Una presa inacabada en México que todos pagan

Decreto. En 2013 la Suprema Corte de Justicia decretó que la represa debía apegarse a la altura y capacidad que planteó la declaración de impacto ambiental, y no la que se licitó.

Un cerro destazado ladera abajo y un muro de 80 metros de concreto irrumpen en el curso natural del río Verde en Los Altos de Jalisco, creando una imagen absurda de lo que se ha convertido en uno de los proyecto transexenales más invalidados en términos jurídicos, técnicos y políticos: una represa que nunca ha tenido agua.

La cuenca del río Verde nace en el estado vecino de Aguascalientes y riega la región de Los Altos, el granero de Jalisco, que genera el 22 % del PIB del estado. En 1997, el expresidente Ernesto Zedillo decretó la exportación de casi 120 millones de metros cúbicos de su cuenca a la del río Turbio, al corredor industrial de León, Guanajuato, a unos 140 kilómetros de aquí. Este decreto se materializó 15 años después en esta mole de cemento seca que ha desencadenado una de las luchas más histriónicas de las últimas décadas en México: la Revolución del Agua de Temacapulín, una movilización de un millar de habitantes –con hijos ausentes– de tres poblados milenarios, que durante 12 años se han opuesto a la represa que los expulsaría de sus casas e inundaría 4,500 hectáreas de tierras fértiles y sus sitios de ceremonias, iglesia y panteón.

Como docenas de familias, María Félix siembra en estas tierras chile de árbol, maíz, frijol, calabaza, cebolla, jitomate y cacahuate. Es aquí donde están enterrados sus bisabuelos y crecieron sus cuatro hijos, donde florece su patio en una casa amplia de adobe y donde forjó ese carácter que la lleva a enfrentarse a cualquier funcionario que se le ponga enfrente, sin importar el rango. “A mí me mataría que me mandaran aquí”, reclamó la mujer a las autoridades de la Comisión Estatal del Agua (CEA) cuando le mostraron el poblado prefabricado donde los pobladores serían reubicados si la presa empieza a funcionar.
María Félix y el resto de integrantes del Comité Salvemos Temaca –que agrupa a los pobladores afectados– tienen el respaldo de una parte importante de la sociedad jalisciense, que rechaza el trasvase por la afectación ambiental que implica, las violaciones a los derechos humanos y el déficit hídrico.

En medio de una disputa legal que llegó hasta la Suprema Corte de Justicia de la Nación, la represa seca sigue impactando las finanzas públicas de los mexicanos en beneficio de un consorcio empresarial méxico-español. Además, tiene paralizada la construcción del acueducto –cedida a otra empresa española– que llevaría el agua de esta región agrícola para el desarrollo industrial de la ciudad de León.

La historia de esta batalla comenzó en 2006, cuando la Secretaría de Medio Ambiente (SEMARNAT) autorizó a la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA) la construcción de un embalse con una cortina de 80 metros de altura, una superficie de 2,000 hectáreas y un almacenamiento de 411.6 metros cúbicos.

Temacapulín, Acasijo y Parmalejo, tres poblados del municipio de Cañadas de Obregón que quedaban en el camino de la obra, serían inundados. Ninguno de los pueblos fue consultado, pese a que así se estipula en los tratados internacionales ratificados por México.

Los pobladores enviaron cartas a los ayuntamientos, organizaron marchas y plantones e impulsaron una batalla judicial para evitar ser desplazados. Su lucha se acentuó cuando CONAGUA licitó la construcción de una presa del doble de capacidad e impacto autorizado: 105 metros de altura, un área de embalse de 3,800 hectáreas y un almacenamiento de 911 metros cúbicos. Estos cambios, que suponían la inundación y afectación de manera definitiva de las comunidades y tierras de cultivo, se presentaron sin una nueva manifestación de impacto ambiental, incumpliendo la normativa.

Las obras se adjudican a un consorcio donde la mitad del capital lo ponen las mexicanas La Peninsular y Grupo Hermes –del controvertido Carlos Hank Rhon– y la otra mitad, una constructora voraz: la española FCC.

FCC es una de las 50 constructoras más grandes del mundo y la empresa que más contratos públicos recibe del Gobierno español. Forma parte de las 35 empresas que integran el IBEX, el índice bursátil de su país. Como tal ha ratificado compromisos internacionales de respeto a los derechos humanos, como el Pacto Mundial de la ONU sobre Responsabilidad Empresarial, y en su código de ética, que es público, se compromete con los más altos estándares en la materia. Sin embargo, en El Zapotillo concursó para una obra que antes de ser adjudicada ya reportaba la vulneración de varios derechos. Y durante la construcción fue acusada de vulnerar otros.

Indemnización. El Gobierno mexicano seguiría indemnizando mensualmente a FCC y Grupo Hermes por un monto de 19 millones de pesos mensuales, según cláusulas del contrato.

Sostenibilidad versus colonialismo económico

Temacapulín es un pueblo enclavado entre cuatro cerros, conocido por sus aguas termales. En el centro del asentamiento urbano está la iglesia lateranense de 257 años de existencia y tiene vestigios prehispánicos que se remontan al siglo VI. El Instituto Nacional de Arqueología e Historia (INAH) certificó que al menos el 70 % del pueblo es monumento histórico de interés nacional, que se perdería al ser inundado.

En la Basílica de la Virgen de los Remedios oficiaba ocasionalmente o en fechas importantes el exsacerdote Gabriel Espinoza, quien con el conflicto pasó de guía espiritual a ser el vocero del Comité Salvemos Temaca. Espinoza renunció al sacerdocio en 2015, orillado por las presiones políticas dentro del Arzobispado. De él es la frase: “Agua para todos y agua para siempre”, que no es un lema nacido de una simple ocurrencia. Surgió en 2010 en medio de las mesas de diálogo que sostuvo la comunidad con la Secretaría de Gobernación a cambio de liberar el bloqueo que mantuvo la construcción detenida en la presa sobre el río Verde, tras el primer fallo judicial que ordenó su suspensión.

Los fallos judiciales se sucedieron hasta llegar a la Suprema Corte de Justicia, que en 2013 decretó que la represa debía apegarse a la altura y capacidad que planteó la declaración de impacto ambiental, y no la que se licitó. La sentencia del máximo tribunal detuvo la construcción de la presa, y el Gobierno tuvo que indemnizar con 220 millones de pesos a la empresa española por suspensión de obra durante 2014. Pero ahí no acabó el problema.
Desde hace tres años la represa está detenida y “pendiente de adaptaciones”, según la CONAGUA, pero no hay avances ni retrocesos en la construcción. Según las cláusulas del contrato de construcción, el Gobierno mexicano seguiría indemnizando mensualmente a FCC y Grupo Hermes por un monto de 19 millones de pesos mensuales. Según las cuentas públicas de FCC, la obra de El Zapotillo sigue activa y supone para la empresa 164 millones de euros, un 28 % más de lo que se le adjudicó en su momento.

Se solicitó la versión de CONAGUA para este reportaje, pero hasta el cierre de esta edición no tuvimos ninguna respuesta.

Así, mientras una represa detenida sigue impactando las finanzas públicas, el gobierno de Guanajuato y CONAGUA siguen peleando una cortina de 105 metros, lo que significa la inminente inundación de tierras agrícolas, comunidades y vestigios arqueológicos. CONAGUA, por su parte, ha insistido en que la presa es necesaria para preservar los acuíferos subterráneos de la región y que la obra beneficiará a 1.5 millones de habitantes de los dos estados.

En entrevista, la ingeniera ambiental Alessia Kachadourian asegura que las mediciones para determinar la viabilidad de la obra, la inundación de pueblos y el trasvase a León se desprenden de la NOM 011, una métrica obsoleta que “usan para contabilizar metros cúbicos de cuerpos fluviales superficiales, no subterráneos”. En este sentido, dice, la presa no asegura los 119,837,000 metros cúbicos que exige Guanajuato y que le prometió el decreto presidencial de Zedillo.

José Gómez Reyna, ingeniero y rector del Centro Universitario de Tonalá de la Universidad de Guadalajara, en Jalisco, enfatiza: “El modelo de embalses sobre ríos y trasvases de una cuenca a otra está caduco. No es el mejor modelo de abastecimiento de agua (…) Es una aberración enviar caudales de una cuenca a otra, es decir, de la Lerma-Santiago a la de Guanajuato, y antes de proceder con tales cambios, como indica la UNESCO, aun si fuera técnica e hidráulicamente viable, se tienen que tomar en cuenta consideraciones sociales y ambientales”.

Arturo Gleason, asesor en captación de agua y saneamiento, va más lejos: “No estamos haciendo gran cosa más que la proposición del Gobierno de lograr obras megafaraónicas, costosas, con una vida útil corta, y no estamos apostando a cambiar a la gente, la cultura, a fomentar en los niños y los jóvenes cuidar la poca agua que nos queda. El mismo río Santiago –que nutre a Guadalajara y es uno de los más contaminados del país– está casi muerto. Ese es otro desafío: cómo limpiar el agua”.
Para Gabriel Espinoza, el religioso-activista, la cuestión se reduce a los beneficios económicos que dejan estas obras: “Solo les interesa el agua siempre y cuando ellos vayan a adquirir grandes ganancias, pero Temacapulín ha demostrado que podemos ser autogestivos y defendernos de empresas extranjeras, mexicanas y gobiernos corruptos”, dice sin titubear.

Insuficiente. La presa, en términos prácticos, no asegura los 119,837,000 metros cúbicos que exige Guanajuato y que le prometió el decreto presidencial de Zedillo.

Lobby empresarial

FCC fue fundada por la aristocracia española hace un siglo y cuando ganó el proyecto de El Zapotillo y hasta 2016, la accionista mayoritaria era todavía Esther Koplowitz y Romero de Juseu, marquesa de Casa Peñalber, quien ocupa la fortuna 488 del mundo según la revista Forbes. Pero en 2014, el magnate mexicano Carlos Slim entró en FCC y desde julio de 2016 es el máximo accionista, con 61 % de acciones de la empresa.

Ese mismo año, FCC y Grupo Carso (otra empresa de Slim) consiguieron su primer proyecto juntos. Y este febrero pasado, el consorcio liderado por las mexicanas ICA y Carso, junto a las españolas FCC y Acciona firmaron el contrato para construir el edificio terminal del nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México por 3,900 millones de euros, el proyecto más grande de la administración Peña Nieto.

En España, FCC ya se ha visto envuelta en escándalos por corrupción, tráfico de influencias, fraude y malas prácticas laborales; sin embargo, sigue siendo la empresa que más contratos públicos recibe por parte de las diferentes administraciones españolas. De hecho, los dos directores de la filial de Construcción de FCC que participaron en El Zapotillo han sido imputados en España por fraude en contratos públicos. El último, Miguel Jurado, fue detenido en enero de 2016 por haber malversado fondos de la empresa pública española de gestión de agua en el Mediterráneo ACUAMED, cuando esta estaba bajo la gestión de Miguel Arias Cañete como ministro de Agricultura y Medio Ambiente. Arias Cañete es ahora el comisario europeo de Acción por el Clima y Energía y junto a y su colega Maros Sefcovic, vicepresidente de la Unión Europea de la Energía, han sido acusados de privilegiar a las empresas privadas antes del interés público también en la máxima institución continental.

En Temacapulín, María Félix no sabe de las redes de amiguismo que el nobel de Economía Joseph Stiglitz resume como “capitalismo de cuates”, pero sí tiene claro que para ella no es una cuestión de dinero, sino de identidad y dignidad. “Siempre nos hablan de una mejora, pero la verdad yo no le veo ninguna mejora, nos dicen de la reubicación ‘ahí va a estar la casa’, ¿pero a la casa qué? ¿Le vamos a morder o qué la vamos a hacer ahí? En cambio, donde nosotros vivimos estamos luchando por nuestra tradición, por nuestra vida, por lo que tenemos ahí. Nos enseñan el cielo y las estrellas, pero nosotros las tenemos en Temacapulín”, dice frente a las casas de concreto construidas también ilegalmente por la Comisión Estatal del Agua, en el predio Talicoyunque, donde los pretenden desplazar.

Estas reporteras buscaron entrevistar a FCC en México y en España desde 2010. Aquel año la negativa se extendió hasta las oficinas en Madrid, bajo el argumento de “absoluta falsedad” que FCC violara derechos. “El Gobierno mexicano los viola, no nosotros”, arguyeron los voceros. Y una y otra vez, su respuesta reiterada fue que “el código ético de FCC obliga a la compañía a tener en cuenta aspectos no financieros (sociales, medioambientales, etcétera) en los proyectos de inversión o actuación por los que se decide”.

Pero el consorcio empresarial que conforma junto a Grupo Hermes para construir el embalse ha promovido decenas de recursos de revisión y quejas ante el juez contra los amparos promovidos por la asociación de afectados Salvemos Temaca.

En las últimas semanas, FCC rechazó una última solicitud de entrevista para la publicación de este reportaje y alegó que “la obra de El Zapotillo la lleva ya el Grupo Hermes Infraestructura”. “Ya estamos desvinculados de este proyecto”, agregó. Sin embargo, en las cuentas anuales del corporativo español se confirma que FCC mantiene el 50 % de dos empresas ad hoc: Administración y Servicios Grupo Zapotillo, S. A. de C. V. y Constructores de El Zapotillo, S. A. de C. V., cuyo valor neto de libros de cartera crece en 2014 y 2015 aún y con la obra detenida. Durante 2016 se reduce escasamente este valor, computado en euros, coincidiendo con la depreciación del peso mexicano.

Érika González, de Ecologistas en Acción de España y también investigadora del Observatorio de Multinacionales en América Latina, asevera que el comportamiento de FCC y otras empresas españolas que tiene concesiones en México no es aislado. “No respetan la legalidad del país a donde van, ni el derecho internacional, ni hay extraterritorialidad en la legislación española. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) sí tiene estructura en el Banco Mundial para demandar a las multinacionales en el país de origen, pero tampoco está a la altura de las denuncias y, en caso de resolver una sanción, no pasa de una reprimenda moral”, asegura.

Esto se agrava porque España está llevando el liderazgo en la UE con México para garantizar el respeto a los derechos humanos de las empresas. Karen Hudlet, investigadora y representante para México del Centro Internacional de Información sobre Empresas y Derechos Humanos, explica que se reunieron con representantes españoles del Pacto Mundial de la ONU para empresas y derechos humanos para presentarles la situación crítica de empresas como FCC que están cumpliendo los principios rectores del pacto, pero la incidencia “no va más allá de la buena voluntad”.

Detenido. Una sentencia del máximo tribunal detuvo la construcción de la presa, y el Gobierno tuvo que indemnizar con 220 millones de pesos a la empresa española por suspensión de obra durante 2014.

Un conflicto que escaló internacionalmente

La ONU ha intercedido en el conflicto desde 2012 a través del relator del derecho a la Alimentación, Olivier De Schubert, quien visitó la comunidad y probó la variedad de cosechas de temporada de las que se nutre y sostiene Temacapulín. En el informe de su visita, evidenció que no se cumplió el derecho a la información y la consulta de la población afectada, alertó de las denuncias de amenazas y señaló que faltaban garantías de una reubicación digna y el acceso a medios de subsistencia. Además, en junio pasado, el grupo de trabajo de la ONU sobre empresas y derechos humanos presentó su informe sobre la visita que hizo a México en 2016 y mostró su preocupación por “la falta de consulta con personas y comunidades afectadas por los grandes proyectos de desarrollo de todo el país, y que en este caso tiene que ver con la presa detenida.

