“Telegramas al cielo”, libro infantil que retrata la infancia del beato Óscar Romero, es la segunda entrega de Luna’s Press, editorial norteamericana independiente que pretende producir más títulos bilingües (en inglés y español) basados en historias relacionadas con El Salvador. Se trata de un paso más en un esfuerzo iniciado hace años por escritores latinoamericanos por llevar a los más pequeños historias que los acerquen a sus raíces culturales, aunque residan en Estados Unidos.

Cómo escribir libros para niños de dos mundos

Un reportaje de Moisés Alvarado

Fotografías de Frederick Meza y archivo

En venta. René Colato posa con un ejemplar de “Telegramas al cielo”. El libro puede ser adquirido en El Salvador en Librería UCA y en el Museo de la Palabra y la Imagen. También se puede encontrar a Luna’s Press en Facebook.

Sobre su figura han corrido ríos de tinta. Libros que buscan echar luz sobre diferentes facetas de su vida, sobre todo, de aquella etapa en la que se convirtió en “la voz de los sin voz”, un defensor de los derechos humanos en un país repleto de violencia de Estado. De aquella etapa, en suma, que precedió a su asesinato.

Pero esta es la primera vez en que Romero se convierte en el personaje central de un libro infantil. Y, sobre todo, de uno escrito en español e inglés y publicado en Estados Unidos. Se trata de “Telegramas al cielo” (“Telegrams to Heaven”), el más reciente título del autor salvadoreño René Colato Laínez, que vio la luz en septiembre de 2017 bajo el sello de Luna’s Press, la editorial independiente comandada por su compatriota Jorge Argueta.

El libro, que cuenta con las ilustraciones del dominicano Pixote Hunt, se enfoca en la niñez del ahora beato de la Iglesia católica. Y traza, en muy sencillas escenas, el nacimiento de una vocación que lo llevaría a comprometerse de por vida con una fe que, muchas décadas después, lo convertiría en el ocupante de una silla inigualable para alzar la voz en contra de la injusticia.
La historia comienza con un pequeño Romero ayudando a su padre en su oficio, el de telegrafista, maravillado por el hecho de que con solo tocar un botón pudiera comunicarse con todas las ciudades del país. Era la década del veinte, y las facilidades en el flujo de información que ahora disfruta un porcentaje del mundo todavía eran materia de ciencia ficción.

La vocación hacia el sacerdocio inicia con una simple pregunta hecha a su padre: “¿Cómo puedo mandar telegramas al cielo?”, ¿cómo puedo comunicarme con Dios? La respuesta, típica de una familia católica, está en la oración. La que el niño convierte en una de las actividades que terminarán por inclinarlo a su llamado. El libro termina con la noticia de que aquel niño que juró ser el “mejor orador, poeta y músico” para Dios ha regresado a su pueblo natal para oficiar una misa. Nada del futuro de lucha del sacerdote. Era demasiado para un libro para niños.
Así lo dice su autor, René Colato, quien afirma que la idea inicial era otra. En torno a 2001, cuando aún se especializaba en una universidad de Estados Unidos en la narración de historias para niños, Colato imaginó un libro donde se incluyera la historia completa. Contada, obviamente, con los particulares lenguajes y énfasis exigidos por el género.

Pero la realidad le mostró una pared. ¿Cómo era posible que en el libro para niños se hablara sobre un asesinato? Por ello, la idea estuvo guardada por más de una década a la espera de resurgir. Lo hizo hace un par de años, cuando le recomendaron que lo mejor era centrarse en la niñez de su personaje, la misma etapa de la vida de aquellos para quienes el libro estaría destinado.
“Mucha gente conoce al Romero hombre. Hoy yo les presento al Romero niño, un preámbulo a ese gran hombre que llegó a ser. Quiero, sobre todo, que los niños salvadoreños que viven en Estados Unidos se sientan orgullosos de uno de sus líderes y que, a través de él, se den cuenta de que pueden hacer cosas importantes con sus vidas, dejar grandes huellas, a pesar de que el entorno en el que viven les diga lo contrario”, comenta Colato a través de una llamada telefónica desde su casa en Los Ángeles, California.

