Opinión desde acá

por Marlon Hernández-Anzora, Sin correcciones políticas

 

Marlon Hernández-Anzora
Politólogo

¿Hemos perdido el combate contra las maras?

Es equivocado seguir pensando y actuando como si las pandillas son solo un problema de seguridad pública, también pensarlas como el único problema de violencia que tiene el país.

¿Hemos perdido el combate contra las maras? Es uno de los principales cuestionamientos que debemos hacernos si queremos abrir una discusión seria, que nos conduzca a resolver uno de los grandes problemas nacionales. Esa pregunta también es el nombre de un libro elaborado con el apoyo de la Fundación Ebert, que reúne el aporte académico de investigadores nacionales de diferentes disciplinas, que complejizan la mirada sobre el fenómeno de las pandillas, sin apresurarse a recetar soluciones, pero urgiendo a conocer mejor el fenómeno y evaluar críticamente las políticas públicas que han sido aplicadas.

El libro abre con un prólogo de Sabine Kurtenbach, investigadora del German Institute of Global and Area Studies, el cual brinda una contundente mirada externa sobre el fenómeno de las pandillas y la violencia en el país; luego dos artículos que revisan críticamente las políticas públicas y las legislaciones aplicadas al fenómeno desde 1994, a cargo de Verónica Reyna y Noemy Molina. Hasta ahora ninguna obra académica nacional había realizado una sistematización y evaluación tan completa sobre las respuestas brindadas desde las élites políticas para abordar el fenómeno.

Luego se incluyen dos artículos que analizan la forma en que los medios abordan el problema y los impactos del fenómeno pandilleril en lo mediático y cultural, considerando a los medios como actores sumamente relevantes para la compresión pública del fenómeno. El primer artículo revisa críticamente las narrativas periodísticas sobre las pandillas, producidas desde tres medios escritos salvadoreños durante 2015, a cargo de este servidor; el otro, analiza los impactos y la influencia de las pandillas en la cultura popular-masiva, a cargo de Willian Carballo. Ambos artículos tienen como orientador la necesidad de profundizar en los aspectos culturales del fenómeno.

El siguiente artículo estudia la dimensión económica de las pandillas, al profundizar sobre su viabilidad como organismos económicos, y también sobre la relación de su quehacer criminal con la economía de las comunidades y del país, a cargo de José Salguero. Después se presenta un análisis sobre la trascendencia política que ha tomado el fenómeno pandilleril en el país, bajo mi autoría; para cerrar con un artículo que analiza críticamente la conversión religiosa como forma de salida o desistencia de la vida pandilleril, a cargo de Carlos Iván Orellana.

Esa obra sugiere que es equivocado seguir pensando y actuando como si las pandillas son solo un problema de seguridad pública, también pensarlas como el único problema de violencia que tiene el país. Las pandillas no son ni el único actor violento ni la única problemática de violencia del país, y tampoco son solo un problema de seguridad o criminalística. Pero si es importante reconocer que se han convertido en el gran problema de violencia nacional.

El fenómeno pandilleril que vivimos en la actualidad se encuentra directamente asociado con los asuntos no incluidos en los Acuerdos de Paz, así como con los fracasos y las deudas de las políticas económicas y sociales aplicadas durante la posguerra. El nivel y complejidad de la violencia pandilleril actual también es resultado de las contraproducentes políticas de seguridad pública aplicadas hasta el momento, las cuales se han caracterizado principalmente por ser cortoplacistas, predominantemente represivas, pensadas en clave electoral, y, en muchos casos, contrarias con un Estado constitucional y democrático de derecho.

Sin duda, el fenómeno pandilleril es un problema político relacionado con profundos desequilibrios de autoridad estatal y de control territorial, así como con fuertes raíces culturales y económicas, el cual ya no puede ni podrá ser resuelto solo desde la política criminal. Por el contrario, seguir abordando el fenómeno solo desde su arista criminal nos hará seguir en una dinámica propia de Sísifo, alargando una especie de guerra, que ya duró una década más que la misma guerra civil de los ochentas.

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  • 15 abril, 2018 / Opinión desde acá de Marlon Hernández-Anzora  (SÉPTIMO SENTIDO)

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