Revelan sanción del Vaticano a prestigioso sacerdote por ritual no aceptado de la “Dinámica del Pecado”

Ilustración por Paula de la Cruz

El Papa Francisco en su más reciente visita a América Latina, a principios de año, pagó un alto costo por los abusos sexuales de sacerdotes a menores de edad. En Chile, uno de los países incluidos en la gira, fue cuestionado por organizaciones que le tacharon de inacción para castigar a un obispo acusado de encubrir a un sacerdote que incurrió en estos vejámenes. Así mismo se desató una ola de insatisfacción por el papel de la iglesia, que removió escándalos que aún claman por justicia en países como Perú y México donde además de los abusos, se alega conspiración para mantener ocultos los hechos.

Ahora una investigación de la revista digital GK realizada en el marco de la Iniciativa para el Periodismo de Investigación de las Américas del ICFJ en alianza con CONNECTAS y publicado aquí, revela que en Ecuador también ocurrieron sucesos graves. Un país donde la opinión pública no ha sido expuesta con frecuencia a esta clase de denuncias, recibe ahora la revelación de un caso del que tenían conocimiento solo un reducido grupo de personas.

Según esta investigación, Luis Fernando Intriago, un sacerdote de alto reconocimiento en Guayaquil, aplicó a adolescentes un ritual no autorizado por la Iglesia Católica al cual denominaba la “Dinámica del Pecado”. Consistía en sesiones privadas en las que pedía a los menores de edad vestir ropa interior o desnudarse, aceptar ataduras y vendajes en los ojos, además de permitir contacto físico en forma de toques pero también de golpes, llaves de artes marciales y hasta descargas eléctricas, de acuerdo con testimonios recopilados por los periodistas de GK autores de la nota.

Estos abusos los habría cometido principalmente mientras estuvo al frente de grupos juveniles en la iglesia Nuestra Señora de Czestochowa, una parroquia en Guayaquil, ciudad portuaria y la más poblada del Ecuador.  La investigación periodística confirmó que en  2003 y 2009 hubo quejas de algunos fieles escandalizados por la conducta del padre. La última de esas quejas refería a la presencia nocturna de jovencitos en la residencia del clérigo.

Los superiores llamaron la atención a Intriago por comportamiento impropio, pero fue solo hasta 2014 cuando la Congregación de la Doctrina de la Fe, institución del Vaticano encargada de casos de abuso, autorizó el inicio de un proceso administrativo penal especial contra Intriago. El trámite quedó a cargo del Arzobispado de Guayaquil. En 2015 se emitió un decreto de dimisión del estado clerical por el cual se separó al padre del ejercicio del sacerdocio. La Congregación de la Doctrina de la Fe en 2016 rechazó una apelación de Intriago y confirmó la decisión de expulsión por considerar que las prácticas en las que había incurrido constituyeron una violación a la integridad sexual de las víctimas, aunque no implicaron la penetración o el contacto con los genitales de los agraviados según los testimonios y la documentación a la que accedió GK. Actualmente, Intriago sigue esperando una resolución definitiva de su caso.

Padre Fernando Intriago. Foto tomada de Facebook.

La legislación ecuatoriana también tipifica como abuso aquellas acciones en los que no hay “acceso carnal”, pero tienen contenido sexual y se perpetran en contra de la voluntad de las víctimas o sacando ventaja de que no tienen conciencia de la situación a la que los llevaron.

GK ubicó a diez hombres que aseguran que, cuando eran adolescentes, fueron inducidos a la mencionada “Dinámica del Pecado” aplicada por Intriago. El hecho tuvo un gran impacto en sus vidas. “Esto es lo más asqueroso que me ha pasado”, afirmó uno de los consultados en la investigación y quien habló a condición de anonimato. Otro, igualmente bajo la reserva de su nombre afirmó lo siguiente: “Cuando él me hizo una vez la Dinámica completa, desde allí pensé ‘esto no está bien’. La completa tenía temas de electrocutarme (…). Había una barra, entonces me colgaba en la barra, desnudo. Ese día si terminé mal”.

Diego Guzmán también atravesó la experiencia y afirma que cuando el padre le rozó con la barba en el hombro le pidió ser desatado y le habló. “Le dije ‘Padre, tú eres mi pana, y si no quieres tener un problema no le hagas a nadie más, porque acá no pasó nada, pero esa vaina no está bien’. Michael Manzur, otro de los jóvenes de la parroquia, al principio no le creyó a sus compañeros e incluso llegó a declarar a favor de Intriago. Hoy cambió de opinión y cree que sí hubo abusos.

La “Dinámica” les era presentada a los adolescentes como un sacrificio en nombre de Jesucristo. Juan José Bayas, quien aceptó ser grabado en su testimonio, no recuerda cuántas veces fue sometido a la sesión y golpeado mientras el padre le decía que podía “vencer al mundo”. “Él decía ‘el que falla en lo chiquito, falla en lo grande’”. En su evaluación, cuyo contenido era ignorado por la mayoría de los ecuatorianos, la Congregación de la Doctrina de la Fe consideró que el padre Intriago solo tenía motivaciones libidinosas al propiciar contactos de esa manera con adolescentes.

Según revela este trabajo periodístico, a pesar de los llamados de atención de 2003 y 2009, el sacerdote permaneció frente al manejo de grupos juveniles.

La pregunta de por qué no se le apartó del contacto con menores ante los primeros indicios fue formulada a monseñor Luis Cabrera, arzobispo de Guayaquil, quien argumentó que él asumió su cargo en 2015 y no podía responder por hechos previos. Sin embargo, en su lectura de los hechos, comparó el abuso sexual con la esclavitud: “Antes estaba legalizada y parecía normal. Después se tomó conciencia, se hizo todo lo posible para abolir la esclavitud porque eso es un acto gravísimo. En el campo de la sexualidad es algo parecido. Hoy por hoy las cosas están muy claras, de tal manera que para la Iglesia Católica el abuso sexual debidamente comprobado es considerado un crimen, un delito (…). Estoy respondiendo su pregunta, cómo es que sabiendo por qué le confiaron… Quizás no era la época. No es para justificar de ninguna manera es simplemente para explicar el contexto.”

Monseñor Antonio Arregui, antecesor de Cabrera, contó que quería trasladar a Intriago a otro lugar meses antes de un episodio ocurrido en 2013 cuando la madre de Bayas confrontó al sacerdote a gritos en la parroquia mientras él ingresaba con su vehículo. “Él no tenía mucho deseo de salir, y me pidió un año más. Tampoco se muere nadie por un año más.”  Tras prorrogar su presencia en la parroquia la situación empeoró: “Justo en este momento llegaron denuncias de cinco, seis jóvenes, de unos tratamientos extraños que les hacía como para fomentar el arrepentimiento de sus pecados y la disposición para llevar una buena vida cristiana”.

Diego Guzmán le pidió en su momento al sacedorte sancionado que no aplicara a la dinámica a otros jóvenes

Kevin Rivas denunció por escrito al padre en febrero de 2014 ante el Arzobispado de Guayaquil. En el documento afirmó que fue sometido a la dinámica y relató casos de otros compañeros. Luego pidió a la Fiscalía una investigación. Bayas y a su madre no pudieron actuar judicialmente porque antes de hacerlo Intriago los demandó por injuria y delitos de odio y por esta vía logró contener el escándalo en su momento.

No se conoce registro de que la Arquidiócesis de Guayaquil solicitara la intervención de la justicia penal frente a los hechos, porque según voceros de la curia, no les correspondía adoptar acciones en ese ámbito. Aún así, Fiscales ecuatorianos iniciaron en septiembre de 2017 dos investigaciones contra el sacerdote: una por abuso sexual y otra por tortura. Ninguna hasta la fecha ha concluido.

Intriago fungió en Guayaquil como asesor espiritual del Sodalicio de Vida Cristiana, fundado en Perú por el laico Luis Fernando Figari, quien vive en un Roma mientras se le procesa por acusaciones de abuso sexual a menores en su país. El Ministerio Público peruano ha solicitado su prisión. La organización apartó a Intriago de sus funciones asesoras en 2014 al conocer los casos de la dinámica.

Michael Manzur no creyó a sus compañeros en un principio, pero hoy piensa que fueron abusados.

Intriago, quien ha gozado de prestigio en la sociedad de la sociedad de Guayaquil, defiende su inocencia, ha apelado dos veces la sanción que se le impuso desde el Vaticano y espera respuesta definitiva sobre su caso. Los reporteros de GK contactaron a Intriago para que diera su versión. fue contundente en su respuesta: “Cuidado van a estar dando voces a personas que hacen denuncias desde la oscuridad”, dijo. Un día después, su abogado llamó para decir que ni él ni su cliente darían declaraciones porque la ley se lo prohíbe ya que hay una investigación en curso de la Fiscalía.

El Papa luego de la visita a Chile rectificó sobre su valoración del caso por el cual recibió reclamos. Dijo haber carecido previamente de información veraz y pidió perdón por ello. El gesto, en algunos, fue recibido como otro paso en un camino aún largo de la Iglesia Católica para castigar a perpetradores y encubridores de los abusos sexuales, y por los abusados como una esperanza de justicia terrenal. La misma que esperan quienes se sienten víctimas del sacerdote Intriago.


Este reportaje fue realizado por Isabela Ponce Ycaza y José María León Cabrera, con ilustraciones de Paula de la Cruz para la revista GK en el marco de la Iniciativa para el Periodismo de Investigación de las Américas del ICFJ en alianza con CONNECTAS.

Esta elección es falsa

Lilian Tintori, vocera de la oposición venezolana

Lilian Tintori es una de las voces más representativas de la oposición venezolana. Hoy se realizan en este país suramericano unas elecciones que no gozan de las validaciones y garantías internacionales. Tintori destaca la ausencia de un candidato opositor y el vacío que dejan los observadores imparciales.

El opositor Leopoldo López, uno de los políticos presos más conocidos de América Latina, no puede pronunciarse públicamente sobre las elecciones presidenciales de Venezuela por las condiciones de su arresto domiciliario.
La esposa de López, Lilian Tintori, es desde hace años la portavoz del líder del partido centrista Voluntad Popular, condenado en 2015 a más de 13 años de prisión por cargos de incitar a la violencia durante otra ola de protestas un año antes. López cumple desde 2017 su pena en el régimen de “casa por cárcel”.

Tintori habló en Caracas sobre la crisis humanitaria en su país y sobre por qué cree que los comicios en los que el socialista Nicolás Maduro buscará un segundo mandato de seis años, el domingo, no son una elección democrática tras casi 20 años de chavismo.

¿Cuál es la situación de Venezuela?
Estamos viviendo una emergencia humanitaria. Leopoldo, en 2014, denunció al régimen. Dijo que era antidemocrático, corrupto, ineficiente. Dijo que iban a faltar comida y medicinas. Y mucha gente no le creyó. Y fíjate después de cuatro años todo lo que ha pasado. No hay comida, no hay insumos médicos, los niños se mueren por desnutrición.
Venezuela es hoy una alarma en el mundo. Hay éxodo. Las fronteras están llenas de venezolanos con problemas, con enfermedades. Hay campamentos en Brasil, hay campamentos en Colombia, hay venezolanos regados por el mundo, que huyen. Huyen porque los intimidan o huyen porque tienen hambre y quieren buscar un futuro.

¿Cuáles son las causas de esa crisis?
El desastre que estamos viviendo es por un desastre de gestión, del sistema. Es una violación sistemática de los derechos humanos. Hay presos políticos.
Y hay una crisis económica, hay hiperinflación. Un venezolano para comprar la cesta básica necesita una cantidad de sueldos… Hoy, nueve de cada 10 venezolanos se acuestan con hambre. Y no hay autonomía de los poderes públicos.

¿Cuál cree usted que es la solución?
Leopoldo lo ha dicho siempre desde 2014: la salida es pacífica, constitucional y electoral. La democracia es escuchar al pueblo. De eso se trata, que la gente decida su futuro. El venezolano quiere votar y que su voto valga, no que se lo roben. Votar y que le reconozcan ese derecho legítimo. Hoy no tenemos eso. No hay una observación internacional cualificada. No hay candidatos como los que quiere la gente. Los candidatos fuertes que pueden ganar una elección están hoy presos, inhabilitados o en el exilio.

Votar y que le reconozcan ese derecho legítimo. Hoy no tenemos eso. No hay una observación internacional cualificada. No hay candidatos como los que quiere la gente.

Si creen que la solución es votar, ¿por qué no van a votar en la elección presidencial del 20 de mayo?
Eso no es una elección. En una elección se trata de elegir, de decidir. Ahí nosotros ni siquiera tenemos a nuestro candidato opositor que nos represente. La oposición no está representada por ninguno de los candidatos que están corriendo (postulando). Los que están corriendo le están haciendo el juego a Maduro. Lo que está planteado el 20 de mayo es una ruptura más del hilo constitucional de Venezuela. Eso es una elección falsa, un fraude desde su origen. Porque quien convoca es la Asamblea Nacional Constituyente. Y muchos países han declarado firmemente que la Asamblea Nacional Constituyente es ilegítima.

¿Qué le parece la candidatura opositora de Henri Falcón?
Cualquier candidatura en el marco de esta fecha es una candidatura sin legalidad. No tiene fuerza, no es legítima, no se escogió con la gente. Los candidatos que están tratando de medirse no representan la voluntad de Venezuela. Porque es una elección sin mínimas condiciones.

¿Y qué va pasar después de la elección?
El día 21 la crisis continuará, porque es un día más con Maduro, un día más con un régimen sin humanidad, que ni siquiera reconoce que hay crisis. El 21 Venezuela va a estar peor.

