La vida, la vida humana es mi posesión más preciada

¿Cuál es su posesión más preciada?

La vida, la vida humana.

¿Qué tiene la batería para elegirla?

El manejo del ritmo y del tiempo, dos cosas importantes en la vida, que no se limitan a la música.

¿Se considera una persona inteligente?

No. Prefiero decir que soy alguien que, humildemente, busca la sabiduría.

¿Qué aprendió de su peor fracaso?

A renacer, como el ave fénix.

¿Qué le gustaría que dijera su epitafio?

“Soy un árbol itinerante, caminando por la vida, enamorado de la luz”.

¿Qué consejo se daría?

Que siga siendo el inadaptado que soy.

¿Cuál es su miedo más grande?

No poder salirme de la corriente, seguir mi propio camino.

Buzón

Gaspar Romero, hermano del Beato Óscar Arnulfo Romero. Fotografía de José Cardona.

Recuerdos de Monseñor

Estimado Manlio, leí en Séptimo Sentido su alusión a mi hermano el ahora beato Monseñor Romero. Mucho le agradezco los buenos recuerdos que usted guarda de él. Efectivamente lo fui a buscar a su oficina, pero usted había salido. Soy de Ciudad Barrios, San Miguel. Su artículo me ha traído nostálgicos recuerdos de esos dos famosos cines de 5 y 10 centavos de colón. Íbamos a pie de Barrios a San Miguel solo por ir al cine. Fui a visitarle con la intención de contarle algunas anécdotas de nuestro beato que muchas personas las desconocen. Cuando pequeño, por ejemplo, le gustaba estar en la iglesia, ayudándole al párroco. Hay mucho que contar. Muchas personas planean ir al Vaticano el 14 de octubre a la ceremonia de la canonización. Gracias por leerme.

Gaspar Romero
romerogaspar@hotmail.com


La voz de Honduras

Leo esta revista desde que se llamaba Enfoques. Desde entonces no participaba. Lo hago hora con mucha satisfacción. Leí hace unas semanas un artículo bien documentado titulado “La voz nicaragüense en El Salvador”, en el que se comentan hechos sobre los acontecimientos recientes en los que ha habido protestas, represión, muertes en ese hermano país. De hecho, la información sobre esos acontecimientos ha sido vasta y profusa en nuestros medios de comunicación, redes sociales, periódicos digitales, etcétera. A diario nos informamos del seguimiento de esos hechos, lamentables, por cierto. Me hubiera gustado mucho que la misma profusión de noticias se hubiera dado para informarnos sobre el escandaloso fraude electoral en Honduras, donde el candidato opositor iba ganando por cinco puntos porcentuales, pero luego de cortes sucesivos del sistema computacional y del conteo electoral, apareció ganando el presidente de facto Juan Orlando Hernández, a la cabeza con 40,000 votos.
Tras el oprobioso fraude, apareció tras las cámaras anunciando su triunfo y destacando lo “impecable” del proceso. Veo el contraste de informar todos los días sobre el fraude electoral en Venezuela, pero ha quedado en el olvido aquel fraude realizado en peores circunstancias, según políticos independientes.

Miguel Martínez
miguelmar47@yahoo.com

“Quisiera tener tiempo para parar”

¿Cuál es tu miedo más grande?

Decepcionar a las personas que me apoyan.

¿Cuál ha sido tu mayor atrevimiento en la vida?

Trabajar para el extranjero. Uno desconoce cómo funciona todo.

¿Cuál es tu mayor extravagancia?

Comer salmón… y que estoy asistiendo a clases de japonés.

Si pudieras tener un superpoder, ¿cuál sería?

Poder controlar el tiempo. A veces uno no tiene tiempo para poder ver cosas en la vida. Quisiera tener tiempo para parar y apreciar lo que me estoy perdiendo.

¿Cuál es tu color favorito?

El morado. Me gusta porque es entre frío y cálido; Y quizá porque yo nací en El Salvador, una región cálida, para mí, todo tiene que ser cálido.

¿Hay alguna imagen que nunca ilustrarías?

Sí, cosas que vayan en contra de la moral humana o algo que denigre a una persona.

¿Cómo imaginas tu vida dentro de 10 años?

Espero al menos haber publicado y escrito dos libros; uno de mitología náhuatl y otro sobre psicología infantil.

