Opinión desde allá

por Héctor Silva Ávalos, La ciudad de la furia

 

Héctor Silva Ávalos
Periodismo

Escupirle al país

Y me cuesta creerle al fundador de Nuevas Ideas cuando reviso que, cada vez que ha sido cuestionado, su respuesta ha sido la misma: no responder por lo que se le reclama, que no ha sido poco, sino atacar a quien le reclama.

Tiene razón el exalcalde Nayib Bukele de estar enojado porque el Tribunal Supremo Electoral decidió cancelar al CD, el partido que iba a servirle de vehículo para sus aspiraciones presidenciales. Tiene razón en decir que no se vale que el FMLN y Arena vuelvan a manosear las instituciones nacionales para, con el fin de mantener sus cuotas de poder, escupir todos los afanes democráticos que se les aparecen enfrente.

Bukele, después de ser expulsado del FMLN, y a partir de ahí intentar sin éxito consolidar su movimiento Nuevas Ideas y de que no cuajara la opción del CD por las maniobras burdas del TSE, optó por inscribirse a la Gran Alianza Nacional (GANA), el partido que nació aupado, en gran parte, por el dinero y la red política del expresidente Antonio Saca -hoy preso por acusaciones de corrupción- y sus operadores políticos. Esta democracia pobre, la nuestra, terminó dándole esa opción a Nayib Bukele, y él la tomó.

En lo que toca a la decisión del TSE y el CD, la lógica del exalcalde y del ejército de influencers que le sigue y defiende hace sentido. El Frente y ARENA, dice Bukele, están haciendo lo posible por bloquearle la posibilidad de competir por la presidencia, afligidos como están los dos partidos grandes por el pobre desempeño que por el momento muestran sus candidatos en las encuestas. Y tiene razón cuando dice que, para ello, areneros y efemelenistas vuelven a hacer uso del viejo manual: escupirles a las instituciones mientras las usan para blindarse ellos y no para lo que, según la ley, están hechas.

Pero hay muchas cosas en las que Nayib Bukele no tiene razón.

A las instituciones, sí, hay que respetarlas, siempre, no solo cuando se atraviesan en tus ganas de ser presidente.
Me cuesta creerle el discurso de indignación democrática al señor Bukele cuando recuerdo que, cuestionado por la Fiscalía por su posible relación con los acusados de plagiar las marcas de LA PRENSA GRÁFICA, el entonces alcalde optó por amenazar al fiscal general e incluso llegó a decir cosas que no eran ciertas, como que a Douglas Meléndez lo investigaba la DEA estadounidense.

A la democracia y sus instituciones no se las mejora haciendo pataletas, sobre todo desde posiciones de poder, sino haciendo política seria, usando el poder para empujar reformas, no para alentar a los muchachos del “juicio del meme”.
Y me cuesta creerle al fundador de Nuevas Ideas cuando reviso que, cada vez que ha sido cuestionado, su respuesta ha sido la misma: no responder por lo que se le reclama, que no ha sido poco, sino atacar a quien le reclama. Pasó cuando el Tribunal de Ética Gubernamental le señaló los conflictos de interés que implica que una empresa de su familia haya estado vinculada a la alcaldía de San Salvador, o cuando un examen de Probidad concluyó que él no había pagado impuestos por donaciones recibidas.

Y no creo que a la democracia se la mejore desde un partido en el que han pululado los Saca y Guillermo Gallegos.
El TSE le ha escupido a la salud democrática del país otra vez, sí, pero ya Nayib Bukele había hecho lo propio antes cuando se puso matón.

Perdí la cuenta ya de cuántas veces en los años largos que llevo en esto del periodismo escuché a políticos, académicos y colegas decir que la única forma de limpiar la cloaca de corrupción y abuso del Estado en el que vivimos desde siempre es fortaleciendo las instituciones de nuestra democracia. Perdí la cuenta ya de cuántas veces lo escribí yo mismo.

Es bien simple: mientras los entes contralores y jurisdiccionales sigan al servicio de las mismas mafias políticas de derechas e izquierdas, que llevan años ahorcándonos, aquí la salida de esa cloaca se pinta bien lejana.
Fortalecer las instituciones pasa porque quienes les dan vida legal -los diputados- y quienes las operan y supervisan -el Ejecutivo y el Judicial- las respeten y las cuiden como los pilares democráticos que están llamadas a ser.

El problema es que si cada vez que un partido, un candidato o un político popular que quiere ser presidente ven amenazados sus intereses las únicas respuestas que dan pasan por desprestigiar o secuestrar esas instituciones, lo único que hacen es seguirle escupiendo al país.

P.D.: También es escupirle al país avalar a troles y plumas a sueldo en la estupidez esa de incitar violencia. Demasiada sangre de salvadoreños ha corrido y corre a diario para hacer eco a esas payasadas.


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