¿Cómo ser uno de los mejores chefs del mundo?

BORAGó
Rodolfo Guzmán, chef chileno del restaurante Boragó

“Farsante”. “Sirve comida para vacas”. “Un insulto a la tradición chilena”. “Guzmán es un fabuloso publicista de sí mismo… pero muy pocos dicen haber comido deliciosamente de la mano de él”.

Esos fueron algunos de los señalamientos que, en 2006, utilizó la prensa para referirse a Rodolfo Guzmán poco después de que él abrió su restaurante de cocina chilena contemporánea en un pequeño local del distrito de Vitacura (Santiago, Chile), donde meses antes funcionaba un desvencijado bar.
Con tan solo 38 puestos y una jugosa cantidad de ideas que había coleccionado durante dos años de trabajo en restaurantes de tres estrellas Michelin en Europa, el joven chef se había dado a la tarea de dar de comer a los santiaguinos de la misma manera como se alimentaba –y aún se alimenta– el pueblo mapuche: utilizando ingredientes endémicos (propios de la región) del territorio chileno, cortándolos y cocinándolos de acuerdo con las tradiciones milenarias de esta población. La regla general era no trabajar con ningún insumo importado, así eso le costara un ojo de la cara.

Y así fue. Cuando Boragó salió al aire, nadie entendió lo que estaba tratando de hacer: un laboratorio donde había hongos silvestres, frutillas salvajes, algas, pencas, lenguas de erizo, fresas de mar y plantas suculentas de las alturas chilenas que se combinaban meticulosamente en platos de barro negro. De hecho, los comensales, perdidos y desconcertados, extrañaban los grandes cortes de carnes y pescados –preferiblemente importados– con los que habían construido su idea de la alta gastronomía chilena.

La poca acogida que tuvo la propuesta no tardó en traducirse en una enorme cifra en rojo en su extracto bancario. Y para no tener que cerrar el restaurante, Rodolfo tuvo que vivir de una empresa de cáterin –con una oferta de producto bastante más comercial de lo que él hubiera querido–, de otros créditos bancarios y del apoyo de sus familiares y amigos, que iban a cenar a Boragó cada vez que podían.

Así pasaron algunos meses, durante los cuales agotó su capital. El cierre de Boragó era inminente. Pero como nadie se muere la víspera, una tarde entró una llamada al restaurante que Rodolfo asumió como una broma: provenía de una revista de una prestigiosa línea aérea y anunciaba que Boragó había sido incluido en la lista de los mejores restaurantes de Latinoamérica y que aparecería en todos los ejemplares de los vuelos que arribaran a Santiago de Chile. De un día para otro el restaurante pasó de cero comensales a un lleno parcial. Un poco de gasolina para unos buenos kilómetros más.

A los pocos meses conoció a Alejandra, con quien, después de noventa días de noviazgo, decidió casarse. Ella, consciente de la titánica pelea que daba Rodolfo, decidió dejar su proyecto personal de arquitectura y enfrentar con su esposo a un comensal escéptico que ridiculizaba y trapeaba el piso con la revolucionaria propuesta de Boragó. Sin embargo, pese al apoyo, la afluencia de público volvió a bajar y Rodolfo, ahogado por las deudas, decidió poner en venta el restaurante.

Pero hubo un último intento. En 2009, Boragó, que aún no se vendía, cambió su sede a una casa más grande gracias a otro crédito, esta vez otorgado por el Gobierno chileno. Y aunque la nueva locación parecía prometer bastante, las cifras continuaron siendo casi las mismas: todas en rojo. Entonces vino el segundo empujonazo. En 2011, Boragó fue incluido en una guía de restaurantes europea en donde figuraban varios locales con tres estrellas Michelin. El efecto de la nominación fue inmediato y las finanzas de Boragó empezaron a resucitar. Para finales de ese año, Rodolfo y su esposa estaban en punto de equilibrio y con motivo del quinto aniversario de Boragó, Andoni Luis Aduriz y el equipo del famoso restaurante Mugaritz –uno de los mejores del mundo– decidieron viajar a Chile para cocinar con Rodolfo.
Faltaba la cereza en el pastel. El hecho que partió en dos la historia de este restaurante en Santiago fue la sorpresiva visita del crítico Andrea Petrini, conocido como el Todopoderoso de la alta gastronomía mundial: presidente del jurado de The World’s 50 Best Restaurants y muy famoso por lanzar al estrellato jóvenes chefs a escala mundial. Le fue tan bien que, en 2013, el restaurante entró a la lista latinoamericana en el puesto número ocho y desde 2014 se ha mantenido dentro del top cinco de la región.

No hay un plato estrella, no existe. Existe el menú de degustación que yo veo como un solo plato. Un solo momento para expresar la comida de un lugar.

Cuatro años después de su figuración en el prestigioso listado, Rodolfo es un referente de la cocina latinoamericana, además de ser un cocinero exitoso, feliz, reservado, silente y muy apuesto. Un artista que a punta de firmeza y testarudez logró consolidar un restaurante que sirve un único menú de degustación, elaborado exclusivamente con ingredientes recogidos por pequeños productores a lo largo de toda la geografía chilena.

Y como bien lo dice Luis Andoni Aduriz en uno de los dos prólogos del libro de Boragó –el otro lo escribió Petrini–, Rodolfo no escogió el camino fácil. Al contrario, optó por serle fiel a la revelación que tuvo durante su estadía en Europa, se aferró a su concepto de cocina de territorio y soportó con dignidad las piedras que le tiraron y las pruebas que a diario le significó sobrevivir a la incomprensión de sus comensales.

Una historia que acaba con un final feliz y con el reconocimiento de una nueva generación de cocineros y comensales que ven en Guzmán al chef que cambió para siempre la forma de ver y de pensar la cocina en Chile.

¿Cuál es el plato estrella de Boragó?
No hay un plato estrella, no existe. Existe el menú de degustación que yo veo como un solo plato. Un solo momento para expresar la comida de un lugar.

¿Cuántos pasos tiene su menú de degustación?
Entre 16 y 20 pasos, dependiendo de la temporada.

¿Cuál es ese ingrediente endémico (propio de la región) chileno que lo vuelve loco?
Las algas, los frutos y los hongos silvestres. Por su potencial y porque en Chile no se había hecho nada con ellos.

Rodolfo Guzmán

¿Cuál ha sido el mayor descubrimiento con respecto de una preparación, obtenido en el laboratorio de Boragó?
Son miles, pero le puedo decir dos. El primero, lograr que un ingrediente pasara de tener una posibilidad a tener 400 posibilidades. A punta de ensayos y experimentos logramos, con un solo ingrediente, 400 resultados distintos. El otro, haber engañado a la bacteria del pajarito, una especie de kéfir chileno que se hace con leche de vaca. En el laboratorio, después de haber trabajado e insistido durante meses y meses, logramos que la bacteria de ese fermento creyera que la leche vegetal con la que lo alimentábamos era leche animal. Entonces imagínese, logramos algo así como un yogur griego, pero hecho de leche vegetal. ¡Maravilloso!

¿Cuándo y cómo supo que Andrea Petrini iba a ir a Boragó?
No lo supe. Él simplemente llamó a hacer la reserva y se apareció.

¿Sabe por qué razón Petrini se enteró de la existencia de Boragó?
No lo sé con exactitud, pero creo que alguien le contó que había un restaurante muy interesante en Chile y que valía la pena hacer el viaje desde Europa.

¿Qué le dio de comer a Petrini cuando vino a su restaurante?
No me acuerdo del menú de degustación exactamente. Muy difícil tenerlo en la cabeza, ya que ese año hicimos unas 700 preparaciones. Pero con seguridad le puedo decir que le dimos locos (una especie de molusco).

¿Qué le dijo Petrini después de cenar?
“Esto es impresionante”. Y a partir de ahí empezó a hablar de nosotros con mucho énfasis. Quedó impresionado. Él no se esperaba algo de ese tipo, porque Chile nunca ha tenido la reputación de ser un país gastronómico.

¿En qué restaurantes, aparte de Mugaritz, trabajó durante su estadía en España?
En Azul Profundo y Balzac.

¿De los tres, cuál le tocó más la fibra?
Todos me aportaron de una manera invaluable. Lo que sí le puedo decir es que fue en Mugaritz en donde me sentí más cómodo. Ver cómo la cocina mundial iba para un lado mientras que la de Mugaritz iba en contra de la corriente era muy estimulante. Me sentí removido por dentro como cocinero y, pues ni hablar de tener la oportunidad de aprender de un maestro tan relevante como Aduriz.

Durante seis meses, después de la entrada a la lista y de que Boragó empezó a llenarse totalmente cada noche, yo entraba todos los días a la oficina de “Gordo”, el encargado de las reservas, a mirar si el restaurante volvía a su estado normal de no tener reservas. Lo tenía tan presionado con eso que, un día, me prohibió la entrada.

¿Cuál es la anécdota más memorable sobre aquellos días de principiante?
En mi primera práctica en Chile, en un restaurante muy famoso de Santiago, había una jefa de cocina muy pequeñita, pero muy buena. Hacía una cocina tremenda y los servicios eran muy intensos. Ella me dijo que le gustaba trabajar con gente que se interesara por aprender y me dio la instrucción de preguntar ante cualquier duda. Y yo, intenso y ansioso por aprender, básicamente la sequé a punta de preguntas. Ella soportaba bien la cosa y me respondía y yo sentía que había llegado al paraíso. ¡Por fin alguien me quería enseñar! Pero resulta que yo estaba totalmente obsesionado por emplatar y todos los días durante meses le preguntaba si podía pasar ya a la estación de emplatado. Ella muy paciente me decía que no, que todavía no, y yo, cada día más intenso y ansioso, insistía e insistía. Hasta que un buen día la mujer no aguantó más, se salió de casillas y me mandó callar. Recuerdo que gritaba la pobre: “Rodolfo me tienes harta, no quiero que emplates nunca. ¡Nunca vas a emplatar! Te voy a sacar de la cocina, no te soporto”. Pobrecita, se notaba lo desesperada que estaba. Finalmente, un día me dejó emplatar, se dio cuenta de que era muy bueno y fui nombrado oficialmente en esa posición, donde me fue muy bien.

¿Y ha vuelto a verla? ¿Son amigos?
La vi hace como cinco años. Fue muy deferente conmigo y me dijo que se sentía muy orgullosa de mí.

¿En dónde estudió cocina?
Estudié en Santiago en una escuela cualquiera, medio de batalla.

¿Hizo marchas blancas (cenas de prueba) antes de abrir Boragó?
Sí. Invité a todos mis amigos y familia.

¿Alguna embarrada monumental?
Ninguna. Fue impresionante. Se sentía como si el restaurante estuviera andando hacía mucho tiempo. Lo que sí le puedo decir es que ese día conocí una habilidad mía que no sabía que tenía; ese día sentí que floreció en mí la capacidad de improvisación. En ese servicio logramos cambiar platos completos durante la marcha sin que se interrumpiera el ritmo del servicio.

¿Cuál es su magia y cuál el secreto de su éxito?
Yo soy un fiel creedor de que las cosas buenas se consiguen sí y solo sí con metodología y mucha disciplina. No creo en eso del “free ride” (salirse del camino). El “free ride” atenta contra los resultados correctos en el proceso de una cocina.

¿Quién fue la primera persona a la que llamó cuando se enteró de que había entrado en la lista de los 50 Best?
No llamé a nadie. Me quedé solo, encerrado en mí mismo como una hora sin poder hablar. Y de hecho puedo decirle algo más punzante que se convirtió más tarde en una pequeña anécdota del restaurante. Durante seis meses, después de la entrada a la lista y de que Boragó empezó a llenarse totalmente cada noche, yo entraba todos los días a la oficina de “Gordo”, el encargado de las reservas, a mirar si el restaurante volvía a su estado normal de no tener reservas. Lo tenía tan presionado con eso que, un día, me prohibió la entrada y me dijo: “Rodolfo, estoy cansado de usted; no lo quiero más acá con ese cuento. El restaurante cambió, no es el mismo que usted conoció, ahora está lleno, por fin. Se acabó, acéptelo, ya que parece un loco”. Pero es que había algo en mí que no lo creía, me tomó mucho tiempo aceptar esta nueva realidad.

¿Un error que nunca volverá a cometer?
No escucharme a mí mismo. Solo cuando uno se escucha a sí mismo es cuando puede empezar a escuchar a los demás y a volverse más permeable con lo que pasa alrededor.

¿Cuál es su lado oscuro?
Mi infancia. En casa yo siempre fui el “chachito”, que en Chile quiere decir el problema. Me iba muy mal en el colegio. Lo que más recuerdo es el examen de pruebas de grado que en mi caso fue superfrustrante; lo abría, lo miraba, pero lo quería cerrar enseguida, y pensaba: “Señor, usted no es bueno para nada, no tiene ninguna habilidad, ni para matemáticas, ni para física, ni para nada”. Recuerdo que no fui capaz de mostrárselo a mis padres, me dio mucha vergüenza.

Pero no todo podía ser malo. ¿En qué le iba a bien?
Bueno, me atrevo a decir que tenía habilidades con las manos y que fui muy buen deportista, lo que sacaba la cara por mí.

Me cuentan que usted antes de querer ser chef se quiso dedicar profesionalmente al esquí acuático. ¿Qué pasó ahí?
¡Tengo un tobillo biónico! Sufrí una fractura total de huesos y ligamentos mientras estaba esquiando un día y me tuvieron que hacer un reemplazo total de esa coyuntura. Ahora no puedo practicar casi ningún deporte.

Platillos

¿Y cuál practica?
Corro. Los cocineros podemos llevar una vida de excesos, comemos mucho, viajamos… En fin, es importante equilibrar.

¿Cómo le cambió la vida el accidente? ¿Qué pasó a partir de ahí?
Dejé el esquí y entré a estudiar cocina en Chile como cualquier muchacho.

Usted trabajó en España entre 2003 y 2004. ¿Qué lo impulsó a irse de Chile?
Tuve decepciones muy importantes en los restaurantes en los que trabajé al graduarme en Chile. Veía cómo la comida era menos relevante que la decoración y que casi todo eran réplicas de conceptos de afuera. El chef era un tipo muy culto y, en cambio, el equipo con el que trabajaba estaba compuesto por personas que no tenían esa cultura y que sufrían una desconexión gigantesca con el oficio. Eso me produjo una frustración tremenda porque finalmente yo tenía una pasión muy grande por lo que hacía y había entendido otra cosa cuando estaba estudiando. En ese momento decidí dejar todo lo que tenía e irme en busca de una nueva realidad y adoptarla como si fuera mía. Quería encontrar eso que había leído en algún libro de los restaurantes de afuera y, finalmente, terminé tocando puertas en el País Vasco.

BORAGó

¿Qué significa Boragó?
No significa nada. Es una palabra que yo me inventé a la cual le puse un acento visible porque quería reflejar el hecho de que, en el español, un acento puede cambiar todo el sentido de una palabra. Algo así como lo que puede suceder con los platos que creamos en el restaurante.

Para muchos puede ser un enigma la operación de un restaurante como Boragó. ¿Cómo es ese proceso?
Detrás del restaurante hay más de 200 personas, entre pequeños recolectores y pequeños productores a lo largo de todo Chile. Hay gente que vive de nosotros y que corta ingredientes que son únicos en el mundo, debido a situaciones geográficas muy singulares. Chile es un país muy angosto y muy largo que llega hasta el final del planeta, muy abajo, donde tenemos unas condiciones naturales que son muy distintas a las del resto de los países en Latinoamérica y que determinan que esos ingredientes, que nosotros usamos, existan. En Boragó nos inventamos un concepto desconocido e inexplorado, no teníamos referentes de nada. La operación se fue gestando ella sola en reacción a los problemas y dificultades que iban surgiendo. Al principio no sabíamos nada, pero luego todo comenzó a tomar una personalidad muy definida y con los años empezamos a desarrollar lo que yo llamo un muy largo “proceso de aprendizaje”.

¿Qué representa para su obra el libro “Boragó” (Phaidon), que está por publicarse?
El libro es el resultado de ese proceso de aprendizaje que duró 10 años. Algo que llamamos el punto cero. El momento en el que decimos: “¡Por fin aprendimos a cocinar!” De aquí para adelante sentimos lo mismo que cuando abrimos las puertas del restaurante. El libro es el manifiesto de este logro.