Buzón

Historias desafortunadas

Una avalancha de riesgos y peligros enfrentan los inmigrantes en el trayecto que enrumba la búsqueda de la ruta hacia el Norte. Tal hazaña lleva la vida de los osados en un hilo y lo peor que los acecha en el recorrido son la bandas criminales que los secuestran y obligan a transportar droga, quedando a merced de estos, quedando en un segundo plano la travesía de ríos y zonas desérticas. Una historia desafortunada como la de los esposos Linares que debe servir de reflexión a cualquiera antes de alzar los pocos trapos al hombro y que de antemano sabemos que ningún indocumentado tiene garantías de ser admitido por las autoridades de Inmigración de aquel país destino, tampoco las denuncias de los atropellos en las víctimas son tan habituales, vale destacar esa valentía al haberlo hecho esta vez, de acuerdo con el reportaje de Glenda Girón “Un percance rumbo al Norte”.
Lo más indignante es que a pesar de que el drama es crónico, no cambian en nada las relaciones entre los países “amigos” implicados en el asunto; mientras tanto, las oportunidades desactivadas forman un panorama desalentador. Al final, cualquier deportación puede terminar en tragedia.

Julio Roberto Magaña
jrobertomasa@hotmail.com


Felicitaciones

Quiero felicitarlos por estos casi 10 años de ardua labor periodística. No es fácil sobrellevar esta responsabilidad. Siempre leo toda la revista; en esta oportunidad me ha encantado la cátedra sobre la labor de escribir no solo poesía, sino los dotes que se requieren para escribir una novela. Excelente legado de Manlio Argueta.
No comparto el criterio periodístico de Héctor Silva sobre las actuaciones policiales. Considero que lo hace más por ganar notoriedad personal. He leído muchos de sus artículos y pienso que tiene doble moral. Me hace recordar mis clases de filosofía en las que se nos explicaba que el hilo que separa el bien y el mal es imperceptible.

Manny Nagula
mjlaguna59@hotmail.com

El tiempo detenido en un paisaje blanco y negro

Cenizas

La aldea de San Miguel Los Lotes perdió su color. Parece una fotografía en blanco y negro de lo que algún día fue un lugar habitable. Ahora es un desierto de ceniza, apagado, triste. Debajo, están todavía los cadáveres de decenas de personas.

La maquinaria fue abriendo paso estos días hasta hacer reaparecer la carretera principal, la Ruta Nacional 14, una calzada de asfalto que ahora simula un camino de terracería más. Unos metros antes, detrás de un cordón rojo, un bombero voluntario da instrucciones a periodistas. “Si quieren entrar, tenemos que ir juntos. No nos separemos por favor. Y no se salgan de los caminamientos”. Comienza el recorrido. Una excursión de 50 personas que pasean por una zona devastada.

Después de las primeras casas, las menos afectadas, permanece intacto un puente del que el día anterior los rescatistas sacaron un cadáver sin pies. Algunos de los que vieron la escena desde abajo, a una distancia prudencial, hoy caminan a pocos metros del guardarrail donde se encontraba el cadáver.

Dos rescatistas colocan trapos al suelo para aliviar el calor de un perro que sobrevivió a la erupción volcánica y que lleva dos días manteniéndose cerca de su casa.
Un poco más adelante, las casas más cercanas a la carretera aguantan de pie, aún no se sabe cómo. La primera imagen es la de dos vehículos. Ni siquiera se distingue su color. Están casi verticales, incrustados en un montículo de ceniza, cubiertos de polvo. Una grúa arrastra un picop marrón, no se sabe si por el óxido o por la costra de la tierra húmeda, mojada aún por la lluvia de la tarde anterior. Pareciera la escena de un desguace.

En la entrada de una vivienda algunos socorristas levantaron un improvisado puente por el que caminan bomberos, policías, miembros del Ejército, vecinos de la aldea… Es una casa especialmente sencilla. Contrasta con las de block de cemento a sus lados; piso de tierra, techo de lámina. Y a pesar de su sencillez, no se ve tan perjudicada por la avalancha de ceniza. Sobre la mesa de madera, una canasta con granos de maíz pareciera esperar por alguien que los cocine. En la cocina, tazas perfectamente colocadas, ollas, sartenes. Todo en su lugar.
Al fondo de la casa, la salida es un angosto espacio de un 1.50 metro de altura. Es la puerta al horror.

