Crisis desata deserción y hambre entre militares venezolanos

Ejército Bolivariano de Venezuela

Al ingresar hace dos años y medio a la Guardia Nacional de Venezuela, un joven sargento confiaba en que su vida daría un giro que le permitiría dejar atrás la pobreza sin imaginar que terminaría renunciando y dedicándose a cambiar neumáticos para reunir los ingresos que le permitieran alimentar a su familia.

En este país petrolero, ni siquiera las fuerzas armadas han logrado escapar a la crisis económica. Agobiado por las dificultades de mantener a su esposa embarazada y a su hijo de dos años, al delgado sargento de 21 años –que habló en condición de anonimato porque no está autorizado para declarar– no le quedó más que sumarse a los miles de militares que abrumados por la crisis han desertado o solicitado su baja para buscar un empleo más rentable o migrar a otros países como lo han hecho más de dos millones de venezolanos.

Los rigores de la crisis también han golpeado el núcleo de los cuarteles donde se ha reducido la dieta diaria de los uniformados, situación que obliga a muchos a llevar su propia vianda para desayunar o almorzar, o a extender sus permisos de salida para alimentarse en casa.

En algunas regiones, como la isla caribeña de Margarita, ya es común ver a jóvenes militares famélicos que visten uniformes verde oliva y caminan armados con fusiles, pero al amanecer van al mercado municipal de Conejeros, como muchos mendigos, a pedir a los comerciantes que les regalen verduras y frutas para poder comer.
“No sé cómo hacen mis demás compañeros para vivir, pero si no salgo de esto me moriré de hambre”, afirmó, decepcionado, el sargento al reconocer que su ingreso de unos $2 mensuales ya no le alcanza para alimentar a su familia ni para pagar el alquiler del apartamento donde reside en la ciudad central de Valencia.

Además, el joven militar admitió que al igual que el resto de la población se ha visto golpeado por la hiperinflación, que alcanzó en abril una tasa anualizada de 13.776 % según cálculos de congresistas opositores, y que llevó el año pasado a que seis de cada 10 venezolanos perdieran 11 kilogramos de peso en medio de una oleada de pobreza que ya toca a 87 % de la población, de acuerdo con un estudio de las tres principales universidades del país.
Por ello, para completar sus ingresos, el sargento de estatura baja y tez blanca tuvo que buscar un empleo en un taller de reparación de neumáticos donde suele cambiar llantas en sus días de descanso.

Desmotivados. El descontento de las bases se traduce en deserciones y bajas, no alcanza la entrega a la patria para poder comer.

“Lo que gano allí es más del doble de lo que recibo en la Guardia Nacional”, dijo antes de asegurar que cuando deje de lleno su puesto en la Guardia se dedicará solo a cambiar neumáticos para mantener a su familia.
En medio de la proliferación de informaciones en los medios locales sobre las detenciones de algunos altos oficiales descontentos y de denuncias sobre la crisis que golpea a los cuarteles, apareció a mediados de marzo el ministro de la Defensa, general en jefe Vladimir Padrino López, en un acto en Fuerte Tiuna, el mayor de la capital, para anunciar la activación de un plan especial para atender a militares ante las dificultades económicas.

Durante el acto, Padrino López denunció la existencia de “intentos de división” en la fuerza armada, pero descartó que pueda darse un golpe de Estado en Venezuela. “A la Fuerza Armada Nacional Bolivariana no la divide nadie”, sentenció.

A un día de las elecciones presidenciales, el mandatario Nicolás Maduro, quien busca la reelección, descartó la posibilidad de un golpe de Estado, y dijo durante un acto en el palacio de gobierno que el “imperialismo norteamericano” lo llama dictador para justificar una intentona.
“No saben lo que sería la respuesta de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana como un todo, con el pueblo, frente a alguna intentona de algún traidor”, indicó el gobernante izquierdista en el encuentro con observadores internacionales.

Maduro reiteró sus críticas contra Estados Unidos, con el que mantiene tirantes relaciones, y dijo que la élite que gobierna Washington es como el “Ku Klux Klan detrás de nosotros”.
“Nos vilipendia, nos dispara, nos ataca, no enjuician, nos condenan”.

Las acciones del alto mando por tratar de paliar el impacto de la crisis entre los uniformados resultan insuficientes ante los rigores de la crisis que golpea a Venezuela, reconocieron algunos militares y sus familiares.

Sentada en un sofá en medio de la sala de un modesto apartamento de ventanas pequeñas que son utilizadas para colgar uniformes militares, Odalys Bermúdez, esposa de un sargento de la Guardia Nacional, admite con resignación que tiene que hacer “milagros” para mantener a sus cuatro hijos de cinco, seis, 10 y 12 años debido a que el sueldo de su pareja no alcanza para vivir.

La delgada ama de casa, de 30 años, indicó que para cubrir la alimentación y parte de los gastos de su familia debe pedir dinero prestado y vender helados y galletas en los alrededores de su edificio, ubicado a un lado de uno de los principales batallones militares de la ciudad central de Maracay.

“No sé cómo hacen mis demás compañeros para vivir, pero si no salgo de esto me moriré de hambre”, afirmó, decepcionado, el sargento al reconocer que su ingreso de unos $2 mensuales ya no le alcanza para alimentar a su familia ni para pagar el alquiler del apartamento donde reside en la ciudad central de Valencia.

Parte de lo que se consume en los hogares militares provienen del Comité Local de Abastecimiento y Producción (CLAP), que vende productos subsidiados, pero la mayoría de los alimentos los deben adquirir en los comercios privados a precios casi inalcanzables para los bolsillos de los uniformados, dijo la mujer.
Hasta la década pasada, los uniformados podían alimentarse sin dificultades en los cuarteles, pero la situación cambió debido a que las raciones y la calidad de los alimentos han mermado de manera drástica, según indicaron varios militares a la AP.

“Es dramática la situación social dentro de la fuerza armada”, afirmó Rocío San Miguel, presidenta de la organización local Control Ciudadano para la Seguridad, la Defensa y la Fuerza Armada, al reconocer que los militares venezolanos son los “peores pagados de Latinoamérica” con salarios mensuales que rondan entre $2 en los rangos más bajos y 11 o 12 para generales y almirantes. En contraste, los sueldos mensuales de países como México van desde $300 en los grados bajos hasta $6,000 en los superiores; y en Colombia desde los $75 en los rangos inferiores hasta los $4,700 en los superiores.

Ante el contexto de hiperinflación y de fuerte escasez de numerosos bienes que enfrenta Venezuela, San Miguel indicó que los miliares también se encuentran en la situación de alta vulnerabilidad.

Las dificultades económicas y sociales que padecen los miembros de las fuerzas armadas han desatado en los últimos meses retiros masivos y deserciones que se estiman en varios miles, afirmó Hernán Castillo, especialista en temas militares y académico de la Universidad Simón Bolívar. Según explicó, esto afecta la operatividad del grupo debido a que muchos cargos quedan vacantes o son asumidos por militares con menor experiencia.

Las fuerzas armadas venezolanas están integradas por unos 150,000 uniformados, según estimaciones de analistas. En el país suramericano miles de militares suelen desplegarse en las calles para planes especiales de combate a la delincuencia y represión de las protestas callejeras, así como para vigilar centros electorales.

Al ser consultado sobre los miles de pedidos de baja y deserciones y el impacto que esto genera en la operatividad del Ejército, el jefe del Comando Estratégico Operacional de las fuerzas armadas, almirante Remigio Ceballos, declaró tajante a The Associated Press: “para nada, eso es mentira”.

Los retiros y deserciones comenzaron a multiplicarse a raíz de las violentas protestas antigubernamentales del año pasado en las que los militares jugaron un papel fundamental para garantizar la permanencia en el gobierno del presidente Nicolás Maduro, quien buscará la reelección en los comicios del próximo 20 de mayo.

La fuerte represión de las protestas que dejaron al menos 120 muertos y varios centenares de heridos, la proliferación de los casos de militares implicados en casos de robos, contrabando, asesinatos y tráficos de drogas, así como la politización de la Fuerza Armada ha exacerbado el malestar dentro de los cuarteles, reconocieron los analistas.