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En una de sus intervenciones en la serie “Pioneros de la televisión”, el actor estadounidense de origen mexicano Edward James Olmos recuerda la que, para él, significa una de las mayores satisfacciones de su carrera.
En los días en los que encarnaba a William Adama, un líder político y uno de los personajes más importantes de la serie de ciencia ficción “Battlestar Galactica” (2004-2009), una vieja amiga lo telefoneó, al borde de las lágrimas, para contarle lo que su personaje había provocado en su sobrino de 14 años.
“Tía, nosotros (los latinoamericanos) estamos en el futuro”, le dijo el muchacho a la señora.

El festival. Jorge Argueta lee su libro de poemas “Somos como las nubes”, en el Festival de Literatura Infantil, que coordina la Biblioteca Nacional de El Salvador.

El programa de ciencia ficción estaba en su punto más alto de popularidad, y la inclusión de un personaje latino que era el líder de una población multicultural que se parecía mucho a la de Estados Unidos llenaba de esperanzas a un adolescente que, desde entonces, sentía que podía llegar a ser quien quisiera a pesar de hablar español en casa y de ser el heredero de una cultura diferente a la estadounidense.
“Telegramas al cielo”, impreso en pasta dura, es el segundo título publicado por Luna’s Press, nacida para difundir en Estados Unidos literatura de temática salvadoreña en inglés y español para la más demandante e influenciable de las audiencias: la infantil. Una que está creciendo bajo el griterío y la angustia de la presidencia de Donald Trump.
Son los esfuerzos de un grupo de personas por hacer lo que hizo el personaje de Olmos desde una esfera diferente, no tan masiva pero que siembra sus semillas en sitios tan relevantes para la vida de un niño como su salón de clases. La idea es que los niños comprendan que el multiculturalismo, tener una cultura extra a la estadounidense, es siempre una ventaja, nunca un obstáculo para desarrollarse.
Holly Ayala es una salvadoreña nacida en California hace 52 años. Es la pareja de Jorge Argueta, un autor que, para colegas suyos como Carlos Clará, de Índole Editores, puede considerarse uno de los escritores salvadoreños más importantes de la actualidad, sobre todo gracias a los múltiples galardones que ha recibido en Estados Unidos.
Junto a él, Holly ha montado la editorial Luna’s Press, que inició sus tirajes, precisamente, con un libro de Argueta, “Olita y Manyula”, un canto de amor a la elefante que, por más de medio siglo, divirtió a las clases populares de San Salvador.
Desde hace 25 años, Holly trabaja en la producción de un catálogo de publicación periódica en su ciudad natal, San Francisco. La experiencia la ha ayudado para ahora poder montar el proyecto, uno que todavía no le representa ingresos económicos. Por ejemplo, le ha dado los contactos con la compañía que imprime sus libros en China, que permite que sus costos no sean tan altos como si los hiciera una sociedad afincada en Estados Unidos.

En California la educación pública ha podido volver a ser bilingüe. Algo que no era así hasta apenas unos meses, cuando se aprobó, por una arrasadora mayoría, la Propuesta 58, que venía a tirar por los suelos otra iniciativa avalada en 1998, cuando se prohibió que en las escuelas controladas por el Estado se enseñara también en español. El terremoto de Trump provocó que todo un estado se uniera contra la intolerancia a lo ajeno.

