La vida es más dura después de la sequía

La vida es más dura después de la sequía

Estas mismas tres manzanas de tierra dieron 90 quintales de maíz hace solo un año. En 2017, el invierno fue parejo desde mayo y las mazorcas recibieron el suficiente alimento para crecer. Una promesa cumplida para el duro trabajo bajo el sol de San Ildefonso, el mismo municipio vicentino en el que se emplaza la presa hidroeléctrica 15 de Septiembre, una de las más importantes del país.
El cuadro presente es muy distinto. Douglas Anaya camina en medio de un moritorio. La sequía que afectó a buena parte del país entre mayo y julio malogró su milpa. Aquel verde que hoy debiera llenar los ojos es un tono cobrizo que recuerda al desierto.
—Aquí todo es pérdida. No hay nada –dice mientras toma con la mano las mazorcas marrones que todavía cuelgan de las matas moribundas. Les quita la hoja y muestra lo que hay dentro: en toda la mazorca solo hay cinco granos buenos. Los demás están carbonizados. — Dígame usted, ¿esto para qué puede servir?

De las tres manzanas que se malograron, Douglas decidió chapodar la mitad para volver a sembrar en el mismo terreno. La otra parte la ha dejado a su suerte, esperando que se convierta en el pasto suficiente para que sus vacas se alimenten en verano.

Si no fuera por estos animales, Douglas viviría un momento de mayor desesperación. Al menos estas le proveen de leche en el corral cercano a este terreno. Lo suficiente para comerciar en el pueblo e irla, como se dice, pasando.

—Esta es una calamidad. Nunca habíamos perdido así como hoy, porque yo tengo añísimos de sembrar, más de 50, y no había visto algo parecido –dice Raúl Aguilar, el padre de Douglas y dueño de un terreno ubicado unos cuantos metros hacia el sur, mientras camina con su bien educado perro al lado. —Nunca habíamos perdido igual como hoy. Pero, ¿a quién le reclamamos, a quien le echamos la culpa? –comenta, con el mismo gesto entre dicharachero y tranquilo que marca cada una de sus frases.

Mira a cada mata de su milpa como si de una persona se tratara, la diferencia por su altura, por su color, por el número de mazorcas muertas e inservibles que le cuelgan y la hacen jorobarse. Su duelo es silencioso, pero la tragedia lo ha marcado, incluso más que el binomio 2014-2015, cuando hubo periodos consecutivos de sequía.

 

 

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LA DE DOUGLAS Y RAÚL no es una situación excepcional. En este terreno común hay unas 15 manzanas de tierra cultivable. Ninguna quedó en pie después de la “seca”.

Y en todo San Ildefonso, el problema ha sido generalizado. Eso se puede comprobar dando una ronda en la panadería frente al parque en la que cada tarde se reúnen los hombres del pueblo, la mayor parte de ellos agricultores de subsistencia. Aquí y allá se repiten las historias de terror, como si una sola y enorme garganta las contara. Como si la experiencia le hubiera pasado a una sola persona, no a decenas.

Que el problema ha sido generalizado también se puede comprobar en las estimaciones del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), que calcula la pérdida en el municipio en torno al 95 %.

Que la sequía impactara con especial fuerza a San Ildefonso, sin embargo, era un resultado esperable. En su informe de 2012, el Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural lo colocó entre los 10 municipios con mayor Índice de Vulnerabilidad Socioeconómica (IVS) en el país. Es decir, como uno donde un evento climático extremo (como una sequía) ha de provocar que más hogares caigan por debajo de la línea de pobreza en un mayor intervalo. Esto se calcula con base en tres factores: la exposición al riesgo, la sensibilidad a este y la capacidad para adaptarse.

San Ildefonso es un municipio con muchas necesidades. Su escolaridad promedio es de 3.8 años, la mayor parte de sus habitantes se dedica a las labores del campo y el 15 % de su población no tiene acceso a agua potable (ANDA ni siquiera tiene presencia). El agua es un tema especialmente delicado en San Ildefonso. Su suelo es mayormente rocoso y el líquido de sus profundidades es escaso y salobre, no apto para el consumo humano.

Pero San Ildefonso tampoco es excepcional en la zona: nueve de los 10 municipios más vulnerables del país están en las cercanías, en el departamento de San Vicente.
El color de la esperanza es el verde, ha de pensar Douglas Anaya cuando deja el cobrizo terreno que servirá para que pasten sus vacas en verano y se dirige a la manzana y media que logró resembrar. La mira con fruición, como quien prueba la más dulce de las frutas. Pero las matas todavía no dan mazorcas. No es posible aún celebrar el triunfo.

La pérdida. Tomás Soriano observa la milpa devastada de uno de los habitantes de la comunidad Las Piletas, en Apastepeque. El líder comunal pide ayuda de instituciones públicas o privadas.

“Vamos a asistirlos para la resiembra de maíz que ha golpeado la zona oriental y paracentral; solo estamos esperando a que la lluvia vuelva a refrescar la tierra para volver a hacer que la siembra sea importante para mantener nuestro ciclo de producción anual”, aseguró el vicepresidente de la república y secretario técnico y de Planificación de la Presidencia, Óscar Ortiz, a principios de agosto.

Sin embargo, ninguno de las decenas de consultados en San Ildefonso había recibido ningún tipo de ayuda para hacer su resiembra de maíz. Habían escuchado, dijeron, que se repartieron semillas de frijoles en San Vicente. Gente como Douglas Anaya ha logrado hacerlo a base de esfuerzo personal, de rebuscarse por el dinero que le permitiera volver a empezar.

—Aquí, por lo pedregoso, los frijoles no se pegan, quizá por eso no han venido –comenta Douglas para darse una explicación del abandono estatal a los agricultores de San Ildefonso. A Douglas, sin embargo, se le puede considerar un afortunado.

Que la sequía impactara con especial fuerza a San Ildefonso, sin embargo, era un resultado esperable. En su informe de 2012, el Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural lo colocó entre los 10 municipios con mayor Índice de Vulnerabilidad Socioeconómica (IVS) en el país. Es decir, como uno donde un evento climático extremo (como una sequía) ha de provocar que más hogares caigan por debajo de la línea de pobreza en un mayor intervalo. Esto se calcula con base en tres factores: la exposición al riesgo, la sensibilidad a este y la capacidad para adaptarse.

A diferencia de él, otros no han podido resembrar maíz y se han conformado con el maicillo, un poco más barato aunque más vulnerable al pulgón y no tan redituable.

A otros les ha ido peor, como a Santos Arsenio Durán, quien decidió no hacer más labores en la tierra. Como él, muchos optaron por picar la milpa para vendérsela a ganaderos como alimento para animales, a un precio de $50 por manzana. También hay pérdida si se toma en cuenta que la inversión promedio para sembrar una extensión como esta es de $300.

Pero ni siquiera aquellos que lograron resembrar tienen asegurado el recuperar su inversión, como Gerson Flores, quien ha notado que su tunalmil, la milpa que se siembra tarde en la temporada, está dando pocos frutos en la media manzana que ya trabajó dos veces. Calcula que podrá sacar de allí unas 6 bolsas, que podrá vender, quizá, a $180, mucho menos que el dinero invertido.

—Un mes no llovió nada. La milpa así en seco la abonamos con la fe de que de un rato a otro llovía. Ya cuando vino a llover ya se había perdido –comenta Douglas, mirando su sembradío antes de emprender el regreso a casa. —La lluvia fue como la ayuda del gobierno aquí en San Ildefonso: escasa.

Es a campesinos como Douglas a quienes les afecta más la divergencia en los cálculos. Mientras la Cámara de Medianos y Pequeños Productores Agropecuarios (CAMPO) estipuló la pérdida total debido a la sequía en 120,000 manzanas a escala nacional, el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) colocó esta misma cifra en 38,000. Y ha actuado en consecuencia a esa estimación, dejando en el olvido a cientos de agricultores de subsistencia.

 

 

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TOMÁS SORIANO, el presidente de la ADESCO de Las Piletas, en Apastepeque, está orgulloso de los proyectos que ha podido capitanear en su caserío desde que llegó al puesto, hace tres años: la colocación de letrinas en cada hogar; la implementación de hornillas ahorradoras de leña; la donación de ropa para familias que viven en la extrema pobreza. También de la relación directa con el alcalde de su municipio, Galileo Hernández, a quien le hablará varias veces durante la tarde.

Ahora, sin embargo, Tomás ocupa el tiempo que toma llegar hasta su comunidad en hacer cálculos. Piensa en cuánto le cuesta a cualquier campesino sembrar una manzana de terreno, que, si el invierno es bueno, puede dar más de 5,000 libras de maíz.

Tres sacos de abono, a un costo de $165. Luego, tres bolsas de sulfato, por $90. Una bolsa de semillas de maíz de 46 libras, a $50. En solo esto, la inversión necesaria es de $305. Y es mayor para aquel que no posee tierras y debe alquilarlas. Muchas veces, el pago es una anega de maíz, es decir, 400 libras. Y todo se complica cuando para sembrar es necesario hacer un préstamo o sacar un crédito con una institución bancaria. Ese es el caso del propio Tomás.

—Y ya con todo eso, ¿de cuánto es la ganancia que les queda?

—Pues aquí quien siembra no va pensando en que pueda ganar dinero con eso, sino en sacar el maíz para las tortillas para el resto del invierno y para el verano –responde Tomás, tocando el ala de su pulcro sombrero blanco.

—Entonces, ¿no hay más ganancia que aquello que se saca para comer?

