Opinión desde acá

por Rosarlin Hernández, El prado de los soñadores

 

Rosarlin Hernández
Periodista

No es lo mismo un chucho salvadoreño que un perro suizo

Cada uno representa una réplica bastante clara de la calidad de vida y de los patrones culturales de sus respectivos países.

Después de observar atentamente a los chuchos salvadoreños y a los perros suizos, tengo la hipótesis de que el comportamiento de estos animales es una réplica bastante clara de la calidad de vida y de los patrones culturales de cada país.

Los perros en Suiza gozan del estatus de animales de “compañía” en todo el sentido de la palabra. Sus dueños salen a pasear con ellos como quien sale con su mejor amigo o amiga. Conversan con ellos, los lucen limpios y sanos, ambos se cuidan de cumplir con todas las reglas de convivencia ciudadana… En fin todo hace armonía con el aire puro, el agua potable fresca, los parques de película y los jardines de revista que hay en todo el país.

Está comprobado que salir a dar un paseo con un perro en Ginebra aumenta las posibilidades de establecer una comunicación espontánea con otras personas en la calle. Los perros están presentes en la señalización de la ciudad y ocupan un lugar importante dentro de las familias suizas.

A diferencia del respeto y el reconocimiento que tienen los perros en la sociedad suiza, en El Salvador, los chuchos no son animales de compañía, son “compañeros” de penurias, de trabajo, de peligros y especialmente, de sobrevivencia.

Decenas de chuchos de todos los colores y estaturas recorren las calles de El Salvador en la rebusca de comida y de un lugar dónde dormir un poco y tomar agua, para seguir en la lucha. Con una oreja mordida, la cola quebrada o patojeando demuestran que están dispuestos a todo en un país en el que lo único que funciona es la ley del más fuerte.

Para ellos el destino está escrito, sin casa, sin comida y sin educación deberán sortear muchos peligros para seguir vivos. En El Salvador es común atropellar un perro sin interrumpir el viaje. Nadie se detiene, nadie se conmueve porque en El Salvador el valor de la vida es bastante cuestionable.

Pero ¿qué pasa cuando un chucho salvadoreño que migra a Suiza? El chucho migrante debe tener toda su cartilla de vacunas en orden. Antes de viajar un veterinario local tendrá que insertar en su piel un microchip de 15 dígitos compatible con los sistemas de lectura vigentes en Suiza. Las virtudes de ese sistema es que no se puede falsificar y describe la talla, la edad y la salud del perro. Entre las ventajas de este microchip es que permite rastrear perros extraviados, robados o que tienen un comportamiento difícil.

Al llegar al aeropuerto de Ginebra el chucho será escaneado para verificar sus datos y será necesario volverlo a vacunar. Cumplidos estos requisitos, el chucho salvadoreño podrá presumir de un pasaporte para animales de compañía, todo rojo con una crucita blanca.

Una vez en Suiza, los dueños deberán aprobar un examen teórico y otro práctico que consisten en demostrar que el dueño del perro conoce las reglas para vivir en sociedad con su mascota.

En el examen teórico (costo: $150) los instructores exponen el reglamento vigente en Suiza y cuáles son las responsabilidades del dueño. Por ejemplo, para salir a dar un paseo, los perros tienen que portar un collar y una marca oficial de control con sus datos (nombre, dirección del propietario, teléfono).

Para el examen práctico, la Alcaldía de Ginebra sugiere un listado de personas que imparten el curso y cobran diferentes tarifas que superan los $100.

En Suiza las reglas son claras y hay que cumplirlas. Para mantener un país de película hay que pagar muchos impuestos, pensar en el bien común y respetar los acuerdos. A cambio, los ciudadanos y los animales de compañía pueden disfrutar de una alta calidad de vida, en una ciudad limpia, ordenada, segura, en donde el respeto al otro, de todas las formas posibles, es la base indispensable para vivir en sociedad. En El Salvador ocurre todo lo contrario.

Por estas razones sostengo que no es lo mismo un chucho salvadoreño que un perro suizo, porque cada uno representa una réplica bastante clara de la calidad de vida y de los patrones culturales de sus respectivos países.

*Texto publicado en la revista digital Contracultura el 24 de junio de 2013.


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