La misión imposible del zoológico

Rescate. Las aves son de las especies más afectadas por el comercio ilegal y la extracción de su hábitat. Los veterinarios del área de cuarentena del Parque Zoológico Nacional se encargan de curarlas de sus heridas y que tengan buena salud antes de ser liberadas en un área natural protegida o ser consignadas a un refugio.

Una unidad móvil del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) se estaciona frente al zoológico. Son las nueve de la mañana del jueves 15 de junio. Los encargados de veterinaria del parque salen de sus oficinas al percatarse de la llegada del vehículo y ordenan que ingrese por el portón de la administración. Al bajar los expertos, el grupo camina hacia la parte trasera de las oficinas, donde está el área de cuarentena. Luego de un pasillo entre estas y la bodega donde se guarda la comida hay un pequeño campo de tierra. Tiene instaladas y numeradas jaulas de tamaño medio donde se resguarda a los animales.

Los expertos inspeccionan el estado de los 12 animales que vienen a recoger: cinco buhos de montaña, un pajuil, dos tecolotes, tres querques y un gato zonto. Todos ellos están con buena salud, así que el MARN se dispone a liberarlos en un área natural protegida acorde a su hábitat o enviarlos a un refugio de conservación.

Mientras continúan la inspección, regresan por el pasillo y entran a un cuarto de cuidados intensivos del área veterinaria. Grupos de aves están en jaulas colocadas de forma que rodean las paredes, mientras sus ruidos y olores cubren el ambiente. Luego de verificar su estado, los expertos deciden que hay grupos de aves que también pueden liberarse. La cantidad de animales que se llevarán sube a 30.

Un grupo de 11 catalnicas dentro de un kennel para mamíferos pequeños pertenece a este grupo. Los pericos llegaron el 20 de marzo, cuando la Unidad de Delitos Especiales de la Policía Nacional Civil las localizó en el centro de San Salvador junto a dos chocoyos, que murieron por su estado de debilidad. Fueron llevadas al zoológico para recibir tratamiento veterinario. Estas aves son parte de las especies de fauna silvestre amenazada que son extraídas de su hábitat para ser comercializadas.

Traslado. Los animales pasan por varios recintos y formas de
transporte antes de regresar a la tranquilidad de su hábitat.

Virna Ortiz es una de las veterinarias del parque, prepara las actas correspondientes a los 30 ejemplares que se irán de su resguardo. En todas ellas se aclara el lugar de procedencia del animal, la fecha que llegó al zoológico, la persona o institución que lo recogió, la condición médica que presentaba al momento de llegar y la autorización del MARN para que sea tratado ahí.

Los jauleros, los demás técnicos del parque y los medios de comunicación observan a las aves y mamíferos que subirán al vehículo. El área de cuarentena del Parque Zoológico Nacional funciona como un refugio temporal para fauna lastimada, rescatada o confiscada gracias a un convenio entre la Secretaría de Cultura de la Presidencia (SECULTURA) y el MARN. Desde 2011 a la fecha, el parque ha recibido alrededor de 1,457 ejemplares.

Luego de juntar las actas correspondientes, Virna traslada a los pericos para ser cargados al vehículo. Antes de que ella se lleve al grupo, los camarógrafos apuntan sus lentes al kennel, donde las aves pegan sus cuerpos en un vano intento por salirse.

El zoológico asumió como prioridad la conservación y protección de las especies después de la muerte de Manyula, en 2011. A pesar de esto, tanto el área de cuarentena como los recintos de exhibición son evidencia de que el bienestar de los seres vivos a los que se debe su labor aún pende de un hilo.

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William Díaz quiso trabajar en el zoológico como parte del equipo de mantenimiento. Al preparar su curriculum, se aseguró de entregar todos sus estudios y experiencia previa en construcción, albañilería y estructuras metálicas. Eso no importó cuando lo llamaron e ingresó a trabajar al parque, en 2015. Lo nombraron jaulero del aviario.

Él reconoce que no tenía experiencia previa y que tampoco había estudiado para tratar con aves. Se quedó con el trabajo por necesidad. Recuerda que su proceso de inducción duró apenas dos semanas. Su único maestro fue el cuidador que estaba asignado al área en ese momento. El resto, dice, lo aprendió gracias al tiempo y la conducta de los animales.

Las tareas principales de un jaulero consisten en entrar a los recintos, limpiarlos y rellenar los comederos. También tienen el contacto más directo con los animales de la exhibición. Deben reportar al biólogo encargado del área cualquier anomalía en el animal, a pesar de que la mayoría no posee estudios ni especialidades en comportamiento y cuido de especies silvestres y exóticas.

Además de enfrentarse a la falta de educación y de experiencia para trabajar, la cantidad de jauleros por área se limita a dos, coordinados por un biólogo jefe de área. Solo en el aviario existen 32 recintos y más de 100 animales entre aves rapaces y exóticas. Para garantizar su protección y conservación, cada una de estas especies debería tener un cuidado particular que garantice su buena salud, alimentación y seguridad.

