HIDROPONÍA MÁGICA (1)

PETICIÓN ANSIOSA

Su última voluntad fue que lo enterraran en la arena espumante, para no exponerse a padecer el calvario de la semilla.

FUERZA DE VIDA

Ahí estaba el retrato. En la completa oscuridad. La figura del retrato respiró fuerte. Extendió una mano fuera del cuadro. Todo tembló a su alrededor. A la mañana siguiente, el museo en ruinas arropaba el misterio del primer escapado.

SECRETO ASTRAL

La Luna también miente.

ANTE LA LEY

–¿Lugar de origen?

–La Atlántida.

–¿En qué país?

–En un libro.

–Hablo en serio, señor –dijo el agente de migración, en tono reprensivo.

–Yo también. Aquí está el libro, mire –dijo el inmigrante, dejando su pecho al desnudo.

CONSECUENCIA SIMPLE

Si las piedras hablaran… los pétalos tendríamos que callar.

SANTO REMEDIO

Da asco morir. Muramos para curarnos del asco.

ESA OTRA LIBERTAD

Ella Fitzgerald se encuentra con Bing Crosby en una esquina brumosa del Más Allá.

–¡Aprovechemos para cantar juntos a capella!

–Sí, porque va a ser una experiencia perfectamente íntima, ya que aquí todos son sordos.

TIENE SENTIDO

El Milenio, como todo recién nacido, llegó llorando.

ESTO LO PRESENTÍAMOS

La Creación habla sola.

ARGUMENTO EN MARCHA

Teatro Kodak. Noche de entrega de los Premios Oscar. Es el instante en que se anunciará el Oscar para el mejor actor:

–And the Oscar goes to…

Apagón total. Silencio absoluto. Una risa tenue y malévola se va animando al fondo. El aroma azufrado empieza a invadir el ambiente…

VÉRTIGO FOLIAR

Es lo que sufrieron los árboles del Paraíso Terrenal cuando éste se quedó deshabitado de repente.

FRENTE AL OTRO HORIZONTE

La caravana venía de lejos, de tan lejos que ya había perdido toda memoria del origen. A medida que sus integrantes avanzaban, los días iban haciéndose más largos y las noches más cortas. Y así llegaron a aquel acantilado desde el cual estaban viendo por primera vez el horizonte que se les presentaba de pronto como la consumación de su búsqueda. Sorpresa inmemorial:

–¿Qué hacemos aquí, mientras la vida continúa?

Y esa pregunta fue un clamor que les devolvió a los peregrinos su condición de eternos caminantes.

JARDÍN CON ALAS

No, no es el Jardín del Edén, porque ése quedó exhausto para siempre en brazos de la Providencia desconcertada.

EN OTRO PLANO

El cristal de la ventana se nubló de repente, como si adentro la temperatura fuera cálida y en el exterior soplaran ráfagas tiritantes. Entonces la habitación recuperó su naturaleza originaria: era un templo clandestino para los ausentes que se animaban a volver como almas en pena.

FRAGANCIA BIENVENIDA

–¿Me reconoces?

–Sí, eres la primera rosa que recuerdo.

–¿Y qué se hizo aquel jardín?

–Está dentro de mí, y te he esperado siempre para que me guíes a encontrarlo.

EN CUESTIÓN DE MINUTOS

Se abrió de nuevo el portón de la Ciudad Sagrada y los devotos recién llegados salieron en estampida hacia sus predios baldíos originarios.

PREGUNTA INNECESARIA

–¿Quién es el indigente que duerme a la par de ese piano abandonado?

–¿Y quién va a ser? El fantasma de Agustín Lara, que quisiera revivir su noche de ronda…

SERVICIO DE LIMPIEZA

La tormenta de anoche es ahora un reguero de cristales rotos. Que venga la aurora diligente a recogerlos.

EL BUEN VECINO

Sólo se hace sentir cuando una luz desconocida merodea por los alrededores.

HOLA, SHAKESPEARE

¿Ya recordaste el correo electrónico de Hamlet?

ÁLBUM DE LIBÉLULAS (211)

1726. ESTÁBAMOS EN VELA

El tren se detuvo en su lugar de llegada, que era un bloque de tablones antiguos. Parecía que todos habían descendido, y la máquina iba a ubicarse en el puesto de espera antes de la siguiente travesía. Ya se hallaba detenida cuando uno de los encargados de revisar carro por carro antes del simulacro de limpieza se percató de que había alguien acurrucado en uno de los asientos posteriores, y que fácilmente hubiera podido confundirse con un bulto cualquiera. Se acercó y sacudió suavemente lo que estaba ahí. Entonces la envoltura pareció disiparse y lo que apareció fue una pareja abrazada. “Jóvenes, ya llegamos a destino. Tienen que salir. No pueden seguir durmiendo”. Ambos se rieron: “¿Durmiendo? ¿A quién se le ocurre? Vamos a seguir despiertos hasta el final…” El empleado quiso tomarlos para que se incorporaran, y así se percató de que no eran cuerpos sino imágenes…

1727. LOS TIEMPOS HABLAN

Cuando llegó a la edad de tomar decisiones existenciales de futuro, dispuso incursionar en la política, de seguro por efecto de sus antecedentes familiares, ya que su bisabuelo, su abuelo y su padre habían estado en ese campo, aunque sin llegar a posiciones preeminentes. Él quería trascender la tradición, y por eso apostó desde el principio al nivel superior. Estaba por decidirse la candidatura presidencial para el próximo período, y su apuesta parecía contar con apoyos suficientes. La Convención definitoria llegó con todas las de ganar, pero sin anuncio previo apareció un competidor insospechado. Fue un giro intrépido y avasallador. Ganó el recién llegado, que tenía planta de profeta millennial. Él, aunque era de edad semejante, mostraba figura tradicional. Entonces entendió el mensaje, y se fue a correr mundo como político de mochila.

1728. HAY QUE SEGUIR EN RUTA

Al concluir la función, los ecos de aquella canción emblemática lo fueron persiguiendo por las calles oscuras y desiertas. Por enésima vez se encontraba con Ingrid Bergman y con Humphrey Bogart en un lugar arreglado para el ensueño nostálgico, y ahora que estaba a la intemperie lo sentía con poder insospechado. De pronto, vio muy cerca el rótulo de una taberna abierta y hacia ahí se dirigió. Cuando vio el nombre del lugar, el ánima le dio un vuelco: “Rick´s Café”. ¿Dónde se hallaba, entonces? ¿En una calle de los alrededores del Cine Apolo en el centro de San Salvador o en un callejón de Casablanca, en el Marruecos de la Segunda Gran Guerra? No quiso salir de la duda y pasó de largo. Desde algún piano próximo e inaccesible, la voz de Dooley Wilson seguía cantando “As time goes by”, hasta el fin de los tiempos. Invitación sin fin.

1729. COMPLICIDAD DEL AIRE

El otoño empezaba a hacer de las suyas, y aunque aún faltaban muchas semanas para llegar al límite con el invierno, ya los árboles de los entornos mostraban las señales de su transfiguración climática. La joven regresaba a su apartamento en la calle 78 luego de la jornada de trabajo en el estudio de Stefan. Se entrenaba para ser modelo de pasarela, y sus movimientos espontáneos ya respondían a tal condición. Cuando llegó a su pequeño ámbito privado tuvo el impulso inmediato de salir en busca de algún espacio donde la libertad de movimientos pudiera expresarse. Subió al piso más alto, que era común, y ahí se despojó de toda su vestimenta y subió al borde de la construcción para caminar como si lo hiciera en la soledad de su antigua campiña. Los espectadores comenzaron a reunirse abajo. Era un espectáculo del momento. Sería viral en las redes.

