Es de valientes no rendirse ante el poco apoyo que recibe el arte en un país que, irónicamente, lo necesita tanto.

Carta Editorial

por Glenda Girón, Editora

Persistencia. La cantante Abigaíl Navarro durante la más reciente presentación de la Ópera de El Salvador. / Foto de Frederick Meza

La ópera en El Salvador se hace a punta de sacrificios personales, como trabajar turnos de 3 de la tarde a 7 de la mañana para poder asistir a los ensayos. Sí, hay ópera en este país, pero cuesta mucho. Es un apostolado que sobrevive a medias entre la pasión, la entrega, la terquedad y las ganas de desarrollar un talento. Que la Ópera de El Salvador (OPES) recibe una partida de fondos públicos, dirán, pero esto es apenas una parte de lo que hay que pagar en salarios para mantener las puertas abiertas. Todo el talento que los fundadores de la institución han encontrado merece mucho más.

La forma en que ha venido funcionando la OPES ha facilitado que la educación lírica llegue sin restricciones de estrato social. Habrá entre los estudiantes, como se explica en el texto de la periodista Valeria Guzmán, quienes sin drama pueden pagar hasta $75 al mes por las clases; y también quienes están obligados a hacer doble jornada laboral, no para pagar $10 al mes, sino para hacerle trampas al reloj y generar ingresos al mismo tiempo que se adquieren conocimientos.

A la OPES le sobra gallardía. Es de valientes no rendirse ante el poco apoyo que recibe el arte en un país que, irónicamente, lo necesita tanto. Y aún así, no se puede dejar de apuntar a que lo que debería abundar en esta historia, que cuenta la periodista Valeria Guzmán sobre ópera y talento, no es la valentía. Deberían abundar las sedes, los estudiantes, los profesores, los conciertos, los públicos. La de este tipo de proyectos no puede seguir siendo una historia de angustias y de la existencia al borde los números rojos.

Las revoluciones no se arman solo de protestas en la calle. Revolución también es que una joven rompa con los estereotipos sociales y las limitaciones económicas para, con disciplina, educar la voz hasta convertirla en ese argumento que puede dejar en silencio a todo un teatro. Cuando alguien quiera ayudar a mejorar el país y se pregunté qué puede hacer, adónde puede colocar el dinero para que se convierta en desarrollo, transformarlo en música es una opción.

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  • 27 mayo, 2018 / Carta Editorial de Glenda Girón  (SÉPTIMO SENTIDO)

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