El buen estado de los animales depende de solo un jaulero en cuatro de los siete días de la semana. William trabaja de miércoles a domingo, mientras que su compañero lo hace de lunes a viernes. En los tres días que hay dos jauleros, estos se reparten la mitad de los recintos. Los otros cuatro días solo hay un jaulero para toda un área.

Para cumplir con sus tareas en los días que está solo, William trabaja rápido. A pesar de que su turno inicia a las ocho de la mañana, él entra a las siete. Ingresa en todos los recintos para limpiarlos y tirar la comida del día anterior, que suele sobrar y pudrirse. A las nueve de la mañana pasa a la bodega donde está la comida. Prepara doce charolas y cuatro bandejas de comida para las aves que comen por la mañana. Termina al mediodía. Debe regresar al inicio de la tarde para preparar la carne de las aves rapaces.

El aviario, además, tiene un sistema para controlar la cantidad de animales entre la seguridad del parque y los jauleros. Esta fue la respuesta del parque al robo de cinco guacamayas, en 2011, y un intento de hurto en abril de este año cuando apareció un hueco con metal manipulado en el recinto de las mismas aves. William dice que él tapó el agujero de forma improvisada con trozos de mallas metálicas al ver que mantenimiento no llegó a cerrarlo. Ese remiendo se mantiene hasta hoy.

Gran parte de los recintos del zoológico son los mismos desde que se fundó en 1958. Después de 59 años, su estado a nivel diseño e instalaciones sigue en pie con excepción del aviario, donde las mallas metálicas que resguardan a las aves también están perforadas por el óxido y han sido remendadas con otros trozos metálicos. El mantenimiento de condiciones para que haya vida en verdadero estado de conservación es deficiente.

Cautiverio. Pocos recintos del zoológico cumplen con el mínimo de condiciones para que los animales
puedan hacer sus actividades naturales sin ser afectados por la presencia humana.

Todos los recintos poseen piletas, desde las que los animales pueden acceder a agua para tomar o bañarse. Sin embargo, permanecen secas la mayor parte de la semana o con un recorrido permanente que acaba en el desagüe. Algunos empleados del parque comentan con reserva que el agua es un servicio limitado para todo el lugar. Un ejemplo de esto es un riachuelo que rodea el herpetario. Cuando la corriente deja de seguir porque el agua no cae, los cientos de peces que ahí viven se ven forzados a juntarse en la parte que tiene agua más limpia para poder respirar y sobrevivir.

Las sobras de comida trajeron otro problema para las especies que se alimentan de frutas. Grupos de ratas han tomado el interior de los recintos como hogar. Ya sea detrás de un tronco o con hoyos en la tierra, los roedores salen por montones después de que un jaulero deja la comida. Es un problema complicado, cuenta William, porque no se puede controlar a una población que se esconde la mayoría del tiempo. Las trampas o el veneno podrían afectar a los ejemplares que tienen el interior recintos como su único hogar.

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Cuido. Los jauleros aprenden a convivir con las especies en exhibición para hacer sus labores diarias.

A Carlos Antonio Escobar le dicen ruso entre sus compañeros. Flaco, con piel blanca y un acento peculiar, que suena como a ruso, limpia el interior de un recinto asignado a un grupo de monos carablanca que fue rechazado de la isla donde vive la comunidad más grande. Al salir del recinto, un mono recoge una porción de fruta y se topa al borde de la jaula. Pone la fruta en un tronco y extiende el brazo hacia su jaulero. Carlos les dice sus amigos.

Trabaja en el sector de misceláneos, donde habitan mamíferos varios desde monos araña -también rechazados de su isla- hasta tigrillos. Entró al parque hace siete años y, como el resto de jauleros, no tuvo experiencia previa con animales para que aceptaran darle el puesto. Él entró al parque como empleado de una empresa pagada por SECULTURA para hacer labores de limpieza en las áreas para visitantes. Cuando vio que una plaza para jaulero quedó disponible optó por el puesto.

El mono sigue con su brazo fuera de la jaula. Carlos lo toma, juega con él por un rato y lo devuelve. Cuenta que lo llama Pancho, y es su amigo de este recinto. Otro mono aparece detrás, curioseando el momento. A pesar del parecido entre ambos, él asegura reconocerlos. El segundo mono se llama Luis.

Pancho y Luis conviven en el mismo recinto junto a su grupo, todos monos carablanca. Su espacio está conformado por una pileta pequeña donde reciben agua, una bandeja donde se les coloca fruta, ramas y troncos en medio del espacio para que puedan balancearse y cuatro pequeñas cuevas al fondo para ocultarse de la lluvia o dormir. En ambos lados hay jaulas con otros monos en las mismas condiciones.

Carlos sabe que la situación de los animales no es la mejor. Una vez visitó el Zoológico La Aurora, en Guatemala, y entendió que las diferencias entre ambos lugares son demasiadas entre el tamaño de los recintos, su orden, el espacio disponible por los ejemplares y el cuido que reciben. “No quisiera ni regresar aquí”, cuenta con emoción.