—Para gente como nosotros, tener algo para comer es suficiente ganancia.

Para un campesino, explica, vender casi nunca significa un buen negocio. Si el clima ha sido propicio, la producción es abundante y, por lo tanto, el precio es bajo. Cuando hay escasez, lo que se puede ganar por quintal se multiplica, pero no hay mucho maíz que vender.

—Es bien fregado. Ahora que ha habido seca mucha gente se ha quedado sin maíz y ha tenido que ir a comprarle aunque sea un medio a los comerciantes de aquí cerca, que se los dan a $5 –dice Tomás al arribar a su hogar, una casa de lámina de 15 metros cuadrados, con piso de tierra, una de las primeras de este caserío. —Lo fregado es que ese mismo maíz que compran es, quizá, el que ellos mismos le vendieron en enero, aunque ellos se lo dieron a $1.50.

Más tarde, Mauricio, uno de los intermediarios de la zona, aceptará que esta situación sucede con regularidad entre comerciantes como él y los agricultores de la localidad. Sin embargo, se atendrá a los conceptos de oferta y demanda para justificar este relato del absurdo, uno que juega con el hambre de cientos. Apastepeque, como San Ildefonso, está entre los 10 primeros municipios con mayor Índice de Vulnerabilidad Socioeconómica en todo el país.

Como líder comunitario, Tomás no tarda mucho tiempo en convocar a media docena de agricultores, quienes, como él, lo perdieron todo en la más reciente sequía. Y quienes no han podido resembrar por falta de apoyo. Algo que el propio Tomás no comprende del todo: en agosto, la Alcaldía de Apastepeque hizo un censo para conocer cuántos campesinos habían sido afectados en la totalidad de sus plantaciones.

Supo, también, que Protección Civil decretó alerta roja por la sequía en este municipio. Pero, hasta el sol de hoy, ninguno en la comunidad Las Piletas ha recibido un paquete completo para volver a comenzar. Lo único que les llegó, dicen los agricultores, fue un quintal de fertilizante, que consiguieron tras cientos de ruegos de su líder comunal. Este fue usado para los pequeños frijolares que todavía subsisten.

Eso, por lo tanto, contraviene al protocolo recomendado para medidas de alerta naranja y roja, donde se dice que los productores, especialmente aquellos que se dedican al maíz, recibirán semillas e insumos para paliar las pérdidas. También se habla de aspectos económicos, en los que deben colaborar el MAG con el Ministerio de Hacienda y el de Gobernación, además de entidades financieras. Esto, sobre todo, se aplica para aquellas deudas adquiridas por los campesinos para sembrar y que, lógicamente, no podrán ser honradas en este periodo de sequía.

A los seis hombres reunidos en la casa de Tomás Soriano la falta de lluvia les quitó todo, hasta la esperanza de darles a sus hijos algo de comer que no fueran tortillas y huevos. O tortillas con algo más. Lo que Rutilio Grande acertó en llamar el “con qué”.

—Fíjese que nosotros siempre tenemos la fe en que nos irá bien con los cultivos, y que en Navidad vamos a poder disfrutar de un pollo entero para comerlo con la familia –dice Tomás con una voz quebradiza y tímida que contrasta con su estampa de campesino recio. —Si queremos comer carne, cada 15 días o cada mes logramos conseguir unos menudos de pollo. Ese es todo el lujo al que podemos aspirar –añade.

Tanto el líder comunitario como Efraín Ayala, uno de los agricultores de esta comunidad, adquirieron préstamos que ascendían a $500 para poder sembrar en esta temporada. El primero lo hizo con el estatal Banco de Fomento Agropecuario. El segundo, con ASEI, una institución financiera privada que recibe cooperación del también público Banco de Desarrollo de El Salvador (BANDESAL).

Supo, también, que Protección Civil decretó alerta roja por la sequía en este municipio. Pero, hasta el sol de hoy, ninguno en la comunidad Las Pilas ha recibido un paquete completo para volver a comenzar. Lo único que les llegó, dicen los agricultores, fue un quintal de fertilizante, que consiguieron tras cientos de ruegos de su líder comunal. Este fue usado para los pequeños frijolares que todavía subsisten.

A pesar de que lo perdieron todo, ambos deben honrar sus deudas. Eso se lo han hecho saber los cobradores, que han visitado sus casas cada semana.

—Ellos los que nos han dicho es que no tienen la culpa de lo que pasa con el clima. Yo he visto a gente como yo que, aunque quiera, no puede pagar lo que le piden. Por eso dicen ‘si quiere, lléveme, hagan lo que quieran conmigo, pero yo no tengo otra forma de pagarle’ –comenta Efraín Ayala, de 31 años, cabello escaso, camisa rota, mientras se apoya en una de las columnas de la casa de su líder comunal. —Lo que estoy viendo es que para el otro año ya no me van a dar otro crédito. Y hoy, ¿cómo voy a hacer para sembrar, qué voy a comer?

Al menos para los deudores del BFA, como en el caso del líder comunitario Tomás Soriano, existe una cobertura de daños llamada Programa de Garantía (Prograra), que funciona con fondos de BANDESAL.

En la práctica, la deuda se traslada al largo plazo, y es esta última institución la que se queda como acreedora. Tomás nunca ha oído hablar de eso. Sí, dice, han llegado a inspeccionar su hoy muerta cosecha, pero no ha habido ni una palabra que le ayude a aligerar su carga: Debe pagar o pagar.

A pocos metros está uno de los sembradíos donde es posible ver el impacto de la sequía, como en San Ildefonso: cientos de matas de color cobrizo que han parido mazorcas con cinco o seis granos.

Tomás Soriano camina en medio del sembradío. Y mientras lo hace, es difícil no pensar que ha de ser toda una odisea sembrar aquí. Grandes rocas dejan muy poco espacio a la tierra muelle. Tomás se detiene a ver el desastre, pero, como si no lo tolerara por mucho tiempo, rápidamente levanta los ojos.

Mira al horizonte, allá donde la vista encuentran montes verdes, azules, violetas. Lo reconforta saber que ha vuelto a llover.

—¿Usted confía en que el otro invierno será mejor?

—Uno ya no sabe qué pensar. Me acuerdo que antes de que comenzara el invierno dijeron que iba a ser mejor que el del año pasado, que fue parejito. Y mire lo que pasó –dice Tomás, la mano dormida sobre una mazorca muerta.

—¿Qué pasa si el otro año pasa algo igual?

—Entonces sí vamos a pasar hambre. Hasta las tortillas van a ser un lujo. Dios quiera que eso no llegue a pasar –dice Tomás, con la voz a punto de quebrarse.

Y para el otro año, el panorama no es esperanzador. Hay un 80 % de probabilidades de que el fenómeno de El Niño aparezca a inicios de 2019. Su influencia puede retrasar el inicio de la estación lluviosa y, por lo tanto, desatar una nueva sequía.

 

 

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“EL GOBIERNO NO ha sabido cómo responder a esta nueva crisis, que es parecida a la que ya vivimos en 2014-2015. La ayuda ha sido insuficiente y ha llegado tarde, pues el tiempo para sembrar ya pasó. Miles de campesinos están en riesgo de pasar hambre”, dice Luis Treminio, presidente de la Cámara de Medianos y Pequeños Productores Agropecuarios (CAMPO).

Acá, en el calor de Sal Ildefonso, el carro se barre en el camino de barro que conduce a los sembradíos de Douglas Anaya, a media hora del casco urbano de este municipio vicentino. Se barre y parece querer ceder a lo irregular del suelo.

—¿Y a quién culpamos con la seca, va? –dice Raúl, el padre de Douglas, mientras ríe para hacer tiempo, distraerse y aligerar los golpes del camino. Una nueva piedra parece golpear la carrocería.

—No sé, quizás a Dios –le responden a manera de broma.

—Mire, hay algo que yo no entiendo y que he oído mentar en el diario, eso del cambio climático. ¿Qué es? ¿Cómo nos afecta a nosotros?

Mientras, para sobrevivir, campesinos como Santos, Gerson, Tomás tratarán de ocuparse en lo que caiga: de jornaleros, laborando en la tierra ajena, cortando leña, para obtener, quizá, unos $70 al final del mes. A pesar de que se ganan unos $10 por jornada, no es posible trabajar todos los días en un espacio donde la demanda de trabajo supera por mucho a la oferta. A ellos no les queda más que la certidumbre que este año no podrán tener sus propios cultivos.

Quien conversa con él trata de explicarle este complejo concepto, que Naciones Unidas describe como una serie de factores diferentes, que van desde un conjunto de pautas meteorológicas cambiantes, que amenazan la producción de alimentos, hasta el aumento del nivel del mar, que incrementa el riesgo de inundaciones de grandes proporciones. Para efectos prácticos y para el verdadero interés de Raúl, un fenómeno que provoca que llueva donde no tiene que hacerlo y que el agua escasee donde más se necesita.

“Si todo el panorama se mantiene como tal, se espera que la pérdida (por la sequía) esperada de $2.7 millones se reduzca a $1 millón”, dijo el ministro Orestes Ortez, en una especie de anuncio reconfortador, a inicios de esta semana.

Mientras, para sobrevivir, campesinos como Santos, Gerson, Tomás tratarán de ocuparse en lo que caiga: de jornaleros, laborando en la tierra ajena, cortando leña, para obtener, quizá, unos $70 al final del mes. A pesar de que se ganan unos $10 por jornada, no es posible trabajar todos los días en un espacio donde la demanda de trabajo supera por mucho a la oferta. A ellos no les queda más que la certidumbre que este año no podrán tener sus propios cultivos.

