Los cuadernos de las coimas: la enigmática caja que escondía una bitácora de la corrupción K

Cristina Kirchner

Hacía calor el 8 de enero pasado en Buenos Aires. A las 13:38, cuando llegó a mis manos una caja con los cuadernos sobre una de las tramas corruptas más detalladas de las que hasta ahora se tiene conocimiento, la temperatura era insoportable.

Un anotador, seis cuadernos espiralados y uno azul de tapa dura, que bien podrían haber sido de cualquier nostálgico que decidió guardar los apuntes de primaria. Facturas de alguna marroquinería de Once en las que probaba la compra de bolsos. Videos y unas pocas fotos no muy nítidas. Poco más que eso sirvió para exhibir el recorrido de las coimas que partían de las instrucciones de Néstor Kirchner, continuaban con los recorridos millonarios de los laderos de Julio De Vido por las empresas contratistas del Estado para recolectar bolsos llenos de millones de dólares sucios y terminaban en la Quinta de Olivos, en la Jefatura de Gabinete o en el departamento de la familia de los expresidentes, en Juncal y Uruguay.

El chofer del auto, silencioso testigo de lo que sucedía en su Toyota Corolla en el que transportó a Roberto Baratta durante al menos 10 años, se encargó, con la precisión de un orfebre, de tomar nota de todo lo que podía escuchar. Intentó con cada detalle barnizar de veracidad su relato, no dejó escapar ni siquiera un número que veía al pasar, tomó las direcciones, los nombres, los montos y las características físicas de quienes no conocía. Y hasta el peso de los bolsos o las valijas.

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LA BITÁCORA DE LA CORRUPCIÓN
Fueron semanas de trabajo silencioso para tratar de entender esa bitácora de la corrupción. Era la solidificación de una estructura mental tallada después de años de escuchar centenares de leyendas urbanas sobre los bolsos del kirchnerismo, que de pronto se unían hasta con el horario en que se habían intercambiado dólares por favores. Venían recuerdos de decenas de empresarios o funcionarios que me negaron en la cara una, 10 y 100 veces que eso sucedía. La parte rancia de la doble moral que se impone en la Argentina contratista del Estado se encontraba detallada en aquellos apuntes de guantera.

La magnitud de los registros determinó una decisión. A poco de andar solo, convoqué a dos alumnos de la Maestría en Periodismo de la Universidad Di Tella (UTDT) y La Nación. Candela Ini y Santiago Nasra se sumaron con una sola premisa: estructurar la información para luego sí, empezar a desandar el camino del relato periodístico. Nunca nos pusimos plazos para contar la historia.

Un puñado de personas sabían de la existencia de aquellos cuadernos. Y entre ese selecto grupo, jamás estuvieron los hoy detenidos o investigados que desconocieron siempre la existencia de semejante prueba. Fueron horas de madrugada para ordenar los registros, debates eternos, sorpresas por los nombres que aparecían y, claro está, asombro por la impunidad con la que aquellos funcionarios y empresarios se movían. Casi imposible no quedar preso de la bronca por la doble moral.

Establecimos un compromiso. Trabajo silencioso, no contar a nadie y no publicar nada, ni una coma, un reto para todo periodista. Así se pasaron varias madrugadas de tipeo, acopio de información y café, en las que se nos hicieron familiares muchas personas que hoy están detenidas, varias de las cuales eran desconocidas para nosotros.

Listamos nombres, direcciones, cargos, empresas, montos y dominios de autos. Establecimos un chequeo de cada uno de ellos y llegamos a varias conclusiones. Todo en silencio, apenas con un hilo de comunicación con las autoridades de La Nación. Así conformamos una potente base de datos, que alguna vez aspiramos a compartirla en línea, con el detalle de cada movimiento de los que estaban registrados en 10 años de anotaciones.

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EN DETALLE
Pudimos saber qué helado les gusta a los De Vido y dónde lo compraban, el detalle de los traslados médicos de los integrantes de la familia del ministro y la frecuencia deportiva de Baratta. También las salidas a comer de varios integrantes de la cúpula del kirchnerismo, los subsidios de dinero sucio que se repartían a hijos del poder, y hasta los raid de los recolectores de millones para esquivar a las fuerzas de seguridad que custodiaban algunos barrios porteños.

Recorrimos cocheras donde se hacían los intercambios y conocimos cuánto pesan los dólares, el fresco; entramos a habitaciones de hoteles, subimos a lujosas torres de poderosos en Puerto Madero y entramos de la mano de la corrupción a los balcones de esos pisos treinta y pico, desde donde todo se ve pequeño. Encontramos conocidos, paseamos por fachadas sospechosas, fotografiamos domicilios, y finalmente, empezamos a chequear con varios de los personajes mencionados en el relato. Nos indignamos.

Un día, cité a un empresario al mismo café donde arreglaba sus negocios con el poder de entonces, y pude comprobar la transformación de un rostro cuando se lo atosiga de datos, fechas y nombres. La cara de póker, de aplaudidor de actos oficiales, tiene un límite y ese mediodía lo encontró. Otro día vi cómo me enrostraban la impunidad: “No tiene nada, nunca me van a agarrar, le dijo un viejo empresario, hombre avezado en eso de hurgar en latas, a su jefa de prensa cuando le hice saber que teníamos registros de cuándo y dónde había pagado coimas. Hoy tramita la libertad bajo fianza.

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TRES OPCIONES
Pero hubo un día en el que tuvimos que decidir la publicación. Y entonces, llegaron las preguntas. ¿Qué pasaba si aquel chofer escritor no reconocía sus letras? ¿Qué validez tenía una suerte de libro íntimo que el escritor, imaginábamos, nunca iba a asumir como propio?

Lo que vino fue consulta con esos periodistas a los que respeto y admiro, los de cuero curtido y hombros anchos. Y las opciones fueron más o menos así: ir por una nota importante y quedar expuestos ante la posibilidad de que el escritor niegue sus renglones; friccionar la historia de nuestros primitivos, pero eficaces coimeros o intentar desenmarañar la forma de hacer negocios que se impuso por años entre el Estado y muchos contratistas.

Elegimos esta última opción, aunque signifique ceder la primicia periodística y dejar en manos de la Justicia la investigación que habíamos hecho. Eso hicimos: entregamos nuestro trabajo y ofrecí mi testimonio.

El 10 de abril de 2018. Habían pasado 5 horas y el secretario de la fiscalía me miró: “Te hago otro café, para que no te duermas”.
Era el tercero que me tomaba en esa pequeña habitación de no más de 2 metros por 2.50. Tomó una cápsula y la colocó en una máquina que estaba en un costado de su atiborrado escritorio. Igualmente me advirtió: “No te hagas problema, no te va a hacer mal; son descafeinados”.
A la 1 había entrado a ese despacho. Dos escritorios y centenares de expedientes apilados en estanterías, en el piso, en el pasillo, en todos lados. Eso sí, una ventana que daba al puerto porteño y que le entregaba un aire fresco al espacio.

Mientras el secretario tipeaba, algo corto en el trato pero dispuesto, de anteojos y cara de entender rápido el Derecho, imaginé las consecuencias de aquella larga declaración. Fueron varios meses más de silencio sin publicar en los que especulamos con los tiempos judiciales. Pero claro, la Justicia tiene medios mucho más potentes como para verificar la veracidad o no de un documento, o de centenares, como era este caso.

Tras la publicación, el remisero (motorista) quedó preso y días después, empezaron a verse las consecuencias de aquella investigación de verano. Nadie imaginaba que ese testigo cauto construyó una enorme prueba de la trama de la corrupción en Argentina. Lo hizo en la cara de los funcionarios. Pero la impunidad cega, tanto que Baratta nunca imaginó que ese hombre, al que alguna vez le regaló una valija vacía después de sacar los $4 millones que contenía hasta minutos antes, construía la prueba más contundente de su función en el gobierno de los Kirchner.

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UNA NUEVA ESTRATEGIA DEL GOBIERNO DESPUÉS DEL ESCÁNDALO
Primero fue la euforia. Pero duró poco: hasta que se activaron los reflejos y el instinto del sector más político del oficialismo. La sensación mutó en alivio y en algunas horas se tradujo en reuniones en lo más alto del Gobierno, destinadas a diseñar una estrategia política para tratar de aprovechar el nuevo escenario que alumbran los cuadernos de la corrupción .

El propio presidente actual, Mauricio Macri, hizo llamadas celebratorias en las primeras horas, apenas se conocieron las detenciones y los allanamientos pedidos por el fiscal Carlos Stornelli y dispuestos por el juez Claudio Bonadio, gracias al excepcional trabajo periodístico y compromiso cívico de Diego Cabot. Sin embargo, un llamado a la moderación se impuso a las pocas horas en la Casa Rosada.

Había motivos para el alivio: la explosiva noticia ganaba centralidad informativa y cambiaba una agenda adversa de ya más de tres meses, atravesada primero por las derivaciones que provocaron las subidas de tarifas, luego por un terremoto cambiario-financiero-económico y, finalmente, por los aportes irregulares a la campaña oficialista bonaerense de 2017. Una sucesión de desatinos, impericias, infortunios, mala praxis y opacidades que venía golpeando la imagen de Macri, de su gobierno y de varias de las principales figuras del oficialismo.

Nada de eso desapareció. La nueva e impúdica revelación del sistema ilegal de recaudación, financiamiento y enriquecimiento del kirchnerismo lo desplazó, pero no lo anula. Más aún, nadie puede prever ahora las consecuencias de este proto Lava Jato criollo, que, por primera vez, involucra de verdad a buena parte del estáblisment nacional hasta llevar a algunos de sus más conspicuos integrantes a la cárcel o a dejar a muchos más a tiro de orden de detención y que, incluso, ya tiene preso al principal ejecutivo de una empresa que fue de la familia Macri.

Todo eso explica la cautela y la rápida puesta en acción a la que llamaron varios de los más experimentados políticos del macrismo puro, como Horacio Rodríguez Larreta, Rogelio Frigerio y Emilio Monzó (rescatados y recuperados para la mesa de decisiones), y hasta del núcleo duro de consejeros a los que más escucha el presidente, como Marcos Peña o Jaime Durán Barba.

En términos políticos, lo que pasó hace un par de semanas modificó (sustancial, pero solo inicialmente) lo que parecía un tablero consolidado en el que el golpeado oficialismo y el cristinismo resiliente ocupaban la mayoría de los casilleros y así lo seguirían haciendo con pocas variaciones hasta las elecciones del año próximo, salvo nuevos eventos imprevistos, cada vez menos descartables. En el medio parecían quedar para el peronismo no kirchnerista algunas fichas que le permitirían seguir jugando, aunque con chances menguadas.

Por eso, Macri y Peña escucharon y decidieron evaluar seriamente la rápida puesta en práctica de una estrategia tendiente a aprovechar la ventana de oportunidad que ofrece la nueva situación. El objetivo es doble y de difícil concreción. Por un lado, sostener la ventaja que le dio el golpe al kirchnerismo propinado por los cuadernos en momentos en que este empezaba a recuperar fuerzas. Por otro, evitar que una caída en desgracia de Cristina capaz de excluirla de la carrera presidencial construya una oposición panperonista, con chances de convertirse en alternativa de gobierno en 2019, sobre todo teniendo en cuenta los meses difíciles en lo económico que se avecinan y que al Gobierno no le traerán, precisamente, fortaleza política ni adhesión social.

Recorrimos cocheras dónde se hacían los intercambios y conocimos cuánto pesan los dólares, el fresco; entramos a habitaciones de hoteles, subimos a lujosas torres de poderosos en Puerto Madero, y entramos de la mano de la corrupción a los balcones de esos pisos treinta y pico, desde donde todo se ve pequeño. Encontramos conocidos, paseamos por fachadas sospechosas, fotografiamos domicilios, y finalmente, empezamos a chequear con varios de los personajes mencionados en el relato. Nos indignamos.

La idea fuerza de la Casa Rosada es maximizar lo poco que tiene para ofrecer en este momento: ser parte de un proceso de limpieza de la política que dé alguna certeza de que no habrá vuelta atrás en la Argentina, resumido ese “atrás” en la corrupción sistémica y el aislamiento internacional K, causante de una situación que todavía casi el 60 % de los argentinos rechaza, aunque una porción casi similar también cuestione el presente que le ofrece Cambiemos.

Los peronistas racionales saben que es muy probable que buena parte del tercio cristinista del electorado no abandone a su jefa ni aún ante las pruebas más elocuentes de su venalidad. Como dice Emmanuel Carrère en “El reino”: “Los desmentidos de la realidad en lugar de arruinar una creencia tienden, por el contrario, a reforzarla”. Los fanáticos y los creyentes no creen lo que ven, sino que ven lo que creen.

Así hay que entender las interpelaciones que dirigieron el presidente y otros oficialistas a ese peronismo entre jueves y viernes, cuando le pidieron que convirtiera en ley el proyecto de extinción de dominio que permita “recuperar la guita que nos afanaron” (Macri dixit) y lo intimaron a que si no vota el desafuero de Cristina al menos se avenga a permitir que se allanen sus (muchos) domicilios y sus despachos. Operativo despegue o blanqueo, si la palabra no connotara tan mal. Nada despreciable para muchos dirigentes que aspiran a tener un futuro político y que en el pasado formaron parte del poder kirchnerista o del menemismo, administraciones que no quedarán en la memoria colectiva como ejemplo de incorruptibilidad.

Al mismo tiempo, la estrategia busca dificultar los intentos de unidad peronista dándoles cierto reaseguro para su reelección a varios gobernadores justicialistas a los que aspira a destronar el socio con más presencia territorial de la coalición oficialista, la UCR. Los casos de Córdoba y Entre Ríos son un complejo banco de pruebas hacia adentro y hacia afuera de Cambiemos.
Sobre esta última idea no hay consenso por ahora en la coalición, pero la necesidad de apoyos para facilitar la aprobación del presupuesto de 2019 con el correspondiente ajuste que demanda el acuerdo con el FMI y así darles viabilidad a los próximos meses de gobierno puede resultar bastante convincente. Arriesgar el presente por la ilusión del futuro suele ser peligroso. Más para el radicalismo, que tiene necesidad de borrarse el estigma de sus gobiernos inconclusos. Por eso, algunos de sus dirigentes ya dieron señales positivas.

Después de varios meses de conflictos internos, la fragilidad y la incertidumbre sobre la suerte del Gobierno que impuso la crisis cambiaria han restablecido cierta paz en el oficialismo y reacomodado las piezas para volver a incluir en el espacio de toma de decisiones a varios que habían sido incluidos en el bando de los réprobos, cercanos a la vieja política. Es todo un dato. Todavía falta sanar las heridas que dejó el escándalo de los aportes irregulares bonaerenses.

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EL IMPACTO ECONÓMICO
Si el desenlace de los cuadernos es aún impredecible en lo judicial y en lo político, no lo es menos en lo económico. El espejo de Brasil suele entusiasmar tanto como espantar. El impacto que tuvo en la economía de ese país, expresado en una recesión de algo más de dos años, es inquietante si se tiene en cuenta que aquí la recesión ya se descontaba para los próximos dos o tres trimestres (según quién la calcule). Como atenuante aparece la diferencia entre uno y otro caso: el Lava Jato impactó sobre el gobierno en funciones y se llevó puesta a la presidenta en ejercicio. Aquí, al menos por ahora, los cuadernos revelan la corrupción de la administración anterior. Habrá que ver si una ola de arrepentimientos no aporta datos que puedan tocar a funcionarios del actual Gobierno, tanto por obras de su gestión local como por otros aportes irregulares a campañas electorales.

En el mediano plazo, en cambio, podría ser beneficioso para el Gobierno, siempre en el terreno económico, si la perspectiva del regreso en 2019 de un cristinismo recargado y vengativo se diluye. No porque vayan a llover los dólares que nunca fueron más que una leve garúa ocasional, sino porque, al menos, no se descartarían algunas inversiones que siguen en carpeta y no se irían más de los que ya se fueron. Podría ser un antídoto para la amenaza que implica la conformación y consolidación de un peronismo unido sin el dique parteaguas de Cristina.
Todo esto es lo que empezó a evaluarse en la Casa Rosada solo en las últimas 48 horas hábiles de la semana. Hay demasiado por recorrer.

En lo inmediato, Macri se mostró públicamente decidido a apostar fuerte por este aparente Mani Pulite argentino. Para justificar que no se trata solo de apariencias, en el oficialismo cuentan que, aunque ya la noche anterior sabía y les había anticipado a algunos pocos de las detenciones y allanamientos que haría Bonadio el miércoles, su primo Ángelo Calcaterra fue uno de los sorprendidos cuando la policía arrestó a Javier Sánchez Caballero, ex gerente general de la que fue su compañía constructora, luego de que se la cedió la mismísima familia presidencial.

