#NuestraVozCuenta

En El Salvador, estamos a dos semanas exactas de elegir al nuevo presidente de la república para los siguientes cinco años. Sí, ese #3F #ElSalvadorDecide entre cuatro fórmulas a quién le vamos a dar nuestro voto de confianza para evitar más #CaravanaDeMigrantes. A quién le vamos a exigir que, como Estado, proteja a nuestras niñas y a nosotras como mujeres y nos haga #JusticiaParaCarlaAyala, para tantas Imeldas Cortez, tantas Karlas Turcios, tantas Rosas Marías Bonilla.

Porque este domingo 3 de febrero yo, además de lo que han dicho en sus ‘hashtags’, digo en sus campañas, quiero exigir transparencia en el trabajo del Gobierno, integridad, honestidad, visión estratégica. Apuestas por salud y educación. Que tengan claro que el país lo construiremos entre todos y que ni los votos válidos implican que no se los cuestionaremos ni los nulos implica que no nos importa. Y luego entre todos los que se apunten ocuparemos las #RedesTecnoPolíticas para hacer la #ContraloríaCiudadana más precisa que se ha hecho hasta ahora.

Y por eso ahora esta columna cuenta sobre el ‘hashtag’ que ha estado en Guatemala como tendencia nacional (‘trending topic’) las 24 horas del 9 y del 10 de enero, además de otras horas el 8 y el 11, el 12 (marcha de los artistas), y aún el día 13. #NuestraVozCuenta ha estado moviéndose en Instagram, Facebook y Twitter para denunciar la violencia que no ha recibido ni apoyo ni justicia por parte del Estado, en una suerte de catarsis colectiva para protestar por la actitud del gobierno de Jimmy Morales al querer sacar a la CICIG de Guatemala. Hay cientos de minihistorias fuertes, demasiado cotidianas.

“Por los niños lustradores que no tienen oportunidad de estudiar #NuestraVozCuenta“: Carlos López A. (@cglalburez).

“Hablo por Sandra, niña q’eqchi’ de San Luis Petén que no pudo seguir estudiando el básico, ya que su familia no contaba con 10 quetzales mensuales para pagar sus estudios. #NuestraVozCuenta“: Sofía (@sofspereira).

“Trabajo como docente, sin embargo, lo que gano no se llama salario. En las escuelas rurales hay precariedad, delincuencia, asesinatos y las carreteras están pésimas, debemos trabajar un año ad honorem para conseguir un contrato. #NuestraVozCuenta“: Ronaldo Ramos (@ronaldo_pixel).

“Mi hermana cumple dos años de haber quedado viuda… ¡asesinaron a su esposo por extorsión! Y aquí todo sigue igual… #NuestraVozCuenta“: ChinitayChata (@rojitasrodas).

Papi volvía a media noche de hacer un trabajo hace 11 años. Se bajó del carro a discutir con alguien a seis cuadras de la casa. Cuando iba a subirse, le dispararon por la espalda a la cabeza. Esta es la hora en que no hay culpables. Faltó ser más canchitos #NuestraVozCuenta“: Jeanny Ivanna Chapeta (@JeannyChapeta).

“Por millones de familias guatemaltecas que viven situación de pobreza, viviendo en precariedad, en riesgo de caer al abismo del barranco, o ser sepultadas por la erupción de un volcán, sin agua potable o nutrición para sus hijos. #MásDerechosMenosPrivilegios #NuestraVozCuenta“: Diego Arana (@Diego_Arana).

“Por todas las veces que tuve que comprar insumos para atender pacientes como se lo merecen o las horas que pasé ventilando manualmente porque no hay ventiladores mecánicos en los hospitales. #NuestraVozCuenta“: Mariana Núñez (@mariannmed).

“17 de junio de 2003, afuera de nuestra casa asesinaron a mi tío, dos balazos en el cuello y uno en el corazón. El hecho quedó impune. Por el eco de su voz que guardo en mi memoria y corazón #NuestraVozCuenta“: Anderson (@Stua25).

“Por las víctimas del #VolcánDeFuego, #EstamosAquí!! #NoPodemosQuedarnosCallados #NoAlMoralazo #NuestraVozCuenta“: Antigua Al Rescate (@rescateantigua).

Sustituya San Luis Petén por San Juan Nonualco. Quetzales por dólares. Volcán de Fuego por terremoto de 2001. Hay tantas historias idénticas. Tantas voces que debemos recordar.