—Yo creí que eso del cambio climático era algo que provocaba el gobierno, fíjese –dice Raúl, mientras el carro vuelve a barrerse y se ríe ante la ocurrencia. —Pero quizá es cosa de uno, ¿verdad? ¿Y que se puede hacer para que eso no se siga saliendo de control? –pregunta, y quien habla con él no sabe qué responderle. —Si eso sigue así, el otro invierno tampoco tendremos agua. No tendremos maíz para comer.

Raúl lanza una mirada última para despedirse este día de sus sembradíos. Piensa en lo que pudo ser. En que si el cielo hubiera cooperado la vida sería, para él y sus paisanos, un poco menos dura.

Impacto. En primer plano, una mazorca perdida es un símbolo de lo ocurrido en estas tierras. Al fondo, Douglas Anaya revisa otra vez las matas, con la esperanza de ver algo para rescatar.

Educación artística y creatividad

Hace poco leí algunos artículos de la Revista Akademos, de Universidad Matías Delgado, uno de sus trabajos es el conversatorio sobre “La calidad de la Educación Artística en la Formación Docente, Recorridos y Desafíos”, en el que participaron Marta Eugenia Valle, Sara María Boulogne y Mario Zetino, con introducción de Óscar Picardo. Más adelante haré breves reflexiones de lo expuesto en dicho trabajo.

Recién leído ese trabajo fui invitado por Fundación Horizontes para los Pobres a la “Séptima edición del proceso de escritura creativa: Atrévete a escribir”, evento realizado en un hermoso teatro situado en el cantón Cabañas, que sostiene la Fundación para la Educación Experiencial. A propósito la ONG Horizontes presta apoyo valioso al Festival de Literatura Infantil organizada por la Biblioteca Nacional, que tiene como población participante comunidades en riesgo, tal como también lo hace Horizontes.

El evento “Atrévete a escribir” tuvo lugar en el teatro Yulkuikat, también participante del evento al igual que ESE Ediciones. Entre otros invitados, los principales fueron los 340 niños y niñas que asistieron al teatro, de los cantones de tres departamentos del país: Valle Nuevo, Planes de Perulapía, San Antonio, El Papaturro, Caserío Palacios y algunas colonias periféricas de Ciudad Delgado, para recibir premios por su literatura creativa.

Esa visita me recordó otra que hice al cantón Loma del Muerto, en Sonsonate. Aunque de diferente índole, este tipo de eventos demuestran que se está trabajando a ese sector tesoro del presente, la población de la esperanza. Este trabajo con niños y niñas de zonas periféricas, en su mayor parte organizadas por iniciativas privadas, demuestra la clara visión de acciones educativas que promueven escritura y lectura creativa, música, pintura y danza. Es un proceso creciente que infunde vitalidad anímica, que fortalece como la sociedad encaminada al cambio por las vías de la educación.

En el Yulkuikat se organizó una exposición de decenas de escritos que incluyeron cuento, poesía y dibujo. Esta vez los participantes fueron de educación básica, y procedentes de los distintos caseríos y cantones citados de las tres jurisdicciones. Una labor donde participan en alto grado los docentes a quienes se ha capacitado a partir de su vocación pedagógica y sensibilidad ante una niñez que no siempre fue favorecida por políticas públicas.

Y aquí retomo el conversatorio de la Revista Akademos.

No cabe duda de que estas exposiciones académicas aspiran a buscar caminos educativos que ya se están emprendiendo dentro de una población para lograr el desarrollo “integrador” de la educación, uso el concepto entre comillas, porque es el concepto justo que emplea la Dra. Valle en su participación en un conversatorio, que ofrece insumos teóricos que aspiran a superar vacíos que sectores de la sociedad civil tratan de cubrir con más fuerza, ante las debilidades de las políticas públicas: cada administración hace los cambios que considera mejor en su programa partidario.

Precisamente las políticas públicas permiten crear planes nacionales a largo plazo que son los que consolidarán el desarrollo nacional, como protagonista del cambio de un país que necesita resultados valiosos para su desarrollo. La educación es el eje principal de ese desarrollo, la condición sin la cual solo puede producir un avance que por su lentitud puede parecer estancamiento. Aunque haya buenos propósitos se falla si carecemos de políticas educativas.

El tema de la creatividad lo manejan los ponentes del conversatorio desde distintos puntos de vista con un interesante flujo de ideas. Desde la introducción del evento hecho por Óscar Picardo que hace la observación de lo limitado de la formación docente, y se pregunta por qué para la carrera de medicina o ingenierías se debe estudiar siete años y para la docencia bastan tres años; alude a las limitaciones presupuestarias que tiene su origen en la falta de visión estatal. Dice Picardo: “La docencia es una profesión demasiado importante para que se haya tratado bajo los cánones actuales en materia de políticas educativas…”. Y concluye afirmando que parte del tejido social desfigurado que estamos lamentando “…tiene mucho que ver con lo que hemos hecho en los últimos veinte años de reformas”. O con lo que no hemos hecho, agrego.

Dentro de esa riqueza de reflexiones educativas planteadas por la revista Akademos me centro en lo que se refiere a la creatividad como forma de aprender para la vida, tomando en cuenta que el cultivo de las áreas artísticas no está desconectado de las conductas que participan en el desarrollo social, además que otorga formación sensible para la convivencia; si la formación artística evita que el hombre no sea el lobo del hombre, así construimos la sociedad integradora.

Y respecto a formar docentes en diferentes artes: Danza, Artes Plásticas y Música, no se trata hacerlos expertos en ellas. Basta con una formación con visión humanística. Supone apreciar la pintura la música y las artes, con lo cual se logra formando docentes que conozcan la cultura global; pero también implica dignificar la docencia retribuyéndola como corresponde al papel de forjadores de almas, así como los médicos lo son de dolencias orgánicas. El docente debe manejar los códigos que descifran una obra de arte, sin que sea un artista en esas áreas. Esta será la formación de calidad que nos llevará a la educación del cambio.

Comenzar desde los docentes de las áreas básicas, que no son solo la Matemática, Ciencias, Lenguaje y Estudios Sociales. Fortalecer los procesos ya encaminados en formación de las ciencias humanísticas que incluya con fuerza los procesos creativos en búsqueda de la otra realidad que representa el arte. No excluye contar con profesionales en música, en literatura creativa, artes plásticas o danza.

Muchas de las organizaciones civiles que emprenden iniciativa valiosas como Horizontes con su programa “Atrévete a Escribir”, o la Fundación para la Educación Experiencial Pablo Tesak, no son expertos en arte específico, pero tienen claro el significado de incrementar este tipo de contribución social que integra en forma directa a la familia con énfasis en las comunidades vulnerables.

Ningún joven seguro

La semana pasada, el PNUD presentó el informe sobre desarrollo humano en El Salvador 2018, titulado “¡Soy joven! ¿Y ahora qué?” El informe muestra realidades poco alentadoras para la juventud salvadoreña, como el hecho de que “en promedio, la tasa de homicidios de la población joven es 53.4 % mayor que la de la población adulta en el periodo 2007-2017” (PNUD, 2018:7). Esto contrasta con “que entre 2012 y 2016, un estimado de 5 de cada 10 personas privadas de libertad en un centro penal eran jóvenes entre 18 y 29 años de edad” (p. 9).

El informe, sin embargo, no solo muestra con claridad las facetas donde la juventud es víctima o victimaria en nuestra sociedad, sino que también pone énfasis en el enorme potencial de la juventud para generar resiliencia. La cual es entendida como “el conjunto de capacidades que le permite a las personas lidiar, enfrentar y sobreponerse a las adversidades, sin comprometer sus derechos y sus opciones actuales y futuras de desarrollo” (p. 9). En ese sentido, el informe destaca que “la participación de las personas jóvenes debe ser un aspecto central en cualquier estrategia para la construcción de paz” (p. 264).

Sin embargo, solamente el 6.7 % de la juventud participa en organizaciones u asociaciones, decantándose por las religiosas, comunitarias, deportivas y artísticas (p. 242). Por lo tanto, la organización y participación de las juventudes en los diferentes espacios y niveles de decisión resultan apuestas fundamentales y prioritarias si queremos construir relaciones menos violentas tanto en lo físico, lo estructural como en lo simbólico. Para ello necesitan el apoyo del resto de la sociedad: desde la política institucional, la academia, la cooperación internacional, la iniciativa privada, las iglesias, y también desde los sectores ligados con la tecnología.

Cuando proponemos tecnología no se trata de correr rápidamente a las tradicionales respuestas de las cámaras de videovigilancia o los software de reconocimiento. No se trata de usar la tecnología para aislarnos y así pretender sentirnos más seguros. Al contrario, se trata de pensarla como herramienta para transformar nuestras formas tradicionales de relacionarnos. Es decir, como plataformas o instrumentos que trastoquen esas formas y antivalores que nos hacen tan proclives a la violencia. La tecnología como lo que es y ha sido siempre: una revolucionaria social.
En ese sentido, el proyecto de prevención de violencia juvenil a través de las TIC, impulsado por UNESCO con el apoyo de AECID, en alianza con Jóvenes contra la Violencia y otros aliados nacionales e internacionales, llevarán a cabo el próximo octubre el primer Hackatón Regional de prevención de la violencia juvenil en El Salvador, Guatemala y Honduras, denominado HackCR3A. Las redes sociales y las páginas web de JCV y de UNESCO brindan toda la información para aquellos interesados en participar y aportar en este encuentro.