1730. EN EL QUATORZE BIS

Había conseguido puesto de mesero en un restaurante bastante notorio ubicado en la Calle 79, entre la Primera Avenida y la Segunda. Lo que más le atraía de aquella actividad era que podía relacionarse con los clientes, aunque fuera de modo estrictamente circunstancial. Así, aquel mediodía de sábado llegó un señor solitario y fue a ubicarse en una de las mesas rinconeras, junto al cúmulo de fotografías de personajes que habían estado ahí en algún momento. Él fue a atenderlo; y en cuanto llegó con el menú, el cliente lo abordó con una pregunta inesperada: “¿Verdad que aquí hay un vino que es más solicitado en Champs-Élysées?” El mesero le respondió con naturalidad, como si supiera lo que respondía: “Así es, señor. Puede comprobarlo”. Y cuando le llevaron aquel Pinot-Noir de Oregon, el cliente reaccionó: “Hoy la magia del vino también es global”.

1731. CLAVE DE DESTINO

Haberse conocido con muchos espacios abiertos parecía la mejor señal para una relación con horizontes. Fue amor a primera imagen, o al menos atracción a primer contacto. Un contacto de manos tímidas que se reflejaba de inmediato en el brillo de los ojos. Vivían en zonas diferentes del espacio urbano, y por eso sólo coincidían cuando las respectivas jornadas lo posibilitaban. Con el paso de los días, la relación se fue haciendo cada vez más estrecha, hasta que llegó el momento de la primera verdad. Se fueron a un motel exclusivo, para estar seguros. La claridad solar era espléndida, pero en aquel cuarto reinaba la penumbra. Ella, antes de todo, quiso conocer la identidad de su pareja incipiente. “¿Qué te pasa, Justin? ¿Tienes miedo?” “¿Miedo yo? ¿Y a qué cuerpo voy a tenerle miedo si trabajo en una morgue?”, respondió él con sonrisa malévola.

1732. CÍRCULO VIRTUOSO

Originalmente se llamaban Catalina y Jaime, pero hoy todos los que les rodeaban los conocían como Katie y Jamie. Eso les daba el crédito verbal de que en verdad habían emigrado para instalarse en un ambiente distinto, en el que sobre todo las palabras tenían otro sello. Y en algún momento se encontraron en aquel bar se suburbio, que era el mejor refugio para una noche de sábado sin planes alternativos. Hablaron de los temas se siempre, que estaban inevitablemente vinculados con las contingencias de la adaptación. La noche le iba dando paso a la madrugada, con todos los destellos que eso traía consigo. Y de pronto se hallaron en una especie de antesala imaginaria, y por eso mucho más vívida que todo lo que les rodeaba. Él extendió su mano y tomó la de ella. “Por fin te reconozco, Catalina”. “Y yo a ti, Jaime”. Y el beso tuvo sabor inmemorial.

1733. CAMARADERÍA MÁGICA

El crepúsculo iba dibujándose en el aire como si un artista feliz moviera sus pinceles para inventar nenúfares en el estanque imaginario. Enfrente vivía él, un ciudadano común con destino inconfesado. Aquella tarde le había puesto fin a su trabajo en la sastrería aledaña y se disponía a tomar una larga vacación sin ingresos. Cerró la ventana y se fue a su catre, no a descansar, sino a soñar. Y en cuanto estuvo ahí, se dijo: “Si el crepúsculo puede, ¿por qué yo no?” Y todas las luces del entorno llegaron de inmediato a darle ánimos: “¡Te ofrecemos nuestro estanque, Monet revivido!”

CIUDADANÍA FANTASMAL (19)

CUANDO VINO EL OLEAJE

El pequeño velero atracó en el muelle cuando apenas estaba por amanecer. De él desembarcaron unos cuantos pasajeros y unos pocos tripulantes. La embarcación se quedó sola, de seguro a la espera de iniciar la próxima travesía.

Las horas fueron pasando, y nadie se acercaba a hacer los preparativos para salir del puerto. Los tripulantes no aparecían y los nuevos pasajeros tampoco. Entonces el velero comenzó a hacer movimientos por su cuenta. Las velas aletearon y todas las cuerdas empezaron a temblar.

De repente unos pasos en carrera se hicieron sentir sobre las tablas descuidadas del muelle, y apareció sin saber de dónde aquel adolescente vestido con traje de capitán. Subió a toda prisa por la estrecha escalera habilitada, cuando todo se hallaba listo para la partida.

En el momento en que la nave se había desprendido del muelle e iba hacia adelante llegó la tripulación y se quedó agrupada, observando, como si no fuera la primera vez que eso ocurría. Las velas agitadas decían adiós con ilusión adolescente, y el capitán, que lo era, subido en un mástil, alzaba los brazos como si no necesitara agarrarse de nada. El oleaje iba despertando, y esa fue la señal: el velero empezó a levitar sobre las aguas, y una orquesta de otra esfera alzó sus armonías en saludo al capitán recién llegado, cuya ilusión más antigua zarpaba sin tardanza…

WHATSAPP AMANECIENTE

“¿Por qué te llamás Alondra?”, le preguntó mientras salían del instituto nacional en el cual ambos estaban iniciando su educación media. Era el primer día de clases, y ellos dos se acababan de ver por primera vez en el aula, mientras alguien pasaba lista. Venían de zonas distintas de los alrededores, pero de inmediato sus sensaciones existenciales habían hecho clic.

En los meses siguientes la común adolescencia se hizo sentir como un enlace de destellos, que por su propia naturaleza pronto fue perdiendo fuerza, hasta que aquella tarde en que, mientras ambos tomaban un refresco energizante en una refresquería cercana, una especie de modorra desconocida comenzó a invadirles las incipientes conciencias.

Concluyeron la bebida y se despidieron sin mayor efusión. Se fueron directamente a sus respectivas viviendas, con la compartida sensación de que algo les había llegado al estilo de los virus invasores. Los iPhones se hallaban en silencio. Señal extrema. Ninguno de los dos quiso tomar bocado. Ambos les dijeron a sus padres: “No me pasa nada, sólo que no tengo hambre, quiero descansar”. Pero no pudieron dormir. Era como si cada uno esperara una señal salvadora. Noche en vela, por primera vez. Y ya cuando la claridad empezaba a asomar, él tomó la iniciativa. Ahí estaba el iPhone. Y sin pensarlo le envió a ella su mensaje:

“Por ti voy a cambiar de identidad: desde este instante me llamo Jilguero, y así estaremos en perfecta armonía”.

La respuesta fue un suspiro que de seguro quería decir: “Gracias, destino, por venir”.

DORMIR HASTA OTRO DÍA

Nos fuimos a veranear a una costa ignorada, porque no queríamos estar en ningún bullicio turístico, sino en la anónima soledad. La playa en ese lugar era una interminable franja de arena rústica, y en los alrededores había una sola posada, a la que sólo acudían lugareños. Cuando llegamos con nuestros bártulos estrictamente necesarios, el de la recepción nos preguntó:

–¿Vienen a pernoctar o vienen a quedarse?

En aquel instante no hallamos qué responder, hicimos un gesto indefinido y solicitamos una habitación sin ventanas hacia afuera. El empleado nos miró con sorpresa, sin decir nada, y nos envió al único lugar que se acercaba a nuestra petición. No había ventanas, pero sí un tragaluz en el techo de madera sin trabajar. Ahí nos acostamos a dormir, con el arrullo del oleaje haciendo giros en el silencio.

A la mañana siguiente despertamos sin saber dónde estábamos. Lo que hicimos entonces fue volver las miradas hacia el tragaluz, y así descubrimos que éste se había expandido hasta dejarnos ver el cielo abierto. El oleaje ya no enviaba ningún sonido. ¿Sería acaso que el cielo y el mar se habían fundido en su alianza originaria? Nos abrazamos y nos dejamos llevar por el mismo impulso. Y si el empleado de la recepción hubiera estado ahí le hubiéramos podido responder:

–Venimos a quedarnos, pero no aquí, sino en el principio de los tiempos.

