Diez años de abusos

Abuso de menores

De 133 niñas de menos de 11 años que denunciaron agresión sexual en 2010 subió a 353 en 2017. Y estos son los casos que llegan a alguna instancia, las autoridades reconocen que un gran porcentaje se queda en silencio. Una revisión por sentencias en casos de violencia sexual en menores de edad revela vicios en los procesos que exponen a las víctimas, las dejan desprotegidas y las hacen repetir su versión varias veces, incluso en entornos hostiles. Se ha elegido una por año, desde 2008 hasta 2017, para dar cuenta de los muchos tentáculos que tiene este monstruo que ensombrece infancias.

 

435 denuncias por agresión sexual en menor e incapaz

Tenía 10 años y cantaba en la iglesia. Ese día de julio había llegado a ensayo de alabanzas, pero a la cita no se presentó todo el grupo, sino que solo otras tres niñas más pequeñas. Una situación que un hombre de 28 años, hijo del pastor de esta iglesia, aprovechó para llevarla a su casa con el pretexto de hacerle preguntas sobre las alabanzas y la ropa que se pondrían las niñas del coro. Ahí, la encerró, la tocó, le ordenó no gritar y quitarse la ropa. La niña de 10 años forcejeó con un hombre 18 años mayor que ella por un rato hasta que tocaron la puerta. Era la abuela de ella, que se dio cuenta de lo que pasaba y le dijo al hombre que parara con eso porque llamaría a la policía. La abuela le contó a la madre de la niña y pusieron la denuncia.

Durante las averiguaciones sobre este caso, la niña contó que el pastor de la iglesia, un hombre de casi 60 años, también la tocaba y la obligaba a ver películas pornográficas. A la niña, a la madre y a la abuela se les tomó declaración. Pero a la hora del juicio en el que eran testigos, no se presentaron.

La cita judicial se pospuso en tres ocasiones, ellas no llegaron a ninguna. Por medio de un documento, la familia de la niña señaló que la serie de entrevistas a la que fueron sometidas les generó trastornos familiares y emocionales, pero, sobre todo, representó trauma y revictimización para su hija. Se negaron a que ella volviera a presentarse en el proceso. De los acusados dijeron que les hicieron saber su arrepentimiento y que, por el hecho de ser ambas familias cristianas, se sintieron obligadas a perdonarlos.

El pastor y su hijo se declararon confesos. Sin embargo, ambos fueron absueltos.