ÁLBUM DE LIBÉLULAS (185)

Historias sin Cuento

David Escobar Galindo

1515. PARÁBOLA DEL ASUETO

Recorría las mismas calles a diario, y esa rutina le daba la libertad de ir utilizando el trayecto para descubrir en cualquiera que se cruzara con él los rasgos de los antiguos conocidos. Lo bueno para él de hacerlo a la intemperie era que así el ejercicio se convertía en una caminata sin estaciones en vez de ser una especie de contemplación privada de movimiento; y, además, al estar afuera, los mensajes del aire iban envolviéndolo a cada paso, con toda su influencia inspiradora. Aventura inocente y perfecta, que se le fue haciendo tan natural que no se dio cuenta de que se le había vuelto una mera travesía imaginaria, hasta que una mañana de tantas despertó escondido en una urna. Su tiempo de vacación estaba concluido, y tenía que volver a su reposo de personaje embalsamado.

1516. CONVIVIO PERSONAL

Desde que hizo la primera comunión allá en junio del año en que llegaría a su séptimo cumpleaños, el vínculo emocional con los personajes emblemáticos de su fe religiosa fue en crecimiento constante, aunque nunca externara comentarios al respecto, ni siquiera entre los más allegados. Era un culto personal cuya impregnación tenía todas las características de la experiencia íntima. Y lo más curioso era que tales personajes estaban ahí, a su alrededor, con la naturalidad de lo cotidiano. Estaban ahí, pero con ellos no cruzaba ninguna palabra. Eso provocó que el silencio se le fuera convirtiendo en la compañía más entrañable, muy semejante al culto de respirar. Una compañía que era el sitio de reunión con aquellos seres que siempre le hablarían sin hablar…

1517. ABRIR LA GAVETA MÁS ÍNTIMA

María estaba haciendo sus iniciales ensayos en el arte del dibujo con lápices de color. Ninguno de sus maestros anteriores la había invitado a emprender esa ruta, y por eso ahora se sentía dueña de un propósito que se le había manifestado con la más plena libertad. Y lo primero que le nació fue aquel paisaje que de inmediato le trajo la remembranza vívida de sus primeras impresiones infantiles. Era el vivo retrato de aquella parcela silvestre donde nació y vivió sus primeros años. Cuando la concluyó pudo decirle: “Ahora que te tengo dibujada puedo alejarme de ti en el recuerdo para emprender mi ruta sentimental por paisajes nuevos…” Los colores parecieron vibrar, y ella guardó su dibujo y se fue de inmediato a comprar el pasaje para irse a correr mundo.

1518. VISITA PROVIDENCIAL

Los inviernos se presentaban como una pesadilla recurrente en aquella zona marginal donde una quebrada que estuvo ahí siempre iba despojándose de sus márgenes traumatizadas por la invasión urbanizadora. Para las casas que se hallaban en la proximidad del borde la situación era aún más aflictiva. Y la onda tropical en camino despertaba todas las alarmas. Esa tarde, que era la víspera anunciada por el Servicio Meteorológico, los vecinos más afectados se reunieron para ver qué podían hacer ante la emergencia, y lo único que tenían a la mano era dejar sus viviendas y buscar otros refugios. Entonces apareció aquel extraño que parecía un enviado de la Providencia, y todos los peligros retrocedieron asustados. Luego de unos días desapareció, pero la limpia ya estaba consumada.

1519. EL OTRO PLANO

Tenía enfrente, colgado en la pared, aquel óleo de cartuchos blancos en fondo verde que su esposa había pintado hacía ya bastantes años. El cuadro era recién llegado, como si fuera un pariente que hubiese vuelto del exilio sin dar aviso previo. Alguien habló un día a la casa para contar que había un cuadro de ella a disposición del mejor postor, y él supo de inmediato que el mensaje era para él. Lo adquirió sin siquiera verlo. Era más grande de lo que imaginó y los seres florales estaban ahí reunidos como peregrinos devotos congregados en una capilla. Mientras los observaba, otras imágenes aparecían a su alrededor. Él sintió, una vez más, que por encima y por debajo del arte había en todas aquellas obras un soplo que de seguro llegaba de otras vidas. Llamó a su esposa, y ambos se sumergieron en el misterio feliz.

1520. EXCURSIÓN HACIA ADENTRO

En aquellos días, su libro de cabecera era el “Breve tratado de la Ilusión”, del filósofo español Julián Marías. Y es que él estaba haciendo anímicamente el tránsito de la oscuridad obsesiva a la claridad emergente. Era un impulso que se le había manifestado sin dar avisos previos, como inspirado por alguna voz interior no identificable. La gente que lo conocía albergaba la sospecha de que él estaba entregándose a prácticas esotéricas, pero no había prueba de que fuera así. Por el contrario, en la cotidianidad se mostraba cada vez más abierto. Y al fin se animó a dar alguna pista: “Estoy aprendiendo el oficio de la ilusión, y lo primero que eso me produce es el ansia de hablar en silencio de lo humano más profundo. Les ruego que me entiendan y que me acompañen…”

1521. LA DISCULPA ANHELADA

Esa tarde tuvo el impulso instantáneo de salir a caminar por los alrededores como no lo hacía desde el incidente del asalto en el interior del parquecito que estaba a un par de cuadras de distancia. Y, como si un afán premeditado lo llevara de la mano, se fue hacia aquel mismo parquecito donde vivió su experiencia urbana más traumática no hacía mucho. La claridad se iba tornando cada vez más tenue, porque la tarde se desvanecía y porque la vegetación parecía haberse sobrepoblado con rapidez fuera de lo común. Cuando llegó a la parte central de aquel espacio lo que sintió fue una serenidad inesperada. Se detuvo, mientras las ramas parecían extenderse hacia él en ansia protectora. Y entonces intuyó el significado de todo aquello: la vegetación le pedía perdón por lo ocurrido y le ofrecía protección incondicional…

1522. SOLUCIÓN SALVADORA

Siempre lo había intuido: el tiempo nos lleva de la mano sin que sepamos hacia dónde. Entonces lo prudente era hacer un pacto virtuoso con el tiempo. Se quedó meditando al respecto, porque no había respuesta disponible sobre la forma de lograr el enlace. Y este entonces se produjo como por arte de magia: un sábado cualquiera las horas parecieron detenerse. Estaban todas a su alrededor, y él les preguntó: “¿Querrían ser mis cómplices?” Ellas hicieron distintos gestos de aceptación; y desde aquel instante supo que él tenía todo el poder sobre el tiempo. ¡Ajúa!

 


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