“Me encanta el amor a la antigua”

¿Qué cosas pasadas de moda todavía hace?

No sé qué tan pasado de moda sea, pero me encanta el amor a la antigua y todo lo que esto involucra.

¿Contribuye la exposición del horror a deshumanizar?

No, el miedo es parte del ser humano. Quizá el experimentarlo con mayor frecuencia hace que estemos un poco acostumbrados a eso, pero siempre nos causa algo.

¿Qué significa ser salvadoreño?

Una persona que siempre le da la mano a los demás, que pregunta de todo para conocer y crecer, que trata de estar en todo y así es como llega a ser grande.

¿Qué opina del periodismo televisivo actual?

Es un tema muy amplio. En muchos medios hay amarillismo, pero es lo que le gusta a la mayoría de televidentes. Si algo no se consume, no se hace.

¿Qué es lo más importante en su código ético?

El respeto a los demás y la responsabilidad.

¿Con qué metáfora definiría a la sociedad salvadoreña?

La cuna de los luchadores.

¿Se siente parte de la farándula?

Sí. Afortunadamente, tengo a muchísimas personas que están muy pendientes de mí y que a diario me demuestran su cariño de una manera incomparable.

Buzón

Biodiversidad en peligro

El Parque Nacional Montecristo es un universo complejo, pero frágil. Es un ecosistema, una valiosa fuente de agua dulce de la cual dependen millones de seres vivos de Guatemala, Honduras y El Salvador. La vegetación del bosque condensa el agua de la densa niebla durante los meses de verano. El proceso de nuestra madre naturaleza es guardar en las hojas caídas el agua que luego es liberada poco a poco y sirve de alimentación de nacimientos, ríos y el resto de ecosistemas que lo rodean; de aquí la importancia de proteger los bosques circundantes y que están siendo talados para otros usos. El reportaje “El desgaste de Montecristo” del periodista Fernando Castellanos muestra la investigación realizada y narra el por qué es vital cuidar este ecosistema que es considerado estratégico por la riqueza de los recursos naturales que ahí existen. Aunque se habla de la biodiversidad de Montecristo, la importancia es mínima ya que los programas ejecutados fuera del parque han tenido el objetivo principal, que es la conservación del bosque natural. Pero algunos fondos asignados se han utilizado para abrir carreteras hasta lugares remotos del bosque virgen, haciéndolo más vulnerable al avance de la actividad agrícola. Se necesita un programa de pago por servicios ambientales para los propietarios que protegen sus bosques; además, hay que promover el rescate de las áreas depredadas por la agricultura o ganadería y es de felicitar que algunos propietarios han sembrado la semilla de protección del bosque a sus generaciones y les han inculcado que el precio que hay que pagar es poco si consideramos que de la vida del bosque nebuloso Montecristo depende nuestra subsistencia.

Rutilio López Cortez
rutilio_lopezcortez@outlook.com


El devastador efecto humano

La evolución del ser humano está dejando a su paso la extinción de miles de especies, una descontrolada contaminación del medio ambiente y los deshielos de los glaciares. “El desgaste de Montecristo” de Fernando Castellanos reporta las calamidades ambientales y sus riesgos por la poca atención en las zonas de reserva. El trifinio es un punto de encuentro que oficialmente se llama Reserva de la Biosfera Fronteriza Trifinio-Fraternidad, donde el año anterior se inauguró un obelisco como muestra de integración de los tres países que convergen en ese pulmón de la naturaleza. Hay muchas aristas que distraen la atención para atender celosamente nuestro ecosistema nacional, incluso en el sistema educativo es muy poco lo concerniente al tema, como escaso el cumplimiento de leyes llamadas a proteger lo que va quedando del ecosistema, hace falta conciencia ecológica para reconocer el rol que cada uno debemos asumir en la conservación y protección del medio del cual dependemos; mientras la población crece desenfrenadamente, los recursos escasean, es una antítesis porque a más habitantes más deterioro, que redunda en una guerra humana en contra de su propio entorno. Lo que esperamos mañana debemos trabajarlo hoy porque el devastador efecto humano no se detiene en la cultura de autodestrucción, tampoco se toma conciencia de cómo debemos comportarnos con el medio, seguimos construyendo un siniestro futuro con el agua y no es de ayer que seamos uno de los países más deforestados, nos falta mucho para vivir en concordancia con los tiempos y la naturaleza. Cuidar del medio ambiente es tan importante como el pan de cada día, con proyectos como Plantatón 2017, lanzado recientemente, solo asoma la esperanza pero rápido se desvanece.