Ante la inoperatividad de las obras, el gobierno de Jalisco contrató al Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente y la Oficina de Naciones Unidas de Servicios para Proyectos (UNOPS) una evaluación de la producción de la cuenca del río Verde y las demandas de trasvase, con el fin de desbloquear el conflicto. La UNOPS cobró $4.6 millones (90 millones de pesos) al erario jalisciense y abrió la veda a recuperar la idea de una cortina de 105 metros aun cuando eso sea la sentencia de muerte para tres pueblos originarios. Apenas el 29 de junio pasado presentó su informe final y entre sus cinco opciones de viabilidad solo una respetaba la sentencia de la Suprema Corte de Justicia de una cortina a 80 metros de altura. El gobernador Aristóteles Sandoval se apresuró a tomar partido y eligió la opción cinco de una cortina a 105 metros. “Salvar Temacapulín ya no es asequible, no podemos cumplirles, no hay otra solución posible”, dijo en el evento, mientras Gabriel Espinoza le gritaba a pulmón vivo: “Mentira”.

Sin embargo, no se trata de un estudio vinculante y abrirá otra batalla legal y política si se quiere hacer efectivo. Mientras tanto, las empresas siguen ingresando su cuota mensual por detención de obras al erario público y esos gastos extras, como los 90 millones de pesos, podrían haber asegurado la canasta básica de todos los afectados por la presa durante nueve años.

Este reportaje fue realizado en el marco de la Iniciativa para el Periodismo de Investigación en las Américas, del International Center For Journalists (ICFJ) en alianza con CONNECTAS. El equipo de investigación fue conformado por una alianza entre Pie de Página y la Unidad de Investigación de El Universal.

Sin cambios. Desde hace tres años la represa está detenida y “pendiente de adaptaciones”, según la CONAGUA, pero no hay avances ni retrocesos en la construcción.

Empresarios latinos sin papeles preparan plan B bajo Trump

No son criminales. Durante los primeros seis meses de este año, las detenciones de inmigrantes sin estatus legal que no cuentan con un historial criminal se duplicaron con respecto al año pasado.

Era la cara de su negocio, pero ya casi no aparece en el mostrador. Ahora Maribel Reséndiz corta piñas, papayas y naranjas en el fondo del local, como si quisiera que nadie la viera. Varios clientes entran a comprar jugos exprimidos y es su hija la que se apresura a atenderlos.

Maribel y su esposo, Alberto Reséndiz, la han incluido como socia de la frutería que tienen desde hace cinco años y por si son deportados a México, le han transferido también todos los bienes de la familia.

“El temor es que me pare la policía, llame a Inmigración y me lleven a México”, asegura Maribel, quien vive ilegalmente en el país desde 1992. “Cualquier emergencia ella es la que responde… cualquier cosa que me pase ella es socia y puede disponer”.

Atemorizados por la política migratoria de Trump, los Reséndiz son parte de un creciente número de inmigrantes sin autorización legal que son dueños de negocios y han optado por transferir sus empresas o propiedades a familiares nacidos en Estados Unidos, frenar sus inversiones o vender sus tiendas.

Se estima que 10 % de los 11 millones de extranjeros que viven ilegalmente en el país tienen negocios. Con sus planes de contingencia buscan volver a las sombras, proteger sus bienes y garantizarles a sus hijos un ingreso en caso de que ellos sean detenidos y repatriados.

Uno de ellos es Mauro Hernández, un mexicano de 44 años, que puso a la venta el negocio de pollos asados que abrió hace seis años en Queens, Nueva York. El local está a nombre de un amigo que vive legalmente en Estados Unidos. Hernández dice que él dirige el negocio, paga los impuestos y a sus 10 empleados. Si es deportado, nadie llevará las cuentas y eso perjudicará el historial financiero de su colega.

“Lo que no quiero es que afecte a mi amigo”, asegura Hernández, quien ya fue deportado y regresó hace más de una década. “Desde que ganó Trump he estado muy preocupado”.

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Negocios familiares.

Algunos de los empresarios que están tomando estas medidas aseguran que no tienen otra opción.

Bajo Trump, los arrestos de inmigrantes sin autorización ascendieron a 75,000 entre enero y junio, un incremento de 37 % con respecto del mismo periodo de 2016. Además, durante los primeros seis meses de este año, las detenciones de inmigrantes sin estatus legal que no cuentan con un historial criminal llegaron a casi 20,000, más del doble que el mismo periodo el año pasado.

“Todo el mundo está tomando precauciones”, expresó el abogado Jorge Rivera. “No quieren que el negocio desaparezca de la noche a la mañana. Quieren mantener sus ingresos” aun estando lejos.

Varios de los empresarios entrevistados por The Associated Press hablaron a condición de no ser identificados, por temor a las autoridades.

Entre ellos está un mexicano de Los Ángeles que llegó en 1995 sin papeles y desde 2001 tiene dos empresas de publicidad y mercadeo con 50 empleados.

A pesar de facturar unos cinco millones de dólares al año en contratos con hospitales privados y médicos particulares, el hombre de 40 años piensa mudarse a España con sus cuatro hijos estadounidenses y su esposa, que también está ilegalmente en el país. El plan contempla pasar a nombre de su hermana y sobrina estadounidenses las empresas y vender sus cinco automóviles y sus dos casas, en Las Vegas y en Los Ángeles.

Dice que este año ha rechazado renovaciones de contratos equivalentes a $1.5 millones, porque no quiere quedarse con negocios pendientes si lo deportan o se va a España y que adquirió dos casas en México porque ya no quiere invertir aquí.

“Nos tratan igual que a un criminal, a todos de la misma manera”, asegura el hombre. Los Reséndiz fueron afortunados de tener a una hija estadounidense que se hiciera cargo de la frutería en Florida City, una pequeña localidad al sur de Miami donde vive una numerosa comunidad de trabajadores agrícolas.

Apenas Trump fue elegido presidente, le pidieron a un contador que incluyera como socia a Diana, la mayor de sus cinco hijos estadounidenses y le transfiriera tres cuentas bancarias, cuatro automóviles y el camión de compras del negocio que tienen hace cinco años.

Diana, de 24 años, se levanta ahora a las 3 de la madrugada para manejar unos 60 kilómetros hasta el mercado mayorista, una tarea que sus padres ya no quieren hacer por temor a que los detengan.

 

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Inmigrante trabajando.

Los negocios de inmigrantes sin autorización legal van desde servicios de limpieza ofrecidos por personas individuales hasta restaurantes y agencias publicitarias que emplean a decenas de personas, aunque no existen estadísticas oficiales sobre esta parte de la economía. Según el Institute on Taxation and Economic Policy, los inmigrantes sin estatus legal contribuyen con más de $11,700 millones en impuestos estatales y locales al año.

Ese razonamiento, sin embargo, no convence a activistas que están a favor de un mayor control de la inmigración.

“Están tratando de mantener sus ganancias ilícitas y el Gobierno estadounidense no debería permitir que inmigrantes ilegales tengan propiedades o empresas ni que las transfieran”, dice William Ghenn, presidente de Americans for Legal Immigration, un grupo cuya sede está en Carolina del Norte. “Bajo las leyes estadounidenses, justicia significa deportación de los inmigrantes ilegales”.

Pero otros, como Daniel Costa, del Economic Policy Institute, piensan que no es justo que regresen a las sombras.

“Es algo terrible para la economía”, considera, destacando que un 5 % de la fuerza laboral estadounidense corresponde a inmigrantes no autorizados. “Si quieren que su negocio sobreviva van a tener que hacer un plan”, dijo.

Portavoces del Departamento de Seguridad Interna dijeron a la AP que su objetivo es deportar a delincuentes, pero aclararon que no harán excepciones con ciertas “clases o categorías” de extranjeros que viven en el país ilegalmente. No indicaron cuáles eran esas categorías.

La deportación también desvela a los peruanos Carmen y Jorge Tume, que tienen un lavadero móvil de carros desde 2004. Por años recorrieron el sur de la Florida con su camioneta cargada con una máquina de presión de agua, un generador y varios tanques de agua y productos de limpieza.

Atendían a más de 200 clientes semanales que representaban unos 1,600 de ingresos, y contrataban a dos empleados, pero con Trump se sienten inseguros de manejar sin licencia y rechazan clientes que están a más de 30 kilómetros de su casa. Ahora solo tienen 60 clientes a la semana y sus ingresos bajaron a $600.

“Ya no nos queda ninguna esperanza”, dice Carmen, de 50 años. “Todo lo que habíamos construido se está desmoronando”.

Para Maribel Reséndiz, la mexicana de 42 años que tras cruzar la frontera trabajó recogiendo tomates, los cambios representan la pérdida de su identidad como propietaria de un negocio que le permite vivir sin pedir asistencia pública.

“Yo no dependo del Gobierno. Tengo seguro médico para mis hijos, para mí, para mi esposo. Yo pago todo, mis taxes (impuestos), del negocio y personales”, expresa. “No vivo del Gobierno ni le pido nada”.

Maribel asegura que nunca antes sintió la necesidad de convertirse en residente legal, hasta la llegada de Trump. En noviembre, amparada por su hija estadounidense, Diana, solicitó la residencia legal. Ahora espera nerviosa una respuesta que aún no ha llegado. Recuerda que hace más de dos décadas dejaron su país y desde entonces forjó toda su vida aquí.

“Tengo mi sueño hecho realidad porque tengo mi propio negocio”, asegura. “Ahora ya no tengo nada a nombre mío”.

En números. Los inmigrantes sin estatus legal contribuyen con más de $11,700 millones en impuestos estatales y locales al año.

Un mercado con mil puestos de flores

Los millones de flores que se comercializan en el Jamaica se cultivan en lugares como Villa Guerrero, San Pedro Cholula o en Puebla, Tlaxcala.

 

Los pasillos están segregados, en uno están los puestos que ofrecen los arreglos más inusuales y caros, mientras que hay otro en donde se encuentran los tradicionales y más baratos. En este lugar se pueden hallar también comestibles. Hay puestos de hongos y verduras silvestres, frutos secos, quesos y otros elementos difíciles de conseguir.

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La actividad en este lugar comienza antes del amanecer, cuando se ven los camiones repletos de rosas, orquídeas, girasoles, claveles, galanes mexicanos, entre otros. Se puede comprar desde una gerbera suelta, hasta flores por kilo. Las que se comercializan en el Jamaica se cultivan en lugares como Villa Guerrero, San Pedro Cholula o en Puebla, Tlaxcala.

“Bolívar murió tan pobre que no tenía ni una camisa para ser enterrado”

La muerte. Simón Bolívar falleció en Santa Marta a los 47 años, enfermo de tuberculosis.

Los gritos de un niño de aproximadamente 10 años pidiendo libertad y que no lo traten mal se escuchan cerca del arzobispado de Caracas. Es 1795 y el menor ha sido encontrado luego de escapar de su casa. Las autoridades descubren que es huérfano, vive con su hermana y la razón de su escape había sido una pelea con su cuñado. Ese niño era Simón Bolívar.

El episodio está registrado en los papeles judiciales españoles de la época que hoy se guardan en la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, en Washington, D. C., y que fueron estudiados al milímetro por la escritora peruana Marie Arana, autora de “Bolívar: American Liberator” (Simon&Schuster, 2014).

“Obtuve dos Chairs (beca especial para catedráticos) en Brown University y la Biblioteca del Congreso. También viajé a Colombia y había estado en Venezuela un par de veces antes. Se podría decir que este es un personaje que he estudiado toda mi vida”, nos cuenta Arana por teléfono.

 

También consiguió los planos del lugar donde habría vivido Bolívar de joven…

Sí, aunque actualmente hay un debate sobre dónde vivía, porque hay historiadores que dan dos direcciones distintas. Sin embargo, lo que encontré  –y me pareció superinteresante– es que la casa de su padre estaba al lado de la niña que luego sería la madre de Bolívar.

 

¿Así comenzó la relación?

Es lo que se puede deducir gracias a los documentos. El papá de Bolívar ya había tenido problemas porque era un mujeriego, el arzobispo de ese tiempo le dijo que debía casarse. Él, mirando por la vecindad, encontró a esta chica de 14 años. Para esto, el papá de Bolívar tenía 47 años y no se había casado hasta entonces.

 

¿A qué edad quedó huérfano Bolívar?

Su madre murió cuando él tenía unos tres años. Su padre falleció unos cinco años después. A los ocho años ya era huérfano.

 

¿Por qué decidió enfocarse en la vida de este libertador?

Dos de mis antepasados participaron en la Batalla de Ayacucho. Uno fue un soldado del ejército de Bolívar llamado Pedro Cisneros Torres y el otro fue un general de Brigada español, Joaquín Rubín de Celis, que, además, fue el primer muerto en esa batalla. Rubín tuvo una hija llamada Trinidad, que se casó con el soldado Cisneros. Recuerdo que en la casa de mis abuelos había retratos pintados de ellos (de Trinidad y de Pedro). Así que puedo decir que desde los cinco o seis años estuve fascinada por este periodo. Buscando una forma de contarle a los norteamericanos sobre nuestra historia, me pareció que la vida de Bolívar realmente explicaba mucho. Para mí, él vivió una vida que representaba la historia de nuestros países.

 

En una entrevista con The New York Times menciona una entrada triunfal de Bolívar a Caracas…

Claro, llegó en una carroza, pero esta no estaba jalada por caballos, sino por chicas de 12 o 13 años, en vestidos blancos, con flores en el cabello y siempre eran las más bonitas. Esa fue su forma de entrar después de una victoria, todos presentaban a sus hijas para que jalaran la carroza de Bolívar.

 

¿Era algo que se había visto en otro lugar?

Eso no lo sé con exactitud. Pero la única vez que leí algo parecido fue en esta organización. Ahora, no es algo que él pedía, sino que la gente lo ofrecía y se dio cada vez que ganó una batalla.

 

También descubrió que hubo gente que intentó asesinar a Bolívar…

Sí, varias veces. Una sucedió en una fiesta de disfraces y otra, mucho más seria, en el edificio donde él vivía. En esta última participó un grupo de 25 o 30 personas que iban a matarlo porque decían que el tiempo de Bolívar ya había pasado y debían matarlo. Entraron a la casa y fue su mujer, Manuela Sáenz, quien lo salvó. Él no tenía sus botas, las había dejado fuera de la habitación para que las limpiaran, entonces se tuvo que poner las botas de Sáenz, saltó por la ventana y se escondió debajo de un puente. Cuando entraron los atacantes, Bolívar ya no estaba. Yo creo que ese fue el momento en el que todo cambió para él, ahí terminó su voluntad.

 

¿Cuándo sucedió eso?

El 25 de setiembre de 1828.

 

Y el primer intento, ¿cómo fue?

Durante una fiesta. Nuevamente Manuela Sáenz lo salvó. Al ver que intentaban entrar al baile donde estaba Bolívar, ella empezó a gritar desde la puerta; empezó a hacer un escándalo para que Bolívar se diera cuenta. Él se dio cuenta de que era un mensaje para salvar su vida y escapó.

