“Hemos tenido grandes aprendizajes en todas las áreas del desarrollo de videojuegos”

¿Por qué crear videojuegos en El Salvador?

Existen ya estudios establecidos que cuentan con experiencia de al menos cinco años desarrollando y comercializando videojuegos internacionalmente, lo cual, ha tenido un importante impacto a escala local, generando un verdadero capital humano.

¿Qué destrezas le han generado las dificultades de hacer videojuegos?

Hemos tenido grandes aprendizajes en todas y cada una de las áreas del desarrollo de videojuegos; esto va desde el diseño, producción y comercialización del mismo en el mercado internacional.

¿Qué es lo que tiene más valor de su situación actual?

El aprendizaje que hemos tenido gracias a todos los errores que cometimos en el pasado.

¿Qué resultado espera obtener con lo que está haciendo?

Que nuestro nuevo videojuego en desarrollo, The Last Friend, se convierta en nuestro producto insignia, que logre generar suficientes ganancias para que nuestra compañía crezca y sea 100 % sostenible.

¿Qué consejo se daría?

No olvidar seguir aprendiendo de nuestros errores y siempre estar atentos al mercado internacional.

¿Cuál ha sido su mayor atrevimiento en la vida?

Tomar la decisión de formar una empresa dedicada completamente al desarrollo de videojuegos.

¿Qué carrera o negocio consideraría si tuviera que comenzar otra vez?

Gestión de proyectos relacionada con las industrias creativas.

“Los ambientes pesimistas son contagiosos”

¿Cuál ha sido su mayor riesgo?

Cofundar SPOT, una “startup” de desarrollo de tecnología enfocada a la inteligencia artificial. Supuso un riesgo en un momento porque al iniciar había una gran posibilidad de no consolidarnos como empresa.

¿Qué le emociona más de su profesión?

El impacto positivo que puedo generar en las personas e industrias con las que trabajo, gracias a la inteligencia artificial.

¿A qué personas admira?

Mi madre y mi hermana son las mujeres a las que más admiro. Ellas me han enseñado con su ejemplo a superarme y perseguir mis metas.

¿Qué es lo que más le disgusta?

Los ambientes negativos y/o pesimistas porque son contagiosos… y los insectos.

Una canción que le alegra el día…

“Be Alright“, de Ariana Grande, porque está llena de optimismo.

¿Cuál es su trabajo soñado?

Disfruto mucho cantar en privado y reuniones familiares. Si fuera cantante interpretaría música soul o R&B.

Si pudiera cambiar un problema en el mundo, ¿cuál sería?

Mejorar la accesibilidad de las personas para solventar las necesidades vitales. Lograr que puedan tener un verdadero desarrollo humano con agua potable, energía eléctrica, comida saludable y educación integral de calidad, etcétera.

Formar a docentes desde la escasez

Fotografías de Érika Chávez

Jeannette es una maestra universitaria desde hace 21 años. Está en su cubículo en la institución de estudios superiores y califica los exámenes que horas antes le pasó a uno de los dos grupos que atiende las tardes en los días de semana. Cuenta que le gusta poner música cuando califica. Esta tarde, por ejemplo, Mozart suena desde su computadora.

El sonido del piano se confunde con las hélices de un ventilador, y una de sus alumnas llega a entregarle una tarea. Ella la ordena meticulosamente sobre una de las cuatro filas de fólderes que tiene clasificadas en su escritorio.

Jeannette no se llama Jeannette, pero prefiere que su nombre no se publique. Nunca deja de sonreír, y cuando habla lo hace como si diera una clase: le gusta explicar, hace ademanes y no descuida la expresividad de los ojos. Los tiene fijos en los ojos de su interlocutor.

Jeannette no solo se encarga de formar a futuros docentes. Por la mañana trabaja como maestra de parvularia. Atiende a niños entre tres y siete años, y para llegar todos los días a dar esas clases se levanta a las 4:45 de la mañana, de lunes a viernes. Sale de San Salvador a las 6 y regresa después del mediodía para incorporarse al turno de la tarde en una universidad de la capital en la que trabaja. Su horario en esta universidad es de 1 a 6 de la tarde.

Con dos trabajos, uno seguido del otro, dice que prefiere almorzar algo que no sea pesado, porque de lo contrario, le da sueño y no puede permitirse eso. Así que acostumbra a compensar lo que come al mediodía con otro refrigerio por las tardes.

“Yo no creo que haya alguien que ejercite la docencia sin amarla, porque no aguantaría. Y sabedores que la docencia no es una profesión que nos va a llevar a adquirir cosas materiales de primer nivel, que los carros del año, las grandes viviendas”, dice convencida desde atrás del escritorio.

Antes de ser docente universitaria, Jeannette estudió en uno de los bachilleratos diversificados que El Salvador creó a finales década de 1960. Luego estudió la Licenciatura en Ciencias de la Educación y una maestría de Didáctica para la Formación de Docentes. La docencia la ha ejercido en varios colegios de la capital, desde parvularia hasta bachillerato. Y desde hace 10 años lo hace en parvularia, pero en instituciones públicas.

Ella, como toda maestra, sabe que cada grupo de alumnos que atiende es diferente y que eso la obliga a preparar siempre sus clases. Cuando es necesario, lee y lee, hasta encontrar la metodología adecuada, sin importar que ya haya planificado todo un semestre.

Jeannette es una de los 44 docentes de medio tiempo que trabajan en las 17 instituciones de Educación Superior (IES) que cuentan con carreras formadoras de docentes en El Salvador, según un registro de la Dirección de Educación Superior del Ministerio de Educación (Mined) que data de 2016. Hasta ese año, la dirección registró un total 514 docentes de futuros docentes en el país. De ellos 237 trabajan a tiempo completo y otros 233 lo hacen bajo la modalidad de hora clase.

A partir de estos datos, que no estaban actualizados para entonces, el año pasado el Instituto Nacional de Formación Docente (INFOD), adscrito al Mined, seleccionó aleatoriamente a un grupo de formadores de docentes de tiempo completo y hora clase para que contestaran una encuesta. Esta la respondieron 180, ya que la participación era voluntaria. También pasó una encuesta a las 17 IES, pero de estas solo 13 la respondieron.

Así surgió la investigación “Perfil de los formadores docentes en las Instituciones de Educación Superior en El Salvador: condiciones sociales y educativas”, que muestra que, lejos de gozar de un ambiente establece, los formadores de docentes sufren de carencias que no les permiten desempeñar plenamente su trabajo.

De todos los encuestados, 30 respondieron que recibían ingresos mensuales menores o iguales a $500. Con ese dinero dos docentes señalaron que tenían que mantener a una familia de siete miembros o más. A esto se suma la carga de trabajo, porque al no poder sobrevivir con ingresos de ese tipo, un 41.7 % de docentes opta por realizar labores extra.

La investigación también revela que con esos bajos ingresos, el 16 % de los docentes no tiene las condiciones económicas para convertirse en dueño de una vivienda digna, como sí pueden hacerlo otros profesionales.

“El formador de docentes está prácticamente en las mismas condiciones que el docente que está en los centros escolares. ¿Por qué? Porque el formador de docentes es un docente de centros escolares, no tuvo preparación para ser formador de docentes”, señala Carlos Rodríguez, el coordinador general del INFOD.

Uno de los principales problemas de los formadores de docentes, dice Rodríguez, es que a diferencia de las Escuelas Normales, que funcionaron hasta la década de 1980 en El Salvador, el país no ha tenido una política educativa que los atienda, y la legislación educativa actual tiene vacíos que los deja desprotegidos.

Por esa razón, advierte, es que una de las consecuencias es que existe un sistema universitario para formar al magisterio nacional que está montado sobre los catedráticos hora clase, ya que hay universidades que solo cuentan con un docente de planta, que por lo general es el coordinador del área que forma a maestros.

Rodríguez tiene una explicación para esto: hay una tendencia que el graduado para dar clases en colegios o escuelas regresa como catedrático a las universidades a formar a otros formadores docentes, porque no encontró trabajo, y en algunos casos hasta se vuelve asesor de tesis.

Resalta que en la investigación detectaron que tampoco desde las universidades privadas y la Universidad de El Salvador (UES) existe claridad en su reglamento de qué es un catedrático hora clase.

“Yo no creo que haya alguien que ejercite la docencia sin amarla, porque no aguantaría. Y sabedores que la docencia no es una profesión que nos va a llevar a adquirir cosas materiales de primer nivel, que los carros del año, las grandes viviendas”, dice Jeannette convencida desde atrás del escritorio.

***

EL PAGO QUE LLEGA DESPUÉS DE UN AÑO

Gustavo tenía 17 años cuando una maestra le ofreció que supliera como interino a una docente que cumplía su tiempo de maternidad. Trabajaba en un establecimiento de comida y no lo pensó dos veces. Su vocación era la docencia y para entonces ya había comenzado a estudiar la Licenciatura en Ciencias de la Educación, con especialidad en Ciencias Naturales.

Mientras hizo el interinato, la maestra que lo llevó a la escuela le pagó la universidad y también le dio viáticos. Esa fue su primera experiencia frente a alumnos.

Gustavo es catedrático universitario desde hace cinco años, pero pidió que no se mencione su nombre en este reportaje. Catorce años después de su primera clase, hoy está sentado en una cafetería del occidente del país, tiene a su lado derecho una mochila con el logo desgastado del Ministerio de Educación, donde carga su computadora, ya que dice que en la universidad privada donde trabaja como hora clase no tiene acceso a ese recurso. Ese solo es un privilegio de los docentes a tiempo completo.

Por eso aprendió a cargar su equipo, así, si su trabajo a tiempo completo no le permite llegar a su casa, sale de una vez para la universidad.

Es consultor en un proyecto educativo en el que trabaja de 7:30 de la mañana hasta las 3:30 de la tarde. Dos días a la semana, entre la tarde y la noche, da dos cátedras en una universidad privada de occidente. Los sábados le da clases a otros tres grupos, porque también trabaja en Ahuachapán, en la modalidad en línea de la UES.

Recibe $160 mensuales por las clases en la universidad privada. La UES le paga $225 al mes, y aunque en su contrato dice que el pago debe ser mensual, lo recibe acumulado hasta un año después. Hubo una ocasión en que lo recibió un año y medio después de terminado el ciclo. Entre su círculo de colegas bromean por la tardanza del pago y lo han bautizado como “el ahorro programado”.

Una vez se graduó de la universidad, Gustavo comenzó a dar clases de Ciencias Naturales y Educación Física a estudiantes de primero a noveno grado de una escuela pública. No había docente de Educación Física y aceptó el cargo. Eso implicó q ue estudiara un curso de alto rendimiento, de atletismo recreativo y fútbol, y vio muchos documentales.

Dio esas dos clases por cinco años a cambio de $400 al mes. Luego trabajó como interino en otras dos escuelas públicas, hasta que entró a un proyecto para formar docentes, que le permitió estudiar tecnología educativa y mejorar sus ingresos. Durante 10 años coordinó un programa de educación, por hoy se dedica a ser consultor y a la docencia universitaria.

La universidad privada donde trabaja cuenta con laboratorios para prácticas, dice, pero no siempre hay recursos para hacer experimentos, así que ha optado por trabajar con sus alumnos con aplicaciones que descargan gratis en sus celulares.

Desde este café cuenta que para dar sus clases paga $55 al mes por un servicio de plan de datos móviles para usar las aplicaciones. Lo hace porque en su universidad internet no es bueno y porque a veces también comparte datos con aquellos estudiantes que no tienen dinero para recargar saldo.

Gustavo hace otros malabares en la docencia. Si planifica salidas con los alumnos con fines didácticos, su universidad le da permiso para que las haga, pero no le da transporte. Son los alumnos quienes tienen que buscar cómo desplazarse a las actividades, algunos de ellos viven en las afueras de la ciudad donde está ubicada la universidad y tienen que pedirles posada a sus amigos o a algún familiar.

“A esas condiciones yo les llamo condiciones mínimas, porque uno está formando a alguien que va a formar a otra persona. A uno, aparte de ser formador, le toca ser psicólogo, amigo, administrador, gestor, consejero, de todo”, dice Gustavo después de terminar de desayunar. Habla con paciencia y no puede esconder las ojeras que le ha dejado la semana anterior. Es lunes, y por todos sus compromisos, apenas el día anterior ha podido descansar. Los domingos hace eso, descansa y pasa con su familia.