Esas no son las únicas diferencias. El parque guatemalteco permitió a principios del año que los monos tuvieran libertad de moverse entre árboles de hasta 14 metros conectados por un puente colgante. El cambio fue parte de su transformación a un modelo similar al un parque ecológico, donde los ejemplares no pasan en jaulas o encerrados entre mallas y las personas aún tienen la posibilidad de aprender de ellos y su conservación. El zoológico salvadoreño, mientras tanto, solo tiene esa posibilidad en el grupo de islas sobre la laguna, donde viven monos araña y carablanca.

Vladlen Henríquez, el director del Parque Zoológico Nacional, cuenta que el problema de los recintos es por falta de modernización, que necesita grandes inversiones para realizarse. “No es que no sean adecuados, pero sucede que se necesita invertir para poder modernizarlos a los requerimientos de todo zoológico moderno y actual”, añade. El zoológico nacional tiene una extensión de 8.5 manzanas y en 2016 contó con un presupuesto de $945,000. La Aurora, mientras tanto, cuenta con 17 manzanas y en 2015 tuvo un presupuesto aproximado de $1.2 millones.

El zoológico salvadoreño carece de una acreditación que respalde una tarea educativa y de conservación funcional, algo que la actual administración quiere cambiar al cumplir los requisitos de la Asociación Latinoamericana de Parques Zoológicos y Acuarios (ALPZA), con la cual La Aurora sí está acreditado.

El sitio web de la ALPZA tiene disponible el cuestionario que se ocupa para medir los estándares que debe cumplir un parque zoológico para acreditarse. Requerimientos como equipos de emergencia accesibles en todo el parque, la realización de simulacros y la existencia de protocolos de seguridad y salud, tanto para fauna como para visitantes, son solo algunos de un aproximado de 160 criterios a cumplir por un zoológico para constatar que su labor es eficaz. El zoológico nacional no cumple los mencionados.

Vladlen cuenta que la administración busca cumplir los requisitos y metodologías de un parque moderno. Por eso se envió a dos expertos al congreso que celebró la ALPZA en Cuba desde el 29 de mayo al 2 de junio. Vladlen añade que cumplir todos los criterios requiere una inversión millonaria, la cual no precisó. “Hacer un zoológico de primer mundo es un proceso que puede durar mucho tiempo. Por algún lado vamos a empezar”.

Ese comienzo podría ser gracias al Megaproyecto San Jacinto, una iniciativa de la Presidencia para integrar Ex-Casa Presidencial, el Cuartel el Zapote y el Parque Zoológico Nacional. Las tareas en el parque se harían solo en el aviario. “La idea es tener recintos modernos, grandes y en forma de domo que cubran los árboles para que las aves puedan llegar hasta arriba”, dijo Vladlen. El megaproyecto necesita de $7.3 millones para ejecutarse y se encuentra en fase de recaudación. Vladlen comenta que pronto llegarían arquitectos para preparar los diseños junto con SECULTURA.

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Crianza. Muchas especies rescatadas llegan como crías a la cuarentena. La dependencia al ser humano durante el desarrollo las imposibilita de una vida independiente, sentenciándolas al cautiverio.

Una familia pasea por el sector de herbívoros del zoológico. Luego de ver los recintos de los venados, sigue un predio solitario con maleza alta y dos piletas profundas que están vacías. La descripción del animal que debería ocupar el recinto dice “hipopótamo”.

Dos niñas brincan alrededor de su madre y, al detenerse en el predio, ella pregunta cómo ha sido posible que un grupo de personas haya entrado al recinto y haya atacado al animal, como dice la versión sostenida por la administración del parque. Sus hijas proponen saltos sobrehumanos y largas escaleras como los recursos utilizados para cruzar al otro lado y atacar al hipopótamo con armas cortopunzantes. Luego de unas risas tímidas, concluyen que no saben cómo pudo pasar eso.

El 28 de febrero, dos días después de conocerse la muerte del animal y la razón proporcionada por el parque, apareció otra versión. El Sindicato de Trabajadores de la Secretaría de la Cultura al que pertenece la mayoría de jauleros, SITRAMEC, aseguró que murió por negligencia. Afirman que, alrededor de 17 días antes, reportaron problemas estomacales en el animal y que los veterinarios no dieron la atención necesaria.

La confusión del caso y la falta de una verdad definitiva despertó la propuesta de cerrar el parque. Los argumentos de que la administración no es apta para mantener animales y que las instalaciones se encuentran en condiciones deplorables motivaron una solicitud en línea para pedir firmas que alcanzó las 50,000 personas. Se proponía convertir al zoológico en un parque de atracciones familiar o un jardín botánico.

La Fiscalía General de la República (FGR) investigó el caso luego de las controversias. La necropsia hecha al hipopótamo reveló que murió por una hemorragia pulmonar luego de que una obstrucción en sus intestinos le impidiera defecar y vomitara sus heces, que entraron a sus pulmones a través de su nariz. La inspección también constató que no había rastro de heridas por arma cortopunzante, pero que aún era una posibilidad que se continuaría investigando.

