Álbum de libélulas (178)

Historias sin Cuento

David Escobar Galindo

1458. JUEGO DE IDENTIDADES

Tenía toda la pinta de ser uno de esos varones dominantes que no admiten opinión alternativa de ninguna índole. Los gruñidos eran su signo de presentación, y desde el colegio le pusieron un mote característico: lobo feroz. Y para más coincidencia su apellido era Lobo. En la adolescencia, la gesticulación arrogante se acentuó aún más por obra y gracia del urgente brote hormonal. Los compañeros lo observaban con cautela y las compañeras lo veían de reojo. Y eso fue así hasta que llegó al primer curso universitario. Ahí estaba aquella nueva alumna llamada Cristal, que desde que lo vio le echó el ojo sin disimulo. Él se sorprendió, y ella tomó al lobo por las orejas: “Lobito, yo soy Cristal, pero de roca. Y te informo que en el kindergarten me llamaban Caperucita Roja. ¿Qué te parece, camarada? ¿Te animás al juego?”

1459. TÁCTICA DE CONTROL

El presidente de la empresa reunió aquella mañana a su consejo directivo, aunque la reunión no estaba programada de antemano. Ni siquiera había agenda disponible. Cuando todos estuvieron instalados en el salón cuyos ventanales daban hacia una lejanía boscosa, el conductor hizo gesto de bienvenida que tenía un inesperado toque de emoción. “Los he convocado para darles a conocer una decisión irreversible, que no puede esperar más”. Se quedó unos segundos en silencio, como si buscara encender la expectativa. Las expresiones de los asistentes parecieron hacerle gracia al que hablaba. “A ver: ¿quisieran adivinar de qué se trata?” Todos se miraron con desconcierto. El silencio hizo que él tomara impulso. “Si no se atreven, tampoco yo me atreveré a expresar mi decisión. Se irá conociendo en el día a día”. Entonces se levantaron todas las manos.

1460. EL PETATE DEL MUERTO

A raíz de que ella escogió como compañero a aquel músico que andaba por las calles recogiendo monedas de los transeúntes a cambio de unos rasgueos de guitarra realmente hábiles y de una voz encariñada con el falsete, la familia la puso entre la espada y la pared: “O ese bueno para nada o nosotros, tu familia segura”. Y el más belicoso era el hermano mayor, que trabajaba como contador en una empresa y siempre había sido la voz cantante en el ámbito familiar, del cual no se había desprendido para hacer vida propia. Él la amenazaba ya con visos de violencia si seguía con el “musicucho”. Ella estaba cada vez más temerosa y angustiada, y su marinovio trataba de convencerla de que se fuera de una vez con él. Esa tarde, entre abrazos húmedos, le dijo: “Mi amor, no te dejés vencer por el petate del muerto, cuando tenés el colchón del vivo a tu disposición”.

1461. ENTRE MENSAJES

Llegó de hacer su entrenamiento diario como todos los días: con la ropa empapada en sudor y con ganas de recostarse a ver sus programas favoritos en la tele, de esos románticos al tope. Esta vez, sin embargo, le esperaba una sorpresa desconcertante: ahí estaba Felicia, a quien no veía desde hacía años. Ella lo abrazó, sin importarle la humedad que él transmitía. “¿Cómo es que estás aquí? Yo te hacía en New Jersey, trabajando en lo tuyo”. Ella hizo un gesto casi lloroso: “Me deportaron. Con ese señor que ha llegado nadie está a salvo. Y lo primero que he hecho es venir a verte”. Él pensó: “¿A mí por qué?” Habían sido amigos de colegio, nada más. Ella entonces le tomó la mano y lo llevó a un aparte. “Unos días antes de que me agarraran soñé contigo. ¿Y sabés qué me decías?: Nos vamos a ver pronto, aunque tengás que sufrir un poquito”. Y aquí estoy, haciéndote caso”. Ni en la Tele pasan esas cosas.

1462. ESCAPAR DEL POZO

La mara tenía desde hacía tiempos el control de la colonia, y para todo había que contar con su permiso. Aunque los pobladores se habían ido acomodando a aquella sumisión pesarosa, por momentos los impulsos de rebelión eran inevitables, aunque nunca pasaban a los hechos, porque lo que estaba en juego era la vida misma. Para aquel muchacho dispuesto a ser alguien en el futuro, tal situación era un lazo al cuello. Estudiaba en un instituto público, y estaba a punto de bachillerarse. Una noche, sentó a sus padres –jornaleros disciplinados– y les dijo: “Vámonos de aquí, porque esto ya no se aguanta”. “¿Y a dónde nos vamos a ir, hijito?”, casi gimió la madre que lavaba ajeno. “A cualquier parte que no sea un pozo sin fondo como éste. ¿Qué les parece alguna playa donde lleguen los surfistas? Después de esta cárcel de la mara, la libertad del mar, ¡ajúa!”

1463. HASTA PRONTO, ESPESURA

Dicen que todos los caminos llevan a Roma; y el soñador nostálgico había hecho suya tal expresión con un pequeño cambio: todos los caminos llevan a la espesura del bosque. Atado visceralmente a aquel sentimiento, nunca había podido alejarse de su lugar de origen, que era una aldea entre montañas de antigua vegetación tupida. Aunque en ese lugar sólo había tenido acceso a la educación más elemental, las fuerzas interiores le hacían anhelar conocimientos desconocidos. Se dedicaba a la agricultura de siempre, pero algo le decía que había otros cultivos posibles. Y ese impulso, cada vez más intenso, lo movió hacia otras lejanías. Aquella mañana, al partir, se detuvo ante la boscosidad del entorno y le hizo saber: “Me alejo de ti, pero sé que nos vamos a encontrar donde voy a estar, de cualquier manera. Por eso sólo te digo: hasta pronto, hasta muy pronto”.

1464. PROPOSICIÓN IRRESISTIBLE

Mariluz tiene los días contados, pero no contados para morirse, sino contados para pasar aquí mismo a una vida de verdadera plenitud. Ha sido siempre una mujer encargada de su propia suerte, y por eso viene sintiendo que la suerte nunca le ha respondido como corresponde. En su vida personal y en su trabajo las cosas han ido saliendo simplemente okey, y por eso le pide constantemente a la Providencia que le permita un giro de calidad que aunque no sea de 180 grados al menos se acerque a eso. Entonces Alex, un amigo recién llegado casi de la nada, le hace una propuesta no prevista: “¿Qué te parece si nos vamos a vivir juntos en un valle sin límites? No te estoy haciendo una proposición sexual, aunque al final nunca se sabe. Allí podríamos dedicarnos a las artesanías espirituales… ¡María, dame tu luz!” La suerte ha hablado por fin.

1465. ESA PLAYA ESCONDIDA

Londonderry, en el norte de Irlanda, es un muestrario de serenidad. Por eso ha sido una especie de trampa virtuosa para el trotamundos acostumbrado a cambiar de climas. Llegó ahí en un pequeño barco turístico y no embarcó de nuevo, con el aviso correspondiente. Como estaba solo en el mundo, no había a quién darle parte de su decisión. Ahora sería un fantasma migratorio que se instalaría donde le viniera en gana. Se fue a un prado junto a la playa del río Foyle, rodeado de árboles frondosos, en el que ambulaban vacas lecheras. Sitio perfecto para pernoctar en paz.

 


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