La biodiversidad biológica, el consumo de leña, la vocación de la agricultura de subsistencia, restauración de suelos, resguardo de mantos acuíferos, la siembra de nuevas variedades aclimatadas a prolongadas sequías y la adaptación a fenómenos climáticos extremos son algunos de los aspectos a tomar en cuenta de acuerdo con los nuevos tiempos donde todos los años aparecen eventos climatológicos inesperados. Aunque los tres países hagan esfuerzos por preservar la zona limítrofe, estos continúan siendo insuficientes, ni siquiera la mitad del total está protegida, por supuesto que a Guatemala le corresponde el 45 %, a Honduras 38 % y El Salvador el 17 %, pero el común denominador es que son franjas de pobreza con más del 50 % de pobreza extrema.

Julio Roberto Magaña
jrobertomasa@hotmail.com


Amenazas

Me agrada que ustedes presenten el reportaje de cómo personas en otras partes del mundo están huyendo de la violencia sin que las autoridades hagan nada al respecto. Mis felicitaciones porque esto es lo que necesitamos aprender sobre cómo la narcoviolencia está afectando a muchas familias en México, similar a cómo las pandillas amenazan a muchos Centroamericanos. Una vez más, lo mejor y felicitaciones en futuras investigaciones.

José Corado
josecorado@sbcglobal.net

“Mis maestros son mis amigos”

¿Cómo es la vida de un artista visual en San Salvador?

Entre el hogar, mi esposa y mi hija Nara que tanto amo, el estudio y una ciudad tan pequeña como es San Salvador. Una ciudad llena de inseguridad y compleja por los territorios custodiados por las letras y los números.

¿Qué resultado esperas obtener con lo que estás haciendo?

Siempre es un reto estar vigente y estar produciendo todo el tiempo. Espero tener una buena retrospectiva sobre mi trabajo y sentirme orgulloso con el tiempo invertido en cada obra o proyecto que realice.

¿Qué es lo más ilícito que has hecho?

Acompañar a mi personaje principal del proyecto “Retrato Hablado” a una de las ventas más importantes de drogas de San Salvador, “La Tutu”.

¿Qué carrera o negocio consideraría si tuvieras que comenzar otra vez?

Cine.

¿Quienes son tus maestros?

Mis maestros son mis amigos, son con los que he aprendido y sigo aprendiendo día a día.

¿Qué le hace falta a El Salvador?

Compromisos de todos para sacar adelante este país, incentivar con buenos programas de estudios a los jóvenes, becas, seguridad, salud. Hasta que se deje de ver a este país como una finca, no vamos a cambiar el rumbo de este lindo y pequeño país.

¿Has pensado en migrar de forma permanente?

Realmente sí lo he pensado, desde hace 11 años que empecé a viajar fuera de El Salvador. Cuando venís nuevamente a tu país estás entusiasmado con ideas frescas y con ganas de producir a mil por hora. Después de una semana acá, te vuelves a decepcionar de la situación incierta del país.

Buzón

La clínica de la nicotina

Humo que esclaviza

Los vicios se aprenden sin maestro; pero sí con influencias de algún modelo cercano como los padres, amigos y por supuesto la calle, como maestra del mal.

Las adicciones se inician con una invitación o por curiosidad en experimentar nuevas sensaciones. Algunos de los fumadores empedernidos dicen que lo hacen para contrarrestar el estrés o para una mejor lucidez mental, siempre encuentran justificaciones a su sometimiento; sin embargo, la complejidad de las reacciones humanas son disímiles, no todos los consumidores se vuelven adictos y no todo el que se inicia en un hábito termina descontrolándose, es parte de lo que sugiere la crónica de Valeria Guzmán “La clínica de la nicotina” donde los inquiridos dejan entrever factores genéticos y del entorno social interactuando entre sí en la conducta compulsiva que los acosa, pero esta adicción va más allá, pues no sólo afecta al que humea sino también al no fumador expuesto. De acuerdo con la opinión de algunos neumólogos, de las 4,000 sustancias que contiene el cigarrillo, sólo la nicotina crea dependencia, es la sustancia más adictiva que existe, provoca al menos 29 enfermedades asociadas al tabaquismo siendo el cáncer de pulmón, la bronquitis y las perturbaciones cardiovasculares las de mayor incidencia.