Porque el país lo (re)construimos entre todos. Entre las voces de todos. Entre los votos de todos. Los válidos, los nulos, los que se fueron en blanco y entre quienes no irán a votar. Entre todos. Lo que hagamos sí cuenta. #ProhibidoOlvidar.

¿Y Probidad?

Se fue Douglas Meléndez de la Fiscalía. Llegó Raúl Melara, marcado por las enormes dudas que genera su cercanía al partido ARENA. Antes se había dado la renovación de la Corte Suprema de Justicia con la llegada de nuevos magistrados a la Sala de lo Constitucional; una de las primeras decisiones, en esta nueva composición, ha sido echar más sombras a la forma en que el máximo tribunal procesa los casos de la oficina de Probidad. No son buenas noticias.

Empecemos por la Fiscalía. En el obituario del exfiscal Meléndez hay que escribir, sí, que se quedó corto en varios de los casos que pretendió, al llegar al despacho, incluir en la bitácora de su gestión. En casos importantes, como las de ejecuciones extrajudiciales atribuidas a la fuerza pública o la tregua entre las pandillas y el Estado, acudió a esa su costumbre de intentar cubrir con frases altisonantes carencias básicas en acciones penales que casi nunca tocaron a los planificadores de los crímenes o a los funcionarios de alto rango que los permitieron.

Tampoco fue Meléndez capaz de emprender dentro de la Fiscalía una reforma real, encaminada a extirpar la desidia o corrupción de algunas jefaturas. Siempre acudía el exfiscal a justificarse en la falta de recursos.

Eso dicho, también hay que escribirlo con todas las letras, que Douglas Meléndez hizo lo que ninguno de sus antecesores había hecho: emprender procesos penales serios y en algunos casos bien investigados contra los más importantes representantes del poder político. La condena y confesión criminal de Elías Antonio Saca y la persecución penal a Mauricio Funes no son poca cosa.

Importante fue también la acción legal emprendida contra el empresario Enrique Rais, quien había armado, en el mismo ministerio público y en los tribunales, una red de corrupción que incluyó, además de a un ex fiscal general, a jueces, policías, peritos forenses y periodistas. El de Rais es uno de los mejores ejemplos de hasta qué punto una mafia privada puede cooptar al Estado.

Estos casos, como ya apuntaba Cristian Villalta en este periódico, no hicieron más que confirmar por vía procesal penal la extensión de la podredumbre que existe en nuestras instituciones. Eso es ya, en algunos casos, verdad judicial, gracias, por ejemplo, a la confesión del expresidente Antonio Saca, que es en realidad un manual de cómo desviar fondos públicos a operaciones políticas y cuentas personales.

Buena parte de las acusaciones que Meléndez presentó en los casos contra Funes y Saca están basados en los descubrimientos hechos por la sección de Probidad de la Corte Suprema. El futuro de esa oficina y de lo que la Fiscalía haga con los insumos que de ella reciba son esenciales para la lucha contra la corrupción en El Salvador.

Pero Probidad parece ya un fantasma. Eso se debe a las mafias políticas que han intentado anularla, a los mismos diputados que son juez y parte en esto; que fueron investigados por Probidad y tuvieron voz y voto en las elecciones tanto de los magistrados de los que hoy depende esa oficina como de la del fiscal que es hoy encargado de convertir en persecuciones penales esos indicios.

En la lista de investigados por Probidad hay funcionarios y diputados del FMLN, ARENA y de GANA, las tres principales fuerzas políticas en contienda para la presidencial del próximo 3 de febrero. Varios de ellos son voces influyentes en esos tres partidos políticos; voces que estuvieron en las mesas donde se escogió a los magistrados y a Raúl Melara.

No es descabellado –ni siquiera extraordinario– pensar que esos electores pusieron en la mesa de negociación su interés de mantener los archivos de Probidad en la oscuridad y congeladas las investigaciones de ellos derivadas. Señores magistrados y señor fiscal general Raúl Melara, de ustedes depende ahora, solo de ustedes, despejar estas dudas.

La tela del tiempo

“Uno solo es capaz de notar que el pasado es hermoso porque nunca comprende la totalidad de una experiencia en su momento. Se expande más tarde, y por lo tanto no tenemos emociones completas en el presente, solo en relación al pasado”. Leo este comentario de Virginia Woolf en el tercer volumen de su diario. Ella lo anota unos momentos antes de cenar, la noche del 18 de marzo de 1925.