¿Qué lo hace sentir que en efecto ha alcanzado ese llamado punto cero?
Tener la certeza de que, como grupo humano, hemos alcanzado el entendimiento de tres cosas que, pienso, son fundamentales: uno, quiénes somos; dos, de dónde venimos; y tres, qué tenemos alrededor.

¿Qué fue eso que encontraron en ese proceso de entendimiento?
Identidad. Imagínese que para los chilenos la comida local nunca fue importante. Lo mejor y lo realmente bueno era lo que venía de afuera. Los ingredientes mapuches eran considerados muy ordinarios. ¡Pero imagínese que el 80 % de nuestra sangre es mapuche! ¡Una de las culturas más antiguas de América! Si hay una cultura lo suficientemente profunda para sentirnos arraigados al territorio chileno es esta precisamente.

Detrás del restaurante hay más de 200 personas, entre pequeños recolectores y pequeños productores a lo largo de todo Chile. Hay gente que vive de nosotros y que corta ingredientes que son únicos en el mundo, debido a situaciones geográficas muy singulares. Chile es un país muy angosto y muy largo que llega hasta el final del planeta, muy abajo, donde tenemos unas condiciones naturales que son muy distintas a las del resto de los países en Latinoamérica y que determinan que esos ingredientes, que nosotros usamos, existan. En Boragó nos inventamos un concepto desconocido e inexplorado, no teníamos referentes de nada.

Imagen del restaurante

Y hablando de su equipo de trabajo, ¿qué hay de diferente en Boragó que no hay en ningún otro restaurante?
Hay una persona que se dedica exclusivamente a hacerles seguimiento a todos los ingredientes que usamos, desde que crecen en algún arbusto entre la Patagonia y el desierto de Atacama, hasta que llegan a la puerta del restaurante. Su misión es solamente asegurarse de que cada insumo llegue en las mejores condiciones posibles desde todas las latitudes del territorio chileno. Y todo esto para afianzar que Boragó no es un concepto, sino la continuidad del pueblo mapuche.

Y en un sentido más comercial, ¿qué lo diferencia de otros restaurantes comparables con el suyo?
Entender el territorio. Imagínese que nos tardó más de 10 años entender las estaciones. Sabemos qué está sucediendo en este momento en el Valle Central, en la Patagonia, en el desierto de Atacama… Y esto es muy importante para nosotros.

¿Algo así como el resultado de un largo proceso de investigación?
No. Nosotros no somos investigadores, somos cocineros, aprendedores profesionales. Aprendemos de campesinos, de pescadores, de recolectores. No tenemos ningún apego, observamos y aprendemos todo lo que nos lleve a esos tres puntos que ya comenté. La investigación la usamos solo cuando necesitamos aprender a cocinar mejor.

¿Cuál es la fuente de ese conocimiento y esa sensibilidad hacia lo mapuche?
La sangre. Mejor dicho, ese conocimiento está dentro de nosotros. Mi familia es de Chiloé y tengo una cercanía al pueblo mapuche desde hace muchos años. Es algo natural en mí. Pasé todos los veranos de mi infancia en Chiloé con mi abuela, cultivando, cosechando, ordeñando… De ahí que esa memoria tenga un rol muy importante hoy en día en mi trabajo como cocinero.

¿Qué hay detrás de cámaras, fuera del proceso en el restaurante, que nutra el concepto de Boragó?
Nuestra finca a unos 30 kilómetros del restaurante. Manejamos agricultura biodinámica, criamos nuestros patos y cultivamos todos los vegetales que servimos en el restaurante. Criamos a los animales con mucho amor, los queremos como perros. Les damos una vida increíble y estoy seguro de que esto le da un sabor a la comida muy diferente porque entendemos las cosas desde otra perspectiva. Y también, y esto nadie lo sabe, todos los días a las 9 de la mañana el equipo de producción se va a sacar con sus propias manos algunos insumos de los cerros alrededor de Santiago. Las cosas que hay que hacer para esta recolección son impresionantes.

Y con respecto a eso, ¿ha sucedido que algún naturalista acérrimo pudiera argumentar que esas prácticas atentan contra el ecosistema?
Sí, ha pasado y hay mucha gente que ha querido molestar. Alguna vez subí a Instagram una foto de uno de nuestros patos sacrificados y algún seguidor comentó: “Rodolfo, eres un asesino…”. Y bueno, me pueden catalogar de asesino, ¿pero qué hay de los demás sacrificios de animales que consumimos en el mundo? En Boragó procuramos cuestionarnos todo lo que hacemos y tratamos de entender las posibilidades de la naturaleza, de tal manera que lo hagamos bien para que cuando cortemos uno, salgan dos. En la naturaleza todo está diseñado para que esto sea así. Es el principio de la vida más básico.

¿Esa habilidad para hacer combinaciones innovadoras viene de una técnica que se aprende? ¿Hay alguna teoría para este arte de combinar? ¿De dónde sale?
No hay una técnica o una teoría. Estas mezclas salen de la intuición humana. Es precisamente lo que nos hace humanos. Y si a lo largo de la historia han surgido combinaciones que funcionan muy bien, como la albahaca y el tomate, dichas combinaciones nos las podemos aprender de memoria y utilizarlas si queremos. Sin embargo, la mayoría de las mezclas en Boragó surgen de nuestra intuición.

Los dueños de restaurantes tienen por lo general un diablito que les habla y los tienta a crecer y expandirse. La mayoría cae en ello. ¿Qué le hablan los demonios a Rodolfo Guzmán?
Le mentiría si le dijera que no me llama la atención dar de comer a más personas. Sin embargo, ese diablito aún no me ha hablado y no está dentro de mis planes expandirme por ahora.

¿Quién es para usted ese cocinero que inspiró a los latinoamericanos, acostumbrados a alabar lo internacional, a buscar adentro?
No fue uno, fueron varios: Adrià, Andriz, la Escuela Nórdica. Ellos empezaron a trabajar con el concepto de territorio y fue como en la música o en el arte: unos crean un nuevo estilo de expresión y por simple inercia el resto de las comunidades del mundo los empiezan a seguir.

¿Leyó alguna vez la carta del cocinero argentino Francis Mallmann en la que rechazaba su nombramiento como juez de los 50 Best? ¿Qué opina de esta posición?
No la leí, pero algo oí. Admiro mucho a Mallmann y, bueno, me considero una persona muy respetuosa y me siento muy bien cuando respeto y mal cuando no lo hago. Estoy seguro de que la posición de Mallmann cuenta con buenos fundamentos.

Y por último, un amigo suyo que lo admira mucho le manda a preguntar si realmente entendió que usted cambió la forma de ver la cocina de toda una generación en Chile.
La verdad no me he detenido a pensar en eso. Mi mundo gira entre mis dos familias: la de mi casa y la de mi cocina. Estas me absorben totalmente y el tiempo pasa muy rápido. No me he detenido a pensar en eso, la verdad. No aún.

En busca del nuevo Caribe colombiano

Caribe Colombiano
Menos ingresos. El ingreso per cápita en el Caribe Colombiano está en un 30 % por debajo del promedio del resto del país.

Decir Caribe supone una reflexión sobre el sentimiento de pertenencia. Hablar de una conciencia casi familiar que define en buena medida la identidad de esta región de Colombia, una de las más mitificadas y a la vez olvidadas del país. La tierra de Gabriel García Márquez, la costa de Cartagena de Indias, una de las urbes que marcaron el destino de América, la de Barranquilla y del pueblo wayúu es hoy un territorio que busca dejar atrás la pobreza, los latigazos de la corrupción y allanar el camino a la transformación y el crecimiento. Ese propósito quedó negro sobre blanco la semana pasada en la ciudad de Santa Marta con un compromiso, impulsado por Casa Grande Caribe, una iniciativa apoyada por el Banco de la República –inspirada en el título de la novela del escritor Álvaro Cepeda Samudio– que persigue la inversión de $16,548 millones en 12 años en un ambicioso programa de inclusión social.

La región, con alrededor de 10 millones de habitantes repartidos en ocho departamentos, tiene que hacer frente a emergencias en materia de nutrición, salud, educación, suministro de agua y alcantarillado. La mortalidad infantil es de 254 niños por cada 100,000 personas, el analfabetismo supera el 9 % y, por ejemplo, en La Guajira solo el 56.5 % de la población tiene acceso a un acueducto. “El Caribe colombiano, que es más grande que muchos países latinoamericanos, es parte de la periferia colombiana y esa periferia tiene niveles de pobreza y de ingresos per cápita menores que el resto del país”, explica Adolfo Meisel, codirector del Banco de la República y organizador de la cumbre que reunió a algunas de las personalidades más respetadas de la costa y trató de dibujar un nuevo horizonte.

“El ingreso per cápita del Caribe colombiano está un 30 % por debajo del promedio del resto de Colombia. Y una tercera parte de los pobres vive en este territorio. Durante el boom petrolero no se invirtió en las prioridades. Hay muchos elefantes blancos. Hay la plata, falta la voluntad”, continúa Meisel. “El problema para avanzar en la lucha contra la pobreza extrema no tiene que ver ya con falta de recursos. Tiene que ver con el liderazgo, con un liderazgo que es inadecuado, por la corrupción, por la mediocridad, por la ineptitud y por la irresponsabilidad”. El alcalde de Cartagena, Manuel Vicente Duque, fue detenido en agosto con la acusación de cohecho y tráfico de influencias. El de Santa Marta estuvo bajo arresto dos días la semana pasada por presuntas irregularidades en la concesión de contratos.

Menos ingresos. El ingreso per cápita en el Caribe Colombiano está en un 30 % por debajo del promedio del resto del país.

Desde el puerto de esa ciudad se exporta café, carbón, aceite o banano. La región cuenta con cauces para crecer, pero debe mutar. “Tiene una falla de liderazgo en el sector empresarial, el sector político, académico, en los medios que guardan silencio. Y eso tiene que empezar a cambiar. Casa Grande Caribe tiene que vincular a gente joven, gente muy bien preparada, gente que tiene una ética muy diferente”, razona el directivo del Banco de la República.

El pacto recoge “el firme propósito de apoyar las inversiones y políticas públicas necesarias para eliminar las inhumanas condiciones de vida de amplios de sectores de la población del Caribe”. El objetivo consiste en alcanzar una inversión de $3,002 millones en nutrición, $6,275 en educación, $2,158 en salud y $5,113 en mejora y construcción de alcantarillado y suministro de agua. La iniciativa, apoyada por la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (ANDI), calcula que esas cantidades pueden salir “de los recaudos tributarios propios de la región, de los ingresos de regalías (las concesiones que pagan las empresas que extraen recursos naturales no renovables, por ejemplo, hidrocarburos y minerales) y de la participación del Caribe en el presupuesto nacional”. Casa Grande asegura que “en esas fuentes habrá recursos más que suficientes”.

No obstante, para ello es necesaria una reforma de la ley de regalías. Por esta razón, cuando faltan seis meses para las elecciones presidenciales de 2018, los promotores del pacto instan a los candidatos que lleguen a la segunda vuelta a participar en un debate público “para que se pronuncien sobre estas propuestas y respectivas inversiones. Que el próximo presidente apoye esta iniciativa de inversión en capital humano es la prioridad de la región y que le dé participación a nuevos líderes del Caribe, que no estén contaminados”, concluye Meisel.

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LOS RETOS DE LA COMUNICACIÓN

El papel de la conversación pública y de los medios resulta decisivo en la construcción de esta cultura. Jaime Abello Banfi, director general de la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), incide en la importancia del momento. “Estamos asistiendo a una evolución del regionalismo del Caribe colombiano. Está basado en una identidad cultural, en el territorio y tiene la sensación de que ha estado históricamente rezagado. En este encuentro nos estamos poniendo una meta muy concreta, sensata, para cerrar esa brecha social. Se está proponiendo generar un consenso”, señala.

“Pero tenemos amenazas, y la mayor de todas es la corrupción”, advierte Abello. Para combatirla, explica, el periodismo tiene que intervenir en tres niveles. “Uno, que la gente esté mejor informada. En segundo lugar, una clásica tarea de vigilancia del poder. Hay que luchar contra la tendencia a una alta dependencia de lo público, especialmente de lo oficial. Hay que desoficializar la agenda informativa. Lo tercero es generar esa gran conversación pública a través de esa manera de actuar que pueden ser las redes sociales”, reflexiona.

Desde el puerto de esa ciudad se exporta café, carbón, aceite o banano. La región cuenta con cauces para crecer, pero debe mutar. “Tiene una falla de liderazgo en el sector empresarial, el sector político, académico, en los medios que guardan silencio. Y eso tiene que empezar a cambiar”.

Mejoras en la alimentación. Uno de los grandes objetivos de la región es alcanzar una inversión de $3,002 millones en nutrición.

El compromiso se firmó en Santa Marta, capital del departamento del Magdalena, donde Gabo se subía al tren para regresar a su casa, en Aracataca. Carlos Nelson Noches, amigo de infancia del premio nobel, contó hace unos meses a EL PAÍS que cuando pasaba por la finca bananera de la United Fruit Company veía esa tablilla que decía finca Macondo. El universo del pueblo literario de “Cien años de soledad” contribuyó a difundir un imaginario colectivo del Caribe.

“Él y sus amigos como Álvaro Cepeda Samudio, yo creo que aspiraban a que el Caribe pudiera lograr la dignidad de vivir decentemente sin perder nuestra esencia cultural, nuestra manera de ser, nuestra identidad, y sobre todo demostrando que se puede ser feliz en la tierra del eterno verano”, apunta Jaime Abello. La necesidad de fortalecer ese sentimiento de pertenencia se traduce hoy también en el deporte. En el fútbol, por ejemplo. En la cumbre participó el cantante Carlos Vives, quien señaló que algo está fallando, cuando los niños caribeños dicen ser hinchas del Atlético o del Madrid. Eso quizá tenga que ver, sin más, con un mundo globalizado. En cualquier caso, la anécdota habla de un orgullo regional sin complejos, otra de las premisas para la transformación del Caribe.

Mea Shearim, el barrio de las cien puertas

Hermetismo. Una de las calles de Mea Shearim, un barrio de Jerusalén donde la comunidad judía ultraortodoxa está más cerrada que otras zonas hebreas.

“La comunidad judía ultraortodoxa de Mea Shearim es una sociedad religiosa más cerrada que otras muchas. Está luchando constantemente contra la revolución digital porque cree que eso los alejará de la religión”, asegura Ofir Barak, fotógrafo que ha dedicado dos años a retratar sus calles.

“Mientras estuve en Mea Shearim, de día o de noche, solo vestía ropa negra y hasta me dejé crecer una larga barba”, asegura Barak quien realizó este gesto “para integrarse en la zona”, donde los varones llevan traje negro y sombrero de ala o peculiares vestimentas con batines y medias de hace dos siglos.

Las mujeres deben llevar falda o vestido y cubrir todo su cuerpo, excepto las manos, el cuello y la cara. Algunas tapan el cabello con un tocado y otras lo hacen con pelucas que ocultan el pelo original.

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UNA GRAN VARIEDAD DE ORÍGENES
Barak fue testigo día a día de un año difícil en el barrio: 2015, cuando se firmó el primer borrador de ley que obligaba a las comunidades haredíes (literalmente, temerosas de Dios) a cumplir con el servicio militar, obligatorio para hombres y mujeres en todo Israel, y al que estas se oponen férreamente.

La norma motivó decenas de manifestaciones violentas en las que estos mostraban su rechazo.

Los varones ultraortodoxos dedican su día a día al estudio de la torá (pentateuco), muy pocos trabajan y viven en buena medida de las subvenciones que reciben por número de hijos, lo que genera malestar entre la población laica, que exige que contribuyan y aporten a la sociedad.

“A pesar de que históricamente la fundación de Mea Shearim en el siglo XIX, fue askenazí, hay una mezcla de orígenes, explica a Efe Tamar El Or, profesora de Antropología de la Universidad Hebrea de Jerusalén.

En sus calles se habla mayoritariamente yidish, el dialecto vernáculo originado en centroeuropa en el siglo IX, y no hebreo, la lengua de la erudición o semítica, que recuperó Israel tras su fundación en 1948.