La clínica del ISSS, aunque existen otras, hacen una magnífica labor pero vienen a ser como una gota de agua en el desierto ya que la adicción que comentamos es frecuente y al Estado le corresponde su parte en el presupuesto.

El tabaco, planta sagrada en las culturas mesoamericanas, se fumaba en pipa “para sellar la paz y la amistad entre tribus” aunque tenía múltiples usos; ponerle más impuestos a los tabacos puede minimizar su consumo pero ante todo se deben cumplir las leyes que por hoy ya existen.

La mayoría de conductas adictivas comienzan en la adolescencia con el uso, luego el abuso para terminar en dependencia, es de rigor que en las familias no se den los modelajes indebidos como suele suceder también con el licor, cuando el humo del placer ya se ha transformado en un deseo fuerte de consumo hemos logrado un enfermo más. El consumidor, por su parte, debe poner su esfuerzo, exigirse más de lo que hace para sí es de inapreciable valía para el adicto, pues cuando ya se es prisionero del tabaco no es tan fácil apartarse del humo que esclaviza y sus consecuencias siempre fatales.

Julio Roberto Magaña
jrobertomasa@hotmail.com


Dejar un vicio

Solamente hay una manera de cambiar el sistema económico de nuestro país y es primero cambiando nosotros.

Lamentablemente los que no aportan nada son los que menos leen y son los que mas critican. Según la columna Renovar el sistema económico, de Jacinta Escudos, hay inconvenientes que a futuro nos esperan a los próximos a jubilarnos. También el empleo será escaso y la fuerza laboral joven será la mas afectada. Ejemplos de esto tenemos a menudo cuando vemos las grandes colas de jóvenes buscando su primer empleo en las distintas fábricas. Algunos célebres economistas de antaño predijeron lo que estamos viviendo, pero nuestra sociedad la han manejado desde consumismo por las élites económicas a las que les conviene que existan los consumistas -desde que nacen, hasta morir- para enriquecerse a costa de otros.

No importa los medios que utiliza para crearnos necesidades. Quedó en el pasado eso de que en una población eran autosuficientes en mano de obra de calidad. Existían buenos obreros que desarrollaban obras en su misma comunidad generando empleo y consumo, sin emigrar ningún capital al exterior. Mi comentario no es bien visto por algunos porque opino que añoro la economía tradicional de los países pobres. Así como antes de que privatizaran algunos servicios que el gobierno prestaba. Aunque pobres, no éramos esclavos del aberrante consumismo lacerante de nuestra economía. ¿A quién le beneficia que gaste más de lo que gano? Prefiero el autoconsumo porque se puede aplicar no solamente a la producción de alimentos, cualquier otro tipo de actividades puede ser plausible de ser utilizada, consumida por aquel o aquellos que la generan. Un ejemplo sería la generación individual de energía eléctrica a través de paneles solares especiales, que se conocen como fotovoltaicos.

Esta electricidad puede ser generada por las personas del mismo vecindario donde residen, colocando los respectivos paneles y de preferencia en lugares donde no exista red de energía eléctrica y al mismo tiempo hacer llegar la señal de internet, para tener comunicados a ese sector para que adopten nuevas tecnologías para el bien común y evitar la migración de la mano de obra joven que es explotada en otros países.

De nada sirven las remesas que ingresan al país, si las empresas transnacionales las captan al nomás ingresar y esas divisas retornan de donde vienen. Ahora es cuando debemos practicar la solidaridad social como valor ético, en ocasiones se realiza de manera cuestionable, por ejemplo, cuando la ayuda que se otorga obedece más a razones de imagen y no como compromiso auténtico.

Así tenemos muchas empresas en nuestro país que cuando les conviene, con platillo y bombo de la mano con los medios de comunicación generan ayudas, pero quienes más se benefician son ellos mismos.

“La de la guitarra es una belleza completa”

¿Cuál es su miedo más grande?

No completar lo que tengo que hacer en esta vida. Cada quien tiene su misión. En mi caso es la expresión de mi arte, como compositor o como intérprete y mi desarrollo espiritual.

¿Qué tiene la guitarra por sobre otros instrumentos para inclinarse por ella?

Lo tiene todo. Su canto sonoro, la belleza de la madera. Es impresionante que una madera cuando se pone junta logre producir esa cantidad de sonidos: melancólico, tierno, dulce. La de la guitarra es una belleza completa. No hay vuelta de hoja. También fue importante la influencia de mis maestros.

