“Hemos sido eliminadas a través de mecanismos muy finos de discriminación”

María Isabel Rodríguez, asesora presidencial.

A María Isabel Rodríguez parece que nada la exaspera. Es miércoles y en San Salvador cae una tormenta que hace que las calles colapsen, pero ella desde su biblioteca habla con una serenidad que parece solo llegar con los años. Habla tranquila sobre su paso por el Ministerio de Salud y la situación actual de esa entidad. Platica con calma incluso cuando le toca responder sobre temas que parece que preferiría no mencionar, como los sobresueldos recibidos durante el gobierno de Mauricio Funes.

Se sienta en una silla en la segunda planta de su casa y antes de comenzar a platicar, pide una disculpa. Dice que usualmente no hace esperar un mes y medio a una periodista que quiere entrevistarla, pero se enfermó de gripe y canceló muchos compromisos. “Desde que salí del ministerio tenía los planes de dedicarme a escribir de todo lo que he hecho en la vida y ya tenía listo todo, pero ahora se me complicó la vida porque estoy en muchas cosas”, cuenta desde su hogar. Actualmente es la asesora presidencial más longeva y se encarga de aconsejar al Gobierno en temas relacionados con la educación y la salud.

Fue la primera decana de su facultad, primera rectora de la Universidad Nacional y primera ministra de Salud, y afirma que los espacios de participación de mujeres en las esferas de decisión no han sido suficientes. “Hemos sido eliminadas a través de mecanismos muy finos de discriminación”, dice durante esta conversación en la que ofrece agua, jugo, café y quesadilla a sus visitantes. Es difícil imaginar que la mujer que habla con tanto sosiego, mientras afuera se cae el cielo, es la misma estudiante de medicina que repartió panfletos en contra del dictador Maximiliano Hernández Martínez. O que esta mujer que ahora tiene una oficina en Casa Presidencial es la misma que durante su juventud llegó a transportar municiones, mientras se preparaba la huelga de brazos caídos que terminó con la dictadura militar más larga de El Salvador. Pero ha pasado más de medio siglo desde entonces y ahora las cosas que defiende la exministra de Salud son otras.

Anteriormente dijo que si para 2014 no había un cambio notable en salud pública “se habría fracasado de manera rotunda”. Este año en el Hospital Rosales faltaban 70 medicamentos, si alguien necesitaba operarse, le pedían que llevara su propia medicina, y hasta las sábanas del hospital se tuvieron que ir a lavar al Hospital San Rafael. ¿Se logró ese cambio notable?

Mire, analicemos la situación en todo el país. Cuando uno analiza los cambios que ocurrieron por el incremento de cobertura de salud, el acercamiento del especialista, sobre todo el pediatra y obstetra, uno ve que son cambios sustanciales. Uno tiene cifras como mortalidad materna que disminuyó importantemente cuando se crearon los Hogares de Espera Materna y cuando se incrementó el número de partos atendidos en los hospitales. Todas esas son cifras que están indicando que hubo un cambio sustancial, pero lógicamente alguien me podría decir que quizá el ritmo que llevaban las cosas se paró. Si me dicen retrocedió, tengo que aceptarlo.

¿En qué se retrocedió?

Cuando ahora se ha hecho el escándalo de la falta de medicamentos. Para mí era un motivo de quitarme el sueño el hecho de que no se hubiera hecho la licitación a tiempo. Veo en lo que ha ocurrido ahora, que no hay esa responsabilidad de la gente que tiene que saber que si no se hacen las compras a tiempo, eso repercute en la vida de la gente.
La gente necesita sus medicamentos y tienen que ser oportunos y adecuados al momento. Pero si no los tiene, la vida de ellos está en peligro, como un paciente renal que tiene que interrumpir sus diálisis.

No es solo el dinero del que se dispone para los medicamentos, es la posibilidad, es la rapidez de la gestión. Uno tiene que revisar qué está pasando con las unidades que tienen que ver con la compra. ¿Están previniendo que eso ocurra? Yo no puedo salir a decir públicamente “mire, la razón es esta”, porque sería terrible que una persona que ha estado al frente del ministerio vaya a decirle a las autoridades actuales qué está pasando. Yo creo que hay que pedirle a las autoridades el análisis de cuál es el mecanismo a través del que se llega a la obtención del medicamento y por qué hoy no se ha llegado a eso.

¿Usted cree que le hace falta autocrítica a este ministerio?

Fíjese que esa respuesta usted la tiene. Sí, yo creo que usted la tiene. Uno quisiera que una línea que consideró correcta en un determinado momento y que empezó a revivir buenos resultados, se continuara. Pero nuestro país tiene un sistema en que el Estado-nación no tiene una política permanente. Las políticas no son de Estado. Cambian con el que entra al frente. Esa es una de las principales situaciones en todos los organismos, llámense autónomas o públicas. Y la gran desgracia que yo me la voy a llevar a la tumba es que ese gran esfuerzo que uno hace o puede hacer en un determinado campo –en la Facultad de Medicina, en la Universidad de El Salvador, en el Ministerio de Salud– que uno cree que llegó aquí y que necesitaba un poco de tiempo, tal vez, para llegar aquí; se paró o se fue para atrás.

Nuestro país tiene un sistema en que el Estado-nación no tiene una política permanente. Las políticas no son de Estado. Cambian con el que entra al frente.

Cuando usted estuvo en el ministerio criticó fuertemente el Sistema Nacional de Salud porque no se incluyó al sistema privado. ¿Mantiene esa crítica?

Yo creo que se necesita un cambio de estructura política de gobierno muy importante. El sistema privado debería ser objeto de una reorganización interna. No me interesa que desaparezca, pero que sea sometido a las mismas regulaciones, a la misma política de salud que desarrolla el sistema público.

¿Qué mejoraría eso?

Hay elementos que en este momento se están considerando en muchos países, incluso hasta la regulación de costo y cobros. Tampoco es justo que esté suelto el establecimiento de cuotas. El sistema privado debe ser sometido –y yo pienso que hay cosas del sistema privado buenas– en el mismo aspecto epidemiológico. Es indispensable que el sistema privado esté incorporado totalmente, que se reporten los casos de determinadas enfermedades, que se haga el control igual.

Poco a poco algo se ha ido haciendo, pero pienso que sería muy bueno que el sistema fuera integral. Lo que quería hacer era eso, porque no podemos pensar en que se hizo todo público. Para eso necesitaríamos otro tipo de Estado y eso no era lo que se perseguía.

Creo que el Estado debe tener un control de lo que ocurre en medicamentos y en toda la parte contra epidemias. Falta una verdadera planificación conjunta.

Es indudable que hay una brecha enorme entre el sistema privado y el sistema público. ¿Qué falla? ¿A qué le seguimos atribuyendo esa brecha, siempre a la falta de presupuesto?

Hay un criterio que no lo promueve el Estado, y es un criterio de la gente: “Porque es público puedo hacer con él cualquier cosa”. Es decir, no cuidar las cosas. Si usted entra a algún lugar donde hay baños… hasta las cubiertas de las tazas se roban. El criterio de lo público y de lo que debe cuidarse todavía no ha entrado, en general, en el país.

En el trabajo, a veces es distinta la forma en que se trata a un paciente en enfermería a cómo se trata a esa misma persona (en el sistema privado). Nos lo han dicho médicos que tienen enfermeras que trabajan en lo público. Su actitud y su forma de trato al enfermo es absolutamente diferente. Allá es la “señora, pase adelante”, gran respeto…

¿Entonces es porque somos una sociedad hipócrita?

Bueno eso hay que estudiarlo porque es parte de la educación de la gente.

El año pasado estuvo en algo parecido a una crisis mediática cuando en un programa radial usted mencionó que recibió sobresueldos. ¿Esto le trajo problemas?

A mí me trajo problemas desde el punto de vista (de) que me empezaron a mover en esa situación. A mí no me causa problemas a nivel de gobierno ni nada. ¿Qué me podían decir? ¿Que me callara? Era a lo más que podían llegar. Pero si yo en un determinado momento he recibido, ha sido igual que lo reciben todos los ministros e igual que viene ocurriendo. Es la única ocasión en la que yo he recibido como ministra de salud. Lo estableció ARENA y siguió eso. ¿Por qué no se dio el paso de ponerle a los ministros el salario adecuado? Y, entonces, encontraron que la mejor solución era pagarle (los sobresueldos) para que no se diga que se le paga mucho, pero ¿por qué no? Si el salario debe ser adecuado a la función que desempeña la persona.

Yo creí que se iba a hacer la reforma en el sentido de que ese llamado complemento de salario, o sobresueldo, o lo que fuere, iba a ser incorporado oficialmente porque a uno le conviene. Eso es necesario que se haga. Yo no digo si es por ley o por qué, cuándo se estableció, no sé de cuándo viene, pero así se ha hecho.

¿Pidió que se diera ese cambio?
Yo lo dije ahí. Que había hablado con el tipo y yo le dije “pero ¿por qué esto?” Porque cuando yo iba a firmar un documento o cómo se iba a hacer ese proceso, yo creí que iba a Casa Presidencial a esa oficina a hacerlo, pero no se hizo y realmente nunca se ha hecho un esfuerzo de todos para que, así, tal vez hubiera sido más adecuado.

Empatía. Cuando la exministra recorre espacios públicos es común que la población
se le acerque a pedirle una fotografía o saludarla. En la fotografía aparece haciendo un
recorrido por las áreas de comida de una feria en 2012.

¿De todos los ministros?
Claro. Pero si yo lo dije lo tengo que sostener. Yo no lo voy a negar. No quise hacerle daño a ninguno de los compañeros. Yo nunca recibí órdenes de “no lo diga, esto es secreto”. Pero tampoco me hubiera gustado que me lo dijeran. Es una discusión política que debería de existir de lo que es el sistema de gobierno y cómo se maneja. Si los políticos, los que pelean tanto por la pureza del sistema, (son) muchos de los cuales llegan al Gobierno y los cobran.

Debería de haber un análisis: ¿Es ilegal que un ministro gane cinco mil dólares o tres mil dólares cuando hay consultores, o una cantidad de gente que gana más de eso? ¿Es lógico que un presidente gane menos que lo que está ganando un asesor? Entonces si eso es así, hagamos un presupuesto que coloque el valor justo del sistema que cada quien gana. Eso todavía no está claro en la vida de la nación: cuánto debe ganar un funcionario de alto nivel. Porque se considera una cosa inadecuada un salario alto. Deben establecerse salarios adecuados a la función de la gente sin esperar que haya complementos de salario.

¿Eso usted ya lo sabía al asumir el ministerio?

No lo sabía al asumir el ministerio porque yo no pregunté cuánto me iban a pagar. Lo que es inadecuado es lo que después salió: que no solo se daban esos complementos de salario, sino que había personas que no tenían que ver con el Gobierno y que recibían aportes que no eran sueldos, eran como regalías. Eso se hizo público, porque incluso lo dijeron algunas gentes.

Otro tema que también la puso en controversia fue cuando usted se posicionó a favor de la reforma del Código Penal para aprobar cuatro causales de interrupción del embarazo. ¿Por qué es un tema médico?

¿Cómo voy a considerar yo que se ponga en el riesgo de morir a una madre con hijos por un embarazo absolutamente inviable? ¿Se acuerda del caso de Beatriz, la mujer que tenía un feto acéfalo? Eso es un crimen, si la criatura no iba a vivir. Cada hora de ese producto era una hora de la vida de la mujer que se estaba agravando. Exponer a la madre a ver a un producto de estos sin cerebro, sin cráneo, para despertar el instinto materno es una tortura.

Quienes están en contra de esta reforma mencionan que el daño de las mujeres que abortan es mayor porque adquieren un trauma psicológico tras abortar. ¿Esto es algo médico que haya visto en su carrera?

No.

A usted la acusan en redes sociales de ser una exministra abortista.
¿Ah, sí?

Sí.
Bueno, ese es el criterio de ellos, no es el mío. Yo creo que esa es una cosa que se debe ver con mucha seriedad.

¿En qué está trabajando ahora?

Qué divertido eso. Estoy trabajando en todo. Teóricamente estoy como asesora en salud y educación del presidente. Desde que salí del ministerio yo tenía los planes de dedicarme a escribir de todo de lo que he hecho en la vida y ya tenía listo todo, pero ahora se me complicó la vida porque estoy en muchas cosas. Por ejemplo, trabajamos aquí con mi asistente en muchos campos de la educación y la salud. Hay un día de la semana que en la tarde nos reunimos con el ministro de Educación y dos o tres personas que él ha escogido como asesores y trabajamos un poco adelantándonos a los problemas que se van a presentar.

Mi semana es un poco complicada. Mi mañana la dedico a Casa Presidencial. Allá tengo una oficinita. Allá se hacen las reuniones que se pueden hacer, pero algunas de grupo incluso las hacemos aquí porque tenemos las facilidades. Aquí no hay quien cierre las puertas.

¿Se está trabajando en el Ministerio de Educación en planes de educación sexual?
Se está trabajando intensamente. Creo que cualquier trabajo de hoy todavía es débil, pero debe seguirse trabajando muy duramente.

¿La Iglesia también debería tener palabra en el campo de educación y salud sexual?
Claro que sí.

¿Por qué?
Porque la Iglesia está causando también una acción negativa, porque ellos no conciben la prevención del embarazo. Ellos llegan a interferir con esos programas.

Entonces, ¿me está hablando de invitarlos a discutir para que entiendan o para que ellos pongan las reglas?
No, de ninguna manera. Todo lo contrario.

“Las jovencitas llegan a un servicio de salud y piden que se les dé un condón o un anticonceptivo… y los trabajadores de salud las insultan, les niegan la información… ¡Pero si es parte del servicio de salud!”

Hace unos días se mencionó en un evento de Naciones Unidas en El Salvador que en uno de cada cinco embarazos de adolescentes, la relación sexual había ocurrido con un familiar y a la fuerza.
Así es. Padre, padrastro, pariente, todos esos están en la lista. Bueno, pero ¿qué pasa con la niña adolescente? Hay una responsabilidad triple. La responsabilidad no es solo del Ministerio de Salud, la responsabilidad es de la familia en buena parte. La responsabilidad es de la escuela. Los padres no quieren –sobre todo la madre– no quiere que se le dé educación en el campo de salud reproductiva a las niñas.

Que se le hable de lo que representa el condón es un escándalo, porque “le están abriendo los oídos a los niños y es una barbaridad, la niña no debe saber de eso”. Pero esa niña a la cual se le niega esa información, está llegando ya al hospital porque ya está embarazada. Los papás están soñando que la niña es ingenua e inocente, y hemos tenido casos en que, luego, la madre recibe la noticia de que la niña no solo está embarazad,a sino que es seropositiva. Según ella la niña no debía saber nada nunca de eso. Pero la niña ya ha pasado ignorando muchas cosas que tiene a la mano. Todavía no tenemos una educación de los padres que haga que sean uno de los elementos que deben formar a la joven. Luego, las jovencitas llegan a un servicio de salud y piden que se le dé un condón o un anticonceptivo… y los trabajadores de salud las insultan, les niegan la información… ¡pero si es parte del servicio de salud!

Detalle. En todas sus apariciones públicas María Isabel Rodríguez se encarga de lucir elegante y ser puntual.

En los grupos feministas es reconocida como pionera, ¿usted se considera feminista?
Yo considero que algo he hecho, tal vez no todo lo que debería, en favor del crecimiento de la mujer y del reconocimiento que tenemos el mismo derecho que los hombres. Para mí es una pena que digan que soy la única mujer rectora de la Universidad de El Salvador. Me preocupa muchísimo eso y no tengo el porqué alegrarme. Al contrario, tendría que ponerme muy triste que no haya podido llegar otra mujer. Los grupos llamados progresistas, los grupos de la izquierda universitaria y demás deberían de responder por qué no ha sido posible que otra mujer llegue a la rectoría de la universidad, llegar a la punta es difícil.

Cuando usted entró al Ministerio de Salud con el gobierno de Mauricio Funes se señaló que había muy pocas mujeres en el Gabinete. ¿Cree en las cuotas de género?

Mi opinión en ese sentido es un tanto crítica. En ocasiones establecer la cuota es una cosa simbólica. Muy bien que se diga que van a subir el número de mujeres, pero ¿qué tipo de mujeres suben? ¿Es una mujer bien preparada que va a contribuir? ¿Va realmente a ser una persona que va a influir en decisiones trascendentales?

Por ejemplo, en el caso de organismos internacionales, llegaban a mi oficina a buscar a unas de las funcionarias que trabajan conmigo para decirles “por favor, aplica a esta plaza”. Y la persona a la cual se le invitaba a entrar a la plaza decía: “Yo no lleno el perfil”. “Pero no importa. Lo que importa es la cuota que yo tengo que llenar porque si no, no puedo abrir el concurso”, respondían. Totalmente simbólico y la llenaban con gente que no llenaba los requisitos y ya sabían que no iban a salir electas.

La otra razón es que hay una serie de razonamientos que son ingratos en las selecciones para mujeres. Por ejemplo, cuando llega una mujer se toman argumentos como estos: “Está en edad de casarse. Va a resultar embarazada. Va a estar necesitando permisos de maternidad. No es conveniente”. Hemos tenido experiencias incluso de una persona que fue director de sanidad, que era el equivalente al Ministerio de Salud en El Salvador, que hacía que las mujeres firmaran su renuncia sin poner la fecha y en el caso de salir embarazadas, se hacía efectiva. Injusto, pero ocurría y a alto nivel.

¿Le tocó enfrentarse a eso?

Quizá nunca me vieron cara de que iba a ser madre, ja, ja. Como fui un poquito peleona desde el inicio, nunca me lo hicieron. Peleé esas situaciones porque las mujeres hemos sido eliminadas a través de mecanismos muy finos de discriminación. No se dice “no puede entrar aquí una mujer”. No, eso no, pero sí hay mecanismos.

A partir de la preparación de los discursos para las memorias anuales de la universidad y analizando las notas, se graduaban con mejores calificaciones las mujeres. Hasta ahí todo bien. Pero a partir de ahí yo empecé a seguir a las personas que en la universidad están en posiciones importantes, que adquieren posiciones de docentes a partir del que es instructor, el que sube a la posición de profesor auxiliar, y ya se empieza a ver la diferencia. El número de mujeres empieza a disminuir y el número de hombres a crecer. Y eso sigue en forma piramidal hasta el momento de las posiciones directivas.

Usted creció en un matriarcado, ¿alguna vez le hizo falta una figura paterna?

A veces me han dicho que soy ingrata en ese sentido. Yo diría que no. No me hizo falta porque tuve unas mujeres que fueron madres y padres. Yo sabía que tenía un padre que era abogado, pero nunca se ocupó de llegar a la casa, realmente nunca me hizo falta.
Fui hija única, pero mis tías fueron capaces de hacer crecer sus hijos y educarlos sin mucho escándalo.

Usted se educó en la Facultad de Medicina cuando aún el general Maximiliano Hernández Martínez gobernaba, ¿cómo vivió la caída de Martínez?

Como éramos estudiantes, con mucha alegría, con mucha diversión, pero tal vez no midiendo las dimensiones del proceso. Quizá no teníamos la suficiente preparación política para medir hasta dónde se había llegado. Ya estábamos en la Facultad de Medicina y había caído Martínez, había caído Ubico en Guatemala, había caído Carías en Honduras. Vivíamos una época de gran celebración.

Usted ha dicho que uno de los más grandes dolores de su vida fue en el 1972 cuando un movimiento en el que estaba Schafik Hándal la expulsó de la universidad porque la tachaban de imperialista.

Yo termino mi decanato en el 71, la intervención es en el 72, pero esa época es muy confusa, muy convulsa. Entonces ese problema del imperialismo era una cosa muy tonta. Muy burda. Ese San Benito del imperialismo no me lo pude quitar durante mucho tiempo por el hecho de haber tenido relación con algunas fundaciones que nos ayudaron, incluso, para el desarrollo de la educación médica. Era tan ridículo el pensamiento, tan polarizado de la izquierda extrema salvadoreña que llegó al grado de que un dirigente llegara a la biblioteca de la Facultad de Medicina a ver los libros de la biblioteca y dijera: “Miren cuántos libros de estos están en inglés. Aquí casi no hay libros en español. ¿Por qué? Porque la doctora es una imperialista”.

¿Ese era Schafik Hándal?

No, no. Yo debo decirle que tengo el mayor de los respetos por Shafick. Él me respetó y me apoyó mucho cuando yo estaba en la UES. Al grado tal de que en el momento más difícil de mi vida como rectora, Schafik fue de las personas que me apoyaron y le dijeron a la gente el error en el que estaban al no aprobar el préstamo que hubiera representado el desarrollo universitario. El problema es que la vida de la universidad no solo ha estado expuesta a los golpes de afuera, sino a los de adentro. Los internos han sido terribles.

Después de ser decana usted comenzó a trabajar con la Organización Panamericana de la Salud y tenía pasaporte diplomático, ¿venía a El Salvador durante la guerra?

Sí. No venía tan seguido porque estaba en ese programa tan fuerte, pero sí, vine. Había que pensar que en ese momento no era fácil, pero ya después de los Acuerdos de Paz consideré que se estaban dando las condiciones para venirse a El Salvador.

¿Estuvo alejada por completo del proceso de los Acuerdos de Paz?

No. Todo lo contrario. Yo creo que muchos de los organismos internacionales tienen una función dependiendo de su ideología, de su punto de vista, que no se conoce pero que es de apoyo.

¿Y cuál era esa función?
Quizás eso no vale la pena contarlo.

Cómo no, a mí sí me parece que vale la pena. Ya pasaron 25 años desde la firma de los Acuerdos.
Sí, pero… no es fácil traer a cuenta procesos y compromisos que se dieron y que la gente los mantuvo ocultos incluso hasta su muerte. No tiene uno derecho. A veces aquí en las conversaciones con los compañeros salen cosas que no deberían de salir, pero que las comentamos. Realmente la guerra es la guerra.

Usted ha visto cambiar El Salvador durante todos estos años, ¿por qué vale la pena quedarse?
¡Uy!, esa pregunta es una cosa terrible. Yo creo que todos tenemos una responsabilidad por hacer crecer este país.

¿Dónde se enflora a un desaparecido?

Guadalupe Mejía, fundadora de CODEFAM

Se llama Guadalupe Mejía y sus allegados la conocen como madre Lupe. Ahora es una señora de 74 años que camina lento y apoyada en un bastón, pero ha pasado los últimos 40 años de su vida organizando marchas, gritando consignas en megáfonos, realizando protestas y exigiendo justicia. Este año se anunció en Casa Presidencial la creación de CONABUSQUEDA y para Guadalupe esa es una señal de que después de décadas buscando a hombres y mujeres desaparecidos, hoy se encuentra un poco más cerca de conocer su paradero.

Su plan nunca fue ser activista. Quería graduarse de maestra, sin embargo, solo pudo estudiar hasta segundo grado. Guadalupe nació en el cantón La Ceiba, de Chalatenango, y cuando tenía 17 años, se casó con Justo Mejía. Pronto formaron una familia que se sostenía vendiendo atarrayas y trabajando la tierra.

Sin dinero para hacer la siembra, Justo fundó la Unión de Trabajadores del Campo y una cooperativa campesina para acceder a créditos. Los militares señalaron como comunistas a los integrantes de la cooperativa. En 1977, Justo fue asesinado. Guadalupe tenía 34 años cuando quedó viuda y con nueve hijos que criar.

La historia de ese período de la vida de Guadalupe inspiró al escritor Manlio Argueta para escribir la novela “Un día en la vida”. Ella le brindó una entrevista en la que le contó el origen de su dolor. “Si yo no hubiera tenido esa entrevista, no hubiera tenido material para escribir”, reconoce ahora Argueta.

Tras el asesinato de Justo, vinieron otras muertes. Uno de los hermanos de Guadalupe fue desaparecido y no se ha podido encontrar sus restos. Y ya en 1981, fuerzas estatales asesinaron a siete de sus familiares.

