mismo, fue enviada tal como lo aconsejó su amigo, tras varias noches y mañanas de trabajo conjunto.

La entrevista termina y el estudiante se retira satisfecho. Confiesa que nunca creyó que sería tan fácil cumplir con su misión.

—Bueno, me retiro a desayunar –dice Rosa Chávez, mientras abre la puerta que desde el templo de San Francisco conecta al espacio donde están sus aposentos.

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Los modelos. En la primera imagen, Rosa Chávez aparece al lado de Óscar Romero,
cuando el primero era director del seminario San José de la Montaña.
En la segunda, el libro que recoje las cartas publicadas en la revista
Orientación por Arturo Rivera y Damas, de quien fue arzobispo auxiliar,
descansa en su mesa.

Desde fuera, desde lejos, la de este sacerdote es una imagen de fría intelectualidad, dice el pastor Mario Vega, de la iglesia evangélica Elim. Sin embargo, cuando se ve más de cerca, aclara, la misma se vuelve calurosa, de un afecto que no duda en expresar.

Ambos líderes religiosos han coincidido en diferentes espacios, aunque el de más regularidad ha sido el Consejo Nacional de Seguridad Ciudadana y Convivencia. Ahí, dice, ha podido ser testigo de una mente rigurosa, inclusiva, tolerante, que basa sus opiniones en el argumento más poderoso: la experiencia. Y de alguien con una tremenda “capacidad de síntesis”.

“Recuerdo cuando se hizo la primera visita a uno de los municipios priorizados. Cuando decía que el consejo nacional lo que hace es ver el panorama completo, el de la nación, pero era al consejo municipal al que le correspondía, ya en el lugar, ejecutar las acciones. Esa capacidad de visualizar dos funciones diferentes y establecer los roles de cada uno… me parece que sintetizó en esa sola frase todo el quehacer del Plan El Salvador Seguro”, comenta el pastor, quien define al sacerdote como “alguien con quien no es difícil entenderse”.

La amistad se puede cultivar aún sorteando las más grandes murallas. Como la de las convicciones religiosas. Eso lo demuestran Rosa Chávez y su amigo el obispo luterano Medardo Gómez. Desde el otro lado del teléfono, esperando la hora para partir al aeropuerto hacia un nuevo destino, Gómez habla con entusiasmo del próximo nombramiento del clérigo.
Dice que para él, eso representó un alivio: pronto a cumplir 75 años, cuando llegara ese cumpleaños, debería abandonar su puesto como arzobispo auxiliar, como lo indican las leyes de la Iglesia. El nombramiento como cardenal, además de elevarlo, amplió sus años de servicio.

“Se ha hecho justicia”, dice Gómez, para luego pasar a una confidencia que no es la que más lo llena de orgullo: al contrario de Rosa Chávez y su arzobispo, Arturo Rivera y Damas, quienes permanecieron hasta el final, el luterano decidió abandonar el país tras ser amenazado en el marco de la ofensiva Hasta El Tope, en 1989.

Gómez escuda su decisión en su familia, su esposa y sus hijos, “los que de nada tenían la culpa”. Esa valentía de Rosa, opina el sacerdote luterano, es parte del testimonio que ahora le vale, “testimonio seguro que el papa tuvo en cuenta”.

“Por eso a mí siempre me extrañó que eligieran a otros como arzobispos cuando él era la opción más lógica, el auténtico heredero de esa tradición”, opina Gómez. “Aunque siempre me lo expliqué con el hecho de que representaba una voz demasiado incómoda para el poder”.

Gómez señala, especialmente, el período en el que se desempeñó como administrador diocesano del Arzobispado de San Salvador (diciembre de 1994-abril de 1995), tras la muerte de Arturo Rivera y Damas y en espera del arribo de un nuevo arzobispo.

Mientras ocupó el puesto, nunca dejó de usar la homilía como instrumento para denunciar lo que, en su opinión, no llevaba un rumbo correcto, una tradición que se remonta hasta Luis Chávez y González, el predecesor de Romero en el cargo. Para ello utilizó la misma herramienta instaurada por Rivera y Damas, una sección colocada justo al final del discurso, a la que simplemente titulaban “Los hechos de la semana”. Durante la guerra, fue en este espacio donde se hablaba, de forma sistematizada, de las violaciones a los derechos humanos que documentaba Tutela Legal del Arzobispado.

Mediador. Su experiencia como garante del diálogo en la guerra civil le sirvió para estar en medio de otros procesos en el nuevo milenio,
como el conflicto entre médicos y Gobierno registrado en 2003. En la foto aparece junto al político Héctor Silva, quien también participó como garante.

Rosa Chávez fue uno de los primeros en criticar el hecho de que los compromisos adquiridos con los Acuerdos de Paz no se estaban cumpliendo. “¿Y cómo pueden tener paz los salvadoreños que contemplan el deprimente cuadro de corrupción e impunidad que parece incontrolable y que anida incluso en las esferas oficiales?”, decía en su homilía del 15 de enero de 1995, un día antes del tercer aniversario de los Acuerdos de Paz.

También leía con preocupación los diferentes informes que los organismos internacionales realizaban en apoyo al proceso de paz del país, como los generados por ONUSAL, la comisión de Naciones Unidas destinada como aparato contralor. Rosa Chávez criticaba el hecho de que las autoridades no atendieran las recomendaciones como era debido. En la homilía del 11 de diciembre de 1994, por ejemplo, retoma el informe número 12, que pone especial énfasis en la recién creada Policía Nacional Civil. La ONUSAL describía como un problema la “excesiva autonomía” de que gozaban “dentro de la PNC las divisiones Antinarcotráfico y de Investigación Criminal”. En la última de estas dos unidades, posteriormente, se descubrió la existencia de redes de sicariato heredadas de estructuras creadas durante el conflicto armado. En este sentido, tampoco dejó de denunciar las operaciones de escuadrones de la muerte, una figura que se creía superada cuando se firmaron los Acuerdos de Paz.

El tema económico no escapó de sus homilías, sobre todo cuando exigía que las medidas estructurales que se tomarían más tarde no fueran en desmedro de la calidad de vida de la población, sobre todo de los más pobres.

“Juan Pablo II afirmó también que ahora es más necesario que nunca ‘defender claramente el principio de la supremacía de los valores de la persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios, y la supremacía del bien común en la organización social’. Me parece que el señor presidente comparte la visión del papa. Sin embargo, a veces tengo la impresión de que en la mente de muchos de sus técnicos y consultores la persona humana está al servicio de la economía y no al revés. No pongamos la carreta delante de los bueyes”, dijo el 5 de febrero de 1995.

La Iglesia decidió inclinarse por un personaje menos polémico para nombrarlo como arzobispo de San Salvador, Fernando Sáenz Lacalle. Desde su primera semana en la silla, dejó clara su posición de no hablar nunca de política. La realidad y sobre todo la prensa hicieron que luego cambiara su posición y decidiera instaurar las conferencias que, hasta ahora, continúan con José Luis Escobar.

Fernando Sáenz Lacalle sigue siendo un eminente miembro del Opus Dei en El Salvador. Debido a su avanzada edad (este año cumple 85 años), sus actividades se limitan a la celebración de pocas misas al año y a su labor como confesor en la parroquia de Montelena, en Santa Elena.

Trabajo. Rosa Chávez participa en una actividad del Consejo Nacional Educativo, en 2010. La educación, para el sacerdote, es la base de una sociedad para la paz.
También ha formado parte de otras instancias, como el Consejo Nacional de Seguridad Pública.

Vestido todo de blanco, atendido el último feligrés, Fernando se da un poco de tiempo, mientras camina al carro que lo llevará a su casa, para hablar de su colega, aunque advierte que su memoria no lo dejará ser muy preciso. También el hecho de que la realidad de ahora y la de entonces son muy diferentes, pues en el presente él es un sacerdote y quien fue su auxiliar, un príncipe de la Iglesia.

—Cuando trabajábamos juntos, parecía que éramos figuras contrapuestas. Pero él siempre fue mi apoyo seguro. Es un hombre hecho de diálogo. Todo lo que le está pasando lo tiene bien merecido –comenta Sáenz, con la suavidad de una voz de 84 años.

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El conflicto. En una foto ya famosa, aparece al fondo junto a Arturo Rivera en las negociaciones entre la guerrilla y el Gobierno de El Salvador.

Monseñor Gregorio Rosa Chávez acaba de recibir de manos de dos sacerdotes salesianos la túnica que antes le pertenecía a su predecesor como cardenal. Una cosa más que le hace caer en cuenta que esto de ser cardenal todavía es muy nuevo para él, algo que no termina de asimilar. Hasta la semana pasada, ni siquiera contaba con un escudo que lo representara en esta etapa próxima a iniciar o, como lo expresó anoche en su homilía, en “el nuevo taburete que le concede una nueva misión”, como dice una canción popular. Un diseñador en el Vaticano se encargó de confeccionárselo, aprovechando la visita que realizó a la Santa Sede.

Anoche, también, en la iglesia San Antonio de Padua, en Santa Tecla, volvió a hablar de algo que se ha convertido en uno de sus temas predilectos: su alergia a una Iglesia de gente acomodada en un país como El Salvador, con una historia tan difícil.

“Si colocáramos aquí, en fotos grandes, las imágenes de nuestros mártires sacerdotes tal como quedaron destrozados cuando fueron asesinados, ¿los viéramos?”, preguntó. Los feligreses, a los que hace unos minutos había dado personalmente la mano, aguardaban en incómoda espera.

“¿Qué hacemos con esa sangre? ¿Qué hacemos con esa entrega? ¿Qué nos pide Jesucristo a nosotros ahora como cristianos, en este momento de la historia? Dar testimonio… Alguien me visitó hace poco y me dijo: ‘He renunciado a mi cargo porque no puedo aceptar la corrupción, me quedo sin trabajo, pero mi fe me impide que yo sea cómplice de la corrupción’. Eso pocos lo hacen. Por tanto, necesitamos almas de mártires. Saber decir ‘no’ a la maldad, aunque paguemos el precio”.

Esta mañana, sus preocupaciones son un poco menos trascendentes. Al espacio donde vive, a un costado de la iglesia San Francisco, acaba de arribar un periodista televisivo para realizar una nueva entrevista, otra de una larga lista. Esta mañana dará una más. Antes de que el clérigo baje de hablar con los sacerdotes salesianos, el periodista es recibido por la madre Reina Angélica –ojos claros, vivos–, líder de la orden de las Siervas de la Misericordia de Dios y mano derecha de Rosa Chávez. Es ella la encargada de cubrirlo en los compromisos que no alcanza a atender. También la de confeccionarle su apretada agenda, la que muchas veces representa un reto de malabarismo: además de sus obligaciones en el Arzobispado, está la dirección de Cáritas de El Salvador, sus grupos juveniles, el trabajo social.

Estatus. Desde que fue anunciado su futuro nombramiento, el entusiamo por su figura ha crecido.
No falta ocasión en que un feligrés pida hacerse una foto junto a él.

Como una suerte de agente de relaciones públicas, pregunta por los encuadres que se necesitarán, cuál será el escenario ideal para la conversación. Rosa Chávez desciende de sus aposentos. También pregunta qué será mejor para usar, si el negro o el blanco, o si debe cambiar de aspecto. Le responden que no se preocupe, que lo importantes es “el personaje”.

La entrevista se mueve hacia la iglesia, donde un grupo de niños reza ante el Santísimo.

“Te agradecemos por el nombramiento de nuestro cardenal, que será de gran beneficio para el país”, dice la maestra encargada del grupo, y los infantes lo repiten.

Rosa Chávez hace una única petición, que el rostro de Monseñor Romero, ubicado cerca del altar, quede en medio de la toma. El sacerdote es un apasionado de los medios. No es casual, pues estudió Comunicación Social en la Universidad de Lovaina, Bélgica. Incluso ahora cuenta con un programa de radio, “La oración de la noche”, heredado de Arturo Rivera y Damas, transmitido por Radio Paz. Por eso no cuesta entrevistarlo: las anécdotas, los retazos de color se le salen a borbotones a la menor provocación.

Finalizada la entrevista, el clérigo pregunta al periodista si no le gustaría grabar una escena en el complejo educativo, donde están sus alumnos. La respuesta es “no”. Una mueca de leve resignación se le dibuja en la cara.

Sus estudiantes significan mucho para él. Eso aseguró hace unos días Tarsiso Martínez, subdirector del complejo, quien ha estado a su lado desde que arribó en 1996. Para él y los que entonces laboraban en el sitio, que alguien de su categoría (el mediador en los Acuerdos de Paz, el rector del seminario San José de la Montaña) llegara a esta parroquia era una suerte de castigo que al clérigo se le imponía.

“Pero para nosotros ha sido una bendición”, comentó Tarsiso. Bajo su mandato, el colegio, al resguardo de la curia arzobispal, ha saneado sus finanzas, creado canchas para el esparcimiento de los estudiantes e inaugurado el bachillerato, para el que se construyó un nuevo edificio. “No sé cómo ha hecho, es a puro donativo, porque lo que se recoge aquí no da para hacer tanto”, dijo el docente.

Rosa Chávez regresa al espacio común donde también habitan las Siervas de la Misericordia. Ahí se da cuenta de que la madre Reina Angélica lleva un tiempo reunida con una representante del Arzobispado. Junto a otra de las religiosas que lo apoyan, Marta Lidia Ávila, trabajan minuciosamente en establecer cuál será la comitiva que lo acompañará a Roma cuando sea nombrado cardenal, el 28 de junio. Casi 100 personas, entre sacerdotes y laicos, estarán con él. Eso sin contar a los miembros de su familia, que suman 60.

Al ver todos esos nombres sobre la mesa, Rosa Chávez se pone emocionado, como quien ya no puede esperar, y da con ambas manos un par de golpes apenas perceptibles en el respaldo de la silla donde está sentada la hermana Marta. Eso se distancia un poco de una de sus cualidades más señaladas: la serenidad. La misma que le ha servido para mediar en diferentes conflictos. Incluso aquellos en los que ha estado involucrada la propia Iglesia. El ejemplo más notorio que se viene a la mente es del sorpresivo cierre, por órdenes de José Luis Escobar, de Tutela Legal del Arzobispado, en 2013.

Según Alejandro Díaz, miembro de la oficina surgida tras ello, Tutela Legal María Julia Hernández, fue él quien se reunió con ellos, los exempleados de la oficina, para limar, definitivamente, las asperezas existentes.

“Nos dijo que él tampoco estaba de acuerdo con la decisión, pero que debíamos bajar el nivel de las aguas, que quienes quedaban en medio de este conflicto eran las víctimas. No lo habíamos visto así”, comentó hace unos días Alejandro sobre el clérigo, “el único miembro de la alta jerarquía de la Iglesia que en verdad se preocupaba por los casos en concreto” mientras existía Tutela Legal.

El sacerdote debe retirarse nuevamente para cumplir con el compromiso de una nueva entrevista, esta vez con un medio radial, donde de seguro sus respuestas contarán con citas de cosas dichas por Óscar Romero, Arturo Rivera y alguno de los papas. Ese es otro de sus sellos: casi siempre hablar con las palabras de los otros, sus mayores, aquellos con los que no osa compararse.

La madre Reina Angélica, su mano derecha desde hace 20 años, hace notar, precisamente, la primera de esas devociones, el hecho de que el sacerdote ya era romeriano cuando ser romeriano podía costar la vida. Pone un ejemplo de su propia experiencia y recuerda el día en que, siendo aún una adolescente, la Guardia Nacional llegó a su barrio y ella tuvo que esconder, en el patio y a toda marcha, la biblia y las estampillas que tenían la imagen del ahora venerado beato.

Cumplido el último compromiso, en toda esta mañana Rosa Chávez por primera vez goza de un momento de descanso.

“Entonces, ¿qué hacemos?”, pregunta, e inicia una conversación informal sobre variados temas, en los que se cuelan las virtudes necesarias para hacer radio, sus maestros franceses de periodismo en la Universidad de Lovaina y las anécdotas de la vida del bonachón papa Juan XXIII. A cada momento es interrumpido por el insistente sonido del teléfono, con llamadas del Arzobispado, de la Nunciatura… prepararse para ser cardenal también puede volverse latoso.

Ahora se le pregunta sobre el arzobispo del que su estilo abreva más, si fuera capaz de hacer lo que hacía Romero, dejar todo de lado para acudir a la ayuda de un necesitado.
“Yo tengo a mi alrededor un equipo, como tú has visto. Tengo un pararrayos, filtros. Nunca seré un Monseñor Romero. Él es irrepetible”, comenta el sacerdote.

Sentado en este espacio, al que ha bautizado el Rincón Mariano, por el que el sol entra pleno en el verde de las plantas, contempla las cosas que han representado su cotidianidad desde hace décadas. A un costado está su alcoba, apenas una cama y espacio para guardar su ropa y su biblioteca, de la que atesora de manera especial ocho volúmenes: los que corresponden a los todavía inéditos diarios de monseñor Rivera y Damas.

Gregorio Rosa Chávez dice no saber qué pasará a partir del 28 de junio, qué misión le tiene deparada el Papa Francisco para cumplir a partir de entonces. Pero una posibilidad es la de quedarse siempre aquí, “con algunas salidas ocasionales a la Santa Sede”. Es la opción que más prefiere.

“Si Dios quiere, espero que me permitan seguir siendo el mismo de siempre”, afirma, fiel a su estilo, sin un ápice de emoción en la voz.

Funciones. Como cardenal, el sacerdote puede formar parte de una comisión en el Vaticano.
Ya ha sido tentado por la de Comunicaciones, asegura.
También puede ser requerido como consejero permanente del papa Francisco
o le puede ser destinada una misión de investigación sobre un tema determinado.

El desgaste de Montecristo

Laderas. Las elevaciones afuera del Parque Nacional Montecristo están habitadas por comunidades y propietarios de grandes extensiones. Aunque hay tratados que buscan la conservación de los bosques y los mantos acuíferos, cambiar el uso de suelos es una constante.

“Aunque estuviera el sol despejado, aquí siempre se siente como estar en aire acondicionado”, dice Gabriel. La espesura de un bosque primario da la sensación de un mundo diferente.

Gabriel es cauteloso y prefiere no incluir su apellido al presentarse. Sí cuenta que es guardabosques y tiene 55 años. Fornido y con muestras tímidas de canas, relata que las veredas por las que camina fueron abiertas por su abuelo. Cien años después, él solo se encarga de limpiarlas de la acumulación de hojarasca en la época lluviosa.

Gabriel es uno de los habitantes del caserío Honduritas, dentro del cantón El Rosario, en Metapán. Su comunidad tiene cerca la frontera con Honduras y el Parque Nacional Montecristo. Para llegar a donde trabaja, debe atravesar calles de tierra y pastizales en un trayecto de 1 hora.

El terreno boscoso que cuida Gabriel, a una altura de 2,000 metros sobre el nivel del mar, es un área protegida privada. Para avalar la entrada, la organización a cargo toma precauciones: pidió no revelar su identidad ni su ubicación exacta, tiene miedo de atraer invasores y turistas. Conservar es su objetivo, así que quiere que el bosque permanezca intacto a toda costa.