Si bien es frecuente ver a Maduro en actos públicos acompañado del alto mando militar en una muestra del sólido respaldo a su gobierno, el abogado Alonso Medina Roa, fundador de la organización Foro Penal Venezolano que representa a algunos militares detenidos, afirmó que hay “muchos integrantes” del Ejército que no están de acuerdo con la manera en la que el mandatario conduce el país. Medina Roa indicó que el descontento no solo se expresa en las renuncias y deserciones, sino también en reuniones privadas que han sostenido algunos oficiales y que las autoridades han catalogado como “actos de conspiración”.

En discordia. Las máximas autoridades insisten en que a la Fuerza Armada Bolivariana no la divide nadie, pero esto no ha sido suficiente para acallar los rumores de golpe de Estado.

Medios locales y organizaciones dedicadas al estudio del crimen organizado reportaron en 2017 la detención de cerca de medio centenar de militares presuntamente implicados en hechos delictivos. En lo que va de este año han sido apresados al menos 90 altos oficiales y personal de tropa profesional por participar en supuestos complots contra el Gobierno, precisó el abogado que tiene a su cargo la defensa de algunos de los detenidos.

La difícil situación económica que enfrenta la tropa y oficiales medios contrasta con la posición de poder que mantienen algunos altos oficiales que controlan casi la mitad de los 32 ministerios y otros organismos estatales, el principal programa estatal de abastecimiento de alimentos y la corporación estatal Petróleos de Venezuela, S. A. (PDVSA), corazón económico del país. Algunos medios han difundido reportes sobre altos oficiales que viven en exclusivas urbanizaciones de Caracas y llevan una vida de lujos que no coincide con sus ingresos.

Atrás quedó el recuerdo de mejores años, en pleno auge de la revolución chavista a inicios de siglo, en que todos los militares eran identificados como un grupo privilegiado al que el Gobierno les daba, además de importantes cargos en diferentes ministerios y empresas estatales, viviendas, vehículos y electrodomésticos con condiciones especiales de financiamiento.

Al preguntarle al joven sargento si ha recibido alguno de esos beneficios, el uniformado soltó una carcajada y señaló con ironía hacia sus desgastadas botas negras: el único recurso que tiene para transportarse al trabajo.

Cada vez más mujeres presas por drogas en EUA

Aumento. En 30 años, el número de mujeres presas por posesión o consumo de drogas en las cárceles de Estados Unidos creció en casi 10 veces.

Desde extremos opuestos del centro penitenciario, una mujer y su hijo hablan sobre la escuela, las muchachas, los regalos de cumpleaños… y su futuro juntos. No se pueden ver cara a cara, por lo que la reclusa y su hijo hablan por una videollamada.

“Hola, mami”, dice el niño de 10 años, Robby, a Krystle Sweat, a quien ve por video sentada en su celda.
Robby no abraza a su madre desde la Navidad de 2015, poco antes de que ella fuese encarcelada. Dice que cuando la excarcelen, quieren mostrarle cómo puede andar en bicicleta sin tocar el volante.

Sweat entra y sale de la cárcel. Fue arrestada más de una docena de veces por robo y otros delitos, casi todos relacionados con su adicción a las drogas, que llegó a un extremo tal que debía invertir $300 diarios en pastillas. Trató de combatir la adicción, pero nada funcionó. Dice que ahora está lista para intentarlo de nuevo, cuando la dejen en libertad bajo palabra, probablemente en los próximos meses.

“Ya tengo casi 33 años”, comenta. “No quiero seguir viviendo así. Quiero que mi familia pueda contar conmigo”.
Escondida en un remoto rincón de los Apalaches, la cárcel del condado de Campbell es un buen ejemplo de cómo los opioides y las anfetaminas están causando estragos en Estados Unidos. Cantidades sin precedentes de mujeres son encarceladas por su adicción, destrozando familias y atormentando comunidades que no tienen dinero, programas de tratamiento ni soluciones a largo plazo para combatir este fenómeno.

En 1980 había 13,258 mujeres presas, y en 2016 había 102,300, según la Oficina de Estadísticas sobre Asuntos Legales. Entre 1980 y 2009 se triplicó la tasa de detenciones de mujeres por posesión o consumo de drogas; mientras que entre los hombres, se duplicó. El abuso de opioides agravó el problema.

Hace más de una década rara vez había más de 10 mujeres en la prisión de Campbell. Ahora hay siempre cerca de 60, la mayoría por cuestiones vinculadas a las drogas. Muchas son adictas. No reciben terapia y cuando son excarceladas, vuelven a las mismas comunidades donde sus amigos, y a veces sus familiares, consumen drogas. De modo que ellas reinciden.

Y se repite el ciclo: otro arresto, otra foto policial, otro uniforme rosado y otra celda, donde cae presa de la desesperación.

Sarai Keelean está de vuelta por violar los términos de su libertad bajo palabra. Le encontraron metanfetaminas y estaba consumiendo y vendiendo la droga para comprar opioides. Lleva casi tres años presa y no ve la hora de salir, aunque eso la asusta. “Temes que vas a embarrarla de nuevo”, dice.

Blanche Ball, quien ha consumido y vendido metanfetaminas por 15 de sus 30 años, ha estado presa varias veces. “Sé que pude haber hecho algo más con mi vida. (Pero) Cuando llevas mucho tiempo en esto, es lo único que conoces”.
Sus dos hijos mayores están siendo criados por un familiar y ella no quiere verlos hasta que esté segura de que puede ser una presencia constante en sus vidas. Los dos menores fueron adoptados. “Es una herida muy profunda”, afirma. “Trato de no pensar en eso”.

En 1980 había 13,258 mujeres presas y en 2016 había 102,300, según la Oficina de Estadísticas sobre Asuntos Legales. Entre 1980 y 2009 se triplicó la tasa de detenciones de mujeres por posesión o consumo de drogas; mientras que entre los hombres, se duplicó. El abuso de opioides agravó el problema.

En 2015 el condado de Campbell estaba tercero entre las localidades con más opioides recetados por persona en Estados Unidos, de acuerdo con los centros de Control y Prevención de Enfermedades. Cinco veces el promedio nacional.

El alcalde E. L. Morton atribuye la crisis a la industria farmacéutica y a los médicos. Hay dos demandas contra productores de opioides radicadas por el condado y sus 40,000 residentes. Las metanfetaminas también son un problema.

“Elige cualquier casa. Allí hay drogas”, dijo la reclusa Keeland, de 35 años.
El condado lucha contra esta plaga desde hace décadas. Las granjas tabacaleras y la otrora floreciente industria del carbón desaparecieron hace tiempo y con ellas numerosos empleos e ingresos estables. Quedan algunas fábricas, pero más de uno de cada cinco residentes son pobres. Y hoy por hoy hasta el 90 % de los delitos en un distrito de cinco condados que incluye Cambpell están relacionados con las drogas, según el procurador local.

Tennessee no tiene suficientes psiquiatras, trabajadores sociales, consejeros y enfermeras o centros de tratamiento de adicciones en las zonas rurales, de acuerdo con Mary-Linden Salter, directora de la Asociación de Servicios para el Alcohol, las Drogas y Otras Adicciones. “No es realista que le gente tenga que viajar 700 millas (1,320 kilómetros) para recibir tratamiento porque aquí no hay camas disponibles”.

Salter dice que el tratamiento de las adicciones es a menudo más caro y complejo para las mujeres porque pueden arrastrar traumas y abusos, a veces desde la niñez, y se demoran más en buscar ayuda ante el temor de perder sus hijos.

“Las mujeres son quienes cuidan de la familia”, comenta. “Se las acusa de no atender a sus hijos y les da vergüenza. Y también se las acusa y se avergüenzan de no buscar tratamiento. Es una elección horrible”.
Hay algunas puertas abiertas aquí. Un juzgado que lidia con casos de drogas ofrece supervisión por hasta dos años y el 70 % de las mujeres completa el programa. Otro programa nuevo solo para mujeres las aloja en centros rehabilitación antes de que sean sentenciadas. En ambos casos, las mujeres son alojadas en centros de otros condados, cuando no de otros estados.