Me la puedo imaginar luego de cerrar el diario, guardarlo y de ahí levantarse del escritorio antes de dirigirse al comedor. Mientras me cuesta entender las propuestas sobre el tiempo de los físicos teóricos como Stephen Hawking y Einstein, esta frase de Woolf sobre la simultaneidad del pasado, el presente y el futuro y el hecho que la experiencia humana no se limita al presente me parece lógica y muy cierta.

Pienso en la idea de Woolf de no poder comprender la totalidad de una experiencia en su momento mientras limpio una mancha pequeña en una pared de la cocina, que parece ser salsa de tomate seca de hace años. Lo más probable es que nació de alguna vez que mi (ahora ex) marido cocinaba los espaguetis italianos que tanto le gustaban.

Ahí quedó grabada la mancha en el continuo espacio-temporal. Quién iba a poder deducir entonces que esa gota de salsa de tomate duraría más que mi matrimonio o que el significado de esa mancha seguiría expandiéndose en el tiempo, cobrando un significado mayor en el futuro. Ahora la veo y esa manchita es un símbolo perfecto de la impermanencia de algunas relaciones y la acabo de borrar con un trapo.

Hace poco tuve otra experiencia parecida del tiempo cuando volví a ojear un libro sobre la artista Camille Claudel, que me regaló mi abuela, Stella, luego de un viaje a París. Ella siempre firmaba los libros con dedicatoria y por eso sé que consiguió el libro en una librería que se llamaba Bretanos, Avenue de l’Opéra, en noviembre de 1994. Mi abuela vivía su presente pero con la consciencia de que en algún momento futuro no me iba a poder comunicar más lo que estaba en ese mensaje; lo mucho que pensó en mí durante su viaje y que me quería mucho, muchísimo.

Aparte de saber que me fascinaba la escultora, ella intuía que en algún momento futuro, que ella no alcanzaría a conocer, yo iba a volver a abrir el tapete de ese libro sobre Camille Claudel y recordarla. Así como decía Virginia Woolf, la experiencia se expande más tarde y es hasta entonces que logramos notar lo hermoso que es el pasado. En este caso, lo bello que es tener entre mis manos un mensaje de mi abuela de hace 24 años como una muestra tangible de su vida y de su amor en el presente.

La experiencia humana se expande en el tiempo como estelas en el mar. Puedo pensar en otro ejemplo de hace un par de años cuando a mi hija se le clavó la idea de cultivar un jardín con vegetales y flores, y lo hicimos en el patio de la casa de mis papás. Durante ese proceso de cavar hoyos en la tierra recordé que la última vez que había cultivado un jardín fue con mi papá en el mismo lugar del patio cuando yo misma era niña.

Ahora yo era madre y lo hacía con mi hija. Pensé que para la tierra lo que apenas fue un instante de tiempo, fueron para mí 35 años. La experiencia de cultivar un jardín de niña al lado de mi papá se expandió en ese momento. Noto lo hermoso que fue el proceso de hacer el jardín con mi papá hasta 35 años después cuando lo repito con Lilli. Virginia Woolf tenía toda la razón.

¿En qué terminó?

Ahora que estamos cerrando 2018, creo que vale la pena hacer un símil acerca de cómo vamos cerrando los temas o proyectos relevantes en nuestro país.

Durante 2018 se desató una crisis ambiental de amplias magnitudes en una localidad costera chilena. Quintero, el lugar afectado, es una zona industrial con decenas de empresas que operan desde hace años en diferentes rubros. Los episodios de contaminación afectaron a cientos de personas, en su mayoría niños, que repletaron los centros asistenciales con síntomas como vómitos, mareos, fuertes dolores de cabeza y desmayos.

Las empresas aseguran estar operando de acuerdo con los límites legales. Los entes fiscalizadores continúan realizando investigaciones, pero aún no hay una respuesta clara. Los episodios críticos se detuvieron y esto logró que los que estábamos siguiendo la noticia dejáramos un poco de lado el drama de Quintero. Sin embargo, estoy segura de que cuando los resultados de las investigaciones salgan a la luz, los responsables serán –por lo menos– llevados ante la ley, debido a todo el escrutinio social y político que el caso ha generado.

Traigo este caso a colación y lo vinculo a la realidad de nuestro país porque es un caso inconcluso. El responsable aún no ha sido descubierto, pero se están realizando los procedimientos respectivos para que el problema no se vuelva a repetir.

¿Cuántos casos inconclusos existen en nuestro país? No digo solo en términos de contaminación, sino en tantos otros aspectos relevantes: proyectos en educación, en salud, en seguridad, en medio ambiente, en vivienda, etc. Y de los cuales, además, desconocemos, porque no han tenido la cobertura mediática para hacerlos de conocimiento público.