¿Cuál es su posesión más preciada?

Me gusta ser desposeído de las cosas, no me gusta arraigarme a ellas. Sin embargo, podemos hablar de ciertas cosas. Serían algunos de los manuscritos de música y libros y partituras antiguos que he logrado conseguir con el tiempo. Lógicamente, la guitarra.

¿Qué consejo se daría?

Que no debo dejarme llevar por las ilusiones que la mente se pone a sí misma.

¿Qué es para usted la muerte?

La muerte es un paso a la vida. Yo soy una persona, muchos pueden no estar de acuerdo conmigo, que es partidaria de la reencarnación. Aparte de que nosotros morimos a cada momento. Nuestras células mueren y renacen a cada momento.

Desde la distancia, ¿cuál es su idea de El Salvador?

Es un país al que le tengo mucho amor, al que me debo. Tiene un potencial inmenso en nuestra gente, pero con una problemática, de igual forma, inmensa. En todos los sentidos. La de identidad es extremadamente grande, y de allí surgen otros problemas.

¿Qué aprendió de su peor fracaso?

Que no hay que tenerle miedo; que la vida continúa, que no es el fin; y que hay que seguir adelante. Es decir, uno baja al suelo. Ahora hay que volver a subir, pero con consciencia.

Buzón

Degradación ambiental

Rutilio López Cortez
rutilio_lopezcortez@outlook.com

La columna del periodista Sigfredo Ramirez “El país que les dejamos” narra la degradación ambiental que tenemos. Somos culpables todos por aceptar lo que nos imponen. Vivimos promoviendo un crecimiento económico ilimitado en un país con recursos limitados, sometidos a un consumismo desorbitante. Nos hacen creer que necesitamos tener teléfono, carro y vivienda en sectores exclusivos. En esto juegan un papel importante los medios de comunicación. Según el economista alemán E.F. Shumacher, “el consumo es meramente un medio para el bienestar humano, pero el fin sería la obtención de un máximo bienestar con un mínimo de consumo”.

De no educar a nuestros hijos, la herencia nefasta que les dejaremos es un medio ambiente degradado. Hoy es cuando hay que inculcarles conciencia para que conozcan qué tienen a su alrededor, qué está pasando y cómo puede afectarle en un futuro. Sin embargo son pocas las personas que logran tener conciencia del medio ambiente y evitar explotar y transformar desmedidamente nuestro entorno. Esta conducta nos conduce a un colapso total de lo que existe y, con ello, de la especie humana. Por lo tanto es necesario un cambio de conducta generacional para mejorar nuestra relación con el medio ambiente.

Todos tenemos que contribuir estableciendo y practicando normas medio ambientales que permitan encontrar y mantener un equilibrio entre conservación y satisfacción de necesidades humanas y, así, lograr garantizar la sostenibilidad para las generaciones venideras. Para que esto se cumpla deben establecerse estrategias necesarias para convertirse en una práctica constante. La mejor enseñanza es el ejemplo. Este país es poseedor de riquezas naturales y las estamos degradando con las costumbres adoptadas de otros países. Por ejemplo : los depósitos y utensilios de “durapax” que nos proporcionan para llevar comida, uso desmedido de artículos electrónicos, no tratamientos de las aguas servidas y evitar el crecimiento desmedido del parque vehicular. Ahora debemos buscar alternativas para incursionar en la explotación de la energía: eólica, solar y marina. Somos los más comprometidos con las futuras generaciones para legarles un país con suficiente agua y aire puro y recuperar algunas zonas degradadas en nombre del progreso. Si nosotros disfrutamos ríos, lagos y playas, no debemos perder de vista que es la mejor herencia que dejaremos a nuestros hijos.