Bosque original. El tiempo, la sombra, la altura y la humedad permiten que diversas plantas crezcan sobre los troncos y puedan acumular agua.

Alfredo Umaña vive en Metapán, a unos 10 kilómetros del Parque Nacional Montecristo y a unos 20 kilómetros de donde trabaja Gabriel. Tiene 23 años y trabaja como guía de camino para quienes obtienen acceso al área protegida privada, por lo que conoce bien las calles y las comunidades de la zona. En lo alto lo espera Gabriel, a quien cuesta localizar debido a que en lo alto de su comunidad solo hay señal de una compañía telefónica.

Antes de comenzar la empinada calle para ir a los cantones de la zona alta, en el cantón San Miguel Ingenio, la ruta 463, una de las pocas que pasan por la zona, hace su parada. Llega una vez al día desde Metapán hasta el municipio de Citalá, en Chalatenango, y de regreso. No existen rutas que se internen hasta lo profundo de las comunidades, cuenta Alfredo. Si tienen suerte, un carro que pase por la zona y les dé aventón puede evitarles subidas de hasta cinco horas.

Estas comunidades son las que rodean al Parque Nacional Montecristo. Son los cantones El Rosario al este, El Limo al oeste y una parte de San José Ingenio que está fuera del área declarada como protegida al sur. Al norte, parte de El Limo, está el punto trifinio. La elevación en la zona inicia a partir de los 1,000 metros sobre el nivel del mar y puede llegar hasta los 2,000. Bajo la ley de áreas naturales protegidas, este territorio es la zona de amortiguamiento de Montecristo.

Incendios. Aunque este año el fuego no entró al parque, la zona de amortiguamiento sí sufrió los efectos de la quema.

“Montecristo es una fuente muy importante de agua para toda la zona en la región del alto Lempa”, cuenta Pablo Galán, asistente técnico del herbario ubicado en el Jardín Botánico La Laguna, en Antiguo Cuscatlán. Sus investigaciones sobre las plantas del lugar lo han llevado a conocer el sitio de cerca, así como su importancia. “La vegetación es diversa por las elevaciones. Comienzan desde los 600-700 metros sobre el nivel del mar y llegan a los 2,400. La diferencia altitudinal da diferentes tipo de ecosistemas”.

Montecristo es un macizo montañoso que abarca los territorios de El Salvador, Guatemala y Honduras. Los territorios de los tres países se conectan en el punto trifinio, ubicado en la parte más alta de la montaña. Luego parte en altibajos hacia cada territorio. La división montañosa en el país, dentro de la cordillera de Metapán-Alotepeque, posee un aproximado de 7,111 hectáreas, 1,973 están protegidas como parque nacional desde 1986.

Las 6,926 hectáreas restantes son la zona de amortiguamiento, que se extiende por comunidades y ecosistemas desde Metapán, en Santa Ana, hasta La Palma, en Chalatenango.

En las zonas de amortiguamiento, “todas las personas, instituciones y los proyectos que están ahí deben tener en consideración que cerca hay un área natural protegida y el tema ambiental debe ser importante en sus actividades productivas y cotidianas”, comenta el gerente de Áreas Naturales Protegidas y Corredor Biológico del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN), Javier Magaña.

El MARN, principal encargado de gestionar un área protegida a escala local, debe velar porque así se cumpla. En el caso de Montecristo, se hace con el Comité Asesor Local del Parque Montecristo, que busca juntar a las autoridades del parque con líderes de las comunidades, concejos municipales y organizaciones no gubernamentales para tratar el tema ambiental en las zonas de amortiguamiento. Magaña dice que en esta zona el tema puede ser más complicado de tratar.

Las calles de tierra de San Miguel Ingenio son el inicio de un recorrido de 25 kilómetros hacia arriba. Las laderas son de poco relieve y suben de los 1,000 a los 1,400 metros sobre el nivel del mar. Alfredo Umaña cuenta que las actividades de agricultura y ganadería son comunes en toda la zona desde hace bastantes años.

La calle toma una subida más empinada hacia el cantón El Rosario. Umaña dice que es de las últimas partes que un vehículo sin doble tracción puede transitar.

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El río El Rosario y las quebradas que pasan por la comunidad se quedaron sin agua durante la época seca. El problema afectó a los cultivos y algunos agricultores perdieron su cosecha, cuenta Nora Beatriz de Hernández. Ella es una testigo de la relación de las comunidades con el parque nacional. También es la presidenta de la Asociación de Desarrollo Comunal (ADESCO) del cantón El Rosario desde octubre de 2016. Afirma que por ello se encuentran en gestión con el parque para que del área protegida se les proporcione agua.

La disminución de caudales es normal en época seca debido a la falta de lluvias. Los agricultores pueden subsistir con afluentes más pequeños, pero no secos. La parte baja de El Rosario y San Miguel Ingenio comenzó a sentir las consecuencias de la deforestación hace tiempo, cuenta Alfredo Umaña al subir por El Rosario. El problema pasó sin llamar la atención en su mayoría debido a los proyectos de potabilización en la zona. Nora lo confirma, comenta que aunque los ríos se secaron, el servicio de agua potable que alimenta al centro del cantón fue estable. El resto de caseríos, sin embargo, vive de los ríos y nacimientos.

Montecristo es importante porque la cuenca alta del río Lempa se forma ahí. Un 58 % está en Guatemala, un 12 % en Honduras y el otro 30 % en El Salvador, señala el proyecto estratégico de Plan Trifinio para la región. El agua que se acumula en la zona alta desciende en miles de quebradas, que se unen en cientos de ríos pequeños que desembocan en cuerpos de agua más grandes. Todos ellos reúnen los 2,161 millones de metros cúbicos anuales que bajan por todo el país hasta desembocar en el océano Pacífico, dice el mismo estudio de 2011.

Esta importancia ha llevado a que el territorio esté declarado como Área Protegida Trinacional desde 1987, con un acuerdo entre los vicepresidentes de los tres países bajo el nombre de Plan Trifinio. La zona también es parte de la Reserva de Biosfera Trifinio Fraternidad, declarada por la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) desde 2011. Todas las declaratorias reconocen lo mismo: Montecristo es una importante fuente de agua y necesita ser protegida, pero se encuentra bajo muchas presiones.

Entre 1982 y 2006, la recarga acuífera de El Salvador se redujo en un 19 %, señaló un estudio de la Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico y Social (FUSADES) en 2006. Once años después, la sustitución de zona boscosa para agricultura y ganadería, técnicas agropecuarias inapropiadas para el territorio, incendios forestales, la degradación de suelos, la contaminación y el cambio climático son problemas que todavía hacen daño a los ecosistemas. Las primeras consecuencias están fuera del Parque Nacional Montecristo.

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Sustitución. Los dueños de tierras en las laderas fuera del parque suelen cambiar el bosque natural por sus plantaciones.

El río El Rosario y las quebradas que pasan por la comunidad se quedaron sin agua durante la época seca. El problema afectó a los cultivos y algunos agricultores perdieron su cosecha, cuenta Nora Beatriz de Hernández. Ella es una testigo de la relación de las comunidades con el parque nacional. También es la presidenta de la Asociación de Desarrollo Comunal (ADESCO) del cantón El Rosario desde octubre de 2016. Afirma que por ello se encuentran en gestión con el parque para que del área protegida se les proporcione agua.

Sustitución. Los dueños de tierras en las laderas fuera del parque suelen cambiar el bosque natural por sus plantaciones.

La disminución de caudales es normal en época seca debido a la falta de lluvias. Los agricultores pueden subsistir con afluentes más pequeños, pero no secos. La parte baja de El Rosario y San Miguel Ingenio comenzó a sentir las consecuencias de la deforestación hace tiempo, cuenta Alfredo Umaña al subir por El Rosario. El problema pasó sin llamar la atención en su mayoría debido a los proyectos de potabilización en la zona. Nora lo confirma, comenta que aunque los ríos se secaron, el servicio de agua potable que alimenta al centro del cantón fue estable. El resto de caseríos, sin embargo, vive de los ríos y nacimientos.

Montecristo es importante porque la cuenca alta del río Lempa se forma ahí. Un 58 % está en Guatemala, un 12 % en Honduras y el otro 30 % en El Salvador, señala el proyecto estratégico de Plan Trifinio para la región. El agua que se acumula en la zona alta desciende en miles de quebradas, que se unen en cientos de ríos pequeños que desembocan en cuerpos de agua más grandes. Todos ellos reúnen los 2,161 millones de metros cúbicos anuales que bajan por todo el país hasta desembocar en el océano Pacífico, dice el mismo estudio de 2011.

Esta importancia ha llevado a que el territorio esté declarado como Área Protegida Trinacional desde 1987, con un acuerdo entre los vicepresidentes de los tres países bajo el nombre de Plan Trifinio. La zona también es parte de la Reserva de Biosfera Trifinio Fraternidad, declarada por la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) desde 2011. Todas las declaratorias reconocen lo mismo: Montecristo es una importante fuente de agua y necesita ser protegida, pero se encuentra bajo muchas presiones.

Entre 1982 y 2006, la recarga acuífera de El Salvador se redujo en un 19 %, señaló un estudio de la Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico y Social (FUSADES) en 2006. Once años después, la sustitución de zona boscosa para agricultura y ganadería, técnicas agropecuarias inapropiadas para el territorio, incendios forestales, la degradación de suelos, la contaminación y el cambio climático son problemas que todavía hacen daño a los ecosistemas. Las primeras consecuencias están fuera del Parque Nacional Montecristo.

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Altura. Los árboles a más de 1,800 metros sobre el nivel del mar son fundamentales para los nacimientos y las quebradas que bajan por las comunidades.

En el otro lado de las afueras del Parque Montecristo, en el cantón El Limo, el río también se secó. Carlos Magaña, agricultor, ganadero y representante de la ADESCO de su comunidad, sabe que la deforestación tiene mucho que ver. “Algunos dueños de terrenos, cuando este no les da nada y otra gente tiene necesidad de cultivar, dan permiso para cortar el bosque. Sacan la madera y siembran”.

Deforestación. Pequeños árboles de café crecen entre los restos de un bosque. La sustitución de bosques por cultivos es uno de los problemas más graves de la zona de amortiguamiento.

El Limo, en la zona de amortiguamiento, se encuentra cerca de los 1,400 metros sobre el nivel del mar. Sus partes más elevadas pertenecen al parque, donde se encuentran los cerros más importantes y de mayor atractivo turístico. Las comunidades fuera de ese sector viven las mismas implicaciones que el resto.

La situación que explica Carlos ocurre en toda la zona de amortiguamiento. La pérdida de cobertura boscosa para su sustitución por cultivos es una constante, a pesar de que los suelos no poseen sostenibilidad para ello. “La mayoría vive de la agricultura. El clima y los precios afectan a la gente, pero de eso viven”, dice Carlos.

“Muchas de las personas viven de los beneficios ambientales que los ecosistemas dan. No bajan al pueblo a hacer las compras. Son poblaciones rurales”, cuenta Berta Medrano, directora ejecutiva de la Asociación GAIA de El Salvador. Ella impulsa proyectos en los cantones de la zona de amortiguamiento que priorizan el beneficio de la población y de los bosques.

La ley de áreas naturales protegidas establece que quienes gestionan un área natural deben tener un plan de manejo con el objetivo de ejecutar “el conjunto de instrucciones priorizadas para el desarrollo de actividades a corto, mediano y largo plazo enmarcadas en el mismo”. En Montecristo, el plan es trinacional, por lo que las actividades enmarcadas incluyen a las áreas protegidas de Montecristo en Guatemala y Honduras.

Berta Medrano cuenta que todo Montecristo y su zona de amortiguamiento tiene la misma característica: más del 71% de las tierras es de clases VII y VIII. En la clasificación de suelos por su fertilidad establecida por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), la clase I es la más apta para actividades agropecuarias, mientras que en las clases VII y VIII se recomienda evitar las actividades productivas debido a que consisten en superficies montañosas, donde el suelo fértil es superficial y el riesgo de erosión y deslizamientos es alto. Sin los bosques, el agua no se acumula, lo que crea más sequía en época seca.

El plan de manejo establece que más del 80 % de la tierra en Montecristo debería ser solo para uso forestal. En 2005, año del plan, este solo cubría el 18.4 %. La persistencia de problemas como incendios forestales, sequía de afluentes y la permanencia de cultivos a nivel de subsistencia e industrial muestran que el problema no ha mejorado.

La situación es complicada, cuenta Carlos Magaña. Nadie denuncia la tala indiscriminada por miedo. La ley forestal, regulada por el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), establece que debe emitir permisos para talar bosques. Esto no ocurre en El Limo ni en los otros cantones. “La gente no interviene porque si uno se mete, se echa enemigos”.

Carlos también calla porque entiende la situación económica. Entre el 86 % y el 93 % de las personas que viven en ladera tienen situación de pobreza en Centroamérica. En el caso de El Salvador, un 32 % tiene condiciones de extrema pobreza, afirmó la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) en 2011. “La agricultura está mala porque el clima y los precios han afectado a la gente, pero de eso viven. Al menos les queda maíz y frijol para comer”, dice resignado.

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En la parte alta del cantón El Rosario, desde los 1,800 metros sobre el nivel del mar, la neblina golpea los restos de unos árboles de pino en una ladera muy inclinada. Tienen señas de haber sido cortados hace poco. Abajo nacen monocultivos de café y se preparan para crecer durante la época lluviosa. Gabriel, con unas botas todoterreno, un machete, una mochila cargada y una peculiar gorra color verde chillante, espera al lado de una vereda. El camino viene de Honduritas.

Alfredo Umaña lo divisa y se saludan con la gratitud de buenos conocidos. Continúan ladera arriba hasta llegar al área protegida privada. Los claros permiten divisar, a lo lejos, la ciudad de Metapán y el complejo lagunar de Güija. Afirma que una elevación llena de árboles al este es el Parque Nacional Montecristo. Al oeste, las laderas desde los 1,800 metros sobre el nivel del mar hacia abajo están listas para los cultivos de la temporada. “Puedo contar los árboles con los dedos de la mano”, dice Gabriel.

El bosque secundario consiste en árboles de la zona alta que han permanecido en pie por un aproximado de 50 años, luego de que las tierras en las que estaban fueron deforestadas hace medio siglo. Gabriel entra a sus recuerdos y comenta que hace unos 25 años la mayoría del territorio sobre los 1,500 metros todavía era bosque. Hace 25 años los ríos tampoco se secaban colina abajo.

Antes de entrar al bosque primario, Gabriel observa una parcela. Un caballo con aspecto joven y fuerte galopa en la ladera. Gabriel señala un montículo donde el semental estuvo parado. “La persona que vio este terreno (el bosque secundario) en estado virgen fue mi abuelita. Aquí tenía su cabañita. Murió hace 11 años. Tenía 102”.

Gran parte del bosque primario se encuentra en el Parque Nacional Montecristo, mismo lugar al que Pablo Galán ha ido repetidas veces a estudiar especies. El herbario, una amplia oficina llena de enciclopedias y documentos académicos sobre flora y fauna, es la base donde analiza sus recolecciones. Él explica que la vegetación particular de un bosque primario permite cumplir funciones igual de particulares.

Los árboles de las zonas altas aproximan una altura de 40 metros y ayudan a retener grandes cantidades de agua gracias a las flores y raíces que se forman en sus troncos. Los árboles de las zonas bajas ayudan a que no corra con rapidez ni que cause inundaciones o deslaves. “Toda el agua que está en Montecristo va a parar a los ríos que son afluentes del Lempa, como el San José Ingenio y El Rosario”, explica Galán.

Aunque la mayor parte del bosque nebuloso como inicio de los afluentes se encuentra en el parque nacional, la zona de amortiguamiento también requiere cobertura boscosa para mantener los nacimientos en época seca y proveer de agua para la subsistencia de las comunidades ladera abajo.

Javier Magaña reconoce que no se hace lo suficiente en la zona. El río que sale del parque nacional también disminuyó su caudal por la falta de lluvias. Añadió que esa escasez no puede evitarse en el área de amortiguamiento a menos que tuviera árboles y conservación de suelos. “El manantial que baja ahora es más pequeño. Eso no lo resiente el parque, sino la zona de amortiguamiento”.

Gabriel llega con rapidez al final de la vereda. Sus movimientos para esquivar ramas y saltar troncos en la humedad parecen los de alguien más joven. El bosque primario se caracteriza por tener constante lluvia. La altura se aproxima a los 2,000 metros sobre el nivel del mar. Alfredo y el guardabosques observan una correntada de agua transparente y helada que sale entre la vegetación y abre camino colina abajo. Sin los árboles, la falta de humedad reduciría el cauce y el calor del sol lo evaporaría. En las zonas bajas, las comunidades recibirán el mínimo de agua.

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“Hay muchos que todavía no comprenden qué es el medio ambiente. Hace falta más información”, dice Carlos Magaña. Cuenta que desde el año pasado los acercamientos del parque nacional en el cantón El Limo han sido dos, el primero consistió en charlas a las escuelas, el otro fue para contener la plaga de gorgojo descortezador, que también atacó la zona.

Aparte del parque, Plan Trifinio también influye en la zona. “El año pasado hubo muy pocas actividades. Dicen que no tienen fondos”, cuenta Carlos. En 2016 presentaron a un especialista en veterinaria. Solo llegó una vez y no volvió. “Esperaba que nos apoyaran en áreas de ganadería que no sabemos cómo aplicar”, dice. Carlos Magaña se refiere a los sistemas silvopastoriles. Combinan las actividades de pastoreo con la siembra de árboles, lo que permite que el ganado pueda alimentarse sin necesidad de caer en la tala indiscriminada para abrir terreno.

Combinación. Los sistemas silvopastoriles son los que combinan las actividades de pastoreo con la siembra de árboles, lo que permite que el ganado pueda alimentarse sin tener que talar.

La comunidad sufre de esto constantemente, cuenta Carlos. Los proyectos que traen para mejorar su situación no cumplen lo prometido o carecen de seguimiento: “A la gente de las comunidades no le gusta que se le mienta. Estas instituciones tienen eso, que mucho mienten”. Cuando convocan para nuevos proyectos, Carlos cuenta que la visión de la comunidad es que “para ir a escuchar a gente así”, mejor no van.

Pablo Galán presencia el problema continuamente desde sus inspecciones. “El bienestar de los ecosistemas requiere de mucha voluntad y esfuerzos entre propietarios privados y las personas que trabajan, que cuidan y la gente del parque. Es un acuerdo bastante fuerte y no es fácil. La agricultura, la ganadería, el uso de las maderas y el turismo en zonas aledañas alrededor de Montecristo requieren bastante trabajo”, asegura. “Se tiende a aislar una cosa de otra, pero todo está conectado. Si en la parte alta se tala, se quema y se comienzan a secar las fuentes de agua, abajo se va a sentir y con más presión”.

Gabriel sale del bosque primario. En cuestión de minutos, vuelve al lado de la vereda que lo lleva a Honduritas. Se ajusta la mochila y se despide temporalmente de Alfredo Umaña para entrar en la vereda y desaparecer en la maleza.