La prensa juega un papel muy relevante a la hora de difundir o darle pantalla a algunos temas sobre otros. Así como, también, es tomadora de decisión a la hora de dar o quitar tribuna a las historias, al margen de su final. ¿Cuántas noticias se han quedado a medio camino porque aparece una historia nueva?

Al final del día, esto es un reflejo de la era de la información. Una era que nos obliga a vivir bombardeados por noticias que van perdiendo relevancia, porque surge otra más novedosa. Y, finalmente, el seguimiento a los temas se diluye, dándonos solo pinceladas de lo que ocurre, pero sin profundizar en el contenido.

La reflexión es, entonces, que aprendamos a ser un país que le da seguimiento a sus temas más prioritarios. La invitación es a que no nos dejemos llevar por la ola informativa; para que no se convierta en una avalancha de titulares sin profundidad ni seguimiento. Y, también, a que no perdamos de vista lo importante por lo urgente.

Marshall McLuhan sostenía que tener un punto de vista sería imposible en nuestra era: “Un punto de vista significa una posición estática y fija, no se puede tener una posición estática fija en la era electrónica. Es imposible tener un punto de vista en la era electrónica y además significado: hay que estar en todos lados al mismo tiempo –ya sea que te guste o no–. Hay que estar participando en todo lo que sucede, al mismo tiempo. Y ese no es un punto de vista”.

Hará la diferencia aquel líder que esté participando en todo lo que sucede, sin perder de vista lo importante y cerrando, exitosamente, sus proyectos.

#CienciaCiudadana [para mejorar el mundo]

¿Cuál sería para ustedes el problema más urgente de resolver en el mundo: corrupción, cambio climático, analfabetismo, desnutrición infantil, cáncer, diabetes, estrés? ¿Y qué pensarían si proponemos una búsqueda colectiva con apoyo en las tecnologías digitales para que curemos, poco a poco, algunos de estos males? ¿Han escuchado de la #CitizenScience o ‘ciencia ciudadana’?

Según Wikipedia, esta investigación se lleva a cabo entre científicos y no científicos de manera abierta y colaborativa. Así, la investigación se beneficia de la contribución de la ciudadanía tanto en lo intelectual como en los recursos, las experiencias o habilidades que se ponen a favor de los estudios. Pueden ser, indica la enciclopedia, contributivos, colaborativos o cocreados, según el nivel de involucramiento de la ciudadanía. ¿Les parece que veamos tres ejemplos?

Eres Ciencia, o un blog para hacer ciencia en familia, nos cuenta más sobre cómo el apoyo voluntario permite recopilar cantidades de datos que de otra manera serían imposibles. Dentro de sus grandes beneficios, resulta una manera más cercana, directa y participativa para divulgar resultados. Por otro, permite un aprendizaje de cómo funciona un proyecto científico: “Pueden implicarse en una investigación de verdad y aportar valor. Un gran número de cabezas pueden encontrar soluciones que a una sola le sería imposible. Y es que en muchas ocasiones ni la mejor tecnología del mundo es tan eficaz como cientos de personas trabajando juntas”. ¡Es la inteligencia colectiva en su máxima expresión! ¿Quieren clasificar galaxias, observar pingüinos o buscar jaguares en la selva panameña? Vayan a esta publicación, donde recopila varios proyectos: https://eresciencia.com/el-poder-de-la-ciencia-ciudadana/.

Si lo de ustedes tiene más que ver con mapas y medio ambiente, la segunda es una iniciativa global para mapear microplásticos: esta iniciativa colaborativa, liderada por Adventure Scientists, verifica datos enviados por voluntarios científicos que recogen masas de agua de cualquier parte del mundo. Luego, son analizados por científicos para ser publicados de manera abierta (‘open data’) para que sean utilizados en otras investigaciones. Ya para junio de este año, un análisis publicado con base en ello comprobó tres veces más microplásticos en el agua de lo que asumía la teoría. Puede ver más sobre ello con Antonio Sánchez en https://iambiente.es/2018/12/ciencia-ciudadana-contra-los-microplasticos/ o en la página de la iniciativa en https://www.adventurescientists.org/microplastics.html (donde ya hay un punto anaranjado sobre El Salvador y donde podríamos colocar más, si se animan).

