Carta Editorial

Gregorio Rosa Chávez es un hombre que desde la Iglesia a la que representa ha visto en la labor educativa una manera de edificar comunidades. Así se refleja en el perfil que forma parte de esta edición.

El periodista Moisés Alvarado reúne una serie de escenas que se escapan del protocolo con el que por lo general se maneja una persona en su cargo. En estos retazos de la vida de Rosa Chávez hay risas, preocupaciones, alegrías, nerviosismo; en fin, espontaneidad.

Uno de sus legados más valiosos es el que ha dejado en el Complejo Educativo San Francisco. Y es de este lugar de donde se arranca la parte más sensible de su influencia. Los alumnos ven en él a alguien que ha ayudado a hacer de su proceso educativo algo más integral.

Bajo su cargo, como reseña el personal de la institución, el complejo ha crecido en infraestructura y también en la calidad de la enseñanza que se imparte. Una muestra más de que el camino más efectivo para la transformación de un país es este en el que se enseña a las nuevas generaciones a elevar cada vez más lejos sus ambiciones.

Monseñor Rosa Chávez, obispo auxiliar de San Salvador, viajará a Roma el 28 de junio para ser nombrado cardenal, el primer cardenal del país.

En sus primeras reacciones no ha dejado de nombrar a Monseñor Óscar Arnulfo Romero y al sacerdote Rutilio Grande, ambos asesinados en un intento por callar las injusticias de las que ellos hablaban y que siguen vigentes en muchos sentidos. Rosa Chávez evoca sus figuras y sus palabras, una semilla con un efecto transformador en esta sociedad tan sedienta de modelos.

Carta Editorial

El dilema acerca de cómo equilibrar subsistencia y conservación del medio ambiente ya alcanzó al Parque Nacional Montecristo. La primera disputa es por el agua.

De las más de 7,000 hectáreas, solo unas 2,000 están protegidas por ley. El resto es la zona de amortiguamiento, que es indispensable para poder mantener en buenas condiciones la zona protegida.

La constante deforestación de la zona de amortiguamiento hace que cada vez se capte menos agua. Si en la época sin lluvia es esperable que se reduzca el caudal los riachuelos y las quebradas, lo que no es normal ni sano es que se sequen.

En la zona de amortiguamiento hay comunidades. Las comunidades obtienen ingresos de la agricultura de subsistencia. Extensiones que antes eran bosque ahora se usan para cosechar lechugas. La eterna lucha va acerca de cómo resolver las necesidades inmediatas sin llevarse por delante las necesidades más integrales, esas que implican conservar el bosque, aunque a corto plazo esto no dé ingresos económicos.

En esto hay mucho de conciencia, de educación, como se relata en el texto. Pero también caben la desigualdad y la injusticia. A estas poblaciones cercanas a la invaluable zona de Montecristo, ¿qué otras opciones se les han dado? ¿Son estas otras de las poblaciones aisladas y marginadas a las que al final de cuentas no les queda más que hacer parir la tierra para comer?

Un ecosistema no es otra cosa que algo que funciona con base en conexiones entre todos los que lo integran. No tiene caso no involucrar a los habitantes cercanos como parte del bosque. No se les puede poner en una situación en la que lo único que les quede es ir a la contra y hacer daño.

Las consecuencias vistas hacen evidente que urgen nuevos planteamientos, otras maneras de hacerle frente a esta realidad. No se puede alargar más el drama.

Carta Editorial

El reportaje que abre esta edición describe la manera en la que un grupo de personas se apoya para ejecutar un cambio en su vida: buscan dejar de fumar.

El texto de la periodista Valeria Guzmán es una mirada a ese mundo de luchas diarias por dar una respuesta consciente a una necesidad creada. Esa respuesta es “no”: “No fume”,”no compre cigarros”, “no recaiga”, “no se aísle”, “no desista”, “no está solo”.

Salvar la distancia entre el querer dejar el cigarro y hacerlo está llena de obstáculos. Muchos pasan por resolver en el camino problemas emocionales. En este país en donde se hace muy poco por ver hacia adentro y por reparar las heridas que están ahí, que haya una clínica en donde las personas hablan de las dificultades y celebran sus triunfos en conjunto es tan inusual como esperanzador. Es un acierto que va más allá del cigarro.

Algunos de los usuarios de esta clínica empezaron a fumar cuando eran niños o adolescentes. Después de encender cigarros durante la mayor parte de su vida, llegan a la clínica a empezar a entender cómo y por qué este vicio acabó siendo algo de lo que les cuesta tanto desprenderse. Este ejercicio es clave para hallar las vulnerabilidades; unas que se repiten generación tras generación.

“Mi problema son las emociones”, confiesa un usuario de esta clínica. Lo confiesa ante un grupo que lo apoya y que se identifica con lo que dice ¿Cuánto dolor se podría acortar si el sistema enfocara más recursos en prevenir, en atacar no solo el consumo, sino que las razones que llevan a una persona a consumir sin control? Esta clínica no solo ayuda a quienes sesión tras sesión cuentan días sin fumar. También hace aportes en esa investigación acerca de cuáles son las rendijas a través de las cuáles los vicios se instalan.