Algo habrá cambiado de verdad si, como nunca antes había ocurrido en episodios de corrupción en la Argentina, el caso de los cuadernos va a fondo y pone al desnudo la trama oscura que ha unido al poder en todas sus expresiones a lo largo de décadas. La construcción de un nuevo orden más transparente es un desafío mayúsculo y casi impensable para un presidente oriundo del estáblisment. Si lo logra, finalmente habrá sido más Mauricio que Macri.

Red de sobornos. Tras la publicación, se realizaron numerosos allanamientos y detenciones. También se ofreció beneficios a quienes cooperaran con las autoridades.

Los Óscar se parecen ahora a un concurso de popularidad

Inusual. La ganadora de 2018, “The Shape of Water”, de Guillermo del Toro, registró una taquilla de $63.9 millones en Estados Unidos y casi $200 millones a escala mundial.

Desde que Faye Dunaway dijo “¡La La Land!”, ningún anuncio de los Óscar ha provocado tanto caos como la decisión de la Academia de las Artes y Ciencias de la Televisión de crear una nueva categoría para “logros destacados en una cinta popular”.

El sorprendente anuncio resultó ser bastante impopular, al menos entre los críticos de cine y algunos miembros de la academia. El actor Rob Lowe, un viejo miembro de la academia, dijo que los Óscar están muertos y “les sobreviven secuelas, grandes estrenos e integración vertical”.

Los otros cambios fueron recibidos con una mezcla de elogios y quejas. Muchos aplaudieron el dramático movimiento en el calendario para la ceremonia que se adelantó al 9 de febrero de 2020, después de que la temporada de premios se hubiese convertido en un período de casi cuatro meses con muchos ganadores repetidos. Y al parecer era inevitable que se acortara la ceremonia a tres horas y se retiraran algunas categorías de la transmisión en directo por televisión.

Pero la nueva categoría de película popular, que comenzará a entregarse en la ceremonia del 24 de febrero de 2019, que será transmitida por ABC, creó muchas dudas, a continuación tratamos de darles algunas respuestas.

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¿POR QUÉ ESTÁ HACIENDO ESTO LA ACADEMIA?
Bajos ratings. Este año la ceremonia de casi 4 horas de los Óscar, presentada por Jimmy Kimmel, fue vista por casi 26.5 millones de personas, casi 20 % menos con respecto del año anterior y bastante por debajo de los más de 40 millones que la llegaron a ver en su momento. Unos 43.7 millones la vieron en 2014, cuando “12 Years a Slave” ganó el Óscar a mejor película, pero desde entonces cada año se ha reducido el número de espectadores. Estas son noticias preocupantes para la academia, que depende de los ingresos por transmisiones de televisión para la mayoría de su presupuesto, y ABC, que es propietaria de los derechos de los Óscar hasta 2028. Pero que la teletransmisión sea motivo de desesperación es algo debatible. Los premios de la academia todavía se mantienen como el evento no relacionado con el fútbol estadounidense del año, y los ratings de todo, incluyendo el Super Bowl, se han reducido cada vez más en el panorama más y más fracturado de los medios. Los Grammy, por ejemplo, tuvieron una reducción de 24 %, con 19.8 millones.

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¿DE QUIÉN FUE ESTA DECISIÓN?
Las medidas fueron aprobadas por los 54 integrantes de la junta de gobernadores de la academia. Los casi 7,000 miembros de la academia no fueron consultados, y muchos de ellos dijeron que consideran la categoría de película popular un movimiento indulgente para una institución de 91 años. Adam McKay, quien ganó el premio al mejor guion por “The Big Short” de 2016 y cuya próxima película sobre Dick Cheney se espera que esté en competencia el próximo año, bromeó en Twitter que los Óscar también tendrán categorías para mejor lanzamiento de cuchillos y el alien femenino más sexy. Pero la decisión de la academia también se vio influida por las demandas de su socia televisiva, ABC, que ha presionado a los productores de los Óscar para hacer que la teletransmisión sea más atractiva para la mayoría. En su caso, Kimmel evitó deliberadamente la política en sus monólogos. Los representantes de la academia y de la cadena rechazaron hacer declaraciones para este artículo.

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¿NO SE HAN NOMINADO PELÍCULAS POPULARES?
Este año los Óscar incluían varios éxitos de taquilla, como las nominadas a mejor película “Get Out” y “Dunkirk”, la ganadora en la categoría de película animada, “Coco”, la ganadora de mejor cinematografía, “Blade Runner 2049”, y otras nominadas, como “La Bella y la Bestia”, “Baby Driver” y “Star Wars: The Last Jedi”.
Ante todo la academia ha mostrado una disposición cada vez mayor para nominar películas de género de terror (“Get Out”) a ciencia ficción (“Arrival”, “Gravity”). Este año, “Logan” se convirtió la primera película de superhéroes nominada a uno de los principales premios: guion adaptado. Algunos esperaban que “Wonder Woman” hubiese recibido algún premio.

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Menos. La cantidad de gente prendida a la pantalla chica para ver la ceremonia de entrega de los Óscar ha ido en franco descenso. Las productoras están preocupadas y desean recuperar público a toda costa.

¿QUÉ TAN POPULARES HAN SIDO LAS GANADORAS DE MEJOR PELÍCULA?
Ninguna ganadora del Óscar a mejor película desde “Argo” de 2012 ha superado la cifra de los $100 millones en la taquilla estadounidense.

Las películas independientes han ganado 10 de los últimos 11 Óscar a mejor película, incluyendo los triunfos de “Moonlight”, “Spotlight”, “Birdman” y “The Artist”. La ganadora de este año, “The Shape of Water”, del mexicano Guillermo del Toro, no estuvo tan mal en taquilla con $63.9 millones en Estados Unidos y casi $200 millones a escala mundial, una recaudación indiscutiblemente buena para una película con escenas de sexo con un ser anfibio.

Ninguna ganadora del Óscar a mejor película desde “Argo” de 2012 ha superado la cifra de los $100 millones en la taquilla estadounidense. Las películas independientes han ganado 10 de los últimos 11 Óscar a mejor película, incluyendo los triunfos de “Moonlight”, “Spotlight”, “Birdman” y “The Artist”.

A pesar de esto, el tema de la taquilla ha sido una preocupación para la academia desde “The Dark Knight” de Christopher Nolan, la cual llevó a que se ampliara la categoría en 2009 de cinco nominadas a 10 (y después esto cambió a hasta 10 nominadas por la boleta de preferencias). La expansión ayudó a crear más espacio en los años siguientes para éxitos de taquilla como “Up”, “Inception” y “The Martian”. Pero hizo poco para reducir el dominio de las cintas más pequeñas en la categoría de mejor película.
Al respecto, Hollywood solo puede culparse a sí mismo. Los grandes estudios se rindieron hace tiempo y solo se dedican a hacer películas de gran presupuesto. Quizá no es coincidencia que la líder de cintas taquilleras, Disney (que ha tenido tres estrenos que han recaudado $1,000 millones, o más, este año) sea propietaria de ABC y pudiera dominar la categoría de película popular.

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DE TODAS FORMAS, ¿QUÉ ES UNA PELÍCULA POPULAR?
Lo más desconcertante de todo es probablemente la definición de la academia de una película popular. La academia dijo que todavía está trabajando en los detalles, pero que “apoya una consideración general de excelencia en todas las películas”. Así que cómo se puede medir la popularidad, ¿por venta de boletos? “Solo: A Star Wars Story” sumó $213 millones en Norteamérica, pero a pocos les importó. ¿Cuentan las ventas en el extranjero? ¿Una nominada tradicional al Óscar, como “La La Land” (con $446 millones a escala mundial), podría haber sido una película popular? ¿Y cómo funcionarían las medidas de taquilla para estrenos de finales de diciembre, que llegan poco tiempo antes de las nominaciones? ¿La ganadora debería ser elegida completamente dependiendo de sus ingresos en taquilla?

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¿LA GENTE QUERRÁ TENER UN ÓSCAR ASÍ?
Nunca hay que subvaluar lo mucho que la gente quiere un Óscar, cualquier Óscar. Pero parece un hecho que un Óscar a una película popular no será respetado como un Óscar “real”, sino como un medio Óscar, más parecido a los Premios MTV. Para muchos esto huele a una actitud condescendiente, y también a segregar lo popular del arte en un arte popular. Incluso en el Hollywood impulsado por las cintas “blockbuster”, muchos creen que ambas formas pueden coexistir, y este año ha sido un buen ejemplo con “Black Panther” de Ryan Coogler. La aclamada película de Disney era considerada una posible contendiente a mejor película, ahora algunos temen que será relegada a la esquina de película popular. La industria cinematográfica ha intentado esto antes. Los primeros premios de la academia dieron un reconocimiento al logro artístico (a “Sunrise” de F. W. Murnau) y para producción destacada (a “Wings” de William Wellman). Ambas siguen siendo obras maestras, pero la dicotomía desapareció al siguiente año.

Exhumar a Franco: el legado del dictador divide a España

Memoria. El Valle de los Caídos, el memorial en el que se encuentran los restos del general Franco, está ubicado en las afueras de Madrid.

Incluso desde la tumba, el dictador que gobernó España con puño de hierro durante buena parte del siglo XX sigue dividiendo al país.
El nuevo gobierno de centroizquierda español dice que retirar el cuerpo embalsamado del general Francisco Franco de un glorificado mausoleo será la primera de una serie de medidas simbólicas que buscan reconciliar la turbulenta historia del país.

Críticos con el Gobierno y los descendientes de Franco se oponen y prometen preservar la memoria de un régimen al que atribuyen la “modernización de España”.

Lo que debería hacerse, sin embargo, es prohibir la fundación que preserva el legado del líder autoritario, dijo Fernando Martínez, el funcionario nombrado para supervisar los esfuerzos del Gobierno para desenterrar e identificar a las aproximadamente 114,000 víctimas de la Guerra Civil española (1936-1939) y las cuatro décadas de dictadura posteriores, hasta la muerte de Franco en 1975.

“La exhumación del cadáver del dictador empezará a cerrar heridas en este país. Pero esa tarea solo se completará cuando la última fosa que hay en este país haya sido abierta”, dijo Martínez en una entrevista en la sede del Ministerio de Justicia en Madrid, donde se está formando la nueva Dirección General de Memoria Histórica.
La creación de un censo actualizado de los enterrados en fosas en todo el país será una de las primeras tareas del nuevo gobierno del presidente Pedro Sánchez, apuntó Martínez. Además, quieren reabrir la oficina para ayudar a los familiares de las víctimas –que se cerró con el anterior gobierno, de corte conservador– , establecer un nuevo sistema de pagos de reparación y convertir el lugar en el que está enterrado Franco, en el Valle de los Caídos, en un monumento contra el fascismo.

“Vamos a tratar de acelerar y recuperar el tiempo perdido. Es una cuestión de dignidad democrática”, manifestó Martínez, que fue nombrado en julio, a un mes de la llegada de Sánchez al poder luego de una moción de censura a Mariano Rajoy.

Tres misiones patrocinadas por Naciones Unidas que visitaron España desde 2013 criticaron a las autoridades por la ausencia de un plan nacional para buscar a los desaparecidos, por la mala coordinación de las exhumaciones y por los obsoletos mapas de fosas. También mostraron su preocupación por la inacción de los tribunales españoles para enjuiciar algunos de los delitos más oscuros de la época.

Recientemente, un panel de expertos en derechos humanos de la ONU elogió la decisión de las autoridades de “poner el derecho a la verdad en lo más alto de la agenda política”, liderar los esfuerzos para encontrar a los desaparecidos y crear una Comisión de la Verdad para investigar los crímenes ocurridos durante el mando de Franco.
“Esta decisión representa un paso fundamental hacia la realización del derecho a la verdad para todas las víctimas de graves violaciones de los derechos humanos”, dijo el informe.

El Gobierno quiere adoptar los cambios enmendando la Ley de Memoria Histórica de 2007, que no atendió todas las demandas de los sobrevivientes y los familiares de las víctimas cuando el ejecutivo de Rajoy eliminó el presupuesto para exhumaciones y reparaciones.

Emilio Silva, presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), apuntó que el nuevo gobierno debería emplear sus poderes ejecutivos para sacar a Franco del Valle de los Caídos, un macabro mausoleo a 50 kilómetros (31 millas) al noroeste de Madrid. Además, pidió que el Gobierno excave todas las tumbas de víctimas de Franco en lugar de iniciar un gran enfrentamiento político entre conservadores y progresistas en el Congreso.

“Temen a las represalias legales”, dijo Silva acerca del equipo de Sánchez, y añadió que los trabajos en las fosas no señaladas y la compensación a los familiares de las víctimas identificadas son “cosas tan básicas y tan humanas que no deberían de tener que discutirse”.

Con una imponente cruz de 150 metros (500 pies) de alto que puede verse a kilómetros de distancia, el sombrío mausoleo y la basílica de estilo neoclásico del Valle de los Caídos fueron mandados a construir por Franco como homenaje a los muertos durante la llamada “cruzada gloriosa” para derrotar al gobierno democrático del país.
Unas 34,000 personas pertenecientes a los dos bandos enfrentados en la guerra fratricida están enterradas en la zona, la mayoría de ellas sin identificar, además de los restos de José Antonio Primo de Rivera, el fundador de la formación fascista Falange. El sepulcro de Franco, una simple losa de granito con su nombre gravado, preside el altar de la basílica y sobre ella hay siempre flores frescas.

Los actos públicos en favor del régimen franquista fueron ilegalizados en 2007, pero el lugar es un popular destino de peregrinación para los nostálgicos de esa era.

Los activistas, que sostienen que el Valle de los Caídos emana un aire totalitario y es un insulto a la memoria de las víctimas, están molestos por mal el estado de los restos, ya que las filtraciones de agua han convertido las criptas en “pilas de huesos”, de acuerdo con una valoración realizada por expertos en 2011.

Según Martínez, el proyecto para revisar la ley incluye una propuesta para retirar los símbolos que celebran la dictadura y para renombrar el lugar como un monumento para la reconciliación y un museo sobre los abusos cometidos durante su construcción, incluido el uso de presos políticos como mano de obra forzosa.

Pero el Gobierno, que no logró exhumar a Franco en julio como prometió, enfrenta innumerables obstáculos, incluida su minoría parlamentaria.

Cientos de nostálgicos del franquismo celebraron protestas en el Valle, y los partidos conservadores han acusado al Ejecutivo de Sánchez de reabrir un capítulo que consideraban cerrado en lugar de centrarse en problemas del siglo XXI.

Los descendientes de Franco, por su parte, se han negado a cooperar con las autoridades, preparando una demanda contra los planes de exhumación y negándose a trasladarlo a un panteón familiar en Galicia, la región del noroeste de España de la que era originario. Ante su negativa, las autoridades enfrentan el dilema de qué hacer con los restos mortales del dictador.

Desenterrar a Franco supondría, según Martínez, “consolidar nuestra democracia”, que se reinstauró pacíficamente a finales de la década de 1970 tras la muerte del dirigente.

Martínez rechazó aventurar una fecha para la exhumación. Pero aún en el caso de llevarse a cabo, el gobierno de Sánchez enfrentará la delicada tarea política de ilegalizar la Fundación Nacional Francisco Franco, que desde 2003 recibe fondos públicos para conservar los documentos del régimen que rigió España entre 1939 y 1975.

La fundación no respondió a las peticiones de la AP para realizar comentarios, pero en comunicados recientes sus responsables manifestaron que cualquier intento de ilegalizarla iría en contra de la Constitución, que protege la libertad de expresión. El presidente, el general retirado Juan Chicharro, escribió que el organismo debe defenderse de la “ilegalización progresiva de todo aquel que no se pliegue a las exigencias totalitarias de un amplio sector de la izquierda española”.

Silva, de la ARMH, apuntó: “Que no existan como fundación no limita su libertad de expresión” sino que simplemente restringe su acceso a los fondos públicos.

Martínez no cree que se trate de un problema de libertad de expresión, sino de protección de la democracia en España.

“Todas las fundaciones que hagan apología del franquismo, del fascismo y el nazismo, evidentemente, no tienen cabida en la democracia porque atentan a los valores democráticos, a las libertades”, declaró. “Los demócratas tendremos que defender la democracia porque defendemos un modelo de convivencia”.

Aumentan cruces ilegales en la frontera México-Arizona

Sin recursos. En Yuma, a veces las patrullas no alcanzan para movilizar a los migrantes sin documentos hacia los centros de detención.

El muchacho de tres años con un corte de cabello tipo taza y una camiseta a rayas se aferraba a su padre en la parte trasera de una camioneta de la Patrulla de Fronteras.

Con los zapatos todavía embarrados por el cruce de la frontera, padre e hijo acababan de ser detenidos en un canal cerca de un muro en una húmeda noche de julio en Arizona. Antes de que el padre y sus tres hijos pudiesen adentrarse en Estados Unidos, un agente de la Patrulla de Fronteras intervino luego de verlos del otro lado de un muro fronterizo y les abrió un portón.

