Este es un recorrido por esos rincones difíciles de creer, ahí en donde el remiendo temporal en uno de los recintos del aviario acaba por durar más de un lustro, y sigue.

Carta Editorial

por Glenda Girón, Editora

La situación en la que se encuentra el Zoológico Nacional es una expresión más de la falta de atención a la cultura y a la educación. El estado en el que funciona la institución no es producto de una sola administración, es el resultado de algo más grave que va a seguir coartando las oportunidades de la población.

Sin un plan de acción a largo plazo que vaya por encima de caprichos políticos, las misiones con las que nace un zoológico aquí y en cualquier parte del mundo van a seguir siendo inalcanzables para este país. No se trata solo de la exhibición con fines educativos, implica también la conservación de especies y la participación en la recuperación de animales que han sido rescatados de ambientes inapropiados.

El texto con el que se abre esta edición es un recorrido por esos rincones difíciles de creer, ahí en donde el remiendo temporal en uno de los recintos del aviario acaba por durar más de un lustro, y sigue. Este país es mucho de darle valor a todo eso que se hace a la brava, en medio de miserias. Es aficionado a los golpes de suerte, a las misiones imposibles que llegan a cumplirse de puro rebote. Y este es un anhelo que hace daño, hace creer que todos tienen que resolver sin haberles dotado de lo mínimo necesario, solo porque si lo logran, habrán demostrado valor, o algo parecido.

Por tradición se le resta mérito a la planificación. Cuando algo falla, no se busca en el pasado para ubicar el momento en que se tomó una mala decisión y así evitar que se repita. Lo que se hace es crucificar al de turno, a ese al que le reventó la papa caliente. Con un ejercicio que solo aporta resultados inmediatos se cortan cabezas y se exigen cierres, pero no se llega a soluciones integrales. Se avanza sin un mapa, sin el amparo y el conocimiento que otorga la experiencia bien asimilada y, un par de giros más tarde, la historia se repite.
El zoológico es un órgano más que expone los síntomas de una enfermedad a la que todavía no se ataca de manera inteligente. El costo de no cambiar el curso se va a seguir pagando en vidas.

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  • 2 julio, 2017 / Carta Editorial de Glenda Girón  (SÉPTIMO SENTIDO)

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