Krystle Sweat dice que cuando quede en libertad bajo palabra, quiere sumarse a un programa de rehabilitación religioso. Sus padres, que cuidan a Robby desde que tenía tres años, dicen que la ayudarán.
Cuando termina la visita, Robby y su madre se tiran besos a la distancia.
“Me siento agradecida de que todavía me quiera”, expresa antes de acostarse en su celda, en la que tiene una foto de su hijo. “Se siente decepcionado conmigo. No lo dice, pero sé que es así”.

Distancia. Krystle Sweat manda un beso a su hijo de 10 años. La videollamada es el sustituto del contacto directo con su hijo, debido a que está condenada por consumo y venta de drogas.

La voz nicaragüense en El Salvador

Protestas
Protestas

Una manera de entender el presente es echando un vistazo al pasado. Lo sostiene Luis Sepúlveda, escritor y periodista chileno. Lo refuerzan Diana Domínguez y Diego Mendoza, nicaragüenses residentes en El Salvador. La historia se repite 40 años después de la revolución sandinista. El considerado como uno de los países más seguros de la región, con una tasa de homicidios de siete por cada 100,000 habitantes, vive una crisis política que ha cobrado decenas de vidas. Esta vez, los papeles se han invertido. En Managua, Masaya, Granada o León, la población se toma las calles y va en contra del Frente Sandinista para la Liberación Nacional. A más de 400 kilómetros de distancia, en El Salvador, Nicaragua también se vive con angustia.

Hasta el momento, no hay una cifra oficial que aclare cuántos nicaragüenses residen de forma legal en El Salvador. Sin embargo, en la Encuesta de Caracterización de Migrantes Nicaragüenses con Arraigo en el Oriente de El Salvador (2012), elaborada por la Dirección Nacional de Estadística y Censos (DIGESTYC), se determinó, tomando como base el último Censo de Población y Vivienda (2007), que la población nicaragüense en el país ascendía a 6,958 habitantes. De esos, 52.7 % eran hombres y 47.2 % mujeres, con un 75.9 % en el área urbana y un 24.0 % en la zona rural.

Las estadísticas pueden variar. Lo que por ahora uniforma el ánimo de los entrevistados es el sentimiento que mezcla miedo, repudio, indignación, coraje y orgullo de llevar la sangre nica en sus venas. Al menos, eso aseguran. Esta es la historia, voz y testimonio de algunos de ellos, quienes desde lejos ven lo que ocurre en su tierra natal.
La cita con Diana Domínguez es bajo el suave sol de una tarde en Antiguo Cuscatlán, La Libertad. Ella es nicaragüense, tiene 40 años y es originaria de León, ciudad en el oeste de Nicaragua. Se sienta con cuidado en las bancas de un centro comercial, a pocas cuadras de su residencia, a la que describe como una burbuja, apartada de la realidad. Las primeras palabras que salen de su boca son para quejarse de los problemas que tuvo hace unos días en el Aeropuerto Internacional Augusto Sandino al tomar un vuelo con destino hacia El Salvador. De hecho, todavía carga con su pasaporte y residencia. También con el dolor y repudio a lo que denomina el “régimen dictatorial de la pareja Ortega-Murillo”. Reconoce ser sandinista, pero no orteguista.

Domínguez ha vivido 17 años en el extranjero. La mayoría del tiempo en Europa. Vino a El Salvador en agosto de 2017. Forma parte de una generación nica que sufrió los embates de la guerra en los años ochenta. Sus padres, como muchos, trabajaron en el gobierno sandinista que vino tras esta, en donde, según ella, se soñaba con construir un mundo mejor. Dieron la vida para ello. Es una herida que no estaba bien sanada y que se ha reabierto con los últimos sucesos, pero también es para ella un proceso que reivindicó mucho a la mujer. “La mujer nicaragüense es brava, de temple, que lucha al lado del hombre. Si vos te fijás, las líderes de los movimientos estudiantiles son mujeres”, explica.

Ella es una de esas mujeres. Su mirada es profunda y habla con propiedad. Ahora está en tierra ajena, pero tanto el 28 de abril como el 9 de mayo participó en la Marcha por la Justicia y Democratización de Nicaragua. Estando ahí, se dio cuenta de que había en todo ese ambiente un aire de futuro, de esperanza, de unidad.
“El pobre caminó al lado del rico, por primera vez la bota de hule del campesino que carga un machete se unió con el zapato de marca de una persona que tiene mucha plata”, describe.

Y la compara con la entrada de 1979 en Managua. Es decir, cuando los campesinos y guerrilleros del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) confluyeron, en el inicio de la revolución, unidos bajo un solo objetivo: derrocar a Anastasio Somoza. Esta fue una de las primeras impresiones que tuvo Domínguez después de haber presenciado las marchas.

El origen de ellas es la gota que derramó el vaso. En primer lugar están las reformas al Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS). Uno de sus puntos era –según la publicación del Gobierno en La Gaceta, diario oficial– la deducción del 5 % de las pensiones. Decisión anunciada el 16 de abril, publicada dos días después en el diario oficial y revocada el 22. Sin embargo, fue demasiado tarde. El caos ya había iniciado.

“¿Vos te imaginás para un adulto mayor, que recibe una pensión mísera, todavía tener que dejar 5 % más sobre lo que recibe porque el INSS se fue a la quiebra gracias a un mal manejo de fondos?”, expresa Domínguez. De su cartera extrae una serie de papeles con datos. En uno de ellos se menciona que cuando Ortega recibió el INSS en 2007, había un superávit de más de 1,000 millones de córdobas ($31 millones). A partir de 2013, este comenzó a estar en números rojos. De hecho, según publicó el Banco Central de Nicaragua (BCR), de 2013 a 2015, esta entidad tuvo su peor déficit económico en los últimos 16 años.

No obstante, la reforma no fue lo único que exacerbó los ánimos nicas. También el incendio (por supuestas causas naturales) de la Reserva Biológica Indio Maíz, a inicios de abril, que quemó, según informes oficiales del Gobierno, más de 4,500 hectáreas de bosque.

Se trata de una de las reservas tropicales más importantes de Centroamérica, de acuerdo con organizaciones medioambientales. Incluso se habló de la catástrofe ecológica más dramática que Nicaragua haya experimentado. Sin embargo, la ayuda internacional de Costa Rica, país vecino, fue rechazada: 40 bomberos y 10 vehículos. El Gobierno optó por reforzar la zona con soldados del ejército y con un helicóptero cisterna de la Fuerza Aérea Mexicana, según informaron los medios nicaragüenses.

Todos los asesinatos que ocurrieron fueron de jóvenes por balazos certeros en la cabeza, en el cuello y en el pecho, relata Diana Domínguez. “Lo que queremos es que la dictadura de Ortega-Murillo se vaya del país y estamos dispuestos, como nicaragüenses, a que se hagan unas elecciones limpias, porque lo que queremos es un proceso de transición pacífico. Esos hijos no se los devolverá nadie a sus madres. Nadie devolverá esos padres a los niños que quedaron en la orfandad’’.

“Es casi imposible que el incendio se haya generado de forma espontánea, ese fue un incendio creado, de eso estamos seguros”, manifiesta Domínguez.
El 18 de abril comenzaron las protestas. Los estudiantes se atrincheraron en las universidades (UPOLI, UNA, UNI y UCA). El resto es historia. En opinión de Diana Domínguez, la orden que dio el Gobierno a través de la Policía fue matar, no herir ni dispersar. Sesenta y tres muertes han sido, hasta el cierre de esta nota, el resultado a lamentar.
Todos los asesinatos que ocurrieron fueron de jóvenes por balazos certeros en la cabeza, en el cuello y en el pecho, relata Domínguez. “Lo que queremos es que la dictadura de Ortega-Murillo se vaya del país y estamos dispuestos, como nicaragüenses, a que se hagan unas elecciones limpias, porque lo que queremos es un proceso de transición pacífico. Esos hijos no se los devolverá nadie a sus madres. Nadie devolverá esos padres a los niños que quedaron en la orfandad. Nadie va a restituir el dolor que tenemos de que se está repitiendo la misma historia de hace 40 años… cuando había un dictador, Somoza”.

