Opinión

por Manlio Argueta, Escribiviendo

 

Manlio Argueta
escritor

Libro, lectura y vida

En junio recibí la visita de una niña de cinco años, llegó a mi oficina para decir de memoria mi poema publicado en la antología “Lluvia de estrellas”.

Alberto Masferrer escribió (1915): “La mitad de los salvadoreños no sabe leer ni escribir”. Han pasado ciento dos años y la cifra ha disminuido considerablemente, pero solo lectura y escritura elemental. “Leer” puede significar deletrear el nombre de un banco, de una medicina, de un comercio o el anuncio publicitario de un periódico. No debemos conformarnos con esa alfabetización elemental. También se crea entusiasmo por lo números, para llevar cuentas en los bancos o telefonear para pedir la remesa. En una de mis visitas a comunidades excluidas le preguntaba a una campesina sobre su principal interés en saber leer y conocer los números; su respuesta fue más o menos esa.

Masferrer vio el libro y la lectura como el cordón umbilical que da pautas para crecer. Para el desarrollo individual y nacional. Inspirado en estas ideas, cien años después, pienso que el fomento y promoción de la lectura da conocimiento, información y despierta el espíritu crítico, la acción educativa que “puede y debe realizarse dentro y fuera del marco gubernamental”, como lo mencionaba don Alberto, quien además combatía el analfabetismo por desuso, del que aprende pero olvida. Quien sabe leer pero no lee, desaprovecha ese potencial de desarrollo para contribuir al bienestar social. Hay que aprovechar las bibliotecas decía el maestro, periodista y filósofo, para ser más sensibles y sujetos creativos y con iniciativas. Y ser menos objetos políticos.

En fin, el libro nos da calidad integral; y para lograrlo debemos una sinergia que parta desde la institucionalidad y se multiplique con las organizaciones civiles, las empresas, los maestros (cito a Masferrer).

En nuestro caso, impulsamos desde la institucionalidad una biblioteca móvil, (solo en los seis meses de 2017 recorrió casi 2,000 kilómetros) con un vehículo modelo 1992, pero gracias al mantenimiento preventivo y restaurativo visita comunidades de difícil acceso. La iniciativa fructificó. Y el bibliobús con sus libros hace milagros llevando la maravilla de la lectura, especialmente a niños y jóvenes, visita comunidades de difícil acceso en Chalatenango; Morazán o La Unión. El bus y los libros hacen el milagro.

Pese a que el vehículo fue donado, no fue fácil implementarlo porque no todos creían en el proyecto, un bibliobús no se consideraba viable. ¿Por gastos en combustible? ¿Por echarse una responsabilidad adicional? ¿Por motivos políticos? Imposible, no podíamos devolver un vehículo donado por un organismo internacional. Pero la disyuntiva era esa. Dimos la pelea institucional y por fin fue aceptado. La biblioteca móvil existe desde 2007.
Es increíble el entusiasmo en las comunidades. También por excepción se hace visitas a los cascos urbanos, a centros escolares. Porque “atender a un niño o niña en el presente es prepararlo para toda la vida”.

Tener respuestas de niños y niñas al visitar, por ejemplo, el cantón Loma del Muerto, es tan estimulante como una visita a universidades extranjeras. Los estímulos internacionales son importantes, porque igual lo son esos ejemplos de formación educativa esperanzadora. Otro ejemplo: en junio recibí la visita de una niña de cinco años, llegó a mi oficina para decir de memoria mi poema publicado en la antología “Lluvia de estrellas” (MINED, 2016), a cambio solicitó fotografiarse conmigo. Olvidé pedir sus señas, pero estoy seguro que la encontraré de nuevo, porque ella es presente y futuro. Es como si hubiera dejado escapar la esperanza nacional, esa niña destruye todo pesimismo y construye patria.

Con esos dos ejemplos es suficiente para sentir que he “ganado” el año. Un abono que hace sentirnos ganadores. No estamos desvalidos, pero debemos salir del buró. La esperanza no es abstracta, podemos revertirla con resultados reales.

Muchos de estos sueños los tuvo Masferrer, que está por cumplir 150 años de su nacimiento. Cito sus palabras: las bondades de “la lectura (es para) no ser presa fácil de cualquier nación poderosa… (sino hay bondad) el ignorante es fácilmente víctima del instruido… y lo mismo que se dice de los individuos cabe decir de las naciones” (“Leer y escribir”, Masferrer, DPI, 1996). Es una paradoja que esta edición tenga 21 años y que aún hay ejemplares en bodega. Sea porque no hay lectores o porque no interesa el tema o porque la edición fue de miles de ejemplares o porque la tecnología inhibe de leer, un pretexto para explicar el déficit lector. Falso. Desde antes de la tecnología informática tenemos ese vacío: don Alberto pidió hace un siglo fundar bibliotecas en cada comunidad. Además, la informática tiene variadas modalidades para informarse, investigar y conocer. Se lee en esa modalidad, incluso obras literarias.

Cabe mencionar que con afán de promover el libro nuestra institución bibliotecaria cuenta con un espacio cada semana, apoyado por un canal de TV, con el espacio “Letras salvadoreñas”, más de un año sin interrupciones.

Todas las mencionadas “chifladuras” (ojo este concepto promueve y asocia el aprendizaje con creatividad) tienen por objeto llamar la atención sobre obras literarias y científicas, fomentar su lectura, propiciar acercarse a todo público, incluso internacional, caso de la TV o los alojamientos digitales (REDICCES y Biblioteca Digital del Patrimonio Iberoamericano).

Nos alegramos que junio ha sido fructífero en promoción de lectura en la Biblioteca Nacional. Cito tres casos: presentación del libro de poesía de Alexánder Campos, quien tiene el “atrevimiento” de hacer ediciones de cinco mil ejemplares, ¡¡de poesía!! Luego siguió un libro científico, Paul Amaroli: “Antropología de El Salvador”, obra que puede proyectarse a un público no académico, promueve el conocimiento de nuestra riqueza ancestral. Asistieron más de cien estudiantes universitarios.

Otro libro fue “Así era mi pueblo, memorias de Berlín”, de Miguel Ángel Reyes, que proyecta una visión cultural con historias del pasado popular de esa población oriental. Esto me hace recordar a Salarrué que propuso dignificar “el espacio donde nacemos, el río cercano, el árbol de pájaros, el volcán y su paisaje; esa es la patria, nos dijo. Descubramos sus valores, escribiendo y leyendo para conocernos mejor en paz fraterna; porque hay vida y humanismo en todas partes.

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  • 9 julio, 2017 / Opinión de Manlio Argueta  (SÉPTIMO SENTIDO)

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