Opinión

por Manlio Argueta, Escribiviendo

 

Manlio Argueta
Escritor

Ciencia, tecnología y creatividad

Para no imponer la lectura se requiere que el docente se emocione, conozca la obra, traslade su emoción al niño o al joven.

Desde hace años manejo un concepto sencillo de creatividad: posibilidad de saber actuar ante realidades o acontecimientos imprevistos.

Esto implica buscar soluciones, en todos los ámbitos del conocimiento. Pero es en el arte donde más se ha usado el concepto, aunque no se contradice aplicarlo a la ciencia y la tecnología.

Respecto a lo artístico, hace muchos años, muchos, tuve un maestro español de estética y lingüística que me estimuló estudiar a Georg Lukacs, filósofo del siglo XX que estudia el fenómeno de la realidad y su percepción por los sentidos para estimular la creación en general; aunque de Lukacs me interesó más la creatividad en función del arte; quien también aporta al investigar que el conocimiento no solo se da en el área de los sentidos y su proceso cerebral, también se percibe por todo el organismo lo cual incluye también conocer por medio de las emociones: el arte, el amor, los valores, los sentimientos en general.

Clave de un buen poeta, por ejemplo es producir en el lector la misma emoción sentida por el escritor; tesis me parece que es de Octavio Paz, “no debo escribir para mí, sino pensando en los demás”. Esto coincide con Lukacs, porque eso es “conocer” en arte. Otra cosa es que otros escritores sostienen que cuando escriben no piensan en el lector. Me quedo con Paz. Ejemplo: Frank Kafka escribe “Cartas a Milena” desde su emoción, o Salinger en sus “Nueve Cuentos”; igual Ana Frank cuando escribe su “Diario”; lo mismo ocurre en la música, y artes plásticas, danza. La emoción que tuvo el artista al producir su obra nos emociona.

Respecto a la tecnología, ya el sistema educativo revisa su importancia y su interacción con sus políticas. Digo algo más: de acuerdo con consultores internacionales: las aplicaciones tecnológicas no solo afectarán las conductas, sino al empleo, pues se requerirá carreras de nuevas demandas. Incluso hay peligro que desaparezca ciertas profesiones. Aunque no creo que en El Salvador sea algo emergente. Sin embargo, no se debe improvisar llegado el momento pues de todas formas, no sabemos cuándo será ese momento. ¿Diez años, quince años, veinte?

Estas consideraciones me llevan a pensar en lo necesario que se estudien las artes y la literatura como materias básicas. ¿Por qué? En primer lugar porque despiertan la creatividad. Y de acuerdo con analistas educativos del siglo XXI, al estudiar el desarrollo de las tecnologías, sostienen esa desaparición de profesiones si el profesional no es creativo. Y si queremos profesionales de este tipo, necesitamos también docentes creativos. Dicha realidad mencionada se dará de acuerdo con el desarrollo de cada país, dentro de diez años, o veinte años.

Entonces es tarea pensar ya en los niños en formación educativa. Y si bien nuestro desarrollo tecnológico es difícil se compare con países como los Estados Unidos y Europa o los asiáticos (Japón, Corea y China), la necesidad de desarrollo tecnológico llegará sin avisar, porque por ahora solo somos consumidores de sus herramientas. La estrategia para no relegarnos debe ser paso a paso, con los que ya estamos atendiendo desde la Educación Inicial (de cero a 3 años), por ejemplo; e igual con docentes ya en preparación. Hace cinco años se hablaba de estar cubriendo solo un 2.5 % de niños en dicha área. Esa proporción ha aumentado al 5.1 % en 2017 con tasa neta de 29,009 niños y niñas hasta agosto de 2017, cifras que no incluyen la educación Parvularia que cubre el 56.3 %, que sumando la Educación Inicial, hacen un total de 225,431 niñas y niños atendidos de cero a siete años (datos de 2018 del Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología).

Como vemos el reto es grande pues estamos hablando del futuro del país y sus implicaciones con el desarrollo tecnológico. Tenemos entonces un reto emergente por cubrir y es lo que yo llamo la estrategia de paso a paso.

De manera que la innovación educativa en los niveles mencionados ya comenzó. Incluye la concientización del papel del arte para una educación integradora. Leer y escribir y despertar el imaginario (y emprender “la creatividad, como valor cultural o como aventura”). Esto significa ofrecer metodologías para el desarrollo de la creatividad desde los 3 años.

Fundar una “escuela” nacional encaminada a formar futuros liderazgos, fortalecer la autoestima social y la política de inclusión. Entiendo, hay limitaciones económicas, en especial en centros educativos públicos. En tal caso, la lectura en voz alta es solución, permite contar con un solo ejemplar en el aula. Insistir en la literatura, y evitar que sea arrinconada por la lingüística en centros de educación superior. Para no imponer la lectura se requiere que el docente se emocione, conozca la obra, traslade su emoción al niño o al joven. Así vamos a crear bases para formar conductas propositivas y participativas; repercutirá en el desarrollo nacional y en democracia real.

Se enseña a pescar, no a repartir los peces. De ese aprendizaje nos toca prepararnos para los pasos siguientes hacia la apropiación del desarrollo tecnológico, no conformarnos con consumir. Que la prioridad estratégica de modelos educativos beneficien la educación inicial y la superior. Urge invertir y evaluar estos dos niveles. Un modelo que suprima la repetición donde el estudiante es solo un oyente.

Veamos, entonces, lo planteado arriba, sostenido por expertos, sobre las profesiones que no tendrán futuro en un mediano plazo: médicos generales, abogados sin especialización, arquitectos diseñadores, contabilistas, “que serán sustituidos por programas de computación”. Tendrán demanda “los profesionales con habilidades artísticas, cuya capacidad creativa no puede ser sustituida por una máquina ni por un robot”.

El reto es trabajar a partir de los pasos ya iniciados, con lo mínimo que tenemos en ciencia y tecnología; no permitir que sea vaciada de humanismo. A este se llega con lectura, bibliotecas, libros y apropiadas metodologías de aprendizaje.

Además, incide en la prevención de violencia, con “educación, cultura y desarrollo de las capacidades juveniles” (según dice la UNESCO refiriéndose a El Salvador).

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  • 20 enero, 2019 / Opinión de Manlio Argueta  (SÉPTIMO SENTIDO)

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