Del otro lado están las viviendas que quedaron soterradas por la ceniza; algunas completamente. Otras están cubiertas con una pequeña capa gris. El tiempo parece haberse detenido en ellas. Tres costales de naranjas ennegrecidas aguardan en una esquina a alguien que debió comenzar la venta el lunes, temprano. A unos metros, una hilera de palos de madera grisáceos están listos para calentar una estufa de leña ahora inservible.

Tres costales de naranjas ennegrecidas aguardan en una esquina a alguien que debió comenzar la venta el lunes, temprano. A unos metros, una hilera de palos de madera grisáceos están listos para calentar una estufa de leña ahora inservible. En una de las viviendas hay trastes que nadie lavó después del almuerzo. Hay ropa en el tendedero, seca, polvorienta, rígida. La fruta fresca preparada en un canasto para que los niños la comieran está hecha harina. Una bicicleta, completamente pintada

En una de las viviendas hay trastes que nadie lavó después del almuerzo. Hay ropa en el tendedero, seca, polvorienta, rígida. La fruta fresca preparada en un canasto para que los niños la comieran está hecha harina. Una bicicleta, completamente pintada de blanco. Un triciclo ahogado en ceniza.
Luego de un pequeño callejón, una casa de block de dos niveles ayuda a entender un poco la situación en la que se encuentran muchas viviendas. Estamos de pie, sobre lo que se supone que antes era una calle. Sin embargo, un letrero de cobre en el que se lee apartamento A, que debería estar encima de la puerta de entrada, se encuentra ahora a poco más de un palmo del suelo. A su lado, las esquinas superiores de la puerta y de una ventana asoman entre la tierra. Estamos en la calle, sí, pero a unos 2.5 metros de altura.

El callejón continúa, alejándose de la carretera principal. Al nivel del piso, un grupo de seis bomberos se turna para agujerear el tejado de una casa. Se mantienen con equilibrio sobre unos listones de madera. El ruido de palas, arados y grandes martillos se escucha con golpes secos sobre un techo de cemento y metal. “Cambio”, grita el superior. Los seis bomberos regresan y unos compañeros toman su lugar. Buscan cadáveres dentro de las casas. Por ahora no han logrado retirar ninguno. La cifra de 70 personas fallecidas lleva inmutable todo el día.
Los cadáveres enterrados
Hace calor. El suelo es ceniza, ceniza y más ceniza. Cada paso hacia arriba, hacia dentro de la aldea, se siente en la suela de los zapatos. Las calienta, las desprende de las botas hasta abrasar los pies de quien camina por la zona. Entender esta sensación de malestar, de inseguridad y de peligro es crucial para comprender por qué hoy no se ha rescatado ningún cadáver de San Miguel Los Lotes.
En la entrada de la aldea, los grupos de rescatistas esperan la orden. Algunos se recuestan en el pasto ceniciento. Comen, beben agua y suero, reponen fuerzas. Cada poco tiempo un grupo de 20 se forma frente al cordón rojo. Hacen un rápido recuento. “¡Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis!…”. El oficial a cargo pregunta quién necesita lentes, guantes y máscaras. “Con conciencia, que no hay para todos”. Algunos levantan la mano. Otros se quedan callados, con la vista en el suelo. No tienen lentes ni guantes. “Lo siento por los que no, muchá”, termina el oficial.

Al final de la fila está Víctor Álvarez. Lleva ocho años colaborando como bombero voluntario. Víctor trabaja vendiendo periódicos en las calles de Guatemala. Pidió un par de días libres para poder ayudar. Están a punto de salir hacia un área en la que creen que hay al menos 10 cadáveres. “Está difícil”, resume Víctor. Hace tres años estuvo en la tragedia del Cambray, el deslizamiento de tierra en Santa Catarina Pinula el que fallecieron más de 260 víctimas. Él sacó ocho fallecidos con sus manos. Cuando cierra los ojos todavía recuerda sus rostros. “Aquí es más difícil”, repite. La tierra no está húmeda como en el Cambray. Aquí está seca y arde. Bajo la capa superficial llega a los 300 grados centígrados.
Cuando consiguen abrirse paso y entrar en una casa, la situación es peor. En las viviendas, cerradas, herméticas, la temperatura del ambiente puede llegar a los 100 grados centígrados. El día anterior alcanzaban los 120.
Los 20 bomberos aguardan a que baje el grupo anterior. Toman el relevo y avanzan a paso ligero. Los que llegan están destrozados. Sus trajes están teñidos de gris, los rostros desencajados, desesperanzados. Desesperanza. Es la palabra que utiliza Héctor Chacón Cuellas, mayor de los Bomberos Municipales. Chacón lleva 50 de sus 72 años trabajando como bombero. Lleva la delantera de su grupo, y al bajar de la aldea continúa su camino, casi por inercia, hacia el inicio de la Ruta Nacional 14. Una de las personas a su cargo le detiene. “Mayor, por aquí”, le guía a tomar un poco de agua.

