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Solidaridad, la solución

“Si hay algo peor que la violencia, es nuestra indiferencia”. Esa frase de Rosarlin Hernández me pegó duro en el recuerdo; porque la indiferencia de algunos ante las injusticias ha generado acontecimientos espantosos. Desde la indiferencia de los intelectuales y de la burguesía alemana ante el avance inexplicable de las huestes hitlerianas; pasando por la indiferencia de los intelectuales y burgueses de América Latina que hicieron posibles las dictaduras militares; hasta llegar a la indiferencia de los primeros Gobiernos de nuestra posguerra que dejaron que se incubara este cáncer que ahora nos corroe a todos. Veinte años de indiferencia nos condujeron a esta situación. ¡Cómo no lamentar la muerte de Darío! Aquel chiquillo que llegaba con su padre al negocio familiar nuestro a comprar su cromo o su cuaderno muy temprano por la mañana. Este joven también fue víctima de la indiferencia. Aquellos que dicen “a mí qué me importa, mientras no se metan conmigo”. Los que Miguel Ángel Asturias calificó como “los malditos indiferentes de siempre”. Los que nunca estuvieron con Jorge Washington en la guerra de independencia; ni con el general José María Cañas combatiendo a los filibusteros que invadían Centroamérica (como nos recuerda Manlio Argueta). La antítesis de la indiferencia es la “solidaridad”, palabra muy molesta para muchos; pero es la que ha sacado tantas veces la cara por la justicia. Porque “la solidaridad es una buena estrategia para salvar la especie”; y es con solidaridad que podríamos nosotros salvar a nuestro país; pero es que no se trata simplemente de regalar un pan o dar un abrazo “solidario”, se trata de poner en riesgo aun nuestras propias vidas. El día que los delincuentes pierdan su sostén económico generado por las amenazantes “rentas”, indudablemente empezarán a desaparecer. Y es que si no pagamos la mal llamada “renta”, ponemos en peligro nuestra vida y la de nuestra familia; pero si la pagamos, ponemos en peligro la vida de todos los demás y la de sus familias. Cuántos de nosotros estamos dispuestos a este grado se solidaridad.

Démar Ruiz
informapax@yahoo.com


Impotencia

Como explicaba hace poco una licenciada de ISDEMU que nos impartió una charla, nuestros niños son débiles y carecen de poder, porque el problema aquí son las relaciones de poder y más si se trata de un soldado o un policía que porta un arma. La mayoría de miembros de estos cuerpos de seguridad tienen la misma ideología de los ya extintos miembros de seguridad. Es fácil permanecer callados preocupándonos por cuestiones banales como lo pone de manifiesto Ronald Portillo, ya que solo por el hecho de cambiar un nombre a un lugar turístico no se erradicará la violencia en El Salvador. Si bien es cierto hay muchas iglesias cristianas, pero no todos hacemos propias las palabras del evangelio de Jesucristo. Así como se apoyan esas iniciativas, se deberían denunciar la injusticia, la desigualdad y lo que no está bien, como lo hacían los profetas en el Antiguo Testamento y el Divino Maestro, pero la mayoría de líderes piensan que eso es meterse en política. Una de las figuras polémicas y emblemáticas referente de esa actitud de denuncia fue Monseñor Romero. Y quiero comentar la columna de Rosarlin Hernández donde, de nuevo, se hace presente la impunidad tras el asesinato de Darío que se destacó entre los 23 homicidios de este martes ya que su padre, Henry Arana, periodista, está batallando contra el cáncer. Vemos caer a los buenos hijos de la patria, pero la vorágine no se detiene. Nos llena de impotencia a muchos buenos ciudadanos. Espacios como Séptimo Sentido son un oasis para que no nos sintamos solos. Sabemos que hay otros que sienten igual, que piensan igual como los dos columnistas que nos hacen llamados a la conciencia para empoderarnos como ciudadanos. Aunque como escribe Rosarlin, parecería que la tormenta que nos azotó viene de nuevo a llevarse lo que queda.

Ruth Karina Sánchez
tearu@hotmail.com


Desprotegidos

Gracias por esos reportajes que sacuden más de una rama de nuestra decadente sociedad. Hay agresores sexuales en todos lados. Eso, por supuesto, no justifica la pasividad que muchas veces muestra nuestro aparato judicial, mas aún, cuando los involucrados tienen el poder para hacer callar. Las escuelas son, en muchos casos, escenarios donde se viven auténticos dramas, los niños llegan buscando la protección que sus familias no les dan por diversas circunstancias y en lugar de encontrar dicha protección encuentran un infierno que el agresor logra disfrazar de fraternidad y tolerancia, todo ello en muchos casos con la complicidad de quienes saben la historia pero vuelven su mirada al vacío. El Estado debe enfocar sus recursos a la protección de la niñez y adolescencia, la puesta en marcha de planes efectivos, el seguimiento oportuno a cada uno de ellos y la dotación de recurso humano calificado es un reto. Hay que dar atención a las víctimas de forma oportuna pues las heridas físicas sanan más las psicológicas perduran. La salud mental parece que es una tarea pendiente que el Estado prefiere obviar.

David Tovar
kioskotovar@gmail.com


Del lado equivocado

Por los diferentes medios se nos manifiesta que somos un país de libertades y oportunidades. Y la realidad es otra. ¿Cómo puede un joven, que reside en un sector popular, progresar y salir adelante dentro del marco de la ley? Es difícil, debido a un modelo económico concentrador de riqueza que nos ha despojado de nuestro elemental derecho. Frente a esta incertidumbre que sufre nuestro país, han militarizado nuestra capital. Si bien es conocido que existen grupos al margen de la ley, la mayoría de transgresores e incitadores de violencia permanecen en otros lugares. Y es de aislar al enemigo para que deje de coordinar desde su escondite, pero he observado el acoso a jóvenes que viajan a estudiar o trabajar y que transitan en buses colectivos y los soldados los esperan para registrarlos y revisarles sus celulares y pobre de aquel joven que permanezca en una parada sin que se vea acosado por pandilleros o el ejército. Por allí comienza la inseguridad, ya que los que deben proteger son los que increpan, pero, en algunos casos, en el lado equivocado ya que los que “andan en la jugada” solo asoman la cabeza con sus celulares en la mano en los diferentes pasajes de colonias. Deben realizar patrullajes auxiliándose de tecnología, con drones por ejemplo, para localizar a los que los vigilan cuando ingresan a un sector. La columna “Antes de la tormenta”, de la periodista Rosarlin Hernández, nos presenta un caso de un joven asesinado conocido suyo y qué pasa con los jóvenes que mueren y no son documentados y quedan a la deriva. “Los pobres seguimos poniendo los muertos”, mientras otra clase con poder económico y político se beneficia y no le interesa que nuestra juventud muera o se inserte en las pandillas. A ellos les conviene que no finalicen los problemas para tener control territorial y político que les genera ingresos por la inseguridad a la que estamos sometidos.

Rutilio López Cortéz
rutilio_lopezcortez@outlook.com

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  • 8 octubre, 2017 / Buzón de Séptimo Sentido  (SÉPTIMO SENTIDO)

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