El padre entregó documentos que indicaban que pandilleros habían cometido delitos contra su familia, una de las justificaciones para solicitar asilo. Después de una espera, el hombre y sus hijos fueron transportados en una camioneta para ser procesados en un puesto de la Patrulla de Fronteras a 36 kilómetros (20 millas) de Yuma.

El encuentro revela que las familias siguen tratando de ingresar a Estados Unidos a pesar de las noticias diarias sobre las políticas inmigratorias de tolerancia cero del gobierno de Donald Trump. Este flujo de familias de América Central es particularmente intenso en este sector a menudo ignorado de la frontera con Arizona y California.

El sector de Yuma de la Patrulla de Fronteras ha registrado un incremento del 120 % en la cantidad de familias y menores no acompañados pillados en la frontera respecto del año pasado, sorprendiendo a muchos en una región que había tenido poco movimiento en la última década.

En lo que va del año fiscal, los agentes del sector de Yuma han detenido a casi 10,000 familias y 4,500 menores no acompañados, lo que representa un aumento enorme con respecto a hace siete años, en que fueron pilladas solo 98 familias y 222 menores no acompañados.

La política de Trump de separar las familias no parece contener esa marea. La Patrulla de Fronteras detuvo a un promedio de 30 familias diarias en junio, cuando las protestas por la separación de familias llegaron a su punto máximo. Yuma es ahora el segundo sector de más movimiento de familias que intentan ingresar ilegalmente a Estados Unidos, superado solo por el valle del río Bravo, en Texas.

Los agentes y las personas que intentan cruzar la frontera tienen que lidiar con muchas cosas. Partes de la frontera son urbanas, con muros y canales del lado estadounidense y jardines del lado mexicano. El sector incluye a Arizona y partes de California.

Traficantes de drogas y otros delincuentes cruzan la frontera por el desierto, pero la mayoría de las familias y de los menores simplemente lo hacen caminando o a nado, y al llegar al otro lado esperan ser detenidos, de acuerdo con el portavoz de la Patrulla de Fronteras, José Garibay. Abundan los grupos grandes de personas que hacen el cruce.
Garibay cuenta que una vez encontró un grupo de 60 familias y menores.

Muchos no entienden por qué tantas familias y niños de América Central vienen a Estados Unidos a través de este tramo de Arizona, desafiando el fuerte calor del verano, cuando hay caminos más directos que los llevan al valle del río Bravo, en Texas, a más de 1,600 kilómetros.

La llegada de grandes cantidades de familias y menores plantea problemas logísticos ya que la Patrulla de Fronteras tiene una cantidad limitada de vehículos para trasportar a los inmigrantes a los centros de procesamiento de Yuma. Muchos no entienden por qué tantas familias y niños de América Central vienen a Estados Unidos a través de este tramo de Arizona, desafiando el fuerte calor del verano, cuando hay caminos más directos que los llevan al valle del río Bravo, en Texas, a más de 1,600 kilómetros.

Garibay dijo que las rutas de la migración son controladas mayormente por los carteles que transportan personas. El estado mexicano de Tamaulipas, por donde pasa el río Bravo, que hace de frontera, ha experimentado altos niveles de violencia asociada con los carteles de las drogas. El director del Servicio de Protección de Aduanas y Fronteras dijo hace poco que las bandas se pelean “por cada centímetro” de tierra para controlar el río a través del cual los migrantes son llevados a Texas.

Randy Capps, del Instituto de Políticas Inmigratorias, dice que la mayoría de las personas que cruzan por Yuma son guatemaltecos. Opinó que probablemente se dirigen a California y que el cruce por Yuma es talvez el más sencillo y seguro.

Llegan a un tramo de la frontera que el Gobierno ofrece como ejemplo de seguridad fronteriza. Fue alguna vez uno de los sectores más transitados antes de que se levantasen muros, mejorase la tecnología, la vigilancia a control remoto y llegasen más agentes, lo que dio lugar a una drástica caída en los cruces ilegales.
“Gracias al esfuerzo combinado de toda la agencia, se transformó este sector en uno manejable, no como en 2005, en que hubo 138,000 detenciones”, dijo Garibay.

Yuma es un centro agrícola que depende mucho de la mano de obra inmigrante para las cosechas, mayormente de lechuga y dátiles. Cientos de trabajadores mexicanos cruzan la frontera con visas especiales para trabajar en el campo. Sus empleadores tienen que alojarlos y alimentarlos, y ganan $10 la hora.

Yuma produce el 90 % de la lechuga que se consume en Estados Unidos, una industria de $2,500 millones anuales. Si bien depende en gran medida de la mano de obra extranjera, Trump derrotó aquí por más de cinco puntos a Hillary Clinton en 2016.

Un viaje de 45 minutos hacia el sur de Yuma lleva a San Luis, Arizona, pequeña ciudad fronteriza donde negocios de ropa y restaurantes mexicanos se suceden en una calle que desemboca en México.

La misma noche que el muchacho de tres años y su familia fueron puestos bajo custodia, un agente de patrulla cerca de Yuma divisó a dos hombres y dos chicos de 12 y 13 años, todos guatemaltecos, parados junto al camino, esperando ser detenidos. Habían cruzado a pie un canal en el que el agua les llegaba hasta las rodillas y sus pantalones y sus zapatos estaban mojados y sucios. Un agente les tomó los nombres, fechas de nacimiento y su país de origen, y los ubicó en un camión para que esperasen una camioneta que los transportaría. Ni el hombre ni sus hijos dijeron nada cuando se los llevaban.

En un refugio para migrantes del lado mexicano de la frontera, este año han llegado más migrantes deportados que de costumbre. La Casa del Migrante La Divina Providencia recibía a cerca de 1,000 migrantes por mes en 2017. En lo que va del año está recibiendo a 2,000, según Martín Salgado, quien dirige el refugio.

La mayoría de la gente atendida en el refugio son mexicanos deportados de Estados Unidos, aunque de vez en cuando se acercan también centroamericanos que buscan una comida caliente, una oración y una cama.

José Blanco, de 28 años, se fue de Honduras un mes antes de llegar al refugio. Él y otras dos personas intentaron cruzar la frontera ilegalmente cerca de San Luis, pero regresaron después de caminar 6 horas porque consideraron que hacía demasiado calor y hubiera sido peligroso continuar.

Blanco, quien tiene dos hijos en Honduras, dijo que se regresaría a su país en lugar de intentar de nuevo el cruce.
“Es muy duro esto en estos momentos”, dijo Blanco.

Más gente cruza. En un 120 % ha aumentado la cantidad de familias en tránsito que la patrulla fronteriza de Yuma ha registrado.

Centro de detención de inmigrantes, una encrucijada

Campos

Ya había terminado el sermón y la gente había rezado. Mike Yoder decidió que había llegado la hora de dar una noticia inquietante.

Mientras los feligreses de la iglesia menonita de Silverwood conversaban un domingo, Yoder, comisionado de condado desde hace 13 años y granjero desde hace mucho más, se reunió con el pastor Jeremy Shue en un extremo de la sala y le dijo que había buenas posibilidades de que pronto se construyera un centro de detención de inmigrantes en un terreno donde hoy se cultiva soya, al norte de la ciudad.

“Una de las pocas cosas positivas será que no habrá que manejar tanto para ir a protestar”, dijo Shue.
No hacía falta que nadie le recordase a Yoder el potencial de un conflicto. Este dirigente republicano bien sabe que casi dos tercios de los votantes del condado de Elkhart apoyaron la candidatura de Donald Trump para presidente tras una campaña en la que el magnate despotricó contra la inmigración ilegal. Pero también está consciente de que las opiniones políticas del condado están bastante divididas y de que los principales empleadores de la zona contrataron a miles de inmigrantes mexicanos, muchos de los cuales podrían no tener permisos de residencia.
Es un delicado equilibrio el que impera en este rincón del norte de Indiana, fundado sobre la base de visiones contrastantes en torno de los negocios y la fe, la comunidad y la ley. Y la propuesta de construir un centro de detención creó una situación delicada para quienes toman las decisiones.

“Fue como un microcosmos de todos los distintos aspectos de la inmigración”, manifestó Yoder. “Todo aquí, en este condado”.

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EL SERVICIO DE INMIGRACIÓN y Control de Aduanas –la policía inmigratoria, conocida por sus siglas en inglés, ICE– trata desde hace tiempo de consolidar los inmigrantes alojados en distintos centros de detención del centro del país. Desde 2011, contratistas vienen proponiendo construir centros de detención en siete comunidades cerca de Chicago, desde suburbios distantes como Crete, Illinois, hasta el centro metalúrgico de Gary, Indiana.
“Esto es como un juego de whack-a-mole”, comentó Fred Tsao, de la Coalición por los Derechos de los Inmigrantes y los Refugiados de Illinois, que ha tratado de frenar esas iniciativas.

Municipalidades de Texas y California cancelaron en tiempos recientes acuerdos para alojar a presos del ICE en momentos en que otras comunidades buscan los empleos y el dinero que generan esos centros.
Pero la demanda de esas instalaciones va en aumento. Si bien Trump habla de construir un muro en la frontera, su gobierno está priorizando las detenciones lejos de la frontera y busca sitios donde alojar a los arrestados.
El ICE no es propietario de la mayoría de los centros de detención. Contrata empresas privadas, con fines de lucro, que alojan a dos tercios de los inmigrantes detenidos por estar en el país sin permiso. Muchos van a parar a cárceles locales con las que se firman contratos para que los reciban. La agencia invierte $134 diarios por cada detenido, según cifras del Gobierno.

El año pasado el ICE solicitó construir nuevos centros de detención cerca de Chicago, Detroit, Salt Lake City, Saint Paul (Minnesota) y en el sur de Texas para ampliar su capacidad de 40,000 migrantes a 51,000.
Una propuesta de CoreCivic Inc., una de las empresas que administran los centros de detención privados más grandes del país, tiene al condado de Elkhart en esa lista.

El condado se encuentra a dos horas al este de Chicago y es el corazón de una floreciente industria de vehículos recreativos remolcables, con un desempleo de apenas el 2 %. Una gran población amish surte de obreros a las fábricas, pero hay 9,000 vacantes. “Tenemos muchos puestos que no quiere nadie”, dijo Yoder, cuyo padre dirigió alguna vez la fabricante de vehículos recreativos Jayco Inc.

Los inmigrantes han ocupado buena parte de esas plazas, pero los nativos se muestran divididos en torno de temas que incluyen la inmigración. Más de 7,000 colmaron el gimnasio de una escuela de Elkhart en mayo para alentar a Trump. Goshen, donde abundan los carteles que dicen “no importa de dónde eres, nos complace que seas nuestro vecino”, ofrece un contrapeso, con una universidad menonita y una gran colonia hispana.

La propuesta de construir un centro de detención podría exacerbar esa situación. Yoder se movilizó pronto, tratando de buscar un diálogo y prevenir un conflicto.
“Los comisionados tienen que resolver un asunto complejo, por eso intervine pronto”, dijo Yoder. “Las cosas no salieron como pensaba. Talvez fui muy inocente”. (Los comisionados son funcionarios municipales que comparten las funciones de un alcalde).

Al día siguiente Stutsman difundió su carta. “Todo el dinero de impuestos generado por el proyecto no bastaría para compensar el daño que una instalación de ese tipo le causaría a nuestro condado”, escribió en una carta que tuvo el apoyo de 45 CEO y líderes cívicos. “Súmense a nosotros y demuéstrenles a los recién llegados que nuestras comunidades los reciben complacidas”.

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RICHARD AGUIRRE lleva meses trabajando en un programa de tarjetas de identificación para los inmigrantes que se radican en Goshen, muchos de los cuales no pueden sacar licencias de conducir porque están en el país sin permiso. Para Aguirre, director del Goshen College, ese programa fue una victoria.

Sabía que en el campus había decenas de estudiantes traídos a Estados Unidos ilegalmente cuando eran niños. Nieto de inmigrantes mexicanos, Aguirre recuerda los problemas que tuvieron sus parientes cuando era niño para salir adelante sin permisos de trabajo. “Me pareció injusto el que, dependiendo de qué lado de la frontera naciste, tengas una buena vida o una vida bastante miserable”.

Cuando Yoder escuchó por primera vez de la propuesta del centro de detención, supo que probablemente la iniciativa le caería mal a gente como Aguirre. Pero era difícil rechazar una propuesta como esa, según Yoder. Generaría trabajos e impuestos. Y sería bien vista por muchos republicanos.

De modo que pidió al pastor que arreglase una reunión con el clero menonita, muchos de cuyos sacerdotes predican un mensaje de inclusión y que se les abran los brazos a los extranjeros. Si se iba a construir un centro de detención, pensó Yoder, talvez convenía hacerlo en un sitio donde el clero pudiera servir a los arrestados.
Tuvo también en cuenta la creciente población hispana y a los sectores más liberales de Goshen. Un 16 % de la población del condado de Elkhart es hispano. Fue atraído por una industria que produce cuatro de cada cinco vehículos recreativos remolcables en Estados Unidos. En Goshen, casi una tercera parte de sus residentes son hispanos y más de la mitad de los alumnos matriculados en sus escuelas son de esa comunidad. En el centro de la ciudad, las vinerías y los anticuarios conviven con taquerías.

El mismo día que habló con los pastores, Yoder se reunió con el alcalde de Goshen Jeremy Stutsman, con Aguirre y con otros.
“Quisiera que ayudasen a mantener la calma”, les dijo el comisionado.
“Mi reacción fue ¡jamás!”, expresó Aguirre.
Esa noche, Aguirre creó una página en Facebook para la Coalición Contra el Centro de Detención de Inmigración del Condado de Elkhart. Activistas ya habían organizado un acto para celebrar la entrega de tarjetas de identificación, pero Aguirre lo convirtió en una protesta.

Mientras manejaba hacia los tribunales el sábado previo al Día de Acción de Gracias, Aguirre pensó que una lluvia helada haría que solo unas 60 personas se presentasen. Al llegar subió una escalera y le entregó el micrófono a Felipe Merino, abogado de inmigración y presidente de la junta escolar de Goshen.
“Quiero que levanten las manos si piensan que no queremos un centro de detención de inmigrantes en el condado de Elkhart, Indiana”, dijo Merino.
Más de 200 manos se elevaron y gritaron “¡no!”.

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AL ESCUCHAR A YODER HABLAR del centro de detención, el pastor Neil Amstutz, de la Iglesia Menonita de Waterford, pronto se dio cuenta de que la suya era una propuesta que no podía apoyar.
Años atrás había servido como misionero en Bolivia y había trabajado en San Antonio, Texas, ayudando a refugiados de El Salvador y Guatemala, y aprendiendo español. Después de hablar con otros miembros del clero menonita, llamó a un pastor mexicano, inmigrante, José Luis Gutiérrez, cuya iglesia pentecostal se encuentra junto a unos manzanares a unos 3 kilómetros (2 millas) de la suya.

Familias. Pepe Urzúa es un reparador de tejados que llegó de México en 2010. Sostiene a su hija de dos meses, Luna, mientras su esposa, Betty, sostiene a la hija, Scarlet, durante el festival de la calle First Fridays en Goshen, Indiana. Para Arzúa, Goshen “es un lugar donde quieres criar a tus hijos”.

La iglesia de Gutiérrez, Comunidad Cristiana Adulam, lleva el nombre de la cueva bíblica donde el rey David buscó refugio.
“Alguna gente de mi comunidad siente que la iglesia les ofrece protección, se sienten refugiados”, expresó Gutiérrez. “Es un sitio seguro para la adoración por el idioma, y no importa si tienes documentos o no”.
Junto con otro pastor, Gutiérrez y Amstutz invitaron al clero de todo el condado a una reunión y el grupo planeó un servicio en toda la comunidad para oponerse al centro de detención.
El 17 de diciembre, en un santuario decorado con velas por el feriado, una congregación improvisada llenó la mayoría de los bancos de la Primera Iglesia Presbiteriana de Elkhart.
“¿Por qué estamos aquí?”, preguntó Amstutz. “Para demostrar que, sin importar si nuestro gobierno construye o no un muro más grande para evitar la llegada de inmigrantes, ¡la iglesia de Dios derriba los muros divisorios!”.
Muchos inmigrantes, no obstante, se sienten inseguros.
Cuando Lizeth Ochoa, de 19 años, oyó hablar por primera vez del centro de detención, pensó que estaría lleno de delincuentes.
“Pero después me di cuenta de que no, de que era para gente como yo”, manifestó Ochoa.
Cuando tenía nueve meses, la madre de Ochoa le pagó a un coyote para que la trajese desde México. Se reunieron con su padre, que ya tenía trabajo en Elkhart.
Ahora su permanencia en Estados Unidos es incierta. El programa del presidente Barack Obama que aplazó indefinidamente las deportaciones de jóvenes como ella le había dado cierta tranquilidad, pero Trump dejó sin efecto esa iniciativa. En su casa, ella y sus padres tratan de no hablar del centro de detención porque no quieren alterar a sus cuatro hermanos nacidos en Estados Unidos. Pero a menudo se preguntan qué harían si agentes del ICE asignados ahora a Elkhart golpean su puerta.
“Es desgastante, mis hermanos pueden terminar en casas de otros si mis padres y yo somos deportados”, dijo Ochoa, quien estudia en el Goshen College. Casi una cuarta parte de los estudiantes son hispanos, muchos llegados de niños y sin permiso de residencia.
La elección de Trump ya inquietaba a algunos en la congregación de Gutiérrez y los rumores de que se abriría un centro de detención aumentaron el malestar.
“Si el ICE puede hacer esto en este condado, la gente se va a ir”, aseguró Luis Fraire, un mecánico que vino a Elkhart desde México hace 11 años, se casó, formó una familia y abrió un negocio.
“Todos somos hermanos en Dios”, señaló, mientras otros feligreses dejaban la iglesia el domingo. “Le pedimos a Dios porque solo él puede frenar esto”.