Trabajo no dignificado. Los formadores de docentes viven en condiciones sociales que no les permiten mayor desarrollo en su profesión. En el siglo pasado la función del docente tuvo peso social, era valorada y él también recibía ingresos acorde a su trabajo. Esto ya no es así.

Las condiciones para dar las clases en la UES tampoco varían. Aunque el Ministerio de Educación ha montado laboratorios para prácticas, Gustavo dice que a veces tiene que desplazarse con sus alumnos a Santa Ana, porque el equipo no funciona. Por esos viajes no recibe ninguna compensación.

Hasta el año pasado, las IES en El Salvador contaban con las especialidades de Matemáticas, Ciencias Naturales, Lenguaje y Literatura, Ciencias Sociales, Inglés, Teología, Educación Física y Deportes, Educación Básica, Educación Inicial y Parvularia, Educación Especial, Educación Artística y Administración Escolar.

En 2016 había 2,795 formándose como docentes en todas las áreas, pero la investigación del INFOD arrojó que Ciencias Naturales, el área en la que Gustavo se especializó, tuvo 1.16 docentes por alumno. A diferencia de especialidades como Matemática e Inglés, donde hubo 0.13 docentes para atender a alumnos.

Luis González es el coordinador de Investigaciones del INFOD, también es uno de los autores de la investigación sobre los formadores docentes, que será presentada a finales de este mes. Él dice que desde esa instancia también se investiga la oferta y la demanda por especialidades que hay en las universidades, porque hay exceso de docentes en unas áreas y en otras hay un déficit.

“Los resultados preocupantes que dio el ‘Perfil de formadores docentes’ nos han llevado plantearnos el proyecto de hacer un observatorio permanente de la formación docente para poder medir en el tiempo cómo van modificándose estas dinámicas”, sostiene.

El INFOD fue creado por ley en marzo del año pasado, pero fue hasta abril cuando se formó al equipo de trabajo de 30 personas. Carlos Rodríguez dice que una de las tareas de ese instituto es realizar más investigaciones que sirvan de base para formular políticas públicas sustentadas en el conocimiento del escenario de la formación inicial de los docentes en El Salvador. Este año pretenden estudiar por qué las personas quieren seguir estudiando docencia y cuáles son las condiciones de los egresados de esta carrera.

“A esas condiciones yo les llamo condiciones mínimas, porque uno está formando a alguien que va a formar a otra persona. A uno, aparte de ser formador, le toca ser psicólogo, amigo, administrador, gestor, consejero, de todo”, dice Gustavo después de terminar de desayunar. Habla con paciencia y no puede esconder las ojeras que le ha dejado la semana anterior. Es lunes, y por todos sus compromisos, apenas el día anterior ha podido descansar.

***

LA BRECHA DE GÉNERO EN LA FORMACIÓN DOCENTE

Según el INFOD, la UES es la IES que cuenta con la mayor planta de formadores de docentes en el país y es la que mejor paga el tiempo completo de trabajo. Son 20 docentes a tiempo completo, 3 de medio tiempo y entre 30 y 40 docentes hora clase, asegura el jefe del Departamento de Ciencias de la Educación de la UES, Wilman Herrera.

De todos los docentes de la Licenciatura en Ciencias de la Educación, Herrera dice que hay paridad de hombres y mujeres. No sucede lo mismo en la Licenciatura en Educación Física, donde el 70 % son hombres y el 30 % mujeres. Esto indica que existe estereotipo de género, de asumir que algunas áreas son propias de los hombres y otras propias de las mujeres, como también lo refleja la investigación.

Según el INFOD, a nivel nacional el 53 % de los formadores docentes son mujeres y el 45.6 % hombres. Aunque hay poca variación entre ambos géneros, no deja de significar una brecha. Jeannette explica que por ese mismo estereotipo es que en los grados de educación como parvularia se ven a más mujeres, y en grados superiores de educación básica, sucede lo contrario, hay más hombres.

También señala que al vivir en una sociedad machista, los mismos docentes están inmersos en una familia tradicional, por eso es que cuando los sábados hay capacitaciones, algunas docentes no pueden asistir, porque tienen que lavar, planchar o atender a su familia.

Esa brecha también se refleja, de acuerdo con el estudio, cuando el 40 % de los hombres que forman a maestros es propietario de su vivienda y esta facultad la tienen las mujeres en un 35.6 %.

Con el fin de las Escuelas Normales, la docencia en El Salvador estuvo regulada por la Ley del Magisterio, pero en 1996 se aprobó La Ley de la Carrera Docente, que entró en vigor en 1998. Dos décadas después, esta ley sigue dando el mismo trato a todos los docentes, sin hacer especificaciones de acuerdo con los niveles educativos en los que imparten clases. Es decir, regula de la misma manera el trabajo de un docente de parvularia que el trabajo de un docente universitario.

Brecha de género. Dentro del gremio que forma a maestros hay relaciones desiguales de género. Los hombres son los que más pueden pagarse una vivienda que las mujeres.

La Ley Orgánica de la UES le permite que cuente con un reglamento interno para regular los niveles de escalafón de los docentes de planta, que están relacionados con sus años de ejercer la docencia y su preparación académica. Este clasifica a los docentes como Profesor Universitario 1, 2 y 3. El 1 es el docente de planta que recién ingresa a trabajar, y que pasados al menos tres años, puede ascender a otro nivel, aunque esto también lo determina si ha cursado estudios de posgrado.

Mientras que la Ley de la Carrera Docente establece dos niveles de escalafón para los docentes: el escalafón nivel 1 y el escalafón nivel 2. Los que se gradúan del profesorado, que dura tres años, obtienen el escalafón 2, y los que cuentan con licenciatura, maestrías y posgrados el escalafón 1.

“La ley como tal fue una proyección que no se acompañó de una política pública de cómo iba a ser pensado el desarrollo de la educación superior, y prácticamente las demás universidades continuaron bajo ciertas regulaciones de ley, pero sin pensar cuál podría ser el papel de estas universidades ante el desarrollo”, sostiene Wilman Herrera.

El currículum universitario, según Herrera, también debe ser pensado de forma diferente, a través de una política pública que involucre la participación del Estado, el Ministerio de Educación y las universidades, y así estas puedan acompañar a la solución de problemas sociales, porque de momento, aún no hay un análisis de cómo puede haber una contribución desde la academia al desarrollo del país.

Herrera recuerda que en 2007 la comisión de cultura y educación de la Asamblea Legislativa recibió una propuesta de reforma de la Ley de la Carrera Docente que contemplaba muchos más niveles de escalafón. Sin embargo, planteaba que fuera el gobierno, por medio de una institución especializada, el que se encargara del proceso formativo de los docentes. También presentaba la necesidad de contar con centros de prácticas para su formación.

De haberse implementado, dice, ya se podría ver resultados en temas como la calidad y la cobertura educativa a nivel nacional, y la formación del magisterio, pero el mayor problema para hacerlo fue que esto equivalía al 6 % del presupuesto nacional.

“La Ley de la Carrera Docente expresa que no hay carrera de formador de docente. Ese es el punto. Entonces hemos improvisado todo el tiempo. Claro que hay gente buena, preparada, pero no hemos formado especialmente para eso”, señala Carlos Rodríguez.

Rodríguez dice que el año pasado el Consejo Nacional de Educación discutió reformar la legislación educativa del país, pero esta discusión no prosperó. Por ello desde el INFOD este tema ha comenzado a discutirse, para que exista una coordinación de las leyes y los reglamentos.

“Cualquier persona que conozca la educación superior te ha de decir lo siguiente: ‘Los estudiantes que ingresan a nuestras aulas, año con año, cada vez llegan más deficientes. Eso significa que la base está también recibiendo una formación de muy baja calidad’”, dice Fidel Nieto, el presidente de la Asociación Consejo Nacional de Rectores de El Salvador (CONARES) y rector de la Universidad Luterana Salvadoreña.

***

“EL DOCENTE NO ES UN DIOS”

Jeannette está en su escritorio. Han pasado unos minutos desde que otra alumna llegó a buscarla para entregarle una tarea, y que al igual que la vez anterior, ella ubicará sobre una de las filas de fólderes que tiene ordenadas en el escritorio. Al fondo sigue sonando música clásica y ella explica, como si diera una clase, sobre la relevancia social que el docente tuvo el siglo pasado.

Por hoy, lo que dice es que es necesario dignificar esta profesión, no solo a través del salario, que sí ayudaría a que sus condiciones de vida sean diferentes y que tenga mejores oportunidades, pero también desde el ámbito social, como un día lo fue.

“Quieren que nosotros transformemos, pero muchos maestros después de que han salido no han tenido las condiciones sociales y económicas para poder desarrollar el proceso de fortalecimiento”, señala.

La investigación del INFOD determinó que algunos docentes no cuentan ni con una vivienda digna ni segura. De los encuestados, hay un 1.1 % de docentes que vive en situaciones deplorables, ya que no tiene un colector de aguas residuales en las casas, y las tira al aire libre, en ríos o quebradas.

Aunque Gustavo es docente hora clase y tiene que pagar $55 mensuales por un plan de teléfono que utiliza con sus alumnos, hay un 2.2 % de docentes de medio tiempo o tiempo completo que no cuenta con teléfono.

Ante este contexto es difícil que un docente formador de docentes también realice actividades complementarias a su trabajo, como las investigaciones académicas. Gustavo, en los años que tiene de ser docente, ha realizado tres investigaciones, una es pedagógica y dos sobre química. Sin embargo, no es el caso del 52 % de los docentes que respondió al INFOD que nunca había realizado una investigación.

A esto se le suma que, según la investigación, los docentes trabajan en jornadas extenuantes. El 42.8 % dedica entre ocho a 10 horas diarias a sus labores; el 26.1 %, de cuatro a siete horas; y un 16.7 %, 11 horas o más horas.

“El docente no es un dios”, apunta Jeannette cuando dice que el docente es evaluado de forma individual, pero no se evalúan sus condiciones ni las condiciones en las que se desenvuelve un estudiante que intenta formar, como la importancia de la familia en este proceso, el contexto social, político, económico y jurídico de la educación. Y luego al docente se le responsabiliza, incluso, de la construcción del pensamiento del alumno.

Política educativa. Desde las universidades lo que se propone es que exista una política educativa que dé cobertura a las necesidades del gremio que forma a los docentes.

“Cualquier persona que conozca la educación superior te ha de decir lo siguiente: ‘Los estudiantes que ingresan a nuestras aulas, año con año, cada vez llegan más deficientes. Eso significa que la base está también recibiendo una formación de muy baja calidad’”, dice Fidel Nieto, presidente del Consejo Nacional de Rectores de El Salvador (CONARES) y rector de la Universidad Luterana Salvadoreña.

Nieto se remite a que puede formarse a miles de docentes, pero si no se reorienta el rumbo de la educación superior, no hay una política pública y no hay una reforma universitaria, tampoco se puede hacer mucho, porque eso conlleva a que el docente tenga bajos salarios y vuelve socialmente no atractiva la profesión para las personas. A diferencia de países como Alemania o Estados Unidos, donde los niveles de vida de los docentes son muy buenos y ellos también son valorados.

Esto también lo relaciona con que El Salvador es el país centroamericano donde es más barato obtener un grado académico de licenciatura o ingeniería. El presidente de CONARES dice que debe generarse una discusión sobre el papel de las universidades privadas, en cuanto a la relación de cuotas y el salario de los docentes. Pero para resolverlo se necesita la participación del Estado.

Mario Antonio Ruiz, el presidente de la Asociación de Universidades Privadas de El Salvador (AUPRIDES) y rector de la Universidad Francisco Gavidia, sostiene que la calidad educativa en la formación de docentes debe ser compensada con las cuotas universitarias, porque insiste en que la educación universitaria es cara.

“Debería de ser equivalente a lo que el alumno recibe, debe tener un precio. El problema es que las cuotas que cobran las universidades privadas son bien bajas y ese es un problema que debemos de tratar de resolver las universidades”, señala Ruiz.