En sus últimas declaraciones, intenta resumir la situación: “El problema con los bosques y el agua no se ha detenido. Ahora ya avanzó, como cuando alguien siente dolor en un lugar y lo ignora, después va al médico y le dicen que es cáncer. Esto todavía se puede recuperar, pero todos tendríamos que ser más críticos”.

La clínica de la nicotina

Terapia de grupo. Pacientes de la Clínica de Cesación del Tabaco del ISSS se informan sobre los químicos del tabaco.

—¿Para qué les voy a mentir? Yo aquí ando mis cigarros –dice Stanley mientras se toca la bolsa derecha del pantalón.

Tiene 49 años, aprendió a fumar a los 11 y ha llegado a fumar más de 60 cigarros al día. Ahora quiere dejarlos pero no ha sido capaz de llegar sin ellos a esta, su primera sesión de terapia. Se presenta y un grupo escucha su testimonio en el auditorio de especialidades del Seguro Social.

—¡Bótelos! –le grita alguien desde el fondo del salón. Stanley no responde.
—A pues, repártalos –le ordena un anciano.
—Denos cigarros a nosotros. Denos uno a cada uno –dice otro hombre del salón.

Stanley se mantiene serio. Parece no entender muy bien qué pasa ni por qué un grupo de personas que ha dejado de fumar le pide compartir su vicio. Algunos comienzan a reírse y le explican que si él les entrega sus cigarros, ellos pueden tirarlos por la ventana.

Este jueves 1.º de junio, 14 personas adictas a la nicotina se han anotado en la lista de asistencia de la terapia. Todos pertenecen a la Clínica de Cesación de Tabaco del ISSS. La clínica fue creada hace 25 años. En ella tratan al tabaquismo como una enfermedad y a los pacientes se les brinda acompañamiento psicológico y medicamento para que dejen de consumir su droga: la nicotina.

En esas más de dos décadas, la médica fundadora ha visto pasar (y morir) a pacientes con cáncer, enfermedades coronarias y problemas respiratorios crónicos. Aquí se reúnen los que todavía no están desahuciados. Los que aún tienen una oportunidad para abandonar el tabaco antes de que los mate.

Entre los asistentes de hoy hay un hombre de 40 años que acaba de sobrevivir a un ataque cardíaco provocado por su vicio. Fumar mata a 20 hombres cada semana en El Salvador. Así lo afirma el Atlas del Tabaco de la Asociación Americana del Cáncer y la Fundación Mundial del Pulmón. Estos datos indican que, en promedio, cada día tres salvadoreños mueren por el cigarro.

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Tratamiento. Los pacientes de la Clínica de Cesación del Tabaco reciben un sustituto de nicotina en espray que les ayuda a superar la ansiedad de fumar.

La terapia grupal se realiza todos los lunes y jueves de 8 a 10 de la mañana en un auditorio en el sexto piso. Liliana Choto de Parada es la fundadora de la Clínica de Cesación del Tabaco y está cansada porque subió por las gradas hasta acá. Ella dice que los elevadores le producen claustrofobia. Ingresa al auditorio donde ya la esperan sus pacientes y empieza a toser. Uno de los que esperan, como quien devuelve un regaño, le dice entre risas que deje de fumar para que se le quite esa tos.

La médica no fuma, aunque un par de días atrás ha aceptado que, cuando era joven, sí probó los cigarros: “Yo fumé en mi época de juventud. ¿Cómo no íbamos a fumar si en los 70 todo mundo fumaba? Ahí no había restricciones”. Cuando era joven no había restricciones, pero en la década pasada ella fue una de las personas que tuvieron mayor incidencia para que en 2011 se aprobara la Ley para el Control del Tabaco. Por su trabajo ha sido nombrada Heroína de la Salud por la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

Choto de Parada es neumóloga del Seguro Social. Regresó de México en 1991 con una subespecialización en cesación del tabaco y para 1992 ya había instalado su primera clínica en la Unidad Médica Atlacatl.

Dice que su vocación nació cuando vio la muerte que provoca el tabaco. “Son unas muertes dolorosas por problemas respiratorios y cáncer de pulmón. Las personas se asfixian. Por más oxígeno que se les ponga, ya no hay intercambio de oxígeno. Mueren como ahogados”.

La dinámica de la sesión de terapia es sencilla. La doctora da la bienvenida y pregunta si alguien quiere dar su testimonio. En el salón hay personas que han dejado de fumar hace ocho años, otros hace dos meses y otros que solo llevan una hora sin nicotina.

“Hace 14 días que no fumo”, dice Juan Solórzano, un hombre de 61 años. Él celebra su logro y habla de su vicio con distancia, como si hubiera dejado de fumar hace 40 años. Mientras da su testimonio, la doctora Choto de Parada proyecta una presentación de Power Point en la pared detrás de él.

Una de las diapositivas es una foto de 2008 en la que aparece al centro el expresidente Antonio Saca acompañado por Choto de Parada y otros doctores. La médica asegura que la fotografía fue tomada en Casa Presidencial. Esa vez –cuenta sin que la escuchen los pacientes– le pidió al expresidente que interfiriera para que El Salvador ratificara un convenio internacional que implicaba un mayor control de los cigarrillos. “Él dijo que ese tipo de acuerdos no le convenían al país. Y ahí salimos todos con la cabeza gacha”, afirma Choto de Parada.

“Son unas muertes dolorosas por problemas respiratorios y cáncer de pulmón. Las personas se asfixian. Por más oxígeno que se les ponga, ya no hay intercambio de oxígeno. Mueren como ahogados”.

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La sesión sigue su curso. “Mi problema son las emociones”, dice Érick para explicar su adicción. Su nombre es otro pero pide que no se revele porque también pertenece a un grupo de alcohólicos anónimos. Es un hombre alto y moreno de 52 años que fumó durante casi cuatro décadas.
Cuenta que empezó a consumir drogas a los 11 años. Dice que fue adicto al alcohol, a la marihuana, al crack y la cocaína, pero que ninguna sustancia fue tan difícil de dejar como la nicotina.

Pero el problema son las emociones, repite Érick. Aquellas que quiere callar o exaltar con las drogas. “La abstinencia es yuca”, afirma, y el resto asiente. Cuando una persona deja de fumar, puede experimentar ansiedad, nerviosismo, problemas para concentrarse, cambios de humor abruptos, sudoración de manos, insomnio y cambios en el apetito.

En la clínica controlan la abstinencia dando dosis bajas de nicotina vía spray nasal. Choto de Parada lo explica así: “Cada cigarrillo tiene entre 10 y 12 miligramos de nicotina y estos medicamentos en spray tienen microgramos. Se les pone en cada fosa nasal y ahí esa pequeñita dosis de nicotina se absorbe y se calma la ansiedad de fumar”.

La cobertura total de la terapia de sustitución de nicotina no es la regla en la región. De un total de 35 países que la OPS estudió en 2014, solo seis países cubrían para entonces los costos de dicha terapia: Brasil, Panamá, Surinam, Uruguay, Venezuela y El Salvador.

Érick cuenta que hasta hace dos años, cuando todavía no había dejado de fumar, su compañera de vida lo regañaba. Ella no toleraba el humo. La OMS sostiene que el tabaquismo mata anualmente a 7 millones de personas en el mundo y alrededor de 890,000 de esos fallecidos son personas expuestas al humo de tabaco ajeno.

De eso también entiende Toño, un hombre de la tercera edad que dejó de fumar hace seis años, pero sigue asistiendo al grupo, como quien teme recaer. Toño fumó por cuatro décadas. Así lo contó un par de días antes a esta sesión. Cuando él cumplió 42 años perdió la dentadura completa. Su trayectoria como fumador le dejó la pérdida de los dientes, un colchón quemado de la vez que se durmió con el cigarrillo encendido, dos quemadas a su perro y, lo que más le duele, el hecho de que su hija de 17 años y su esposa desarrollaron asma y no respiran bien: “Mi hija me ataca, me dice que por fumar la dejé dañada”.

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Exfumador. Un paciente da su testimonio frente a otras personas que luchan contra su adicción a la nicotina. El hombre de la foto llevaba 16 días sin fumar. “A lo macho, ya no fumo”, dijo.

A las 9 de la mañana y después de oír los problemas y las culpas que algunos exfumadores cargan consigo, el auditorio del ISSS se vuelve un lugar más sombrío. Es la hora del receso y algunos se levantan y caminan hacia una mesa al fondo del salón donde se sirven café y pan dulce. El hombre que recién sale de una crisis por paro cardíaco se va de la sesión y no regresa más. Otro paciente, nuevo también, muerde un palillo blanco de los que se usan para mover el azúcar cuando se endulza el café. Cuando habla, sostiene el palillo en la mano como se sujeta un cigarro. Él ha fumado durante 27 años y aún no ha parado. A diario consume 20 cigarros. “Hoy fumé dos y ya estoy con el deseo de salir a fumar”, dice. Todo el receso se mantiene sentado.

Después de unos minutos, la psicóloga del grupo, Yanet Portillo, toca una campana similar a la que cuelga de los carretones de venta de helados. Los asistentes siguen platicando entre ellos como niños en recreo. Portillo sigue tocando la campana hasta que los pacientes –en su mayoría hombres de la tercera edad– le hacen caso y se sientan.

Es el turno de la única fumadora que ha asistido a la reunión. Es alta, delgada, usa un vestido largo, collar y aretes. Está bien maquillada y tiene el cabello recogido. No es coincidencia que solo haya una mujer fumadora en este salón. El consumo del cigarrillo está marcado por el sexo. El Atlas del Tabaco indica que en El Salvador 62,000 mujeres fuman a diario, mientras que la cifra de hombres fumadores asciende a los 370,000.
La mujer de apariencia elegante dice apenada que hoy no quería hablar, pero que la psicóloga la convenció.

“No quería pasar acá y decir que he recaído”, confiesa. Luego relata que ha sido fumadora por 23 años. Vino a la Clínica de Cesación del Tabaco por primera vez hace seis meses, pero ahora está pasando por problemas y ha vuelto a fumar. Cálculos de la Clínica de Cesación del Tabaco indican que el 28% de sus pacientes recae al mes de asistir al proceso y que la cifra de recaída aumenta al 35 % o al 40 % al año.

Un hombre gordo sentado en las primeras filas la interrumpe. En su voz hay un tono paternal. “¡No compre cigarros! Métaselo en la cabeza”, le dice. El hombre frunce el ceño y junta los dedos de las manos para colocarlos sobre su frente dándose golpes pequeños: “¡No compre! Métase eso en la cabeza”.

El artículo 9 de Ley para el Control del Tabaco establece que está prohibida la venta de cigarros por unidades. Esta medida tiene como objetivo reducir el consumo de tabaco haciendo más difícil su adquisición. Si la ley se cumpliera, las personas que los venden serían multadas con $57. Si la ley se cumpliera, los negocios que están a 3 minutos de esta terapia con canastos llenos de cajetillas en la acera del Hospital de Especialidades serían multados. Ahí se compra un cigarrillo por $0.25.

Otro paciente parece estar más conmovido por la historia de recaída de la mujer. “Licenciada, ¿por qué no le da un spray?”, le pregunta a la psicóloga. La psicóloga responde que la mujer dejó de llegar a la clínica, por eso no tiene ahora mismo un sustituto de la nicotina que la ayude a superar la ansiedad para fumar. Luego, le señala a la paciente: “Usted ya sabe lo que tiene que hacer, ya conoce el proceso para dejar de fumar”. La mujer, mitad apenada y mitad reanimada, hace una mueca de sonrisa y respira profundo.

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Gasto estatal. De acuerdo con cifras de FOSALUD, El Salvador destina $53 millones para el tratamiento de enfermedades relacionadas con el consumo del tabaco.

Entre testimonios de las personas que han dejado de fumar y otras que aún luchan contra sus propios deseos, las 2 horas de la sesión pasan rápido. Una trabajadora social que se sienta al fondo del salón empieza a revisar papeles. Para estar acá, algunos de los pacientes piden permiso en sus trabajos y la clínica les da una constancia.

La psicóloga de la clínica se encarga de que la última parte de la terapia grupal sea un resumen de instrucciones para los pacientes nuevos: deben fijar un día de la siguiente semana para dejar de fumar y comprar solo los cigarros necesarios para llegar hasta ese día. Deben llegar el siguiente lunes con 24 horas de abstinencia para conocer cómo reacciona su cuerpo ante la ausencia de nicotina y saber qué medicinas debe recetarles la neumóloga.

Las cifras estatales confirman esa sentencia. El Fondo Solidario para la Salud (FOSALUD) sostiene en su página web que “se estima un gasto de más de $53 millones anuales para la atención de algunas enfermedades respiratorias asociadas al consumo y la exposición de humo de tabaco”. Ahí mismo se afirma que la recaudación de impuestos del tabaco en 2016 fue de $ 28.1 millones.

La OMS sugiere que para reducir el consumo de tabaco, el impuesto de los cigarros debe aumentarse hasta el 70%. En El Salvador ese impuesto ronda 52 %, de acuerdo con el Informe sobre el Control de Tabaco de la Región de las Américas.

Mientras se llega la hora de salida, los pacientes de la Clínica de Cesación del Tabaco escuchan las instrucciones de la psicóloga Portillo. Aunque para la mayoría es un discurso que se repite, la miran y escuchan atentos. Portillo les dice que, además de desarrollar problemas en los pulmones, es probable que también tengan problemas de vista y audición. A veces algún fumador o exfumador interviene para dar un ejemplo o asentir.

En este salón todos hablan como si las cosas se dijeran por primera vez, con esmero y determinación en cada palabra, como si en lugar de convencer a los demás, buscaran convencerse otro día a ellos mismos.

“Estaba seguro de que iba a morir pronto”

Es 1.º de abril y si todo hubiera ido según lo planeado por el ímpetu de la juventud, Miguel Huezo Mixco estaría en la celebración de los 47 años que han pasado desde la creación de las Fuerzas Populares de Liberación (FPL), uno de los cinco movimientos guerrilleros que conformaron al Frente Farabundo Martí para La Liberación Nacional (FMLN). Pero desde hace más de 20 años Miguel está alejado de banderas y esta mañana de sábado recibe en la sala de su casa a un equipo de periodistas.

Antes de que inicie la entrevista, Miguel –de 62 años– cuenta acerca de un tatuaje que recién se retocó en el brazo derecho. En la muñeca izquierda, lleva tatuada una pluma. Vive con su pareja en una tranquila casa en la que se cuela el canto de los pájaros que parecen sacados de una grabación. Antes fue el encargado de propaganda de las FLP y su jefe directo fue el comandante Leonel, el ahora presidente Salvador Sánchez Cerén. Durante el conflicto armado, después de que su pareja de entonces murió, solicitó permiso para salir de la guerrilla y dedicarse a escribir. Leonel no se lo concedió: “Bueno si lo que querés es escribir, ¿por qué no sos capaz de hacerlo aquí?”, le retó.

El escritor dice que en el último par de años no ha podido descansar. Todo el tiempo libre lo usó para escribir “La casa de Moravia”, un libro que lo tiene nervioso y que ya está a la venta. La mayoría de su trabajo literario ha sido en la poesía, el ensayo y ha transitado incluso por el periodismo. Platica de su nueva novela y sus recuerdos viejos de tiempos de campamento, de poesía creada en la montaña y de dilemas morales. Al terminar la conversación, muestra el nombre de un chat donde están algunos de sus excompañeros de la radio oficial de las FPL, la radio Farabundo Martí. Una mezcla extraña entre nostalgia, épocas de revolución y grupos de WhatsApp.

En 2014, cuando presentó “Camino de hormigas”, dijo que esperaba tener aliento para escribir al menos una novela más. ¿Ahora renueva ese deseo o esperamos leerlo en otros géneros?

Estoy entusiasmado con la posibilidad de terminar un grupo de novelas que estén relacionadas, una trilogía. Esta es de alguna manera una continuación desde otra perspectiva de la novela anterior y tengo idea de poder hacer una tercera, pero para eso tengo que descansar un poco.

A “Camino de hormigas” se le llamó de varias maneras: “Una gran crónica”, “Una serie de relatos”, “Una novela”, ¿usted cree que este libro va a provocar una discusión similar sobre el género?

No lo sé. Lo que sí tiene de peculiar esta producción es que hago uso de algunos recursos que son para mí novedosos. Le solicité autorización a los tuiteros para que me permitieran publicar algunos tuits y también usar algunas imágenes que circulan en blogs como Tumblr o Instagram. También incorpora fuentes periodísticas reales para hablar de un caso específico en la segunda parte de la novela. Hay una mezcla de hechos históricos con fuentes periodísticas que son partes de la historia, que es una ficción. A ver cómo funciona.

El narrador en “Camino de hormigas” parte de sus propias experiencias en la guerra, ¿pasa algo similar en “La casa de Moravia”?

Es algo parecido. El personaje de “Camino de hormigas” aparece en medio de la trama de la novela. Algunos de los elementos de la vida de este personaje tienen que ver un poco, no tanto, con mi propia experiencia. Es por demás, uno muy difícilmente puede escaparse de sus propias experiencias, sobre todo cuando han sido tan intensas.

Si tuviera que hacer un cálculo matemático sobre qué tanto de su vida personal queda en esta novela, ¿cuánto sería?

Si le pusiéramos un porcentaje creo que andaríamos en un 15 % o 20 %. Creo que, a diferencia de “Camino de hormigas”, donde hay partes que podrían parecer casi testimoniales, esta novela incorpora muchos más elementos ficcionados.

Mi vida personal está volcada completamente en la novela en el sentido de que la producción de una novela te demanda un esfuerzo de vida permanente de pensamiento, a la hora del trabajo, en la noche, en los sueños, en las pesadillas está presente. En ese sentido, la novela sin duda que es una expresión de mi vida.

En entrevistas anteriores le preguntaban sobre si aparecía el presidente Sánchez Cerén en su novela…

No, no aparece. Buena parte de la novela (“La casa de Moravia”) se desarrolla entre Nicaragua y Costa Rica, aunque los personajes están en un hotel de mala muerte en la playa El Obispo, La Libertad. Es una road novel porque (un personaje) tiene que viajar haciendo contrabando entre Costa Rica y Nicaragua, pero no contrabandeando fierros, armas o tiros. Anda contrabandeando cosas que hacen falta en Nicaragua porque están padeciendo el bloqueo de Ronald Reagan en 1981. Él contrabandea papel higiénico, bolígrafos, cuadernos, cosas de utensilios básicos que hacen falta.

Usted fue un protagonista de la historia en los ochenta. ¿Cómo es ahora su relación con los demás protagonistas de la historia salvadoreña del conflicto armado?

Variada. Con algunas conservo una amistad entrañable. Diría que hay tres niveles de relación. El primero sería con los que ya no están. Con los que desaparecieron tengo una relación permanente de admiración, de respeto. Siempre están presentes.

Luego están con los que tengo una relación de mucha amistad porque nos tocó vivir momentos difíciles y esos momentos hacen que las personas establezcamos lazos profundos, y no solamente con personas que fueron parte de la guerrilla, sino personas que fueron parte de la población civil en las zonas de combate donde estábamos en medio o muy cerca de poblaciones campesinas… y otros con los cuales la vida nos puso en diferentes situaciones, tenemos algunas diferencias. No puedo decir que tenga enemigos ni nada semejante, pero ya no gravito en los espacios de los rituales propios de la cultura de la organización armada ni del partido.

