Opinión

por Jacinta Escudos, Gabinete Caligari

 

Jacinta Escudos
Escritora

Premios para reflexionar

Quien se dedica a la escritura en la región centroamericana, sobre todo a la novela, lo hace porque está maldito o bendito (nunca sabré la diferencia) por el fuego literario.

La literatura centroamericana está de fiesta. Un par de días después de que Claribel Alegría recibió en Madrid el Premio Reina Sofía de Poesía Hispanoamericana, se anunció al escritor Sergio Ramírez como ganador del Premio Cervantes 2017.
Claribel Alegría, nacida en Santa Ana, de madre salvadoreña y padre nicaragüense, ha dedicado su vida a la poesía con lealtad inquebrantable. Su casa en Managua, donde vive desde la década de los ochenta, ha sido un espacio de tertulia e intercambios literarios entre numerosos artistas, escritores, académicos, periodistas e intelectuales de diferentes rumbos y edades.
Sergio Ramírez, quien se dedica a la escritura desde que abandonó su carrera política, ha sido por su parte un activo promotor de la literatura centroamericana, liderando iniciativas como la revista electrónica Carátula y el encuentro de escritores Centroamérica Cuenta. La idea de Sergio siempre ha sido hacer visible nuestra literatura e insertarla en el discurso literario internacional.
El Premio Reina Sofía y el Premio Cervantes son los dos más altos reconocimientos a la literatura escrita en castellano. El premio logrará, sin duda alguna, enfocar algo de la atención internacional en la narrativa y la poesía de la región. Pero más allá de la eventual mirada internacional a partir de ambos premios, estos deberían funcionar también como un punto de reflexión para las instituciones públicas y privadas de nuestros respectivos países, para reconsiderar la visión y la relación que se tiene desde las instituciones existentes con los autores y sus libros.

Cada país de Centroamérica cuenta con un grupo de escritores talentosos, de diferentes edades, que escriben sobre un sinnúmero de temas. Pero los lectores no suelen tener acceso a libros centroamericanos o desconocen por completo lo que se escribe en los demás países de la región. Muchas veces no conocen ni lo que se escribe en el propio país, a menos que el autor esté publicado en una editorial internacional que le permitirá leerlo, tanto porque su obra es más visible como porque circula un poco mejor; aunque a veces ni así, porque las empresas distribuidoras de libros y las librerías suelen negarse a mover “producto” que no les garantice la recuperación del gasto.

Las editoriales privadas llenan un poco los vacíos de publicación, pero su limitación de recursos económicos y humanos les impide garantizar una mejor visibilidad o distribución del libro. Por desgracia, la pasión con la que muchas de estas pequeñas empresas se incorporan al oficio editorial no es suficiente para solventar los retos monetarios, y la mayoría termina cerrando operaciones poco tiempo después de inauguradas.
Por su parte, las instituciones públicas dedicadas a la cultura no tienen como prioridad la literatura. En El Salvador, por ejemplo, no existe un tan solo concurso de novela. Los que había dentro de la convocatoria de los Juegos Florales fueron eliminados. Tampoco existen becas para creación, residencias artísticas ni eventos literarios que permitirían el intercambio de escritores nacionales con internacionales. Estas actividades favorecen no solo el intercambio y la renovación de ideas, sino que también fomentan la construcción de redes y contactos que el escritor aprovecha para hacer difusión, tanto de su obra como la de sus colegas, única alternativa que nos queda a los centroamericanos para leernos entre nosotros.
Quien se dedica a la escritura en la región centroamericana, sobre todo a la novela, lo hace porque está maldito o bendito (nunca sabré la diferencia) por el fuego literario. Escribir poesía en la región es igual de azaroso, sobre todo por el prejuicio de que es “un género fácil”. Las editoriales evitan publicarla porque dicen que es “un género que no vende”.
Los que estamos en el oficio de la escritura en Centroamérica lo hacemos por vocación comprobada, porque si hay algo que te enseña el ejercicio de la escritura desde esta azarosa región es a perseverar en una labor ingrata que no rinde frutos monetarios y otorga escasas satisfacciones individuales.
Docenas de escritores centroamericanos, ya formados o en formación, intentan desde sus respectivos países capturar las inquietudes del tiempo y la geografía que les ha tocado vivir. La variedad de la literatura de nuestras pequeñas y atribuladas repúblicas es lo que convierte a la región en una zona rica de joyas literarias que corren el riesgo de ser olvidadas debido a la falta de reedición de libros, a la falta de conservación de los manuscritos, bibliotecas y documentos de los archivos de escritores que fallecen, a la falta de una bien diseñada carrera de Literatura en las universidades, que profundice y amplíe el estudio de dichas obras y que las inserte en el estudio de las corrientes mundiales de la literatura; y también, a la falta de una reforma educativa que reconfigure los actuales programas de Letras en la educación secundaria, que siguen matando de tedio a miles de adolescentes, imponiéndoles un canon literario para el cual no tienen todavía las herramientas formales de conocimiento como para apreciarlo en todo su valor, y que lejos de crear hábitos de lectura o una base de cultura literaria los hace aborrecer los libros y hasta despreciar o ver de menos a los narradores locales.
Para quienes se inician en el oficio literario, en estos tiempos cambiantes y confusos, los premios mencionados al inicio pueden servir como aliciente y ejemplo. Ambos, Claribel y Sergio, han dedicado sus vidas a la escritura. La perseverancia y la disciplina son caminos hacia la experiencia, que a la larga puede producir excelencia en el texto escrito.
Los escritores y poetas centroamericanos estamos cumpliendo nuestra parte, trabajando de forma anónima y por cuenta propia, escribiendo y procurando excelencia literaria. ¿Pero cuándo se levantará la cultura literaria y editorial en nuestra región y cuándo se modernizará el tratamiento de la literatura, tanto de parte del Estado como de las instituciones privadas?, ¿cuándo acelerarán el paso para ponerse a la altura de la calidad de nuestros autores?

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  • 3 diciembre, 2017 / Opinión de Jacinta Escudos  (SÉPTIMO SENTIDO)

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