Para él, el sistema educativo debería tener inversión, y así contar con mejores maestros y que estos estén formados para aplicar las nuevas tecnologías, con métodos alternativos de enseñanza.

Mientras todo esto pasa, habrá muchos, que como Jeannette y Gustavo, se aferren, aunque sea desde la desesperanza, a seguir formando docentes desde este país que no les reconoce.

Disparidad de demanda. Las IES en El Salvador cuentan con una disparidad de demandas en especialidades. En Inglés y Matemática hay más alumnos por el número de especialistas.

“Guardar rencor te enferma el corazón”

Una cosa que no perdonarías…

Que me mientan.

Una canción que te levante el ánimo…

“NASA”, de Ariana Grande.

¿Qué es lo más ilícito que has hecho?

Una canción de parodia que se llama “Tijeras”; y trata sobre temas LGBTI que deben dejar de ser tabú.

¿A qué persona viva despreciás?

A nadie. Guardar rencor te enferma el corazón.

¿Cuál es tu mayor extravagancia?

Mi personalidad.

¿Por qué hacés música?

Es algo que siempre he querido hacer y mi familia siempre fomentó los sueños.

¿Cómo te imaginás en 10 años?

Hay una canción que me gusta y que dice “cuando tenga 20 años recién cumplidos… con ‘tattoos’, con trenzas y el pelo teñido”. Me veo triunfando en lo que a mí me gusta y no en lo que han impuesto que debe gustarme.

“Nunca imaginé que iba a ser una cantante de ópera”

¿Cómo te imaginabas que iba a ser tu vida?

De chica siempre supe que quería ser cantante, aunque nunca imaginé que iba a ser una cantante de ópera. A medida que fui creciendo, pensé en las mil y una posibilidades que podía elegir para mi vida, las cosas que me gustaría hacer. Pero siempre hubo algo dentro de mí que me empujaba a la música, al canto.

¿Cómo creés que vas a estar en 10 años?

Espero estar desarrollando al máximo mi carrera, estudiando alguna maestría en Europa, mientras trabajo en alguna casa de ópera.

¿Cómo ponés tu talento a trabajar por tu meta?

Actualmente formo parte del Coro de la Ópera de Rosario, en donde poco a poco voy ganando experiencia. Participo de recitales que la Escuela de Música organiza y en diferentes concursos.

¿Qué es lo peor que te podría pasar en el canto?

Tener algún tipo de lesión vocal que me impida continuar cantando, de lo demás uno siempre se recupera.

¿Tu músico favorito?

Realmente no tengo un músico favorito ni música preferida. Me gusta escuchar de todo un poco.

¿Cuál sería tu empleo perfecto?

Trabajar en una casa de ópera, haciendo papeles importantes.

¿Hay alguien en quien te hayas inspirado en tu profesión?

Aunque parezca trillado, algo que me encanta de María Callas es la forma en cómo ella interpretaba las piezas y los papeles que hizo tanto en la actuación como con su propia voz.

“El cine es parte integral de mi esencia, sin él mi vida sería sosa”

¿Cómo se imagina su vida sin el cine?

El cine es parte integral de mi esencia, sin él mi vida sería sosa, desabrida. No sentir esa adrenalina en mi cuerpo me desespera, es una adicción sana que te da energía para crear y cuando creas te sientes plenamente vivo.

¿Qué obstáculos ha encontrado en su profesión?

Los retos más grandes han sido la falta de apoyos financieros. Otro obstáculo es la falta de integración del gremio cinematográfico de mi país.

¿Cuál considera que ha sido su mayor logro?

La producción de mi cortometraje animado “Jocelyn y el coyote”, en el que se conjugó una historia formidable con la sencillez y fortaleza de su protagonista.

¿Qué aprendió de su peor fracaso en el cine?

Que si no se opta por la excelencia, es mejor no presentar un proyecto a competencia.

¿Qué le gustaría que pasara por su vida profesional y que no esté pasando?

Que se me contratara en un proyecto en el que me pudiera dedicar exclusivamente a escribir y dirigir, sin preocuparme por la parte administrativa.

¿Qué podría hacer que no esté haciendo?

Dedicarme a la investigación y a la escritura espiritual, a la dirección de arte y a la foto fija.

¿Su película favorita?

The Power of One“, dirigida por John Avildsen.

Líderes en extinción

Jorge Orozco / El País / Colombia / CONNECTAS

Hablar con un líder social, en ciertas regiones de Colombia, es casi una labor de espionaje: son necesarios los nombres en clave, los mensajes cifrados… Evitar sitios públicos. El silencio se convierte en ley y romper esa regla establecida por mera intuición para sobrevivir puede acelerar el paso a la muerte.

En Tibú y El Tarra, en Norte de Santander, donde 18 líderes comunales fueron asesinados en los últimos cinco años, hubo acercamiento con personas de la zona durante más de dos meses para entender cómo vive una comunidad sin sus líderes, acechada por el terror impuesto por Peluzos (Ejército para la Liberación Popular) y la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) en medio de sus disputas por los corredores del narcotráfico.

Pero al intentar concretar hora y día de la cita para desarrollar la investigación, los mensajes de WhatsApp se quedaron en visto. Una semana después, la muerte habló: Frederman Quintero, presidente de la Junta de Acción Comunal de la vereda Kilómetro 48, de El Tarra, y ocho hombres más que lo acompañaban fueron masacrados en un billar del centro de la población ante la mirada de los vecinos.

Ese miedo enquistado en las regiones y el daño que causa en los liderazgos retumba en la cabeza de Carlos Guevara, investigador de la Organización Somos Defensores. Los 10 años que lleva viendo cómo la violencia arrasa con los bastiones de legalidad que abanderaban los líderes le da argumentos para advertir: “El fenómeno de violencia contra un líder no finaliza con la muerte. Los matan a ellos, pero siguen con la familia, con los amigos”.

Entonces, la espiral del terror avanza en diferentes regiones de la misma manera: Primero las amenazas, luego el silencio, después la muerte y con ella, se enquista el miedo. No solo ocurre en Norte de Santander. Al otro lado del país, en el Valle del Cauca el miedo también causa estragos. Son los casos de 357 líderes asesinados como lo confirmó una investigación.

Pasó a comienzos de 2018 en Buenaventura y se esparció por todo el departamento. Después del asesinato de Temístocles Machado, líder del Paro Cívico y líder comunitario del barrio Isla de la Paz, nadie quiso hablar. No importa que tres de sus homicidas ya estén en la cárcel. Ni que los primeros días el dolor los haya llevado a expresar en las calles la rabia, a exigir presencia del Estado por el asesinato de un líder que trabajaba por la recuperación de tierras despojadas de sus vecinos. En esa ciudad, bordeada por el océano Pacífico, poco a poco las reuniones comunales se fueron extinguiendo. Las estrategias fijadas entre los líderes para protegerse unos a los otros se agotaron. Hoy solo susurran sus problemas, pero el impulso que les daba Temístocles para solucionarlos, se esfumó con su vida.

El terror en el Valle del Cauca es intermitente. Este departamento en cinco años fue testigo silencioso del asesinato de 32 de sus líderes sociales. El caso más reciente es el de Libardo Moreno, presidente de la Junta de Acción Comunal de Las Pilas, en zona rural de Jamundí. Han pasado dos meses desde que lo mataron a disparos y ni su esposa, ni sus hijos, ni sus amigos se atreven a contestar los mensajes que se envían a través de conocidos.

Incluso Lina Tabares, líder defensora de Derechos Humanos e integrante de la Junta de Acción Comunal del barrio La Pradera en ese municipio, dice que la familia de Libardo jamás se volvió a ver. No se sabe nada de ellos y tampoco de los proyectos que impulsaba este líder para mejorar el servicio de acueducto en su vereda y que en últimas –dicen– terminó llevándolo a la muerte.

Ese miedo enquistado en las regiones y el daño que causa en los liderazgos retumba en la cabeza de Carlos Guevara, investigador de la Organización Somos Defensores. Los 10 años que lleva viendo cómo la violencia arrasa con los bastiones de legalidad que abanderaban los líderes le da argumentos para advertir que “el fenómeno de violencia contra un líder no finaliza con la muerte. Los matan a ellos, pero siguen con la familia, con los amigos.

Sustenta sus palabras con la reciente investigación de Somos Defensores que documentó 107 entrevistas a familiares de víctimas y compañeros cercanos de la organización. El resultado no necesita explicación: El 67 % de familiares y amigos fueron amenazados, el 22 % tuvo que desplazarse; el 22 % sufrió atentados, el 20 % de los líderes que quedaron en el territorio también fueron asesinados y en el 13 % de los casos se le robó información valiosa para sus procesos.

Lo cotidiano es que la muerte sea el inicio de un nuevo ciclo de terror. Como el que vive la familia Cuero Ortiz: a don Bernardo, fiscal de la Asociación Comunitaria de Afrocolombianos Desplazados, que luchaba por restablecer los derechos de estas comunidades, lo asesinaron el 7 de junio de 2017 cuando dos hombres le dispararon frente a su casa desde una moto. El crimen ocurrió en Malambo, Atlántico, donde huyó por las amenazas que recibió en su natal Tumaco, Nariño. Su sangre no fue suficiente. El 19 de marzo pasado mataron a sus hijos luego de testificar contra los sicarios.

Esa muerte ya había sido anunciada por el defensor Nacional del Pueblo, Carlos Alfonso Negret, con tres meses de anticipación a través del sistema de alertas tempranas que usa para advertir sobre escenarios de riesgo: “Casi que con nombre propio le dijimos en marzo al gobierno nacional: ¡Van a matarlos! Al 22 de agosto, 33 de los 40 líderes fueron asesinados en los municipios donde hicimos alertas”.

Por eso, Lina Tabares, la líder de Jamundí, reclama que el Estado ha sido incapaz de ponerle freno al reciente “exterminio” de los líderes sociales, así en septiembre pasado, durante un debate de Control Político en el Congreso de la República, la ministra del Interior, Nancy Patricia Gutiérrez, enumeró cuatro decretos y tres normas “generales y particulares” para promover la protección de los líderes en el país.

Vulnerables. La Junta de Acción Comunal del barrio El Limonar 1, del corregimiento San Antonio del Prado, en Medellín, ha sido blanco de ataques de bandas criminales y de quienes controlan la corrupción.

Hablar del dolor, de la ausencia, del miedo puede ser letal para las personas que siguen en pie. Más al sur del país está el Cauca, departamento que aportó entre 2012 y 2017, 62 personas a la lista de asesinatos.

Hubert Erazo, asesor de Derechos Humanos de la Alcaldía de El Tambo, en medio de su hermetismo revela que hay líderes que jamás han pisado la zona urbana de su municipio y los mensajes, de vereda a vereda, llegan a lomo de mula. Allá, en ese pueblo del Cauca enclavado en una montaña de la cordillera occidental, en un mes de 2016 mataron a tres integrantes de juntas de Acción Comunal. Después, el miedo obligó a 13 de sus 15 concejales a dejar sus sillas vacías.

En El Tambo no reciben a extraños porque saben que ponen en riesgo su seguridad y la de los visitantes. Las autoridades que se atreven a llegar lo hacen bajo riesgo propio, despojados de sus esquemas de seguridad. Ni siquiera la paz que prometió la firma del Acuerdo para la terminación del conflicto entre el Gobierno y la guerrilla de las FARC llevó tranquilidad a esas poblaciones. Tampoco a Nariño, a Antioquia, a Córdoba, a Chocó, a Arauca… Solo cinco de los 32 departamentos que conforman el territorio nacional han salido ilesos de la muerte.

En 2012, cuando comenzaron los diálogos en La Habana, la cifra de líderes asesinados fue de 60, y aunque entre 2013 y 2015 la tregua entre Estado y guerrilla trajo una calma para quienes trabajan por sus comunidades (57 muertes por año), en 2016 el terror volvió a mostrar sus garras: La cifra de muertos ascendió a 67 y en 2017, cuando se suponía que Colombia acariciaba la paz, los líderes asesinados fueron 74.

Eso muestran las cifras oficiales de la Fiscalía General de la Nación. En total, 357 personas asesinadas entre 2012 y 2017.