Guadalupe, junto a otras personas, fundó el Comité de Familiares de Víctimas de las Violaciones de los Derechos Humanos Marianella García Villas (CODEFAM) en 1981. Desde ahí denunció las torturas que sus familiares vivieron. También presionó a cuanta autoridad fue necesaria para liberar a cientos de presos políticos. Desde los ochenta, su organización ha brindado apoyo para las madres y familiares que tienen la esperanza de encontrar, al menos, los huesos de sus seres queridos.

Durante esta plática, Guadalupe a veces olvida algún detalle específico y cierra los ojos, hace una mueca y se pone las manos sobre la cara como si le avergonzara olvidar. Todo su trabajo ha sido enfocado en recordar. Ella también fue una de las principales impulsoras del Monumento a la Memoria y a la Verdad ubicado en el parque Cuscatlán, en San Salvador. Ahí se recogen los nombres de los desaparecidos y asesinados durante el conflicto armado. Es un espacio donde se concreta la memoria, pero es un monumento descuidado que se deteriora ante la indiferencia pública.

Irónicamente, aunque los dolores de la vida de Guadalupe son de conocimiento público y su legado se materializó en un libro y un monumento nacional, su nombre no suele resaltar con letras grandes. La historia no ha sido justa retratando a una mujer que se ha esforzado por combatir el olvido en un país que parece ser amnésico.

¿Cree que el país ya aprendió su lección con respecto a los desaparecidos?
Yo digo que está lejos todavía para aprender eso. Mire cómo hay desapariciones de gente. Yo pensaba que después de los Acuerdos de Paz ya no se iban a seguir dando estos hechos, pero se siguen dando y no sé hasta dónde vamos a llegar. No sé qué hacer. Me siento incapaz de decir “hagamos esto para que eso no se dé”.

Guadalupe Mejía

¿Cómo vive una madre que no encuentra a sus hijos?
Es una gran tristeza y angustia quererlos encontrar. Ya cuando los encuentra es tranquilidad para ella, porque por lo menos les dan cristiana sepultura. Con eso ya uno queda más tranquilo.

Hay algunas personas que dicen que es mejor dejar eso en el pasado. ¿Por qué es importante hacer excavaciones para encontrar los restos de los desaparecidos?

Porque uno entierra y ya queda conforme que ya queda ahí descansando la persona. Mientras (eso) no está, uno anda pensando que dónde están, que no sabe qué pasó. Encontrar los restos le ayuda a uno a sanar las heridas.

¿Entonces no es cosa del pasado?
No, si para nosotros ese tema es como que fuera ahorita. Porque pasó hace años, pero uno todos los días los recuerda y piensa en ellos. Para uno no es cosa del pasado. Es cosa de presente y de mañana también.

¿Cuántos familiares desaparecidos tiene usted?
Solo mi hermano Gilberto. Está desaparecido desde agosto de 1981.

¿Cómo lo desaparecieron a él?
Él venía para Aguilares a ver a mi mamá. Y en el puente de hamacas lo detuvieron y se lo llevaron. No estoy segura de quién se lo llevó, pero iban vestidos de soldados.

¿El asesinato de su esposo, Justo Mejía, fue de los primeros casos violentos que vio en Chalatenango?
Sí, de los primeros casos en 1977.

Se casó con él bien jovencita.
De 17 años. Bien jóvenes comenzábamos la vida ya acompañadas o casadas.

¿Justo se organizó después de casarse?
Sí, hasta después. Nosotros solo trabajábamos. Hacíamos los paños y las atarrayas para irlas a vender. Mañaneaba a trabajar en los paños y de ahí se iba a la milpa. Regresaba en la tarde y no teníamos otra preocupación.
Recuerdo que nos reuníamos para estudiar el evangelio y entonces salíamos a las comunidades y analizábamos lo que la biblia nos decía. Así fue como comenzó la vida organizada. Después él se organizó en una cooperativa de campesinos que era de ahorro y crédito. La formó para que los campesinos obtuvieran tierras y créditos para trabajar porque no se tenía cómo comprar el abono.

¿Usted sintió algún presentimiento de que eso era peligroso?
Al principio no. Lo que hacíamos era estudiar la biblia e ir a las comunidades, haciendo asambleas con ellas. Hasta que un día nos dijeron que no teníamos que andar en eso porque era peligroso. Eso dijeron los orejones.

¿Cómo fue avanzando todo hasta que pasó el asesinato de su esposo?
Los campesinos formaron la cooperativa y se reunían. Ahí llegaban los soldados y la Guardia a ver qué hablaban. Así fue agudizándose más porque ya los vigilaban y donde nosotros andábamos, ellos también andaban.

Quienes estaban en contra de que los campesinos se organizaran decían que esa era una causa comunista. ¿Qué sabían del comunismo?
No sabíamos qué era comunismo. Nos decían que nosotros estábamos enseñándolo, y yo les decía: “¿Y qué es comunismo?” Porque así era, no sabíamos y nos decían que éramos subversivos, todas esas palabras.

¿Usted, en ese momento, entendía esas palabras?
No, yo no les entendía qué quería decir subversivo, ja, ja… no entendíamos qué era, hasta que nos decían revoltosos.

Cuando a su esposo lo mataron, usted ha contado que tuvo que negar que él era familiar suyo. En esa constante huida en la que estaban, ¿tuvo algún momento privado para llorarlo?
Muy poco espacio nos quedaba para eso. Sí me daban ganas de llorar, y lo hice, quizá, pero lloré en silencio, sin que la gente lo supiera. Su cadáver lo hicieron destrozado. Por eso Monseñor Romero decía que Justo Mejía había sufrido la pasión de Cristo. A él le quebraron los brazos, le sacaron el ojo, le quitaron las uñas con las boquillas de los fusiles y lo colgaron de los árboles. Lo tiraron allá, en una quebradita, cerca de un palo de quina.

Cuando usted encontró el cadáver de Justo, ¿lo enterró en ese mismo lugar?
Sí. Cuando estábamos en el entierro de él, los guardias nos pusieron en una fila y nos preguntaron quién era el familiar del muerto. Nosotros les dijimos que no había nadie de la familia, que estábamos haciendo una obra de caridad. Es bien duro tener que negarlo por amor a la vida de mis hijos.

Leí que días después sacaron el ataúd del primer lugar donde lo enterraron y lo llevaron a otro lugar para hacer una vela.
Sí, a los 17 días lo vinieron a sacar los compañeros. Lo asearon y lo bajaron por esas lomas hasta llegar a El Jícaro.

¿Pudo ir a la vela?
Sí, ahí fui toda la noche. Lo llevamos para El Jícaro en el día y después fuimos a La Ceiba. Ahí lo velamos. Al siguiente día lo enterramos ya en el cementerio. Después de que a Justo lo mataron, nos quedamos viviendo allá en la comunidad. Pero llegaron los escuadrones de la muerte y nos sacaron. En la puerta habían puesto un letrero y la mano blanca. Nos daban 15 días para que abandonáramos la casa.

¿Cómo la apoyó Monseñor Romero?
Cuando se llevaron a mi esposo, que estaba como desaparecido, vine a poner la denuncia donde él y ahí fue donde lo conocí.

En una homilía Monseñor Romero dijo que se le “horrorizó el corazón” cuando la vio llegar con sus nueve niños a contarle de la tortura y el asesinato de su esposo. ¿Cómo era la relación con Monseñor Romero?
Con Monseñor Romero convivimos desde que estaban haciendo una champa que ocupábamos nosotros mismos en el arzobispado.

Como familiares de desaparecidos, ¿cómo vivieron ustedes el momento en el que mataron a Monseñor Romero?
Fue duro porque nosotros teníamos una gran esperanza en él porque nos ayudaba. Era la persona a la que íbamos a denunciar los hechos que habían pasado. Por ejemplo, los que capturaban en la semana, nosotros el domingo lo íbamos a denunciar a Monseñor. Por eso él los daba en la homilía del domingo.

¿No pensó que si a él lo mataron, le podían hacer eso a cualquiera?
Ah, cómo no. Eso lo pensábamos nosotros. Que habían tenido el valor de hacerle eso a nuestro obispo, ¿cómo no a cualquiera se lo iban a hacer? Cuando llegábamos a los cuarteles, nos decían: “Váyanse, viejas. ¿Qué vienen a buscar? Aquí van a quedar ustedes también”. Nosotros hacíamos eso conformes a que cualquier cosa nos podía pasar.

Guadalupe se convirtió en una voz de denuncia de las violaciones a los derechos humanos. En 1979 realizó un viaje por Centroamérica denunciando los crímenes contra los campesinos y conoció al escritor Manlio Argueta. Él asegura que primero entrevistó a Guadalupe en un grupo de cinco mujeres. Luego le realizó una entrevista privada de 45 minutos. “En ese momento no estaba pensando escribir una novela”, cuenta Argueta. Ocho meses después de haber escuchado su historia, se dispuso a escribir el libro “Un día en la vida” y lo basó en el testimonio de Guadalupe. Argueta comenta que aunque la novela ha sido catalogada de carácter testimonial, es un texto de ficción basado en hechos reales. Le tomó tres meses escribir ese libro.

¿Cómo fue el viaje a Costa Rica?
Hicimos una gira que nos organizó aquí la universidad. Íbamos con estudiantes, con maestros, y fuimos a Honduras, a Panamá y Costa Rica. Allá, en Costa Rica, fue que encontramos a Manlio Argueta. Y ahí él tomó mi testimonio.

¿Cómo se sintió cuando vio el libro “Un día en la vida”?
En Inglaterra, en una gira que andaba allá, me dijo una persona donde me quedé que si ya había visto mi libro y le dije que no. “Ah, ya se lo voy a enseñar”, me dijo, y me lo enseñó. Yo no sabía que estaba ese libro, pues.

¿Le hubiera gustado que le pidieran permiso para usar su historia?
Como no. Sí porque ahí no me pidieron permiso. Nada más fue así.

La historia está basada en usted, pero tiene elementos de ficción. ¿Cómo se sintió cuando la leyó?
El libro tiene bastante de lo que sufrimos allá, en La Ceiba. Eso sí, pienso que me removió porque yo eso no lo había contado así a otra gente y en el libro salía lo que habíamos sufrido en la comunidad.

Ellos estaban durmiendo. Como a las 10 de la noche se empezaron a oír los gritos de las personas y los disparos. A una comadre la mataron con el yatagán, un cuchillón que tiene dos patas para que cuando se lo metan, tope. También mataron a un primo de Justo. Hicieron una rueda con la familia de él y en medio lo mataron. Ellos tenían un niño chiquito y ese niño se enloqueció, quizá de eso.

¿Se sintió extrañada?
Como no, pero como ya estaba hecho el libro… así se da cuenta mucha gente de lo que vivimos. Muchos no conocen la realidad y por lo menos leyendo libros conocen un poco.

Hablemos de cómo empezó su organización, CODEFAM. ¿Cómo decide organizarse?
El espíritu de fortaleza me lo da mi esposo, porque uno no tiene otra cosa más que contar lo que pasó y hacerse fuerte para contarlo con la idea de que estos hechos no se repitan.

Además del caso de su esposo, ¿hubo otro caso que la hiciera decidirse para estar en la organización?
Sí, el asesinato de siete familiares, entre primos, sobrinos y una señora que era comadre de nosotros. Fue terrible, en 1981. Allá, en Las Vueltas. Ellos estaban durmiendo. Como a las 10 de la noche se empezaron a oír los gritos de las personas y los disparos. A una comadre la mataron con el yatagán, un cuchillón que tiene dos patas para que cuando se lo metan, tope. También mataron a un primo de Justo. Hicieron una rueda con la familia de él y en medio lo mataron. Ellos tenían un niño chiquito y ese niño se enloqueció, quizá de eso.
También había otra muerte que nos dolía: se llamaba Catochita y era una señora que no tenía dónde dormir y se quedaba donde le agarraba la noche. La mataron a ella. Su niña, que tenía unos 10 meses, estaba tomando pecho y pasó toda la noche tomando pecho en la señora muerta. Viera, eso sí duele. Muchas barbaridades hicieron con nosotros.

¿Actualmente usted recibe salario por su trabajo?
En los años que teníamos dinero sí nos daban un salario. Después ya no se podía, ya no recibimos.

¿Cuál diría que es el mayor logro de CODEFAM?
La libertad de los presos políticos. Pudimos sacar como a 1,000 presos políticos de diferentes penales del país.

¿Cómo lo lograron?
Luchando, haciendo actividades en las calles, consiguiendo fondos para pagarle a los abogados para que ellos tomaran los datos. Así fue como se logró. Con la presión de las madres que hacíamos marchas y hablábamos con el director general de los penales y así.

Muchos dirían que organizaciones como CODEFAM perdieron su sentido de existir si ya pasó la guerra. ¿Por qué su trabajo es importante 25 años después de haber firmado la paz?
Mi trabajo como defensora de los derechos humanos es importante porque siempre se violan los derechos humanos. Talvez no igual como se violaron en la guerra, sin embargo, hoy se viola lo mismo en otra forma. No dejo de trabajar hasta que Dios me llame porque estamos viendo que haya justicia y que haya reparación. Hay que buscar a las personas que mataron, las tiraron y no se sabe a dónde.

Me acuerdo de una madre que se llamaba Yolanda. Ella hace cuatro años murió y me decía: “Madre Lupita, no quiero morirme sin saber de mi hijo. Quiero morirme pero cuando ya sepa de mi hijo. No quiero quedar así”. Ella lo anduvo buscando varias veces. Hubo una vez que le dijeron que les llevara dinero, que se lo iban a tener en un lugar, y ella llegó y solo le quitaron el dinero y no le llevaron al hijo.

A mí no se me olvida otra vez que ella me dijo: “Fíjese lo que me pasó: me subí al bus de la ruta 2 y allá, al fondo, vi a mi hijo y caminé para donde él y lo toqué. ‘Hijo’, le dije, y me volteó a ver el muchacho. ‘Ay, me equivoqué’”. Imagínese con qué fe ella pensó que él era su hijo. A mí eso no se me olvida y me da no sé qué no poder hacer nada con el caso de ella, porque se murió así, con su hijo desaparecido.

Yo tengo esperanza de que un día sepamos la verdad. Porque con la Comisión de Búsqueda, si su trabajo lo desempeñan como tienen que desempeñarlo, es posible que se esclarezcan casos. Que le digan a usted “venga, aquí hay una fosa con tantos cadáveres”. Van, la revisan, se investiga y se ve si son de los desaparecidos.

¿Usted cree que las madres de desaparecidos están desilusionadas de no poder conocer la verdad del paradero de sus hijos con los gobiernos de ARENA y FMLN?
Sí, porque ellas tenían otra esperanza de que cuando ya estuviera un gobierno del FMLN, que hubiera más apoyo en esos casos, pero no. Todavía no se sabe.

¿Con dos gobiernos del FMLN eso ya debería haberse destapado?
Yo digo que sí, debería ser así. Ya la información la debería de pedir el presidente para poderla conocer. Si estando el FMLN no hemos podido y si llega otro, cómo la vamos a conocer.

En 2014, el Ministerio de la Defensa no permitió que el Instituto de Acceso a la Información Pública (IAIP) ingresara a las instalaciones del archivo castrense. El IAIP buscaba determinar la existencia de documentos de planes militares e información sobre las personas que participaron en violaciones a derechos humanos. En abril de este año, el IAIP concluyó con que hay evidencias de que la Defensa destruyó varios documentos referentes a operativos militares que terminaron con el asesinato de población civil.

La Fuerza Armada se ha negado a compartir la información de los casos de las masacres y usted les ha pedido que colaboren con la justicia.
En una pedida (de perdón) pública les dije que colaboren con la información. Ellos conocen lo que hicieron y también tienen esa información. Si no lo hacen es porque no quieren, no porque no la tengan.

¿Recuerda alguna ocasión en que la Fuerza Armada sí haya colaborado brindando información?
No, no me acuerdo nunca que nos hayan dado algo de información.

Guadalupe Mejía

En 2003 CODEFAM y otras organizaciones lograron inaugurar el Monumento a la Memoria y a la Verdad en el parque Cuscatlán. ¿Cómo fue luchar por la creación de ese monumento?
Fue muy difícil, pero se logró porque se hizo una campaña para que la gente viniera a dejar sus nombres. Aquí venían y (más) los que sacábamos nosotros de afuera.

¿Por qué era importante tener en un monumento los nombres de las víctimas?
Para guardar la memoria de ellos y para que los jóvenes conozcan lo que pasó. También es importante para las madres porque ellas van a depositar la flor y cuando quieren ir a ver, van. Ahí hablan con su ser querido. Cuando no teníamos ningún monumento no se hallaba dónde ir a enflorar. No teníamos un lugar fijo porque ¿dónde se enflora a un desaparecido si uno no conoce el lugar?

Ahora la gente llega y pone nuevos nombres…
Sí, así es. Y ellos manchan también el muro. Ponen cosas de tirro, y nosotros ya les dijimos que no pongan porque se va manchando el espacio.

¿Quién le da mantenimiento a ese monumento?
Pues sí eso es lo que hace falta: alguien que le dé mantenimiento. Nosotros ya hablamos con la alcaldía y con SECULTURA para ver si le dan mantenimiento y han expresado que sí le van a dar, pero todavía no. Y se está manchando de arriba, cae lodo cuando llueve y se mancha la plancha.

¿A ustedes les dicen que no o les dicen sí pero no lo hacen?
Nos han dicho que sí, pero todavía no lo han hecho.

¿Desde cuándo están pidiendo el mantenimiento del monumento?
Ya tiene como ocho años.

Los familiares mantienen la esperanza de encontrar a las personas cuyos nombres están inscritos en el monumento. En septiembre de este año el presidente anunció la creación de la Comisión Nacional de Búsqueda de Personas Adultas Desaparecidas en el Contexto del Conflicto Armado en El Salvador (CONABUSQUEDA). Esta comisión será una dependencia del Ministerio de Relaciones Exteriores y estará conformada por tres comisionados que tendrán la misión de identificar el paradero de los desaparecidos durante la guerra. Aún no se conoce cómo será su mecanismo de actuación.
*

Usted ha dicho que va a seguir trabajando hasta que un día se haga justicia. Eso suena a tener un montón de esperanza.
Pues sí, yo tengo esperanza de que un día sepamos la verdad. Porque con la Comisión de Búsqueda, si su trabajo lo desempeñan como tienen que desempeñarlo, es posible que se esclarezcan casos. Que le digan a usted “venga, aquí hay una fosa con tantos cadáveres”. Van, la revisan, se investiga y se ve si son de los desaparecidos.

¿Cree que sus nietos van a ver un país más justo?
Espero que así sea, porque uno sale con miedo porque cualquier cosa le puede pasar a sus hijos. Eso es lo que uno no quisiera porque ya vivimos esos hechos y no quisiéramos que se repitan.

La historia parece que sí se repite.
Sí, parece y se repite. En otro ámbito, pero siempre se repite.

¿Cuál es su plan para 2018?
No es mucho el plan, lo que espero es que la Comisión de Búsqueda funcione y se empiece a conocer la verdad de los hechos, que se empiece a saber de los desaparecidos, que los encuentren. Eso es lo que pienso de 2018.

La promesa de Caluco y el cacao

Símbolo de identidad. El cacao es originario de la región mesoamericana y fue utilizado por las culturas precolombinas en ceremonias, medicinas y bebidas sagradas.

La historia de Caluco y el cacao es una de prueba y error. De siembra con esperanza y de árboles que se secan. María de los Ángeles Escobar es una lideresa de Caluco, Sonsonate. Hace siete años motivó a un puñado de vecinos para sembrar cacao y poder progresar como comunidad. Así, cada uno sembró en su parcela los árboles, pero estos se echaron a perder y María fue quien tuvo que dar la cara ante los agricultores y decirles que confiaran, que una vez el cacao prosperara, ellos tendrían un ingreso económico estable porque sus semillas se venden bien durante todo el año. El fruto de este árbol es una mazorca y al procesar sus granos se puede crear chocolate.

María cuenta que los productores de Caluco pidieron asesoría al Centro Nacional de Tecnología Agropecuaria y Forestal (CENTA). Ellos preguntaron cuál era la mejor manera para hacer progresar sus cultivos. Pero el conocimiento técnico que se tenía entonces era limitado y María asegura que les recomendaron sembrar los árboles directamente bajo el sol, sin sombra. Las plantas soportaron la estación de lluvias, pero cuando la estación seca llegó, todo lo que habían sembrado se marchitó y María de los Ángeles se encontró cara a cara con otra siembra fallida.

María tiene ojos claros y una voz dulce que parece flotar entre el calor y la humedad intensa del centro de Caluco. Sus conocidos le dicen Angelita y trabaja como la directora de la Casa de la Cultura del municipio. Desde este espacio se potencian las actividades de una asociación fundada hace siete años llamada Grupo Calicacao.

La asociación reúne a 29 agricultores, 25 mujeres en el área de procesamiento del cacao y 20 jóvenes en talleres de aprendizaje de creatividades y de buenas prácticas de un vivero. Así está escrito en un rótulo de la Casa de la Cultura. La meta es hacer que Caluco sea reconocido como un municipio productor de cacao de alta calidad. En 2014, los productores de Caluco se convirtieron en beneficiarios de la Alianza Cacao. Esta alianza es un proyecto con financiamiento internacional que busca motivar la reactivación de este cultivo durante cinco años.

La idea oficial del programa es comercializar el cacao en “los rentables segmentos especiales y gourmet de mercado internacional”. En la práctica, el beneficio local es tentador: si los campesinos de Caluco encuentran en este cultivo un trabajo con ingresos dignos, no se verán obligados a dejar la vida que conocen para poder subsistir.

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SEMBRAR, TRANSFORMAR, PINTAR Y BAILAR CACAO

Apoyo durante un lustro. La Alianza Cacao busca reactivar la siembra de cacao durante un periodo de cinco años que va desde 2014 hasta 2019.

Dentro de la Casa de la Cultura que María de los Ángeles dirige se han creado varios talleres para formar a los jóvenes en diferentes ramas creativas. Los talleres son gratis y se ha formado un grupo de muchachos que pinta cuadros y trozos de madera con dibujos alusivos al cacao y un grupo de mujeres jóvenes que elaboran aretes y collares con granos de este cultivo. Y si esos talleres no son suficientes para motivar a la población juvenil, hay un grupo de danza para realizar coreografías con canciones que tengan una letra alusiva al cacao.

María de los Ángeles es el motor de este proyecto. No solo convenció a algunos campesinos para sembrar e impulsó que los jóvenes se involucren en actividades creativas, además ha producido un festival, ha motivado la creación de una tienda para vender chocolate en tablilla y ha influido en que los postes de electricidad y las paredes del casco urbano del municipio tengan dibujos que hagan referencia a la temática.

“Creo que está dando resultados porque los señores son agricultores, las señoras están procesando, los jóvenes están haciendo arte y a los que no les gusta todo esto… están bailando. Hay espacio para todos”, dice entre risas la directora de la Casa de la Cultura desde un salón multiusos.

En Caluco las oportunidades de trabajo no abundan. El año pasado el nombre del municipio estuvo varias semanas en los periódicos porque las pandillas provocaron el desplazamiento de la mayoría de los habitantes de El Castaño, uno de sus cantones. Además, varios pobladores del lugar afirman que hace dos años, algunos campesinos dejaron de ir a sembrar a sus tierras por el temor de encontrarse a un grupo de pandilleros armados.

En el último mapa de pobreza realizado por el Estado, el panorama de Caluco no se mostró favorable. La investigación evidenció que el 79 % de su población vivía en pobreza extrema y el 43.7 % de sus habitantes vivía en pobreza extrema severa. El panorama educativo tampoco es esperanzador. De acuerdo con el Observatorio del Ministerio de Educación, en todo el municipio hay 10 escuelas y solo una brinda clases de bachillerato. Además, la mitad de los centros escolares tiene problemas de seguridad interna por las pandillas y por lo menos el 12 % de los maestros de la localidad ha sido extorsionado por pandilleros.

En este contexto educarse es un reto. “Las oportunidades que se dan son algo escasas –dice un joven tímido que no levanta la vista de sus pinturas– porque, por ejemplo, si no me entero de este taller, creo que no hubiera aprendido nada”.

