Álbum de libélulas (190)

Historias sin Cuento

David Escobar Galindo

1555. BUSCANDO NORTE

El profesor de geografía no era especialmente elocuente a la hora de describir las diversas zonas del mapamundi, y por eso aquel día cuando comenzó la clase los estudiantes se sorprendieron por el entusiasmo que mostraba. Comenzó haciendo algo parecido a una confesión: “Lo que prefiero son los espacios abiertos al aire y a la luz, y por eso me siento tan cómodo en el trópico; pero en los últimos días me ha estado naciendo la tentación de ir por aquí…” Y señalaba con los dedos un área en el norte de Canadá, al borde del Atlántico. El más avispado de los alumnos alzó la voz: “Teacher, usted quiere irse para Halifax, ¿verdad?”
—“¿Halifax? ¿Por qué se te ocurre Halifax?”
—“Porque su dedo índice apuntó hacia ahí”.
Todos se rieron, salvo el profesor, que interpretó aquello como una inocente señal del destino.

1556. FIGURAS AFINES

Alguien le preguntó una vez en algún encuentro de ocasión: “Usted no parece natural de este lugar. ¿Dónde vivió antes?”
Y él no vaciló en dar su respuesta: “En el más tranquilo de los mundos: en un cuadro clásico”. Parecía una respuesta en broma, y el que había preguntado la tomó como tal: “Entonces, viene de un museo. Será un museo famoso, me imagino”.
El aludido esbozó una amplia sonrisa que se convirtió de inmediato en mueca inocente: “Claro, es un famoso museo y está aquí a la vuelta de la esquina…”
El otro se quedó en vilo: “¿Un museo? ¿A la vuelta de la esquina? Cómo va a ser, hombre, si estamos en una suburbio donde solo hay casitas apiñadas…!”
La reacción fue casi graciosa: “Ah, entonces usted no se ha dado cuenta de que lo clásico puede estar en cualquier parte… Mírese a usted mismo: una figura surrealista que anda en busca de albergue…”

1557. MENSAJE DE ACOGIDA

Cuando estuvo en París por primera vez, uno de sus destinos favoritos era la Librería Española, ubicada entonces en el 72 de la Rue de Seine. Llegaba por las tardes, antes de acudir a los cursos de la Alianza Francesa, y ahí hacía su excursión cotidiana por las más diversas comarcas imaginadas. Era otoño penumbroso y las reminiscencias de las tierras perpetuamente radiantes se hacían más vivas. Por eso aquella tarde se detuvo en un tomo que contenía novelas escogidas de Rómulo Gallegos. Era el contraste perfecto: las brumas friolentas y los llanos despejados. Tenía en sus manos el pequeño tomo empastado en cuero de la Colección Joya de la Editorial española Aguilar, y al sentir aquel contacto se le activó en la conciencia un chip desconocido: de entre las páginas surgió un soplo de aire que le decía: “Búscame, estoy en la calle, París nos ama…”

1558. EXPLICACIÓN CONVINCENTE

Aquel jovencito acababa de ser expulsado del colegio donde estudiaba porque le habían encontrado drogas químicas en su mochila. El director lo encaró con el estilo directo que le caracterizaba: “Estás en graves aprietos, Edwin; y vas a tener que decir toda la verdad para poder evitar consecuencias mayores”. El muchacho se quedó impávido y su respuesta parecía un juego de imágenes: “Alguien que no conozco me puso eso ahí. Creo que fue en un sueño”. “¡Come on, Edwin, no estamos para bromas absurdas! Lo que te espera es la expulsión inmediata…!” Así fue. Pero el padre del adolescente, que era un señor de mucha influencia, activó gestiones para que regresara. Lo primero que hizo el retornado fue ir a ver al director: “Don Tony, aunque usted no me crea, todo pasó en un sueño. El dealer tenía alas, y por eso no me dio desconfianza…”

1559. PARÁBOLA DEL INGENIO

“Te dije que me gusta soñar, pero me lo tomaste tan a la ligera que preferí ya no hacer ninguna referencia al asunto, que para mí es cuestión de gracia o de desgracia…” Estaba diciéndoselo a la mujer de sus sueños, y por eso para él aquella declaración tenía trasfondo doloroso. Ella lo miró como si se tratara de un desconocido. “¿Soñar? A mí también me gusta, pero la vida es otra cosa”. Él no pudo evitar preguntarle: “¿Qué querés decir cuando decís que la vida es otra cosa?” “Pues eso: que para vivir hay que estar bien despierto y con los pies sobre la tierra”. Él no hizo más comentarios, porque empezaba a entender lo que necesitaba hacer. Días después, cuando volvió por la tarde a la casa llevaba un sobre en la mano. “No te ofrezco los pies sobre la tierra pero sí los pies sobre el agua… Aquí están los pasajes del crucero que haremos dentro de un par de meses…”

1560. PARÁBOLA DEL ASCENSO

Hacía largo tiempo que iba a confesarse con el padre Esteban, en la iglesita del barrio, y ya por costumbre sus confesiones parecían relatos de aventuras sin relación de pecados. El padre Esteban, comunicativo por naturaleza, le dijo un día, luego de la confesión previsible: “Estoy gratamente sorprendido de que no seas pecador, y por eso lo único que tengo que hacer es bendecir tu conducta tan pura…” Él no hizo ningún comentario, pero se quedó con el dardo clavado. En la ocasión siguiente, solo unos días después, la camándula de pecados se hizo presente. El padre Esteban volvió a comentar, luego de las absoluciones previsibles: “¡Caramba, hoy eres un pecador disciplinado, aunque todos tus pecados son veniales…: lo que estás ganando es tiempo en el Purgatorio…” Y él pensó para sus adentros: “Lo que necesito es un pecado mortal que me libere”.

1561. DESTINATARIO FINAL

Todo estaba escrito en aquellas pocas hojas manuscritas que se guardaban en la gaveta que siempre se mantuvo bajo llave. Y cuando el autor de las anotaciones se escapó por la puerta falsa, la llave quedó en la cerradura de la gaveta, como invitando a abrirla. Ninguno de los otros habitantes del lugar se dio cuenta del detalle. Así pasó el tiempo, hasta que la habitación fue rentada a un estudiante que venía del interior del país. Él estudiaba hasta muy tarde, y aquella noche, en medio del silencio, escuchó algo fragoso en el rincón al que no le había prestado atención. Fue a ver. En el interior de la bodeguita se hallaba la gaveta. De inmediato activó la lleve y sacó las hojas que estaban adentro. Era un diario íntimo. Y cuando empezó a leerlo se identificó a plenitud con lo escrito. Era su propio diario íntimo de otra vida, que estaba esperándolo…

1562. MISTERIO EDUCATIVO

Logró una beca de estudios superiores en una universidad de Nueva York, y partió hacia allí lo más pronto que pudo, con toda la ilusión de formarse al máximo posible. Y al llegar, lo primero que hizo fue ubicarse en un apartamento ínfimo en Queens, con un parque en el entorno. Empezó a estudiar, pero su lugar de destino fue aquel espacio con árboles y ardillas. Hizo todo lo posible para salir adelante en el plano académico, aunque todo fue para que su otra escuela, la del bosque, le hablara con voces cada vez más imperativas…

 


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