De los 25 tipos de líderes que fueron identificados en esos registros, el blanco principal son quienes integran las juntas de Acción Comunal, esas organizaciones aliadas del Estado desde 1958 y a las que después de la Constitución de 1991 se les otorgó capacidades administrativas y operativas.

En entrevista, el fiscal general de la Nación, Néstor Humberto Martínez, admite que los líderes “eran la expresión de la legalidad en esos territorios, ante la ausencia del Estado”, pero también “un elemento de perturbación” para los objetivos de las organizaciones criminales”. Por eso, los 357 asesinatos de los últimos cinco años ponen a tambalear la institucionalidad. Esos 357 líderes ya no están y su muerte no fue el fin de una persecución.

***

Miércoles. 9 de la mañana. Antonio no llega solo. El expresidente de la Junta de Acción Comunal del barrio El Limonar 1 presenta con la mirada a otro hombre que camina a su lado, y traza una ruta que todos seguimos en silencio hasta llegar a un negocio de artesanías contiguo a la iglesia que, a esa hora, está deshabitado; es el único lugar del Corregimiento San Antonio de Prado (Medellín) donde acceden a hablar sobre lo que nadie quiere: el asesinato de líderes sociales.

Solo huyendo, algunos logran sobrevivir. “En 1991 me dijeron: en tal fecha te vamos a matar. Tuve que desplazarme”, dice el acompañante de Antonio, que lleva la mitad de su vida apuntando en una libreta fechas, lugares, nombres, datos de su comunidad que jamás debe dejar escapar un líder social. En una de sus hojas explica los momentos de persecución en su pueblo.

Cada momento de riesgo estuvo relacionado con su trabajo. Uno de ellos fue durante su periodo como presidente de la Junta de Acción Comunal de El Limonar 1, mientras impedía la construcción del relleno sanitario El Guacal por su impacto ambiental sobre la comunidad.

Para esa época, el padre Óscar Ortiz, párroco del corregimiento, señaló desde el púlpito a los habitantes que él los consideraba ‘ovejas descarriadas’. Fue cuando paramilitares del Bloque Cacique Nutibara interpretaron la palabra con asesinatos, torturas, castigos. En total, tres años de calvario que terminaron con la captura del padre Óscar, quien en 2013 fue condenado a 19 años de prisión por concierto para delinquir y desaparición forzada.

Después, la amenaza vino de la mano de bandas criminales dedicadas al microtráfico que desaparecían a líderes por denunciar sus negocios ilegales. Ahora el peligro corre por cuenta del regreso de los paramilitares vestidos de Autodefensas Gaitanistas de Colombia, que ya dejaron su huella en decenas de casas ubicadas a lo largo de la única vía de acceso que tiene ese pueblo. Incluso, la fachada de la caseta comunal del Limonar 1 tiene estampado en letras rojas ACG, sigla con la que se identifica ese grupo criminal. Debajo de ellas, amenazante, escribieron: ‘Presente’.

A Julio César Rengifo, presidente de la Junta de Acción Comunal del barrio Belén de la Comuna 16 de Medellín, quien está a 45 minutos de distancia del hombre de la libreta, también le pusieron una lápida de la que por fortuna pudo zafarse: “De la casa me sacaron más de 20 hombres de la Sijín solo con lo que tenía puesto porque me iban a matar”. Él no lo dice, pero tiene que claro que ser la voz de su comuna es pecado.

Después de huir, la Unidad Nacional de Protección (UNP) le puso un esquema de seguridad por las reiteradas amenazas, pero en cuestión de días se lo quitaron porque por su “nivel de riesgo no requería protección”. Qué más da. Después de 25 años de liderazgo y persecución ya aprendió a vivir con el peligro a cuestas. Sin nadie que lo proteja, ni que le garantice seguridad; ahora viaja en bus esquivando la muerte. Muerte de la que no pudo escapar María del Carmen Moreno, presidenta de la Junta de Acción Comunal de la vereda Caño Rico, en Arauquita. Ella no tuvo quién la sacara escoltada de su finca en marzo pasado. En sus 12 años de labor social gestionó redes de acueducto, de energía y la construcción de un puente vehicular para sustituir un entablado que ahora son su legado.

Sin tregua. Tres de los últimos presidentes de El Limonar fueron asesinados por denunciar manejos irregulares del presupuesto partipativo que sirve para desarrollar proyectos sociales.

Uno de sus hijos repasa los cuadernos en los que María del Carmen plasmaba sus preocupaciones, deudas, citas y proyectos de desarrollo para su comunidad. Encierra con su dedo el dibujo de un puente peatonal y susurra que fue la única tarea que su mamá no pudo terminar: su secuestro, dicen que a manos de delincuentes que cruzaron la frontera con Venezuela, y posterior asesinato hace seis meses detuvieron el proyecto. Sus cuatro hijos, hoy ya universitarios, no volvieron a la finca y tampoco saben en qué quedó esa obra. No es que no les interese, es que el miedo que cargan es más pesado que la cruz que llevaba su mamá.

“¿Si eso pasa con los hijos, usted cree que el vicepresidente que es la persona que sigue en la lista, va a asumir? La junta va quedando sin coordinador, sin líder. Queda una herida en la familia. Queda el impacto en la comunidad”, lamenta Juan de Jesús Gómez, presidente de la Asociación de Juntas de Acción Comunal, Asojuntas, en Arauquita, departamento de Arauca, donde en los últimos cinco años ocho líderes fueron asesinados. Cinco de ellos eran mujeres.

El fiscal general de la Nación admite que en la planeación del posconflicto el Estado se quedó “bastante rezagado”, y asegura que “mientras se negociaba la paz, la gran amenaza que se sugería al país era la inseguridad en los centros urbanos y se les olvidó que el caldo de cultivo del crimen es el narcotráfico”.

Entonces, pese a los gritos ahogados de periodistas, ciudadanos en las redes sociales, defensores de derechos humanos, organismos internacionales y algunos funcionarios del Estado, el miedo por la reactivación de los cultivos ilegales, el narcotráfico y la corrupción, se esparce sobre pueblos, ciudades, departamentos e impide que en esas comunidades nazcan nuevos liderazgos. Por eso, Antonio y su acompañante hablan de lo que nadie quiere bajo las sombras del negocio contiguo a la iglesia.

***

Bernabet López es el presidente actual de la Junta de Acción Comunal del barrio El Limonar 1, pero más parece un arriero: coordina las actividades deportivas de los niños, vigila que el grupo de medio ambiente haga la separación de residuos en las esquinas del barrio antes de que el carro recolector pase, programa actividades culturales, hace rifas para recoger fondos para que funcione la junta…

Conoce el viacrucis de trabajar en medio del peligro y sabe bien que conseguir el aval financiero para los proyectos es toda una procesión: “Me tengo que movilizar a las reuniones con mis propios recursos porque la alcaldía no me da incentivos. El día que se antojan convocan reuniones y si usted no va, con justificación previa, la que pierde es la comunidad. Pero la gente en el barrio cree que yo recibo plata en efectivo y que con eso me estoy haciendo rico”.

Por eso Antonio, sentado en una banca del negocio contiguo a la iglesia principal de ese corregimiento de Medellín dice que la participación está secuestrada y a la gente le da miedo hablar, denunciar, que reponer un líder muerto no es como reemplazar fichas de ajedrez. Se requiere obstinación y convicción para seguir liderando.

Mientras los líderes afirman que están casi solos en su tarea, Juan Fernando Cristo, ministro del Interior en el Gobierno de Santos, explica que desde la Dirección de Participación Ciudadana se les apoya con capacitación en temas de derechos humanos, de seguridad ciudadana, en convivencia. Pero confirma que no devengan un sueldo y que tampoco hay recursos asignados por ley para los territorios.

Aún cuando fueron creadas por la Constitución de 1991, José David Riveros, exdirector de Participación Ciudadana del Ministerio del Interior, explica que los barrios o las veredas no tienen obligación de crear las juntas comunales, cada quien las arma por decisión propia: “Si quieren que les pavimenten una cuadra, que les pongan redes de acueducto, de energía, tiene que jalonar en la alcaldía o departamento recursos para el proyecto. Algunos líderes tienen contactos muy buenos con los políticos, a quienes también les sirve el apoyo posterior de esa comunidad. Pero a un líder nunca se le entrega plata en efectivo”.

Esa muerte ya había sido anunciada por el defensor Nacional del Pueblo, Carlos Alfonso Negret, con tres meses de anticipación a través del sistema de alertas tempranas que usa para advertir sobre escenarios de riesgo: “Casi que con nombre propio le dijimos en marzo al gobierno nacional: ¡Van a matarlos! Al 22 de agosto, 33 de los 40 líderes fueron asesinados en los municipios donde hicimos alertas”.

Los líderes no reciben un sueldo por sus tareas, pero sí hay un presupuesto ‘participativo’ para las comunidades. Motivo que en Antioquia, el segundo departamento con más integrantes de Juntas de Acción Comunal asesinados en los últimos cinco años, ha llevado a grandes disputas. Antonio y su acompañante cuentan que bandas criminales y corruptos, en ocasiones, han hecho elegir en las juntas a sus aliados para desde allí controlar los territorios.

El puesto que hoy ocupa Bernabet fue el mismo de que ocupó Guillermo Arias antes de lo que mataran. Ya el líder que se encargaba de sacar de la drogadicción a los jóvenes de su barrio con actos culturales había denunciado desde su cuenta de Facebook: “Los líderes comunales estamos mamados de presentar iniciativas, debatirlas, concertarlas, visibilizarlas; gastar tiempo y pasajes de nuestro bolsillo, para que luego venga un foráneo a ejecutar los proyectos”.

Guillermo estuvo solo dos meses en la presidencia de la junta. Antes había ayudado en las labores de tesorería. Una noche de octubre de 2015, después de una fiesta en la caseta comunal, un hombre le cortó el cuello. Y aunque su muerte no aparece entre las cifras oficiales suministradas por la Fiscalía General de la Nación a las que tuvimos acceso, en 2016 un boletín de su oficina de prensa informó que un reguetonero y su esposa habían sido condenados por el homicidio que “obedeció a una deuda que Arias tenía por una presentación artística”.

En ese año también mataron a Viviana Agudelo con siete balazos al salir de una reunión de la junta. Ella fomentaba el deporte en ese corregimiento, cuna del paramilitarismo en Antioquia, pero ni Antonio ni su acompañante se atreven a hablar de esa historia. César Mendoza, de la Fundación Sumapaz, que lleva el conteo de los líderes asesinados en ese departamento, se despoja de temores y recuerda que Viviana denunció que la corrupción se estaba apoderando del manejo del presupuesto participativo, que “en las comunas de Medellín alcanza hasta los 10,000 millones de pesos para ejecutar en un año” y que los grupos armados pretenden coger ese dinero.

Los directivos de organizaciones defensoras de derechos humanos insisten en que a los líderes no solo los persiguen por trabajar por la paz, sino por cumplir justamente las tareas propias de su cargo: mejorar las condiciones de su sector, dirimir conflictos, jalonar obras para el desarrollo de sus comunidades.

César, que también trabaja en la Secretaría de Inclusión y Derechos Humanos de la Alcaldía de Medellín, sostiene: “Matan a los líderes y no avanzan las investigaciones de lo que denunciaban. En la mayoría de casos sabemos quién disparó, pero no hay investigaciones claras para conocer a los verdaderos responsables de las muertes”. Como en el caso de Temístocles Machado, el líder de Buenaventura asesinado en enero de 2018.

Sin embargo, el fiscal general de la Nación dice que desde que llegó a esa institución en 2016, se han esclarecido el 50 % de los casos. Que es evidente que el 50 % de las víctimas eran líderes comunales y que los victimarios son en 24 % de los casos, delincuencia organizada, pero también el Clan del Golfo, las disidencias de las FARC, el ELN.

No importa si es por cuenta de los dueños de cultivos ilícitos, de narcotraficantes que quiere apoderarse de los territorios, de la corrupción enquistada en las instituciones del Estado, de la delincuencia común, el temor se aloja en todo el territorio. Incluso, hay zonas, de donde nunca se fue.