El que habla es Noé Villalta, parte del Grupo Calicacao. Él pinta un cuadro en el salón multiusos de la Casa de la Cultura y dice que estudió hasta primer año de bachillerato, que la cooperativa le ha ayudado a formarse y que tiene una hija que alimentar. Para ello trabaja en un restaurante, pero sueña con un día poder sostenerse a través del arte sin tener que salir de Caluco.

Si uno de los cuadros que Noé realiza se vende por t $3, se calcula que el costo es de $1.50. Entonces a Noé le corresponden $0.50 en concepto de ganancia, $0.50 se destinan a la cooperativa y $0.50 se guardan para la compra de materiales. El pago es bajo, pero Noé dice que “poco a poco se van formando las cosas y ya se mira uno con futuro”.

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Calicacao. Los integrantes del Grupo Calicacao no solo siembran y procesan el cacao, también lo utilizan en manualidades.

SEMBRAR, TRANSFORMAR, PINTAR Y BAILAR CACAO
Dentro de la Casa de la Cultura que María de los Ángeles dirige se han creado varios talleres para formar a los jóvenes en diferentes ramas creativas. Los talleres son gratis y se ha formado un grupo de muchachos que pinta cuadros y trozos de madera con dibujos alusivos al cacao y un grupo de mujeres jóvenes que elaboran aretes y collares con granos de este cultivo. Y si esos talleres no son suficientes para motivar a la población juvenil, hay un grupo de danza para realizar coreografías con canciones que tengan una letra alusiva al cacao.

María de los Ángeles es el motor de este proyecto. No solo convenció a algunos campesinos para sembrar e impulsó que los jóvenes se involucren en actividades creativas, además ha producido un festival, ha motivado la creación de una tienda para vender chocolate en tablilla y ha influido en que los postes de electricidad y las paredes del casco urbano del municipio tengan dibujos que hagan referencia a la temática.

“Creo que está dando resultados porque los señores son agricultores, las señoras están procesando, los jóvenes están haciendo arte y a los que no les gusta todo esto… están bailando. Hay espacio para todos”, dice entre risas la directora de la Casa de la Cultura desde un salón multiusos.

En Caluco las oportunidades de trabajo no abundan. El año pasado el nombre del municipio estuvo varias semanas en los periódicos porque las pandillas provocaron el desplazamiento de la mayoría de los habitantes de El Castaño, uno de sus cantones. Además, varios pobladores del lugar afirman que hace dos años, algunos campesinos dejaron de ir a sembrar a sus tierras por el temor de encontrarse a un grupo de pandilleros armados.

En el último mapa de pobreza realizado por el Estado, el panorama de Caluco no se mostró favorable. La investigación evidenció que el 79 % de su población vivía en pobreza extrema y el 43.7 % de sus habitantes vivía en pobreza extrema severa. El panorama educativo tampoco es esperanzador. De acuerdo con el Observatorio del Ministerio de Educación, en todo el municipio hay 10 escuelas y solo una brinda clases de bachillerato. Además, la mitad de los centros escolares tiene problemas de seguridad interna por las pandillas y por lo menos el 12 % de los maestros de la localidad ha sido extorsionado por pandilleros.

En este contexto educarse es un reto. “Las oportunidades que se dan son algo escasas –dice un joven tímido que no levanta la vista de sus pinturas– porque, por ejemplo, si no me entero de este taller, creo que no hubiera aprendido nada”.

El que habla es Noé Villalta, parte del Grupo Calicacao. Él pinta un cuadro en el salón multiusos de la Casa de la Cultura y dice que estudió hasta primer año de bachillerato, que la cooperativa le ha ayudado a formarse y que tiene una hija que alimentar. Para ello trabaja en un restaurante, pero sueña con un día poder sostenerse a través del arte sin tener que salir de Caluco.

Si uno de los cuadros que Noé realiza se vende por t $3, se calcula que el costo es de $1.50. Entonces a Noé le corresponden $0.50 en concepto de ganancia, $0.50 se destinan a la cooperativa y $0.50 se guardan para la compra de materiales. El pago es bajo, pero Noé dice que “poco a poco se van formando las cosas y ya se mira uno con futuro”.

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EL ORIGEN DE LA ALIANZA Y EL CACAO
Alianza Cacao brinda un servicio de asistencia técnica a quienes quieran ser productores de este cultivo. La alianza está pensada para tener una duración de cinco años, por finalizar en 2019. Está liderada por Catholic Relief Services y espera crear 13,500 empleos.

La alianza capacita a productores no solo para sembrar cacao, sino para organizarse y que en sus comunidades lleguen a procesar este producto originario de la región mesoamericana. En algunas publicaciones se dice que antes de la conquista española los granos del cacao eran ocupados para hacer una bebida amarga para los caciques mayas; otras investigaciones afirman que se utilizaba como ofrenda en sacrificios, como moneda de cambio y que era ocupado en tratamientos medicinales.

Sembrar este cultivo implica, de cierta forma, la recuperación de la memoria de la tierra. Así lo deja ver Jairo Andrade, el director de la alianza: “No hay otro lugar en el mundo donde el cacao esté tan vinculado en términos culturales como lo es acá en El Salvador. Es histórico. El famoso cacao que llevaron de México a España, ¿de dónde cree que era originario? Era de los territorios que hoy son El Salvador”, cuenta Andrade.

En este contexto educarse es un reto. “Las oportunidades que se dan son algo escasas –dice un joven tímido que no levanta la vista de sus pinturas– porque, por ejemplo, si no me entero de este taller, creo que no hubiera aprendido nada”.

A pesar de esa identidad tan ligada a este fruto, su presencia mermó en la vida agrícola de los salvadoreños. Poco a poco, el café, el algodón y la caña de azúcar sustituyeron la producción del cacao. Y a pesar de ser originario de estas tierras, ahora el continente africano es el mayor productor del cultivo en todo el mundo.

Sin embargo, El Salvador sigue teniendo una ventaja. El cacao de esta región tiene más de 3 mil años de historia. Genéticamente, asegura la alianza, es una de las mejores y más antiguas semillas del cultivo. Se considera que es de excelente calidad y que solo el 5 % de la producción mundial es de este tipo.

Andrade afirma que las semillas que se producen en El Salvador “pueden llegar a costar cuatro veces más de lo que cuesta el cacao masivo. Eso hace que el potencial como un generador de ingreso para las familias en El Salvador sea alto”.
A pesar de ello hay un problema para quien necesite utilizar la tierra para que esta produzca rápido. Quien siembre debe tener paciencia. Andrade lo explica: “Es un cultivo que para alcanzar el pico de producción demora entre cinco y seis años”.

En la ruta del cacao. Hasta la fecha se ha logrado registrar que por el impacto directo de este programa han sido sembradas en cuatro años al menos 4,735 hectáreas de cacao.

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LA TIERRA AGRADECE EL CACAO
Emilio Escobar está harto de los pájaros carpinteros. Es un hombre de 56 años que camina con el pecho en alto, es fuerte y está dedicado completamente a la vida del campo. Cuando llega a su terreno sembrado con cacao, no puede evitar mostrar su molestia con los chejes, como le llaman aquí a esas aves. En esta zona del cantón Plan de Amayo, de Caluco, él plantó hace cuatro años una manzana y media de árboles de este cultivo. Pero la suerte, hasta hoy, no ha estado de su lado.

Hace un par de años, un vecino estaba limpiando su terreno con fuego, vino una ventisca, el fuego se pasó hacia el terreno de Emilio y arrasó por completo con una manzana de árboles de cacao sembrados. Su producción se redujo a media manzana. Aquí es donde, a diario, debe pelear sus frutos con los chejes.

“Hemos tratado de ver si los podemos ahuyentar poniéndoles cosas brillantes. Hemos recolectado botellas plásticas y las hemos forrado con papel aluminio. Las colgamos en diferentes partes de la plantación y donde la pichinga tiene sol, pega resplandor”, narra después de inspeccionar su plantación. Él calcula que, de cada 10 mazorcas de cacao maduras, hay seis picadas por los chejes.

A pesar de las botellas brillosas, los pájaros siguen llegando y picando sus mazorcas de cacao. Ahora, lo único que se le ocurre a Emilio es sembrar árboles de naranja para que los chejes se distraigan comiendo esos frutos.

Y es que la venta de cacao, cuando se puede sacar, es buena. Él ya ha llegado a cortar 800 mazorcas cada ocho días. En el mercado de Sonsonate ha logrado vender cada libra a $2.50. Por ello, la recompensa económica de este trabajo es prometedora. Además, un árbol cacaotero puede llegar a producir hasta por 70 años. Pero hoy, todas las mazorcas picadas representan pérdidas para su hogar conformado por su esposa y tres hijos.

“No hay otro lugar en el mundo donde el cacao esté tan vinculado en términos culturales como lo es acá en El Salvador. Es histórico. El famoso cacao que llevaron de México a España, ¿de dónde cree que era originario? Era de los territorios que hoy son El Salvador”, cuenta Jairo Andrade, el director de la Alianza Cacao.

Emilio es uno de los 4,680 productores que han sido apoyados por la Alianza Cacao. Este miércoles de diciembre le pregunta a un representante de la alianza qué es lo que puede hacer para evitar más pérdidas en su terreno. El representante le asegura que enviará a un técnico con mejor información.

Para Emilio las razones por las cuales se unió al proyecto son sencillas: con estos árboles viene la promesa de un ingreso económico extra para su familia. Además, él dice que la mano de obra para recolectar las mazorcas “es más suave”, pues se trabaja bajo sombra. Esta posibilidad de trabajar la tierra con una mano de obra “suave” suena tentadora en un espacio como este. A solo unos metros, sus hijos recogen cilantro bajo el sol en otra parcela. El mediodía y el cielo completamente despejado hacen que el verde de las plantas hasta parezca fosforescente.

A pesar de que ya es hora de almuerzo, los hijos de Emilio siguen trabajando en este campo verde y oloroso. Emilio espera que ellos, al ver la posibilidad de una vida digna a través de la venta de mejores productos, decidan estudiar para encontrar mejores maneras de vivir sin tener que dejar su origen. “Mi hijo se va a graduar de bachiller en Contaduría y me dice ‘si la vida la tenemos en el campo, la tenemos en la tierra, vamos a echarle ganas para ver de qué forma aumentar los ingresos’”, relata Emilio orgulloso.

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Un cultivo agradecido. El cacao da frutos durante la época seca y de lluvias. Además, un solo árbol puede llegar a tener una vida productiva de hasta 70 años.

LOS OTROS BENEFICIOS DE LA SIEMBRA DE CACAO
Para llegar a una parte de la parcela de Emilio es necesario abrir el camino con una cuma, cortar ramas con espinas y cruzar un río pequeño. Por un momento, mientras Emilio inspecciona su terreno, sospecha que no hay suficiente humedad en la tierra. Pero la tierra no está visible, pues una capa de hojas la cubren. Las aparta con la cuma y se encuentra con una tierra negra y húmeda, adecuada para el cultivo.

A diferencia de lo que alguna vez les recomendaron, los productores ya saben que el cacao necesita un 50 % de sombra y un 50 % de sol para crecer. Por eso deben sembrar árboles que funcionen como su sombra. La clave que ha encontrado la alianza para hacer que los productores vean esto como un beneficio es recomendarles sembrar árboles que den sombra y que también sean productivos como el coco o plátano.

Emilio optó por hacer una sombra de plátano. Él y su esposa se han dedicado en los últimos meses a vender tostadas de plátanitos. Ellos mismos cosechan, cortan y fríen el producto que luego las personas les compran como bocadillo.

El cacao y el plátano no solo ayudan a sostener a la familia, cuando sus hojas caen y es invierno, ayudan a preservar el suelo en época de lluvias. Durante la época seca, esa misma cobertura vegetal sirve para que no se pierda la humedad de la tierra. El director de la alianza asegura que con esto “se genera una microfauna muy interesante. Empieza a mejorarse la calidad biológica del suelo”.

El cultivo del cacao, a diferencia del café, también representa un ingreso más sostenido para las familias campesinas. El árbol da fruto tanto en verano como en invierno. Otros cultivos tradicionales se siembran más por necesidad que por la oportunidad de hacer negocio.

Manuel Beltrán, otro productor de cacao de Caluco, lo cuenta de una manera simple. “El cacao ya es un aliciente que viene a llenarle algunos vacíos a uno”, dice. Dentro de una plantación del cantón Plan de Amayo, él dice: “Lo que es agrícola, puramente maíz y frijol, uno lo hace porque tiene que comer tortillas, pero que uno diga que le va a ganar, no. Mire ahora cuánto vale el quintal, en esas condiciones uno sobrevive porque Dios es grande”.

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MUJERES QUE TRANSFORMAN
En octubre de este año, una muestra de cacao de El Salvador figuró por primera vez como una de las mejores 18 a escala mundial. Esto ocurrió en el Salón del Chocolate en París, Francia, donde se realizó un certamen que reunió a países con producción gourmet de dicho producto.

Fue un logro para el productor salvadoreño Eduardo Zacapa, que logró posicionar su muestra y también se entendió como un logro para la producción nacional de cacao. No obstante, en Caluco el impacto directo de la reactivación de un cultivo como este no se mide en premios o en ranking internacionales, se mide en que, por ejemplo, una mujer como Marta Posada ahora tiene un ingreso fijo por cada jornada que trabaja transformando cacao.

Grupo Calicacao. En él participan jóvenes que reciben clases de pintura y luego realizan artesanías y pinturas que son comercializadas. En la fotografía, Noé Villalta pinta una de sus piezas en madera.

Se le llama transformar al proceso de convertir la semilla seca de cacao en un producto comestible o bebible, según se prefiera. Marta tiene 59 años, es ama de casa, tuvo seis hijos y cuando se le pregunta por los nietos, duda por un segundo mientras calcula que, quizá, sus nietos llegan a la docena. Esta mujer espontánea y de plática amena logró criar a todos sus hijos vendiendo tablillas de chocolate.

Ella cuenta que había días tan buenos en los que lograba vender unos 100 colones de tablilla, unos $8.75. Ella aprendió de su mamá las recetas para procesar el cacao. Su padre tenía unos árboles de los cuales sacaban la materia prima y, con lo que aprendió en su familia, se consolidó como la vendedora de chocolate del municipio. La tradición de su producto es tanta que algunos lugareños afirman que “bien sabe uno cuando el chocolate es de la niña Marta”.

Por eso, cuando la directora de la Casa de la Cultura inició el proyecto de desarrollo local a través del cacao, Marta fue una de las contactadas. Ella sabía bien cómo tratar las semillas y le enseñó algunas recetas al resto de mujeres que se unieron al Grupo Calicacao.

“Los hombres suelen migrar en busca de un ingreso extrafinca para solventar la economía familiar, y la mujer, frecuentemente, queda a cargo de las actividades productivas de la parcela, pero eso no se sincera porque si uno ve las listas de las personas donde decimos cuáles son las personas beneficiarias del proyecto, vemos que el 80 % o un 90 % son hombres, cuando el trabajo real lo está haciendo la mujer”.

Al lado del parqueo de la Casa de la Cultura hay un cuarto con varias mesas y material para realizar tablillas de chocolate. Es el cuarto donde las mujeres del Grupo Calicacao se reúnen para transformar la semilla. A veces trabajan en función de un pedido y en otras ocasiones, como explica Marta, esperan venderlo entre vecinos: “Hay que salir a pasearlo y esperamos, primero Dios, ya con la cooperativa salir adelante”.

Al igual que sucede con las pinturas que hacen los jóvenes, todo el ingreso del producto que se vende, se divide. Una es la ganancia personal y otra parte está destinada a la cooperativa. En esta asociación se intenta generar capital y, aunque su inicio ha sido lento y lleno de baches, sus integrantes hablan con ilusión por el futuro. La meta fijada para 2018 es ambiciosa. Esperan aumentar sus ingresos, mejorar la presentación de sus productos y consolidar una marca.

Mientras Marta trabaja en unas tablillas de chocolate afirma que “aquí lo que va a salir de ganancia lo vamos a ver después. Ahorita trabajamos, nos pagan a nosotros el día y lo que quede de ganancia, va a quedar. Ya cuando tengamos bastante ya vamos a ver qué hacemos”.

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POR EL FUTURO
“Históricamente ha habido discriminación hacia la mujer en general, hacia los jóvenes y los enfoques de los proyectos han sido generalmente trabajar con el jefe de familia”, asegura el director de Alianza Cacao, Jairo Andrade, desde su oficina en San Salvador.

De acuerdo con las estadísticas de esta institución, en estos cuatro años del programa se ha logrado sembrar 4,735 hectáreas de cacao a través de 4,680 productores. De esos, mil son mujeres enlistadas como productoras. Sin embargo, Andrade hace un matiz:

“Los hombres suelen migrar en busca de un ingreso extrafinca para solventar la economía familiar y la mujer, frecuentemente, queda a cargo de las actividades productivas de la parcela, pero eso no se sincera porque si uno ve las listas de las personas donde decimos cuáles son las personas beneficiarias del proyecto, vemos que el 80 % o un 90 % son hombres, cuando el trabajo real lo está haciendo la mujer”.

Además de la búsqueda por reivindicar la labor de la mujer en el campo, este proyecto tiene un componente de arraigo. La directora de la Casa de la Cultura de Caluco, María de los Ángeles, afirma que lo más común al ver las pocas oportunidades que existen para las personas de la zona rural es preguntarse: “¿Y qué va a hacer toda esta gente?”

Ella cree que si se le asegura a las personas campesinas un trabajo con ingresos dignos y la oportunidad de desarrollar una técnica adecuada y conocimiento especializado sobre sus productos, es posible que los jóvenes del municipio decidan quedarse a mejorar los cultivos y ser un referente del cacao gourmet.

Ahora mismo eso es un sueño. Pero María de los Ángeles se adelanta al pesimismo y responde que “hay que tener paciencia. No es de la noche a la mañana que esto produce. La esperanza es que le dejemos algo mejor a las nuevas generaciones”.

Un cultivo antiguo. A pesar de que el cacao es originario de Mesoamérica, su siembra como producto para comerciar a gran escala se descontinuó. Ahora se intenta reactivarlo.

¿Dónde se enflora a un desaparecido?

Guadalupe Mejía, fundadora de CODEFAM

Se llama Guadalupe Mejía y sus allegados la conocen como madre Lupe. Ahora es una señora de 74 años que camina lento y apoyada en un bastón, pero ha pasado los últimos 40 años de su vida organizando marchas, gritando consignas en megáfonos, realizando protestas y exigiendo justicia. Este año se anunció en Casa Presidencial la creación de CONABUSQUEDA y para Guadalupe esa es una señal de que después de décadas buscando a hombres y mujeres desaparecidos, hoy se encuentra un poco más cerca de conocer su paradero.

Su plan nunca fue ser activista. Quería graduarse de maestra, sin embargo, solo pudo estudiar hasta segundo grado. Guadalupe nació en el cantón La Ceiba, de Chalatenango, y cuando tenía 17 años, se casó con Justo Mejía. Pronto formaron una familia que se sostenía vendiendo atarrayas y trabajando la tierra.

Sin dinero para hacer la siembra, Justo fundó la Unión de Trabajadores del Campo y una cooperativa campesina para acceder a créditos. Los militares señalaron como comunistas a los integrantes de la cooperativa. En 1977, Justo fue asesinado. Guadalupe tenía 34 años cuando quedó viuda y con nueve hijos que criar.

La historia de ese período de la vida de Guadalupe inspiró al escritor Manlio Argueta para escribir la novela “Un día en la vida”. Ella le brindó una entrevista en la que le contó el origen de su dolor. “Si yo no hubiera tenido esa entrevista, no hubiera tenido material para escribir”, reconoce ahora Argueta.

Tras el asesinato de Justo, vinieron otras muertes. Uno de los hermanos de Guadalupe fue desaparecido y no se ha podido encontrar sus restos. Y ya en 1981, fuerzas estatales asesinaron a siete de sus familiares.

Guadalupe, junto a otras personas, fundó el Comité de Familiares de Víctimas de las Violaciones de los Derechos Humanos Marianella García Villas (CODEFAM) en 1981. Desde ahí denunció las torturas que sus familiares vivieron. También presionó a cuanta autoridad fue necesaria para liberar a cientos de presos políticos. Desde los ochenta, su organización ha brindado apoyo para las madres y familiares que tienen la esperanza de encontrar, al menos, los huesos de sus seres queridos.

Durante esta plática, Guadalupe a veces olvida algún detalle específico y cierra los ojos, hace una mueca y se pone las manos sobre la cara como si le avergonzara olvidar. Todo su trabajo ha sido enfocado en recordar. Ella también fue una de las principales impulsoras del Monumento a la Memoria y a la Verdad ubicado en el parque Cuscatlán, en San Salvador. Ahí se recogen los nombres de los desaparecidos y asesinados durante el conflicto armado. Es un espacio donde se concreta la memoria, pero es un monumento descuidado que se deteriora ante la indiferencia pública.

Irónicamente, aunque los dolores de la vida de Guadalupe son de conocimiento público y su legado se materializó en un libro y un monumento nacional, su nombre no suele resaltar con letras grandes. La historia no ha sido justa retratando a una mujer que se ha esforzado por combatir el olvido en un país que parece ser amnésico.

¿Cree que el país ya aprendió su lección con respecto a los desaparecidos?
Yo digo que está lejos todavía para aprender eso. Mire cómo hay desapariciones de gente. Yo pensaba que después de los Acuerdos de Paz ya no se iban a seguir dando estos hechos, pero se siguen dando y no sé hasta dónde vamos a llegar. No sé qué hacer. Me siento incapaz de decir “hagamos esto para que eso no se dé”.

Guadalupe Mejía

¿Cómo vive una madre que no encuentra a sus hijos?
Es una gran tristeza y angustia quererlos encontrar. Ya cuando los encuentra es tranquilidad para ella, porque por lo menos les dan cristiana sepultura. Con eso ya uno queda más tranquilo.

Hay algunas personas que dicen que es mejor dejar eso en el pasado. ¿Por qué es importante hacer excavaciones para encontrar los restos de los desaparecidos?

Porque uno entierra y ya queda conforme que ya queda ahí descansando la persona. Mientras (eso) no está, uno anda pensando que dónde están, que no sabe qué pasó. Encontrar los restos le ayuda a uno a sanar las heridas.

¿Entonces no es cosa del pasado?
No, si para nosotros ese tema es como que fuera ahorita. Porque pasó hace años, pero uno todos los días los recuerda y piensa en ellos. Para uno no es cosa del pasado. Es cosa de presente y de mañana también.

¿Cuántos familiares desaparecidos tiene usted?
Solo mi hermano Gilberto. Está desaparecido desde agosto de 1981.

¿Cómo lo desaparecieron a él?
Él venía para Aguilares a ver a mi mamá. Y en el puente de hamacas lo detuvieron y se lo llevaron. No estoy segura de quién se lo llevó, pero iban vestidos de soldados.

¿El asesinato de su esposo, Justo Mejía, fue de los primeros casos violentos que vio en Chalatenango?
Sí, de los primeros casos en 1977.

Se casó con él bien jovencita.
De 17 años. Bien jóvenes comenzábamos la vida ya acompañadas o casadas.

¿Justo se organizó después de casarse?
Sí, hasta después. Nosotros solo trabajábamos. Hacíamos los paños y las atarrayas para irlas a vender. Mañaneaba a trabajar en los paños y de ahí se iba a la milpa. Regresaba en la tarde y no teníamos otra preocupación.
Recuerdo que nos reuníamos para estudiar el evangelio y entonces salíamos a las comunidades y analizábamos lo que la biblia nos decía. Así fue como comenzó la vida organizada. Después él se organizó en una cooperativa de campesinos que era de ahorro y crédito. La formó para que los campesinos obtuvieran tierras y créditos para trabajar porque no se tenía cómo comprar el abono.

¿Usted sintió algún presentimiento de que eso era peligroso?
Al principio no. Lo que hacíamos era estudiar la biblia e ir a las comunidades, haciendo asambleas con ellas. Hasta que un día nos dijeron que no teníamos que andar en eso porque era peligroso. Eso dijeron los orejones.