 

¿Por qué tantos atentados contra él?

Al final tuvo una muy baja popularidad. Para 1826 la gente lo percibía como alguien con demasiada ambición por la victoria, alguien que era más un dictador y tomó ese rol en el Perú. Cuando regresó de Lima a Caracas ya tenía la reputación de ser demasiado ambicioso para su propio bien. Cosechó bastantes enemigos, como (Francisco de Paula) Santander en Colombia y (José Antonio) Páez en Venezuela. Ambos estaban muy celosos de su poder. Lo que empezó ahí fue el deseo de botar a este señor que quería unir a todas las repúblicas en un Estado muy fuerte. Esa idea hizo que perdiera el apoyo de sus generales, ellos querían su propia república para cada uno.

 

¿Qué ha descubierto sobre la entrevista en Guayaquil entre San Martín y Bolívar?

Fue un encuentro muy misterioso porque no había nadie en el cuarto y cuando se retiraron nadie dijo nada. Pero más tarde, en cartas, puedes ver lo que dijeron los dos a otras personas. Con eso uno puede construir una imagen de lo que pasó.

 

¿Cómo es esa imagen?

Fue increíble para San Martín, fue un momento muy grave y perturbador. Él entró al imperio de Bolívar, ¿te imaginas a San Martín entrando como alguien que llega para pedir? San Martín tenía mucho control de sí mismo, era muy reservado. En cambio, Bolívar lo invitó a un baile que costó un montón de dinero, pero Bolívar era así, una persona de fiesta, de alegría; mientras San Martín era muy serio. Bolívar se negó inicialmente (a ayudarlo) porque quería saber quién tendría el poder. San Martín entendió muy bien que la única forma en que Bolívar podía entrar al Perú era si él se retiraba. Por eso dejó el país a medianoche, sin decirle nada a nadie.

 

San Martín muere olvidado en París bajo los cuidados de su hija Mercedes. ¿Tiene detalles sobre cómo murió Bolívar?

Murió en Santa Marta. Estaba muy enfermo, tenía un caso muy serio de tuberculosis. Él había dejado Bogotá y se fue por el río a Santa Marta con la intención de viajar a Europa para encontrarse con Manuela Sáenz. Pero estuvo tan enfermo que no pudo partir, así que lo acogieron en una hacienda. Para esto, el presidente Páez no permitía el ingreso de Bolívar a Venezuela, y Santander quería que se fuera de Colombia. Bolívar falleció en esa hacienda a los 47 años, sin un centavo y detestado. Estuvo tan pobre que cuando murió no tenía una camisa para ser enterrado. El doctor que lo atendía tuvo que pedir una prestada. Ese fue el fin de Bolívar.

Entre dos mundos. Marie Arana, Autora de “Bolívar: American Liberator”. Ha sido editora en “The Washington Post” y jurado en los premios Pulitzer.

“Como cualquier ser humano, llegué a llorar”

Radamel Falcao García
Radamel Falcao García

“¿Quién es mejor? Retuit si votas por la vaca. Favorito si votas por Falcao”. El tuit apareció en una cuenta británica de chistes en octubre de 2015, justo cuando Radamel Falcao García, el máximo goleador de la selección de Colombia, el artillero que a punta de desmarques y golazos había clasificado a su país a un mundial de fútbol después de 16 años de ausencia, pasaba por uno de los momentos más oscuros de su carrera: su paso por el fútbol inglés.

Los cinco goles que marcó durante los dos años que jugó en el Manchester United y en el Chelsea lo convirtieron en el principal objetivo de listas, artículos y noticias que se regodeaban en su fracaso para convertirlo en una avalancha de retuits y de páginas vistas. El resultado del tuit registró 1,063 retuits y poco más de 200 favoritos. En más de un blog se referían a él como “Failcow” –una palabra inventada en inglés que junta el término fail, fracaso, con cow, vaca– y en las entrevistas, los hinchas más condescendientes eran francamente crueles: “¿Falcao? ¡Me había olvidado de él! Dios mío, qué malo era. No vale absolutamente para nada, parece que solo tiene una pierna y que no puede ni andar. Me da hasta un poco de pena”, dijo el escritor inglés Hanif Kureishi, fanático del Manchester United.

La rabia visceral da resultados extraordinarios. Mientras sus equipos se lavaban las manos con declaraciones tibias, o simplemente con el silencio, los medios se apresuraron a crucificar al delantero y los hinchas, como si fueran ovejas guiadas por falsos pastores, le hicieron eco al vía crucis del “Tigre”. Cuando se acabó la temporada 2015, el Mirror, por ejemplo, señaló que Falcao, para el Manchester United, había sido “un error sumamente costoso”, The Telegraph lo incluyó dentro de las cinco peores contrataciones de la temporada. Lo peor es que la avalancha de odio no paraba en el Viejo Continente: en Colombia, su propia tierra, alguien dijo que Falcao era un “exfutbolista”.
Cuando le preguntan sobre esa época de su vida, Falcao desvía la mirada y hace un chasquido con la lengua. Cualquiera diría que él no quiere hablar de eso, pero después mira al periodista a los ojos y dice con firmeza. “Hay momentos en que uno se quebranta. Hay situaciones difíciles que uno no puede contener y como cualquier ser humano, lloré”.

El drama de Falcao comenzó el 22 de enero de 2014, en un partido del Mónaco contra el Chasselay, un equipo de la Cuarta División francesa: “el Tigre” recibió el balón en el borde del área, lo pisó, se dio media vuelta y picó hacia el arco, pero desde el centro Soner Ertek, un defensa del rival, se barrió para derribarlo justo en el instante en que apoyaba la pierna izquierda para definir. Desde el piso, Falcao pidió penalti, pero de repente sus gestos cambiaron y ya no le interesaba tanto el penalti, sino su rodilla. Cuando entraron los médicos, Falcao se llevó las manos a la cara y empezó a negar con la cabeza. No lo podía creer.

La rotura del ligamento cruzado de la rodilla izquierda lo sacó casi seis meses de los estadios. Después de una operación de rodilla, empezó un largo proceso de fisioterapia que llevó a cabo en Madrid y justo cuando sus compañeros de la selección de Colombia viajaban a Brasil para disputar el mundial de fútbol, él se refugió en Miami con su familia y apenas vio los partidos por televisión. Otros los vio solo, ya en su apartamento en Mónaco. “Era muy duro”, dice Falcao con desgano. “Después de todo lo que había vivido, no poder estar ahí era complicado, pero creo que lo viví como un hincha más”.
Pero “el Tigre” volvió. Para olvidar su mal paso por Inglaterra, volvió a jugar con el Mónaco. Marcó 30 goles en la última temporada, incluyendo dos de antología, un tiro libre letal contra el París Saint-Germain en el que confirmó el liderazgo de su equipo en la liga francesa y un inolvidable “globito” contra el Manchester City en la Champions League. Además, se convirtió en un grave problema para los técnicos rivales: “Era uno de los mejores delanteros del mundo y ahora está volviendo. Es extraordinario y peligroso, es un zorro en el área”, dijo Massimiliano Allegri, el técnico de Juventus, cuando le preguntaron. Diego Simeone, técnico del Atlético Madrid, también testificó sobre su resurrección: “Tiene una rebeldía y una fuerza interior enorme. Su presente es extraordinario”.

Falcao se consolidó como el capitán indiscutible de los rojiblancos. Con su experiencia fue capaz de organizar a Mbappe y Mendy –dos figuras en ascenso del fútbol europeo– en un ataque demoledor que consiguió el título de la liga francesa y que llegó hasta las semifinales de la Champions League. El único problema que ha tenido que enfrentar este año es una investigación tributaria que adelantan las autoridades españolas.

Finalmente, el 7 de junio de 2017, en un partido amistoso de la selección de Colombia contra España, “el Tigre” picó hacia el área pequeña, cazó con un salto un tiro de esquina que cobró James Rodríguez y mandó el balón al pie del poste. Fue su gol número 26 con la camiseta amarilla, el gol que lo puso a encabezar en solitario la lista de goleadores históricos de la selección de Colombia, que compartía desde 2015 con Arnoldo Iguarán. Después de celebrar, Falcao, como siempre, señaló hacia el cielo, pero luego se tapó la cara y la sonrisa con las manos, como si no pudiera creer lo que ya sabía: que ese gol era la confirmación absoluta de su resurrección.

Le dicen “Tigre” porque un día, cuando jugaba en las dimensiones menores del River Plate –a donde llegó cuando tenía 15 años–, jugó tan bien que un compañero colombiano le dijo en broma que iba a salir en la sección “El tigre de la jornada”, un espacio de un programa de televisión en el que se perfilaba al mejor jugador de la fecha profesional del fútbol argentino. Lo que empezó como un chiste se quedó para siempre, porque ver jugar al “Tigre” es entender que para meter gol se necesita la habilidad de un depredador capaz de cazar una pequeña presa –el balón– dentro del área rival.

Su primer gol con la selección de Colombia, casualmente, lo marcó casi 10 años antes de consagrarse como el máximo goleador del equipo: sucedió el 3 de junio de 2007 en el estadio de Matsumoto, una ciudad de Japón donde Colombia jugaba un campeonato amistoso. En el partido contra Montenegro, un joven Falcao de 21 años corre por el centro de la cancha mientras Colombia arma una jugada por la derecha; frena en seco para desmarcarse de un defensa rival, caza en el área un pase de David Ferreira y, como si fuera la cosa más fácil del mundo, manda el balón con fuerza al pie del poste izquierdo para marcar un gol. “La tenía clara”, dice Falcao. Mientras recuerda, se le iluminan los ojos y como un niño narra cada uno de los pases de ese gol con el que empezó a convertirse en uno de los ídolos deportivos de Colombia.

Hasta su lesión, en 2014, tuvo varios años de gloria: fue campeón de Argentina con el River Plate; campeón de la liga, la copa y la supercopa de Portugal con el F. C. Porto; campeón de la Copa del Rey española con el Atlético Madrid; y dos veces campeón de la Europa League con el F. C. Porto y con el Atlético Madrid. Marcaba más de 30 goles en cada temporada y el precio de su pase aumentaba exponencialmente. En 2012 Pep Guardiola, que entonces era el técnico del Barcelona, dijo que Falcao era el mejor delantero de área que había en el mundo. No habló de Higuaín, ni de Suárez, ni de Diego Costa: habló del “Tigre”, de Radamel Falcao García.

Conoció a su esposa, Lorelei Tarón, en una iglesia cristiana de Buenos Aires cuando jugaba en las inferiores del River Plate, y en 2007 se casó con ella. Hoy viven en Mónaco y tienen dos hijas, Dominique, de cuatro años, y Desiree, de dos. A principios de este año, Falcao anunció que tendría un tercer bebé que va a nacer en agosto, justo antes de que comience la etapa final de las eliminatorias suramericanas que definirán los clasificados al mundial Rusia 2018.

Ahora, Colombia está en busca de un redentor: “Contra Venezuela y Brasil tenemos que ganar”, dice Falcao sin titubeos, y luego sonríe. En las canchas de todos los barrios del país hay niños que juegan fútbol con el número nueve de su camiseta en la espalda, que imitan sus enganches y jugadas en los partidos de los recreos. “¿A quién le gustaría meterle goles? ¿A Brasil en Barranquilla?”, le preguntan. Falcao se ríe y desvía la mirada: no quiere comprometerse: ¿Para qué echarse encima esa presión innecesaria? Sin embargo, es imposible olvidar que él y sus nueve goles fueron una de las claves para esa mágica selección de 2014 que clasificó a Brasil.

Falcao llega con afán a una suite del hotel Four Seasons Casa Medina, en Bogotá. Lo acompañan cuatro guardaespaldas y algunos ejecutivos de Hublot: está de paso rápido por Bogotá para presentar su edición especial del Hublot Classic Fusion, un reloj de cerámica negra con manecillas de oro rosa que él ayudó a diseñar y del que solo se elaboraron 25 unidades numeradas que llevan, en su honor, la imagen de un tigre en la tapa trasera.

Hay más de 15 personas en el lugar y la presencia de tanta gente resulta agobiante, pero él sortea la situación con profesionalismo: se toma un par de selfis, firma camisetas y posa con seguridad para el fotógrafo. Unos minutos después se prende la grabadora: Falcao habla despacio y reflexiona antes de cada respuesta. Habla Falcao: el máximo goleador de la selección de Colombia, “el Tigre” que, a sus 31 años, quiere cumplir el mismo sueño de cuando era niño: jugar un mundial.

“Yo te libraré de las tristezas que son para ti una carga deshonrosa. En aquel tiempo yo mismo me ocuparé de todos los que te oprimen; salvaré a la oveja que cojea y juntaré a la descarriada. Les daré a ustedes fama y renombre en los países donde fueron avergonzados. En aquel tiempo yo les traeré, en aquel tiempo los reuniré. Daré a ustedes fama y renombre entre todos los pueblos de la tierra cuando yo los restaure ante sus mismos ojos. Así lo ha dicho el Señor”.

Sofonías 3:18.

¿Y el que marcó contra el Manchester City en la Champions?
Claro. Sí, ese también significó mucho.

¿Talvez una revancha con Inglaterra?
Sí, de alguna manera (sonríe).

Del Mónaco se dice que es un equipo sin hinchas, pero evidentemente los tiene que haber. ¿Usted ya tiene ubicados a los hinchas del Mónaco? ¿Lo saludan en la calle?
No… Es que en Mónaco, dentro de la ciudad, vive otro tipo de personas, otra clase. Los verdaderos hinchas están en las afueras de Mónaco. Además, el equipo tiene muchos hinchas por toda Francia; entonces, cuando jugamos de visitantes, siempre se ven muchos hinchas.

¿Cómo se vive un clásico contra el Saint-Germain?
Se sienten mucho en el estadio, pero también son especiales los juegos contra el Marsella y contra el Niza, que es el derbi.

Hablemos de ese paso difícil por Inglaterra. Apenas cuatro goles con el Manchester United y uno con el Chelsea entre 2014 y 2016. Pero no hablemos del fútbol, sino de su vida cotidiana en Manchester y en Londres.
Manchester es una ciudad sin muchas oportunidades de vida social o para distraerse. Ahí era más la vida en familia, en la casa, algo más reservado. Además, el tiempo no ayudaba mucho, era bastante difícil por la lluvia y el frío. Y la experiencia de vivir en inglés y en un inglés diferente… porque el de Manchester no es ese inglés que hablan en Londres, sino que es más local, más cerrado, el acento es complicado. En cambio, Londres sí es una ciudad maravillosa, quizá una de las mejores del mundo. Uno se encuentra con culturas de todas partes y para mí fue una experiencia de vida muy buena.

¿Le dejó amigos?
Tengo conocidos, sí. Gente muy cercana. Pocas personas, pero Inglaterra sí me dejó amigos.

¿Jugadores?
Sí. Tanto en los clubes como afuera.

¿Qué tal fue para usted haber jugado con Wayne Rooney?
Un jugador superespecial, un ícono del fútbol inglés y del Manchester United. Un capitán. Conmigo fue muy cercano: me ayudó mucho, me invitaba a interaccionar con él, aun con la barrera del idioma y de las costumbres.