En Mea Shearim las mujeres deben llevar falda o vestido y cubrir todo su cuerpo, excepto las manos, el cuello y la cara. Algunas tapan el cabello con un tocado y otras lo hacen con pelucas que ocultan el pelo original.

El Or asegura que, aunque “todos comparten las mismas raíces y la mayoría de sus residentes son hasídicos, una corriente dentro de los haredí, existen muchas diferencias. Cada uno tiene su propia comunidad. Vienen de Hungría, Rusia, Polonia y Rumanía, entre otros lugares”.

Mensaje. Los pasquines por las paredes del barrio son habituales y hacen veces de periódicos de Mea Shearim.

Benjamin Brown, Profesor y experto en Ortodoxia Judía en la misma universidad, asegura que la corriente que impera en Mea Shearim sigue la rama hasídica, cuyo padre fundador y primer líder fue el rabino ucraniano Israel Baal Shem Tov (1700-1760), aunque la fecha de su nacimiento, e incluso su misma existencia, son un misterio en algunos círculos religiosos.

Se le conoció como el Amo del Buen Nombre y quiso introducir modelos de vida nuevos para revitalizar la comunidad judía en Europa Oriental. Además, fue un curandero que “alivió a los enfermos a través de la torá”, según coinciden los que escribieron sobre él.

En uno de esos textos se dice que las últimas palabras que pronunció, y que su hijo pudo escuchar, fueron: “No temáis a nadie más que a Dios”, de donde los haredíes recibieron el nombre temerosos de Dios.

“Después de él tomó el relevo su hijo y así hasta nuestros días, en que muchos de los rabinos descienden de él”, explica la joven Maty Shlomo, pálida y de ojos azules por su origen húngaro y eslovaco, que trabaja en una tienda de libros bíblicos del barrio ultraortodoxo.

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GRAN VARIEDAD DE TENDENCIAS
Como reniegan de todo avance tecnológico, usan pasquines para informarse: carteles colgados en las paredes de las calles y renovados a diario que hacen la función de periódicos.

En algunos denuncian al estado de Israel y lo tachan de sionista y colonizador. “Los judíos no son sionistas”, se lee sobre una bandera palestina, “Israel ocupa la Tierra Santa”, objeta otro, colgado por los grupos antisionistas, minoritarios entre los ultraortodoxos pero muy llamativos.

Sentada cerca de Shlomo está su compañera Faigui Avraham, que cubre su pelo con una peluca desde que se casó: “Cuando ves en las noticias las protestas de los haredíes en Jerusalén, la gente piensa que eso somos todos, pero no se dan cuenta que dentro de ese gran grupo hay muchísimos más y no todos pensamos igual”, asegura Avraham.

Su abuelo llegó a este lugar después del shoá (palabra hebrea para referirse al Holocausto), pero su familia es originaria de Hungría.

“Yo tampoco quise ir al Ejército y de hecho no fui, pero sí reconozco a Israel como un Estado”, defiende ella, que tiene cinco hijos, la mitad del número considerado “normal” en estas calles.

“Todos somos haredíes pero no pensamos igual, algunos no quieren saber nada de Israel ni del sionismo, para ellos es una herejía que haya un estado israelí que no haya sido proclamado por el Mesías”, continúa Avraham.

“Hablamos distinto, vestimos distinto y vivimos de otra manera”, sentencia a su lado, tras el mostrador, Shlomo, que lleva el pelo cubierto con un sombrero además de una peluca.

“Ella es ‘bels’ y yo soy ‘letaim’, nombres que definen su corriente haredí, “pero están los vishnis, los gu, bobob… Cada corriente haredí recibe el nombre de la localidad de donde viene, y cada uno tiene su propio rabino”, aclara.

La mayor parte de los vecinos de Mea Shearim son askenazíes, descendientes de inmigrantes de Europa del este, apenas hay mizrajís (provenientes de Medio Oriente y norte de África) y los pocos conversos se adhieren a la corriente sefardí, “mucho más relajada y más amigable que las demás”, opinan.

“Nosotras sabemos a qué corriente pertenece cada uno con solo mirar su ropa. Los sombreros, aunque parezcan todo negros, son específicos de un grupo, si por ejemplo llevan la chaqueta abierta o cerrada, o si los calcetines son negros o blancos, definen una rama distinta dentro de la misma comunidad Haredí”, dice Shlomo.

***

LOS CASAMENTEROS
“Hasta la manera de comprometerse cambia de una rama a otra”, continúa Avraham, “muchos matrimonios son acordados entre las familias sin que la futura pareja se conozca y sin opción de negarse, en otras familias los jóvenes se conocen y en otras, tienen libertad para decidir por ellos mismos”, especifica.

Como si se tratara de un gran secreto, agrega: “Existe lo que se llaman ‘shadján’, casamenteros, que si creen que dos personas pueden encajar, presentan a las dos familias” y si culmina en matrimonio, recibe hasta mil dólares de cada familia.

“Cuanto más mayor es la pareja, más se paga”, desvela ella, que reconoce haber ejercido de shadján con su marido para una pareja que acaba de tener su cuarto hijo.

Ella tuvo la oportunidad de conocer a su esposo y de elegir si lo quería o no, y Shlomo se reunió con su marido solo una vez antes del enlace, su padre se encargó de saber cómo era el chico. “Preguntó a los amigos, a los familiares, al rabino, a toda la gente que le rodeaba”, así es como funciona, sentencia orgullosa.

Dentro de estos matices que tiene el barrio, donde los asuntos se resuelven entre los miembros de la comunidad y donde las leyes religiosas son las que gobiernan, Barak, el fotógrafo, confiesa que durante su trabajo allí capturó a menudo lo que denomina la “tristeza del lugar” un sitio donde, asegura, “se oprime a la mujer, hay pobreza y una muy mala educación”.

Sus residentes, no lo ven así. Mea Shearim es uno de los pocos lugares de Jerusalén donde las calles se cortan totalmente al tráfico rodado los shabat y no se permite ninguna violación de las leyes judías en su interpretación más estricta.

Así, sus habitantes lo perciben como uno de los pocos reductos donde pueden vivir realmente como Dios ordenó a sus fieles.

Ritual. Un judío ultraortodoxo realiza un ritual llamado Kaparot; realizado antes de Yom Kippur, el Día de la Expiación y el más sagrado de las fiestas judías, en el barrio de Mea Shearim en Jerusalén, Israel.

El periplo de una adolescente iraquí para sobrevivir al EI

Encierro. La toma del poder del Daesh dejó a Mosul sin libertades. Una adolescente cuenta cómo sobrevivió a esos días en los que a todos los cercaron.

Las tres mujeres se tensaron cuando su taxi se acercó al puesto de control vigilado por combatientes del grupo extremista Estado Islámico. Todos en Mosul temían los puestos de control; no podías predecir lo que esos hombres armados harían motivados por su fanatismo para destrozar cualquier indicio de “pecado”. Uno de ellos observó a Ferah, la chica en el asiento trasero.
La joven de 14 años llevaba el velo exigido sobre la cara, pero había olvidado bajar la tela para cubrir también sus ojos. Un combatiente le gritó para que lo hiciera. Pero Ferah no llevaba guantes, otra de las piezas requeridas. Si arreglaba el velo, verían sus manos desnudas y las cosas empeorarían.
En un intento por desaparecer, se hundió en su asiento.
Los hombres explotaron y gritaron que se llevarían a Ferah, a su madre y a su hermana ante la hisba, la temida policía religiosa que sancionaba a quienes violaban las órdenes del grupo EI. Sacaron a rastras al conductor y lo interrogaron. ¿De qué conoces a estas mujeres?
Ferah sentía a los hombres acechando al otro lado de la ventana; temibles, enormes y musculosos y con una barba que les llegaba al pecho. Su madre palideció. Una simple visita a casa de un amigo se estaba convirtiendo en un desastre.

Y de repente, se acabó. De alguna forma, el conductor tranquilizó a los hombres armados.
Ya seguros en casa de su amigo, Ferah se vino abajo. No solo temblaba, su cuerpo entero convulsionaba.

Este era el nuevo mundo de pesadilla en el que tendría que vivir la joven iraquí.
Ferah nunca había escuchado del grupo EI hasta que los milicianos tomaron el poder. Cuando comenzó el verano de 2014, el mundo se abría ante ella. Había terminado el primer curso en una nueva escuela privada, la mejor de la ciudad, que le encantaba. Había hecho nuevas amigas. Sus clases eran en inglés, su materia favorita. Soñaba con ser diseñadora de interiores.
Pero en junio, los milicianos del grupo EI invadieron Mosul y la ciudad cayó en el caos.
Los faros iluminaron las calles alrededor de la casa de Ferah alrededor de la medianoche. Vecinos con maletas se amontonaban en autos, soldados aventaban bolsas a camionetas, alejándose a toda velocidad bajo el ruido de la artillería y los disparos. Al otro lado de la ciudad, estalló un éxodo de pánico. Las dos hermanas mayores de Ferah, que estaban casadas y vivían cerca, llamaron para decir que huían a la cercana zona kurda. Su mejor amiga de la escuela le dijo por mensaje que su familia se iba a Turquía.
La familia de Ferah se quedó.

A la mañana siguiente, despertó a un mundo gobernado por milicianos, a los que se refiere despectivamente por su acrónimo árabe, Daesh.

Conforme los días se convertían en semanas y las semanas en meses, Ferah ya no quería salir. Era demasiado peligroso. Se refugió en su habitación, lejos del horror, de las historias de hombres acribillados en plazas públicas y de mujeres apedreadas hasta la muerte.
Su refugio eran las palabras. Colocó una vela en un vidrio viejo y, con su tenue luz, sacó su iPad y escribió en su muro de Facebook. Unas cuantas líneas al día sobre un sentimiento o pensamiento, un temor o una esperanza.
No tenía ni idea de cuánto tiempo tendría que vivir así, o si ella y su familia sobrevivirían.
“¿Cuál es el problema?”, preguntó en uno de sus diálogos imaginados.
“El futuro desapareció. Se vino abajo”.
“¿Cómo puedo comprender tus sentimientos?”
“Ponte en medio del Daesh… Intenta ser un soñador mientras estás entre Daesh”.

***

LA PLAGA
Cada día había más hombres fanáticos. Estaban por todos lados, con sus barbas largas y sus túnicas justo por encima del tobillo. Nunca sonreían y parecían estar enojados todo el tiempo.
Cuando regresó a la escuela, esta también estaba bajo el control del grupo EI. La escuela privada a la que asistía antes estaba cerrada, así que fue a una pública. Estaba segura de que algunas niñas de su clase eran del Daesh: llevaban las caras tapadas por velos, casi nunca hablaban con los demás y cuando lo hacían, era para hacer juicios severos.
Ferah les tenía miedo. Dejó de asistir a las clases.
El hijo de la familia de la casa contigua se volvió miembro del grupo EI. “¿Cómo puedes permitirle unirse?”, preguntó la madre de Ferah a la otra, que se encogió de hombros como respuesta. Pronto, también el esposo de la mujer usaba la ropa de los milicianos. Toda la familia era de Daesh. La familia de Ferah conocía a esa gente desde hacía años, se visitaban mutuamente en casa. La habitación de Ferah daba a su vivienda.
Era como una plaga que se propagaba y transformaba a la gente.
Uno por uno, los amigos que quedaban de Ferah se despedían para irse a Turquía o zonas kurdas.
Los parientes y amigos de la familia que se quedaron pasaban por la casa con frecuencia y comentaban las noticias. Ferah se enteró de las leyes que habían impuesto. El Daesh prohibió fumar. Durante el ramadán, arrestaban a personas sospechosas de no respetar el ayuno. Quienes violaban las reglas eran azotados en plazas públicas.
Comenzaron las atrocidades. Cientos de reos chiíes de la principal prisión de Mosul fueron asesinados. Policías y soldados fueron abatidos en plena calle para que todos lo vieran.
El padre de Ferah, profesor universitario, utilizaba un dicho árabe para explicar que el Daesh explotaba la religión: “Hablando con rectitud, mientras cometes el mal”, decía. Él y su esposa habían criado a sus cuatro hijas para que valoraran la educación y la fe. Eran una familia musulmana suní religiosa y con frecuencia rezaban juntos. Ferah, sus hermanas y su madre usaban velo, como casi todas las musulmanas en Mosul. Pero esto no se parecía en nada al islam que conocían.
Proliferaban los patrullajes de la policía religiosa de la hisba y se imponían cada vez más reglas. A las mujeres se les exigió usar el niqab: túnicas negras, guantes y velo que ocultan toda forma corporal y las mantienen lejos de las miradas de los hombres incluso en público.
Ferah odiaba usar el niqab. Odiaba al Daesh. Y odiaba su vida.

El padre de Ferah, profesor universitario, utilizaba un dicho árabe para explicar que el Daesh explotaba la religión. “Hablando con rectitud, mientras cometes el mal”, decía. Él y su esposa habían criado a sus cuatro hijas para que valoraran la educación y la fe. Eran una familia musulmana suní religiosa y con frecuencia rezaban juntos. Ferah, sus hermanas y su madre usaban velo, como casi todas las musulmanas en Mosul. Pero esto no se parecía en nada al islam que conocían.

La mañana del 16 de octubre de 2014, desayunó como de costumbre, ayudó a su madre con las tareas y rezó a mediodía.
Luego entró a su habitación, cerró la puerta con llave y lloró.
Sus amigas se habían ido. Sus dos hermanas mayores también. Una estaba embarazada cuando huyó, y ahora Ferah tenía una sobrina recién nacida a la que solo conocía por fotos. Estaba aislada y sola, temerosa de salir.
A la hora de la comida no salió. Sus padres se preocuparon.
“Puedes superar esto, Ferah”, le dijeron a través de la puerta.
“Necesito estar sola”, sollozó.
Escribió sus ideas en inglés en hojas de papel. ¿Por qué nada resulta como esperaba? ¿Por qué pasa esto? Le gustaba escribir sus pensamientos más profundos, lo que no quería que nadie supiera, en inglés, no en árabe. Luego cortaba el papel, tal como le hubiera gustado cortar su realidad, y guardaba los pedazos en una caja en su armario.
Pero entrada la noche, luego de horas sentada en la cama, intentó algo diferente. Escribió en árabe.
“De repente, la vida te despoja de lo que amas, como si te castigara por un crimen que aún no se cometió”, escribió. “Me da miedo preocuparme por los dispersos restos de mi alma, solo para después perderla. ¡A veces le tengo miedo a la felicidad!”
Lo publicó en su página de Facebook y, curiosamente, se sintió mejor, “como una luz al final de un misterioso camino”.

***

LOS SIETE HÁBITOS DE ADOLESCENTES
Ferah nunca se consideró escritora. Pero abrió una nueva cuenta de Facebook y publicaba cada pocos días. Pronto tenía cientos de seguidores que se convirtieron en miles.
Desde su habitación, creó un nuevo mundo. Hizo mariposas con hojas azules, rojas y verdes y las colgaba alrededor del espejo. Las mariposas: brillantes, optimistas. Colgó tiras de luces blancas desde el techo. Pegaba letreros en inglés en las paredes: “Sé tú misma”.
Y, para crear ambiente, prendía su vela.
En sus escritos se enfrentaba a su mayor temor: Probablemente su vida nunca empezaría. El Daesh podría quedarse siempre.
“Cuando cierras los ojos, sientes lo horrible que es tener las manos encadenadas y ser incapaz de imaginar el futuro. Te acurrucas en el suelo y lloras”.
Sabía que estaba sensible. Podía llorar durante horas o salía de su cuarto gritando: “¿Qué hago aquí? Todos me abandonaron”. La hermana de Ferah evadía el estrés o dormía. Pero a la menor provocación, Ferah se encendía.
Su madre se preocupó y encontró excusas para entrar a su cuarto y vigilarla.
No era fácil criar a una adolescente en una ciudad tomada por fanáticos. Una palabra equivocada podía matarte.
En el verano de 2015 se extendió la noticia de que un hombre fue arrestado después de señalar la casa de los vecinos de Ferah que se habían convertido al Daesh a la coalición liderada por Estados Unidos. Convencidos de que habría un ataque aéreo, la familia de Ferah y otros vecinos decidieron irse unos días.
Al partir, vieron que la esposa de la familia señalada también lo hacía.
Ferah estalló. “¿Por qué te vas? ¿No quieres el martirio?”, gritó. “Regresa a tu casa y deja que la ataquen. ¡Irás directa al paraíso!”
Aterrorizada, la madre de Ferah se llevó a su hija.
La casa del vecino nunca fue atacada. Los milicianos dispararon al presunto informante en la cabeza en una plaza pública y el esposo mostró con orgullo el video, jactándose: “Este fue uno que intentó intimidarnos”.
Al poco tiempo, el 19 de julio, Ferah cumplió 15 años. Su madre intentó organizar una fiesta, pero ella lo evitó. No quería soplar velitas y actuar como si fuera un cumpleaños feliz. ¿Qué tenía de feliz?
No solo era el miedo. El aburrimiento era paralizante.

