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Estrés hídrico

Si de verdad los gobiernos que ha tenido este país hubieran querido sacar adelante un proyecto a largo plazo (“Agua para todos”) y evitar así acercarnos a una crisis estructural severa, no estaríamos en los afanes de protestar con cántaros y cumbos para que llegue el agua. El estrés hídrico se concibe a partir de que la demanda del agua excede la disponibilidad de abastecimiento.
Eso pasa por la ausencia de una ley bien fundamentada, que reconozca el agua como un derecho humano y no como una mercancía, que contemple una visión de país, que aglutine esfuerzos y recursos públicos, privados y de la cooperación internacional con el compromiso social de no caer en conflictos por el crecimiento natural de la población.

Pero sucede que, por hoy, es un desorden, no hay normativas, hay deuda con la ley del agua, la población crece desenfrenadamente, el cambio climático con inviernos inciertos y, por encima de eso, hemos aprendido a ser inclementes depredadores. Ahí tenemos el problema del tratamiento de la basura, que va a terminar a los ríos, la despiadada deforestación, la contaminación con aguas residuales industriales y los escasos planes de contingencia para paliar esos desajustes.

Otro principio que debe prevalecer en una ley es la garantía al acceso igualitario al bien público del agua, que además no se debe privatizar. Los problemas como el que plantea Moisés Alvarado en el desplegado “Izalco y sus pioneros del agua” son un ejemplo de la brecha de desigualdad en el acceso al agua. Allí son las propias comunidades organizadas las que han emprendido la gestión sustentable de su agua. Izalco no es el único caso, son decenas de municipios los que han sufrido hasta persecución y prisión, como en el caso del agua de siete comunidades en Tacuba, donde el alcalde quiso apropiarse del sistema de agua comunitaria Bendición de Dios, no para servir de apoyo, sino para manosear las finanzas de la comunidad.

En igual forma existen otras asociaciones legales que también han logrado administrar sus conquistas hídricas. La gente de más bajos recursos sabe que el agua podría ser el nuevo oro a corto plazo y que, de no protegerla hoy en su preservación, tocaría pagar los fuertes impactos de escasez que siempre irrumpen en los menos afortunados. La ineficiente gestión del agua en nuestro país se manifiesta en conflictos sociales y protestas que cierran calles y afectan al tráfico.

Julio Roberto Magaña
jrobertomasa@hotmail.com


Agua para todos

El principal proveedor de agua potable en el país es ANDA, que presta sus servicios a un 40 % de la población. Aunque tenga esta cobertura no significa que el agua que distribuye sea de calidad y suficiente debido a que, en muchos lugares, el servicio es intermitente y con deficiencias. De acuerdo con el PNUD, El Salvador ocupa el tercer lugar en América Latina respecto de la mayor desigualdad en acceso al agua, solo el 88 % de los hogares con mayores ingresos tiene derecho al agua potable, y solo el 44 % de los hogares más pobres tiene este servicio. La diferencia se refleja en el gasto público, ya que el Estado prioriza más los proyectos en las zonas urbanas y descuida las zonas rurales y semirrurales, que solo reciben un 32 %.

Por tal razón nacen las juntas rurales del agua que las comunidades han organizado por el esfuerzo de grupos y asociaciones interesadas por mejorar la falta del vital líquido. Además se han constituido en una fortaleza para evitar la privatización y concesión de tan vital líquido. El agua se vuelve un elemento esencial para la vida y no puede ser privatizada, ya que equivaldría a privatizar la vida, ni tampoco debe cederse a grupos de interés particular, cuyo fin es el lucro. Son las comunidades y naciones las que deben tener y ejercitar soberanía sobre sus fuentes de agua.
En el reportaje “Izalco y sus pioneros del agua”, que presenta el periodista Moisés Alvarado, se narran todas las peripecias de una organización comunitaria, APROMUPIZALCO, que se esfuerza para mantener constante el servicio de agua a sus socios. Se destaca que en estas asociaciones el esfuerzo comunitario se enfrenta a la violencia predominante en los alrededores de los nacimientos de agua. Se reconoce que esas asociaciones son la tabla de salvación en algunas zonas del país que no han sido atendidas y que habiendo buenos miembros en sus juntas directivas tienen agua en sus hogares.

Quiero dar un especial agradecimiento por este medio a APROMAPASASISJ, de Santiago Nonualco, que nos brinda agua a un sector. Entre todos los vecinos nos turnamos para brindar la mano de obra. Los materiales fueron donados por organismos internacionales. Con este tipo de reportajes se reconoce a las personas que día a día sacrifican y donan su tiempo sin finalidad de lucro para satisfacer las necesidades de todos los usuarios afiliados a estas organizaciones comunitarias.

Rutilio López Cortez
rutilio_lopezcortez@outlook.com


Sobre las pandillas

El domingo pasado, un politólogo que escribe en 7S se preguntaba si hemos perdido el combate contra las maras, al tiempo que opinaba que pensamos en el tema como que si fuera el único que originara la violencia en el país. Aprovechando la hospitalidad que nos da esta revista, quisiera agregar unos comentarios relacionados con la temática. Como facilitador en una asignatura humanística, pregunté en cierta ocasión a unos estudiantes de un colegio de clase media de la zona metropolitana de San Salvador, a punto de graduarse de bachilleres, a qué se debía que ellos no se incorporaban como otros jóvenes al accionar de pandillas o grupos estudiantiles violentos. Como en una clase abierta todos manifiestan sus pensamientos, aceptaron que ellos imitaban su vestimenta, oían su música y tenían expresiones basadas en sus códigos, pero que no se incorporaban porque tenían hogares estables, sus papás los apoyaban en todo en la medida de sus posibilidades. Ellos mismos concluyeron con que los pandilleros no han tenido las oportunidades que ellos tienen y por eso buscan el apoyo de grupos en los que se sienten cómodos.

Los pandilleros típicamente son jóvenes de entre 10 y 21 años de edad o un poco más. A la mayoría no le ha ido bien en la escuela y muchos han abandonado sus estudios antes de terminarlos. A menudo tienen familiares que han estado en las pandillas. Usualmente los jóvenes más involucrados en la pandilla tienen historial de estar sin supervisión adulta diariamente por largos periodos de tiempo desde una temprana edad. Estos jóvenes se unen a las pandillas en busca de aceptación, compañía, reconocimiento y sentimiento de pertenencia, para sentirse identificados socialmente. La carencia afectiva y las necesidades de recursos básicos terminan por agrupar a los miembros.

Por lo general, las pandillas han ganado el máximo control en las comunidades urbanas y rurales pobres en respuesta al desempleo y otros servicios. Podría decirse que las autoridades han perdido parte del control en el combate de las pandillas, ya que la Mano Dura y Superdura que vienen desde los tiempos del gobierno del expresidente Flores no han dado los frutos esperados y, cada vez más, se dan masacres más crueles que antes y asesinatos de personas inocentes. Vemos que el dinero aportado a las autoridades se utiliza más para represión que para prevención. Las autoridades deberían trabajar con mayor inteligencia. Se ha dicho con frecuencia que los territorios deben ser recuperados con escuelas, clínicas, canchas deportivas, lugares de encuentro, torneos deportivos. A algunos ya les ha dado buenos resultados.

René Alberto Calles
reneca4020@gmail.com

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  • 22 abril, 2018 / Buzón de Séptimo Sentido  (SÉPTIMO SENTIDO)

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