Cálculos de instituciones como la Organización Panamericana de la Salud indican que la cantidad de mujeres afectadas por trastornos mentales duplica a la de hombres. Esto sin tomar en cuenta otros factores particulares del país que acaban reduciendo más las oportunidades para la población femenina, como la discriminación, la brecha salarial y la falta de acceso a educación y justicia.

Carta Editorial

por Glenda Giron, Editora

Ocultos. Los indicadores de prevalencia de trastornos mentales avalados por la OPS permiten reconocer que en el país no hay recursos para detectar a todas las personas que urgen ayuda de este tipo.

La tercera entrega del especial sobre el mes de la mujer está dedicada a ver hacia adentro. Los trastornos de salud mental que afectan más a la población femenina son la base sobre la cual se crecen otros problemas sociales. Una atención adecuada puede marcar una diferencia trascendental en la vida no solo de la mujer enferma, sino de todos los que la rodean.

La salud en el país está, sin embargo, enfocada en lo físico, en lo biológico. Y, dentro de esta categoría, solo en lo curativo y no en lo preventivo. La salvadoreña es una sociedad atípica que se mueve por igual como víctima y victimaria de una violencia que no conoce límites. Venir de una guerra para vivir en otra y no tener certeza alguna de que los procesos y las instituciones funcionen como deberían funcionar a causa de una corrupción naturalizada colocan a la población en una situación de vulnerabilidad. Pero hasta el momento, lo que ha mandado ha sido el silencio y la ignorancia en casi todo lo que concierne a salud mental.

Cálculos de instituciones como la Organización Panamericana de la Salud indican que la cantidad de mujeres afectadas por trastornos mentales duplica a la de hombres. Esto sin tomar en cuenta otros factores particulares del país que acaban reduciendo más las oportunidades para la población femenina, como la discriminación, la brecha salarial y la falta de acceso a educación y justicia.

La publicación que abre esta edición es un recorrido desde las primeras señales de alarma hasta las peores consecuencias. Un trastorno mental no se cura de la noche a la mañana. Requiere atención especializada y recursos suficientes para poder restaurar equilibrios neuroquímicos. Para romper el largo silencio que ha sido la norma en estos casos es indispensable la educación tanto para identificar los síntomas como para establecer la tan necesaria, y hasta el momento tan ausente, empatía.


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