El año pasado hubo protestas durante meses, pero ahora ya no hay casi gente en las calles. ¿Por qué?
El año pasado salimos a protestar pacíficamente durante tres meses seguidos. Se movilizó mucha gente, sociedad civil, estudiantes, líderes de la oposición. Pero hubo personas que murieron en el marco de las protestas. Estos asesinatos están registrados, muchos de ellos en video. Y quienes dispararon son personas del Estado. Definitivamente la gente salió con mucha fuerza a protestar, pero al mismo tiempo la gente no quiere morir. La gente no va a dejar de protestar, pero en Venezuela hoy salir a protestar no te garantiza la vida.

¿Cómo está Leopoldo López?
Está recuperando espacios con su familia, con sus hijos, conmigo. Está en la casa pero está preso. Tiene muchísimas ganas de trabajar, de hacer gestión. No duda ni un minuto de que lo que ha hecho, esa denuncia tan fuerte en 2014 hizo que Venezuela cambiara.

¿Cómo está de ánimo?
Fuerte. Para mí él es una roca. Es la roca de Venezuela y es la roca en mi casa. Yo siempre estuve muy firme cuando él estaba en (la cárcel) Ramo Verde por la fuerza que él me daba en la celda. Y yo con esa fuerza salía por el mundo. Y logramos muchísimo, logramos transformar a la comunidad internacional. Los pronunciamientos de cada país son una esperanza para nosotros.

Usted no pudo salir del país el año pasado. ¿Cuál es su situación actual?
Pareciera que no nos reconocen como ciudadanos venezolanos. Así como a Leopoldo no lo dejan hablar, a mí me violan todos los derechos. Me quitaron el pasaporte y no me dejan transitar libremente ni dentro ni fuera de Venezuela. Nos han bloqueado las vías principales del país para no llegar de un estado a otro.

¿Tiene algo más que pedirle a la comunidad internacional?
Que no podemos esperar más. Se tienen que acelerar los tiempos para pronunciarse fuertemente. No se puede esperar más. Los tiempos de la diplomacia y de la política internacional se tienen que acelerar. No podemos esperar más. Porque cada día que pasa significa más muertes en Venezuela, más éxodo, más crisis.

Aldana, la fiscal que apresó a un presidente en Guatemala

Fiscal Aldana

Thelma Aldana no puede salir sola a la calle de su país y quizá nunca podrá hacerlo de nuevo.
Ser la fiscal general que envió a un presidente a la cárcel y desarticuló varias estructuras criminales en Guatemala le valió el reconocimiento internacional, pero eso tuvo un costo: su seguridad.

Tan solo en 2016, el Ministerio de Gobernación confirmó que una estructura criminal había planeado y pagado un atentado contra ella, por lo que hoy cuenta con medidas de protección de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

La guatemalteca de 62 años dejará su cargo el próximo 16 de mayo y será reemplazada por María Consuelo Porras, actual magistrada suplente de la Corte de Constitucionalidad y recién elegida por el presidente de entre seis candidatos.

En los cuatro años que mantuvo el puesto, en colaboración con la Comisión Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), Aldana encabezó una lucha anticorrupción que alcanzó a la agrupación que habría liderado el expresidente Otto Pérez Molina, acusado de defraudar al Estado por varios millones de dólares y hoy preso junto con su entonces vicepresidenta, Roxana Baldetti, y otros funcionarios cercanos.

Pérez Molina no era cualquier presidente: antes de ocupar el cargo fue general de uno de los ejércitos más temidos durante los años de la guerra civil de Guatemala (1960-1996), un hombre que quizá no imaginó que su peor pesadilla no lo confrontaría en un campo de batalla, sino en una sala de justicia y llevaría el nombre de Thelma Aldana.

Aldana es “la Jefa”. Sus colaboradores más cercanos la llaman así por distintos motivos. Es puntual y, como toda buena abogada, lee todo lo que cae en sus manos. La expresión de su rostro es dura y no es fácil descifrar lo que piensa al mirarla: cuando aparecía ante las cámaras de la prensa y ponía al descubierto una nueva red de corrupción en el país, mantenía su temple y la mirada impávida.

Parecería que el único que puede “dominarla” es Toby, su pequeño perro Shih Tzu de cinco años. Cuando habla de él, la cara de Aldana sí se transforma. La fiscal sonríe cuando lo menciona y cuenta que, cuando necesita llevarse trabajo a casa, transporta sus archivos en una caja de cartón en la que a Toby le gusta echarse. Y así, con su mascota recostada sobre los documentos que podrían enviar a criminales y políticos tras las rejas, una de las fiscales más renombradas de América Latina se sienta a leer.

Su nombre no solo se ha impreso en los titulares de diarios regionales: en 2017, la revista Time la nombró como una de las 100 personas más influyentes del mundo junto a figuras como Neymar, Colin Kaepernick o Viola Davis.

Para ella tampoco es poca cosa haber revisado más de 450 casos durante su gestión. “Luchar contra la corrupción es un proceso y no es fácil”, dice.

Solo en 2017 el organismo que lideraba obtuvo 9,358 sentencias condenatorias y aunque aún falta mucho por hacer, en 2014 la fiscalía tenía 1,280,378 expedientes por resolver, cifra que a la fecha se redujo más del 50 %.

***

La ruta
El camino que siguió para convertirse en fiscal general fue largo. Inició en 1981 en uno de los puestos más bajos de la administración de justicia como conserje de juzgado, y escaló poco a poco hasta convertirse en presidenta de la Corte Suprema en 2011. Una vez como fiscal, quizá ni sus colaboradores más cercanos imaginaban lo que podría alcanzar en el puesto. El mismo Pérez Molina, que fue a la cárcel por ella, la eligió para el puesto en mayo de 2014 entre rumores de vínculos y cercanía, que en su momento él negó.

Algunos guatemaltecos pensaban que al ser electa por el expresidente, las acusaciones por corrupción en su contra no se investigarían y que no habría justicia, pero sucedió justo lo contrario. Ahora ella dice que eso le hace sentir muy orgullosa y asegura que nadie se acercó a ofrecerle sobornos.

“Una parte de la Biblia dice: por sus obras los conoceréis, y yo hice mi mejor esfuerzo”, dijo la fiscal. “Con toda humildad, me voy con la frente en alto”, aseguró al cuestionársele si alguna vez consideró no tomar medidas contra el entonces presidente.

Iván Velásquez, el titular de la CICIG, cuenta que trabajar con ella tiene un balance positivo y que la considera una mujer fuerte y valiente. Y aunque la confianza entre ambos no surgió desde el primer momento, dice Velásquez, el trabajo en común le parece una experiencia satisfactoria que con todo y sus diferencias siempre llegó a consensos en armonía.

El caso que afianzó sus coincidencias fue justamente el de Pérez Molina. Según el abogado colombiano que desde 2013 lidera la CICIG, el caso contra el exmandatario fue “de un momento muy crítico”, pero Aldana no dudó en tomar las acciones pertinentes.

Durante su gestión, Aldana ha sido víctima de amenazas, persecuciones y difamaciones. Aunque podía, decidió no volver a postularse como fiscal para evitar más riesgos, y está convencida de que el actual presidente, Jimmy Morales –señalado por la fiscalía y la CICIG por hechos de corrupción–, nunca la hubiera elegido para volver a ocupar el cargo.

Al hacer un balance de su trabajo, la fiscal califica estos últimos cuatro años como los más difíciles de los 37 que ha dedicado al sistema de justicia de su país, e incluye su paso como expresidenta de la Corte Suprema de Justicia.
Uno de los momentos más duros de su gestión, dice Aldana, llegó el día en que el presidente Morales –a quién ella y Velásquez intentaron investigar por financiamiento electoral ilícito– intentó expulsar al comisionado del país. “Hasta anuncié que si se iba, yo renunciaba”, dijo.

La fiscal, además, recuerda con tristeza cuando se enteró de la muerte de 41 niñas en un hogar de acogida estatal el 8 de marzo de 2017, cuando estas intentaron fugarse y al no conseguirlo incendiaron la habitación donde las habían encerrado bajo llave. El fuego también dejó quemadas gravemente a otras 15 menores. Los fiscales bajo su mando lograron que 10 exfuncionarios fueran detenidos por el caso.

Casi al término de su gestión, “la Jefa” confesó tener una deuda con su familia, pues al dejar el cargo deberá tratar de recuperar el tiempo que perdió con sus dos hijos, de 21 y 24 años.
Aldana asegura que el costo personal de haber sido fiscal general ha sido grande, ya que para cuidar su seguridad, tuvo que dejar de hacer cosas cotidianas.

“No voy prácticamente a lugares públicos y no puedo caminar en las calles. Siempre tengo que estar con un aparato de seguridad; mi estilo de vida cambió bastante”, dice, y añade que una de sus preocupaciones ahora que finaliza su gestión es garantizar su seguridad y la de su familia. “Entonces, será responsabilidad del Estado guatemalteco la vida mía, protegerla, y la de mi familia”, sentencia.

De cara a esta situación, Guatemala deberá acatar la orden de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que ordenó medidas cautelares de protección para Aldana y sus familiares. “Sé que hemos investigado estructuras criminales poderosas y, en consecuencia, debo conducirme con mucha cautela”, explica.

En el futuro cercano, “la Jefa” quisiera pasar sus días en un aula frente a estudiantes. Dice que le apuesta a la docencia porque con la experiencia de haber llevado a prisión a más de 100 estructuras vinculadas al crimen y la corrupción en el país, sus enseñanzas serán de utilidad para los jóvenes.

La fiscal sonríe cuando lo menciona y cuenta que, cuando necesita llevarse trabajo a casa, transporta sus archivos en una caja de cartón en la que a Toby le gusta echarse. Y así, con su mascota recostada sobre los documentos que podrían enviar a criminales y políticos tras las rejas, una de las fiscales más renombradas de América Latina se sienta a leer.

Aldana no saldrá de su oficina con las manos vacías. Entre los documentos que seguramente conservará hay decenas de premios y reconocimientos que le han entregado por su trabajo; entre ellos, el de Mujeres Valientes del Departamento de Estado, el Premio Internacional de Catar Excelencia Anticorrupción –ambos otorgados en 2016– y la vara de autoridad que le fue entregada por líderes indígenas guatemaltecos, uno de sus favoritos.

Al preguntarle cómo le gustaría que la recuerden, Aldana muestra su orgullo por los esfuerzos que encabezó para mejorar la atención a nivel nacional de los casos de violencia hacia la mujer y dice que espera haber dejado en la mente de los guatemaltecos que la independencia de la fiscalía general sí es posible. “Es un bien preciado”, asegura.

Los días que vendrán serán menos complicados. Tras su salida de la fiscalía, que coincide con el inicio de la copa del mundo en Rusia, “la Jefa” tratará de disfrutar momentos más mundanos: ver el mundial completo en televisión y en tiempo real.

“Siempre he tenido que verlo en la noche, en diferido, pero ahora tengo el deseo de verlo en directo, y luego veré qué hago con mi vida profesional”, dice.

“Pablo” en Nat Geo Kids: el mundo como lo siente un niño con autismo

Pablo

Antes de agosto de 2017, la voz de Federico García Villegas la conocían sus padres, sus compañeros de escuela y sus maestros. El niño colombiano aún no había tenido la oportunidad de hablar sobre su vida frente a cientos de miles de personas en América Latina y España.
Desde finales de abril, Federico es la estrella principal de “Pablo”, una serie infantil que transmite Nat Geo Kids y que, dentro de su programación, es la primera interpretada por niños diagnosticados con un trastorno dentro del espectro autista (TEA, por sus siglas).

Según explicó una ejecutiva del canal, los productores del programa encontraron a Federico por medio de un video de YouTube que grabó y publicó su madre, Ana Villegas. A la fecha, el video ha conseguido más de 157,000 reproducciones y fue compartido por medios internacionales como El Tiempo (Colombia), Clarín (Argentina) y El País (España).

“Él lo ha disfrutado, lo ha sentido y lo ha vivido de una manera muy bonita y con mucho compromiso”, dijo Villegas en entrevista con varios medios latinoamericanos sobre la participación del niño en “Pablo”.
La madre colombiana explicó que es psicóloga de profesión y que el diagnóstico de su hijo la impulsó a actualizar sus conocimientos profesionales sobre el TEA y, específicamente, sobre el síndrome de Asperger con el que vive su hijo (un autismo de alto funcionamiento).

En 2017 abrió la página de Facebook Soy Diferente, Soy Como Tú para difundir información y, además, lidera una fundación en Colombia que lleva el nombre de su hijo.
“Quería pasar ese conocimiento, esa experiencia, a otras personas que están empezando el camino que yo ya había recorrido”, aseguró.
“La diferencia no es algo que tenemos que rechazar ni temerle. Si conocemos la forma para acercarnos a estas personas, nos daremos cuenta de que son seres maravillosos y con mucho potencial”, añadió.