¡Pero su inglés debe ser bueno, Falcao!
Pero en ese momento no tenía la fluidez que tengo hoy. Eso no quiere decir que no hable bien el idioma, sino que si el acento de Manchester es complicado, el de él, que es de Liverpool, es muchísimo más difícil.

2017 es un año importante: en febrero se cumplieron 10 años del debut con la selección y en junio también se cumplieron 10 años de su primer gol, frente a Montenegro…
Sí, 10 años. Pasaron muy rápido, realmente. En ese entonces Jorge Luis Pinto era el entrenador. Él me llamó por primera vez a un amistoso que jugamos en la ciudad de Cúcuta contra Uruguay. Casualmente, ese mismo día debutaron Luis Suárez y David Ospina.

¿Ah, sí?
Sí. Tuve la oportunidad de entrar en la segunda parte y aunque perdimos, fue superespecial.

¿Se acuerda en dónde estaba cuando lo llamó Pinto?
Me acuerdo de que estaba de pretemporada con el River Plate. Eso fue en enero y me llegó el fax de la federación donde me convocaban para ese partido. Fue para mí algo muy especial, es algo que nunca voy a olvidar.

¿A quién le contó de primero que iba a jugar con la selección?
A mi familia. Estaban mis padres, mis hermanas, y en ese entonces ya estaba con Lorelei, mi esposa, pero de novios. Entonces le conté a ella también.

¿Lo acompañaron a Cúcuta?
No, no fueron, estaban en Argentina. Yo viajé un lunes, llegué muy tarde en la noche, entrené el martes y el miércoles fue el partido. No hubo tiempo para planear.

Y el gol frente a Montenegro ¿cómo lo recuerda?
Fue en Japón, en una gira que hicimos justo antes de la Copa América 2007. Fue el primer partido: una jugada que hizo Colombia, empezó por la izquierda, cambiaron a la derecha, Sergio Herrera se la pone a David Ferreira, él me da la pelota y yo solamente tengo que definir. La tenía clara.

¿Cuál fue la diferencia entre ese primer gol y el número 26, que le hizo a España hace poco?
No, es que el primero es muy emocionante. El primer gol con tu selección tiene mucho significado: por ser el primero, porque llevaba poco tiempo en la selección… Es especial el primer gol.

¡Pero este contra España fue un récord!
Claro, y tiene eso de especial, que rompe un récord.

A finales de este año, además, cumple 10 años de casado con Lorelei Tarón. ¿Cómo celebran los aniversarios?
Para mí es difícil porque ella tiene tanta imaginación. Hace cosas diferentes que me humillan, prácticamente, me pone en una situación complicada en cada aniversario.

“Nos devolvíamos echando dedo. Claro, porque como uno quería ahorrar dinero o gastarse la plata comprando cualquier cosa, no teníamos para el bus. Tocaba buscar cualquier manera de viajar, ya fuera proponiéndole al conductor del bus un ‘pague dos, viajan tres’ o echar dedo…”.

Falcao en Inglaterra
Falcao en Inglaterra

¿Se acuerda de algún regalo en especial?
Es que siempre hace cosas especiales que yo nunca me imaginaría. Celebraciones únicas, diferentes, llenas de detalles… Y en cuanto a regalos… ¡No! Muchos, ella es muy de darme regalos, pero tanto cosas materiales como sentimentales.

Hablemos de su infancia. Su mamá se llama Carmenza Zárate, pero usted a ella le dice Juana. ¿Por qué?
(Risas) no, es que es de familia, todos le dicen así.

¿Y desde cuándo?
No, siempre. Todos la llaman Juana.

Hay un cuento que dice que cuando usted tenía 12 años y entrenaba en la Liga de Bogotá, se devolvía en una volqueta desde una cancha en el barrio Venecia con Abel Aguilar y Rafael Robayo…
Nos devolvíamos echando dedo. Claro, porque como uno quería ahorrar dinero o gastarse la plata comprando cualquier cosa, no teníamos para el bus. Tocaba buscar cualquier manera de viajar, ya fuera proponiéndole al conductor del bus un “pague dos, viajan tres” o echar dedo…

Ahora volvamos a tiempos más recientes. En las eliminatorias para Brasil 2014, usted y Yepes se convirtieron en unos líderes para la selección. ¿Qué le aportaba cada uno a ese equipo?
Mario era el capitán. ¿Sabe? A veces uno tiene un capitán que no transmite, pero Mario es un capitán que cumple con cada una de las letras de esa palabra. No solo nos representaba como capitán, también nos hacía sentir siempre bien, era el líder. Yo, gracias a la experiencia y a los goles, por lo que estaba haciendo en Europa, pude hacer un aporte que sirvió en algunos momentos para empujar al equipo.

¿Cuál fue el momento en que esa selección hizo el clic y se convirtió en ese gran equipo que todos recordamos?
Yo creo que fue en el partido contra Chile, en Chile. Ese partido fue clave, importantísimo. Habíamos ganado contra Uruguay, pero en casa; luego íbamos a Chile a enfrentarnos con una selección muy fuerte. Cuando ganamos ese partido, nos afirmamos y tomamos confianza para el resto de la eliminatoria.

¿Cuándo se volvieron amigos todos los de ese equipo?
Con muchos veníamos conociéndonos desde procesos de juveniles, entonces teníamos una relación más cercana. Eso fue con la gran mayoría. Otros se fueron agregando en el proceso y se acoplaron rápidamente al grupo: había una buena relación.

¿Tienen un chat de WhatsApp de la selección?
Por momentos, en las concentraciones… A veces tenemos chat.

¿Y quiénes son los más amigos?
Como en todas partes, hay más afinidad con unos que con otros.

Hablemos de técnicos. Cuéntenos qué recuerdo tiene del “Mostaza” Merlo, con quien quedó campeón de Argentina en el River Plate.
Un tipo particular, mítico del fútbol. De esos ya no quedan. Es un técnico de la vieja escuela, lo viví empezando mi carrera y fue una gran experiencia trabajar con “el Mostaza”.

El Simeone del River y el del Atleti.
El del River era muy ofensivo, buscaba los partidos. Realmente era de un fútbol bastante ofensivo. El del Atleti fue otro: hoy quizá lo critican por defender, pero hubo un cambio, sin duda.

Leonardo Jardim, con quien trabaja hoy en el Mónaco.
Leonardo es un tipo muy sagaz, sabe manejar bien los grupos. A mí me dio una confianza y un respaldo importantísimos, así que estoy muy agradecido con él.

Luis van Gaal, en el Manchester.
Un tipo muy estructurado, cuadriculado. Creo que en el fondo era un tipo sensible y que talvez ponía una coraza para que no se viera ese lado cercano al jugador. Pero creo que en el fondo lo era porque mostraba actitudes más humanas que las que vemos por televisión.

Ranieri, en su primer paso por el Mónaco.
Un tipo que sabe vivir bien. Un señor en todo el sentido de la palabra: educado, respetuoso… En el fútbol él sabe manejar códigos, es un tipo muy transparente.

Mourinho, en el Chelsea.
¿Mourinho? Bueno, yo tuve una etapa difícil con Mourinho. Lo tuve seis meses solamente y fue su peor temporada, entonces tuve que ver una cara que quizá no es la de él. Quiero creer que no es la de él.

¿Y Pékerman?
Le gusta el buen fútbol. Tiene ese ojo clínico que ve más allá de lo que otros ven. Además, vio un momento especial en mi carrera y me respaldó. Para mí es muy especial.

“Tigre”, toquemos un tema difícil. En el mejor momento de la selección, a usted le lesionaron el ligamento cruzado de la rodilla izquierda y por cuenta de eso no pudo jugar en Brasil. ¿Dónde se vio el mundial? ¿Dónde estaba en ese momento?
Ufff… Durante el mundial yo estaba en etapa de recuperación. Yo continué la recuperación de mi cirugía durante varios meses. Primero estuve en Estados Unidos y luego me devolví a Mónaco para comenzar los entrenamientos con el equipo. Al principio veía los partidos con mi familia, luego en Mónaco estuve más solo porque tenía que entrenar, entonces por ahí me perdí un poco de todo el ambiente que se vivió en el país.

¿Pero trató de desconectarse o veía los partidos?
¡No! Los vi, los vi. Era muy duro porque después de todo lo que había vivido no poder estar ahí era complicado, pero creo que lo viví como un hincha más.

¿Llamaba a sus compañeros?
Pues tenía relación… Me escribía con algunos, intentaba estar cerca del equipo.

¿A quién le escribía?
Es que no pude compartir ese día a día. Yo estaba lejos. Era más que todo para felicitarlos por las victorias y demás, pero no tenía conocimiento del día a día del equipo.

¿Quiénes son sus grandes amigos, Falcao?
Los del colegio, los de mi iglesia. Ellos son mis grandes amigos.

Cuéntenos cómo fue su relación con los fisioterapeutas y qué fue lo más difícil del proceso de recuperación.
Mi recuperación fue con Joaquín Juan, mi fisioterapeuta personal, en España. Fue una relación que iba mucho más allá del trabajo porque por esos días compartía más tiempo con él que con mi familia.

¿Cómo pasaba el día?
Pasaba el día en la sala de terapias, en la piscina, en el gimnasio… Creamos una relación muy cercana.

¿Todavía se hablan?
Sí, seguimos trabajando juntos.

Esos son tiempos que Dios utiliza para trabajar en el ser humano. Son tiempos en que quizá uno ve desde otra perspectiva lo físico, lo material, lo deportivo. Yo creo que Él vio a un Falcao humano, yo lo sentía trabajando conmigo.

Radamel Falcao
Radamel Falcao

Hace poco su esposa, Lorelei Tarón, lanzó una canción que se llama “No me rendiré”. La canción está dedicada a usted y a esos días duros que tuvo que vivir después de la lesión. Pero frente a eso lo que quiere saber la gente es usted cómo vivió la lesión. ¿Qué sentía en esos días?
Fue duro, fue difícil. Era como un túnel oscuro en el que no se veía la luz, pero había que persistir. Yo creo que todos en la vida tenemos etapas así.

¿Pero qué pasaba cuando volvía a la casa? ¿Llegó a llorar?
Sí, claro. Hay momentos en que uno se quebranta. Hay situaciones difíciles que uno no puede contener y como cualquier ser humano, llegué a llorar.

¿Sintió rabia?
Sí. Yo creo que esas son épocas en que uno siente todos los sentimientos que pueden haber.

Y usted que es tan creyente en Dios, ¿qué le decía a Dios?
Esos son tiempos que Dios utiliza para trabajar en el ser humano. Son tiempos en que quizá uno ve desde otra perspectiva lo físico, lo material, lo deportivo. Yo creo que Él vio a un Falcao humano, yo lo sentía trabajando conmigo.

A Colombia solo le quedan cuatro partidos de eliminatoria de aquí hasta octubre. ¿Vamos a clasificar?
Bueno, dependemos de nosotros, tenemos que ganar. Contra Venezuela y Brasil tenemos que ganar.

¿A quién se ve haciéndole goles?
No sé, no sé…

A Brasil en Barranquilla.
Ojalá.

Ya para terminar le queremos proponer una serie de listas. ¿Cuáles son los cinco mejores partidos que ha jugado?
La final de la Europa League con el Atlético Madrid contra el Athletic de Bilbao, la final de la Supercopa contra el Chelsea, un partido de Colombia contra Paraguay en el que hice los dos goles, un partido del Atlético Madrid contra La Coruña en el que hice cinco y un triplete que hice con River contra el Botafogo.

Cinco grandes equipos que usted haya visto en la historia.
Yo no alcancé a ver mucho del A. C. Milán de Van Basten y Gullit, pero mi papá me hablaba mucho de ese equipo. Ya después seguí mucho al Brasil del mundial de 1994 y al del mundial de 1998, la Francia de 2000 que se ganó la Eurocopa… Y el Barcelona de Guardiola.

Ahora que habla del Brasil de 1998, usted ha dicho que uno de sus ídolos de infancia era Ronaldo, el gordo. ¿Ya lo conoció?
Sí, lo vi. Lo conocí en la gala del Balón de Oro, pero no pude conversar mucho. Pero para mí siempre fue un referente.

“Fue duro, fue difícil. Era como un túnel oscuro en el que no se veía la luz, pero había que persistir. Yo creo que todos en la vida tenemos etapas así”.

Falcao
Falcao

Y otro punto de la lista: tres nueves que admire.
Ronaldo, Van Basten y… no sé. ¿El tercero quién puede ser? En su momento admiré a Batistuta, a Crespo y a Van Niestelroy.

Y la última pregunta: ¿cuál es su cita favorita de la Biblia?
Uy, no sé, tengo varias.

Pero una que sienta cercana últimamente.
A ver… Sofonías 3, creo que es del 18 o del 19 para adelante.

¿Y de qué se trata?
Búsquela. Habla de la restauración de Dios.

Brasileños eran “esclavos” de una iglesia en EUA

Sufrimiento. Para Juliana Oliveira, estar en esta Iglesia fue como “ser una rana en una olla de agua hirviendo, sufre, pero no puede saltar”.

Cuando André Oliveira respondió al llamado para dejar su congregación en Brasil vinculada a Word of Faith Fellowship (Hermandad Palabra de Fe) y mudarse a la matriz de la Iglesia en Carolina del Norte a los 18 años, los líderes de esta le quitaron su pasaporte y dinero para mantenerlos seguros, según le dijeron.

Atrapado en el extranjero, fue obligado a trabajar 15 horas diarias, usualmente sin paga, primero limpiando bodegas para la hermética Iglesia evangélica y luego en negocios propiedad de altos ministros, señaló. Cualquier quebranto de las reglas podía causar la ira de los líderes de la Iglesia, señaló, y derivar en golpizas o la humillación pública desde el púlpito.

“Fuimos traídos de contrabando. Sabían lo que hacían. Necesitaban mano de obra y nosotros éramos mano de obra barata… más bien, mano de obra gratuita”, afirma Oliveira.

Fundadora. Esta foto, proporcionada por un exmiembro de la Comunidad
de la Palabra de Fe de Brasil, muestra a la fundadora Jane Whaley con niños en la
iglesia en Spindale, Carolina del Norte.

Una investigación periodística halló que la Word of Faith Fellowship utilizaba las dos ramas que la Iglesia tenía en el país más grande de Latinoamérica para canalizar un flujo constante de trabajadores jóvenes que llegaban con visas de turista y estudiante a sus instalaciones de 14 hectáreas (35 acres) en el pueblo de Spindale, ubicado en un área rural.

Bajo la ley estadounidense, los visitantes con visas de turista no pueden realizar trabajos por los que la gente normalmente sería compensada. Aquellos con visas de estudiante pueden trabajar un poco, bajo circunstancias que no se cumplían en la Word of Faith Fellowship.

En al menos una ocasión, los exfeligreses alertaron a las autoridades. En 2014, tres exmiembros le dijeron a una vicefiscal federal que los brasileños eran forzados a trabajar sin sueldo, según una grabación obtenida.

“¿Y golpean a los brasileños?”, preguntó Jill Rose, ahora fiscal en Charlotte.
“Definitivamente”, respondió uno de los exfeligreses. Los ministros “casi siempre los traen acá para que trabajen gratis”, dijo otro.