El IDH señala la necesidad de que las formas de participación se vayan adaptando a los medios y las formas que utilizan los jóvenes, y que las formas de participación juvenil no coinciden con los mecanismos consagrados y tradicionales de participación (p. 251). Por eso iniciativas como la Hackatón son valiosas, pues buscan adoptarse a la demanda y las formas de la juventud. Son espacios para pensar y proponer fuera de la caja, usando las TIC para identificar, profundizar y trastocar esos nudos, esos puntos, que encienden y disparan la violencia en nuestros países.

En ese sentido, el HackCR3A será un espacio de encuentro juvenil para proponer y desarrollar ideas que nos alejen cada vez más de ese país donde, a pesar de haber firmado una paz, ningún joven está seguro.

#A50del68 #SíHuboGenocidio: #ElijanBien

Han pasado cincuenta años desde 1968. Desde el mayo de París, desde la Primavera de Praga, desde el movimiento estudiantil en México. En este medio siglo ciertas características de los movimientos sociales se han adaptado a lo que se ofrece en esta época de ‘modernidad líquida’, como la llama Zygmunt Bauman: a esa rapidez, a esa infraestructura tecnológica que posibilita que se escuchen más voces disidentes, a esa manera de convocar ahora a manifestarse y a esa manera de conmemorar lo que ocurrió hace medio siglo. Y dado que la humanidad busca siempre maneras de narrar la historia, vamos con tres ejemplos de esas narrativas de conmemoración, de solicitud, propias de las redes sociodigitales.

#A50del68: Una de las plataformas que más me ha impactado en las conmemoraciones mexicanas del movimiento estudiantil es el proyecto colaborativo entre la revista Proceso, Cencos, Cultura Colectiva News y el Centro Cultural Universitario Tlatelolco: https://a50del68.com/ La web simula ser un blog que cuenta “en tiempo real” lo que ocurrió desde julio de 1968, día a día, como si estuviera pasando hoy (y que en El Salvador solemos relacionarlo con la matanza de Tlatelolco, el 2 de octubre). A la izquierda, hay cinco portadas de revistas de aquellos años, y al centro van las entradas que publican (por ejemplo) El Jagger, que identifican como un perfil ficticio de un estudiante del Instituto Politécnico Nacional (IPN); o Javier Barros Sierra, rector de la UNAM; o Marcelino García Barragán, entonces secretario de la Defensa Nacional, o un boletín del Consejo Nacional de Huelga (CNH). En la parte derecha de la página, comparten fotografías y textos de lo que están publicando en Instagram (@A50DEL68), Facebook (A 50 del 68) y Twitter (@a50del68).

#SíHuboGenocidio: En Guatemala, el pasado miércoles 26 el Tribunal B de Mayor Riesgo declaró por unanimidad que el Ejército cometió los delitos de genocidio y delitos de deberes de la humanidad contra la población ixil durante el mandato de Efraín Ríos Montt. No me detendré en detalles (recomiendo leer para ello a Plaza Pública), sino que quiero hacer hincapié en cómo esta discusión ha circulado desde el 2013 en las redes sociodigitales: «#SíHuboGenocidio y no es solo un ‘hashtag’. Dos tribunales distintos lo han acreditado», dice @_tokedeMagdala. Según me contaba Gabriela Carrera, politóloga guatemalteca, desde el primer juicio sobre este genocidio fueron aprendiendo a convocarse en Twitter con este hashtag para posicionarlo como una tendencia nacional y para ir aprendiendo a sentirse parte de un colectivo que debatía sobre este hecho histórico desde el espacio público digital. También planteaba que posiblemente ese momento había ayudado a que comprendieran el uso de estas redes para convocar a manifestaciones en lo virtual y en lo físico, clave en el movimiento contra la corrupción que ha habido desde el 2015 en nuestro vecino país.

#ElijanBien: Y en El Salvador también hay etiquetas que convocan a acciones digitales o a acciones en la calle. Traigo a colación esta, que es un llamado a que la Asamblea Legislativa nombre a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia: llevamos ya 77 días sin magistrados, y esta urgencia en las redes ya llevó a que se coloquen pancartas o se hagan protestas en diversos puntos de San Salvador pidiendo tanto buenos magistrados como agilidad (y que no responda a cuotas de poder partidario) en dicha elección.

Y es que los hashtags sí pueden servir para interpelarnos entre nosotros y para motivarnos a ser parte de una petición más grande, de una conmemoración histórica, de un movimiento. Dicen que un par de diputados rechazaron el viaje a Roma para la canonización de Monseñor Romero, pagado con nuestros impuestos, debido al ruido que se generó en estas redes sociodigitales. Esa es la función de megáfono que vuelve valiosa esta infraestructura tecnológica y que requiere que busquemos más plataformas que sean tecnologías cívicas, que funcionen como #RedesTecnoPolíticas: que la ciudadanía pueda expresarse, pedir, exigir y trabajar junta por la justicia.

Carta Editorial

A medida que se acercan las campañas electorales, los espacios públicos se van llenando de candidatos hablando, candidatos opinando, candidatos prometiendo. Y estaría bien, si toda esa parafernalia fuera producto de antes haber escuchado. No puede haber propuestas adecuadas y certeras si no hay un conocimiento profundo de las crisis por las que atraviesa la gente en los cordones de mayor vulnerabilidad. Uno de esos tantos es el de los agricultores.

Ahí, en medio de todos los cálculos oficiales de pérdida de cosechas que se han hecho hasta ahora en las instituciones de gobierno, están bordadas tragedias de familias enteras que, sin temor al cliché, lo han perdido todo en un mes completo en el que no llovió. Ahí están las deudas de $100 o $300 que van a ser impagables porque la milpa no dio, se secó y no sirvió más que para picarla y darla a los animales.

La sequía ha desolado los campos de varios municipios. Y el problema no es solo la irregular temporada lluviosa. Los fenómenos meteorológicos no se pueden detener o controlar a antojo. Lo que sí se puede hacer es atenuar el impacto en las poblaciones. Y esto último es la injusticia que se ha cometido con el sector.

Las angustias interminables de miles de familias que la iban pasando gracias a la agricultura de subsistencia son producto del abandono sistemático del campo y sus necesidades especiales. Los municipios vulnerables están catalogados como tales desde hace años, pero no se han ejecutado ahí estrategias que protejan de manera efectiva a estas familias. El resultado para ellos no será otro que el hambre.

Cualquiera que quiera tener un cargo de elección popular debería acercarse a estos municipios vulnerables a los cambios climáticos con actitud de respeto a escuchar sus problemas y, con base en eso, establecer líneas de acción. El cambio climático va a seguir afectando los períodos de lluvia, no se puede seguir sembrando como hasta ahora. No se puede seguir dejando a los agricultores en riesgo de hambre.

“Mi mamá y abuelita son las mejores comediantes de El Salvador”

¿Cuál es su idea de la felicidad?

Creo que todas las personas buscamos amor y ser aceptados, y eso empieza por amarnos y aceptarnos a nosotros mismos.

¿Cuál es su miedo más grande?

Que no haya nada después de esta vida y que haya tantas personas que solo vienen a sufrir a este mundo.

¿Qué o quién es el más grande amor en su vida?

Mi familia y hacer reír.

¿Qué significa la familia?

Mi familia es importante para mí porque gracias a ella soy quien soy y, a pesar de todo, siempre han querido lo que consideran mejor para mí. Aparte, mi mamá y abuelita son las mejores comediantes de El Salvador

¿Por qué hace comedia?

Porque es un mecanismo de defensa. Porque me cuesta tomarme las cosas en serio. Porque, de cierta forma, nada es serio. Para denunciar las incongruencias de la vida. Porque me gusta hacer reír a los demás. Porque desde muy pequeña me encantó la respuesta de mi audiencia.

¿Cuál es su “stand up” favorito?

Si Spotify fueran discos, habría rayado los de Nacho Arana.

Si de usted dependiera cambiar algo del medio artístico, ¿qué cambiaría?

Promover la educación para que más personas puedan apreciar el arte. Porque artistas, talentos y oferta de la mejor calidad sobra.

INSTANTÁNEAS DEL VERBO APASIONADO (11)

Y AHORA TODO ES MÚSICA

Pues quedamos curados de silencio por lo vivido antes del Primer Día de la Creación.

CON JOAN MANUEL SERRAT

Nos hicimos amigos en una taberna del viejo Madrid, en algún siglo venidero.

GRACIAS, MEDITERRÁNEO

Te prometemos que mañana, antes de que amanezca, volveremos al nido de tu espuma.

ESPESURAS CRUZADAS

Cuando empezamos a conocernos de veras, se hizo la luz.

EL CRISTAL DE LOS AÑOS

Se va volviendo cada vez más frágil y al mismo tiempo más intrépido.

FUEGOS INVERNALES

Empieza el ciclo de la lluvia y los candiles escondidos se desperezan en sus áticos.

DE BUEN AGÜERO

¿Es la aurora que se despide o es el crepúsculo que llega? El aire nunca sabe.

BAJO EL AMATE

Los hormigueros forman su sociedad de oficios múltiples.

CUANDO EL ARROYO CALLA

Los duendes que habitan en los alrededores se ponen al acecho.

PRISA POR DESPERTAR

Es la que tuvo el Dios Creador en su primera jornada de trabajo.

OFICIOS SIEMPRE VÍRGENES

Los llevamos guardados en el baúl de la conciencia para que nunca falte algo que hacer.

HOGAR FELIZ

Nos levantamos cada día con la certeza de que no hay mejor destino que el amor.