***

“No soy un freak”

El honesto testimonio de Federico se convirtió en una forma sencilla que usaron padres, activistas y medios de comunicación para visibilizar la existencia de personas con TEA.
“No es una enfermedad, así que no hay que buscarle cura. Es una condición que existe desde mi concepción. O sea, es parte de mí y lo seguirá siendo toda mi vida. No soy ni loco, ni freak, ni raro. Mi manera de percibir las cosas es diferente”, dice Federico antes de presentar anécdotas de vivir con Asperger.
Las personas diagnosticadas dentro del TEA pueden sufrir sobreestimulación con ruidos y texturas, tener problemas para interpretar las emociones de otras personas y tener intereses muy estructurados. Sin embargo, en casos de autismo de alto funcionamiento –como el síndrome de Asperger– , los niños pueden llegar a la edad adulta sin recibir un diagnóstico adecuado porque sus conductas no sobresalen dentro de la norma de un salón de clases o la vida familiar.
“Les gusta la compañía de la gente, lo que pasa es que se saturan fácilmente cuando hay demasiados estímulos sensoriales: ruido, personas hablando, luces. Eso los abruma y ellos tienen que retirarse un momento para tratar de calmarse”, detalló Villegas sobre el autismo.
“Mucha gente tiene muy claro lo que no son capaces de hacer. Desafortunadamente, esas cosas negativas, esas dificultades, son las que más resaltan en personas con algún diagnóstico (de autismo). Me pareció una bonita oportunidad para que mi hijo pudiera mostrarle a otras personas y darle impulso a otros padres que por desconocimiento están subestimando el potencial de sus hijos”, opinó Villegas sobre la participación de su hijo en “Pablo”.
Para Villegas, la primera señal que recibió de que su hijo necesitaba ayuda fue un cuento que escribió sobre un dinosaurio incomprendido. La madre y psicóloga encontró en la ficción de su hijo una metáfora de sus propias emociones.
“El diagnóstico de Fede no fue fácil, fueron muchos años de tocar muchas puertas, precisamente por el desconocimiento que hay por el tema y por las dificultades de identificar el autismo de alto funcionamiento como el Asperger”, dijo Villegas.
“Yo aconsejaría a los padres a que estén muy atentos a lo que sus hijos comunican no solo verbalmente, sino con otras señales. Pienso que tenemos que ser muy sensibles y escuchar más con el corazón que con nuestros oídos”, añadió.
La dificultad del diagnóstico provoca que no haya números precisos de cuántos casos existen en el mundo.
Durante los últimos dos años, en Costa Rica se ha utilizado la estimación de 64,000 casos en todo el país.
Desde abril pasado, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades en Estados Unidos estiman que 1 de cada 59 niños tiene autismo. A falta de estudios más específicos, el porcentaje mundial que se utiliza es que 1% de la población está dentro del espectro.

***

Un niño como Pablo

“Pablo” se estrenó el pasado 23 de abril en el canal Nat Geo Kids. Los episodios se estrenan diariamente al mediodía, pero el canal también transmite repeticiones a las 6 de la mañana.
El personaje principal –doblado por Federico– es un niño de cinco años, inteligente y amante del arte. Con sus crayolas mágicas, Pablo dibuja animales y criaturas que cobran vida para ayudarle en aventuras animadas fantásticas.
En cada episodio, Pablo enfrenta una situación que le provoca ansiedad pero que, al final, supera con ayuda de sus amigos, su ingenio e imaginación.
Entre algunas de las aventuras que vive Pablo se encuentran muchas actividades que son cotidianas: un corte de pelo, una visita al supermercado, la experiencia de vestirse y sentirse abrumado con las texturas de las telas de la ropa.
Para Ana Villegas, la serie es una oportunidad de que las personas entiendan cómo sienten el mundo los niños con autismo.
Además de Federico, Nat Geo Kids trabajó con otros nueve niños y jóvenes latinoamericanos que han sido diagnosticados dentro del espectro autista (de hecho, cuatro de ellos fueron seleccionados en Guatemala).
La producción describió que buscaron niños con buena dicción pero, sobre todo, que se sintieran felices con el trabajo del programa.
Para la mamá de Federico, la satisfacción de su hijo fue notoria. Según dijo, se preocupa por que otros padres entiendan que los niños deben aprender a navegar el mundo a su manera.
“Son muchas cosas que uno ajusta todos los días”, describió Villegas sobre la vida de su familia después del diagnóstico de Federico.
“Finalmente, lo que nos interesa como padres es darles las herramientas y que ellos aprendan cómo ser independientes y autónomos. No estamos criando niños para nosotros, sino para el mundo, para que ellos puedan resolver sus problemas cuando no estemos”, afirmó Villegas.

Anatomía del monstruo

Laura Restrepo, escritora colombiana

Es decir, uno en su cotidianidad vive con altos niveles de comodidad, sin necesidad de ser una persona muy rica. Y por debajo está ese río oscuro, ese miasma. Entonces, ¿cómo no preguntarse por el mal?

La historia de horror que motivó esta novela es conocida por todos. Sucedió el 4 de diciembre de 2016. Yuliana Samboní caminaba cerca de su casa, por las calles del barrio Bosque Calderón –un sector que ha recibido a cientos de familias de desplazadas del país y es vecino de Chapinero Alto y Rosales, en Bogotá– cuando fue secuestrada y después violada, torturada y asesinada. Tenía siete años. El culpable: Rafael Uribe Noguera, un arquitecto de 38 años, graduado del Gimnasio Moderno y la Universidad Javeriana, que hoy paga una condena de 58 años de cárcel.

El repudio que provocó este caso ha tenido muy pocos precedentes. Las calles se llenaron de manifestantes que pedían el castigo más fuerte para el responsable. Al mismo tiempo despertó muchas preguntas. ¿Cómo había podido pasar algo así?, ¿qué límites se habían roto para alcanzar ese grado de crueldad? A la escritora Laura Restrepo –que supo a larga distancia de la tragedia vivida por Yuliana, por las noticias que leía y los mensajes de dolor y de asombro que le enviaban sus amigos– el tema no se le iba de su cabeza. No la dejaba dormir. Decidió, entonces, hacer lo que ella sabe: escribir. No pensó en una reconstrucción periodística de los hechos, sino en crear un relato de ficción. Una novela que tuviera como único elemento verídico el crimen de la niña. Así nació “Los divinos”, que retrata a un grupo de cinco amigos de clase alta bogotana que lo tienen todo; sobradores, matoncitos, frívolos, consentidos de mamá. Convencidos de estar formándose para pertenecer al pequeño club de los que mandan. Y entre ellos, uno: “el Muñeco”, que “por un lado es Kent con todos sus encantos, y por el otro, Chucky el tenebroso”. El dueño de la atención, el rey del carisma en sus tiempos de colegio que, poco a poco, con el paso de los años, empieza a caminar más allá que el resto entre el alcohol y las rumbas fuertes. A dar muestras de llevar el demonio adentro. “¿Hacia dónde querrá ir, o a dónde querrá llegar, cuando reta así los límites?”, se pregunta uno de los miembros del grupo. Porque “el Muñeco” se aleja, se vuelve otro, o tal vez termina por mostrar un rostro que mantenía escondido. Y un día se convierte en el depredador que va en busca de su víctima.

¿Por qué decidió escribir sobre este tema?

Era imposible no hacerlo. Ya iba bastante adelantada en otro libro, que no tenía nada que ver con esto, y de pronto sucedió el crimen de la niña. No podía pensar en otra cosa. Qué fue lo que pasó. En un país como el nuestro, donde hemos crecido con la muerte, con la criminalidad, donde conocemos todo eso tan bien, se habían transgredido nuestros propios límites. Había algo que no podía asimilarse, que no te dejaba dormir. Un trasfondo que era imposible de saber. No eran las leyes de la guerra, no eran las leyes del hampa, no eran las leyes de la mafia. Era una criminalidad que tenía un componente hedonista, de placer, que quizá no conocíamos todavía. Y también estaba la diferencia brutal entre los poderes del asesino y la absoluta indefensión de la víctima. Era la víctima por excelencia. La víctima en estado puro. De tanto pensar llegó un momento en que me costó trabajo retomar el hilo del libro que tenía en camino, y entonces dije: tiene que ser que hay una urgencia de escribir sobre esto.
En un país como el nuestro, donde hemos crecido con la muerte, con la criminalidad, donde conocemos todo eso tan bien, se habían transgredido nuestros propios límites.

En el propio terreno de lo que se ha escrito, estudiado y denunciado sobre el feminicidio hay una gran cantidad de eufemismos. Lo que hay detrás de la violencia contra las mujeres es tan feroz, que no se quiere mirar.

Y decidió que sería una exploración literaria, no un relato periodístico, de no ficción…

No se trataba de hacer una investigación sobre los hechos, no. Inclusive no busqué expedientes ni documentos al respecto. En el país hay periodistas maravillosos que han realizado ese trabajo. Ese no podía ser mi terreno. Tampoco quise meterme en quién tiene culpa o quién no. Lo que quise hacer fue un universo de ficción, absolutamente de ficción, donde lo único real es el crimen de la niña. Pensando que quizá la literatura puede ser una herramienta para entender qué nos pasó, cuál fue la línea que se cruzó y por qué. Le puse a la novela un epígrafe de Michel Tournier que plantea la idea de que el monstruo es lo que se ve. Según eso, el asesino –en la novela, el asesino ficticio, “el Muñeco”– sería el monstruo, porque es lo visible. Pero lo que quise mostrar es precisamente lo no visible, eso que está demasiado cerquita. Ninguno de los otros muchachos, del grupo de amigos del “Muñeco”, va, viola y asesina a la niña. Ninguno lo hace. Pero llevan unas vidas que se acercan mucho a ese punto de no retorno. El asesino es el monstruo, es lo que vemos. Pero ¿cuál es todo el tinglado que hay detrás de lo visible?

Y también qué dice un caso como este de todos nosotros, como sociedad…

Exacto. La idea era auscultar el alma a ver qué es lo que pasa. Volviendo al terreno de la realidad, este es un crimen que sucede con un proceso de paz en marcha y te lleva a pensar que, si bien fue posible un acuerdo con la insurgencia armada, en el país hay un abismo entre ricos y pobres que es una cosa insondable. En eso no hay proceso de paz ni acuerdo posible porque la diferencia es del cielo a la tierra. Cuando “el Muñeco” mata a la niña –hablando otra vez de la ficción– no se cuida de ocultar, no tiene problema en actuar con absoluta impunidad. ¿Por qué? Porque finalmente la niña no existe. La niña no es nadie. Esto me recordaba el crimen de La Rubiera, en los Llanos, donde unos campesinos blancos masacraron a un grupo enorme de indígenas. Los invitaron a una fiesta, o algo así, los hicieron ir a una finca y ahí los mataron. Les siguieron un juicio y ellos dijeron: “Es que no los matamos, los cazamos”. Ni siquiera había una comprensión de lo hecho. Como si dijeran: “Eran animales, no tenían que ver con nosotros”. En la novela, “el Muñeco” sube a ese barrio a cazar. Para estos muchachitos, de clase alta bogotana, para sus amigos, la niña es un no ser. Lo que la hace visible es que el asesino tiene visibilidad en nuestra sociedad. Porque crímenes y violaciones de niñas hay todos los días.

Este crimen, en el que se basa la novela, despertó además un rechazo que no se había visto antes, quizá también por la visibilidad del culpable.

Por la visibilidad de ciertos protagonistas. Yo tuve cuidado de que se explicitara cómo se relaciona con las mujeres cada uno de los integrantes del grupo de amigos del “Muñeco”. Todos, de una forma u otra, tienen unas relaciones de mierda con las mujeres. Uno por idealización, otro por desprecio, otro porque las engaña… Todos se acercan de alguna forma a la situación del asesino. Él pasa la línea, pero todos vienen de algo, como de un mal aceptado, como si la sociedad admitiera unas dosis de perversidad muy altas. Y de pronto viene este crimen que transgrede eso. Va más allá. Pero eso no quiere decir que la cadena vaya muy atrás. El desprecio por las mujeres se ancla. Entiendo que en el escenario real el odio se centra en esa figura, pero eso no significa que atrás no haya nada.

El narrador en la novela es uno de esos cinco amigos, pero al mismo tiempo está un poco alejado de ese mundo. ¿Cómo llegó a ese personaje?

Yo necesitaba un personaje así, que perteneciera a ese grupo social, que fuera uno de los amigos, pero que al mismo tiempo tuviera una visión crítica. “El Hobbit” –su apodo– es lector, ‘nerd’, algo marginal. Lo quería vigilante de las relaciones de los otros personajes, que no son hijos de papi, estos muchachos son hijos de mami. Porque también me interesaba trabajar ese concepto nuevo, el hijo de mami, un poco contra una idea generalizada de que los hombres están por la violencia y las mujeres por la paz. Eso puede llegar a ser falso. Muchas veces las mujeres generamos el tipo de esquemas que llevan a la violencia. Eso no quiere decir que en muchos de los casos las mujeres no se hayan opuesto muy valientemente a la guerra, pero en niveles más profundos las mamás de estos muchachos están detrás de ese desprecio, como raizal por la mujer. La humanidad está abriendo los ojos a la violencia contra las mujeres y contra los niños, que es brutal.

Hace poco hubo un asesinato de un niño en España, que también despertó mucha indignación. El niño se llamaba Gabriel y en las redes comenzaron a aparecer mensajes de #TodossomosGabriel. En una columna, el poeta español Luis García Montero planteaba si –teniendo en cuenta cómo están hoy las cosas en el mundo– en lugar de ser todos la víctima no seremos más bien todos el victimario…

Fíjate que en la novela el narrador al final lo dice. Porque la idea era un poco esa. Sí, entiendo, hay este ser monstruoso que hizo esa cosa aterradora. Pero qué hay de nosotros mismos ahí, como sociedad, como personas, inclusive como mujeres. Qué hay en el mundo, con esa tendencia narcisista. Es que este es un crimen que se hace por placer. No hay otra razón. Todo el grupo de amigos anda detrás del placer. O en la cocina, o en los carros, o en las fincas, o en la ropa. Es una cadena que lleva a la satisfacción personal. Y eso no es solo colombiano, es mundial. El individuo y la necesidad de complacerse, de sentirse bien. El profundo malestar ante cualquier cosa que frustre esa ansia de bienestar. Y de una manera atroz el crimen de la niña, si bien es cualitativamente más violento, hace parte de esa cadena de darse gusto que va pervirtiendo el alma.
Sí, entiendo, hay este ser monstruoso que hizo esa cosa aterradora. Pero qué hay de nosotros mismos ahí, como sociedad, como personas, inclusive como mujeres.

Y que no tiene límites. En la novela queda claro cómo al “Muñeco” nada lo saciaba.

Así es. A lo largo del libro intenté mostrar ciertos rasgos en el individualismo o narcisismo del “Muñeco” que lo van apartando del grupo, que lo van llevando más lejos, como para explicar por qué él llega a matar y los otros no, por qué llega a torturar a una niña y los otros no. Pero también trabajé mucho en los enlaces que hay entre él y su grupo, porque finalmente ellos son sus íntimos amigos.