Vladlen Henríquez, director del parque, se niega a pensar en el cierre del zoológico. Dice que el caso del zoológico de Buenos Aires, en Argentina, es una lección para no hacerlo aquí. El lugar cerró en junio de 2016 para reconvertirse en un ecoparque. El plan era trasladar a la mayoría de los 1500 animales del parque a refugios de conservación. Sin embargo, los medios de ese país denuncian que hasta la fecha muy pocos animales se han trasladado y el nivel de descuido incrementó.

Los animales que quedan son las principales víctimas de estos casos. A pesar de las propuestas de cierre, nadie explica cómo, luego de cerrar el zoológico, se haría con las cerca de 500 especies que habitan el parque y ni qué sería del refugio de cuarentena.

El Convenio de Diversidad Biológica de las Organización de las Naciones Unidas (ONU), firmado por El Salvador, y la Ley de Conservación de Vida Silvestre, a cargo del MARN, regulan que el manejo de fauna debe hacerse en condiciones que garanticen el bienestar de los animales y que estos, fuera de su hábitat, deben vivir en condiciones aceptables para mantener su vida. El caso de Gustavito muestra que la tarea de conservación y preservación en el zoológico es cada vez más complicada. Cerrado o renovado, la organización y el trabajo necesarios para convertirlo en algo funcional es un tema difícil.

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Los oficiales del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) terminan de confirmar las actas de los 30 animales y proceden a meter las jaulas a su vehículo. Virna Ortiz, veterinaria del parque, se alivia porque su marcha significa que la cuarentena tendrá más espacios disponibles para recibir y tratar ejemplares. Para junio de 2016 habían recibido 19 ejemplares. En lo que va del 2017 ya han recibido 41.

Virna estima que tienen la capacidad para recibir un aproximado de 45 animales a la vez dependiendo de la especie. Por ello las recogidas del MARN son fundamentales para mantener funcional el trabajo del parque como centro de recepción. Otros lugares autorizados con el mismo propósito son el Geo Resguardo de LaGeo, en Usulután, la Fundación Ambientalista de Santa Ana (FUNDASAN), y la Fundación Zoológica de El Salvador (FUNZEL).

La cuarentena del Parque Zoológico Nacional es importante por estar en San Salvador, departamento donde se encuentra a la mayoría de animales extraídos de sus hábitats. En 2014, de los 647 animales recibidos por el MARN San Salvador registró 237. La Unión tuvo la segunda cantidad más grande, con 116.

Aunque el zoológico es un lugar importante para la recuperación y resguardo de fauna, la condición de su infraestructura también es delicada. “Estamos buscando inversión en la cuarentena para tener recintos más amplios y que los animales puedan tener mayor tiempo de estancia”, confirma Vladlen Henríquez. Añade que la labor de recepción del parque es un esfuerzo que hacen por convicción para cooperar al bienestar de la fauna.

El kennel con las 11 catalnicas está junto con el de los demás animales en el vehículo del MARN. Luego de confirmar que no tengan problemas de salud, el Ministerio decidirá si pueden liberarse en un área natural protegida. Con suerte, no volverán de nuevo a una jaula.

Liberación. Un gato zonto llegó a la cuarentena por una donación después de que los lugareños de una comunidad de Apopa querían matarlo. Presentó buena salid, así que será liberado.

El desgaste de Montecristo

Laderas. Las elevaciones afuera del Parque Nacional Montecristo están habitadas por comunidades y propietarios de grandes extensiones. Aunque hay tratados que buscan la conservación de los bosques y los mantos acuíferos, cambiar el uso de suelos es una constante.

“Aunque estuviera el sol despejado, aquí siempre se siente como estar en aire acondicionado”, dice Gabriel. La espesura de un bosque primario da la sensación de un mundo diferente.

Gabriel es cauteloso y prefiere no incluir su apellido al presentarse. Sí cuenta que es guardabosques y tiene 55 años. Fornido y con muestras tímidas de canas, relata que las veredas por las que camina fueron abiertas por su abuelo. Cien años después, él solo se encarga de limpiarlas de la acumulación de hojarasca en la época lluviosa.

Gabriel es uno de los habitantes del caserío Honduritas, dentro del cantón El Rosario, en Metapán. Su comunidad tiene cerca la frontera con Honduras y el Parque Nacional Montecristo. Para llegar a donde trabaja, debe atravesar calles de tierra y pastizales en un trayecto de 1 hora.

El terreno boscoso que cuida Gabriel, a una altura de 2,000 metros sobre el nivel del mar, es un área protegida privada. Para avalar la entrada, la organización a cargo toma precauciones: pidió no revelar su identidad ni su ubicación exacta, tiene miedo de atraer invasores y turistas. Conservar es su objetivo, así que quiere que el bosque permanezca intacto a toda costa.