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PARA OTROS, UN CENTRO DE DETENCIÓN ES LO QUE NECESITA EL CONDADO. “Mejor que construyan uno grande, porque se va a llenar de gente”, dijo George Holiday, un operador de montacargas jubilado, en las redes sociales.

En una entrevista, Holiday dijo que el condado había cambiado mucho en los últimos años, en que aparecieron más carteles en español y llegó mucha gente que no parece hablar inglés. Los inmigrantes son trabajadores, pero ignoran las leyes que requieren permisos para ingresar al país o para quedarse, se quejó.

Hace una década, Bob Schrameyer y otros residentes de Goshen hicieron campaña para que la policía local colaborase con el ICE y para que los empleadores de la zona corroborasen el estatus legal de los trabajadores. El problema, según Schrameyer, es que muchos inmigrantes no pagan lo que les corresponde de impuestos pero se benefician de muchos programas sociales.

Cuando planteó mayores controles sobre la inmigración ilegal, le dijeron que esa era una tarea del gobierno federal. Y cuando el gobierno de Trump trató de hacerlo, la gente también se quejó, expresó Schrameyer, un jubilado que fue fundador de la rama local de la agrupación Ciudadanos por el Cumplimiento de las Leyes de Inmigración (Citizens for Immigration Law Enforcement).

El centro de detención es algo “obvio”, que traerá nuevos impuestos, indicó.

“Los grandes opositores a la iniciativa son los que apoyaron la inmigración ilegal en la región y, desde ya, les preocupa que vengan las fuerzas del orden”, manifestó Schrameyer.

Una mañana reciente, Roland Weaver puso a un lado la pala que estaba usando para sellar los cimientos de su casa, en la misma County Road 7 donde se construiría el centro de detención. Esa instalación garantizaría que se cumplen las leyes y algo más, de acuerdo con Weaver.

“Tenemos una constitución basada en los principios de Dios y muchos de ellos, de los ilegales, no tienen eso de donde vienen, de modo que traen sus creencias”, agregó el hombre, un albañil en una planta automotriz.
“Mucha gente dice que Jesús defendía a los ilegales y que no había fronteras cuando él estuvo en este mundo. Pero esos eran otros tiempos”.

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EN UNA REUNIÓN POR LAS FIESTAS de fin de año, el alcalde Stutsman se encontró con el cardiólogo Mark Smucker. Se pusieron a hablar de la propuesta y se les unió Galen Miller, propietario de una productora de pollo y amigo de la niñez de Smucker.

“Lo que yo digo es que si vamos a resolver algún día el problema de la inmigración en este país, ya sea a través de una reforma o deportando a todo el mundo, llegará el momento en el que no vamos a necesitar un centro de detención de inmigrantes”, expresó Smucker. “Me da la impresión de que en la comunidad de fabricantes de vehículos no van a querer ver más trabajadores que se les van”.

“Me encanta vivir aquí”, dijo Pepe Urzúa, un techador que vino de México hace ocho años, mientras mecía a su bebita. “Es un sitio donde puedes criar a tus hijos”. Del otro lado del césped, Rob Emahiser, vendedor de neumáticos, observaba la muchedumbre. “Soy un republicano que admira a Trump y me gusta todo lo que tiene esta comunidad”, expresó.

Stutsman, un demócrata, propuso una carta expresando oposición al proyecto. Miller acordó contactar a ejecutivos de las empresas automotrices de Elkhart.
Cuando CoreCivic fue llamada por primera vez, Yoder dijo que le advirtió a la empresa que el principal obstáculo podría ser la reticencia de algunas firmas grandes con muchos empleados. Aunque hasta entonces nadie había dicho nada.
“Hay un dilema”, indicó Jim Siegmann, expropietario de una impresora muy activa en círculos empresariales y cívicos. Muchos empresarios de Elkhart, dijo, son conservadores pero dependen de la mano de obra inmigrante, incluso de algunos que no tienen permiso de residencia.
“Saben que sus negocios no funcionan sin ellos”, señaló.
Cuando un pequeño grupo se reunió en la oficina de Stutsman, varios ejecutivos aprobaron su carta.
Sus inquietudes, no obstante, iban más allá de las ganancias. Los líderes cívicos, temerosos de las recesiones y de la fama de la región como un sitio de escaso relieve, han invertido en proyectos para hacer el condado más atractivo tanto para empresas como para trabajadores. ¿Qué impacto puede tener el centro de detención en este panorama?
Una mañana reciente, Pete McCown, presidente de la Community Foundation del condado de Elkhart, señaló desde la ventana de su oficina hacia un terreno industrial en la unión de dos ríos donde se están construyendo cientos de departamentos y una piscina para competencias.
Elkhart quiere empleos, señaló McCown. Pero el centro de detención generará plazas que podría resultar difícil llenar, al tiempo que daría al condado fama de ser un centro carcelario.
“No queremos ser identificados así”, manifestó.

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A PRINCIPIOS DE ENERO, Yoder paró en una cafetería y se encontró con Aguirre. Le contó que los ejecutivos de CoreCivic venían a reunirse con empresarios locales. Los activistas, cuyo portal ya tenía más de 2,000 miembros, organizaron una conferencia de prensa.
A la mañana siguiente, el 17 de enero, Aguirre y otros protestaron frente al Ivy Tech Community College mientras llegaban los visitantes trajeados.

Adentro, representantes de CoreCivic explicaron sus planes a ejecutivos de Thor Industries Inc. y Forest River Inc., los fabricantes de vehículos recreativos más grandes del país, así como a representantes de la fábrica de repuestos Lippert Components y de otros grandes empleadores.
“Yo tengo mis negocios aquí. He vivido aquí toda mi vida. Y no quiero que vengan ustedes”, expresó el CEO de Forest River Peter Liegle, según trascendió.

La principal preocupación de los empleadores es que un centro de detención “generaría temor en la comunidad hispana y haría que muchos se vayan”, dijo el portavoz de CoreCivic Steve Owen.
“Ese, para mí, fue un momento clave”, declaró Yoder.
Al día siguiente Stutsman difundió su carta. “Todo el dinero de impuestos generado por el proyecto no bastaría para compensar el daño que una instalación de ese tipo le causaría a nuestro condado”, escribió, en una carta que tuvo el apoyo de 45 CEO y líderes cívicos. “Súmense a nosotros y demuéstrenles a los recién llegados que nuestras comunidades los reciben complacidas”.

Yoder recomendó a los ejecutivos de CoreCivic que pensasen cuidadosamente los siguientes pasos.
El lunes siguiente se conoció su decisión.
“Luego de analizarlo detenidamente”, dijo la empresa en un comunicado, “Core Civic decidió retirar su solicitud”.
“¡Ganamos!”, afirmó Aguirre en Facebook. “¡Ganamos!”.

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EL PRIMER VIERNES DE CADA MES, los residentes de Goshen se reúnen por la noche frente al juzgado de Elkhart para participar en un festival callejero.
A principios de junio, una pareja amish vendía palomitas de maíz. Los niños escribían sus nombres en la acera con tiza. Una banda local, Los Ortega, tocaba música mexicana.
“Me encanta vivir aquí”, dijo Pepe Urzúa, un techador que vino de México hace ocho años, mientras mecía a su bebita. “Es un sitio donde puedes criar a tus hijos”. Del otro lado del césped, Rob Emahiser, vendedor de neumáticos, observaba la muchedumbre. “Soy un republicano que admira a Trump y me gusta todo lo que tiene esta comunidad”, expresó.

Elevó su vaso de cerveza en señal de brindis al hablar de las rebajas de impuestos de Trump. Luego elogió a sus compañeros de trabajo y sus vecinos hispanos porque trabajan duro y cuidan de sus familias, y explicó que a veces él y su presidente no van a estar de acuerdo.

“Querían construir un centro de detención en esta ciudad”, comentó mientras un guitarrista encabezaba una hilera de parejas hispanas que bailaban entre las sombras. “Eso no es lo nuestro”.

Activos. En este condado la fuerza laboral hispana es indispensable para las empresas, que así lo reconocen.

Hacienda Nápoles: del terror de Pablo Escobar a las risas de un pueblo

Hacienda Nápoles

La niña Catalina, de apenas seis años, no lo sabe y, la verdad, no tiene por qué saberlo. Solita, mientras salpica agua con las pequeñas manos y sonríe pícara en una extensa y colorida piscina, ni imagina que hace un tiempo el sitio donde ahora juega tenía muy poco o nada de divertido.

La ‘peladita’, como suelen decir los colombianos, la está ‘pasando bueno’ nada más y nada menos que en la famosa hacienda Nápoles, la finca en que el narcotraficante Pablo Escobar Gaviria comenzó a esculpir su esfinge de hombre poderoso y en la que se presume pudo haber planeado varios de sus terroríficos crímenes.

A Catalina no le importa eso, a nosotros sí; por eso la pregunta salta: ¿qué hace esa niña jugando ahí?
Ubicada en Puerto Triunfo, Antioquia, el objetivo original de aquella histórica hacienda era solo uno: ostentar. Por eso, cuando “el Patrón del Mal” la fundó en 1978, hizo una escandalosa fiesta y hasta contrató a un equipo de televisión extranjero para que realizara un documental sobre el sitio.

Tenía que quedar en actas que ahí existía una casona de lujo, seis piscinas, 27 lagos artificiales, una gasolinera propia, una pista de aterrizaje, helipuertos y hasta una plaza de toros. Pero, sobre todo, el mundo debía enterarse de que 1,500 especies de animales, como rinocerontes, hipopótamos, camellos, jirafas, elefantes y hasta canguros, convivían en la hacienda Nápoles gracias al poderío del capo de los capos, el “hombre fuerte de Colombia”.
Dos millones de dólares habría pagado Escobar por el lote de animales que compró a un zoológico de Dallas y se llevó como pudo en barco, pero también en vuelos clandestinos directos.

“Mi papá quedó asombrado por la variedad de animales que encontró en (Dallas) y se subió al lomo de un elefante. Sin dudarlo, negoció con los dueños del zoológico –dos hermanos, grandotes, de apellido Hunt–, pagó en efectivo y quedó en enviar muy pronto por sus animales”, escribió su hijo Juan Pablo en el polémico libro “Pablo Escobar, mi padre”.

Escobar estaba loco por sus exóticas adquisiciones y nada ni nadie le iba a quitar su obsesiva ilusión. Sin embargo, al llegar a Colombia, las autoridades se opusieron a que tan raros especímenes entraran sin ton ni son al país y que además se quedaran, sin permiso alguno, en una finca privada.

Obligaron a Escobar a donar los animales al zoológico de Medellín, pero él fue más astuto: envió unas especies a la ciudad –como se lo habían pedido– y otras las ocultó y se las llevó con sigilo a la hacienda. La operación iba perfecta hasta que le incautaron unas cebras. Escobar no deseaba perder ni una sola. Por increíble que parezca, la solución del capo fue de película: compró unos burros grises y los mandó a pintar de blanco con rayas negras verticales.
Doblando algunas voluntades, logró cambiar los burros por las cebras verdaderas, las cuales regresaron intactas a su linda “finquita”, de casi 3,000 hectáreas.

Así se tejieron algunas de las primeras anécdotas de la hacienda Nápoles, el paraíso de Escobar donde solía fugar de su ajetreada vida de bandido. Centenares de personas, vinculadas o no al negocio de la cocaína, llegaron a disfrutar de las mieles de aquel lugar y a compartir con Pablo el ‘paraíso’ en la Tierra.

Pero lo que tenía bonito lo tenía de tenebroso. Años después de la muerte de Escobar, acontecida el 2 de diciembre de 1993, en hacienda Nápoles se encontraron fosas con restos óseos y se constató –como si no hubiese sido algo obvio– que la pista ubicada ahí sirvió para transportar fuertes cargamentos de droga. Tan claro era que la entrada principal a la hacienda fue adornada con una avioneta en su cúspide, en honor del primer cargamento de cocaína realizado por Escobar.

Siempre fue un lugar escalofriante, pero con el deceso del capo cambiaría todo.

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LA EXTRAORDINARIA CONVERSIÓN
Cuarenta años después de aquella suntuosa y extravagante inauguración, al estilo Escobar, la icónica entrada a la hacienda Nápoles es prácticamente la misma.

Es un día caluroso, casi 30 grados, y los padres de la traviesa Catalina –la misma que sigue feliz y “full” asoleada en la piscina– detuvieron su auto para tomarse una foto con la famosa avioneta.
Al igual que miles de personas que hoy visitan el lugar sin tener que pedirle permiso a Pablo, se tomaron la clásica selfie justo antes de entrar al Parque Temático Hacienda Nápoles, el centro de cultura, historia y diversión familiar en que mutó la propiedad del Patrón.

En la historia. Medellín busca extirpar de la memoria colectiva la idea de Pablo Escobar como una especia de Robin Hood. Su memoria en los museos destaca su papel como transgresor de la ley.

“Disfruta la verdadera aventura salvaje”, proclama el banner que recibe a los emocionados visitantes, quienes desde sus primeros pasos por el lugar son serenateados con sonidos de monos y gruñidos de la selva.

Si consideramos que Escobar quería convertir su finca en algo exótico y nada convencional, cuatro décadas después podríamos decir que el capo se salió con la suya, pero de un modo que nunca pudo haber imaginado.

En los últimos años, la ciudad de Medellín y en general todo el departamento colombiano de Antioquia se ha distinguido por la recuperación de espacios públicos en favor de sus ciudadanos. Se trata de focos de cultura y esparcimiento que han intentado curar, con éxito probado, muchas de las heridas dejadas por la guerra narco de los años ochenta y noventa.

Ubicada a 165 kilómetros de Medellín, la hacienda Nápoles no se escapó a esta tendencia. Tras una exitosa alianza entre la empresa privada y el estado colombiano, lo que antes fue un lugar de dolor, derroche sin sentido e incluso muerte se convirtió en un espacio para compartir en familia y reivindicar con risas el pasado.

Desde 2008, el Parque Temático hacienda Nápoles se erigió como el centro de entretenimiento más grande de su tipo en Suramérica, y la principal fuente de empleo para las comunidades cercanas. En 2012, además, fue elegido por la revista Times como uno de los 10 parques más exóticos del mundo.

Obligaron a Escobar a donar los animales al zoológico de Medellín, pero él fue más astuto. Envió unas especies a la ciudad –como se lo habían pedido– y otras las ocultó y se las llevó con sigilo a la hacienda. La operación iba perfecta hasta que le incautaron unas cebras. Escobar no deseaba perder ni una sola. Por increíble que parezca, la solución del capo fue de película: compró unos burros grises y los mandó a pintar de blanco con rayas negras verticales.

Quien lo visite podrá encontrar ahí cinco parques acuáticos, un parque jurásico, dos museos, un mariposario, cinco hoteles de lujo y una buena parte de los animales de los que alguna una vez alardeó Escobar. Solo por mencionar algunos, se aprecian elefantes, tigres, rinocerontes y las queridas cebras de Pablo.

Además, en el parque se puede observar la mayor población de hipopótamos en el mundo que conviven fuera de la sabana africana.

Desde que se ingresa al Parque Temático Hacienda Nápoles, todo huele a safari, aventura, vacaciones y buen “ride”. Es una zona calurosa, por lo que de entrada pocos se resisten a echarse un chapuzón en el Octopus, una estructura gigante en forma de pulpo compuesta por largos toboganes, caídas de agua, charcos, cascadas, senderos y cataratas artificiales.

