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Ángel guardián del enfermo

Cuando ya se ha superado el golpe emocional del diagnóstico, atender al enfermo en su casa supone un verdadero reto para la familia, lo que sigue es el acomodo de espacios en el hogar para ofrecerle al infortunado el mejor confort. Sin embargo, por varias razones no siempre los roles son compartidos y la responsabilidad la asume una sola persona que en adelante será el ángel guardián del enfermo, el cuidador. Lo que no se puede soslayar es el impacto de esa enfermedad ajena en esa piadosa persona; ya le faltará tiempo de ocio y actividades por disfrutar, tiempo para otros familiares, el estrés, la depresión, la angustia, los pensamientos rumiantes sobre la situación familiar y el abandono del mundo laboral, entre otros. Enternece a cualquiera el fotorreportaje de Frederick Meza, “El lento ocaso de Ana”, en el que corre la cortina del víacrucis de su cuidadora y la paciente con la enfermedad de Parkinson, un trastorno neurodegenerativo segundo en frecuencia después del Alzheimer. Probablemente, en esas enfermedades una de las cosas importantes pero difíciles es que el cuidador se cuide a sí mismo, manteniendo un buen estado de salud mental y física.

Prodigar atención a una persona que depende total o casi totalmente de otra por su enfermedad es un martirio porque a medida que esta progresa, la necesidad de atención es más intensa y los cuidos van dirigidos no solo a las deficiencias motoras, sino a los cambios de comportamiento, ya imaginamos la enorme carga emocional y física que sobrellevan las personas que brindan aquellas generosas atenciones al quebrantado de salud.
Rosario, como protagonista, siente demasiado al llegar el desenlace, cuando la energía positiva estaba ya alineada en la mente y corazón del lado amable de la vida, cuando se ha renunciado a su propio bienestar y ha crecido sin límites la interdependencia, cuando al final solo queda la pesadilla y la mucha información conocida sobre la enfermedad, con brotes de recuerdos a cada momento de lo que fue una prueba de misericordia con el sabor dulce de la grandeza al haber lidiado con el enfermo y la enfermedad. Son excepcionales las personas que soportan el calvario al ser almas de compañía de un quebrantado crónico de su salud. En la familia hay quienes rehúyen o son indiferentes, dan su ayuda pecuniaria otros, pero solo es meritoria la devoción con la empatía del enfermo.

Julio Roberto Magaña
jrobertomasa@hotmail.com


Una mirada a la intimidad

A los de la tercera edad nos espera un futuro incierto con el achaque de las enfermedades que nos aquejan, ya sea por descuido, negligencia médica o alimentación no adecuada. El fotorreportaje de Frederick Meza nos muestra un caso así como otros que existen, pero se desconocen por no ser publicados. Si no prestamos atención a nuestras deficiencias, seremos los próximos pacientes.
Muy bien por el fotorreportaje con un caso en específico de una paciente, mis respetos para los que luchan y viven su drama diario con algún pariente que los necesita y también es de prestar atención a los cuidadores para evitar futuros casos. Desconocía de la existencia de la Fundación Parkinson, y es de prepararnos, investigar y documentarnos para contrarrestar la enfermedad.

Según investigaciones de los expertos, la música ayuda para la rehabilitación de las alteraciones motoras frecuentes en las personas con párkinson en la etapa inicial, debido a que el baile es un proceso complejo en el que se activan circuitos neuronales, motores y sensoriales. No existe forma específica de diagnosticar la enfermedad, solo el análisis de síntomas y pruebas pueden llevar a establecer el diagnóstico final. Tampoco existe cura para la enfermedad y las terapias se realizan para tratar los síntomas más molestos, por lo tanto, no hay un tratamiento estándar que se pueda aplicar por igual a todos los pacientes.

Rutilio López Cortez
rutilio_lopezcortez@outlook


Disfrutar el momento

Hay dramas terribles que se quedan en el anonimato. El reportaje gráfico del domingo anterior sacó a la luz en blanco y negro una poesía triste, muy dolorosa, que nos habla acerca de cómo acaban de gastados nuestros cuerpos. Nada podía evitar que esa mujer terminara así. Porque la enfermedad es de las que se quedan hasta el final. Me pareció curioso que se incluyeran fotos de ella durante su vida laboral en un tono de incredulidad. Porque hagamos lo que hagamos, tengamos el cargo o la profesión que tengamos, seguimos siendo vulnerables. Es nuestra naturaleza humana y no es de sorprendernos. Cuánta gente de dinero no ha podido evitar que se la lleve el cáncer, por poner solo un ejemplo. Creo que a lo que nos debe animar esta luz en blanco y negro es a disfrutar de lo que podamos mientras podamos.

Cristian Salazar
cristiansala7812@gmail.com

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  • 1 octubre, 2017 / Buzón de Séptimo Sentido  (SÉPTIMO SENTIDO)

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