LIBERACIÓN CERRADA

De niño leer e imaginar eran sus diversiones favoritas. No le gustaba andar en bicicleta ni hacer deportes, y mucho menos pasar inmerso en las imágenes de un teléfono de última generación. En su familia lo miraban como si fuera un enigma, y él lo tomó en serio.

Ahora era adolescente, mañana sería adulto joven y pasado mañana sería adulto mayor. Y así las etapas van poniendo su propia nota. El adolescente se había vuelto deportista y la Internet era su amiga favorita. ¿Cuánto duraría aquel tránsito? No había cómo saberlo, pero de repente empezó a sentirse un hombre en toda su dimensión. ¿Sería que la adultez estaba invadiéndolo con aceleración imparable? Las canas comenzaron a aparecer. Fue a buscar ayuda profesional, y una señora vecina que tiraba las cartas del tarot acaso podría auxiliarlo:

–Amigo, tu tiempo se acaba. Vas para el más allá.

–¿Y ahí qué me va a gustar?

–Leer e imaginar como al principio.

–¡Qué ilusión, voy a cerrar mi círculo virtuoso!

MUTACIÓN EN EL VITRAL

En aquella zona ubicada en uno de los más remotos rincones rurales no había comercios establecidos, y el único proveedor identificable era don Segismundo, que cada semana recorría los lugares de su escasa clientela lugareña, repartiendo lo usual. Conocía todas las casas y a todos habitantes, desde siempre. Y como no era un destino para llegar a vivir, el vitral de los residentes se mantenía intacto. Por eso aquel día, al tocar una puerta, lo que apareció lo dejó boquiabierto.

–¿En qué le puedo servir, señor? –le preguntó la persona que acababa de abrir.

–Soy Segismundo, y la vez anterior que pasé eran otros los que habitaban aquí.

–Quizás se ha confundido, porque yo hace mucho que vivo en esta casa.

–Perdone. Pero dígame una cosa: ¿Cuál es su nombre?

–Me llamo Segismundo, y soy distribuidor de productos…

Cuando lo dijo, algo les impulsó instantáneamente a mirarse a los ojos. Al hacerlo se les abrieron las cortinas del subconsciente.

–¡Bienvenido, mi otro yo! –exclamaron al unísono.

Se estrecharon en un abrazo, y desde ese instante las identidades compartidas les hicieron la vida más fácil y llevadera.

ÁLBUM DE LIBÉLULAS (210)

1718. EN LOS DÍAS QUE VIENEN

Fue a buscar en la Internet el pronóstico climático de los días siguientes, para hacer sus planes hogareños. Decían que venía una intensa tormenta tropical y que las condiciones serían de cuidado. Se aperó para que en la casa no faltara nada de lo indispensable. Su esposa, que nunca había sido muy cuidadosa al respecto, le hizo la pregunta de siempre: “¿No se te olvidó nada de lo que vamos a necesitar?” Y él le devolvió la pregunta con intención: “¿Y qué es lo que vamos a necesitar?” Ella sonrió con el ceño fruncido: “Lo veremos en los días que vienen…” Se quedaron esperando que llegara el momento; pero como ahora es tan común, la advertencia atmosférica se quedó en palabras. Llegaron los días, pero no llegó la turbulencia anunciada. La pareja se miró a los ojos. Y los dos pensaron: “Esperemos que la tormenta no vaya a venir por dentro…”

1719. ENTRE COLINAS

Era, sin duda, el habitante más próspero del lugar, porque su empresa ecológica no sólo tenía despliegue nacional sino que se hallaba en plena expansión internacional. ¿Y de dónde partía ese éxito? De una idea que por mucho tiempo pareció simplemente poética, pero que de pronto empezó a ser claramente pragmática: el vínculo sensible entre la Naturaleza y la vida. Lo que los vecinos del entorno no acababan de entender era por qué aquel empresario que tenía todas las posibilidades de vivir en Nueva York, en Londres o en París seguía en su aldea originaria, como todos los que no tenían otra opción., y además en su misma casita de siempre, la que construyeron sus antepasados con lodo y madera. Alguien se animó a preguntárselo, y él respondió sin vacilar: “Porque me enseñaron a ser agradecido, y mis maestras originarias fueron y siguen siendo estas colinas”.

1720. LA ESTRELLA EN PERSONA

Soñó siempre con ser un emprendedor triunfante, y ese propósito vivo se le convirtió en luminaria de su atmósfera existencial. Como había estado desde el principio inclinado fervientemente a los quehaceres espirituales, lo que emprendió fue una consejería virtual para los que anhelaban superarse desde el fondo de ellos mismos. Pasaba todo el día en la habitación más escondida de su vivienda, atendiendo consultas. Era el contraste pleno: la penumbra de su refugio y la iluminación de su alcance laboral. Y así fue quedando suspendido en el puente colgante de sí mismo, sin salir al aire ni en lo claro ni en lo oscuro. Pero aquel atardecer, un impulso súbito le hizo buscar un tragaluz. Se alzó hacia él, y ahí estaba ella, la más brillante estrella imaginable. Anuncio de liberación desde lo más escondido de su ser hasta lo más libre de su infinito.

1721. EN CUESTIÓN DE MINUTOS

El vuelo saldría del Aeropuerto JFK de Nueva York a la hora señalada, porque no había ningún anuncio de retraso. Ella estaba lista desde hacía por lo menos tres horas, como era su costumbre. Se hallaba en el Swiss Lounge, aguardando el momento, con su jugo de tomate, su platito de fruta y su cruasán sencillo. Allá al fondo, el día ya mostraba su vitalidad soleada. Sacó de la maleta de mano su cuaderno íntimo y se dispuso a anotar las sensaciones del momento. El iPad, que estaba también ahí, no era su favorito. Fueron pasando los minutos, y cuando vio el reloj de puño se dio cuenta de que la hora del abordaje había sido sobrepasada, sin que se hubiera dado cuenta de ningún llamado. Se fue rápidamente a la puerta de embarque. Nadie, ni destino en la pantalla. Le preguntó a alguien. Respuesta esotérica: “Dentro de unos minutos, que pueden ser siglos…”

1722. EL CRISTAL VAGABUNDO

El recluso liberado condicionalmente por buena conducta en la cárcel donde fue recluido por muchos delitos no sangrientos salió a la luz del día como un fantasma sin destino identificable. No tenía familia directa, porque su grupo familiar inmediato había emigrado hacia el Norte, y no había parientes que quisieran acogerlo. Lo único que quedaba era ambular por donde se pudiera. Recordó entonces sus antiguas habilidades artesanales, y se fue a un taller a buscar trabajo. Pronto se dio cuenta de que podía laborar por su cuenta, y así lo hizo. Armó, como pudo, su tiendita propia, y empezó a crear en vidrio. Vendía lo suficiente para sobrevivir, pero de pronto comenzó a sentir que se hallaba recluido de nuevo. Entonces optó por ser indigente en calles y caminos. Libre de nuevo, aunque la necesidad le apretara las costillas.

1723. EN EL LUGAR PRECISO

Todas las áreas abiertas del restaurante volcaneño daban hacia un paisaje expandido hacia el horizonte donde había cerros y volcanes y un amplio lago. Era la primera vez que salían a departir juntos, y él había escogido aquel lugar sin consultarle a ella, tratando de sorprenderla animosamente. Cuando estuvieron ubicados, y una vez que el mesero les dejara las cartas del menú, él le preguntó a ella: “¿Te gusta el lugar? Si no, podemos buscar otro…” “No, estoy bien, sigamos aquí…” Como sólo ellos estaban, el silencio era total. El menú tenía carácter lugareño, y ellos pidieron con cautela. Lo hicieron bien, porque después de los primeros bocados los ánimos se distendieron. Y ya al final, con dos pequeños tequilas enfrente, se tomaron de las manos y se vieron a los ojos. Mutua declaración impecable. La ráfaga de brisa entraba a abrazarlos.