Fieles. Dos rescatistas colocan trapos al suelo para aliviar el calor de un perro que sobrevivió a la erupción volcánica y que lleva dos días manteniéndose cerca de su casa.

“Cada vez hay más desesperanza. Hay mucha tierra. Hay mucha tierra”, dice Chacón, con la mirada perdida. “Cada vez se vuelve más difícil”.
Mynor Ruano, oficial de Información de los Bomberos Municipales, ofrece algunas luces acerca de las labores de rescate. Mientras da la información es interrumpido por llamadas, consultas de los demás bomberos y avisos. “El avance está siendo más lento. Ahora se está haciendo un rastreo paralelo para acercarnos a partes más lejanas”, explica.
Ruano completa lo que ya adelantaron los otros bomberos. Que cada vez se vuelve más complicado encontrar cadáveres enteros, como fueron apareciendo a lo largo del domingo y del lunes.

Están calcinados, y el calor y la aridez del ambiente solo complican más los trabajos de búsqueda. “Es probable que ahora salgan mutilados”, concluye.
Cerca del listón rojo hay varios hombres que se acercaron con palas, cubiertos únicamente por mascarillas de papel. Esperan pacientemente a que les den permiso para entrar en el terreno. Quieren ayudar. Señalar los lugares en los que estaban sus casas o las casas de sus familiares. Ver si todavía se pueden rescatar los cadáveres.

Un hombre aguarda de pie, acompañado de un amigo que explica su situación. “Buscamos a una cuñada y a una sobrina de él. Solo sabe Dios si siguen ahí”. Una hora más tarde, los bomberos se acercan a los dos jóvenes. Comparten unas palabras, asienten, y los muchachos les acompañan al interior de la aldea.
Las esperanzas de encontrar personas con vida van menguando a cada hora que pasa. De vez en cuando aparecen perros cojeando, gallinas picoteando el suelo, o patos desorientados. Los rescatadores no se explican cómo pueden seguir con vida.

Carretera abajo, en el primer retén, Melisa Mar Charro, brigadier de la Dirección General de Protección y Seguridad Vial (PROVIAL) lleva todo el día dando indicaciones a las personas que se acercan al lugar. “Si quieren entrar pueden hacerlo, pero de una manera ordenada. Tienen que ir al centro de comando”, les explica pacientemente a cada grupo que se presenta con ansias de subir caminando hacia la aldea.

La mayoría solo quiere volver a sus casas, al inicio de San Miguel, para recoger algunos objetos personales. Así lo explican Melvin Montes de Oca, de 24 años, y Paola Hernández, de 20, una pareja que vivía con su hija en una casa rentada. “La idea es entrar a sacar algo, por lo menos, para no empezar otra vez de cero. Aquí no podemos seguir viviendo. Es imposible”, dice Melvin.
Charro explica que este control de las personas que suben y bajan se hace como medida de precaución. Para saber quién entra, a dónde va y cuándo regresa. Sin embargo, a lo largo del día el caos, la tensión y el hastío hacen que hombres y mujeres se internen en el área sin dar sus nombres.

de blanco. Un triciclo ahogado en ceniza.

Las esperanzas de encontrar personas con vida van menguando a cada hora que pasa. De vez en cuando aparecen perros cojeando, gallinas picoteando el suelo o patos desorientados. Los rescatadores no se explican cómo pueden seguir con vida.

Este descontrol es muestra de los problemas de información. Sergio Cabañas, secretario ejecutivo de la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (CONRED) decía ayer en conferencia de prensa que hay 192 personas desaparecidas. “Ya tenemos los nombres y de qué comunidad eran; con los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) y una foto aérea estamos haciendo una comparación”, explicó.