Aunque se escucha a Rose prometer que investigaría, los exmiembros dijeron que nunca respondió cuando reiteradamente intentaron contactarla en los meses que siguieron a la reunión.

Rose se negó a hacer comentarios para este reportaje, bajo el argumento de que hay una investigación en curso.

*

Oliveira, quien huyó el año pasado de la Iglesia, es uno de 16 brasileños exfeligreses que le dijeron que fueron forzados a trabajar, con frecuencia sin sueldo, y agredidos física y verbalmente. La agencia noticiosa también revisó varios reportes policiales y quejas formales presentadas en Brasil relacionados con las duras condiciones impuestas en la Iglesia.

“Nos tenían como esclavos”, cuenta Oliveira entre pausas para secarse las lágrimas. “Éramos prescindibles. No significábamos nada para ellos. Nada. ¿Cómo le puedes hacer eso a la gente: decirles que los amas y luego golpearlos en nombre de Dios?”

Con frecuencia, los brasileños hablaban poco inglés cuando llegaban, y a muchos les confiscaron sus pasaportes.

Mensaje. Este y otros libros escolares usados por los miembros de la
Iglesia de la Palabra de Fe en Brasil muestran fuertes distorsiones. En lugar de la
sexualidad humana, por ejemplo, el ciclo de vida se enseña mediante
la reproducción de plantas.

Muchos varones trabajaban como albañiles; las mujeres como niñeras y en la escuela primaria y secundaria de la Iglesia, dijeron los exmiembros. Una brasileña que solía ser feligresa contó que solo tenía 12 años la primera vez que la pusieron a trabajar.

Aunque funcionarios de inmigración en ambos países indicaron que era imposible calcular la cantidad de seres humanos traficados, al menos varios cientos de jóvenes brasileños han emigrado a Carolina del Norte en las últimas dos décadas, según entrevistas con exmiembros.

Las revelaciones de trabajo forzado son las más recientes de una investigación en curso que expone años de abuso por parte de la Word of Faith Fellowship. Según entrevistas exclusivas con 43 exmiembros, documentos y grabaciones hechas en secreto, se reportó en febrero que los feligreses eran golpeados, abofeteados y asfixiados con frecuencia en un intento por “purificar” a los pecadores sacándoles los demonios a golpes.

La Iglesia rara vez ha sido sancionada desde que Jane Whaley, líder de la secta y exprofesora de matemáticas, la fundó en 1979 con su esposo, Sam. Otro reporte previo explicaba cómo los líderes de la Iglesia les ordenaban a los feligreses que les mintieran a las autoridades que investigaban los reportes de abusos.

Se hicieron varios intentos para obtener comentarios para esta historia de los líderes de la Iglesia en ambos países, pero no respondieron.

*

Bajo el liderazgo de Jane Whaley, la Word of Faith Fellowship creció de un puñado de seguidores a unos 750 fieles en Carolina del Norte y un total de casi 2,000 miembros en sus iglesias en Brasil y Ghana, y sus filiales en Suecia, Escocia y otros países.
Los miembros visitan el recinto de Spindale de todas partes del mundo, pero Brasil es la principal fuente de mano de obra extranjera. Whaley y sus principales asistentes visitan las sedes brasileñas varias veces al año.

El exmiembro Thiago Silva dice que estaba emocionado cuando abordó el avión en la ciudad brasileña de Belo Horizonte para asistir a un seminario de la Word of Faith en Carolina del Norte en 2001. Tenía 18 años y esperaba utilizar su visa de turista para conocer gente nueva y visitar Estados Unidos.

Pronto se dio cuenta de que “no habría felicidad”.

“Nos tenían como esclavos”, cuenta Oliveira entre pausas para secarse las lágrimas. “Éramos prescindibles. No significábamos nada para ellos. Nada. ¿Cómo le puedes hacer eso a la gente: decirles que los amas y luego golpearlos en nombre de Dios?”

“Los brasileños vienen aquí para trabajar. Te digo, así es”, dice Silva. Califica el trato de “una violación a los derechos humanos”.
Silva, ahora de 34 años, recuerda haber estado entre un grupo de brasileños que trabajaron junto a estadounidenses, a los cuales sí les pagaban, pero a los suramericanos no, agregó.

Silva y otros también cuentan que Whaley tomó control total de la vida de los feligreses de ambos continentes, al dictar condiciones básicas de vida como dónde vivían y lo que podían comer, e incluso concertó matrimonios forzados con estadounidenses para que pudieran permanecer en el país.

La falta de libertad era generalizada, explican. Silva, por ejemplo, cuenta que podía llamar a sus padres solo si alguien que hablaba portugués monitoreaba la llamada.
“No hay libre albedrío”, dice. “Hay el albedrío de Jane”.

Arrepentido. Thiago Silva habla durante una entrevista en su casa en Marlborough, Massachusetts. Este brasileño de 34 años de edad se arrepiente de no abandonar antes la Iglesia de la Palabra de Fe.

A lo largo de dos décadas, la Word of Faith Fellowship absorbió dos iglesias en Brasil en las ciudades surorientales de Sao Joaquim de Bicas y Franco da Rocha.

Durante sus frecuentes visitas, Whaley les decía a los miembros brasileños de su rebaño que podían mejorar tanto su vida como su relación con Dios en un peregrinaje a la Iglesia matriz, según varios de los entrevistados. El estilo de devoción brasileño era inferior, decía con frecuencia.

Además de prometerles un mayor rango en la Iglesia, algunos cuentan que también fueron persuadidos con la oportunidad de asistir a la universidad, aprender inglés y ver un poco de Estados Unidos.

Otros dicen que sentían que simplemente no tenían otra opción.

En el campo. Los miembros visitan el complejo Spindale de todo el mundo,
pero Brasil es la mayor fuente de mano de obra extranjera.

Mientras tanto, las estrictas reglas implementadas en Spindale estaban siendo impuestas en Brasil, por lo que se presentaron denuncias a la policía y hubo una audiencia legislativa en 2009. Pero la Word of Faith nunca enfrentó ninguna censura oficial –muchas de las acusaciones se reducían a la palabra de exmiembros contra la Iglesia–, y el tráfico humano seguía, incluso cuando los padres brasileños decían que les cortaban por completo la comunicación con sus hijos en Carolina del Norte.

Calificada como “rebelde” porque siendo niña le respondía a los pastores, Elizabeth Oliveira, sin parentesco con André, dice que con frecuencia era aislada durante días en las casas de varios ministros en Sao Joaquim de Bicas.

Enviarla a Estados Unidos era una forma de “corregir” su mal comportamiento. Dice que tenía 12 años cuando hizo su primer viaje largo a Spindale y de inmediato la pusieron a trabajar. Ayudaba en la escuela durante el día, luego cosía ropa y era niñera en las tardes, a veces bastante después de la medianoche, dijo Oliveira. Nunca le pagaron, comentó.
Ahora de 21 años y estudiante de Medicina en Belo Horizonte, Oliveira dice que rompió lazos con la Iglesia tras su octavo viaje a Spindale.
“Sufrí tanto ahí”, afirmó. “Cuando cumplí 18 me fui y me dijeron, una vez más, que moriría por mi cuenta en la vida y me iría al infierno”.

Desde los cinco años, Ana Alburquerque viajó con sus padres a Spindale desde Brasil 11 veces a lo largo de más de una década. Con el tiempo, cuenta, atestiguó tantos gritos y empujones para “eliminar demonios” que comenzó a ver ese comportamiento como algo normal.

En sus últimos tres viajes se unió a un grupo de más de una veintena de adolescentes brasileños que se quedaban hasta seis meses con visas de turista.
“Llegan contigo y te dicen: ‘Podrás conocer Estados Unidos de América. Podrás ir a los centros comerciales’”, explica. “Pero cuando llegas ahí todo está controlado”.

Alburquerque, ahora de 25 años, dice que trabajó tiempo completo sin paga: como asistente de maestro en la escuela durante el día y al cuidado de hijos de feligreses durante la noche.
Su ajuste de cuentas llegó durante su viaje final, cuando tenía 16 años. Alburquerque dice que Whaley y otra ministra la azotaron repetidamente con una tabla de madera mientras gritaban que era “impura” y estaba poseída por el demonio.
“¡Reza para que salga de ti!”, recuerda Alburquerque que la exhortaron durante una sesión de 40 minutos. Durante sus últimas dos semanas en Spindale, Alburquerque se enfrentó a días de aislamiento forzado, lecturas de la biblia, amenazas de ser llevada a un pabellón psiquiátrico y las negativas de Whaley de permitirle hablar con sus padres. Finalmente le permitieron volver a Brasil, donde abandonó la Iglesia.

Luiz Pires tenía 18 años en 2006 cuando ministros de la iglesia de Sao Joaquim de Bicas lo motivaron a viajar a Carolina del Norte para su mejoramiento espiritual.

Vulnerables. Este es uno de los vecindarios de bajos ingresos cerca del Ministerio
Evangélico Comunidad Rhema, o el Ministerio Evangélico Comunitario de Rhema, en
Franco da Rocha, Brasil, en la mayor área de Sao Paulo.

Al llegar, cuenta, le parecieron “horrorosas” las condiciones de vida, con ocho personas apretujadas en el sótano de la casa de un líder de la Iglesia, forzadas a trabajar largas horas en negocios relacionados con la institución. Cualquier pago se destinaba a gastos para vivir, dice Pires, a pesar del hecho de que él y otros limpiaban y hacían jardinería en la casa del feligrés donde vivían.

“Nunca había tiempo para sentarse. Nos hacían trabajar como esclavos”, recuerda.

El exfeligrés Jay Plummer supervisaba los proyectos de remodelación del negocio de un líder de la Iglesia y confirma que sus colegas estadounidenses recibían un sueldo, pero no los brasileños que trabajaban con ellos.
“Trabajaban por alojamiento y comida, y no tenían opción”, explica Plummer. “Y cuando no querían trabajar y lo expresaban, solo se metían en problemas”.
Paulo Henrique Barbosa había escuchado las historias de terror sobre la vida en Spindale. Pero la influencia de la secta era tan fuerte que explica que él sentía que debía obedecer cuando los líderes de la Iglesia en Franco da Rocha –con apoyo de sus padres– le dijeron que tenía que viajar a Spindale en 2011, a sus 17 años.

Los pastores le dijeron que, de negarse, violaría la voluntad de Dios.
“Todo el mundo sabía que estos no eran viajes turísticos”, cuenta Barbosa, ahora de 23 años y con un trabajo en tecnología de la información en Sao Paulo. “No quería ir, pero no tenía opción”.

Ya en Spindale, las condiciones fueron peores a lo que temía. Durante seis meses ayudaba en la escuela en las mañanas y trabajaba como albañil en las tardes y noches, a veces hasta la 1 de la madrugada. Nunca le pagaron.

La Iglesia controlaba todo lo que hacía, de acuerdo con Barbosa, incluso prohibiéndole comer entre comidas. La televisión, la música y ciertos productos de marca estaban prohibidos.

Las revelaciones de trabajo forzado son las más recientes de una investigación en curso que expone años de abuso por parte de la Word of Faith Fellowship. Según entrevistas exclusivas con 43 exmiembros, documentos y grabaciones hechas en secreto, se reportó en febrero que los feligreses eran golpeados, abofeteados y asfixiados con frecuencia en un intento por “purificar” a los pecadores sacándoles los demonios a golpes.

Según Barbosa, dormía en el sótano de un miembro de la Iglesia, con unos 15 jóvenes más. Y estaba prohibido hablar portugués.

Cualquiera que superara los cinco minutos permitidos en el baño era sospechoso de cometer el “pecado” de la masturbación, y Whaley era convocada a la casa para que dictara el castigo.
Si parecía que alguno de los hombres había tenido un “sueño impuro”, recuerda Barbosa, todos eran despertados, ordenados a rodearlo, sacudirlo varias veces y gritar en sus oídos para “expulsar los demonios”, una práctica que la Word of Faith llama “blasting”.

Barbosa asegura que pidió regresar a Brasil muchas veces “pero siempre me dijeron no, que la voluntad de Dios era que me quedara”.

Irse por su cuenta parecía imposible. Había volado a Charlotte, a más de una hora de Spindale, no poseía un auto y tenía poco dinero. No conocía a nadie fuera de la Iglesia y no hablaba inglés. Solo se le permitió regresar a Brasil cuando iba a expirar su visa de turista. “Desde niño eres adoctrinado para creer que dejar la Iglesia significa que te irás al infierno, o te dará cáncer o sida”.

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Se han documentado repetidas violaciones a las visas de turista y estudiante obtenidas para los miembros de la Iglesia brasileña.

En la mayoría de los casos, los brasileños llegaban a Carolina del Norte con una visa de turista de seis meses para servicio en la Iglesia, en ocasiones en grupos de 20 o 30. Algunos regresaban a su país tras unas semanas; otros se quedaban el tiempo completo.

Quizá para evadir las leyes que prohíben dar empleo a los visitantes, los líderes de la Iglesia a veces se referían al trabajo forzado como “trabajo voluntario”, según brasileños entrevistados en ambos países.

Dicho trabajo incluía tumbar paredes e instalar muros de mampostería en apartamentos propiedad y alquilados por un alto ministro de la Iglesia y sus familiares.

Ross Eisenbrey, del Instituto de Política Económica en Washington, D. C., un centro de estudios que se enfoca en temas laborales, dice que las propiedades en alquiler son “para negocios con fines de lucro para los cuales los inmigrantes no pueden ser voluntarios” bajo la Ley de Normas Laborales Justas.

Algunos de los entrevistados explican que habían sido atraídos a ir a Estados Unidos en parte por las promesas de obtener una educación universitaria, pero fueron incapaces de estudiar o asistir a clases por sus estrictos horarios laborales.

Expansión. En el transcurso de dos décadas, la secta estadounidense tomó
el mando de dos congregaciones en Brasil, y aplicó una estricta interpretación de la biblia,
reforzándola mediante rigurosos controles y castigos físicos.

“Había ocasiones en que terminaba las 4 de la mañana y sabía que tenía que levantarme a las 8 para ir a trabajar. Me sentaba ahí, observando mis libros. Pero, ¿cómo puedes concentrarte? Simplemente estás muy cansado”, dice André Oliveira.
Exfeligreses dicen que muchos brasileños más llegaron con visas de turista, y varios centenares de adolescentes se quedaron períodos extensos.

La experiencia de André Oliveira, ahora de 24 años, es ilustrativa.

Después de viajar por primera vez a Spindale en 2009, dice que se tardó varios meses en obtener permiso para regresar a Brasil. De vuelta a casa, él y otros fueron forzados a mudarse a la casa de un ministro, donde trabajó limpiando durante meses hasta que le dijeron que “era la voluntad de Dios visitar Spindale, en esta ocasión con una visa de estudiante”.

Cuando regresó a Carolina del Norte, los ministros otra vez le quitaron el pasaporte y lo pusieron a trabajar en compañías propiedad de ministros de la Iglesia, cuenta. Tomó algunas clases universitarias, pero no tenía tiempo para estudiar.

“Un día típico comenzaba así: empezaba a trabajar a las 9 de la mañana y terminaba 15 o 16 horas después, a veces más”, comentó. “No parábamos”. Oliveira y otros aseguran que tenían pocas opciones salvo seguir órdenes.