La última sugerencia de hoy es para aplicar a un taller, el Interactivos’19, que se hará del 14 de febrero al 2 de marzo de 2019 en Madrid. En él se trabajarán ocho propuestas, elegidas entre las presentadas antes del 9 de enero: ¡aún hay casi tres semanas para revisar las bases y participar!

Personas o comunidades de cualquier parte del mundo para rediseñar un cambio creativo y radical de los modelos alimentarios, para reducir las probabilidades del colapso ambiental que anuncia la comunidad científica: “Invitamos a todas las personas, ya sean hackers, maestros, artistas, expertos en agroecología o profesionales de la agroindustria, diseñadores, productores, ecólogos, programadores, analistas de datos, aficionados, científicos ciudadanos, fanáticos de la tecnología, activistas, ingenieros”. Si quieren más información para participar, revisen este enlace: https://www.medialab-prado.es/convocatorias/interactivos19-convocatoria-de-proyectos.

¿Año nuevo, ciencia nueva? No, más bien, una manera que busca ser innovadora, más disruptiva, más democrática, más inclusiva. Sí es posible aprovechar las ventajas de estar en esta sociedad red, de sacarle el jugo a las páginas web y estas redes sociodigitales como Facebook o Twitter para que (más allá de que se queden con nuestros datos), nos articulemos para dar solución a nuestros problemas más inmediatos. Para que pensemos globalmente y actuemos localmente.

PD: Hoy se despide nuestro vecino ‘de al lado’ de estas columnas: aprovecho para darte gacias, Marlon Anzora, por tantas reflexiones compartidas en estos espacios. ¡Buen viento y buena mar para los caminos que emprendás siempre!

2018

Llegó ese momento en que toca hacer repaso del año. Lo hago desde los apuntes que quedaron en mi libreta de reportero. Y empiezo por lo bueno, por una de las mejores historias que me ha tocado contar en los 22 años que llevo haciendo esto: la canonización de Monseñor Óscar Arnulfo Romero en Ciudad del Vaticano el 14 de octubre.

Desde que empecé a anotar cosas en mis libretas, mucho antes de estudiar periodismo en la UCA, la mayoría de mis páginas se llenaron de las historias terribles que suele parir nuestra parte del mundo. Había, en esas notas, percepciones sobre la guerra, imágenes del exilio en México y Nicaragua. También algún recuerdo sobre las celebraciones de 1992 en el centro de San Salvador, cuando se firmó la paz. Al final, menos esperanza y más ansiedad.

Con los años llegó la certeza de que contar El Salvador, sus muertos, sus corrupciones, a sus delincuentes de cuello blanco, sus pandillas, sus tragedias naturales, sería casi siempre un ejercicio desesperanzador. Pero también el tiempo me enseñó que aun desde el sino trágico de nuestra historia hay, en las historias que la forman, destellos de luz.

La cobertura de las tragedias que siguieron a la furia de la tierra en 2001, por ejemplo. Aquel enero vi la mayor cantidad de cadáveres juntos que he visto hasta ahora, en la morgue improvisada que Medicina Legal y la Fiscalía instalaron en un edificio público de Santa Tecla. Pero vi también algo que he visto decenas de veces en los rostros salvadoreños: el apego a la vida, la terquedad de sobrevivir a todos y a todo.

Muy seguido vuelven a mi memoria las imágenes de los familiares que buscaban a sus parientes enterrados bajo el alud que cubrió la colonia Las Colinas de Tecla, la tozudez, la negativa a cesar en el empeño de encontrar a los soterrados o, como atestigüe una sola vez la madrugada del 14 de enero de 2001, la de una mujer que, por vecinos, se enteró de que su hermana no estaba en casa cuando tembló, que estaba viva. El culmen de la esperanza dibujado en un gesto.

Pero fue hasta este año que cubrí un evento en el que la historia escribió en renglón recto, con buena letra.

En la Plaza de San Pedro, durante la soleada mañana del 14 de octubre, hice lo mismo que llevo haciendo tanto tiempo: escuchar a los protagonistas, los de a pie, los que dan voz y significado a las historias. Esta vez, con la canonización de Romero, lo que quedó en mi libreta fue el reflejo de una sensación más profunda, más íntima y a la vez más universal que he intentado explicarme varias veces escribiendo que el sacerdote de Ciudad Barrios y lo que su historia de vida despierta en sus fieles es la complicidad que surge del bien.

Es la historia salvadoreña más importante que cubrí hasta ahora.