Sin libertades. El Daesh impuso en Mosul una serie de reglas cuyo cumplimiento se verificaba de forma discrecional. Esto dejó muchas víctimas mortales.

Mes tras mes, Ferah y su hermana deambulaban por la casa intentado llenar unas horas que pasaban agonizantemente lentas.
La noche traía lo más cercano a la libertad: internet. Durante el día, la compañía limitaba su uso, lo que complicaba ver un video. Pero pasada la medianoche, los megabytes eran ilimitados.
En todo Mosul, la sociedad se protegía tras puertas cerradas y vivía vidas virtuales, nocturnas, y dormían hasta bien entrado el día. Incluso el padre de Ferah estaba atrapado. No tenía empleo porque el grupo EI cerró las universidades. Además, no le crecía la barba, así que al salir arriesgaba ser acosado por la hisba, que exigía que los hombres llevaran barba como la del profeta Mahoma. Pasaba gran parte de sus días escribiendo un libro en su estudio.
Ferah leía. Se descargó traducciones árabes de libros de autoayuda: “Succeed for Yourself: Unlock Your Potential for Success and Happiness” (“Ten éxito por ti mismo: Desbloquea tu potencial al éxito y la felicidad”), “You Will See It When You Believe It” (“Lo verás cuando lo creas”) o “The Power of Intention” (“El poder de la intención”).
Le gustaba tanto “Los siete hábitos de adolescentes altamente efectivos” que lo leyó dos veces. Primer hábito: “Sé proactivo”. Eso significaba decir: “Soy la fuerza. Soy el capitán de mi vida. Puedo escoger mi actitud”.
Optó por libros sobre la adolescencia porque quería comprender la fase de desarrollo por la cual pasaba. Aprendió que eran sus años formativos, cuando la personalidad se define.
Ferah cayó en la cuenta que no podía seguir así. Si estoy deprimida y atemorizada, esa forma de pensar se quedará conmigo para siempre.
No tenía caso quejarse, se dijo a sí misma. Debía aprovechar ese tiempo para lograr algo que pudiese permanecer con ella. Podía ser una soñadora entre el Daesh, sería la capitana de su vida. Este sería su proyecto.
Su diario en Facebook creció. Sus seguidores, ya más de 6,000, elogiaban su escritura y eso le daba fuerzas.
Una tarde notó que la comenzó a seguir una chica iraquí. Ferah le envió un mensaje para preguntarle el motivo. “Porque entré a tu perfil y vi que eres una buena persona”, respondió.
Era Rania, también originaria de Mosul, pero su familia había huido a Dahuk, en territorio kurdo. Ferah y Rania comenzaron a chatear con frecuencia, al principio sobre cosas superficiales, pero luego surgió una amistad.
Aun así, todos estos pasos parecían demasiado pequeños para evadir la realidad del Daesh. “Sé que después de todo este tiempo vivía en mi mundo de ensueño”, escribió Ferah. “Una sola palabra puede devolverme todo el dolor”.

***

EL AROMA DEL PARAÍSO
En ninguna parte de Mosul se podía escapar del terror del Daesh.
Una vez, Ferah fue con sus padres a una de sus comprobaciones ocasionales a la casa de su hermana mayor. No se atrevieron a detener el auto, pasaron lentamente por delante. La casa había sido confiscada y ahora familias partidarias de EI vivían ahí. Ferah los vio entrar y salir con sus túnicas cortas, barbas y velos como si fuera su casa. Las calles eran un peligro.
Los ojos vigilantes y obsesionados de la hisba captaban “errores” de mujeres que ni ellas mismas sabían que cometían. De afuera de la casa del tío de Ferah se llevaron a una niña. Su túnica se había abierto y vieron algo rojo debajo, un toque de color prohibido en lo que debía ser un atuendo totalmente negro.
La propia azotea de Ferah era un peligro. Era un lugar para disfrutar de la brisa en las sofocantes noches veraniegas, pero la casa familiar estaba expuesta, totalmente visible desde tres direcciones. ¿Cómo saber de qué podían acusarte si te veían ahí?
En un barrio cercano, una niña de unos 12 años había subido a su azotea. Por casualidad, un niño en la casa contigua estaba en la suya al mismo tiempo. Fueron vistos y se levantaron sospechas. El Daesh los arrestó y los mató. La niña fue lapidada en la calle frente a su casa, el castigo por adulterio. Todos en el barrio comentaban lo sucedido. Comentaron que cuando dejaron de apedrearla y se llevaron el cuerpo de la niña, permaneció un cálido olor a almizcle, uno de los aromas del paraíso, señal inequívoca de que era inocente y Dios se la había llevado.
Definitivamente no subas a la azotea. El único lugar seguro era entre las cuatro paredes.
“¿No hay un derecho a la libertad de soñar, la libertad de tener los mejores años de mi vida?”, escribió Ferah. “Solo me gustaría saber cuándo viviré realmente”.

***

SUS PEQUEÑAS OBRAS
En su cuarto, Ferah profundizaba en un mundo que se volvía cada vez más elaborado.
Imprimía fotos de Instagram y Tumblr de caras o de la moda que le gustaba y las pegaba sobre su cama. “Todo lo que imaginas es real”, decía un cartel. Otro mostraba a una niña con alas de hada. “¿Y si caigo?”, decía la imagen, que también respondía: “Ah, querida, ¿y si vuelas?”
Sus recortes de papel se multiplicaban, ya no solo había mariposas, sino flores, corazones y un nido de crías de pájaro. Los llamaba “mis pequeñas obras”.
La luz de su vela la motivaba. “Háblame con frecuencia”, decía. “Estoy aquí para meditar y reflexionar contigo”.
Por la noche, exploraba la red. Descubrió toda una microcultura de entusiastas del diseño de interiores en YouTube. Su favorito: cualquier cosa de la cadena IKEA. Practicó su inglés viendo caricaturas. Vio “Asalto al poder”, con Channing Tatum, una y otra vez hasta que comprendió casi todos los diálogos.
Lo mejor era su amistad con Rania.

En un barrio cercano, una niña de unos 12 años había subido a su azotea. Por casualidad, un niño en la casa contigua estaba en la suya al mismo tiempo. Fueron vistos y se levantaron sospechas. El Daesh los arrestó y los mató a ambos. La niña fue lapidada en la calle frente a su casa, el castigo por adulterio. Todos en el barrio comentaban lo sucedido. Comentaron que cuando dejaron de apedrearla y se llevaron el cuerpo de la niña, permaneció un cálido olor a almizcle.

Tenían gustos similares. Rania le envió una foto suya y su ropa era algo que Ferah se pondría. Decoraban juntas cuartos en línea, intercambiaban fotos de muebles.
Ferah nunca había visto a Rania en persona; sin embargo, su amistad era más profunda que cualquiera que hubiera tenido en la niñez. Probablemente porque nació de la adversidad. En sus peores momentos, Ferah escuchaba el aviso de un mensaje de Rania y sabía que nada más abrirlo, reiría.
“Me entristece que un cielo nos cubre a ambas y no podemos conocernos, que las fotos digitales nos unen y no podemos conocernos”, escribió Ferah. Pero le dio las gracias a Dios: superar la distancia “es absolutamente lo más hermoso que he experimentado”.
Al menos dentro del mundo que creó en su habitación podía encontrar confort y pasear lejos en la red con sus amigas, sus escritos y sus lectores.
Pero eso también desapareció.
El 19 de julio de 2016, en su 16.º cumpleaños, el Daesh desconectó el internet.
El grupo EI acordonaba a la población de Mosul. Temía que espías guiaran ataques aéreos estadounidenses mientras las fuerzas iraquíes más al sur comenzaban su marcha hacia la ciudad con el objetivo de recuperar el feudo más importante del Daesh.
Ferah quedó sola. Comenzó a tomar clases de costura con una amiga de la familia. Le encantaba. A veces se quedaba en la máquina de coser hasta las 3 de la madrugada y con el tiempo hizo casi 20 atuendos, algunos los regaló.
Y escribía, ahora para ella, no para sus seguidores. Escribió largas reflexiones donde se retaba y se enfrentaba a sus dudas.
Conforme pasaban los meses, halló que sus pocas obras –sus manualidades, su ropa, sus escritos– eran sus éxitos secretos. Le dieron confianza para valerse por sí misma.
“Nadie puede detenerte cuando confías en lo que tienes dentro, cuando sobrevivir está en tu corazón incluso cuando tu cuerpo se hunde, cuando la luz está adentro incluso cuando te rodea la oscuridad”, escribió. “Obligaré a mi realidad a someterse a mis deseos y lograr mis objetivos. Incluso cuando aumenten las dificultades, no caeré. Vamos, guerra, empeora”.
Solo extrañaba a una persona. Para el cumpleaños de Rania, le escribió un mensaje.
“Construyo un lugar eterno para ti en mí”, le dijo. “Cuando crea que me rindo, tú pasas y estoy segura que, contigo ahí, nunca me rendiré… Gracias por tu corazón, mi amiga, mi flor, mi galaxia, mi mariposa. Te quiero mucho, mucho”.
Podía recibir una débil señal en su tarjeta SIM en el piso superior de su casa. Se paraba en el lugar justo, sostenía el teléfono en alto, presionaba enviar, rezaba que su mensaje, byte por byte, llegara a la amiga que nunca había conocido.

***

Hacia afuera. Mientras tuvo internet, Ferah usó las redes sociales para compartir sus escritos y también para hacer amigos. En el momento más álgido, ya no le quedó ni esa ventana.

CENIZAS
En enero de 2017, el Daesh irrumpió en el mundo de Ferah.
Las fuerzas iraquíes se abrieron camino hacia el este de Mosul en una dura contienda urbana. Los milicianos tomaron viviendas y se atrincheraron en ellas para una sangrienta lucha con las fuerzas de Bagdad, luego se iban al siguiente vecindario. La ciudad se sacudió con disparos, coches bomba y ataques aéreos.
Una tarde, se escuchó un golpe en la verja frontal. No respondieron, así que los hombres armados del Daesh se abrieron camino a tiros.
“Salgan todos”, ordenaron los hombres. Querían la casa, la azotea les daría a sus francotiradores una buena visión. Ferah estaba enfurecida de ver a estos niños armados, no mayores de 17 años y sin duda de aldeas de fuera de Mosul, gritándole a su padre, un hombre respetable de unos 50 años. Incluso en este momento crítico previo a la batalla, lo reprendieron por no tener barba.
La familia de Ferah se refugió con un vecino. Amontonados en un solo cuarto, podían escuchar a los combatientes a un lado, subiendo y bajando escaleras. Esperaron horas para que se debilitara el fragor de la batalla.
Justo antes del amanecer, un golpe. La explosión de un misil, una ráfaga de disparos. Cada vez se acercaba más el zumbido que siempre precede a un ataque aéreo.
Luego una enorme explosión. El cuarto se oscureció. Parte del techo colapsó. Tuvieron dificultades para respirar y los niños pequeños del vecino gritaron en la oscuridad. Ferah y su hermana también gritaron. El padre de Ferah guardaba silencio, estupefacto.
Y así como llegó la tormenta, pasó. El Daesh retrocedió y las tropas del 8.º Ejército Iraquí se dispersaron por las calles que rodeaban la casa de Ferah. Casi después de tres años, su barrio quedaba fuera del control de los fanáticos y en manos del Gobierno.
Sin saber lo que sucedía, Ferah, sus padres y su hermana salieron de su refugio.
“La familia de la casa en llamas está saliendo. No disparen”, dijo un agente por su radio.
Ferah se paró frente a su casa. Las llamas salían de las ventanas de una forma que no se atrevía a mirar. El fuego estaba en su cuarto.
Los combatientes del Daesh habían hecho estallar explosivos en la cocina antes de huir.
Cuando aminoró el fuego, la familia entró. La habitación de Ferah se había derretido. Las paredes eran negras, la pintura se pelaba en dolorosas tiras. El techo había caído sobre su cama.
Sus pequeñas obras eran ceniza: las mariposas, las luces, los corazones y pájaros de papel, la ropa, incluso la caja de su armario llena de recortes con sus pensamientos más profundos en inglés.
“Vi mis sueños mientras se convertían en nada”, escribió. “Mi confianza en el mañana se desvaneció… Mi corazón se encendió”.

***

EPÍLOGO
Pero no fue el final.
Después del incendio, la familia se quedó con la hermana mayor de Ferah en Irbil. Desde ahí, el padre supervisó la reconstrucción de su casa. Ferah tomó un curso de repaso para la secundaria y aprobó. Cuando finalmente retomara las clases, solo estaría un grado atrás.
Visitaron a la hermana de Ferah en Dahuk y conocieron a su hija, de ya casi tres años.
Una mañana, Ferah pasó por una escuela en Dahuk y encontró a un grupo de estudiantes reunido en los pasillos antes de entrar a clase. Buscaba a una en particular.
Rania no supo quién era hasta que Ferah se paró frente a ella.
“¿En serio? ¿Viniste?”, lloró Rania.
“¡Esta es la Ferah con la que has hablado todos estos años!”, rieron las otras niñas.
Las dos jóvenes se abrazaron durante 10 largos minutos. Rania le mostró a Ferah su teléfono: había hecho capturas de pantalla de sus mejores conversaciones. Entre ellas, estaba el mensaje de cumpleaños de Ferah.
En Mosul, el cuarto de Ferah tiene pintura nueva, pero no es el santuario que alguna vez fue. Su madre sacó de un almacén los viejos muebles de su infancia, que ella odia. Extraña sus mariposas, pero no colgará nada hasta que compre nuevos muebles, con suerte de IKEA.
Nada es normal, pero tiene libertad. Todavía es una soñadora, pero ya no entre el Daesh.
A veces, relee uno de sus textos favoritos. Una canción de amor a ella misma. La escribió cuando estaba desesperanzada, elogiando lo bueno que descubrió en su interior.
“Buenos días a todos los que sienten la belleza en su interior, sin importar a quién moleste”, lee en silencio. “Gloria a la luz de los finales que se debilita y la explosión de nuevos comienzos. Nada más durará tanto”.


Por temor a su seguridad en Mosul, Ferah y su familia hablaron con The Associated Press bajo condición de que no se utilizaran sus nombres completos y que algunos detalles que los pudieran identificar no fueran mencionados. Se reportó desde El Cairo.

La revolución contra el acoso sexual sacude a EUA

Con nombre y apellido. Mujeres como Rose Mcgowan han encabezado una revuelta en contra de los hombres que, aprovechándose de sus cargos, han cometido delitos de corte sexual.
#metoo cobra fuerza

Lo recuerdan las víctimas. La película solía empezar así. El presentador de la CBS Charlie Rose, ícono del rigor en la televisión americana, invitaba a su casa a la peticionaria de trabajo y, tras ausentarse un minuto, aparecía ante ella en bata y con los genitales al aire. Knight Landesman, el gurú del arte y editor del magazine Artforum, llamaba a sus empleadas más jóvenes a tomar el té y, una vez sentadas, no dudaba en pasar delicadamente un dedo por sus hombros mientras les murmuraba obscenidades. El antiguo cómico y ahora senador demócrata Al Franken aprovechaba que su subordinada estuviera dormida para tocarle los senos y fotografiarse junto a ella como un sátiro. El entonces asistente del fiscal, luego presidente de la Corte Suprema de Alabama y ahora candidato republicano al Senado, Roy Moore, merodeaba por los juzgados en los años setenta en busca de menores y, si alguna se dejaba convencer, intentaba fundirse con ella en la oscuridad.
No es Babilonia. Ni siquiera Hollywood. Es Estados Unidos. Una nación que de golpe ha visto caer un velo y emerger la basura oculta durante décadas. En menos de dos meses, 34 altos directivos, empresarios y famosos han sido fulminados por acusaciones de acoso sexual. Hay inversores de Silicon Valley, mandamases de Amazon y Pixar, cineastas, directores de medios como Vox o The New Republic, un periodista estrella de The New York Times, senadores, aspirantes a senadores, luminarias culturales, actores, productores, escritores, presentadores, presidentes deportivos… La ola de denuncias ha roto el dique. No pasa el día en que no surja un escándalo y dimita el implicado. Algunos casos son de hace 40 años y otros de este mismo otoño. Pero todos tienen un denominador común: el abuso de poder.

