Varios de estos objetos han sido el arma usada para quitarle la vida a una persona. Los restantes son un testimonio inanimado de la violencia en El Salvador. Piezas de esta naturaleza están, corrientemente, bajo el resguardo de la División de Policía Técnica Científica o en la bodega de evidencias de la Fiscalía General de la República.

Armas de todos los días

Un fotorreportaje de Jonatan Funes

Texto de Moisés Alvarado

Varios de estos objetos han sido el arma usada para quitarle la vida a una persona. Los restantes son un testimonio inanimado de la violencia en El Salvador. Piezas de esta naturaleza están, corrientemente, bajo el resguardo de la División de Policía Técnica Científica o en la bodega de evidencias de la Fiscalía General de la República. Los objetos que aquí presentamos pertenecen, en su mayoría, a la colección personal de Israel Ticas, el criminalista de la FGR.

El funcionario asegura que están en su poder porque, tras ser descubiertos en exhumaciones, la Policía ya no las utilizó para obtener de ellos evidencia científica. Se limitaron a documentar los objetos en fotografías. Óscar Quijano, de Antropología Forense del Instituto de Medicina Legal, afirma que se trata de un error de proceso, pues todo objeto ligado a un caso debe ir a resguardo. “La Policía se ha profesionalizado más en los últimos años, pero creo que un motivo razonable para que situaciones como esas se estén dando es que la Policía no tiene una infrastructura adecuada para albergar ese enorme caudal de evidencias”, comenta Quijano.

Cadena de perro San Martín, San Salvador

El testigo criteriado aseguró que en un cementerio clandestino de San Martín, él y otros hombres que pertenecían a la misma pandilla habían enterrado el cadáver de un niño de aproximadamente 12 años. Dijo que privaron de libertad a la víctima (el motivo no se revela) cuando paseaba a su perro en una comunidad del mismo municipio. Tomaron la cadena que le servía al infante para retener al animal, se la pusieron alrededor del cuello y la apretaron hasta que murió por asfixia. También asesinaron al perro. En efecto, el equipo que desenterró los restos en 2015 encontró partes óseas de un canino en las inmediaciones, que fueron llevados a Antropología Forense del Instituto de Medicina Legal para su análisis. La cadena y ese último detalle han conformado una poderosa evidencia para apoyar las acusaciones del criteriado contra sus compañeros de pandilla.

Cables de video La Libertad, La Libertad

Estos cables, los que sirven para enviar las señales de audio y video de un aparato reproductor como un DVD hacia una pantalla, sirvieron para asfixiar a una persona en ese municipio de la costa salvadoreña. Al parecer, la tensión utilizada provocó que estos se rompieran. Se enterraron junto a los restos de la víctima con la idea de que nunca fueran encontrados.

Cuerda Tacuba, Ahuachapán

“Cuerda utilizada para asesinar a 14 personas en Tacuba, 2010”, dice el cártel colocado afuera de la bolsa que resguarda esta cuerda. La cual fue encontrada en un terreno donde habían estado enterrados varios cadáveres, los que la pandilla de la zona quiso ocultar. Un testigo con criterio de oportunidad les dio el dato. Las víctimas que serían asesinadas eran conducidas a un mismo sitio. Allí, el lazo, que fue el mismo en 14 ocasiones, les servía, probablemente, también para colgarlas mientras las torturaban con objetos punzocortantes.

Roca Santa Elena, Usulután

Esta roca, de unas 8 libras de peso y del tamaño de un melón, fue utilizada para lapidar a un hombre en ese municipio del oriente del país. El objeto tenía leves vestigios de sangre en su superficie y estaba junto a otras 10 piedras de similar tamaño en las cercanías del sitio donde se encontró el cadáver de la víctima. La piedra es conservada por Ticas pues, asegura, no se considera evidencia. “La Policía Nacional Civil lo que hace es tomarle una fotografía al objeto, que en este caso es el arma homicida, también algunas muestras de tejido, pero no se la llevan. Por eso la puedo conservar yo”, comenta.

Estaca Santa Elena, Usulután

“En mi experiencia, cuando un asesinato se realiza en una persona que ha sido previamente privada de libertad, casi nunca se utilizan armas de fuego. Prefieren usar algo que se pueda descartar con facilidad”, dice Israel Ticas, criminalista de la Fiscalía General de la República. Las armas, entonces, son de otra naturaleza. Como esta estaca encontrada dentro del tórax de un hombre enterrado en un cementerio clandestino en el municipio de Santa Elena, Usulután, en 2014. Aún hoy, la madera, de unos 10 centímetros de largo, parece ser lo suficientemente maciza como para penetrar en el cuerpo de una persona.

Cartera con peine, lapicero y delineador Mejicanos, San Salvador

Un objeto de esta colección que no es un arma, pero está íntimamente relacionado con la brutalidad con la que se ha matado en este país. Pertenecía a una de las víctimas que falleció en el incendio de un bus de la ruta 47, ocurrido el 20 de junio de 2010 en las inmediaciones de la colonia Jardín, en Mejicanos. En este fallecieron calcinadas 14 personas. Los autores de la masacre fueron pandilleros del Barrio 18. El peine, el lapicero y el delineador quedaron, debido al calor, como un solo objeto indivisible a la cartera que ese día los transportaba.

Trabuco Indeterminado

Lo que antes eran unos tubos metálicos y el resorte de una cama se ha transformado en un arma de fuego. Se trata de un trabuco, que se elabora de manera artesanal. Dentro de las piezas de hierro se percute un cartucho, regularmente de una escopeta de calibre 12. Iba a ser destruido como parte de un proceso de rutina en la bodega de evidencias de la Fiscalía General de la República. Se lo legaron a Israel Ticas para su colección.

Balas y casquillos Departamento de Morazán

Casquillos recogidos en escenas de masacres en el departamento del nororiente del país, uno de los que mayor actividad bélica tuvo durante la guerra civil en El Salvador. Estos han pasado más de tres décadas en contacto con el suelo, y han adquirido el color de la tierra que los acogió todo ese tiempo.

Torniquete de alambre Lourdes, Colón

Imagen facilitada por el Instituto de Medicina Legal. Cuatro personas fueron encontradas en 2012 en un cementerio clandestino. Todas habían sido asesinadas con el mismo método: un trozo de alambre de amarre fue colocado alrededor de su cuello, que se apretó cada vez más hasta ejercer la suficiente presión para acabar con la vida.

Cuchillos de cocina Departamento de San Salvador

Un juzgado conserva todavía estos cuchillos de cocina, algunos de los cuales ya han comenzado a oxidarse. Según las viñetas pegadas a las herramientas, pertenecen a casos judicializados de 2004 a 2006. Los encargados aseguran que son los últimos vestigios de muchos más objetos, los que la Corte Suprema de Justicia les ordenó destruir este año. Los cuchillos fueron usados para infringir lesiones o para asesinar. No es posible dar con una respuesta precisa; no se tiene un inventario para saber a qué caso pertenecen: si estos llevaron a quien los empuñó a la cárcel o si los procesos quedaron en la impunidad.

 


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