Holly se encarga, en su tiempo libre, de realizar todo el trabajo administrativo que requiere la compañía. Y a pesar de que se trata de un sello independiente, cuenta con personas que realizan las mismas tareas que requiere la producción de un libro en una empresa grande: editores, correctores de estilo. Toda la cadena para contar con un producto competitivo.
En California, la educación pública ha podido volver a ser bilingüe. Algo que no era así hasta apenas unos meses, cuando se aprobó, por una arrasadora mayoría, la Propuesta 58, que venía a tirar por los suelos otra iniciativa avalada en 1998, cuando se prohibió que en las escuelas controladas por el Estado se enseñara también en español. El terremoto de Trump provocó que todo un estado se uniera contra la intolerancia a lo ajeno.
Es una oportunidad inmejorable para que un objetivo como el de Holly y los suyos llegue a buen puerto. Incluso han logrado contratos con distribuidoras de contenido educativo para que sus volúmenes lleguen a las manos de maestras en todo Estados Unidos. Cuatro ejemplares de “Telegramas al cielo” han emprendido un viaje de regreso a China, donde fue requerido por docentes que enseñan español e inglés.
“En El Salvador tenemos buenas historias. Nuestro esfuerzo es pequeño, pero esperamos que sirva para que nuestra cultura sea conocida en todo Estados Unidos y en otras partes del mundo”, comenta Holly.
En marzo de 2018, la editorial formará parte de la conferencia de la Asociación Californiana de Educación Bilingüe (CABE, por sus siglas en inglés), donde podrán tener contacto con distribuidores de todo Estados Unidos. Allí también le entregarán un premio a Jorge Argueta por sus contribuciones a la materia en esa nación norteamericana.

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René Colato Laínez es ya el escritor de 12 libros para niños. A excepción del último, enfocado en Romero, a la totalidad de su obra la cruza, como un eje omnipresente, el tema de la migración y de la experiencia traumática de adaptarse a una nueva cultura tras dejar la propia.
“El mensaje de todos mis libros es el de decirle al niño que no está mal que hable otro idioma distinto al inglés, que está bien que tenga su propia cultura”, dice Colato.
Y los libros se basan en su propia experiencia. Desde el primero que publicó, “Esperando a papá”, de 2004. En él, cuenta la historia de un niño que ha debido viajar a Estados Unidos junto a su madre. Ya estando allá, sueña con el día en que volverá a encontrarse con su padre. La versión final de la historia, como en el caso de “Telegramas al cielo”, dista mucho de la primera.
A inicios de 2001, había terminado el cuento que buscaba convertir en un libro ilustrado. Envió el manuscrito a media docena de editoriales, con la esperanza de que genera algún interés. La respuesta fue nula, sobre todo debido a la naturaleza de su libro: en el plan original, el niño y su madre viajaban de manera ilegal a Estados Unidos huyendo de la realidad de su país. Luego, la madre se encargaba de pagarle a un coyote para que llevara, también de manera ilegal, a su padre hacia el país del Norte. La idea de un cuento para niños donde se hablaba de migración ilegal causaba ampollas en los encargados de las compañías.

Usuarios. Niños leen el libro “Telegramas al cielo” en la Biblioteca de los Sueños. La entidad también actúa fuera de sus cuatro paredes en lugares públicos como mercados.