Es plan imperdible hacer el tour de animales y visitar como complemento el museo antropológico y etnográfico de África, que cuenta con colecciones únicas acerca de la historia y los grupos étnicos de ese lejano continente.
Pero es evidente, por más actividades de recreación que existan, que el morbo siempre gana y se asoma curioso entre el clima caliente, los jugos refrescantes y las piñas coladas. ¿Cómo no recordar a Escobar pisando las que fueron sus propias tierras?

Pues tranquilos, en el parque temático Escobar no es un tabú. De hecho, los visitantes suelen visitar y tomarse fotos en la famosa pista de aterrizaje, en la arena de la plaza de toros donde se dice que cantó el mismísimo Vicente Fernández y, como es lógico, en la que fuera la famosa mansión del narco.

A la antigua casa de Escobar, ahora en ruinas, se le conoce hoy en día como el Museo Memorial, un recorrido histórico que de ninguna manera pretende poner a Pablo como héroe; todo lo contrario, funciona como un recordatorio del dolor y la tragedia que causó su ambición.

“El objetivo del museo es desnaturalizar la leyenda, quitar la creencia de que esos delincuentes tienen un beneficio social y no permitir que la siniestra figura de Escobar se presente como un Robin Hood”, explicó Álvaro Morales, curador del museo, al sitio electrónico Elmundo.com.

Para Morales, el museo es más bien un homenaje a las víctimas de la guerra narco. Recuerda, además, que antes de que el parque temático pusiera su primera piedra, la hacienda era un oscuro y abandonado sitio, comido por la maleza y con toda la mala reputación del mundo.
“Cuando iniciamos el proyecto, los estudios de memoria histórica sobre Escobar eran pocos. Lo que hicimos fue retomar cómo se vivió el fenómeno y para eso recurrimos a la prensa. Tomamos las portadas de cada uno de los episodios de sangre y dolor e hicimos un contexto de cómo la cultura y la resistencia civil nos permitieron seguir adelante”, añadió Morales.

Por ende, no es raro que antes de entrar al Museo de la Memoria, un letrero gigante grite con fiereza y orgullo “¡Triunfó el Estado!”, en clara referencia a Colombia y a los resultados positivos de una lucha a muerte con su principal enemigo.

Pero lo que más grita en el Parque Temático Hacienda Nápoles no es el letrero, es Catalina, quien se resiste con todo a que sus papás la saquen de la “rica” piscina.

La niña grita, simbólicamente, por todos los chicos, jóvenes y familias que hoy gozan con todo con lo que Escobar no pudo, o al menos no tanto como hubiese querido.

En esa línea, hacienda Nápoles es como una singular herencia o, más bien, un pago resarcitorio de Escobar por un daño sensible e irreparable a su propia gente.

Qué ironía y qué verdad más extraña, Escobar tuvo tanto dinero y poder que aún muerto sigue pagando la fiesta. Claro que de la Nápoles de “coca” y mafiosos ya no que nada; de risas y gritos como los de Cata, muchos. Del infierno narco al cielo.

Fortuna. Más de $2 millones pagó Pablo Escobar por importar a Colombia animales exóticos para ambientar su finca.

Brasil busca blindar elecciones contra “fake news”

Complejidad. Brasil contará con 35 partidos políticos compitiendo en las elecciones presidenciales de este año. Tras la inhabilitación de Lula Da Silva no hay un claro favorito para ganar.

A menos de tres meses de la elección presidencial más imprevisible en Brasil desde el retorno democrático en 1985, la justicia electoral prepara un operativo inédito de blindaje y combate a las “fake news” para intentar aislar su influencia durante la campaña.

En las últimas semanas, la propagación de información falsa en torno a la huelga nacional de camioneros y anteriormente del asesinato de la concejala de Río de Janeiro, Marielle Franco, probaron el poder de contaminación del debate público y encendieron las alarmas del Tribunal Superior Electoral (TSE), encargado de conducir el proceso electoral.

Primero fue apenas una advertencia que sorprendió por su tenor. A fines del mes pasado, el presidente del TSE, Luiz Fux, dijo que la elección podría suspenderse si las noticias fraudulentas favoreciesen ampliamente a algún candidato. Días después, el TSE reunió a 28 de los 35 partidos que participarán de los comicios y firmaron un acuerdo de colaboración por una elección “limpia”. Finalmente, el 28 de junio pasado, Google y Facebook se sumaron a la cruzada contra estas noticias y se comprometieron ante el tribunal a remover de la red las informaciones falsas que sean detectadas.

Los brasileños irán a las urnas el 7 de octubre en una elección que ofrece un panorama incierto. Con el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva preso en Curitiba por corrupción y fuera de carrera debido a la Ley Ficha Limpia, que impide ser candidato a cualquier condenado en segunda instancia, ninguno de los aspirantes al Palacio del Planalto supera el 20 % de intención de voto, según los últimos sondeos.

“Creemos que con diferentes acciones y acuerdos vamos a garantizar condiciones limpias. Estamos preparándonos para que no suceda lo que pasó en las últimas elecciones de Francia, Estados Unidos y en la votación por el ‘brexit’ en Gran Bretaña”, aseguró Fux en una entrevista con The Associated Press.

En Francia, el presidente Emmanuel Macron fue víctima de una noticia falsa que daba cuenta de una supuesta relación homosexual con el presidente de una importante radio. En Estados Unidos, la justicia investiga si el equipo de campaña de Donald Trump, con apoyo del Kremlin, montó una guerra informativa para dañar a la candidata Hillary Clinton. Y en el referendo de desconexión de Gran Bretaña de la Unión Europea (UE), una serie de noticias falsas podría haber influenciado a los británicos a optar por salir de la UE.

El presidente del TSE advirtió que además de accionar penalmente en la justicia, el tribunal estará habilitado para aplicar el poder de su policía contra quienes originen y difundan noticias falsas.
Según la legislación brasileña, el delito de divulgación de hechos a sabiendas falsos para ejercer influencia en el electorado constituye un crimen, penado con el pago de multas y con hasta dos años de prisión.

“Vamos a trabajar con órganos de Inteligencia para verificar de dónde vienen informaciones falsas, con el auxilio de la Policía Federal y la fiscalización del Ministerio Público y de un Comité de Prensa. Pero lo más importante para un combate efectivo es la cultura del pueblo, que los electores sepan chequear una información que circula en las redes para que puedan ejercer el voto conscientemente”, dijo el presidente del TSE.

En los próximos días, el tribunal lanzará una campaña educativa sobre el chequeo de información en la radio y la televisión de Brasil, donde recientemente han incrementado las noticias falsas.

Durante la huelga de camioneros, a fines de mayo, proliferaron informaciones que daban cuenta de una inminente intervención militar, hasta otras que afirmaban que el presidente Michel Temer estaba próximo a renunciar.

Más allá de esto, ningún caso de contaminación informativa fue tan claro como el del asesinato de la concejala Franco, el 14 de marzo pasado. En los días posteriores se propagaron informaciones que relacionaban a la concejala con un poderoso narcotraficante y señalaban que su campaña había sido financiada por el Comando Vermelho, una de las facciones criminales más poderosas de Río. Los artículos falsos estaban motorizados por una página de Facebook del Movimento Brasil Livre (MBL) y amplificado por perfiles de un diputado federal y una jueza, según reveló una investigación del Laboratorio de Estudios Sobre Imagen y Cibercultura (Labic) de la Universidad Federal de Espírito Santos.

El despliegue de la justicia brasileña contra las notas fraudulentas en la víspera de una elección presidencial promete tener un alcance inédito para la región. En México, donde se celebraron elecciones hace unas semanas, la autoridad electoral apenas hizo un convenio con Facebook para tomar recaudos en la difusión de noticias falsas, aunque en paralelo surgieron iniciativas ciudadanas.

Para Fabio Malini, profesor y miembro del Labic, el desafío que enfrenta el TSE es enorme en relación con su capacidad operativa.

“Además del volumen de contenidos falsos que pueden circular, los políticos a veces afirman que una información es falsa porque los perjudica, y eso hay que analizarlo. Será imposible atender con rigor todos los casos con la estructura actual”, dijo Malini a AP.

A principios de junio, la justicia sentó un precedente importante: por primera vez intervino en un caso de noticias falsas en la precampaña. El magistrado Sérgio Banhos, del TSE, ordenó borrar cinco textos falsos que circulaban en internet y vinculaban a la candidata ecologista Marina Silva (Red Sustentabilidad) con la megacausa de corrupción del Lava Jato.

Un 85 % de los brasileños está alerta respecto a la veracidad y a una posible manipulación del contenido de las noticias que lee. El gigante suramericano aparece en el informe por encima de Portugal (71 %) y Estados Unidos (64 %).

Desde marzo de 2014, la investigación del Lava Jato comenzó a destapar el mayor esquema de pago de coimas, desvíos y lavado de dinero en la historia de Brasil. El entramado de corrupción involucró a Petrobras, empresas de la construcción y políticos de varios partidos que mediante el cobro de coimas y prebendas garantizaban a cambio contratos y trato preferencial a diferentes empresarios. La operación tuvo sus ramificaciones en casi toda Latinoamérica.

En el caso de Silva, la justicia entendió que un perfil de Facebook con más de un millón de seguidores publicaba informaciones no verídicas que ofendían su imagen.

La inquietud por las noticias falsas en Brasil no alcanza solamente a los miembros del poder judicial. De acuerdo con un reciente informe de la Universidad de Oxford y el Instituto Reuters, Brasil es uno de los países más preocupados por las noticias falsas. Un 85 % de los brasileños está alerta respecto a la veracidad y a una posible manipulación del contenido de las noticias que lee.

El gigante suramericano aparece en el informe por encima de Portugal (71 %) y Estados Unidos (64 %) y lejos de países como Alemania (37 %) u Holanda (30 %), donde el temor a la contaminación informativa es menor. Según Iván Paganotti, investigador de la Universidad de Sao Paulo, hay factores específicos que determinan una vulnerabilidad mayor de los brasileños.

“Existe una población media con baja escolaridad, que no tiene tradición de consumir informaciones, y que tiene dificultades para discernir entre las noticias rigurosas y los rumores o informaciones falsas. Además, el país vive un contexto de hiperpolarización, un escenario que dificulta el debate público y deja todo sujeto a pasiones y odios”, aseguró Paganotti.

Brasil vive un escenario de polarización acentuada desde 2013, año bisagra por las enormes movilizaciones callejeras contra el gobierno de la expresidenta Dilma Rousseff (2011-2016), que surgieron como una rebelión contra el aumento del transporte. Tres años más tarde, la grieta se acentuó con el debate alrededor del juicio político a Rousseff y las grandes movilizaciones a favor y en contra.

“Una candidatura puede ser perjudicada por una noticia distorsiva que circula y, en un tiempo corto, acabar decidiendo una elección”, opinó Malini.

En un escenario por demás impredecible, la justicia intenta darle una pátina de certidumbre al futuro de la nación más grande de Suramérica.

Conocimiento. El Tribunal Supremo Electoral de Brasil, junto la Unión Europea, realizó un seminario para analizar el impacto de las “fake news” en la vida de los brasileños.

Las voces de la depresión: así se vive con esta enfermedad mental

Daniel
Daniel

Daniel está arrinconado en un pabellón de la escuela. Su cabeza pegada a las rodillas, mismas que abraza para ocultarse. Aunque es la hora del recreo, el niño no quiere jugar con sus compañeros de clase. Se siente deprimido y está asustado. A pesar de que no llega a los 10 años, él cree que los demás lo juzgan porque, por alguna razón, saben que está triste.

Hoy Daniel (no es su nombre verdadero) tiene 67 años y es consciente de que desde que estaba en la escuela sufre de depresión. Nadie lo diagnosticó en ese momento.

“Esto viene desde la niñez. Tuve problemas con mi padre, él era muy estricto, me puso a cargo de mi hermana, quien llegó a ocupar un alto puesto político; en ese momento me sentí como que era menos. Yo tenía gran obligación siendo niño, tenía que cuidarla. Los que tenemos depresión nos sentimos culpables, sentimos que algo no está bien. Eso es tremendo”, dice Daniel, a quien llamamos así para proteger su identidad, al igual que la de las otras cinco personas que brindaron su testimonio para este trabajo.
Daniel pudo estudiar. Gracias a una beca, fue a un colegio privado y a la universidad. La presión que sentía de tener que responder a su padre con buenos resultados académicos, aunado a rehuir de la gente y “no haber tenido una niñez normal” lo hicieron flaquear.

“Estuve en un colegio de la élite gracias a una beca. Yo estaba a disgusto, las bromas y el bullying que hacían fue tremendo, me sentía como arrimado. Así me he sentido en la vida. Siento que si la gente me acepta, es por compromiso, que no hay relaciones fuertes. Siempre he tenido esa falta de confianza”.

Daniel es elocuente. Habla viendo a los ojos, pero cuando viene un recuerdo a la memoria su mirada se desvía. Es un señor muy hablantín y agradable. Se percibe como alguien muy inteligente. Cuando recibe un cumplido, cuenta una difícil verdad: “Yo aparento ser optimista, pero muchas veces por dentro estoy desanimado, siempre con la idea de que la gente me juzga, que se da cuenta de lo que me pasa. Tengo baja autoestima”.

En medio de su lucha, Daniel consiguió trabajar como oficinista, profesor de inglés y en hoteles. Hoy está pensionado.

Por muchísimos años “se tragó” todo lo que lo hacía sentir mal y el no expresarlo empeoraba su situación. Una vez fue despedido de uno de los trabajos en un hotel en el que más pleno se había sentido. Luego se sumió en una profunda depresión: no encontraba trabajo y tampoco quería hallarlo. Se aisló. Fue una de sus peores épocas. La desdicha que sentía lo hizo acudir por sí solo a un hospital en busca de un psiquiatra. Eso fue hace 17 años. Sus hermanos le dieron cierto acompañamiento, su padre no quería hablar de depresiones.

“Papá decía que era un asunto de vagabundería no reaccionar a la vida real”, dice, mientras su mirada se pierde. Aparte del tratamiento farmacológico, Daniel asiste a las terapias de la Asociación Costarricense de Trastornos Anímicos Recurrentes (ACOTAR). En esa organización sin fines de lucro ha encontrado alivio y apoyo con la depresión.

“He superado mucho la depresión, pero, la verdad, es algo que va y viene. Gracias a las terapias he podido aguantar. Me siento acogido. Como todos los asistentes tenemos problemas, hemos hecho grupos de apoyo. El problema es cuando uno sale a la calle. La gente ni se lo imagina. De niño y adolescente ni hablaba con la gente. Era cortante. Cuando fui a los 40 años de aniversario del colegio, se extrañaron de que yo hablaba. Y qué cosa: parecía una persona muy extrovertida, pero realmente no lo soy. Me cuesta. Ahorita estoy pasando por un momento no tan bueno. No sé si voy a ir al 50.º aniversario del colegio, hace 10 años tenía una racha positiva y por eso fui, ahorita me siento sin ganas”, dice Daniel, quien hace 13 años sufrió un derrame cerebral.

Lo que lo hacía sentir la depresión motivó a Daniel a rechazar la posibilidad de tener familia. Cuenta que le costaban las relaciones interpersonales. Sí se siente satisfecho por haberse realizado laboralmente, aunque con la desazón de no haber disfrutado ni su infancia ni tampoco su inteligencia.

“Cuando logro hacer una cosa, siento que nadie me lo está reconociendo. Yo hasta pude ir al programa ‘Quién quiere ser millonario’ y no era fácil. No hay que ser un genio, pero tiene que ser una persona que sepa un poquito”, agrega quien siempre se ha interesado por la lectura y el acontecer nacional.

Además de enclaustrarse y sentirse deprimido, Daniel ha tenido otros síntomas: desánimo, ganas de no levantarse, apatía por emprender nuevos proyectos y hasta ha pensado en el suicidio.
A sus 67 años, aconseja que si alguna persona se ha sentido como él, debe buscar ayuda profesional.

Luego de la entrevista, Daniel salió entusiasta a encontrarse con una amiga suya, quien también padece la enfermedad. Esa tarde de junio tendrían un almuerzo.

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DEPRESIÓN EN COSTA RICA

La depresión no es falta de voluntad. La depresión es una enfermedad o trastorno mental que se caracteriza por la persistencia de un estado emocional depresivo sumado a otras manifestaciones importantes, como pérdida de la capacidad para sentir placer (anedonía), apatía o desinterés por realizar actividades alteraciones en el sueño y en el apetito, además de pensamientos recurrentes de tipo melancólico o de culpa, según explicó Óscar Barquero, psiquiatra del Hospital Nacional Psiquiátrico.

Según estadísticas brindadas por la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS), durante 2017 se reportaron un total de 462 egresos de la red de hospitales nacionales con episodio depresivo (cuando pasa una vez) y 181 con trastorno depresivo recurrente (cuando ocurre en varias ocasiones).