***

EL SENTIMIENTO DETRÁS de las palabras de Domínguez es compartido por Diego Mendoza, nicaragüense de 19 años. Para él, lo ocurrido en su país es un malestar acumulado de muchos años, donde el problema no solo fue la reforma al INSS, sino la reelección de Ortega en 2016 y la decisión de colocar a la primera dama, Rosario Murillo, como vicepresidenta. La misma que llamó “grupos minúsculos, almas pequeñas, tóxicas y llenas de odio” a los manifestantes.

Miedo. Como algunos nicaragüenses, Diego Mendoza prefiere ocultar su rostro. La razón: el temor al régimen.

Diego Mendoza vive en El Salvador desde 2010. Cuando estalló la crisis en Nicaragua, el 18 y 19 de abril, fueron momentos muy difíciles en su hogar. Él se quedó con la sensación de estar con los brazos cruzados. Sus padres, llenos de incertidumbre.
El resto de su familia está distribuida en Managua. Unos viven en la parte norte, otros en el centro. En los días de la efervescencia, fue necesario hacer llamadas telefónicas para saber, con mayor exactitud, lo que pasaba o estaba por ocurrir. Junto a las llamadas se acrecentaba el deseo de estar con los suyos. Aquí o allá.

“Mis primos me decían: ‘Sí, las cosas están feas’. ‘¿Dónde están?’, pregunté yo. ‘Estamos en la marcha’, respondieron. ‘¿Quieren que me preocupe más?’, dije. ¿Es que no nos podíamos quedar con los brazos cruzados. No nos podíamos quedar en la casa’, me contestaron”, comenta.

Mientras en Nicaragua cada muerte encendía más la llama del universitario, en la casa de Mendoza se empezaba a escuchar música de los años ochenta, es decir, de la revolución sandinista. Música que habla sobre una población unificada y llena de esperanza: “Nicaragua, nicaragüita, yo sé que te veré un día libre y por eso te quiero más”.
“Lloré, son cosas que te dan sentimiento, te remarcan que venís de un pueblo luchador, quizá no el más rico de Centroamérica, pero sí uno que ha librado grandes batallas”, menciona Mendoza.

—Hombre, si estuviéramos allá, yo al menos al paro hubiera ido –afirma su madre.
—Hombre, yo quizá ni al paro, sino a las marchas universitarias –responde él.

En una de esas marchas murió Álvaro Conrado, de 15 años. Era estudiante de cuarto año del Instituto Loyola. Según medios internacionales, se trata de la víctima más joven en las protestas. De acuerdo con el acta de defunción emitida por el Hospital Bautista de Managua, un disparo de arma de fuego le provocó lesiones en la tráquea y el esófago. Los daños fueron irreversibles.

“Su pecado fue llevarle agua a los estudiantes en las protestas del 20 de abril”, expresa Mendoza, quien, de igual forma, destaca el papel que han jugado las redes sociales para convocar e informar de lo sucedido en las manifestaciones. Gracias a ello, se ha enterado de todo. No confía en los medios de comunicación porque en su mayoría son controlados por Ortega.

Un reportaje del medio digital Onda Local reveló que ocho de los nueve canales en televisión abierta que existen en Nicaragua son controlados por la familia Ortega-Murillo, así como la dirección del sistema informativo de Canal 2.
“¿Cómo en dos días se pudo arruinar lo que le costó tanto al gobierno de Daniel Ortega?”, se cuestiona Mendoza. Por unos cuantos segundos guarda un profundo silencio. Luego se vuelve a soltar. No cree que la situación en Nicaragua se normalice al 100 %, mucho menos que el Frente Sandinista vuelva a ganar otro período presidencial.
“Después de las muertes y violaciones a los derechos humanos, la comunidad universitaria será un factor clave para que el Frente Sandinista no vuelva a ganar”, vaticina.

***

Dividida. Tamara nació en El Salvador, pero se siente más identificada con Nicaragua. Su madre siempre le dijo que lleva la sangre caliente de un nica y el ser político de un salvadoreño.

TAMARA GARCÍA, de 23 años, tiene doble nacionalidad. Es estudiante universitaria. Nació en El Salvador. Pero los mejores años de su vida están a más de 400 kilómetros: en Monte Tabor, un barrio a las afueras de Managua. Lo visita en cada vacación. Allá dejó clavada su niñez.
Su papá es nica. Su mamá, salvadoreña. Ella vivió 15 años en Nicaragua, es decir, un pedazo de guerra y posguerra. Ahora, cada quien está por su lado. La familia de García, en su mayoría, emigró hacia Estados Unidos en pleno conflicto armado. Sin embargo, una parte se quedó en Monte Tabor. Como su padre, quien vive allá desde 2015. Es comerciante, se dedica a vender automóviles. O, al menos, eso hacía antes de que estallara la crisis política. Desde entonces, apenas y ha podido salir de su casa. Tampoco ha recibido muchas llamadas de personas interesadas por algún coche.

El contacto de García con su familia ha sido diario. Su tía abuela de 83 años incluso ha dicho que la situación está peor que en el conflicto armado. Su padre, quien ha estado en las marchas, comparte todo tipo de información. Entre más visible se haga, mejor, consideran. Primos, tíos, tías o conocidos. Siempre han sido de esas familias grandes que se crecen en un barrio y todo el mundo los conoce. Allá, dice, el apellido García pasa desapercibido. Son reconocidos como los Siqueira. No solo en Monte Tabor, también en Masaya y en Estelí.
“Ahora da miedo salir a la calle, da miedo quedarte atrapado en una manifestación, da miedo que de repente los agarren a balazos”, declara Tamara.

El día del enfrentamiento en la UCA, el padre de García estaba en los alrededores del campus. “Mi papá llevó a mi abuela –quien desde hace 20 años vive en EUA y llegó de visita– a comer pupusas. Pero después no se podían regresar. Estuvieron ahí como 20 minutos antes del enfrentamiento. Pasó una turba de jóvenes de la Juventud Sandinista y le llevaron el teléfono. Lo tenía en la mesa y se lo llevaron. Es bien feo, se les olvida que lastiman a sus propios hermanos”, opina.

“Nicaragua, te quiero libre”, decía el cartel que García llevó hace unas semanas a la embajada de Nicaragua en El Salvador. Una bandera y tres personas más le acompañaban. Considera que el nicaragüense es “muy sangre caliente y rápido para cooperar”, que hace lo que dice y no se deja pisotear. En cambio, para ella, el salvadoreño se queja, se indigna, pero no hace nada. Es más individualista.

Tamara García lo tiene claro: en un futuro no tan lejano, le gustaría vivir en Nicaragua. Carretera a Masaya, ahí está la casa de sus sueños. De acuerdo con ella, es más probable que el flujo migratorio se genere desde El Salvador hacia Nicaragua que viceversa.

“La misma inseguridad del Estado hace que la gente no se quiera ir, porque quieren ver un cambio, porque quieren colaborar y estar metidos. El nicaragüense es muy unido, huir no se les dará”, afirma.
Esta revista solicitó a la embajada de Nicaragua en El Salvador una entrevista para saber, entre otras cuestiones, si se ha tomado alguna medida especial por la crisis.

“La embajada de Nicaragua en El Salvador se excusa de responder a la entrevista, pues la embajadora Gilda Bolt va a salir del país”, fue la respuesta.

Según la Encuesta de Caracterización de Migrantes Nicaragüenses con Arraigo en el Oriente de El Salvador (2012), elaborada por la Dirección Nacional de Estadística y Censos (DIGESTYC), La Unión, con un 45.1 %, es el departamento con mayor cantidad de hogares de migrantes nicaragüenses, seguido de San Miguel con el 39.8 %, Morazán con el 9.7 % y Usulután con el 4.9 %. El mismo estudio también señala que los municipios donde se concentra la mayor cantidad de familias nicaragüenses en el departamento de La Unión son Pasaquina, Santa Rosa de Lima, Bolívar, Anamorós, La Unión, El Carmen, Lislique, Conchagua, San Alejo y Polorós.