BUENAS NOCHES, AURORA

Te lo decimos al anochecer para que sueñes con nosotros.

ORQUÍDEAS EN CONVIVIO

Están siempre invitándonos a mantenernos fieles a los misterios del jardín.

BREVIARIO ERÓTICO

Lo tenemos sabido desde el primer instante de sentirnos humanos.

LA LUZ NUNCA REGRESA

Aunque eso imaginemos cada día al abrir las cortinas de la mente.

LOS NAVEGANTES CLÁSICOS

Hay siempre un muelle en el que se congregan los veleros a compartir sus remembranzas.

SÍNDROME DE TOURETTE

Es el que viene padeciendo –con sonidos y gestos repentinos— la Creación desde su Primer Día.

MORALEJA SEGURA

Cuando el silencio habla las palabras se esconden.

LA EMERGENCIA MÁS GRAVE

Todas nuestras corrientes naturales necesitan entrar en Cuidados Intensivos.

MISIÓN PARA DESCONFIADOS

Hay que armar cada día un rompecabezas diferente.

COMPETENCIA OLÍMPICA

La que se produce a diario entre los sueños que se van y los sueños que regresan.

EN ALGÚN LUGAR DE LA MANCHA

Se necesita tener a la mano un jabón especial para que no quede huella.

REAL NOCHE DE BODAS

Lo digo por experiencia: dura 24 horas y sigue adelante.

AQUEL DÍA EN BILBAO

Monseñor Ricardo Blázquez nos dio la bendición, y eso bastó para acreditar nuestro destino.

ENTRE CRISANTEMOS

Le rendimos tributo a la ilusión siempre lozana de compartir jardín hasta el fin de los tiempos.

RESPIRAR ES LA PRUEBA

Venimos a este plano a ser discípulos del aire.

LA MISIÓN DE LA FE

Es suficiente un sorbo cotidiano para que todas nuestras células entonen su aleluya.

La odisea de recuperar a un niño inmigrante en EUA

Pesquisas. El gobierno del presidente Donald Trump ha impulsado una exhaustiva investigación para que las familias puedan recuperar a estos niños.

Armando Tabora busca desesperadamente sacar a su hija de un centro de detención de inmigrantes del gobierno donde la adolescente permanece desde hace más de tres meses. Pero cada uno de sus intentos ha sido infructuoso.

El jardinero de la Florida se atrevió a ir a una oficina del gobierno para entregar sus huellas dactilares y documentos requeridos a inmigrantes que intentan recuperar a niños bajo custodia del gobierno. No fue suficiente.

De inmediato le dijeron que debía pedirle a la mujer que le alquila un cuarto en su casa que también presentara sus huellas dactilares, algo que ella se negó a hacer. Luego buscó que sus amigos que viven legalmente en el país lo ayudaran, pero por temor tampoco quisieron.

“Ya no sé qué hacer”, dijo Tabora, un hondureño de 37 años que ha vivido más de una década en las sombras sin ser detectado por las autoridades. “Mi hija está desesperada, llorando, quiere salir de ahí ya”.

El drama de padres separados de sus hijos en la frontera acaparó la atención este año, pero miles de familias inmigrantes están atravesando una frustración similar: los crecientes obstáculos de un sistema intimidatorio que tienen que enfrentar para tomar la custodia de sus hijos y de familiares menores de edad que llegaron solos ilegalmente al país.
Como parte de una política migratoria mucho más estricta, el gobierno del presidente Donald Trump ha impuesto normativas más severas y una exhaustiva investigación para que las familias puedan recuperar a estos niños.

El resultado: familias que ya no saben cómo hacer para cumplir los requerimientos, chicos que pasan más tiempo detenidos, y la mayor cantidad de menores migrantes bajo custodia del gobierno que se haya visto en la historia del país.

Las autoridades insisten en que las políticas buscan la seguridad de los niños.

Más de 12,000 menores se encuentran actualmente en refugios del gobierno, comparados con los 2,400 de mayo de 2017. El promedio de días que esos menores pasan detenidos se ha incrementado de 40 en 2016 a 59 días en 2018, de acuerdo con información de las autoridades nacionales.
Los requerimientos incluyen la entrega de huellas dactilares de todos los adultos que habitan la casa donde viviría el menor. Son también objeto de una investigación más profunda de antecedentes, pruebas de ingresos monetarios y visitas en sus casas, aseguran abogados. Esta información puede ahora ser compartida con la Policía de Inmigración y Aduanas (conocida como ICE por su nombre en inglés), algo que no sucedía anteriormente.

Esta semana ICE dijo que ha arrestado a unos 41 patrocinadores de niños desde que las agencias comenzaron a compartir la información, en junio.
Abogados y activistas dicen que este cambio ha tenido como efecto que menos personas que viven ilegalmente en el país se atrevan a pedir a sus hijos o familiares por temor a ser deportados.
“Están diciendo: ‘Vamos a perseguir a las personas que cuidan de ellos’ (de los niños)”, dijo Jen Podkul, directora de políticas de la organización de ayuda a inmigrantes Kids in Need of Defense. “No solo perjudica a ese adulto. Perjudica a ese niño también”.

Desde hace tiempo el gobierno requiere a las familias que pasen por un proceso de investigación para poder desempeñarse como “sponsors” o “patrocinadores” de los menores, un término que se utiliza en Estados Unidos para referirse a los adultos que toman la custodia de niños inmigrantes.

El tema ha ganado importancia en los últimos cinco años, cuando decenas de miles de niños no acompañados de El Salvador, Guatemala y Honduras comenzaron a cruzar la frontera.
Desde octubre de 2014, el gobierno nacional ha reunido a más de 150,000 menores no acompañados con sus padres o con otros adultos patrocinadores que se espera cuiden de ellos y los ayuden a acudir a la escuela mientras intentan obtener un estatus legal en los tribunales de inmigración.

Con Trump, las normativas se han endurecido en lo que el gobierno dice son pasos necesarios para impedir que los niños terminen en casas con personas que tienen antecedentes criminales o problemas que puedan representar un riesgo para los menores.

“Si alguien está reacio a reclamar la custodia de su niño porque tiene miedo de su propio estatus migratorio, creo que eso llama a pensar si realmente es un patrocinador adecuado o si deberíamos entregar al menor a esa persona”, dijo Steven Wagner, subsecretario interino de la Administración de Niños y Familias del Departamento de Salud y Servicios Humanos, cuando se anunció la política en mayo.

La decisión de compartir la información con ICE se da porque los casos de niños y adultos inmigrantes son manejados por distintas agencias federales. La Oficina de Reasentamiento de Refugiados, del Departamento de Salud y Servicios Humanos, se encarga de los menores mientras que ICE se encarga de los adultos.

Hasta que se impuso la nueva política de huellas dactilares el gobierno pocas veces compartía esa información con funcionarios de inmigración, a menos que una huella mostrase que un potencial patrocinador tenía un historial particularmente alarmante, dijo Holly Cooper, codirector de la Clínica de Derecho de Inmigración de la Universidad de California en Davis.

Los requerimientos incluyen la entrega de huellas dactilares de todos los adultos que habitan la casa donde viviría el menor. Son también objeto de una investigación más profunda de antecedentes, pruebas de ingresos monetarios y visitas en sus casas, aseguran abogados. Esta información puede ahora ser compartida con la Policía de Inmigración y Aduanas, algo que no sucedía anteriormente.

Las nuevas normas han puesto a muchos inmigrantes en una posición que antes era impensable: entrar a una oficina del gobierno federal y entregar sus datos personales al gobierno.

Marvin Puerto hizo eso recientemente para obtener la custodia de su hijo de nueve años, Nahún. Puerto cruzó la frontera en 2014 y ha intentado vivir en las sombras, en Misuri, desde entonces. Él y su esposa, Eilyn Carbajal, esperaron dos meses para obtener la custodia del menor.

“Yo no quería hacerlo, pero estaba entre la espada y la pared”, dijo el trabajador de la construcción, de 29 años. “Ahora ya tienen toda mi información. Siento que me van a acusar de tráfico de gente”.

Empleados de la Coalición de Intereses Hispanos de Alabama dicen que después de que la Oficina de Reasentamiento de Refugiados empezó a compartir información con ICE, dos de cada cuatro patrocinadores a la semana no se presentaban a citas y unos pocos que fueron a las oficinas se negaron a dar sus huellas.

Después de que la Unión por las Libertades Civiles de Nueva York interpuso una demanda en febrero a nombre de un adolescente salvadoreño y su madre, el gobierno fue obligado a presentar archivos referentes a casos de 45 niños detenidos bajo circunstancias similares. En aproximadamente media docena de esos casos, la reticencia a la hora de ofrecer las huellas dactilares fue un factor que retrasó la liberación de un menor. Algunas familias buscaron otro apartamento en el que vivir y otros abandonaron el proceso de reclamación del menor, dijeron empleados de la Unión.

Si los menores no acompañados no son colocados con patrocinadores que cuiden de ellos pueden acabar en un programa federal de crianza. Algunos podrían ser deportados y devueltos a las mismas situaciones de peligro y pobreza de las que huyeron.

Muchos de los padres y familiares que intentan recuperar a los menores son pobres y para cubrir gastos suelen compartir apartamentos con otros inmigrantes que no son parientes o que están en el país ilegalmente. Muchas de esas personas no quieren ofrecer sus huellas dactilares.

Adán, un guatemalteco de 27 años que vive en el sur de la Florida, se esforzó para que su hermana de 17 años recuperara la libertad. Completó todos los pasos del proceso y el gobierno le dio la custodia. Ahora, quiere cambiar de apartamento.