*Este reportaje fue elaborado por Jessica Villamil Muñoz para El País, Colombia, y es republicado por LA PRENSA GRÁFICA por medio de CONNECTAS y el ICFJ gracias a un acuerdo de difusión de contenidos.

El abandono de la víctima con la renuncia de un perito policial

Ilustración de Moris Aldana

Vació los mensajes de texto de dos celulares y elaboró un informe que sirvió como prueba para un juicio por acoso cibernético. En el documento dijo que los números de los teléfonos decomisados coincidían, así como los tiempos en los que ocurrió el acoso que una mamá denunció.

Esos mensajes revelaron todo lo que un hombre de 47 años le escribió a una niña de 14 años con fines sexuales. El trabajo del perito era clave, pero no estaba completo aún. Debía explicarle a una jueza, en persona, cómo fue el proceso para extraer la información y el contenido de los mensajes que encontró.

Fue citado por la Fiscalía General de la República (FGR) en calidad de testigo, pero nunca apareció. Nadie, en sustitución de él, ocupó aquella silla de la sala de audiencias del Centro Judicial Isidro Menéndez que es designada para los testigos en los juicios. El perito había renunciado a la Policía Nacional Civil (PNC), y aunque había entregado la documentación que la fiscalía le pidió, nadie podía hablar más que él, porque era el único que había trabajado la prueba que se discutiría en el juicio.

El perito hoy trabaja en la Policía Nacional Civil de otro país centroamericano. El delito sobre el que tenía que testificar ocurrió entre el lunes 22 y el miércoles 24 de mayo de 2017, según la sentencia escrita del proceso a cargo del Tribunal Segundo de Sentencia de San Salvador.

El domingo 21, horas antes que Juan Q. enviara su primer mensaje por WhatsApp a la niña, ofició una misa en la cochera de su casa, cercana al estadio Cuscatlán. En esa misa estuvo la familia de la menor y un grupo de vecinos. Comenzó a las 4 de la tarde y terminó a las 8 de la noche.

Después de la misa, Juan preguntó a los asistentes si se querían confesar. Primero lo hicieron los vecinos y por último la familia. Una vez terminó con los vecinos, la familia decidió que las confesiones comenzaran con la niña.

La niña le contó a la fiscalía que había conocido a Juan en otra reunión religiosa, en la casa de la amiga de su abuela. El hombre se imponía como sacerdote y eso la hizo confiar en que la confesión sería como todas las confesiones: le contaría al sacerdote lo que ella consideraba pecado y esperaría recibir perdón. Pero esta duró una hora y media. En ese tiempo a solas, el hombre aprovechó para pedirle su número de teléfono. Luego confesó a toda la familia y se retiró de la casa a medianoche.

A la 1 de la mañana, según la sentencia, la niña recibió un mensaje en WhatsApp de un número desconocido. Era Juan. Le decía que quería hablar con ella. A la niña le extrañó que él le estuviera escribiendo y sobre todo a esas horas, porque se acababa de ir de su casa. Se despidió de él y Juan insistió que le escribiría ese día por la mañana. Y así fue: al mediodía que la niña revisó su teléfono, tenía más mensajes. El hombre le decía que le gustaba para una relación cualquiera.

Pasó dos días más mandándole mensajes, hasta que la mamá de la niña descubrió el acoso y denunció a Juan en la fiscalía. El hombre, señala la sentencia emitida por el tribunal, estaba suspendido de sus funciones religiosas cuando cometió el delito.

***

EL TESTIMONIO FALTANTE

La fiscalía usa los informes periciales para probar técnicamente los delitos en los juicios. Los presenta bajo una modalidad de prueba a la que se le llama pericial. En ocasiones solicita que los encargados de hacerlos también expliquen qué fue lo que encontraron y cómo analizaron esa información. Esto se hace para detectar algún vacío.

La investigación en este caso de acoso quedó incompleta. El hombre de 47 años se sometió a un procedimiento abreviado que le permitió obtener una pena de tres años fuera de la cárcel. Le ordenaron pagar $1,000 en concepto de responsabilidad civil.

Aunque Juan aceptó que había enviado los mensajes a la niña y su testimonio coincidió con la acusación fiscal hubo un acuerdo entre su defensa y la fiscal Sandra Isabel Sánchez Rivas para que se sometiera a ese tipo de proceso. Una de las razones para ese acuerdo, dice una fuente de la fiscalía, fue porque no lograron que el perito viniera al país a testificar.

El procedimiento abreviado es una figura establecida en el Código Procesal Penal que consiste en que un acusado acepte un delito a cambio de una reducción de la pena. Eso permite que con su testimonio también se prescinda de otra prueba aportada en el proceso. El expresidente Elías Antonio Saca fue juzgado con esa modalidad y así evitó más de 20 años de cárcel por lavado de dinero y activos y peculado, y solo cumple una pena de 10 años.

Ilustración de Moris Aldana

El delito por el cual fue acusado Juan tiene una pena de cárcel de dos a cuatro años, cuando no es grave; si se convierte en grave es de cuatro a ochos años.

Un juez de Sentencia de San Salvador, que accedió a hablar sin que se revelara su nombre, dice que en este tipo de casos el testimonio de un perito es necesario, porque ayuda a que un juez se convenza de que la información extraída realmente provenga de los teléfonos decomisados.

El juez sostiene que en algunos casos los informes periciales son claros, pero en otros es necesario que el perito que lo realizó se presente al juicio, porque su declaración puede ser de interés a las partes o porque es necesario que solvente dudas que el documento no responde.

La legislación salvadoreña da la posibilidad a un juez para que ordene retener por 24 horas a un testigo para que se presente a una diligencia judicial. No fue el caso del perito de este proceso por acoso, que también tenía la calidad de testigo, porque trabaja en otro país.

“La gente no quiere estar ahí. La gente no quiere estar hoy por hoy en ninguna área que tenga que ver con informática. ¿Por qué? Porque la Policía se ha decidido a hacer solamente estadísticas”, reprocha un hombre que tiene 25 años de ser policía y desempeña labores de peritaje. Habla, en el jardín de un hospital, de lo mal que le va en la PNC.

***

LA DECADENCIA DE LOS PERITOS POLICIALES

La PNC, además de tener a agentes que se encarguen de labores de seguridad pública, cuenta con un grupo de peritos que analiza las evidencias que sirven para resolver delitos.

Los peritos están dentro de la División de Policía Técnica y Científica, y la División Central de Investigaciones (DCI). Hay administrativos y operativos. Los primeros trabajan en laboratorios analizando las pruebas; los segundos también pasan en el laboratorio analizando pruebas, pero dedican al menos 4 horas extras de su turno para realizar labores en la calle: patrullar, custodiar escenas o realizar procedimientos de capturas.

Si esas horas extras suman 240 al mes, tienen derecho a recibir el régimen de alimentación; dinero que les sirve para comprar provisiones en sus días de turno.

Las diferencias entre ambos peritos son los salarios que reciben, según su preparación. El administrativo es un técnico que antes de trabajar en la PNC se especializó en un área específica de pericia, comúnmente fuera del país. Su salario no es menor a los $700 y puede llegar hasta los $1,500. Y el perito operativo es un agente que en su carrera recibió cursos de preparación en la Academia Nacional de Seguridad Pública para formar parte de ese grupo de policías analistas. El salario de este tipo de peritos no es mayor a los $500.

En la DCI existe una Unidad de Investigaciones de Delitos Informáticos. Los peritos de esa unidad se encargan de custodiar dispositivos electrónicos que sirvieron para cometer un delito informático, como un celular y una computadora; vaciar toda la información que encuentren y plasmar en un informe el análisis de sus hallazgos. El perito que, hoy trabaja en la Policía de otro país centroamericano, estuvo en esa unidad.

“La gente no quiere estar ahí. La gente no quiere estar hoy por hoy en ninguna área que tenga que ver con informática. ¿Por qué? Porque la Policía se ha decidido a hacer solamente estadísticas”, reprocha un hombre que tiene 25 años de ser policía y desempeña labores de peritaje. Habla, en el jardín de un hospital, de lo mal que le va en la PNC. En esta tarde de febrero acaba de reservar cita para tratarse la trombosis que padece. A él le llamaremos Vásquez, porque no autorizó hacer público su nombre.

De los 25 años que lleva como policía, Vásquez también ha trabajado como analista de huellas en el área de pericias dactiloscópicas y hoy trabaja en la Sección de Análisis y Tratamiento de la Información (SATI). Aunque desempeña labores de peritaje, fue de los primeros policías en graduarse y también cumple funciones operativas, su salario no llega ni a los $600.

Vásquez señala que uno de los principales problemas que enfrentan los peritos operativos de la PNC es que la institución no quiere reconocerlos como profesionales técnicos, por el miedo a que se conviertan en administrativos y dejen de salir a la calle a realizar funciones de seguridad pública; y porque eso significa también una nivelación salarial.

Pese a ello, dice que todos los peritos tienen que estar sometidos a la presión laboral, a una infraestructura que no cumple con requisitos para trabajar, con tecnología obsoleta y con escasos materiales químicos para los análisis. Bajo esas condiciones, es fácil que un perito se vaya de la institución buscando mejores oportunidades de trabajo, como el perito citado como testigo en el caso de acoso.

Él no es el único que ha salido de la PNC, dice un funcionario de la Fiscalía. La Unidad de la Menor y la Mujer de la Fiscalía también conoce a otros dos peritos que ya no están en la institución policial y sus testimonios son necesarios para esclarecer casos. Uno de ellos vive en México y el otro trabaja en un banco salvadoreño. Este último todavía colabora en los procesos judiciales cuando es citado a declarar, pero nadie puede retomar los análisis hechos por los otros dos.

Para que un objeto de prueba sea llevado a análisis primero tiene que haber un decomiso. El decomiso, dependiendo del delito, puede ocurrir en diferentes circunstancias. Por ejemplo, cuando el magistrado de la Cámara Tercera de lo Civil Jaime Eduardo Escalante Díaz fue detenido por presunta agresión sexual a una niña de 10 años, la PNC decomisó el carro en el que llegó hasta la residencial Altavista II, el 18 de febrero pasado.

Escalante Díaz fue desaforado y la Fiscalía tiene que acusarlo en la Cámara Primera de lo Penal de San Salvador, donde también remitirá todas las pruebas. El carro donde viajaba es una de esas pruebas, que además de tener una cadena de custodia, debe ser sometido a análisis por peritos de la PNC, para determinar científicamente que el acusado viajó en él y que el carro le había sido asignado el día de la denuncia.

Si ese carro llegara a perderse, si el perito que realizó el análisis abandona la PNC y su testimonio es necesario, y no hubiera otra forma de probar que Escalante Díaz viajó en ese carro, significaría que la Fiscalía no tendría prueba científica para establecer cómo el funcionario llegó al lugar del delito. Ya que esa prueba luego se contrastará con otra que sea aportada en el proceso de la cámara.

El ministro de Justicia y Seguridad, Mauricio Ramírez Landaverde, acepta que una de las razones por las cuales los peritos policiales dejan la institución es por mejores oportunidades de trabajo. Sin embargo, sostiene que los casos que dejan pueden ser asumidos por otros peritos ya formados. Pero ellos no fueron los primeros en conocer las pruebas, tampoco los encargados de plasmar los hallazgos en un informe.

“Actualmente la mayoría de ellos son de carrera policial, su salario está determinado por su categoría y nivel”, responde al preguntarle sobre cuánto devenga un perito informático. Ramírez Landaverde dice que a los peritos operativos también se les remunera con un sobresueldo, pero según Vásquez, el sobresueldo equivale a $53.73 y no todos lo reciben. Quienes lo reciben son aquellos peritos operativos que tienen años de trayectoria en la PNC.

Para Vásquez existe una desigualdad entre las remuneraciones por el mismo trabajo, porque si alguien comenzó a trabajar en la PNC como ordenanza, pero toma cursos y realiza trabajos de peritajes, no recibirá el pago como perito, sino como ordenanza.

Los peritos están dentro de la División de Policía Técnica y Científica y la División Central de Investigaciones (DCI). Hay administrativos y operativos. Los primeros trabajan en laboratorios analizando las pruebas; los segundos también pasan en el laboratorio analizando pruebas, pero dedican al menos 4 horas extras de su turno para realizar labores en la calle.

