Ahí están las deudas de $100 o $300 que van a ser impagables porque la milpa no dio, se secó y no sirvió más que para picarla y darla a los animales.

Carta Editorial

por Glenda Girón, Editora

Sequía. Varios municipios del oriente y de la zona paracentral del país se vieron afectados por la falta de lluvia. Foto de Franklin Zelaya

A medida que se acercan las campañas electorales, los espacios públicos se van llenando de candidatos hablando, candidatos opinando, candidatos prometiendo. Y estaría bien, si toda esa parafernalia fuera producto de antes haber escuchado. No puede haber propuestas adecuadas y certeras si no hay un conocimiento profundo de las crisis por las que atraviesa la gente en los cordones de mayor vulnerabilidad. Uno de esos tantos es el de los agricultores.

Ahí, en medio de todos los cálculos oficiales de pérdida de cosechas que se han hecho hasta ahora en las instituciones de gobierno, están bordadas tragedias de familias enteras que, sin temor al cliché, lo han perdido todo en un mes completo en el que no llovió. Ahí están las deudas de $100 o $300 que van a ser impagables porque la milpa no dio, se secó y no sirvió más que para picarla y darla a los animales.

La sequía ha desolado los campos de varios municipios. Y el problema no es solo la irregular temporada lluviosa. Los fenómenos meteorológicos no se pueden detener o controlar a antojo. Lo que sí se puede hacer es atenuar el impacto en las poblaciones. Y esto último es la injusticia que se ha cometido con el sector.

Las angustias interminables de miles de familias que la iban pasando gracias a la agricultura de subsistencia son producto del abandono sistemático del campo y sus necesidades especiales. Los municipios vulnerables están catalogados como tales desde hace años, pero no se han ejecutado ahí estrategias que protejan de manera efectiva a estas familias. El resultado para ellos no será otro que el hambre.

Cualquiera que quiera tener un cargo de elección popular debería acercarse a estos municipios vulnerables a los cambios climáticos con actitud de respeto a escuchar sus problemas y, con base en eso, establecer líneas de acción. El cambio climático va a seguir afectando los períodos de lluvia, no se puede seguir sembrando como hasta ahora. No se puede seguir dejando a los agricultores en riesgo de hambre.

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  • 30 septiembre, 2018 / Carta Editorial de Glenda Girón  (SÉPTIMO SENTIDO)

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