Ceremonia. El funeral de Yuliana Samboní reunió a una gran cantidad de gente que no solo lamentó la muerte de la niña, sino que también exigió justicia. Jubencio Samboní, padre de la víctima, se vio consumido por el dolor.

Una imagen terrible en el celular de Marta Raquel

Una mujer involucrada. Marta Raquel Fernández, 25, ambientalista y activista política, sentada en el patio de su casa, en la aldea Gualjoco, departamento de Santa Bárbara.

Marta Raquel Hernández, de 25 años, guarda una imagen terrible en la memoria de su celular. La tomó el 20 de febrero pasado. Es la última fotografía que pudo hacerle a Luis Fernando Ayala, su primo de 16 años, parte de la familia, a pesar de que su padre nunca lo reconoció. La instantánea obliga a apartar la mirada. En ella aparece el cadáver del joven, le faltan las manos y su rostro ha sido desfigurado. Marta Raquel tomó la fotografía cuando acompañó a los padres de Nando, que es como conocían al chaval asesinado, a reconocer el cadáver. Fue la única que pudo tomar antes de que un policía le impidiese el paso y le advirtiese que no puede retratarse el escenario de un crimen, a pesar de que existen medios de comunicación que han convertido la escena de los asesinatos en su principal reclamo comercial. Hernández muestra el celular en el patio de su casa, una humilde vivienda ubicada en la comunidad de Gualjoquito, municipio de Gualala, departamento de Santa Bárbara, en el noreste de Honduras, a tres horas y media en carro desde Tegucigalpa. Un mes después de la entrevista, la joven ya no se encuentra en el domicilio en el que ha pasado toda su vida. Ella es una de las integrantes del grupo de apoyo al Movimiento Ambientalista Santabarbarense (MAS). Tiene miedo de ser la próxima víctima.
Los defensores del medio ambiente en Honduras son un colectivo vulnerable. Según el informe de 2017 de Global Witness, hasta 14 fueron asesinados en 2017. La muerte de Berta Cáceres, que tuvo lugar el 2 de marzo de 2016, puso el foco sobre los peligros que afronta. “Vas a terminar como Berta Cáceres”, es algo que muchas de las integrantes de grupos como el MAS, que se oponen a proyectos extractivistas, han tenido que escuchar en algún momento en Honduras, explica Betty Vásquez, coordinadora del grupo ambientalista.
La violencia es un mal endémico en este país centroamericano. En 2017, según cifras oficiales, 3,791 personas fueron asesinadas, lo que ofrece una tasa de 42.8 muertes violentas por cada 100 habitantes. Y eso que las estadísticas muestran una tendencia a la baja. Un año antes el número de homicidios ascendió hasta los 5,154.
Luis Fernando Ayala ha pasado a formar parte de esas estadísticas. Números que, en un contexto del 90 % de impunidad (según datos del Comisionado Nacional de Derechos Humanos, CONADEH) quedan enterrados y sin explicación.
El cadáver del joven apareció el 19 de febrero en la aldea de Concepción Sur, en el mismo municipio de Gualala. Su familia había denunciado su desaparición días atrás. “Con sus manos amputadas y torturado, encuentran cadáver de joven ambientalista desaparecido en Santa Bárbara”. Así titulaba su nota el diario El Progreso el 20 de febrero. “Ayala y su familia han sido miembros activos del Movimiento Ambientalista Santabarbarense (MAS) en el municipio de Gualala, donde hace más de tres años se lucha contra la concesión minera para la extracción de yeso otorgada por un período indefinido y que amenaza con desaparecer la comunidad de Arenales en ese municipio”, explicaba el rotativo.
En Gualjoquito todavía se respira un estado de shock. Se trata de una pequeña comunidad empobrecida, de algo más de 500 vecinos, a la que se accede abandonando la carretera principal que conduce desde Santa Bárbara a San Pedro Sula. Sus habitantes se dedican en su mayoría a la agricultura. Como Luis Fernando Ayala, que encontró la muerte cuando trabajaba recogiendo café. No es habitual que en esta zona ocurran homicidios, al menos no a la escala de Tegucigalpa o San Pedro Sula. Aunque sí que existe algo que se conoce como “la ley del monte”, una suerte de “ojo por ojo” de la ley del talión.
Irene Ayala, de 77 años y abuelo del joven asesinado, recuerda la última vez que lo vio. Fue el lunes, 12 de febrero. Abandonó la aldea acompañado por un joven al que había conocido un mes antes, en las fiestas de Chinda, una comunidad cercana. Ambos marcharon a la finca de Concepción Sur, donde la víctima trabajaba recogiendo café. Marta Raquel Hernández recuerda que su primo todavía intentó que otros dos amigos más se sumasen a la expedición. Ninguno quiso.
“No entiendo por qué alguien querría hacerle algo así. Era un buen chico”, dice Ayala. Durante toda la entrevista mantendrá un gesto serio, controlando sus emociones. Al terminar, romperá a llorar. El abuelo fue el que se hizo cargo del joven prácticamente desde que nació. Estamos ante un caso de desestructuración familiar característico de países centroamericanos. El papá comienza a tomar, hasta que la mamá se harta y se separa. La familia se rompe. El hijo pasa a ser cuidado por otros familiares. En este caso, con el agravante de que el padre nunca le reconocerá como tal, por lo que lleva el apellido de su madre.
Luis Fernando Ayala era una víctima fácil.
Lo único que sabemos sobre la víctima desde que abandona su aldea hasta que aparece muerto en la finca en la que recogía café es a través de fuentes terciarias. Su abuelo explica que el jueves 15 recibió una llamada preguntando por el paradero del joven, lo que le hizo sospechar. No sabrían nada más hasta el lunes, cuando apareció el cadáver. Una mujer de la zona, la encargada de dar la comida a los campesinos que trabajan en el café, les dijo que vio cómo tres encapuchados se llevaban al adolescente en la noche. Que su hijo lloraba. Que tenía miedo. La Dirección Policial de Investigación (DPI), encargada de las pesquisas, rehusó hablar para Plaza Pública.
Los familiares de la víctima creen que detrás del homicidio está algún grupo irregular de la Policía o el Ejército de Honduras. Sospechan que pudieron hacerle alguna fotografía durante las protestas que se han llevado a cabo en el municipio por la elección de Juan Orlando Hernández como presidente. Señalan al supuesto amigo que acompañaba a la víctima. Dicen que tenía aspecto de militar, que siempre portaba un cuchillo, que, de alguna manera, tenía controlado al menor.

El joven, que decía ser de la vecina aldea de Chinda, desapareció desde que se encontró el cadáver.
Hasta aquí tenemos la historia de un joven activista secuestrado, torturado y asesinado en uno de los países en los que ser defensor tiene mayores costes para la integridad física. No existe ningún dato que vincule el homicidio del muchacho con la condición de ambientalista de Ayala, más allá de las sospechas de sus familiares.
Uno de los errores que tiende a cometer un periodista cuando se enfrenta a una situación de estas características, con un homicidio de por medio, es tratar de ejercer de fiscal. El segundo es dar por buena la primera versión, generalmente difundida por las ONG, sin plantearse otras hipótesis. Spoiler: es posible que nunca se sepa quién mató a Luis Fernando Ayala, ni cuáles fueron sus motivaciones.
Al día de hoy, lo que conocemos es que el balance en la comunidad de Gualjoquito es de un adolescente muerto, una joven que se ha tenido que marchar a vivir a otra aldea para protegerse y otros cinco vecinos con medidas de protección colectiva impuestas por el Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos, Periodistas, Comunicadores Sociales y Operadores de Justicia. Todos ellos son miembros del Movimiento Ambientalista Santabarbarense. Miedo.

Marta Raquel tomó la fotografía cuando acompañó a los padres de Nando, que es como conocían al chaval asesinado, a reconocer el cadáver. Fue la única que pudo tomar antes de que un policía le impidiese el paso y le advirtiese que no puede retratarse el escenario de un crimen, a pesar de que existen medios de comunicación que han convertido la escena de los asesinatos en su principal reclamo comercial.

***

EL AMBIENTALISMO COMO BASE EN UN CONTEXTO DE PROTESTAS
“Nando era un principiante, apenas llevaba tres años apoyando al movimiento”, explica Marta Raquel Hernández. Muy joven para haber participado en la gran movilización que ha marcado la historia de este municipio. Ocurrió en 2010. Poco antes, el presidente interino, Roberto Micheletti, otorgó una licencia minera a Rubén Darío Bonilla Moreno. El objetivo era perforar para obtener yeso en un espacio de 900 hectáreas en la aldea de Arenales, en el mismo Gualala. Los vecinos se organizaron y, según indica la joven, el proyecto se paralizó hace ocho años. No obstante, siempre existe la posibilidad de que se retome lo que constituye una espada de Damocles para la aldea, que sería completamente destruida.
Hernández, que viene participando en las protestas desde 2010, explica que estas constituyeron el inicio del movimiento ambientalista en Gualjoquito. “Yo siempre he estado en todas las marchas”, afirma orgullosa. Asegura seguir el ejemplo de Berta Cáceres. Muestra una camiseta con el rostro de la ambientalista; y otra, con la imagen de Ernesto Che Guevara, el mítico revolucionario argentino. La figura de la líder indígena asesinada es omnipresente. La joven lamenta haber coincidido con ella solo en una única ocasión. Está orgullosa de su activismo. Este le ha convertido en una voz autorizada en el municipio.

Desde hace años, su referente es el Movimiento Ambientalista Santabarbarense (MAS). Este se formó el 7 de diciembre de 2011. Entre sus fundadores se encuentran la actual coordinadora, Betty Vásquez; Wilfredo Rivera, que fue el primer líder; y Adolfo Ayala, primo del joven asesinado en Concepción Sur. El origen del grupo está en la concesión de más de 70 licencias mineras en 2011, de las 250 que se han aprobado en todo Honduras. El departamento es uno de los más afectados por los proyectos extractivistas. A pesar de ello, 12 de los 28 municipios que lo componen se han declarado “libres de minería”. Vásquez explica que 28 de los ríos de la zona van a ser utilizados para implementar proyectos hidroeléctricos. Afirma que desde el golpe de Estado de 2009 el número de este tipo de proyectos se ha multiplicado.

Represión. La presencia del Pozo implica una fuerte presencia de policías y militares en el área, que justifica las acciones de represión hacia la población.

Una mina fue el origen del grupo en el que participa Marta Raquel Hernández y donde también podía verse, de forma esporádica, a Luis Fernando Ayala. Según indica la primera, fue diversificando sus actividades hasta convertirse en un referente en Gualjoquito. Su segundo hito fue la protesta contra la deforestación ilegal que sufría el municipio. Ocurrió hace dos años y llevó a los activistas a ocupar simbólicamente el edificio de la alcaldía. Esto les llevó a una disputa con el alcalde, Marco Fernández, del Partido Nacional.

Víctima. Irene Ayala, 77, muestra la foto de su nieto, Luis Fernando, tal como lo encontraron sus familiares en una plantación de café en el municipio de Concepción Sur, después haber sido secuestrado y asesinado.

“Se dedica a mantener limpia la zona de las comunidades aledañas a Gualala haciendo un recorrido de limpieza cada viernes, ayuda a los enfermos, participa dentro de la Iglesia católica como grupo ambiental, colabora con el grupo Cultura Verde para limpiar los pozos y la siembra de árboles, denuncia los incendios forestales, cuida que no se deforesten las áreas donde hay vertientes de agua, protesta por la instalación de la minas a cielo abierto”, explica un informe realizado por el Comité de Familiares de Detenidos y Desaparecidos de Honduras (COFADEH). En este documento, la agrupación de defensa de los derechos humanos solicita al Estado la adopción de medidas cautelares de protección para Hernández y otros cinco jóvenes de la comunidad.
La labor de este grupo ha trascendido al movimiento ambientalista. Los mismos jóvenes que protestaron contra la tala ilegal de árboles o hacen frente a la construcción de una mina son los que se manifiestan contra el presidente, Juan Orlando Hernández. El jefe de Gobierno proclamó su reelección tras los comicios del 26 de noviembre. Desde entonces, la oposición, liderada por Salvador Nasralla, candidato de la Alianza de Oposición contra la Dictadura; y José Manuel Zelaya, expresidente depuesto en 2009 tras un golpe de Estado, mantiene una estrategia de movilización callejera. Un informe firmado por 50 ONG hondureñas que se presentó en Bogotá ante la 137.º sesión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) cifra en 38 las víctimas mortales durante el período poselectoral; además de 393 heridos, 76 casos de tortura, 105 desplazados por su adscripción política, 1,275 arrestos, 89 personas criminalizadas, 24 de las cuales están en prisión preventiva y 15 periodistas detenidos. La ONU reduce el número de muertos hasta los 23 o 22 civiles y un policía, y señala directamente a las fuerzas de seguridad hondureñas como responsables en el uso excesivo de la fuerza.

“En las zonas en las que existe resistencia contra proyectos ambientalistas se ha registrado mayor oposición al Gobierno”, explica Dunia Rodríguez, abogada del Equipo de Reflexión, Investigación y Comunicación (ERIC), un centro jesuita fundado en El Progreso, norte de Honduras, en 1980. Actualmente es uno de los referentes de la lucha por los derechos humanos en el país. Rodríguez apunta a la que puede ser una de las claves. Desde que tuvieron lugar los comicios, en Gualjoquito se han multiplicado los plantones y las protestas de carácter político. Las protagonizan los mismos miembros del movimiento ambientalista, pero con otra connotación. Esto ha provocado la reacción por parte de la policía, que ha irrumpido en diversas ocasiones en la comunidad. Cuando Luis Fernando Ayala fue asesinado era habitual que los uniformados tomasen las calles de la aldea, entrasen en algún domicilio e interrogasen a alguno de los integrantes del grupo de apoyo al MAS.