Amor y literatura

El encabezado de esta acotación son los temas fascinantes que rubrican la inspiración y encarnan en la vida de la entrevistada de Moisés Alvarado, “Claribel, nuestra alegría”. Durante toda su vida ha subrayado el compromiso con la resistencia no violenta en contra de regímenes dictatoriales y la injusticia social, comprometida con su presente histórico, con la vida y los problemas de su tiempo, su estilo literario con un enfoque de la realidad, donde bordea la denuncia social y las reivindicaciones de los derechos humanos, es lo que se dibuja en sus ensayos. La interrogada se ha ganado los créditos con el cultivo de varios géneros: poesía, narrativa y ensayo, pero su predilección está en acariciar las tenues vibras del sentimiento de sus versos tejidos con su singular acento. La obra de Claribel en alianza con la didáctica está impregnada de sentimientos pacíficos, auspiciando actitudes de tolerancia y respeto por la libertad y el bien común y, en otra arista, con un profundo adeudo con la realidad política y social en defensa de la democracia. Así lo muestran algunas de sus obras, como “Cenizas de Izalco”, donde aborda la matanza de indígenas campesinos levantados en armas en 1932 durante el martinato; “Historia de un ajusticiamiento”, que otea la vida del dictador nicaragüense Anastasio Somoza; “No me agarran viva, la mujer salvadoreña en la lucha”, dedicado a la memoria de heroínas y mártires, de reconocido abolengo combativo; y el ensayo “La encrucijada salvadoreña”, entre otros. Decenas de premios que ha recibido la colocan en el prez privilegiado de los grandes de nuestra identidad cultural, como parte del alma nacional y el resto de naciones hispánicas. Las tendencias ideológicas y literarias de la precitada escritora son el reflejo de la corriente literaria de la década 50-60, conocida como generación comprometida, con claridad en la fórmula que le ha elevado hasta el pináculo de los grandes con su empeño, agregado a la sinergia de su esposo Bud en buena parte de su producción y anhelando cerrar el capítulo de su vida con “Amor sin fin” como postrer libro. Así es el talento de intrépido, cuando deja correr la pluma puede matizar el gozo con el dolor con la magia de la inspiración. Como muy bien lo señala la carta editorial, “detrás de su obra no hay sólo talento”, son las virtudes, valores y principios los que completan su solemne talante.

Julio Roberto Magaña
jrobertomasa@hotmail.com

No sé cuál es el mejor camino, cada cual elige su juego”

¿Qué significa para vos la muerte?

El gran misterio. Ojalá algún día (en vida) pueda saber más sobre ella.

¿Qué temas te salen más fácilmente, los relacionados con el crimen y el mundo judicial o aquellos que lo están con la cultura?

A mí lo que me interesa es el cruce de ambos mundos: procuro hacer un abordaje cultural del periodismo policial (como decimos acá) o de sucesos. Para darle todo su sentido a un crimen hay que entender su significación social y cultural, y, por supuesto, la dimensión humana de sus protagonistas.

¿Creés que es importante tener un empleo estable?

Sí. Bueno… Por más que fantaseo con tenerlo, no lo consigo. El empleo en el que estuve más tiempo fue uno en el que permanecí cuatro años. Creo que la industria periodística está un poco averiada y por eso es difícil encontrar el puesto ideal. Prácticamente no existe. Conozco a muy buenos periodistas independientes, el de ellos es un camino posible. Pero no sé cuál es el mejor camino, cada cual elige su juego.

¿Cuál es tu idea de la felicidad perfecta?

La conjunción de la pareja, la familia, los amigos, la obra (el trabajo), los proyectos y el buen uso del tiempo. Ah, y si puede ser en un día frío y nublado, mejor.

¿Cuál es tu miedo más grande?

Es tan grande que prefiero ni recordarlo.

¿Cambió algo en tu vida después de ganar el premio García Márquez?

Sí. Conocí a colegas de distintos países, hice nuevos amigos y conseguí un trabajo nuevo a la vez que me sentí valorado en mi empleo anterior. Pero más que nada y gracias a una nota que me costó demasiado esfuerzo, con el premio confirmé la idea de que vale la pena luchar y perseguir los sueños. Suena cursi, pero es así.

¿Es este el mejor o el peor momento para hacer periodismo en América Latina?

Probablemente sea a la vez el peor y el mejor. Como dicen los chinos: crisis es oportunidad. La crisis de la industria periodística (no del periodismo, sino de su industria) es muy grande, eso lo vemos todos. De ahí deduzco que la oportunidad también es muy grande. Quizá en 50 años idealicemos este momento, quién sabe.

Una película de fantasmas

Ilustración de Moris Aldana

En el sueño mataban a una mujer. La pesadilla se repite cada cierto tiempo. Unas veces, el cadáver está en medio del charco creado con sus propios fluidos; otras, cuelga de una soga con la lengua de fuera, hinchada como un bistec. Me temo que este es otro de los efectos del medicamento que estoy tomando. El brebaje me sumerge en un sueño placentero que va tornándose quebradizo, como el cascarón de un huevo, y despierto temiendo que solo he traspuesto el umbral a una nueva pesadilla.