Posdata: Hubo otras cosas este año que es necesario, por registro, apuntar. Importante fue la cancelación del TPS en Estados Unidos y la arremetida del trumpismo contra los migrantes centroamericanos; es una tragedia humanitaria a la que nuestro gobierno sigue enfrentando con una indolencia criminal.

Y, claro, está todo el estruendo político que provocaron las elecciones legislativas de marzo en El Salvador y la campaña previa a la presidencial de 2019. En este caso -epílogo pobre del año- el ángulo más noticioso es, sin duda, la irrupción de Nayib Bukele en el tinglado. Sin embargo, en este tema, el análisis más urgente sigue siendo la decadencia de los dos grandes partidos políticos paridos por la guerra civil de los ochenta y los engendros que la caída de ambos amenaza con dejar como herederos.

La Navidad

Creo que voy a perder la uña de un dedo de la mano. Mientras escribo en el teclado estoy viendo el dedo medio bastante hinchado y rojo, y la uña de un amarillo verdoso. Es una flor de pascua. El dedo se me quedó machucado entre el soporte del árbol de Navidad y el tronco cuando intentaba levantarlo desde la base de hierro.

Dicen que el cuerpo es un archivo de todos los males que le han sucedido a un ser humano. Si es así, el arqueólogo que encuentre mis huesos en 400 años va a reconocer que se me fregó el dedo por insistir este año en un árbol real y no en uno artificial, que ya tenía guardado en el sótano.

Hace unas semanas me di cuenta de que la compañía Addis, que inventó el árbol artificial de Navidad en los años 1930, producía primero cepillos de baño para limpiar inodoros. La invención se dio por una cantidad de cepillos de baño que sobraban y a saber qué otras condiciones de la vida que llevaron a Addis a juntar los cepillos y armar el primer árbol de Navidad artificial. Se me grabó la imagen de pasar diciembre con un enorme cepillo de baño verde en la sala y, en ese momento, decidí mejor hacer el esfuerzo de poner un árbol auténtico y no uno artificial.

Mientras ponemos el árbol mi hija me mira de reojo y me dice que las amigas ya no creen en Santa Claus. Sigue hasta confesarme que ella tampoco. Yo le comento que, entonces, Santa va a dejar de llegar a la casa. Le digo que la imaginación es tan poderosa que cuando los niños dejan de creer en él, ya no puede entrar a la casa.

Me mira fijamente y le explico que es como la leyenda del vampiro que solo puede entrar a una casa si es invitado. Me empiezo a enredar con lo del vampiro y le recuerdo del duende de Noel. Cada diciembre hay un muñequito duende que aparece en un sitio y lo encontramos en un lugar diferente de la casa por la mañana, en medio de alguna travesura. Mi hija no me deja terminar; dice que tampoco cree en el duende ya, porque lo encontró hace unos días en el armario aplastado entre zapatos de tenis y bolsas. Le digo que eso solo es una prueba más de que existe.

Así es que este diciembre tengo el dedo chueco y la noticia de que mis hijos ya han entrado a la adolescencia. Mi hija está decepcionada con Santa Claus. Mi hijo, dos años mayor, tiene novia y no cree en nada que no sea el amor. Hago el esfuerzo de observar tradiciones con ellos y, al mismo tiempo, entiendo que cada año las cosas cambian un poco. Mientras tanto, los días se acortan, está cada vez más helado, empieza a nevar y la casa se llena de olor a pino.

La brújula política: el test

Cada cierto tiempo, me parece relevante traer a colación este test online llamado “Brújula política”. ¿De qué se trata? Básicamente, es una forma de diagnosticar nuestra personalidad política. ¿Por qué es importante? Porque en un país tan polarizado como el nuestro, en el que crecemos con un limitado espectro de posturas políticas y con elecciones a la vuelta de la esquina, es importante hacer una autoevaluación de qué es realmente importante para cada uno a nivel ideológico.

Aunque el bipartidismo salvadoreño ha pasado de ARENA-FMLN a ser ARENA-GANA, es importante reconocer que existe una amplitud ideológica a la que estos partidos -o candidatos- no responden. Es decir, hay escalas de grises entre izquierda y derecha. ¿Cómo podemos reconocerlas? ¿Cómo saber con cuál nos identificamos?

Al hablar de posturas ideológicas, en los últimos años, nuestro país ha estado debatiéndose casi exclusivamente entre la derecha y la izquierda. Los centros difícilmente han encontrado un nicho. Hemos estado casi obligados a decidir si somos de derecha o de izquierda, a menos que prefiramos ignorar el panorama político y nunca preguntarnos qué hay más allá de estas dos posturas.