¿Cómo fue avanzando todo hasta que pasó el asesinato de su esposo?
Los campesinos formaron la cooperativa y se reunían. Ahí llegaban los soldados y la Guardia a ver qué hablaban. Así fue agudizándose más porque ya los vigilaban y donde nosotros andábamos, ellos también andaban.

Quienes estaban en contra de que los campesinos se organizaran decían que esa era una causa comunista. ¿Qué sabían del comunismo?
No sabíamos qué era comunismo. Nos decían que nosotros estábamos enseñándolo, y yo les decía: “¿Y qué es comunismo?” Porque así era, no sabíamos y nos decían que éramos subversivos, todas esas palabras.

¿Usted, en ese momento, entendía esas palabras?
No, yo no les entendía qué quería decir subversivo, ja, ja… no entendíamos qué era, hasta que nos decían revoltosos.

Cuando a su esposo lo mataron, usted ha contado que tuvo que negar que él era familiar suyo. En esa constante huida en la que estaban, ¿tuvo algún momento privado para llorarlo?
Muy poco espacio nos quedaba para eso. Sí me daban ganas de llorar, y lo hice, quizá, pero lloré en silencio, sin que la gente lo supiera. Su cadáver lo hicieron destrozado. Por eso Monseñor Romero decía que Justo Mejía había sufrido la pasión de Cristo. A él le quebraron los brazos, le sacaron el ojo, le quitaron las uñas con las boquillas de los fusiles y lo colgaron de los árboles. Lo tiraron allá, en una quebradita, cerca de un palo de quina.

Cuando usted encontró el cadáver de Justo, ¿lo enterró en ese mismo lugar?
Sí. Cuando estábamos en el entierro de él, los guardias nos pusieron en una fila y nos preguntaron quién era el familiar del muerto. Nosotros les dijimos que no había nadie de la familia, que estábamos haciendo una obra de caridad. Es bien duro tener que negarlo por amor a la vida de mis hijos.

Leí que días después sacaron el ataúd del primer lugar donde lo enterraron y lo llevaron a otro lugar para hacer una vela.
Sí, a los 17 días lo vinieron a sacar los compañeros. Lo asearon y lo bajaron por esas lomas hasta llegar a El Jícaro.

¿Pudo ir a la vela?
Sí, ahí fui toda la noche. Lo llevamos para El Jícaro en el día y después fuimos a La Ceiba. Ahí lo velamos. Al siguiente día lo enterramos ya en el cementerio. Después de que a Justo lo mataron, nos quedamos viviendo allá en la comunidad. Pero llegaron los escuadrones de la muerte y nos sacaron. En la puerta habían puesto un letrero y la mano blanca. Nos daban 15 días para que abandonáramos la casa.

¿Cómo la apoyó Monseñor Romero?
Cuando se llevaron a mi esposo, que estaba como desaparecido, vine a poner la denuncia donde él y ahí fue donde lo conocí.

En una homilía Monseñor Romero dijo que se le “horrorizó el corazón” cuando la vio llegar con sus nueve niños a contarle de la tortura y el asesinato de su esposo. ¿Cómo era la relación con Monseñor Romero?
Con Monseñor Romero convivimos desde que estaban haciendo una champa que ocupábamos nosotros mismos en el arzobispado.

Como familiares de desaparecidos, ¿cómo vivieron ustedes el momento en el que mataron a Monseñor Romero?
Fue duro porque nosotros teníamos una gran esperanza en él porque nos ayudaba. Era la persona a la que íbamos a denunciar los hechos que habían pasado. Por ejemplo, los que capturaban en la semana, nosotros el domingo lo íbamos a denunciar a Monseñor. Por eso él los daba en la homilía del domingo.

¿No pensó que si a él lo mataron, le podían hacer eso a cualquiera?
Ah, cómo no. Eso lo pensábamos nosotros. Que habían tenido el valor de hacerle eso a nuestro obispo, ¿cómo no a cualquiera se lo iban a hacer? Cuando llegábamos a los cuarteles, nos decían: “Váyanse, viejas. ¿Qué vienen a buscar? Aquí van a quedar ustedes también”. Nosotros hacíamos eso conformes a que cualquier cosa nos podía pasar.

Guadalupe se convirtió en una voz de denuncia de las violaciones a los derechos humanos. En 1979 realizó un viaje por Centroamérica denunciando los crímenes contra los campesinos y conoció al escritor Manlio Argueta. Él asegura que primero entrevistó a Guadalupe en un grupo de cinco mujeres. Luego le realizó una entrevista privada de 45 minutos. “En ese momento no estaba pensando escribir una novela”, cuenta Argueta. Ocho meses después de haber escuchado su historia, se dispuso a escribir el libro “Un día en la vida” y lo basó en el testimonio de Guadalupe. Argueta comenta que aunque la novela ha sido catalogada de carácter testimonial, es un texto de ficción basado en hechos reales. Le tomó tres meses escribir ese libro.

¿Cómo fue el viaje a Costa Rica?
Hicimos una gira que nos organizó aquí la universidad. Íbamos con estudiantes, con maestros, y fuimos a Honduras, a Panamá y Costa Rica. Allá, en Costa Rica, fue que encontramos a Manlio Argueta. Y ahí él tomó mi testimonio.

¿Cómo se sintió cuando vio el libro “Un día en la vida”?
En Inglaterra, en una gira que andaba allá, me dijo una persona donde me quedé que si ya había visto mi libro y le dije que no. “Ah, ya se lo voy a enseñar”, me dijo, y me lo enseñó. Yo no sabía que estaba ese libro, pues.

¿Le hubiera gustado que le pidieran permiso para usar su historia?
Como no. Sí porque ahí no me pidieron permiso. Nada más fue así.

La historia está basada en usted, pero tiene elementos de ficción. ¿Cómo se sintió cuando la leyó?
El libro tiene bastante de lo que sufrimos allá, en La Ceiba. Eso sí, pienso que me removió porque yo eso no lo había contado así a otra gente y en el libro salía lo que habíamos sufrido en la comunidad.

Ellos estaban durmiendo. Como a las 10 de la noche se empezaron a oír los gritos de las personas y los disparos. A una comadre la mataron con el yatagán, un cuchillón que tiene dos patas para que cuando se lo metan, tope. También mataron a un primo de Justo. Hicieron una rueda con la familia de él y en medio lo mataron. Ellos tenían un niño chiquito y ese niño se enloqueció, quizá de eso.

¿Se sintió extrañada?
Como no, pero como ya estaba hecho el libro… así se da cuenta mucha gente de lo que vivimos. Muchos no conocen la realidad y por lo menos leyendo libros conocen un poco.

Hablemos de cómo empezó su organización, CODEFAM. ¿Cómo decide organizarse?
El espíritu de fortaleza me lo da mi esposo, porque uno no tiene otra cosa más que contar lo que pasó y hacerse fuerte para contarlo con la idea de que estos hechos no se repitan.

Además del caso de su esposo, ¿hubo otro caso que la hiciera decidirse para estar en la organización?
Sí, el asesinato de siete familiares, entre primos, sobrinos y una señora que era comadre de nosotros. Fue terrible, en 1981. Allá, en Las Vueltas. Ellos estaban durmiendo. Como a las 10 de la noche se empezaron a oír los gritos de las personas y los disparos. A una comadre la mataron con el yatagán, un cuchillón que tiene dos patas para que cuando se lo metan, tope. También mataron a un primo de Justo. Hicieron una rueda con la familia de él y en medio lo mataron. Ellos tenían un niño chiquito y ese niño se enloqueció, quizá de eso.
También había otra muerte que nos dolía: se llamaba Catochita y era una señora que no tenía dónde dormir y se quedaba donde le agarraba la noche. La mataron a ella. Su niña, que tenía unos 10 meses, estaba tomando pecho y pasó toda la noche tomando pecho en la señora muerta. Viera, eso sí duele. Muchas barbaridades hicieron con nosotros.

¿Actualmente usted recibe salario por su trabajo?
En los años que teníamos dinero sí nos daban un salario. Después ya no se podía, ya no recibimos.

¿Cuál diría que es el mayor logro de CODEFAM?
La libertad de los presos políticos. Pudimos sacar como a 1,000 presos políticos de diferentes penales del país.

¿Cómo lo lograron?
Luchando, haciendo actividades en las calles, consiguiendo fondos para pagarle a los abogados para que ellos tomaran los datos. Así fue como se logró. Con la presión de las madres que hacíamos marchas y hablábamos con el director general de los penales y así.

Muchos dirían que organizaciones como CODEFAM perdieron su sentido de existir si ya pasó la guerra. ¿Por qué su trabajo es importante 25 años después de haber firmado la paz?
Mi trabajo como defensora de los derechos humanos es importante porque siempre se violan los derechos humanos. Talvez no igual como se violaron en la guerra, sin embargo, hoy se viola lo mismo en otra forma. No dejo de trabajar hasta que Dios me llame porque estamos viendo que haya justicia y que haya reparación. Hay que buscar a las personas que mataron, las tiraron y no se sabe a dónde.

Me acuerdo de una madre que se llamaba Yolanda. Ella hace cuatro años murió y me decía: “Madre Lupita, no quiero morirme sin saber de mi hijo. Quiero morirme pero cuando ya sepa de mi hijo. No quiero quedar así”. Ella lo anduvo buscando varias veces. Hubo una vez que le dijeron que les llevara dinero, que se lo iban a tener en un lugar, y ella llegó y solo le quitaron el dinero y no le llevaron al hijo.

A mí no se me olvida otra vez que ella me dijo: “Fíjese lo que me pasó: me subí al bus de la ruta 2 y allá, al fondo, vi a mi hijo y caminé para donde él y lo toqué. ‘Hijo’, le dije, y me volteó a ver el muchacho. ‘Ay, me equivoqué’”. Imagínese con qué fe ella pensó que él era su hijo. A mí eso no se me olvida y me da no sé qué no poder hacer nada con el caso de ella, porque se murió así, con su hijo desaparecido.

Yo tengo esperanza de que un día sepamos la verdad. Porque con la Comisión de Búsqueda, si su trabajo lo desempeñan como tienen que desempeñarlo, es posible que se esclarezcan casos. Que le digan a usted “venga, aquí hay una fosa con tantos cadáveres”. Van, la revisan, se investiga y se ve si son de los desaparecidos.

¿Usted cree que las madres de desaparecidos están desilusionadas de no poder conocer la verdad del paradero de sus hijos con los gobiernos de ARENA y FMLN?
Sí, porque ellas tenían otra esperanza de que cuando ya estuviera un gobierno del FMLN, que hubiera más apoyo en esos casos, pero no. Todavía no se sabe.

¿Con dos gobiernos del FMLN eso ya debería haberse destapado?
Yo digo que sí, debería ser así. Ya la información la debería de pedir el presidente para poderla conocer. Si estando el FMLN no hemos podido y si llega otro, cómo la vamos a conocer.

En 2014, el Ministerio de la Defensa no permitió que el Instituto de Acceso a la Información Pública (IAIP) ingresara a las instalaciones del archivo castrense. El IAIP buscaba determinar la existencia de documentos de planes militares e información sobre las personas que participaron en violaciones a derechos humanos. En abril de este año, el IAIP concluyó con que hay evidencias de que la Defensa destruyó varios documentos referentes a operativos militares que terminaron con el asesinato de población civil.

La Fuerza Armada se ha negado a compartir la información de los casos de las masacres y usted les ha pedido que colaboren con la justicia.
En una pedida (de perdón) pública les dije que colaboren con la información. Ellos conocen lo que hicieron y también tienen esa información. Si no lo hacen es porque no quieren, no porque no la tengan.

¿Recuerda alguna ocasión en que la Fuerza Armada sí haya colaborado brindando información?
No, no me acuerdo nunca que nos hayan dado algo de información.

Guadalupe Mejía

En 2003 CODEFAM y otras organizaciones lograron inaugurar el Monumento a la Memoria y a la Verdad en el parque Cuscatlán. ¿Cómo fue luchar por la creación de ese monumento?
Fue muy difícil, pero se logró porque se hizo una campaña para que la gente viniera a dejar sus nombres. Aquí venían y (más) los que sacábamos nosotros de afuera.

¿Por qué era importante tener en un monumento los nombres de las víctimas?
Para guardar la memoria de ellos y para que los jóvenes conozcan lo que pasó. También es importante para las madres porque ellas van a depositar la flor y cuando quieren ir a ver, van. Ahí hablan con su ser querido. Cuando no teníamos ningún monumento no se hallaba dónde ir a enflorar. No teníamos un lugar fijo porque ¿dónde se enflora a un desaparecido si uno no conoce el lugar?

Ahora la gente llega y pone nuevos nombres…
Sí, así es. Y ellos manchan también el muro. Ponen cosas de tirro, y nosotros ya les dijimos que no pongan porque se va manchando el espacio.

¿Quién le da mantenimiento a ese monumento?
Pues sí eso es lo que hace falta: alguien que le dé mantenimiento. Nosotros ya hablamos con la alcaldía y con SECULTURA para ver si le dan mantenimiento y han expresado que sí le van a dar, pero todavía no. Y se está manchando de arriba, cae lodo cuando llueve y se mancha la plancha.

¿A ustedes les dicen que no o les dicen sí pero no lo hacen?
Nos han dicho que sí, pero todavía no lo han hecho.

¿Desde cuándo están pidiendo el mantenimiento del monumento?
Ya tiene como ocho años.

Los familiares mantienen la esperanza de encontrar a las personas cuyos nombres están inscritos en el monumento. En septiembre de este año el presidente anunció la creación de la Comisión Nacional de Búsqueda de Personas Adultas Desaparecidas en el Contexto del Conflicto Armado en El Salvador (CONABUSQUEDA). Esta comisión será una dependencia del Ministerio de Relaciones Exteriores y estará conformada por tres comisionados que tendrán la misión de identificar el paradero de los desaparecidos durante la guerra. Aún no se conoce cómo será su mecanismo de actuación.
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Usted ha dicho que va a seguir trabajando hasta que un día se haga justicia. Eso suena a tener un montón de esperanza.
Pues sí, yo tengo esperanza de que un día sepamos la verdad. Porque con la Comisión de Búsqueda, si su trabajo lo desempeñan como tienen que desempeñarlo, es posible que se esclarezcan casos. Que le digan a usted “venga, aquí hay una fosa con tantos cadáveres”. Van, la revisan, se investiga y se ve si son de los desaparecidos.

¿Cree que sus nietos van a ver un país más justo?
Espero que así sea, porque uno sale con miedo porque cualquier cosa le puede pasar a sus hijos. Eso es lo que uno no quisiera porque ya vivimos esos hechos y no quisiéramos que se repitan.

La historia parece que sí se repite.
Sí, parece y se repite. En otro ámbito, pero siempre se repite.

¿Cuál es su plan para 2018?
No es mucho el plan, lo que espero es que la Comisión de Búsqueda funcione y se empiece a conocer la verdad de los hechos, que se empiece a saber de los desaparecidos, que los encuentren. Eso es lo que pienso de 2018.

Él tiene la costumbre de golpear a las mujeres

Fernanda, UNA MUJER QUE ENFRENTA VIOLENCIA DOMÉSTICA

Fernanda es una mujer de ojos grandes y manos trabajadoras. Es treintañera y todos los días se levanta temprano para ir a trabajar en un sitio donde realiza labores domésticas. Por su propia seguridad se ha omitido su nombre real y su ubicación en el país. Ella vive con su pareja quien es, a su vez, su agresor.

“La violencia contra la mujer es la forma más extrema de discriminación y, en los casos más graves, esa violencia puede provocar la muerte”, sostiene la ONU. La pareja de Fernanda la ha golpeado incontables veces en los últimos años, se ha referido a ella como “perra” y cuando ella menciona la palabra denuncia, él amenaza con matarla.

Su historia, lejos de ser única, forma parte de un patrón. De acuerdo con un informe del secretario general de la ONU, el 19 % de mujeres entrevistadas en 87 países entre 2005 y 2016 dijeron que habían experimentado violencia física o sexual de su pareja en el último año previo a ser encuestadas. En otras palabras, de cada 10 mujeres entrevistadas, dos aseguraron que sus novios o esposos las habían golpeado o agredido sexualmente.

El compañero de vida de Fernanda es un hombre trabajador, no pertenece a pandillas y no tiene nexos con grupos delictivos. Es un hombre que tiene la mala “costumbre” de golpear mujeres.

Un artículo de la revista Realidad de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas titulado “Mujer y violencia en El Salvador” sostiene que uno de los mitos de la violencia doméstica es que esta solo sucede en hogares pobres. La realidad suele ser distinta. El texto afirma que “no es difícil encontrar similares actitudes violentas en obreros y patronos, en analfabetos y profesionales, en albañiles y psicólogos”.

De acuerdo con cifras de la Policía Nacional Civil en 2016 se recibieron 1,176 denuncias de violencia intrafamiliar. En 1,020 ocasiones las denuncias fueron interpuestas por mujeres. Las organizaciones que trabajan con mujeres maltratadas aseguran que el nivel de denuncia aún es bajo en comparación con la realidad de mujeres que experimentan violencia. Aun así, el observatorio de la Organización de Mujeres Salvadoreñas por la Paz (ORMUSA) registró que en el primer trimestre de este año se denunciaron cinco casos de violencia intrafamiliar al día.

“Nosotros tenemos aproximadamente cuatro años de estar juntos. Y como toda pareja, cuando comienza es todo color de rosa”, narra Fernanda durante un descanso de su trabajo.

¿Dónde lo conoció?
Acá cerca. Andábamos paseando con una tía de él y de repente nos vimos. Yo le dije a la tía de él: “¿Y ese bombón?”, “¿cuál bombón? Ese es mi sobrino”, me dijo ella. Él andaba con su niño chiquito y cruzamos miradas. Desde ese día comenzamos a platicar, a hablarnos por teléfono y así se fue dando la relación.

Él le dijo a la tía que le consiguiera mi número. Yo, emocionada, hasta mariposas sentía. Le dije: “Está bonito tu sobrino, ¿qué pasó?, ¿está solo?” Es lo primero que le pregunté. “Sí”, me dijo, “hace como ocho meses terminó una relación, le ha ido mal”. “¿Ah, de verdad?” dije más emocionada. “Si querés hablémosle”, me dijo. Le hablamos y él bien nervioso y yo igual.

Desde ese día ya prácticamente no nos apartamos porque va de hablar, eran las 2, 3 de la mañana y nosotros hablando.

¿De qué hablaban?
De su vida, de qué había hecho… cosas así. Él me contaba sus cosas y yo le contaba las mías y fue bonito…

¿Viven juntos?
Sí, hoy sí vivimos juntos. La primera vez que salimos fue como a los tres meses y medio. Fuimos a tomarnos un café, pero nosotros como que éramos bichitos, todos nerviosos y todo bien chivo. Yo sentí como mariposas. Bien emocionada y ya después, como yo le había dicho que no andaba con nadie, me preguntó: “¿Qué pasó, vamos a andar?”, “vaya”, le dije yo. Desde ahí comenzamos a salir. Yo venía a su casa y así, nos llevábamos bien.

¿Ha sucedido un cambio?
Sí, cuando uno comienza todo es bien bonito, pero ya después… como a los seis meses ya nos acompañamos. Yo llegaba a su casa y de repente ahí me quedé, jaja… quizás ese fue mi error, no sé.

¿Él vivía solo?
Sí, él vivía solo. Y no sé cuál fue el error, pero la cuestión es que nos quedamos juntos. Después de que ya nos acompañamos… puya. Uno nunca termina de conocer a la persona, pero yo no sabía cómo era él. En la primera discusión que tuvimos, si más me ahorca. Como a los cuatro o cinco meses que teníamos de estar acompañados, un día llegó algo tomado. Como es bien alto y más grande que mí, me levantó por detrás y yo de tonta le decía como podía: “¡Hey!, soltame” porque me tenía bien aprisionada. Y él: “No, que te voy a matar”.

¿Por qué estaba enojado?
No me acuerdo por qué discutimos y de un solo me agarró del (cuello). De ahí yo solo me le quedaba viendo, pero no le decía nada y los ojos llorosos. Ya después le dije “nombre, mejor andate, que te pase la cólera, no sé qué sentís”. Y al siguiente día como que no había hecho nada y yo solo me le quedaba viendo. Desde ese día comenzaron los problemas. Y me costó que me soltara y pasé como 15 días con dolor de garganta porque me la presionó. Él toma seguido y cada vez que llegaba bolo, no había día que no me dejaba así.

Los motivos por los que este tipo de agresiones no se denuncian son múltiples. Entre ellos están la “vergüenza y estigma, las barreras financieras, la impunidad percibida para los perpetradores, la falta de conocimiento de los servicios disponibles, amenaza de perder a los hijos, el miedo a meter al agresor en problemas, el miedo a represalias, actitudes discriminatorias hacia las víctimas en los tribunales y las instituciones policiales, y desconfianza hacia los trabajadores de la salud”. Así lo recoge la investigación “La punta del iceberg: la denuncia de la violencia de género en los países en desarrollo” de la Revista Americana de Epidemiología.

Uno nunca termina de conocer a la persona, pero yo no sabía cómo era él. En la primera discusión que tuvimos, si más me ahorca. Como a los cuatro o cinco meses que teníamos de estar acompañados, un día llegó algo tomado. Como es bien alto y más grande que mí, me levantó por detrás y yo de tonta le decía como podía: ‘¡Hey!, soltame’, porque me tenía bien aprisionada. Y él: ‘No, que te voy a matar’.

¿Usted le contó a alguien?
No. La familia de él bien feo el modo. Como tres veces me vieron golpeada en mi cara. Incluso, la última vez me vio la mamá de él. Ella vio cómo me bajó él de las mechas.
“Soltame, ¿qué te pasa?”, le decía yo, porque estábamos discutiendo por una cipota. “Mirá, platiquemos que a vos no te gusta hablar”, le pedía. “No, que vos ya me tenés harto”, me respondía. “No me golpees, que yo solo un papá tuve”, le dije. Como que más alas agarró… me bajó del pelo para el suelo y la señora solo se hizo para atrás, como que una basura iba pasando.

Me le quedé viendo y me puse a llorar porque, obvio, me dolía. Y yo dije, “si le pego una manada, voy a dar lástima”. Por eso he tratado la manera de no oponérmele. Ese día me llevó la que no me trajo, como dicen. A mi suegra le dije: “¿por qué no te metiste?”, y ella me dijo: “Yo no, eso es problema de pareja”. Ese mismo día en la noche me había dejado el pómulo izquierdo hinchado y me dejó al lado de afuera, así en el patio. Y ahí teníamos la refri nosotros.

¿Cómo la dejó afuera?
No me dejó entrar al cuarto. Mi suegra vivía entonces ahí. Y yo toda la noche pasé ahí. Y como tenía que venir a trabajar, pasé toda la noche poniéndome escarcha porque no tenía hielo para que se me desinflamara. Y yo va de llorar y llorar. Y le pedía a mi suegra que abriera y no me quiso abrir. Ella solo tosía. Y yo con unas cobijas todas sucias me arropaba y mi chuchito solo se me quedaba viendo y se me acercaba. A él lo abrazaba porque tenía frío y así pasé toda la noche. No pude ni dormir y va de ponerme escarcha, se me desinflamó un poco. De ahí como a las 5 me enojé y agarré a patadas la puerta, “abrime”, le dije yo y él se levantó. Me dijo: “Entrá, perra, para dentro”.

Se me rodaron las lágrimas y me le quedé viendo a la maitra bien dormida. Púchica, está bueno. Por ser mujer yo dije que se iba a poner en mi lado… qué. Como a las 9 de la mañana comenzamos a discutir y yo le dije: “Mirá cómo me has dejado la cara, si yo voy a la Policía te van a llevar preso”. Él me dijo: “Andá, andá, pero te mato”.

Y quizá no sé, aquel temor que siempre me ha puesto él, yo solo me le quedaba viendo. Le dije a la maitra “¿por qué no te metiste? como es tu hijo a él sí lo defendés”. A ella le dio una risita y me dijo: “Ja”. ¿Y por qué te reís?”, le pregunté yo. “Mirá, ahí puedo ver que él haga un hoyo y puedo ver que te entierre y yo ¿cómo le voy a echar tierra a mi hijo?” Sentí como una puñalada y solo volteé a ver para otro lado y me puse a llorar.