Si no consigo dormir, me vienen a la memoria el viejo bóer sosteniendo sus anteojos manchados de sangre; el cura Neto agujereado a tiros; y la chiquilla esa, Viviana Gallardo, la que murió por amor, sollozando en el rincón de una estrecha celda. Todos ellos se encuentran en estas páginas que escribí únicamente para satisfacer la curiosidad de Albertina, mi hada madrina.

En la ciudad se exhibe “Ghost”, un drama romántico de fantasmas. En la cola para entrar al cine miro a Edmundo Font. Jamás me lo hubiera esperado. Lo conocí en Managua en aquellos años, cuando llegaban personajes de todo el planeta, locos de felicidad, para apoyar una, dos, tres guerras, las que hiciera falta. Font era entonces un gigantón con cara de niño que reunía dinero para apoyar la Revolución sandinista. Ahora estaba convertido en un funcionario de la embajada mexicana en San Salvador, estaba gordo y usaba unas gafas cuadradas que le conferían un aire doctoral. Yo tenía un trabajo de medio tiempo, pasaba apuros económicos, usaba el bigote atusado en las puntas y, para acentuar mi aire chic, de “recién llegado”, lucía una pequeña argolla en la oreja. Todos estábamos un poco cambiados. De hecho, el mundo entero era muy extraño al de antes, pero nos reconocimos de inmediato y nos abrazamos dándonos unas estrepitosas palmadas en la espalda.

A la salida, conmovidos por la película y animados por el reencuentro, decidimos ir a tomarnos algo. Perseguí su Volvo de vidrios oscuros hasta el Club Campestre, en la falda del volcán. Desde la terraza, la vista nocturna de San Salvador es espectacular. ¡Hasta las bombillas de las zonas más miserables de la ciudad lucen como un joyero de Swarovski!

—Míranos no más, ‘sobrebebiendo’, sin heridas –dijo Font a modo de brindis, guiñándome un ojo.

Olvidaba Font que una herida es cualquier cosa que te rompa, y yo andaba por la vida poniéndole remiendos a algo dentro de mí que se agrietaba cada vez más.

Font hablaba sin parar de sus perros, de sus viajes, de su trabajo como consejero en la embajada mexicana: apenas un peldaño de su ambicioso plan en el servicio exterior. Tenía metas claras para los próximos 15, 20 años. Yo, en cambio, vivía al centavo. Le expliqué que no tenía interés en participar en las riñas del caldeado ambiente que siguió al fin de la guerra. Las cosas no estaban fáciles.

—¿Cómo? ¡Un hombre con tu capacidad! ¡Saldrás adelante!

Font pagó los tragos y antes de despedirnos me animó a asistir a las actividades de su embajada.

—¿Para qué? ¡Qué pregunta! Pues, para vernos, para ganar la calle, maestro. Conocerás gente interesante –me dijo, dándome un puñetazo en el hombro.

No tenía muchas ganas, pero fui, por primera vez, y… ¡vaya decepción! Los personajes más conspicuos de la velada eran un dirigente de la logia masónica local, un académico medio sordo, con el pelo teñido, y una poetisa chiquitita, ya mayor, que no paraba de hablar de sus días en el Colmex e insistía en ser llamada “doctora”. Habían tenido vidas intensas y encantadoras, ni dudarlo, pero ya eran agua pasada: ninguno servía para mis propósitos de vida. Pero seguí yendo, por la insistencia de mi amigo. Hice lo correcto porque, si bien yo no lo sabía, en esas tediosas tertulias, poco a poco, la rueda de la fortuna comenzaba a girar a mi favor.