La depresión no es tristeza. Barquero explicó que la tristeza es el estado emocional normal ante una circunstancia dada. “Todos nos podemos sentir tristes en situaciones particulares de la vida, hay momentos ante los cuales es normal o natural sentirse triste”.

La tristeza es transitoria y se alivia por sí sola, tiene relación con situaciones específicas que si se solucionan, el sentimiento de tristeza desaparece. El doctor citó un ejemplo cotidiano: Se acaba mi relación de pareja, me pongo triste, pero luego me siento mejor, conforme pasan los días me sobrepongo. En la misma circunstancia de ruptura con la pareja, alguien con depresión manifiesta otros síntomas.

“La depresión sería que a pesar de que pasa el tiempo, me siento más mal y con síntomas que aumentan en intensidad y se sostienen en el tiempo. Una diferencia es que en depresión no hay estado de mejoría, hay instauración de malestar persistente y ese malestar, a diferencia de la tristeza, genera que uno no funcione bien. En la tristeza uno puede estar triste pero funcionando relativamente bien. En depresión no”, acotó el psiquiatra.

No todas las personas que sufren depresión manifiestan los mismas síntomas; sin embargo, además de las señales mencionadas anteriormente, la persona podría estar con su vida relativamente bien y aun así continuar sintiéndose mal. Otras de las características son: estar cabizbajo constantemente, aislarse de las personas, mostrarse menos activo durante el día y con bajo rendimiento en las labores cotidianas.

A ello se suman malestares físicos como dolor de cabeza, molestias digestivas, pérdida de interés sexual, trastornos del sueño y del apetito, entre otros.

Proceso. Nathalia Gutiérrez quien superó, con terapia y medicamentos, una dura etapa de depresión.

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MARÍA, 54 AÑOS

Al regresar de vacaciones a su trabajo, María topó con una noticia que alteró su vida hasta hoy. Sus jefes le dijeron que la ascenderían. La impresión fue tan grande para la veinteañera que al otro día no quería levantarse de la cama ni bañarse empezó a sentir que la vigilaban y que quienes la rodeaban hablaban mal de ella. Era 1982 y tenía trastorno bipolar.

“Mi depresión es trastorno bipolar: son dos tipos de depresión, se diagnostica trastorno bipolar porque tiene dos tipos de depresiones: se está muy contento o muy triste. Contentos nos creemos la mamá de Tarzán, creemos que somos capaces de cualquier cosa. Tenemos amigos, vamos de compras. En el otro polo está la depresión. La tristeza. No nos queremos bañar, no queremos salir de la casa. No se hace vida social. En 1982 me di cuenta de que padecía de esto. Esa vez me dejaron internada por tres meses. No se daba con lo que tenía. En ese momento no se sabía mucho del trastorno bipolar”, cuenta la mujer de 54 años.

Al salir de su internamiento, María se sentía muy bien, quería trabajar, pero le advirtieron que no podía hablar de su trastorno porque era probable que, por el desconocimiento de la enfermedad, no le dieran el empleo.

María experimentaba crisis cada dos o tres meses. A pesar de ello, pudo trabajar como cajera y en los últimos años se desempeñó como miscelánea.
Muchas veces su trastorno hizo que María tuviera cuadros depresivos. Aunque hay una ocasión de mucha euforia y felicidad que recuerda. Justamente estaba muy deprimida y conoció a un muchacho, él la acompañó en su proceso y cuando ella lo superó, él permaneció a su lado. Cuando ella cumplió 27 años, se casaron.

“Estoy con la persona con la que me casé pero nos divorciamos porque en mi última crisis (2007) me dio por divorciarme. Él y yo vivimos en la misma casa, para la gente de afuera somos una pareja normal, pero dentro del hogar somos como dos amigos, como dos hermanos”, detalló.

Desde hace 11 años María siente el alivio de no enfrentarse a una de sus devastadoras crisis. Para mantenerse estable, toma varios medicamentos y tiene 10 años de asistir a terapias. “Hay que buscar ayuda. Uno solo no puede salir de la depresión. Eso se logra con ayuda de los especialistas. También hay que rodearse de personas de confianza. En los grupos a los que asisto (ACOTAR) tengo libertad de expresarme. Ya hablo sin tapujos”, dice la mujer de baja estatura y apariencia finita.

Por muchísimos años “se tragó” todo lo que lo hacía sentir mal, y el no expresarlo empeoraba su situación. Una vez fue despedido de uno de los trabajos en un hotel en el que más pleno se había sentido. Luego se sumió en una profunda depresión: no encontraba trabajo y tampoco quería hallarlo. Se aisló. Fue una de sus peores épocas. La desdicha que sentía lo hizo acudir por sí solo a un hospital en busca de un psiquiatra. Eso fue hace 17 años. Sus hermanos le dieron cierto acompañamiento, su padre no quería hablar de depresiones.

Ahora, con una vida en la que la enfermedad mental tiene mucho tiempo de no manifestarse, María asiste a una iglesia cristiana en la que es parte de un grupo de mujeres donde encuentra apoyo. También viaja mucho a la zona norte del país, lugar en el que tiene familia.

Como el caso de María, hay cientos más que debido a la depresión sufren crisis y tienen que ser incapacitados en sus trabajos.

Datos brindados por la CCSS arrojan que de enero al 31 de mayo de este año se han incapacitado 819 personas por episodio depresivo y 293 a causa de trastorno depresivo recurrente.
El psiquiatra Barquero explica que la depresión es una de las condiciones del mundo que más incapacidad o días no laborados produce.

Los pacientes son incapacitados por dos circunstancias: “Una tiene que ver con el propio estado de tristeza. Es difícil para la persona exponerse al ambiente laboral sintiéndose tan triste, hace que no genere buen desempeño laboral. También las personas con depresión en mitad de los casos tienen sintomatología cognitiva asociada: problemas de concentración, resolución de problemas y toma de decisiones. Se siente lenta, no se concentra y hace que no funcionen bien laboralmente”.

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VINICIO, 33 AÑOS

En tres meses, Vinicio hizo dos intentos de suicidio, luego de enfrentar una ruptura amorosa y tener problemas con sus papás y hermanos. Tenía 24 años y no sabía que padecía depresión. Según relata, sus seres más cercanos consideraban que era “vagabundo” porque “solo quería estar en la cama”.

Tiempo antes de que se le presentara la crisis había optado por independizarse de su hogar. Aunque se fue en buenos términos, hubo momentos en los que la relación familiar se debilitó y vinieron los problemas. En una pelea con su madre, Vinicio tomó el carro y llegó hasta Orotina sin tener noción. Su hermano fue a buscarlo y le dijo que necesitaba ayuda profesional.

“Mi hermano me recogió y de camino me dijo que buscáramos ayuda, porque lo que me estaba pasando era algo fuera de lo común. Fuimos a un psiquiatra y me internó en el Hospital Psiquiátrico Chacón Paut por 18 días, que fueron como lo mejor de mi vida: fue un cambio radical… aunque desde ese momento uno tiene recaídas, he tenido dos más por depresión, pero uno sale adelante. Ahora tomo medicamentos. Cuando tomo mis pastillas, sé que cada una me ayuda para algo específico. Tengo cuatro años de recibir terapia en ACOTAR y esto es mi otra pastilla”, contó el administrador de proyectos, de 33 años.

Hace dos meses Vinicio se convirtió en papá de un hermoso niño. Es su orgullo y soporte para sobreponerse a la crisis que tuvo hace varias semanas. “Tenía problema con adicción a la marihuana y mi esposa me sacó de la casa. En ese momento, la pasé mal. Tuve sobredosis porque no se pueden consumir drogas cuando uno está tomando tratamiento”, contó mientras jugaba con las manos y mantenía semblante serio.

Luego de incurrir en el vicio y de ser internado, su esposa le dijo que era importante que se reivindicara, que tomara su tratamiento y que regresara a las terapias.
“Uno se enoja, no acepta, cae en depresión y ahí es donde hay que subir, aceptar el problema y hacer lo necesario para no volver a caer en depresión”. En su proceso de recuperación, sus padres y hermanos lo han acompañado en terapias familiares.

“Mi papá tuvo carrera de militar, yo me ponía a llorar y decía que yo era un maricón. Tuvimos que ir a terapias de familia donde aprendimos que lo que me pasa es una enfermedad, pero yo le llamo condición”, recalcó.

Siempre hay una oportunidad para salir adelante, Vinicio cree fielmente en ello. Para lograrlo, admite que es imprescindible buscar ayuda en los familiares, seres más allegados y grupos de apoyo.

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MÁS QUE “ESTAR BIEN”.

Cuando el cuadro depresivo de una persona empeora, puede llegar, incluso, a perder el deseo de levantarse de la cama, de probar bocado, a descuidar su vida, apariencia y proyectos, indica el doctor Barquero.

¿Cómo ayudar? La solución no es pedirle a la persona que salga de la cama. La depresión va más allá de tener la voluntad para recuperarse. Esta enfermedad mental no se mejora solamente con que la persona se sobreponga: se requiere ayuda profesional.

“Primero, si se quiere ayudar a alguien que esté pasando por un cuadro depresivo, se debe ser empático y entender que es algo que no se va a recuperar diciéndole ‘levántese o solo confíe’. Segundo, la persona necesita ayuda de un médico psiquiatra. Tercero, además de la ayuda médica de psiquiatría, que recetará medicación, se requiere de ayuda psicológica porque los problemas depresivos generalmente vienen de circunstancias actuales o a veces reemergen circunstancias del pasado”.

“Las personas vuelven a recordar situaciones muy difíciles que no han podido sobrellevar en su vida, por eso siempre la ayuda psicoterapéutica va a ser necesaria. Hay que decir ‘te voy a ayudar y a acompañar. ¿Necesitás ayuda? Hay que buscar a un profesional’. Eso es lo que hay que hacer”.

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LUISA, 46 AÑOS

En la parte interna de sus antebrazos, Luisa tiene coloridos tatuajes. Están en su piel para tapar heridas. Un 31 de diciembre, hace 10 años, Luisa entró en la habitación de su apartamento, tomó una sobredosis de pastillas y empezó a cortarse. Dice que esa ha sido su crisis más fuerte y se detonó luego de que un novio, al “que quería muchísimo”, la abandonó.

“Ese fue mi primer intento de autoeliminación, como le dicen los doctores, así muy ‘fancy’ (sofisticado). Hace 10 años intenté suicidarme. Por eso estoy tatuada. Me tatué para no estar explicando por qué ten go cicatrices y queloides, aunque todavía se ven. Días después desperté en Pavas (Hospital Nacional Psiquiátrico), atada. Ahí empezó toda esta aventura. Además de la depresión profunda, me diagnosticaron trastorno límite de la personalidad. Entonces yo tengo cartón lleno”, dijo.

Laura Castillo, psicóloga de salud mental que labora ad honorem en ACOTAR, interviene en la conversación para explicar que generalmente cuando el paciente ya tiene otro diagnóstico, va a tener el trastorno de la depresión de fondo.

Luisa considera que ha padecido depresión toda su vida. Cuenta que su mamá “notó algo raro” en ella desde que tenía tres años. “A partir de ese momento, ha sido un trastabillar entre psicólogo, psiquiatra y medicamentos”, contó esta madre de dos hijos, de 23 y 21 años.

Luisa tiene cabello negro y rizado que hidrata con crema. Su semblante es fresco y hay una sonrisa constante en su rostro. No aparenta sus 46 años ni tampoco lo que vive: cuando conversamos, tenía 24 horas sin dormir.

Esta madre, quien habla, escribe y traduce inglés y portugués fluidamente, tiene un año sin trabajar. Antes estuvo empleada en un “call center”, trabajo que se vio en la obligación de dejar porque tuvo sus últimos dos internamientos hospitalarios a raíz del síndrome Burnout.

“Estaba quemada, fundida. El síndrome Burnout es un tipo de estrés laboral, un agotamiento físico, emocional y hasta mental que afecta la autoestima poco a poco. Por él las personas pierden interés en sus tareas, el sentido de responsabilidad y pueden hasta llegar a profundas depresiones. El psiquiatra me dijo que no podía seguir con ese tipo de trabajo por la dificultad de manejar presión fuerte”, contó Luisa, quien quiere volver a trabajar próximamente.

Luisa dice que la depresión duele, que la depresión te hace sentir ponchado. “Empecé a tomar medicamento, ya ni me acuerdo desde cuándo (…) estoy en ese patín, tengo pesadillas, entonces voy al psiquiatra y me da otra pastilla (aparte de los antidepresivos); temblor en las manos, otra pastilla; no puedo dormir, otra pastilla… Te sentís ponchado. Uno no sabe cómo se siente, no se siente bien. Es un dolor en el pecho. He estado internada en todos los hospitales psiquiátricos: llego con tres días sin comer, siete días sin bañarme, digo que me duele aquí (se señala el pecho) y me dicen que me hacen electrocardiograma, pero no es eso, a mí no me duele el corazón, es un dolor que se siente por dentro”.

En medio de sus afecciones, Luisa busca la estabilidad. Asistir a terapias con especialistas es vital para recuperarse una y otra vez. Al ser paciente de trastorno límite de la personalidad y de depresión, puede ser internada hasta 12 veces por año.

“Soy mamá, voy a ser abuelita algún día. Así que aquí estoy. La idealización suicida es algo muy fuerte en la cuestión de la depresión (…) Antes me cortaba, me lastimaba. No lo volví a hacer. Es mucho de determinación personal”, dice.

Luisa cuenta con el apoyo incondicional de su madre y también de sus hijos. “Es doloroso ver a tus hijos llegar a visitarte a la parte psiquiátrica de un hospital, no se supone que fuera así. Aunque es una contradicción porque me hacen sentir apoyada, pero no se supone que los hijos estén ahí”.

Luisa quiere que su testimonio se conozca, realmente desea que las personas entiendan “la magnitud de estar deprimido”.
“Uno no escoge la depresión. Hay detonantes, cosas que van pasando y se van juntando. Si alguien se siente así, le diría que busque ayuda. Las terapias funcionan. Yo tengo ocho años asistiendo. Mamá asiste cada martes para aprender a ayudarme. Ahí vamos juntas. Le digo a las personas que están pasando por depresión que sí hay soluciones, sí hay ayuda. Si uno no se siente bien, si tiene idealización suicida, hay que buscar ayuda. En los grupos sabemos lo que es tener un dolor aquí (se señala con las dos manos el pecho)”.

El aviso. María, de 54 años, fue diagnosticada con trastorno bipolar en 1982 luego de sufrir una crisis depresiva. Daniel, de 67 años, por su parte, empezó a tener síntomas de depresión desde que estaba en la escuela.

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EN EL CEREBRO

El psiquiatra Óscar Barquero explica lo que sucede con los pacientes depresivos. “Eso también es importante hablarlo porque hace más claro que la depresión no es algo voluntario. Lo que sucede es que a nivel cerebral hay redes de neuronas que tienen funciones distintas y que están muy ligadas a diferentes funciones que se afectan cuando uno está deprimido; entonces, esas funciones tienen que ver con la capacidad para ver lo bueno y lo malo de una situación, o sea, ver que no todo está perdido, por ejemplo, que tienen que ver con la capacidad de regular las emociones y la capacidad para traer recuerdos positivos o negativos ante una circunstancia.

También tienen que ver con la regulación de funciones básicas, como la del apetito, el sueño, el percibir dolor, la digestión… cuando estas redes o vías neuronales se activan, generan síntomas que tienen que ver con el malestar constante, pérdida de interés, pérdida de energía, de deseo, pero son más que todo alteraciones en vías neuronales que tienen que ver con esto”, explicó.
—Hay pacientes que dicen sentirse “ponchados” e incluso dopados con los tratamientos contra la depresión, como en el caso de Luisa. ¿Los tratamientos farmacológicos son muy fuertes? ¿Cambian a la persona?
—Esa es una cuestión muy interesante. Con frecuencia se lo explico a mis pacientes porque es una falacia histórica. Es una verdad a medias que ya no es una verdad. Cuando los antidepresivos surgieron en los años cincuenta, eran medicamentos que tenían muchas posibilidades de efectos secundarios.

“Estaba quemada, fundida. El síndrome Burnout es un tipo de estrés laboral, un agotamiento físico, emocional y hasta mental que afecta la autoestima poco a poco. Por él las personas pierden interés en sus tareas, el sentido de responsabilidad y pueden hasta llegar a profundas depresiones. El psiquiatra me dijo que no podía seguir con ese tipo de trabajo por la dificultad de manejar presión fuerte”, contó Luisa, quien quiere volver a trabajar en un “call center” próximamente.

Pero desde los años ochenta nació y se pudo crear la Fluoxetina, que es un antidepresivo muy antiguo, muchos de esos efectos secundarios se evitaron y después de eso los otros antidepresivos que se han creado tienen mucho menos riesgo de efectos secundarios. La atención de una persona con depresión tiene mucho que ver en mejorar los síntomas y también la calidad de vida. Entonces, no tiene mucho sentido usar fármacos que generen efectos adversos que más bien van a empeorar la calidad de vida del paciente.