1724. ELSA Y JULIO

Ella llegó ya de noche, porque su vuelo arribó tarde. Él había cenado en solitario y luego se fue a su habitación del hotel El Salvador Intercontinental. La atmósfera del lugar rebosaba tranquilidad; pero en algún momento comenzaron a sonar los petardos voladores. Ni ella ni él tenían idea de lo que estaba pasando, pero los estruendos conmemorativos de algo les hicieron encontrarse en la barra del bar. “Hola, al fin nos vemos de nuevo…” Y en ese instante apareció un trío y comenzó a cantar “Flor de Azalea”, que ella recibió con humedad en los ojos. Eran las voces de los Hermanos Cárcamo. Al día siguiente comenzaría el rodaje de “Sólo de Noche Vienes”, en la ciudad o en la montaña. ¿Qué año era, entonces: 1965 o 2018? Una voz por el micrófono le cerró el paso a cualquier respuesta: “¡Bienvenidos, Elsa Aguirre y Julio Alemán, han pasado siglos, y ustedes como si nada, aquí y allá!”

1725. SONAMBULISMO ATÁVICO

Padecía insomnio crónico, pero algún factor no previsto le estaba devolviendo la capacidad de dormir. Eso en vez de tranquilizarlo le provocó ansiedad. Y es que ahora lo que iba apareciéndole cuando se internaba en la atmósfera del sueño era la sensación de hallarse en un desconocido salón de espejos por el que deambulaban enigmáticas imágenes. Añoraba el insomnio, cada vez más; y así tuvo la dicha de irse convirtiendo en sonámbulo. Un sonámbulo que le rogaba cada día a la Providencia que todos los espejos se esfumaran a su alrededor.

INSTANTÁNEAS DEL VERBO APASIONADO (12)

EL PRIMER DÍA

Cuando lo recordamos se vuelve el único.

EN EL TERRENO FÉRTIL

No olvidemos jamás que todas las palabras son semillas en vela.

CLARIDAD EN PAREJA

Las luces apagadas son la mejor invitación al desvelo radiante.

VELÁMENES AZULES

¿Estarán esperándonos en el confín de la memoria?

ALGUIEN TOCA EL CRISTAL

La imagen transparente que anda buscando afinidades íntimas.

CIUDAD QUE VUELVE

San Salvador se acuerda de sí misma en su versión de lámina y madera.

UBICACIÓN SAGRADA

Nos conocimos en el atelier de nuestras húmedas respiraciones.

TE DESCUBRÍ EN UN CRUCE

Que no fue de caminos ni de calles, sino de pensamientos olvidados.

AQUÍ EN EL CINE APOLO

Hubo una vez un templo para los dioses del Lejano Oeste.

EN LA HORA PRIMA

Las nubes soñolientas se me acercan a protegerme como al hijo pródigo.

EN LA HORA NONA

Hay que asomarse al tragaluz más próximo a recibir a la primera estrella.

VERDAD FLUYENTE

Cuando el alma suena es que escombros lleva.

SERVICIO A DOMICILIO

El ansia de soñar hace que las imágenes estén siempre dispuestas a acudir al instante.

RESIDENCIAL PROFÉTICA

Debemos habitar en las afueras de la vida vivida, sin perderla de vista.

AYER PASÓ EL COMETA

Y la mejor prueba de ello es que tenemos intenciones de inventar un eclipse.

LA MAÑANA DEL SÁBADO

Salimos a vagar por las acogedoras espesuras del alma compartida.

EN EL VALLE DE SAN ANDRÉS

Los árboles se abrazan desde ambos lados de la calle como si recordaran su hermandad.

VITRAL QUE NUNCA DUERME

En él venimos conociendo las rutas de nuestra intimidad desconocida.

LOS HUMANOS SOMOS

Veleros vagabundos que lo que menos quieren es llegar a puerto.

EL PRÓXIMO EQUINOCCIO

Las colinas recogen sus chales nebulosos para entrar en confianza con la puntualidad del calendario.

AL PIE DEL ALTAR

Todas las oraciones hacen fila para aguardar su turno en el reparto de suspiros.

COFRE DE MONERÍAS

¿Quién lo dejó olvidado en el umbral trasero del Primer Día de la Creación?

COLÓN ERA UN FANTASMA

Y estamos descubriéndolo mientras el viejo Océano ordena sus memorias.

EL CIELO EXISTE

Sólo hay que ir a encontrarlo en algún ático del subconsciente.

REGRESAR ES VIVIR

Y por eso nos da tanta ilusión reencarnar cada vez que nos sea posible.

SIN VUELTA DE HOJA

Es lo que dice el bosque cuando le preguntamos cuál es su ley de vida.

LA ROSA DE LOS VIENTOS

Se conserva intacta porque cambia de pétalos a diario.

EN RUTA INEVITABLE

Para llegar a la cumbre del alma hay que tomar el funicular de la memoria.

ÁLBUM DE LIBÉLULAS (209)

1710. LA FICCIÓN MÁS REAL

Las filas de vehículos eran interminables a aquella hora de la tarde, cuando los trabajadores de todo nivel iban de regreso a sus hogares luego de la jornada laboral. Ellos estaban en una de esas filas y la impaciencia por el atascamiento les ganó la voluntad. En la siguiente bocacalle doblaron hacia la derecha, y de inmediato se dieron cuenta de que aquella zona de callejas y callejones parecía instalada en otra época. Como ya no era viable regresar, siguieron adelante, y muy poco después se hallaban en una plazoleta rodeada de edificaciones, a todas luces habitacionales. “¿Te acuerdas de este lugar?” le preguntó él a ella, con un dejo de emoción. “Sí, en uno de estos edificios vivían tus padres contigo, y en otro mis padres conmigo”. “¿Pero cómo puede ser, si nosotros aquí somos inmigrantes?” Se quedaron mudos. La nostalgia los acunaba como a recién nacidos.

1711. CONOCIÉNDOSE AL FIN

“¿Y usted, de dónde ha salido?” La pregunta era un soplo. “Yo soy un residente de siempre en este lugar”. Rechazo sin paliativos, como si el soplo se volviera ráfaga: “¡No mienta, usted es un intruso recién llegado, y la prueba es que no me ha reconocido…” El interrogado pareció sacudirse un peso de encima: “¿Quiere conocer el espacio donde resido?” Silencio, evidentemente de duda. “Bueno, como dicen que el que calla, otorga, tomo su respuesta. Sígame, por favor”. Las voces se esfumaron. Todo quedó en quietud, como siempre. Pero el jardín parecía otro, aunque los detalles de eso eran muy sutiles. Por ejemplo, un reguero de hojas verdes que llegaba hasta la boca entreabierta del hormiguero. ¿Y quiénes habían sido entonces los interlocutores recientes? Quizás el brote que nació ahí y que regresó en maceta y el recién elegido líder del hormiguero.

1712. PARÁBOLA DE LA SALVACIÓN

Cuando lo encontraron, tirado en una rústica acera de la pequeña urbanización donde vivía gente de recursos casi inexistentes, todos supusieron que era una de esas víctimas que acribillan en un lugar y van a abandonar en otro. Las autoridades, luego de unas simples indagaciones, lo dieron por desconocido, como a tantos otros. Pero unos pocos días después apareció en el lugar una mujer desconsolada que preguntaba por el ausente. Nadie le daba razón, hasta que se topó con otro desconocido, que merodeaba por ahí. “Yo sé a quién busca. Era narco clandestino, como yo. Cada vez que nos veíamos me hablaba de usted, “la Rubia”, y me pedía que la protegiera cuando él ya no estuviera. ¿Me deja hacerlo? A él se lo acabó la mara contraria…” Ella sollozó, confortada. Y ambos desaparecieron, pero por huida, no por muerte, aunque la diferencia sea tan sutil.