—El barrio Monte Tabor: ahí crecimos, nacimos y ahí vamos a morir, creo yo –dice Tamara García. Su tía es la dueña de la tiendita del barrio.
“Ahí, todo el mundo te conoce desde que estás en la panza”, asegura. A Monte Tabor, un pedacito de Nicaragua, lo lleva en el corazón. “Las puertas siempre están abiertas de par en par. Cuando mi abuela y mi tía están, se ponen las mecedoras afuera”.
Tamara García está aquí, pero sigue viviendo allá: “Preguntame cómo llegar a mi casa acá, en El Salvador, y no sé, pero preguntame cómo llegar a Monte Tabor, es ver la iglesia, pasar del túmulo y sentirme en casa”.

Mientras en Nicaragua cada muerte encendía más la llama del universitario, en la casa de Diego Mendoza se empezaba a escuchar música de los años ochenta, es decir, de la revolución sandinista. Música que habla sobre una población unificada y llena de esperanza.

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Juventud. Felipe Gutiérrez lleva un año viviendo fuera de Nicaragua. Su punto de vista sobre la crisis política parece ser neutro. Eso no quita su indignación.

FELIPE GUTIÉRREZ tiene 24 años y es originario de Managua. Reside en El Salvador desde agosto de 2017. Es director nacional de Marketing en una ONG. El 23 de abril viajó a Nicaragua, cuando el caos comenzaba a predominar. Se encontró, dice, con gente peleadora, que cuando se quieren unir, se unen.
“Si ya lo hicieron en el pasado, lo pueden volver a hacer”, manifiesta.

A diferencia de los demás entrevistados, Gutiérrez define la situación vivida con una sola palabra: circo. Un circo por parte de las autoridades, donde no hay transparencia ni respeto a los derechos humanos. “Lo que me afectó fue saber que mi familia estaba allá. No quería que les pasara nada malo”, puntualiza.

Los entrevistados coinciden en sentimientos como miedo, orgullo, indignación e incertidumbre hacia el futuro. Piden, además de que se restituya la paz, la salida del denominado régimen Ortega-Murillo.
De la misma forma lo pidió Lesther Alemán, uno de los jóvenes que lideran y representan a los grupos universitarios en Nicaragua. Tiene 20 años y estudia en la Universidad Centroamericana (UCA). Frente al presidente Daniel Ortega y la vicepresidenta, exigió el cese inmediato de la represión.

“Esta no es una mesa de diálogo, es una mesa para negociar su salida. Ríndase ante todo este pueblo. Lo que se ha cometido en este país ha sido un genocidio”, dijo en la primera sesión instaurada en la sede del Seminario Nuestra Señora de Fátima, en Managua.

Nicaragua vive hoy las horas más oscuras y violentas de su historia reciente. Así son las primeras líneas de una carta abierta de escritores, artistas, intelectuales, periodistas y académicos ante los acontecimientos de violencia que iniciaron el 18 de abril de 2018: “Condenamos cada uno de los asesinatos de los jóvenes estudiantes, repudiamos todos los actos de violencia cometidos por las fuerzas especiales del Gobierno, y hacemos un llamado contundente a las autoridades nicaragüenses para que cesen de inmediato sus actos de violencia en contra de la sociedad. Exigimos que todos los crímenes sean investigados y los responsables llevados a juicio para que Nicaragua vuelva a ser en su presente un país con futuro”.

Repudio. “¿Cómo va a ser posible que el Gobierno te mate a tu propio hijo, en quienes se supone que te tienen que proteger?” se cuestiona Tamara García. Sesenta y tres fallecidos ha causado la crisis.

“En Nicaragua, la gente confía en el periodismo que uno hace”

¿Qué significa para vos la muerte?

Es un concepto que uno nunca lo piensa, normalmente te genera temor el saber cómo vas a morir. Lo que uno nunca piensa es morir en un contexto de represión, que no es esperado. Vos esperás morir de una enfermedad natural.

¿Qué te hace feliz?

Estar en tranquilidad. No preocuparte por nada de lo que está a tu alrededor y que simplemente podás trabajar en un ambiente seguro. También estar en un ambiente natural, sin mucho ruido de la ciudad. Yo nací en la zona rural. Nunca me he acostumbrado al ruido.

¿Cuál es la principal característica de hacer periodismo en Nicaragua?

Hay mucha cercanía de la gente; la gente confía en el periodismo que uno hace. Te tienen como referencia de que el periodismo puede hacerse con ética, con profesionalismo.

¿Qué es lo más valioso de tu situación actual?

La enorme solidaridad que se ha despertado conmigo. Mucha gente me ha mandado mensajes de solidaridad, de que están conmigo. Incluso hay especialistas que han puesto sus capacidades para que yo pueda recuperar la salud y no han cobrado nada.

¿A qué le tenés miedo?

Tengo miedo por la familia, saber qué pueden hacer contra mi familia por el trabajo que uno hace.

¿Cuál es tu principal vulnerabilidad?

La física, el hecho de saber que vas a una cobertura y no tenés las herramientas para estar un tanto más seguro en el espacio donde estás, eso nos expone, ni siquiera andamos un casco, un chaleco antibalas.

¿Cómo te imaginabas que iba a ser tu vida?

Cuando tenía seis años, trabajaba en las labores agrícolas por la mañana y estudiaba en la tarde. Siempre caminaba con un radio junto a mí, escuchando programas informativos, programas de opinión. Tenía pensado trabajar en una radio.

Buzón

Buzón

No crecemos

El domingo sacaron un buen artículo sobre la realidad de la comunidad rural. Debido a mi profesión y a que tengo raíces familiares que aún viven en la zona rural considero que no solo debe conocerse el problema, sino que también sus causas históricas. Cuando se ha querido potenciar la organización de productores, los aprovechados de siempre enarbolan la bandera del mercado y bombardean las asociaciones de productores. Si los productores estuvieran organizados, tuvieran acceso a información de mercado y a mejores condiciones de financiamiento. En los países desarrollados todos los productores están organizados, por lo tanto, tienen capacidad de exigir. Han llegado a tecnificar el sector agropecuario y dar valor agregado a la producción. En el caso del maíz y frijol, parece raro pero es una realidad, aún se trabaja con técnicas ancestrales. Lo único que ha cambiado es que nuestros ancestros utilizaban una vara con una punta de barro endurecida, y actualmente esa punta es de metal. No podemos crecer.

Manny Nagula,
mjlaguna59@hotmail.com


Crisis agroalimentaria

La juventud se niega a seguir con la tradición de trabajar la tierra debido a la “territorialización” de los grupos ilícitos, así lo sugiere el reportaje de Moisés Alvarado, “El campo se queda sin jóvenes”. La agricultura familiar contribuye en más del 70 % a la producción de alimentos, a pesar de que esa población campesina es la que más de cerca enfrenta la inseguridad que se vive. Es paradójico que los cultivadores de nuestros alimentos sean los más vulnerables. Vemos cómo últimamente la producción de granos básicos ha bajado y no se tienen alternativas innovadoras como propuestas para los agricultores. El sistema actual de mercadeo de granos básicos no favorece al productor, ya que por necesidad vende en el momento de la cosecha cuando el precio está en su menor punto, y este solo se queda con el sudor sin ganancia para otros menesteres.

Julio Roberto Magaña,
jrobertomasa@hotmail.com

Revelan sanción del Vaticano a prestigioso sacerdote por ritual no aceptado de la “Dinámica del Pecado”

Ilustración por Paula de la Cruz

El Papa Francisco en su más reciente visita a América Latina, a principios de año, pagó un alto costo por los abusos sexuales de sacerdotes a menores de edad. En Chile, uno de los países incluidos en la gira, fue cuestionado por organizaciones que le tacharon de inacción para castigar a un obispo acusado de encubrir a un sacerdote que incurrió en estos vejámenes. Así mismo se desató una ola de insatisfacción por el papel de la iglesia, que removió escándalos que aún claman por justicia en países como Perú y México donde además de los abusos, se alega conspiración para mantener ocultos los hechos.

Ahora una investigación de la revista digital GK realizada en el marco de la Iniciativa para el Periodismo de Investigación de las Américas del ICFJ en alianza con CONNECTAS y publicado aquí, revela que en Ecuador también ocurrieron sucesos graves. Un país donde la opinión pública no ha sido expuesta con frecuencia a esta clase de denuncias, recibe ahora la revelación de un caso del que tenían conocimiento solo un reducido grupo de personas.