¿Cuáles son esos espacios?

Este día, el 1.º de abril, es la celebración de la fundación de las FPL y hay actividades, hay invitaciones a convivios y todo eso. Yo no participo en nada de eso ya. Yo estoy desmarcado completamente de ello.

¿Le llegan las invitaciones?

Sí, sí, sí. Estoy en un grupo de WhatsApp con gente que estuvo ahí también y mandan cosas, pero estoy en ese grupo como estoy en otros también.

¿Hay un grupo de WhatsApp de las FPL?

Hay uno de gente que estuvo en la radio Farabundo Martí. Poco intervengo ahí, pero sí me entero de cosas porque ahí hay gente a la que yo le tengo mucho afecto y de la que quiero saber cómo están. En algunas cosas pensamos diferente, pero así es la vida, ¿no? No por eso vamos a ser enemigos, sino que simplemente cada quien mantiene su propio espacio y su distancia.

Y cuando yo le digo “Sánchez Cerén”, ¿se imagina al comandante o al presidente?

Sin duda que es el presidente del país.

Pero si cierra los ojos y le digo “Sánchez Cerén”, ¿lo ve en la montaña o lo ve dando un discurso?

Lo veo como presidente, porque en las montañas se llamaba de otro modo.

Leonel. Leonel y el nombre de él está asociado con su vida ya como un actor político importante del país. El otro nombre sí inmediatamente me remite a la persona que estuvo en el frente de guerra.

En la guerra usted le pidió salir para escribir, un permiso que le fue denegado ¿verdad?

Sí. ¿Eso está dicho en alguna entrevista?

Sí.

Ah, sí. Sí… y fue una lección maravillosa de vida. En ese momento probablemente yo estaba tan lastimado emocionalmente que si me hubieran dado permiso de salir a escribir, probablemente no hubiese vuelto a la guerra. Me dijo: “Bueno si lo que querés es escribir, ¿por qué no sos capaz de hacerlo aquí si tenés todas las condiciones para hacerlo? Todo está en tu cabeza. No le des la espalda a esto tampoco”. Y me pareció que me tocó un nervio importante y le dije “sí, tenés razón, me voy a quedar”.

¿Ese fue directamente el comandante Leonel, verdad?

Sí, directamente él fue. Yo no viví esos procesos como una persona que me sintiera perseguida por escribir ni nada semejante. Sino, más bien, yo estaba sometido a una disciplina que era necesaria. Ahí cada quien tiene que jugar a la parte que le toca y a veces renunciar a las cosas que apetecen porque estás metido en una causa que requiere que tengás una disciplina sostenida.

¿Ha habido un punto en la historia política del país donde usted haya empezado a ver un mayor apoyo hacia la literatura o no se ha dado ese giro?

No se ha dado ese giro. Sin duda esta es una opinión sesgada. Yo participé de un momento en el que hubo una especie de renacimiento de los esfuerzos culturales que fue recién pasada la guerra, cuando se funda el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y se pone al frente de él a una persona extraordinaria como Roberto Galicia y yo tengo la suerte de que él me lleve a trabajar con él a dirigir la editorial del Estado. En ese momento el país estaba en otras condiciones, no tenía el nivel de endeudamiento que tiene ahora. Estamos hablando de 1996 al 2000, aproximadamente, o más, 2004. Ahí fue cuando se hizo la colección de la Biblioteca Básica de Literatura, se hizo la Colección Orígenes, se hizo la Colección de Teatro. Fue un florecimiento, una apertura de aire fresco.

¿En los últimos dos gobiernos usted ha visto algo similar o alguna intención?

Ni en los dos últimos, ni en los tres últimos, ni en los cuatro últimos probablemente. La Dirección de Publicaciones ha entrado en una especie de crisis. El modelo de gestión de la editorial tiene que cambiar radicalmente.

¿Cómo es que usted logra publicar dos libros en 1988 en medio de la guerra?

Publico “El pozo del tirador” y también “Trespájaros de un tiro” y, al año siguiente, publico “Pájaro y volcán”. Los dos primeros en la Universidad de El Salvador y el segundo en la UCA Editores.

En 1988 estamos hablando de un año complicado, ¿cómo hacía para enviar los textos?

“El pozo del tirador” fue un libro que yo dejé hecho antes de irme a la guerrilla. El proceso de producción tomó bastante tiempo. En el caso de “Trespájaros de un tiro” es un libro que yo produje allá. Una guerra es un espacio y una condición que también está caracterizada por momentos de cierto ocio. No todo el tiempo estás enfrentando situaciones bélicas arriesgadas, sino que también en esas zonas se produce una vida cotidiana.

“Tres pájaros de un tiro” lo hice con el apoyo de una extranjera que estaba en la zona de Chalatenango, que tenía contacto con la UCA y me transmitió la idea. “Mirá, en la UCA tienen interés en publicar algo con la literatura que se está produciendo en el frente de guerra, no sé si te interesa”. Escribí a mucha gente que sabía que estaba escribiendo para comenzar a coleccionar eso. Fueron llegando los poemas a mis manos en mensajes, en papeles doblados y todo eso. Traté de buscar poesía que no fuera la más panfletaria, sino también la poesía que tenía que ver con los conflictos personales, las pérdidas, el romanticismo presente en las relaciones. Esa colección se convirtió en ese libro.

¿Cómo la envían a la UCA?

Había vasos comunicantes impresionantes por todo el país de todos los frentes de guerra. Me iban llegando los puchitos. Alguna gente mandó cosas que no recibí, seguramente. Hago dos copias, una la compilo y se la hago llegar a la editorial. La persona que apoyó esto fue el padre Ignacio Ellacuría.

En sus textos aparecen las mujeres como combatientes, como mujeres aguerridas, como amantes. La académica Jocelyn Viterna dice “la participación de las mujeres fue fundamental para el éxito del FMLN”, pero luego dice “la participación de las mujeres en promedio, benefició más al FMLN que a ellas”. ¿Cuál es su lectura de las tareas que realizaban las mujeres en los campamentos guerrilleros?

Bueno, ya casi no estamos hablando de literatura… Nos hemos salido un poco…

Sí, pero después podemos volver…

Okay, voy a tratar de hacerlo llegar a la literatura. Creo que el proceso del movimiento armado salvadoreño en algunas cosas fue de mucha innovación en las relaciones entre géneros y en otras fue también un reflejo de la sociedad en la que nació. Muchos de los roles de género se reproducen en el mundo de la guerrilla y otros cambian. La presencia de mujeres al frente de tropa o al frente de colectivos políticos importantes ocurre, pero era una proporción menor.En general las tareas que les eran otorgadas a las mujeres reproducían en buena manera los roles y estereotipos de género de la sociedad salvadoreña y los dominantes en general: cocineras, enfermeras, educadoras. Había hombres, pero la mayoría de las personas que hacían esto eran mujeres. En la cocina, sin embargo, es un espacio muy complejo. La cocina necesitaba un equipo de abastecimientos, las personas que se encargaban de ir a recoger maíz, frijoles, sal, azúcar, café, era un trabajo que le tocaba fundamentalmente a hombres. La recolección de leña era compartida por hombres y mujeres, pero la hendidura de leña con hacha era un trabajo que le correspondía a los hombres. La cocina no es solo la preparación de los alimentos.

Creo que hubo alguna desventaja de parte de las mujeres en la situación de guerra. No faltaron desde luego casos en los cuales hubo personas que trataban de aprovecharse de su posición para acercarse a ellas. Se dieron muchos casos de este tipo, sin duda, pero también se dieron casos en los cuales había una actitud bastante firme para tratar de que esas cosas, si eran conocidas, no se toleraran. Pero también hubo tolerancia en otros casos. En “Camino de hormigas”, una de las historias que yo cuento tiene que ver con una persona que es acusada de hacer uso de su poder para seducir a una muchacha, el conflicto se desarrolla en esa circunstancia.

Bueno, termina la guerra, usted se sale del partido y se va a Nueva York. Debió haber sido un cambio sorprendente. ¿En algún momento temió sentirse como traidor?

Quizás no. Estaba convencido de que ese momento para mí era un momento crucial en el que tenía que volver a la literatura.

Lo que más me afecta en ese momento no es lo que los demás te dicen como lo que te dice tu conciencia, porque después de haber estado tanto tiempo metido en eso uno no deja de sentir: ¿Estaré haciendo lo correcto? Hay un comisario interno que dentro de ti te está diciendo que le estás dando la espalda al pueblo para hacer un trabajo que es tuyo, literatura… que podría ser casi que un bien ostentoso.

¿Escribir era su prioridad?

Esa era una de mis dos prioridades.

¿Cuál era la otra?

Tomar distancia de un proceso en el cual yo sentía que había dado lo que me correspondía, un proceso en el cual sentía que comenzaban a emerger algunas diferencias.

En entrevistas con excombatientes es común que se mantengan con una actitud alerta. ¿Alguna vez la guerra abandona por completo el cuerpo?

No. Uno se va relajando, pero, para mí, el Día del Ejército o el Día de la Independencia, cuando ponen a volar los aviones Fouga o los A-37 y los helicópteros a hacer maniobra, es un día desagradable porque inmediatamente me trae la evocación de los momentos en que estábamos bajo un desembarco, que venían los bombardeos. Una situación de esas no te va a abandonar.

Claudia Cristiani dijo sobre “Camino de hormigas” que le parecía que era el comienzo del fin de la posguerra y que son las personas con un nivel de sensibilidad femenina las que están dispuestas a presentar una realidad sin vencedores ni vencidos. ¿Usted considera que existe esa sensibilidad femenina dentro de su literatura?

Tengo actitudes muy femeninas, pero tiene que ver con la estructura emocional que tiene cada uno de nosotros. Algunas veces en la guerrilla, bromeando, por mi amistad tan cercana con un compañero, insinuaban de que entre él y yo había una relación homosexual. Tengo mi parte femenina que está bastante más desarrollada, más de lo que normalmente se podría pensar para un hombre, y eso me halaga muchísimo porque una de las maravillas que tiene la mujer es la posibilidad de quebrarse, de romperse, de llorar, de enternecerse. Es una cosa que nos está negada culturalmente a los hombres.

Los roles masculinos te obligan a ser exitoso, a ser proveedor, una cosa de la que poco se habla. Esa representación de que el hombre no puede llorar, no puede romperse, no puede vaciarse, es algo que yo trato de permitírmelo. Cuando uno siente que se va a romper, tiene que romperse, y cuando uno tiene que llorar, llora. He dejado de leer poesía en público justamente por eso. Empiezo a leer mis poemas y siento que me voy a romper.

Usted ha increpado a otros escritores porque les falta “una pizca de vergüenza” a la hora de recordar la guerra. ¿Por qué intenta evitar la heroicidad en sus narraciones de guerra?

Creo que una de las cosas que nos está faltando como país para podernos reconciliar y construir un nuevo nosotros es despojarnos cada uno de sus triunfos.

Justamente lo digo sobre un libro extraordinario, “Los secretos de el paraíso”, el libro sobre el asalto al cuartel El Paraíso de este colega (Armando Salazar), una persona a la que yo le tengo mucho respeto. Lo que le faltaba ahí era pensar que no solamente estábamos demoliendo una estructura militar, sino también que estaba muriendo gente y que probablemente las madres o los hijos de estos soldados, si estaban en pobreza, posiblemente se sumergieron más en la pobreza o se vieron obligados a emigrar.

Tenemos que hacer como un twist mental al no presentar un discurso en el cual celebramos nuestras victorias para humillar al otro, al adversario que fue nuestro enemigo. Pero mientras tú sigas celebrando sin autocrítica los homicidios y el otro siga celebrando los homicidios que cometió, estamos muy lejos de encontrar el país que necesitamos.

Si yo le contara al Miguel de los ochenta que en 2017 se va a estar moviendo en un mundo de diplomacia, ¿qué cree que me respondería?

No te creería. Cuando entré a la guerra, estaba seguro de que iba a morir pronto. Era una cosa que la sentía segura. No era una persona que tenía formación militar ni nada de eso.

Leí que después de una caminata muy extenuante usted pensó en retirarse.

Sí y me pasó más de una vez. Esas cosas que decís “no voy a aguantar” y tratás de encontrar una coartada para sacarte, para liberarte. Esa vez dije “voy a romper los anteojos y ya con eso voy a poder salir”. Yo te respondería en aquel momento que no, no me veo yo metido dentro de 15 años en el mundo en el que ahora estoy. La idea que yo tenía del país que iba a surgir era una idea difusa, distinta. Uno de los sueños que yo tenía si la guerra termina y yo la sobrevivo era escribir, que era lo que más deseaba, y publicar libros.

Y sobre estas novelas que ha publicado, ¿qué es más difícil: entrar al bagaje de recuerdos o terminar de escribir y salir?

No, lo más difícil es editar la novela. Lo otro son cosas que de alguna manera vas encontrando.

Ja, ja, ¿no es un tránsito tortuoso?

No, es tortuoso en términos de proceso de creación porque comenzás a obsesionarte mucho con las cosas que estás haciendo. Luego la parte más, más, más difícil es justamente esta. Te lo confieso. Esta que estoy viviendo ahorita que la obra ya está publicada y te exponés.

Hay mucha gente que está celebrando la publicación del libro. No deja de ser un poco angustiante. Desde luego se agradece, pero es algo así como “¿Voy a defraudar?, ¿realmente este libro estará bien?”

Yo tenía muchísimas dudas con “Camino de hormigas”, tengo muchísimas dudas con este otro también. Es una experiencia completamente diferente de la producción de poesía, donde vos sabés que nadie va a entender nada –ja, ja–, que es una cosa que es un lenguaje muy críptico. Es un lenguaje que no te da ni siquiera oportunidad de conversar sobre ello. O sea: ¿conversar con un periodista sobre un libro de poesía? Es muy difícil… la narrativa te da esa posibilidad.

También te expone mucho más a preguntas. Expone personajes que se van a reconocer ahí, que están bien o mal retratados. A mucha gente no le gusta verse en los libros pintada como aparece. Me ha pasado con el libro anterior y va a pasar también con este.

¿Personas reales en las que usted se inspira y toma alguna parte y luego le dicen “no, pero yo no soy así”?

Sí.. sí, gente que se siente maltratada.

¿Pero es ficción al final?

Sí, pero ellos se reconocen ahí y dicen: “¿Por qué decís eso de mí?” Ja, ja.

¿Y qué responde usted?

Es ficción. Es complicado.

Usted dijo que “Camino de hormigas” probó suerte en siete editoriales y en cinco fue rechazada y en dos aceptada. ¿Cómo fue ese proceso con “La casa de Moravia”?

Fue diferente. En Alfaguara, después de “Camino de hormigas”, no quedaron tan desagradados aparentemente y me dijeron: bueno, ¿cuándo nos das otro libro? Lo ponen en programación y comienzan a meter un poco de presión. ¿Cómo vas con el libro? Mostranos algo. O, ¿cómo va el adelanto? Es una suerte que te digan dame otro libro… y me acaban de pedir otro ya.

 

Andrés, la tortura y el refugio

Lo tiraron al suelo y, otra vez, le preguntaron dónde estaban los pandilleros que habían huido más temprano en este municipio de San Salvador. Andrés (nombre ficticio), quien entonces tenía 16 años, les dijo que no sabía las respuestas que tanto esperaban. Interrogadores e interrogado avanzaron por un trecho más del camino, lleno de polvo, golpes y empujones.

Cerca de un potrero, pararon la marcha y tomaron unas botellas plásticas llenas de agua. Vaciaron el contenido en su nariz y boca para dificultarle la respiración. El muchacho siguió negando que supiera lo que requerían de él.

Lo golpearon otra vez y lo arrojaron al suelo. Uno brincó sobre su estómago por algunos segundos, que al joven se le hicieron largos en un dolor que abarcaba toda el área abdominal y la parte baja de la espalda. Le decían que él era uno de los que había corrido más temprano en la mañana. También que lo asesinarían y que su cuerpo descansaría, finalmente, en un pozo.

Tres más se acercaron al sector. Uno de ellos le mostró a Andrés, por medio de su teléfono celular, la foto de un pandillero asesinado. Le pidieron que confirmara su nombre. El muchacho afirmó que no lo conocía. Le señalaron, entonces, un cerco cercano y le ordenaron que caminara hacia allá.

Un hombre vestido de civil, con un arma al cinto, le preguntó sobre el lugar donde la estructura criminal que aún tiene presencia en el sector había escondido las armas. La respuesta de Andrés fue la misma. Sintió que una persona se le acercó desde atrás para colocarle una prenda alrededor del cuello. La apretó con violencia, como para asfixiarlo. El proceso duró, aseguró Andrés, media hora.

Otro hombre vestido de civil le preguntó una vez más por el paradero de los pandilleros, mientras otro le daba puñetazos en el estómago. Desesperado, afirmó que había escuchado que sus vecinos en el cantón habían dicho que los pandilleros huyeron hacia una quebrada determinada. Le tomaron la palabra y fueron a buscar, con Andrés como guía. No encontraron nada. Se sintieron engañados. Por ello, a su regreso le metieron la cabeza repetidas veces en un contenedor con agua que acercaron al lugar.

La amenaza de muerte se repitió. Uno de los que lo interrogaban tomó arena en sus manos. Le dijo que abriera la boca, a lo que se negó. Otra persona lo obligó a hacerlo con una patada en el pecho y los granos entraron en su cuerpo. Lo golpearon y lo arrojaron el suelo para brincar sobre él. Luego le apretaron los ojos, “como si se los quisieran sacar”. Fue una de las acciones que más dolor le causó. Quienes hacían eso le dijeron que lo iban a matar, que nadie en ese lugar desolado escucharía sus ruegos. Los responsables de infringirle dolor a Andrés no pertenecían a ninguna estructura criminal. Eran miembros de la Policía Nacional Civil y la Fuerza Armada de El Salvador.

El proceso de la tortura duró más de cinco horas. La novedad de su captura se reportó a las 10 de la mañana. No llegó al puesto policial de Rosario de Mora sino hasta después de las 3 de la tarde. Casi al final, Andrés les pidió que lo mataran o que lo llevaran a la cárcel, que le pusieran el delito que les placiera. Un soldado dijo que no valía la pena gastar balas en él, que lo matarían poco a poco hasta que su vida se apagara como una llama.

Lo subieron a una patrulla. Pero la amenaza no fue tal y, más bien, llegaron al puesto policial de Rosario de Mora, donde lo acusaron por el delito de resistencia a la autoridad. Allí le colocaron unas apretadas esposas, que lo hirieron con su metálico e insistente abrazo.

Pasó en una bartolina policial, junto a adultos, por dos días, hasta que lo liberaron. Tras ello, dijo el joven, fue remitido al CONNA, pero en esta última institución no tienen un registro sobre ello, quizá porque inmediatamente dieron con su madre.

Lo anterior es parte del testimonio de Andrés que está incluido en expedientes abiertos en la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos (PDDH) y en la Fiscalía General de la República (FGR). Ambas instituciones han encontrado suficientes indicios para iniciar investigaciones.