Pero hay dos vacíos. Primero, las personas fallecidas que no han sido identificadas. El segundo, las que no han sido reportadas.
La jornada de trabajo cerraba ese día abruptamente con una explosión que suspendió las labores de rescate y obligaba al cierre de la autopista desde Ciudad de Guatemala en dirección a Escuintla.

A las 8 de la tarde, el Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (INSIVUMEH) emitía un boletín en el que indicaba que el volcán de Fuego había aumentado su actividad y como consecuencia de esto, a las 7:30 se había generado un nuevo flujo piroclástico. Por el clima, nublado, no se podía observar bien su desplazamiento, alertaba.
Por ahora tocará esperar a ver si el miércoles se retoman los trabajos. Se cumplirán entonces 72 horas de la tragedia, tiempo límite para tomar una decisión clave: la revisión minuciosa que se ha hecho hasta ahora podría detenerse. La maquinaria pesada entraría entonces para desescombrar la aldea.


*Este artículo es una colaboración periodística de Plaza Pública. Puede ver la publicación original en: https://www.plazapublica.com.gt/content/el-tiempo-detenido-en-un-paisaje-en-blanco-y-negro.

Sin explicación. Una gallina cruza el patio de la casa. Sorprendentemente, varios pollos, unos perros y unos gatos lograron sobrevivir a la erupción volcánica.

“La mentira es mi miedo más grande”

¿Cuál es su miedo más grande?

La mentira.

¿Cómo lo describiría un amigo suyo?

Complicado, locuaz, cercano.

Para usted, ¿qué es un buen insulto?

Decir lo que queremos con sutileza y con un buen juego de palabras. El adversario identificará que su contrincante es superior a él.

¿Cree en la inmortalidad del alma?

Claro, esto nos da la idea de nuestra constante trasformación.

¿Cuáles son los personajes de ficción que más lo han marcado?

Hercule Poirot, Meursault y Peter Proud.

¿Qué le gustaría que dijera su epitafio?

Aquí yace un narrador de historias.

¿Dónde y cuándo es feliz?

Soy feliz en cualquier lugar… solo debo enfocar mis prioridades.

Buzón

Ópera de El Salvador

Son un orgullo, pioneros de la ópera

Confieso que no tenía ni idea del trabajo que realiza la Ópera de El Salvador. Y creo que no solo es trabajo, es un gran trabajo, porque se han quedado a hacerlo en un país que nunca les va a agradecer como es debido.
La música es uno de esos elementos de la humanidad que puede atravesar cualquier barrera. Y eso me queda demostrado en este artículo, en el que Valeria Guzmán va contando cómo es que funciona este raro club de gente con ganas de enseñar. En este club sé que no es un club pero le llamo así porque me parece que entre los miembros hay una sinergia que los une más allá de cualquier cosa. Decía que en este club hay de todo.

No solo hay diferencias económicas, creo yo, sino que hay diferencias de visiones de mundo. Y eso debe hacer muy rico el aprendizaje, porque las lecciones no son solo lo que dice el profesor, son también las relaciones de tú a tú que se establecen entre los estudiantes. Y esto, me imagino, debe ser lo más importante. Abrir el mundo a un niño de una colonia marginal es tan necesario como abrirlo a un niño de una colonia con portón y vigilantes privados. Ambos aprenden que no están solos y que necesitan uno del otros para generar los cambios que nos urgen para convertir a El Salvador en un país más igualitario, con acceso a oportunidades.

Ojalá a los políticos también les dieran este tipo de lecciones, que con la música les amansen sus intolerancias y sus propias limitaciones intelectuales, las mismas que tanto daño han hecho ya a la ciudadanía.

Con artículos como estos, yo declaro restaurada mi fe en la humanidad. Sigan adelante, estudiantes; sigan adelante, profesores. Muchos nos sentimos orgullosos de lo que hacen.

Cristian Salazar
cristiansala7812@gmail.com

Una década de compromiso

10º Aniversario de Séptimo Sentido

En junio de 2008 se hizo desde estas páginas una apuesta por los textos largos y las fotografías más reposadas. Era tomar distancia de la inmediatez con la que lo digital iba arrastrando al periodismo.