Bosque original. El tiempo, la sombra, la altura y la humedad permiten que diversas plantas crezcan sobre los troncos y puedan acumular agua.

Alfredo Umaña vive en Metapán, a unos 10 kilómetros del Parque Nacional Montecristo y a unos 20 kilómetros de donde trabaja Gabriel. Tiene 23 años y trabaja como guía de camino para quienes obtienen acceso al área protegida privada, por lo que conoce bien las calles y las comunidades de la zona. En lo alto lo espera Gabriel, a quien cuesta localizar debido a que en lo alto de su comunidad solo hay señal de una compañía telefónica.

Antes de comenzar la empinada calle para ir a los cantones de la zona alta, en el cantón San Miguel Ingenio, la ruta 463, una de las pocas que pasan por la zona, hace su parada. Llega una vez al día desde Metapán hasta el municipio de Citalá, en Chalatenango, y de regreso. No existen rutas que se internen hasta lo profundo de las comunidades, cuenta Alfredo. Si tienen suerte, un carro que pase por la zona y les dé aventón puede evitarles subidas de hasta cinco horas.

Estas comunidades son las que rodean al Parque Nacional Montecristo. Son los cantones El Rosario al este, El Limo al oeste y una parte de San José Ingenio que está fuera del área declarada como protegida al sur. Al norte, parte de El Limo, está el punto trifinio. La elevación en la zona inicia a partir de los 1,000 metros sobre el nivel del mar y puede llegar hasta los 2,000. Bajo la ley de áreas naturales protegidas, este territorio es la zona de amortiguamiento de Montecristo.

Incendios. Aunque este año el fuego no entró al parque, la zona de amortiguamiento sí sufrió los efectos de la quema.

“Montecristo es una fuente muy importante de agua para toda la zona en la región del alto Lempa”, cuenta Pablo Galán, asistente técnico del herbario ubicado en el Jardín Botánico La Laguna, en Antiguo Cuscatlán. Sus investigaciones sobre las plantas del lugar lo han llevado a conocer el sitio de cerca, así como su importancia. “La vegetación es diversa por las elevaciones. Comienzan desde los 600-700 metros sobre el nivel del mar y llegan a los 2,400. La diferencia altitudinal da diferentes tipo de ecosistemas”.

Montecristo es un macizo montañoso que abarca los territorios de El Salvador, Guatemala y Honduras. Los territorios de los tres países se conectan en el punto trifinio, ubicado en la parte más alta de la montaña. Luego parte en altibajos hacia cada territorio. La división montañosa en el país, dentro de la cordillera de Metapán-Alotepeque, posee un aproximado de 7,111 hectáreas, 1,973 están protegidas como parque nacional desde 1986.

Las 6,926 hectáreas restantes son la zona de amortiguamiento, que se extiende por comunidades y ecosistemas desde Metapán, en Santa Ana, hasta La Palma, en Chalatenango.

En las zonas de amortiguamiento, “todas las personas, instituciones y los proyectos que están ahí deben tener en consideración que cerca hay un área natural protegida y el tema ambiental debe ser importante en sus actividades productivas y cotidianas”, comenta el gerente de Áreas Naturales Protegidas y Corredor Biológico del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN), Javier Magaña.

El MARN, principal encargado de gestionar un área protegida a escala local, debe velar porque así se cumpla. En el caso de Montecristo, se hace con el Comité Asesor Local del Parque Montecristo, que busca juntar a las autoridades del parque con líderes de las comunidades, concejos municipales y organizaciones no gubernamentales para tratar el tema ambiental en las zonas de amortiguamiento. Magaña dice que en esta zona el tema puede ser más complicado de tratar.

Las calles de tierra de San Miguel Ingenio son el inicio de un recorrido de 25 kilómetros hacia arriba. Las laderas son de poco relieve y suben de los 1,000 a los 1,400 metros sobre el nivel del mar. Alfredo Umaña cuenta que las actividades de agricultura y ganadería son comunes en toda la zona desde hace bastantes años.

La calle toma una subida más empinada hacia el cantón El Rosario. Umaña dice que es de las últimas partes que un vehículo sin doble tracción puede transitar.

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El río El Rosario y las quebradas que pasan por la comunidad se quedaron sin agua durante la época seca. El problema afectó a los cultivos y algunos agricultores perdieron su cosecha, cuenta Nora Beatriz de Hernández. Ella es una testigo de la relación de las comunidades con el parque nacional. También es la presidenta de la Asociación de Desarrollo Comunal (ADESCO) del cantón El Rosario desde octubre de 2016. Afirma que por ello se encuentran en gestión con el parque para que del área protegida se les proporcione agua.

La disminución de caudales es normal en época seca debido a la falta de lluvias. Los agricultores pueden subsistir con afluentes más pequeños, pero no secos. La parte baja de El Rosario y San Miguel Ingenio comenzó a sentir las consecuencias de la deforestación hace tiempo, cuenta Alfredo Umaña al subir por El Rosario. El problema pasó sin llamar la atención en su mayoría debido a los proyectos de potabilización en la zona. Nora lo confirma, comenta que aunque los ríos se secaron, el servicio de agua potable que alimenta al centro del cantón fue estable. El resto de caseríos, sin embargo, vive de los ríos y nacimientos.

