En este brote ya hay 846 casos confirmados, incluidos 260 pacientes fallecidos. Pero la vacunación contra la fiebre amarilla apenas llega al 76 %, cuando la meta era de 95 %. En redes de mensajería circulan rumores sobre su efectividad que hacen que las comunidades lleguen menos a los centros asistenciales.

Brasil mira con desconfianza a la vacuna de la fiebre amarilla

Un reportaje de AP

Fotografías de AP

Aumento. La fiebre amarilla es endémica en amplias zonas de Brasil. Pero en los últimos años ha ganado terreno, y este es el segundo brote en dos años en regiones donde la vacunación contra la enfermedad no era obligatoria.

Elisangela Santos no comprende por qué este año se le ha dicho a todo el mundo en su barrio, a las afueras de Sao Paulo, que se vacune contra la fiebre amarilla. La enfermedad es endémica desde hace años en algunas zonas de Brasil y ella cree que hay gato encerrado.

“Cada año es algo distinto”, dijo hace poco la cuidadora escolar de 44 años, mientras esperaba ante un puesto sanitario en el distrito de Jardim Miriam. “Se inventan otra cosa para que los brasileños se gasten el dinero”.

La vacuna es gratis en los puestos sanitarios levantados en todo el país, pero la sospecha de Santos de que alguien se estará beneficiando en alguna parte es característica de la considerable desconfianza que sienten los brasileños hacia las autoridades.

La falta de fe en las instituciones brasileñas en medio de sucesivos escándalos de corrupción, una campaña de comunicación caótica para promocionar la vacuna y la decisión del país de emplear dosis parciales para aprovechar más los suministros han contribuido a los rumores sobre que la vacuna es una estafa, poco potente o incluso peligrosa.

Esa desinformación ha hecho que la gente evite la campaña que intenta vacunar a más de 23 millones de personas en zonas de los estados de Río de Janeiro, Sao Paulo y Bahía que hasta ahora no estaban consideradas en riesgo de fiebre amarilla. Casi seis semanas después de iniciar la campaña, el Ministerio de Salud dice que se ha vacunado al 76 % de la población objetivo, lejos de su meta del 95 %.

Es probable que la atmósfera de incertidumbre y rumores en torno a la vacuna complique llegar hasta ese último 20 %, socavando los esfuerzos del mayor país de América Latina por contener su mayor brote de fiebre amarilla en más de tres décadas.

Esa reticencia podría incluso derivar en un brote continuado en las megalópolis brasileñas. Brasil no ha tenido un brote urbano de la enfermedad desde 1942.

“Si tenemos un número mayor de personas infectadas de fiebre amarilla y el mosquito Aedes aegypti empieza a infectarse y contagiar la fiebre amarilla, podría volverse urbana”, advirtió Luiz Antonio Teixeira Jr., secretario de Salud del Estado. “Todo lo que hacemos es para asegurar que no tenemos fiebre amarilla urbana”, dijo.

Hace tiempo que la fiebre amarilla es endémica en amplias zonas del país, pero en los últimos años ha ganado terreno, y este es el segundo brote en dos años en regiones donde la vacunación contra la enfermedad no era rutinaria.

En el brote de 2016-2017, más de 770 personas se infectaron tras casi una década en la que Brasil había registrado menos de 10 casos al año. En este brote ya hay 846 casos confirmados, incluidos 260 pacientes fallecidos. El brote ha puesto a prueba el sistema sanitario apenas unos pocos años después de una gran epidemia de zika, vinculada a graves defectos en bebés nacidos de madres infectadas.
Aunque en ocasiones han circulado rumores en torno a campañas anteriores de vacunación, el auge del servicio de mensajería WhatsApp ha ampliado la desinformación como nunca antes, señaló Igor Sacramento, investigador de Fiocruz, el principal instituto público de investigación en el país.

Entre rumores. La desinformación ha circulado incluso entre profesionales sanitarios, algunos de los cuales se han resistido a dar vacunas con dosis parciales.

WhatsApp “es una característica fundamental de la forma en la que hacemos circular la información, las noticias, etcétera”, dijo Sacramento, que trabaja en el Laboratorio de Comunicaciones Sanitarias del instituto. Como los mensajes de WhatsApp llegan de personas conocidas por el receptor, la gente atribuye un gran valor a la información que contienen, y eso implica que a menudo la gente la acepta sin comprobarla, apuntó Sacramento.

