Tuvo la fortuna de tocar con todos los íconos populares de la música argentina, como Andrés Calamaro, Charly García o Gustavo Cerati, a quien acompañó en sus últimos discos y giras. Hablar con el baterista Fernando Samalea es recorrer uno de los períodos más fecundos de la música latinoamericana moderna. Ha compartido su experiencia en el libro “Qué es un long play”.

El rock argentino en primera persona

Una entrevista de Jacobo Celnik

fotografias de Ana María González

El Tiempo, Colombia/GDA / Fotografía de Nora Lezano

Pocos músicos han tenido el privilegio de ser testigos y parte activa de la consolidación de un movimiento artístico como lo ha hecho Fernando Samalea con el rock argentino. Nació en Buenos Aires, en el tradicional barrio Saavedra, muy cerca de la tristemente recordada Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), donde la junta militar argentina cometió crímenes atroces contra su población. La casa de Samalea estaba repleta de long plays de Frank Sinatra, Liza Minelli, Osvaldo Pugliese, María Elena Walsh, Glenn Miller, Chopin, Serrat, Bill Haley y Roberto Carlos. Pero fueron las primeras leyendas del rock nacional argentino quienes volaron su mente. Pescado Rabioso, Almendra, Sui Generis, Pedro y Pablo, Manal, Billy Bond, Moris, Tanguito, Litto Nebia y Luis Alberto Spinetta son algunos referentes.

El 14 de diciembre de 1980, The Police se presentó en el The New York City Disco de Buenos Aires. La banda inglesa estaba en gira promocional de su álbum “Zenyatta Mondatta”. Fue el primero de tres conciertos en Argentina y un momento bisagra para el desarrollo del rock en español. Lo que pasó en los siguientes años tiene que ver con esta visita. Al cabo de tres años aparecieron nuevas propuestas de bandas. Soda Stereo se hizo más notoria en los bares porteños, apareció en el mercado “Agujero interior” de Virus y la gran joya del rock argentino: “Clics modernos” de Charly García, el sol que iluminó y guio a la movida nacional.

Grandes cambios llegaban a la vida de Samalea. Su nombre ya estaba muy bien posicionado en la escena local gracias a varios proyectos en los que participó desde finales de los setenta. Con la banda Fricción fue el inicio de un puente hacia Charly García que tuvo una escala técnica junto a Andrés Calamaro. El teclista de Los Abuelos de la Nada estaba a punto de lanzar su segundo trabajo y llamó a Samalea para que tocara la batería. “Vida cruel” (1985) fue la antesala perfecta para llegar a Charly García, que no dudó en contratar los servicios de Samalea para el proyecto que tenía en mente: “Parte de la religión” (“Rezo por vos”, “No voy en tren”). A partir de entonces Samalea empezó a ocupar el puesto permanente como baterista y ganó notoriedad. Hace un par de años se estrenó como escritor con un gran libro que tendrá segunda parte: “Qué es un long play”, la historia del rock en español narrada en primera persona.

¿Qué bateristas lo inspiraron? Son tantos, pero podría decir que Bill Bruford, de Yes y King Crimson; Phil Collins, de Genesis; Carl Palmer, de ELP; Lenny White, de Return to Forever; Javier Martínez, de Manal; Rodolfo García, de Almendra; (Oscar) Moro, de La Máquina y Serú (el supergrupo también integrado por Charly García, David Lebón y Pedro Aznar). Me parecían tremendos. He intentado seguir su legado.

Usted fue privilegiado al ver la consolidación de grandes artistas, como Luis Alberto Spinetta, Charly García, Miguel Abuelo y Moris, Pappo. ¿Ellos tienen mucho que ver en que usted haya terminado en el mundo del rock? El rock argentino, en ese momento, era una gran meta para mí. Era una enorme suerte poder conocer a personas que admiraba desde que era un chico. Al mismo tiempo que el rock progresivo inglés me tenía metido de cabeza, me daba cuenta de que en el país teníamos grandes músicos. Sin duda todas sus gestas dejaron una gran huella en mi vida.

¿Qué tenía Spinetta que lo hacía tan especial? Era el referente de todo lo que involucraba el pensamiento profundo. No se trataba de una música banal o superficial. No usaba letras muy directas que buscaban la atención del popular. Spinetta logró ponerle armonía a la ciudad de una forma muy especial. Logró enaltecer la cotidianidad de los jóvenes entre los sesenta y los ochenta y siguió cultivando a los jóvenes hasta sus últimos días.

Además de baterista, usted es bandoneonista. ¿Qué le admiraba a Ástor Piazzola? . Es un genio musical que encontré en un momento muy particular. Era un nómada y eso me gustaba. Tocar el bandoneón, que es un instrumento alemán, e ir por Europa como si fuese un embajador. Algo único. Nos enseñó una nueva forma de leer las calles de Buenos Aires.

Usted fue parte de Fricción, una de las pocas bandas que tuvo gran influencia de David Bowie… El efecto que Bowie generó es el mismo en el resto de ciudades del mundo, con su forma tan extravagante de mostrarse e incorporar esa parte visual andrógina, y siempre tan compenetrado con las nuevas tendencias en el mundo. Es lo que hemos aprendido de él.

¿Qué le dejó el paso por la banda de Calamaro? Me tomó por sorpresa. Siempre he dicho que su llamado fue como si pusieran a un novato en la titular de un equipo de Primera División. Andrés tenía mucha experiencia, pero no era fácil de catalogar porque estaba en medio de dos generaciones. Era de los nuevos, con una amplia trayectoria.

¿Eso determinó que pronto pasara de la banda de Calamaro a la de Charly? Fue el resultado de muchas situaciones fortuitas y también del poder del deseo, porque una de las cosas que más quería era hacer cosas grandes con la música. A partir de esto pude tocar con los artistas que admiraba. El no flaquear en el momento oportuno me dio la oportunidad.

¿Cómo es una sesión de grabación con Charly García? Fascinante. En lo personal, no tengo problemas con su energía. Hay personas que se sienten más desgastadas con su presencia, yo siempre conviví de una forma muy lateral con él y por eso veo siempre un gran apoyo y un estímulo para estar a su lado.

Usted ha sido testigo del auge y la consolidación del rock argentino, pero también le han tocado varias pérdidas. ¿Cómo vivió el episodio del accidente vascular que sufrió Gustavo Cerati? Fue una situación inesperada. Tratamos de hacer lo que pudimos, y por respeto a su familia no hemos comentado mucho sobre lo sucedido. No creí que pudiera pasar algo así. Estoy acostumbrado a tocar con músicos de rock y uno termina aceptando ciertas cosas que en otros ámbitos no. Pero Gustavo siempre fue una persona muy ordenada. Creo que tuvo que ver con algo genético o aleatorio, que le pudo ocurrir a cualquiera en cualquier momento. En esa gira nos fue muy bien y la idea era seguir hacia Europa a tocar en Londres y España. Nunca hubo una intención de parar.

 


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