Según esta investigación, Luis Fernando Intriago, un sacerdote de alto reconocimiento en Guayaquil, aplicó a adolescentes un ritual no autorizado por la Iglesia Católica al cual denominaba la “Dinámica del Pecado”. Consistía en sesiones privadas en las que pedía a los menores de edad vestir ropa interior o desnudarse, aceptar ataduras y vendajes en los ojos, además de permitir contacto físico en forma de toques pero también de golpes, llaves de artes marciales y hasta descargas eléctricas, de acuerdo con testimonios recopilados por los periodistas de GK autores de la nota.

Estos abusos los habría cometido principalmente mientras estuvo al frente de grupos juveniles en la iglesia Nuestra Señora de Czestochowa, una parroquia en Guayaquil, ciudad portuaria y la más poblada del Ecuador.  La investigación periodística confirmó que en  2003 y 2009 hubo quejas de algunos fieles escandalizados por la conducta del padre. La última de esas quejas refería a la presencia nocturna de jovencitos en la residencia del clérigo.

Los superiores llamaron la atención a Intriago por comportamiento impropio, pero fue solo hasta 2014 cuando la Congregación de la Doctrina de la Fe, institución del Vaticano encargada de casos de abuso, autorizó el inicio de un proceso administrativo penal especial contra Intriago. El trámite quedó a cargo del Arzobispado de Guayaquil. En 2015 se emitió un decreto de dimisión del estado clerical por el cual se separó al padre del ejercicio del sacerdocio. La Congregación de la Doctrina de la Fe en 2016 rechazó una apelación de Intriago y confirmó la decisión de expulsión por considerar que las prácticas en las que había incurrido constituyeron una violación a la integridad sexual de las víctimas, aunque no implicaron la penetración o el contacto con los genitales de los agraviados según los testimonios y la documentación a la que accedió GK. Actualmente, Intriago sigue esperando una resolución definitiva de su caso.

Padre Fernando Intriago. Foto tomada de Facebook.

La legislación ecuatoriana también tipifica como abuso aquellas acciones en los que no hay “acceso carnal”, pero tienen contenido sexual y se perpetran en contra de la voluntad de las víctimas o sacando ventaja de que no tienen conciencia de la situación a la que los llevaron.

GK ubicó a diez hombres que aseguran que, cuando eran adolescentes, fueron inducidos a la mencionada “Dinámica del Pecado” aplicada por Intriago. El hecho tuvo un gran impacto en sus vidas. “Esto es lo más asqueroso que me ha pasado”, afirmó uno de los consultados en la investigación y quien habló a condición de anonimato. Otro, igualmente bajo la reserva de su nombre afirmó lo siguiente: “Cuando él me hizo una vez la Dinámica completa, desde allí pensé ‘esto no está bien’. La completa tenía temas de electrocutarme (…). Había una barra, entonces me colgaba en la barra, desnudo. Ese día si terminé mal”.

Diego Guzmán también atravesó la experiencia y afirma que cuando el padre le rozó con la barba en el hombro le pidió ser desatado y le habló. “Le dije ‘Padre, tú eres mi pana, y si no quieres tener un problema no le hagas a nadie más, porque acá no pasó nada, pero esa vaina no está bien’. Michael Manzur, otro de los jóvenes de la parroquia, al principio no le creyó a sus compañeros e incluso llegó a declarar a favor de Intriago. Hoy cambió de opinión y cree que sí hubo abusos.

La “Dinámica” les era presentada a los adolescentes como un sacrificio en nombre de Jesucristo. Juan José Bayas, quien aceptó ser grabado en su testimonio, no recuerda cuántas veces fue sometido a la sesión y golpeado mientras el padre le decía que podía “vencer al mundo”. “Él decía ‘el que falla en lo chiquito, falla en lo grande’”. En su evaluación, cuyo contenido era ignorado por la mayoría de los ecuatorianos, la Congregación de la Doctrina de la Fe consideró que el padre Intriago solo tenía motivaciones libidinosas al propiciar contactos de esa manera con adolescentes.

Según revela este trabajo periodístico, a pesar de los llamados de atención de 2003 y 2009, el sacerdote permaneció frente al manejo de grupos juveniles.

La pregunta de por qué no se le apartó del contacto con menores ante los primeros indicios fue formulada a monseñor Luis Cabrera, arzobispo de Guayaquil, quien argumentó que él asumió su cargo en 2015 y no podía responder por hechos previos. Sin embargo, en su lectura de los hechos, comparó el abuso sexual con la esclavitud: “Antes estaba legalizada y parecía normal. Después se tomó conciencia, se hizo todo lo posible para abolir la esclavitud porque eso es un acto gravísimo. En el campo de la sexualidad es algo parecido. Hoy por hoy las cosas están muy claras, de tal manera que para la Iglesia Católica el abuso sexual debidamente comprobado es considerado un crimen, un delito (…). Estoy respondiendo su pregunta, cómo es que sabiendo por qué le confiaron… Quizás no era la época. No es para justificar de ninguna manera es simplemente para explicar el contexto.”

Monseñor Antonio Arregui, antecesor de Cabrera, contó que quería trasladar a Intriago a otro lugar meses antes de un episodio ocurrido en 2013 cuando la madre de Bayas confrontó al sacerdote a gritos en la parroquia mientras él ingresaba con su vehículo. “Él no tenía mucho deseo de salir, y me pidió un año más. Tampoco se muere nadie por un año más.”  Tras prorrogar su presencia en la parroquia la situación empeoró: “Justo en este momento llegaron denuncias de cinco, seis jóvenes, de unos tratamientos extraños que les hacía como para fomentar el arrepentimiento de sus pecados y la disposición para llevar una buena vida cristiana”.

Diego Guzmán le pidió en su momento al sacedorte sancionado que no aplicara a la dinámica a otros jóvenes

Kevin Rivas denunció por escrito al padre en febrero de 2014 ante el Arzobispado de Guayaquil. En el documento afirmó que fue sometido a la dinámica y relató casos de otros compañeros. Luego pidió a la Fiscalía una investigación. Bayas y a su madre no pudieron actuar judicialmente porque antes de hacerlo Intriago los demandó por injuria y delitos de odio y por esta vía logró contener el escándalo en su momento.

No se conoce registro de que la Arquidiócesis de Guayaquil solicitara la intervención de la justicia penal frente a los hechos, porque según voceros de la curia, no les correspondía adoptar acciones en ese ámbito. Aún así, Fiscales ecuatorianos iniciaron en septiembre de 2017 dos investigaciones contra el sacerdote: una por abuso sexual y otra por tortura. Ninguna hasta la fecha ha concluido.

Intriago fungió en Guayaquil como asesor espiritual del Sodalicio de Vida Cristiana, fundado en Perú por el laico Luis Fernando Figari, quien vive en un Roma mientras se le procesa por acusaciones de abuso sexual a menores en su país. El Ministerio Público peruano ha solicitado su prisión. La organización apartó a Intriago de sus funciones asesoras en 2014 al conocer los casos de la dinámica.

Michael Manzur no creyó a sus compañeros en un principio, pero hoy piensa que fueron abusados.

Intriago, quien ha gozado de prestigio en la sociedad de la sociedad de Guayaquil, defiende su inocencia, ha apelado dos veces la sanción que se le impuso desde el Vaticano y espera respuesta definitiva sobre su caso. Los reporteros de GK contactaron a Intriago para que diera su versión. fue contundente en su respuesta: “Cuidado van a estar dando voces a personas que hacen denuncias desde la oscuridad”, dijo. Un día después, su abogado llamó para decir que ni él ni su cliente darían declaraciones porque la ley se lo prohíbe ya que hay una investigación en curso de la Fiscalía.

El Papa luego de la visita a Chile rectificó sobre su valoración del caso por el cual recibió reclamos. Dijo haber carecido previamente de información veraz y pidió perdón por ello. El gesto, en algunos, fue recibido como otro paso en un camino aún largo de la Iglesia Católica para castigar a perpetradores y encubridores de los abusos sexuales, y por los abusados como una esperanza de justicia terrenal. La misma que esperan quienes se sienten víctimas del sacerdote Intriago.


