ÁLBUM DE LIBÉLULAS (184)

Historias sin Cuento

David Escobar Galindo

1507. ENCUENTRO EN VIVO

Estaba esperando la luna nueva, que es la de los grandes inicios. Y aquella noche, que era la indicada en el calendario para que tal acontecimiento se hiciera visible, el cielo estaba inmerso en una perfecta oscuridad. Entonces tuvo el impulso irresistible de salir a caminar por los entornos, que eran algo así como el traspatio de una pequeña población de habitantes casi marginales. Anduvo vagando como si lo impulsara una voluntad que no era la suya, hasta que, sin proponérselo, estuvo en aquel liviano mirador desde el cual podía observarse un espacio del cielo; y ahí estaba ella, la luna nueva, asomándose apenas, como si no quisiera ser vista más que por sus elegidos. Él se arrodilló a medias y musitó unas palabras: “Gracias por escogerme, doncella inspiradora; vámonos a dormir juntos bajo el ramaje”.

1508. GAVIOTA MENSAJERA

Cuando llegó el momento del retiro laboral, sus condiciones eran más favorables de lo esperado. Recibió una alta compensación y el monto de lo que percibiría mensualmente daba para vivir en cualquier parte. Llegaba, pues, el momento de la aventura. Su mujer, que había estado ahí siempre, le preguntó, conociéndolo: “¡A dónde nos vamos a ir a vivir?” Respuesta inesperada: “A Dartmouth, al sur de Inglaterra”. “¿Y eso?” “Es una pequeña comunidad portuaria de lo más pintoresca, paraíso de gaviotas a orillas del río Dart, donde se puede estar en perfecta paz y con todas las comodidades posibles…” “¿Pero de dónde sacaste la idea?” “El otro día que fuimos a la playa sentí que una gaviota me transmitió el mensaje”. “¡Come on! No me vayás a salir con que te hablan los espíritus… Pero en fin, probemos”.

1509. RETAR AL MISTERIO

Estaban cenando en Lusardi’s, a la hora tempranera en que prácticamente todas las mesas están ocupadas. Afuera, la 2.ª Avenida neoyorquina mostraba su animación de siempre en un sábado primaveral. Ellos habían pedido ya su vino Brunello favorito, e iban saboreándolo con delicadeza de conocedores espontáneos. En eso alguien entró al lugar y fue a acomodarse a la barra que está justo a la entrada. Ambos lo observaron e intercambiaron miradas. Era él, sin duda, ese vecino que parecía haber venido siguiéndolos en sus distintas ciudades y viviendas, y con quien nunca habían cruzado ni dos palabras. Quizás era hora de hacerlo. Se levantaron de su mesa y se dirigieron a la barra, pero al llegar, y sin que lo notaran, el sujeto había desaparecido. Volvieron tranquilamente a la mesa. El misterio seguiría en pie.

1510. ESTÁ A POR VENIR

Por más que estemos hablando constantemente de destino, la vida nunca deja de ser un juego de azar. Y por eso él, que había arribado a la etapa vital que se conoce como madurez, iba poniéndose cada vez más alerta sobre lo que pudiera pasar cada día. Las sorpresas, buenas y malas, asoman sin previo anuncio, y ahorita mismo le llegaba algo inesperable: su señora, ya en los umbrales de la menopausia, tendría su primer hijo. Susto, expectativa e ilusión a la vez; solo que la mezcla resultaba a ratos agridulce y a veces tibio ardiente. El embarazo avanzaba impecable. Llegó el momento de conocer el sexo de la criatura. El médico les informó, con desconcierto: “Es imposible descubrirlo. Extrañísimo”. Él sonrió: “Quizás lo que viene es un ángel despistado. Piénselo, doctor, y nos avisa…”

1511. AUTOLIBERACIÓN

Era jefe de personal de la empresa a la que ingresó poco después de graduarse, y desde esa posición su futuro profesional se anunciaba con creciente nitidez, lo cual le hacía dar una imagen a la vez confiada y demandante. La gente a su alrededor le había puesto un mote: “El infalible”, porque eso era lo que estaba a la vista. Hacia adentro, sin embargo, la estampa era diametralmente opuesta: cualquier cosa hacía temblar sus membranas anímicas y las dudas formaban enjambres angustiosos. El contraste se había ido volviendo lacerante, y así como por fuera destellaba salud, por dentro padecía quebranto. Entonces llegó la hora del giro definitivo. Los que lo rodeaban no lo creían: se desvaneció su arrogancia y se redibujó su sonrisa. El infalible se había vuelto un candil expectante.

1512. OTRA NORMALIDAD

Era el orden personificado, y para tener prueba fehaciente de ello llevaba una carpeta sucesiva de todos sus proyectos y de los resultados de los mismos. En contraste con lo que ahora se estila, ninguna de sus imágenes se hallaba en las redes sociales, porque él había venido haciendo el recorrido inverso: en tanto más descontrol comunicacional le rodeaba, más privacidad quería asegurar. Pero un día de tantos, y sin explicación accesible, desapareció su carpeta. Revolvió su casa de pies a cabeza, y puso a los suyos prácticamente en cuarentena. Como no hubo datos de lo ocurrido, ni siquiera pistas, todo tuvo que volver a la normalidad, pero una normalidad que para él fue un aprendizaje sigiloso, que lo ponía de alguna manera también en cuarentena. Y los espíritus chocarreros se divertían a su alrededor.

1513. TRIPLE ALIANZA

El cielo amaneció cerrado, como si fuera muralla impenetrable, pero el ánimo de ambos era esplendente aquel día, porque iban a consumar el anhelo de recomponer sus vidas a partir de un voto de confianza. El notario oficiante hizo las preguntas de rigor y ellos las respondieron en los términos usuales, y luego todo quedó sellado ante la ley. Eran marido y mujer, como se dice. Un par de días después tocaba la ceremonia religiosa en la iglesita del barrio de donde ambos eran originarios. Se cumplió el rito, y así todo estuvo firme en manos de Dios. ¿Qué podía faltar? Se miraron a los ojos ya cuando estaban solos ante el cielo abierto junto al mar, en su habitación de enamorados. Y entonces entendieron que les faltaba el gesto vivo de la primera estrella, que en ese instante comenzó a aparecer…

1514. IDENTIDAD CAMBIANTE

Le pusieron por nombre Juan de Dios porque sus padres, que eran gente de gran devoción, quisieron colocarlo bajo el signo de la protección divina. Pero la vida traza sus propias líneas, y desde el principio aquel muchacho fue un aventurero incontrolable, que no se detenía ante nada. Su madre se quejaba de ello con su vecina de toda la vida, que le dijo en son de guasa: “Toñita, es que ustedes le pusieron Juan de Dios, pero él lo que quiso ser siempre fue Juan del Diablo, ¿se acuerda?, el de “Corazón salvaje”, aquella radionovela de Caridad Bravo Adams…”

 


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