La gente con sus años cumplidos para jubilarse se abstiene de hacerlo, porque no está garantizado que pueda recibir la pensión a la que tiene derecho.

Carta Editorial

por Glenda Girón, Editora

Violencia. A Robert Bowers se le acusa de matar a 11 personas al abrir fuego en una sinagoga. Es, según autoridades, el peor crimen violento contra judíos en la historia de Estados Unidos. Foto/Efe

Cada vez reina más la incertidumbre y en esta situación solo se siembra hambre. Esta vez los afectados son los pensionados del Instituto de Previsión Social de la Fuerza Armada (IPSFA). Se supone que las sociedades con una institucionalidad fuerte y sana persiguen que los individuos, después de una vida de trabajo, puedan disfrutar de un periodo de descanso. No hay dignidad ni nada para celebrar en que una persona entrada en años tenga que seguir trabajando para mantenerse, para comer, en todo caso.

El problema es que el sistema de pensiones estaba diseñado para depender de una cantidad de gente en activo para que alimentara con sus contribuciones el fondo común desde donde se pagaría a quienes dejaran de trabajar. Y ya no hay para tanto. La proporción entre quienes aportan y quienes, en teoría, deberían recibir el fruto de todos los años en que aportaron se ha reducido demasiado. El sistema se tambalea para todos.

La gente con sus años cumplidos para jubilarse se abstiene de hacerlo, porque no está garantizado que pueda recibir la pensión a la que tiene derecho. Y la planilla no se renueva, se reducen los espacios para que se ejecute un relevo generacional en la institución. Lo que sigue es un colapso. Uno que se traduce en atrasos en los depósitos que tienen que recibir los jubilados.

Tener calidad de vida en el país es cada vez más complicado. La gente está llegando a la edad de la jubilación con deudas, con compromisos económicos que incluyen hacerse cargo de los gastos de hijos que no logran despegar e independizarse porque no hay oportunidades de educación y empleo con salario competitivo.

El reportaje del periodista Moisés Alvarado gira en torno a esa pregunta sobre el futuro: ¿Qué tipo de vejez podemos anhelar aquí? El trabajo, aunque dignifique, no puede ser una condición a perpetuidad. Quienes están a cargo de las instituciones, quienes diseñan los sistemas, deben saber que lo que administran no son números, son vidas.

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  • 4 noviembre, 2018 / Carta Editorial de Glenda Girón  (SÉPTIMO SENTIDO)

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