Al igual que ocurriera en la pasada década con la pederastia en las iglesias, un nuevo umbral ha nacido. La tolerancia cero con el acoso sexual ha encontrado tierra firme. Y aquello que durante años permaneció silenciado sale ahora a luz y es juzgado por una sociedad que, bajo el impulso colectivo del #metoo (yo también), apoya a las víctimas.
“Durante demasiado tiempo hemos callado. Una de cada cuatro mujeres ha sufrido acoso en el trabajo. No es una cuestión de Hollywood, o de demócratas y republicanos, sino de un futuro mejor para nuestros hijos. Hay que denunciar los abusos para acabar con ellos”, ha declarado la muy conservadora e influyente Penny Nance, líder de Mujeres Preocupadas por América, una organización cristiana, antiabortista y cercana al presidente Donald Trump.

“¡Ya es hora de limpiar la casa!”, ha clamado desde el otro lado del cuadrilátero ideológico la actriz Rose McGowan. Ella fue de las primeras en acusar por violación al productor Harvey Weinstein, y se ha vuelto un símbolo de la lucha. Su discurso ante la Convención de Mujeres de Detroit marcó un hito. “Durante 20 años me han callado, me han insultado, me han acosado, me han vilipendiado. ¿Y sabéis qué? Lo que me pasó detrás de la escena nos ocurre a todas en esta sociedad. Y no lo vamos a aceptar. Somos libres. Somos fuertes. ¡Todas somos #metoo!”

Weinstein pertenecía al círculo mágico de los demócratas. Se codeaba con Hillary, financiaba a Barack Obama, tenía por amiga a Michelle y hasta había contratado a su hija Malia de becaria en sus estudios. Poseía influencia y la sabía utilizar. Era el demiurgo de Hollywood y parecía blindado frente a cualquier ataque hasta que el pasado 5 de octubre The New York Times publicó una implacable investigación.

Sus palabras recordaron algo que muchos ya sabían. Que el poder y el abuso van a menudo de la mano. Sobre todo en el sexo. No es nada nuevo. Los antecedentes son amplios. Y estos días se están recuperando. Enfrentada a sí misma, la sociedad americana ha vuelto la vista atrás. Y ahí, en la memoria, aparece Anita Hill. La profesora negra que en 1991, ante 10 senadores, todos hombres y blancos, se atrevió a testificar por acoso sexual contra el aspirante al Tribunal Supremo Clarence Thomas. Fue humillada y despreciada por ello. Ni siquiera logró frenar la designación. Pero su valor quedó en el recuerdo. Y poco a poco ayudó a abrir la falla que ahora hace temblar a América: “Soy una superviviente y estoy con #metoo. Pero que nadie se engañe, el cambio no se deberá a un episodio, sino a que todos formemos parte de esta historia”.

Hill no ha sido la única en empujar. Innumerables mujeres han participado y se han visto pisoteadas por hacerlo. Otras han logrado sobrevivir e incluso algunas lo han transformado en una historia de fortaleza. Es el caso de Gretchen Carlson. Miss América 1989 y graduada en Stanford, esta presentadora de Fox denunció el año pasado por acoso al presidente de la cadena, Roger Ailes, y logró su derribo así como $20 millones. Su decisión reveló la cultura de abuso que se había instalado entre los jerarcas de Fox, incluyendo al presentador estrella Bill O’Reilly. Pero el golpe no fue más allá. Como tampoco la caída en junio del presidente de Uber, Travis Kalanick, tras descubrirse un enjambre de acosadores en su empresa.
Durante décadas se ha repetido un esquema bien conocido: se presentaba denuncia, había ruido y luego venía el silencio. Solo el estallido Weinstein ha tenido fuerza suficiente para romper la secuencia. En parte, porque sus víctimas eran más conocidas que él.

Weinstein pertenecía al círculo mágico de los demócratas. Se codeaba con Hillary, financiaba a Barack Obama, tenía por amiga a Michelle y hasta había contratado a su hija Malia de becaria en sus estudios. Poseía influencia y la sabía utilizar. Era el demiurgo de Hollywood y parecía blindado frente a cualquier ataque hasta que el pasado 5 de octubre The New York Times publicó una implacable investigación.

Avalado por la actriz Ashley Judd y más víctimas, el reportaje daba cuenta de décadas de depredación sexual sin límite. Un escándalo que conocía toda la meca del cine y que el productor de “Pulp Fiction” llevaba años tapando con acuerdos extrajudiciales y manadas de detectives privados dispuestos a hacer callar a quien hiciera falta.
Pero esta vez la riada fue demasiado grande. De poco sirvió que Weinstein fuese expulsado de su trono y acabase en una clínica a la espera de una orden de detención. La ola no paró y hasta la fecha le han denunciado 80 actrices, entre ellas Angelina Jolie, Gwyneth Paltrow, Rosanna Arquette, Kate Beckinsale, Cara Delevinge, Claire Forlani, Paz de la Huerta (por violación), Lupita N’yongo, Sarah Polley, Léa Seydoux, Mira Sorvino, Uma Thurman…

Familia. La investigación del Times que abrió la caja de Pandora la escribió Ronan Farrow, el hijo de Woody Allen y Mia Farrow. Woody ha estado en el ojo del huracán por casarse con la hija que adoptó junto a Mia.

El efecto ha sido telúrico. Con su capacidad empática, Hollywood ha puesto rostro al acoso. Las actrices han hecho universal el dolor y explicado mejor que nadie la humillación, pero también su decisión de romper con el silencio y quitarse el fango que les hicieron pisar. El resultado ha desbordado el mundo del cine y ha prendido una llama que pocos creen que pueda apagarse.
En este incendio han jugado un papel determinante los medios de comunicación. Las víctimas han hallado en el cuarto poder un camino que les permite sortear el temor a verse aplastadas por demandas de difamación y costes procesales. El medio no solo las avala, sino que contrasta y hace suyo el caso. Tras su difusión, la pelota queda en el otro campo. Las compañías saben que si mantienen al implicado, corren el riesgo de ser acusadas de complicidad. Y la indemnización se puede multiplicar.

El mecanismo ha funcionado. Los denunciantes están ganando la batalla y la prensa, como ya hiciera con los abusos de los sacerdotes, ha vuelto a mostrar su músculo. El peligro de que en esta marejada caigan inocentes es evidente, aunque, de momento, no se ha dado ningún caso conocido. Los escándalos, por el contrario, van a más y la sensación general es que se ha franqueado un umbral. El mismísimo Capitolio ha impuesto a los parlamentarios cursos antiacoso y los presidentes están bajo escrutinio. Figuras como el priápico Bill Clinton son analizadas bajo otra luz y muchos consideran que los casos de Paula Jones y Mónica Lewinsky serían entendidos ahora de otro modo. Tampoco se ha librado George Bush padre, de quien ha aflorado su costumbre de agarrar las nalgas de las mujeres con quienes se fotografía. Seis casos de los últimos 15 años han sido destapados. Bush, de 93 años, ha pedido disculpas por todos.

Pero la mayor presión recae sobre Trump. En 30 años, al menos 24 mujeres le han señalado. Aunque ninguna imputación ha prosperado, el tiovivo de escenas incluye desde tocamientos en avión e irrupciones en camerinos hasta besos salvajes a recepcionistas y supuestos intentos de violación.

Trump siempre ha negado cualquier abuso. Y preguntado esta semana, ha mostrado su “alegría” por la actual ola de denuncias. “Es muy bueno para las mujeres y soy muy feliz de que estas cosas salgan a la luz”, ha dicho. Sus palabras no han tranquilizado a casi nadie. “Ha cometido demasiadas afrentas a la decencia para creérselas”, resume el analista y profesor de Yale Walter Shapiro.
Entre estas “afrentas” figura haber apoyado estos mismos días al candidato por Alabama Roy Moore, acusado de abusar de menores cuando tenía 30 años. Pero también aquella explosiva grabación de 2005 que se hizo pública en la campaña electoral y en la que Trump dijo: “Yo empiezo besándolas… Ni siquiera espero. Cuando eres una estrella, entonces te dejan hacer. Agárralas por el coño. Puedes hacer lo que quieras”. Una definición perfecta del acoso.

A un año del acuerdo, la paz sigue esperando

Otras guerras. La retirada de las FARC ha derivado en que en algunas regiones en donde el Estado tiene una presencia debilitada se desaten auténticas guerras por el control del tráfico de drogas.

Cuando el envejecido comandante Rodrigo Londoño firmó el 24 de noviembre de 2016 un acuerdo para que sus tropas abandonaran la guerra, el mundo creyó que Colombia había alcanzado el mejor mecanismo para acabar con el conflicto armado más antiguo de América Latina.
Pero un año después, la esperanza ha empezado a decaer.
Los fusiles de las FARC quedaron atrás, pero más de la mitad de sus combatientes han abandonado las zonas de desarme, desilusionados por la falta de proyectos para su paso a la vida civil, según Naciones Unidas.
“Eso es exactamente lo que no se quiere en un proceso de paz”, dijo Dag Nylander, representante en la mesa de negociaciones entre el Gobierno y las FARC por Noruega, país garante junto a Cuba. La desmovilización de los más de 11,000 excombatientes en solo seis meses fue un “logro enorme”, pero insuficiente para llevar el acuerdo a puerto seguro.
“Si Colombia no actúa ahora este proceso no será el ejemplo que muchos habían pensado que se estaba dando al mundo”, agregó Nylander en entrevista con The Associated Press.
El viernes, durante un acto en conmemoración del primer aniversario de la firma del acuerdo en el Teatro Colón de Bogotá, el presidente Juan Manuel Santos y Londoño coincidieron en que no se va claudicar en la meta de paz.
“Este proceso de implementación de la paz tiene dificultades, tiene retos, pero vamos avanzando, trabajando bien y siempre uno puede ver el vaso medio lleno a medio vacío. Hay unos que siempre están interesados en verlo medio vacío, pero la verdad es que va medio lleno y el reto es llenarlo cada vez más rápido”, señaló el mandatario.
A su vez, Londoño sostuvo: “Un año después… transformados en partido político legal, habiendo cumplido completamente con la dejación de las armas y con la satisfacción plena de haber honrado la palabra en cada uno de los compromisos adquiridos nos presentamos ante la sociedad civil para reiterar nuestro compromiso con la paz y la justicia social”.
Por la tarde Santos y Londoño mantendrán un encuentro, en un lugar no confirmado, en el que analizarán varios aspectos del acuerdo de paz.
Para las Naciones Unidas, que verifica el proceso de implementación del pacto, la seguridad es lo que se debe solucionar con mayor urgencia.
Tras la retirada de las FARC como grupo armado y autoridad, muchas zonas del país viven una guerra de bandas por el control del narcotráfico. Con la retirada de un actor clave en el control territorial se triplicó la superficie de cultivos ilícitos desde 2012, cuando iniciaron los diálogos, pese a los esfuerzos del Gobierno por erradicar la coca y difundir programas de agricultura legal.
Mientras el índice de homicidios a escala nacional se mantiene en mínimos históricos, en zonas tradicionalmente dominadas por las FARC los asesinatos aumentaron 14 % en la primera mitad de este año.
Tumaco, el municipio con más cultivos ilícitos de todo el país y uno de los principales puertos de exportación de la cocaína, es la muestra más clara de las nuevas luchas de poder con la presencia de grupos disidentes de las FARC –que siguen reclutando combatientes–, bandas criminales y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), la última guerrilla del país tras el desarme de las FARC y que está actualmente en negociaciones de paz con el Gobierno.
El mes pasado siete campesinos cocaleros murieron en Tumaco en enfrentamientos con la policía durante una manifestación contra la erradicación de cultivos. En todo el país, 61 activistas por los derechos humanos han muerto en lo que va del año, frente a los 52 del año pasado, según Naciones Unidas. Ya en 2016, ante la firma del acuerdo de paz, esa persecución se había disparado.
Tumaco es también uno de los principales focos de las disidencias de las FARC, que ya conforman varios grupos y aglutinan en todo el país a un millar de exguerrilleros que no ven en el desarme un futuro viable, según varias organizaciones internacionales.
La fragilidad del pacto en el terreno se suma a la lentitud de la maquinaria política para materializar los acuerdos: 17 % de las 558 medidas necesarias para hacerlo realidad han sido aprobadas, mientras que más de la mitad no han iniciado siquiera su trámite, según un conteo del Kroc Institute para estudios de paz internacional de la Universidad de Notre Dame, en Estados Unidos.
El 1.º de diciembre expira la vía rápida que tiene el Congreso para aprobar estas leyes. Ya han sido avaladas reformas difíciles como la Ley de Amnistía para los presos rebeldes y la creación del partido de las FARC, ahora llamada Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común; pero aún falta que avance un elemento clave y que para muchos es el núcleo del acuerdo: la llamada Justicia Especial de Paz, que juzgará a los actores del conflicto armado.
“Sin la justicia transicional en su lugar, el acuerdo entero fracasará”, dijo Nylander, que culpó de la lentitud a la dinámica electoral del Congreso.

La fragilidad del pacto en el terreno se suma a la lentitud de la maquinaria política para materializar los acuerdos: 17 % de las 558 medidas necesarias para hacerlo realidad han sido aprobadas, mientras que más de la mitad no han iniciado siquiera su trámite, según un conteo del Kroc Institute para estudios de paz internacional de la Universidad de Notre Dame, en Estados Unidos.

El presidente Santos, galardonado con un Nobel de la Paz por su empeño en acabar el conflicto, admite que la tibia recepción de los acuerdos no es sorprendente tras medio siglo de enfrentamiento armado, 250,000 muertos y millones de desplazados.
El año pasado, el pacto con las FARC fue rechazado en un plebiscito por la mitad de la población, lo que forzó a Santos a tomar la impopular medida de aprobar en el Parlamento un acuerdo modificado.
“Los mejores acuerdos de paz son los que dejan gente insatisfecha de los dos lados”, dijo. “Algunos ya quieren firmar el certificado de defunción de los acuerdos, pero hay que tener en cuenta que construir la paz toma tiempo y que en menos de un año la implementación en Colombia está más adelantada que en otros acuerdos de paz”, añadió.
Santos, sin embargo, es optimista de que su coalición en el Congreso –favorable a la paz– se mantendrá el suficiente tiempo para blindar el pacto ante un eventual viraje político en las próximas elecciones presidenciales.
Pero sobre todo en las filas de los excombatientes temen que se caiga lo acordado. Para Imelda Daza, número dos de Londoño para las presidenciales de 2018, el balance de un año de paz es “fatal”.
“Los excombatientes no se sienten seguros, sienten que el Gobierno no está cumpliendo nada”, dijo. “Hoy, tal como están las cosas, corremos el riesgo de devolvernos a la conflictividad”, agregó la histórica líder de la izquierda.
Para Bernard Aronson, el enviado del expresidente estadounidense Barack Obama a los diálogos de paz, el acuerdo entre el gobierno de Santos y las FARC ha sido el más ambicioso de la historia del país. “Ahora la guerra ha terminado y nadie piensa que volverá a empezar”, dijo a la AP.
Este proceso ha ahorrado a Colombia la muerte de 2,796 personas, sobre todo guerrilleros y militares, según el Centro de Recursos para el Análisis del Conflicto que monitorea el cese al fuego.
“Era inevitable que, dadas las complejidades, la implementación tomara mucho tiempo y fuera más lenta de lo que la gente quiere”, afirmó Aronson. “Es inevitable que haya frustraciones dadas las altas expectativas… (el acuerdo) no iba a convertir Colombia en un paraíso”.