—Se dice que hay unos fármacos que dopan al paciente…
—No. Ahí es donde la gente se confunde. Cuando alguien sufre una depresión y no puede dormir nada y pasa llorando y también tienen síntomas de ansiedad, podría ser que requiera uso de un medicamento como de emergencia para ayudarle a sentirse mejor mientras el antidepresivo empieza a hacer su efecto.

Los antidepresivos tardan aproximadamente dos semanas para empezar a hacer efecto y ver resultados, y un mes para ver respuesta adecuada. Un mes esperando, sin dormir, genera malestar; hay medicamentos de estos que pueden generar somnolencia.

Pasa otra situación: no todas las personas toleran siempre las mismas dosis. “Entonces uno puede empezar con un medicamento en las primeras etapas de tratamiento y podría sentirse con algo de sueño. Si eso sucede, pues uno puede cambiar el medicamento. Pero si eso no está bien comunicado y explicado, la persona puede decir ‘me da sueño’, y cree que tiene que aguantárselo. Los medicamentos para la depresión no deberían hacer que la gente se sienta dopada, cambiada o más lenta. Más bien la idea es que vuelvan a sentirse como estaban. Como eran”.

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FABIÁN, 41 AÑOS

La guitarra ha sido el amor más grande en la vida de Fabián. Una vez, cuando estaba a punto de hacer un examen de ese instrumento, sintió ganas incontrolables de llorar. Abrazaba a su mamá y le decía que no entendía qué le pasaba. Eso pasó hace 21 años, cuando estudiaba en la universidad.

Fabián siempre fue silencioso y cuando salía con sus amigos, se cohibía. Ellos aceptaban su particular forma de ser, mas Fabián sabía que algo en él no andaba bien. Desde el colegio estaba enterado. En la universidad lo comprobó por los extraños vacíos que sentía.

Este hombre de manos grandes, de uñas limpias y con el largo adecuado para tocar las cuerdas de su instrumento predilecto, dice que en los años noventa apenas se escuchaba la palabra depresión. Él siempre la relacionó con sus síntomas.

Como una persona espiritual buscaba alternativas para llenar aquel inexplicable vacío. “A veces me ayudaba hacer ciertos proyectos. Pero cuando la depresión se comenzó a manifestar, necesité ayuda médica mientras estaba en la universidad y luego de que no pude tolerar hacer el examen de guitarra. Ahí dejé de estudiar guitarra. Empecé a tener la primera oportunidad de contrarrestar el padecimiento, al haber dejado de estudiar no tenía que pasar tantas horas en eso… tenía más tiempo de ocio. La guitarra era todo para mí, la dejé. Pasó el tiempo y siguieron las depresiones. Esa vez me mandaron medicamentos pero no me dijeron que era depresión. En ese momento se podían dejar los medicamentos”.

Luego de unos meses, Fabián se sobrepuso a aquel episodio. Continuó su vida de manera relativamente normal. Los síntomas del pasado aparecían esporádicamente, mas él encontró varias armas para vencerlos momentáneamente.

Fabián creía que la depresión que sabía que tenía, porque coincidía con todo lo que se decía de ese trastorno mental aunque no lo habían diagnosticado, se podía “curar” con espiritualidad, amor a alguna chica, amor por la guitarra… Así se mantuvo por unos 15 años.

Hace seis años apareció la crisis más fuerte que Fabián ha vivido. Primero le afectó la muerte de su abuelita. Luego sufrió un aparatoso accidente automovilístico que le provocó un trauma craneoencefálico que lo llevó a estado de coma por un tiempo. El músico se recuperó y retiró la celeridad de su vida. Todo fue calma y pausa, hasta que apareció un “vacío” que desencadenó la crisis depresiva.

“Luego de sufrir un accidente tan rudo y de ir más lento en mi vida, el cerebro empezó a ir más lento y llegó a no tratarse bien. Llegué a crisis extrema: la peor que he tenido y que no sabía que eso podía existir. No sabía que era posible para una persona sentirse así. Hasta esa edad (36 años), yo había podido conllevar la depresión sin medicamento. Hacía vida “normal”.
Pero cuando me dio la crisis, hace cuatro años, yo quería suicidarme. No sabía que eso existía. Sigo viéndolo como algo increíblemente traumante, siento que después de eso uno no puede salir adelante solo. Necesita la ayuda de otra persona. Yo sentí el deseo de terminar con mi vida. Y eso no es solo que usted ya tiene depresión, sino que usted necesita de una acción para estar bien. Eso fue lo que me pasó”, relató.

Sereno y viendo cómo se entrecruzan sus dedos, Fabián dice entender cuando se está cerca de la muerte por alguna situación fortuita. Lo que rechaza es haber estado cerca de la muerte por voluntad propia. “Es como irracional, como anormal. Uno no se siente normal. Uno no se siente ya no como una persona del montón, uno se siente inútil y como que no sirve. Cuando uno quiere autoeliminarse, es porque la autoestima está en su peor momento”.

Hoy, mientras tiene su depresión controlada, Fabián califica como “lo peor” a aquellos momentos en los que veía cómo personas se quitaban la vida y a él le parecía “genial”.
“Trataba de acercarme racionalmente a eso. Si alguien quiere alcanzar un logro en su vida, como una carrera, trabaja para eso. Yo quería trabajar para suicidarme. Quería entender que eso era normal. Y eso no es normal. Eso es lo más claro que hay que entender: el suicidio es algo irracional”.

Al terminar nuestra conversación, Fabián, quien asiste a terapias en ACOTAR, se despidió de su psicóloga; debía salir rápido porque sus alumnos de música le esperaban. Al llegar a la puerta, se volteó para agregar algo más: “Cuando uno está cerca de la muerte y lo supera, es importante porque se convierte en algo que lo marca a uno y termina siendo una especie de acto de continuación en la vida”.
Las causas

El psiquiatra Barquero explica que hay factores o situaciones en las que, aunque no se tengan muchas condiciones biológicas hereditarias o adquiridas en edades tempranas, hacen que alguien pueda deprimirse.

“Hay situaciones límite y hay situaciones personales (herencia)… uno puede heredar características genéticas que hacen que su cerebro sea más sensible a que funcionen estas vías. Uno puede adquirir en el desarrollo de su cerebro situaciones que también hacen que el cerebro sea más sensible a generar depresión.

“Esas situaciones que uno adquiere en el desarrollo tienen que ver con cosas meramente biológicas o por situaciones de estrés crónico en la infancia, como violencia, maltrato, cosas que pueden hacer que el cerebro se haga mucho más sensible a la depresión (como en el caso de don Daniel, a quien su padre encargó el cuido de su hermana siendo niño); eso es algo que ya uno trae y puede ser que siendo niño, adolescente o adulto, se deprima”.

“Luego están las circunstancias límite, esas que son muy complejas para sobrellevar y que hacen que el cerebro no funcione de manera adecuada, que pase más allá de una tristeza y se convierta en un cuadro de depresión”.

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NANCY, 52 AÑOS

Hace cinco años, Nancy perdió a su esposo a causa del cáncer. Desde entonces ella empezó a fumar incesantemente. Con la misma rapidez que se aumentaba su vicio por el tabaco, disminuían sus deseos de salir, de interactuar con otras personas, y de levantarse de la cama. Creía que su estado era normal, pues siempre había sido “muy casera”.

“Nunca pensé que tenía una depresión. Solo me refugiaba en el cigarro. Como mis exámenes de diabetes salían alterados, le confesé al doctor del Ebais que desde que murió mi esposo, yo fumaba. Luego de mi esposo perdí a mi papá y hace 10 meses a mi mamá; entonces, me refugiaba en el cigarro y no era socialmente activa. No sabía que estaba en una depresión. El doctor me mandó a Salud Mental (del Hospital San Juan de Dios) y a un grupo de apoyo para dejar de fumar. Ahí me di cuenta de que estaba en una depresión”, contó Nancy, de 52 años.

A finales de junio, Nancy se sentía muy bien. Gracias al grupo de apoyo pudo dejar de fumar tres meses. Ahora también tiene su autoestima alta, y su propósito es continuar asistiendo a la clínica de Salud Mental; siente que le hace mucho bien.

“Yo tuve mucho tiempo en el que veía tele acostada. Si me daba hambre, me levantaba a preparar algo o generalmente pedía comida rápida para evitar salir y encontrarme con la gente. Salía, fumaba y luego regresaba a acostarme. Yo pensaba que eso era normal porque no tenía supervisión de un profesional. Gracias a Dios, le dije al doctor”.

Éricka Badilla, enfermera especializada en Salud Mental del Hospital San Juan de Dios, dice que Nancy, además de su dependencia del cigarro, presentaba síntomas de depresión.
“Ella perdió el interés por las actividades que antes hacía, tuvo alteración en la alimentación, en el patrón del sueño, muchas veces no se salía de la cama, pasaba acostada y se levantaba a fumar porque esa dependencia la obligaba a moverse”.

Nancy continuará con el tratamiento de antidepresivos de por vida. Luego de las terapias a las que asistió, se siente muy bien y con nuevos propósitos por cumplir. “Los profesionales me han ayudado a cambiar hábitos. Ahora quiero hacer cosas diferentes: salir, pasear, visitar personas que conozco en diferentes provincias. Ir y quedarme por lo menos dos días. Como estoy pensionada, eso me ayuda a irme a pasear, salir de la casa y a no estar tan depresiva”.

La enfermera agregó: “Luego de la terapia, ellos logran un nuevo estilo de vida, puede ser luego de ocho sesiones, dependiendo del paciente. Ella evolucionó mucho. Sus sentimientos ahora son más positivos. Hace planes para salir a pasear al país”.

Sin edad. Luisa, de 46 años, tiene todas las ganas de volver a trabajar. También la motiva mucho estar bien para cuando sus hijos la conviertan en abuela.

Un niño de un año ante la corte de Inmigración

Un niño de un año vestido con una camisa verde tomaba leche de un biberón, jugaba con una pequeña pelota morada que se encendía a cada rebote y pedía agua ocasionalmente.
Y entonces llegó su turno de comparecer ante un juez de Inmigración en Phoenix, que apenas podía contener su incomodidad durante la parte de la audiencia en la que pregunta a los inmigrantes acusados si han entendido los procedimientos.

“Me avergüenza hacer la pregunta, porque desconozco a quién se la explicarían, a menos que crean que un niño de un año puede aprender la ley de inmigración”, manifestó el juez John W. Richardson al abogado que representó al menor.

El niño es uno de los centenares de menores que necesitan ser reunidos con sus padres después de que los separaron en la frontera, muchos de ellos a causa de la “política de tolerancia cero” del gobierno del presidente Donald Trump. Las separaciones han dejado mal parado al Gobierno debido a la persistente difusión de noticias sobre niños llorando separados de sus madres y mantenidos aparte durante semanas.

Los detractores también han censurado el sistema de las cortes de Inmigración del país que obliga a los menores –algunos todavía en pañales– a comparecer ante jueces y seguir los procedimientos de deportación mientras están separados de sus padres. Estos menores no tienen el derecho a tener un abogado asignado por la corte y 90 % es regresado a su país de origen sin la intervención de un defensor, según la agrupación Kids in Need of Defense, que les provee representación jurídica.

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LOS PAÍSES DEL TRIÁNGULO NORTE de Centroamérica y México (TRICAMEX) y Estados Unidos acordaron la semana pasada seguir trabajando para reunificar a los menores separados y combatir el “cáncer” de las redes criminales que se aprovechan de las necesidades de inmigrantes irregulares.

El objetivo de este encuentro celebrado en la capital de Guatemala fue analizar, desde una visión regional, la problemática del éxodo migratorio, poniendo especial atención a las causas estructurales de la inmigración en una de las regiones más pobres y violentas del mundo.

En la cita participaron los cancilleres de Honduras, México, Guatemala, El Salvador y la secretaria de Seguridad Nacional estadounidense, Kirstjen Nielsen.
Después de la reunión, los funcionarios comparecieron ante la prensa sin atender preguntas y fue ahí donde el secretario de Relaciones Exteriores de México, Luis Videgaray, recordó que es “cruel e inhumano” separar a los niños migrantes de sus familias, una opinión que, según él, compartieron todos.

“Nos hemos reunido para tomar acciones concretas para impedir que esto vuelva a ocurrir y, en segundo, acciones para lograr una pronta reunificación de los niños separados”, dijo, y agradeció a Nielsen su “voluntad y liderazgo” en este tema “complejo”, desde lo jurídico y lo operativo.

Aun así, aseguró que el propósito de todos es la reunificación de todos los menores rápidamente, no solo los separados desde mayo pasado, cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, implementó las medidas de “tolerancia cero”, sino de los más de 10,000 niños inmigrantes no acompañados que recorrieron un “camino de peligro” y que llevan muchos años en albergues.

Hace 10 días, en Phoenix, el niño hondureño de un año llamado Johan esperó una hora para ver al juez. Su abogado dijo al juez Richardson que el padre del menor lo había traído a Estados Unidos y fueron separados, aunque se desconocía la fecha. Señaló que el padre se encuentra en Honduras después de que lo deportaron bajo el engaño de que podría llevarse a su hijo.
kernPor un rato, el menor traía zapatos de vestir y después estaba solo en calcetines durante la espera para ver al juez. Permaneció en silencio y calma la mayor parte de la audiencia, aunque lloró en forma histérica después durante los segundos en que una empleada lo entregó a otra persona mientras ponía en orden la pañalera. El niño está en custodia del Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos en Arizona.

El juez Richardson dijo que el caso del niño era prioritario por el plazo ordenado por una corte para reunir a los niños pequeños con sus familias. Un juez federal en San Diego dio a la agencia hasta el martes para reunir a los niños menores de 5 años con sus padres y hasta el 25 de julio para todos los demás.

Richardson dijo una y otra vez al abogado del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés) que debía tomar nota de los casos que implican a niños chicos debido al plazo dado al Gobierno para cumplir con la reunificación de familias. El abogado señaló que desconocía detalles del plazo y que un departamento distinto dentro del ICE se encargaba de los asuntos de ese tipo.

La portavoz del ICE, Jennifer Elzea, señaló que el abogado sabía de la orden judicial pero que desconocía los detalles de los plazos “y no quería hacer declaraciones incorrectas sobre los compromisos de las fechas sin ese conocimiento”.

A fin de cuentas, Johan recibió una orden de salida voluntaria que le permitirá al gobierno enviarlo por avión a Honduras para reunirse con su familia. Un abogado del Proyecto Florence, una organización de Arizona que brinda asesoría legal gratuita a inmigrantes, dijo que tanto la madre como el padre estaban en Honduras.
El caso se atendió el mismo día que el gobierno de Trump dijo que necesitaba más tiempo para reunir a los 101 niños menores de cinco años con el fin de garantizar la seguridad de los menores y confirmar los parentescos.

En otro caso en Arizona, el juez le preguntó a un niño de Guatemala vestido con chaleco y corbata cuántos años tenía. El pequeño levantó su mano abierta.
Su abogado dijo que su padre lo había traído a Estados Unidos y después fue deportado hace dos semanas. Pidió que se emitiera una salida voluntaria para el menor.
“¿Qué te parece regresar a Guatemala?”, le preguntó el juez Richardson al niño.

El problema de la separación familiar es de particular urgencia para los padres de niños pequeños que requieren mayor cuidado de sus padres. Los estudios muestran que el estrés a muy temprana edad puede crear problemas emocionales e incluso físicos para toda la vida.

El inmigrante hondureño Christian Granados fue separado de su hija de cinco años, Cristhy, por más de un mes después de que fueron detenidos en El Paso, Texas, cuando intentaban entrar en Estados Unidos. La pequeña fue llevada a un centro de detención en Chicago, mientras que él fue liberado el 24 de junio a la espera de una respuesta a su petición de asilo.
Granados ha enfrentado un obstáculo burocrático tras otro tratando de recuperar a su hija, respondiendo recurrentes solicitudes de identificación por parte de los trabajadores sociales que resguardan a la menor. Granados intenta ayudar en el proceso mudándose con familiares en Fort Mill, Carolina del Sur, pero ahora teme que no pueda pagar el boleto de avión para que su hija vuelva con él.
Dijo que las autoridades le pidieron $1,250 para enviarla por avión desde Chicago. “No he sentido la felicidad que debería sentir estando aquí, en Estados Unidos”, dijo Granados. “Estaré feliz cuando tenga a mi hija conmigo”.

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AFUERA de la Primera Iglesia Unitaria de Salt Lake City, en donde Vicky Chávez y sus dos hijas llevan seis meses refugiadas, hay un parque infantil rodeado de grandes árboles frondosos. Sin embargo, Chávez nunca permite que Yaretzi, de seis años, o Issabella, de 11 meses, jueguen ahí. Nunca salen de la iglesia.