Es posible que, aunque estemos seguros a qué lado pertenecemos, nos hayamos encontrado alguna vez en desacuerdo con alguna propuesta o simplemente que no nos guste ninguna postura. El desinterés de muchos jóvenes en la política tiene que ver con la poca o nula identificación con los ideales de los partidos más reconocidos del país, así como también con su falta de representatividad.

Es momento, entonces, de evaluar y ser críticos ante las antiguas derecha e izquierda y las nuevas propuestas políticas. Varias décadas han pasado ya desde que se establecieron los principales conceptos de estos extremos en la Asamblea Nacional Francesa de 1789, y los cambios que se han dado desde entonces nos obligan a analizar su vigencia, incorporando la dimensión social, además de la económica.

El sitio web www.politicalcompass.org/test/es nos guía, mediante un cuestionario en español, en la misión de establecer con claridad dónde pertenecemos realmente. El test que ahí se presenta combina la escala política con la escala social. Fue creado entre un periodista político y un académico de historia social con el objetivo de ayudar a las nuevas generaciones a formarnos una mejor idea de dónde estamos situados políticamente, así como a reconocer la clase de políticos a los que apoyamos.

En el plano personal, los resultados que obtuve fueron esclarecedores; sin embargo, también me demostraron que no existe ninguna propuesta política en El Salvador que persiga los ideales con los que me identifico. ¿Seré la única?

Ya sea por simple curiosidad, como forma de confirmar su actual postura o para descubrir con cuál comulga, hacer este ejercicio es una forma de colocarse ante cuestionamientos de tipo político y también moral. A la larga, saber cuál es nuestra perspectiva político-social nos permitirá comprender mejor qué es lo que esperamos de los políticos y, por tanto, qué es lo que debemos exigir y cuál debe ser nuestro compromiso como ciudadanos.

El llamado, además de identificar nuestra postura política, es para cuestionarnos ¿cuáles son los ideales que nos motivan? ¿Por qué simpatizamos con esos ideales? ¿Los partidos políticos de nuestro país nos ofrecen una plataforma con la que identificarnos? Si la respuesta a esta última pregunta es negativa, hay mucho trabajo por hacer.

Los espacios para tejer redes

Las ciudades, los pueblos, “aquí” o como le llamemos a donde vivimos deberían darnos lo que necesitamos para una vida digna. Y el poder de participación e incidencia para alcanzar lo digno debería ser compartido entre todos: academia, público, privado y ciudadanía.

“Tenemos ciudades complejas y diversas (…) la ciudad es conflicto y hay un compromiso de dar voz a minorías invisibles. La participación tiene que servir para redistribuir poder”, dijo Gala Pin, concejala de participación y distritos de Ciutat Vella (Barcelona), durante #CiudadesDemocráticas18, donde expertos de varias partes del mundo reflexionaron esta semana sobre tecnología, participación ciudadana y urbanismo colaborativo, con lo que volvemos a la raíz de esta columna: las #RedesTecnopolíticas.

¿Para qué nos sirven los espacios digitales? En momentos de campañas electorales, deberían ser fuente de información y espacio de discusión para que haya un voto informado, y eso es clave para #ElSalvadorDecide. El resto del tiempo deben funcionar como espacios de formación ciudadana para aprender a fiscalizar más y mejor: ello requiere no solo de herramientas, como páginas o aplicaciones para ello, sino de una ciudadanía a la altura de ese resguardo de lo público.

Y eso es fundamental, porque “lo público ya no tiene que ver solo con lo estatal, así como la corrupción no es solo asunto de los corruptos sino también de quien los corrompe. La gobernanza es una responsabilidad compartida”, repetía esta semana Álvaro Ramírez-Alujas, en el Segundo #FestGobAbierto (Festival de Gobierno Abierto) de Guatecambia. En esta lógica de la responsabilidad compartida cabe preguntarnos con qué espacios para la fiscalización de lo público y para la participación ciudadana contamos en El Salvador.

¿Alguna candidatura para la presidencia está considerando una apuesta seria para ser gobierno abierto? ¿Alguna propuesta sobre infraestructura tecnológica que reduzca la brecha digital y abra espacios de discusión y alfabetización informativa?