Montecristo es importante porque la cuenca alta del río Lempa se forma ahí. Un 58 % está en Guatemala, un 12 % en Honduras y el otro 30 % en El Salvador, señala el proyecto estratégico de Plan Trifinio para la región. El agua que se acumula en la zona alta desciende en miles de quebradas, que se unen en cientos de ríos pequeños que desembocan en cuerpos de agua más grandes. Todos ellos reúnen los 2,161 millones de metros cúbicos anuales que bajan por todo el país hasta desembocar en el océano Pacífico, dice el mismo estudio de 2011.

Esta importancia ha llevado a que el territorio esté declarado como Área Protegida Trinacional desde 1987, con un acuerdo entre los vicepresidentes de los tres países bajo el nombre de Plan Trifinio. La zona también es parte de la Reserva de Biosfera Trifinio Fraternidad, declarada por la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) desde 2011. Todas las declaratorias reconocen lo mismo: Montecristo es una importante fuente de agua y necesita ser protegida, pero se encuentra bajo muchas presiones.

Entre 1982 y 2006, la recarga acuífera de El Salvador se redujo en un 19 %, señaló un estudio de la Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico y Social (FUSADES) en 2006. Once años después, la sustitución de zona boscosa para agricultura y ganadería, técnicas agropecuarias inapropiadas para el territorio, incendios forestales, la degradación de suelos, la contaminación y el cambio climático son problemas que todavía hacen daño a los ecosistemas. Las primeras consecuencias están fuera del Parque Nacional Montecristo.

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Sustitución. Los dueños de tierras en las laderas fuera del parque suelen cambiar el bosque natural por sus plantaciones.

El río El Rosario y las quebradas que pasan por la comunidad se quedaron sin agua durante la época seca. El problema afectó a los cultivos y algunos agricultores perdieron su cosecha, cuenta Nora Beatriz de Hernández. Ella es una testigo de la relación de las comunidades con el parque nacional. También es la presidenta de la Asociación de Desarrollo Comunal (ADESCO) del cantón El Rosario desde octubre de 2016. Afirma que por ello se encuentran en gestión con el parque para que del área protegida se les proporcione agua.

Sustitución. Los dueños de tierras en las laderas fuera del parque suelen cambiar el bosque natural por sus plantaciones.

La disminución de caudales es normal en época seca debido a la falta de lluvias. Los agricultores pueden subsistir con afluentes más pequeños, pero no secos. La parte baja de El Rosario y San Miguel Ingenio comenzó a sentir las consecuencias de la deforestación hace tiempo, cuenta Alfredo Umaña al subir por El Rosario. El problema pasó sin llamar la atención en su mayoría debido a los proyectos de potabilización en la zona. Nora lo confirma, comenta que aunque los ríos se secaron, el servicio de agua potable que alimenta al centro del cantón fue estable. El resto de caseríos, sin embargo, vive de los ríos y nacimientos.

Montecristo es importante porque la cuenca alta del río Lempa se forma ahí. Un 58 % está en Guatemala, un 12 % en Honduras y el otro 30 % en El Salvador, señala el proyecto estratégico de Plan Trifinio para la región. El agua que se acumula en la zona alta desciende en miles de quebradas, que se unen en cientos de ríos pequeños que desembocan en cuerpos de agua más grandes. Todos ellos reúnen los 2,161 millones de metros cúbicos anuales que bajan por todo el país hasta desembocar en el océano Pacífico, dice el mismo estudio de 2011.

Esta importancia ha llevado a que el territorio esté declarado como Área Protegida Trinacional desde 1987, con un acuerdo entre los vicepresidentes de los tres países bajo el nombre de Plan Trifinio. La zona también es parte de la Reserva de Biosfera Trifinio Fraternidad, declarada por la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) desde 2011. Todas las declaratorias reconocen lo mismo: Montecristo es una importante fuente de agua y necesita ser protegida, pero se encuentra bajo muchas presiones.

Entre 1982 y 2006, la recarga acuífera de El Salvador se redujo en un 19 %, señaló un estudio de la Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico y Social (FUSADES) en 2006. Once años después, la sustitución de zona boscosa para agricultura y ganadería, técnicas agropecuarias inapropiadas para el territorio, incendios forestales, la degradación de suelos, la contaminación y el cambio climático son problemas que todavía hacen daño a los ecosistemas. Las primeras consecuencias están fuera del Parque Nacional Montecristo.

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Altura. Los árboles a más de 1,800 metros sobre el nivel del mar son fundamentales para los nacimientos y las quebradas que bajan por las comunidades.