¿Hace cuánto fue eso?
Hace como seis meses. Fue la última. Sí ahorita él no me golpea porque yo le he dicho que lo voy a meter preso, pero cuánto le he aguantado. Mi jefa me dijo que hable con él. Ella moralmente sí me ha ayudado bastante. No es bueno oponérsele a la pareja porque el hombre siempre es hombre. Pero de que me ha golpeado, varias veces. Si anantes no me ha sacado los ojos.

La violencia dentro de las parejas, por lo general, es entendida dentro de un ciclo. El ciclo tiene varias fases y no todas son violentas. Se habla de una primera fase en la que dentro de la relación se acumula tensión y la persona violenta no explota. En la segunda fase es cuando ocurre un episodio de violencia aguda. En la tercera fase, conocida comúnmente como “la luna de miel”, el agresor expresa que se arrepiente de lo sucedido. A eso le sigue el perdón de parte de su víctima. Después viene una etapa de calma que puede durar varias semanas hasta que se regresa a la primera fase y se reactivan los episodios agresivos.

¿Usted nunca le ha dicho a nadie?
Solo a mi jefa. Una vez me dijeron que fuera ahí a Las Dignas, pero no me atrevo, no sé.

¿Él la amenaza?
Puesí, me amenaza. Yo le digo: “Te voy a echar a la Policía si me volvés a golpear”. Solo le da risa y me dice: “Andá y ya vas a ver lo que te va a pasar”.

¿Ya no se han peleado?
Siempre discutimos. O sea, vamos a lo mismo. Él ya no me golpea porque le dije que lo voy a llevar a la Policía. Él moralmente me acaba. Cuando discutimos viera cómo me dice unas palabras que duelen más que un porrazo. Duele.

¿Usted por qué cree que él sea así?
No sé.

¿A la mamá no la trataba así?
No, con ella es diferente.

¿Él tiene un hijo?
Tres hijos tiene, pero sí, él tiene la costumbre de golpear a las mujeres. A veces hablo con la muchacha anterior, la mamá de los niños de él. Ella me dice: “Ay, Fernanda, yo no sé qué está haciendo con ese hombre. Si ese hombre es mala persona”. O sea que él, mala costumbre de pegarle a las mujeres.

¿Usted ya había conocido a un hombre así?
No, primera vez. Me ha dejado traumada este hombre. Yo me pongo a pensar, volteo a ver al cielo y digo Señor…

Durante toda la conversación Fernanda se ha mostrado seria. Su cara ha sostenido un semblante fuerte, pero a punto de desbordarse. Cuando habla del cielo, vuelve a ver hacia arriba y no puede contenerse más. Empieza a llorar mientras posa la mirada en el techo, como quien espera alguna respuesta.

¿Usted tiene niños?
Tengo tres.

Antes estaba delgada. O sea, comía, pero como que no me caía bien la comida. Aquí en el trabajo bien galán, pero ya llegando a la casa, otra vez, es una gran agonía. Ya no es felicidad como cuando uno comienza. Cuando iba cerca de su casa yo me alegraba porque ya iba a llegar. No, hoy aflicción me da.

¿Viven con él?
No. Hace poco se me fue una porque él me le quiso pegar. Hasta ella me dijo: “Valorate, ese hombre no te valora”. Ella ya está grande, ya entiende. “No, mamá –me dice– yo no sé por qué está con este hombre”. Ellos viven con mi mamá.

¿Usted ha querido irse?
Cómo no. No sé, yo también tengo la culpa, no sé si lo quiero tanto, pero no vale la pena.

Usted lo quiere…
Sí, yo acepto, lo quiero. Yo siempre pienso, si hubiera una bayuncada… un lavado de cerebro quiero para quitarme una gran venda. A mi sentir, una gran venda que tengo que no me puedo ir… tanto maltrato físico.

¿Él a usted le da para los gastos?
Sí da, pero no alcanza. Prácticamente con mi trabajo yo me visto, me calzo, como. Porque lo que él da son $20. Qué van a andar alcanzando a la semana.

¿Usted ha pensado separarse del todo de él?
Yo le pido a Dios que me ayude. Prácticamente sí. Un día mi jefa me dijo que buscara ayuda. Yo creo que ya pronto porque ya esta situación…
Hoy diga que estoy gordita, si antes estaba delgada. O sea, comía, pero como que no me caía bien la comida. Aquí en el trabajo bien galán, pero ya llegando a la casa, otra vez, es una gran agonía. Ya no es felicidad como cuando uno comienza. Cuando iba cerca de su casa yo me alegraba porque ya iba a llegar. No, hoy aflicción me da.

¿Él es tranquilo ante los amigos?
Él es cruel porque cuando lo voy a buscar con los amigos me maltrata. “Andate, maje, andate, ¿qué venís a hacer?” Y a los amigos solo risa les da y yo digo púchica, si soy tonta, es que es la verdad.

Ahora que usted ve ese recorrido por el cual ha pasado, si usted hubiera sabido todo eso, usted no…
No, yo por eso digo ahora: “Señor, ayudame para algún día voy a dejar a este hombre”, pero otra vez acompañarme ya no. Mejor estar solo. Porque estar así no es vida.

¿Ahora lo que más la sostiene ahí es el cariño hacia él?
Eso.

¿Usted se podría regresar a la casa de su mamá?
O alquilar algún cuarto. Yo sola me mantengo. ¿Qué yo debo depender de él? No. Si a mí me falta un par de zapatos, yo reúno y los compro. Si no tengo ropa, yo la compro. Si hasta él mismo dice: “Yo no puedo mantener a ninguna mujer”. “Si yo soy la tonta que estoy aquí –le digo– porque vos qué”.

¿Qué es aquello que usted ve en él que la hace quererlo? ¿Él es atento aunque sea en algunos días?
Es que mire, es bien raro. Yo hace poco tuve un problema. Él, a capa y espada, me estaba defendiendo y yo me le quedé viendo y se para y me dice: “No, es que de fregarte, solo yo te puedo fregar, te puedo verguear y todo, pero otra gente, no. Eso sí no me gusta”. No sé, bien raro.

¿Usted qué le diría a otra mujer que pasa por esto?
A las jóvenes, que conozcan a la persona, que no solo se dejen ir, como a mí me pasó. Que no solo se dejen ir. Que piensen una y once mil veces porque cuando uno comienza es todo color de rosa. Y después ya estando en la situación, ahí se ve quién es quién. Y si alguna mujer está en mi caso, que abra los ojos, porque no es vida estar así, para nada.

¿Me podría hablar de algún plan a futuro que tiene para usted misma?
Lo que quisiera primero es ya no estar con esta persona. Ya no sufrir. Y otra mejor, echarle ganas a la vida con mis hijas para una vida mejor. Yo aconsejo a mis hijas, les digo que se fijen, les pongo mi ejemplo. Las tres saben la situación. Una de ellas me dice: si algún día yo te llego a ver (golpeada), yo voy a llamar a la Policía y que se lo lleven preso y lo hace. “No mamá –me dice– no es tu papá”.

¿Por qué ella está tan despierta a la situación?
De ver tanta situación. Acuérdese que hoy está más tremenda la situación. Mejor ellas. Si yo por eso digo: “Ay, dios mío, ayudame”. Se lo juro, yo no sé, como que una venda tengo.

¿Cree que es miedo?
Una parte es miedo y otra parte es que como mujer, no le voy a mentir, lo quiero.


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Un grupo de autoayuda

Grupo de autoayuda
Atención especial La Policía cuenta con Unidades de Atención Especializada para mujeres que enfrentan violencia.

Marina colocó el veneno dentro de unos vasos y los llenó de jugo. Las bebidas estaban preparadas para sus cuatro hijos y para ella. La puerta de su casa estaba abierta y una muchacha la observó. “Vos sos bonita y estás joven, ¿por qué le aguantás tanto a ese tipo?”, recuerda que le dijo la mujer.

Han pasado 19 años desde ese día y Marina no sabe quién fue la que llegó a su casa ese día. Ella solo dice que ese comentario fue suficiente para repensar la idea del suicidio. Le dio vuelta al contenido de los vasos y empezó a echar agua para que no quedara rastro del jugo mortal.

Marina creció en San Juan Nonualco y conoció a los 17 años a la pareja con la que convivió dos décadas. “No hubo noviazgo ni enamoramiento”, cuenta. “Un día mi mamá me dijo ‘vas a ir con él a San Salvador’. Y como todas le obedecíamos, me vine. Él me llevó a un mesón y ahí me tuvo. Y yo pensé que era normal que a ti te pegaran en la noche y que en el día estuvieran encima de ti”.

“Él en varias ocasiones me dijo: ‘Si vos me denuncias, te voy a cortar la cabeza y la voy a ir a sembrar en un puente. La voy a dejar ensartada como ejemplo para que las mujeres respeten a los hombres’”, relata Marina.

Soportó el maltrato durante 20 años, hasta que un día de 1998 decidió denunciarlo ante la Procuraduría General de la República (PGR). Ese mismo año se creó en la PGR un grupo de autoayuda de mujeres. El grupo es una red de apoyo para quienes pasan por experiencias similares.

“Al grupo le pusimos El Despertar de las Mujeres. Así fue nombrado porque yo estuve dormida 20 años. ¿Qué fue de mí? ¿Por qué aguanté tantos golpes, violaciones, insultos?”, se cuestiona Marina.
El grupo de autoayuda sigue activo. Este jueves de noviembre un puñado de mujeres ha formado un círculo en el auditorio de la PGR. Ahí hablan de sus vidas y el maltrato. Unas ya dejaron a sus parejas y otras siguen viviendo con sus agresores.

Ahora Marina tiene 59 años, es dueña de su propio negocio y es independiente económicamente. Y aunque ya pasaron 19 años desde el día en el que denunció a su pareja, sigue asistiendo al grupo de autoayuda. Ahí ella conoce a las mujeres que recién denuncian a sus compañeros de vida e incluso las acompaña a sus trámites legales.

“Él en varias ocasiones me dijo: ‘Si vos me denuncias, te voy a cortar la cabeza y la voy a ir a sembrar en un puente. La voy a dejar ensartada como ejemplo para que las mujeres respeten a los hombres’”, relata Marina. Soportó el maltrato durante 20 años, hasta que un día de 1998 decidió denunciarlo ante la Procuraduría General de la República.

Más allá de los golpes. La Ley Especial Integral para Una Vida Libre de Violencia para las Mujeres identifica siete tipos de violencia.

De acuerdo con la memoria de labores de la PGR 2015-2016, en ese periodo se realizaron 383 reuniones de grupos de autoayuda a escala nacional. El personal de la PGR funciona como facilitador de la experiencia.

Una de las mujeres que también asiste a este grupo es Diana. Su verdadero nombre es otro, pero ha pedido que su nombre real no sea publicado. Ella era una adolescente cuando conoció al hombre con el que tuvo cuatro hijos.

El primer hijo no fue planeado y su pareja se molestó con ella por el embarazo. Después vinieron tres más. “Tal vez no se concibieron con amor, sino que con violencia, pero ellos no tienen la culpa. Así que los amo”, dice. Luego cuenta que hubo un momento en el que creía que las violaciones y golpes eran lo natural en una relación de pareja.

“Yo le consultaba a mi mamá y le decía: ‘¿Y eso es normal?’, y como mi mamá sufrió una violencia peor que la mía, ella decía: ‘Sí, hija, tu papá así era’. A veces me agarraba del pelo y me tiraba al suelo como que trapeaba conmigo. No pude salir de la casa como unos cuatro años. Bien tremendo, cuando él llegaba todavía me revisaba la ropa interior para ver si había estado con alguien. Era algo bien humillante”, narra.

Ella asegura que estaba deprimida por el maltrato e intentó suicidarse varias veces. Un intento lo realizó con un lazo, pero uno de sus hijos la encontró a tiempo. En otra ocasión se encerró en un cuarto e intentó suicidarse consumiendo varias pastillas. Y otra vez, uno de sus hijos entró a la fuerza y la detuvo.

“Yo le consultaba a mi mamá y le decía: ‘¿Y eso es normal?’, y como mi mamá sufrió una violencia peor que la mía, ella decía: ‘Sí, hija, tu papá así era’. A veces me agarraba del pelo y me tiraba al suelo como que trapeaba conmigo. No pude salir de la casa como unos cuatro años. Bien tremendo, cuando él llegaba todavía me revisaba la ropa interior para ver si había estado con alguien. Era algo bien humillante”, narra.

Material. En el grupo de autoayuda de la PGR, las asistentes cuentan con información que las ayuda a formarse en sus derechos.

El informe sobre hechos de violencia contra las mujeres elaborado por el Ministerio de Justicia y Seguridad Pública en conjunto con la Dirección General de Estadística y Censos incluye a los suicidios dentro de la violencia feminicida “por tratarse de muertes prevenibles”. Dicho documento sostiene que estos casos “son el resultado de violaciones a sus derechos humanos”.

Ya que Diana creía que el maltrato en la pareja era normal, solo denunció a su compañero de vida cuando él golpeó a uno de sus hijos. El proceso se realizó por la vía penal y él fue encontrado culpable. Se separaron y el padre de los muchachos recibió medidas sustitutivas a la cárcel.

Atención en crisis. Una mujer que enfrenta un caso de violencia intrafamiliar es atendida por una psicóloga en la PGR.

Cuatro años después de haber iniciado un proceso legal en contra de quien fue su pareja, Diana se encuentra, ilusionada, pensando en el futuro. Se convirtió en vendedora informal y este año ya hizo un préstamo. Hace unos días compró ropa para vender en la temporada navideña. Ella se siente distinta: “Soy una mujer diferente. No voy a dejar ya que nadie me maltrate. Hoy salgo a la calle y yo me siento hasta grande”.

Asesoría legal. Emilia Zelaya, defensora pública, atiende a una usuaria de la PGR.

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La bienvenida a un país que expulsa a su gente

De vuelta. Hasta el 30 de octubre se registraron 22,923 deportados. De esos, 13,299 vienen desde Estados Unidos.

Reynaldo es un hombre que durante cuatro años soñó que los agentes de Migración estadounidense tocaban la puerta de su casa en Texas, entraban y se lo llevaban preso. “Soñaba que llegaban a la casa por mí. Todo el tiempo andaba de mal humor. Ya no era alegría dejar mi trabajo e irme para la casa a descansar por estar en la misma situación diaria”, cuenta hoy en un evento realizado para la comunidad de migrantes salvadoreños.

Cuando Reynaldo tenía 28 años, migró hacia Estados Unidos. Tenía visa y viajó en avión. Era la década de los noventa, el país empezaba a sobreponerse a la guerra civil. Él decidió quedarse en Estados Unidos, para ello, solicitó asilo. En 2004 legalizó su situación migratoria y obtuvo su permiso de residencia. Ahí construyó su vida de adulto: tuvo tres hijos, compró su carro para ir de paseo, su camioneta para ir a trabajar, pagó impuestos y se convirtió en un subcontratista de construcción. Ahora Reynaldo tiene 43 años, extraña a sus tres hijos de 13, 11 y 10 años, se levanta a las 3 de la mañana y viaja todos los días en bus desde San Vicente a Soyapango para instalar pisos cerámicos en un centro comercial.

Reynaldo tenía su vida construida sobre una base legal en la que se creía seguro. Ese sentimiento de seguridad terminó en 2012. Él cree que su salida de Estados Unidos estuvo motivada racialmente: un policía lo acusó de un delito que, él asegura, no cometió.

“No estaba manejando en el momento en el que me detuvo el policía. Fue afuera de mi casa. Estaba limpiando las latas que estaban adentro del pick up y el policía me acusó de estar manejando en estado de ebriedad, pero sin hacerme el alcoholímetro, sin hacerme prueba de sangre, sin ninguna cosa. Yo tenía el pick up encendido porque quería medirle el aceite de la transmisión y la única manera de hacerlo es cuando el motor está caliente”, narra.

Luego cuenta que a las 5 de la mañana del día siguiente lo dejaron salir de la cárcel e iniciaron las pesadillas y el miedo de ser deportado. Cuatro años después, en 2016, recibió una carta donde solicitaban su presencia en las oficinas de Migración porque él era un candidato para ser removido del país por haber estado en prisión. Reynaldo dice que se cansó de sentirse en el limbo y se presentó. Así fue como el 16 de septiembre de 2016 se convirtió en una de las 52,938 personas que fueron deportadas hacia El Salvador.

Este año, la cifra de deportados se ha reducido casi a la mitad. Hasta el 30 de octubre se registraron 22,923 deportados. De ellos, 13,299 vienen desde Estados Unidos. Ana Solórzano, la titular de la Dirección de Atención al Migrante de El Salvador, el lugar en el que el Estado recibe a todos los migrantes repatriados, sostiene que lo que ha pasado este año en las deportaciones fue distinto a lo esperaban: “Las proyecciones eran que hubiera un aumento en 2017 por diferentes razones, como mayor cantidad de retenciones en los países de tránsito y de destino, pero fue todo lo contrario”.

Tendencia. En todo el Triángulo Norte las deportaciones han sido cada vez menos. El país con la reducción más marcada ha sido El Salvador.

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Irse, ¿por qué?

El año pasado el Instituto de Opinión Pública de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) registró que el 40.3 % de su población encuestada deseaba irse a vivir hacia otro país durante 2017. “El porcentaje de personas que expresa su deseo de migrar al extranjero es el más alto registrado en las encuestas de evaluación de año cursadas por la UCA en la última década”, se lee en un informe del instituto.

“No estaba manejando en el momento en el que me detuvo el policía. Fue afuera de mi casa. Estaba limpiando las latas que estaban adentro del pick up y el policía me acusó de estar manejando en estado de ebriedad, pero sin hacerme el alcoholímetro, sin hacerme prueba de sangre, sin ninguna cosa. Yo tenía el pick up encendido porque quería medirle el aceite de la transmisión y la única manera de hacerlo es cuando el motor está caliente”, narra.

Y es que El Salvador no se pinta como un hogar en el que muchos quieren construir su vida. Entre 2014 y 2016 fueron 996 personas las que murieron en masacres, incluyendo a bebés y ancianos. De acuerdo con la Policía Nacional Civil, entre enero y octubre de este año ocurrieron 3,331 asesinatos. A la violencia se le suman las carencias económicas. En este país de 6 millones de habitantes, al menos 2.5 millones viven en pobreza.

En febrero de este año el Departamento de Estado de EUA emitió una alerta para que sus ciudadanos se abstengan de viajar a territorio salvadoreño. Y para quienes lo hagan, las recomendaciones dicen que una persona que entra a El Salvador debe permanecer en estado de alerta en casi todo momento. El documento dice que se debe tener especial cuidado al salir de “casas, hoteles, carros, parqueos, escuelas y lugares de trabajo”. Además, recomienda viajar en grupo, no transportarse en taxis desconocidos, no subirse a buses, no llevar dinero en efectivo y no caminar de noche “en la mayoría de áreas del país”.

Vivir entre precauciones extremas, en pobreza y sabiendo que nada garantiza la seguridad hace que muchos ciudadanos busquen migrar de El Salvador. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) asegura que cerca del 13.9 % de migrantes repatriados se fueron porque buscaban encontrar un lugar más seguro en el que construir sus vidas.

Anhelos. En 2016 el Instituto de Opinión Pública de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) registró que el 40.3 % de los encuestados deseaba irse a vivir hacia otro país.

Steven es un salvadoreño de 25 años que en 2014 decidió irse de Soyapango. Le tomó dos meses poder llegar a vivir de manera indocumentada en Estados Unidos. Ahora reside en California. Él tiene claro que a El Salvador no regresará voluntariamente. “Aunque uno tiene sueños, es diferente para las personas que no tenemos privilegios. Yo vivía en Soyapango, los taxis no entran y si uno va con visita, después te preguntan los pandilleros que quién era, que dónde vive. Todas esas cosas te matan del miedo”, contesta a través de internet durante el receso de su trabajo.

Ese miedo, cuenta Steven, se siembra hasta en los lugares más cotidianos, en casa y en la escuela: “Cuando comencé a estudiar bachillerato, sin saber, me metí en un colegio donde controlaba la pandilla contraria y una semana duré. Ni me había terminado el uniforme el sastre cuando un grupo de estudiantes me dijo que me salía o me mataban”.

Cansado de sentir que todos sus movimientos estaban controlados, migró. “Yo no quiero regresar porque no quiero terminar como uno de mis mejores amigos: con un disparo en el pecho. Lo mataron en el bus. Para los que nos tocó ser pobres, por más que uno quiera no siempre se puede”.

Steven trabaja en labores varias de limpieza en California. Su trabajo está lejos de la carrera de Licenciatura en Letras que soñó, pero con lo que gana puede pagarle la universidad a su hermana y mandarle dinero a su madre. “Mi mami se quebró el lomo por años en una maquila de empaquetado de cloro y no es justo que siga trabajando”, dice. En abril de este año obtuvo un permiso de trabajo. Eso solo significa que tiene el aval para ser mano de obra. Para nada más. Él sabe que la amenaza de la deportación sigue latente: “Me dieron mi permiso de trabajo, pero eso no evita mi deportación, solo me da permiso de trabajar”.

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El regreso: Dirección de Atención al Migrante

Son las 10:42 de la mañana cuando el bus que viene desde Chiapas, México, entra al parqueo de la Dirección de Atención al Migrante. Los primeros en bajarse son un par de policías y el motorista. El conductor del bus se estira, se desabotona la camisa y se cepilla los dientes en el estacionamiento. Casi al mismo tiempo, empleados del lugar salen a recibir a los salvadoreños que decidieron arriesgar la vida por el sueño americano.

Los primeros en entrar al centro de atención son dos familias nucleares. En la primera familia hay un niño y una niña que no pasan los 10 años de edad, y en la segunda, una niña igual de pequeña. Detrás de ellos viene un puñado de jóvenes hombres. Nadie trae cinta en los zapatos porque estas se decomisan en los centros de resguardo para migrantes de México por motivos de seguridad. Sobre la espalda cargan mochilas sucias, algunas con varias botellas de agua vacías. Ellos son los que no lograron llegar a Estados Unidos.

En este centro se recibe a las personas a las que Estados Unidos deporta en vuelos federales y a quienes vienen desde México en autobuses. Aunque la cantidad es mínima en comparación, también se recibe a migrantes salvadoreños que vienen de otros países, como Australia, Belice y Canadá. Este centro está ubicado en la colonia Chacra, de San Salvador. Al lado izquierdo del edificio hay un salón grande con una televisión. Cuando los migrantes entran a este espacio, se les dice la dirección del lugar, la fecha y la hora de su llegada. Es la vuelta a una realidad no elegida.

“Cuando llegan acá, eso es como lo básico que hay que atender y lo que tratamos es dar una atención integral”, explica Ana Solórzano, la máxima autoridad de esta dirección. Lo básico pueden ser cintas para sus zapatos, llamadas telefónicas, atención a alguna molestia médica y en algunos casos, una mudada de ropa. Los empleados han visto caminar por estos pasillos a migrantes que son capturados en sus lugares de trabajo. Así, se ha visto entrar a gente con uniforme de construcción, con la ropa llena de pintura y algunos migrantes con uniformes de cocinero.

Una mano amiga. USCRI es una ONG que trabaja con refugiados y migrantes deportados. Migración, desde 2016, ha referido a 252 jóvenes para que les brinden ayuda.

El flujo general de personas que llegan a este espacio se ha reducido este año. Se reciben entre uno y dos autobuses con migrantes deportados desde México a diario y, por lo general, tres vuelos de personas repatriadas desde Estados Unidos a la semana. Hace un par de años se recibían al menos dos vuelos más.

El principal perfil del migrante es un muchacho joven. En 2016 fueron 33,764 hombres, es decir, el 77 % de la población adulta migrante. Las mujeres son minoría y son quienes, por tradición, emprenden el viaje con menores a su cargo. El año pasado fueron 9,916 las mujeres adultas que fueron deportadas y 9,259 menores de edad que corrieron la misma suerte. El 60% de los menores que fueron deportados se encontraban acompañados y quien los acompañaba en el 98 % de los casos era una mujer.