Desde la muerte de Berta Cáceres, los movimientos ambientalistas han mejorado su capacidad de organización y han desarrollado nuevos mecanismos para demandar la atención del Estado frente a la amenaza de proyectos económicos que ponen en riesgo sus territorios. Esta es la razón por la que hoy tienen un papel protagónico en las calles, aunque esta vez, como lo explica Rodríguez, sus protestas están asociadas a la coyuntura política del país. Sin embargo, el peligro está ahora en la dificultad que tienen para determinar quiénes están detrás de las muertes de sus compañeros.

“Él era nervioso, miedoso, cuando nadie le veía trataba de marcharse de las protestas”, dice Hernández, en referencia a la Luis Fernando Ayala. En su opinión, el origen del asesinato está en el 15 de diciembre de 2017. Ese día, vecinos de la comunidad, entre ellos el adolescente posteriormente asesinado, participaron en un plantón contra la elección de Juan Orlando Hernández como presidente. La policía irrumpió en el municipio. Los jóvenes se escondieron en las montañas aledañas. Lanzaron piedras. Los uniformados llegaron a disparar a bala viva.

El nerviosismo es palpable en la aldea. Hernández lleva la voz cantante. Irene Ayala, sentado a su lado, también interviene. Formando un semicírculo, varios jóvenes, amigos de la víctima, siguen la conversación sin abrir la boca. Si se les pregunta, apenas aciertan a sonreír, nerviosos, sin ser capaces de expresar una palabra. Tienen miedo.
“Él era nervioso, miedoso, cuando nadie le veía trataba de marcharse de las protestas”, dice Hernández, en referencia a la Luis Fernando Ayala. En su opinión, el origen del asesinato está en el 15 de diciembre de 2017. Ese día, vecinos de la comunidad, entre ellos el adolescente posteriormente asesinado, participaron en un plantón contra la elección de Juan Orlando Hernández como presidente. La policía irrumpió en el municipio. Los jóvenes se escondieron en las montañas aledañas. Lanzaron piedras. Los uniformados llegaron a disparar a bala viva.

En el exterior de la aldea se observan los restos del conflicto. La carretera que llega hasta la comunidad está decorada con lemas contra Juan Orlando Hernández. La entrevista con los pobladores se realiza el domingo 25 de febrero. La carretera está plagada de controles de la Policía Militar de Orden Público, un destacamento creado en 2013 por el presidente cuando lideraba el Congreso. Está prevista una marcha ante el Pozo I, una de las prisiones de máxima seguridad ubicada a 10 minutos en carro desde Gualjoquito. La prisión, donde ni siquiera hay señal de celular, estaba pensada para albergar a los líderes de las grandes pandillas que operan en Honduras, Mara Salvatrucha 13 y Barrio 18. Sin embargo, desde el inicio de la crisis política, al menos una decena de opositores han sido encerrados en esta cárcel especial.

Marta Raquel Hernández tiene miedo de que le ocurra lo mismo que a Ayala. O a ser detenida y encarcelada en una prisión de máxima seguridad. La misma semana en la que el adolescente estuvo desaparecido ella fue arrestada por la policía. Le acusaban de “incitar a la violencia” y le trasladaron a comisaría, donde permaneció un día.
Por eso, el 27 de febrero acudió a Tegucigalpa para reportar su caso al COFADEH. Estos, a su vez, trasladaron sus preocupaciones ante el Mecanismo de Protección, quien ofreció a la joven contar con escolta policial. “Lo rechacé”, explica en conversación a través de WhatsApp. No se fía de los policías que deberían protegerla. Dice que quiere abandonar el país. Se siente triste por tener que renunciar a sus estudios de Derecho, pero no le queda otra opción. Al mismo tiempo, COFADEH ha solicitado medidas de protección a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Que la institución internacional te proteja tampoco es garantía de nada. Berta Cáceres tenía estas medidas y fue asesinada igualmente.

El cadáver de Luis Fernando Ayala fue enterrado el viernes, 2 de marzo. En un primer momento, el Instituto de Medicina Forense de San Pedro Sula afirmó que no podría devolver el cadáver hasta pasados tres meses del asesinato. La protesta de los familiares agilizó el trámite. Está claro que el adolescente fue asesinado. Lo difícil es hallar a los culpables.
Lo que se anunció como un nuevo atentado contra un miembro de un grupo ambientalista muestra una realidad más compleja. Lo que no puede ocultarse es la situación de extrema vulnerabilidad que padecen los integrantes de los grupos que defienden la naturaleza o que protestan por la situación política de Honduras.

Riqueza y conflicto. La región de Santa Bárbara es rica en oro, plata y minerales industriales, tal como cinc, cobre y aluminio. Esta riqueza de recursos ha sido la raíz de los conflictos.

Este artículo es una colaboración periodística entre Plaza Pública y Mongabay Latam. Puede ver la publicación original en: https://www.plazapublica.com.gt/content/honduras-una-imagen-terrible-en-el-celular-de-marta-raquel.

Abuso de menores en clubes de fútbol sacude a Argentina

Controles. El escándalo de abusos de menores en dos de los clubes más populares y exitosos de Argentina ha conmocionado a esta nación futbolera y forzó a la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) a ordenar mayor control de pensiones juveniles de clubes de todo el país.

Las víctimas aún están aquí, entre los niños a los que les gusta compartir historias mientras toman el tradicional mate argentino o quienes revisan sus teléfonos celulares fuera de los vestuarios y patean una pelota durante un descanso de los entrenamientos.

De hecho, todavía viven en la pensión de las divisiones menores del Club Independiente, donde deberían haber estado seguros soñando convertirse en la próxima estrella del fútbol argentino.
Pero según investigadores judiciales, pedófilos convirtieron sus vidas en pesadilla: a varios de ellos, procedentes de familias pobres de remotos lugares del país, les pagaron un boleto de autobús de regreso a sus hogares o un par de botines de fútbol a cambio de sexo.

La fiscal del caso dijo que al menos 10 menores fueron prostituidos y se cree que muchos otros han sido potenciales víctimas. Hasta ahora, siete hombres –incluido un árbitro– han sido arrestados.
Los abusos no se habrían cometido dentro de la pensión. Pero ha estallado el escándalo ante la revelación de una red de prostitución infantil en el Independiente, apodado el “Rey de Copas” por su récord histórico de siete copas Libertadores. Y a ello han seguido denuncias sobre abusos de menores también en las divisiones inferiores del River Plate.
Y el creciente escándalo en dos de los clubes más populares y exitosos de Argentina no deja de sacudir a esta nación futbolera.

La Asociación del Fútbol Argentino (AFA) dispuso un mayor control de las pensiones juveniles de clubes de todo el país y hasta creó una casilla de correo electrónico para denuncias anónimas de abuso. Pero exjugadores, psicólogos deportivos y familiares dicen que eso no basta para proteger a los niños que entrenan en los centros de talento donde Diego Maradona, Lionel Messi y otras estrellas pulieron sus habilidades.

Independiente denunció los abusos ante la justicia a principios de este año, luego de que uno de sus juveniles se quebró durante una sesión con el psicólogo del club.
“Tenías dos caminos: lo denunciás o lo tapás. Y nosotros optamos por mirar a los ojos a los chicos y a los padres y hacer la denuncia”, dijo un empleado de Independiente bajo condición de anonimato debido a que el caso está bajo investigación.

“Gracias a esta denuncia, las personas que denunciamos están todas presas”, manifestó el empleado. “Acá hay un fenómeno social muy grande: después de lo que denunciamos hubo otros reportes de abusos y ojalá que se animen a denunciar otros, porque esto va más allá de Independiente”.
Pocos días después de estallar el escándalo en el club conocido como el “Rojo”, River Plate anunció que cooperará con la justicia luego de que una organización no gubernamental denunció que al menos dos menores sufrieron abusos en la pensión “millonaria” entre 2004 y 2011.

“El Estado debe estar más presente para que un niño no tenga que dormir con un hombre para comprarse unas zapatillas o mandarle plata a su familia”, afirmó María Elena Leuzzi, fundadora de Ayuda a Víctimas de Violación (AVIVI), organización que denunció el caso de River.
“El niño es niño y hay que cuidarlo siempre, porque no sabemos si hay un futuro papá, presidente, un futuro futbolista”, agregó.
Argentina es el hogar de algunos de los más grandes jugadores del mundo, pero también de la violencia de los barra-bravas y la corrupción endémica entre generaciones de dirigentes y representantes que manejan un negocio lucrativo y a menudo no regulado: el de dar con futuras estrellas.
“En los clubes, los dirigentes tienen que entender que los niños no son números”, dijo Leonel Gancedo, exjugador de River Plate y de otros equipos que ahora maneja el club Ángeles Unidos, de una liga del interior. “Lo que ha pasado es una vergüenza”, lamentó. “Es consecuencia de malas decisiones”.
Muchos niños de las pensiones de fútbol provienen de localidades lejanas y empobrecidas, viven lejos de sus padres bajo el cuidado de los clubes, y sueñan con una oportunidad de triunfar en el ultracompetitivo fútbol profesional.

“En los clubes, los dirigentes tienen que entender que los niños no son números”, dijo Leonel Gancedo, exjugador de River Plate y de otros equipos que ahora maneja el club Ángeles Unidos, de una liga del interior. “Lo que ha pasado es una vergüenza”, lamentó. “Es consecuencia de malas decisiones”.

Pero entre los miles de jóvenes talentosos que se prueban en las divisiones inferiores, solo un pequeño porcentaje se convertirán en jugadores de élite. Algunos lucharán para superar lesiones. Otros caerán bajo la presión psicológica en sus hogares o en los campos de juego.
“Un chico no puede tener la presión de salvar a su familia económicamente”, opinó Óscar Mangione, un psicólogo deportivo y exterapista de Boca Juniors.
Como en otras partes del mundo, Argentina ha experimentado revelaciones de abuso sexual en la Iglesia católica y, más recientemente, entre celebridades y atletas. Pero la magnitud del último escándalo de abuso en el deporte no tiene precedentes en un país que se enorgullece de sus dos títulos mundiales de fútbol y de varias medallas olímpicas desde vela hasta hockey sobre césped.
El Comité Olímpico Argentino (COA) denunció recientemente ante la justicia a un entrenador de gimnasia, acusado de abusar de un número no determinado de atletas en la década de 1990. Como parte de la investigación, la sede de la Confederación Argentina de Gimnasia fue allanada por orden de un fiscal.

“Hoy creo que todo se habla más, la TV, los periódicos, las radios ayudan a que esto se divulgue. Creo que estamos ayudando a la víctima a que pierda la vergüenza”, destacó Leuzzi. “El único que tiene que sentir vergüenza es el victimario”.

El puntapié inicial para el cambio debe provenir de un esfuerzo serio de la AFA para fijar reglas de seguridad entre los clubes de todo el país, opinó César La Paglia, exjugador de Boca y gerente del Club Social Parque, una de las más fructíferas escuelas de fútbol infantil.
“Hay chicos de ocho o nueve años en las pensiones, es una locura”, lamentó. “Esos chicos tienen que estar con sus padres”.

Unos 50 adolescentes de todo el país viven en las residencias de ladrillo pintadas con los colores rojo y blanco de Independiente. En un día reciente, nada parecía fuera de lo habitual. El sonido de un pelotazo en un campo de juego rodeado de altos árboles de eucalipto se escuchó dentro de la sala principal. Los botines de fútbol de algunos de los chicos estaban cuidadosamente acomodados debajo del escudo del club; y en la pared un póster del estadio con la hinchada entusiasta, decía: “El templo de tus sueños”.
El club dijo que las víctimas se reencontraron con sus familias en Buenos Aires y que reciben asistencia psicológica mientras continúan cooperando con los investigadores.

Al mismo tiempo, se espera que esta semana un juez acuse formalmente a los siete detenidos por la red de prostitución. La fiscal que investiga el caso ha solicitado que continúen en prisión preventiva.

Otro caso. El 3 de abril pasado, el COA denunció en la Justicia que un entrenador de las selecciones nacionales de la Confederación Argentina de Gimnasia habría abusado sexualmente de algunos atletas en la década de los noventa.

Omoa, la ciudad que se resiste a ser fantasma

Economía. La basura en Omoa, Honduras, le ha restado atractivo. Los desechos llegan desde aquí, el basurero de Ciudad de Guatemala.

Omoa es una ciudad pequeña en la costa del Caribe centroamericano, al norte de Honduras y a poco más de 300 kilómetros al oeste de Guatemala. Hasta hace algunos años, Omoa era un típico paraíso caribeño (palmeras de las que colgaban hamacas, barquitos surcando los ríos y aves exóticas por encima de todo) famosa por la Fortaleza de San Fernando (el más grande bastión español de América Central), los pescadores (unos 600 que sacaban unas dos mil libras de pescado) y la gastronomía (platos típicos como machuca, sopa de caracol, pescado frito). Ahora, en días de semana se parece más a uno de esos pueblos fantasmagóricos enterrados en la pobreza y el olvido que al pueblito de encanto que atraía a un millón de turistas hasta principios de 2000.

Es lunes 22 de enero de 2018. Son las 10 de la mañana en la calle principal de Omoa y algunas personas ven pasar las horas, sentadas en banquetas en el parque central, mientras se abanican para alejar la pesadumbre de 40 grados a la sombra. Otras van y vienen con bolsas de mercado. Un deteriorado vehículo con parlantes anuncia descuentos en una ferretería. El viento cálido ondea banderas multicolores sobre los techos de zinc. Son los únicos que le dan vida a la ciudad en días de semana.

A una hora de aquí, a 30 kilómetros en dirección a la frontera con Guatemala, a orillas de uno de los ríos que rodean a Omoa, el Motagua, está el principio de la explicación de su ruina: una extensa alfombra de 3,000 toneladas de basura llega a cubrir la playa cada invierno, puntualmente, y permanece allí por lo menos cuatro meses. Donde alguna vez hubo arena, aún se encuentran jeringas, bolsas de sangre, plasma, frascos con medicinas vencidas, sueros y vendajes, sandalias y recipientes plásticos adheridos a la superficie. Es parte de la podredumbre que ha sumergido a Omoa en la decadencia.