En el otro lado de las afueras del Parque Montecristo, en el cantón El Limo, el río también se secó. Carlos Magaña, agricultor, ganadero y representante de la ADESCO de su comunidad, sabe que la deforestación tiene mucho que ver. “Algunos dueños de terrenos, cuando este no les da nada y otra gente tiene necesidad de cultivar, dan permiso para cortar el bosque. Sacan la madera y siembran”.

Deforestación. Pequeños árboles de café crecen entre los restos de un bosque. La sustitución de bosques por cultivos es uno de los problemas más graves de la zona de amortiguamiento.

El Limo, en la zona de amortiguamiento, se encuentra cerca de los 1,400 metros sobre el nivel del mar. Sus partes más elevadas pertenecen al parque, donde se encuentran los cerros más importantes y de mayor atractivo turístico. Las comunidades fuera de ese sector viven las mismas implicaciones que el resto.

La situación que explica Carlos ocurre en toda la zona de amortiguamiento. La pérdida de cobertura boscosa para su sustitución por cultivos es una constante, a pesar de que los suelos no poseen sostenibilidad para ello. “La mayoría vive de la agricultura. El clima y los precios afectan a la gente, pero de eso viven”, dice Carlos.

“Muchas de las personas viven de los beneficios ambientales que los ecosistemas dan. No bajan al pueblo a hacer las compras. Son poblaciones rurales”, cuenta Berta Medrano, directora ejecutiva de la Asociación GAIA de El Salvador. Ella impulsa proyectos en los cantones de la zona de amortiguamiento que priorizan el beneficio de la población y de los bosques.

La ley de áreas naturales protegidas establece que quienes gestionan un área natural deben tener un plan de manejo con el objetivo de ejecutar “el conjunto de instrucciones priorizadas para el desarrollo de actividades a corto, mediano y largo plazo enmarcadas en el mismo”. En Montecristo, el plan es trinacional, por lo que las actividades enmarcadas incluyen a las áreas protegidas de Montecristo en Guatemala y Honduras.

Berta Medrano cuenta que todo Montecristo y su zona de amortiguamiento tiene la misma característica: más del 71% de las tierras es de clases VII y VIII. En la clasificación de suelos por su fertilidad establecida por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), la clase I es la más apta para actividades agropecuarias, mientras que en las clases VII y VIII se recomienda evitar las actividades productivas debido a que consisten en superficies montañosas, donde el suelo fértil es superficial y el riesgo de erosión y deslizamientos es alto. Sin los bosques, el agua no se acumula, lo que crea más sequía en época seca.

El plan de manejo establece que más del 80 % de la tierra en Montecristo debería ser solo para uso forestal. En 2005, año del plan, este solo cubría el 18.4 %. La persistencia de problemas como incendios forestales, sequía de afluentes y la permanencia de cultivos a nivel de subsistencia e industrial muestran que el problema no ha mejorado.

La situación es complicada, cuenta Carlos Magaña. Nadie denuncia la tala indiscriminada por miedo. La ley forestal, regulada por el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), establece que debe emitir permisos para talar bosques. Esto no ocurre en El Limo ni en los otros cantones. “La gente no interviene porque si uno se mete, se echa enemigos”.

Carlos también calla porque entiende la situación económica. Entre el 86 % y el 93 % de las personas que viven en ladera tienen situación de pobreza en Centroamérica. En el caso de El Salvador, un 32 % tiene condiciones de extrema pobreza, afirmó la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) en 2011. “La agricultura está mala porque el clima y los precios han afectado a la gente, pero de eso viven. Al menos les queda maíz y frijol para comer”, dice resignado.

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En la parte alta del cantón El Rosario, desde los 1,800 metros sobre el nivel del mar, la neblina golpea los restos de unos árboles de pino en una ladera muy inclinada. Tienen señas de haber sido cortados hace poco. Abajo nacen monocultivos de café y se preparan para crecer durante la época lluviosa. Gabriel, con unas botas todoterreno, un machete, una mochila cargada y una peculiar gorra color verde chillante, espera al lado de una vereda. El camino viene de Honduritas.

Alfredo Umaña lo divisa y se saludan con la gratitud de buenos conocidos. Continúan ladera arriba hasta llegar al área protegida privada. Los claros permiten divisar, a lo lejos, la ciudad de Metapán y el complejo lagunar de Güija. Afirma que una elevación llena de árboles al este es el Parque Nacional Montecristo. Al oeste, las laderas desde los 1,800 metros sobre el nivel del mar hacia abajo están listas para los cultivos de la temporada. “Puedo contar los árboles con los dedos de la mano”, dice Gabriel.

El bosque secundario consiste en árboles de la zona alta que han permanecido en pie por un aproximado de 50 años, luego de que las tierras en las que estaban fueron deforestadas hace medio siglo. Gabriel entra a sus recuerdos y comenta que hace unos 25 años la mayoría del territorio sobre los 1,500 metros todavía era bosque. Hace 25 años los ríos tampoco se secaban colina abajo.

