A su vocación artística la atravesaron la maternidad y el hogar. Y más allá de eso, volvió. Volvió a lo que le gusta hacer y en donde se siente plena.

Carta Editorial

por Glenda Girón, Editora

La obra. Carmen Elena Trigueros utiliza como sus armas artísticas desde la pintura hasta el hilo y la tela. Foto de Franklin Zelaya.

La de hoy es una historia acerca de saber volver. Carmen Elena Trigueros es una artista que ha sabido empapar sus obras con un contundente mensaje. Lo mismo coloca una bandera gigante en el monumento al Salvador del Mundo y la lava con un uniforme de empleada doméstica que vende sus pinturas a extranjeros. No siempre tuvo así de claras las acciones a emprender. Como muchas, a su vocación artística la atravesaron la maternidad y el hogar. Y más allá de eso, volvió. Volvió a lo que le gusta hacer y en donde se siente plena.

La instalación en el Salvador del Mundo se llamó Lavandera, “y buscaba ser una metáfora de la mujer salvadoreña, la que trabaja y sufre, sobre todo debido a los errores de sus hijos; aquella que se encarga de lavar el piélago de sangre que sería nuestro país sin su esperanza”, como señala la artista.

El reportaje de esta edición es un repaso íntimo de la vida de esta artista que ha buscado ejercer en un país que no es dado a consumir manifestaciones culturales, pero que poco a poco va cambiando y va enfilando su mirada hacia el trabajo de gente como Trigueros, con propuestas innovadoras que reflejan muchas de las emociones salvadoreñas.

De Trigueros llama la atención esa insistencia por no dejarse vencer ante las adversidades. La vida de esta artista salvadoreña hace destacar a la educación como una de las claves para abrir el horizonte y para hallar la mejor forma de alcanzar el desarrollo personal y también del país.

Trigueros ha alcanzado un equilibrio que le permite ahora hablar desde un balcón acerca de todas esas actividades que amarran a las mujeres y que hacen difícil el tránsito hacia la vocación: “Yo veía a mis colegas hombres que podían dedicarse a su obra, a promocionarla al 100 %, porque alguien más, su pareja, les miraba la casa, les miraba los hijos. En cambio, a mí todo eso me tocaba hacerlo sola”. En esto resume mucho de lo que aún hay que cambiar.

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  • 21 octubre, 2018 / Carta Editorial de Glenda Girón  (SÉPTIMO SENTIDO)

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