El Motagua arrastra basura desde antes de llevarla a la frontera, antes aún de ser el Motagua: el río Las Vacas recibe todas las aguas servidas de la Ciudad de Guatemala, las desplaza por Chinautla hasta toparse con la presa de la planta hidroeléctrica. Luego continúa por municipios de la región metropolitana (Chuarrancho, San Pedro Ayampuc, San Raimundo), hasta desembocar en el mar Caribe, y en playas como las de Omoa o las de Roatán.

El año pasado la noticia fue esa: las playas de la isla atestadas de desechos. Los medios del mundo se es candalizaron y la BBC tituló “Ropas, plásticos, animales muertos y hasta cuerpos humanos”. Omoa parece haberse perdido a tal punto en el mapa que ni siquiera todas esas toneladas de basura (con todas sus consecuencias) la volvieron noticia.
Pero la basura es la misma; el trayecto, también. Un recorrido por las ciudades y comunidades por las que pasan los efluentes del río Las Vacas muestra eso que se ve aquí cada septiembre: desechos atestados de moscas que despiden un olor inocultable.

***

PRIMERA PARADA: CIUDAD DE GUATEMALA
El viaje inicia a 351 kilómetros, en la capital de Guatemala. Allí, además del río Las Vacas y ningún tratamiento de aguas residuales, hay un basurero gigante.
Está en la zona 3 y en él cabrían ocho estadios de fútbol. Cada día se descargan tres mil toneladas de desechos que llegan de la Ciudad de Guatemala y de nueve municipios cercanos, y es clasificada por más de mil personas. Toda esa basura también afecta al río Motagua: por un extremo del basurero, pasa el río Las Vacas, que nace en los cerros que bordean la periferia de la capital y es corto (55 kilómetros). Y se lleva los desechos que se filtran en su trayecto.
El río Las Vacas no es un río común y corriente: no hay peces ni nada de vida acuática. Es, también, uno de los mayores desagües de la ciudad: el 63 % de las aguas negras va a parar ahí.
Lo primero que choca con el río Las Vacas en su viaje hacia el Motagua, a 18 kilómetros de la ciudad de Guatemala, es la planta hidroeléctrica del mismo nombre, que pretende contrarrestar la contaminación de basura, agroquímicos y desechos orgánicos con instalaciones para el reciclaje de desechos plásticos. Pero la basura parece esquivarla.

***

SEGUNDA PARADA: SANTA CRUZ CHINAUTLA
Siguiendo el camino por el kilómetro 9 hacia Santa Cruz Chinautla, se bordea el río Negro. Es la ruta de la contaminación: el río transporta desechos inorgánicos, plásticos, llantas, recipientes de todo tipo y hasta animales muertos.

En el kilómetro 14.5 está Santa Cruz de Chinautla, una comunidad de la región metropolitana que es una sucesión de barrancos y montañas atravesados por ríos de aguas negras, como Las Vacas o El Zapote. Las aguas avanzan con podredumbre y, en las crecidas de invierno, los vecinos dicen que el olor es insoportable y muchas veces se inundan por la obstrucción de los canales de drenaje.

Las viviendas a orillas del río son susceptibles a derrumbes. Una amenaza directa para los vecinos.
Ese es el hogar de Silvia Pascual: “Hace 20 años tenemos el problema del río, pero desde hace 15 es un desastre. El río crece y la cantidad de basura que sigue llegando a nuestros pueblos también. El hedor que viene del agua en invierno, cuando arrastra hasta cadáveres, es un problema grave. Se han realizado varias llamadas, pero nunca recibimos respuesta”, dice.
Otro residente de la zona es Efraín Martínez Vázquez. Ni su contextura fuerte ni su hablar pausado reflejan su agonía, pero él la detalla: “De parte de las autoridades hemos visto negligencia. No les interesa el problema. Teníamos entendido que ya debían haber entrado a funcionar las plantas de tratamiento para el manejo de las aguas servidas, pero hasta ahora no funcionan”.
La falta de tratamiento, tanto de la basura como de las aguas residuales, es el principal obstáculo para hacerle frente al problema. Algo que no existe en ninguna de las localidades de Guatemala por las que viaja la contaminación. Entonces, ya se dijo, la basura va a los ríos y a las playas de pueblos como Omoa. Pero aún falta para eso. La siguiente parada es El Quetzalito.

***

TERCERA PARADA: EL QUETZALITO
La última comunidad guatemalteca por la que pasa el imponente río Motagua antes de llegar al Caribe es El Quetzalito. Es un pueblo con casas de teja, apariencia sencilla y apacible. Algunos residentes, acostumbrados al trabajo duro de la pesca y la agricultura, vieron una opción laboral en la basura, y se volvieron recicladores.
Como Marco Dubón, que tiene el músculo entrenado para la supervivencia.
“Nos dedicamos a la agricultura y a recolectar 200 toneladas diarias de basura para reciclarla”, cuenta el joven de 20 años. “Somos 12 personas, limpiamos el río de desechos y los mandamos a Cementos Progreso, que los transforma en combustible”.
Pero por más esfuerzos y organización que haya, no logran quitar toda la basura. Y entonces el río Motagua continúa su trayecto transportando eso: desperdicios médicos, poliestirenos de uso industrial y recipientes plásticos con etiqueta de Guatemala.

Con eso, en el río apareció “cromo hexavalente”, un compuesto tóxico del metal cromo en estado de oxidación que puede provocar desde daños en el hígado, problemas reproductivos y de desarrollo, hasta cáncer. Como permanece en el agua decenas de años, también deja una huella profunda en el medio ambiente.
El diagnóstico es claro y dice “peligro”, “afectación del medio ambiente” y “contaminación”. Pero el río corre y, con las aguas, llega la basura a Omoa: 3,000 toneladas en 51 kilómetros de playa entre 2015 y 2016. Una descarga de putrefacción equivalente a 17 aviones Jumbo 747. En septiembre de 2017, y solo en 20 días, se recogió el equivalente a 420 camiones de basura.

***

ÚLTIMA PARADA: OMOA
Es lunes 22 de enero de 2018 en Omoa. En el muelle, José Marcos, un pescador de 30 años con la piel curtida, lleva cinco horas intentando pescar en su pequeña embarcación. Pero no pasa nada.
“No siempre todo fue malo, pero la basura ha afectado el mar”, dice. “Alguna vez sacamos buenas tandas, pero los peces se están muriendo. ¿De qué vamos a vivir?”
A pocos metros de él, de pie sobre el muelle y con la mirada perdida en el horizonte, Roberto Navarrete coincide: “Atrapábamos cuberas, quines, sierras. Ahora no se agarra nada, o muy poco”. Le cuesta contarlo, pero lo cuenta en vos muy baja, agachando la cabeza. Tiene 32 años, es trigueño y delgado, y es uno de los tantos “faenadores” del mar que cada vez pescan menos en el lugar.
Desde que la basura contamina el mar, ellos no son los únicos que sufren. En Omoa los comerciantes venden menos, las empresas de turismo casi ni reciben contingentes y los niños enferman más.

“Pescar cada vez se hace más duro. La basura ha ahuyentado los peces”, dice el pescador José Marcos.
Desde su negocio en el muelle, Licuados y Más, doña Dominga Marroquín asegura que “la basura ahuyentó a los clientes”. La señora de 64 años, que desde hace 47 vive en Omoa, compara y concluye: “Si hace tres años atendíamos a 200 personas por día, esa cifra bajó a 30 y son consumidores internos”.
Roberto Paredes también es un comerciante dedicado a la venta de refrescos en negocios de la zona. Apoyado en el mostrador de uno de esos locales, lamenta: “Algunos días llegan cinco buses con turistas, hace un par de años venían hasta 20”.

El problema de la basura ha impactado en la actividad de 45 restaurantes a orillas de la bahía de Omoa. Para muchos, la razón es la basura.
“El panorama cautivador de Omoa ha tenido un drástico cambio”, dice Emérito Reyes, un maestro de la Escuela Internacional de Marinos y viejo vecino de Omoa. “La gente no quiere bañarse entre escombros y basura contaminada”.

La basura también se hace cuerpo. Hay niños con parásitos, ronchas y cuadros de enfermedades gastrointestinales.
Juan Zaldívar Reyes es uno de los niños afectados por erupciones en la piel: tiene ronchas en la nariz, en la parte trasera de su cabeza y en las piernas. ¿La causa? Los frecuentes baños en el mar: “Me dijeron que el agua puede hacerme daño porque siempre quedan microbios, pero me ponen crema para curarme”, contó.
A pocos metros de allí, en el Centro de Salud de Omoa, una mujer de 40 años llamada Noemí sostiene en su falda a su hija, Mirna, a la espera de un turno para ser atendida.
“Le encanta meterse al mar y al río y tiene la piel llena de ronchas, se rasca en forma desesperada y eso la ha lastimado más”, dice Noemí.
Es una más de los 10 casos de niños con problemas en la piel que concurrieron a ese centro de salud en busca de tratamiento la misma semana.
Aunque no hay estadísticas oficiales, los especialistas estiman que las condiciones del agua son un riesgo. La dermatóloga Jéssica Abud explica que las enfermedades de la piel son las más frecuentes: “Si nos sumergimos en agua donde hay agentes contaminantes, en especial biológicos, somos proclives a absorber algunas de esas bacterias o virus que proliferan y pueden afectarnos”, explicó.

Y agrega sobre la basura que atestó la playa de Omoa: “Son desechos de hospitales privados y públicos, y allí podemos tener contaminantes terribles que son un riesgo e incluso pudiera haber personas actualmente enfermas y no darse cuenta”.
La conclusión de Abud es preocupante: “Las autoridades deben ser responsables y advertirle a la población que está en alto riesgo biológico, que no se exponga a esas aguas porque, aunque se limpie la playa, la contaminación siempre queda. Y países como los nuestros no están preparados para aplicar tratamientos a personas afectadas por desechos biológicos”.
Aunque en estos días la basura es menor porque llueve menos en el Pacífico y eso calma las aguas, los vecinos de Omoa saben que es un recreo circunstancial: el problema se agudiza cada invierno, en julio, agosto y septiembre, cuando el agua satura al Pacífico y el efluente crece sin control, arrastrando consigo la inmundicia.
Los residentes lo saben porque desde hace más de dos décadas la basura llega puntual a formar la isla de desechos. Esa es una de las causas que ha hecho de Omoa el pueblo fantasma que es hoy.

Las autoridades patean la pelota: en Guatemala aseguran que en 2019 las comunidades que contaminan tendrán plantas de tratamiento de sus residuos; en Honduras, que las pláticas con el Gobierno vecino avanzan y que existe buena voluntad para minimizar el impacto.
En una época en que las ciudades del mundo incorporan el reciclado y ejecutan una gestión sostenible de los residuos, en los 27 municipios de Guatemala que contaminan el Motagua no existen plantas de tratamiento de desechos sólidos.
Con un “estira y encoge” que parece eterno, solucionar la crisis ambiental que vive Omoa parece un reto inalcanzable para los gobiernos de Honduras y Guatemala.
En medio de eso, los pescadores como José Marcos pasan las horas en una interminable espera para que algo pique, mientras las paradisíacas playas siguen convertidas en un monumental basurero. Un ambiente que suspende a Omoa en ese aspecto de los pueblos fantasmagóricos enterrados en la pobreza y el olvido.

***

EPÍLOGO: EL ESTIRA Y ENCOGE DE LOS GOBIERNOS
En 2016 las autoridades de los dos países se sentaron a blanquear el problema. Pero hasta ahora todo sigue igual.
El 1.º de septiembre de 2016, una comisión binacional integrada por ministros de Relaciones Exteriores y Ambiente de ambos países recorrió la zona afectada. Desde entonces, no se emitió ninguna declaratoria oficial y solo hubo conversaciones a escala de mandos intermedios.
Guatemala reaccionó con la colocación de biobardas, unas barreras de botellas plásticas para retener la basura del río antes de su llegada a la desembocadura con el mar Caribe, el 14 de noviembre de 2016. Pero las lluvias también arrasaron con eso y las biobardas se rompieron.
El Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales de Guatemala (MARN) urgió a las autoridades de los municipios del cauce del Motagua a poner en marcha proyectos de saneamiento y elaboró un plan de rescate del efluente. Prometieron comenzar a mediados de este año, justo cuando empiezan las lluvias más duras.
Además, la Alcaldía de Omoa, bajo la administración de Ricardo Alvarado, le planteó a Leonel Ayala, ministro de Gobernación, Descentralización, Derechos Humanos y Justicia (GDDHJ) de Honduras, la urgencia de adoptar medidas puntuales.

“El diálogo entre autoridades de ambas naciones es intenso y el presidente Jimmy Morales se ha comprometido a construir una presa que limpie el caudal del río Motagua y detenga la basura que viene hasta Omoa. Será una estructura similar a un colador, además existe el compromiso de los municipios en el margen del río Motagua para tratar sus aguas residuales y desechos sólidos de forma individual”, señaló el ministro hondureño Leonel Ayala.

“Las autoridades deben ser responsables y advertirle a la población que está en alto riesgo biológico, que no se exponga a esas aguas porque aunque se limpie la playa, la contaminación siempre queda. Y países como los nuestros no están preparados para aplicar tratamientos a personas afectadas por desechos biológicos”. Aunque en estos días la basura es menor porque llueve menos en el Pacífico y eso calma las aguas, los vecinos de Omoa saben que es un recreo circunstancial: el problema se agudiza cada invierno.

El alcalde Alvarado expresó preocupado: “No tengo nada por escrito y las palabras el viento se las lleva. Guatemala lo único que hizo fue venirnos a llenar de cosas que se van a hacer, pero yo no vi nada planificado y tampoco firmamos ningún documento”.