1713. NUEVO DESTINO

La luz se encendió sin que nadie activara ningún dispositivo mecánico. ¿Puro efecto de la voluntad, entonces? Puede ser, aunque esos efectos inesperados nadie puede probarlos. Los presentes se encontraban ya sentados alrededor de la mesa, con sus copas de vino servidas, a la espera del brindis. El que estaba en la cabecera era el más joven, y abrió el encuentro en estos términos: “Como siempre, Él nos ha convocado, pero esta vez no quiere estar en persona, para que lo podamos recordar sin ninguna reserva…” Alguien pidió la palabra: “Como esta es la primera vez que nos reunimos sin Él, tenemos que hacerle honor a su presencia, que es el mensaje que nos encarga”. Otro alzó la mano: “Yo, como el mayor que soy, siento que su decisión nos une y debe unirnos para siempre: expresemos, pues, el compromiso alzando la copa sagrada…” Y la reacción fue unánime: “¡A la salud del Espíritu Universal!”

1714. IDENTIDAD RECUPERADA

La mañana despertó con una luminosidad que no era la común en aquellos días del año, en los que las brumas están prontas a imponerse. Él salió a la pequeña terraza del apartamento ubicado entre el mar y la montaña. Y, para su sorpresa, el mar parecía haberse recluido en una esquina y la montaña mostraba una amplitud de la que comúnmente carecía. Era, pues, momento propicio para salir a caminar por las sendas arboladas. Se apresuró a dirigirse hacia ahí. Como normalmente no lo hacía, cualquier sensación sería inesperada. Se internó al azar, y pronto estuvo en un claro cuyo centro era una pieza intacta, con todas las características de las imágenes clásicas en los monasterios más antiguos. Se preguntó en voz alta: “¿Dónde estoy?” Y un rumor entre las hojas le dio respuesta: “En el inicio de tu retorno a los orígenes. Eres un monje sin edad”.

1715. GESTIÓN DEFINITIVA

La ceremonia sería al borde del agua, en aquel hotel de playa que era el más solicitado del momento. Todo estaba a punto, con el mobiliario, los arreglos florales y los adornos previstos. Los contrayentes se hallaban en sus respectivas habitaciones, arreglándose para cuando llegara la hora. El mar parecía otro invitado expectante, con un suave oleaje animador. El grueso de los asistentes ya se hallaba ahí, y entre ellos ninguno se percató de que había una presencia que nadie conocía. Se dio la señal. Aparecieron los novios. El letrado celebrante ocupaba su puesto. Dio comienzo el acto. Llegó el instante del enlace, y al ir a consumarse una ola se alzó envolviéndolo todo. Desastre total. La presencia desconocida se hallaba en un rincón, a salvo. Era la otra enamorada del novio, la desdeñada, que se había aliado con poderes oscuros para reponerse del daño.

1716. OFERTA CON ORÍGENES

Ahí, enfrente, se alzaba la formación rocosa que tenía en su parte superior aquel monumento inconfundible. Él, que era anímicamente un turista de mochila, estaba sin embargo hospedado en un hotel de cinco estrellas, en cuyo piso superior había un restaurante con vista total sobre el paisaje en el que convivían los grises de las colinas con los verdes de los boscajes y en medio las urbanizaciones blancas. Esa mañana, ya en vísperas del equinoccio de otoño, aquel hombre de mediana edad que andaba en busca de emociones de tránsito vital, era de los primeros en llegar a tomar su desayuno en el restaurante del piso octavo, y lo primero que vio fue aquella mujer joven ataviada como una deidad antigua: “¿Eres tú, Afrodita?” Ella sonrió, halagada. “Pues si no lo soy, puedo serlo: la Diosa del Amor… Si quieres te lo demuestro, aquí frente a la imagen milenaria del Partenón”.

1717. LA SUERTE DE DON ELÍAS

La pregunta surgió como un cometa repentino: “¿Alguien aquí recuerda a don Elías?” Todos se miraron entre sí sin atinar. El que había hecho la pregunta se sintió obligado a dar algún tipo de explicación: “Don Elías circulaba por todas partes en el Barrio San Miguelito, donde crecimos. ¿No se acuerdan? Era el cartero”. Entonces todos sonrieron, y algunos hasta soltaron la risa. ¿El cartero? Oficio en vías de desaparecer, porque ya no hay cartas, ni postales, ni tarjetas de Navidad… “¿Y qué se ha hecho don Elías?” “Está en un asilo, de seguro recibiendo cartas del más allá…”

CIUDADANÍA FANTASMAL (18)

CASOS DE LA VIDA REAL

El cuerpo exánime estaba tendido en el suelo, y algunos de los presentes se esmeraban nerviosamente en reanimarlo. Era inútil. Y la causa estaba a la vista: aquella ingesta de alcohol que había sido un grifo abierto desde hacía horas en una celebración entre amigos por el motivo que fuera, que siempre los hay a la mano. Llegaron los paramédicos, y luego de un prologado empeño, lo declararon difunto. A su lado, la esposa sollozaba, inconsolable. Entonces trasladaron el cadáver a la morgue.

Ya casi de madrugada, el velador de turno oyó sonidos en la cámara. La abrió. El cadáver se estaba incorporando. Y, sin más, saltó al suelo.

–¡Ya me voy, no aguanto los encierros! Ah, ¿dónde está mi mujer?

–Se fue en cuanto lo depositaron ahí.

Él salió volado hacia el lugar donde había pasado el percance. Los pocos presentes lo recibieron con susto alcoholizado:

–¡Regresó el que estaba ausente! ¡A su salud!

–Gracias, cuates. ¿Dónde está Ulises? Ah, ni me lo digan, de seguro con mi mujer. Voy ahorita mismo a aguarles la fiesta a esos cabrones. La Providencia está de mi parte. ¡Ajúa!

SELFIE INMEMORIAL

A él siempre le habían inculcado que la familia es sagrada, y tal afirmación la mantenía fija en el subconsciente, como una marca de fábrica. Cuando la decisión de formar familia propia estaba tomada, la antigua verdad asumida le resurgió como un aura envolvente, con luz y con aroma originales. Y en la celebración de la boda, que se realizaba en un resort de playa con características paradisíacas, el momento de las fotografías testimoniales había llegado:

–¡A ver, que en cada mesa alguien active un selfie que incluya a todos los que están ahí!

El movimiento se hizo notar en los grupos, que eran numerosos y pequeños. Los celulares comenzaron accionar. Aquel parecía de pronto un convivio de luciérnagas.

En la mesa de los contrayentes sólo estaban ellos y sus respectivos padres. El novio tomó la instantánea. Y cuando la mostró, los gestos de incredulidad se hicieron virales. Y es que en ese selfie había algo inexplicable: en primera plana, los seis presentes –los cuatro padres y los dos recién casados— y detrás de ellos una multitud de rostros de los cuales sólo unos cuantos eran identificables. ¿Serían los antepasados que se asomaban a dar su aval?

EL OTRO VELAMEN

El equinoccio de otoño estaba bien próximo, y aunque en aquella zona tropical eso no estuviera marcado en el calendario, se podía adivinar en los pálpitos del aire que habría cambio de estación. Para los seres más sensibles, ese era una especie de llamado al recogimiento propio de las impresiones otoñales, que tienen luz y frescura características.

En la diminuta vivienda de aquella pareja recién unida ambos compartían la sensibilidad de lo inefable. Esto les daba un impulso de armonía que iba surgiendo desde muy adentro, y por eso fue espontánea la reacción ante la propensión del clima:

–Es hora de navegar, mi amor. El aire nos lleva hacia el agua.

–Ah, pues vamos, para que el fuego no se nos vaya a esconder en la tierra.

Se fueron al puerto más cercano y buscaron el velero anhelado. No había ninguno que hiciera excursiones. Había que contratar uno para desplazarse en solitario. Lo hicieron. Ya en las olas y con las velas alzadas, él y ella se abrazaron, conmovidos. Empezaban a descubrir que aquel era un velero imaginario, en el que podrían navegar para siempre.