A mediados de ese año, Colato juntó algunos ahorros generados por su trabajo como docente y se inscribió en un taller en Nueva York, en el que estarían presentes representantes de editoriales de todos los estados del país.
Su trabajo llamó la atención de una editora, que, según Colato, se caracterizaba por apoyar proyectos no convencionales. Decidió echarle una mano al suyo y, en los siguientes dos meses, se dedicó a terminar el trabajo. Pero llegó el 11 de septiembre de 2001. El ataque terrorista a las Torres Gemelas inauguró una nueva época, en la que el extranjero se había vuelto mucho más sospechoso para los ojos del estadounidense promedio, sobre todo para el anglosajón. El título se había convertido en un material difícil de vender y la editora decidió cancelar el proyecto.
Tuvo que esperar un año más para que, después de mucha insistencia, Piñata Books, una Rama de Arte Público Press, de Texas, le respondiera uno de sus correos. En este le comunicaban que habían aceptado publicar su libro, pero tendría que ceder a algunas concesiones: no podría hablar de un ingreso ilegal a Estados Unidos. Así, la historia terminó con un niño que llega a Estados Unidos junto a su madre con una visa y a través de un viaje en avión. El padre también llegaría, más tarde, por la misma vía.
Colato pudo, al fin, ver su nombre en un libro ilustrado de pasta dura, pero se quedó con el deseo de contar una historia más acorde a lo que había vivido. Su sueño pudo cumplirlo hasta 2010, cuando publicó “My Shoes and I” (“Mis zapatos y yo”), una suerte de autobiografía transformada en un libro ilustrado. Para este echó mano, como para ningún otro volumen, de la cantera de sus recuerdos.
Y para darle una apariencia amable a la historia de un niño que recorre cientos de kilómetros junto a su padre a través de tres países apenas con lo puesto, utilizó un recurso interesante: los zapatos enviados por su madre de Estados Unidos que le servirán para andar tanto camino se van desgastando a medida que el viaje avanza. El amarillo original se vuelve cada vez más opaco entre tanto lodo y polvo de desierto. Cuando la travesía está a punto de acabar, la suela también cede y se llena de piedras, y uno de ellos está a punto de perdérsele cuando cruza un río. Pero el sacrificio de los zapatos ha valido la pena: son los que le han permitido al pequeño volver con su madre, reunir a la familia que la guerra había separado. Es solo uno de dos libros infantiles en inglés que presentan una entrada ilegal a Estados Unidos. El otro es “Pancho Rabbit and the Coyote”, del mexicano Duncan Tonatiuh, que cuenta la historia a través de animales. En México se prepara una edición en español.
“Es todo un reto tocar temas como estos para los niños. Pero yo lo intento porque creo que, si ellos van conociendo esto de pequeños, generarán la empatía con el otro, el secreto para una verdadera integración”, dice Colato. Y, para ilustrar lo anterior, pone de ejemplo otro de sus trabajos: en este, un niño llamado José va a visitar a su madre recién deportada a un centro de detención en Tijuana, México.

Jorge Argueta

Allí, ella debe explicarle a su pequeño que no estará más con él, al menos por un tiempo. Le dice que, ahora, son como una semillita que debe empezar a germinar. Tras un largo tiempo, comenzará a brotar de ella un tallo, al que le van a salir hojas y que, en un momento, se convertirá en un frondoso árbol que dará frutos. Así, el niño comprende que deberá esperar. El libro finaliza con el sueño de José, donde se reencuentra con su madre, al menos en el terreno de lo onírico.
“No es un final feliz, pero hay esperanza. Los niños, luego de leerlo, se preguntan, ¿y se volvieron a reunir?”, dice Colato, quien puede ver de primera mano el efecto que sus libros causan en los niños porque es maestro de primaria en Los Ángeles. Las regalías en la venta de libros todavía no le permiten vivir dedicándose exclusivamente a escribir.

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En esta historia, el agua nace de las profundidades de la tierra. Va subiendo y, de gotita en gotita, se va volviendo rocío de la mañana, arroyo, mar. Este es el argumento de uno de los libros más recientes del escritor salvadoreño Jorge Argueta, “Agua, agüita”, un nuevo volumen que combina el inglés, el español y el náhuat. Es un trabajo único, editado por Piñata Books, que contó con la ilustración de Felipe Ugala Alcántara, que se inclinó por un diseño relacionado con la pintura tradicional de los pueblos indígenas.
Argueta lo muestra con orgullo como una de sus más recientes conquistas, en este recinto en la colonia América, de San Jacinto, donde funciona su Biblioteca de los Sueños, a la que busca convertir en una extensión para El Salvador de su trabajo en Estados Unidos.