***

UN ESTUDIO QUE ANALICE RELACIONES DE DESIGUALDAD

Durante el proceso por acoso, la víctima declaró a través de una cámara Gesell; un recurso usado en casos que involucran a menores, sobre todo en delitos sexuales, que permite que con asistencia psicológica la víctima se sienta en confianza de contar los hechos desde un cuarto en el que está solo ella.

La niña contó que conoció a Juan en un evento religioso de una amiga de su abuela. Contó que él le pidió el número y que durante tres días no dejó de acosarla. Su afectación por lo ocurrido fue plasmada en un peritaje psicológico realizado por una psicóloga de la Fiscalía el 31 de mayo de 2017.

Sin embargo, en otro peritaje y en una ampliación de este que realizó el Instituto de Medicina Legal a finales de noviembre de ese año, una psicóloga concluyó que la víctima no presentaba indicadores emocionales propios de alguien que ha estado expuesto a un abuso sexual, que el resultado de este peritaje era porque posiblemente la niña ya había recibido atención psicológica en la Fiscalía.

La fuente de la Fiscalía dice que hubo contradicción entre el testimonio que la niña dio en mayo de 2017, cuando llegó a la Fiscalía a poner la denuncia, y la declaración que dio en el tribunal. Esto, sumado a la falta del testimonio del perito, permitió un proceso abreviado.

La Fiscalía lanzó el año pasado una política de persecución penal para casos de violencia contra las mujeres. El Artículo 4 de esa política establece, entre otras, que las líneas de acción que ese tipo de procesos deben tratarse desde una perspectiva de género y bajo una lógica que permita interrelacionar varios aspectos sociales en el escenario del delito, para evitar la impunidad y la revictimización.

Silvia Juárez, de ORMUSA, dice que no es ninguna justificación que exista un solo perito para sustentar con análisis técnicos este tipo de casos, porque la Fiscalía puede auxiliarse de otras instancias, como la academia, y así acreditar en los tribunales los hechos.

Sin embargo, dice que deben haber estudios que trasciendan a analizar relaciones de desigualdad de poderes y obtener el perfil de un agresor. Desde ORMUSA, lo que Juárez propone es una auditoría para todos aquellos actores judiciales que realicen prácticas como el procedimiento abreviado, ya que sostiene que la ley es clara y muchas veces este tipo de resoluciones dependen de las interpretaciones legales.

“La Fiscalía suele utilizar figura simples, sin agravado, y las víctimas que se cansan que no les creen, que son tratadas en ambientes hostiles, finalmente desisten. Y al final lo que hacen es una audiencia para que la víctima desautoriza a la Fiscalía de seguir persiguiendo y esto queda en impunidad”, señala Juárez al referirse al proceso abreviado aplicado para este caso.

Juárez no ve justificable que las partes acuerden procedimientos abreviados cuando exista una clara desigualdad de poderes: una menor de 14 años acosada por un hombre de 47, y que en medio de eso haya un fuero sistemático que proteja al agresor.

“No se cansen de querer saber más”

Si pudiera volver en el tiempo, ¿elegiría otro trabajo?

No cambiaría mi carrera, me ha permitido hacer aportes significativos en la vida de las personas desde las marcas.

¿Qué característica es indispensable en un emprendedor exitoso?

Pasión por lo que hace y por su idea.

¿Qué le emociona más de su profesión?

No existen límites, si tienes una idea la puedes impulsar tú mismo y hacerla crecer. Dominar el mundo digital es indispensable hoy y te permite tener un alcance de personas clave para lograr lo que te propongas.

¿Qué le aconsejaría a otras mujeres interesadas en su campo?

Nunca dejen de aprender, siempre estén atentas a las nuevas tendencias y no se cansen de querer saber más. Siempre busquen inspiración de afuera de nuestro país, viajen mucho y conozcan de primera mano hacia dónde está girando el mundo de la estrategia.

¿Qué espera lograr con su trabajo?

En Bitlab espero impulsar que más mujeres se involucren en el mundo “tech”, que rompan los paradigmas que las están deteniendo. Mi gran visión es construir un mejor país por medio de la creatividad desde las marcas, que pueda guiar desde mi negocio y desde mis alumnos.

¿Cuál es el problema más difícil de comunicación que ha tenido?

Las crisis en medios digitales te van a pasar tarde o temprano. Un mal comentario o una mala experiencia de un cliente se puede llegar a convertir en viral. La mejor forma de sobrellevar estas crisis es siendo honestos y sinceros.

¿A qué personas admira?

A creativas que han roto los esquemas y desde sus rubros generan conciencia a problemáticas o generan soluciones como Jessica Walsh y Piera Luisa. Otra mujer que admiro por su carisma y liderazgo es Michelle Obama. He tenido la oportunidad de estar presente en ponencias de las tres y ha sido superinspirador.

Nueve salvadoreñas que reinventan la palabra escrita

Maura Echeverría

La poeta de la memoria

Maura Echeverría escribió su primer poema a los nueve años. Era 1944, el año que el general Maximiliano Hernández Martínez fue sacado de la presidencia y el año que los hermanos de Maura comenzaron a abandonar su casa para trabajar. De eso fue su poema, de la madre triste que se queda en la casa a la espera del retorno de los suyos.
Hoy Maura tiene 84 años, una calle de Sensuntepeque lleva su nombre y sus poemas infantiles son estudiados en todas las escuelas del país. Platica rodeada de plantas en su casa, en San Salvador, bajo un palo de marañón. Dos gatos juegan en las ramas y ella habla de San Matías, el cantón de Sensuntepeque donde de niña montó a caballo, se bañó en un río y aprendió los vínculos entre los humanos y los animales.
“Estoy por publicar un libro que se titula ‘Pausas en el camino’, donde hago reminiscencias de la vida en el campo’”, cuenta emocionada. Vivió 44 años de dictadura militar, una guerra civil y atravesó las aulas de dos escuelas normalistas. Esas escuelas tuvieron como fin la formación de docentes en el país y desaparecieron en 1968. Maura se especializó en Estudios Sociales y volvió como maestra a su Sensuntepeque.
En la década de 1980, tras años de la reforma educativa impulsada por el ministro de Educación Wálter Béneke, se convirtió en titular de la Dirección de Televisión Educativa. Antes, Maura y otros intelectuales de la época estuvieron a cargo de diseñar planes de estudio y hacer guiones para impulsar un modelo educativo que acercara la televisión a las escuelas como un mecanismo de aprendizaje para reforzar contenidos.
Maura se mantiene viva con la escritura. Pasa con su hija y su nieta en San Salvador, viaja a Sensuntepeque y también hace presentaciones con Poesía y Más, el grupo de poetisas que fundó en 1995 para realizar recitales dramáticos de poesía.

Maura Echeverría

“DIME”


Dime, ciprés de la sierra,
si los pajaritos lloran
y si esa verdad que las piedras
sabiduría atesoran.

Si es que el viento que te agita
trae estrellas y oleajes
y enreda entre tus ramas
los colores de sus viajes.

Dime, ciprés de la sierra,
si en los nidos que sostienes
vas guardando las canciones
que van dejando los trenes.

Dime, ciprés de la sierra,
yo necesito saber.

 

***

Carmen González Huguet

La mujer del alma herida

En 2005 se sometió a una operación de corazón abierto y se preparó para la muerte. “Lo más doloroso fue que no me fui. Y tuve que seguir adelante con mis heridas y con mis cicatrices”, cuenta la misma que en 1979 se enfrentó a una emergencia obstétrica que le obligó un parto prematuro del que el bebé no sobrevivió.

Ese mismo año, Carmen González Huguet recién se había casado y mientras que el mundo interior se vino abajo; afuera, la guerra civil estaba en gestación. En aquel momento, ella ya solo quería aferrarse a la idea de cumplir su sueño de niña, de cuando sus papás le compraron un juego de experimentos que la enamoraron de la química.

Comenzó a estudiar esa carrera en 1977, en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas. Un año después continuó en la Universidad de El Salvador, pero la guerra estalló y el Ejército cerró la universidad a mediados de 1980. Se tomó un año y medio para leer y pensar qué seguir estudiando. En 1982 llegó a la extinta carrera de Letras de la UCA.

“Yo quería trabajar en algo que me permitiera seguir escribiendo”, dice hoy desde su cubículo en la Universidad Doctor José Matías Delgado, donde desde hace dos décadas imparte clases de Humanidades. La niña que quería ser química hoy tiene 60 años, y es una prolífica poeta y narradora.

Espera las publicaciones de “El alma herida”, el poemario con el que en diciembre de 2017 ganó el XXXVIII Premio Mundial Fernando Rielo de Poesía Mística; y una investigación compleja sobre las escritoras salvadoreñas nacidas entre los siglos 1800 y 1900.

Carmen está cansada de la vida. Lo acepta. No está satisfecha con todo lo que ha logrado hasta ahora. Lamenta que este país no valore a nadie, menos a las mujeres y a los artistas.

Carmen González Huguet

“EL TWIST DE RICKY TUTTI FRUTTI”

Era el comienzo de los años sesenta. Mi mamá, y todas las mamás del vecindario, se torturaban con rulos y secadores para dejarse la cabeza hecha un panal de laca. Las faldas oscilaban entre dos extremos: “vueludas” o “pachucas”. Los zapatos eran de ineludibles tacones altísimos. O eso me parecía a mí. Solo algunos afortunados hogares tenían televisión y nos invitaban a ver “Combate” y “El doctor Kildare” en enormes televisores en blanco y negro. En las películas de vaqueros todo el mundo sabía quién era “el tipo” y quiénes los bandidos: vivíamos en una era inocente. Como en la tele, el mundo era también en blanco y negro.
Nunca supe su nombre. Lo llamaban Ricky Tutti Frutti. Solo mucho después supe que había una canción de Little Richard con ese título (ver: https://www.youtube.com/watch?v=QFq5O2kabQo). A diferencia del Ricky original, que llevaba un copete gigante, el de mi colonia tenía el pelo cortado a lo “pato bravo” y las rodillas siempre raspadas. La vida transcurría a ritmo de twist. Pero al Ricky local todavía le faltaban algunos años para llegar a la edad de la malicia. Mascaba chicle y sabía todo sobre los vuelos Sputnik y Gémini.

Hacía piscuchas geniales, que vendía a peseta, un precio exorbitante para una época cuando las gaseosas costaban quince centavos. Su casa, en la esquina, tenía un gran árbol por el que trepaba con una agilidad imposible. Su hermana y yo jugábamos a las muñecas. No lo sabíamos, pero nuestros juegos serían hoy auténticas películas de acción. Había en ellas inundaciones, avalanchas, ataques de piratas, pirañas asesinas y demás plagas que dejaban chiquitas a las del catecismo.

Un día la mamá de Ricky Tutti Frutti dispuso celebrarle una piñata. Tuve una bronca colosal con mi mamá porque me puso un vestido ridículo con un enorme lazo en la espalda y el fustán almidonado. “Vestido de niña”. En la fiesta se me olvidó la cólera. El clímax era, por supuesto, la quiebra de la piñata. Por primera vez iba a participar de ese rito propiciatorio y mi emoción era intensa. Me vendaron los ojos y me pusieron en las manos el palo. No sé quién tuvo la idea de improvisarlo con un engalanado bate de beis.

Me dediqué repartir mandobles. Mi puntería fue certera y comenzaron a caer los dulces. Los cipotes se lanzaron en estampida a recogerlos y en una de esas la punta del bate erró y siguió su trayectoria hacia el piso. La mala suerte fue que el hueso occipital de alguien se puso en curso de colisión con el bate de beis.

De más está decir que hasta allí llegó la fiesta. Los invitados salieron en estampida. La progenitora de Ricky Tutti Frutti se lo llevó corriendo a la Cruz Roja donde le dieron doce puntadas, y mi mamá, achicadísima, se deshizo en disculpas.

A mí no se me olvidó nunca. Al día siguiente, cuando el cumpleañero reapareció con la cabeza vendada, en desagravio yo le llevé la colección de chibolas y chirolones que me había regalado mi abuelo. Ese era el mayor tesoro de mi infancia.