“Más adelante me voy a mudar para más seguridad”, dijo el joven jardinero en referencia al hecho de que ICE sabe dónde vive. Adán pidió mantener su apellido en el anonimato por temor a las autoridades.

Crecimiento. En 2017, 2,400 niños se encontraban en refugios del gobierno. Es poco comparado con los más de 12,000 menores que ahora están en esa situación.

La cruenta batalla entre bandas que causó una matanza en Garibaldi

Concurrido. La Plaza Garibaldi es una de las más populares para el turismo que busca escuchar música de mariachi y otros grupos folclóricos.

En la Plaza Garibaldi, uno de los espacios más populares para los turistas que buscan música en vivo, el pasado viernes 14 de septiembre hombres vestidos con traje de mariachi abrieron fuego ante la vista de todos los presentes.
Seis personas murieron por este ataque que ya es considerado como uno de los más graves de la escalada de violencia registrada en Ciudad de México en el último año.

Es una situación que tiene como protagonista a una banda de delincuentes: la Unión de Tepito.
La disputa entre dos facciones de esa organización, la más poderosa de la actualidad en la capital mexicana, ha generado niveles y formas de violencia no vistos en la ciudad.

 

Guerra entre facciones

En junio pasado, restos de cuerpos desmembrados fueron esparcidos cerca de la unidad habitacional Tlatelolco, un crimen atribuido a la disputa en la Unión Tepito.

“Empezó la limpia mugrosos”, decía un mensaje dirigido al grupo la Fuerza Anti Unión (FAU), una facción que se separó de la Unión Tepito y que está en guerra por el control de los negocios ilícitos del grupo.

“Es un conflicto que ha ido en escalada y creo que se trata de un conflicto que difícilmente podrá resolverse en el corto tiempo”, dice Víctor Sánchez, especialista en seguridad pública.
En mayo, dos cadáveres fueron encontrados en contenedores de basura y en los últimos días de agosto 15 personas fueron asesinadas, en ambos casos presuntos miembros de ambas facciones.

La aparente tranquilidad de Ciudad de México, que se había mantenido ajena a la disputa entre carteles de la droga que hay en otras regiones del país, se ha resquebrajado en los últimos meses.

 

El origen y la ruptura

La Unión Tepito fue formada por los hermanos Francisco “Pancho Cayagua” y Armando “el Ostión” Hernández Gómez a finales de los noventa.

Surgió en Tepito, uno de los barrios más antiguos de Ciudad de México, el cual ha sido considerado como un foco rojo durante décadas y centro de venta de mercancía de contrabando más grande de la urbe.
Por su peligrosidad, se le conoce como el “barrio bravo” de Tepito.

La banda de los Hernández con los años pasó de cometer secuestros y cobrar extorsiones a comercios –el llamado “cobro de piso”– a la venta de drogas, señala el investigador Víctor Sánchez. “Entrar al negocio de la venta de droga le permite crecer como organización”.

Y para eso se alió en distintos momentos con poderosos carteles, como el de Sinaloa, el de los hermanos Beltrán Leyva, y en la actualidad el poderoso Cartel Jalisco Nueva Generación.

Al crecer como organización criminal, vino una disputa por el poder entre el líder fundador “Pancho Cayagua” y uno de sus cabecillas, Roberto Moyado “el Betito”.

Este último se hizo del control de la organización cuando “Pancho Cayagua” estuvo en prisión entre 2016 y 2017.

Y el punto de quiebre entre dos facciones llegó cuando el fundador del grupo “Pancho Cayagua” fue asesinado en octubre del año pasado.

“Este tránsito entre el dominio de Hernández Gómez y su familia, y la toma de poder por parte del ‘Betito’, genera que muchos líderes de la organización estén en desacuerdo. No se alinean al ‘Betito’”, explica Víctor Sánchez.

 

Garibaldi, la “mina de oro”

El asesinato de “Pancho Cayagua”, atribuido a hombres del “Betito”, no solo fue un cisma en la Unión de Tepito, sino que también fue el principio de una oleada de violencia en Ciudad de México.

La escisión del grupo llevó a la formación de la Fuerza Anti Unión Tepito o FAU.

Los asesinatos de finales de agosto se dieron después de que “el Betito” fue detenido, lo que elevó la disputa por el control de la Unión Tepito a un nuevo nivel como se vio en la Plaza Garibaldi.

El periodista Héctor de Mauleón, un investigador de estos grupos, señala que Garibaldi es un espacio muy disputado por ambos bandos.

“Debe ser una mina de oro, en términos de que el alcohol corre las 24 horas y la venta de drogas también. Hay cobro de piso a los comercios, a los ambulantes. Es un lugar que genera una cantidad importante de dinero”, dijo en entrevista con Aristegui Noticias.

Jorge Flores, “el Tortas”, se convirtió en la cabeza de la Fuerza Anti Unión y principal rival del “Betito”.

Él y sus subalternos eran el objetivo del ataque de hombres vestidos de mariachi en la plaza Garibaldi del viernes, indicó el jefe de la policía de Ciudad de México.

“Esto es derivado del mismo pleito. En este caso iban tras los (hombres) del sujeto que encabeza la Anti Unión, que sí estaba ahí cerca”, dijo a la prensa el secretario de Seguridad Pública, Raymundo Collins.

BBC Mundo solicitó información a la Fiscalía de Ciudad de México, encargada de la investigación, pero no hubo una respuesta inmediata este miércoles.

 

La cadena de violencia

Además de los asesinatos de este año, desde 2015 han ido en aumento las denuncias por extorsiones de dueños de restaurantes, bares y clubes nocturnos del centro de la ciudad, en los dominios de la Unión de Tepito.
Pero también en las zonas de moda muy concurridas por personas de ingresos medios y altos, como La Condesa y Polanco.
“Hay una serie de comerciantes o de grupos de restaurantes en centros nocturnos que ya pagan derecho de piso de manera recurrente”.

La ruptura en el grupo llevó a la disputa violenta por cerca de 2,000 puntos de venta de droga, según fuentes de inteligencia de la Fiscalía local citadas por el diario El Universal.

“La Unión y la Anti Unión nos están generando una gran violencia de lo que están haciendo, están rebasando límites donde la misma sociedad ya se ve afectada”, reconoce el jefe de la policía, Raymundo Collins.

A pesar de que Ciudad de México tiene miles de cámaras de seguridad en las calles y el mayor número de policías por cada habitante del país, según cifras oficiales, la disputa por la Unión Tepito no ha sido contenida, dice Víctor Sánchez. “Se trata de un proceso incipiente de violencia que vivieron ciudades como Tijuana o Acapulco”, advierte.
“Pero lo preocupante es que se trata de una ciudad con muchísima más población, con un mayor impacto económico, y es el escaparate de México ante el mundo”.

El limitado camino profesional de estudiantes con sordera

Estudiantes

En este salón de clases de la Universidad de El Salvador hay demasiado ruido. Los alumnos de primer año de la Licenciatura en Ciencias de la Educación no dejan de hablarse a gritos, las conversaciones del pasillo se cuelan en el aula y se escucha cómo retumban los sonidos de una obra de construcción que está afuera.

La catedrática de Psicología Pedagógica se ve alterada entre el bullicio, y para hacerle entender algo a Glenda, una de sus estudiantes, se le acerca y le habla al oído. Glenda la observa incrédula, hace una pausa y mira cómplice a su intérprete. Se ríe y los compañeros de clase que la rodean también se ríen. Ven a la maestra, despistada, en su intento por explicar algo a la alumna. A los pocos segundos la catedrática recuerda algo y se calla: Glenda es sorda.

Glenda Jorge tiene 19 años y quiere ser entrenadora en el Instituto Nacional de los Deportes. Para ello está estudiando la Licenciatura en Ciencias de la Educación con especialidad en educación física. Ella es una de los 20 estudiantes con sordera que cursan una carrera en la sede central de la Universidad Nacional.

Estudió bachillerato en una escuela pública para sordos y durante años nunca necesitó de intérprete para entender algo de sus clases. Todas sus materias eran impartidas en lengua de señas. Pero este año todo ha cambiado y se ha integrado al sistema de educación oyente. Aquí necesita que un intérprete asista con ella a todas sus clases y le explique toda la cátedra al mismo tiempo que el docente habla. A veces, se siente como una pérdida de independencia.

Desde un jardín de la Universidad de El Salvador expresa un poco de nostalgia por la comunidad que tenía en su centro de estudios anterior: “En la escuela Griselda Zeledón la relación era perfecta porque todas éramos personas sordas. Aquí en la UES es difícil. Primero sentía pena porque los demás estudiantes se me quedaban viendo”, expresa con las manos. Este es su segundo ciclo en la universidad y mientras signa estas oraciones, un grupo de jóvenes la observa a la distancia, todavía con curiosidad.

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SER SORDO EN LA ESCUELA PÚBLICA
Es el mediodía y un puñado de niños corre por el parqueo del Centro Escolar Licenciada Griselda Zeledón, en San Salvador. Todos son sordos pero ríen y gritan en el juego como lo haría cualquier grupo de niños oyentes.

Entre ese barullo, una maestra sorda intenta comunicarse con el papá de una de sus alumnas, pero él no domina el lenguaje de señas. Este mes se conmemora la independencia de la patria y la docente busca explicarle al padre de familia que la niña debe venir mañana con uniforme formal y peinada con dos colitas. Otra madre de familia, que sí signa, le interpreta la indicación al papá. Él, después de escuchar la oración en español, asiente y se va con su hija.

