Opinión

por Jacinta Escudos, Gabinete Caligari

 

Jacinta Escudos
Escritora

Renovar el sistema económico

“El hombre moderno no puede comprender el espíritu de una sociedad que no esté centrada en la propiedad y en la codicia”, decía el psicoanalista alemán Erich Fromm.

A fines de mayo pasado, el Foro Económico Mundial emitió un reporte donde advierte que a más tardar para 2050, deberá aumentarse la edad de retiro de los ciudadanos. Además, estos deberán pagar cuotas más altas que las actuales, para poder mantener los sistemas de pensión a flote.

Dicho reporte estudió los seis sistemas de pensiones más grandes del mundo, correspondientes a Estados Unidos, el Reino unido, Japón, Holanda, Canadá y Australia. Los ciudadanos de estos países nacidos hoy en día tendrán una expectativa de vida que se prevé llegará a los 100 años.

En los países europeos, donde la edad promedio para el retiro laboral es de 60 años, los retirados podrían tener que vivir todavía algunas décadas, teniendo su pensión como único ingreso económico. Esto significará también que los correspondientes gobiernos deberán ampliar sus servicios sociales para dar abasto a una población que va en aumento cada año.

Dichos pensionados serán los afortunados, en comparación con quienes no cotizan ni tienen previsiones económicas a futuro. Para estos, la pobreza y el deterioro de su estatus de vida están predichos. La sociedad rechaza contratar a personas mayores de 50 años, a menos que sea en labores mal pagadas, apelando a prejuicios sobre limitaciones físicas, de aprendizaje o de lucidez e inteligencia.

La discriminación etaria y la exaltación de la juventud como motor productivo y social no solo invisibiliza a los mayores expulsándolos del mercado laboral, sino también de la toma de decisiones sobre las necesidades y cambios políticos que se necesitan para mejorar la calidad de vida de dicho bloque poblacional.

Con la creciente automatización de servicios y la también creciente cantidad de trabajos que ya están siendo realizados por mecanismos de robótica o inteligencia artificial, el mercado laboral se torna cada día más competitivo y escaso. Ni la acumulación de estudios universitarios, ni la juventud del postulante ni mucho menos su talento, cualidades, buenas intenciones o ganas de triunfar garantizan por sí solos el poder obtener un empleo.

Miles de personas se ven obligadas a entrar en el área del trabajo informal, el autoempleo o fundar pequeñas empresas para ofrecer algún producto o servicio. Sin embargo, estos emprendimientos individuales suelen tener una vida limitada. Pocas subsisten o logran consolidarse y expandirse porque la competencia del gran mercado los ahoga. La mayoría termina cerrando, fusionándose con otros emprendimientos, siendo vendidos al mejor postor o declarando la bancarrota.

De esto derivan en parte, las masas de migrantes que se establecen en otro país. Aferrados a su sentido nacional y reproduciendo las costumbres y la vida del país dejado atrás, no se integran culturalmente al país receptor. Los hay quienes comercializan los productos que nutren y fortalecen esa nostalgia. Los hay quienes encuentran la muerte por buscar la vida en otra parte, porque sus países no ofrecen las oportunidades necesarias para poder tener una vida digna.

Todo esto debería llevarnos a reflexionar sobre la inconsistencia del sistema económico actual y de la urgencia de su renovación. No hay ni habrá nunca suficiente trabajo para todos en todas partes. La fuerza laboral, de todas las edades y capacidades, aumenta a ritmo veloz cada año. Aunque los gobiernos y las empresas emitan estadísticas triunfales sobre el aumento en la cantidad de empleos, habría que examinar la calidad de los mismos (trabajos en condiciones de esclavitud, que exprimen hasta el alma de los empleados por sueldos infames, pero que nadie se atreve a abandonar ni a denunciar porque más valen esos pocos centavos en mano que aventurarse a lo que termina convirtiéndose en la frustrante odisea de buscar empleo).

En 1973, el economista británico E. F. Schumacher publicó el libro “Lo pequeño es hermoso. Economía como si la gente importara”. Ya entonces, Schumacher advirtió sobre lo insostenible del modelo económico moderno, que considera los recursos naturales como mercancía, en vez de ser considerados como un capital, dada su condición no renovable.

También criticó conceptos como “el mayor crecimiento económico es mejor” o “lo más grande es mejor”, haciendo notar cómo ello promueve la acumulación de riqueza excesiva.
Uno de los capítulos del libro, “Economía budista”, aboga por la reconversión de esas nociones de sobreproducción masiva hacia formas manejables de autogestión comunal; la renovación del intercambio de bienes o trueque como forma de pago; y la organización mediante colectivos locales, cuyos individuos trabajen en los oficios para los cuales tienen aptitud. Ello permitiría que comunidades y vecinos establezcan verdaderas redes sociales (no electrónicas), cuya calidad de vida mejoraría a partir de un desarrollo enfocado en la realización del ser humano en todo su potencial y no limitado a ser considerado como un instrumento productivo, cuyo único objetivo es el consumo de bienes.

Muchos pensaron que las propuestas de Schumacher eran soñadoras e irrealizables, porque dicho cambio de modelo económico no podrá realizarse si no hay un cambio de mentalidad individual.

“El hombre moderno no puede comprender el espíritu de una sociedad que no esté centrada en la propiedad y en la codicia”, decía el psicoanalista alemán Erich Fromm en su libro “¿Tener o ser?”, publicado en 1976. “Para tener éxito se debe ser capaz de imponer la personalidad en competencia con muchos otros. Si para ganarse la vida se pudiera depender de lo que se sabe y lo que se puede hacer, la propia estima estaría en proporción con la propia capacidad, con el valor de uso; pero como el éxito depende en gran medida de cómo se vende la personalidad, el individuo se concibe como mercancía o, más bien, simultáneamente como el vendedor y la mercancía que vende”. Las palabras de Fromm resuenan como si se hablara de nuestro tiempo.

Las perspectivas a futuro obligan a repensar el sistema económico y convertirlo en un sistema más humano y equitativo, como el modelo propuesto por Schumacher. Es una idea soñadora, sí. Pero si no hacemos algo hoy, algo al respecto, nuestros hijos y nietos vivirán mañana tiempos más duros que los actuales.

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  • 4 Junio, 2017 / Opinión de Jacinta Escudos  (SÉPTIMO SENTIDO)

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