Andrés fue detenido por dos días y medio sin que para ello mediara una orden de captura en su contra o siquiera la sospecha de un delito. Los agentes y soldados lo torturaron antes de detenerlo para obtener de él una información que desconocía: cómo estaba conformada la pandilla que opera en la zona, dónde estaban las armas que esa estructura ocupaba para cometer sus crímenes.

La mañana del 4 de mayo de 2016, un comando de las Fuerzas Especializadas de Reacción El Salvador (FES) y otros cuerpos de seguridad realizaron un operativo en El Carrizal, el cantón donde residía en Rosario de Mora. Muchos de los pandilleros que tienen presencia en la zona huyeron despavoridos ante los uniformados.

A las 10 de la mañana de ese mismo día, su madre, Hortensia (nombre ficticio), fue interceptada en la calle por un grupo de policías y militares. Le preguntaron por sus hijos adolescentes. Ella respondió que uno de ellos había desaparecido desde hacía meses. El otro, dijo, estaba en su casa. Se trataba de Andrés.

Dijeron que la acompañarían hasta su vivienda, pues solo deseaban hablar con el muchacho. Al llegar allí, Andrés se encontraba con las ropas sucias, trabajando en la preparación de lodo para reparaciones de su vivienda. Allí lo capturaron.

PNC Y FAES BAJO LA LUPA

Los mapas representan el total de investigaciones iniciadas en la FGR a partir de denuncias contra miembros de la PNC y la FAES, desde enero de 2013 hasta marzo de 2017. Cada punto corresponde a un caso diferente.

Después de ser liberado, la Asociación Salvadoreña por los Derechos Humanos (ASDEHU) decidió apoyarlo jurídicamente en su proceso de denuncia. La institución ya era conocida por Hortensia, madre de Andrés, porque ella asistía a las reuniones de apoyo a familiares de desaparecidos que la institución todavía organiza por el caso de su otro hijo, de quien todavía hoy no tiene noticias. La ONG también apoyó al muchacho llevándolo ante un médico particular para comprobar su estado de salud.

Un médico general, que pidió no ser identificado para este reportaje, extendió un certificado para que pudiera ser usado, luego, en una denuncia. Allí escribió que Andrés presentaba “múltiples traumas” en el cuerpo, así como un “edema en la frente con leve equimosis por trauma”. El doctor hizo hincapié en un área específica, los ojos: afirmó que estos tenían una leve disminución en la agudeza visual, pues había una hemorragia conjuntival, tanto interna como externa, en las dos membranas delgadas que cubren la superficie interna del párpado y la parte blanca del globo ocular, como define la web de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos a las conjuntivas oculares. El efecto era más fuerte en el del lado derecho. Quizá como consecuencia de aquella acción descrita por Andrés, en la que sentía “que le sacaban los ojos”. El médico recomendó que lo revisara un especialista en oftalmología.

“En miembros superiores, marcas lineales horizontales con costras hemáticas y edema en ambas muñecas por probable colocación de esposas”, escribió el doctor en referencia a aquellas marcas que mostró en unas fotos y un video que le realizó la organización Amnistía Internacional, apenas unos días después de que los hechos ocurrieron, para denunciar su caso. La evaluación fue ratificada por la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos, a través de uno de sus médicos, quien hizo un examen pericial de rutina parecido al que hace un forense. Una evaluación más fue realizada a Andrés por la doctora Nuria de Escobar, del Instituto de Medicina Legal.

A petición de ASDEHU, la PDDH hizo algunas diligencias más. Además de tomar los testimonios, miembros de la institución acompañaron al adolescente y a su madre en un reconocimiento de fotografías de los presuntos culpables y a una inspección ocular al lugar de los hechos hecha por la Unidad de Asuntos Internos de la Policía Nacional Civil. Andrés y su madre creyeron que esa era la única forma en que se protegería su integridad. Esa fue la última vez que ambos pusieron un pie en el sitio que antes llamaban hogar.

Encontrar el expediente del caso de Andrés ha sido complicado en esta sede fiscal, la de San Marcos, donde él y su madre pusieron la denuncia por primera vez. El jefe de la oficina digita el número de referencia para encontrarse con que el expediente ha sido archivado. “Quizá las personas vinieron a retirar la denuncia o se archivó por falta de pruebas”, comenta, atento a la pantalla.

Escarba un poco más entre carpetas electrónicas y ubica un memo de incompetencia emitido por la fiscal que anteriormente llevaba el caso. El mismo fue trasladado a otra sede fiscal para que fuera conocido por personal ajeno a esta oficina.

“Ah, ya sé de cuál me está hablando, el de un cipote al que le jodieron los ojos”, comenta el jefe, al tiempo que levanta el teléfono para hacerle una llamada a la anterior fiscal asignada a ese caso y certificar su afirmación.

Según el jefe fiscal, decidieron que no era conveniente hacerse cargo del proceso, pues después de comprobar quiénes son los agentes que pertenecen a esa patrulla, se dieron cuenta que eran los mismos con los que trabajan todos los días.

“Consulté con un superior sobre esa decisión y me dijo que estaba bueno, ‘no vaya a ser que después la agarren contra ustedes’, me dijo… El problema es que algún fiscal de aquí lo iba a llevar, y no era descabellado tampoco que le hiciera lado”, comenta el jefe.

La decisión, al parecer, también se tomó por otros hechos denunciados por Hortensia, la madre de Andrés. Tres semanas después de poner la denuncia, recibió una llamada en su teléfono celular. La voz, que no se identificó, le preguntó sobre su nueva dirección en San Salvador y la invitó a llegar a una reunión en la colonia San Benito, donde tendrían una entrevista. La cuestionó, también, sobre las personas que posiblemente le servirían como testigos del caso. Como del otro lado no se identificaron, Hortensia no accedió.

Seis días después recibió una nueva llamada. La voz del otro lado no era la misma que la de la ocasión anterior. Esta vez el investigador sí se presentó. En la entrevista que arreglaron, Hortensia preguntó por la llamada y mostró el número, al que el agente identificó como perteneciente a la Policía. Les dijo que se trataba de algo irregular, pues él era el único al que se le había encargado realizar diligencias en el caso.

Ahora este es visto en una sede fiscal diferente, ubicada en otro municipio del departamento de San Salvador. El profesional al que le ha sido asignado afirma que es la primera vez que ve que algo como esto pasa, aunque, por ser fiscales “tienen jurisdicción en todo el país”. Dice que el caso está avanzando y que es posible que muy pronto llegue a los tribunales. Sus palabras, semanas después, resultarán ciertas.

Esta, remarca el fiscal, no es la primera vez que le toca investigar policías en su tiempo dentro de la institución.

“Son indagaciones muy complejas, pues uno debe investigar a aquellos que corrientemente son los indicados de perseguir el delito”, comenta, al tiempo que señala la conveniencia de no trabajar con investigadores comunes, sino con miembros de la unidad de Asuntos Internos de la PNC, un departamento creado, específicamente, para encargarse de aquellos que se salen del redil de la legalidad.

El procurador adjunto de Derechos de Seguridad Ciudadana, Gerardo Alegría, opina que esta manera de actuar, la de delegar la investigación en elementos no vinculados con esta, debería ser la forma corriente para tratar este tipo de situaciones.

Va un poco más allá con la crítica, y afirma que es un sinsentido que sea la PNC la única institución que cuente con un laboratorio técnico científico, por lo que es imposible, al menos en este aspecto, tener un punto de vista más allá que aquel que tiene la Policía.

“Claro que en la PNC tratan de llevar las investigaciones de la manera más independiente posible, pero también es verdad que hay fallas, fraudes, omisiones, negligencias, problemas en la cadena de custodia, alteración de la escena. Lo hemos comprobado en varios casos”, comenta Alegría.

Otro elemento a tomar en cuenta en el caso es que la víctima de los malos tratos y de la tortura es un menor de edad, un grupo etario que, por su condición de vulnerabilidad, es sujeto de medidas de protección especializadas. Las mismas que no se le brindaron a Andrés con el simple hecho de no colocarlo en un área diferenciada a la de los adultos.

El jefe fiscal de la oficina donde Andrés y su madre pusieron la denuncia justifica la medida por las dificultades de actuar sobre el terreno y determinar si un joven es un menor de edad. Sin embargo, Vanessa Martínez, subdirectora de Derechos Individuales del Consejo Nacional de la Niñez y la Adolescencia (CONNA), rebate lo anterior con un concepto contemplado en la LEPINA: Si una autoridad tiene dudas sobre si una persona es menor de edad, debe tratarla como un menor de edad, sin excepciones. Lo mismo ocurre con la disyuntiva entre si es un adolescente (mayor de 12 años) y un niño.

Según la funcionaria, la institución a la que pertenece ha recibido, desde enero de 2014 a julio de 2016 (último mes contabilizado), 81 casos de abusos de autoridad durante detenciones a adolescentes por parte de la PNC, para las que se realizó una investigación sobre los derechos vulnerados. La Fuerza Armada acumula 15 casos. En ocho más, el cuerpo de seguridad del Estado no está definido.

Cuando ha sido consultado por casos similares a los de Andrés, el director de la Policía Nacional Civil, Howard Cotto, ha remarcado su confianza en que la actuación de sus hombres, su uso de la fuerza, siempre ha estado enmarcada dentro de la ley. Ese ha sido el discurso sostenido por Cotto desde que asumió el mandato a inicios de 2016. Uno que se opone a las observaciones de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos y el Departamento de Estado de Estados Unidos, que afirmó en su último reporte en la materia que las autoridades del país “a veces fracasaron para mantener un control efectivo sobre sus fuerzas de seguridad”

El mismo informe también señaló la existencia de casos en los que algunos agentes de la Policía han implantado droga a jóvenes para detenerlos y armar un caso en su contra. Una vez detenidos los han torturado a través de golpizas para obligarlos a que revelen información sobre los pandilleros de las colonias o cantones donde residen, se afirma en el documento.

JURAMENTACION DE 280 NUEVOS AGENTES DE LA POLICIA NACIONAL CIVIL LOS CUALE FUERON JURAMENTADOS POR EL MINISTRO DE SEGURIDAD RENE FIGUEROA Y EL DIRECTOR DE LA PNC. 23/12/2007
foto LPG por Alvaro Castaneda
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La opinión de Cotto, sin embargo, no difiere de la del resto de autoridades relacionadas con la seguridad en El Salvador, como el ministro de la Defensa, David Munguía Payés. En una entrevista publicada por LA PRENSA GRÁFICA el 29 de marzo, el funcionario habló de la posibilidad de una ley que le permita a los elementos de la Fuerza Armada enfrentar “con fuerza a la delincuencia y sin ningún temor de ser acusados de violar los derechos humanos”. Él, quien es el mismo ministro de Justicia y Seguridad Pública que impulsó la tregua entre pandillas en El Salvador.

La Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos, que tiene entre sus asignaturas ser vigilante de las actividades de las otras instituciones del Estado, no cuenta, porque lo contrario la transformaría en una especie de súper poder, cualidades vinculantes. Es decir que sus pronunciamientos no tienen capacidad de coerción, y los responsables de la entidad denunciada pueden elegir, a su arbitrio, si acatan o no los señalamientos. Eso, por lo tanto, hubiera pasado con las 1,260 denuncias que fueron presentadas ante la PDDH en 2016 en contra de miembros de la PNC si esta se hubiera pronunciado con respecto de cada una. O con las 146 en contra de soldados de la Fuerza Armada. No pasa lo mismo con la Fiscalía General de la República, que tiene el monopolio de la investigación penal en El Salvador.

Solo en 2016, la FGR inició procedimientos de investigación por denuncias (otro porcentaje lo representan las indagaciones iniciadas de oficio) para 527 casos en contra de algún agente de la Policía Nacional Civil, según datos de la institución obtenidos mediante una petición de acceso a la información pública. No todos se refieren a problemas de abuso de autoridad o de excesivo uso de la violencia, aunque sí la mayoría.

Por ejemplo, denuncias por el delito de lesiones hicieron que se generaran 87 procesos investigativos (casi uno por cada cinco del total), un número muy similar al de las amenazas, que fueron 90. El tercero en la escala es el de hurto, con 42; el cuarto, el de actos arbitrarios, con 26; y el quinto, el de privación de libertad, con 22. Solo estos cinco crímenes ocupan más del 50 por ciento de todos los delitos en una tabla que contiene 138.

Los números referentes a la Fuerza Armada en cuanto a investigaciones iniciadas en 2016 contra alguno de sus elementos son considerablemente menores, con 81. Los delitos más repetidos en este caso son los de lesiones (17) y amenazas (19), una quinta parte del total. Si se observa el comportamiento histórico de las cifras referentes a la Policía Nacional Civil desde 2013 hasta la fecha, se comprueba un aumento sostenido, desde 370 en 2013, el último año de la tregua entre pandillas, hasta 527 en 2016. El resto de datos son 398 en 2014, 471 en 2015 y 110 en los primeros tres meses de 2017.

El total de investigaciones iniciadas durante este periodo dentro de la FGR contra miembros de la PNC es de 1,876, una media de 441 por año. El número total de policías dentro de la corporación en la actualidad es de 23,500, es decir que hay una denuncia que ha iniciado una investigación en la Fiscalía General de la República por cada 20 agentes.

La FGR, por otro lado, guarda un registro de los denunciantes contra policías y miembros de la Fuerza Armada que es un poco menor que el de investigaciones iniciadas, que se coloca en 1,452. De estas 663 son hombres y 650 son mujeres. A 139 se les coloca, simplemente, en el ítem “indeterminado”. En todos los años de la muestra consultada (2013-2017) solo en 2015 el sexo femenino superó al masculino, con 210 contra 177. El departamento que más investigaciones iniciadas acumula en ese mismo periodo es San Salvador, con 692, más de una tercera parte del total. El municipio que ocupa el primer lugar a escala nacional es la capital del país, con 332, es decir que 9 de cada 50 casos iniciados por la FGR corresponden a esta ciudad, lo que se explica gracias a su mayor población y a la mayor cercanía de instituciones para denunciar. Los siguientes lugares los ocupan Apopa, con 56, y Ahuachapán, con 52.

En una nación en la que, según el director de la Policía Nacional Civil, Howard Cotto, solo en 2016 se registraron más de 500 presuntos enfrentamientos entre pandilleros y miembros de la corporación que él dirige, resulta llamativo que la FGR solo haya iniciado dos investigaciones por el delito de asesinato en el mismo periodo. Ambas están referidas a homicidios simples, para los que corresponde una pena de 15 a 20 años de prisión.

La correspondiente al asesinato de Dennis Alexánder Hernández, registrado en la finca San Blas de San José Villanueva el 26 de marzo de 2015, por parte de agentes de la PNC, se sigue por el delito de homicidio agravado. Pero fue iniciada de oficio, es decir que no medió una denuncia para ello. El código penal establece que un hecho se puede definir como tal “cuando fuere ejecutado por autoridad civil o militar, prevaleciéndose de tal calidad”. La pena para este último es de 30 a 50 años de prisión.

Desde 2013, la FGR ha iniciado otros dos casos por homicidio contra miembros de la PNC, uno simple y otro agravado, ambas en 2014.

ASDEHU, la ONG que decidió apoyar jurídicamente el caso de Andrés, no salió indemne tras ponerse manos a la obra en el proceso. Algunos de sus miembros fueron intimidados por, presuntamente, miembros de la Policía Nacional Civil, según denunciaron ante la sede fiscal de San Salvador.

Las acciones en su contra comenzaron, según la denuncia presentada, cuando Andrés todavía se encontraba privado de libertad. Personal de la organización se presentó ante el puesto policial del municipio donde antes vivía el joven para preguntar por su paradero. No recibieron ninguna respuesta, declararon, y más bien se les pidió que se retiraran “si no querían que les pasara lo mismo por andar defendiendo pandilleros”. Cuatro meses después, uno de los miembros de esta asociación fue interceptado en el Centro Judicial Isidro Menéndez por un hombre de lentes oscuros, vestido de saco, que lo llamó por su nombre. En la denuncia afirma que se paró frente a él, abrió su saco mostrándole el arma que tenía a la altura de la cintura y, en el otro extremo, una placa de policía. Le advirtió de la poca conveniencia de continuar con el caso, pues ellos “no dejarían perder a un compañero”.

Ese mismo mes, las presiones continuaron, según la denuncia, pues existieron dos situaciones más de amenaza: una, en la que uno de los miembros de la asociación se percató que un vehículo lo siguió por un largo trecho cuando iba a recoger al colegio a uno de sus hijos; y otro más en el parqueo de un edificio comercial, donde un hombre, que reveló explícitamente sus intenciones, lo persiguió hasta el lugar donde estaba su vehículo.

Por la misma situación, algunos miembros de la organización ya no trabajan para esta. La denuncia continúa activa en la sede fiscal de San Salvador, aunque no hay mayores avances en la investigación.

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En el video realizado por Amnistía Internacional días después de que ocurrieron los hechos, Andrés termina su historia remarcando el consejo que recibieron: no vuelvan nunca al lugar de donde salieron, busquen otro sitio donde vivir. Él y su madre lo tomaron casi al pie de la letra.

La asociación que los apoyó jurídicamente, ASDEHU, les consiguió un cuarto en otro municipio de San Salvador para que pudieran estar seguros. Alguien les ayudó para solo tener que pagar los servicios básicos mientras las aguas se calmaban. Pero estas nunca llegaron a su nivel original. La única vez que regresaron a Rosario de Mora fue para una inspección ocular hecha por la Fiscalía General de la República y la División de Asuntos Internos de la PNC, en la que fueron acompañados por la PDDH.

La ONG comenzó, por tanto, el proceso para conseguirle una llegada segura a otro país. Así, Andrés se convirtió en parte de las estadísticas que ACNUR manejó en la primera mitad de 2016 sobre personas originarias de El Salvador que solicitaron refugio en un país diferente al suyo: 43,627.

Tuvieron que pasar unos meses antes de que la solicitud se hiciera efectiva. El muchacho al que un grupo de policías lesionó y torturó durante dos días y medio en el municipio donde nació, era entonces recibido por un país diferente al suyo en calidad de refugiado, uno más de los 16,929 salvadoreños que actualmente están en esa situación.

En el país, son organizaciones no gubernamentales como el IDHUCA o la misma ASDEHU las que se dedican a gestionar solicitudes de asilo en otras naciones. Sus contrapartes son los estados receptores y otras organizaciones no gubernamentales.

Desde el Estado salvadoreño no hay una institución que apoye a los ciudadanos en necesidades como esta. La PDDH se limita a proveer información, previa denuncia en la entidad, para documentar una solicitud.

“Cuando pedís refugio en un país diferente del tuyo estás huyendo del Estado. Estás diciendo ‘el Estado no es capaz de darme seguridad, necesito que ustedes protejan mi vida’. Por eso sería un contrasentido que existiera una institución dedicada, precisamente, a eso. Es como reconocer que se ha fracasado”, comenta el procurador adjunto de Derechos de Seguridad Ciudadana, Gerardo Alegría.