Así como para los oyentes que viven en El Salvador su primera lengua es el español, para los sordos, su primera lengua es la de señas. Se considera que los sordos que estudian acá son bilingües porque se enfrentan a un sistema educativo con dos idiomas a diario. Así, la clase se explica en lengua de señas y los conceptos se escriben en español.
Y aunque todos los estudiantes de este centro escolar reciben la explicación de las clases en lengua de señas, no todos los padres la conocen. Así lo reconoce Rosalba Cartagena, la madre de una estudiante no oyente de noveno grado.

Sin terminar. Este es el edificio donde reciben clases los estudiantes sordos de tercer ciclo y bachillerato del Centro Escolar Licenciada Griselda Zeledón. No cuenta con focos ni energía eléctrica.

“Cuando me dijeron que ella era sorda, yo sentí que el mundo se me cayó. Yo me limité a llorar y llorar. Uno piensa: ¿qué va a ser de mí con esta niña?” Luego, superó la conmoción inicial, se informó y decidió inscribir a su hija a la escuela nada más cumplió la edad necesaria. Ahora, la viene a dejar todos los días a clase y la espera sentada en una banca, excepto cuando la buscan para trabajar como intérprete en algunos eventos.

Su hija, Heysel, aún no se decide si estudiar matemáticas, contaduría o educación en la universidad. El sueño de Rosalba es que su hija sea profesional, pero a veces eso solo significa sacrificio. Viajan desde una zona rural y para venir a clases se tarda dos horas, combinando trayectos entre tres buses. Entre las dos gastan $3 en pasajes a diario, que se hacen unos $60 al mes.

El Centro Escolar Licenciada Griselda Zeledón es el único complejo educativo para sordos que abarca desde parvularia hasta bachillerato en la zona central. Se fundó hace casi 20 años con maestros que entonces no dominaban por completo la lengua de señas. Ahora sí lo hacen y tienen 141 estudiantes.

En 2017 el Observatorio de Centros Escolares del Ministerio de Educación registró que había 583 estudiantes con sordera cursando educación básica y media. Gricelda Zeledón, la profesional en honor de quien bautizaron una escuela, está convencida de que hay más infancia sorda en edad escolar que no es matriculada. “Posiblemente los padres desconocen que el sordo es educable. Por otro lado, las escuelas presentan deficiencias y los padres no ven avances significativos en sus hijos: habla y lectoescritura, por ejemplo”, expresa la experta en el tema de pedagogía.

En todo el país solo hay cinco centros escolares públicos exclusivos para sordos. Los demás están ubicados en San Miguel, Sonsonate, Santa Ana y Cuscatlán. A esta escuela de la zona central vienen a estudiar niños desde Chalatenango o San Vicente. En teoría, este centro debería estimular sus ganas de estudiar, pero a veces pasa lo contrario.

Estimaciones. Hay, al menos, 88,000 personas con discapacidad auditiva, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Personas con Discapacidad presentada en 2016.

Por ejemplo, el edificio de tercer ciclo y bachillerato, donde estudia Heysel, no está terminado. Desde hace más de cuatro años la obra quedó en abandono, señala Saúl Castaneda, director del centro escolar. El edificio es gris, no tiene ventanas acabadas, solo agujeros en las paredes. Sobre estos, se han colocado unos barrotes de hierro que hacen las veces de balcón, pero no hay vidrios que impidan que se metan animales.

En este edificio tampoco hay focos, ni energía eléctrica –a excepción de unas conexiones hechizas para que maestros puedan conectar una computadora–. “No sé qué problema hubo entre la constructora”, dice Castaneda, quien afirma que un día simplemente se dejó de construir. Él dice que cuando llueve, los estudiantes deben moverse y estar sacando el agua que entra a los salones, por la falta de vidrios. Además, los maestros y estudiantes también se encargan de sacar murciélagos y palomas que, en repetidas ocasiones, eligen los salones como nido.

El presupuesto del único complejo educativo para sordos de la zona capitalina es de $5,000 anuales, de acuerdo con Castaneda. Él admite que la mayoría del tiempo logran hacer obras de infraestructura gracias a donaciones y a la mano de obra de los mismos estudiantes. “Todo lo que está acá, lo han hecho los alumnos: el portón, el lugar de estadía de los padres, los baños… con sus proyectos de soldadura”, dice mientras camina por los pasillos de su escuela.

En las áreas rurales del país, el acceso a la educación para sordos es aún más deficiente y escaso, aseguran tres profesores de esta escuela. La distancia entre la casa y el centro de estudios es un factor decisivo para la deserción escolar. Así lo afirma la maestra de Ciencias Sociales Berta Pascual: “No pueden venir por lo económico. Y los papás dicen ‘ay, no, para qué vas a ir a la escuela’”. Los $60 que Rosalba y Heysel deben gastar al mes para llegar a la escuela son una pequeña fortuna para quienes no tienen garantizado el acceso ni siquiera al salario mínimo.

Así como para los oyentes que viven en El Salvador su primera lengua es el español, para los sordos su primera lengua es la de señas. Cuando un sordo que sabe signar aprende a leer español, se vuelve bilingüe. Y aunque todos los estudiantes de este centro escolar reciben las clases en lengua de señas, no todos los padres la dominan.

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EL ROSTRO DE UNA CONDICIÓN
En el país se estiman –al menos– 88,000 personas con discapacidad auditiva, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Personas con Discapacidad presentada en 2016 por el Consejo Nacional de Atención Integral a la Persona con Discapacidad (CONAIPD). Gricelda Zeledón es una de ellas. Su nombre se escribe con ‘c’, aunque la escuela que se fundó hace dos décadas en su honor se escribe con ‘s’.

En realidad, Gricelda Zeledón no se confía mucho de las encuestas y las cifras que intentan cuantificar la comunidad de personas sordas a la que pertenece. Desde su casa cuenta: “Aquí vinieron encuestando una vez y me preguntaron si había una persona con discapacidad. ‘Sí, yo’, les dije. Y me preguntaron: ‘¿Usted qué tiene?’ Respondí que soy sorda. ‘Pero usted habla y no la puedo poner porque nos dijeron que debemos registrar a los sordomudos’”. Esta última palabra es considerada ofensiva, pues ellos sí pueden articular sonidos. Con terapia y práctica, incluso pueden llegar a hablar español como Gricelda.

Gricelda Zeledón es licenciada en Psicología y tiene 70 años. Domina el español escrito, leído y hablado y además lee el inglés. El de ella es un caso excepcional. Lee los labios y articula bien las palabras. Es posible tener una conversación con ella sin necesidad de intérprete. Se expresa de manera académica y ha dedicado su vida a educar sobre la importancia de que los sordos tengan espacios donde se profesionalicen e ingresen a una vida laboral como cualquier otra persona.

En 2015 fue reconocida por la Asamblea Legislativa como “Hija meritísima de El Salvador” y se le entregó un diploma que ahora está colgado en la sala de su casa. El motivo del reconocimiento fue “su lucha constante en la inclusión de las personas sordas en la sociedad, así como por su incansable esfuerzo por brindarles una educación de calidad”.

Fue madre soltera y cuenta que la sordera no fue una barrera para instruir bien a sus hijos. Dice que cuando estaban bebés, ella topaba la cuna a su cama. Cuando los bebés lloraban, la vibración del llanto la despertaba y ella podía cargarlos y ver qué pasaba. Sus dos hijos se formaron académicamente y ahora uno de ellos es un presentador de noticias en la televisión.

Gricelda puede ver el trabajo que uno de sus hijos realiza a diario, pero es difícil que tenga compresión inmediata de las noticias porque no se usan subtítulos ni tampoco se muestra en un cuadro a un intérprete. Los mensajes en lenguaje de señas en televisión solo se dan en algunas cápsulas informativas y en las cadenas oficiales del gobierno. La psicóloga cuenta que, con su hijo, sueñan cambiar eso y que a los sordos se les cumpla su derecho a estar informados.

Referente profesional. La psicóloga Gricelda Zeledón ha sido nombrada “Hija meritísima de El Salvador” por su trabajo en pro de la población sorda y su lengua.

La lengua de señas que se habla en esta casa, en los mensajes de gobierno y en las escuelas públicas es la Lengua de Señas Salvadoreñas (LESSA). Las señas cambian de significado de país en país y la LESSA es el idioma local de la comunidad sorda. Aún está en desarrollo. Además de esta lengua, en algunas academias privadas del país se enseña la Lengua de Signos Americana (ASL, en inglés). Esta es una más estandarizada internacionalmente.

En la comunidad de sordos la preferencia por una u otra lengua es un tema un poco espinoso de tratar. A pesar de que las dos lenguas se realizan con las manos, las dos son completamente distintas. Es como hablar francés y alemán. Desde una posición oficial, El Salvador está intentando hacer crecer y desarrollar la LESSA, pues además es un símbolo de identidad salvadoreña. En cambio, en otras academias se entrena a los estudiantes en ASL. El argumento es sencillo. El ASL, al ser signado también fuera de El Salvador, puede ayudar para abrir más puertas en el exterior.

Zeledón considera que hay una carga de malinchismo en el uso constante de la Lengua de Signos Americana, cuando hay un sistema propio y local, pero que lo más importante es que a los niños sordos se les enseñe su primera lengua de señas desde que nacen. Solo así se estimulan las inteligencias necesarias para que luego la niñez se pueda comunicar e ingresar a un sistema escolar.