Un rumor que circula por la plataforma de mensajería, por ejemplo, dice que una mutación del virus de la fiebre amarilla ha hecho ineficaz la vacuna, y cita un estudio publicado por Fiocruz. Eso no es cierto, y el instituto publicó un comunicado indicando que las mutaciones de la enfermedad no afectan la eficacia de la vacuna.

La desinformación ha circulado incluso entre profesionales sanitarios, algunos de los cuales se han resistido a dar vacunas con dosis parciales, indicó Ana Goretti, coordinadora interina del Programa de Inmunización en el Ministerio de Sanidad.

En respuesta, el ministerio y otras las asociaciones médicas brasileñas están preparando un comunicado que reitera la seguridad y eficacia de la dosis parcial.

También los esfuerzos de vacunación han sido caóticos. Los brasileños se encontraron este año con esperas de varias horas en algunos puestos sanitarios antes de que la asistencia cayera de forma drástica. Mucha gente que esperaba ante un puesto en Jardim Miriam se quejaba de que al primer puesto al que había acudido se le habían acabado las vacunas. Otra mujer dijo que a su hijo le habían vacunado sin presentar una cartilla de vacunación, pero a su hija la mandaron a casa por no tenerla.

Superar los temores en torno a la vacuna es especialmente importante porque la fiebre amarilla no parece estar remitiendo a su hábitat habitual en el interior más silvestre de Brasil. El Ministerio de Salud estudia incluso ampliar las vacunas rutinarias a todos los brasileños y ya ha decidido ofrecerlas a todos los niños a partir de este año, dijo Goretti.

El ministerio y los departamentos estatales de salud utilizan Twitter y Facebook para fomentar la campaña de vacunación y comparten enlaces de información sobre la vacuna y la enfermedad. Además, miembros del equipo de medios sociales del ministerio han respondido a algunas dudas en la página de Facebook de la institución.

Pero no han utilizado de forma sistemática medios sociales o WhatsApp para combatir los rumores que circulan allí. En su lugar, las autoridades dijeron que dependen principalmente de entrevistas con la prensa local para explicar que la vacuna es segura, eficaz y necesaria. En Sao Paulo y Río también se ha enviado a trabajadores sanitarios puerta a puerta para animar a la gente a vacunarse.

Los rumores han asustado a la familia de Manoel da Silva. El hombre, jubilado de 57 años, dijo que sus hijos adultos y su esposa se niegan a vacunarse, mencionando historias de gente que enfermó por la inyección y preocupaciones por la dosis parcial.

“Hay muchas cosas en internet”, dijo Da Silva, que vive en las afueras al sur de Sao Paulo. “Creen que es un fraude porque es parcial”.

Los científicos han expresado confianza en que la dosis de un quinto funciona y la Organización Mundial de la Salud ha dicho que puede utilizarse en emergencias. Aún no está claro cuánto dura la inmunización. Las autoridades brasileñas dicen tener datos –que se publicarán próximamente– para demostrar que funciona al menos ocho años, pero otros han sido más prudentes, y se esperan más estudios sobre su eficacia a largo plazo.

Los esfuerzos de vacunación han sido caóticos. Los brasileños se encontraron este año con esperas de varias horas en algunos puestos sanitarios antes de que la asistencia cayera de forma drástica.

Como todas las vacunas que utilizan virus vivos, la de la fiebre amarilla puede causar reacciones adversas o incluso causar una enfermedad similar a la fiebre amarilla. Susan McLellan, profesora de Enfermedades Infecciosas en la División Médica de la Universidad de Texas, dijo que la vacuna de la fiebre amarilla podría causar incluso más problemas sanitarios que otras vacunas elaboradas con virus vivos.

Sin embargo, “en un contexto epidémico, en un entorno de alto riesgo, estás mucho más seguro con la vacuna que con la enfermedad”, dijo McLellan, que hasta hace poco dirigía la Clínica de Viajes de la Universidad de Tulane.
Da Silva, cuya familia también se resiste a vacunarse, dijo que él tenía sus reservas, pero al final decidió hacerlo.
“Oí que enfermó gente” por la vacuna, comentó sobre sus reparos iniciales. “Pero si me pica un mosquito, ya estoy en peligro”.

 


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