Desde el lugar donde reside ahora, Andrés y su madre, Hortensia, esperan que el proceso llegue algún día a los tribunales. Entonces será cuando se enfrentarán cara a cara, en la manera que disponga el hipotético juzgado, a las mismas personas que hace menos de un año lo golpearon, saltaron sobre su estómago, intentaron “sacarle los ojos” y lo mantuvieron preso en una bartolina durante dos días por un delito que no existió. Las mismas personas por las que ahora debe residir, si quiere conservar su vida (como lo reconoció un Estado extranjero), a miles de kilómetros del sitio al que algún día llamó hogar.

El viernes 31 de marzo, el día de cierre de este reportaje, el caso fue judicializado en el juzgado de Paz de Rosario de Mora. La Fiscalía acusó a dos investigadores de la Policía Nacional Civil, uno por el delito de tortura y el otro por fraude procesal. Para ambos se giraron órdenes de captura.

El imputado por tortura fue el único al que Andrés pudo identificar en un reconocimiento de fotografías, pues los otros usaron máscaras. Señaló que fue uno de los que más lo golpeó e intentó asfixiarlo con una prenda alrededor del cuello. Según el fiscal asignado al caso, es un exmiembro de la División Elite Contra el Crimen Organizado (DECO).

La otra persona acusada fue la encargada de llevar a Andrés desde el lugar donde lo torturaron al puesto policial de Rosario de Mora para su detención, para la que pidió que se encargaran otros dos agentes, que testificaron lo anterior en entrevistas. Señalaron como irregular el hecho de que a Andrés le hayan imputado el delito de resistencia. El caso pasó a la fase de instrucción, que será vista en un juzgado de San Salvador.

El juez de Paz de Rosario de Mora decidió decretarle detención provisional al acusado de tortura y darle medidas sustitutivas al otro, para el que cambió la tipificación del delito a privación de la libertad. El juez ha dictaminado la reserva del caso porque la víctima es, todavía, un menor de edad.

Violadores que enamoran a niñas

La razón de una amplia discusión en el tribunal fue el himen, una membrana que hace estrecha la vagina. “No habían rupturas recientes ni antiguas, solo que el himen se encontraba en una forma dilatado; que al referirse que el himen es dilatable, es porque el himen tiene un orificio bien amplio, y este tipo de himen permite la penetración sin ruptura, que podría ocasionarse una ruptura con esta clase de himen si la penetración se hiciera con violencia”. La membrana que se describe es la de Roxana*, una menor de 14 años que empezó a ser novia de Antonio* cuando tenía 11. Él, dice ella, le escribía papeles en los que le decía que era bonita y la quería. Antonio es un adulto desde antes de que empezaran a ser novios. Antonio tuvo relaciones sexuales con Roxana en un marco de ventaja, pero de esa ventaja emocional y madurativa se habla poco en el tribunal. Es junio de 2013 y en la sala se discute más la condición del himen de Roxana porque Antonio está acusado de violación en menor incapaz.

Toda relación sexual con una persona menor de 15 años se considera delito, según el artículo 159 del Código Penal. “El que tuviere acceso carnal por vía vaginal o anal con menor de quince años de edad o con otra persona aprovechándose de su enajenación mental, de su estado de inconsciencia o de su incapacidad de resistir será sancionado con prisión de catorce a veinte años”. Antonio y Roxana se veían de noche en el patio de la casa de ella ubicada en una zona rural de Chalatenango en donde los cercos no representan protección.

Uno de los aspectos en los que más se hizo énfasis en el tribunal cuando Antonio fue acusado fue la condición del cuerpo de Roxana. El cuerpo de la adolescente tenía que aportar pruebas suficientes del delito de Antonio. Roxana, que no completó el quinto grado, llegó a esta cita judicial a enterarse de cómo funciona su cuerpo. Hasta entonces supo, por medio de peritos que la examinaron, que el himen es una membrana que puede dilatarse, es decir, estirarse sin romperse. Supo que la virginidad no es un sello, que no se puede decir si alguien es virgen solo porque tiene una membrana. Supo que los peritos pueden calificar su himen y el de ella lo calificaron como “complaciente”.

En síntesis, los peritos indicaron que no se podía afirmar y tampoco negar que ella hubiera tenido relaciones porque no había eritema. El eritema es una lesión que se puede o no se puede encontrar en personas que empiezan a tener relaciones sexuales. Ella no tenía eritema, no porque nunca haya tenido, sino que porque llegó a las instancias legales cuatro meses después de que su novio, Antonio, la convenciera de tener relaciones sexuales. “Es un himen que puede permitir la penetración, pero también va a depender de la contextura de la persona, en este caso ya era una señorita grande (a los 14 años para un perito ya se es “grande”), el himen es más amplio y después de cuatro meses era muy difícil… a menos que hubiere violencia, que encontraría un eritema”, concluyeron.

No hubo violencia, pero de acuerdo con la resolución del tribunal en el que se ventiló el caso, hubo insistencia de parte de él. “La primera vez que tuvieron relaciones el joven, Antonio, le insistía, pero ella no quería acceder; hasta que la convenció y la acostó en el suelo, quitándole la ropa y se le subió encima y comenzó a introducirle el pene en su vulva, manifiesta ella que era su primera vez y le dolió bastante, pero Antonio le decía que se iba a hacer cargo de ella si la familia se enteraba”, se lee en la sentencia. Antonio le alumbraba con una lámpara la ventana a Roxana para que saliera a las 10 de la noche cada tres o cuatro días. En esas citas tenían relaciones sexuales. Roxana define como relaciones sexuales a que él le quitaba el pantalón, el suéter, la blusa y el blúmer, la acostaba en el suelo de tierra, cerca de la letrina y metía el pene en su vulva. Algo de lo que se habla muy poco en el tribunal es que Antonio se preocupaba por siempre llevar condones. Uno de los condones usados fue encontrado por la madre de Roxana, quien lo desechó en la letrina de hoyo.

Este caso no se hizo visible por un embarazo, sino porque la madre de ella los sorprendió en una ocasión. Mandó a llamar a Antonio y él, contrario a lo que le había dicho a Roxana acerca de que se iba a encargar de todo, lo negó. Dijo a la madre que él no le había hecho nada a Roxana. La madre, entonces, colocó la denuncia bajo el argumento de que “no quería que nadie les faltara el respeto a sus hijas”. Evitó que el contacto entre su hija y Antonio continuara, no sin antes darle un castigo físico a Roxana, como consta en la resolución, le dio “dos chilillazos en las nalgas”.

En el tribunal se consideró a Roxana una persona con un desarrollo cognitivo suficiente como para dar una declaración detallada y ordenada. Esto a pesar de que solo llegó al quinto grado de la educación formal y de que no tenía mayores oportunidades de formación y su madre tampoco. El tribunal halló inconsistencias en la declaración de Roxana, como que, por ejemplo, en una etapa del proceso dijo: “No quiero que se lo lleven, no me ha hecho nada”. En estas instancias legales se reconoció a Roxana como una niña enamorada que tenía un himen que pudo permitir ser penetrado sin romperse. En el cuerpo de Roxana no hallaron pruebas suficientes. Y de la mente, el cuerpo o la intención de Antonio no se dijo mucho. Antonio fue absuelto de los cargos.

Una de cada tres mujeres de 20 a 49 años estuvo embarazada antes de cumplir 18 años; y una de cada cuatro estuvo unida a un hombre antes de esa edad, de acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Salud 2014. “Tanto la unión como el embarazo temprano son resultado de circunstancias que están fuera del control de la niña y la adolescente, las cuales le impiden tomar adecuadamente decisiones clave sobre su vida”, dice el informe Maternidad y Unión en Niñas y Adolescentes firmado por varias instituciones internacionales y de gobierno. También sentencia: “Las uniones y los embarazos antes de los 17 años son producto de la violencia social que sufren cotidianamente, lo cual no es asumido como tal por la sociedad y el Estado”. Casos como el de Roxana, en donde se interpuso una denuncia sin embarazo de por medio, siguen siendo una excepción a la norma.

No asumir esa violencia sexual contra las niñas impacta en la cantidad de denuncias que se hacen. Además de lo establecido como violación en menor incapaz en el artículo 159 del Código Penal, el artículo 163 señala que el delito de estupro consiste en que “el que tuviere acceso carnal por vía vaginal o anal mediante engaño, con persona mayor de quince años y menor de dieciocho años de edad será sancionado con prisión de cuatro a diez años”. Ambos artículos se aplican a mayores de edad que abusan de menores de edad. Cuando la relación es entre menores de edad, no hay delito, pero sí consecuencias.

En las inscripciones prenatales del año pasado hay 11,194 niñas de 10 a 17 años de edad, según el Ministerio de Salud. De ellas, 1 de cada 10, tenían menos de 14 años. “Estos datos que resultan particularmente alarmantes, por una parte por el alto riesgo que significa para la vida de las niñas de dichas edades que han sido embarazadas, y por otra porque la legislación salvadoreña establece que toda relación sexual con una adolescente menor de 14 años constituye delito, es decir que estamos ante la presencia de una problemática que demanda urgente atención y la más alta prioridad en la agenda nacional”, demanda el “Mapa de embarazos” más reciente, presentado en 2015.

El año pasado se presentaron dos informes que detallaban la situación del embarazo en adolescentes, pero también hicieron visible la situación de estas niñas con sus parejas, estos fueron el “Mapa de embarazos” y “Maternidad y Uniones en Niñas y Adolescentes”. “¿Cuál es el patrón que se ve? Que adultos de diferentes edades han estado teniendo relaciones sexuales con niñas de 14, 10, nueve, ocho años. Y el caso sale a luz pública cuando la niña sale embarazada, pero han estado unidas a estas personas desde antes, muchas veces esa unión tiene un carácter legal que contradice el Código Penal”, explica Hugo González, representante del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA).

Solo entre las niñas de entre 10 y 12 años, el 29 % ya estaba unida antes del embarazo, según el informe “Maternidad y Uniones de Niñas y Adolescentes” que se elaboró con datos de 2012. Además, se encontró que 17 % tenía una pareja que la superaba por 10 o más años de edad. Es decir, niñas de 12 años unidas y embarazadas de hombres de 22 años, por lo menos.

“Estas uniones de niñas y adolescentes con parejas mucho mayores que ellas suponen una relación extremadamente desigual de poder que las excluye de la posibilidad de tomar decisiones sobre su vida”. En este grupo de niñas de 10 a 12 años, que son las más jóvenes que toma en cuenta el estudio, 1 de cada 10 estaba casada con su violador. Esta acción ha implicado el aval de sus padres o tutores para que esa niña embarazada adquiera un compromiso legal con una persona que, por ley, debería ser procesada por violación en menor incapaz.

En el camino para establecer el perfil de las relaciones sexuales en menores de edad, la Encuesta Nacional de Salud 2014 señala que el 7 % de mujeres entre los 15 y los 49 años se casaron o se acompañaron antes de tener 15 años. Mientras que en este mismo grupo de edad, el 29 % se casó antes de los 18 años de edad, es decir, 3 de cada 10 mujeres en el país ya había formalizado una unión antes de alcanzar la mayoría de edad. Y el 10.6 % de las mujeres que al momento de la encuesta tenían entre 15 y 24 años habían iniciado relaciones sexuales antes de cumplir 15 años. “La tendencia que se está observando es que los adolescentes están teniendo relaciones sexuales cada vez a más temprana edad”, explica González, representante del UNFPA.

Las consecuencias de unirse o salir embarazada a tan temprana edad “obliga a las niñas a transitar a la vida adulta de manera abrupta y sin estar preparadas para ello”, dice el estudio. Las niñas dejan su papel y se convierten en responsables de la casa y de su hijo. Tendrán menos tiempo para actividades educativas o las interrumpirán definitivamente. Lo que las dejará sin oportunidades de optar por empleos que les ofrezcan una mejora en la calidad de vida de ellas y de sus familias.

Solo el 34 % de niñas embarazadas entre los 10 y los 14 años nunca había estado como conviviente con un hombre antes de concebir. Y entre las de 15 a 17 años, el porcentaje baja a 15. “Este resultado sitúa un marco de análisis diferente. No se busca determinar entonces los factores que conllevaron a la ocurrencia del embarazo y la maternidad –pues los mismos están ocurriendo dentro de una unión previamente formada– sino en los factores que determinan la ocurrencia de la unión a las edades reportadas”. En otras palabras, el estudio plantea al país la necesidad de saber por qué las niñas se están uniendo a tan temprana edad y, en la mayoría de casos, con hombres que son sus violadores.

Pedro es un hombre de 42 que se acompañó con una mujer de edad similar. La mujer tenía tres hijos, entre ellos una niña de 13 años que estudiaba en una institución educativa privada. Pedro solía ingerir alcohol, cuando lo hacía, maltrataba a su pareja, por lo que era usual que ella se ausentara de la casa que compartían en un municipio de Usulután. Se iba y dejaba a los tres hijos con Pedro.

Pedro, de 42 años, empezó a decirle a María*, de 13, que la quería y que él pronto iba a separarse de su mamá para estar solo con ella. María contó a los peritos que investigaron su caso que él empezó a darle besos en la boca y que, al cumplir 14 años de edad tuvieron relaciones sexuales en la misma habitación que él, su padrastro, compartía con su madre.

Una vez, María se estaba vistiendo tras mantener relaciones sexuales con su padrastro, de 42 años, y su madre los sorprendió. Corrió a Pedro de la casa y a ella le dio un castigo físico y la llamó descarada. Pero, en esa ocasión, la madre no alcanzó a convencerse del abuso porque solo halló a María sin ropa, él ya estaba vestido. La madre permitió que Pedro regresara a la casa.

Fue hasta dos años más tarde que María presentó síntomas de que algo le pasaba. Bajó sus notas en el colegio y el psicólogo de la institución se interesó en saber por qué. Así, María le confesó que estaba teniendo una relación sentimental con su padrastro, que tenían sexo –para entonces ella de 16 y él de 45 años– al menos una vez al mes y que su madre, aunque había sospechado algo, no se había dado por enterada. Con intervención del psicólogo, María le contó todo a su madre y el profesional les indicó que era necesario colocar una denuncia.

Los peritos hallaron en María “sintomatología psicológica de persona expuesta a abuso sexual”. Observaron, entre otras características: vergüenza, sentimiento de culpa, deseo de muerte, pensamiento recurrente sobre los hechos, ansiedad, tendencia depresiva, pesadillas. Declararon que, al momento de la evaluación, presentaba capacidad para reconocer entre la verdad y la mentira. Pero dado el estado de María, los expertos también calcularon que la adolescente iba a necesitar $2,400 para recibir terapia psicológica, a $25 por sesión.

El peritaje físico concluyó que el cuerpo de María sí tenía señales de haber mantenido relaciones sexuales. Sin embargo, en el tribunal consideraron que María y su madre no presentaron una correlación de fechas creíble, que sus declaraciones tenían huecos, como por ejemplo, que no había explicación a que Pedro regresara a la casa después de la madre los haya sorprendido juntos. Tampoco les pareció adecuado el delito por el que se acusaba a Pedro. A pesar de que las agresiones comenzaron a los 14 años de María, consideraron que el delito por el que debió habérsele procesado era estupro.

De Pedro, sus intensiones, su estado emocional y mental, su cuerpo y su ventaja sobre María no se habló. Pedro tenía 45 años cuando fue absuelto de violar de manera continuada a su hijastra de 16.

“Lo que tenemos aquí es una sociedad altamente punitiva y en lugar de proteger a la niña o a la adolescente, busca culparla”, señala Zaira Navas, directora ejecutiva del Consejo Nacional de la Niñez y la Adolescencia (CONNA). “Nos siguen diciendo que una niña fue abusada o quedó embarazada porque ella lo buscó, cada vez que se toca este tema, hay un grupo de personas que cree que no es cierto que haya niñas y adolescentes que no hayan desarrollado todas sus capacidades y que no es cierto que todavía no tenga toda su autonomía, creen que de verdad ella sabía cuál era la consecuencia de sus actos”.

La deserción escolar guarda una relación estrecha con las uniones en niñas menores de 17 años. El 80 % de las encuestadas para el informe sobre maternidad y uniones reporta haber abandonado la escuela antes del primer nacimiento. De estas, un 60 % son niñas y adolescentes que desertaron antes de ocurrido el embarazo. El 20 % de las niñas de 10 a 14 años dijo haber dejado la escuela solo para unirse a un hombre y entre las de 15 a 17 años, el porcentaje por esta causa fue idéntico. Quiere decir que una condición que está haciendo vulnerables a las niñas es, en toda regla, el abandono escolar.

“Lo ideal sería que la niña finalice su escuela y con eso tenga mejores oportunidades de realizarse y mejorar sus ingresos y que pueda, sobre la base de su aspiración, tener hijos. Pero, muchas adolescentes al abandonar la escuela, por pobreza o por violencia, terminan viendo en la maternidad y en la nupcialidad un proyecto de vida”, explica González desde una oficina con una vista impresionante de Antiguo Cuscatlán, uno de los municipios con mejores condiciones de vida del país.

En esa misma línea, Navas señala: “El estudio de uniones tempranas nos da datos distintos a los que veníamos manejando sin evidencia y nos dice que las niñas se unen no porque estén embarazadas, se unen porque buscan huir de una situación de violencia en el hogar o porque quieren tener una mejor condición de vida y acá es en donde personas adultas se aprovechan para tener acceso a las menores a partir de ofrecer una mejora económica para toda la familia de ella”. La funcionaria describe así que en El Salvador todavía se ve a las niñas como una mercancía, como algo que puede dar dinero.

La pobreza fue tan brutal que en 735 centros estudiantiles reportaron alumnos que desertaron por esta razón en 2015. Y la violencia pandilleril fue el argumento bajo el cual alumnos de otros 1,240 centros escolares dejaron sus estudios, según el Observatorio del MINED 2016. “Tenemos una sociedad con valores y estigmas que responsabiliza a las mujeres de cualquier situación que ocurra, incluso de situaciones de violencia hacia ellas. Pero hacer justicia es recabar pruebas que permitan tanto establecer si soy responsable, como las causas o razones que me llevaron a tomar una decisión o a participar de una actividad”.

Roxana no estaba escolarizada cuando mantuvo su relación con Antonio. María tuvo una relación con un hombre que le triplicaba la edad y que mantenía una cuota de poder importante en el hogar que compartían. Como si conociera los casos, González, del UNFPA, apunta que “lo que se tiene que hacer es generar opciones para las niñas; esto no va a detener que tengan relaciones sexuales, pero detiene la posibilidad de que adultos mayores abusen de ellas y escapen del proceso legal impunes; debe existir protección para las niñas para que, por un lado, cuenten con educación e información para retrasar el inicio de las relaciones; pero si aún así inician temprano, que sepan protegerse de abusos, de enfermedades y de embarazos”.

Las niñas van llegando a esta casa comunal después de caminar por calles de tierra bajo un sol que no da tregua. Esto es un municipio de los que llevan por apellido Lempa, en Usulután, es jueves casi a medio día. Son cinco adolescentes y, a grandes rasgos, se pueden presentar así: todas son mamás, tres terminaron bachillerato, tres tienen 18 años, una 17 y otra 19; tres están casadas por lo civil, una está acompañada, una se separó de su pareja tras dar a luz, todas mantienen relaciones con adultos; en todos los casos se cumplen los requisitos para abrir investigaciones por violación en menor incapaz o por estupro, pero también, en todos los casos, las niñas han mantenido relaciones sentimentales estables y públicas con los hombres con los que procrearon.