Carta Editorial

Tenemos un país que no está escrito. Es difícil que se construya una identidad fuerte y una memoria histórica sana si no se promueve que a este país, a este todavía intento que siempre insistimos en llamar país, se le retrate más desde las letras. Todo punto de vista es válido porque de lo que se trata es de plasmar la diversidad sin contaminarla con la polarización que está presente en casi todos los sentidos. Las letras dan a los pueblos la capacidad de acercarse a posturas distintas a la propia sin calores, pero con intensidad y emotividad. La edición de hoy abre con una entrevista de la periodista Valeria Guzmán al escritor Miguel Huezo Mixco en el marco del lanzamiento de su segunda novela, “La casa de Moravia”.

Además de una motivación literaria, el texto explora el proceso tan natural y muy humano de cambiar. Se cambia con las circunstancias, con el entorno, con las personas que nos rodean, con el paisaje que vemos desde la ventana (cuando tenemos una ventana). Se cambia con la luz y los sonidos. Es imposible que una persona se mantenga siendo la misma siempre. Nadie puede sostener posturas rígidas porque eso no da lugar a la posibilidad de ser mejor persona. Y esto es lo que nos ha venido haciendo tanta falta como sociedad. No hemos naturalizado el cambio constante. Solo nos definimos en función de ese a quien creemos opuesto, pero no lo consideramos igual, sino que inferior.

Esta entrevista dirige la atención a las distintas versiones de una persona. Miguel Huezo Mixco hace un recorrido no solo temporal, también lo hace en lo personal. El resultado es sensible, emotivo y en muchos puntos, académico. Un ejercicio indispensable en lo individual y en lo colectivo. A El Salvador falta escribirlo más.

Carta Editorial

Las estrategias actuales en seguridad pública parecen un eslabón más de una larga, muy larga, cadena de errores. La de este país es una sucesión de violencias y aún con los terribles resultados obtenidos, seguimos aplicando la fórmula de devolver golpe con golpe, bala con bala. Lo que nos ha quedado es un país al que cada vez le urgen más cementerios.

Ante los altos índices de impunidad que reflejan una muy limitada capacidad de investigación y un todavía más débil músculo de prevención, lo que queda es reprimir. Cuando la represión es la primera opción, se adelgaza mucho la línea entre ejercer la fuerza dentro del marco institucional y el abuso de poder.

La desesperación por conseguir resultados inmediatos, de esos que se ven bien en las campañas electorales, va dejando una estela de víctimas no reconocidas a las que, además, se les niega el derecho a la denuncia y con ello el acceso a la justicia.

Esto, la denuncia, es precisamente lo que hace particular e ilustrativo el caso de Andrés. El periodista Moisés Alvarado hace en esta edición un relato sensible y directo del testimonio de este joven a quien instituciones internacionales han dado crédito, respaldo y apoyo.

Andrés logró lo que pocos: que alguien lo escuchara y creyera en su versión, esta en la que quienes acabaron golpeándolo eran, en realidad, los llamados a protegerlo a él y a la comunidad.

Las autoridades de un país que se precia de buscar con tanta insistencia acabar con esta violencia que se asume como piedra de tropiezo para el desarrollo no pueden obviar voces como las de Andrés. Lo peor que se puede hacer en este momento de la historia es pretender que no existen o que son aisladas. Cerrar los ojos, taparse los oídos y negarlo no va a hacer que desaparezcan.

Carta Editorial

Esta edición cierra el especial sobre mujeres que hemos mantenido a lo largo de los cuatro domingos de marzo. Este ha sido un repaso por situaciones complejas que tienen que ver, sobre todo, con acceso a la salud, a la educación y a la justicia.

Ser mujer implica riesgos en un Estado que no termina de definir medidas que abonen a la equidad de género. Así, El Salvador es uno de los países en donde es posible que una niña menor de 15 años formalice una unión con el adulto que, en términos definidos en el Código Penal, ha abusado de ella. Son niñas que se enamoran y llegan a acompañarse o a casarse con sus violadores en un entorno que, la mayoría de veces, está marcado por carencias de todo tipo.

Si aquí la institucionalidad funcionara, si se respetaran los derechos de las niñas y si se les dieran suficientes oportunidades de desarrollo, entonces sería mucho más sencillo entrar a analizar la situación. Pero las relaciones de las menores de edad con adultos esconden una gran cantidad de fracasos, en esto de garantizar que las necesidades básicas de los ciudadanos estén satisfechas.