En una de las áreas de este edificio se encuentra una familia que acaba de regresar de México en el bus que venía desde Chiapas. La madre, una mujer morena y de mirada cansada, habla con voz baja. Su hija pequeña observa todo con una mirada que parece devorar el salón. Una empleada de Migración busca algo que entregarles. Esta es el área donde si alguien lo necesita, se le brinda vestuario para iniciar el trayecto hasta su lugar de origen. Al padre de esta familia le hacen falta zapatos.

—Mire –dice el hombre y señala los pies en los que lleva puestas unas sandalias de baño que no parecen ser de su talla– me robaron todo, no traigo ni zapatos. En Francisco Rueda, por la vía del tren, ahí nos salieron seis hombres armados y nos quitaron el dinero, las mochilas, los zapatos. Todo.

“Toda la persona que regresa viene en condición de vulnerabilidad, ya sea por los factores que hicieron que las personas salieran del país y tuvieran que migrar, porque el tránsito en muchas ocasiones es violento o por el impacto emocional por haber estado en los centros de resguardo”, explica Solórzano.

Cerca de esta área se encuentra un salón lleno de sillas vacías. Es el salón del reencuentro. Aquí vienen los familiares de los migrantes cuando se les comunica que sus parientes serán deportados.

La única persona que aún espera por sus familiares es un hombre de complexión fornida, piel morena y ojos verde claro. Tiene los codos sobre las rodillas y la cabeza baja, enmarcada entre los brazos.

Un empleado de Migración cuenta, en voz baja, un poco sobre la historia del hombre. De acuerdo con lo que dijo al volver al país, este migrante de cara ruda y ojos claros pertenece a un grupo de personas que “desde que los agarraron no han tenido contacto con su familia. Y me acaba de decir que lo agarraron como hace 15 días”. Quince días en los que su familia no supo nada de él.

En una de las áreas de este edificio se encuentra una familia que acaba de regresar de México en el bus que venía desde Chiapas. La madre, una mujer morena y de mirada cansada, habla con voz baja. Su hija pequeña observa todo con una mirada que parece devorar el salón. Una empleada de Migración busca algo que entregarles. Esta es el área donde si alguien lo necesita, se le brinda vestuario para iniciar el trayecto hasta su lugar de origen. Al padre de esta familia le hacen falta zapatos.

El silencio que predomina en la sala es interrumpido desde afuera por un hombre de camisa celeste y gorra que camina hacia esta sala.

“Buenas”, dice antes de poder entrar. Esa única palabra es suficiente para hacer que el hombre de ojos verdes salga de su letargo. Reconoce la familiaridad del tono de voz y levanta la vista.

“Hey, brother”, dice el hombre con la camisa celeste. El hombre que recién ha sido deportado deja su mochila, no le da tiempo a su pariente siquiera de entrar al salón, sale del cuarto de reencuentro y se abalanza sobre él. Durante 2 minutos los dos hombres de cara ruda se abrazan y lloran como niños pequeños.

En toda la región. Según la OIM, en El Salvador la disminución de deportaciones ha sido del 44.9 %, en Honduras del 34.4 % y en Guatemala del 31.4 %.

La ironía de la oportunidad

Tito se encontró con gente vendada, golpeada y gente que había sido rescatada de secuestros cuando supo que había tenido suerte. Rodeado de historias trágicas, comprendió que “era casi un milagro” que no le hubiera pasado algo similar a él.

Tito tiene 21 años, es risueño, alto y delgado. Su historia es parecida a la de muchos jóvenes que son obligados a crecer de golpe, a colocar en una balanza la esperanza y poner en riesgo su vida. Estudió en Santa Ana hasta noveno grado, intentó estudiar primer año de bachillerato en modalidad flexible, pero no pudo. Tuvo que empezar a trabajar. Fue contratado informalmente como encuestador y con eso pudo aportar un poco de dinero a su casa.

“Decidí migrar por problemas económicos, por buscar un mejor tipo de vida. Yo estaba trabajando eventualmente aquí en el país y con unos amigos hablamos que si no nos salía la plaza, íbamos a viajar. Entonces, cuando pasó el tiempo, no nos salió la plaza y decidimos viajar. Todos ya teníamos un porqué. Mi mamá no trabaja y mi papá no es como un papá para mí. A mi mamá yo la veía frustrada, bastante triste, y por eso decidí ayudarle”, relata con naturalidad.

Sin estudios de bachillerato, sin un empleo formal y sin fuente de ingresos en la familia, decidió irse en 2016. Ahorró $100 y con otros dos compañeros del trabajo tomaron un bus hacia la frontera con Guatemala, sin coyote. Recorrió Guatemala y cruzó sin documentos la frontera de México. “Ya en ese país, ni uno de los tres abría la boca. Todos calladitos porque si no, ellos iban a notar que no éramos de ahí”, narra.

A Tito aún parece molestarle una cosa. No cuenta de quién fue la culpa, pero está seguro de que su propia boca los delató. Él dice que mientras se dirigían en un bus hacia la capital mexicana, el motorista los escuchó decir algo. Un rato después, el conductor paró el bus y un policía subió al transporte directo hacia ellos. Así empezó su deportación, sin haber llegado a ninguna parte.

Tito y sus amigos fueron trasladados a un centro de resguardo para migrantes en México. En una sala con más migrantes que habían corrido peligros como desapariciones, secuestros y golpizas, se dio cuenta de que el camino no era tan sencillo como lo imaginaba. Decidió solicitar asilo en México. Al hacerlo, México tendría que investigar su contexto y analizar las opciones que lo empujaron a tomar la decisión de migrar.

Sin estudios de bachillerato, sin un empleo formal y sin fuente de ingresos en la familia, decidió irse en 2016. Ahorró $100 y con otros dos compañeros del trabajo tomaron un bus hacia la frontera con Guatemala, sin coyote. Recorrió Guatemala y cruzó sin documentos la frontera de México. “Ya en ese país ni uno de los tres abría la boca. Todos calladitos porque si no, ellos iban a notar que no éramos de ahí”, narra.

El gigante del Norte. Estados Unidos sigue siendo el lugar del que proviene el 60 % de los salvadoreños deportados.

En ese centro donde se encontró detenido, el joven cuenta que “una esquina era un sector de una pandilla y en la otra esquina (había) otra”. Y a los 10 días de estar durmiendo “en una cama de cemento solo con una sábana”, desistió de su petición.

El Salvador catalogó su caso dentro de Migración por razones económicas. Cuando volvió, en San Salvador no había nadie esperándolo. Fue hacia la terminal de occidente y recogió sus pasos hasta llegar a la casa de su madre.

“A los meses me llamaron y yo sentí algo extraño y llegué a una reunión del Comité Estadounidense para Refugiados e Inmigrantes (USCRI). Comenzó la aventura porque por ellos es que estoy estudiando”, cuenta con ilusión desde la oficina de esa organización en San Salvador.

USCRI es una ONG que trabaja con refugiados y migrantes deportados. Desde el año pasado, Migración ha referido a 252 jóvenes para que les brinden ayuda. Quienes son enviados a esta organización tienen entre 18 y 25 años, y su motivo para migrar fue la falta de recursos económicos. La organización los contacta, les hace una entrevista y busca colocarlos en algún curso de formación o de inserción laboral. Sin embargo, el teléfono no siempre se responde del otro lado.

Eunice Olán, la coordinadora nacional de USCRI, explica que llevan ya 64 casos cerrados. Estos se traducen en 64 jóvenes que cuando fueron buscados, no quisieron pertenecer a ningún programa o ya habían emprendido de nuevo el camino hacia Estados Unidos.

Hasta que Tito fue deportado su necesidad se hizo visible para el Estado. Ser deportado fue el factor que le dio la oportunidad para entrar en un programa de becas de estudios.

Ahora estudia un Técnico en Electricidad Industrial de dos años en el ITCA de Santa Tecla. Del comité recibe $5 por cada día que estudia. Con eso paga sus fotocopias, sus almuerzos y su pasaje del bus desde Santa Ana.

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Bajan las deportaciones en el Triángulo Norte

El 57 % de la población de Guatemala, Honduras y El Salvador vive en pobreza, así lo indica un informe de la Alianza para la Prosperidad del Triángulo Norte. Además, “el 30 % de los jóvenes entre 14 y 25 años (1.7 millones) no estudia ni trabaja” y la tasa de homicidios de estos países “es tres veces más alta comparada con el resto de Centroamérica”.

Dentro de este tipo de contextos donde predomina la violencia y la pobreza, las razones para seguir yendo a buscar futuro en otro lugar no han dejado de existir. El 9 % de la población de esta región ha decidido migrar en los últimos años. Sin embargo, en la oficina de Atención al Migrante no consideran que menos deportaciones equivalgan a un menor flujo de migración irregular, sino que hace falta estudiar hacia dónde más están migrando los salvadoreños y bajo qué medidas logran establecer su residencia fuera de El Salvador, un país experto en ahuyentar a sus ciudadanos.

“O es que México ha disminuido los controles migratorios y está dejando pasar a la gente o es que los traficantes están utilizando otras rutas de tráfico. Sería muy simple que nosotros hiciéramos ese análisis de que la gente ya no está pensando en irse”, responde la coordinadora de USCRI cuando se le pregunta sobre la disminución de deportados que este año se ha experimentado en El Salvador.

Las deportaciones provenientes de México y de Estados Unidos han bajado drásticamente en los tres países de Centroamérica que conforman el Triángulo Norte. Cifras de OIM permiten establecer que el país que más disminución de deportaciones ha experimentado es El Salvador, pero la tendencia es regional.

Según la OIM, en El Salvador la disminución de deportaciones ha sido del 44.9 %, en Honduras del 34.4 % y en Guatemala del 31.4 %.

Las cifras de la misma institución indican que entre enero y septiembre de este año 20,840 salvadoreños han sido deportados. El 58.3 % de ellos viene de Estados Unidos, el 40.9 % de México y el 0.9 % de otros países.

Entre los adultos, el 71.9 % dijo haber migrado por factores económicos y el 13.9 % por la inseguridad. Entre los menores de edad, el factor de reunificación familiar cobra más protagonismo. El 27.9% de la niñez y adolescencia retornada aseguró que buscó migrar para estar con sus familiares.

Economía e inseguridad. Entre los adultos que han vuelto al país bajo esta figura, el 71.9 % dijo haber migrado por factores económicos y el 13.9 % por la inseguridad.

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Los que faltan

El ambiente en la Dirección de Atención al Migrante en la colonia Chacra este martes al mediodía es tranquilo y silencioso. La mayoría de empleados almuerza mientras Ana Solórzano, su directora, termina de dar una visita guiada.

El ambiente de tranquilidad que este centro experimenta a la hora del almuerzo y con la disminución de deportaciones podría cambiar pronto. En Estados Unidos hay cerca de 190,000 ciudadanos salvadoreños con Estatus de Protección Temporal (TPS, en inglés). Ese programa se creó tras los terremotos que ocurrieron en el país durante 2001. Brinda un permiso para trabajar y residir, pero no es un camino hacia la legalización.

Bajo el programa del TPS también residen en Estados Unidos cerca de 2,500 nicaragüenses y 60,000 hondureños. La semana pasada el Departamento de Seguridad de EUA anunció que el TPS de los hondureños quedó extendido hasta el 5 de julio y es posible que termine al final de ese plazo. El TPS de Nicaragua se dio por finalizado y los nicaragüenses tienen hasta el 5 de enero de 2019 para buscar medidas alternativas para legalizar su residencia o regresar a su país natal.

En el caso de El Salvador, el país con mayor población protegida por el TPS, se cree que la decisión se tomará en enero del próximo año. El permiso de los salvadoreños vence en marzo de 2018. La otra amenaza de deportación masiva es para los jóvenes “dreamers” (o soñadores) que se encuentran protegidos bajo el programa DACA. Los “dreamers” son jóvenes que llegaron a Estados Unidos antes de los 16 años y han probado ser residentes ejemplares. En septiembre el gobierno del presidente Trump anunció el fin de dicho programa.

Hasta junio de 2016, eran 46,489 los jóvenes salvadoreños con permiso de permanencia aprobado por DACA. Si a esta cifra se suma la de los migrantes con TPS, son al menos 236,000 salvadoreños cuya residencia y futuro están actualmente en el limbo legal.

Solórzano, la directora de Atención al Migrante, responde que ante los posibles cambios de política migratoria, su oficina se encuentra considerando cuál es la mejor manera en la que podrían escalonar o dosificar el tránsito y la atención obligatoria a migrantes deportados. El reto es que durante una emergencia, el centro logre a dar abasto para recibirlos y despacharlos a sus casas, si es que aún tienen una en El Salvador.

El espejismo femenino del poder político

Representación. Del total de 84 diputados elegidos en las últimas elecciones, 27 son mujeres.

Así como en todo el país hay más ministros, más alcaldes y más hombres a la cabeza de partidos políticos, en la Asamblea Legislativa la mayoría de los puestos que conllevan algún poder dentro de las comisiones de trabajo no le pertenecen a mujeres.

De acuerdo con el Observatorio de Participación Política de la Asamblea, solo el 35 % de comisiones de trabajo tienen a mujeres como presidentas. En las comisiones se discuten los proyectos de ley y es el primer filtro que las propuestas deben superar para ser discutidas en el pleno. Esa primera participación de los legisladores en la discusión de leyes es fundamental para la gobernabilidad del país.

En 2014 se estableció en la Ley de Partidos Políticos que cuando un partido se presente a elecciones, sus planillas de candidatos deben estar conformadas, al menos, con un 30 % de mujeres.

Un estudio del Instituto Salvadoreño para el Desarrollo de la Mujer (ISDEMU) sostiene que la cuota de participación de mujeres como candidatas “no garantiza que esta se traduzca en un 30 % de participación política en cargos de decisión ocupados por mujeres; más bien, si esta no va aparejada por una buena posición dentro de las planillas y referida a cargos de mayor envergadura, la cuota pierde su total validez como acción positiva para las mujeres, tal y como ha sido concebida. ARENA y FMLN son un fiel reflejo de esto”.

Tras el cambio en la ley, durante las últimas elecciones de 2015, algunos pensaron que el número de diputadas subiría considerablemente. Pero solo hubo cuatro diputadas más de las que había antes de la reforma. En la legislatura actual, de un total de 84 diputados, hay 27 diputadas.

Una de esas 27 mujeres está reunida este martes de octubre en la comisión de seguridad pública y combate a la narcoactividad. Cualquiera que no ponga detenida atención pensará que el grupo está conformado exclusivamente por hombres, aunque desde hace dos años hay una mujer, la diputada Hortensia López, del FMLN. A dos horas de haber iniciado la discusión sobre beneficios a familiares de policías asesinados, la legisladora no ha dicho una sola palabra.

Los roles de las mujeres dentro de la Asamblea

Las mujeres solo tienen la mayoría de representatividad en las comisiones que discuten temas que tradicionalmente se encargan a la mujer, como la familia, la niñez y la adolescencia, de acuerdo con cifras del Observatorio de Participación Política del Grupo Parlamentario de Mujeres. Los diputados, en cambio, tienen la mayoría de representatividad en las comisiones en las que se discuten temas sobre la tierra, el trabajo, la seguridad del país y las finanzas.

Cuando los partidos políticos conocen cuántos diputados les corresponden dentro de la Asamblea Legislativa, los diputados electos presentan ante su partido las comisiones en las que les gustaría trabajar y, usualmente, el partido político los asigna a determinados grupos de trabajo. Es ahí cuando la proporción de mujeres en las comisiones se inclina hacia temas relacionados con el rol que se les ha asignado por tradición: el de cuido.

“Si una analiza en qué comisiones están las mujeres, qué tipo de comisiones, qué tipo de cargos tienen, son excepcionales las que tienen cargos relevantes y las que tienen funciones en las comisiones legislativas de mayor peso, entonces, hay un sistema de clasificación de las comisiones, que habla de comisiones reproductivas, productivas, de desarrollo y permanencia del sistema político. Ahí, sobre todo, hay hombres”, se recoge en un estudio de 2016 de la Organización de Mujeres Salvadoreñas por la Paz (ORMUSA).

Con las siguientes elecciones en puerta, la mayoría de representantes de partidos políticos hablan con entusiasmo de que haya cada vez más mujeres ingresando a sus filas. Sin embargo, se reconoce que aún hace falta recorrer un largo camino para que las leyes del país se creen o modifiquen con una visión equitativa entre los dos sexos.

ARENA es mayoría en la Asamblea. Su electorado eligió a 24 hombres, y a 11 mujeres como diputadas. Un estudio del ISDEMU asegura que, si bien todos los partidos cumplieron la normativa de incluir al 30 % de mujeres en sus candidaturas, ARENA “se ubicó en el piso mínimo”. Mauricio Interiano, el presidente del partido, aseguró hace un par de meses que para esta siguiente elección el 50 % de candidatos a diputados propietarios y suplentes son mujeres.

San Salvador tiene derecho a 24 curules y, según las estadísticas en línea del observatorio, 10 están ocupadas por mujeres. El segundo departamento donde hay más participación es San Miguel, que cuenta con tres diputadas. En el resto de departamentos hay dos o una legisladora; en Morazán y La Unión, ninguna.

“Cuando entran mujeres a los estamentos políticos de poder muchas veces son repelidas, son marginadas, son apartadas, precisamente, porque los hombres todavía nos resistimos a que una mujer ocupe el puesto de un hombre”, reconoce el diputado de Alianza Republicana Nacionalista, ARENA, René Portillo Cuadra.

Los obstáculos partidarios y sociales

Nidia Díaz es diputada del FMLN y presidenta de la Asociación de Parlamentarias y Exparlamentarias Salvadoreñas. Cuando Díaz es cuestionada sobre por qué los aportes de las mujeres que han logrado llegar a la Asamblea se enfocan, primordialmente, en las comisiones de mujer, familia y niñez y no en temas de seguridad, financieros o de trabajo, ella admite que ese es todavía un reto: trabajar para que la participación sea efectiva de manera transversal.

El FMLN es uno de los partidos políticos que más ha defendido en público el establecimiento de cuotas mínimas para la participación de mujeres. En este partido la cantidad de diputadas y diputados es similar: 16 hombres y 15 mujeres. Ella asegura que en el futuro se buscará la paridad en cargos de elección popular. La paridad se da cuando hay un número igual de mujeres y hombres en los cargos políticos.

Francis Zablah, el diputado por La Libertad de GANA, asegura que como partido creen y confían en la capacidad de las mujeres no solo en el ámbito legislativo, sino en su poder de incidir en todos los campos de la sociedad. No obstante, en la bancada de 11 diputados a la que pertenece no hay una sola legisladora propietaria.

Hay quienes aseguran que el hecho de que haya menos mujeres participando en la política se debe a que no han estado interesadas en trabajar desde este campo. El diputado de La Libertad por ARENA, Ricardo Velásquez Parker, es uno de ellos. Él considera que lo que ha condicionado el acceso de las mujeres a estos puestos de poder es “que ha existido una falta de vocación o involucramiento de algunas mujeres en la política”.

Si una analiza en qué comisiones están las mujeres, qué tipo de comisiones, qué tipo de cargos tienen, son excepcionales las que tienen cargos relevantes y las que tienen funciones en las comisiones legislativas de mayor peso”.

La presidenta del Grupo Parlamentario de Mujeres, Margarita Rodríguez, está en contra de esa idea. “No es que falte vocación. Por los mismos roles que la sociedad le asigna a las mujeres, se ven imposibilitadas. Lo digo francamente: cuando la persona que me ayuda en la casa en los quehaceres domésticos no está, estoy en una comisión, pero estoy recordando que no hay quien vaya al supermercado a comprar. Los roles de asignarles el trabajo privado a las mujeres son los que le imposibilitan acceder a tener una vida activa plena en el ámbito público”, asegura la efemelenista.

Toda desigualdad tiene raíces. La participación de las mujeres en el campo laboral está también condicionada por el acceso a la educación que tienen de niñas y adolescentes. La Encuesta de Hogares con Propósitos Múltiples 2016 reveló que en las mujeres la tasa de analfabetismo es de 12.5 %, mientras que en los hombres es de 8.8 %.

La disparidad no solo es en la educación, también se traduce en los salarios. Un hombre que ha estudiado de 10 a 12 años, en promedio, gana $344.51 y una mujer que ha estudiado la misma cantidad de tiempo, gana $280.44. Lo mismo pasa con quienes han iniciado estudios superiores, el salario de hombres que han cursado más de 13 años de estudio sobrepasa los $600. Una mujer en esa misma categoría de escolaridad, gana $516.33.

Además, las jóvenes en edad educativa se enfrentan a otro tipo de problemáticas. Una de esas es el embarazo a temprana edad. En el estudio “Maternidad y unión en niñas y adolescentes: Consecuencias en la vulneración de sus derechos”, publicado en 2016, se reconoce que los embarazos tempranos también se traducen en menores oportunidades de educación para las niñas y jóvenes. Tres de cada cuatro adolescentes que tienen hijos a edad temprana no vuelven a estudiar. Al cabo de dos años, casi el 30 % de ellas ya tienen otro hijo y se ven relegadas a tareas domésticas. Es decir, su vida es condicionada al ámbito privado.

Identificar las cargas extras dentro del hogar que condicionan el acceso al trabajo no es una cuestión relacionada con la ideología política de las funcionarias. Las mujeres, por tradición, han sido relegadas al trabajo del hogar. La diputada arenera Paty Valdivieso asegura que aunque se trabaje en el ámbito público, no se deja de asumir la mayor carga de trabajo relativa al cuido familiar. Fuera del edificio del COENA, ella cuenta que “como mujeres a veces tenemos en la casa muchas más responsabilidades que los hombres. Nosotras llegamos de trabajar y vamos a trabajar”.

Comisión de familia. La mayoría de este grupo está conformada por mujeres. En cambio, en la comisión financiera y agropecuaria, la representación femenina es mínima.

Los primeros votos

En octubre de 1930 el ministro de Gobernación Manuel Mendoza tuvo que emitir una respuesta hacia una solicitud extraña que llegó a su despacho. La solicitud era extraña porque era la primera vez que una mujer se atrevía a pedir algo de ese calibre ante las autoridades salvadoreñas.

Prudencia Ayala, quien se desempeñaba como escritora, solicitó ser inscrita en el Libro de Registro de Ciudadanos para luego poder ser inscrita como candidata presidencial. El 29 de octubre de 1930 el mismo ministro de Gobernación respondió que no se le podía reconocer como ciudadana porque “no obstante, lo mucho que se ha legislado a su favor, todavía rigen disposiciones legales que la mantienen en situación jurídica de inferioridad al hombre”.

Esa petición denegada abrió el debate para que nueve años después, en 1939, las mujeres adquirieran el derecho al voto bajo ciertas condiciones. La Ley Reglamentaria de Elecciones de 1939 estableció que las mujeres tenían que estar casadas, haber terminado el sexto grado y ser mayores de 25 años para poder votar en las elecciones. En cambio, si la mujer era soltera solo podía votar si había terminado sexto grado y a partir del día en el que cumplía los 30 años. El estado civil de los hombres que querían votar no importaba, tampoco importaba si habían terminado la educación primaria. Solo necesitaban ser mayores de 18 años y saber leer y escribir.

Fue hasta la reforma constitucional de 1950 que las mujeres adquirieron los derechos políticos plenos; y se tuvo que esperar más de un lustro para que a la casa legislativa llegaran las primeras mujeres con poder político para crear y modificar leyes. Fue en 1956 cuando por primera vez se eligió a tres diputadas. Una de las electas fue María Isabel Rodríguez, la exministra de Salud del gobierno de Mauricio Funes.

Los cambios para que las mujeres tengan voz política no han sido orgánicos. Han estado marcados por la presión de grupos para ganarse espacios. Ese derecho “no ha sido ninguna regalía, es producto del trabajo sistemático de conciencia”, reconoce el diputado Portillo Cuadra.