Presidente Juan Manuel Santos

Una fábrica de belleza donde los “santos” hacen milagros

Ganancias. Las modelos que logran ser elegidas como candidatas, aunque no ganen ningún concurso, pueden cobrar hasta 10 veces más después de participar.

En Venezuela hay muy pocas certezas. En uno de los países más violentos del mundo, nadie sabe si llegará vivo a su casa, si conseguirá comida o encontrará el medicamento necesario para sobrevivir. Sin embargo, hay una figura que se mantiene casi inamovible, escondida detrás de escarcha y stilettos con altura de Pirineos: el Miss Venezuela.

Desde 1952, fecha de su creación, este concurso forma parte de la idiosincrasia nacional. La noche del certamen las ciudades se paralizan, las redes sociales se inundan de comentarios y en los sueños infantiles aparece con frecuencia la corona hecha de cristales austríacos, madreperlas japonesas y circones de piedra rusa. Puedes estar de acuerdo o no, pero igual te enteras; aunque sea solo de lo que aparece frente a las cámaras.

Detrás del Miss Venezuela hay un mundo oculto para el televidente, pero también para muchas chicas que desde diferentes rincones del país llegan al certamen con la ilusión de ser protagonistas de lo que creen será una vida de princesas.

Con lo primero que se encuentran, por no decir que tropiezan, es con el costo de participar en el certamen. Unos $32 mil (según cálculos realizados en abril de 2017) debe invertir una candidata que quiera estar en el cuadro de las chicas que compiten por la corona.

Mariana tiene 22 años, mide 1.78 m, es blanca con el pelo muy largo y negro, de cara delgada; su actitud es ligeramente tímida. Fue descubierta por su mánager y maquillador en una panadería del estado Zulia, mientras trabajaba como cajera, para poder pagar sus estudios universitarios de Administración.

Vive en un hogar modesto, sostenido económicamente por su padre que es un soldador. Desde que decidió ingresar en el certamen regional que servirá de filtro para llevarla posteriormente al concurso de Miss Venezuela, prácticamente toda la economía familiar está destinada para pagar los dos meses de intenso entrenamiento que incluyen gimnasio, clases de nutrición, oratoria y pasarela. Pero este es apenas el primer paso. En caso de que sea elegida para participar en el Miss Venezuela, las facturas se irán amontonando.

En un país en el que según estimaciones del Fondo Monetario Internacional la inflación excederá 2.300 % en 2018 y el PIB caerá en 12 % este año, la carrera por la corona es el equivalente a 924 salarios mínimos mensuales o 77 años de trabajo.

Los gastos, o la inversión en caso de que el Miss Venezuela sea trampolín para una carrera como modelo, son tan elevados pues, al menos durante cuatro meses, deben mantenerse impecables las 24 horas, los siete días. “La persona que participa en el Miss Venezuela rápidamente se convierte en figura pública y, si son modelos, después de participar en el certamen cobran 10 veces más”, asegura Diego Montaldo, periodista de espectáculo con más de 30 años de experiencia en la cobertura del Miss Venezuela y profesor de oratoria.

Viviana Valente, Miss Portuguesa 2016, lo corrobora. Dice que en menos de dos meses ha logrado recuperar su inversión luego de participar en los casting y las campañas publicitarias.

La cifra por participar podría parecer demasiado alta para una trabajadora clase media, pero no para Osmel Sousa, el zar de la belleza y quien lleva la batuta del concurso desde principios de los ochenta. Deslenguado, extravagante y controlador, en el certamen no se mueve una pluma sin su consentimiento.

Sousa no tiene complejos en admitir que busca un resultado óptimo –que a sus ojos es la “fabricación” de una Barbie en vida con medidas 90-60-90– y que hará uso de cualquier artimaña estética para alcanzarlo. “Si hay que hacerle a una niña una cirugía en la nariz, se hace. Esto es una industria y como industria debemos apuntar a la perfección. No podemos quedarnos en la mediocridad”, señaló en un documental que hizo la BBC en 2014.

Y, para él, la perfección tiene un precio.

Un vestido de gala puede costar entre $5 y $10 mil dependiendo del diseñador. No obstante, en la mayoría de los casos, hay un acuerdo con la aspirante que lo desfila, lo muestra y luego lo devuelve.

Lo más costoso es mantenerse regia cada día durante los cuatro meses que dura la preparación. Durante este lapso las chicas gastan unos $10 mil en prendas de vestir, zapatos y accesorios, preferiblemente de marca. Los Dolce & Gabbana, Louis Vuitton, Armani, Rayban y Louboutin se pasean por la Quinta (sede de la Organización Miss Venezuela) como en cualquier pasarela de París o Milán.

Las extensiones de cabello natural han pasado a ser tan importantes como la vestimenta. Comprarlas y colocarlas está por el orden de los $550.

“Al principio yo vivía con una amiga en Caracas y luego un amigo de mi papá, me dio un apartamento alquilado. Todos los días yo compraba ropa nueva, siempre uno tiene que estar de punta en blanco”, asegura Miss Bolívar 2015, Alvany Goncalves, quien deja en claro que los gastos del concurso se los cubrió su papá.

Ante los altos costos de participación, algunas chicas desisten de participar, otras hacen recolectas y rifas en sus barrios o parroquias, una especie de “crowdfunding” analógico y otras apelan a los “santos”: empresarios y funcionarios gubernamentales que se mueven en el mundo de la belleza, siempre prestos a ayudar a cambio de compañía y/o favores sexuales. Algunas de las muchachas que acceden a este trato usan en las redes sociales el hashtag #bendecidayafortunada o #blindadaporDios.

El patrocinio oscuro no le resulta desconocido a Goncalves, aunque aclara que muy probablemente cualquiera que haya accedido a este trato lo mantendrá en secreto. “Si les ofrecen algo, ellas se quedan calladas, nadie va a decir ‘me está pagando tal persona a cambio de que yo sea su acompañante’. Eso es algo que todo el mundo se reserva”.

El gimnasio se convierte en un elemento tan importante como el agua para las futuras candidatas, que pueden gastar hasta $90 mensuales que incluyen un entrenador personal. Eso, en una economía como la venezolana es un verdadero lujo.

Una vez que son elegidas candidatas, el costo del gimnasio corre por cuenta de la Organización Miss Venezuela. En otros casos se hacen intercambios publicitarios, como por ejemplo con las carillas o prótesis dentales que hacen ver la dentadura “perfecta”, es una intervención conocida como “diseño de la sonrisa”. Las cirugías plásticas son caso aparte.

Los gastos, o la inversión en caso de que el Miss Venezuela sea trampolín para una carrera como modelo, son tan elevados pues, al menos durante cuatro meses, deben mantenerse impecables 24 horas, los siete días. “La persona que participa en el Miss Venezuela rápidamente se convierte en figura pública y, si son modelos, después de participar en el certamen cobran 10 veces más”, asegura Diego Montaldo, periodista de espectáculo con más de 30 años de experiencia.

Transformación con bisturí

Si tocara describir a Pina rápidamente, uno de sus principales rasgos sería la delgadez. Tiene 25 años, mide 1.62 metros y pesa 50 kilos. Para este trabajo acudió a la consulta de Peter Romer, reconocido como uno de los cirujanos plásticos de las mises. El consultorio asemeja la sala de una casa con detalles de madera y cuadros coloridos. Por supuesto, una revista Cosmopolitan descansa en una de las mesas de la esquina. En la decoración no hay alusión alguna al concurso.

Ya en la oficina, un cuadro en blanco y negro del Salto Ángel se roba la atención. Eso y un implante de glúteos que descansa en el escritorio.

Romer halaga la figura de Pina y le pregunta qué le gustaría hacerse. Trata de que se sienta confortable y le asegura que no le gusta que sus pacientes critiquen sus cuerpos.

Ella le dice que quiere parecerse a Edymar Martínez, la Miss Internacional de 2015.

El cirujano sabe perfectamente qué es lo que ella necesita. Le sugiere una rinoplastia (nariz), una mamoplastia (senos), una cirugía de orejas y una liposucción para quitarte un poco de grasa de las caderas.

Durante la consulta, no hablan de dinero, solo al salir, la secretaria le entrega el presupuesto. Estos procedimientos descritos por el médico tendrían un costo total de $13,800. Además habría que sumarle los $50 de la consulta. Pina gana un promedio de $60 mensuales como diseñadora. Para costear las operaciones tendría que disponer de su sueldo intacto durante casi 20 años. La mayoría de las jóvenes que participan en el concurso pasan por el bisturí.

Negocios. Osmel Sousa es el “hacedor de mises”, es quien está a cargo de una industria de belleza que mueve millones de dólares.

Secreto maquillado

Cinco muchachas esperan entre inquietas y apuradas que mencionen su nombre. Se mueven en las sillas. El asfixiante calor de Maracaibo (estado Zulia, a unos 700 kilómetros al occidente de Caracas) no les afecta porque están bajo el aire acondicionado del hotel más lujoso de la capital zuliana. Solo quieren que las mencionen para poder mostrar en el casting que sí poseen lo que se necesita para llegar a ser mises. ¿Y el dinero, lo tienen? Al preguntarles cómo piensan costear su participación en caso de ser electas, cinco de las muchachas responden al unísono: “Con patrocinantes”.

La figura del patrocinante no es una novedad en el certamen. Desde los inicios del Miss Venezuela, algunos diseñadores cedían sus confecciones para que las chicas desfilaran en traje de gala. En otros casos, algunos maquilladores y estilistas preparaban a las participantes a cambio de que se hiciera mención a su trabajo, práctica que aún se mantiene. Incluso se ha repotenciado gracias a las redes sociales. Este, se conoce como un patrocinio transparente.

Pero en los últimos cuatro años, precisamente cuando se ha profundizado la crisis económica, se fortaleció la figura del patrocinante oculto o la participación del “santo”, un personaje que no busca publicidad por su trabajo, por el contrario, prefiere permanecer bajo las sombras y actúa como un mecenas clandestino.

José Rafael Briceño fue profesor de oratoria de tres Miss Universo, una Miss Mundo, dos reinas hispanoamericanas, dos Miss International, una Miss Tierra y una Reina del Café. Asegura que cuando se fue del Miss Venezuela (2014) el patrocinio oscuro o los “santos” era algo excepcional. “Lo que sí me han dicho es que ahora se ha extendido”.

Leoncio Barrios, psicólogo social y estudioso del Miss Venezuela, sostiene: “Por tradición, la política del colchón forma parte del mundo del espectáculo”, por lo que estas situaciones no les son ajenas al Miss Venezuela, pero tampoco son exclusivas. De acuerdo con las fuentes consultadas, los “santos” no obligan a las muchachas a aceptar estos acuerdos. Por lo general, se organizan fiestas o cenas en donde son presentadas a los posibles patrocinantes. En la joven queda decidir si acepta o no.

Opinión pública. En Venezuela se habla, se discute, se escribe, se analiza hasta el más mínimo detalle sobre los concursos de belleza. Es un asunto de país.

De acuerdo con cifras tentativas, un 30 % de las candidatas cada año accede a este tipo de mecenazgo, según una “missóloga” que prefiere mantener el anonimato.

En el país de las mises, la missología es una disciplina: hay expertos en el certamen, se hacen tesis doctorales, se discuten ganadoras y perdedoras, se crean páginas web y blogs para describir hasta el último detalle de la pasarela.

Angely Stewart conoce los intríngulis del concurso, pues ha intentado participar un par de veces en el certamen. Cuando se hizo esta entrevista, en marzo de 2017, estaba convencida de que este sí era su año para portar la banda. Sin embargo, no figuró entre las 24 candidatas nacionales.

“Yo no he tenido oportunidad de que me suceda algo así, pero sí tengo conocidas que han participado –incluso han ganado– y pasa mucho eso. Obviamente lo hacen porque no tienen cómo pagar los costos, quieren ganar, quieren verse bien. Ya después, yo me imagino que saldrán o se terminarán casando con esa persona. Pero hay otras que lo agarran como vicio”.

—¿Y se ha planteado que esto podría pasarle a usted?
—Sí, muchas veces. Pero yo pienso que todo está en la inteligencia y en ser astuta. Tú puedes tener ese contacto allí y decirle: “¡Ayyy, qué lindo detalle!”, pero no porque me mandes esto, tengo que ir a tu casa. En mi caso, yo optaría por jugar vivo.

Por su parte, otra chica que prefirió mantener su identidad en resguardo decidió que ella no. Que eso no era lo suyo. Sin embargo, el hombre al que rechazó no lo tomó muy bien. “Maldita, te voy a mandar a matar. Voy a inventar todo lo que sea necesario para destruirte. Maldita, ni se te ocurra salir si no quieres que te desfiguren la cara”, fueron algunas de las advertencias que recibió a través de vía telefónica y personalmente. La joven tuvo que abandonar el concurso y el país.

“Lo ideal para ellas es conseguir el apoyo de banqueros o alguien del Gobierno, son los que prestan la ayuda más fuerte y así no tienen que salir con varios. Estos padrinos, por así decirlo, generalmente son hombres casados. Es obvio que sus familias no están al tanto, así que todo se maneja de manera muy cautelosa”, asegura la aspirante.

“Existen otros patrocinadores –santos– que ya tienen un trato con esos famosos mánager. Cada año les buscan una o más niñas (jóvenes), se las presentan y las envuelven de tal manera que ellas no sientan que se prostituyen”, agrega.

Aclara que en otras situaciones, “Osmel mismo es quien consigue a los patrocinadores más fuertes, cuando la candidata es de su agrado”.

Las alarmas en la Organización Miss Venezuela se encendieron y Sousa respondió a la acusación de proxeneta que le hacía Castellanos en su obra teatral. “En una obra de teatro en Miami dijo que yo le había mandado a hablar con hombres. Todo el que me conoce sabe que no me dedico a eso. Si me dedicara a eso, sería multimillonario, porque tengo a las mejores. El único hombre con quien la mandé a hablar fue con el psiquiatra, porque tenía varios tornillos flojos. Y no creo que haya ido”.

El tema del financiamiento oculto o el patrocinio de los “santos” dejó de ser un secreto a voces luego de que la exmiss venezolana y hoy actriz y supermodelo Patricia Velásquez lo narrara en su autobiografía, “Sin tacones, sin reservas (2014)”, que había tenido que “prostituirse” para costearse su participación en el certamen Miss Venezuela en 1989.

“Muy pronto entendí que para poder pagar los gastos del concurso del Miss Venezuela tendría que usar mis dones con el fin de encontrar un patrocinador. No todo el mundo tenía que ir tan lejos, pero, erradamente, pensé que esa sería mi única posibilidad”, afirma Velásquez.

Describe al individuo con un rostro grande y un enorme bigote. “Hice lo posible por simpatizarle mucho y lo logré. Me buscó un apartamento en Caracas y pagó todo lo necesario para el certamen”, cuenta Velásquez al tiempo que detalla que los encuentros con su patrocinante, al que describe como una persona 15 o 20 años mayor que ella y de trato amable, se producían semanalmente.

En mayo de 2017, tres años después de la revelación de Patricia Velásquez, en una sala de teatro de Miami, Estados Unidos, la exmis Venezuela 2013, Migbelis Castellanos, vuelve a encender las redes con el tema del mundo oculto del Miss Venezuela con la obra “Todo por una arepa”.

Castellanos, hace referencia en su monólogo, que ella misma califica de autobiográfico, de las “sutiles” sugerencias que le hizo su jefe, indirectamente refiriéndose a Sousa, para que agradeciera a una persona externa a la organización el pago del costoso ajuar que llevaría al Miss Universo.

“‘Aquí están tus siete maletas con la ropa que debes usar durante el certamen’; yo, de inmediato, pensé ¿y quién pagó todo eso? Porque, hasta donde yo sabía, la organización solo había aprobado 300 mil bolívares, que solo alcanzaron para una chaqueta y un pantalón… Acto seguido me dijo: ‘Y esta es una cartera carísima que te mandó un querido amigo mío que te quiere conocer’. Ahí me paralicé… porque, de inmediato se me vino a la mente la imagen clarita de que me tocaría cenar con el supuesto fan y así, de algún modo, agradecerle el regalo. ¡No, que va!, ni yo ni mi primera finalista vamos a pagar regalitos de desconocidos”, dijo la exmis ante su público en Miami.