Una década más tarde, podemos decir que han pasado por estas páginas las grandes firmas de la crónica y que, aunque no nació encaminada hacia ese objetivo, se han publicado investigaciones nacionales e internacionales que han tenido incidencia. Séptimo Sentido es aún difícil de definir en una sola palabra o desde un solo punto de vista. Este mes de aniversario vamos a confirmarnos en ese carácter diverso que ha venido a enriquecer la discusión sobre esta profesión. Los dejamos con uno de los reportajes que formaron parte de la primera edición.

El compromiso de visibilizar lo importante y no solo lo urgente se mantiene.

Primer editorial de Séptimo Sentido

Primer Editorial

Lea nuestro primer reportaje:

Un percance rumbo al Norte

 

“El circo puede transformar el mundo”

¿Cuál ha sido tu mayor atrevimiento en la vida?

Dedicarme al arte desde que salí de bachillerato. En este país y en el mundo no es fácil ser artista, pero es lo más hermoso del mundo.

¿Cuál ha sido el momento en el que has sentido más miedo?

Cuando mi papá se fue de la casa de donde vivíamos con mi abuela. En ese momento yo no entendía que él tenía derecho a rehacer su vida amorosa. Pero eso no quiere decir que lo dejé de ver. Le agradezco porque, hasta la fecha, siempre me ha apoyado.

¿Qué te hace falta?

Que hayan más espacios para niñas, niños, jóvenes. Lugares lúdicos y seguros que les apoyen y den otra opción de vida, no solamente la violencia que se vive día a día.

¿Cuál es tu mayor extravagancia?

La creación. Soy feliz creando a partir de un movimiento. Me gusta mezclar la danza, acrobacia, teatro, “clown”. No reproducir, sino crear.

Si pudieras volver en el tiempo, ¿elegirías otro trabajo?

Si tuviera siete vidas, como los gatos, en cada una volvería a elegir el arte escénico en general.

¿Dónde te imaginas dentro de 10 años?

Apliqué para la Licenciatura en Circo Contemporáneo en México, pasé las pruebas y me dieron la excelente noticia. Llevo un gran compromiso y un sueño por cumplir. No será fácil porque yo me voy por mis propios medios.

¿El circo puede transformar sociedades?

Puede transformar el mundo.

Buzón

Buzón

¿Qué pasa en Nicaragua?

Da tristeza lo que sucede en Nicaragua, acontecimientos de los cuales se ocupa la pasada edición de Séptimo Sentido. Pero no puedo evitar hacer algunas reflexiones en cuanto a lo que está sucediendo en Nicaragua. Es probable que haya descontento por estas reformas, sobre todo por lo que se refiere al aporte del 5 % que se ha impuesto a los jubilados, y que imagino que por ello fue que el Gobierno se echó atrás; pero no le veo sentido a lo que dice la señorita Diana Domínguez. Eso de que “el Gobierno dio la orden de tirar a matar, no a herir”… me cuesta creerlo, los muertos no serían solamente 63. Tengo entendido que el gobierno de Ortega ha pedido la lista de los fallecidos y hasta hoy no se la han dado. Por otro lado, la señorita Domínguez afirma que el gobierno Sandinista ha mandado a quemar 4,500 hectáreas de sus mejores bosques; ¡cómo le vamos a creer esto!, ¿con qué objetivo, señorita Domínguez? Que no nos vean la cara. Lo que está pasando en Nicaragua me suena igual a lo de Brasil (contra Lula), Venezuela (contra Maduro), Argentina (contra Cristina Kirchner) y todo lo que pasó en los años sesenta, setenta, ochenta contra Cuba; sin mencionar a los países del Medio Oriente. Todos sabemos quiénes son los campeones en desestabilizar países.

Demar Ruiz
informapax@yahoo.com


Una muerte digna

Leí el domingo pasado un artículo de la escritora Jacinta Escudos en el que se refiere a un tema del que poco hablamos; tal como lo escribe que “la muerte es un tema tabú al que preferimos no acercarnos, lo que hace que como sociedad asumamos conductas defensivas ante ella”. Sin embargo, lo que más me llamó la atención fue el tema de la muerte con dignidad. Se entiende por “derecho a una muerte digna” el derecho a vivir (humanamente) la propia muerte. Esta afirmación lleva implícita la idea de que ante la inevitabilidad de la muerte cabría un cierto ejercicio de nuestra libertad. La medicina se ha concebido tradicionalmente como una “relación de ayuda” al que sufre.

René Alberto Calles
reneca4020@gmail.com