UN JARDÍN ANÓNIMO

Desde el doble ventanal de la sala en el apartamento del piso 11, el despliegue de los entornos era una comunidad de edificios de diversas edades y alturas. Algunos, a todas luces de otro tiempo aunque con prestancia visible; otros, ya en proceso de sustitución arquitectónica para aprovechar los espacios en edificaciones al día; y unos cuantos ya característicos de los tiempos presentes. En fin, un despliegue de presencias verticales en el apiñamiento característico de las grandes urbes.

Él, que era un recién llegado por efecto de las condiciones imperantes en su país de origen, se asomaba constantemente a dicho ventanal, para sentirse partícipe del paisaje urbano, tan diferente a aquél en que siempre había vivido. Tenía suficientes recursos para estar ubicado donde estaba, pero había algo que era en su mente una pérdida no resuelta.

Por eso estaba ahí, junto al ventanal de cortinas levantadas, todo el tiempo que le era posible, muy escaso por cierto porque andaba en busca de ocupación en aquella ciudad desconocida, que además era una isla concentrada al máximo.

¿Y qué era lo que buscaba con tanta ansiedad? Siquiera un remedo inspirador de aquello que allá, en su vecindario de colonia de buen nivel, había sido lo natural a lo largo del tiempo: el jardín envolvente instalado en la tierra viva. ¿Pero aquí cómo? Eso se lo preguntaba a diario, hasta que esa tarde su mirador se fue convirtiendo en una pista insospechada: ahí, en un hueco entre edificios esbeltos, parecía hallarse refugiada una familia de verdor.

Se quedó en éxtasis. ¡Su jardín anhelado, que se le aparecía después de tanta ilusión de encontrarlo! Y entonces exclamó sin palabras: ¡Gracias, Manhattan, por devolverme la emoción de estar aquí y allá al mismo tiempo!

CUANDO LA HORA SUENA

Los cuervos revoloteaban alrededor, y en contraste con las imágenes tradicionales ese cruce de vuelos mostraba todos los visos de ser un ejercicio ceremonial. El monasterio a aquella hora se encontraba sumergido en un letargo silencioso, porque todos sus habitantes permanecían en trance de meditación crepuscular. Sólo uno de ellos deambulaba por ahí, como si los cuervos entusiastas lo mantuvieran en alerta.

La iluminación atmosférica se iba difuminando minuto a minuto, y eso hacía que las sombras fueran apareciendo con voluntad invasora. Y entre las que tomaban cuerpo con más nitidez, una se acercó hacia él como si tuviera un mensaje que darle:

–¿Ya te diste cuenta en qué año estamos, en qué mes estamos, en qué día estamos?

El aludido se quedó en suspenso, y tardó unos segundos en reaccionar:

–¿Por qué me pregunta eso, señor? Yo no lo conozco.

–De seguro no me recuerdas, porque somos viejos conocidos, desde antes de tener memoria…

–Pues va a tener que explicármelo, porque yo no entiendo nada.

–Aquí está tu calendario personal, con las fechas envueltas en círculos.

En ese preciso instante sonó una campana, que para él era inconfundible, porque era la del monasterio. Hizo el gesto de volver hacia ahí.

–No, espera, hoy te toca ir a otro monasterio, que es el de tu época siguiente…

Y de inmediato la oscuridad se hizo plena mientras los cuervos seguían revoloteando alrededor.

ÁLBUM DE LIBÉLULAS (208)

1702. EL PRIMER APLAUSO

La intensidad azul de aquel mar tranquilo era la mejor acogida. El bote que transportaba pasajeros se detuvo junto al muelle, y todos empezaron a salir. La mayoría turistas de mochila. Uno de ellos, un joven que llevaba una bolsa de ropa y un violín en su estuche, caminó hacia el restaurante Gariful, que estaba enfrente, y cuyas mesas daban hacia afuera. Antes de que llegara salió a su encuentro aquella muchacha que mostraba tanta emoción que parecía a punto de alzar vuelo. Abrazo intenso. “¡Por fin llegas, el concierto empezará en unos instantes!” Él tuvo un segundo de confusión. “¿El concierto? ¿Que no será pasado mañana?” Ella se rio, ilusionada: “¡Hablo del nuestro, del que se iniciará en unos minutos, en la habitación que tienes reservada, después de tanto tiempo de que estuvimos juntos en el Conservatorio! ¡Bienvenido a Hvar, intérprete virtuoso, Croacia es tuya!”

1703. FICCIÓN IDEAL

Había sido una tertulia impregnada de recuerdos cálidos, como cada vez que estaban reunidos todos los que integraban aquel grupo que se empezó a formar desde los remotos años de la convivencia parvularia. Pero en esa oportunidad se dio una presencia inesperada: aquel silencio con alma de ausente. Todos hablaban y reían como siempre, entre vasos rebosantes, pero él parecía envuelto en una túnica impenetrable. “¿Qué te pasa, Gabriel?”, le preguntó uno de los presentes, y la pregunta se animó de pronto como el vuelo de un insecto provocador. Él no salió de su cápsula envolvente, pero envió una mirada que era a la vez mensaje y advertencia. “Estoy aquí, pero siento que no estoy”. “¿Y eso? ¿Ya te volviste pensador extravagante?” Él sacudió la cabeza antes de responder: “Quizás, y por eso me voy”. “¿Hacia dónde?” “Hacia el vitral más próximo…”

1704. RECORDATORIO LABORAL

Estaba dormido en una banca del parquecito aledaño a la iglesia, y por su apariencia era muy difícil identificarlo como un indigente o como un excéntrico. Los transeúntes pasaban a su alrededor, sin percatarse de su presencia. Hasta que aquella señora con su perrito atado a una correa iba a pasar cerca del durmiente. Ella se detuvo a la par del sujeto inmóvil, que parecía una figura ideada por algún pintor subconscientemente surrealista. Allá a lo lejos, desde una lejanía de ésas que parecen producto de la imaginación, surgió un repique de campanas. Había llegado la hora. Mientras el perrito lanzaba un aullido de bienvenida, ella llamó al que reposaba: “¡Ángel, es tiempo de que vuelvas a tu función natural!” Él se incorporó como ante un llamado insoslayable. “¡Gracias, Memoria, estoy dispuesto!” Ella sonrió, alejándose. Él, como ángel de la guarda, tornaría a su trabajo.

1705. BLOODY MARY FELIZ

Cada vez que le pagaban la mensualidad de su pensión se sentía habilitado para recuperar experiencias vividas, así fueran las que podían considerarse más simples e ingenuas. Ese día recibió su sobre y ni siquiera contó lo que había adentro. Se fue directamente al bar donde desde siempre iba a desahogar sus ansias de libertad interior, ya que la libertad exterior se hallaba tan sometida por las adversidades cotidianas. Desde que probó el Bloody Mary fue su coctel favorito. Como buen lobo solitario, nunca había nadie con él; pero esta vez el Bloody Mary tenía un sabor nostálgico que no era común. Entrecerró los ojos y comenzó a ver imágenes. ¿Por cuál iba a decidirse? Sí, por esa, la de Maribel, su primera novia. Lo dejó por un piloto. Murieron en un accidente aéreo. Él sonrió: “Gracias, Maribel, por dejarme en tierra, como un caminante más…”

1706. MOMENTO ÍNTIMO

La parte de la Plaza junto al agua, y el café-bar AlTodaro al aire libre estaba repleto. Verano vivo. Repicó la campana y ellos, que andaban buscando dónde reposar a la luz de un Bloody Mary y de un gin and tonic, ocuparon una mesa bajo la claridad soleada. El mesero de alta figura, que parecía sacada de una muestra de personajes de antaño, se acercó con la orden. Los vasos llenos y los recipientes con galletas y papas fritas. Se hallaban en un lugar clásicamente mágico: la Plaza de San Marcos en Venecia, y el movimiento humano era constante; pero eso no les quitaba su naturalidad invasora a los cientos de palomas que andaban a la busca de algún bocado. Él comenzó a despenicar las galletas y las papas. Se acercó Leonardo el mesero, y él le preguntó: “¿Está prohibido?” Gesto de sí. “Entonces, sigamos, porque la Naturaleza manda”. Y el revuelo de palomas invadió la Plaza.