Las alarmas en la Organización Miss Venezuela se encendieron y Sousa respondió a la acusación de proxeneta que le hacía Castellanos en su obra teatral.
“En una obra de teatro en Miami dijo que yo le había mandado a hablar con hombres. Todo el que me conoce sabe que no me dedico a eso. Si me dedicara a eso, sería multimillonario, porque tengo a las mejores. El único hombre con quien la mandé a hablar fue con el psiquiatra, porque tenía varios tornillos flojos. Y no creo que haya ido”, dijo el hacedor de mises durante un desfile de moda organizado por Raenrra, en el que participaron los 14 concursantes del Míster Venezuela 2017.
La historia de la supermodelo Patricia Velásquez no le es ajena a uno de los principales preparadores de jóvenes del Miss Venezuela. Esteban Velásquez tiene 17 años viviendo en las entrañas de la organización. Ha sido mánager de muchachas que se han llevado varios premios.
De entrada, admite que el patrocinio oculto es común y se refiere a esta práctica sin nombrarla, tomando distancia de ella. “Eso pasa en todas partes… Pero yo les digo –a las chicas– que yo no trabajo con putas. Yo sé que detrás de todo esto siempre va a venir una situación que las va a perjudicar. Eso es inevitable. Estamos viviendo en un país donde la gente se vende por un jabón. Eso ni siquiera está pasando solo en el Miss Venezuela, está pasando en la universidad, en el supermercado”, confiesa.

El primer contacto

De décadas. El Miss Venezuela se creó en 1952; y desde entonces dejó al país varios títulos. Ahora, todavía se sigue con fervor y da lugar a especializaciones de diversos tipos.

Los casting regionales han proliferado. De uno que existía hace 15 años –Miss Aragua– hoy, hay nueve que funcionan como franquicias: Aragua, Bolívar, Zulia, Carabobo, Centro-Occidental, Miranda, Anzoátegui, Mérida y Táchira.

De cada casting regional, se seleccionan entre cinco y 10 muchachas que posteriormente son escogidas por Osmel Sousa y su equipo, en un gran concurso nacional que se realiza en Caracas.

El mánager Velásquez comenta que él anteriormente iba a los centros comerciales, gimnasios y liceos para buscar a las chicas; hoy lo hace directamente a través del Miss Miranda, casting regional del cual es organizador.

Ibrahim Rivas es otro mánager y al igual que Velásquez admite la existencia de los “santos”, aunque niega que él tenga algo que ver con esto.
Asegura que les habla claro a las participantes. Les hace saber que no están solas y que cuentan con un representante que puede apoyarlas ante cualquier situación que lesione su integridad. “Yo no voy a llevar a ninguna de mis niñas donde un patrocinante –santo– y que yo sepa que lo que quiere es una noche de pasión”. Según él, les dice que “no están obligadas a hacer nada que vaya en contra de su voluntad”.
“Yo siempre fui muy claro y directo (con alumnas) en advertirles el riesgo que existe en este mundo del modelaje y más ahora en Venezuela, que está pasando por una situación y crisis económica”, agrega el missólogo Montaldo.
Rónald Perozo, maquillador de mises, considera que el gran problema es social y ante la crisis y el deseo de participar de chicas que no tiene recursos, la realidad se impone. “Es un tema país. Yo te voy a decir algo, si yo fuese mujer y tuviera 19 años, esta misma estatura (más de 1.80 m) y me dicen: ‘Este es el portugués que tiene todos los frigoríficos del estado Miranda y está interesado en ti’; entonces yo vengo y me siento a negociar. Tú te pones a pensar en tu mamá, tu papá, tu hermanito, la educación… y entonces, allí, no me vengan a hablar de valores”.


Este texto es parte de un especial de Efecto Cocuyo en el marco de un acuerdo de promoción del periodismo por parte de Organized Crime and Corruption Reporting Project y el International Center for Journalists. Esta nota es republicada por CONNECTAS y, a su vez, por LA PRENSA GRÁFICA, gracias a un acuerdo de redifusión de contenidos.

Una mujer radiante

Hasta hoy. Marie Curie es la única persona en la historia, hasta nuestros días, que ha recibido dos premios Nobel en diferentes disciplinas: Física (1903) y Química (1911).

Praga, 23 de noviembre de 1911

Estimada señora Curie:

No se ría de mí por escribirle sin tener nada sensato que decir. Pero me encuentro tan enojado por la forma en que el público cree tener el derecho de involucrarse en sus asuntos, que definitivamente debo expresarlo. Estoy convencido de que usted odia a esa multitud, sea que la respeten con generosidad o que deseen saciar su deseo de sensacionalismo con usted. Me siento en la obligación de decirle lo mucho que admiro su intelecto, su propósito y su honestidad, y que me considero afortunado de haberla conocido personalmente en Bruselas. Todos aquellos que no formamos parte de esos reptiles estamos muy felices, tanto ahora como antes, de que personajes como usted y Langevin formen parte de nosotros, pues son personas con las que uno se siente privilegiado de estar en contacto. Si la chusma sigue hablando de usted, simplemente no lea esa bazofia y déjesela a las víboras para quienes fue fabricada.
Mis mejores deseos para usted, Langevin y Perrin.

A. Einstein

“Zorra judía”, “inmoral”, “robamaridos” le había gritado una horda de mil bocas indignadas y furiosas. Era principio de noviembre de 1911, y Marie Curie volvía a Sceaux, Francia, tras un viaje a Bruselas, donde había asistido a un congreso organizado por la International Solvay Institute. Al llegar a su casa acompañada por sus dos hijas, una pared de insultos, escupitajos y piedras les impidieron pasar. Asustadas, buscaron refugio en casa de una amiga en París hasta que las cosas se calmasen.

Si bien los ataques físicos y las amenazas fueron cediendo, los aullidos y las calumnias continuaron hasta volverse ensordecedores. Una feroz campaña de desprestigio, alimentada por la xenofobia, el machismo y la rivalidad académica se levantó contra Marie Curie. La prensa carroñera y los grupos más conservadores le exigían abandonar Francia y llevarse consigo ese hálito inmundo que despedía por ser mujer, por ser extranjera, por inmiscuirse en los círculos académicos, por osar ejercer una sexualidad ya impedida por la viudez.

Poco importaban entonces sus aportes a la comunidad científica y el hecho de ser la primera mujer del mundo en recibir un Premio Nobel –el de Física (1903), junto a Henri Becquerel y su difunto esposo, Pierre Curie, por sus investigaciones sobre la radiación–. El escandaloso romance con Paul Langevin –cinco años menor que ella; infeliz, pero legalmente casado, padre de cuatro hijos y antiguo discípulo de Pierre– la reducía ante la opinión pública a poco más que una ramera ilustrada.

Poco importaban entonces sus aportes a la comunidad científica y el hecho de ser la primera mujer del mundo en recibir un Premio Nobel –el de Física (1903), junto a Henri Becquerel y su difunto esposo, Pierre Curie, por sus investigaciones sobre la radiación–. El escandaloso romance con Paul Langevin –cinco años menor que ella; infeliz, pero legalmente casado, padre de cuatro hijos y antiguo discípulo de Pierre– la reducía ante la opinión pública a poco más que una ramera ilustrada.

Aquel alboroto le había causado un cuadro severo de depresión. Sin embargo, tres días después llegó una noticia que palearía en parte su malestar: la Academia Sueca anunciaba su decisión de premiarla nuevamente, esta vez, en Química, y en solitario. Madame Curie se convertía en la única persona, hasta nuestros días, en recibir dos premios Nobel en diferentes disciplinas. Ya ninguna argucia podría enturbiar el brillo de su genialidad.

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Una maestra. En 1919, Marie Curie trabajaba en el laboratorio de la Universidad de París, rodeada de sus estudiantes, físicos jóvenes, miembros del equipo de trabajo de Estados Unidos.

Marie Curie (Polonia, 1867-Francia, 1934) creció en Varsovia, por entonces un territorio administrado por el Imperio ruso. De niña solía jugar con tubos de ensayo, pipetas y otros materiales del laboratorio que su padre, profesor de Matemáticas y Física, había instalado en la casa. Con el tiempo, su interés por la ciencia se fue tornado más serio; sin embargo, debido a que las mujeres no tenían permitido acceder a la educación superior, a los 24 años emigró a Francia para continuar sus estudios en La Sorbona. Aquellos años fueron de intenso aprendizaje, pero también de sacrificios y privaciones. Durante las mañanas, estudiaba; por las noches, dictaba clases particulares, y, por las tardes, trabajaba en el laboratorio del profesor Gabriel Lippmann –nobel de Física en 1908–. Debido a los escasos recursos con que contaba, Curie a menudo sufrió hambre y desmayos por inanición. Al cabo de tres años, sin embargo, obtendría su Licenciatura en Física y un segundo título en Química.

Fue por ese entonces que conoció a Pierre Curie, su futuro esposo, colega y socio en la demandante vida científica. Luego de una austera boda celebrada en Sceaux, en julio de 1865, sin ceremonia religiosa, vestido de gala blanco ni pastel o regalos, los Curie compraron un par de bicicletas y pasaron el verano viajando por Francia. A su regreso, se sumergieron inmediatamente en el trabajo. Ambos dictaban clases en diferentes instituciones, pero esperaban con ansias la llegada de la noche para correr a su refugio personal: un improvisado laboratorio ubicado en la rue Lhomond, montado en un almacén abandonado, con piso de asfalto crudo, mala ventilación y un techo de vidrio agrietado por donde se colaba el agua de lluvia.

Ahí, entre muebles gastados y aparatos delicados, los Curie pasaron madrugadas enteras investigando y experimentando con diferentes sustancias. Juntos descubrieron la existencia de dos nuevos elementos químicos: el polonio y el radio (1898); desarrollaron un método de indicadores de radiación; descubrieron que el radio destruía las células cancerígenas. Juntos inauguraron una nueva era del conocimiento científico y médico. Juntos le demostraron al mundo la soberana estupidez de los prejuicios machistas.

Pero la alianza no duraría mucho más. El 19 de abril de 1906, Pierre Curie murió cuando cruzaba la rue Dauphine. Llovía y un coche tirado por caballos se deslizó por el empedrado. Pierre cayó entre las ruedas y se fracturó el cráneo. Viuda a los 39 años, Marie Curie se hundió en un periodo de depresión del que solo la distraían el trabajo y los recuerdos. Un mes después de la muerte de Pierre, La Sorbona le ofreció dictar la cátedra de Física. Una vez más, madame Curie allanaba el terreno para las mujeres venideras, al convertirse en la primera profesora de esta universidad.

Laboratorio de la Universidad de París.

Así, pese al desconsuelo, la turbación y los crecientes malestares físicos, Curie continuó trabajando hasta el fin. En 1914 creó el Instituto del Radio, dedicado a la indagación de los usos de este elemento en el tratamiento oncológico. Luego llegó la Gran Guerra. Y el olor a muerte y pólvora la guiaron a un nuevo proyecto: el diseño de unidades móviles de radiografía destinadas a ser utilizadas en el frente y hospitales provisionales. Unidades que ella misma transportó, muchas veces, a los campos de batalla, y que enseñó a utilizar a otras mujeres para asistir a los médicos y heridos.

La ciencia le dio y le quitó todo. Años de exposición directa a metales radioactivos y a las ondas de los rayos X devinieron en enfermedades pulmonares crónicas, ceguera parcial, un aborto espontáneo, problemas en los riñones y, finalmente, la anemia aplásica que acabaría por matarla en el verano de 1934. Tal fue la cantidad de radiación que recibió que, hasta la fecha, quien desee revisar sus documentos y manuscritos –conservados en cajas forradas con plomo– deberá firmar una carta de excepción de responsabilidad a la Biblioteca Nacional de Francia, y calzarse ropa y guantes especiales. Pero, sobre todo, Marie Curie sigue irradiando el aura imponente de una mujer revolucionaria que se enfrentó con valentía a los prejuicios de su época.

Los medios de la familia presidencial nicaragüense


Asunto de poder. La empresa Nicaragüense de Telecomunicaciones y Correos (TELCOR) funciona bajo las órdenes de la pareja presidencial.

Cuando Daniel Ortega retornó a la presidencia de Nicaragua en 2007, la familia presidencial nicaragüense no contaba con el control mediático en el país, particularmente de los medios televisivos. Solamente tenía a su alcance el Canal 4, la Nueva Radio Ya y Radio Sandino, pero no eran suficientes para controlar la opinión pública.

Hoy, de nueve canales en televisión abierta (VHF) que existen en Nicaragua, ocho son controlados por la familia Ortega-Murillo, que dirige los canales 4, 6, 8 y 13 y dirige el sistema informativo de Canal 2. El otro grupo de medios los controla el empresario mexicano-estadounidense Ángel González (canales 2, 9, 10 y 11) y que también se considera como dentro de los medios afines a Ortega.

“La familia Ortega Murillo ha acaparado medios de comunicación desde que se dio cuenta del papel que estos juegan para el ejercicio del poder. Desde afianzar sus programas hasta limitar que otros actores puedan expresarse”, asegura Guillermo Rothschuh Villanueva, quien ahora funge como director del Observatorio de Medios. Antes, Rothschuch fue jefe de la Dirección Nacional de Medios de Comunicación durante el primer gobierno de Daniel Ortega, en la década de los ochenta.

Aunque el artículo 68 de la Constitución Política de Nicaragua asegura que el Estado debe vigilar que los medios de comunicación no sean sometidos a intereses extranjeros, los oligopolios de Ortega y González se fortalecieron, violaron cualquier normativa, asegura la investigación “Entre la Censura y la Discriminación: Centroamérica Amenazada”, de la Asociación Mundial de Radios Comunitarias, AMARC.

Por ello, había apremio para crear un sistema de medios propios, –medios de la familia y la comunidad–, como les ha nombrado Rosario Murillo, vicepresidenta de Nicaragua. Así, ha sido notoria la inversión de la familia presidencial en el fortalecimiento, compra y creación de medios de comunicación. A ello, se suma el control de los medios privados y el uso de la publicidad como premio-castigo.

La compra. El punto de inicio de toda la estrategia fue cuando en 2010 se materializó la compra de Canal 8. Carlos Briceño Lovo, expropietario, confirmó la venta del canal en enero de 2010.

El modelo de comunicación implementado por Daniel Ortega y Rosario Murillo busca que los medios de comunicación dejen de ser contrapoder y convertirlos en vocerías oficiales para afianzar su poder político y económico.

Rothschuh Villanueva asegura que la Empresa Nicaragüense de Telecomunicaciones y Correos (TELCOR), que debiera supervisar a estos medios, históricamente “ha funcionado supeditado a los intereses del Ejecutivo”.

Orlando Castillo, director del Instituto Nicaragüense de Telecomunicaciones y Correos (TELCOR) y exgerente de Canal 4, ha sido “condescendiente al otorgar nuevas licencias y favorecer así a quienes lo pusieron en el cargo, impulsando en la práctica un proceso discrecional de asignación de frecuencias a favor del duopolio mediático”, aseguró el reconocido periodista Carlos Fernando Chamorro.

El punto de inicio de toda esta estrategia fue cuando en 2010 se materializó la compra de Canal 8. Carlos Briceño Lovo, expropietario, confirmó la venta del canal en enero de 2010.

Briceño no quiso revelar a quiénes les había vendido la empresa de televisión, pero el cambio fue notorio. Cuando se concretó la transacción, no solo cambió de imagen la empresa. La parrilla de programación empezó a retransmitir las noticias de Telesur y los noticieros del canal a proyectar los logros del gobierno de Ortega y de su esposa, Rosario Murillo. Pocos días después, Rafael Paniagua, gerente de Albanisa, revelaría que Albanisa había comprado el Canal 8.

La compra de la empresa de televisión osciló entre los $10 millones. Alba Petróleos de Nicaragua, S. A. (Albanisa) es una entidad mixta venezolana-nicaragüense, creada en 2007 para administrar los fondos que Nicaragua recibe de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA). Con la bonanza petrolera, Albanisa creó un portafolio de negocios privados, vinculados a la familia presidencial de Nicaragua, entre los que destacan plantas de generación eléctrica, exportaciones agropecuarias, transporte, equipos de construcción, finanzas, ganadería, importación y distribución de combustible, Hotel Seminole y Telenica Canal 8.