“Sabíamos lo que pasaría: nos gritarían, condenarían, golpearían. ¿Y qué vas a hacer? No tienes a dónde ir, no hablas el idioma, no tienes documentos. Entonces trabajas”, relata Oliveira.

“Era trabajo de esclavos”, agrega Rebeca Melo, de 29 años, quien creció en la Iglesia en Brasil y visitó Estados Unidos unas 10 veces para labores religiosas y viajes con su familia.
Esas visitas incluían paseos para hacer compras, pero dice que las cosas fueron muy diferentes cuando se mudó a Spindale en 2009 con una visa de estudiante. “No quería mudarme ahí. Jane dijo que era la voluntad de Dios”.

Melo cuenta que le quitaron su pasaporte y rápidamente fue puesta a trabajar. A pesar de su visa de estudiante, funcionarios de la Iglesia fueron claros de que la escuela no debía ser su objetivo, agrega. “Las visas de estudiante solo eran un medio para que estuviéramos ahí legalmente”.

*

El tipo de “amor” de Whaley también jugó un papel importante para que los hombres brasileños quisieran ir a Spindale, y mantenerlos ahí una vez que expiraran sus visas, según 10 exfeligreses.

Algunos de los entrevistados cuentan que hombres brasileños –así como varios miembros de la Iglesia de otros países– obtenían su tarjeta para la residencia permanente y permiso de trabajo al estar “casados” con mujeres estadounidenses en la institución.

El matrimonio arreglado para evadir las leyes migratorias de Estados Unidos es ilegal.

Los matrimonios concertados también servían para subsanar el hecho de que la congregación de Spindale tenía más mujeres solteras que hombres, dijeron los exmiembros. Bajo las reglas de Whaley, los feligreses no pueden tener una cita con alguien fuera de la Iglesia, mucho menos casarse.

“Puedo contar al menos cinco o seis brasileños que se mudaron aquí para casarse con una chica estadounidense”, dijo Melo. “Nunca jamás considerarían permitirte salir con alguien afuera de la Iglesia”.
Según Silva, con frecuencia Whaley le dijo a la gente que Dios le decía con quién debían casarse o usaba su mano dura en la vida de los feligreses para concertar relaciones.

Silva recuerda a una joven pareja brasileña enamorada que, de casarse, no hubiera podido quedarse en Estados Unidos al expirar sus visas. Whaley quería que el hombre se quedara en Spindale, así que le dijo que era la “voluntad de Dios” que se casara con una estadounidense, narra.

A punto de expirar su visa, André Oliveira dijo que los líderes de la Iglesia le encontraron una prometida.

No pasó mucho tiempo después de que la exintegrante Kim Rooper se uniera a la Iglesia de Spindale cuando le pidieron que se casara con un ecuatoriano cuya visa estaba por expirar.
Rooper, una estadounidense que ahora vive en Tampa, Florida, dice que la entrenaron para hacer que el matrimonio pareciera legítimo ante las autoridades migratorias, como por ejemplo, tener un álbum de fotos de la pareja.

“Para no hacer larga la historia, llegó la hora de consumar el matrimonio y pasé apuros con eso”, explica. “Tuve problemas porque no lo amaba y no sentía atracción por él”.
Los líderes de la Iglesia le dijeron que era la “voluntad de Dios” que se sometiera a su esposo. “Y ahí supe que tenía que escapar”.

Pareja. Jane Whaley, fundadora de la Iglesia, aparece en esta imagen acompañada de su esposo, Sam, centro derecha, y otros durante una ceremonia en Spindale.

El éxodo de los venezolanos que buscan refugio para retomar sus terapias contra el VIH

Problema crónico. Miles de pacientes reclaman en las calles la falta de medicinas en Venezuela.

Una tarde de septiembre de 2016, un empleado del Ministerio de Salud venezolano llamado Antonio regresó a su casa sin el antialérgico que necesitaba su esposa. Después de largas horas de recorridos por farmacias vacías en el estado de San Francisco de Apure, solo tuvo una certeza: ambos tenían que abandonar el país. El estrés por la escasez permanente de alimentos y medicinas estaba minando sus defensas y su situación se complicaba al ser ambos pacientes con VIH. Era urgente que retomaran sus terapias, pero en una Venezuela sin reservas de antirretrovirales ni pastillas tan básicas como para tratar una gripe o una infección, la incertidumbre de la espera resultaba tan nociva como la propia enfermedad. La pareja no podía saberlo entonces, pero su lucha por salvar su vida los llevaría a hacer un largo viaje por tres países de América Latina para recibir atención médica y los fármacos vitales para controlar el virus del sida. La última estación sería Perú.

Antonio y Pamela viven en Lima con su hija pequeña desde hace nueve meses. Se instalaron en una habitación alquilada al norte de la capital del único país donde pudieron encontrar un empleo para cubrir sus gastos básicos. “Necesitábamos retomar nuestras terapias, pero sobre todo vivir sin angustia. Eso ayudó mucho a disminuir nuestra carga viral”, dice Antonio, un hombre de mediana estatura y gestos pausados, sentado en el local de una organización civil que vigila el abastecimiento de antirretroviral.

Esta familia forma parte de una oleada de siete mil venezolanos que consiguieron permisos de permanencia temporal en el país este año, con facilidades dadas por el Gobierno, según datos de la Superintendencia Nacional de Migraciones. Aunque no hay estadísticas oficiales sobre el número específico de personas que llegaron de Venezuela por razones de salud, desde noviembre de 2016, la ONG Grupo Impulsor de Vigilancia Sobre Abastecimiento de Medicamentos Antirretrovirales (GIVAR) ha registrado 20 casos de venezolanos con VIH que vinieron con el objetivo específico de retomar sus terapias para controlar esta enfermedad. “Nos siguen llegando correos de personas que piden que las ayudemos para que reciban aquí los medicamentos de manera gratuita”, explica Marlon Castillo, coordinador de este colectivo ubicado en San Martín de Porres, un extenso distrito al norte de Lima.

En realidad, Perú no es la primera opción de los venezolanos que emigran por razones de salud. Antes buscan ayuda en las ciudades ecuatorianas de Quito y Guayaquil, a las que llegan tras un agotador viaje por tierra que cruza San José de Cúcuta, Colombia, la zona más próxima al Puente Internacional Bolívar, colindante con Ecuador. Los migrantes eligen ir primero a Ecuador porque los trámites para que los ciudadanos extranjeros accedan a los servicios de salud y al tratamiento antirretroviral de manera gratuita son rápidos –ciertamente más que en Perú. Solo necesitan presentar un carnet de identificación, su historia clínica y acudir a algunas charlas de orientación. “El problema allá es otro. No encontramos trabajo y nos quedamos sin dinero”, cuenta Pamela, una mujer de 36 años, voz alegre y manos expresivas, quien era profesora en una escuela pública de su país. Ahora trabaja como vendedora en una tienda de ropa en el centro de Lima. Antonio, que también era empleado público, ha conseguido un oficio como ayudante en una fábrica de polos del emporio textil de Gamarra.

Antes de ingresar a Perú, la pareja recibió atención en el Hospital de Infectología de Guayaquil por unas semanas, pero tomó la decisión de venir al país cuando se enteró de las facilidades migratorias dispuestas por el presidente Pedro Pablo Kuczynski. Hasta hace unos meses, los venezolanos debían obtener un permiso de estancia como refugiados, pero en enero de 2017 el Gobierno aprobó un permiso temporal de permanencia exclusivamente para ciudadanos de ese país. Este documento, que tiene una vigencia de un año, les permite estudiar, trabajar y atenderse en un servicio de salud aunque carezcan de seguro médico. “Este apoyo es humanitario, por la situación que está pasando Venezuela. Es una forma de devolver lo que antes ellos hicieron por los peruanos en la época del terrorismo”, dice un vocero de la Superintendencia Nacional de Migraciones.

Hasta fines de 2016, el Sistema Integral de Salud (SIS) ya tenía registrados 2,667 ciudadanos con carnet de extranjería, lo que les permite recibir atención médica en calidad de asegurados. La situación de los migrantes venezolanos es distinta porque muchos de ellos aún no tienen este documento. “Este caso está siendo estudiado para ver cómo vamos incorporándolos al seguro con una contribución mínima”, dice María Cecilia Lengua Hinojosa, médica encargada de la gerencia de riesgos y evaluación de las prestaciones del SIS.

Los pacientes extranjeros con VIH reciben sus medicinas sin pago alguno, ya que el tratamiento antirretroviral es de acceso universal y gratuito en todo el mundo. Sin embargo, aquellos que carecen de seguro médico en Perú deben pagar por los chequeos clínicos una tarifa que puede ser evaluada en los servicios de asistencia social de los hospitales.
Esos datos aparecían en grupos en Facebook creados por otros migrantes venezolanos para ayudarse a seguir la ruta hacia Perú. Los esposos Pamela y Antonio se convencieron así de que esta era una oportunidad. Entonces, cruzaron en automóvil el pueblo fronterizo de Huaquillas (Ecuador) con dirección hacia Zarumilla (Perú), pernoctaron unos días en Tumbes y luego tomaron un bus interprovincial que los condujo finalmente hasta Lima. “Volver a empezar no fue fácil, pero hemos tenido mucha suerte. Ahora recibimos atención en el hospital San José del Callao”, dice Pamela.

Una pandemia fuera de control

La tarde del 3 de mayo pasado, Caracas se quedó sin electricidad y el activista Jonathan Rodríguez, presidente de la ONG StopVIH, no tuvo otra opción que recurrir a la batería de su auto para recargar su celular y seguir nuestra entrevista por un canal de WhatsApp. “Hay personas que se mueren todos los días por la escasez de medicamentos e insumos hospitalarios en Venezuela”, escribió mortificado. “El Gobierno solo muestra indiferencia”, añadió.

La organización de Rodríguez ha documentado 66 graves episodios de desabastecimiento de 25 antirretrovirales desde noviembre de 2009 hasta la fecha. Esta situación ha puesto en riesgo la vida de las más de 65 mil personas con VIH que dependen de las medicinas que compra el Estado venezolano para mantenerse con vida. Sin tratamientos oportunos o debido a problemas que los empujan al abandono, muchos pacientes corren el riesgo de hacerse resistentes a los medicamentos y su pronóstico se complica.

“Lo que está sucediendo en Venezuela va en contra de todos los esfuerzos globales para controlar la pandemia. Que no haya tratamiento antirretroviral sostenible en un país va a traer consecuencias graves para su población: habrá más enfermos debilitados, más casos de nuevos infectados y más muertos. Ahora, con el problema migratorio, está el riesgo también de llevar virus mutados resistentes fuera de las fronteras venezolanas, lo que empeorará la situación del VIH en el mundo”, dice Jesús Aguais, director de la organización civil Aid for Aids, con sede en Estados Unidos.

En 2012, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) ya advertía que Venezuela era el país con más problemas de abastecimiento de antirretrovirales en América Latina, una situación que se agudizó en los últimos dos años y que ahora impide mantener bajo control esta enfermedad. Las cifras disponibles de ONUSIDA revelan que las muertes relacionadas al VIH/Sida en este país se han incrementado. “En 1997 no superaban las mil; en 2015 llegaron a los 3,300 casos”, indica Michela Polesana, oficial de Comunicaciones de este organismo de Naciones Unidas para la región. Este no es el único problema: en Venezuela viven también 44 mil personas infectadas con VIH que desconocen su diagnóstico y cada año se suman un promedio de 5,600 nuevos enfermos.

Pese a este desolador panorama, el Ministerio de Salud venezolano no agilizó las acciones de prevención del virus y las compras de las medicinas para los pacientes infectados. En 2014 el Gobierno reconoció que de las 30 medicinas para el VIH de su lista de compras, solamente estaban cubiertas 14. Menos aún garantizó las provisiones de otros medicamentos esenciales, como cicatrizantes y anticoagulantes.

StopVIH ha documentado 66 episodios de desabastecimiento de 25 antirretrovirales que ha puesto en peligro la vida de más de 65 mil pacientes de VIH.

A comienzos de 2017, la situación llegó al límite: el 90 % de las medicinas de alto costo, en su mayoría antirretrovirales y oncológicos, no llegó a las farmacias de los hospitales en Venezuela. Las importaciones de fármacos están trabadas debido a que el Estado no tiene suficiente presupuesto para cubrirlas. Según datos del sector farmacéutico en Venezuela, recogidos para The Big Pharma Project, el Ministerio de Salud mantiene desde 2014 una deuda de $4,000 millones con laboratorios proveedores. Ese año, el presidente de la Federación Farmacéutica Venezolana (FFV), Freddy Ceballos, dijo que el régimen recuperaría la confianza del sector si liquidaba el 60 % de la deuda. Pero no hay indicios de que se haya cumplido esta condición.

Las autoridades sanitarias han comprado antirretrovirales a través del Fondo Estratégico de Medicamentos de la OPS en 2015 y 2016. Sin embargo, Antonieta Caporales, una de los tres ministros de Salud que ha tenido Venezuela en los últimos seis meses, dijo en abril pasado que no se pudieron realizar a tiempo las adquisiciones de este año por problemas administrativos. “Conocimos que todo el lote costaba alrededor de $12 millones y el Gobierno no tenía liquidez”, sostiene Alberto Nieves, de la ONG Acción Ciudadana Contra el SIDA (ACCSI) en una entrevista para este reportaje.

El peligro de la resistencia

Cuando Elvis Ortuño partió de Valencia, la ciudad más poblada del estado venezolano de Carabobo, tuvo que desprenderse de su familia, su pareja y su último año de carrera de Educación. Era marzo de 2016, se había enterado de que los antirretrovirales no estaban garantizados para los próximos meses y tuvo miedo por su vida. Llevaba apenas un mes intentando asimilar la noticia de que estaba infectado con el VIH y sus pruebas de carga viral advertían que sus valores de CD4 (un tipo de células que ayudan a combatir las infecciones) ya estaban por debajo de lo normal. “Si me quedaba, corría el riesgo de generar resistencia al tratamiento y sería incapaz de combatir el virus”, explica este joven de 35 años que ahora vive en la ciudad de Trujillo, al norte de Perú.

Al igual que varios de sus compatriotas, Elvis Ortuño exploró en internet las alternativas que había en el extranjero y emprendió un viaje por tierra hacia Guayaquil, Ecuador. El camino no fue sencillo. Le habían advertido que pasaría por continuas revisiones de oficiales de la Guardia Nacional en la zona de Caramuca, en el estado venezolano de Barinas, antes de seguir la ruta hacia su destino. “Nos hicieron bajar del autobús y revisaron nuestros equipajes. Pude ver que se llevaron a dos personas a las que supuestamente les habían encontrado una mercancía ilegal, pero las denuncias de que los propios guardias te siembran cosas son constantes”, relata.

El problema de Ortuño empezó en el puesto migratorio del fronterizo municipio colombiano de San José de Cúcuta, donde los oficiales le impidieron continuar su camino. La única manera para dejarlo pasar era que mostrara un boleto aéreo de retorno a su país, como una especie de constancia de que no se quedaría en Colombia. Durante un día y medio, buscó diversas formas de cruzar la frontera: rogó por horas a los policías y le pidió a un médico que le facilitara un certificado de viaje por razones de salud, pero nada de eso funcionó. Solo cuando mostró la reserva del boleto de avión que le había expedido una agencia de viajes ecuatoriana a la que contactó por teléfono, su pasaporte fue sellado y cruzó la frontera.