Antes de entrar al bosque primario, Gabriel observa una parcela. Un caballo con aspecto joven y fuerte galopa en la ladera. Gabriel señala un montículo donde el semental estuvo parado. “La persona que vio este terreno (el bosque secundario) en estado virgen fue mi abuelita. Aquí tenía su cabañita. Murió hace 11 años. Tenía 102”.

Gran parte del bosque primario se encuentra en el Parque Nacional Montecristo, mismo lugar al que Pablo Galán ha ido repetidas veces a estudiar especies. El herbario, una amplia oficina llena de enciclopedias y documentos académicos sobre flora y fauna, es la base donde analiza sus recolecciones. Él explica que la vegetación particular de un bosque primario permite cumplir funciones igual de particulares.

Los árboles de las zonas altas aproximan una altura de 40 metros y ayudan a retener grandes cantidades de agua gracias a las flores y raíces que se forman en sus troncos. Los árboles de las zonas bajas ayudan a que no corra con rapidez ni que cause inundaciones o deslaves. “Toda el agua que está en Montecristo va a parar a los ríos que son afluentes del Lempa, como el San José Ingenio y El Rosario”, explica Galán.

Aunque la mayor parte del bosque nebuloso como inicio de los afluentes se encuentra en el parque nacional, la zona de amortiguamiento también requiere cobertura boscosa para mantener los nacimientos en época seca y proveer de agua para la subsistencia de las comunidades ladera abajo.

Javier Magaña reconoce que no se hace lo suficiente en la zona. El río que sale del parque nacional también disminuyó su caudal por la falta de lluvias. Añadió que esa escasez no puede evitarse en el área de amortiguamiento a menos que tuviera árboles y conservación de suelos. “El manantial que baja ahora es más pequeño. Eso no lo resiente el parque, sino la zona de amortiguamiento”.

Gabriel llega con rapidez al final de la vereda. Sus movimientos para esquivar ramas y saltar troncos en la humedad parecen los de alguien más joven. El bosque primario se caracteriza por tener constante lluvia. La altura se aproxima a los 2,000 metros sobre el nivel del mar. Alfredo y el guardabosques observan una correntada de agua transparente y helada que sale entre la vegetación y abre camino colina abajo. Sin los árboles, la falta de humedad reduciría el cauce y el calor del sol lo evaporaría. En las zonas bajas, las comunidades recibirán el mínimo de agua.

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“Hay muchos que todavía no comprenden qué es el medio ambiente. Hace falta más información”, dice Carlos Magaña. Cuenta que desde el año pasado los acercamientos del parque nacional en el cantón El Limo han sido dos, el primero consistió en charlas a las escuelas, el otro fue para contener la plaga de gorgojo descortezador, que también atacó la zona.

Aparte del parque, Plan Trifinio también influye en la zona. “El año pasado hubo muy pocas actividades. Dicen que no tienen fondos”, cuenta Carlos. En 2016 presentaron a un especialista en veterinaria. Solo llegó una vez y no volvió. “Esperaba que nos apoyaran en áreas de ganadería que no sabemos cómo aplicar”, dice. Carlos Magaña se refiere a los sistemas silvopastoriles. Combinan las actividades de pastoreo con la siembra de árboles, lo que permite que el ganado pueda alimentarse sin necesidad de caer en la tala indiscriminada para abrir terreno.

Combinación. Los sistemas silvopastoriles son los que combinan las actividades de pastoreo con la siembra de árboles, lo que permite que el ganado pueda alimentarse sin tener que talar.

La comunidad sufre de esto constantemente, cuenta Carlos. Los proyectos que traen para mejorar su situación no cumplen lo prometido o carecen de seguimiento: “A la gente de las comunidades no le gusta que se le mienta. Estas instituciones tienen eso, que mucho mienten”. Cuando convocan para nuevos proyectos, Carlos cuenta que la visión de la comunidad es que “para ir a escuchar a gente así”, mejor no van.

Pablo Galán presencia el problema continuamente desde sus inspecciones. “El bienestar de los ecosistemas requiere de mucha voluntad y esfuerzos entre propietarios privados y las personas que trabajan, que cuidan y la gente del parque. Es un acuerdo bastante fuerte y no es fácil. La agricultura, la ganadería, el uso de las maderas y el turismo en zonas aledañas alrededor de Montecristo requieren bastante trabajo”, asegura. “Se tiende a aislar una cosa de otra, pero todo está conectado. Si en la parte alta se tala, se quema y se comienzan a secar las fuentes de agua, abajo se va a sentir y con más presión”.

Gabriel sale del bosque primario. En cuestión de minutos, vuelve al lado de la vereda que lo lleva a Honduritas. Se ajusta la mochila y se despide temporalmente de Alfredo Umaña para entrar en la vereda y desaparecer en la maleza.

En sus últimas declaraciones, intenta resumir la situación: “El problema con los bosques y el agua no se ha detenido. Ahora ya avanzó, como cuando alguien siente dolor en un lugar y lo ignora, después va al médico y le dicen que es cáncer. Esto todavía se puede recuperar, pero todos tendríamos que ser más críticos”.