Desde 2014, Alvarado ha tocado puertas que se abren a medias: “Esto se agrava y no hemos visto plan de mitigación de Guatemala para frenar la llegada de los desechos, ya viene el nuevo invierno y volvemos a estar en este jueguito. Mientras, los peces y las tortugas marinas están muriéndose en este desastre ecológico sin precedentes”.

Para este reportaje, Hablemos Claro contactó en repetidas ocasiones y presentó pedidos de acceso a información al MARN de Honduras. La intención era conocer cuál es la cantidad de basura que contamina el río Motagua desde el río Las Vacas, desde cuándo, cuáles son los municipios responsables, las sustancias identificadas y en qué porcentaje afectan el efluente. Consultamos por qué tomarán acciones recién en 2019 y cómo han medido el impacto de la contaminación en el medio ambiente. Nunca respondieron.

El martes 24 de octubre de 2017, el ministro de Ambiente de Honduras, José Galdámez, y quien era entonces su par guatemalteco, Sidney Samuels, se reunieron de emergencia en Puerto Barrios, un municipio de la costa atlántica de Guatemala. Las alertas se habían encendido de nuevo por una extensa columna de basura que llegó hasta la isla de Roatán, uno de los principales destinos turísticos del Caribe hondureño y del mundo.

En esa ocasión, Samuels expresó: “No sabemos qué pasará, Honduras solo nos da un plazo de cinco semanas para solucionar el problema de la basura y, de manera inmediata, nosotros proponemos la instalación de biobardas más grandes a las que ya hemos colocado”.

Dijo que en junio de 2018 se instalará un centro de acopio que captaría la basura que flota en el río Motagua. La trampa, valorada en $2 millones, estará ubicada a 4.5 kilómetros de la desembocadura del efluente.

En ese momento, el alcalde Alvarado reconoció que interpondrían una demanda por daños y perjuicios: “Guatemala debe asumir lo que gastamos en limpiar nuestras playas, lo cual representa unos $553,191”. Alvarado espera que el problema se solucione y que el turismo de montaña y religioso se retome, y puedan reposicionar a la histórica ciudad en el mapa del turismo.

Viaje. La basura que llega hasta las costas de Omoa recorre cientos de kilómetros y va sumando desechos en cada municipio que surcan los ríos.

 

Este reportaje fue realizado por Luisa Agüero en el marco de la Iniciativa para el Periodismo de Investigación en las Américas, del International Center for Journalists (ICFJ), en alianza con CONNECTAS

 

El conflicto en la frontera entre Ecuador y Colombia lleva años cocinándose

Impacto. El asesinato de Javier Ortega, Paúl Rivas y Efraín Segarra de El Comercio, de Ecuador, hizo que el mundo le pusiera atención al problema.

Mientras que Colombia trata de cerrar medio siglo de guerra con la ya exinsurgencia de las FARC, Ecuador se estrena en el narcoterrorismo. En menos de tres meses, el país latinoamericano ha sufrido el asesinato de cuatro militares, medio centenar de heridos y el secuestro y asesinato de tres civiles por la extensión del posconflicto colombiano que no conoce fronteras.
El sobresalto de ocho ataques en la zona fronteriza con coches bomba y explosiones en bases del Ejército y de la Policía ha atravesado a las fuerzas de seguridad y al Gobierno ecuatoriano como una sacudida eléctrica de realidad. Tras una década de convivencia y discursos de paz entre ambos países, Ecuador se prepara para un escenario militar desconocido: la guerra de guerrillas que los grupos armados ilegales practican para asegurarse el negocio del narcotráfico, el contrabando y la explotación ilegal de recursos en los dos territorios.

Aunque para las autoridades el recrudecimiento de la violencia en el lado ecuatoriano sea un nuevo problema de índole nacional, para los militares experimentados es más bien la “crónica de un conflicto muy anunciado”. El general retirado del Ejército ecuatoriano Paco Moncayo lleva años dibujando el problemático panorama con mapas, movimientos de bandas y lucrativos negocios ilegales en la selvática provincia de Esmeraldas, que linda al norte con el departamento colombiano de Nariño.

Desde hace medio siglo, la cartografía del Estado colombiano se ha delimitado según las zonas que ocupaban las guerrillas, los paramilitares y las bandas de narcotráfico. El sur del país se convirtió en la retaguardia de las FARC. En esta zona, la ex insurgencia llegó a tener más de 2,000 combatientes. Pero el 1.º de diciembre de 2016, cuando la guerrilla más antigua de América Latina firmó un acuerdo de paz con el Gobierno de Juan Manuel Santos, empezó el vacío de poder en muchas regiones de Colombia. El statu quo se desmoronó. En ese momento, el Ejército de Liberación Nacional (ELN), las disidencias y desertores de las FARC y el narco ocuparon los espacios que había dejado la guerrilla.

El botín es suculento en la frontera que separa a Colombia de Ecuador: minería ilegal, cultivos de coca, trata de personas, tráfico de órganos, de armas y contrabando de todo tipo, aprovechando la dolarización de la economía ecuatoriana que facilita el lavado de dinero y las transacciones internacionales. La costa del Pacífico que baña a los dos países es la salida natural para las rutas hacia Centroamérica y México que tienen como destino final el mercado estadounidense.

***

NEGOCIOS TRANSNACIONALES
Solo en Tumaco, en el departamento de Nariño que linda con Ecuador, hay 23,000 hectáreas de cultivos de coca. El Ministerio de Defensa de Colombia anunció en diciembre de 2017 que las metas de erradicación forzosa se habían alcanzado: más de 50,000 hectáreas. Pero el pasado febrero, el vicepresidente, Óscar Naranjo, confirmó que solo se habían eliminado voluntariamente 16,000.

“Dudamos de las afirmaciones del Ejército, en entrevistas con personal militar en el terreno, muchos admiten que las cifras han sido infladas para cumplir los objetivos”, se lee en el informe “La nueva generación de narcotraficantes colombianos post-FARC”, de la organización InSight Crime, dedicada al estudio del crimen organizado en América Latina.
“El narco va mutando y se acostumbra a producir más en menores hectáreas”, explica Mauricio Jaramillo, profesor de Ciencia Política en la Universidad del Rosario, en Bogotá. “Los ataques en la oferta se han terminado por adaptar”.

Homicidio. Un conjunto de velas encendidas rodea una cámara fotográfica durante una vigilia en homenaje al equipo de periodistas del diario El Comercio que fueron asesinados.

En Nariño no solo se cultiva, también se procesa y se envía la cocaína. “Tiene fácil acceso a precursores químicos para el procesamiento de la droga (combustible subvencionado de Ecuador o succionado del oleoducto Transandino, que atraviesa el departamento) y puntos de despacho por mar o por tierra a través de Ecuador, donde los compradores mexicanos esperan el producto ansiosamente”, publicó InSight Crime.

En el departamento del Putumayo, vecino de Nariño, se producen 100 toneladas de cocaína al año, según un estudio de la Fundación Ideas para la Paz (FIP), al que ha tenido acceso EL PAÍS, que se publica este fin de semana. En esta zona, los combatientes de las FARC que no se unieron al proceso de paz mantienen los negocios ilegales de coca, marihuana y tráfico de madera para exportarlos a través de Ecuador.

La tesis es la misma que manejaban los servicios de Inteligencia de Ecuador desde 2014, sin que desde entonces se tomaran medidas disuasorias efectivas. Un informe de la Secretaría de Inteligencia, desmantelada por el gobierno de Lenín Moreno y desprestigiada por haberse dedicado a la vigilancia de civiles con fines políticos, ya advertía hace cuatro años que Ecuador podría verse “involucrado en una espiral de violencia a consecuencia del narcotráfico”, como efecto colateral de la desmovilización de las FARC. Según el mismo documento, la insurgencia y bandas criminales tenían acuerdos con el cartel de Sinaloa para despachar cocaína a México a través de puertos colombianos y desde el de San Lorenzo, en la provincia ecuatoriana de Esmeraldas.
Se detectaron, además, 40 pasos ilegales en los 720 kilómetros de cordón fronterizo. Los grupos ilegales tienen a su favor que toda esa zona es territorio selvático de difícil acceso, con muchas vías fluviales.

“Cuando las FARC secuestraban políticos, periodistas, empresarios… había una unidad de mando, alguien con quien negociar”, dice el profesor Jaramillo. “Estas nuevas organizaciones están lideradas por mandos medios. Es más difícil para el Estado establecer contacto. Además, la legitimidad que podían tener las FARC por su historia, no la tienen estos grupos, es más difícil justificar el diálogo y sentaría un mal precedente tanto en Ecuador como en Colombia”.

***

DISTANCIAMIENTO EN LA LUCHA CONTRA EL TERRORISMO
“Vivíamos una paz en la que se permitía que la droga transitara por nuestro territorio”, ha dicho Lenín Moreno, muy crítico con la gestión de su predecesor Rafael Correa. El actual mandatario ecuatoriano considera que el exdirigente fue “permisivo” con los grupos irregulares que operaban en la frontera, a los que se les dejaba transitar sin preocupación.
En 2013, el expresidente Correa renunció unilateralmente a los beneficios arancelarios que concedía Estados Unidos a Ecuador por la lucha contra el narcotráfico, y alegó defensa de la soberanía nacional. Años antes, en 2008, ese distanciamiento ya se había materializado tras el bombardeo de Colombia en Angostura, región selvática ecuatoriana donde se escondía uno de los máximos dirigentes de las FARC.

Los responsables de Defensa e Interior ecuatorianos han repetido casi en cada intervención oficial que la nueva ola de violencia en la frontera responde a los operativos de las Fuerzas Armadas y la Policía sobre las bandas armadas.

En la zona fronteriza opera el frente Óliver Sinisterra, que comanda Wilson Aristala, alias “Guacho”, disidente de las FARC de nacionalidad ecuatoriana. La falta de oportunidades laborales y las condiciones de pobreza de esa región han contribuido a la permeabilidad y expansión de su negocio en la población. Este grupo ha sido señalado por los dos países como el responsable del secuestro de los dos periodistas ecuatorianos y su chófer, quienes fueron asesinados.

“Cuando las FARC secuestraban políticos, periodistas, empresarios… había una unidad de mando, alguien con quien negociar”, dice el profesor Jaramillo. “Estas nuevas organizaciones están lideradas por mandos medios. Es más difícil para el Estado establecer contacto. Además, la legitimidad que podían tener las FARC por su historia, no la tienen estos grupos, es más difícil justificar el diálogo y sentaría un mal precedente tanto en Ecuador como en Colombia”.

Reunión. La canciller María Ángela Holguín, el ministro de Defensa Luis Carlos Villegas (colombianos), la canciller Fernanda Espinosa y el ministro de defensa Patricio Zambrano (Ecuador).

Rearmar la vida ayudando

En grupo. El dolor por la pérdida de un ser querido no desaparece, pero estas cuatro personas lo han transformado en impulso para ayudar a otros.

Aprender a vivir con tanto dolor. Saberse incomprendidos, empezar de nuevo. Luchar para que sus vidas tengan un sentido. No hay peor dolor que la muerte de un hijo. Mucho menos recetas para superarlo.
Lo que sí hay son modos para transitarlo. Cristina Giuria, Diego Goldsztein, Selva Ibarburu de Maquirriain y Carolina Porta son cuatro padres uruguayos que encontraron un camino en ayudar a personas con una enfermedad grave o en aportar a la educación de los más jóvenes. Padres que vale la pena admirar y conocer.

***

Selva. La madre de Felipe Maquirriain, fallecido en los Andes, es fundadora de la Biblioteca Nuestros Hijos

VIVIR CON ÉL
Cristina la vio pelear contra todo. Vio cómo durante la quimioterapia tuvo que conducir un evento en Punta Carretas en pleno invierno y debió pegar la peluca con doble cinta para que no se volara. Vio cómo empezó a luchar contra su enfermedad y la propia connotación de la palabra cáncer. Vio cómo se preocupó en enseñar y demostrar que se puede vivir con él.
Por eso, cuando Clara Berenbau falleció de cáncer el 24 de abril de 2013 a los 32 años, Cristina Giuria (67), su mamá, supo que debía seguir caminando por el sendero que le marcó su hija. A partir de esa necesidad, el 7 de noviembre de 2013 nació la Fundación Clarita Berenbau.

Empezó a funcionar cuando la nuera de Cristina decidió abrir una página de Facebook. “Explotó de gente que se ofrecía a ayudar y gente que escribía para que nos comunicáramos con ellos”, cuenta la madre de Clarita. En ese momento, codo a codo con su amiga Cecilia Torrendell, se instalaron con un teléfono en el living de la casa y empezaron a comunicarse con los que querían participar. “Yo le dije a Cecilia con amor no le podemos errar, y ahí empezamos a llamar”.

Hoy la fundación cuenta con más de 70 voluntarios y una oficina ubicada en el quinto piso de la Fundación Peluffo Giguens. La sonrisa enorme de Clarita ilumina la puerta de vidrio. Atrás de esa sonrisa hay un escritorio, un teléfono y un placard. “Tengo tiempo”, “Llorá tranquila que te hace bien”, “Contame” y “Te entiendo” son las frases pegadas en la pared que representan el espíritu de trabajo del equipo.
“Las personas nos decían que querían hablar de su enfermedad y ser escuchadas”, cuenta Cristina. Ahora, junto a los voluntarios, se encargan día a día de poner su oído, su voz, su corazón y su experiencia a disposición de las personas con cáncer a través del 08008857, el “teléfono solidario”.
Cristina lo vivió. Estuvo cuando Clarita recibió el diagnóstico del médico y sintió en carne propia el mar de dudas que llegan después de conocer la noticia. Por eso, hoy trata de ayudar a que las personas que se enteran que tienen cáncer tengan una guía. “Después de un diagnóstico no sabés ni para dónde arrancar ni qué hacer”, dice Cristina, quien también entiende que para la fundación “llenar ese vacío era muy importante”.