La primera que sale mal parada es la educación. Cuando una niña no conoce sus derechos y tampoco sabe cómo funciona su cuerpo se convierte en una fácil presa de depredadores que han sido criados en un sistema que, además, les hace creer que tienen ventaja sobre los cuerpos femeninos, que les hace sentir que pueden tomarlos a como dé lugar y en el momento en el que se les antoje. Cuando las familias no tienen acceso a servicios de salud, a vivienda digna, a oportunidades de obtener ingresos tampoco pueden cumplir sus papel como protectoras. Las niñas a las que las circunstancias llevan a la unión o a la maternidad temprana son víctimas en muchas escalas y se convierten, dadas todas las dificultades que enfrentan, en parte de un círculo de pobreza y subdesarrollo. Parar las acciones que perpetúan esto es urgente.

Carta Editorial

La tercera entrega del especial sobre el mes de la mujer está dedicada a ver hacia adentro. Los trastornos de salud mental que afectan más a la población femenina son la base sobre la cual se crecen otros problemas sociales. Una atención adecuada puede marcar una diferencia trascendental en la vida no solo de la mujer enferma, sino de todos los que la rodean.

La salud en el país está, sin embargo, enfocada en lo físico, en lo biológico. Y, dentro de esta categoría, solo en lo curativo y no en lo preventivo. La salvadoreña es una sociedad atípica que se mueve por igual como víctima y victimaria de una violencia que no conoce límites. Venir de una guerra para vivir en otra y no tener certeza alguna de que los procesos y las instituciones funcionen como deberían funcionar a causa de una corrupción naturalizada colocan a la población en una situación de vulnerabilidad. Pero hasta el momento, lo que ha mandado ha sido el silencio y la ignorancia en casi todo lo que concierne a salud mental.

Cálculos de instituciones como la Organización Panamericana de la Salud indican que la cantidad de mujeres afectadas por trastornos mentales duplica a la de hombres. Esto sin tomar en cuenta otros factores particulares del país que acaban reduciendo más las oportunidades para la población femenina, como la discriminación, la brecha salarial y la falta de acceso a educación y justicia.

La publicación que abre esta edición es un recorrido desde las primeras señales de alarma hasta las peores consecuencias. Un trastorno mental no se cura de la noche a la mañana. Requiere atención especializada y recursos suficientes para poder restaurar equilibrios neuroquímicos. Para romper el largo silencio que ha sido la norma en estos casos es indispensable la educación tanto para identificar los síntomas como para establecer la tan necesaria, y hasta el momento tan ausente, empatía.

Carta Editorial

Esta es la segunda edición de las cuatro que forman parte del especial sobre el mes de la mujer. Esta vez, apuntamos hacia las violencias; tanto las físicas como las que implican el abandono, la desprotección y el incumplimiento del derecho como el de la salud.

Como una excepción, hemos dividido el tema principal en dos textos. La decisión está basada en la valía de cada uno.

En la primera nota reunimos los datos que, entre otras informaciones, confirman que el 75 % de las agresiones sexuales se han cometido en casa de la víctima, en ese sitio que debería significar resguardo. La periodista Valeria Guzmán ha recopilado un panorama muy completo acerca de cómo un aparato institucional en el que el auxilio a la víctima debería fluir sin obstáculos, en realidad se retuerce y acaba perjudicándo más y de múltiples maneras a quien en principio debía proteger.

La segunda parte es un relato desgarrador de los que, tristemente, hay muchos en el país. Leer la experiencia de Victoria -incluso desde la distancia que dan el tiempo, el medio y las diferencias sociales- es un puñetazo que deja revueltas las rabias y las vunerabilidades. En el país que hemos construido, le puede pasar a cualquiera en cualquier momento.

Desde México, Valeria Durán escribe sobre el deficiente registro y las incompletas investigaciones que giran en torno a los feminicidios. A este delito lo cubre el subregistro y una gruesa capa de impunidad que desalienta y complica cualquier reclamo de justicia.

Pese a los avances, los temas de mujer todavía obligan este tipo de reflexiones de las que es imposible extirpar la violencia, la injusticia, la impunidad.

Carta Editorial

El reportaje con el que se abre esta edición es el primero de una serie de cuatro que se publicarán en marzo, el mes de la mujer.

Este especial busca enfrentar los datos con las situaciones que rodean a las mujeres en el país. Hemos puesto más atención a las vulnerables, a las que representan a esos sectores de la población que, en la mayoría de casos, solo se ve o escucha de manera superficial en la nota roja o en los informes gubernamentales.

Nos hemos ido al inicio. La idea que se desarrolla en el reportaje de la periodista Valeria Guzmán es la de cómo es dar vida en un país que mantiene altas tasas de fecundidad y de muerte violenta. Este es un país hundido en las contradicciones, la desigualdad y el desprecio por las acciones que sí llevan a los cambios sustanciales, pero poco a poco.

Hoy mueren menos mujeres que antes por problemas gestacionales; sin embargo, las que mueren lo hacen por causas que son prevenibles y esto es lo que convierte el fallecimiento de una embarazada en violencia, de acuerdo con instancias internacionales. Hacer que el embarazo deje de ser un riesgo no pasa solo por la apertura de albergues. Que una mujer en gestación fallezca representa el fracaso tanto de políticas sanitarias como educativas. Para que la reducción de la tasa se mantenga, deben presentarse medidas integrales.