Este reportaje fue realizado por Isabela Ponce Ycaza y José María León Cabrera, con ilustraciones de Paula de la Cruz para la revista GK en el marco de la Iniciativa para el Periodismo de Investigación de las Américas del ICFJ en alianza con CONNECTAS.

Esta elección es falsa

Lilian Tintori, vocera de la oposición venezolana

Lilian Tintori es una de las voces más representativas de la oposición venezolana. Hoy se realizan en este país suramericano unas elecciones que no gozan de las validaciones y garantías internacionales. Tintori destaca la ausencia de un candidato opositor y el vacío que dejan los observadores imparciales.

El opositor Leopoldo López, uno de los políticos presos más conocidos de América Latina, no puede pronunciarse públicamente sobre las elecciones presidenciales de Venezuela por las condiciones de su arresto domiciliario.
La esposa de López, Lilian Tintori, es desde hace años la portavoz del líder del partido centrista Voluntad Popular, condenado en 2015 a más de 13 años de prisión por cargos de incitar a la violencia durante otra ola de protestas un año antes. López cumple desde 2017 su pena en el régimen de “casa por cárcel”.

Tintori habló en Caracas sobre la crisis humanitaria en su país y sobre por qué cree que los comicios en los que el socialista Nicolás Maduro buscará un segundo mandato de seis años, el domingo, no son una elección democrática tras casi 20 años de chavismo.

¿Cuál es la situación de Venezuela?
Estamos viviendo una emergencia humanitaria. Leopoldo, en 2014, denunció al régimen. Dijo que era antidemocrático, corrupto, ineficiente. Dijo que iban a faltar comida y medicinas. Y mucha gente no le creyó. Y fíjate después de cuatro años todo lo que ha pasado. No hay comida, no hay insumos médicos, los niños se mueren por desnutrición.
Venezuela es hoy una alarma en el mundo. Hay éxodo. Las fronteras están llenas de venezolanos con problemas, con enfermedades. Hay campamentos en Brasil, hay campamentos en Colombia, hay venezolanos regados por el mundo, que huyen. Huyen porque los intimidan o huyen porque tienen hambre y quieren buscar un futuro.

¿Cuáles son las causas de esa crisis?
El desastre que estamos viviendo es por un desastre de gestión, del sistema. Es una violación sistemática de los derechos humanos. Hay presos políticos.
Y hay una crisis económica, hay hiperinflación. Un venezolano para comprar la cesta básica necesita una cantidad de sueldos… Hoy, nueve de cada 10 venezolanos se acuestan con hambre. Y no hay autonomía de los poderes públicos.

¿Cuál cree usted que es la solución?
Leopoldo lo ha dicho siempre desde 2014: la salida es pacífica, constitucional y electoral. La democracia es escuchar al pueblo. De eso se trata, que la gente decida su futuro. El venezolano quiere votar y que su voto valga, no que se lo roben. Votar y que le reconozcan ese derecho legítimo. Hoy no tenemos eso. No hay una observación internacional cualificada. No hay candidatos como los que quiere la gente. Los candidatos fuertes que pueden ganar una elección están hoy presos, inhabilitados o en el exilio.

Votar y que le reconozcan ese derecho legítimo. Hoy no tenemos eso. No hay una observación internacional cualificada. No hay candidatos como los que quiere la gente.

Si creen que la solución es votar, ¿por qué no van a votar en la elección presidencial del 20 de mayo?
Eso no es una elección. En una elección se trata de elegir, de decidir. Ahí nosotros ni siquiera tenemos a nuestro candidato opositor que nos represente. La oposición no está representada por ninguno de los candidatos que están corriendo (postulando). Los que están corriendo le están haciendo el juego a Maduro. Lo que está planteado el 20 de mayo es una ruptura más del hilo constitucional de Venezuela. Eso es una elección falsa, un fraude desde su origen. Porque quien convoca es la Asamblea Nacional Constituyente. Y muchos países han declarado firmemente que la Asamblea Nacional Constituyente es ilegítima.

¿Qué le parece la candidatura opositora de Henri Falcón?
Cualquier candidatura en el marco de esta fecha es una candidatura sin legalidad. No tiene fuerza, no es legítima, no se escogió con la gente. Los candidatos que están tratando de medirse no representan la voluntad de Venezuela. Porque es una elección sin mínimas condiciones.

¿Y qué va pasar después de la elección?
El día 21 la crisis continuará, porque es un día más con Maduro, un día más con un régimen sin humanidad, que ni siquiera reconoce que hay crisis. El 21 Venezuela va a estar peor.

El año pasado hubo protestas durante meses, pero ahora ya no hay casi gente en las calles. ¿Por qué?
El año pasado salimos a protestar pacíficamente durante tres meses seguidos. Se movilizó mucha gente, sociedad civil, estudiantes, líderes de la oposición. Pero hubo personas que murieron en el marco de las protestas. Estos asesinatos están registrados, muchos de ellos en video. Y quienes dispararon son personas del Estado. Definitivamente la gente salió con mucha fuerza a protestar, pero al mismo tiempo la gente no quiere morir. La gente no va a dejar de protestar, pero en Venezuela hoy salir a protestar no te garantiza la vida.

¿Cómo está Leopoldo López?
Está recuperando espacios con su familia, con sus hijos, conmigo. Está en la casa pero está preso. Tiene muchísimas ganas de trabajar, de hacer gestión. No duda ni un minuto de que lo que ha hecho, esa denuncia tan fuerte en 2014 hizo que Venezuela cambiara.

¿Cómo está de ánimo?
Fuerte. Para mí él es una roca. Es la roca de Venezuela y es la roca en mi casa. Yo siempre estuve muy firme cuando él estaba en (la cárcel) Ramo Verde por la fuerza que él me daba en la celda. Y yo con esa fuerza salía por el mundo. Y logramos muchísimo, logramos transformar a la comunidad internacional. Los pronunciamientos de cada país son una esperanza para nosotros.

Usted no pudo salir del país el año pasado. ¿Cuál es su situación actual?
Pareciera que no nos reconocen como ciudadanos venezolanos. Así como a Leopoldo no lo dejan hablar, a mí me violan todos los derechos. Me quitaron el pasaporte y no me dejan transitar libremente ni dentro ni fuera de Venezuela. Nos han bloqueado las vías principales del país para no llegar de un estado a otro.

¿Tiene algo más que pedirle a la comunidad internacional?
Que no podemos esperar más. Se tienen que acelerar los tiempos para pronunciarse fuertemente. No se puede esperar más. Los tiempos de la diplomacia y de la política internacional se tienen que acelerar. No podemos esperar más. Porque cada día que pasa significa más muertes en Venezuela, más éxodo, más crisis.

“Lo que más falta le hace a El Salvador es la transparencia”

¿Cuál es el mejor recuerdo de su infancia?

El aire puro, los árboles que me rodeaban, pues vengo de una zona rural de Chalchuapa, en Santa Ana. De ahí nació mi fascinación y respeto por la naturaleza.

¿Qué le gustaría heredar a los futuros periodistas?

Una institución en la que puedan creer, porque está integrada por ellos mismos.

¿Adónde va cuando quiere paz?

Busco la voz de mis hijas.

¿Ha existido algún hecho que la haya hecho pensar en hacer justicia con sus propia manos?

Sí. Vi a un hombre golpear a su mujer.

¿Qué opina de la burocracia?

Que la disfrutaría más si se utilizara realmente para ordenar procesos. Pero no suelo disfrutarla porque se usa más como una forma elegante en la que algunas instituciones públicas nos quieren dificultar o bloquear los procesos.

¿Qué la saca de sus casillas?

El maltrato a la niñez.

¿Qué es lo que más falta le hace a El Salvador?

Transparencia.