“Hay tres niveles de lenguaje, familiar, académico y metalingüístico. La mayoría de sordos se quedan en el nivel familiar. Los sordos necesitan lengua de señas desde que nacen. Mi nieto tiene dos años y sabe señas y nadie le ha enseñado. Viene gente con sordera de visita a platicar y él, solo viendo, aprende”, comenta.

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LENGUA DE SIGNOS AMERICANA PARA IRSE DEL PAÍS
La Fundación Manos Mágicas es una academia privada donde se le brinda refuerzo escolar a niños y se les enseña a mayor profundidad la lengua de señas. La fortaleza de Fundación Manos Mágicas es la Lengua de Signos Americana.

Aquí imparte clases Rebeca Soundy, una docente sorda graduada de una universidad privada. Ella comprende de primera mano los problemas a los que se enfrentan los estudiantes con sordera en ambientes integrados con oyentes. Algunos niños que reciben refuerzos aquí asisten diariamente a colegios privados. Ahí estudian con un intérprete al lado del maestro y, generalmente, tienen un nivel de vida mejor que aquellos estudiantes que asisten a las cinco escuelas públicas para sordos.

Rebeca asegura que, en promedio, a un intérprete se le paga $300 mensuales para que asista a clases con el estudiante. Además de eso, las familias deben pagar la cuota del colegio. A eso se le suma el pago de estos refuerzos. Para el futuro, el plan que tiene esta fundación es desarrollar un programa de padrinos para que niños sordos de escuelas públicas puedan venir a recibir refuerzo académico sin pagar.

Cuando a Soundy se le consulta sobre la controversia de qué lengua de señas es la que debe ser enseñada en El Salvador, si la local o a la americana, ella responde que las dos sirven para motivos distintos. Por ejemplo, acá se brinda clases a personas sordas que provienen de colegios bilingües y les ayuda a perfeccionar la ASL. El objetivo de algunas de estas personas es estudiar o trabajar en el exterior, en países más inclusivos.

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NO ESCUCHAR EN LA UNIVERSIDAD DE EL SALVADOR
La UES tiene 177 años de haber sido fundada, pero solo hasta 2012 empezó a llevar un registro estadístico de estudiantes con discapacidad. Ese lento despertar, aunque tarde, ha logrado que se cree la Unidad de Atención Especial a Estudiantes con Discapacidad. Así lo explica Rosario Villalta, la coordinadora de dicha dependencia.

La unidad está ubicada en un pequeño salón dentro de la biblioteca central del recinto universitario. Es la encargada de brindar atención a 113 estudiantes con discapacidad. De estos, 25 son sordos y a cada uno se le asigna un intérprete pagado por la UES. De estos alumnos, 20 estudian en San Salvador y los otros cinco en las otras sedes departamentales.

Para atender a este más de centenar de personas y apoyarlos en su desarrollo, la unidad tiene solo a dos empleados. Ellos coordinan el trabajo y los horarios con la universidad y los intérpretes.

La mayoría de estudiantes con sordera se encuentran estudiando Humanidades, aunque hay algunos en Administración de Empresas e Ingeniería, sostiene Villalta. En los últimos cinco años, ocho personas sordas han egresado de su carrera universitaria. Sin embargo –dice la coordinadora– aún hay algunas carreras como Medicina en las que no hay ninguno con discapacidad auditiva.

Y es que a pesar de que a cada estudiante sordo se le asigna un intérprete, la verdadera clase la sigue impartiendo un catedrático que maneja un lenguaje distinto. A los sordos, las clases de la carrera llegan a través de sus intérpretes, lo cual es un reto para los jóvenes que trabajan con este rol, pues, en algunos casos específicos ellos también luchan para entender, en español, lo que se explica en la cátedra.

“Algunos licenciados sí entienden y respetan, pero hay otros profesores que no”, comenta Glenda Jorge, la estudiante de Educación Física. Ella recibe sus clases durante la mañana y viene de una familia de cinco hermanas donde tres son sordas. De las tres, solo ella estudia en la universidad. Sus otras dos hermanas, a pesar de ser mayores que ella, se han dedicado a trabajar.

El ciclo pasado inscribió la carga académica completa y este también. Su intérprete es un joven llamado Geovani, de 22 años. Él también es estudiante de la UES, pero cursa sus materias de otra carrera en la tarde. De alguna manera, se podría decir que cursa dos licenciaturas. Una como trabajador y otra como alumno.

Geovani aprendió lengua de señas hace cinco años, cuando conoció a otra persona sorda en un campamento. Después de ser testigo del aislamiento que provoca no compartir un lenguaje, se preocupó por asistir y pagar sus propios cursos. Luego, cuenta, fue voluntario de la Unidad de Atención a Estudiantes Discapacitados de la UES y así fue como se dio a conocer como intérprete.
Ahora la universidad le paga por sus servicios profesionales. Por su trabajo permanece todo el día en la universidad e incurre en gastos alimenticios a diario, pero el pago de su rol como intérprete lo recibe meses después, hasta el final de cada ciclo.

Séptimo Sentido intentó consultar con otras ocho universidades privadas sobre los apoyos que brindan para sus estudiantes sordos. Se obtuvo respuesta de tres centros de estudio superior. En la Escuela Superior de Economía y Negocios (ESEN) y la Escuela de Comunicaciones Mónica Herrera, consideradas líderes en formación de economistas y comunicadores, no hay ningún estudiante con sordera inscrito. Por otro lado, la Universidad Don Bosco sí cuenta con un programa de formación en ASL para oyentes interesados. Actualmente en ese centro cursan una carrera dos estudiantes no oyentes: una alumna en Diseño Gráfico y otro estudiante en el técnico en Ingeniería Mecánica. Es decir, entre miles de futuros profesionales de esa casa de estudios, solo dos son sordos.

“Hay tres niveles de lenguaje, familiar, académico y metalingüístico. La mayoría de sordos se quedan en el nivel familiar. Los sordos necesitan lengua de señas desde que nacen. Mi nieto tiene dos años y sabe señas y nadie le ha enseñado. Viene gente con sordera de visita a platicar y él, solo viendo, aprende”, comenta Gricelda Zeledón.

Este martes 18 de septiembre, Glenda y Geovani atraviesan los pasillos del edificio de la Licenciatura en Educación Física, lleno de jóvenes con ropa deportiva. Glenda no es cohibida, sonríe amplio y tiene una relación de confianza con Geovani quien, durante el último año, se ha convertido en su puente con el mundo oyente y de cierta manera, su puente con la posibilidad de un título universitario.

Entran a un salón de clases y Glenda se sienta al frente. Geovani toma un pupitre y se coloca al lado de la catedrática. Cada vez que la docente habla, Geovani hace gestos con las manos y la cara. Además, Glenda tiene un compañero de carrera que también ya aprendió lengua de señas gracias a la amistad que han entablado. El silencio tiene sus ventajas. En un breve momento de aburrimiento de la clase, Glenda signa algo con Geovani y con su otro amigo, Moisés. Entre los tres sonríen y hacen miradas cómplices, pero nadie se entera de qué están hablando. La clase sigue con normalidad.

Glenda considera que en la universidad falta que los catedráticos realicen algunas “adaptaciones didácticas”. Su sueño es crear un “Consejo Profesional de Sordos” para discutir conceptos especializados según cada carrera universitaria. Porque, aunque los intérpretes sean buenos, hay conceptos técnicos que solo un especialista puede explicar bien.

El tema de la clase de ahora es el desarrollo infantil. “La infancia es el periodo de vida entre el nacimiento y el surgimiento del lenguaje, es decir, hasta los dos años”, se dice en la cátedra y luego se añade: “Los niños comienzan a hablar alrededor de los dos o tres años”.

Geovani le interpreta esto a Glenda, quien aún recibe malas miradas porque en esa primera infancia desarrolló un lenguaje no oral. Glenda comprende lo que se está diciendo, vuelve a ver la presentación que se proyecta en la pizarra y asiente con un gesto serio.

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DESPUÉS DEL TÍTULO
Cuando se conversa con sordos que son profesionales hay un punto de reclamo en común: Después de sobrepasar las barreras para formarse, nada se vuelve más fácil. Al contrario, a pesar de poseer un título universitario, nada les garantiza el acceso a un empleo digno y estable.

Por ejemplo, en el complejo Griselda Zeledón, hay maestros sordos que tienen trabajo, pero no un contrato de plaza. Se encuentran formando estudiantes pero su tiempo está contado pues solo están cubriendo interinatos. Al solo ser cinco escuelas a escala nacional para no oyentes, las ofertas laborales para docentes en lengua de señas no abundan. Ellos consideran que “con respeto a las personas oyentes, la persona sorda tiene su propia cultura y es el sordo quien debe impartir la lengua de señas”.

Rebeca Soundy, la maestra que da clases de refuerzo en Fundación Manos Mágicas, coincide en este punto. “La lengua de señas es parte de una cultura sorda. Vemos personas oyentes que andan dando clases de señas y no es bueno porque le quitan oportunidad laboral a otras personas. Los oyentes pueden ayudar a interpretar, pero ser maestros de lenguas de señas, no”.

La molestia se agrava con la falta de oportunidades laborales que, en general, viven las personas que presentan alguna discapacidad. Gricelda Zeledón se pregunta desde un sillón en su casa de San Salvador: “Yo conozco profesores sordos trabajando de meseros, volviendo a los oficios. ¿De qué sirve todo el sacrificio de los estudiantes universitarios? ¿Solo para que tengan un cartón?”.

Educación Superior. Glenda Jorge es estudiante de la Licenciatura de Ciencias de la Educación de la UES. Asiste a clases diariamente con un intérprete de lengua de señas.