Mil cincuenta niñas que estaban estudiando en 565 centros escolares públicos se reportaron embarazadas durante 2015, de acuerdo con el Observatorio del MINED. Hubo 334 centros escolares que reportaron una niña embarazada cada uno, dos que reportaron hasta 15 niñas embarazadas durante ese año escolar y uno que tuvo hasta 18 niñas en este estado. En 450 centros se dijo que todas las embarazadas se mantuvieron en la escuela, mientras que el 150 instituciones, hubo niñas que desertaron por embarazo.

En este panorama, las que se han dado cita en esta casa comunal son excepcionales. Cada una tiene un proyecto de vida. Ellas forman parte del proyecto Por una educación integral de la sexualidad, inclusiva y con equidad de género, en dos sistemas integrados de educación pública en Jiquilisco y Suchitoto, que les entrega algo que es la razón por la que se mantienen estudiando: una beca de $25 mensuales para viáticos. Este dinero ha adoptado característica de crucial en la dinámica de estas niñas. Sin esto –que parece tan poco en otros sectores–, no podrían haberse mantenido en la institución.

Sus historias de vida, sin embargo, no dejan de ser difíciles de asimilar para cualquiera que no sepa cómo se vive en un municipio de apellido Lempa. Yanira* ya terminó el bachillerato, tiene 18 años de edad y cuatro de casada. Fue a alcaldía a contraer nupcias antes de poder decirse quinceañera. Tenía un mes de embarazo y 14 años de edad cuando fue declarada esposa de un hombre que entonces alcanzaba los 21 años de edad y de oficio corralero. Sigue casada y su hijo ahora tiene tres años.

En términos legales ella se casó con su violador. En la realidad de esta adolescente, se casó con el novio de toda la vida en un municipio en donde la oportunidad de trabajo más apetecida es ser cajera de supermercado o mesera en un restaurante de pollo frito y para ambos puestos hay que viajar a la cabecera departamental pagando un pasaje de bus de $0.75 por viaje, que hacen $1.50 al día, $7.50 a la semana y $30 al mes. La más idílica oportunidad de empleo formal que ven estas niñas implica una inversión fuerte solo en transporte.

Ana*, también nombre ficticio, se acompañó a los 15 con su pareja de 21 años de edad. A los 16 tuvo su primer hijo. A los 17 se casó. Ahora cría a un bebé de 10 meses junto a su esposo y espera a cumplir los 18 para empezar a mandar solicitudes de empleo a supermercados, tiendas, restaurantes.

Ana tiene claro que su ritmo de vida no es algo que recomendaría a su hermana menor, a ella le pide que espere, que estudie más, que disfrute más. Ana, como Yanira, se casaron con hombres mayores a los que siempre vieron enamoradas, porque en este su mundo no tuvieron la oportunidad de adoptar criterios para saberse víctimas de la situación.

Cecilia*, otra de las niñas con una historia similar a las anteriores resume en una frase el sentimiento de su madre: “Me dijo que me pasó por mi ignorancia, que yo salí embarazada siendo ignorante”.

Guiadas por la Organización Colectiva Feminista, que administra el programa financiado por la Fundación Pestalozzi, estas adolescentes saben que no les conviene salir embarazadas por segunda vez. Sus parejas usan condón.

“El 20 % de las adolescentes que salen embarazadas repiten antes de cumplir los 18 años, y de ellas, 8 de cada 10 salen embarazadas antes de que su primer hijo tenga un año y medio, salen del parto sin conciencia de prevención”, explica Heydy Cáceres, gerente del proyecto No estoy lista para ser madre, de Asociación Panamericana de Mercadeo Social (PASMO).

Cecilia, tímida, con una voz difícil de escuchar, cuenta que ella ya no quería seguir estudiando, pero su madre la impulsó y después fue hallada por la gente de la Colectiva Feminista que le ofreció la beca. En la conversación, se ríe y asiente cuando, airosa, Ana reclama que le molesta que en el instituto le dijeran “señora”.

—Es que no hemos dejado de ser cipotas, uno es cipota, aunque esté casada y tenga hijos; y hay compañeros y hasta profesores que como que quieren hacerla sentir mal a uno, que lo sacan y lo hacen de menos diciéndole “señora” –explica con los ojos bien abiertos y moviendo las manos–, yo sé que soy cipota todavía.

Todas estas niñas cuyas vidas representan delitos se ríen con desparpajo ante la defensa del derecho a declararse “cipota”, por encima de todo.

*Todos los nombres de las menores de edad han sido cambiados.

Victoria pidió ayuda

Victoria salió temprano del colegio ese viernes del 2012. A la 1:30 de la tarde tenía entreno de fútbol y estaba emocionada por ir a practicar al final de la semana. Usualmente, su mamá la iba a dejar y a traer. Ese día no pudo. Casi nunca caminaba sola, pero ese día la amiga que le hacía compañía tampoco fue a estudiar. Antes de dirigirse a almorzar a su casa, pasó comprando una calzoneta azul para la práctica en uno de los puestos que están cerca de la iglesia.

La edad de Victoria es una incógnita. Su verdadero nombre y su fecha de nacimiento permanecen ocultos en su expediente, al que se tuvo acceso a través de una solicitud de información pública.

Cerca de la iglesia había tres hombres jóvenes mirándola. “Qué bonita estás”, le dijeron. Victoria no los conocía y decidió ignorarlos, pero aceleró el paso. Ellos la alcanzaron y le pusieron una navaja sobre la cintura. Dos se le pusieron al costado y uno atrás. La amenazaron: “Si gritás, te matamos”. Victoria buscó un par de ojos testigos, esperanzada en encontrar a alguien que la reconociera y la ayudara. Vió pasar a un vendedor conocido, pero él no la volvió a ver. Ella tenía miedo. No podía hablar. Los hombres la llevaron caminando por lugares que no logró identificar. Le preguntaron el nombre y con quien vivía. Victoria mintió.

Siguieron caminando y cruzaron un puente. Victoria vio a un grupo de personas en la calle. Como pudo, se les soltó a sus secuestradores y corrió hacia ellas. Les dijo que la llevaban a la fuerza, pero nadie hizo nada. Los tres pandilleros la tomaron de nuevo. La condujeron a una colonia de pasajes donde, según la Policía, tiene presencia la Mara Salvatrucha. Victoria empezó a gritar y pedir ayuda. Dijo que vio gente cerca de los postes de luz. Nadie la ayudó.

Los hombres metieron a la adolescente en una casa. Le pidieron que se desnudara. Ella se resistió, hasta que la amenazaron con un machete. Se desnudó. Empezaron a violarla. Después de uno, otro y otro. Mientras abusaban de ella, varias personas entraban y salían de la vivienda. Para los vecinos no era secreto que ahí había una menor de edad que estaba siendo sometida. Uno de los agresores se tomó el derecho de grabar en video la violación con un celular color fucsia.

“¿Ustedes también le van a dar? Dénle, no tengan miedo”, le decían los primeros tres sujetos a dos niños que habían llegado a ver. En el recuerdo de Victoria, uno de los niños era de piel clara y el otro moreno. No pasaban de los 12 años y se reían frente a ella.

Victoria vio a demasiada gente ese día y nadie la ayudó. Dentro de la misma casa, otra muchacha de su edad se asomaba por ratos a verla. La observaba y se mantenía impávida. Cuando los tres hombres terminaron de violar a Victoria por primera vez, la dejaron sola en el cuarto. Como pudo, trató de encontrar su uniforme, pero desistió. Después buscó su mochila. Entre sus cuadernos y lapiceros aún estaba la calzoneta azul que había comprado en la calle. Se la puso y salió del cuarto. Pensó en saltar el muro del patio interno; pero afuera, uno de sus violadores estaba cavando.

-¿Creés que esta bicha ya cabe aquí?- preguntó el hombre. -Hacelo más hondo- le respondió otro. -Ya está. Ya picada, va a caber.

Victoria intentó escapar una vez más y corrió hacia la puerta principal, pero no pudo abrirla. Al advertir su intento de fuga, los agresores le colocaron una cinta de zapatos sobre el cuello para asfixiarla. Ella se desmayó. Cuando despertó, estaba desnuda de nuevo. Además de sus tres violadores, para cuando volvió en sí, había otros cuatro niños viéndola.

Los pandilleros abusaron de nuevo de Victoria. Luego, se escuchó que alguien tocaba la puerta. Era un hombre de la tercera edad. Ella, otra vez, pidió auxilio. “¿Cómo te va a ayudar, si es mudo?”, se burlaron los violadores. Después le preguntaron al hombre mayor si él también quería abusarla. Él aceptó. Victoria les suplicó que la dejaran ir, que su madre iba a encontrar una forma de darles dinero, pero el hoyo en el patio ya estaba hecho y tenían que usarlo.

Unos policías del 911 realizaban un patrullaje cerca de la zona cuando les avisaron por radio que se escuchaban gritos en un pasaje. Alguien, desde el anonimato, avisó a la policías. Los agentes se dirigieron al lugar. Conforme ellos entraban en la colonia, los vecinos cerraban las puertas.

Anochecía cuando llegaron hasta la casa donde estaba la joven. Tocaron la puerta tres veces y como nadie salió, un agente se dirigió hacia la patrulla para pedir apoyo. En ese momento, uno de los violadores salió de la casa, como intentando huir. Ahí fue capturado por el otro agente que se había quedado cerca de la puerta. Al fondo -arrastrándose, descalza y con su calzoneta de fútbol-, un agente alcanzó a ver a Victoria.

La rescataron. La subieron a la patrulla y la llevaron con su madre, que recuerda haber visto a su Victoria llorando y temblando, mal en todo sentido. ‘No le pregunte nada todavía’, le dijeron los agentes. En lugar de llevarla al hospital, los policías decidieron trasladar a Victoria y a su madre hacia un puesto policial para que la niña -en el estado en el que se encontraba- declarara frente a una sargento; luego, a Medicina Legal. Solo después de llenar todos los formularios de la denuncia por violación, Victoria pudo llegar al hospital. Estuvo ingresada cinco días y le recetaron medicinas durante tres meses para tratar un virus. Después vinieron los efectos secundarios de la medicación: mareos, vómitos, diarreas.

Su mamá y ella huyeron de esa ciudad. Los mismos policías fueron los que les recomendaron que abandonaran su casa inmediatamente. Victoria dejó de estudiar, de dormir bien y de salir a la calle. La violación les cambió la vida de una manera que las estadísticas no llegan a medir.

Dar a luz en una sociedad opaca

Dony no conoce San Salvador. Tiene una cabellera larga, 29 años de edad y 38 semanas de embarazo. “Algo raro habrán visto”, dice cuando ve caminar a dos policías armados en el pasillo de la unidad de salud de Coatepeque. Calcula que el pick up que la lleva de la clínica a su casa se tarda al menos 2 horas. Pero hoy, como en los 15 días anteriores, Dony no volverá al cantón Solimán con su hijo de cuatro años y su pareja. No hasta que nazca su segundo bebé, Sergio.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) dice que la salud es integral y que abarca el bienestar mental y social de las personas. En Coatepeque, la tasa de hogares que vive en la pobreza es del 50.6% y los que viven en escasez extrema conforman el 23.8 % de la población, de acuerdo con el último mapa de pobreza del Fondo de Inversión Social para el Desarrollo Local. Las estimaciones con las que se realizó ese mapa indicaron que alguien vivía en la pobreza extrema cuando sobrevivía diariamente con menos de $1.10 en la zona urbana y $0.71 en la zona rural. Durante 2015 el 18 % de los maestros del municipio fueron amenazados por las pandillas.

Dony ha tenido complicaciones en su embarazo por las que fue referida al Hogar de Espera Materna de Coatepeque, instalado dentro de la unidad de salud. El hogar tiene espacio para albergar hasta a ocho mujeres mientras les llega la fecha de parto. Llegan porque viven en lugares con difícil acceso o porque temen que suceda una emergencia.

El año pasado el país alcanzó la tasa de muertes maternas más baja en su historia. Estos espacios, de hecho, forman parte de las estrategias tomadas por el Ministerio de Salud (MINSAL) para reducir las emergencias relacionadas con la gestación. Pero algunas emergencias e incluso muertes solo podrían reducirse si las mujeres vivieran en una sociedad sana y justa.

Dony ya quiere irse a su casa, pero no puede. Hace unas semanas “los mañosos desaparecieron” a uno de sus amigos más cercanos del cantón. Cuando lo encontraron, estaba casi muerto y aún no sale del hospital. Es lo último que le dijeron. Él vive cerca de su casa y “siempre que pasa algo cercano en el lugar de uno, uno siente”, cuenta. Dony se puso mal de salud al enterarse. “El niño dejó de moverse”, dice. Después de eso pasó cuatro días ingresada en el Hospital San Juan de Dios. Ahora, más cerca de ese lugar y con calma, cuenta los 13 días que cree que faltan para que su hijo nazca.

—Yo sé el día exacto en el que mi bebé dejó de crecer –le dijo una paciente del Seguro Social a la ginecóloga Aleida Marroquín.

A pesar de que la doctora explicó las razones científicas por las que creía que el feto de la paciente no se desarrollaba bien, la mujer lo tenía claro: “El bebé dejó de crecer cuando mataron a alguien delante de mí en el bus”. Y aunque este argumento de la paciente no pueda ser tomado en cuenta de manera oficial, Marroquín asegura que los niveles de estrés a los que se someten algunas madres del país son suficientes para causar problemas de salud en el embarazo.

 

“Existe evidencia que confirma que las inequidades sociales generan un impacto en la mortalidad en los niños tan relevante como las causas biológicas”, afirma el Ministerio de Salud.

 

 

MARTA CAMPOS DE 29 ANOS QUIEN TUVO EL PRIMER NINO QUE NACIO A LAS 2:20AM Y SE LAMARA ANTHONY SANTIAGO CAMPOS
PRIMEROS BEBES NACIDOS LA MADRUGADA DE NAVIDAD DEL ANO 2015 EN EL HOSPITAL DE MATERNIDAD. 25122015.
FOTO LPG/JAVIER APARICIO

Así, la violencia, además de generar crímenes, trae consigo más consecuencias en la esfera sanitaria además de impactar en la economía. Un informe del Banco Mundial de 2015 indicó que el ingreso perdido por homicidios en El Salvador representa el 0.86 % del Producto Interno Bruto (PIB). Después de Honduras, el país es el segundo a escala latinoamericana que más ingresos pierde debido a los asesinatos.

La violencia acentúa la desigualdad económica y el acceso a bienestar de los salvadoreños. “La mortalidad materna es uno de los indicadores que mejor reflejan la inequidad social”, se puede leer en el informe de labores 2015-2016 del MINSAL.

La razón de mortalidad materna fue de 42.3 muertes por cada 100,000 nacidos en 2015. Y para 2016 fue de 27.4 puntos, de acuerdo con la Unidad de Atención Integral a la Mujer de ese ministerio. Estos números no deben entenderse como muertes directas de mujeres, sino como una tasa promedio que permite a los países comparar sus porcentajes de muertes maternas respecto a los nacimientos de cada nación.

Las muertes maternas se incluyen en los porcentajes de violencia feminicida del país. Son muertes que pueden reducirse cuando se aumenta el desarrollo y la educación de la sociedad. Cuarenta y ocho mujeres fallecieron en 2015 por alguna causa relacionada con la gestación, según el MINSAL. El año pasado fueron 31.

SOC01/HOSPITAL/PRIMER NIÑO
El primer niño del Hospital de Maternidad de San Salvador, nació el 25 de diciembre de 2004 a las 00:27 am. Es el hijo número 11 de María Melina Mena provenientes de El Paisnal, pesó 3860 gramos y midió 53 cm. Se encuentra en el área de neonatos delicados por presentar cansancio en la hora de parto que fue por cesárea. FOTO LPG/ALBERTO MORALES

De acuerdo con la OMS, en 1990 la razón de mortalidad materna de El Salvador era de 157 por cada 100,000 nacidos vivos. Sin embargo, bajarla a un promedio de 27.4 todavía no es suficiente.

 

Países desarrollados como Polonia previenen la muerte de sus madres y solo fallecen tres mujeres por cada 100,000 niños nacidos. Estimaciones de la OMS indican que países latinoamericanos como Chile y Costa Rica lograron reducir en 2015 ese indicador hasta 22 y 25 puntos.

Las inequidades sociales no solo afectan el número de mujeres muertas antes o durante labor de parto. También influyen directamente sobre el número de muertes de infantes. Hace dos años se registraron 1,218 muertes de menores de cinco años y 645 madres no pudieron cargar en brazos a sus hijos ni siquiera por 28 días.

De esos bebés, 182 fallecieron por haber nacido de forma prematura y 161 por malformaciones congénitas. Salud afirma que “existe evidencia que confirma que las inequidades sociales generan un impacto en la mortalidad en los niños tan relevante como las causas biológicas”. El ministerio celebra que se mueren menos madres, pero su último informe de labores revela que se mueren más niños.

En 2014 y 2015 murieron 729 y 754 niños menores de 28 días. El año antepasado también se confirmó un incremento en la tasa de mortalidad de los mayores de un mes y menores de un año. De 373 en 2014 se llegó a 412 fallecidos.

Los que se mueren son los hijos de las mujeres con menos educación. A mayor escolaridad de la madre, mayor será la esperanza de vida de su hijo. En 2015 la tasa de mortalidad de niños menores de cinco años fue de siete por cada 1,000 cuando la madre había estudiado bachillerato. En cambio, la tasa de defunciones de niños con madres analfabetas fue de 33 sobre 1,000.

En el hogar de espera materna de Coatepeque, Guadalupe Romero, licenciada en Salud Materno Infantil, tiene una plática con Dony sobre alimentación. Dony extraña el sabor de la comida de su casa. Aquí, en el hogar, las futuras madres tienen un plan de alimentación saludable, pero para Dony, la comida es muy simple.

—Ella está bien pechita, casi ni come –dice a manera de reprenda la coordinadora.

—Nombre, mire, si no estoy pechita –contesta Dony ahogando las carcajadas y luego tocándose el enorme vientre de 38 semanas de embarazo.

Los hogares de espera materna funcionan de manera gratuita para las mujeres. Hay 21 a escala nacional, 19 están a cargo del Fondo Solidario para la Salud (FOSALUD) y de dos se encarga el MINSAL. Cada uno funciona con cuatro licenciadas en Atención Materno Infantil. El presupuesto anual de 19 casas de espera materna, incluyendo los salarios de las personas que brindan la atención más gastos de bienes y servicios, ronda los $781,000 anuales. Así lo estableció FOSALUD en 2015.

La Asamblea Legislativa ha gastado $27.9 millones en contratos de seguros médicos durante los últimos cinco años. Y solo el año pasado la Corte Suprema de Justicia adjudicó $6.1 millones para el seguro de sus magistrados, jueces y personal administrativo. Dentro de estos gastos, $387,500 fueron destinados para asegurar a 15 magistrados.