“Sabía que al pasar el puente Internacional Bolívar mi vida iba a cambiar. Fue como un signo de esperanza”, cuenta. Elvis Ortuño solo tenía $120 en el bolsillo, su último kit de antirretrovirales para un mes y una maleta pequeña de ropa. Debía continuar el viaje en autobús desde Colombia hacia Ecuador.

Luego de 36 horas de recorrido, este joven venezolano de contextura delgada y piel tostada llegó al puente Internacional de Rumichaca, por donde finalmente ingresó a Ecuador. Su destino era el Hospital de Infectología de Guayaquil y tuvo que hacer más conexiones con servicios de transporte interprovincial para cumplir su objetivo. Por fortuna, en este servicio de salud recibió la atención que esperaba: le dieron los antirretrovirales con solo mostrar su historia clínica y no tuvo inconvenientes para acceder a los chequeos médicos en forma gratuita. El problema llegó siete meses después, cuando no logró hallar un empleo que le permitiera sostenerse. Con esa preocupación volvió a indagar en internet una segunda opción de destino, y esta vez se comunicó por correo con el colectivo GIVAR para que lo ayudara a recibir tratamiento antirretroviral en Perú.

En octubre de 2016, Elvis Ortuño cruzó la tercera frontera para salvar su vida. No llegó a Lima, se quedó a medio camino, en la ciudad de Trujillo, donde consiguió integrarse al programa de tratamiento antirretroviral gratuito del hospital de Belén y se empleó como mozo en un restaurante. Ahora se siente tranquilo, pues sus exámenes clínicos muestran que no se ha hecho resistente a las medicinas pese a que tuvo que interrumpir algunas veces su terapia.

“Si hay muchos pacientes que incrementan su carga viral y se vuelven resistentes a su terapia, la epidemia se descontrolará”, explica el médico Eduardo Sánchez Vergaray.

Sin embargo, esta angustia la viven miles de sus compatriotas infectados que permanecen aún en Venezuela. “Si un paciente con VIH deja de tomar sus medicamentos cuando se encuentra entre el sexto y noveno mes de terapia, su carga viral se incrementará y el fármaco dejará de hacer efecto. Si hay muchos pacientes que se encuentran en esta situación, obviamente la epidemia se descontrolará”, explica el médico Eduardo Sánchez Vergaray, presidente de la Sociedad Peruana de Enfermedades Infecciosas de Perú.

Solo este año se han presentado cinco episodios de escasez de antirretrovirales en Venezuela: desde enero no hay zidovudina en jarabe para niños, y desde febrero tampoco se encuentran reservas de Complera, un comprimido que contiene rilpivirina, emtricitabina y tenofovir. Tan grave como esta situación es que hay pocas posibilidades de medir correctamente los niveles de resistencia de los pacientes con VIH porque no hay insumos para hacer las pruebas. Han pasado tres años desde que se hizo el último examen de genotipo en la población venezolana y desde hace seis meses no hay reactivos para los análisis de cargas virales que cada paciente debe realizarse cada tres o cuatro meses. “No sabemos cómo estamos”, manifiesta Elia Sánchez, infectóloga y expresidenta de la Sociedad Venezolana de Epidemiología.

El VIH era una de las enfermedades a las que el Estado venezolano le dedicó mayor presupuesto desde que se creó el programa nacional para controlar la epidemia en 1999. Sin embargo, el Ministerio de Salud ahora no le da prioridad. “Los esquemas de tratamiento están compuestos de medicinas antiguas. El país no cuenta con terapias modernas porque estas son muy costosas”, dice Sánchez.

Donaciones retenidas

En Venezuela, el Estado es el único responsable de importar los medicamentos para abastecer las farmacias y hay dos organizaciones no gubernamentales que cuentan con un banco de fármacos proveniente de donaciones: Cáritas Venezuela y la Coalición de Organizaciones por el Derecho a la Salud y la Vida (CODEVIDA), a través del programa Acción Minoritaria de Venezolanos, que se abastece de los donativos enviados por compatriotas en el extranjero. Sin embargo, los envíos son cada vez más restringidos y limitados. Alberto Nieves, de la ONG Acción Ciudadana Contra el Sida, denuncia que ha sido testigo de cómo las autoridades se quedaron con lotes de medicinas que llegaron del exterior y que no fueron distribuidas a los beneficiarios.

Además, en 2016, Cáritas Internacional intentó enviar 75,000 unidades de medicinas esenciales, pero las autoridades decomisaron la carga en el aeropuerto. Según voceros de esta organización contactados para este informe, el Gobierno puso restricciones incomprensibles para el ingreso de los lotes de medicamentos.

Si bien en Caracas una parte de pacientes con VIH sobrevive con las últimas reservas de medicinas del Ministerio de Salud, estas no llegan a los estados del interior como Valencia, Maracaibo y Barquisimeto, donde se han reportado casos de niños y adultos con más de cuatro meses sin terapia antirretroviral. Por esta razón, son cada vez más las personas que como Antonio, Pamela y Elvis deciden hacer un largo viaje por América Latina para conseguir los medicamentos y salvar su vida.

En 2016, Cáritas Internacional intentó enviar 75,000 unidades de medicinas esenciales, pero las autoridades decomisaron la carga en el aeropuerto.
Los servicios de salud de Colombia, República Dominicana y Panamá también han reportado grupos de venezolanos con VIH que han ingresado en los últimos dos años a sus programas gratuitos de terapia antirretroviral. No hay datos disponibles sobre el número específico de migrantes con esta condición, pero el éxodo de pacientes preocupa a algunas ONG en Venezuela: temen que llegue el momento en que los sistemas de salud de otros países vean afectados sus presupuestos y reservas de medicinas y empiecen a restringir la cobertura para migrantes. En República Dominicana, por ejemplo, se estimó que el gasto por atenciones a pacientes extranjeros con VIH llegó a $1,480,790 en 2016. La mayoría de los atendidos eran haitianos y venezolanos. “Esta situación se evitaría si el Gobierno reconociera el grave problema de salud pública que tenemos y aceptara sin complicaciones la ayuda humanitaria internacional”, dice Alberto Nieves, de Acción Ciudadana Contra el Sida.

El desabastecimiento generalizado de medicinas desencadenó en mayo una masiva marcha de pacientes y profesionales de salud en Caracas, quienes resistieron las bombas lacrimógenas y la represión de la Guardia Nacional que intentó sin éxito impedir que llegaran hacia el Ministerio de Salud. Las personas enfermas que salieron a las calles tenían un lema: “si no salimos, igual nos morimos por falta de medicamentos”.

*Este reportaje elaborado por Fabiola Torres y Mayté Ciriaco para Ojo Público es parte de The Big Pharma Project y es republicado por LA PRENSA GRÁFICA gracias a un acuerdo de difusión de contenidos con CONNECTAS.

Ecuador va al rescate humedales heridos por el hombre al pie de un volcán

Iniciativa. Vista de la instalación de la campaña “Hacer al planeta verde otra vez”, para mostrar el manto
sombrío del cambio climático desde el sector del volcán Antisana, (Ecuador).

Arriba, como tocando el cielo, aparece imponente el Antisana, un majestuoso volcán ecuatoriano que corona un páramo, que guarda en sus entrañas lo que antaño fueron copiosos humedales, que ahora lucen, a manera de cicatrices, canales abiertos por el hombre para drenar el agua y facilitar el pastoreo.

Más de cuarenta canales recorren un humedal de 14 hectáreas a 4.100 metros de altitud en el área de conservación hídrica del Antisana, situado a menos de una hora de la capital ecuatoriana, en lo que antes eran haciendas ganaderas.

Pero la historia se repite en unas 30 hectáreas a los pies del volcán potencialmente activo, situado en la cordillera ecuatoriana, donde el belga Bert de Bievre, secretario técnico del Fondo para la Protección del Agua (Fonag), llega al extremo de hablar de “exhumedales”.

Por su peso, caballos, vacas y la gran cantidad de ovejas que había antes en la zona, compactaron la cobertura del humedal drenado, que luce a hora como una tupida alfombra verde, a la que comúnmente se refieren como almohadilla pues caminar sobre esta deja la sensación de andar sobre cojines.

El “sobrepastoreo brutal”, como refiere Bievre, terminó hace unos siete años, cuando la empresa de Agua Potable de Quito compró la zona a hacendados, redujo “drásticamente” la carga animal y encargó al Fonag la recuperación del lugar.

En el sector -antaño pantanoso- ahora incluso se puede caminar sin problema pues durante décadas (no se sabe cuántas), ganaderos drenaron el agua a través de canales y, aunque ahora se ha logrado sacar a casi todo el ganado del lugar, el verde y esponjoso suelo todavía recibe la presión de equinos. Pocos, pero hay.

Imponente volcán. Arriba, como tocando el cielo, aparece el volcán Antisana, que guarda en sus entrañas lo
que antaño fueron copiosos humedales, que ahora lucen, a manera de cicatrices, canales abiertos por el hombre
para drenar el agua y facilitar el pastoreo.

Si bien se conocía de la otrora práctica común de los ganaderos de drenar los humedales para evitar que las vacas se ahoguen, solo el sobrevuelo de un dron, a finales del año pasado, reveló la densidad de las heridas que dejó la mano del hombre.

“Fue como cuando volaron con avioneta sobre las Líneas de Nazca y vieron qué no más había ahí en la superficie. Recién ahí pudimos darnos cuenta de la densidad de drenajes”, dice Bievre parado en uno de los humedales, que ahora quieren recuperar con una técnica simple y barata: diques de madera, presión y paciencia.

En medio de un intenso viento frío, Bievre explica animado que las rústicas tablas, colocadas a presión, contienen el agua parcialmente pues permiten un paso controlado del líquido con la intención de recuperar el nivel freático en todo el sector para volverlo nuevamente un pantano inaccesible en “pocos años”.

El asunto requiere paciencia pues la idea no es crear un embalse sino recuperar el humedal en el páramo que colinda con la reserva ecológica Antisana, que extiende sus 120,000 hectáreas entre las provincias de Napo y Pichincha, y que acuna a cóndores, osos de anteojos, pumas, venados, tigrillos y lobos, entre otros.

Con 18 pozos -unos manuales y otros con sensores automáticos- se monitorea la altura del nivel freático, explica a Efe Paola Fuentes, técnica del Fonag cerca de uno de los diques, que deja ver un agua negra acumulada que, a simple vista, da la impresión de ser petróleo liviano pasado por agua.

Pero no, el color negro responde a la acumulación de materia orgánica en el humedal, que es el ecosistema que más almacena ese componente que acopia agua y carbono, y que puede regular la distribución del liquido vital de manera natural.

“El carbono es una sustancia única que se almacena en el suelo, pero con el pastoreo, por ejemplo, cuando se levanta el suelo, se libera carbono a través del CO2 y eso está provocando contaminación también”, se lamenta Fuentes.

El Fonag, que espera que con su técnica de taponamiento el agua no salga con tanta rapidez, monitoreará qué ocurrirá con el líquido cuando se restauren los humedales.

Entre tanto, en agosto colocará diques en la zona alta del humedal y se prepara para intervenir otros con diferentes técnicas pues las zanjas son mucho más anchas y profundas, dice Fuentes con la mirada puesta en el Antisana, de 5,758 metros de altitud, que ve derretir su glaciar por efectos del cambio climático.

Agua que teje comunidad

Foto de indígena frente a cultivos de árboles
Territorio maya . El bosque comunal de Totonicapán, Guatemala, tiene 21,000 hectáreas y es propiedad de los indígenas mayas.

Los indígenas mayas que habitan la zona de Totonicapán, en Guatemala, no solo han preservado por siglos el agua, las cuencas de los ríos y los bosques que la protegen, sino que también han instituido una forma de organización social que resume, en parte, su saber ancestral aplicado a la construcción de la sociedad y la relación del hombre con la naturaleza.

Los mayas de la etnia K’iche’ protegen un bosque comunal de 21,000 hectáreas. De ahí captan el agua para la supervivencia de su pueblo desde hace más de ocho siglos, antes de que existiera el Estado guatemalteco. Pero es solo desde 1920 que bajo la figura de 48 cantones, como se le conocen a las comunidades y cuya organización es una de las más fuertes del país, lograron aglutinarse en una estructura social en la que el agua tiene un papel protagónico.

El bosque de coníferas, uno de los más importantes de Centroamérica, le pertenece a 50,000 personas en una forma de propiedad colectiva. Es una región de cultivadores de maíz, papa, cacao y diversas hortalizas, que funciona bajo una junta de recursos naturales a cargo de más de 1,300 nacimientos de agua. Es un amplio pulmón verde que ha sido reforestado con miles de árboles.

La fuerza y organización indígena de Totonicapán ha permitido que sea una región pujante, con seguridad alimentaria y sin desabastecimiento de agua, uno de los problemas que ya padecen miles de guatemaltecos especialmente en la capital –Ciudad de Guatemala– y en zonas de la costa sur, en el océano Pacífico.

Un grupo de 10 nativos, quienes se distinguen por empuñar bastones de madera de color negro y son reconocidos como autoridades tradicionales, tienen como tarea social preservar el bosque y garantizar igualdad en la distribución del agua a través de 200 comités. “Ukik’el uwach ulew”, pronuncia en lengua K’iche’ Vinicio Modesto Aspop Aguilar, secretario de la junta directiva de 48 cantones, cuya traducción es: “El agua es como las venas que tiene la tierra”. Creencias que han heredado de sus abuelos, las que valoran y preservan.

Hoy debaten cómo las leyes que se buscan implementar en todo el país para el manejo del agua acojan las propuestas que han presentado y que involucran su conocimiento ancestral.

“Es una ley que viene de la cúpula empresarial a su favor. Acá, en Totonicapán, estamos de acuerdo en que se regule el uso del agua, estamos de acuerdo siempre y cuando se plasme o se integren artículos presentados por 48 cantones en los que se respeten nuestras tradiciones y formas de preservación, como el trabajo comunitario”, dice Eddy Alexánder Cániz García, presidente de la junta directiva de recursos naturales, en medio de un diálogo colectivo.

No ha sido tarea fácil llegar a este punto de protección y convivencia. Desde hace muchos años, los mayas, con sus propias manos y gracias a faenas como le llaman a los trabajos comunitarios, han logrado construir 300 captaciones e instalar cientos de kilómetros de tubería para recoger agua de las fuentes que tiene este pulmón verde y entregar el líquido apto para el consumo.

“El que desperdicie agua será sancionado, se le quita por un mes. Primero se le llama la atención verbal, luego se les notifica y si siguen incumpliendo, se les quita”, agrega Eddy Alexánder.

Los mayas son fuertes con sus reglas porque saben que están cuidando parte de la vida del mundo y de su cosmovisión.