***

EL CLUB DEL GATO
“Vine a reintegrar una peluca que me habían prestado. Muchas gracias, me fue de tremenda ayuda”, dice una mujer que entra a la oficina. Luego le pregunta a Cristina si es la mamá de Clarita y se funden en un abrazo de emoción. “Yo te aconsejo que nos llames antes de los controles, porque cada control es una valla que sentís que tenés que saltar”, le aconseja Cristina.
Así como tiene “teléfonos solidarios”, la fundación cuenta con El Club del Gato, cuyo nombre surge en recuerdo de como Clarita le llamaba con sus amigas a las pelucas, poniéndole humor a su enfermedad. Ese sector cuenta con una página de Facebook independiente, donde todos los días se suben catálogos con pelucas para poner a disposición de las personas y recibir donaciones de pelo.

“La persona elige la que más le gusta, la que más se parezca a su pelo, y la pide por mensaje”, cuenta Cecilia Torrendell, y dice que los préstamos normalmente son por unos ocho meses, que es lo que dura la quimioterapia, pero puede haber procesos de hasta dos años.

Para Cristina, la fundación ha sido una experiencia sanadora, en la que brindarse a otros la ayuda a aliviar su dolor. “Es como continuar sintiendo sus guías, su presencia. Yo le hablo mucho y las respuestas llegan de alguna manera. Los muertos no están ausentes, simplemente son invisibles”.

***

LA MÚSICA COMO TERAPIA
La melodía del cello se mezcla con la del clarinete y borran todo el rastro del silencio que antes inundaba el pasillo. Casi sin pensarlo, dos personas se paran a bailar al compás de la música. Muchos sonríen y la mayoría miran atentos. Entre ellos está Diego Goldsztein (39), que como un espectador más observa a los músicos que él mismo llevó para distraer los nervios y amenizar a los pacientes oncológicos en la sala de espera del Hospital de Clínicas.

Diego perdió a su hija Melanie, de ocho años, en diciembre de 2015 tras un accidente de tránsito. Sin saber muy bien qué hacer, se paró frente a su piano, corrió la banqueta y en su lugar puso un almohadón. El instrumento le quedó tan alto que estiró sus manos para alcanzar las teclas y empezó a tocar sin parar. Sus dedos se movieron sin control, formando una melodía que de a poco se convirtió en su lenguaje. Fue ahí cuando empezó a concebir la música de otra manera: “Quería tocar algo y cambiar, no pensar en lo que estaba tocando”.

A partir de ese momento trató de transformar su dolor en ayuda y sintió la necesidad de hacer algo por los demás. Pensó en las personas que, como él, podían usar la música como terapia y buscó la manera de acercarlos. “Es un amor que me quedó, lo tenía que canalizar y en el hospital lo podía hacer. La música entra en las fibras y eso yo no lo puedo hacer a través de las palabras”, dice.

Goldsztein se contactó con el doctor Gabriel Krygier, oncólogo del Clínicas, y le contó su idea de llevar música en directo para cambiar el ánimo de los pacientes que pasan horas en tratamiento. Tras el visto bueno del médico, en 2016 contrató dos músicos y durante todos los martes de ese año la sala de espera se convirtió en un pequeño concierto. “Elegimos los martes porque el médico dijo que era cuando iba más gente”, cuenta.

Ese pasillo lleno de dudas, ansiedad y nervios se transformó en un lugar más ameno para los pacientes. Diego no tocaba, se encargaba de coordinar con los músicos y con el doctor. “Una vez un señor se sentó a mi lado y no hablamos ni dos palabras; cuando lo miré, estaba llorando y no sé si hablando lograba eso”, cuenta el músico. Al final del año la melodía llegó a instalarse prácticamente en la puerta de los boxes donde se realiza la quimioterapia.

Selva y el resto de las madres sentían que necesitaban hacer algo con su dolor, encontrar el aliento que les diera fuerzas para seguir adelante. “Al principio solo hablábamos del accidente, y poco a poco, cuando avanzó la biblioteca, surgieron necesidades que nos mantenían ocupadas”, recuerda la madre de Felipe.

Además de llevar la música al Clínicas, Diego coordinó para llegar a otros lugares. Recuerda cómo las ventanas de las habitaciones se abrían dejando entrar la melodía del clarinete y el cello en el Instituto Nacional del Cáncer. “Ahí la idea fue hacer un concierto, y queríamos que fuera con pacientes terminales”, cuenta. También cambió el humor de los niños cuando su música irrumpió en la Fundación Pérez Scremini.

Cuando Diego tocaba el piano sin verlo, sentado en el almohadón a ras del piso, puso su celular y grabó todo lo que sucedía entre el instrumento y él. Durante un tiempo se metió en un estudio para reproducir esos sonidos, y a fines de 2017 lanzó “Melu”, el disco que hace honor a la memoria de su hija. Además, lo subió en formato digital para que padres que atravesaron la misma situación puedan escucharlo y sentirse comprendidos. “Quiero dárselo a alguien que perdió a un hijo y que lo ayude”.

Incluso, hace un tiempo se enteró de que un vecino también perdió a un hijo, colocó el disco en un sobre, se lo dejó en la puerta y se fue. “Es distinto el idioma que vos hablás con un alguien que perdió a un hijo. Sentimos lo mismo, es único e inexplicable”, dice.

La música en el Clínicas sonó por un año. Actualmente Diego está buscando apoyo para conseguir los fondos que permitan traerla de vuelta a los pacientes. También se puso en contacto con fundaciones de otros países para poder difundir más allá de Uruguay sus sentimientos convertidos en notas musicales.

Diego. La muerte de su hija Melanie lo llevó a canalizar ese “amor” que le quedó en la música.

***

ENTENDERSE A TRAVÉS DEL SENTIMIENTO
“Esto quiero dártelo a vos que perdiste un hijo y que te ayude un minuto, porque es eso: te calma un minuto. Lo que busco con esto es lo mismo que cuando una persona abre un libro de alguien que pasó por la misma experiencia y lo empieza a leer”, explica Diego sobre el mensaje que intenta trasmitir con su disco “Melu”.

Mientras transcurre la lectura, “entiendo todo lo que dice. No conozco al autor que lo escribe, pero lo entiendo”, dice el músico. Su idea es que durante las ocho canciones que componen su obra se logre esa empatía. “Si pasa eso, ya está bien, cada música tiene su historia”.

***

Carolina. Su hijo murió siendo apenas un niño. Ahora ayuda a familias en las que haya niños sufriendo por el mismo problema de salud.

CARICIA AL ALMA
Carolina Porta (38) forma parte del 4 % de las mujeres a quienes se les logra detectar una cardiopatía en el bebé que esperan durante el embarazo. Algunos médicos le dijeron que debía abortar; ella quería traer al mundo a su hijo. Mateo nació en diciembre de 2015, vivió 24 horas, que fueron “las más felices” para su madre.

A los tres meses de perder a su hijo, empezó a ser voluntaria de la Fundación Corazoncitos y hoy integra la Comisión Directiva.
“Te hace un clic y no querés que a nadie más le ocurra. No querés que ningún niño pase por lo que pasó tu hijo”, dice Carolina cuando cuenta qué la motivó, pese al dolor, a brindar ayuda a los demás.

En Uruguay cerca de 450 bebés nacen con cardiopatía congénita y es una de las primeras causas de muerte neonatal. Uno de los objetivos de la fundación es crear conciencia y hacer hincapié en la prevención.

Evacuar las dudas de los padres, aconsejarlos desde su propia experiencia, transmitirles tranquilidad y darles esperanza es lo que Carolina y todos los voluntarios de la fundación hacen día a día. “Es un apoyo, porque a veces en esa situación estás colapsado y desinformado”, explica.

Cuando el teléfono de Corazoncitos suena, lo atiende Adriana Mazza, quien también es integrante de la Comisión Directiva de la fundación. En ese momento empieza a designar los casos a los voluntarios según la cardiopatía. “Se manejan por teléfono personal. Nos intercambiamos los datos para recibir la consulta o la duda que tengan”, cuenta Carolina.
Además, se organizan varios eventos solidarios para poder recaudar fondos y capacitar a los médicos. “En febrero se fueron ocho médicos al Boston Children’s Hospital con lo que se recaudó en el evento que hicimos en Kibon el año pasado”, explica. Los profesionales se capacitaron en cirugía y postoperatorio.

Para Carolina, ayudar es algo gratificante, y la fundación ha sido fundamental para transitar su proceso interno. “Ver que hay resultados y que estás haciendo algo es una satisfacción total, una caricia al alma”, dice.

Carolina tiene otros tres hijos que, como su madre, también ayudan con lo que pueden. “Eso es algo muy positivo. Ellos entendieron que hay un lugar por el cual transitar”. Ya sea para barrer luego de un evento o ayudar a juntar las cosas, sus hijos colaboran contentos y conscientes de que están apoyando a otros niños que pasaron por el mismo problema que su hermano. Para su madre, “contagiar esas ganas de seguir adelante está buenísimo”.

***

DESPUÉS DE LOS ANDES
La historia conmovió y conmueve al mundo: el 13 de octubre de 1972, el avión de la Fuerza Aérea Uruguaya que trasladaba hacia Chile al equipo de rugby del Old Christian se estrelló en el corazón de la cordillera de los Andres. De los 45 que viajaban, 16, después de 72 días, lograron sobrevivir.

Tras la tragedia, Selva Ibarburu de Maquirriain golpeó puerta por puerta la casa de las 12 madres que, como ella, perdieron a sus hijos en el accidente; quería mantener viva su memoria. Empezaron a reunirse una vez por semana y ocho meses después nació la Biblioteca Nuestros Hijos.

Selva y el resto de las madres sentían que necesitaban hacer algo con su dolor, encontrar el aliento que les diera fuerzas para seguir adelante. “Al principio solo hablábamos del accidente, y poco a poco, cuando avanzó la biblioteca, surgieron necesidades que nos mantenían ocupadas”, recuerda la madre de Felipe.

Ese ámbito empezó como un espacio donde las madres podían llorar, estar calladas o pasar horas hablando de sus hijos. Se convirtió en un grupo para sacar su dolor, llegar a sus hogares con una inyección de fortaleza y seguir siendo el sostén de la casa.

Otros beneficiarios. Los proyectos en los que decidieron involucrarse tienen en común que forman redes. El apoyo entre gente que conoce los problemas es fundamental.

Como sus hijos eran estudiantes y en ese momento era difícil para muchos jóvenes acceder a materiales de estudio, a las madres se les ocurrió fundar la biblioteca para promover la lectura y la educación en Uruguay. “Solo un 20 % de los liceos tenía libros para los chicos; entonces, nosotros les dábamos material de estudio y de consulta. Nos hicieron muchas donaciones”, explica Selva.
“Es increíble lo que hicimos, ese granito de arena que pusimos. Ahora, por ejemplo, hay contadores que estudiaron en la biblioteca, hasta Diego Forlán pasó por ahí –agrega. Cuando veo esos logros, me emociono mucho”.

En 2009, tras 36 años de trabajo, las madres les cedieron el lugar de la Comisión Directiva a sus hijas. “Les dije: ‘Quiero que se encarguen ustedes’”, cuenta Selva. Actualmente Stella Pérez del Castillo, hermana de Marcelo Pérez del Castillo, capitán del equipo de rugby, es quien lleva la cinta para presidir la biblioteca.

El Club de la Lectura es el motor que permite financiar el emprendimiento. Cuenta con aproximadamente 400 socios que aportan una cuota mensual y más de 10,000 volúmenes de materiales. Biblioteca Nuestros Hijos tiene delivery de libros, salas de informática y dos docentes para enseñar a los niños. “Vamos en camionetas a buscar a los chicos, vienen acá y aprenden”, cuenta Stella.
El 1.º de agosto de 2018, Biblioteca Nuestros Hijos cumplirá 45 años, y sus integrantes sueñan con que se convierta en un centro cultural. “Es el memorial viviente de sus hijos. Ellas quisieron hacer algo en nombre de ellos para los demás. Tengo un orgullo muy grande por esto”, dice Stella.

***

“ES FUNDAMENTAL DARLE UN SENTIDO AL DUELO Y ATRAVESARLO”
Para la psicóloga Macarena Rovira, la muerte de un hijo es algo que no se supera. “Se trata del sufrimiento más grande por el que puede pasar un ser humano, es totalmente antinatural”, sostiene. Darle un sentido al duelo y atravesarlo de modo sano es fundamental, entiende. Ayudar a otros es una forma de transitar el dolor y hacer algo positivo con él. “Estás convirtiéndolo en algo bueno para otros, y desde esa acción, creo yo, ves reflejado a tu hijo para bien”, indica la psicóloga.

Rovira trabaja como voluntaria de la Fundación Clarita Berenbau y también pasó por la experiencia de perder a sus dos primeras hijas. “Una muerte así no se supera, se aprende a vivir con eso”, explica.

Formar parte de fundaciones, crear grupos o dedicar el tiempo en ayudar a los demás son formas que se encuentran para atravesar el dolor y de las que también se aprende, dice.

Según explica la experta, superar la pérdida de un hijo varía en cada persona, ya que no existe una única forma de hacer el duelo. “Los tiempos de cada persona son diferentes y es distinto cómo cada uno lo procesa”.

Para la psicóloga, el apoyo de la familia juega un rol “fundamental” en el proceso de duelo, pero aclara que “no se trata de consolar, sino de validar el dolor”.

Los familiares, muchas veces, desde una intención positiva, tratan de evitar el sufrimiento. Según opina Rovira, lo importante es “que se validen los sentimientos y que permitan que el dolor se pueda expresar”.

Otra forma de aliviar la pérdida es juntarse con personas que pasaron por lo mismo para sentirse reflejado en el otro. “Viven los mismos sentimientos y te sentís comprendida por el otro”, sostiene.

Acciones. Mantener la fe en que se es una persona útil es una dae las maneras de sanar que han encontrado estas cuatro personas.