1707. HONRAR LA NATURALEZA

Dicen que no hay dos sin tres; y cuando él lo pensaba, una sonrisa de múltiples significados posibles se le dibujaba en el rostro. Su naturaleza desafiante no mostraba agresividades inútiles, y eso hacía que se le considerara un ser sociable y entrador, como decían sus amigos. Y quienes mejor recibían tal condición eran las jóvenes de las que siempre andaba rodeado. Cuando el tiempo pareció llegar, se formalizó con Irene, la hija de un empresario farmacéutico muy notorio. Él mostraba un enamoramiento pleno, y ella le correspondía. Uno de los allegados más de confianza le preguntó: “¿Qué andás buscando, Trébol?” Ese era el sobrenombre que le cayó desde siempre. “Nada, sólo ser feliz con lo que tengo”. “¿Y qué tenés?” “La gracia de mi apodo”. “¿Cómo así?” “Dicen que no hay dos sin tres, y como yo soy Trébol, el tercero que soñamos ya viene en camino…”

1708. KOPER, 4 P.M.

El mar sereno estaba muy cerca, y la tranquilidad empedrada del ambiente era perfecta. Se detuvo ante la puerta de la Catedral de la Asunción y dudó entre ingresar o seguir adelante. Él ahora era un peregrino, y así tenía que manejar su búsqueda. Luego de asomarse y enviar una mirada intensa hacia el altar, dispuso seguir caminando. Lo que no advertía es que aquella mirada iba volando detrás de él, hasta que se posó en su hombro. De pronto, una motocicleta inesperada se detuvo a su lado. “¡Sí, es ella, Lorella!”, a quien conociera cuando ambos estudiaban en Roma, adolescentes extranjeros. Lo cautivó y desapareció. Sólo sabía que era una joven eslovena, originaria de Koper, el puerto sobre el agua azul. Y entonces la mirada que seguía posada sobre su hombro voló para posarse sobre el hombro de ella. Ya podían seguir el viaje juntos hacia el ensueño siguiente.

1709. LEY DE VIDA

Dispuso ser músico desde que tuvo conciencia de que los sonidos podían tener vida propia. A partir de aquel momento, la vivienda hogareña se convirtió en un foco de armonías improvisadas. Pero había una cosa curiosa: aunque todas las casas estaban pegaditas, los sonidos de aquélla no se percibían en el entorno inmediato. Y es que los sonidos eran su forma espontánea de respirar. No podía dejarlos porque caería exánime. Era músico porque el aire le permitía serlo. Ahí se quedaría, pero no como un alma en pena sino como un alma en gracia.

CUENTOS DE MEDIO MINUTO (14)

PRIMER INDOCUMENTADO

(Homenaje al cuentista húngaro István Örkény)

Cuando regresó por la vía de la deportación, lo primero que hizo, después del encuentro en familia, fue dirigirse al predio baldío que estaba inmediato. Ahí se arrodilló, y aspiró a profundidad el aire:
–Estoy aquí contigo, aire libre, porque sé que fuiste el primer indocumentado, y por eso me podés entender como nadie…
La ráfaga pasó sobre su frente, como el aleteo del buen augurio más inspirador.

EN LA FILA INDIA

Aquella ordenada multitud no cesaba de moverse hacia el interior en ningún momento del día, ni siquiera en la nocturnidad. Todos los aspirantes al ingreso parecían aceptar la espera con voluntad pacífica. Hasta que se acerca aquel anciano a todas luces iracundo. Cuando llegó a la entrada, le espetó al empleado:
–¿Y vos qué dijiste: este pendejo ya aceptó volver a su hogar de origen? ¡Pues no, cabrón, yo sigo siendo Adán, y quiero ser libre!

FICCIÓN AZUL

Las nubes se organizaban para aquella que sería, según todos los cálculos, la primera jornada estelar de la estación lluviosa. Y alguien, que ninguno de los bloques gaseosos presentes podía identificar, se venía acercando por una de las estribaciones del terreno, y al llegar les advirtió de pronto:
–Les aviso que se acercan las nuevas corrientes cálidas del cambio climático. Tienen que dejar de ser tan inocentes, muchachas…

EL NUEVO CICLO

Colgaron en la pared principal aquella manta que contenía un dibujo del mapamundi. Todos se ubicaron frente al dibujo, como si estuvieran en un aula de las de antes. El conductor de la sesión dio el toque para el comienzo:
–¿Listos? Aquí está el mapa. Hay que decidir a dónde vamos a ir a establecernos…
Alguien preguntó:
–¿Y por qué no se lo dejamos al azar? Eso es lo más congruente con nuestra naturaleza…
El conductor se mesó la esponjosa barba blanca:
–Sí, pero recuerden que fuimos dioses y hoy ya nadie nos lo reconoce.

MISIÓN FRAGANTE

La tierra estaba húmeda y el aire estaba seco. El caminante venía moviéndose desde una lejanía que se hallaba mucho más allá de la cadena de montañas visibles. Y como ya le pesaba la pequeña bolsa que traía colgada del hombro, buscó ayuda. Entró en una tiendita de antigüedades, y de inmediato ofreció:
–¿Quiere comprarme algo para tener yo con qué comer?
–¿Y qué trae?
–Las últimas flores del jardín de mi conciencia.

AL AIRE LIBRE

Cuando llegó la primera golondrina, alguien le preguntó desde algún ramaje próximo:
–¿Ya te cansaste de querer hacer verano?
Arribó entonces el jilguero despistado y la misma voz le dijo:
–Qué bueno que has renunciado a ser solista…
El cuervo estaba por posarse y la voz tuvo un amago de burla:
–Vas a tener que pedirle a tu amigo Edgar Allan que te ayude.
Los tres miraron hacia el ramaje:
–Nunca vas a salir de ese rincón donde has estado siempre, envidioso de las alas.

LA VERDADERA IDENTIDAD

Sonó el reloj de pie, con su repique clásico. Aunque se hallaba en un rincón, tenía la actitud de ser el centro de todo. La noche estaba empezando y los invitados comenzaban a llegar. El dueño de la casa se acercó al reloj:
–Como siempre, te pido silencio cuando estén aquí. Ya los conoces.
El reloj los conocía mejor que nadie. Eran las almas en pena que se reunían en la casa de su guardián para emocionarse con sus remembranzas, y lo que más angustia les daba era recordar que el tiempo existía y que tenía voz.

REVELACIÓN DEL ECO

Mientras las frases seguían destellando en el aire, el silencio del lugar parecía estar a la defensiva. Así lo sentía él, que era el protagonista, a pesar de todo.
¿Y qué significaba “todo”?
–La pregunta te compro.
–¿Y vos quién sos?
–Si lo adivinás te lo digo –ofreció entre risas.
–Ah, ya sé. El de siempre.
–¿Cómo así?
–Mi eco favorito.
–Cuidado, sin ofender. Yo no soy tu eco: soy tu otro yo.

EL OTRO OFICIO

Los empleados iban llegando a la oficina del jefe, para la reunión a la que habían sido convocados, y se ubicaban en sus asientos de siempre. Aquel lugar era por costumbre el orden en persona. Pero en aquel encuentro algo indefinible parecía variar la rutina.
Cuando el jefe apareció, todos se pusieron en guardia. ¿Qué era aquello? El señor se colocó en su podio y comenzó a gemir. Total silencio en torno.
Pasados unos cuantos minutos, el jefe carraspeó y dio inicio a su explicación:
–Los he reunido para anunciarles que esta empresa se cierra. No es cuestión de números, sino de letras. Yo me voy a dedicar a escribir mi historia y ustedes van a tener que buscar otras ocupaciones. No quedarán en el aire, porque yo voy a estar pendiente de ustedes en todo momento. Es lo que nos toca a los espíritus liberados de sus ataduras inútiles.