No fue hasta hace 67 años que hombres y mujeres fueron reconocidos con los mismos derechos electorales. Durante estas décadas solo tres mujeres han logrado llegar a la presidencia de la Asamblea Legislativa y ninguna se ha vuelto a lanzar explícitamente como candidata a la presidencia del país.

¿Existe la violencia política contra mujeres?

Comisión de seguridad pública y combate a la narcoactividad. Esta es una de las comisiones donde hay menos representatividad de mujeres. Solo una diputada.

En la actualidad no hay ninguna mujer dirigiendo en primera plana un partido político. Alba Cortez, presidenta de la Asociación de Unión de Mujeres Abogadas de El Salvador (UDEMAS), considera que incluso en estos ámbitos de poder algunas mujeres siguen siendo tratadas como “subordinadas y en un plano de domesticidad”.

La abogada explica, desde su oficina en San Salvador, que en los últimos meses ha asesorado a seis mujeres de diferentes partidos que la han buscado para pedirle consejo sobre cómo proceder por casos de violencia política.

Cortez define la violencia política contra la mujer como lo que sucede cuando el sexo femenino ve restringido, negado o anulado un derecho político. Puede ocurrir internamente en los partidos, en las alcaldías y en otros espacios de participación ciudadana. La experta sostiene que hay tres ejes en los que se cimenta la violencia política contra las mujeres: se enuncia una inferioridad intelectual, moral y biológica.

Cortez se reserva los nombres de las mujeres que ha asesorado y de los señalados en los casos de violencia política, pero cuenta algunas situaciones que van desde alcaldes que no permiten que una concejala se exprese en público, hasta funcionarios que prohíben que el resto de trabajadores le hable a una empleada en específico.

Cuando a la efemelenista Nidia Díaz se le pregunta en un pasillo de la Asamblea si en este espacio persisten visiones machistas sobre las mujeres, ella no vacila en responder que sí. Pero, lo identifica como un patrón general de sociedad: “Esto es estructural”.

Un informe de ONU Mujeres y del ISDEMU sostiene que la violencia política contra mujeres se traduce a veces en desestimación, ridiculización y descalificación pública, agresiones verbales y negación de información.

“Tiene que ver con cómo la población va interiorizando que también las mujeres pueden participar en la política, tomar decisiones y empoderarse. ¿Cómo le enseño a las niñas de seis años que ellas también pueden tener derecho a tomar decisiones si solo ven que en la televisión hay presidentes, ministros, alcaldes?”

“La fidelidad partidaria es una herramienta de chantaje eficaz para inhibir la denuncia de situaciones de violencia política que las mujeres sufren y en algunos casos advierten y quieren denunciar”, afirma dicho estudio. Esa frase coincide con un caso que Cortez afirma haber asesorado. El caso es de una diputada que quería denunciar a un político por comentarios inapropiados de tono sexual. Sin embargo, dice Cortez, el partido le recomendó a la ofendida no denunciar porque se acerca el periodo electoral y esa denuncia dañaría la imagen del político.

El informe de ONU Mujeres titulado “Hostilidad y violencia política”, recoge casos de violencia contra líderes municipales que van desde el acoso laboral hasta el sexual. El estudio afirma que “pese a las vivencias de hostilidad y violencia política por parte de algunas entrevistadas, consideran que su posición prioritaria como militantes partidarias implica tal nivel de compromiso (que) les impide avanzar en la denuncia de las situaciones enfrentadas”.

Roles tradicionales. Las comisiones en las que trabajan más mujeres son las relacionadas al cuido de la mujer, familia, adulto mayor y personas con discapacidad.

“Hay mujeres que tienen la capacidad, pero tienen miedo de hablar por afectar al partido, pero ¿dónde queda tu integridad, tu derecho legítimo de exigir que se te respete?”, se pregunta Gabriela Trigueros desde su escritorio en la colonia Escalón.

Trigueros cobró notoriedad a mediados de este año, cuando Johnny Wright la propuso como su candidata suplente para las elecciones de 2018. El COENA decidió asignarla a otro diputado, por lo que Wright se manifestó en contra de la decisión tomada por su partido. Días después se creó un blog en internet donde se escribió que Trigueros era “la traidora” detrás de Wright y era un “cáncer”.

“No era una argumentación contra mis ideas o contra nuestro proyecto político, sino que era insinuar que personalmente me meto con gente de otros partidos políticos. Es atacar directamente la reputación como mujer”, sostiene Trigueros. Eduardo Barrientos, fundador de ARENA y miembro del Consejo Ejecutivo Nacional (COENA), compartió ese contenido en sus redes sociales, por lo que Trigueros lo denunció ante el Tribunal de Primera Instancia del COENA. El tribunal sancionó con una amonestación verbal a Barrientos y le exigió una disculpa por escrito para Trigueros.

El FMLN tampoco está exento de casos en los que se discute el respeto hacia las mujeres. La reciente expulsión del alcalde de San Salvador, Nayib Bukele, del partido efemelenista se dio enmarcada en una denuncia de una síndica que lo acusó de haberla violentado de forma verbal durante una sesión del concejo.

La abogada experta en materia de violencia de género, Cortez, considera que la discusión de estos casos es positiva, porque “si estos actos se toleran y no se sancionan, fomenta el mensaje de impunidad y de tolerancia a la violencia”.

Las reformas legales

Fernando Beltranena es un diputado guatemalteco de bigote espeso. Últimamente se caracteriza por vestir con un corbatín en lugar de corbata y este miércoles 18 de octubre causó especial indignación en las redes sociales y en las aceras del Congreso.

El miércoles la comisión de asuntos electorales guatemalteca retomó una discusión: las ventajas y desventajas de establecer la paridad en el congreso. Mientras Beltranena exponía sus argumentos en contra de esta propuesta, llamó a las mujeres un “accidente biológico”.

“El parámetro para acceder a la política debe ser mérito y no simplemente por haber nacido con un accidente biológico de mujer”, dijo. Ante la indignación de varias mujeres que se manifestaron en contra de sus comentarios, Beltranena expresó que hubo una interpretación malintencionada de su comentario y que no cree haber ofendido a nadie.

La baja participación de mujeres en la política no es un problema exclusivo de El Salvador, es mundial. Un informe de 2017 del Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral (IDEA, por sus siglas en inglés) afirma que el porcentaje de participación de mujeres en los parlamentos americanos es de 28.2 %. La cifra contrasta con el nivel de participación de las mujeres en los parlamentos asiáticos que llega solo al 19.7 %.

La participación de las mujeres en la política salvadoreña ha sido reforzada por decreto. Algunas personas no están de acuerdo con que se obligue a los partidos políticos a contar con un mínimo de participación femenina, pero esa reglamentación es una tendencia mundial. En teoría, se ejecuta para evitar, de cierta manera, la exclusión y marginalización en esos espacios de tradición masculina.

La adhesión de El Salvador a convenios internacionales hizo que en 2014 se reformara la Ley de Partidos Políticos, y el Tribunal Supremo Electoral estableció que los partidos deben presentar sus planillas conformadas, al menos, en 30 % por mujeres.

Comisión de defensa. En las comisiones de trabajo destinadas a la discusión de seguridad y defensa nacional la cantidad de mujeres es baja.

Uno de los beneficios que plantean los que están a favor de este tipo de reformas está relacionado con el tema de identificación. Así lo explica Silvia Juárez, abogada de ORMUSA: “Tiene que ver con cómo la población va interiorizando que también las mujeres pueden participar en la política, tomar decisiones y empoderarse. ¿Cómo le enseño a las niñas de seis años que ellas también pueden tener derecho a tomar decisiones si solo ven que en la televisión hay presidentes, ministros, alcaldes?”

Un camino convertido en pared

Hace tres años, cuando se estableció la cuota de participación por género, se creyó que esta sería entendida como una base a partir de la cual los partidos políticos propondrían a más y más mujeres. En ORMUSA temen que la cuota se ha entendido como el límite de la participación.
“(La cuota) se dio como un estímulo de avance. Pero, realmente, nos sirvió como una pared que bloquea que haya más mujeres en esas posiciones”, asegura la abogada Silvia Juárez. Y agrega: “Los partidos la cubren, pero la cumplen a raya”.

Para la presidenta de UDEMAS, esa cuota ha servido para evidenciar los problemas que suelen darse cuando las candidatas lanzan sus campañas o realizan sus labores: “¿Por qué ahora es tan visible la violencia contra las mujeres? —pregunta de forma retórica desde su oficina— porque ahora se les ha obligado la cuota de participación política”.

Presidenta. Margarita Rodríguez preside desde este año el Grupo Parlamentario de Mujeres de la Asamblea Legislativa.

Mientras algunos diputados y diputadas de distintos partidos políticos reconocen a la cuota de participación de las mujeres como un buen primer paso, el diputado de La Libertad, Ricardo Velásquez Parker, se manifiesta en contra de este tipo de medidas.

“Yo quisiera cuota para calvos, fíjese, pero no contamos con el apoyo de la ciudadanía. Chiste aparte, a mí no me gustan las cuotas, ni para jóvenes, ni para mujeres, ni para qué sé yo… heterosexuales. El día que abramos la puerta para las cuotas por unos, abramoslas por todos y entonces el chiste ya vale, yo también quiero cuota para calvos”, responde el legislador.

Y a pesar de que este parece ser un tema que solo se discute entre foros de mujeres, los organismos internacionales, como el Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral (IDEA), ya han empezado a dar luces de la necesidad de encontrar aliados masculinos en la búsqueda de equidad en la democracia. El IDEA sostiene que la “resistencia de los hombres a la participación de las mujeres es un factor clave que dirige la exclusión política de las mujeres. Un mayor equilibrio de género aumenta la probabilidad de que los debates políticos y las reformas políticas identifiquen y aborden problemas nuevos y descuidados por igual, permitiendo que las sociedades, hombres y mujeres, prosperen”.

Los medicamentos que no curan, pero se venden

Medicamentos falsos. Estos productos irregulares fueron decomisados en el Aeropuerto Internacional Monseñor Óscar Arnulfo Romero en 2015.

El kit valía $25 y prometía curar un sinfín de molestias: desde los dolores en la parte baja de la espalda hasta el mal aliento. Era una de esas medicinas que se conocen como “medicamentos milagro”.

El vendedor del kit reunió a los maestros de una escuela de La Libertad y los sorprendió. El llamado “kit renal de desintoxicación integral” estaba compuesto por cuatro frascos de 30 tabletas cada uno. Los frascos tenían productos llamados riñoclean, gastriclean, higaclean y coloclean. El comerciante aseguró que esto servía para limpiar los riñones, uréteres y vejiga, para la pérdida de peso, para la colitis y ayudaba para tener sana, incluso, la próstata.

Convencidos por la gran cantidad de beneficios que les aseguraban, algunos maestros pagaron el medicamento inmediatamente y decidieron, sin ninguna consulta médica, que lo que necesitaban sus cuerpos era desintoxicarse. La ilusión por este producto fue tal que otros maestros pidieron las pastillas fiadas.

Las pastillas no contaban con ningún registro sanitario. Es decir, no tenían permiso para ser comercializadas y no había forma de garantizar que no estuvieran contaminadas o fueran, en verdad, lo que decían ser. Debían confiar únicamente en la palabra del vendedor.

En junio de 2017, la Dirección Nacional de Medicamentos (DNM) emitió una alerta que prohibía la utilización de estas tabletas. Ese mes, cuando el vendedor volvió a la escuela a cobrar el dinero que se le había quedado debiendo, se encontró con la negativa de algunos docentes a pagar. Algunos le devolvieron los frascos. Otros, decidieron confiar a ciegas y consumir el producto, aunque no tuviera los permisos correspondientes.

La elaboración y comercio indebido de medicamentos es común en El Salvador. Tan común que la DNM recibe 300 denuncias al año por problemas de calidad de las medicinas. Vicente Coto, el director de dicha entidad, asegura que el problema es grande. Algunos no cuentan con registro sanitario porque son falsificados. Se venden como una cosa, pero en realidad son botes rellenos de otras sustancias. Hay estudios, afirma Coto, que permiten pensar que en países de renta media baja como El Salvador, el 50 % de los medicamentos que se venden son falsificados.

Operativo. Escena de un allanamiento a una bodega en el centro de San Salvador donde se almacenaba medicina vencida y sin registro sanitario, en junio de este año.

Pomadas a dólar, pastillas a $0.15

Con $2.45 en el Centro Histórico de San Salvador se pueden comprar pastillas para el dolor muscular, una pomada para infecciones y una pasta verde con olor a menta conocida como “mariguanol”. No hay que caminar mucho. Es posible encontrar todos estos remedios en diferentes puestos en la calle Rubén Darío.

El producto estrella de este lunes de septiembre es una pomada antibiótica y antiinflamatoria que se vende por $1, aunque en su caja esté marcada que cuesta $8.33. La llevan en la mano al menos una decena de vendedores, junto a pastas de dientes y toallas sanitarias. Es la cachada del día. En estas calles otra venta común es el “mariguanol”, que es vendido por $1. El bote transparente y de tapón verde no tiene registro sanitario, no está sellado y brinda alivio rápido, según dice la calcomanía del envase, a la artritis, los golpes, el dolor de espalda, el dolor de nuca, el dolor de cabeza, el reumatismo y la inflamación.

“Esas medicinas son buenas, lo que pasa es que son marca furgón”, dice un joven veinteañero, estudiante de Ingeniería en Hardware, acostumbrado a comprar fármacos en la calle. El problema no es solo que los medicamentos sean legales o ilegales. Para que estos puedan ser despachados y el comprador tenga la seguridad de que son confiables, no basta con ver su registro sanitario y la fecha de vencimiento. También se debe tomar en cuenta la cadena de custodia y dónde han estado almacenados.

Aunque una gran cantidad de los medicamentos que se venden en el centro de San Salvador especifican en su empaque que la venta se realiza “con receta médica”, en el comercio de la calle, no se necesita mostrar ningún papel.

“Cualquier acción de un profesional de la salud afecta cómo la población ve a los futuros profesionales. Si son profesionales y están actuando de esa manera, ¿qué se podría esperar de los nuevos médicos y farmacéuticos? Están mandando un mensaje a las futuras generaciones de que lo importante es hacer plata. No importa cómo”.

Este día ha llovido desde la mañana y una mujer se protege de la lluvia bajo una sombrilla. Frente a ella hay un canasto lleno de medicinas cubierto con un plástico transparente sobre el cual han caído las gotas de agua. Entre el ruido de la música y los televisores, ella ofrece pastillas a $0.15.

Esta práctica, tan diaria y cotidiana, constituye un delito. El artículo 273 del Código Penal lo identifica como despacho o comercio indebido de medicinas. La ley sostiene que pueden enfrentar prisión de uno a tres años quienes comercien con “medicamentos no autorizados, deteriorados o caducados”, o aquellas personas que no cumplen con las “exigencias técnicas relativas a su composición, estabilidad, conservación o eficacia”.

Quien compra medicina en la calle, “está botando su dinero”, asegura Remberto Mixco, coordinador de Farmacia Hospitalaria de la Facultad de Química y Farmacia de la Universidad de El Salvador. Las condiciones de la calle no son propicias para conservarlos, aunque estos hayan sido elaborados en un buen laboratorio. Para eso hay una lógica científica. Mixco lo explica así: “Si el fabricante dice que se deben almacenar los medicamentos a no más de 28 grados centígrados y usted lo carga en una canasta, ¿qué temperatura alcanzará ese canasto al mediodía? El medicamento comienza a descomponerse, a arruinarse porque esos elementos empiezan a reaccionar frente al calor. Cuando llega a comprar esa medicina ya no le va a dar resultados, peor aún, le puede hacer daño”.

El medicamento sin registro también llega a las clínicas

Así como el medicamento sin registro llega a las escuelas, a las calles y a los buses, este también se vende en clínicas. Eso fue lo que aseguró la Fiscalía que sucedía en la clínica Dr. Zelaya, ubicada en la colonia Escalón.

Este lugar fue allanado el miércoles 27 de septiembre y sigue funcionando con normalidad. La clínica suele estar llena de clientes que buscan un servicio de medicina biológica o natural. De acuerdo con su página web, aquí se brindan servicios “con un enfoque diferente de la medicina tradicional”.

Del ISSS. En el allanamiento a una bodega del Centro Histórico se encontró también medicamento del Seguro Social.

Hace 11 días, cuando este local fue allanado, personas que trabajan en los locales que rodean la clínica salieron a observar la actividad inusual. Había fiscales, policías y periodistas en una calle que no suele ser foco de las noticias. Pocos parecían entender qué pasaba y por qué la clínica de un médico reconocido en una zona privilegiada de la capital estaba siendo intervenida.

Cerca de las 10 de la mañana el director de Intereses del Estado de la FGR, Mario Salazar, explicó el caso: “Los medicamentos que ellos manifestaban ser para la chikunguña son como un aceite que los médicos usan para calibrar (equipos). Estos medicamentos no contaban con la autorización de la DNM para ser comercializados”. Además, sostuvo Salazar, se giraron órdenes de captura contra oficiales y agentes aduaneros que, de acuerdo con sus investigaciones, falsificaron “facturas, sellos y firmas para la importación de este medicamento”.

El caso inició cuando en 2014, hace más de tres años, la DNM denunció el caso a la Fiscalía tras descubrir que en medios de comunicación se anunciaba la venta de un producto que ofrecía curar la fiebre chikunguña. La clínica que los anunciaba estaba ubicada en Santa Tecla y se encontró que obtenía estos productos de la Droguería Darío. Esta droguería, de acuerdo con un policía dentro del allanamiento, está conectada a través de una puerta con la clínica Dr. Zelaya.

Las investigaciones judiciales de este caso llevan un ritmo pausado, así lo sostiene Vicente Coto desde su oficina en Ciudad Merliot. “La FGR acaba de judicializar un caso que nosotros lo concluimos en 2014. A mi juicio es un proceso que va lento”, dice. La versión oficial sostiene que en esta droguería los inspectores de la DNM encontraron facturas con sello y firma falsa de importación de las sustancias, facturas de venta a otras clínicas y 198 medicamentos sin registro sanitario. El médico Pedro Zelaya niega que eso sea verídico.

“No es justo lo que le están haciendo al doctor, lo están poniendo como que es un ladrón y no es así”, asegura una empresaria que importa productos médicos y afirma conocer al señalado. Las opiniones respecto de Zelaya son variadas y opuestas. En las redes sociales de la clínica hay quienes le agradecen porque con sus métodos los ha sanado y hay otras personas que se quejan de la supuesta falta de profesionalismo.

Cinco días después del allanamiento se realizó la primera audiencia sobre este caso y pasó al proceso de instrucción, donde los fiscales deberán recabar pruebas que sostengan lo que ya han argumentado. Los señalados enfrentarán el proceso en libertad, incluido el doctor Pedro Zelaya. Él afirma que todo se trata de un malentendido entre la DNM y el tipo de medicina que en este lugar se practica.

“Nosotros nos dedicamos a una rama de la medicina que es la medicina alternativa. Es un ente que no es regido en el país porque el Consejo Superior de Salud Pública no tiene todavía un reglamento que ampare este tipo de medicinas. Creo que es una confusión la que ha habido”, dice el médico con seguridad desde su clínica. Luego explica que en este consultorio solo el 2 % de los tratamientos están compuestos por medicamentos y el 98 % restante se realiza a partir de “nutrientes, vitaminas, medicamentos naturales”.

Zelaya declara que entre la clínica y la FGR lo que hay es una situación mal comprendida. “El conflicto nace con unos productos que se utilizan para el análisis de estrés oxidativo, que ese es un producto como el calcio, la vitamina C, que el fabricante los pone como reactivos de laboratorio o medicamentos para ionización. Entonces, la DNM determina que estos no son medicamentos y entonces viene toda la situación”, argumenta.

Domingo L. nunca enfrentó cárcel por este delito a pesar de que en los productos que elaboraba, de acuerdo con los estudios realizados, se encontró “presencia de hongos, bacterias, coliformes fecales y por tanto existía el riesgo de que contengan la bacteria de la E. coli, salmonela”.

Zelaya sostiene que su clínica nunca promocionó dichos productos como la cura del chikunguña y que quien hizo tal aseveración fue un médico de una clínica en Santa Tecla. El Código de Salud señala como una infracción contra la salud “hacer falsa propaganda sobre las cualidades de los alimentos o productos y que induzcan a error o engaño al público”.

El experto en fármacos, Remberto Mixco, asegura, desde su oficina en la Universidad de El Salvador, que “cualquier acción de un profesional de la salud afecta cómo la población ve a los futuros profesionales. Si son profesionales y están actuando de esa manera, ¿qué se podría esperar de los nuevos médicos y farmacéuticos? Están mandando un mensaje a las futuras generaciones de que lo importante es hacer plata. No importa cómo”.

Al médico Zelaya también se le consulta sobre por qué 198 medicamentos que se vendían en la Droguería Darío, (negocio que él identifica como “empresa hermana” de la clínica) no tenían registro sanitario. El doctor afirma que hay algunos productos que “no necesitan registro porque son productos naturales. Necesitan registro como vitaminas y nutrientes, entonces la confusión se genera porque esas vitaminas nosotros en el país no tenemos registro de productos naturales hasta 2016”.

Una profesional responsable de algunas casas farmacéuticas en El Salvador, que pidió el anonimato, asegura que logró registrar medicamentos naturales que se importaban de Alemania desde los años noventa.

“Yo no sé los productos que él tenía, pero sí, los naturales ya se registraban. No teníamos una normativa, pero sí ya era una obligación que para comercializarse tenían que tener un registro. En los años noventa, nos tardábamos como cinco años en conseguir el registro. Sí existe una regulación, no sé a él quién lo asesoró”, sostiene la experta.

El Salvador, junto a Costa Rica, Guatemala, Honduras y Nicaragua, aprobó hace cuatro años el reglamento técnico para el registro sanitario de productos naturales medicinales para uso humano. Ese reglamento fue firmado por los cinco países en mayo y entró en vigencia en noviembre de 2013.

Paso a paso: ¿Qué pasa tras una denuncia?

Exportación ilegal. El representante de la Dirección Nacional de Medicamentos, Vicente Coto, explica cómo algunas personas comercian con medicamento falsificado hacia Estados Unidos.

Domingo L. estudió hasta noveno grado. Para 2014 tenía ingresos mensuales de $2,000 como comerciante de medicina. La clave de su éxito como comerciante había sido que él mismo, en su casa, creaba medicamentos. Elaboraba Limpia Sangre Diabetín, Reumetamex Forte y Limpia Hígado Graso.

La DNM recibió una denuncia que decía que en el mercado Central de San Salvador se vendía medicina sin registro sanitario. La entidad realizó una inspección y encontró que en los pabellones 4 y 5 del mercado se vendían medicamentos ilegales. Los inspectores compraron Limpia Sangre Diabetín, Reumetamex Forte y Limpia Hígado Graso para hacerle estudios a las sustancias. La investigación siguió, se identificó a los vendedores y se descubrió que el producto era elaborado y distribuido en un inmueble de Zaragoza por Domingo L, quien también era el dueño de la casa que funcionaba como laboratorio.

Cuando se revisó ese lugar se encontró una escena opuesta a los controles de limpieza y buenas prácticas de manufactura: “Las condiciones higiénicas de las instalaciones donde se procesa el medicamento son deplorables (…) incluso existen servicios sanitarios en los espacios donde se manufactura”, se puede leer en el expediente judicial del caso.

Domingo L. fue encontrado culpable de “despacho o comercio indebido de medicinas”. La pena que se le impuso fue de dos años y esta se cambió por 96 jornadas de trabajo de utilidad pública. Domingo L. nunca enfrentó cárcel por este delito a pesar de que en los productos que elaboraba, de acuerdo con los estudios realizados, se encontró “presencia de hongos, bacterias, coliformes fecales y por tanto existía el riesgo de que contengan la bacteria de la E. coli, salmonela”.

En El Salvador hay 33 laboratorios autorizados para producir medicinas, y para todo el país hay 50 inspectores que se encargan de verificar que los productos que los salvadoreños consumen sean seguros. En teoría, estos laboratorios reciben una visita de inspección anual. De acuerdo con la memoria de labores de la DNM, de junio de 2016 a mayo de 2017, se realizaron 27 inspecciones de buenas prácticas de manufacturas a laboratorios farmacéuticos y tres a laboratorios naturales artesanales.