Así fue como conocí a Albertina, en la fiesta del Día de Muertos. Llegué atrasado y me instalé en la primera mesa que encontré, justo al lado de su silla. Micrófono en mano, Font se deshacía en halagos a Dolores del Río, la difunta en cuyo honor se había erigido el altar de muertos de ese año. Después que sirvieron los tragos, me acerqué a Albertina presentándome como alguien que volvía de la pacífica Costa Rica a abrirse paso en el nuevo país. La joven me dijo que acababa de volver de Miami con un posgrado en mercadología. Lo suyo eran los negocios. Quería hacer cosas diferentes. Comenzamos hablando, naturalmente, de la muerte. El ambiente del salón la evocaba por todas partes. Además, le dije, no existe personaje tan justiciero, ni nada provoca tanta incertidumbre a los humanos, como ella. Hicimos clic. Hablamos de música y luego sobre cine. Días más tarde, nos encontramos para un café y, en menos de lo que canta un gallo, comencé a caer los fines de semana a su apartamento en Torre del Sol para disfrutar de sus 13 favoritas películas de miedo, que ella organizó con videos de Blockbuster. Entre los sobresaltos provocados por mellizas asesinas, posesiones diabólicas y muertos vivientes, conocí a publicistas, restauranteros, arquitectos, consultores y funcionarios de la cooperación internacional, prósperos, astutos y, sobre todo, cobardes. Sí. La valentía terminó desacreditada por causa de las atrocidades de la guerra. Incluso escuché a idiotas reivindicando la cobardía en nombre de la no violencia. Pero mi estómago iba aprendiendo a digerirlo todo.

He aprendido a resolver situaciones inesperadas, poco amables e incomprendidas”

¿Qué tiene que dejar de hacer?

Desvelarme trabajando.

¿Qué es lo más difícil que le ha tocado hacer?

Enfrentar la resistencia al cambio del sistema y el abuso, tolerar la ignorancia.

¿Cuál es su meta inmediata?

Procurar la aprobación de la Ley de protección para personas con Trastorno del Espectro Autista en El Salvador.

¿Cuál es la mejor manera de celebrar la diferencia?

Con una amistad sincera, libre de prejuicios y llena de respeto a los derechos.

¿Qué debería cambiar en las instituciones para dar a las personas con trastorno del espectro autista lo justo?

La mentalidad de los líderes. Tiene que haber más personas comprometidas con el reconocimiento y la aceptación en igualdad de derechos.

¿Qué destrezas le han generado las dificultades?

He aprendido a resolver situaciones inesperadas, poco amables e incomprendidas por la mayoría de personas.

En este país, ¿cuál es la manifestación más clara de la miseria?

Es nuestra falta de conocimiento y educación. Nos hace falta madurez.

Buzón


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Julio Roberto Magaña
jrobertomasa@hotmail.com

Hombres perversos

Cuando conocemos casos atroces de violaciones, principalmente en menores, nos sentimos impotentes y no queda más que sufrir en silencio con el nudo en la garganta. Duele mucho. Estos son hombres perversos a los que hasta los reclusos los consideran escoria de las prisiones. Nos referimos a los pederastas abyectos citados en esta tercera entrega especial sobre las mujeres, de Glenda Girón, bajo el título “Violadores que enamoran a niñas”. El sentimiento de repugnancia inmediato cuando se conocen casos de abusos a la castidad, que simultáneamente se transforma en indignación. Se maldice y se desea todo lo peor para esos seres, que adrede les omito el adjetivo de bestiales porque lo llevan inherente y lo de humano es mucho para ellos, con razón en algunos lugares los linchan y lapidan. Pues bien, la violación sexual es un acto de profanación a la intimidad física y psicológica del género femenino, experiencia devastadora en la parte más sagrada de la mujer. Muchos estudios niegan que los agresores sexuales sean enfermos sino poseedores de un trastorno de personalidad, porque para los psiquiatras no tienen una tipología estándar, pero su naturaleza desajustada no les quita que en su perfil no esté presente el machismo extremo que supura con alevosía al tener la oportunidad de cometer la agresión.

Son preocupantes los números que se mencionan, como el del MINSAL de 2016, en el que dice que fueron 1,500 embarazos en niñas de 10 a 14 años, pero esa solo es la silueta del problema porque las denuncias escasean por variadas razones. El inicio forzado de la maternidad se convierte para la mujer en el óbice traumático para continuar su educación, quedando en desventaja su futuro proyecto de vida. Solo queda intentar construir una imagen positiva de la masculinidad basada en el respeto, la tolerancia, justicia y equidad, desafío complicado en una sociedad de familias atomizadas que es lo que viene provocando la debacle social sin fin que nos agobia desde tiempos atrás.

Como apunta la carta editorial, “ser mujer implica riesgos” precisamente por ser parte de esta sociedad con muchos vacíos para investigar el delito y donde algunas abusadas callan, dejando atrás una historia oculta.