HORA PICO

El tráfico era un caos anunciado. Las filas de vehículos salían por todas partes. Y, para colmo, empezaba el azote de la lluvia. Como era natural a aquella hora, ellos iban uno detrás del otro, y aunque al principio él pensó que el todoterreno de ella estaba simplemente esperando turno de avance, cuando pasaron los minutos y la pitazón se hizo estruendosa, él se dio cuenta de que el vehículo de adelante estaba detenido.
Los dos se bajaron al mismo tiempo. Y al nomás verse todo lo que les rodeaba desapareció como por encanto. Dicen que la ilusión le cierra los ojos a la realidad.

ÁLBUM DE LIBÉLULAS (207)

1694. SOLUCIÓN INESPERADA

Sin proponérnoslo, poco a poco nos fuimos convirtiendo en una familia indefinible. Tanto así que en el vecindario donde todos se conocían empezaron a proliferar los murmullos sobre un posible trastorno anímico. Nosotros lo supimos, porque los chismes son como roedores atrevidos. Así las cosas, un día de tantos uno de nosotros compró un billete de la lotería, y fue como si la suerte tuviera prisa en beneficiarnos. Ganamos el premio mayor, que era de muchos miles de dólares. Como nunca habíamos pensado en nada semejante, tuvimos que hacer de inmediato una especie de consejo de familia. Los padres callaban. Nosotros, los hijos, estábamos a la expectativa, hasta que el menor habló: “Bueno, hoy podemos encerrarnos aquí para siempre, sin tener que pensar en cómo sobrevivir. Somos libres”.

1695. ¿DESTINOS PARALELOS?

Sin proponérselo, empezó a relacionarse con aquella joven del vecindario, Vanessa, a quien llamaban la sacerdotisa. A él le llamaban el pequeño burgués. ¿Y qué tenían en común? El ser extraños, como decían las malas lenguas, que nunca faltan. Se conocieron en el descuidado parquecito de la zona, cada quien leyendo lo suyo. En algún momento levantaron la vista de los respectivos textos, completamente distintos, por cierto, y se miraron a los ojos, como queriendo descubrir mensajes comunes. Así comenzó el vínculo: sin palabras. Se fueron frecuentando, pero las palabras apenas aparecían. Hasta que en un determinado instante los silencios parecieron entrar en verdadera alianza. Los vieron caminar tomados de las manos. “Miren, ahí van los extraños, de seguro a su catacumba con cama incluida…”

1696. EL DEDO DEL DESTINO

¡Huyamos, huyamos, huyamos!… Esa fue la consigna que se corrió por los alrededores luego de que una serie de acciones criminales sembraran el pánico en el lugar. El punto era hacia dónde huir, si las ondas del crimen organizado se expandían por todas partes. Entonces surgió en nuestro núcleo familiar una propuesta precisa: “Vámonos al mesón de la tía Clara…” Nadie hubiera pensado en eso, porque era volver a los orígenes de una ciudad prácticamente abandonada. “Pues precisamente por eso: porque nadie va a imaginar que ahí se puede estar seguro…” Armaron sus bártulos y cogieron camino. El mesón era hoy un tugurio casi en ruinas. La tía Clara ya no existía; hoy el encargado era uno de sus nietos completamente tatuado. “¿Vienen a quedarse?” Ellos no respondieron. La suerte estaba echada.

1697. LECCIÓN CALLEJERA

Uno de sus pocos allegados de siempre le dijo, mientras caminaban por la calle: “Ese que está ahí es tu tío Alfonso. Tu tío abuelo. Se ve más joven de lo esperable, ¿verdad?” Él se quedó a la expectativa, porque no acababa de entender la referencia. ¿El tío Alfonso? ¿Era el militar que había desaparecido en la Guerra de las Cien Horas con Honduras? ¿O era el comerciante de bienes básicos que se perdió de vista durante un operativo de la guerrilla en el interior del país? El impulso entonces fue irresistible: se acercó a la esquina donde aquel señor al que acababan de señalarle como su tío Alfonso parecía aguardar a alguien. “Soy yo, tío Alfonso. ¿Regresaste?” El aludido se quedó en silencio con una sonrisa. “Ah, pues ahora entiendo: estás aquí para recordarnos que existe el eterno retorno…”

1698. EMOCIÓN ESTELAR

Los domingos tenía que escoger a cuál de los cines se dirigiría por la tarde. La elección estaba entre el Principal, el Nacional y el Popular. Casi era un juego de azar. Y aquel domingo le tocó el turno al Principal, ubicado ya en la bajada de la calle de Mejicanos, cerca de La Familiar y de la librería del Choco Albino. La función comenzaba a las 2:45, y él siempre llegaba a la taquilla que estaba inmediatamente después de las gradas de acceso con tiempo para ser uno de los primeros. Aquel domingo, como anunciaba el gran cartel que estaba encima del cine, daban “El inocente”, con Pedro Infante y Silvia Pinal. Era, pues, domingo de comedia. Lo ideal para el momento. Cuando concluyó la función, desde luego con final feliz, el niño espectador salió a la calle. San Salvador sonreía. No lo olvidaría nunca.

1699. ¿ALGUIEN TIENE ALGÚN INDICIO?

Se llamaba Alicia, pero no vivía en el país de las maravillas. Al menos eso era lo que decían los noticieros diariamente. Pero en uno de los apartamentos inmediatos parecía estarse dibujando una apertura inimaginada. El sueño de Alicia había sido desde un inicio convertirse en personaje de telenovela, al estilo de las clásicas, y hasta la fecha el ambiente no mostraba opciones para que ese sueño se pudiera encaminar hacia la realidad. En aquel apartamento inmediato, sin embargo, un actor retirado estaba iniciando clases de actuación casi clandestinas. Ella llegó a inscribirse. “¿Alicia dices? Ese nombre es tu credencial. Podemos comenzar mañana, muy temprano. ¿Estás de acuerdo?” Entusiasmada y aromada llegó a la hora. “Vamos”, le indicó el maestro. “¿A dónde?” “Al país de las maravillas…” Sonrisa malévola.

1700. ESPERAR ES UN ARTE

La ilusión nunca había sido para él experiencia de vida cotidiana. Era el único hijo de aquella pareja fallida, que antes de que él tuviera conciencia propia se disolvió sin más. Cada uno cogió por su lado, y él anduvo desde entonces en una especie de puente colgante que parecía no tener fin. La madre se casó pronto con un señor anímicamente emproblemado y el padre se esfumó porque no quería tener otro propósito de vida que ser un mujeriego perpetuo. A él, que pasó de ser un niño anhelante a convertirse en un adolescente imaginativo y luego en un joven adulto apremiado, el ansia de llenar su vacío emocional se le fue volviendo cada vez más imperiosa. Para eso necesitaba a alguien, y comenzó a buscarla. ¿Dónde? ¿Cómo? ¿Cuándo? Preguntas inútiles. Llegaría, de la mano de la ilusión. Fórmula insuperable.

1701. ITINERARIO ABIERTO

Se conocieron en un campamento de verano, y hoy la opción existencial era dónde ir a pasar el invierno. Él era un músico clásico y ella era una narradora en perspectiva. Destinos contrastantes, pero anhelos coincidentes. La nueva estación estaba por llegar, y ambos se dispusieron a hacer planes. Sentados en la terraza del bar frecuentado intercambiaban imágenes al respecto. ¿Una cabaña en los montes? ¿Un ático en el centro urbano? ¿Una habitación en la playa? No se ponían de acuerdo. “Entonces, quedémonos así, en el limbo de lo indefinido… Es lo más seguro…”