TELCOR registra en su sitio web a los Operadores de Servicios de Radiodifusión. La licencia de Telenica Canal 8 aparece a nombre de Televisora Nicaragüense, S. A., pero no hay detalles de sus accionistas. El único nombre que figura en los documentos públicos es el de José Jorge Mujica Mejía, en su calidad de apoderado generalísimo de Televisora Nicaragüense, S. A., señalado en diversas investigaciones periodísticas como testaferro de Daniel Ortega.

José Jorge Mojica Mejía es un personaje clave en los negocios de la familia presidencial. Fue miembro de la seguridad personal de Daniel Ortega. También figura en la Gaceta como rector de la Universidad de Tecnología y Comercio (UNITEC), a la que el Instituto Nicaragüense de Turismo (INTUR) aprobó el proyecto denominado Hotel Escuela Playa Marbella, representado por Cony del Socorro Mejía Zelaya.

El 21 de mayo de 2010, mediante la resolución administrativa n.º 254-2010, TELCOR autorizó la renovación de la licencia presentada por José Jorge Mojica Mejía, para continuar operando y prestando el servicio de Radiodifusión Sonora en Frecuencia Modulada (FM) como servicio de interés general, a través de la estación denominada Radio 1, utilizando la frecuencia 101.9 MHz. Posteriormente, se conoció que la empresa de televisión adquirió también la emisora ROCK FM que funciona en la frecuencia 105.3 FM, antes denominada Radio Tiempo. La Fundación Somos TN8 también está vinculada a Televisora Nicaragüense, S. A., cuya personalidad jurídica fue aprobada el 21 de marzo de 2012.

Fuera de ley. Los oligopolios Ortega y González violan las leyes, asegura la investigación “Entre la Censura y la Discriminación: Centroamérica Amenazada”.

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Otro negocio presidencial
Difuso Comunicaciones, también dirigida por Juan Carlos Ortega Murillo, hijo del presidente nicaragüense, Daniel Ortega, y de la vicepresidenta, Rosario Murillo, también ha sido favorecida por TELCOR de manera expedita, como ha señalado Guillermo Rothschuh.

Mediante una resolución de TELCOR se asignó a Difuso Comunicaciones el nuevo Canal 22, a solicitud de Danilo Rafael Lechado Cruz, en su calidad de representante legal de Difuso Comunicaciones, S. A.

En su resolución, TELCOR justificó que no hubo oposición a la solicitud presentada por Difuso y que esta cumplió con los requisitos técnicos y económicos, por lo cual decidió entregar la licencia.
La producción de los spot de la campaña 2016 del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y del Consejo Supremo Electoral (CSE), el órgano que organiza y dirige los procesos electorales en Nicaragua, estuvo a cargo de la empresa del hijo del presidente Daniel Ortega y de la vicepresidenta, Rosario Murillo.

En el canal de YouTube de Difuso Comunicaciones se puede ver una galería de videos, entre los que destacan la campaña “Orgullo de mi País”, spot de la campaña electoral del FSLN de 2016 y video musical del Consejo Supremo Electoral (CSE) para promover el voto.

La producción de los spot de la campaña 2016 del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y del Consejo Supremo Electoral (CSE), el órgano que organiza y dirige los procesos electorales en Nicaragua, estuvo a cargo de la empresa del hijo del presidente, Daniel Ortega, y de la vicepresidenta, Rosario Murillo. En el canal de YouTube de Difuso Comunicaciones se puede ver una galería de videos, entre los que destacan la campaña “Orgullo de mi País”, spot de la campaña electoral del FSLN de 2016 y video musical del Consejo Supremo Electoral (CSE) para promover el voto.

La nueva radio ya

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Viva Nicaragua
El 13 de junio de 2011, inició transmisiones el nuevo canal de la familia presidencial nicaragüense, Viva Nicaragua Canal 13, dirigido por Camila, Luciana y Maurice Ortega Murillo, hijas e hijos de Daniel Ortega y Rosario Murillo, 10 días después de que TELCOR autorizó la frecuencia.
Seis días después de autorizar la licencia de Viva Nicaragua Canal 13, el 9 de junio de 2011, TELCOR emitió una nueva resolución administrativa, en la que otorgó a la empresa CELESTE, S. A. la licencia del Canal 47 en la banda UHF.

Lo mismo ocurrió con otros medios afines como Viva Nicaragua Canal 13.

TELCOR no ha actuado con la misma celeridad con otras solicitudes de licencias. Radio Palabra de Mujer, ubicada en el municipio de Paiwas, Región Autónoma de la Costa Caribe Sur, tiene más de 10 años de estar tramitando una frecuencia. Otras emisoras locales, que prefieren no ser mencionadas, han hecho solicitudes y renovaciones de permisos, pero no han tenido éxito.

Edison Lanza, relator especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), es uno de los representantes de organismos internacionales que muestran su preocupación por el acaparamiento de medios de comunicación en Nicaragua, como lo expuso en el marco de la Conferencia de Periodismo de Investigación #Colpin2016, realizada en Panamá.

El periodista Carlos Fernando Chamorro al conocer la venta de la empresa de televisión Canal 8 a la familia presidencial, con supuesta inversión del Gobierno de Venezuela, decidió trasladar sus programas de televisión “Esta semana” y “Esta noche” a Canal 12, el único medio de televisión en señal abierta, que hasta la fecha, ha escapado del poderoso grupo amasado por Ortega.

Chamorro aseguró que lo más grave que ocurre en su país es que la Constitución señala que el Estado debe impedir la concentración de medios.
“Pero el Estado hace lo contrario. En este caso, el representante de la Empresa Nicaragüense de Telecomunicaciones y Correos, Orlando Castillo, más bien es cómplice o juez y parte. El Estado no solo no aplica la Constitución, sino que impulsa un proceso discrecional de asignación de frecuencias”.

El 31 de marzo de 2017 se transmitió la última edición del programa “Onda local” en Radio La Primerísima. La Asociación de Profesionales de la Radiodifusión Nicaragüense (APRANIC), propietaria de La Primerísima, notificó por escrito la cancelación de la transmisión de “Onda local”, un espacio de comunicación independiente, ajeno a intereses estatales, religiosos y corporativos.
El cierre de “Onda local” aparentemente fue una decisión de APRANIC, pero esto se debe, de acuerdo con el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (CENIDH) a que medios como este, que son críticos del Gobierno, son cerrados por no aceptar la difusión de su propaganda.

Encuentro. Carlos Fernando Chamorro calificó de “monólogo” la entrevista que el expresidente salvadoreño, Mauricio Funes, dio a dos medios nicaragüenses.

Así lo expresó el centro en una misiva enviada al relator especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), Edison Lanza. La suspensión de “Onda local” no ha sido un caso aislado; es parte de la estrategia del gobierno de Daniel Ortega para acallar las voces críticas e instalar su discurso como verdad absoluta. Para lograrlo, emprendió un proceso de concentración y control de los medios de comunicación.

El gobierno de Ortega además de controlar casi la totalidad de los medios de comunicación, promueve el ahogamiento económico de medios, no investiga las agresiones hacia periodistas, cercena la información y no permite cobertura de medios independientes. Desde 2007, no hay periodista nicaragüense al que le haya concedido una entrevista, menos dar conferencia de prensa. En los actos públicos, recurrentemente mantiene una guerra verbal contra periodistas y medios independientes, llamándoles “agentes o peleles del imperio”.

La posición del gobierno de Daniel Ortega frente a estos señalamientos solo se conoce cuando tiene que comparecer ante instancias internacionales. El 7 de mayo de 2014, Nicaragua presentó en Ginebra, Suiza, su segundo informe en materia de derechos humanos como parte del Examen Periódico Universal (EPU). Igual que en 2010, países como Uruguay, Costa Rica, Estados Unidos, Austria e Israel recomendaron al Estado de Nicaragua garantizar el pleno ejercicio de la libertad de expresión y la pluralidad e independencia de los medios de comunicación.

María Elsa Frixione, de la delegación nicaragüense en Ginebra, respondió que en Nicaragua “no existe ningún tipo de censura a los medios de comunicación; ni se les impide su circulación y difusión”. Paradójicamente, ese mismo día fue cerrado el programa “Zona libre TV”, que transmitía Canal 7, cable local del municipio de San Rafael del Sur, Managua. El 5 de julio de 2017, el asesor para Asuntos Económicos del presidente Daniel Ortega, Bayardo Arce, arremetió contra Leonor Álvarez, periodista del diario La Prensa, y despejó cualquier duda sobre la posición del Gobierno nicaragüense frente a los medios independientes: “Olvídate del periodismo en que ustedes van a determinar lo que se publica o no. Ustedes no son los que mandan en el país”.


Este reportaje fue realizado en el marco de la Iniciativa para el Periodismo de Investigación en las Américas, del International Center for Journalists (ICFJ), en alianza con CONNECTAS.

Río se replantea el turismo en las favelas

Víctima. El mes pasado una mujer de nacionalidad española murió por disparos hechos por la policía en una de las favelas más reconocidas.

Cuando las autoridades brasileñas atajaron la criminalidad a principios de esta década, abrir las favelas ubicadas en las colinas de Río de Janeiro al turismo parecía una idea ganadora. Las vistas son impresionantes, los residentes podían ganar algo de dinero y los visitantes extranjeros verían otra parte de la ciudad y no solo la playa de Copacabana.

Ahora, una nueva oleada de violencia en esas comunidades reaviva una preocupación: ¿son las favelas seguras para visitarlas?

Las favelas de Río, famosas por la oscarizada película “Ciudad de Dios”, son conocidas desde hace tiempo por las drogas y el crimen. Pero los grupos de viviendas improvisadas que se extienden por las colinas de la ciudad son también el lugar de nacimiento del desfile de carnaval, la samba y el arte callejero.

Como parte de los preparativos que comenzaron en 2008 para albergar los Juegos Olímpicos, las autoridades presionaron para hacer que estas zonas antes prohibidas fuesen más seguras al perseguir a las bandas de narcotraficantes. La profunda crisis económica que atraviesa el país ha exacerbado la desigualdad existente y provocó recortes en la financiación de las fuerzas de seguridad, y las autoridades admitieron que han perdido nuevamente el control de la mayoría de las barriadas que en su día declararon “pacificadas”.

“La cuestión es muy compleja para decir simplemente si es seguro o no”, dijo Marcelo Armstrong, que lleva 25 años llevando turistas a las favelas. “Depende de dónde, depende del día, depende de las circunstancias. Esta es la realidad de Río ahora”.

Este año, Río ha registrado una media estimada de 15 balaceras diarias entre policías y bandas fuertemente armadas. Cientos de civiles, muchos de ellos residentes en las favelas, han muerto o resultado heridos en el fuego cruzado.

Un estudio realizado por la Confederación Nacional de Comercio y Turismo concluyó que el incremento de la delincuencia provocó pérdidas de $200 millones en el sector turístico de Río entre enero y agosto de este año. En 2015, la ciudad ganó $5,000 millones con el turismo.

Aunque en ocasiones los turistas han recibido disparos al desviarse accidentalmente hacia las favelas, el reciente fallecimiento de una española a manos de la policía puso de manifiesto la inseguridad en Río y sus favelas.

En octubre, la policía abrió fuego contra el auto en el que viajaba María Esperanza Jiménez Ruiz y sus familiares durante una visita a una de las favelas más populosas de la ciudad, Rocinha, que ha estado en el centro de una sangrienta batalla entre bandas rivales y la Policía.

Colorido. Pese al reconocido riesgo que ha crecido en estas zonas, sigue existiendo un gran atractivo para los turistas.

Las autoridades alegan que su conductor no se paró en un control policial y que manejaba un vehículo con las ventanas oscurecidas que no estaba identificado como perteneciente a una empresa de viajes. El conductor dijo que no vio el control y que nadie le pidió detenerse. Dos agentes están siendo investigados por un posible homicidio culposo y las autoridades anunciaron que presentarán cargos contra el guía y la agencia por no haber informado a los turistas sobre los riesgos de visitar la barriada.

“Entiendo la curiosidad de los turistas y entiendo el deseo de la comunidad de ser parte de la ciudad”, señaló Valeria Aragao, directora de la Policía Turística de Río e investigadora en el caso. “Lo que no entiendo es la actitud irresponsable de una agencia de viajes y de un guía para elegir y animar a visitar ese lugar, cuando hasta los residentes se sienten inseguros”.

Aragao reconoció que los guías no tienen acceso a los reportes oficiales de la Policía y deben fiarse de las informaciones publicadas en los medios y de los guías locales para evaluar si la visita es segura. En respuesta al incidente, las autoridades turísticas y de seguridad han creado un comité para regular el turismo en estos barrios marginales.

El gobierno local está considerando además pedir a las agencias que ofrecen visitas a las favelas que tengan un seguro de responsabilidad y que informen a la policía de la zona antes de cada visita. Las empresas tendrían que trabajar con un guía local y trasladar a los turistas en un auto identificado y sin los cristales oscurecidos.

Armstrong, el guía turístico de las favelas, dijo estar preocupado porque las autoridades trasladen la culpa de la muerte de la turista de la policía al sector.
“Habrá un día en el que las agencias de viajes serán acusadas de exponer a sus clientes a riesgos porque están caminando por Copacabana”, señaló. “Si el Gobierno no puede garantizar la seguridad, es su culpa y de nadie más”.

Unos días después del deceso de la turista española, Michiel Wijnstok, un turista holandés, participó en la visita de Armstrong a Vila Canoas, una favela que rodea el elitista club de golf Gavea.
“Escuchas las historias”, dijo Wijnstok, un gestor financiero que visitaba Río por primera vez. “Pero quería verlo con mis propios ojos”.

En el tour, de una hora de duración, el grupo recorrió callejones a la sombra de un entramado de cables eléctricos y escuchó a Armstrong explicar la historia de las barriadas marginales y su arquitectura. Parte de los $25 que paga cada uno de los participantes se destina a dos escuelas de la favela, gestionadas por asociaciones benéficas.

Al final de la visita, los turistas pidieron caipiriñas en un bar e intercambiaron sonrisas con los vecinos, que les dieron las gracias por el consumo. Para muchos de los residentes en estas comunidades, el turismo es un salvavidas en un lugar donde los empleos formales escasean.

Seguridad. La Policía Turística ha solicitado a las agencias que promueven las visitas que se coordinen con las autoridades.

Andreia Cavalcante vende bocadillos y bebidas a los extranjeros y a los conductores en un puesto en la favela Vidigal, que está en el lujoso barrio de Leblon. En un fin de semana normal, Cavalcante solía ganar $480 (1,600 reales) vendiendo pasteis –un sabroso hojaldre relleno de carne o queso–, ahora obtiene aproximadamente la mitad.
“Esto se debe a que la comunidad es un poco inestable con todo lo que está sucediendo”, explicó.

Cerca de la parte más alta de Vidigal, los turistas pueden alojarse en el hotel Mirante do Arvrao, donde una suite con vistas panorámicas de la ciudad y el océano cuesta $170 por noche. Los fines de semana, los bares del barrio ofrecen samba en directo y se llenan de brasileños y visitantes.

Daniel Graziani, propietario de un hotel y residente en Vidigal con su esposa y su hija de un año, dijo que ve un futuro brillante para el turismo de favelas, pero que la preocupación por la seguridad va en aumento.

Recientemente se ofreció a reubicar en otro hotel a una pareja que llegaba de París por una operación policial en la barriada. Los clientes se opusieron. La operación terminó un par de horas más tarde y los visitantes tuvieron una estadía segura en el Mirante do Arvrao.

Según Graziani, es prematuro decir que ya no es seguro visitar las favelas y cree que, a pesar de la confusión, el turismo en Vidigal tiene futuro. Sigue ofreciendo el paquete Experiencia Favela por el que los turistas pueden pasar el día aprendiendo a hacer feijoada –un guiso de carne y frijoles– o volar una cometa típica o “pipa”.
“La gente sigue estando interesada en otro tipo de turismo que va más allá del de masas”, dijo.