Buzón

Buzón

Hacia Laura Restrepo

En primer lugar, gracias por las publicaciones en Séptimo Sentido. Del domingo pasado me gustó particularmente el de la señora Laura Restrepo. Es imposible que escritos como el mencionado no sensibilicen a todo el que los lea. Nos hace preguntarnos ¿qué hace nuestra sociedad? ¿Qué hago yo para que estas atrocidades no sucedan? ¿Cómo puedo aportar? Toda mi admiración hacia Laura. Sigan en este sentido.

Ricardo Barba,
ricardobarbavillacorta@gmail.com


Albergues eternos

Se le denomina albergue temporal al lugar para alojamiento de personas afectadas por un desastre. Por los terremotos del 13 de enero y 13 de febrero de 2001 hubo muchos damnificados en todo el país y por eso se concentraron en grupos asignados y buscaron la manera de solventar la escasez en condiciones sanitarias no adecuadas y, por ende, representaban un riesgo de transmisión de enfermedades. Por tal razón se les dio atención médica para prevenir y controlar enfermedades en todos los albergues diseminados en el país. Hasta esta fecha, continúan algunos afectados en las mismas condiciones de hacinamiento y ausencia de servicios básicos.

A los afectados en Santiago de María les fueron asignadas viviendas, mientras otros se mantienen hacinados sin servicios básicos. Es paradójico que haya usuarios que prefirieron vender las casas y regresar al lugar donde resultaron dañados. Varios países aportaron su ayuda y algunas de esas ayudas fueron a parar a cuentas particulares. A estas alturas, no debería haber personas viviendo en albergues, pero pesó más la ambición monetaria de algunos. Mientras no se erradique la corrupción, siempre tendremos a muchas personas viviendo en paupérrimas condiciones.

Rutilio López Cortez,
rutilio_lopezcortez@outlook.com

“Pablo” en Nat Geo Kids: el mundo como lo siente un niño con autismo

Pablo

Antes de agosto de 2017, la voz de Federico García Villegas la conocían sus padres, sus compañeros de escuela y sus maestros. El niño colombiano aún no había tenido la oportunidad de hablar sobre su vida frente a cientos de miles de personas en América Latina y España.
Desde finales de abril, Federico es la estrella principal de “Pablo”, una serie infantil que transmite Nat Geo Kids y que, dentro de su programación, es la primera interpretada por niños diagnosticados con un trastorno dentro del espectro autista (TEA, por sus siglas).

Según explicó una ejecutiva del canal, los productores del programa encontraron a Federico por medio de un video de YouTube que grabó y publicó su madre, Ana Villegas. A la fecha, el video ha conseguido más de 157,000 reproducciones y fue compartido por medios internacionales como El Tiempo (Colombia), Clarín (Argentina) y El País (España).

“Él lo ha disfrutado, lo ha sentido y lo ha vivido de una manera muy bonita y con mucho compromiso”, dijo Villegas en entrevista con varios medios latinoamericanos sobre la participación del niño en “Pablo”.
La madre colombiana explicó que es psicóloga de profesión y que el diagnóstico de su hijo la impulsó a actualizar sus conocimientos profesionales sobre el TEA y, específicamente, sobre el síndrome de Asperger con el que vive su hijo (un autismo de alto funcionamiento).

En 2017 abrió la página de Facebook Soy Diferente, Soy Como Tú para difundir información y, además, lidera una fundación en Colombia que lleva el nombre de su hijo.
“Quería pasar ese conocimiento, esa experiencia, a otras personas que están empezando el camino que yo ya había recorrido”, aseguró.
“La diferencia no es algo que tenemos que rechazar ni temerle. Si conocemos la forma para acercarnos a estas personas, nos daremos cuenta de que son seres maravillosos y con mucho potencial”, añadió.

***

“No soy un freak”

El honesto testimonio de Federico se convirtió en una forma sencilla que usaron padres, activistas y medios de comunicación para visibilizar la existencia de personas con TEA.
“No es una enfermedad, así que no hay que buscarle cura. Es una condición que existe desde mi concepción. O sea, es parte de mí y lo seguirá siendo toda mi vida. No soy ni loco, ni freak, ni raro. Mi manera de percibir las cosas es diferente”, dice Federico antes de presentar anécdotas de vivir con Asperger.
Las personas diagnosticadas dentro del TEA pueden sufrir sobreestimulación con ruidos y texturas, tener problemas para interpretar las emociones de otras personas y tener intereses muy estructurados. Sin embargo, en casos de autismo de alto funcionamiento –como el síndrome de Asperger– , los niños pueden llegar a la edad adulta sin recibir un diagnóstico adecuado porque sus conductas no sobresalen dentro de la norma de un salón de clases o la vida familiar.
“Les gusta la compañía de la gente, lo que pasa es que se saturan fácilmente cuando hay demasiados estímulos sensoriales: ruido, personas hablando, luces. Eso los abruma y ellos tienen que retirarse un momento para tratar de calmarse”, detalló Villegas sobre el autismo.
“Mucha gente tiene muy claro lo que no son capaces de hacer. Desafortunadamente, esas cosas negativas, esas dificultades, son las que más resaltan en personas con algún diagnóstico (de autismo). Me pareció una bonita oportunidad para que mi hijo pudiera mostrarle a otras personas y darle impulso a otros padres que por desconocimiento están subestimando el potencial de sus hijos”, opinó Villegas sobre la participación de su hijo en “Pablo”.
Para Villegas, la primera señal que recibió de que su hijo necesitaba ayuda fue un cuento que escribió sobre un dinosaurio incomprendido. La madre y psicóloga encontró en la ficción de su hijo una metáfora de sus propias emociones.
“El diagnóstico de Fede no fue fácil, fueron muchos años de tocar muchas puertas, precisamente por el desconocimiento que hay por el tema y por las dificultades de identificar el autismo de alto funcionamiento como el Asperger”, dijo Villegas.
“Yo aconsejaría a los padres a que estén muy atentos a lo que sus hijos comunican no solo verbalmente, sino con otras señales. Pienso que tenemos que ser muy sensibles y escuchar más con el corazón que con nuestros oídos”, añadió.
La dificultad del diagnóstico provoca que no haya números precisos de cuántos casos existen en el mundo.
Durante los últimos dos años, en Costa Rica se ha utilizado la estimación de 64,000 casos en todo el país.
Desde abril pasado, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades en Estados Unidos estiman que 1 de cada 59 niños tiene autismo. A falta de estudios más específicos, el porcentaje mundial que se utiliza es que 1% de la población está dentro del espectro.

***

Un niño como Pablo

“Pablo” se estrenó el pasado 23 de abril en el canal Nat Geo Kids. Los episodios se estrenan diariamente al mediodía, pero el canal también transmite repeticiones a las 6 de la mañana.
El personaje principal –doblado por Federico– es un niño de cinco años, inteligente y amante del arte. Con sus crayolas mágicas, Pablo dibuja animales y criaturas que cobran vida para ayudarle en aventuras animadas fantásticas.
En cada episodio, Pablo enfrenta una situación que le provoca ansiedad pero que, al final, supera con ayuda de sus amigos, su ingenio e imaginación.
Entre algunas de las aventuras que vive Pablo se encuentran muchas actividades que son cotidianas: un corte de pelo, una visita al supermercado, la experiencia de vestirse y sentirse abrumado con las texturas de las telas de la ropa.
Para Ana Villegas, la serie es una oportunidad de que las personas entiendan cómo sienten el mundo los niños con autismo.
Además de Federico, Nat Geo Kids trabajó con otros nueve niños y jóvenes latinoamericanos que han sido diagnosticados dentro del espectro autista (de hecho, cuatro de ellos fueron seleccionados en Guatemala).
La producción describió que buscaron niños con buena dicción pero, sobre todo, que se sintieran felices con el trabajo del programa.
Para la mamá de Federico, la satisfacción de su hijo fue notoria. Según dijo, se preocupa por que otros padres entiendan que los niños deben aprender a navegar el mundo a su manera.
“Son muchas cosas que uno ajusta todos los días”, describió Villegas sobre la vida de su familia después del diagnóstico de Federico.
“Finalmente, lo que nos interesa como padres es darles las herramientas y que ellos aprendan cómo ser independientes y autónomos. No estamos criando niños para nosotros, sino para el mundo, para que ellos puedan resolver sus problemas cuando no estemos”, afirmó Villegas.