Chávez, de 30 años, teme que agentes del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE), las detengan y las envíen de vuelta a Honduras, en donde teme por su seguridad a causa de su novio abusivo. Sus miedos la llevaron a pedir asilo en Estados Unidos hace cuatro años.

A pesar de que un juez de Inmigración ha negado reiteradamente su solicitud, Chávez le dijo a la prensa el lunes por la noche que está determinada a permanecer en la iglesia y luchar por quedarse en Utah, en donde viven sus hermanos y padres. Sus abogados buscan un remedio en una corte federal de apelaciones, aunque es un intento con pocas probabilidades de éxito.
Ver a otros padres inmigrantes separados de sus hijos en la frontera la hace incluso más reticente de regresar a casa y pasar por una posible separación de sus hijas si otra vez intenta pedir asilo en Estados Unidos, dijo.

“No me imagino sentir el dolor de que me separaran de mis hijas”, dijo Chávez durante una entrevista el mes pasado. “Dormir en un centro de detención no es nada fácil. Lo viví. Yo lo viví con mi hija, pero no lo viví separada”.

Por un rato, el menor traía zapatos de vestir y después estaba solo en calcetines durante la espera para ver al juez. Permaneció en silencio y calma la mayor parte de la audiencia, aunque lloró en forma histérica después durante los segundos en que una empleada lo entregó a otra persona mientras ponía en orden la pañalera. El niño está en custodia del Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos en Arizona.

Chávez entró sin autorización a Estados Unidos en junio de 2014, y un juez de Inmigración federal ordenó que fuera deportada en diciembre de 2016, dijo Carl Rusnok, vocero de ICE. Chávez recibió la orden de salir del país y el 30 de enero agotó todas las apelaciones disponibles, agregó.

Esa noche, Chávez tenía pasajes de avión para regresar a su casa en San Pedro Sula, Honduras; pero en lugar de eso, aceptó una oferta de refugio de la iglesia.
Ella y sus hijas duermen en un salón de catequesis y pasan la mayor parte del tiempo en otro cuarto con una televisión, un caballete y otros juegos. Yaretzi recibe lecciones de piano en la capilla, y bailan y corren en un salón abierto con pisos de madera.

La pequeña Issabella ha aprendido a caminar en la iglesia y ahí celebró por adelantado su primer cumpleaños. Yaretzi recibe tutoría en lugar de asistir a la escuela.
“Me siento triste porque no puedo darle a la niña una vida normal”, dijo Chávez.

Son los primeros inmigrantes en refugiarse en Utah de los que se tiene conocimiento, según grupos locales de defensa a migrantes y la sucursal estatal de la Unión Americana de Libertades Civiles. La práctica ha sido común en estados como Arizona y California, pero nunca en Utah, en donde dos terceras partes de la población son mormones.
Unos 200 miembros de la iglesia y otros voluntarios se aseguran de que la familia Chávez sea alimentada, educada, apoyada y protegida.
“No tengo familia en Honduras. No tengo un hogar donde pueda llevar a mis hijas”, dijo Chávez. “Vengo huyendo por violencia doméstica. Estuvimos recibiendo amenazas de muerte… Mi miedo es que nos puede ocurrir algo malo en Honduras”.

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DE REGRESO EN LA SALA DE INMIGRACIÓN del juez Richardson, una niña de siete años con un moño y un vestido rosa se sentó pacientemente en una banca de madera por más de una hora antes de que el juez Richardson la llamara. La niña había venido de Guatemala con su padre y también fue separada. El padre está ahora en Guatemala.
Richardson le dijo nuevamente al abogado del ICE que tomara nota de su caso para garantizar que el Gobierno la reúna con su familia a tiempo.

Le preguntó a la pequeña si quería volver a Guatemala y si tenía miedo de volver ahí. La niña respondió que no tenía miedo. Richardson le otorgó una salida voluntaria.
Para algunas familias separadas, la reunión ocurrirá en Guatemala, Honduras o El Salvador, los países de donde salieron para huir de la violencia.

La masacre de niños durante la represión orteguista

Entierro

El bebé no lloró. No gritó. No habló. Nelson Lorío, su papá, miró cómo se le hundió la mollera. La sangre corría por sus manos. La camisa, el trapo con que lo tapaba, su ropita, todo estaba rojo. Fueron segundos que pasaron rápido y a la vez lentos. Entró a la casa de una señora que no conocía. Ella le lavó la cabecita. Lo último que miró de su niño fueron unos gestos de querer hablar, unas gesticulaciones que cree eran las de: “mamá” o “papá”.

Teyler Leonardo Lorío Navarrete murió el 23 de junio de un disparo a la cabeza. Tenía apenas 14 meses y 16 días de haber nacido. “No tenía color ni partido político, estaba en estado angelical. Jamás se imaginó que le iban a disparar”, dice Nelson Lorío, su padre, quien lo llevaba en los brazos cuando recibió el impacto de parte de “policías y paramilitares” que realizaban “labores de limpieza” en el barrio Américas Uno, de Managua.

La muerte del bebé Lorío Navarrete es uno de los últimos asesinatos de niños por parte de la represión orteguista. La Asociación Nicaragüense de Derechos Humanos (ANPDH) reveló que 21 menores, de 18 años o menos, han muerto entre el 18 de abril y el 25 de junio en los hechos violentos de la crisis política que vive el país.

La Prensa (Nicaragua) contabiliza 15 casos de jóvenes que han muerto de las formas más crueles: de impactos de bala en la cabeza, pecho o cuello. Mientras que hay algunos que murieron calcinados junto con sus padres, suplicando por sus vidas o atropellados cruel e intencionalmente por un bus.

Según el informe de la ANPDH, ocho de los menores de edad tenían 17 años, cuatro tenían 16 años, cinco 15 años, una niña de 11 años y una de dos años, y dos bebés: uno de 14 meses y otro de cinco meses de edad.

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“HERODES NICARAGÜENSE”
La presidenta del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (CENIDH), Vilma Núñez, dijo que el presidente inconstitucional Daniel Ortega se está convirtiendo en el Herodes nicaragüense. “Herodes fue aquel que mandó a matar a todos los niños de determinadas edades para que no le hicieran competencia. Entonces, Daniel Ortega está matando a la niñez nicaragüense”, afirmó Núñez.

El Movimiento Mundial por la Infancia (MMI) Capítulo Nicaragua condenó el “uso de la fuerza letal” del gobierno de Daniel Ortega contra los niños en la crisis sociopolítica local, que ha dejado saldo de más de 218 muertos, según sus datos, de los cuales al menos 17 son menores de edad.

“Condenamos rotundamente el uso de la fuerza letal contra la población civil, especialmente niños y adolescentes”, señaló el MMI Nicaragua, que exigió al Estado nicaragüense asumir “su rol como garante de derechos con mayor cuidado y responsabilidad por tratarse de un niño o adolescente, y debe, además, tomar medidas especiales fundamentadas en el principio del interés superior de la niñez”.

Rechazo. Personas caminan frente a un mural con mensajes en contra de Daniel Ortega en el barrio indígena de Monimbo, en Masaya, ciudad que hace 39 años fue crucial en la victoria sandinista.

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DISPARO CONTRA DIOS
El domingo 24 de junio, durante la homilía en la catedral de Managua, el cardenal Leopoldo Brenes, presidente de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, elevó una oración especial por la memoria de Teyler Leonardo Lorío Navarrete, bebé de 14 meses.

Ese mismo día el obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Managua, monseñor Silvio Báez, calificó el asesinato de Lorío como “otro signo de inhumanidad”. Monseñor Rolando Álvarez, obispo de la Diócesis de Matagalpa, dijo que “la bala contra inocentes es un disparo contra Dios”. Y agregó: “En la bala asesina disparada contra los niños también se ha disparado contra Dios, se ha profanado contra Él, quitando la vida contra los inocentes”.

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EL BEBÉ DE LOS COLOCHOS
Los colochos de Teyler son lo que más recuerda su padre, Nelson Lorío. “Siempre quise un niño así, con ese tipo de pelo”, dice el padre. “Nunca se lo corté porque queríamos dejárselo crecer”.
Nelson Lorío y Karina Navarrete se conocieron hace ocho años. Un año después nació Joshuara, su primera niña, quien ahora tiene siete años de edad. Estuvieron separados durante dos años y regresaron desde hace cinco. Ambos planificaron tener un niño durante ese tiempo, hasta que el 7 de abril de 2017, a las 7 de la mañana, nació Teyler Leonardo en el Hospital Monte España.

“Mi orgullo de varón”, dice el padre, quien fue el primero en cargarlo, sin poder imaginarse que también sería el último. “No lo podía dejar de ver. Nunca me lo despegaba”, dice Nelson, quien a partir de ese día empezó a trabajar en supermercados o gasolineras para que a Teyler “no le faltara nada”.

Karina Navarrete, la madre, también empezó a trabajar como doméstica. Ambos compraron un terrenito que todavía están pagando. Es por eso que todos los días iban a dejar a Teyler a la casa de su abuelo paterno, Jaime Lorío, en el barrio Américas Uno.

Monseñor Rolando Álvarez, obispo de la Diócesis de Matagalpa, dijo que “la bala contra inocentes es un disparo contra Dios”. Y agregó: “En la bala asesina disparada contra los niños también se ha disparado contra Dios, se ha profanado contra Él, quitando la vida contra los inocentes”.

El abuelo se encariñó tanto con el niño que se lo pedía a su hijo. “Mi esposa se enojaba porque mi papá se lo quería quedar”, dice Nelson, apenas sonriendo. “Yo no hallaba cómo decirle a mi papá que el niño había muerto porque me daba miedo que también se muriera”.

El abuelo se desmayó con la noticia. En el sepelio también se desmayó, después de que abrió el ataúd de su nieto y le depositó el peluche con el que jugaban. Ahora, Jaime Lorío llega todos los días a visitar a su hijo para no sentirse solo. Llega en la mañana, siempre con un vaso de leche agria y una tortilla. Trata de verse fuerte, sereno. “Pero talvez solo me meto un momento al cuarto y cuando regreso, lo encuentro llorando”, dice Nelson.

Impunidad. Las investigaciones por los asesinatos de estos niños y de todas las víctimas de los cuerpos de seguridad están estancadas en Nicaragua.

Teyler se dormía a las 9 de la noche y se despertaba a las 4 de la mañana. “Era mi alarma para ir a trabajar”, dice Karina. Desde esa hora, Teyler le gritaba a su abuela o a sus tíos para “que supieran que estaba despierto y lo cargaran”, dice la madre.

Joshuara, la niña de siete años, también pregunta por su hermanito: “¿Y el negrito, dónde está, mama?” Karina Navarrete trata de no llorar delante de su hija. Le responde que el negrito está en el cielo, que está jugando, que le desee buenas noches y que le diga que hoy se porte bien.

Durante el día, Karina se distrae platicando, viendo televisión, dando entrevistas. Pero cuando llega la noche se quiebra. No aguanta. Duerme a la niña y se va a otro cuarto. Cierra la puerta. Llora. No le importa lo que piensen los demás que solo escuchan sus gritos. “En ese cuarto solo yo sé cómo me pongo a llorar”.

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NIÑOS CALCINADOS
Mathías Velásquez Raudez, de cinco meses, y Daryeli Velásquez Raudez, de dos años de edad, murieron calcinados en su casa el sábado 15 de junio, día en que la policía y paramilitares hacían “labores de limpieza” en el barrio Carlos Marx, donde los protestantes de la zona habían levantado barricadas desde los primeros días de protesta.

En la tragedia murieron de la misma forma sus abuelos, Óscar Velásquez Pavón y Maritza López. Y también sus padres, Alfredo Velásquez López y Mercedes Raudez. Un día antes de que murieran en el incendio, su madre había subido una foto en la que aparecían los niños con trapos sobre el rostro, como una especie de pasamontañas, y unos morteros de juguete que llevaban el grabado de Nicaragua. “Mis bebés vandálicos”, había escrito en su publicación.

Demandas. Un hombre sostiene un cartel con fotografías de detenido por el Gobierno de Daniel Ortega, durante una protesta realizada al exterior de El Chipote, una cárcel de máxima seguridad.

Niño y adolescentes asesinados

Álvaro Conrado, de 15 años de edad:

Fue el primer niño asesinado durante las protestas. Murió el 20 de abril después de mediodía. Fue asesinado cuando llevaba a escondidas agua a los universitarios que recogían víveres en la catedral de Managua. Era músico, atleta y quería ser abogado. Recibió un impacto de bala que le dañó la tráquea y el esófago.

Orlando Córdoba, 15 años de edad:

Asesinado el 30 de mayo, Día de las Madres. Orlandito nunca había participado en ninguna marcha. Aquel día, frente a la UNI, una bala penetró su tórax. Su pasatiempo era mirar videos en YouTube para aprender a tocar mejor la batería, su instrumento de todos los viernes en el culto de su iglesia evangélica. Era fanático del Barcelona, equipo español de fútbol. Cursaba el sexto grado de primaria en el Centro Escolar España, en Managua.

Júnior Gaitán, de 15 años de edad:

Fue asesinado el 2 de junio, de rodillas ante un policía, según familiares y testigos. “Le suplicó por su vida”, dijo su madre, Aura Lila López. “Le disparó a quemarropa en el pecho”. Le encantaba jugar fútbol. Le decían “el Pollo” o “Pollito”, de cariño. Fue una vecina la que le “encajó” ese apodo, supuestamente porque comía mucho pollo frito. Era buen alumno, le llamaban la atención los bomberos y los grafitis.

Sándor Dolmus, 15 años de edad:

Murió el 14 de junio. Un balazo certero lo tumbó partiéndole el pecho, a unos metros de la puerta de su casa, en el barrio San Juan. Casi no salía de casa. No había salido en los últimos dos meses. Le gustaba mirar videos en YouTube de cantos a la Virgen María. Era muy católico y seguidor de monseñor Silvio José Báez, obispo auxiliar de Managua. Estaba en cuarto año del colegio de secundaria Sagrado Corazón de Jesús.

Francisco Rivera Narváez, de 16 años de edad:

Falleció el sábado 23 de junio. El informe médico legal indica que la causa de la muerte fue herida por proyectil de arma de fuego, con entrada y salida en el cráneo. El joven habitaba en el barrio Santa Elena, de Managua. Ese día regresaba de jugar fútbol en el parque del barrio Monte Fresco cuando fue atacado.

Samuel Reyes, de 16 años de edad:

Asesinado el sábado 23 de junio. Murió al ser herido por arma de fuego y arma blanca en el cráneo. Vivía en el barrio Reparto Schick de Managua.

Jésner Josué Rivas, de 16 años de edad:

Asesinado el 22 de abril. Su madre contó que ese día, al escuchar que un grupo de vándalos pretendía asaltar un supermercado en la entrada del barrio La Fuente, de Managua, Jésner tomó su tiradora y salió de su casa. Minutos después una bala lo impactó casi a la altura del cuello, en la parte izquierda. Le gustaba jugar fútbol y su familia conserva los trofeos que había obtenido.

Abraham Antonio Castro Jarquín, de 17 años de edad:

Asesinado el 8 de junio durante un ataque de turbas paramilitares orteguistas en la salida norte del municipio de Jinotega. Sus familiares le llamaban “Patito”. Se dedicaba a la reparación de motos, pero llevaba días en las trincheras. Vivía en el barrio Carlos Rizo.

Ángel Reyes, de 17 años de edad:

Murió el 17 de mayo, después de que una ruta lo atropelló intencionalmente. Estaba en una barricada cuando un bus, conducido por un paramilitar, le pasó encima y le causó la muerte casi inmediata. Reyes era estudiante del Colegio Rigoberto López Pérez y estaba apoyando a los universitarios atrincherados en la UPOLI.

Carlos Bonilla López, de 17 años de edad:

Murió el 20 de abril tras recibir un balazo. Fue un disparo en la frente. Estaba en Ciudad Sandino y lo trasladaron al hospital local y luego fue remitido al Hospital Lenín Fonseca, donde murió. Había salido a un ensayo de la banda rítmica a la que pertenecía. Se acababa de bachillerar, en 2017, y estudiaba cursos libres de caja e inglés.

José Abraham Amador, de 17 años:

Asesinado el 20 de abril, cuando recibió el impacto de bala que le perforó los pulmones, cerca del mercado de Artesanías, de Masaya. Era estudiante de cuarto año de secundaria del centro Rafaela Herrera y pretendía estudiar veterinaria.

Ríchard Eduardo Bermúdez Pavón, de 17 años:

Fue uno de los primeros muertos del 19 de abril. Cayó de una ráfaga en el tórax. Era estudiante de secundaria y vivía en Tipitapa, donde formaba parte de una comparsa rítmica.

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