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Rutilio López Cortez
rutilio_lopezcortez@outlook.com

Sociedad punitiva

El ciclo de reportajes publicados en todo este mes y que fueron dedicados a la mujer se cierra con este emblemático reportaje de la periodista Glenda Girón sobre los violadores que pululan en nuestro medio, los cuales atentan contra la libertad sexual. Son delitos especiales de coerción ejercida por un sujeto activo en contra de la libertad sexual de otro sujeto pasivo, aprovechándose de las circunstancias y de la indefensión de la víctima. Para consumar una violación, debe de haber violencia.

La Asamblea Legislativa aprobó con 72 votos la reforma al artículo 32 del Código Procesal Penal para suprimir la prescripción de los delitos de abuso o violación en menores de edad. El fin es erradicar y contribuir con el combate de los delitos contra la libertad sexual de los menores y cumplir con una verdadera justicia. La ley vigente permite la prescripción de los delitos sexuales en menores 10 años después de que han cumplido la mayoría de edad.

Queda en nuestras manos educar a nuestros hijos sobre este delito que nos azota desde el pasado. Según Zaira Navas, directora del CONNA, la sociedad en que vivimos nos muestra una cara altamente punitiva y que en lugar de proteger a una víctima, busca culparla ya que el miedo y los estigmas sociales influyen para que las víctimas no denuncien a sus agresores que, en la mayoría de casos en nuestro país, las estadísticas reflejan que son los padres y padrastros.


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Oswaldo Caminos
oswaldocaminos@yahoo.com.mx

El poder del poder

El fotorreportaje de Simone Dalmasso podría subtitularse “Los sueños jóvenes mutilados por el Estado”. Perturba mucho la primera impresión de esta muestra fotográfica, donde la actitud propia de cada rostro interpela nuestra sensibilidad, cada una de estas mujeres expresa su peculiaridad, cada una merecía ser diferente, y en la medida como se hubiesen respetado estas diferencias, talvez serían hoy mujeres realizadas, en la medida de sus posibilidades. Pero truncaron sus sueños, de manera que lo que les sucedió a la mayoría de ellas supera la ficción y debemos presumir que sus victimarios eran formalmente servidores públicos, muchos casados o acompañados y con familia, convertidos en torturadores, violadores y asesinos.

Pues en esos siniestros períodos, tan conocidos y lamentados a posteriori por las sociedades y civilizaciones que los han padecido, es donde parecen resurgir los instintos más necrófilos y destructivos, donde súbitamente desaparecen todos los privilegios y libertades tan elogiadas en tiempos de relativa normalidad. Y es tema de preocupante actualidad que los dirigentes en quienes la ciudadanía confía otorgándoles el voto, esperando como retribución ciudadana el ejercicio de sus funciones con probidad, muchas veces sean los instigadores de actos no solo de corrupción, sino además muestren indolencia e incapacidad de desarrollar planes bien ponderados para garantizar la seguridad y prosperidad de la vida ciudadana, dignos de una sociedad del siglo XXI. Los actos y políticas de exterminio, como sabemos a partir de las incontables experiencias de los conflictos, avalados por el Estado, de limpieza étnica, tanto en Europa como en Latinoamérica, suelen justificarse y desarrollarse de manera implacablemente racional, generalmente etiquetando y estereotipando a las personas por eliminar, teniendo como móviles concretos mezquinos intereses geopolíticos, reduciendo las individualidades ciudadanas a asépticas estadísticas de gran parentesco con los eufemísticamente llamados daños colaterales.

Nadie nos garantiza no solo la tipificación correcta del delito por el que se acusa a estas mujeres, sobre todo con el agravante de ser calificativos que no tienen mayor respaldo penal, pues el Estado les violó sus derechos fundamentales, habiéndolas desaparecido después de someterlas a suplicios indignos de la Edad de la Razón, y por tanto, no habiendo siendo vencidas en juicio apegado a derecho. Me parece de impactante actualidad la triste experiencia de estas mujeres guatemaltecas, insertas para siempre en la genealogía de las atrocidades y los crímenes de lesa humanidad que no deberían quedar en la impunidad.

Merece los créditos la comunicadora que ha contribuido desde su oficio a señalarnos uno de los caminos por donde puede ser más constructiva, en términos sociales, nuestra capacidad de indignación, pues son rostros que no pueden olvidarse, una vez grabados no solo en el lente profesional sino en la memoria colectiva, rescatadas al fin de los subterfugios de ese silencio cómplice, que las redime para siempre.