Jorge afirma que sueña con algo como eso, que verá muy pronto la luz a través de Luna’s Press, en versiones bilingües: “Se imagina un Roque Dalton para niños; un libro que cuente la historia de María Isabel Rodríguez, esa señora tan maravillosa, que se pudiera leer en la primaria de forma masiva. Le aseguro que, con esas pequeñas semillitas, tendríamos un país mejor, porque los niños aprenderían algo muy importante que es soñar, creer que pueden ser tan grandes como ellos”.

La Biblioteca de los Sueños. Argueta montó el espacio en una casa ubicada en el mismo barrio donde vivió antes de emigrar a Estados Unidos por la violencia de la guerra.

Inaugurada hace apenas un año, es un proyecto que solo se pudo concretar tras algo que, para Argueta, representó una auténtica sorpresa: recibir en su casa un cheque con las regalías de un libro publicado hace 20 años, “Una película en mi almohada”. Tantos ceros y unos lo dejaron con la boca abierta. Tuvo que hablar a la empresa que editaba el libro para comprobar que no se trataba de un error.
Ese dinero le permitió comenzar con la construcción de este pequeño espacio. También comprar y trasladar desde Estados Unidos libros infantiles bilingües, incluyendo aquellos de su autoría. Su objetivo es que aquellos mismos volúmenes que en el país del Norte han funcionado para que niños de origen latinoamericano se sientan más cercanos a sus raíces aquí sirvan para que infantes salvadoreños conozcan algunas nociones de inglés a través de historias que los cuentan.
Cada cierto tiempo, niños de escuelas cercanas llegan al lugar para utilizar los libros. Son grupos grandes para el sitio, de entre 50 y 60 alumnos. Estudiantes de instituciones más lejanas también pueden asistir gracias a una alianza de Argueta con el Museo de la Palabra y la Imagen (MUPI). Pero la labor no se queda entre estas cuatro paredes.
Argueta arribó a El Salvador precisamente el miércoles 6 de diciembre, para comenzar con una serie de giras en sectores populares, donde llevará los cientos de volúmenes para que cientos de niños puedan tener contacto con ellos. Algunas de las paradas serán el mercado de San Jacinto y varios municipios de Sonsonate, como Santo Domingo de Guzmán, pueblo del que es oriundo.
Jorge, que siempre lleva su abundante pelo recogido en una cola, es también el fundador del Festival de Literatura Infantil, organizado desde 2010 por la Biblioteca Nacional de El Salvador, dirigida por Manlio Argueta. En los ojos se le dibujan múltiples sueños, como traer sus propios libros, los de Luna’s Press, en formatos de pasta suave, más barata, para poder venderlos a precios más asequibles en El Salvador. O que el Ministerio de Educación se interesase en adquirir ejemplares para distribuirlos en escuelas públicas, una labor para la que la compañía tendría la capacidad. Sin embargo, es consciente de la realidad de El Salvador. Solo hay que tomar en cuenta que el último libro de texto estatal se editó en 2009, el último año de la presidencia de Antonio Saca, para hacerse una idea del asunto.
Jorge, ahora, toma entre sus manos uno de los libros que tienen en su Biblioteca de los Sueños. Es un libro que recoge la vida de la poeta chilena Gabriela Mistral, una versión para niños de uno de los íconos nacionales de Chile. Trabajos similares se han hecho de personajes como la mexicana Frida Khalo.
Jorge afirma que sueña con algo como eso, que verá muy pronto la luz a través de Luna’s Press, en versiones bilingües: “Se imagina un Roque Dalton para niños; un libro que cuente la historia de María Isabel Rodríguez, esa señora tan maravillosa, que se pudiera leer en la primaria de forma masiva. Le aseguro que, con esas pequeñas semillitas, tendríamos un país mejor, porque los niños aprenderían algo muy importante, que es soñar, creer que pueden ser tan grandes como ellos”.

Ejemplares. Decenas de volúmenes esperan a los niños. Son libros escritos para que los niños latinoamericanos en Estados Unidos no olviden sus raíces hispanas.

 


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