Mientras tanto, nosotros, como ciudadanía, debemos seguir tejiendo redes para que luego pasemos a la acción (colectiva). Por eso ahora quiero compartirles sobre el Minga Lab, un “laboratorio de innovación en liderazgo y #construcciónpaz en el fortalecimiento de organizaciones de la red #Poder #Pacífico”, según reza su Twitter. Son 15 organizaciones colombianas lideradas por Manos Visibles, que aluden al “trabajo colectivo en bien de la comunidad” (porque eso es “la minga”), que buscan construir otra visión para sus comunidades al transformar las capacidades individuales en habilidades colectivas en pro del desarrollo social. Robótica para transformar el Chocó; la paz vista como líderes que se comprometen con sus tradiciones; un apoyo que repite #NoTenemosArmasTenemosDignidad. Son proyectos que ejercen el poder desde lo colectivo, la fuerza, la estructura y las redes. Sí, desde esas mismas redes que nosotros también debemos tejer en Centroamérica.

La clave está en fortalecer la participación y la innovación de la ciudadanía, es ponerla al centro: “Dejemos que la gente nos diga cuáles son los problemas y cuáles son las soluciones. El esfuerzo por democratizar el compromiso y la participación es muy emocionante, y es necesario institucionalizar estas prácticas”, nos pide Beth Noveck, directora de The Gov Lab, de Nueva York, en el encuentro de Ciudades Democráticas en el Viejo Continente. Nos toca a nosotros, como ciudadanía, ocupar las redes sociales y las redes sociodigitales para construir esos espacios en donde tejamos redes que, desde lo colectivo, nos permitan redistribuir el poder y ejercer una gobernanza compartida en nuestras polis o ciudades, nuestros pueblos, en nuestro aquí.

El Estado cómplice

“Las democracias han favorecido condiciones que facilitan el crimen organizado”. Una frase provocadora, difícil de digerir si se quiere. Se la escuché la semana pasada a Federico Varese, un catedrático italiano asentado en la Universidad de Oxford que es reconocido como uno de los referentes en teoría sobre crimen organizado en el mundo, durante un encuentro sobre el tema organizado por InSight Crime, en Bogotá.

La explicación de Varese pasa por el reconocimiento de que, en las democracias modernas, el financiamiento electoral se ha convertido en la principal herramienta de influencia de grupos de poder, sean estos legales o ilegales.

Un ejemplo claro de lo primero es la forma en que fondos fiduciarios alimentados con dineros de grandes corporaciones han financiado durante años las campañas de los partidos Demócrata y Republicano en Estados Unidos.

Muestras de lo segundo abundan en el mapa latinoamericano, tanto la escala nacional como en la local. La banda de narcotraficantes Los Cachiros y los partidos Liberal y Nacional en Honduras. El cartel de Texis y campañas de gobiernos locales del PCN en Metapán, El Salvador. Dineros de grupos paramilitares canalizados a campañas de legisladores en Colombia. Y así.
Una combinación de ambas, financiamiento de grupos ilegales y dineros provenientes de instancias legalmente constituidas para garantizar funcionarios dóciles dispuestos a debilitar al Estado para beneficiar a esos financistas, ha existido en Guatemala en las últimas décadas, y eso ha quedado probado, entre otras cosas, por varios casos que el Ministerio Público local ha presentado a los tribunales.

En El Salvador hay denuncias bastante claras en casos como el de Texis, mencionado arriba, o el de dinero de la banda Los Perrones que llegó hasta la campaña presidencial de ARENA en 2004. En el primer caso la fiscalía investigó, por otras razones, a los financistas; y en el segundo, encarceló a los narcos. Pero nunca enfiló baterías contra los operadores políticos que entregaron el dinero, en gran medida porque varios de esos intermediarios, relacionados con el grupo de poder del expresidente Antonio Saca, siguen vigentes y aún son influyentes en el tinglado político nacional.

Y ese es el punto: los salvadoreños estamos a punto de elegir al presidente que administrará el Ejecutivo durante el próximo quinquenio, pero a la fecha ninguno de los cuatro contendientes nos han presentado propuestas definitivas sobre cómo lidiar con esa esquina oscura de la democracia que es el financiamiento electoral ilícito, lo que el jefe de la Comisión Internacional contra la

Corrupción en la Impunidad en Guatemala, el colombiano Iván Velásquez, ha llamado el pecado original de la constitución democrática.

Lo que es peor: los dos principales contendientes, Nayib Bukele, de GANA; y Carlos Calleja, de ARENA, se han negado a revelar la lista definitiva de sus financistas. No sabemos, por ejemplo, cuánto dinero recibirá el partido de derecha de los grupos de poder que, de acuerdo con la acusación de la Fiscalía General contra el exfiscal Luis Martínez, intentaron sobornar al exfuncionario