Con contadores, miden el consumo diario por familia, pero no se cobra; en caso de que aumente el nivel permitido, se sanciona. “Si la persona tiene activi dades de consumo extra, como por ejemplo, la construcción de una vivienda, debe pedir permiso a su comunidad y esta, en asamblea, se pronuncia al respecto”, aclara el indígena Miguel Antonio Barrero García, vicepresidente de la misma junta, al resaltar que todas las decisiones pasan por mandato de la comunidad.

Durante todo el año hacen faenas y quienes falten a estas citas, también reciben multas. “Si no va tres veces a las faenas, se le quita el agua por un año o deben pagar una multa de 2,000 quetzales”, que equivalen a $250, manifiesta Wálter Giovanni Tzoc, otro miembro de la asociación de 48 cantones.

Las amonestaciones, de igual manera, se dan para aquellos que son sorprendidos deforestando, los que no recogen las basuras en las montañas y para quienes no respetan a las autoridades.

A su turno, el indígena Pedro Luis Yax García menciona que son celosos con el bosque, es decir, no permiten que lleguen extraños. Tratan de evitar que se los quite el Estado o las multinacionales, pues llevan en sus memorias el sufrimiento vivido durante la colonia, el exterminio que padecieron sus pueblos en la época del conflicto armado interno y la discriminación que todavía hoy sufren en Guatemala.

“Es lo único que nos pertenece, el bosque y el agua. Hemos trabajado desde tiempos ancestrales, nadie nos ha ayudado”, expresa con voz firme Pedro Luis.

El agua y su potabilidad es tratada por los mismos indígenas, para ello han recibido orientación técnica de organizaciones como la no gubernamental Ecologic Development Fund, que a través de capacitaciones y apoyo financiero ayudan en la construcción de las captaciones de agua.

“Funciona un sistema de almacenamiento que guarda el agua durante toda la noche, y la conducción que va en tubería hasta las casas, hasta los hogares, que pueden ser de 5 kilómetros, 10 y hasta 20, toda la conservación de estas fuentes se hace por medio de trabajos comunitarios”, explica Fernando José Recancoj Escobar, ingeniero forestal técnico de la ONG Ecologic.

Reglas. En el interior del bosque hay rutas con flechas de colores, de esa manera las comunidades saben a qué cantón pertenecen. Los indígenas que desperdician el líquido reciben multas y sanciones.

Mujer y agua

En el paraje Chuipec, del cantón Panquix, ubicado en medio de un cordón de montañas cubiertas de pino y eucaliptos, y de brisa fresca, reside Mercedes García García. Ella es de estatura mediana, ojos rasgados, mejillas rojizas y vestida de un traje típico colorido bordado a mano. Ha sido una de las pocas mujeres mayas que han logrado integrar la junta de recursos naturales, pues, bajo sus creencias, no permiten que las mujeres se acerquen a los nacimientos del preciado líquido porque se pueden secar.

Dice que el servicio social lo hizo en 2014, apenas cumplió 18 años de edad, por petición de sus padres. En este pueblo de montaña, de gentes amables y de casas pequeñas, todos deben hacer tres servicios a la comunidad, en el caso de que los padres no puedan, sus hijos asumen la misión.

Para Mechis, como la llaman cariñosamente, el primer reto en la junta de recursos naturales fue compartir la tarea con solo hombres. Ahí el machismo es fuerte y las mujeres lo saben.

“Al principio me sentí mal, no le ponía importancia a las cosas, porque, además, siendo una señorita entre los hombres, es complicado, pero ellos saben cómo administrarse. Tuve que asumirlo, pues mi madre no habla el español, solo nuestra lengua, y mi papá se ha ido al otro lado (Estados Unidos) a rebuscarse la vida”.

Ese reto, el de ganar liderazgo ante los hombres, se sumó al de las creencias mayas, pues las mujeres no pueden ir a los nacimientos de agua. Está prohibido. Los abuelos de esta comunidad explican que por ser una mujer el “ajaw” del agua (ajaw es para la cultura maya el universo, el mundo y la persona, es decir, el dueño de todo), las damas no pueden estar ahí, porque todo en la naturaleza es hombre y mujer. “En mi caso eso no me conviene, a veces me cuestiono a mí misma solo porque yo soy mujer se va el agua, eso fue una casualidad, no porque una de mujer pasó por encima del nacimiento, pero como son cosas de nuestros antepasados, tenemos que respetarlas”.

Pese a que Mechis no podía ir a los nacimientos de agua, en el año que estuvo prestando el servicio en el cargo de segunda vocal, participó en distintas actividades: sembró árboles, revisando las tuberías y los puntos de captación, y animando a todos en su comunidad para que participaran en las jornadas de limpieza y en los rituales en busca de la armonía. Ella, además, debía entregar informes de su gestión, pues en el cantón Panquix, sus habitantes –2,450 personas, según el último censo– deben estar enterados de lo que pasa y más si se trata del agua.

“La gente de acá dice que el agua es un espíritu porque no lo podemos tocar. Yo lo valoro demasiado porque me limpia, limpia la casa, hago los alimentos, me calma la sed. ¿Qué haríamos sin agua? Aquí se respeta mucho y se cuida”. Mercedes García reconoce que gracias a sus ancestros, su pueblo hoy vive y resiste ante los fuertes cambios del clima y la contaminación que afronta el mundo entero. “Usted sabe que un árbol tarda muchos años en crecer, pues lo que tenemos alrededor es trabajo de mis antepasados”.

La joven indígena, mientras observa el sol que se asoma por encima de los cerros y enseña los tupidos pinos que quedan cerca de su vivienda, expresa que al entrar por las montañas se siente un frío enorme. “En nuestra nariz y en la garganta nos arde, es el oxígeno; entonces, ¿por qué no valorarlo?”, reflexiona Mercedes al invitar a la humanidad a que ayude a preservar el medio ambiente.

Ella, quien también teje a mano y en telares –una de las formas de subsistencia económica de los indígenas en Guatemala–, comparte que en los diseños que realiza con hilos de distintos colores está plasmada la creencia del agua: “Siempre está el azul, que significa el agua y la vida, y el verde, que simboliza nuestra madre tierra”.

 

Beneficios. Con faenas o trabajos comunitarios, los mayas han logrado construir captaciones de agua que benefician a 50,000 personas en los 48 cantones o aldeas.

Sabiduría ambiental

Un anciano sabedor de la vida y protector del bosque es quien cuida el vivero forestal de 48 cantones.

En 1985, el indígena Agustín Paro Lasques, movido por sus conocimientos en temas medioambientales, llegó a ser parte del grupo de trabajo para proteger el bosque. Un conocimiento comunitario como se refleja en este documental realizado en la zona hace un par de años por los hermanos Thomas y Julian Moll-Rocek.

En el vivero, ubicado a 2 kilómetros del casco urbano de Totonicapán, es quien prepara la tierra, siembra los árboles de diferentes especies y le enseña a quienes visitan el lugar sobre el ciclo de vida que hay en la tierra.

Agustín, de 70 años de edad, menciona que en el vivero hay 158,000 especies de pino, robles, eucaliptos y ciprés romano y común que cultiva año a año para luego sembrarlos en el bosque.

“Ese es un pinabete, una especie de árbol en vía extinción en Guatemala. Aquí lo protegemos”, dice al agarrar un arbolito de un verde intenso que se encuentra ubicado en medio de miles de pequeñas plántulas sembradas en gavetas.

Explica que los árboles que están en el vivero tardan dos años en crecer y estar listos para sembrarlos a lo largo de las 21,000 hectáreas de las montañas comunales. “También enseño cómo clasificar las semillas, en qué mes se sacan. Comparto un poco sobre los cambios de la luna y el mejor momento para la siembra”.

Para Agustín, es importante que quienes visiten el vivero sepan que ese lugar es un espacio de encuentro para compartir conocimientos y hacer prácticas participativas de conservación, pues ahí se reúnen hombres, niños y mujeres a sembrar las semillas de los árboles para luego reforestar el bosque y así evitar que desaparezcan los nacimientos de agua.

El pensamiento indígena también es relacionado con la vida cotidiana; por ejemplo, Agustín menciona que cuando hay conflictos entre las aldeas, “el agua se puede secar”. “Por eso no debemos pelear, ahí entramos a un diálogo, a una negociación”, hace dicha mención con seriedad, pues para los mayas la relación de la naturaleza pasa por todos los aspectos de la vida.

Este hombre, de manos ásperas por labrar la tierra y de una personalidad muy activa, con su experiencia ganada en el largo recorrido de la vida, intenta alfabetizar sobre el cuidado de la tierra.

Los saberes ancestrales de Agustín alrededor de protección del bosque se suman a las creencias mayas de 24 pueblos indígenas que tiene Guatemala. Todos tienen una lucha constante: la de lograr dignidad y el respeto de sus derechos colectivos.

Este reportaje fue elaborado por Edilma Prada para Agenda Propia y es republicado por CONNECTAS gracias a un acuerdo de difusión de contenidos.

El último ataque machista del presidente

Donald Trump

Trump, mujeres y sangre. No es la primera vez que al presidente de Estados Unidos le ocupan estos tres conceptos cuando quiere atacar a una periodista. Hace casi dos años, cuando empezaba su carrera por la candidatura republicana a la Casa Blanca, ya prendió la polémica cuando atizó a la estrella televisiva Megyn Kelly por considerar que había sido demasiado dura con él durante un debate entre los aspirantes conservadores. “Le brotaba sangre de los ojos, le brotaba sangre de… cualquier parte”, espetó. Aquellas palabras, por el tono, la pausa y el contexto, se interpretaron como una referencia a la menstruación y la alteración hormonal. La presentadora le había hecho hincapié precisamente en otros exabruptos de Trump, que había llamado “gorda” y “cerda” a la actriz Rosie O’Donell, entre otros casos. Aquello causó el primer alboroto republicano, le retiraron la invitación a un acto en el que participaba como ponente y una horda de políticos conservadores salió en tromba a criticarlo.

Donald Trump, presidente de los Estados Unidos de América.

Hace 10 días volvieron las hemorragias, las de Trump con las mujeres y las de republicanos soliviantados. El presidente sacudió a los famosos presentadores de un programa televisivo matinal muy crítico con él (“Morning Joe”, de la MSNBC), Joe Scarborough y Mika Brzezinski, aunque optó por cebarse en la mujer: “La loca de Mika, de bajo coeficiente intelectual, y el psicópata de Joe vinieron a pasar tres días a Mar-a-Lago (el resort de Trump en Florida) por Nochevieja e insistieron en verme. Ella sangraba mucho por un estiramiento de cara. ¡Dije que no!”, tuiteó.

Millonario, incendiario, concienzudamente machista y bendecido por los votantes, es imposible no compararle con Silvio Berlusconi, que se aposentó en el Gobierno de Italia durante 17 años a prueba de barrabasadas. Esta última astracanada de Trump ha provocado una indignación como no se recordaba desde que llegó a la Casa Blanca. Más allá de personajes del gremio y rivales políticos, varios republicanos han clamado contra su presidente. El senador Lindsey Graham dijo que este tipo de mensajes “representa lo peor de la política en América” y Ben Sasse le suplicó: “Por favor, pare, esto no es normal y está por debajo de la dignidad de su cargo”. “Estamos intentando mejorar el tono del debate pero esto no ayuda”, lamentó Paul Ryan, líder de los conservadores en el Congreso.

¿Puede un presidente comportarse así sin que ocurra nada? ¿Qué países se imaginan algo así posible en sus gobernantes? Trump, volcánico y agresivo en las redes sociales, ataca la política económica de Alemania con la misma ligereza que llama fracasados a periódicos como The New York Times. El público estadounidense, tan orgulloso de su historia y sus instituciones, parece ya resignado a que su presidente se comporte de ese modo, pero este último dislate machista, tan virulento y dirigido a una persona concreta, parece haber cruzado una línea roja.

Lo parece, pero no es así. A Trump no se le ha resistido frontera alguna hasta ahora. Se impuso con autoridad en las primarias republicanas ante más de una docena de rivales pese a todos los excesos machistas y racistas en su haber, y venció luego a Hillary Clinton en las elecciones con nuevos méritos en ese terreno, como cuando la interrumpió en un debate diciendo “¡Qué asquerosa es esta mujer!” o se difundió un video suyo de 2005 en el que, en una pausa de un programa televisivo, se jactaba de poder manosear a las mujeres sin su consentimiento gracias a su fama y poder. “Cuando eres una estrella, te dejan hacerles de todo. Puedes hacer lo que quieras… agarrarlas por el coño. Puedes hacer lo que quieras”, se jactó entre risas. A tres semanas de las elecciones, aquello puso al empresario neoyorquino en el punto más crítico en su relación con el Partido Republicano, cuyos pesos pesados le abandonaron. La reconciliación llegó con la victoria electoral.

Ahora es presidente de Estados Unidos y, aunque su nivel de popularidad general está en mínimos de la historia de América, el porcentaje de aprobación entre los propios republicanos resiste por encima del 80% desde que juró el cargo, de la misma manera que más del 80 % de los conservadores le votó el 8 de noviembre por fidelidad de partido. El empresario ya llegaba a la carrera política con un historial marcado por acusaciones de acoso o sexismo.

Los republicanos tienen ahora la mirada puesta en las elecciones legislativas de 2018 y son proclives a soliviantarse cuando creen necesario para su electorado. Algunos expertos señalan que, en realidad, la personalidad de Trump es tan exagerada que a los conservadores les ayuda a marcar diferencias con el presidente y no les preocupa un voto de castigo. Comprobaron en noviembre que no se da. Llegado a la política como el candidato de la incorrección política, ha hecho del matonismo una bandera. “Combate el fuego con fuego”, justificó este jueves la Casa Blanca respecto de los insultos a Mika Brzezinski. “Si te atacan, golpea 10 veces más fuerte”, ha dicho Melania Trump a través de su portavoz, lo que choca en una primera dama que ha fijado la lucha contra el bullying como una de sus prioridades.

“Él habla claro”

Algo muy habitual en los mítines de Trump, o cuando uno viaja a los territorios que le han llevado a la Casa Blanca, es que sus seguidores disculpen estas actitudes machistas (a veces en forma de insulto, a veces en forma de piropo a una reportera que está trabajando junto a compañeros varones). “No es un político”, justificaban algunos, como si en realidad el lenguaje natural es el del desprecio a las mujeres y es la corrección de la comunicación política la que lo atempera. “Claro que no me gusta su estilo, pero le juzgaré por sus actos”, señalan también. “Él habla claro, dice lo que los demás no se atreven” es otro clásico.
Estos comentarios suelen venir de hombres y mujeres. Entre los votantes de Trump conviven los que sienten cierto regocijo revanchista ante las trumpadas, enfadados por lo que consideran un yugo de corrección política, los que le quitan hierro a los ataques racistas y machistas y los que no se lo quitan pero priman otros intereses: su defensa del derecho a tener armas, su promesa de rebajar impuestos, la aversión a Clinton…

El papel que el sexismo ha tenido en las elecciones presidenciales de Estados Unidos se ha analizado mucho, el que penalizó a la demócrata como candidata y el que considera que las actitudes de Trump no son para tanto. La sangre que tanto ocupa a Trump cuando se trata de atacar a las mujeres, en su caso, nunca llega al río.

Característica. Trump ha hecho del matonismo otra forma de hacer no solo campaña electoral, sino también de ejercer la política desde uno de los puestos más influyentes del mundo.