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Sí se puede

Evidentemente el país no atraviesa su mejor momento en cuanto a violencia se refiere, el ambiente sigue saturado de efluvios malignos, la falta de voluntad opera como un freno en todos los órdenes y solo se toman acuerdos cuando se complacen intereses de las partes contendientes. “De cómo El Salvador puso fin a los secuestros” es el aporte de Moisés Alvarado, en el cual se reconoce el éxito de la estrategia que le dobló sustancialmente el brazo a los secuestros y se destaca el énfasis en la dotación de recursos económicos suficientes, con el aporte resuelto de la empresa privada. Quienes toman decisiones que marcan el destino nacional deben ver esa experiencia para formular las políticas de seguridad que hasta hoy solo muestran resultados tibios.

Deben, además, exiliar los resquemores ideológicos, cuando se trata de abordar temas de suprema envergadura. Si los acuerdos de cualquier índole no son fáciles de lograr, el cumplimiento de estos se vuelve aún más difícil, pero en ambos casos “voluntad” es la palabra prodigiosa que debe prevalecer, si se quiere. Precisamente, en estos días hay reuniones multipartidarias con el Gobierno para enmarcar decisiones de consenso en torno a temas económicos. Sin embargo, en los entrampamientos inconsecuentes el que pierde es el pueblo, que a la vez es el que merece los mejores arbitrajes por parte de los funcionarios; la bonanza de los resultados debe divulgarse y conocerse en la dinámica de la realidad.

Pero en los rubros delictivos contemplados en el Código Procesal Penal no solo figura el secuestro; la ola delincuencial que nos golpea debe tener también recetas serias, como se hizo con los secuestros, donde los acuerdos y dotación de recursos fueron la piedra angular.

Las actuales circunstancias pueden cambiar a mediano plazo con tácticas más convenientes en sinergia interinstitucional, aún hacen falta depuraciones exhaustivas en algunos organismos y apropiarse de medidas que conduzcan a la erradicación de tan repugnante barbarie social. En mejores condiciones estaríamos si todos en vez de torpedear las buenas intenciones pusiéramos nuestro aporte para ver el problema con visión de patria. Las alcaldías tienen mucho que aportar para la erradicación de la violencia, pero pocas están haciendo su porción. Ya se ha demostrado en eventos anteriores que cuando las partes se ponen de acuerdo son capaces de erradicar aberraciones sociales que detienen el crecimiento y nos mantienen en zozobra colectiva. Queda la esperanza de que sí se puede.

Julio Roberto Magaña
jrobertomasa@hotmail.com


Violencia interminable

El asesinato del joven fotógrafo de un canal de televisión del país ha abierto las alertas sobre lo cruel que es este momento por el que estamos pasando, en el que ya no mueren solo pandilleros, que son el objetivo del Gobierno, sino también policías, soldados y sus familiares. La periodista que habló del “miedo a la policía” es impactante, ya que las autoridades que están obligadas a proteger a la población, en ocasiones ven a sectores civiles como merecedores de maltrato. Séptimo Sentido y otros medios han denunciado ejecuciones que se han dado contra pandilleros, que legalmente debiesen ser capturados y presentados a las autoridades para su juzgamiento.

En el caso de que alguien dude de las informaciones que recaban los medios, en estos días el alto comisionado de la ONU concluyó que en nuestro país se violan los derechos humanos; se alarmó por el retorno de los escuadrones de la muerte y las ejecuciones extrajudiciales. El visitante aseguró que las medidas extraordinarias han producido condiciones realmente inhumanas en las cárceles, afectadas por la suspensión de visitas familiares, los brotes de tuberculosis y la desnutrición. Finalizó lamentando las amenazas, la intimidación contra periodistas y defensores de los derechos humanos.

Guillermo Zelaya
zelayapor47@gmail.com


Violencia diaria en el país

Cuando la muerte llega no importa la profesión, más en este país donde la vida no vale nada por no tener garantías ni donde uno vive, porque la violencia no discrimina y la sufren los más pobres –como la muerte del camarógrafo Samuel Rivas sucedida recientemente–, por el cumplimiento de labores de trabajo muchas veces se tiene que visitar lugares conflictivos.
Para entender el origen de la violencia en el país, debemos de entender que hay dos formas bastante discutidas hasta hoy: una causa que engendra la violencia como algo innato de la persona y la otra forma es de tipo social que es el resultado de patrones adquiridos por asimilación de la estructura social; esto último se aplica para la columna de opinión del domingo “Nos mataron a todos”, de la periodista Mariana Belloso, con el homicidio del camarógrafo de Megavisión que fue asesinado donde vivía. Los esperados resultados del impuesto de seguridad no se han visto. ¿Por qué tienen que morir las personas trabajadoras en manos de la delincuencia? De no tomar en cuenta estas muertes, la tendencia de los homicidios es ascendente y lo ocurrido en las últimas semanas ha desbordado por completo la violencia en nuestro país, que se ha mantenido violento hasta en épocas de tregua.

La sociedad salvadoreña sufre después del conflicto armado e inicia el camino a la consolidación democrática, pero la manera de ejercer el control social en la sociedad salvadoreña sigue siendo, por antonomasia, el uso de la violencia practicada en todos los ámbitos: en la política, para mantener el control sobre el Estado y los gobiernos locales, así mismo imponer un tipo determinado de sociedad en los centros de trabajo y en la familia para el sometimiento total de sus habitantes. Todos somos los que debemos exigir el derecho a vivir en paz y dejar un legado a las futuras generaciones, para que no se repita la historia violenta que vivimos.

Rutilio López Cortez
rutilio_lopezcortez@outlook.com>


“Nos mataron a todos”

Dura realidad la que se vive en El Salvador. Nos han matado, nos han robado la paz, caminamos como seres de otro mundo, desprotegidos por aquellos que juraron proteger a la sociedad, de aquellos antisociales que viven la ley de la selva, aquellos que les gusta el dinero fácil, asesinos sin alma. Pero ¿quiénes tienen la culpa? La tenemos todos: por no exigir nuestro derecho a la vida, por dejar que nos engañen cada tres o cada cinco años. Este no es problema del Ejecutivo, sino de todos, –el poder formal que no actúa por oscuros intereses– jueces, fiscales, diputados. Nos expulsan de nuestras propiedades, se roban la niñez, imponen su ley y nosotros no queremos cambiar el estado de cosas, aunque sabemos que somos la mayoría.

Manny Nagula
cmjlaguna59@hotmail.com

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  • 26 noviembre, 2017 / Buzón de Séptimo Sentido  (SÉPTIMO SENTIDO)

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