Cuando un ciudadano interpone una denuncia en la DNM, esta institución realiza un proceso administrativo interno. Por ejemplo, entre junio del año pasado y mayo de este año se canceló el registro sanitario de 506 productos.

Si lo que se encuentra en la inspección constituye un delito, como en el caso de la medicina contaminada con coliformes fecales, este se refiere a la Fiscalía. Si también se identifica que médicos o farmacéuticos actuaron con falta de profesionalismo, el expediente también es referido hacia la Junta de Vigilancia de la Profesión Médica y al Consejo Superior de Salud Pública.

Vicente Coto, director de la DNM, asegura que consumir este tipo de productos “es una ruleta rusa”, ya que este tipo de medicamentos “no son inofensivos, le pueden producir hasta la muerte”.

Las ventas irregulares de medicamentos siguen

Sin registro. Los medicamentos que no han sido autorizados por la DNM pueden estar contaminados con hongos, bacterias y hasta coliformes fecales por el nulo control que se tiene a la hora de elaborarlos.

“Venimos de un mercado completamente irregulado y el régimen sancionatorio de la ley ha permitido ir ordenando el mercado”, dice Coto. Afuera de su oficina, la representante de una empresa familiar espera realizar trámites y se queja de los precios que debe pagar para poder importar productos médicos y comercializarlos.

A la empresaria el proceso le parece largo, caro y burocrático. Hay quienes deciden saltarse estos pasos; y no son pocos. En 2014 la DNM encontró 800 productos falsificados que eran llevados en equipaje de mano hacia el extranjero. Las personas que los intentaron transportar aseguraron que más de la mitad de estas sustancias habían sido compradas en Santa Rosa Lima, lo que hace pensar a las autoridades que venían de Guatemala u Honduras. Coto acepta que no se logró identificar de dónde provenía el medicamento y que, probablemente, había más de lo que pudieron encontrar.

No es posible conocer con seguridad la magnitud del problema de elaboración y comercio irregular de medicamentos y estos se siguen comerciando sin que las autoridades puedan detener su consumo.

De vuelta al centro, el sol ha comenzado a salir después de un día de lluvia. La mujer que vende medicina en su canasto tapado con plástico cuenta monedas para dar el cambio de tres pastillas y las entrega en una bolsa plástica transparente con un nudo. Nadie puede garantizar que estas pastillas sean de buena calidad o que, al menos, no estén vencidas. Ya que las pastillas son cortadas individualmente, no se puede leer la fecha de manufactura o vencimiento.

Medicamentos sin registro.

Además de pastillas para dolores musculares, de cabeza y para la diarrea, ella también vende tabletas destinadas a controlar la ansiedad moderada de las personas. Este producto no es de venta controlada, pero su uso está restringido en mujeres embarazadas por su posible relación con el nacimiento de bebés con paladar hendido. Además, entre las indicaciones sobre cómo debe mantenerse almacenado el principio activo de este medicamento, se especifica que debe almacenarse alejado del exceso de calor y humedad, las dos cosas que más abundan en el Centro Histórico. La vendedora, sin ninguna precaución de por medio, ofrece la medicina a la mujer que pregunta por las pastillas: “Son para dormir. Cora vale cada una”.

“Los tractores solo podemos abrir brecha, no podemos pavimentar”

Director. Roberto Salomón en las butacas del Teatro Luis Poma, espacio que dirige desde hace 15 años.

El plan era distinto. Roberto Salomón nació en una familia judía en El Salvador y su padre, un comerciante, creía que él, único varón de sus tres hijos, sería quien heredaría los negocios familiares. Él representaba a la nueva generación de empresarios de la familia, pero Roberto Salomón le apostó a un oficio que lo haría perder dinero: el teatro.

Antes de cumplir los 20 años supo que se dedicaría al arte. Empezó su formación en Estados Unidos y cuando volvió al país, a sus 24 años, el ministro de Educación Wálter Béneke le ofreció ser parte del equipo fundador del Bachillerato en Artes en 1968. Durante las mañanas los estudiantes recibían sus clases académicas y por la tarde asistían a las prácticas de su especialidad en teatro, música o pintura. El proyecto terminó en 1997, cuando se graduó la última promoción de dicho bachillerato.

Bajo ese programa se educaron algunos de los principales actores y actrices que siguen llenando salas hasta la fecha. Pero el Bachillerato en Artes, de donde salieron varios rebeldes de la época, y su proyecto Actoteatro –una sala de teatro independiente– no eran bien vistos por la Guardia ni la Policía Nacional. En 1980, él y sus socios decidieron irse del país tras ser amenazados de muerte.

Han pasado casi cuatro décadas desde que alguien en el poder le ordenó dejar de molestar con su trabajo. Pero eso no significa que, a juicio de Salomón, el teatro haya sido reconocido como un oficio legítimo. “Tenemos un Gobierno al que no le interesa la cultura”, dice desde las butacas del espacio que dirige, el Teatro Luis Poma. En medio del silencio de esta sala de teatro vacía sostiene con voz baja que su generación estaba segura de que era posible cambiar al mundo, y que hoy, en una época donde todo parece estar en crisis, le sorprende que haya quienes aún siguen creyendo que ese plan es posible.

Usted ha dicho que el teatro está en crisis desde hace miles de años, ¿por qué alguien como usted, que podría haber tenido su vida resuelta, decidió entrar a ese mundo de crisis?
Cuando uno sufre golpes muy fuertes en la niñez, la ficción es una tabla de salvación y el teatro es una ficción. La niñez golpeada necesita de juegos. Esa resiliencia para mí fue el teatro.

Cuando usted tenía 24 años fue parte del equipo fundador del Bachillerato en Artes. Además del apoyo del ministro de Educación Wálter Béneke, ¿cuáles eran las condiciones que hacían posible el proyecto?
Escoger muy bien a la gente que iba a hacerlo. Estaba Magda Aguilar como directora, Roberto Huezo y Roberto Galicia en artes plásticas y yo en teatro. Era un equipo bueno.

No era que el país estuviera en una época de florecimiento.
No, para nada. Era uno de los momentos más críticos entre ANDES y el Gobierno.

Después de la caída de la dictadura de Maximiliano Hernández Martínez, siguieron otros gobiernos de corte cívico militar en los que se lograron avances económicos a escala estatal, pero aumentaron la represión hacia los ciudadanos. Por ejemplo, el gobierno de Óscar Osorio (1950-1956), a pesar de ser liderado por un militar, se reconoce como uno de impulso a las artes. Durante ese periodo se becó a artistas para que estudiaran en el exterior. El Bachillerato en Artes se creó en el gobierno de Fidel Sánchez Hernández, quien fue presidente de 1967 a 1972, periodo en el que estaba activa la Organización Democrática Nacionalista (ORDEN), en la cual se aglutinaron grupos paramilitares que solían reprimir a la población.

Como actor. Roberto Salomón en 1975 mientras actuaba como el personaje de Creonte.

Parece que la lógica iba hacia un lado y este proyecto…
Es que es totalmente ilógico. Tuvimos 60 años de dictadura militar, ¿cuándo fue la mejor época de los programas culturales? Durante el periodo de Osorio. ¿Quién creó el Banco Central? Martínez. Hay una serie de contradicciones. Cuando nosotros estrenamos “Marat Sade” aquí el 13 de julio de 1970, estaba el presidente Fidel Sánchez Hernández sentado ahí. Y estábamos cantando “los generales a las farolas”.

La Policía Nacional los acusaba de crear una cuna de guerrilleros. ¿Alguna vez sintió una especie de culpa por este motivo?
Culpa, no. Si nosotros queríamos cambiar el mundo.

¿Cómo reaccionaba ante estas fuerzas policiales que sí buscaban culparlos a ustedes?
Nosotros teníamos un mandato del ministro de Educación de enseñarle a la gente a pensar. Entonces, después venía la Policía, la Guardia a llevarse a nuestros alumnos porque pensaban. ¡Porque los gobiernos no quieren gente que piense! Ningún gobierno quiere gente que piense.

¿Ahora tampoco?
¿Ahorita? ja, ja. Perdón, ¿qué porcentaje del gobierno va a educación? ¿Dónde están los proyectos de educación? Se lo dije al presidente en mi discurso de cuando me dieron el Premio Nacional de Cultura. Le dije: los problemas de El Salvador son tres, el primero es educación, el segundo es educación y el tercero es educación.

Si el Bachillerato en Artes se hizo posible en esas condiciones militares, ¿cree que las condiciones actuales son más favorables?
Es que los años sesenta eran la era del hippismo. Nosotros creíamos que podíamos cambiar el mundo. Ahorita nadie cree que puede cambiar el mundo con realidades como la que tenemos aquí en el país y realidades como (las que) se ven en el resto del mundo.
Ahora no es una época en la que hay proyectos. Yo admiro a algunos “millennials” que siguen con un optimismo tremendo, porque no hay proyectos de sociedad. Si uno tiene un medio dedo de frente, ya no le cree a nadie.

¿Cree que ese desencanto imposibilita que se armen proyectos así de fuertes como el Bachillerato en Artes ahora mismo?
Aquí, en el Teatro Luis Poma, estamos en un proyecto fuerte como país.

Hablo desde un impulso estatal.
¿Del Gobierno? No, es que tenemos un Gobierno al que no le interesa la cultura. Punto.

Decía que para la obra “Marat Sade” estaba Fidel Sánchez Hernández entre el público, ¿recuerda ver a algún funcionario aquí en los últimos años?
Asiduo no. Han venido de vez en cuando. Cuando hicimos las lecturas de las 24 horas del “Quijote”, vino Gerson Martínez, vino Ana Vilma Escobar, vinieron a leer. Pero no, venir asiduamente al teatro, no.

¿Eso puede servir como un termómetro?
Yo creo que la mayoría de la gente que tiene un poco de poder piensa que el arte es superfluo; así como los arquitectos son superfluos y, por eso, se ven una cantidad de horrores en San Salvador de ingenieros que piensan que no necesitan arquitectos, porque saben construir. Un ingeniero civil sabe construir, pero no necesariamente sabe diseñar. Hay gente que sabe hablar, pero no necesariamente sabe pensar.

Antes de dirigir el Teatro Luis Poma, Roberto Salomón creó Actoteatro junto a otros artistas. Ahí gestionaban obras teatrales, talleres y exposiciones. Además, el espacio tenía una librería y un restaurante. Salomón abandonó el país en 1980, tras recibir una amenaza vía telefónica. En el libro biográfico de Roberto Salomón, ese incidente se ha descrito así: “El mensaje decía algo parecido a ‘cierren esa mierda o los vamos a quemar’ (…) Tilly Shulz (una de sus socias) le pidió cita al futuro general Eugenio Vides Casanova, jefe de la Guardia Nacional en ese entonces, (…) Sí, le dijo el militar, eso viene de nosotros y es porque ustedes tienen bailarinas comunistas en Actoteatro”.

Hablemos de la guerra. En su libro biográfico “Hippies de barranco” se lee que de los artistas que se fueron del país tras ser amenazados por su sala de teatro, Actoteatro, solo usted volvió. ¿En algún momento cuestionó el compromiso político de los que no volvieron?
Yo no cuestiono mucho lo que la otra gente hace. Cada quien tiene que construir su vida como mejor le parezca. Para mí siempre ha significado mucho más hacer teatro en El Salvador que hacerlo en otra parte. ¿Por qué? No te podría decir porque he tenido éxito en Estados Unidos, en Europa.

Cuando usted volvió tras estar exiliado, ¿se cuestionó si tenía sentido seguir haciendo esto?
Yo estaba dando clases en la Escuela Superior de Arte Dramático de Ginebra y mucha gente que me ve dice: “Y si a usted le iba tan bien allá, ¿por qué se viene aquí?” Para mí es un desprecio, una autoestima terrible. Pues yo vengo aquí porque para mí es más importante El Salvador que cualquier otra cosa.

Imagino que cuando responde eso encuentra caras de sorpresa.
Uno se acostumbra desde niño a que le digan que uno es burro por ser distinto. Si cuando me nombraron en el salón de la fama de la Escuela Americana, donde estudié, empecé mi discurso diciendo: no sé si a ustedes les parece raro, pero a mí sí me parece raro que alguien que fue expulsado tres veces de esta escuela hoy sea nombrado al salón de la fama. Al día siguiente estoy en el súper y un niño como de 12 años dice: “Mami, ese es el señor que expulsaron del colegio”.

¿Por qué lo expulsaron?
Por mal portado, por hiperactivo, por fumar en los terrenos del colegio. Siempre he sido hiperactivo. Ahorita estoy ensayando una obra y estoy en el casting de dos obras.

Visión. Salomón asegura que tiene ya agendados cuáles espectáculos se presentarán en el teatro hasta octubre del 2018.

¿El teatro puede ser indiferente ante los conflictos armados?
El teatro no es indiferente a nada. Yo nunca he hecho teatro comercial, es decir, teatro para ganar plata. Si viene público y la taquilla sale bien, pues enhorabuena, pero el objetivo no es la taquilla. El objetivo es hacer algo que comunique algo sobre la sociedad, eso incluso en las obras más cómicas.

Y si el objetivo fuera hacer dinero, ¿de cuánto sería la entrada?
Por lo menos $25 dólares.

¿Vendría alguien?
Para mí el patrocinio de la Fundación Poma en este teatro es de vital importancia. Era una de las condiciones por las cuales yo acepté este trabajo, porque no quiero hacer teatro para la gente que puede viajar y que, cuando viaja, no va al teatro. Son casos perdidos. El hecho de que este teatro exista ya es un milagro. El centro comercial creció alrededor del teatro y muy bien lo hubieran podido botar. Hay mucha gente que piensa en términos de negocio que le parece que lo que está haciendo la Fundación Poma es, en el mejor de los casos, una estupidez.

Jacinta Escudos escribió hace poco que muy bien por el apoyo al arte desde el público, pero que los artistas no pueden vivir solo de aplausos.
O me retuerzo cada vez que oigo a algunos actores decir al público “gracias por apoyarnos”. Eso no es cierto. ¿Cómo que el público nos está apoyando? Nosotros le estamos dando algo al público. Como dice Shakespeare, le estamos dando un espejo ante la naturaleza humana.

Pero, ¿cómo hacer que este trabajo sea sostenible para los actores y que no se convierta en una especie de mercancía?
Poco a poco. Con cierta ideología. Aquí jamás se ha hecho una obra comercial. Hay gente que dice que “El cavernícola” es comercial porque tiene éxito. “El cavernícola” es una reflexión sobre la sociedad que está hecha en un modo cómico. Teatro comercial es vestir medio chulonas a chicas bonitas, hacerlas desfilar en el escenario haciendo comedias totalmente estúpidas. En Guatemala y en Costa Rica sí se ha hecho teatro así porque solo así pudieron sobrevivir los teatros.

¿Cree que el Teatro Luis Poma ya alcanzó la madurez necesaria para sobrevivir sin usted?
No creo que las personas sean irremplazables. Si caigo muerto el día de mañana no veo por qué no va a seguir el proyecto mientras la gente quiera que siga.

Hace unos años, una artista decía, después de una presentación en la pequeña sala del Teatro Nacional, que entendía, aunque no compartía, que no se apoyara a las artes en un país con necesidades básicas que no están satisfechas.
No estoy de acuerdo. Las artes son esenciales y lo que pasa en el Teatro Nacional es que no ha construido un público. Esta obra de Alejandra Nolasco, “Los ausentes”, que se está presentando ahorita aquí, si la hubiéramos presentado hace 10 años no viene nadie, pero anoche 140 personas (vinieron) para ver una obra que habla de una cosa terrible y la gente sale llorando. Hemos construido ese público.

¿Y cómo conciliar al teatro como un derecho tan básico como la educación y la salud en este país que le desaparece hijos a las madres cuando no pueden pagar extorsiones de $60?
No es el trabajo del artista. Es el trabajo del Gobierno, del Estado. Pero los gobiernos de derecha siempre pensaron que el arte podía ser una cosa bonita, pero que los artistas son marginales, que pobrecitos, que son locos.

¿Eso lo intuyó o se lo dijeron alguna vez?
Toda la vida me han dicho. En el mejor de los casos para la gente de derecha yo soy un bruto. Ahora no, verdad, porque hay un cierto reconocimiento, pero cuando nosotros empezamos a hacer teatro aquí, no había ninguno. Y hay cierto sector de la izquierda que sigue pensando que el arte es elitista.
Entonces algunos lo llaman burgués y otros, revolucionario.
Así es.

¿No le importa ubicarse en ningún lado de ese espectro?
En lo absoluto. Es que la gente puede pensar lo que quiera, uno tiene que saber qué es lo que está haciendo.

En 1997 usted dirigió y presentó “Sueño de una noche de verano”, en el Teatro Nacional. El presupuesto era de $10 mil del Gobierno suizo, $10 mil de CONCULTURA, $10 mil de butacas y otros miles de parte de la empresa privada. ¿Usted ha visto que se vuelva a montar una obra donde se mezcle tanta inversión?
No, es que las cosas solo funcionan en equipo. Eso lo logramos porque Roberto Galicia estaba en CONCULTURA y Ana Vilma de Choussy estaba en el Patronato. Entre los tres logramos. Yo logré lo del Gobierno suizo y Ana Vilma logró bancos y Roberto Galicia logró lo de CONCULTURA. Fue un voto a ciegas.

Trayectoria. Son 50 años de una vida dedicada al teatro. Ha trabajado como docente, traductor, director, actor y gestor cultural.

¿O sea que han pasado 20 años desde un riesgo de montaje tan grande?
Sí.

Para algunos, “Sueño de una noche de verano” era un ejemplo de lo que podría ser el teatro después de la guerra.
Claro. Había varias cosas: una era mostrar que el Bachillerato en Artes había servido de mucho y que había sido un error cerrarlo. Dos, mostrar lo que era posible hacer con la maquinaria del Teatro Nacional, porque ahora usted ve cosas en el Teatro Nacional que para qué le cuento, eso podría igual estar en el auditorio de cualquier escuelita que tenga un escenario. Está sobreequipado para el uso que se le da, pero esa es una elección que hace el Gobierno. La inacción es una decisión. También con esa obra quería manifestar la necesidad que había de una escuela y marcar un futuro para el teatro en El Salvador, pero ese futuro no se dio.

¿Por qué?
Y yo qué sé.

¿Pero por qué dice que no se dio?
Los tractores solo podemos abrir brecha, no podemos pavimentar. Los que tienen que pavimentar son otros.

¿Se basa en el tipo de propuestas que hay, en el número de grupos que hay?
El único espacio que se maneja como teatro aquí en El Salvador es el Luis Poma. Porque aquí tú vienes con un espectáculo y tienes varios días para montar tu obra. Tú vas al Teatro Nacional y, si hay alguna orden superior que viene que te quitan la sala, te la quitan. Además, si el equipo técnico no tiene ganas de trabajar, pues no te van a trabajar. Lo único que hacen bien en el Teatro Nacional es el aspecto de limpieza y mantenimiento, los felicito por eso, porque no han dejado que se caiga.

El Teatro Nacional fue creado en 1917. Roberto Salomón fue su director y lideró la remodelación de ese espacio en 1975. Según ha declarado el artista, ese espacio necesitaba ser salvado. El edificio ya había servido como juzgado, alcaldía, policía municipal, radio y sala de cine. Una reseña de la Secretaría de Cultura (SECULTURA) afirma que para entonces incluso se alquilaban cuartos por hora dentro del teatro. En dos años se remodeló y fue reinaugurado en 1978. Tras el terremoto de 2001 permaneció cerrado hasta 2008. Su actual director es Tito Murcia y, de acuerdo con SECULTURA, ese espacio recibe a 4 mil visitantes por mes.

A Tito Murcia yo lo he oído decir que él no tiene ningún poder de decisión en el teatro, ¿entonces para qué es director? Lo ha dicho en una reunión oficial en la que estaban varios directores de distintos teatros. Está grabado. Tito Murcia puede tener las mejores intenciones del mundo, pero si no tiene el apoyo… el apoyo solo puede venir de arriba.

Hablemos de 2014 y su Premio Nacional de Cultura…
Me sorprendió recibirlo.

¿Por qué?
Yo incluso me negué a ser jurado de un Premio Nacional de Cultura y dije: no me parece que está claramente definido. ¿Se está premiando trayectoria, excelencia, logros, insistencia o se está premiando perdurar? Eso es bien difícil, sobre todo cuando solo hay un premio. Tenemos muchos problemas que vienen del hecho de que no hay una diversidad. El Premio Nacional de Cultura, como es el único premio, también quiere abarcarlo todo y no se puede.

Cuando me lo dieron a mí, muy bien se lo podían dar a Jorgelina Cerritos. Si se acababa de ganar el Premio Casa de las Américas. Vaya, pero se le da de dramaturgia, entonces es el premio nacional de dramaturgia.

Con el premio nacional de música, fue muy discutido eso de Yolocamba Ita. Fui a una reunión y dije “quiero que quede escrito, por favor, y me mandan una copia, de por qué yo no voy a participar en este jurado: es porque no me parece que las bases están claras. ¿Es para música popular, para composición, para trayectoria, para tradición?” Jamás recibí el escrito ese. No podés poner a los Hermanos Flores, Yolocamba Ita, a Elizabeth Trabanino y a Eduardo Fuentes, que son todos músicos, pero no los podés poner en un mismo canasto. Es como decir “¿cuál te gusta más: la guayaba o la carne?” Es totalmente absurdo.

Del recuerdo. En la fotografía aparecen junto al director los artistas Juan Barrera, Naara Salomón e Isabel Dada.

¿Hubo gente que coincidió con usted en esos puntos?
Sí, coincidieron varios, pero se quedaron.

En su discurso de aceptación del premio usted dijo que mientras más cambian las cosas en este país, más siguen iguales. Suena desencantado.
No, yo creo en la frase que Roberto Galicia dice: “Somos los mismos dándole la vuelta a la rueda de caballitos”. Aquí se dice que cambian muchas cosas, pero la verdad es que las cosas siempre siguen iguales. ¿Cómo usted se imagina que pueden haber escándalos tan grandes como los que hay en la Asamblea y que la gente no tenga que renunciar? Es que los escándalos son como agua que le cae en la espalda al pato, se sacuden y siguen caminando como patos.

Si usted pudiera hacer lo que fuera por el teatro en este país, ¿qué haría?
La formación estética desde la primera infancia. La educación artística desde el kínder hasta el bachillerato, financiar que compañías de teatro –porque además en El Salvador hay una cantidad de buenos actores– hagan giras por todas las casas de la cultura, equipar las casas de la cultura…

¿Usted cree que estamos dando algún paso hacia esas direcciones?
No.

¿Ninguno?
No, ja, ja.

¿Entonces cómo se podrían articular estos proyectos?
A mí me llamó el ministro de Educación para que yo diera clases a maestros los sábados durante dos años para que ellos pudieran enseñar teatro. Yo le pregunté si eso era voluntario o se les va a pagar, y me respondieron que era voluntario.

Explíqueme ¿por qué un maestro que está toda la semana lidiando con maras, lidiando con gente que no está interesada en asistir a sus clases, que nunca se ha interesado por el arte, que nunca han estado expuestas al arte, por qué van a querer encima venir a aportar sus sábados para eso? “Es que es obligatorio”. Ah, entonces, ¿no sería mejor en vez de que ellos fueran los que van a esas clases de teatro en el futuro, darle equivalencias a tanto artista apasionado que hay en El Salvador y darle un entrenamiento? “Ay, pero eso cuesta dinero”. Es que todo cuesta dinero, pero cuando viene el arte, entonces no hay, pero para Seguridad, para Defensa, para esto, para lo otro… es como cuando viene alguien con un café de $4 y viene a la boletería y dice: ¡Uy, qué caro!, $3.

Vestuario. Detrás del escenario del Luis Poma se encuentra un espacio donde se guarda escenografía y vestuario de obras pasadas. También hay entre la ropa atuendos que algunas personas donan para que el teatro disponga de ellos en caso de necesitarlos.