Y Ricky, que siempre era arisco y huraño, me correspondió con un enorme pedazo de pastel sobre el que destacaba la rosa de dulce: el bocado más perseguido, el auténtico premio Óscar de todos los cumpleaños.

Nunca volví a ver a Ricky Tutti Frutti. Un día su familia se mudó y no regresó. Pero yo guardo siempre el recuerdo de esa rosa de dulce… Y sé que, donde quiera que se encuentren, las chibolas de mi abuelo están en buenas manos.

***

Aída Párraga

La infancia entre libros y escritores

Salarrué celebró una fiesta en su casa, ella no recuerda detalles, pero sí asegura que vio a aquel hombre alto y de ojos azules que ya era un referente de la narrativa salvadoreña. La infancia de Aída Párraga pasó así, entre libros y escritores célebres.

Recuerda a su padre visitando a Hugo Lindo en su librería Altamar, a cuatro cuadras de la casa donde ella todavía vive, cerca de la avenida Olímpica. Mientras su padre, un ingeniero civil, hablaba con Lindo, Aída y su hermano revoloteaban entre los estantes de aquella librería desaparecida y fundada por el poeta.

Todo eso lo revela una mañana en un café del centro de San Salvador. Para atender esta entrevista, ha hecho tiempo entre su agenda apretada de artista, locutora e ingeniera electricista.

“En mi casa siempre hubo muchos libros”, cuenta. Tanto así que los libros se convirtieron en sus regalos de cumpleaños de infancia. A los siete años, en 1973, veía cómo a su casa llegaban cajas con colecciones de libros del Departamento Editorial del Ministerio de Cultura, que fue dirigido años antes por el poeta Ricardo Trigueros de León, otro amigo de su papá. Hoy a esta instancia se le llama Dirección de Publicaciones e Impresos y sigue adscrita al Ministerio de Cultura.

Una vez que Aída se enamoró de las letras, también lo hizo del teatro. En 1990 viajó al Festival Latino de Teatro en Nueva York, como parte de la Compañía Nacional de Teatro. Y hoy forma parte del elenco de la compañía Teatro Hamlet.
En 1995 reconfirmó que lo suyo era escribir, cuando ganó en la rama de ensayo el primer lugar en el Certamen Literario de Poesía Joven Femenina organizado por la UNESCO. Ese año Maura Echeverría y Claudia Herodier la invitaron a formar parte de Poesía y Más, que hasta hoy realiza recitales de poesía dramática. Por ese tiempo Aída fundó el programa “La Bohemia”, en la radio YSUCA, donde lleva a invitados destacados en el área cultural.

Aída Párraga

Yo me imagino ser

una palmera de sueltas greñas,

con el viento salado de la noche

besando la apacible desnudez

de las arenas.

Me imagino más cerca

de lo alto,

de lo dulcemente azul

que nos rodea

y contemplarlo…

Soy palmera hundiéndome en las nubes,

en la soledad de plumas nacaradas,

en el callado viento que murmura.

Historias de sangre, sal y barcos.

Soy la única palmera que subsiste,

la única sobreviviente a la sequía.

Sola, erguida en esta isla

sin más testigos que la espuma,

que la arena y que los astros.

Espiga sin voz que va arrullando

el dormirse tranquilo de las horas,

verde que sostienen las gaviotas,

verde que se estira hasta más verde

y que a veces

también llora.

***

Susana Reyes
Susana Reyes

“Crecí recolectando historias”

Una enfermera sale una mañana de su casa en San Salvador, debe viajar a su trabajo a San Juan Tepezontes, en La Paz. Afuera hay guerra. Es El Salvador de 1980. Unos minutos después de dejar la casa, la enfermera regresa. Su hija, asustada, le abre la puerta. Regresó solo para entregarle un libro que encontró en la calle.

La niña que recibió el libro se llama Susana Reyes y ese libro fue “Solo amor”, de Pedro Geoffroy Rivas.

“Crecí recolectando historias, momentos posibles de una vida”, dice en el jardín del Museo de Arte. Esas historias son sus paseos en bicicleta por las calles de aquel San Salvador sometido a los toques de queda; su abuela escuchando las homilías de Monseñor Romero, leyéndole los periódicos o recitándole a Rubén Darío; y las aventuras con una amiga de infancia a la que años después le dedicó el poemario “Postales urbanas”, para contarle cómo es ahora esa ciudad que vieron derrumbarse.

Susana nació en San Salvador, pero su familia materna es de Honduras. A los 13 años, Susana le pidió a su mamá que la matriculara en un colegio que para los ingresos de su familia y la época era caro. Se fue siguiendo a una amiga, no sin antes prometerle a su mamá que ahí conseguiría trabajo. Lo hizo, estudió Secretariado y también se enamoró del teatro, al que le dedicó tiempo hasta sus 20 años.

En septiembre de 1989 comenzó a trabajar de secretaria en la imprenta de la UCA, donde el académico y escritor Rafael Rodríguez la convenció para que estudiara la extinta carrera de Letras. “Ahí vas a ver dramaturgia”, le dijo. La dramaturgia es otra de sus pasiones. También recordaba que su mamá siempre la aconsejó que estudiara, porque el estudio era lo único que le quedaría.

Durante la carrera universitaria Susana comenzó a escribir poesía y sigue atrapada en ella. Vive con sus gatos en esta urbe que ama. La urbe que le quedó después de la guerra.

Susana Reyes

“Nadie puede articular una sílaba que no esté llena de ternuras y de temores”. Jorge Luis Borges


La niña tomó sus cuadernos
puso en su cintura el viejo cincho
Cuando la abuela no veía
se colocó los chores bajo la falda
Sus manos callosas no coincidían
con el oficio del lápiz
Llevaba meses jugando a guindar la risa
en barrotes de hierro
La mañana olía a un sol eterno
y ahora recuerdo los cabellos colgando
el rojo y el amarillo
el chor celeste, el ocre, el salmón
espacio seguro
simples cómplices
De grande aprendió el nombre
de algunos de esos colores
de sus fibras en la respiración
de las agujas taladrándolos
de los horarios con que la anudaban
del recuerdo impreso en las viñetas.

***

Claudia Meyer
Claudia Meyer

La niña que acusaron de plagio

Claudia Meyer tenía seis años y estaba en segundo grado cuando fue acusada de plagio. Era 1986 y en el Colegio Belén, en Santa Tecla, le habían dejado como tarea la descripción de un lugar, pero no le indicaron el formato para presentar la tarea.
La niña había crecido entre paseos en la playa con el abuelo, quien le enseñó a amar el cine con sus visitas domingueras a los cines tecleños de antaño. En su casa siempre hubo libros y enciclopedias españolas, que a ella le gustaba hojear. Para su tarea se le ocurrió describir un prado y lo hizo con versos y en rima, pero no creyeron que ese poema era de ella.
“Me dio la satisfacción de pensar que el trabajo estaba tan bueno que creyeron que lo había copiado”, cuenta años después sentada sobre una tumba del cementerio de Santa Tecla, el lugar donde una tarde de febrero habla de cómo llegó a la poesía. En este cementerio están enterrados sus abuelos y fue el lugar donde hizo su primera sesión de fotografías, cuando entre 1999 y 2000 perteneció al taller literario Tecpán.
En 1996, Claudia era estudiante de bachillerato y tuvo otro encuentro con la poesía. A su colegio llegó un grupo de poetas para hacer un recital. Sus compañeras aprovecharon para entregarle al poeta Otoniel Guevara un cuaderno donde ella había escrito poemas. Otoniel se tomó el tiempo de hacerle observaciones a lápiz y publicó uno de estos poemas en el Suplemento Cultural 3000 del Diario Co Latino. La publicación fue clave para que Claudia reconfirmara que era una poeta nata.
Años después, los poemas de aquella niña acusada de plagio han sido galardonados y también publicados a escala nacional y fuera de El Salvador. Claudia también es mercadóloga, trabaja de forma independiente, se dedica a la docencia universitaria y colabora como investigadora en la Universidad Francisco Gavidia.

Claudia Meyer


Es mía la gruta, también le pertenezco.
No permite goce ni vano sueño.
En mí le llevo, somos una,
oquedad que inhala y se ahoga en estertores.
De ti liberarme o prescindir nunca:
sin ti, mi dolor, mi herida,
no sabría reconocerme en el espejo.

***

Ana Escoto

La escritora que buscó el anonimato para publicar

A los 13 años Ana Escoto comprendió que escribir literatura era una forma de reconciliarse con ella y con el mundo, pero cuidaba que nadie viera sus escritos. A los 20, se arriesgó a publicar sus textos en foros de internet, buscando el anonimato.

“Era más anónimo y a uno le daba la idea de decir ‘bueno, probablemente si está mal, no importa, porque nadie sabe quién soy’”, relata Ana, desde Ciudad de México, país donde vive desde 2008.
Ella forma parte de la diáspora de intelectuales salvadoreños alrededor del mundo. Tiene 35 años y es una de las voces jóvenes en la narrativa nacional. En julio publica su segundo libro de cuentos, “De los problemas de enamorarse”, en el que explora las concepciones de enamoramiento que impiden acercarse y conocer a otras personas.
La lectura la llevó a la escritura. Su acercamiento a los libros fue a los nueve años en el Colegio Externado San José, cuando sus maestros la llevaban junto a sus compañeros a la biblioteca y les ponían rimeros de libros. Ahí conoció a los clásicos salvadoreños, prestó libros y los devoró.

Ana también es economista graduada de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas y tiene un doctorado en Estudios de Población en el Colegio de México. Trabaja como catedrática de planta en la Facultad de Ciencias Política y Sociales de la Universidad Autónoma Nacional de México, donde imparte clases de Estadística y Demografía. Dice que a veces se siente más académica que artista.
Perteneció a la Casa del Escritor, un taller que durante nueve años fue liderado por el fallecido escritor Rafael Menjívar Ochoa. Aunque a ese taller llegó escribiendo poesía, hoy escribe narrativa. Su primer libro de cuentos fue publicado en 2008, se llama “Menguantes y otras creaturas”, en el que juega con la cotidianidad y su pesadez.

Ana Escoto

“Historia del feminismo o una carta muy cursi”

Es extraño, pero me levanté con enormes ganas de ser un champiñón. Pero no cualquier champiñón: uno resistente al frío. Y es que sí, lo acepto, me había dado por cosificarme: ser tu camisa, ser el libro que leés, ser el lápiz con el que escribís, ser el reloj azul que usás de vez en cuando. Esto quiere decir que ya salté. Evolucioné y llegué al mundo de los vivos. Quizás empezaré a respirar y compartiremos aire. Después seré un sancarlos amandarinado –del reino fungi me paso al de las plantas– y entonces fotosintetizaré el dióxido que emitís. Luego seré un lindo labrador negro –jamás un gato– que ande cerca de tu regazo. Y quizás entonces, me dé por ser parte de tus razones y pensamientos. Seré incorpórea antes de dar el gran paso: ser la mujer que soy a este lado, mi lado; a tu lado.

***

Jeannette Cruz

“Nunca se me ocurriría dejar de trabajar para dedicarme únicamente a escribir”

La primera vez que recuerda que escribió fue un poema a su mamá. Hoy le parece terrible, pero a sus 12 años le emocionaba. Fue por ese tiempo que su papá, que tiene un negocio en el centro de San Salvador, le regaló una colección de 20 libros de la Biblioteca Básica de Literatura Salvadoreña de la Dirección de Publicaciones e Impresos. Entre esos libros el que más recuerda es “Andanzas y malandanzas”, de Alberto Rivas Bonilla.
Jeannette Cruz estudió Comunicaciones y trabaja en una empresa de marketing. Es directa al decir que del arte no se vive. “Nunca se me ocurriría dejar de trabajar para dedicarme únicamente a escribir. Yo sé de gente que lo hace y encuentro que son increíblemente valientes, porque yo no podría”, sostiene desde un centro comercial a las faldas del volcán de San Salvador.
Ahora, estudia los símbolos y el sonido para un libro de 20 cuentos que está en proceso de creación. Es otra de las voces jóvenes de la literatura salvadoreña.
A sus 31 años, Jeannette ya ha publicado sus primeros textos en la revista Cultura, del Ministerio de Cultura, en la antología centroamericana de narrativa “Tierra breve” y recientemente en la antología “El territorio del ciprés”, que reúne a otras voces de su generación, como producto del taller literario Palabra y Obra, a cargo de la escritora Susana Reyes.
Para esa antología trabajó 10 cuentos por años, pero de esos seleccionó tres, unidos por el tema en común de la muerte y presentando a mujeres que viven la cotidianidad salvadoreña desde sus miedos.
A ella le parece importante que haya una reforma educativa, para que desde la academia se le apueste a disciplinas holísticas y eso implique el mayor acercamiento de los niños a la lectura, sobre todo con el uso de las nuevas tecnologías.