“Las señoras no tienen que esperar a que les den los dolores en sus comunidades”, explica Guadalupe Romero a un grupo de mujeres embarazadas que esperan para realizar su control prenatal en la clínica de Coatepeque. Cinco de ellas han venido solas a realizarse el chequeo y solo dos están acompañadas por su pareja.

En occidente hay cinco hogares de espera materna. En 2016 el hogar de Coatepeque tuvo 207 usuarias. La estrategia para garantizar que las mujeres como Dony tengan un parto seguro es hacer que ellas dejen sus hogares y el cuido de sus hijos y que se alojen en los hogares maternos.

Esta medida garantiza la atención hospitalaria del parto pero no cambia drásticamente el acceso a la salud de las mujeres. Cuando el embarazo termine, volverán a sus comunidades empobrecidas y lejanas con calles de tierra sobre las que ambulancias no pueden transitar.

Hace un par de años, Salud reportó que había dado 748,521 atenciones maternas. Estas incluyen la inscripción y los controles prenatales, lo que se traduce en 7.1 consultas por cada parto de 2015. Los controles son gratuitos para las usuarias, pero para familias como las de Dony, acceder a ellos en el centro de Coatepeque todavía desbalancea la economía familiar.

SALAS DE ATENCION DE CUIDADOS PREMATERNALES QUE SE POSEE EN LA UNIDAD DE SALUD DE COATEPEQUE FOTO DE LA LPG ANGEL GOMEZ

 

La pareja de Dony se dedica a la agricultura. Él siembra maíz, maicillo y frijol. Ella habla con orgullo de su hijo de cuatro años y dice que además de este que espera, quiere tener uno más, “aunque cuesta criarlos”.

Para viajar hasta Coatepeque, Dony calcula que camina unos 20 minutos hasta la vereda en la que pasa el único camión pick up que sale y entra a la comunidad una vez al día. El transporte sale del cantón a las 6:30 de la mañana y emprende su camino de regreso a las 11:30 de la mañana. Después de esa hora solo se puede llegar a pie. Ella cuenta que el camión cobra $4 por el viaje. Y si decide venir a los controles hasta aquí acompañada del padre de su hijo, gastarían $16 solamente en transporte.

Ana*, una señora de 40 años, ha entrado en labor de parto en un hospital privado de San Salvador. Está acompañada de su esposo. Sobre la cama hay una pelota grande de las que se ocupan en los gimnasios en la que la embarazada se apoya para encontrar posturas que le sean cómodas. Sobre una mesa pequeña hay bebidas hidratantes. Estos beneficios no son posibles en los hospitales nacionales.

LA DRA MARROQUIN ATENDIO EL PARTO DE ANTONIA REYES D EMARTINEZ, ESTA DR SE CARACTERIZA POR ATENDER A SUS PACIENTES COMO ELLOS QUIERAN TENER SU BEBE
FOTO LPG/ JOSUE GUEVARA

A la habitación del pequeño cuarto no entra luz natural. Adentro parece más tarde de lo que realmente es. Es mediodía pero Ana prefiere que las luces estén apagadas. La ginecóloga que la atiende, Aleida Marroquín, explica que eso es lo normal, que los humanos, como animales mamíferos, prefieren un sitio oscuro para dar a luz.

La doctora Aleida Marroquín impulsa en El Salvador la práctica del parto humanizado. Considera que cada mujer debe elegir la postura en la que quiere traer a su hijo al mundo.

 

“Se busca retornar a lo natural, fortalecer todo el proceso biológico y respetarlo”, explica. Así, sus pacientes a veces dan a luz sentadas, sobre las rodillas o de cuclillas. La mujer elige. El personal médico se adecua.

 

 

Marroquín tiene su propia clínica privada, pero antes trabajó en el sistema público. Prefiere su clínica porque puede darle atención personalizada a sus pacientes. Defiende que “la experiencia del parto es maravillosa” y que todas las mujeres deberían poder disfrutarla. La doctora considera que la postura horizontal de dar a luz, la usual en la red de hospitales nacionales, no es la más natural.

Elegir es difícil para un sector de la población debido a un sistema de salud que se basa en exclusiones sociales. El hospital donde Ana ingresó cobra $575 por un parto natural en una habitación económica, es decir, dos salarios mínimos del sector de comercio, servicios y maquilas, y casi tres salarios mínimos de las personas que se dedican a la recolección de algodón.

Los $575 solo incluyen el uso de las instalaciones y el equipamiento del hospital. Además, se suman los honorarios del médico que atiende el parto y el costo de medicamentos especiales que se lleguen a requerir. En cambio, una cesárea en ese hospital cuesta $1,175 más los gastos mencionados.

En 2015 el Sistema Nacional de Servicio de Salud registró que 105,000 bebés nacieron vivos; de estos, solo el 21 % nació en el Seguro Social.

La Organización Mundial de la Salud ha recomendado que la tasa ideal de cesáreas de un país debe rondar entre el 10 % y el 15 %. Sin embargo, el informe de labores 2015-2016 del MINSAL sostiene que en El Salvador el porcentaje dobla la cifra recomendada, llegando al 30%.

LA DRA MARROQUIN ATENDIO EL PARTO DE ANTONIA REYES D EMARTINEZ, ESTA DR SE CARACTERIZA POR ATENDER A SUS PACIENTES COMO ELLOS QUIERAN TENER SU BEBE
FOTO LPG/ JOSUE GUEVARA

Marroquín es una de las médicas que abogan por luchar por el parto vaginal, aunque no tiene problema con intervenir con cesárea a sus pacientes cuando ellas así lo deciden o cuando la vida del feto está en riesgo.

Los partos humanizados suponen que procedimientos como la episiotomía (incisión desde la comisura posterior de la vulva hacia el ano para evitar un desgarro durante el parto) solo deben hacerse en casos que lo ameriten, y que es necesario propiciar los momentos de la madre con su hijo en los que exista contacto directo de piel con piel y siempre que se pueda hacer “el pinzamiento tardío del cordón umbilical y promover la lactancia incluso antes de que salga la placenta”.

Estas prácticas que buscan devolverle el carácter natural a la atención de los partos no se hacen en los hospitales públicos, a pesar de que no representan mayores gastos para el sistema de salud.

Hasta ahora, que todas las mujeres del país tengan acceso a decidir sobre la manera en la que quieren parir a sus hijos no es posible, algo que Marroquín considera “lamentable”. En otras regiones de Latinoamérica es un derecho. Perú aprobó en 2005 la norma técnica para la atención del parto vertical con adecuación intercultural.

Eso implica que si la condición de salud de las mujeres lo permite, ellas pueden parir en posición vertical en sus diferentes variantes: sentada, arrodillada, de cuclillas o incluso con una soga colgada desde el techo que usan para sostenerse. La norma defiende que se debe respetar la libertad de movimiento de las mujeres. En otros países, elegir la manera de dar a luz no es un derecho de clase económica.

“Se busca retornar a lo natural, fortalecer todo el proceso biológico y respetarlo“, explica. Así, sus pacientes a veces dan a luz sentadas, sobre las rodillas o de cuchillas. La mujer elige. El personal médico se adecua.

Si en El Salvador las cosas fueran según lo ideal, antes de que una mujer se embarazara tendría que existir la decisión para hacerlo y una consulta de riesgo preconcepcional. Pero de acuerdo con personal médico del Hospital Nacional de la Mujer, la mayoría de mujeres que acuden a esas instalaciones no tienen finalizados sus estudios y no siempre son embarazos planeados.

Para embarazarse, lo mejor “sería que el sistema funcionara tan bien desde los controles infantiles y de adolescencia para que usted sepa en qué condiciones está”, afirma el doctor Ronald López, de la unidad de cuidados intensivos del Hospital Nacional de la Mujer.

SILVIA GUTIERREZ EXAMINA A UNA PASIENTE QUE LLEGO A CONTROL PRE NATAL DONDE EXAMINAN LOS MOMIVIENTOS DEL BEBE Y EL CRECIMIENTO DEL VIENTRE FOTO DE LA LPG ANGEL GOMEZ

En un informe de salud sexual y reproductiva elaborado en 2012 por el MINSAL se mencionó que “la edad promedio del inicio de las relaciones sexuales entre las adolescentes es de 16.3 años y el uso de anticonceptivos en la primera experiencia sexual es bajo”. El documento sostiene que en la primera experiencia sexual de los adolescentes menores de 15 años solo el 20 % usó anticonceptivos y entre el grupo de 15 y 17 años solo el 26%.

La educación sexual no está instalada en el sistema de educación pública para estudiantes y es un tema que genera polémica. El Mapa de Embarazos en Niñas y Adolescentes en El Salvador 2015 descubrió que una niña o adolescente queda embarazada cada 21 minutos.

Esto, además de hablar de maternidad adolescente, habla de los altos niveles de violencia sexual que experimentan las mujeres. Solo en 2016 la Fiscalía General de la República registró 1,121 víctimas (entre niñas y adolescentes) del delito de violación en menor o incapaz.

Cuando una niña queda en cinta, el embarazo es considerados de alto riesgo porque su cuerpo aún no está desarrollado para cargar un bebé. Guadalupe Romero, la coordinadora del hogar de espera materna de Coatepeque, calcula que fue en la Navidad de hace cuatro años cuando alojó el caso que más la ha conmovido.

Una niña de 12 años de edad fue violada y quedó embarazada de su abuelo. La niña vivió en el hogar de espera el mes previo a parir. Recibía visitas de su tía. Romero cuenta que era una niña tímida que se sentaba en el suelo a dibujar al oso Winnie the Pooh.

SILVIA GUTIERREZ EXAMINA A UNA PASIENTE QUE LLEGO POR DOLORES EN SU ABDOMEN QUE LE FALTAN POCAS SEMANAS PARA DAR A LUZ FOTO DE LA LPG ANGEL GOMEZ
SILVIA GUTIERREZ IMPARTE CHARLAS A MUJERES EMABARAZADAS FOTO DE LA LPG ANGEL GOMEZ

Una mujer joven, casada, esperaba a su hijo con ansías pero perdió su embarazo en el Hospital de Maternidad. El Estado también la obligó a perder su útero y sus ovarios. Así lo explica el médico obstetra Guillermo Ortiz. Los médicos que atendieron a esa mujer sabían desde el día en que la evaluaron qué era lo que tenían que hacer, pero no actuaron. Permitieron que una infección avanzara tanto que ella terminó debatiéndose entre la vida y muerte en la unidad de cuidados intensivos.

Hay mujeres que rompen fuente, es decir, que experimentan la pérdida del líquido amniótico antes de las 20 semanas de embarazo. Eso le pasó a la mujer en cuestión. Ortiz, un médico que trabajó durante 20 años en el Hospital de Maternidad y fue jefe del Servicio de Alto Riesgo Obstétrico, explica que en esos casos, los fetos no pueden desarrollarse normalmente y sobrevivir. Mientras el feto fallece, las mujeres corren el riesgo de desarrollar una infección tan grave que también las puede llevar a la muerte.

Dar a luz en El Salvador incluye debates abiertos que tienen que ver con procesos legales. “Nos encontramos como anestesiados en nuestras acciones”, dice el médico para explicar que en otro país, salvar el sistema reproductivo de esta mujer era posible si se le intervenía, pues se conocía con base científica que el feto no se desarrollaría. Sin embargo, esto en El Salvador es ilegal.

Esta opinión la comparte el médico Rónald López. Explica que en estos casos, lo correcto, de acuerdo con las normas médicas, sería colocar “el medicamento para forzar ese parto porque ese bebé no va a vivir. No se mueren adentro porque el oxígeno les llega a través del cordón umbilical”.

El médico explica el riesgo al que se exponen las mujeres: “Las bacterias no se quedan solo dentro de la bolsita del bebé, se traspasan a la matriz, a la sangre, y se riegan en todo el cuerpo. Hay casos de infecciones tan bravas que hay que cortar todo el útero y los ovarios. ¿Y si es su primer embarazo?”, cuestiona.

“Equidad es darle más al que menos tiene. En términos de salud, les estamos fallando a las mujeres porque la que menos tiene está recibiendo el peor servicio en cuanto a derechos de salud reproductiva“, explica el médico Ortiz.

Hace 18 años se aprobó una reforma al Código Penal en la que se anuló el derecho de las mujeres a interrumpir los embarazos en caso de que su vida estuviera en riesgo, que el producto del embarazo fuera incompatible con la vida y en casos de violaciones.

En foros públicos está vigente una propuesta de reforma al Código Penal en la que el aborto no sea castigado con cárcel cuando las vida de las mujeres esté en riesgo inminente y así lo haya establecido un médico, cuando se haya comprobado científicamente que el feto no tiene posibilidades de vivir y en caso de violación o estupro. La propuesta indica que bajo esas condiciones, los abortos podrían realizarse solo cuando la mujer lo solicite y previo dictamen de las autoridades competentes.

Una de las organizaciones que se ha pronunciado en contra es Fundación Sí a la Vida, que se ha caracterizado por realizar ponencias y campañas de sensibilización que buscan reducir los abortos. En febrero de este año lanzó una campaña titulada “40 días por la vida” con la que buscan sumar oraciones para evitar que las interrupciones de embarazos continuen en el mundo. Karla de Lacayo, quien es parte de la campaña, ha dicho sobre la reforma de ley que confía en que los avances de la ciencia ayuden a evitar los problemas en la etapa de gestación.

Hay embarazos en los que el espermatozoide no fecunda al óvulo en el útero. Son los embarazos ectópicos. A veces el óvulo se encuentra en una trompa de falopio o en un ovario y ahí es fecundado. Ya que el embrión se desarrolla en un lugar estrecho en el que no es posible mantener un embarazo, es solo cuestión de tiempo para que esos órganos se rompan.

De las 31 muertes maternas del año pasado, cuatro fueron muertes por embarazos ectópicos. Así lo afirma Miriam González, la coordinadora de la Unidad de Atención Integral a la Mujer y la Niñez del MINSAL. “Todo personal médico sabe que al crecer (el óvulo fecundado), se rompe la estructura donde se ha implantado y al romperse se rompen los vasos sanguíneos, genera sangrado y un shock hipovolémico y se muere la mujer. Es la evolución natural del embarazo ectópico”.

Las autoridades sanitarias ya se posicionaron institucionalmente a favor de esta reforma. “En el Ministerio de Salud no promovemos el aborto, promovemos la vida y la salud de las mujeres”, expresó la ministra Violeta Menjívar hace un par de semanas.

Para esa fecha, Salud dio a conocer que entre 2011 y 2015 se reportaron 389 egresos de las unidades de cuidados intensivos de mujeres que ingresaron por complicaciones del embarazo. Ellas padecían enfermedades crónicas como cáncer –no pueden hacerse quimioterapia porque esta afectaría el desarrollo del feto– y diabetes e insuficiencia renal. Treinta y seis de esas mujeres, es decir, el 9.25 %, perdieron la vida.

El 21 de febrero el MINSAL participó en un foro titulado “Aspectos bioéticos ante embarazos que ponen en riesgo la salud y la vida de las mujeres”. En él, el doctor Rónald López presentó una muestra de 23 casos de mujeres con enfermedades cardiovasculares graves que ingresaron a la unidad de cuidados intensivos en 2016. Tres de ellas murieron.

Al lado de los datos de cada mujer y su diagnóstico, el doctor colocó la probabilidad de muerte que las embarazadas con enfermedades crónicas tenían. La probabilidad en uno de los casos llegaba al 70 %. En la mayoría se mantenía en un 50 %.

Ante escenarios críticos como este, López es de la opinión que cuando es un tema de vida o muerte, la mujer debería tener la opción de elegir. “Si (atiendo a) una señora con hipertensión pulmonar con seis semanas de embarazo porque le falló el método, lo que me corresponde es evitar que se muera”. Pero ofrecer la interrupción de un embarazo en cualquier semana puede llevar a la cárcel a los médicos.

Consultado después de su presentación en el foro, el doctor López estimó que el Estado invierte $1,800 al día para mantener a una mujer en la unidad de cuidados intensivos. Mientras que el costo diario de una cama en cuidados intermedios es de $800.

Ante este panorama, cabe preguntar cuáles son las opciones de maniobra que tienen los médicos para salvar la vida de mujeres en casos puntuales como embarazos ectópicos y embarazos en los que se pierde líquido amniótico antes de que los fetos desarrollen pulmones. “¿Qué me toca? Esperar a que la señora se complique y rezar para que no se muera. Me mandan a la guerra sin armas y tengo que enfrentar lo que se me venga”, responde López.

SILVIA GUTIERREZ EXAMINA A UNA PASIENTE QUE LLEGO POR DOLORES EN SU ABDOMEN QUE LE FALTAN POCAS SEMANAS PARA DAR A LUZ FOTO DE LA LPG ANGEL GOMEZ

El MINSAL ha admitido que en el entorno ambiental y las inequidades de salud es donde se aprecia con mayor facilidad el impacto de la determinación social”. Y esa inequidad se traduce en la vida o muerte de madres e hijos.

De los 23 casos de mujeres con embarazos de alto riesgo que el doctor Rónald López presentó en el foro de bioética, tres murieron en 2016. Y esas tres no estaban en una edad considerada de alto riesgo para ser madres. Sus edades eran 22, 23 y 29 años. ¿Qué carencias condicionaron las muertes de esas mujeres?

La paciente que tenía 22 años al momento de fallecer desarrolló hipertensión pulmonar severa y una miocardiopatía, es decir, su corazón se volvió débil para bombear sangre al cuerpo, un padecimiento que se agrava con el embarazo. El problema, comenta el médico, es que muchas mujeres no saben que están enfermas hasta que quedan en cinta y el cuerpo experimenta cambios que lo ponen en riesgo. Esta mujer logró dar a luz a un hijo prematuro y luego falleció.

Otra paciente tenía 29 años y llegó a la unidad de cuidados intensivos tras un embarazo de alto riesgo por una enfermedad cardiovascular. Ella tenía el 50 % de probabilidades de morir, explica el doctor López. Estuvo ingresada siete días en cuidados intensivos pero en esa situación extrema, las máquinas y medicinas ya no pudieron salvarla. A pesar de no haber cumplido los 30 años aún, dejó a seis hijos huérfanos.

El sistema nacional no previene las emergencias. Se dedica a tapar los agujeros que la misma ausencia de sus servicios cava. “Al Estado le sale mucho más barato proveer pastillas, preservativos o inyecciones que hacer cirugías. El Gobierno puede darme $15 millones, pero con $15 millones yo no la revivo”, explica el médico de cuidados intensivos.

Para que las madres del país gocen de la salud entendida de manera integral, hay aún un largo recorrido, como lo explica Ortiz, el médico que trabajó durante 20 años en el antiguo Hospital de Maternidad: “Equidad es darle más al que menos tiene. En términos de salud, les estamos fallando a las mujeres porque la que menos tiene está recibiendo el peor servicio en cuanto a derechos de salud reproductiva”.

La OMS ya ha afirmado que la mayoría de muertes maternas podrían evitarse “si las mujeres tuvieran acceso a servicios de planificación familiar de calidad, atención competente durante el embarazo, el parto y el primer mes después del alumbramiento”. Además, este organismo recomienda “prestar más atención a las mujeres que viven en situaciones de conflicto o de crisis humanitaria, porque para salvar sus vidas es fundamental disponer de un sistema de salud que funcione”.