Jeannette Cruz

“Tus brazos son dos troncos anegados”

Cuando llegué al sendero, ya empezaba el cielo a perder su anaranjado. Andaba descalza y el frío de la tierra me distraía de la bulla del corazón que me saltaba debajo de las chiches. El amate era un viejito con bordón sentado a la orilla del barranco y yo me senté con él. A mí Daniel me dijo que viniera y yo vine porque me dio miedo que se fuera sin mí. Yo esto no se lo diría a nadie porque una debe mantener la dignidad, pero te lo cuento a vos ya en confianza, de todas formas. No tenía miedo de estar sola en medio de la finca en la noche más oscura (estas noches en que, según Daniel, la diosa está hecha pedazos en el suelo). Yo tenía miedo de quedarme sola en la vida. Y Daniel es bueno. Cada noche que dormía abrazado conmigo me contaba historias que nunca había escuchado y me aullaba suavecito al oído y me decía “así le hace el Cadejo” y gruñía, de muchos modos gruñía. Yo le preguntaba de dónde sacaba todas esas voces pero no contestaba. A mí siempre me gustó dormir con él, aun sabiendo que si mi tía se enteraba me mataría. Yo sé que a estas alturas eso ya no te importa, pero hay peores muertes que la muerte, y eso no lo podés saber.

Me acuerdo de que cuando levanté los ojos ya era de noche, me había quedado dormida y Daniel no llegaba. Las flores blancas brillaban sobre los amates del camino; yo no alcanzaba ni a verme las manos. De pronto escuché un ruido de pasos y hojas, mi corazón volvió a retumbar y me quedé tan quieta que creo que dejé de respirar. Daniel me dijo: “Te voy a llevar al pozo”, y yo le pregunté que a cuál, no me contestó, como cuando le pregunto dónde vive. Me agarró de la mano y empezamos a caminar, pero ya no seguimos el sendero. Yo sabía que después de esos árboles solo había monte. Le dije que si no me contestaba no lo seguía. Él se dio la media vuelta para mirarme, supuse, no se veía nada más que los amates. Lo escuché suspirar, “ya hablamos de esto”, y yo le dije que sí, pero que me contestara, y él me pidió que por favor solo lo siguiera. Lo hice porque Daniel me quiere más a mí de lo que yo lo quiero a él, eso siempre ha sido así, la que tiene el poder de joder al otro soy yo. El pozo estaba en medio de un llano, y había una claridad azul que me dejaba distinguir la cara de Daniel del fondo del cielo. Se veía triste. Daniel me dijo que me asomara al agua y, cuando lo hice, sentí como su brazo me rodeaba la cintura desde atrás. “Quiero que sepás que esto lo hago por vos”, me dijo, y me cortó el cuello con su navaja, me dibujó una medialuna en la garganta. Yo me quedé quietecita, agarrada a las piedras del muro, el corazón ahora me palpitaba en la línea roja del cuello.

Daniel te empujó con suavidad hacia adelante. El agua ni siquiera hizo ruido al recibirte. Entonces vi como Daniel se asomó para verte desde arriba, con lástima, y suspiró “pero qué bonita sos”. Y me dio pena por él, pobrecito, las cosas que hacen los espíritus cuando son los que quieren más. Entonces me asomé yo también al pozo y vi tu brillo de flor de amate, y vi cómo el agua se apartaba de tu sangre para no ensuciarla, y vi a mis propios brazos, ahora tus brazos, dos pedazos de leña flotando abandonados, y vi tu nuca suave ofreciéndose a la luna nueva y me di cuenta de que le empezaban a nacer flores amarillas a mi espalda que ahora es tu espalda de cadáver.

***

Nicole Membreño Chía

“La literatura se alinea con mis metas de activismo”

Nicole Membreño Chía escribe sobre la realidad de las mujeres en uno de los países más violentos del mundo. Escribe literatura porque es un complemento con su papel de mujer activista por la diversidad sexual. “Se alinea con mis metas de activismo”, reconoce.
Tiene 31 años, ganas de escribir y de involucrarse en cambios sociales. Dice que para prepararse tiene que salir del país, porque acá lo único que le queda es volverse autodidacta y leer mucho.
Intentó estudiar Letras en la Universidad de El Salvador, pero sus papás no la apoyaron. Así que estudió Mercadeo y hoy trabaja desde su casa con una compañía, pero también dedica tiempo a leer literatura y sobre activismo. A veces piensa que debió haber estudiado Antropología, porque aunque le cuesta interactuar con las personas, sí le gusta observar sus interacciones.
De pequeña recuerda que sus ejercicios eran escribir parodias de otros libros. Desde hace cinco años inició su formación en las letras, cuando recibió un taller con la escritora Susana Reyes. Producto del proceso creativo publicó en 2018 tres cuentos en la antología “El territorio del ciprés”. También otro de sus cuentos fue publicado en la revista Cultura, del Ministerio de Cultura.
En su narrativa intenta reflejar cómo la ficción es parte de los componentes de El Salvador. Se dedica a reflexionar sobre la delgada línea que existe a diario entre lo increíble y lo creíble. Por ejemplo, nunca olvida que cuando terminó de depurar uno de sus cuentos, ya publicado y que trata sobre un feminicidio, fue asesinada la doctora Rosa María Vega, en Santa Ana, de una forma parecida a la que ella lo relata en su texto.

Nicole Membreño Chía

“ENTRE LOBOS”
Un cuento venezolano

Recuerdo la primera vez que te vi. Estabas tan diferente. Atrapabas un cigarro entre los labios, y el cabello caía sobre tus hombros como fuente castaña, con los jeans rotos y chaqueta negra, tan despreocupada y veinteañera como cualquier otra. Te veías dispuesta a todo, Inés, el mundo siempre fue tuyo.

Te gustaba sentarte al borde de la calle después de clases, con una arepa de carne en las manos y las mejillas grasientas de placer. Eras como una sirena encallada en el asfalto, entre edificios grises y arrecifes de personas; irradiabas magia y un aire místico que nadie en esta ciudad posee, hasta se corrían rumores de que eras gitana, de esas que hechizan de amor y leen las cartas.

Todas eran habladurías, no podías jugar ni al póquer y la única magia provenía de tus caderas, como supe mucho tiempo después, cuando finalmente accediste a la inclemencia de mis deseos, Inés.

Confieso que te observé durante mucho tiempo antes de acercarme. Una noche tus ojos de almendra me encontraron fingiendo que no te miraba, confundiéndome con los demás peces. Fue entonces que me elegiste, para un momento o dos. Yo aún no lo sabía: para mí, tú serías eterna.

Te recuerdo salvaje, tal como eras. Una criatura que emergía desde lo más profundo de la tierra, una fiera, Inés. Te recuerdo rota y remendada, ligeramente descompuesta… ni siquiera mis cuentos, ni las promesas que te hice lograron detener tus pasos errantes.

Tu inquietud se me hacía cada vez más imposible; yo rayaba en la sencillez y tus dilemas se extendían sobre mí, envolviéndome en espuma impenetrable. Tú te cansabas de mis acertijos y de mis pasos de viejo joven. No te culpo por haberte marchado.

Me gusta creer que me amaste y que te amé, y que todas esas conversaciones revolucionarias fueron más que palabras vacías. Algo más que mi anhelo por poseerte y el tuyo por ser libre. Nos parecíamos tanto y a la vez tan poco, tú siempre corriendo y yo así, despacio. Nuestro tiempo se fue demasiado rápido.

Y esta noche estás a mis pies, tan serena y lívida como nunca, con el cabello castaño derramado en todas partes. Tu rostro encendido, inmortal. Una oveja entre los lobos. Ni el ruido ni el ajetreo de los demás manifestantes te despiertan, Inés.

Estás fuera de lugar, con tu cuerpo de sirena en un mar tibio de sangre, y casi sonrío con la ironía de darme cuenta de que, de todas las noches, fue precisamente en esta en que encontraste la libertad.

***

Ana María Rivas

La noventera que escribe sus sueños

Ana María Rivas soñó que la operaban en una mesa. Ese sueño luego se convirtió en un cuento: un hombre al que operan y le extraen mariposas del estómago. Una alegoría de los sueños que el humano gesta y que el mundo los arranca.
Ana María es noventera, nació después que acabó la guerra. Lo hizo rodeada de maestras y eso le permitió tener libros a su alcance. Primero leyó las enciclopedias, y cuando comenzó a estudiar, fue atrapada por los libros de texto, sin estar consciente que parte de lo que leía era literatura.
“Parte del combustible, la materia para crear, ha surgido a partir de mis sueños”, dice a sus 24 años.
En un país sin oportunidades para la formación artística, Ana María llegó a los 13 años a la extinta Escuela de Jóvenes Talentos en Letras, un proyecto apoyado por la Universidad Dr. José Matías Delgado (UJMD) y el Ministerio de Educación, que pretendió formar a escritores y pensadores a escala nacional, tomándolos de escuelas públicas de todo el país.
En ese espacio formativo recibió clases con escritores como Susana Reyes, Claudia Meyer, Carlos Clará y Osvaldo Hernández. Aunque para entonces escribía poesía, por un tiempo probó con la narrativa y hoy ha vuelto a la poesía.
En 2014 sus primeros textos aparecieron en la compilación literaria “Sextante”, publicada por la UJMD. Hace dos años tres poemas de su autoría también fueron publicados en la revista Cultura, del Ministerio de Cultura.
Su tiempo para escribir lo mezcla con las artes visuales y el trabajo en una empresa. Estudia el quinto año de la Licenciatura en Artes Plástica con opción en Pintura. Ana María debe parte de sus textos a ese mundo onírico que puede confundirse con la realidad, pero por hoy tiene en mente trabajar performances que partan de sus textos.

Ana María Rivas

“MOTHER”

“Oh madre oscura, hiéreme con diez cuchillos en el corazón”. P. Neruda


Madre: ¿has escuchado tu voz los últimos años?
¿sabes acaso que has perdido
tu nombre
tu edad
y tus sueños?
Te cambiaron los ojos por dardos
los dedos por gusanos
y los pies por estacas.

Te llamo madre porque no sé decirte de otro modo.
No puedo llamarte mujer ni anciana ni monstruo.

El café desborda en la cocina
y te has quedado dormida frente al tele.
Han pasado siglos y tus huesos siguen habitando la sala,
la tierra en la boca, el veneno en tus párpados.

Madre, ¿dónde guardaste las píldoras del insomnio?
En estos días necesito
coserme los ojos y esperar la muerte.


Mi madre es un pez sin océano ni estanque,
ojos de ceniza en la habitación de mi memoria.

Ella soñó parir a muchos hombres
que postraban sus rodillas
y adoraban su vientre.

Mi madre mató a sus hijos.
Y por cada uno se clavó una aguja:
Era tan grande su estirpe
que no fue más mujer sino acero
y entre carne y sangre
se volvió una espina.

Mi madre volcó su imperio de cruces en mi falda
impuso sus manos en los hijos que aún no tengo
y les dio veneno porque odia las ratas.


Madre, cántame una canción de cuna
donde quepan las distancias del mundo
y el rostro donde se queman los espejos,
Cántame noches sin amanecer que me separen
de la fe de enterrar mis manos en los astros.

Téjeme una mortaja por vestido
hazme trenzas en el cuello
y sujétame a las vigas,
méceme, seré tu péndulo
una muñeca amplia oscilando entre los muebles.


Madre, olvidé decirte que nadie tiene una madre.